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El artículo de Franklin Giovanni Soler explora la evolución y orientación sexual, cuestionando cómo la homosexualidad persiste a pesar de la teoría darwiniana que favorece la heterosexualidad por su valor reproductivo. Se revisan diversas investigaciones sobre factores hormonales, cerebrales y genéticos, sugiriendo que la orientación sexual humana es compleja y no puede ser explicada por un solo modelo. Se concluye que las teorías evolutivas actuales tienen limitaciones para abordar la homosexualidad y su adaptación en la especie humana.
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El artículo de Franklin Giovanni Soler explora la evolución y orientación sexual, cuestionando cómo la homosexualidad persiste a pesar de la teoría darwiniana que favorece la heterosexualidad por su valor reproductivo. Se revisan diversas investigaciones sobre factores hormonales, cerebrales y genéticos, sugiriendo que la orientación sexual humana es compleja y no puede ser explicada por un solo modelo. Se concluye que las teorías evolutivas actuales tienen limitaciones para abordar la homosexualidad y su adaptación en la especie humana.
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Diversitas: Perspectivas en Psicología

ISSN: 1794-9998
[email protected]
Universidad Santo Tomás
Colombia

Soler, Franklin Giovanni


Evolución y orientación
sexual
Diversitas: Perspectivas en Psicología, vol. 1, núm. 2, julio-diciembre, 2005, pp. 161-
173 Universidad Santo Tomás
Bogotá, Colombia

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S
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Científica Red de
Revistas Científicas de
América Latina, el
Caribe, España y
Portugal
Proyecto académico sin fines de
lucro, desarrollado bajo la
iniciativa de acceso abierto
............... ISSN: 1794-9998 / Vol. I / No. 2 / 2005 / pp. 161 - 173
................

Evolución y
orientación sexual

Franklin Giovanni
Soler* Universidad Nacional Resumen
de Colombia - Universidad
Santo Tomás La teoría evolutiva propuesta por Darwin sugiere
el mecanismo de la selección natural para
explicar la forma como las especies se
adaptaron, sobrevivie- ron y evolucionaron, y el
Recibido: Mayo 4 de 2005
Revisado: Mayo 27 de 2005 mecanismo de la selección sexual para explicar
Aceptado: Junio 8 de 2005 su reproducción. De esta mane- ra, postula que
los rasgos adaptativos son reproduci- dos más
sucesivamente que los rasgos desa-
daptativos. De acuerdo con esto, la selección
natural debería favorecer la heterosexualidad,
pues ésta fa- cilita la reproducción y la
propagación de genes. Pero
¿qué sucede con la orientación sexual que no
favore- ce la tesis darwiniana (por ejemplo, la
homosexuali- dad) y por qué se ha mantenido?
La investigación en esta área se ha centrado en
aspectos hormonales, de diferenciación cerebral
y genéticos, arrojando resul- tados
inconsistentes. Se parte de la tesis de que la
orientación sexual humana, en particular la
orienta- ción homosexual, es tan compleja como
para ser des- crita y explicada tan solo por un
modelo o una disci- plina. Se hace una revisión
de las diferentes áreas de investigación sobre
orientación sexual y se sugiere la incapacidad de
las teorías evolutivas para dar cuenta de ella.

PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 161


...............................................................................................................................................................................
........................................ Franklin Giovanni Soler ..........................................
*
Correspondencia: Franklin Soler, Docente Facultad de Psicología, Universidad Santo Tomás. Correo electrónico:
[email protected]
........................................ Franklin Giovanni Soler ..........................................

Palabras clave: evolución, orientación sexual, selección natural,


selección sexual, homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad.

Abstract
The Darwin’s theory of evolution suggests the mechanism of
natural selection in order to explain how species adapted,
survived and evolved; and the mechanism of the sexual selection
in order to explain its reproduction. In this way, he postulates that
the adaptive characteristics are reproduced more
successively than the maladaptative characteristics. In
agreement with this, natural selection would have to favor
heterosexualidad since this facilitates the reproduction and
genes propagation. But what happens with the sexual
direction that does not favor the Darwinian thesis (for example
the homosexual dad) and why has stayed throughout time? The
investigation in this area has been centered in hormonal aspects,
cerebral differentiation and genetic, throwing incoherent results.
Based * on the thesis that the human sexual direction, and
especially homosexual direction, is as complex as to be
described and explained so single by a model or a discipline. A
revision becomes of the different investigation areas on sexual
direction and the incapability of the evolutionary theories to give
account of this is suggested.

Key words: evolution, direction sexual, natural selection, sexual


selection, homosexuality, heterosexuality, bisexuality.

