¡GANAR!
(WINNING UGLY)
EL COMBATE MENTAL EN EL TENIS - LECCIONES DE UN
MAESTRO
BRAD GILBERT Y STEVE JAMISON
Traducción de Ariel Cukierkorn
Gilbert, Brad
¡Ganar! : El combate mental en el tenis : lecciones de un maestro /
Brad Gilbert y Steve Jamison. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de
Buenos Aires : Club House Publishers, 2020.
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-8322-11-7
1. Deporte. 2. Tenis. 3. Coaching. I. Jamison, Steve II. Título
CDD A863
CLUB HOUSE Publishers
Un sello de Ediciones Deldragón
Emilio Mitre 71 – 7º B (1424 ) Buenos Aires
República Argentina
¡GANAR! EL COMBATE MENTAL EN EL TENIS. LECCIONES DE
UN MAESTRO
© 1993, 2013 by Brad Gilbert and Steve Jamison
Edición original en lengua inglesa publicada por Touchstone,
a Division of Simon & Schuster, New York
Traducción: Ariel Cukierkorn
Revisión: Guillermo Sabanes
© 2015, Ediciones Deldragón
Primera edición: julio 2015
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ISBN 978-987-1884-39-1
ISBN: 978-987-8322-11-7 (e-book)
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Contenido
Prólogo: La Biblia del tenis, por Juan Pablo Varsky
Introducción: ¡Ganar! (Winning Ugly) en el Siglo XXI
Prefacio: ¿Ganar feo?
McEnroe: un maestro pierde feo
I
LA VENTAJA TEMPRANA
El partido empieza antes de que empiece
1. Preparación mental: la ventaja previa al partido
2. Las herramientas esenciales: cómo el equipamiento ayuda a ganar
3. Elongar para triunfar
4. Calentamiento en microondas: descongela rápido los golpes
5. Cuatro “espanta-nervios”: Cómo superar la tensión previa al partido
6. Un inicio inteligente: liderar desde el comienzo
II
EL JUEGO INTELIGENTE
Encontrar la manera de ganar
7. La llave del triunfo
8. Destruye el plan de juego de tu adversario
9. Los siete puntos de ventaja escondidos
10. Entrar a boxes: la reparación de golpes
11. Aprender de las leyendas
III
JUEGOS MENTALES, PSICOLOGÍA Y ESPÍRITU DEPORTIVO
Historias del circuito
[Link] maestros de la furia: Connors y McEnroe
13. El arma letal de Lendl
14. Agassi: quebrando el límite de velocidad
15. Cómo manejar la trampa
16. El partido del millón de dólares: guerra contra Wheaton
17. Un permanente espíritu de torneo
18. El camino al número uno
19. Agassi sobre ¡Ganar! (Winning Ugly)
Epílogo: Ese misterio llamado Brad Gilbert, por Javier Frana
Agradecimientos
Acerca de los autores
Para un gran caballero y un gran campeón,
Arthur Ashe, que luchó por la dignidad humana y el valor del individuo.
Prólogo
La Biblia del tenis
Por Juan Pablo Varsky
Nunca pude ganar el torneo interno de mi club, el Racket (ex Vilas Racket).
Hay buen nivel. Juego en la categoría A, la mejor. Gano dos o tres partidos y
luego pierdo en cuartos o semifinales. Una vez estuve muy cerca de ganarlo,
en 2008. No era el favorito porque nadie me conocía. Iba seguido al club, me
entrenaba pero no competía. Empecé a sorprender a todos con triunfos
inesperados. “¿Viste Varsky? ¡Le ganó a Diego!”, comentaban en el
gimnasio.
A mis treinta y siete años (hoy cuarenta y cuatro), yo era el jugador raro
del revés a dos manos. Muy pocos pegan ese golpe a mi edad. Los Sub-35
son multitud pero los +40 que aprendieron a jugar de chicos tienen el sello de
Vilas y Clerc. El heterodoxo Roberto Argüello, con los dos golpes a dos
manos, no marcó tendencia entre los hoy cuarentones. ¿Por qué a dos manos?
Podría mentirles y contarles de mi admiración por Borg / Connors, los santos
patronos de ese tiro. Pero la verdad es que no tenía fuerza en mi brazo
derecho para pegarle de revés. El profesor de Harrods Gath & Chaves me
sugirió que agarrara la raqueta con las dos manos para darle de revés. Y así
empezó todo.
Mi ídolo fue, es y será Johnny Mac. “You cannot be serious! That ball was
on the line”, memorable grito adolescente en su primer show grande de
Wimbledon. Amo a John McEnroe. No sé qué haría si lo tuviera enfrente.
Intentaría un abrazo aunque me cueste un rechazo hosco y áspero.
Justamente, Johnny Mac se enfurecía cada vez que enfrentaba al autor de este
libro.
Brad Gilbert, divino ejemplo de cómo exprimir al máximo virtudes y
esconder limitaciones, lo volvía loco con su juego. Y McEnroe no podía creer
cómo ese pasapelotas lo complicaba una y otra vez. Un día, obviamente
después de una derrota, el genio zurdo le dio el título a la edición en inglés de
este manual imprescindible: “Winning ugly” (o Ganar jugando feo). Lejos de
ofenderse, Brad se enorgulleció con semejante calificación. No ganó ningún
Grand Slam pero llegó a ser cuatro del mundo sin un solo golpe dominante.
Fue todo cabeza y condición física.
Estaba cantado que seguiría su carrera como entrenador tras el retiro. Le
cambió la vida a Andre Agassi. Cansado de ser la eterna promesa y quedarse
sólo en la imagen y el marketing, el calvo de Las Vegas recurrió a Brad para
ser número uno del mundo. Y lo logró. Llegó y se mantuvo. Ganó su último
Major a los treinta y tres años en Australia. Ni siquiera Roger Federer pudo
levantar un gran trofeo a esa edad. Más tarde, Andy Murray lo buscó para dar
un salto de calidad en su juego. Misión cumplida.
Encontré su libro con prólogo del propio Andy durante un viaje a Londres
en 2011. Visité el museo de Wimbledon con el clásico viaje en subte y la
bajada en la estación Southfields. Caminé ese kilómetro y medio en colina
ascendente. Llegué al All England. Mi Disneylandia. En la caminata de
vuelta, elegí pasear por la vereda de enfrente. A trescientos metros de la
estación de subte, detecté un negocio de tenis de fachada muy pequeña.
Resultó enorme. Raquetas, raqueteros de todas las marcas, la ropa oficial de
todos los cracks, zapatillas, torta de cuerdas… Una locura. Había también
una sección de libros. Autobiografías, reseñas históricas, lecciones de técnica.
Ahí compré Winning ugly*. Empecé a leerlo en el subte. Lo terminé en el
hotel ese mismo día.
Es La Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento. Está todo. Desde qué llevar en
el bolso hasta cómo jugar contra esa ladilla de polvo de ladrillo que lo único
que hace es pasarla del otro lado sin tomar un solo riesgo. Brad lo cuenta
simple, preciso. Puro concepto.
Apenas regresé a mi casa, lo metí en el raquetero. Mejoré mucho. Nunca
dejé de tomar clases. Me gusta entrenarme. Hacer canasto, una y una, intenso.
Que la hora de entrenamiento valga la pena. Competí más seguido y me
animé al circuito senior de la Asociación Argentina de Tenis. Jugué
clasificación. Me hice bien de abajo. Y en 2011, terminé vigésimo segundo
del país en la categoría +40 años.
En enero de 2012 me operé del tendón cubital derecho luego de una
infiltración que me estiró su vida útil hasta romperlo por completo. Estuve
seis meses sin jugar. Volví ya sin tiempo para competir. Cambié de raqueta y
de raquetero. Pero llevo siempre La Biblia conmigo.
Cuando me enteré de que Brad estaba en esa aldea de alta intensidad
llamada Twitter, recomendé que lo siguieran y elogié su Winning ugly. Días
después, me mandó un mensaje directo y me pidió la dirección de mi casa.
