DIOS CUIDA DE MÍ
"No temas, porque yo estoy contigo": Encontrando Consuelo en Isaías 41:10
Durante Tiempos de Ansiedad
El tema central de las escrituras tiene que ver con
desarrollar confianza en Dios. Dios quiere que su pueblo
confíe en él aun en medio de la incertidumbre que
pueden estar enfrentando. Y este es el mismo mensaje
para nosotros. Las promesas de Dios nos llaman a confiar
en Él y dejar de confiar en nosotros y en las
circunstancias que nos rodean.
Esto nos lleva a concluir una realidad que Dios nos
quiere mostrar y esta es que: DIOS ESTÁ PRESENTE
EN NUESTRA VIDA.
Él no es un padre ausente, o apartado de nuestra
realidad diaria. Puede que en muchas ocasiones no lo
percibamos y que ni siquiera sintamos su presencia, pero
esto no significa que Dios se ha alejado de nosotros, al
contrario, Él sigue estando presente. Aun cuando las
situaciones que enfrentamos no sean las más agradables,
Dios está siempre con nosotros.
Probablemente así se sentía el pueblo de Israel,
abandonado por Dios, desolado o desechado, sin
embargo, Dios viene para decirles que esto no es verdad
y que Él siempre está presente. Ahora, por supuesto que
tener la convicción de que Dios está presente en medio
de nuestras situaciones difíciles y que parece no hacer
nada para ayudarnos, es algo que nos cuesta creer y
aceptar, debido a que exigimos la protección de Dios en
nuestros términos y no en los suyos. Tarde o temprano la
mayoría de nosotros nos podemos encontrar en una
situación en la que pareciera que Dios ha perdido el
control y no sabe que hacer para ayudarnos. Y estas
situaciones generan confusión en nuestras almas y la
confusión es el factor que puede llegar a destruir nuestra
fe y confianza en el Señor. Pero al mismo tiempo, estos
periodos de prueba en que la incertidumbre pareciera
doblegar nuestros corazones son los que abren la puerta
para un conocimiento mucho más profundo e íntimo de
Dios.
La falta de conocimiento de Dios es la que nos lleva
a perder nuestra confianza en Él. Y si perdemos
nuestra confianza en Él, entonces nuestra vida se
desmoronará y perderá rápidamente.
EL MIEDO Y LA ANGUSTIA.
El miedo se enfoca en una amenaza real en nuestras
vidas y que nos afecta de manera directa. Como, por
ejemplo, si alguien viene con un cuchillo directo a
dañarnos, esto provoca en nosotros inmediatamente el
miedo a que nos hiera físicamente o nos quite la vida. La
angustia es un poco diferente ya que se enfoca en algo
que nos puede dañar, pero no lo estamos viviendo en el
momento.
DIOS NOS DICE EN LA ESCRITURA QUE NO
DEBEMOS TEMER NI ANGUSTIARNOS, POR DOS
RAZONES.
Primero Él está con nosotros y por ende nos estamos
solos. En segundo lugar, Él es nuestro Dios y si él es
nuestro Dios, entonces todo lo que ocurre está bajo su
control y es ordenado o permitido por él mismo.
Así que nos quiere llevar a desarrollar una sola
cosa. Confianza.
Hay ocasiones en que parece que nuestro mundo se derrumba, y cada fragmento
se convierte en una amenaza, como un ejército de sombras acechando desde
todos los rincones. La ansiedad se manifiesta como una opresión asfixiante, un
sentimiento de impotencia total, una catástrofe emocional... Es como un grito
sofocado en su nacimiento, un brazo que se extiende en vano, un pie inmovilizado
en la adversidad.
Todos hemos experimentado esos momentos en que el tiempo se detiene y la luz
al final del camino comienza a desvanecerse, robándonos nuestro último resquicio
de luz y esperanza. En esos instantes críticos, cuando parece que incluso Dios ha
cerrado sus ojos, es cuando nos sentimos más vulnerables y anhelamos
desesperadamente algo o alguien que nos rescate, sintiéndonos al borde del
abismo.
En ese momento crucial es cuando la Biblia nos ofrece un refugio de esperanza y
fortaleza. Isaías 41:10 resuena con una promesa divina especial:
"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios
que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de
mi justicia".
Este mensaje, entregado en un momento de incertidumbre para el pueblo de
Israel, sigue vigente y lleno de significado para nosotros hoy. Nos recuerda la
constante presencia y el inquebrantable apoyo de Dios, ofreciéndonos consuelo
en tiempos de ansiedad.
El gran Libro está repleto de ejemplos de la fidelidad de Dios. Desde la protección
de Noé en el arca, o la guía de los israelitas a través del desierto, hasta los
muchos milagros que hizo Jesús en su ministerio y los maravillosos
acontecimientos que vivieron sus discípulos creando la iglesia después del
ascenso de Cristo a los cielos… Cada historia es un testimonio de la intervención
milagrosa de Dios en tiempos de necesidad. Estos relatos son fundamentales para
recordarnos que, sin importar las circunstancias, Dios está con nosotros.
Comprender "No temas, porque yo estoy contigo" es reconocer que no estamos
solos. Esta promesa es un recordatorio de que Dios es más que un ser supremo;
es un amigo y protector personal. En momentos de temor y duda, podemos
encontrar fuerza y paz en estas palabras.
Un Caso Real de Fe y Consuelo
No voy a colocar aquí una “storytelling” para ilustrar el tema con la vida de alguien
que ni conozco, lo haré con la autenticidad de mi propia experiencia: Yo me
encontraba al borde del abismo, enfrentando un diagnóstico de cáncer en etapa
IV. Mi vida, tal como la conocía, se había derrumbado, sumergiéndome en un valle
de sombras y muerte. Cada día era una batalla por respirar, por mantener viva la
esperanza.
No soy un “superhombre”, ni un “supersanto” -como dice Dante Gebel-,
Tuve miedo, sentí el escozor de la ansiedad, y el futuro se veía oscuro e
incierto. En este escenario desolador, me encontraba en una encrucijada
decisiva de mi vida.
A pesar de las adversidades, elegí enfrentar mi situación con valentía y fe. Me
aferré a Isaías 41:10, encontrando consuelo en la promesa de que no estaba solo.
Mi viaje me llevó desde Venezuela hasta Brasil, guiado por una mano divina que
parecía cerrar puertas y abrir otras. En Brasil, no solo encontré atención médica
avanzada, sino también un cálido abrazo de amor y apoyo de la comunidad
cristiana. A cada paso, aunque las tinieblas amenazaban con engullirme,
pequeñas luces de esperanza y solidaridad brillaban, recordándome la presencia
constante de Dios.
Con cada tratamiento, cada día en el hospital, experimentaba tanto el dolor físico
como el crecimiento de una fortaleza espiritual. Mi lucha se convirtió en un
testimonio de fe, y otros enfermos de cáncer me dicen que, mi testimonio les llena
de esperanza (La Gloria es de Dios), porque a pesar de caminar por el valle más
oscuro, nunca estuve solo. Dios me había enviado ángeles en forma de familiares,
amigos y extraños, cada uno jugando un papel crucial en mi viaje de sanación. Al
final, emergí del valle no solo con una salud restaurada, sino también con un
espíritu fortalecido, una fe renovada y una mejor comprensión del amor y la
misericordia de Dios.