Tradicionalmente, la orientación sexual es reproductiva? La orientación


defi- nida como la inclinación o preferencia homosexual (atracción erótica y
hacia miembros del sexo opuesto emocional ha- cia el mismo
(heterosexualismo), del mismo sexo género) ha sido considerada como
(homosexualismo) o de ambos sexos
(bisexualismo). La investigación en este
campo ha ido adquiriendo cada vez mayor
inte- rés por parte de la comunidad
científica, espe- cialmente de los
evolucionistas que ven en ella un problema
para la teoría evolutiva (Kirkpatrick, 2000;
Rahman and Wilson, 2003).

El paradigma evolutivo está basado en la


adap- tabilidad de la conducta: aquel
comportamiento que favorece la
supervivencia es adaptativo y garantiza el
éxito reproductivo. Si la orientación
heterosexual favorece la reproducción, la
selección sexual y la evolución de las
especies, ¿cómo ha ocurrido la conducta
homosexual que se carac- teriza por no ser
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anormal por lo que se ................
requiere aclararla y expli-
carla. Según McKnight (1997), la homosexuali- dad
es un problema para la teoría evolutiva darwiniano,
pues cuestiona cómo una preferen- cia sexual no
reproductiva puede sobrevivir.

La orientación sexual ha sido persistentemente


estudiada por disciplinas como la biología, la
sociología, la psicología y la antropología, con el
objetivo de encontrar sus causas y explicar su valor
adaptativo. Los cambios en la conceptualización
social y científica de la homosexualidad y su tra-
tamiento reflejan los cambios en los paradigmas
prevalecientes sobre las causas de la conducta
humana (Muscarella y otros, 2001). No sorprende,
por ejemplo, que hasta los años 60s se creyera
comúnmente que la homosexualidad era resul- tado
de influencias patógenas en la niñez en las que se
involucraba a ambos padres y cuyo trata- miento
resultaba infructuoso (Bullough, 1994). En la
segunda mitad del siglo XX un considerable

PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 3
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cuerpo de investigación en sexualidad estado limitado por la falta de


humana hizo énfasis en la actividad consenso acerca de lo que
hormonal (Gorski, Gordon, Shryne and significa el término homosexual
Southam, 1978; Elias and Valenta, 1992; (Kirkpatrick, 2000; Muscarella,
Gladue, Green and Hellman, 1984; 1999), además de que exis- ten
Newmark, Rose, Todd, Birk and Naftolin, pobres constructos para el
1979; Dorner, 1978; Barr and Bertram, concepto de orien- tación sexual.
1949; Young, Goy and Phoenix, 1964); de Ellis (2000) ha señalado que mu-
esta manera, las causas de la
homosexualidad fueron relaciona- das con
desbalances hormonales en diferentes
niveles del desarrollo. Parte de la
investigación estaba orientada a encontrar
una cura para la conducta homosexual, pero
este tipo de traba- jos no fue exitoso
(Barker, 1965; Blakemore, Thorpe, Barker,
Conway and Lavin, 1963). Más
recientemente, se ha estudiado los genes y
su influencia sobre la orientación sexual
(Nesse, 2001).

El paradigma darwiniano de la genética ha


ex- tendido su influencia a las ciencias
sociales y éste es más claramente visto en
el surgimiento de nuevas disciplinas como la
psicología evolutiva, que sostiene que la
conducta humana puede ser entendida en
términos de su valor adaptativo; así, la
conducta exhibida por los humanos ha
contribuido a la supervivencia y
reproducción en el pasado evolutivo y ha
perpetuado los genes que influyen la
conducta. Este paradigma evolu- tivo ha
incrementado visiblemente su influen- cia
a muchas áreas de estudio de la conducta
humana, y la orientación sexual no puede
ser la excepción; sin embargo, es claro que
histórica- mente la homosexualidad no
puede ser explica- da bajo un solo modelo,
dada la complejidad de los factores que
influyen en su desarrollo. Este tipo de
orientación sexual ha sido recientemen- te
estudiado desde la neuroendocrinología, la
genética y la fisiología.

Evolución de la conducta
homosexual
El estudio de la conducta homosexual ha
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chas categorías (por ejemplo homosexual, he-
terosexual) usadas como variables en investi- gación
sobre sexualidad son constructos socia- les
faltantes de significado real, lo cual conlleva a
serios problemas metodológicos. No sorpren- de
que en vista de estos inconvenientes
psicométricos involucrados, todas la teorías psi-
cológicas del desarrollo de la orientación sexual
carezcan de soporte empírico.

La primera y más ampliamente reconocida teo- ría


evolutiva de la homosexualidad es propues- ta por
Wilson (1987) y está basada en el concep- to de la
selección de compañeros para la con- ducta altruista.
Esta teoría sostiene que duran- te el curso de la
evolución humana los indivi- duos homosexuales
pudieron ser ayudados por miembros de la familia a
través de la provisión directa o indirecta de
recursos; así, los genes de la conducta homosexual
podrían haber sido propagados indirectamente por
los compañeros del nicho. La teoría ha sido criticada
por una variedad de razones que incluyen la
confiabilidad sobre un número de falsas premisas y
una falta de evidencia que la soporte; por
consiguiente, ha sido rechazada como un modelo
explicativo.