Una semana más tarde, llegaba a mi domicilio un Winning ugly autografiado
en el que me agradecía “haberle abierto la puerta de Twitter Argentina”. Le
escribí para agradecerle y nunca más volvimos a interactuar. Ojalá pueda
encontrarlo en algún torneo.
Lamento mucho haber encontrado el libro en 2011. En 2008, llegué a la
final del interno contra un tipo muy inferior, al que le había ganado 6-0, 6-0
un mes antes en un amistoso. Lo llevaba 6-3, 1-0 y saque. Llegaron los
demonios a mi mente. Me puse nervioso. Perdí el segundo set. Quedé 2-4 en
el tercero. Partí una raqueta (perdón Brad, ahí soy team McEnroe. No me
enorgullezco pero es la realidad). Corté cuerda y tuvieron que prestarme una
para seguir. Lo levanté. Me puse 5-4 y saque. Match point. Revés de mi rival
a la línea. 5-6, 30-40. Match point en contra. Doble falta. Game, set, match y
campeonato para mi adversario. Volvimos a jugar cincuenta veces. Nunca me
sacó siquiera un set. Pero ese día me ganó. Lo perdí yo. Si hubiera tenido
Winning ugly esa tarde, el prólogo tendría otro final. Que lo disfruten.
Introducción a la Nueva Edición (2014)
¡Ganar! (Winning Ugly) en el Siglo XXI
Aunque mucho cambian las cosas, seguimos
igual
Pongo a prueba tu memoria tenística con la siguiente pregunta: ¿quiénes eran
los mejores jugadores del mundo cuando mi libro ¡Ganar! (Winning Ugly) se
publicó en 1992? Si dijiste Monica Seles y Jim Courier, metiste un ace.
Mucho cambió desde entonces, pero mucho sigue igual. Pienso que por esa
razón todavía me buscan tantos tenistas para contarme cómo mi libro los
ayuda en su juego, incluso muchos años después de que fuera presentado en
el desprevenido mundo del tenis.
Nada me genera una sonrisa tan grande o llena tanto mi corazón como
cuando un tenista aficionado o profesional me intercepta en un torneo con un
ejemplar de mi libro para que se lo firme. Es el elogio más importante que
puedo recibir. Y por eso no cambiaría ni una palabra de la edición original.
Aun hoy tendrá un efecto poderoso en tu juego. Te lo aseguro.
De todos modos, le agregaría algunas ideas y por eso, esta nueva
introducción, para llevar a ¡Ganar! (Winning Ugly) a la misma velocidad que
el siglo XXI.
En mi opinión, los tres cambios más importantes en el tenis desde que se
publicó el libro son la tecnología, las superficies de las canchas y la
capacidad atlética de los jugadores. (Quizá tenga que agregar un cuarto
elemento: la repetición instantánea por televisión. Es genial para el juego e
inmejorable para los fanáticos, porque satisface nuestra curiosidad por una
evidencia concluyente en los fallos difíciles).
1. En lo que a tecnología respecta, las cuerdas hi-tech de poliéster y las
raquetas livianas transformaron los golpes, ya que les permiten a los
profesionales y a muchos aficionados pegarle mucho más duro a la
pelota y crear ángulos y efectos gigantescos, como si tiraran granadas
desde el fondo de la cancha y bombas desde el saque. (La bola de
Rafael Nadal gira hasta cinco mil revoluciones por minuto, más del
doble de lo que conseguían Pete Sampras o Andre Agassi en su mejor
rendimiento). La pelota sale hoy tan fuerte y con tanto efecto, que
prácticamente se deforma cuando cruza la red hacia el oponente.
2. Las superficies de las canchas nunca fueron tan similares entre sí en
todo el mundo como en esta época. El césped es más lento, el polvo de
ladrillo es más rápido y las canchas duras producen más piques. Todo
esto genera mucho mejores puntos, más interesantes para mirar y más
divertidos para que los analistas de televisión podamos hablar.
3. Por último (y para mí, el mayor cambio), la capacidad atlética de los
jugadores y sus resultantes. Su plasticidad y fuerza muscular en el siglo
XXI es más épica que en décadas anteriores.
La plasticidad implica un gran trabajo de piernas combinado con altas
velocidades, equilibrio, destreza y flexibilidad, tanto en ataque como en
defensa, a lo largo de toda la batalla en la cancha. La excelencia física es una
condición sine qua non para un jugador que quiere llegar a lo más alto. Y un
preparador físico de primer nivel tiene tanto prestigio en el circuito como un
buen entrenador. Todo eso combinado con las nuevas tecnologías da como
resultado el súper tenis de hoy, ejecutado por súper tenistas. Por ejemplo,
Novak Djokovic –el Djoker– puede correr cinco veces de un rincón al otro de
la cancha –bam, bam, bam, bam, bam–, y después controlar el punto, pegar
un winner y terminarlo con un split sobre el suelo. Como él, Rafa Nadal y
otros pueden hacer eso durante cuatro horas. Tienen la asombrosa habilidad
de recuperarse en veinte segundos. Hicieron que parezca fácil y eso no deja
de sorprenderme.
Hoy veo puntos que no se podían jugar hace veinte años. Es como estar
viendo un videojuego (o como una vez dije en un comentario en ESPN,
“mirar el tenis de la Wii”). Hoy tenemos tenistas capaces de jugar bien en
cualquier lugar de la cancha. En conclusión, el tenis resultante es increíble de
ver y ha originado una nueva era dorada del deporte.
¿Dónde estará el tenis dentro de veinte años? ¿Saques de 350km/h? Es
posible. Y lo maravilloso es que los jugadores van a devolver esos saques.
El rostro del tenis del siglo XXI hasta aquí es Roger Federer. Fed logró el
número uno del mundo en 2004 y lo mantuvo hasta 2008, cuando Nadal se lo
arrebató por un año. Se lo intercambiaron los años siguientes, hasta que el
Djoker tomó la posta. Pero la marca de Fed (hasta la edición de ¡Ganar!
diecisiete torneos de Grand Slam) es la mejor en la historia del tenis. Con su
estilo personal elevó la vara de rendimiento a un nivel tan alto que forzó a los
demás a seguirlo. Rafa y el Djoker lo hicieron. Otros lo harán.
Por el lado de los hombres, nunca vi un grupo de top 4 en el ranking
mundial como el que integran Fed, Rafa, el Djoker y Andy Murray. Dudo
que veamos a números uno, dos, tres y cuatro tan fuertes por mucho
tiempo… tal vez nunca.
Por el lado de las mujeres, Serena es todo, aunque Venus también tiene
cosas maravillosas. Serena y Venus son de lo mejor que le ocurrió al tenis
femenino en el siglo XXI porque sacudieron las cosas en todas las formas
posibles. Sin embargo, Steffi Graf en su mejor momento habría podido
desafiar a las hermanas Williams. Era muy física, tenía esos tiros de fondo
tan poderosos, un legendario slice de revés (digno de un francotirador) y
además una actitud mental tan fuerte como Serena y Venus.
A los fanáticos del tenis de la vieja escuela les gusta decir que los años
ochenta produjeron el mejor elenco de tenistas y personajes de la historia:
McEnroe, Connors, Becker, Evert, Navratilova, Lendl, Borg y otros. Pero la
nómina en la actualidad es mucho más excitante, por los grandes cambios
mencionados y por los atletas jóvenes que incorporan esos cambios a su
juego.
De todos modos, cuantos más cambios entre los profesionales, entre los
aficionados las cosas siguen como siempre. Y hoy casi me puedes considerar
un jugador aficionado.
Mientras escribíamos juntos ¡Ganar! (Winning Ugly), Steve Jamison
siempre se encargó de remarcarme que debía concentrarme en cuánto podían
aprender los jugadores amateurs de lo que hacían los profesionales, sobre
todo en el aspecto mental. Esa verdad básica no cambió: podrás perfeccionar
tu tenis más rápido y mejor si mejoras tu mentalidad, si trabajas tu mente
tanto como con tus golpes.
