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Vernant

El capítulo IV del documento analiza cómo la aparición de la polis en Grecia transformó la vida social y política, destacando la preeminencia de la palabra y el acceso público al conocimiento. Se observa una democratización del saber y un cambio en las relaciones sociales, donde la igualdad y la ley se convierten en pilares fundamentales. En el capítulo VII, se discute el surgimiento del pensamiento positivo y la filosofía, que se alejan del mito y la religión, promoviendo un enfoque racional y crítico hacia la naturaleza y la sociedad.

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El capítulo IV del documento analiza cómo la aparición de la polis en Grecia transformó la vida social y política, destacando la preeminencia de la palabra y el acceso público al conocimiento. Se observa una democratización del saber y un cambio en las relaciones sociales, donde la igualdad y la ley se convierten en pilares fundamentales. En el capítulo VII, se discute el surgimiento del pensamiento positivo y la filosofía, que se alejan del mito y la religión, promoviendo un enfoque racional y crítico hacia la naturaleza y la sociedad.

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Los orígenes del pensamiento griego: (Vernant)

Cap. IV: “El universo Espiritual de la Polis”:

La aparición de la polis constituye, en la historia del pensamiento griego, un acontecimiento decisivo. Desde
su advenimiento, entre los siglos VIII y VII, marca un comienzo: por ella, la vida social y las relaciones entre los
hombres adquieren una forma nueva, cuya originalidad sentirán plenamente los griegos.

Rasgos:

1) Prestigio de la palabra: El sistema de la polis implica una extraordinaria preeminencia de la palabra sobre
todos los instrumentos del poder. Llega a ser la herramienta política por excelencia, el medio de mando y de
dominación sobre los demás. La palabra no es ya el término ritual, sino el debate contradictorio, la discusión,
la argumentación. Supone un público al cual se dirige como a un juez que decide en última instancia.

Entre la política y el logos hay, así, una trabazón recíproca. El arte político es un ejercicio de lenguaje; y el logos
adquiere conciencia de sí mismo, a través de su función política.

2) Desarrollo de las prácticas públicas: La cultura griega se constituye abriendo a un círculo cada vez mayor el
acceso a un mundo espiritual reservado en los comienzos a una aristocracia de carácter guerrero y sacerdotal.
Los conocimientos son llevados a la plaza pública y sometidos a crítica y controversia. No se los conserva ya,
como garantías de poder, en el secreto de las tradiciones familiares.

La escritura permitirá una divulgación completa de los conocimientos anteriormente reservados o prohibidos,
podrá cumplir con esta función de publicidad porque ha llegado a ser el bien común de todos los ciudadanos.
Al escribir las leyes, se asegura su permanencia y fijeza. Se transforman en bien común, en regla general,
susceptible de ser aplicada por igual a todos.

Esta transformación de un saber secreto de tipo esotérico en un cuerpo de verdades divulgadas públicamente,
tiene su paralelo en otro sector de la vida social: cuando se constituye la polis, la protección que la divinidad
reservaba antiguamente a sus favoritos va a ejercerse en beneficio de la comunidad entera. Todos los símbolos
religiosos emigraran hacia el templo, residencia abierta y pública. En este espacio impersonal, los antiguos
ídolos se convierten en “imágenes”, sin otra función ritual que la de ser vistos, sin otra realidad religiosa que su
apariencia.

Sin embargo, no es sin dificultad ni sin resistencia que la vida social se ha entregado así a una publicidad
completa. Incluso en el plano político, ciertas prácticas de gobierno secreto conservan en pleno periodo clásico
una forma de poder que opera por vías misteriosas y medios sobrenaturales. El “racionalismo” político que
preside las instituciones de la ciudad se opone a los antiguos procedimientos religiosos de gobierno, pero sin
excluirlos radicalmente.

Por lo demás, en el terreno de la religión se desarrollan, al margen de la ciudad y paralelamente al culto


público, asociaciones basadas en el secreto. Su función es seleccionar una minoría de elegidos que gozarán de
privilegios inaccesibles al común. Dentro del cuadro de la ciudad, la iniciación no puede aportar más que una
transformación “espiritual”, sin incidencia en lo político. A los elegidos se les ofrece la promesa de una
inmortalidad bienaventurada que en su origen era privilegio real; se les divulga los secretos religiosos que
antiguamente pertenecían como propiedad a familias sacerdotales. Pero, a pesar de esta democratización de
un privilegio religioso, el misterio en ningún momento se coloca en una perspectiva de publicidad.