El consenso general de teóricos en el campo de la


psicología evolutiva ha sido que la conducta
homosexual en humanos no tiene valor
adaptativo. Algunos autores consideran que esta
conducta es biológicamente desadaptativa, por- que
no implica asociación con un suceso poten- cialmente
reproductivo (Archer, 1996). En mu- chos casos se ha
considerado mejor explicada como un derivado del
cerebro y como resultante de una variabilidad de la
sexualidad humana (McKnight, 1997).

Miller (2000) ha sugerido que los machos homo-


sexuales son producto de una feminización del
cerebro asociada con rasgos de personalidad (por
ejemplo empatía, que hacen machos atractivos para
las hembras y mejores padres). En esta teoría, la
orientación sexual es conceptualizada como un
rasgo poligenético, es decir, influenciado por
varios genes, algunos de los cuales podrían cambiar
el desarrollo del cerebro

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masculino y la conducta hacia la dirección ventrodorsales y ventroventrales,


feme- nina. Aunque alguna feminización manipulacio- nes mutuas de los
contribuye al éxito reproductivo de los genitales, contactos
machos, en exceso podría ser bucogenitales y anogenitales con
contraproducente para la reproduc- ción. intromisión del
Debido a variaciones genéticas normales,
un pequeño porcentaje de hombres puede
estar sobrefeminizado y así mostrar cerebro,
conduc- ta y quizá cuerpo femenino; sin
embargo, no hay evidencia científica que
soporte esta aso- ciación hipotética entre
desarrollo cerebral, con- ducta y morfología
en hombres homosexuales.

Recientemente, una nueva perspectiva


evoluti- va sobre conducta homosexual ha
surgido. Ross and Wells (2000) han
argumentado que las ex- plicaciones
evolutivas de la homosexualidad han estado
basadas en expresiones homosexuales de
sociedades occidentales contemporáneas.
Ellos afirman que estos contextos no
reflejan las con- diciones ambientales
ancestrales en las cuales la conducta
podría haber evolucionado, ya que
contienen características ecológicas que
pueden afectar su expresión. Así, proponen
que la con- ducta homosexual es una
explicación de la con- ducta homosocial; una
explicación que no es pro- ducto directo de
la evolución natural, pero sí una variación
de la conducta. De acuerdo con Ross and
Wells (2000), la conducta homosexual de los
machos podría haber contribuido a su
supervi- vencia a través del soporte social y
el acceso a recursos. Esta conducta podría
haber reforzado alianzas y así podría haber
actuado por selec- ción natural.

Vasey (1995) también ha propuesto que


algunos aspectos de la conducta
homosexual en primates pueden haberse
desarrollado como una “exaptación”, es
decir, como una característica no diseñada
por la selección natural para desempeñar la
función que realiza en la actualidad. En su
trabajo, se demuestra que por lo menos 33
especies de primates, sin contar la especie
humana, ex- hiben comportamientos
homosexuales. Dentro de esos
comportamientos se incluyen montas
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pene, etc. El autor propone algunas ventajas
adaptativas de tales conductas, por ejemplo, en los
bonobos, que utilizan los contactos genitales
homosexuales como un eficaz mecanismo de
mantenimiento de la estabilidad social. Prueba de
ello sería el drástico incremento que se pro- duce en
la frecuencia de este tipo de contactos al finalizar
ciertas situaciones de gran tensión, tales como las
interacciones agonísticas o las exhibiciones de
amenaza de los machos. Los contactos genitales
homosexuales representan un papel igualmente
importante en la estabili- zación de las relaciones
sociales que se estable- cen entre los diversos
grupos de bonobos.

Además, se ha argumentado que la homoso-


ciabilidad de los machos conduce a la conducta
homosexual (Ross and Wells, 2000). Kirkpatrick
(2000) y Muscarella (1999) argumentan que el
estudio evolutivo de la homosexualidad debe estar
basado y enfocado en la conducta homo- sexual y no
sobre un concepto inestable de ho- mosexualidad.
Ellos revisan cruces culturales y evidencia histórica y
argumentan que para la mayoría de nuestras
especies y para la mayoría de nuestra historia la
conducta homosexual fue la norma. Esta perspectiva
evolutiva de la con- ducta homosexual postula su
valor adaptativo en humanos; así proponen que
durante el curso de la evolución humana la conducta
homosexual podría haber reforzado alianzas con el
mismo sexo, las cuales contribuyeron directamente
a la supervivencia e indirectamente a la repro-
ducción.