Pero el nuevo elenco de súper estrellas que domina la escena del tenis en
este siglo aporta ideas adicionales de manejo de la mente, aptas para agregar
a tu propio arsenal. Su abordaje del juego mental te ayudará a ganarles a
jugadores con los que sueles perder. Esos rivales que pueden tener mejores
golpes pero no mejor estrategia.
Para empezar, Roger Federer. ¿Notaste que durante los partidos en Roland
Garros sus medias no se ensucian? ¡Y eso que juega sobre polvo de ladrillo!
Y el tipo rara vez transpira. ¿Cómo es posible? Cada vez que lo veo, sigo sin
poder creerlo. Todos los demás se cubren de polvo y sudor, ¿por qué Federer
no? Bueno, en parte porque es tan perfecto. Su movimiento no tiene defectos:
elegante, sin esfuerzo y eficiente. Y tiene la habilidad de mandar en los
puntos con el mejor drive que pudo haber producido el tenis. Quizá Nadal sea
el único a ese nivel.
Esto es lo que podemos aprender de Fed: aunque no tenga el mejor saque
del circuito, es quien mejor lo mantiene. Roger Federer se lleva su servicio
más del 90% de las veces, aun sin tener un saque tan impresionante. ¿Cómo
lo hace? En parte porque puede ubicar la pelota con increíble precisión y
consistencia. Si algunos jugadores pueden acertarle a una moneda, Fed le
acierta a un lunar. Un saque poderoso puede ser genial pero, créanme, un
pasador le encontrará la vuelta a lidiar con esa potencia. Otra historia es si
mejoran las colocaciones. De hecho, aquí va un consejo: si tu rival encadena
winners con un saque fuerte, la solución es simple. Ve un paso más atrás de
donde estabas esperando el servicio. Te van a gustar los resultados.
¿La lección? Trabaja para mantener el servicio, y para hacer eso práctica la
colocación como prioridad principal. Mueve un poco el saque. No tienes que
ser Roger Federer para conseguir resultados moviendo el saque. Obliga a tu
rival a tener que adivinarlos. Y recuerda: si vas a practicar algo, ¡que sea tu
saque! Puede convertirse en el golpe más importante de tu juego.
Creo que la zona de confort de Rafael Nadal es cuando siente que no es tan
bueno y que para ser competitivo tiene que mejorar cada vez. Por eso siempre
retoca algún aspecto de su ya fantástico estilo, nunca se da por satisfecho y
busca mejorar. ¡Mejorar, mejorar, mejorar! No le gusta que nadie le diga que
es el mejor, porque no compra ese modo de pensar las cosas.
Cuando converso con él en los torneos siempre está probando algo nuevo:
la empuñadura, el lanzamiento o cualquier otra cosa. La pasión que ves en
Rafa en la cancha, en un quinto set de una final de Grand Slam es la misma
pasión que fuera de la cancha lo lleva a seguir progresando en su nivel de
ejecución. Rafa Nadal se entrega a un millón por ciento en los partidos, en las
prácticas y tal vez también en el desayuno. Su compromiso es total.
¿La lección? Nunca dejes de intentar ser mejor, de elevar la mecánica y la
estrategia de tu juego. Si uno de los mejores de la historia del tenis puede
pensar que no es lo suficientemente bueno, tú también puedes pensar de ese
modo. Y yo también. Este es mi ejemplo personal.
Cuando yo jugaba en el circuito, volvía locos a mis rivales persiguiendo
cada pelota, manteniendo vivo el punto todo el tiempo, resistiendo. ¿Hoy?
Mis piernas y pulmones no están como hace veinte años, tuve que ser honesto
conmigo mismo y admitirlo. Busqué entonces retocar un poco la mecánica de
mi juego, porque en la categoría Senior necesito terminar los puntos más
temprano. Para eso, tuve que pegarle más fuerte desde el centro de la cancha
y aspirar a que la bola no vuelva, o al menos a que vuelva más débil, para que
yo pueda reducir la cantidad de metros por correr.
Cuando empecé a retocar mi golpe, volvía loca a mi esposa en casa.
Caminaba de aquí para allá con una raqueta en la mano, practicando un tiro
más plano y haciendo un swing ante una pelota imaginaria. Puedo decir con
orgullo que nunca rompí una lámpara y que además me las ingenié para
desarrollar un drive más fuerte, plano y contundente. Los australianos llaman
a eso practicar en el patio trasero, yo tuve mi propia versión de patio en mi
living, mi comedor y mi cocina. De ahí a la cancha.
Sé como Rafa: insatisfecho con tu juego. Si trabajas con esmero en ajustar
siempre tu juego, vas a mejorar y, sin duda, te convertirás en un mejor
jugador que gana más seguido.
Hablando de mejorar el juego, Novak Djokovic nos ofrece una excelente
lección cuando se trata de establecer objetivos. Por ejemplo, no te conformes
con resultados que estén por debajo de tu potencial, nada de aburguesarse.
Porque en cierto punto el Djoker se había aburguesado.
¿Recuerdan cuando era el eterno número tres del ranking, en 2007, 2008,
2009 y 2010? ¿Recuerdan también que en diciembre de 2010 condujo a
Serbia a ganarle a Francia la final de la Copa Davis? ¿Y recuerdan qué pasó a
partir de allí? No podía perder.
En 2011 ganó diez torneos, incluidos el Abierto de Australia, Wimbledon y
el US Open, y estableció un récord mundial de ingresos por premios
individuales en una sola temporada (u$s 12 millones), algo que ocurre
cuando se ganan cuarenta y un partidos consecutivos, una marca solo
superada por los cuarenta y dos de John McEnroe.
¿Por qué este salto? Empezó una dieta sin gluten y créanme que le
significó una enorme diferencia, que incluyó una mejor respiración. Sí,
empezó a creer en su saque. Cuando Novak retocó su movimiento de saque,
no le funcionó, entonces volvió al movimiento original. Pasó de ser el único
jugador entre los cincuenta mejores del mundo que promediaba más dobles
faltas que aces (así fue a principios de 2010), a tener un saque más
consistente, confiable y productivo. Todos esos cambios fueron importantes,
pero creo que el cambio más grande tuvo lugar dentro de su cabeza.
El hecho de llevar a Serbia a la gloria en la Copa Davis lo sacudió
mentalmente, hizo que elevara su visión y sus objetivos y lo motivó a hurgar
más profundo para conseguir resultados que terminaron siendo históricos.
Haber ganado la Copa Davis le devolvió el hambre –creo– e hizo que quisiera
ser el mejor del ATP Tour.
Quizás el Djoker se había aburguesado en el puesto número tres y la Copa
Davis pateó su zona de confort y disparó el cambio. Algo realmente
significativo ocurrió en la actitud de Djokovic, no estoy seguro de que él
mismo lo entienda por completo, pero es mi apuesta, porque la diferencia
entre el número uno y el tres suele ser solo mental. Djokovic se convirtió en
su propio profeta. Vio la tierra prometida y hacia allí se dirigió.
Algo similar le debe haber ocurrido al también eterno número cuatro Andy
Murray, quien había perdido cuatro finales de Grand Slam, incluida la de
Wimbledon 2012 ante Roger Federer. Poco antes, Murray había contratado
como entrenador a Ivan Lendl –que había conseguido ocho títulos de Grand
Slam– para que lo ayudara a sacarse de encima la mochila de ser el mejor
jugador que jamás había ganado un torneo importante. Ivan perdió sus
primeras cuatro finales de Grand Slam, pero siguió luchando y creyendo en
sus posibilidades, hasta ganar esos ocho torneos. Como entrenador –y de los
buenos– le inculcó a Andy una incesante convicción para no rendirse, algo
que evidentemente le faltaba al escocés.