La filosofía se encuentra, al nacer, en una posición ambigua: está emparentada a la vez con las iniciaciones de
los misterios y las controversias del ágora; flota entre el espíritu de secreto, propio de las sectas y la publicidad
del debate contradictorio que caracteriza a la actividad política. El filósofo oscilará entre dos actitudes: unas
veces afirmará que es el único calificado para dirigir el Estado y pretenderá reformar toda la vida social y
ordenar soberanamente la ciudad. Otras veces se retirará del mundo para replegarse en una sabiduría
puramente privada.
3) Semejanza entre ciudadanos: Esta similitud funda la unidad de la polis, ya que para los griegos sólo los
semejantes pueden encontrarse asociados en una misma comunidad. El vínculo del hombre con el hombre
adoptará la forma de una relación recíproca, que reemplazará a las relaciones jerárquicas de sumisión y
dominación. Todos cuantos participen en el Estado serán definidos como semejantes. A pesar de todo cuanto
los contrapone en lo concreto de la vida social, se concibe a los ciudadanos, en el plano político, como
unidades intercambiables dentro de un sistema cuyo equilibrio es la ley y cuya norma es la igualdad. Esta
imagen del mundo humano encontrará en el siglo VI su expresión rigurosa en el concepto de isonomía: igual
participación de todos los ciudadanos en el ejercicio del poder.

La aparición del hoplita y la democratización de la función militar-antiguo privilegio aristocrático-implican una


renovación completa de la ética del guerrero. El hoplita no conoce ya el combate singular; tiene que rechazar,
si se le ofrece, la tentación de una proeza puramente individual. Es el hombre de la batalla codo a codo, de la
lucha hombro a hombro. El poder de los individuos tiene que doblegarse ahora ante la ley del grupo.

Esta actitud psicológica se manifiesta en todos los planos de la vida social. La ciudad rechaza las conductas
tradicionales de la aristocracia tendentes a reforzar y exaltar el poder de los individuos. Porque acusan las
desigualdades sociales, ponen en peligro la unidad del grupo y dividen la ciudad contra sí misma.

En Esparta fue el factor militar el que parece haber representado, en el advenimiento de la nueva mentalidad,
el papel decisivo. Las transformaciones sociales y políticas que determinan en Esparta las nuevas técnicas de
guerra y que culminan en una ciudad de hoplitas, traducen, en el plano de las instituciones, aquella misma
exigencia de un mundo humano equilibrado y ordenado por la ley. En el Estado espartano la sociedad ya no
forma una pirámide cuya cúspide ocupa el rey, todos se encuentran elevados al mismo plano.

Pero si la nueva Esparta reconoce así la supremacía de la ley y del orden, es por haberse orientado hacia la
guerra: La reforma del Estado obedece a preocupaciones militares. La palabra no podrá llegar a ser la
herramienta política que será en otras partes ni adoptará formas de discusión, de argumentación, de
refutación. Continúa siendo para ellos aquellas leyes casi oraculares, a las que se someten sin discusión y que
se niegan a entregar, escribiéndolas, a una publicación plena.

Mito y pensamiento en la Grecia antigua:


(Vernant)

Cap. VII: “Del mito a la razón”:

La formación del pensamiento positivo en la Grecia arcaica:

El pensamiento positivo surge en el siglo VI A.C. en Asia Menor, Grecia:

Según Burnet, El nacimiento de la filosofía en Grecia, determinaría, en consecuencia, los inicios del
pensamiento científico (del pensamiento sin más). Más que de un cambio de actitud intelectual, se trataría del
descubrimiento de la razón. El pensamiento racional es exterior a la historia: la filosofía sería un comienzo
absoluto.