Kirkpatrick (2000) argumenta que la conducta


homosexual viene de la selección individual por
altruismo recíproco, el cual podría haber contri- buido
al intercambio de recursos y a la reduc- ción de la
agresión entre machos; Muscarella (2000) argumenta
que los adolescentes y adul- tos jóvenes homínidos
fueron probablemente aislados socialmente y que la
capacidad para comprometerse en conducta
homosexual refor- zada por alianzas contribuyó
directamente a su supervivencia. Los mismos sexos
aliados ayu- daron a los machos a subir en la
jerarquía social

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brindándoles acceso a hembras y las mujeres, si se varían los niveles


oportunidades reproductivas. Las alianzas de andrógenos prenatales, se
entre hembras las ayudaron a moverse al podría afectar la conducta social y
lugar más seguro y rico en recursos, lo la orientación sexual. Evidencia
cual incrementó su oportunidad de sacar de esto es lo
adelante su descendencia.

Las teorías propuestas por Kirkpatrick


(2000) y Muscarella (1999) se dirigen a la
selección de una conducta y se asume que
ésta tiene una base genética que varía entre
individuos: así algunos tendrán mayor
grado de predisposición que otros. Estos
rangos de predisposición pueden interactuar
con las experiencias personales, con-
diciones ecológicas y procesos psicológicos
re- sultantes en una orientación sexual
particular.

Hormonas y conducta
homosexual
La investigación del papel de las hormonas
en la orientación sexual se ha enfocado en
las funciones de la testosterona, los
andrógenos y los estrógenos. Una hipótesis
común ha sido que los hombres
homosexuales tienen más elevados los
niveles de estrógenos y más reducidos los
niveles de testosterona que los hombres
heterosexuales (Newmark y otros, 1979;
Dorner, 1981; Gladue, 1994); sin embargo,
los resultados de estudios en esta área han
sido inconsistentes. El hecho de que la
conducta homosexual en roedores y
primates pueda ser alterada debido a una
temprana ex- posición a hormonas sexuales
ha permitido considerar la posibilidad que
la variación en la exposición a hormonas
pueda ser la base también para un cambio
en la orientación sexual en humanos, ya que
algunos estudios clínicos, en los que se
alteran los procesos hormonales prenatales,
sugieren fuertemente que varios aspectos
de la orientación y conducta sexual humana
son debidos a mecanismos hormonales
(Gorski y otros, 1978; Kimura, 1999).

Según estas investigaciones, en el caso de


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que ocurre con un trastorno conocido como
hiperplasia adrenal congénita (HAC), que se ca-
racteriza por la presencia de niveles elevados de
andrógenos segregados por las glándulas
suprarrenales. Éste síndrome ocasiona una
masculinización prenatal de tal manera que en niños
estos niveles elevados de andrógenos pa- recen no
ejercer un efecto significativo, siguien- do un
desarrollo normal, no siendo así en el caso de las
niñas, que presentan una serie de cam- bios en sus
órganos genitales (clítoris de gran tamaño y labios
vaginales parcialmente fusio- nados). En un estudio
llevado a cabo por Money, Schwartz y Lewis (1984),
se utilizó como mues- tra un grupo de mujeres
jóvenes con antece- dentes de HAC y se encontró
que aproximada- mente un 48% de la muestra
mostraba una orien- tación sexual homosexual o
bisexual. Otros es- tudios con resultados similares
han llevado a sugerir la idea de que la exposición de
un feto hembra a niveles anormalmente elevados de
andrógenos podría afectar su orientación sexual. Una
explicación posible es que este efecto tiene lugar en
el cerebro. Además hay que tener en cuenta que los
andrógenos también afectan los genitales por lo que
se plantea la posible influen- cia de los cambios
genitales en el desarrollo de la orientación sexual de
las mujeres, dato que todavía no ha sido
confirmado en humanos.

En cuanto a los sujetos varones, se presenta un


Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos, cuya
característica principal es su desarrollo como
mujeres, con genitales externos femeni- nos y un
comportamiento sexual femenino. La conducta social
de personas con este síndrome tiende a ser muy
femenina. En las mujeres, este síndrome parece no
afectar a su orientación sexual, desarrollando una
vida sexual sin pro- blemas. La poca
masculinización o la feminización que se observa
en las personas genéticamente varones con el
Síndrome de In- sensibilidad a los Andrógenos
sugiere la idea de que quizá este efecto tenga
relación con la ac- ción de la testosterona sobre los
receptores de los andrógenos. Según estas
perspectivas, la homosexualidad es considerada
sólo como una

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expresión de la conducta sexual desde un (2000), quien sugiere que esto es


conti- nuo de variación sexual que puede cierto para un cerebro feminizado.
ser significantemente influenciado por Sin embargo, Rahman y Wilson
cambios hor- monales. En el caso del (2001) han sugerido que las
macho, las preferencias sexuales pueden preferencias homo- sexuales
ser dictadas por la acción de la testosterona pueden ser ciertas para altos
en el cerebro, la cual comienza en un niveles
período prenatal y continúa durante un pe-
ríodo crítico postnatal.