Comenzó –créase o no– en la derrota en cuatro sets ante Federer en la final
de 2012 en Wimbledon. Lendl reconoció que Andy había sido competitivo
por primera vez en una final de Grand Slam, porque ganó el primer set y
estuvo cerca en los siguientes.
De mis conversaciones con Ivan deduzco que se focalizó en los aspectos
positivos de Andy en su derrota, le hizo ver la gran diferencia con las finales
anteriores, en las que había perdido en sets corridos casi sin luchar. La prueba
fue la siguiente: un par de semanas después de la final perdida en
Wimbledon, Andy le ganó con facilidad a Fed en el partido por la medalla
dorada de los Juegos Olímpicos de 2012. Aunque no era un torneo de Grand
Slam, Ivan Lendl lo declaró como un torneo importante y ¡dijo que Andy
había ganado su primer Grand Slam! ¿Acaso eso alivianó la carga que
Murray tenía sobre sus hombros?1.
Por más que suene extraño (porque cuando lo ves sentado en el box de los
familiares, Ivan siempre parece muy serio y áspero), le enseñó a Andy
Murray a pensar en positivo. Los próximos años nos dirán si el escocés podrá
retener la tenacidad al estilo de Lendl y ganar más torneos de Grand Slam.
¿La lección? Eres mejor de lo que piensas, tienes potencial: para ganarles a
jugadores supuestamente mejores. Si eres competitivo y no juegas sólo por el
ejercicio (y el “cardio” tennis es genial), no aceptes el lugar donde estás ni te
conformes con menos de lo que eres. Sacúdete a ti mismo en lo que te haga
falta y tendrás resultados. Como Murray y el Djoker, puedes dar vuelta las
cosas y ganarles a los jugadores que te ganan.
Esta actitud de “no conformarse con menos” la desplegó de la mejor
manera una jugadora a la que me gusta llamar Chispita por su gran intensidad
y energía en la cancha. Justine Henin, a pesar de su pequeñez física (1,65 m y
57kg) jugaba un tenis enorme. Podría haberse conformado con ser una
contragolpeadora –como todo el mundo le decía, por su tamaño– pero ella
dijo no.
Justine tenía un juego diferente en su mente y se valió de su increíble
timing para despuntar saques y drives y desarrollar uno de los mejores golpes
de revés que he visto entre las mujeres. Se puso como objetivo ser dominante
y ofensiva, y no prestó oídos al saber convencional ni a la mayoría de los
expertos. Me encanta eso. Se sobrepuso a las probabilidades y ganó siete
Grand Slams con un tenis de estatura mayúscula, a pesar de su escasa estatura
física. Un gran juego en envase pequeño.
Henin superó su techo con su mente. Algo difícil de conseguir, pero lo
hizo. Y quizás tú puedas hacer lo mismo, a tu manera. Hay momentos en los
que tienes que seguir tu corazonada, hacer lo que crees correcto para ti y
comprometerte como hizo Justine en los inicios de su carrera.
Concentrémonos ahora en un aspecto específico de una grandiosa tenista
que puedes aplicar a tu juego (o a tu cabeza). Serena Williams (y también
Venus) tiene un serio problema de pérdida de memoria a corto plazo. Con
esto quiero decir que cuando las cosas van mal en un punto, un game, un set
o un partido, tiene la capacidad de hacer borrón y cuenta nueva, de olvidarse
inmediatamente de lo que veía haciendo y no frustrarse. ¿Qué nos pasa a los
aficionados? Fallamos algunos tiros, perdemos un par de games y la cabeza
se nos bloquea. Perdemos confianza, nos inquietamos y nos dejamos estar.
Lo sé. Hice eso infinidad de veces. Como leerán más abajo, cuando empiezas
a castigarte hay dos jugadores en la cancha que intentan vencerte. Y uno de
ellos eres tú.
Observa la pérdida de memoria de Serena y de Venus, esa capacidad para
mirar hacia delante y no hacia atrás, y cópiala. Cuando cualquiera de las dos
hermanas se va de su juego, no pierde la fe, sigue buscando los tiros sin
ansiedad, por encima del resultado y de los errores de los puntos anteriores.
Cada punto es un nuevo comienzo en su cabeza, no está contaminado por lo
anterior.
Su pérdida de memoria a corto plazo es genial y las ayuda a mantenerse
comprometidas con lo que quieren hacer. Las rivales lo saben. Saben que
Serena, en particular, puede ser letal en esa situación, porque nunca se va a
rendir, siempre creerá en su juego y volverá a la pelea con máxima
intensidad. Para quien está del otro lado de la red, es un motivo para
asustarse.
Sin embargo, si miras una cantidad suficiente de partidos, siempre verás
algo que nunca pensaste ver, y que yo vi durante Roland Garros 2012: Serena
Williams perdió un partido de primera ronda frente a una jugadora en el
puesto 111º del ranking. ¡Todo esto a pesar de que Serena nunca había
perdido en una primera ronda en un Grand Slam y de que iba adelante 5-1 en
el tie-break del segundo set! Simple: la marea cambió de rumbo y hay veces
que eso no se puede revertir ni aun siendo Serena Williams frente a una rival
con un puesto en el ranking de tres dígitos.
Un error del árbitro por allí, un error no forzado por allá y una jugadora,
Virginie Razzano, que entró en la zona y tenía el apoyo de sus compatriotas,
y de repente la situación se fue de control. Puede llevar tiempo, pero ocurre
rápido. Serena estuvo a dos puntos de ganar ese partido de tres horas y salvó
siete match points en contra. Razzano finalmente lo ganó en el octavo intento.
Debe haber sido un golpe devastador para Serena, ¿verdad?
Para nada. Todo lo contrario.
Me encantó su respuesta a la prensa después del partido: “Bueno, ustedes
saben, así es la vida”. ¿La lección? Ganar ya es difícil de por sí aun cuando
estás convencido de tus golpes. Pero se torna imposible cuando dudas.
Despeja la duda con tu propio método de pérdida de memoria de corto plazo
y te aseguro que tendrás resultados que valdrán la pena recordar. Una buena
manera de hacerlo es, después de una derrota, anotar lo que hiciste bien
durante el partido. Extrae lo positivo de lo negativo.
En el caso de Serena, hizo muchos méritos como para estar cerca de
ganarlo. Siguió peleando fuerte cuando se vio match point en contra, una vez
y otra vez y otra más. Busca ese “plus” en tu propia personalidad,
constrúyelo. Mira tus puntos negativos, corrígelos. Construye y corrige.
Sigue adelante. Di “así es la vida”.
Serena detesta perder cualquier partido, sobre todo en un Grand Slam, pero
en su mente la terrible derrota no era algo para mortificarse. De hecho, la usó
para mejorar. En lugar de volver a Nueva York, se dirigió a la academia de
tenis de Patrick Mouratoglou en París, para hacer un trabajo de consultoría y
de progreso intenso de su juego. Usó el dolor –no creas que por el comentario
“Así es la vida” la derrota no le importó– para subir la marcha de manera
notable y volver a dar la talla en los desafíos que se venían: Wimbledon, los
Juegos Olímpicos y el US Open.
Estoy convencido de que esa derrota ante Razzano encendió su espíritu
batallador y su fortaleza de carácter, porque lo que siguió fue de no creer:
Serena ganó el título de singles y dobles en Wimbledon, las medallas doradas
en singles y dobles en los Juegos Olímpicos y los singles en el US Open.
Quiero pensar que todo eso tuvo una relación directa con lo que ocurrió en
París.
Los jugadores aficionados que sufren una derrota dolorosa suelen
deprimirse y quedarse fuera de juego por semanas, porque se sienten
mentalmente devastados. Pero no Serena. Ella se rehúsa a atormentarse. Haz
lo mismo con tu juego.