Parte I: Sin embargo, contra Burnet, Cornford combate la teoría del milagro griego (que presenta la física
jónica como la revelación brusca e incondicional de la razón). Él otorga esencial importancia al contexto
histórico y a la relación entre la reflexión filosófica y el pensamiento religioso. Manifiesta que la “física”
jónica no tiene nada en común con lo que nosotros llamamos ciencia:

1) Ignora la experimentación;
2) No es el producto de la inteligencia que observa directamente la naturaleza.
3) Transpone, en una forma laicizada y sobre el plano de un pensamiento abstracto, el sistema de
representación elaborado por la religión. Las cosmologías de los filósofos reinterpretan y prolongan los
mitos cosmogónicos. Naturaleza y sociedad están confundidas.
Razón por la cual la filosofía deja de ser mito para devenir filosofía:

El nacimiento de la filosofía aparece solidario de dos grandes transformaciones mentales: un pensamiento


positivo, que excluye toda forma de sobrenatural y que rechaza la asimilación implícita establecida por el mito
entre fenómenos físicos y agentes divinos; un pensamiento abstracto, que despoja a la realidad de este poder
de mutación que le prestaba el mito, y que rehúsa la vieja imagen de la unión de los contrarios en provecho de
una formulación categórica del principio de identidad.

Esta doble revolución fue permitida, en la Grecia del siglo VI, por condiciones como la ausencia, en Grecia, de
una monarquía de tipo oriental y los inicios, con la moneda, de una economía mercantil, la aparición de una
clase de mercados para los cuales los objetos se despojan de su valor de uso y ya no tiene sino valor de
cambio.

Estas innovaciones, que proporcionan una primera forma de racionalidad, no constituyen un milagro. El
advenimiento de la filosofía es un hecho de historia, enraizado en el pasado, formándose a partir de él al
mismo tiempo que contra él.

Parte II: En los albores de la historia intelectual de Grecia, se entrevé toda una serie de personalidades
extrañas. Estas figuras semilegendarias encarnan el modelo más antiguo del “sabio”. Su género de vida le
coloca al margen de la humanidad ordinaria: Son “hombres divinos”. Acumulan las funciones de adivino, de
poeta y de sabio, que tienen en común la facultad excepcional de videncia por encima de las apariencias
sensibles.

No obstante, el primer filósofo no es un chamán. Su papel es el de enseñar. Se propone divulgar el secreto del
chamán a un cuerpo de discípulos. Divulgada, propagada, la práctica secreta se transforma en objeto de
enseñanza y discusión: se organiza en doctrina. Divulgación de un secreto religioso, extensión a un grupo
abierto de un privilegio reservado, publicidad de un saber prohibido antes, tales son las características del giro
que permite a la figura del filósofo desembarazarse de la figura del mago.

La filosofía, en su progreso, rompe el marco de la comunidad en el que ella ha nacido. Por medio de la palabra
y del escrito, el filósofo se dirige a toda la ciudad. Manifiesta sus revelaciones a una publicidad completa y
total. La erige en objeto de debate público y contradictorio, donde la argumentación dialéctica acabará por
tomar la iniciativa sobre la iluminación sobrenatural.

Parte III: La solidaridad entre el nacimiento del filósofo y el advenimiento del ciudadano no es sorprendente,
puesto que la ciudad realiza una separación de la naturaleza y de la sociedad, que implica el ejercicio de un
pensamiento racional. Con la ciudad, el orden político se ha desligado de la organización cósmica; aparece
como una constitución humana.

En el pensamiento político del filósofo, la transformación mental no se marca menos que en su pensamiento
cosmológico. Separadas, naturaleza y sociedad forman igualmente el objeto de una reflexión más positiva y
más abstracta.

Del mismo modo que la filosofía se libera del mito, al igual que el filósofo surge del mago, la ciudad se instaura
a partir de la antigua organización social: la destruye, pero al mismo tiempo conserva su esquema: transplanta
la organización tribal a una forma que implica un pensamiento más positivo y más abstracto. Un nuevo espíritu
positivo inspira las reformas que buscan menos poner la ciudad en armonía con el orden sagrado del universo
que alcanzar unos objetivos políticos precisos.

Pero no es solamente en las estructuras políticas donde se inscriben los cambios mentales, una institución
económica como la moneda atestigua transformaciones que no están desconectadas del nacimiento del
pensamiento racional. La moneda ha llegado a ser un signo social, el equivalente y la medida universal del
valor. El uso general de la moneda titulada conduce a delimitar una nueva noción, positiva, cuantificada y
abstracta, del valor.

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