Por otro lado, Robinson y Manning (2000)


pre- sentan evidencia según la cual la
exposición a altos niveles de testosterona
prenatal contribu- yen a las orientaciones
homosexual y bisexual. Ellos midieron
proporcionalmente la longitud del segundo
y cuarto dedo de hombres
heterosexuales, homosexuales y bisexuales;
se cree que esta longitud es afectada por la
expo- sición prenatal a testosterona y está
desde tem- prano en el desarrollo prenatal.
Según ellos, se encontró que la proporción
fue más grande en hombres heterosexuales,
menor en hombres homosexuales, y aún
menor en hombres bisexua- les;
proponiendo con esto una mayor
exposición a testosterona prenatal para
hombres homo- sexuales y bisexuales.
Manning, Barley, Walton, Jones, Trivers,
Singh y otros (2000), que han trabajado en
el mismo tipo de investigación, argumentan
que hay un valor adaptativo aso- ciado a la
homosexualidad y bisexualidad, ya que en
fetos machos puede haber una selección por
alta testosterona para la diferenciación de
los sistemas asociados con supervivencia y
repro- ducción de los machos. De aquí se
deduce que algunos machos están
expuestos a sobreniveles óptimos de
testosterona, lo que contribuye a una
desviación de una orientación heterosexual
y a una variedad de otros efectos
biológicos.

Los argumentos de Robinson y Manning


(2000), según los cuales la orientación
homosexual resulta de una exposición a
demasiada testosterona, sugieren que una
orientación de este tipo es cierta para un
cerebro sobremasculinizado. La conclusión
es contradictoria para el trabajo de Miller
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de testosterona desatada durante el desarrollo
prenatal que resulta en la falta de receptores en
sitios particulares del cerebro. Desde esta pers-
pectiva, el cerebro puede ser feminizado mien- tras
otras características del desarrollo fetal pueden ser
sobremasculinizadas. En general, estas teorías
neurohormonales del desarrollo de la orientación
sexual sostienen que los efectos de las hormonas
prenatales en la diferenciación cerebral actualmente
involucran patrones com- plejos de masculinización,
desmasculinización, feminización y desfeminización
asociadas con patrones particulares de orientación
sexual.

Genética de la orientación sexual


En un intento por explicar una base genética
endocrina para la selección de la conducta
homosexual, Rahman y Wilson (2001) creen que
durante la evolución humana la agresión intrasexual
constituyó un problema adaptativo porque llevó a
reducir la supervivencia individual y a incre- mentar
el infanticidio. Ellos especulan que hubo mutaciones
genéticas que tomaron ventaja de una plasticidad
neuroendocrina basada en la evolución; por
plasticidad, ellos definen un me- canismo de
conservación entre vertebrados en los cuales la
selección puede actuar y generar variaciones en el
fenotipo sexual.

Su teoría está basada en el trabajo de Grober (1997),


quien estudió peces, los cuales exhibieron una
variedad de fenotipos sexuales. Espe-
cíficamente, de acuerdo con Rahman y Wilson (2001)
hay cambios en el sexo del pez (por ejemplo los
machos y las hembras sexualmente activas
regularmente se transforman hacia una u otra
alternativa) acompañados de cambios en la
conducta; el mecanismo neuroendocrino permite esta
plasticidad en su habilidad para cambiar la estructura
y función que involucra cambios en las hormonas
producidas por el eje adrenal hipotalámico de la
pituitaria adrenal y el eje hipotalámico de la pituitaria
gonadal. Ellos afir- man que las señales sociales
afectan los sustratos neurales, los cuales cambian el
nivel de hormo-

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nas sexuales a través de la pertenecientes a familias que no


retroalimentación asociada con cada eje mostraban indicios de transmisión
neural. Además Grober y otros (1991) y no materna. Ellos de- mostraron
Grobre y Sunobe (1996) demos- traron que que había cinco marcadores
los cambios sexuales socialmente mediados pertene-
en el gobio marino involucran varia- ciones
significativas en el tamaño de las células del
cerebro anterior productoras de algenina
vasotoxina. Los cambios en estas hormonas
sexuales causan variaciones estructurales y
fun- cionales en las áreas neurales
asociadas con la conducta sexual, como es
el caso del área preóptica del hipotalámo.
Estas son las mis- mas áreas que se cree
están asociadas con la orientación sexual en
mamíferos, incluyendo humanos.

En el trabajo con genes, algunos estudios


reali- zados con gemelos arrojan resultados
que su- gieren la posibilidad de que la
herencia pueda ser un factor que podría
afectar a la orientación sexual. Evidencia de
esto son los trabajos reali- zados por
Camperio-Ciani, Corna y Capiluppi (2004),
Hamer y otros (1993) y LeVay y Hamer
(1994), en los que trataron de demostrar,
me- diante un análisis de ligamiento con
marcado- res moleculares del cromosoma X,
que los varo- nes homosexuales tienen más
parientes mascu- linos también
homosexuales en la rama mater- na de la
familia. Si el cromosoma X contiene un gen
que aumenta la probabilidad de que un va-
rón (XY) sea homosexual, entonces los
varones homosexuales que estuvieran
genéticamente relacionados deberían
compartir marcadores en el cromosoma X
que estuvieran localizados en una posición
próxima a dicho gen. Por el contra- rio, si tal
gen no existiera, no se podría encon- trar
correlación alguna estadísticamente signi-
ficativa entre la orientación sexual de la
homo- sexualidad y los marcadores del
cromosoma X.