Ahora les diré mi queja más grande sobre los jugadores aficionados y su
estilo. Con demasiada frecuencia hacen el cálculo riesgo vs. recompensa al
revés. Por ejemplo, cuando no tienen la ventaja en un punto (como cuando
los fuerzan a jugar desde la calle del dobles), intentan ese tiro imposible que
solo les salió bien en un intento de veinte unos años atrás. A la inversa,
cuando tienen una bola accesible en el centro de la cancha, de pronto piensan:
“No quiero fallar esta” y la juegan seguro, apenas por encima de la red. Yo
les digo: “¿Por qué? ¿En qué están pensando?”. Ese es el momento para
ponerse más agresivo y arriesgarse. Es un tiro fácil que ofrece una
recompensa fácil. ¡Tómalo!
¿La lección? No te amilanes cuando la bola te venga para un home run, y
no intentes el home run cuando solo tienes que hacer que el inning se siga
jugando.
Los aficionados suelen ponerse cautos cuando deben ser agresivos y
agresivos cuando debieran ser cautos. Lo mismo ocurre con las bolas altas.
Te quedas parado y dejas que la bola te supere, para luego intentar un gran
tiro desde la nada. No hagas eso. Da unos pasos hacia atrás y devuelve una
bola neutral, que pique tanto como la anterior.
Quizá te hayan enseñado a no retraerte nunca. Bueno, yo digo: retráete y
juega una bola neutral y espera tu chance. Cuando veas que llega la
oportunidad –como una bola en el medio de la cancha– entonces adelántate y
fuerza las cosas. Federer puede ser capaz de pegar un winner desde donde sea
en el estadio, incluso desde el puesto de hamburguesas, pero los aficionados
debemos ser más realistas al analizar los riesgos y las recompensas.
Mi última lección llega desde una fuente improbable para el tenis:
Metallica, mi grupo de música favorito, y su baterista Lars Ulrich, que es
amigo mío. Su padre, Torben, fue uno de los mejores tenistas daneses
profesionales en los cincuenta y sesenta, y quizás el tipo más ecléctico que
alguna vez participó en el circuito. Lars y cada miembro de Metallica siguen
de gira por el mundo ante enormes multitudes, a pesar de que los tipos ya no
son adolescentes. Pero su pasión sigue siendo gigante. Lars está cerca de los
cincuenta años y aun así se entrega por completo cada noche: transpira la
camiseta y le pega a los platillos como nunca en su vida. Como ente
colectivo, no dan nada por hecho y dejan sobre el escenario cada parte de su
cuerpo. Como Rafa, un millón por ciento.
¿La lección? En el tenis y en la vida, cuando haces algo que amas,
aprécialo y respétalo dándole todo lo que tengas. Nunca lo des por sentado
porque pronto no lo tendrás más. El tiempo es duro. Cada vez que salgas a la
cancha sé agradecido. Créeme, porque yo lo soy. Si tienes la suerte de jugar
al tenis, deberías reconocer que es un privilegio poder salir a la cancha y
jugarlo.
También estoy agradecido de poder analizar el tenis del siglo XXI alrededor
del mundo por televisión. El tenis es una escalera mecánica en permanente
evolución: los jugadores, la tecnología, los golpes, las canchas, las raquetas,
las pelotas. Me encanta formar parte de todo eso. Hay una sola cosa que
extraño: me encanta sentirme nervioso. Me encanta despertarme a las tres y
media de la mañana, ansioso por un partido que me toca enfrentar como
jugador o como entrenador.
No hay nada como esos nervios y la excitación que conlleva saber que en
algunas horas dos hombres entrarán a un estadio y uno solo saldrá como
vencedor. Trabajar para la televisión es genial. Diseccionar el estilo de los
jugadores y hablar de estrategia es divertido, pero no es como estar en el ring,
no se compara con los nervios que se sienten antes del combate. Eso es lo que
más me divierte.
Y por eso jugar al tenis es grandioso, no importa el nivel en que estés. Un
aficionado puede sentir tanta excitación como un tenista del circuito
profesional. Espero que ¡Ganar! agregue una cuota de excitación adicional
en el siglo XXI aportándote más destrezas mentales para convertirte en mejor
jugador. Créeme, no estás muy lejos de ganarle a esos jugadores que te
vuelven loco. Este libro te cuenta cómo hacerlo. ¡Buena suerte!
Prefacio a la Primera Edición
¿Ganar feo?
“¿Cómo demonios gana este tipo? ¡Le pega a la pelota como un cavernícola
que encontró una raqueta!”. Esa es la opinión incrédula que escuché durante
la final del Abierto de San Francisco, mientras Brad Gilbert batallaba y le
ganaba a Anders Jarryd para quedarse con el título y u$s 32. 000. El premio
fue parte del millón y medio de dólares que ganaría durante el año. Mi
reacción me sorprendió. Como uno de los miles de fanáticos que estaban ahí
para ver al héroe de nuestra ciudad (Brad vive apenas afuera de San
Francisco en San Rafael, California), no me gustaba escuchar que lo
criticaran. Sin embargo, tenía que admitir que la referencia al cavernícola no
era del todo inapropiada. Brad tiene un estilo único.
Me hizo pensar. ¿Por qué gana? ¿Cómo hace para ganarle a jugadores
como Boris Becker, que son supuestamente mejores que él? Las apariencias
engañan y con Brad (cuyo estilo ha sido descripto como “feo”) las
apariencias son muy engañosas. Ganó más de cinco millones de dólares en
premios de torneos. Se mantuvo entre los diez primeros del ranking mundial
durante cinco años y alcanzó su posición máxima con el cuarto puesto en
1990. Es medallista olímpico y representó varias veces con éxito a Estados
Unidos en la Copa Davis. Brad Gilbert fue uno de los tenistas más
importantes del circuito por casi diez años. Todo porque fue capaz de ganarle
a jugadores a los que, según los expertos, no podría haber derrotado. ¿Cómo
lo hace?
El éxito a Brad le llegó porque como jugador de tenis es una persona
pensante. En tenis es el mejor del mundo en lo que al aspecto mental del
juego respecta. Lo que los espectadores ven son sus golpes, y esos golpes no
son siempre lindos. Lo que la gente no ve son las elucubraciones mentales
que lo llevan a la victoria, lo que pasa por su cabeza antes, durante y después
de un partido.
La mayoría de los jugadores son mentalmente perezosos en la cancha.
Brad usa esto para su beneficio y cree que tú puedes hacer lo mismo. Él
utiliza cada segundo de un partido para descubrir la manera de conseguir una
ventaja. Sin atributos físicos abrumadores o golpes sorprendentes, Brad gana
porque supera a sus rivales en pensamiento y planificación.
El libro de Tim Gallwey, The inner game of tennis2, se concentra en el
hemisferio derecho del cerebro, en el proceso intuitivo. El foco de Brad está
en el hemisferio izquierdo del cerebro, el proceso analítico. Gallwey persigue
el disfrute de jugar. Brad persigue el disfrute de ganar. Gallwey se interesa
por el “juego interior”. Brad se interesa en lo que está ocurriendo enfrente de
él y en sacarle ventaja.
¡Ganar! (Winning Ugly) te cuenta cómo hacer lo mismo en tus propios
partidos de tenis. Brad describe su fórmula para aprovechar al máximo lo que
tienes. Y funciona. Al escribir el libro con él, aprendí acerca de una parte del
juego a la que nunca me había dedicado antes: el aspecto mental del tenis. Mi
juego mejoró, como mejorará el tuyo.
Después de poner en práctica la fórmula de Brad, si alguno te acusa de
“ganar feo”, solo responde: “Gracias. Estuve trabajando en eso”.
Steve Jamison
McEnroe: un maestro pierde feo
John McEnroe vivía su peor pesadilla. Solo que no era una pesadilla. Era el
Masters, en el Madison Square Garden, frente a miles de sus fans de Nueva
York, tan leales como ruidosos. Esa noche, McEnroe, campeón defensor y
número dos del ranking mundial, de a poco se iba dando cuenta de que iba a
perder contra un tipo que no le caía bien y cuyo tenis despreciaba. Ese tipo
era yo. Una humillación, y por eso echaba humo.
