La Llorona de San Antonio
La Llorona de San Antonio
En el antiguo barrio de San Antonio, donde cada 13 de junio se celebra con devoción a San Antonio de Padua,
se cuenta una historia escalofriante que ha pasado de generación en generación. Quienes han tenido la
desgracia
de escuchar el lamento de una mujer en las noches de fiesta aseguran que no es producto de la imaginación...
sino un recordatorio de un amor que terminó en tragedia.
Hace muchos años, cuando el barrio aún era un poblado pequeño rodeado de campos y ríos, vivía una joven
llamada
Mariana. Era hermosa y alegre, y todos en el barrio la conocían por su fe en San Antonio. Cada año, en su
fiesta,
pedía con devoción que su amado Julián regresara de su viaje y se casara con ella, como le había prometido
antes de partir.
Pero el destino fue cruel. Un día, Mariana recibió la noticia que jamás quiso escuchar: Julián nunca regresaría,
pues se había casado con otra mujer en un pueblo lejano.
El dolor la consumió. Dejó de asistir a la iglesia, dejó de hablar con su familia y se convirtió en una sombra
de lo que había sido. Algunos dicen que enloqueció de tristeza, otros que su corazón se oscureció de rencor.
Lo único cierto es que una noche, cuando el barrio celebraba la fiesta de San Antonio con cohetes y castillos
de fuego,
Mariana desapareció.
A la mañana siguiente, su madre salió a buscarla y fue al río que corría cerca del barrio. En la orilla encontró
un velo blanco flotando y, sobre la tierra húmeda, las huellas descalzas de Mariana... que se detenían
abruptamente en el agua.
Desde esa noche, en las madrugadas después de la fiesta, un llanto desgarrador se escucha en las calles
empedradas
del barrio. Los primeros en escucharlo fueron los serenos que vigilaban las casas. Contaban que, entre la
neblina,
veían la silueta de una mujer vestida de blanco caminando lentamente por el barrio, con el cabello suelto y
el rostro cubierto por un velo.
Los vecinos intentaban seguirla, pero cuando se acercaban, la mujer desaparecía como neblina.
Con los años, la historia se convirtió en advertencia. Los ancianos del barrio decían que si alguien escuchaba
el llanto de lejos, significaba que Mariana estaba vagando sin rumbo y no haría daño. Pero si el llanto sonaba
cerca, era una señal de mal augurio... significaba que ella estaba justo detrás de ti.
Algunos cuentan que han sentido un aire helado cuando caminan solos después de la fiesta, como si alguien
los siguiera.
Otros dicen que han visto su reflejo en el río, flotando en el agua oscura, esperando a que alguien la acompañe
en su sufrimiento eterno.
Por eso, cuando llega la festividad de San Antonio y las luces de los castillos iluminan el cielo, los más
ancianos
se apresuran a regresar a casa antes de la medianoche. Porque cuando la música cesa y el barrio queda en
silencio,
Mariana vuelve a caminar por las calles, buscando al amor que la traicionó... o tal vez, a un alma que tome su
lugar.