Hamer y colaboradores (1993) utilizaron 22


mar- cadores moleculares del cromosoma X
(consis- tentes en secuencias cortas
repetidas en tandem un número variable
de veces) y los estudiaron en 40 pares de
hermanos ambos homosexuales y
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cientes a la región Xq28 (región subtelomérica del
brazo largo del cromosoma X) que en 33 de los 40
pares de hermanos analizados segrega- ban
conjuntamente con la orientación homo- sexual,
mientras que los 17 marcadores restan- tes
mostraban total falta de ligamiento con el
comportamiento homosexual. El análisis genético
realizado indicaba un nivel de significación es-
tadístico de más del 99% de que al menos un tipo
de comportamiento homosexual masculino está
genéticamente influido.

Por otro lado, la presencia de siete pares de her-


manos homosexuales en los que no se daba el
ligamiento entre los marcadores de la región Xq28 y
la orientación sexual podría explicarse por la
homocigosidad de las madres respecti- vas, por la
posible recombinación entre el mar- cador y el locus
del gen responsable del compor- tamiento
homosexual, por la heterogeneidad genética o por
causas no genéticas que produ- cen variación en la
orientación sexual. De cual- quier manera, la
probabilidad de que se diera por azar el ligamiento
en 33 pares de hermanos homosexuales y no se
diera en 7 pares, es de 1 cada 200. Además, esta
región no contiene in- formación genética que influya
en la orientación sexual de las mujeres. Estos
resultados pueden sugerir la influencia de la región
Xq28 en la orien- tación sexual; sin embargo, esta
región está constituida por unos cuatro millones de
pares de bases, es decir, podría contener varios cien-
tos de genes, por lo que es prematuro afirmar que
existe un gen específico para esto.

Respecto a cómo puede influir en la orientación


sexual la región Xq28, Hamer y otros (1993) y Hamer
(1999) demostraron experimentalmente que no se
trataba de un gen que codificara para el receptor de
andrógenos, esencial para la masculinización del
cerebro. Otra posibilidad sería que, de alguna
manera, el supuesto gen de la región Xq28 influyera
en el desarrollo de aquellas estructuras
neuroanatómicas del cere- bro que muestran
dimorfismo sexual, como es el caso del tercer
núcleo intersticial del hipotálamo anterior (Hu y
otros, 1995).

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Aunque estas investigaciones son una fuerte la androgenización prenatal, redu-


aproximación al esclarecimiento de la forma ciendo la exposición a
como la orientación sexual se ha transmitido andrógenos prenatales.
genéticamente a lo largo de la evolución,
aún no se pueden sacar conclusiones
determinantes. Otros estudios que soportan
la influencia de una base genética, pero que
no descartan la influencia del medio
ambiente, son los realizados por Pattatucci
(1998), Bailey and Bell (1993), Bailey y otros
(1999) y Pillard and Weinrich (1986) en
los que se encontró que hombres
homosexuales tienen más hermanos
homosexuales que heterosexua- les. Bailey
and Benishay (1993) demostraron que
mujeres homosexuales tienen más
hermanas ho- mosexuales que
heterosexuales, y Pattatucci and Hamer
(1995) encontraron tasas elevadas de ho-
mosexualidad en hermanas de hombres
homo- sexuales y en hermanos de
mujeres homo- sexuales.

Diferenciación cerebral como


una adaptación evolutiva
Hoy se sabe que el cerebro humano es
sexualmente dimórfico. A partir de esta
premi- sa, se han llevado a cabo multitud de
investiga- ciones (Dorner, 1978; Kirby, 2003;
Saifi and Chandra, 1999; LeVay, 1991) con
el propósito de encontrar una explicación a
este hecho y su po- sible influencia en la
orientación sexual tanto de los hombres
como de las mujeres. Por una parte, se
considera el dimorfismo sexual del cerebro
humano como resultado de la exposi- ción
diferencial a los andrógenos prenatales y
durante el período postnatal temprano (Ellis
and Ames, 1987). Estudios llevados a cabo
con ani- males humanos y no humanos
(Dorner y otros, 1980; Dorner, Schenk,
Schmiedel and Ahrens, 1983; Ward, Ward,
Denning, Hendricks and French, 2002)
sugieren la posibilidad de que la
homosexualidad humana podría estar
relacionada con determinados
acontecimientos, entre los que se encuentra
el estrés maternal, que podrían interferir en
PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 173
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........................................ Franklin Giovanni Soler ..........................................
Ellis and Cole-Harding (2001) encontraron que
madres de hombres homosexuales reportaron altos
niveles de estrés especialmente en los dos primeros
meses de gestación, en comparación con madres
de hombres heterosexuales. No se ha encontrado
correlación entre el reporte de ingesta de alcohol de
madres de hombres y mu- jeres homosexuales.