Sus ojos lo delataban. Tenía la mirada de un chico que acaba de prender
fuego al gato del vecino: asustada y perversa. Ese ceño fruncido de McEnroe,
lleno de odio. En un cambio de lado me gruñó: “Gilbert, ¡no mereces estar en
la misma cancha que yo!”. Estaba perdiendo la cabeza. Nos cruzamos a
pocos centímetros y por si no lo hubiese entendido, agregó: “Eres el peor. ¡El
peor!”.
McEnroe continuó cuesta abajo: se quejó del sensor electrónico de las
líneas; en el segundo set discutió con un espectador y recibió una advertencia
disciplinaria por “conducta de visible obscenidad”. Estaba completamente
fuera de sí. Se gritaba a sí mismo, tiraba la raqueta, caminaba echando pestes
y se mofaba de la multitud (¡sus propios fans!). Por momentos parecía estar
al borde de un colapso nervioso.
Era uno de sus mejores partidos. Pero al final, el tipo que no merecía estar
con él en la misma cancha ganó en tres sets durísimos. En realidad, dos sets
durísimos, porque el tercero fue un paseo: 5-7, 6-4, 6-1. Para el match point
John era un gatito indefenso. Pero no era el final.
Más tarde arrojó una bomba. McEnroe anunció su “retiro” del tenis a los
veintisiete años. ¡Y en parte me culpó a mí! “Cuando empiezo a perder con
jugadores como él (“él”, un servidor), tengo que reconsiderar qué estoy
haciendo en este juego”. Si pensaba que me iba a sentir insultado se
equivocaba. De hecho, me encantó. En los siete partidos anteriores apenas le
había ganado un set. Ese triunfo en el Masters fue glorioso. Demasiado
glorioso como al final resultó, pero habrá más después.
El banco no piensa que juego feo
John McEnroe y yo nunca fuimos exactamente lo que se dice mejores
amigos. Supongo que eso ocurre cuando dos personas no se caen bien. Él
pensaba que yo tenía malos golpes. Yo pensaba que él tenía una mala actitud.
Pero la verdad es que McEnroe tenía razón. En los papeles, no debía perder
conmigo. Como así tampoco Becker, Agassi, Connors, Chang, Edberg,
Courier, Forget, Sampras, Stich, Wheaton y un montón de otros tipos con
mejores golpes y con más de lo que se conoce como habilidad natural.
Por suerte para mí, los partidos de tenis no se juegan en los papeles. Se
juegan en canchas. Y como se juegan allí, fui capaz de ganarles a esos y a
otros jugadores por el precio de cinco millones de dólares. En 1991, era el
octavo jugador en la lista de dinero recaudado en todos los tiempos. Si a eso
se le suman los ingresos por publicidades y exhibiciones que llegaron por
esos triunfos, para 1993 mis ingresos totales en el tenis llegaban a los ocho
millones de dólares. ¿Gané feo? Todo camino al banco.
Todo eso ocurrió porque usé el talento y las destrezas que tenía calculando
la manera de maximizar su potencial: eso me daba las mejores chances de
ganar. Fue por eso que pude vencer a jugadores que eran supuestamente
“mejores” que yo. Tú puedes hacer lo mismo. Saca a relucir lo mejor que
tengas. Juega mejor al tenis sin mejores golpes.
Un nuevo yo, 20% mejor
Para empezar, quiero decirte algo sobre tu juego. La manera de lograr el
mayor progreso en el menor tiempo posible es entender y aprovechar mejor
las ventajas que existen en cada partido que juegas. Las grandes
oportunidades y las pequeñas oportunidades. Sobre todo las pequeñas
oportunidades, las que los otros tenistas desatienden por ignorancia o por
pereza. Si a eso quieres llamarlo ganar feo, ve para adelante y hazte feo.
Desarrolla tu poder de observación y análisis, usa luego esa información y tus
chances de ganar crecerán 20% o más.
El tenis con cerebro muerto: el jugador inconsciente
La mayoría de los jugadores de fin de semana, los que juegan en los clubes y
de un modo recreativo, tienen el cerebro muerto en la cancha de tenis. Salen y
corren sin plan, ni pensamiento ni nada. Le dedican tanto estudio y
consideración como a saltar una cuerda. Y por eso se les puede ganar. Entre
dos jugadores con nivel similar, quien esté más alerta y aproveche mejor la
dinámica, las oportunidades y brechas, antes, durante y después del partido,
seguro va a ser el ganador.
Se supone que el tipo que maneja el vistoso auto deportivo debería llegar
primero. Pero yo le apostaría mi dinero a ese mecánico engrasado que llega
en un coche estándar modificado y conoce cómo dar vueltas a la pista. Es lo
mismo para el tenis. Los golpes lindos están bien. Pero hay mucho más que
eso en este juego.
El tenis inteligente es un proceso de tres pasos
1. Reconoce tu oportunidad.
2. Analiza tus opciones.
3. Capitaliza la oportunidad usando la mejor opción.
Reconocer. Analizar. Capitalizar. Estos principios se aplican antes, durante y
después del partido a todos los aspectos del juego: mental, físico y
emocional. Incluso involucra al equipamiento. ¿Un ejemplo? La oportunidad
existe temprano con el giro de la raqueta. Solo tienes que reconocerlo.
Depende del rival y las condiciones, deberías elegir y capitalizar la opción
adecuada.
En los partidos de tenis en los clubes y en las canchas públicas, 85% de las
veces se toma la decisión incorrecta. Más adelante les contaré cómo sacar el
mejor beneficio de esa situación. Es un elemento pequeño dentro del partido,
pero es un elemento que contiene oportunidades. Solo debes saber qué hacer
con ellas.
Y hay montones de otras brechas que un jugador inteligente sabe usar para
sacar ventaja. Estoy convencido de que si reconoces y aprovechas esas
oportunidades, de manera suficiente y las veces suficientes, es muy probable
que ganes.
“No pienso que juegue tan bien. Pero lo compensa con su habilidad
mental”.
David Wheaton, después de una derrota con Brad Gilbert.
A diferencia de saltar la cuerda, un partido de tenis no empieza con el
primer saque y termina con el último punto. El tenis comienza fuera de la
cancha, continúa con la rutina previa y en el partido, y sigue después de ganar
(o perder) el último punto. Los jugadores inteligentes saben cómo prepararse
correctamente para un partido y, una vez en la competencia, cómo controlar
las emociones. Saben cómo pensar su camino durante un partido y evitar los
tiros que involucren un riesgo innecesario en un momento inapropiado. Los
tenistas perspicaces observan lo que pasa en el partido y analizan la
información. Saben cómo capitalizar lo que observan.
Por supuesto, todo esto requiere disciplina, compromiso y esfuerzo.
Menciono esto porque la mayoría de los jugadores se queman las pestañas
para mejorar un golpe determinado. Toman clases, intentan con la máquina
de pelotas, van al frontón y practican bajo el sol y el calor. Sangre, sudor y
lágrimas, todo el paquete. Después de haber mejorado el golpe que trataban
de perfeccionar no gastan ni un minuto en descubrir cómo usarlo con el
máximo efecto durante un partido. Son trabajadores, pero con el cerebro
muerto.
Más adelante en este libro describiré las oportunidades que debes tener en
cuenta, las opciones que tienes y cómo capitalizarlas desde la previa hasta
después del partido. Cómo prepararte mental y físicamente para la batalla en
el court. Cómo jugar ante diferentes estilos. Cómo reconocer las dinámicas
que importan durante un partido. Cómo manejar la presión y los juegos
mentales. Y más.
Son los aspectos básicos de lo que aprendí desde que empecé en el tenis
juvenil hasta alcanzar el top cinco del ranking mundial, y una cuenta bancaria
que nunca soñé posible. Y tú puedes aplicarlos a tu juego. Algunas ideas son
obvias, otras no tanto. Algunas son aplicables a tu juego y otras no. Pero
todas están dirigidas al aspecto más ignorado del tenis: la parte mental.
Empecemos por antes del principio.
I
La ventaja temprana
El partido empieza antes de que empiece
“No me parece gran cosa Brad Gilbert”.
John McEnroe
1
Preparación mental:
la ventaja previa al partido
Cuando me convertí en profesional: joven e inocente
Una de las primeras lecciones que aprendí cuando me convertí en
profesional, en 1982, fue cuánta ventaja se podía conseguir antes de que un
partido siquiera empiece. Se me hizo obvio que para los mejores jugadores
del mundo el partido empezaba mucho antes del primer saque. Ya llegaban
listos para jugar y querían agarrarme del cuello lo antes posible.
Como miembro de los equipos de tenis de Foothill Junior College y
Pepperdine, me gustaba llegar y jugar. Entraba en sintonía mental y física
durante el primer set. Muchas veces me salía bien porque mi rival hacía lo
mismo. ¿O acaso no te tomas tus partidos de la misma manera?
Pero en el circuito profesional, no resultó buena idea. Un comienzo lento
no funcionaba ante McEnroe, Lendl o Connors y algunos de los veteranos.
En esos partidos, para el momento en que me sentía consolidado, el juego
estaba por terminar. Cierta vez perdí los primeros dieciséis puntos de un
partido. Se fue tan rápido que ni siquiera necesité una ducha después. Fue
brutal. Aprendí de la manera más difícil.
Los mejores jugadores ya venían con la expectativa de almorzarme y
estaban esperando el primer bocado desde el momento en que se enteraron de
que yo estaba en el menú. ¿El plato principal? Un Gilbert glaseado.
Estar un par de quiebres abajo, sin ritmo, plan ni continuidad me ponía en
una desventaja demasiado grande. Los jugadores más inteligentes me
aplastaban con regularidad. Sabían algo que yo no sabía.
Empieza tu partido antes de que empiece
Lo que descubrí observando, escuchando y perdiendo fue muy simple. Los
tipos que se llevaban el dinero se concentraban en su objetivo (yo, por
ejemplo) incluso antes de que estuviese a la vista. Los más inteligentes
revisaban de manera consciente e inconsciente la información sobre el rival
que tendrían enfrente desde el momento en que sabían quién les tocaba. Los
más sagaces querían buscar y sacar ventaja lo antes posible y de cualquier
manera posible. Para ellos, una de las grandes oportunidades era la buena
preparación mental. Y eso significaba preparación mental temprana.
¿Cuándo comienza el precalentamiento?
Te voy a decir cuándo no comienza un precalentamiento. No comienza
cuando llegas a la cancha. Tal vez para tu rival, pero no debería ser así para
ti. Un jugador inteligente empieza a preparar el partido en su camino hacia la
cancha, o incluso antes. El precalentamiento debería seguir en el vestuario y
después en el court.
El calentamiento comienza en el cerebro. La mente suele ser la última
parte tuya que se activa (si llega a activarse). Los jugadores elongan de
manera incorrecta por un minuto, pegan un par de drives, tres saques y dicen
“Empecemos”. Apenas si calientan el cuerpo, pero eso es mucha más
atención de la que dedican a la preparación mental. Desperdiciar la mente es
terrible y los tenistas lo hacen todo el tiempo.
Fórmate el hábito de evaluar a tu rival y pensar en el partido antes de llegar
a la cancha. Si vas en auto al partido, ese es el lugar donde comienza el
precalentamiento. Si vas a pie, la vereda es el lugar. No importa dónde, el
precalentamiento empieza en el camino hacia el partido.
En mi caso puede empezar incluso antes. La noche previa al partido me
quedo en la habitación del hotel pensando en la competencia del día
siguiente. Juego puntos en mi cabeza. Me veo pegando los golpes y ganando
puntos. Visualizo puntos que jugamos en el pasado. Me veo probando tiros
específicos contra ese jugador. Es como ver un video con segmentos del
partido. A la mañana siguiente continúo el proceso.
Ese pequeño precalentamiento de cinco minutos que ven antes de un
partido del circuito profesional quizá sea engañoso. Pareciera que salimos a la
cancha con ese bolso enorme sobre los hombros, peloteamos un par de
minutos y arrancamos el partido. Para muchos de nosotros, el proceso estuvo
en marcha durante todo ese día, pegando, elongando, soltándonos, en una
sesión de masajes y, sobre todo, en el repaso mental.
La lista de tareas mentales previas al partido
Más allá de haber perdido o ganado ante mi rival en un enfrentamiento
previo, quiero pensar en las razones. ¿Cómo le gané? ¿Qué hace con su
selección de tiros y su patrón de juego? ¿Ataca? ¿O es un pasador? ¿Tiene un
buen saque? ¿Cómo son sus devoluciones? ¿Cometí errores el último
partido? ¿Qué clase de errores y por qué? ¿Cuáles son sus mejores tiros? ¿Y
los peores? ¿Me forzó a hacer algo que me molestaba? ¿Empieza con todo y
después se pone cauteloso en los momentos de presión? ¿Fue un partido
ajustado? ¿Los puntos fueron cortos o largos? Repaso todo lo que concierne
al juego de mi rival (así como todo lo relativo a los golpes y las tendencias de
tiros).
También es importante considerar la personalidad del juego que produce
tu rival. ¿Qué hace para afectar la atmósfera, el clima o el ritmo del partido?
¿Es lento entre punto y punto? ¿Suele demostrar sus emociones? ¿Protesta los
piques? ¿Es bueno cuando está ganando y no tanto cuando pierde? ¿Te da
una pequeña charla en los cambios de lado para sacarte del partido como
McEnroe intentó hacerlo conmigo? ¿Llega siempre diez minutos tarde al
partido? ¿Apresura el precalentamiento para jugar lo antes posible?
Prepárate mentalmente para los “ingredientes” que algunos jugadores traen
al partido. A mí me gustaba estar atento al juego veloz de Andre Agassi o al
ritmo metódico y deliberado de Ivan Lendl. Quería estar listo para los
estallidos temperamentales de Connors y McEnroe o para las caras de piedra
de Michael Chang o Jim Courier. Hacía una gran diferencia, porque
controlaba mejor mi propio plan de juego, mi ritmo y mi compostura si sabía
lo que podía pasar del otro lado de la red. Confía en lo que te digo, puede
hacer una gran diferencia, como verás más adelante.
El plan de juego
Este proceso de análisis me llevaba a otro proceso de importancia similar, el
de planear mi estrategia:
1. ¿Qué quiero que ocurra en el partido?
2. ¿Qué quiero evitar que ocurra?
Al evaluar a mi oponente, empezaba a solidificar mi propio abordaje del
partido. Mientras repasaba su estilo de juego y sus golpes, preparaba mi plan
básico de juego. Si la última vez había aniquilado mi revés, pensaba cómo
evitar que pasara lo mismo. Si su saque era débil, tomaba nota mental y le
daba vueltas a cómo sacarle ventaja. Planeaba un abordaje específico para ese
jugador específico. Todo esto incluso antes de verlo en la cancha.
Calibra tu brújula
Tu cuerpo tratará de hacer lo que la mente le diga. En el análisis previo al
partido programas la mente para que le transmita al cuerpo la información
correcta una vez que este comienza y todo empieza a suceder rápido, bajo
fuego. Estableces el curso que quieres tomar para llegar a destino. El destino
es el triunfo.
En su forma más básica, un plan de juego evoluciona a medida que
respondes las siguientes preguntas:
1. ¿Cuál es la mejor arma de mi rival?
2. ¿Cuál es la debilidad de mi adversario?
3. ¿Cuál es mi mejor golpe y cómo puedo dirigirlo a la debilidad del rival?