Por otro lado, varios estudios (LeVay, 1991; Byne,


1998; Byne y otros, 2000; Byne y otros, 2001) han
encontrado diferencias estructurales del cerebro
relacionadas con la orientación sexual de los sujetos;
en concreto, se observan diferencias en el tamaño de
tres subregiones diferentes del cerebro: el núcleo
supraquiasmático, un núcleo sexualmente dimórfico
del hipotálamo (el tercer núcleo intersticial del
hipotálamo anterior) y la comisura anterior. Sobre la
base de los resultados obtenidos hasta el momento
se plantea la posi- bilidad de que estas diferencias
puedan ser con- secuencia de la orientación sexual
de las perso- nas y no su causa.

Para Rahman y Wilson (2001) es clara la idea de que


dada estas formas de diferenciación sexual, la
conducta homosexual pudo haber sido adaptativa
porque contribuyó a la formación de alianzas;
argumentan que las variaciones en los genotipos
produjeron que los machos homínidos fueran más
femeninos en los rasgos conductuales y bisexuales
en preferencia sexual. Estas características
contribuyeron a la afiliación al mismo sexo y las
hembras fueron atraídas a estos rasgos porque ellos
estuvieron asociados con decremento en la agresión y
el infanticidio, y el incremento en la conducta
parental. Con el tiempo, las hembras escogie- ron
cada vez más rasgos femeninos en machos, los
cuales redujeron la evolución de alelos aso- ciados
con interés homosexual exclusivo; de esta forma los
alelos para la homosexualidad son mantenidos en un
polimorfismo balanceado.

Sin embargo, parece haber una inconsistencia


significativa en los argumentos dados por
Rahman y Wilson (2001), quienes especulan que
genotipos particulares presentes entre
homínidos hacen machos más femeninos en ras-

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gos conductuales y bisexuales en los varones, pero no de las


preferencia sexual, de tal manera que la mujeres.
bisexualidad fue una estrategia de
supervivencia y reproducción para machos Aunque hay claridad sobre las
ancestrales y hubo selección por ello. Si este diferencias cere- brales y se han
fuera el caso, entonces la mayoría de identificado áreas específicas
machos humanos deberían ser bisexuales
o al menos tener un potencial para la
bisexualidad bajo ciertas condiciones.
Esto es lo que Kirkpatrick (2000) y
Muscarella (1999) han ar- gumentado; sin
embargo, Rahman y Wilson (2001) difieren
con la tesis de que los machos humanos son
esencialmente bisexuales.

No es del todo claro cómo una población de


ma- chos humanos podría haber
evolucionado sien- do esencialmente
heterosexual cuando la selec- ción fue por
rasgos bisexuales.

Conclusiones
La respuesta a la pregunta científica qué
causa la homosexualidad sigue siendo tan
compleja como incierta; aún la psicología
evolutiva, que propone diferentes visiones
hacia la naturaleza humana, no ha podido
responderla.

La investigación en neuroendocrinología
sugie- re que los efectos hormonales
prenatales, y qui- zás algunos postnatales,
puedan formar el de- sarrollo de la
orientación sexual. Aunque la evi- dencia
indica tendencias claras, la investigación
que intenta mostrar diferencias persistentes
entre hombres homosexuales y
heterosexuales ha sido inconsistente. De
Igual manera, los tra- bajos realizados en el
campo de la genética, aunque arrojan luces
sobre los genes que pue- den estar
involucrados en la transmisión de in-
formación genética para la orientación
sexual, no son concluyentes. Todavía hay
muchas inconsistencias en los estudios
realizados en este campo, como el hecho de
que la región Xq28 del cromosoma X se
relacione con la conducta homo- sexual de

PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA 175


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del cerebro que influyen en la orientación sexual,
queda en duda la forma cómo este dimorfismo
contribuye a la conducta. Es claro que un solo
modelo teórico desde cualquiera de las perspec- tivas
biológicas no puede explicar un fenómeno tan
complejo como la orientación sexual humana.

La otra pregunta que surge es si dicha conducta tuvo


valor adaptativo y cómo contribuyó a la evolución. De
la misma manera que la pregunta anterior, buscar
una sola teoría o conceptualización al respecto no es
tarea fácil. Aunque la homosexualidad no es
explicada por la teoría darwiniana, más de 300
vertebrados, incluso los monos, flamingos y ovejas
macho, practican la conducta homosexual. Una de las
aproximaciones teóricas para dar respuesta a esta
pregunta es que la homosexualidad en algunas
especies parece jugar un papel social. Por ejemplo,
los bonobos tienen sexo con compañeros del mismo
sexo para calmar tensiones después de una disputa,
o para asegurarse de que una cantidad grande de
comida es compartida (Vasey, 2002).

Otra teoría asume esta conducta como respues- ta a


las condiciones del medio. Tal es el caso de algunos
peces que son hermafroditas, es decir, capaces de
producir huevos y esperma. Un solo individuo puede
cambiar de ser varón a ser hem- bra o viceversa –o lo
que es igual, puede cam- biar de productor de
esperma a productor de huevos- debido a un cambio
en hormonas acti- vadas por circunstancias
externas (Grober, 1997). Otros invertebrados, como
la gamba y ostras, también pueden cambiar de
sexo.

Una visión que recientemente emerge en psico- logía


evolutiva es que la conducta homosexual fue
adaptativa durante el curso de la evolución humana
y fue seleccionada; sin embargo, hay dos grandes
perspectivas sobre esto. Una enfatiza que la
conducta homosexual reforzó por sí misma las
alianzas con el mismo sexo, lo que contribuyó
directamente a la supervivencia e indirectamente a la
reproducción (Kirkpatrick, 2000; Ross, 2000;
Muscarella, 2000). A estos teóricos les falta
explicar los mecanismos genéticos y
neuroendocrinos que regulan la con-

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ducta. La otra perspectiva también sostiene forma similar, en los humanos


que la conducta homosexual fue adaptativa, pudo haber evolucionado algún
sólo que intenta explicar la posibilidad de grado de conducta bisexual
unas bases neuroendocrinas y enfatiza la manifiesta en ciertas
feminización del cerebro macho condiciones, pero esta
especialmente en áreas asocia- das con la
orientación homosexual (Miller, 2000;
Rahman y Wilson, 2001).

Surgen dudas sobre la validez de estos


traba- jos, pues no se sabe si puedan
estar influenciados por estereotipos
culturales y cien- tíficos según los cuales los
hombres con una orientación homosexual
son de algún modo me- nos masculinos y
más femeninos que los hom- bres
heterosexuales (Muscarella, 2001).

La creciente evidencia sugiere que pudo


haber existido un valor adaptativo para
algunas con- ductas homosexuales bajo
ciertas condiciones durante la evolución
humana, debido a que los genes para la
conducta permanecen en la pobla- ción;
pese a esto, no es claro de qué forma se
expresó ese valor adaptativo. Un enfoque se
centra en la posibilidad de que en nuestro
pasa- do evolutivo hubo selección de rasgos
femeni- nos y de rasgos bisexuales en
machos (Robinson y Manning, 2000);
otros afirman que la homosociabilidad
fue una pre-adaptación para la
homosexualidad (Ross y Wells, 2000), y
Kirkpatrick (2000) sostiene que la selección
fue por altruismo recíproco.

Estas aproximaciones no requieren afirmar


que la selección de los rasgos femeninos
dirige la orientación sexual humana, sino
son más bien una flexibilización sexual que
no se opone al equilibrio conductual; tal es
el caso de los leones marinos machos,
quienes no pueden tolerar a los demás
machos y luchan ferozmente con ellos; sin
em- bargo, después de la época de apareo
andan jun- tos, descansan en las playa de
manera afectiva y muestran frecuentes
conductas homosexuales (Bagemilh citado
por Muscarella, 2001). Estas conductas no
se pueden explicar en términos de excesiva
feminización o sobremasculinización. De

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predisposición genética en conjunto con facto- res
sociales y culturales son las que permiten su
manifestación.

De acuerdo con las diferentes perspectivas evo-


lutivas y con los estudios mencionados anterior-
mente, es evidente que la homosexualidad no
representa un problema para la adaptación y no
compromete el éxito reproductivo.

Así como la monogamia es mejor explicada como


resultado de la represión cultural que por
predisposiciones evolutivas, una conducta tan
compleja y pobremente entendida como la orien-
tación homosexual humana probablemente no esté
desprovista de influencias culturales y so- ciales que
la han hecho ver como inadecuada, olvidando que el
proceso evolutivo de la misma data de hace
aproximadamente 30 millones de años (Vasey,
1995).

Aún faltan muchas preguntas por despejar y es claro


que la teoría de Darwin no puede dar razón de la
orientación sexual, lo que sin duda reque- rirá teorías
evolutivas que la expliquen, ya sea como
refinamientos de la teoría darwiniana o como
surgimiento de nuevas teorías. Sin duda, esto se
requiere con urgencia pues; según Vasey (2000) en
sus estudios con macacos, la cantidad de diversidad
sexual es muy común. Las teorías evolutivas
tradicionales para explicar la orien- tación sexual son
inadecuadas y muy pobres para dar razón de este
fenómeno.

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