4. ¿Cómo puedo mantener a mi rival lejos de mis debilidades?
El esfuerzo previo a un partido crea una brújula mental. Sabes a dónde
quieres ir y cómo vas a llegar. Puede haber desvíos en el camino, el rival
puede presentar algunas sorpresas, puedes sentirte perdido, pero la ruta básica
ya está en tu cabeza y la brújula mental te mantiene en rumbo. (En las
páginas siguientes contaré cómo este procedimiento me ayudó a vencer a
Boris Becker y a Jimmy Connors de dos maneras diferentes).
Incluso si tiendes a enfrentar a los mismos jugadores una y otra vez (tus
amigos del club) es importante volver a concentrarse en ese jugador
específico, ese día en particular. Enfoca tu mente en ese jugador. Jugar tan
seguido puede ser incluso más ventajoso para el repaso y para refinar tus
tácticas, porque dispones de mucha más información. Ahí es cuando
realmente se empieza a poner interesante.
Mira a los jugadores del circuito. Los grandes intentan tener un buen ritmo
de entrada, porque saben que, por lo general, un buen comienzo marca la
tónica del partido. Tenerlo bajo control desde el inicio obliga a tu rival a tener
que alcanzarte. Algunas veces se recuperará. La mayoría, no. Y eso es lo que
querrás hacerle a tu oponente. Quieres forzarlo a que piense lo antes posible:
“Quizás hoy no es mi día”. Esto puede suceder muy temprano en un partido.
Tu preparación y visualización previas pueden convertirte en aquel al que el
otro quiera alcanzar.
Estarás pensando: “Brad, ¡dame un respiro! Tengo una vida No puedo
estar pensando todo el tiempo en tenis”. Eso es cierto. Pero hablo de menos
de diez minutos de atención camino al partido y luego, el esfuerzo de
ajustarse a un plan de juego. Quizás quieras aplicarlo sólo ante rivales a los
que les quieras ganar de verdad. Si te das la oportunidad de empezar bien, te
estarás dando también la oportunidad de terminar bien. Por eso vale la pena
un poco de atención extra.
Déjame llevarte a mi propia preparación mental, tal como la usaba antes de
los partidos importantes.
La preparación en el circuito Becker y Connors
(diferentes golpes, diferentes tipos)
Cuando me mentalicé en serio en aprovechar las oportunidades previas a un
partido, empecé a ganar más seguido. Cuando mi rival en los octavos de final
del US Open era Boris Becker (lo fue), mi repaso mental antes de entrar al
vestuario de Flushing Meadows fue el siguiente:
Becker puede atacar mi débil segundo saque. Sabe que puede explotarlo
con el máximo efecto. Esta es una manera elegante de decir que se relame
ante esa posibilidad. Por eso, no tengo que cederle muchos segundos saques.
Lo que significa que debo ser más consistente con el primero, ponerle el
acento a reducir las faltas. Tendré que pegar con menos potencia, tomar
menos riesgos y la recompensa será no darle las oportunidades en el segundo
saque.
Además, quiero sacarle a su drive, ponerlo a prueba y buscar que empiece
a fallar algunos tiros de fondo. ¿Por qué? Sé que Boris tiene una gran
derecha, es el ancla del resto de su juego. Si comienza a fallar, lo demás
también puede sufrir. Se suele frustrar cuando su drive no alcanza sus
expectativas.
Aprendí (y me lo digo de nuevo en el repaso mental previo al partido) que
cuando empieza a fallar del lado del drive, el resto del juego tambalea. Allí es
cuando empieza a insultarse a sí mismo en alemán. Entonces quiero estar
preciso para sacarle al drive sin ser demasiado ambicioso, tener un alto
porcentaje adentro.
También tengo que evitar darle ritmo. Boris gana cualquier batalla cuando
se trata de ver quién le pega más fuerte. Sin ritmo, él igual intenta pegarle
duro y con frecuencia puede pasarse de revoluciones. Sobre todo del lado de
su drive.
Antes de entrar a la cancha repasaba todo eso en mi cabeza. También
sabía, por los enfrentamientos anteriores, que debía jugarle abierto a su drive
(ya sea con el servicio o desde el centro), porque su tendencia era devolverla
cruzada a mi drive. Si le quedaba un poco corta, probaría con mi mejor tiro,
el approach3 de derecha, paralelo y a su revés. Entonces iría al fondo a
esperar una devolución paralela.
Entonces, cuando tuviera el saque, mi plan de juego debería ser: sacar
ancho hacia el drive de Becker. Buscar la oportunidad de tirarle un approach
a su revés. Seguirlo y quedarme cerca del fondo. Esa sería mi combinación 1-
2-3.
Dos elementos entraban en consideración cuando cotejaba la experiencia
de mis partidos anteriores con Boris. Antes que nada, él tendría que cambiar
la empuñadura del drive (debajo de la raqueta) por la del revés (de algún
modo sobre la raqueta) mientras se moviera de lado a lado en la cancha a
todo galope. En los partidos anteriores había visto que no lo hacía tan bien.
Era solo una falla técnica que aparecía de tanto en tanto. En cualquier caso, si
hiciera el cambio de empuñadura y consiguiera un buen tiro, su tendencia era
jugar paralelo. No todo el tiempo, pero era su primera opción.
Observa los videos. Verás que prefiere ese tiro. ¿Qué pasaría en esa
instancia? Si yo estaba ya ubicado, ¡listo! Volea de drive hacia el campo
abierto. Usé esa combinación de tiros con éxito ante Boris muchas, muchas
veces.
En cuanto a su saque, me diría: “Boris tiene un saque fenomenal. No
intentes hacer demasiado, solo ponerla en juego, hacerle pegar una o dos
bolas extras por punto. Mantener la pelota en juego. Esa era la clave ante
Becker: hacerle jugar la bola extra una y otra vez. Becker podía sentirse
frustrado y yo quería frustrarlo. Por supuesto, si empezaba a encadenar tiros
ganadores, yo estaba en un problema. Pero me seguiría diciendo que en lo
que quedaba de partido debía mantener la pelota en juego, hacerle jugar la
bola extra, sin perder la paciencia. No trates de que las cosas pasen tan
rápido.
Romperse el lomo por Boris
También pensaba acerca de la “personalidad” de la competencia y del rival
que tenía enfrente. Boris Becker era como un caballo pura sangre. Su
condición física, su potencia y sus movimientos eran tan puros que podían ser
intimidantes. Era grande y también jugaba en grande. Me mentalizaba antes
de enfrentar a Becker: “No te dejes impresionar. No permitas que su
presencia te abrume. Focaliza tu atención en tu plan de juego y no en el
suyo”. Tenía que hacer eso o le echaría un vistazo a lo que Becker traía a la
cancha y me retiraría. (Esto es importante para tu tenis. No te dejes
impresionar hasta después del partido. Nunca antes).
Quería que él me viera romperme el lomo, devolviendo todas las pelotas.
Quería demostrarle que iba a disputarle cada punto del partido, incluso si
duraba una semana. Quería hacerle creer que nunca me rendiría. Quería que
tuviese la sensación de que no iba a abandonar. Que yo era permanente.
Frente a alguien como Michael Chang eso podía no importar. Pero contra
Becker podía ser muy importante. Él no tenía mucha paciencia si se estiraban
los puntos, los games y el partido.
Sabía que si empezaba a ponerse impaciente, empezaría a fallar los tiros
porque intentaría terminarlo rápido. Mientras me programaba mentalmente
para el juego de Becker, me preparaba para explotar tanto sus tendencias
como sus debilidades físicas y emocionales.
Mi repaso mental y plan de juego para Becker
1. Mejorar mi porcentaje de primeros saques. No intentar aces o winners
con el saque. No dejar que vea muchos segundos saques.
2. Sacarle a su drive con regularidad. Buscar la devolución cruzada corta.
Approach paralelo. Acampar cerca de la calle de dobles.
3. Tratar de crearle errores con su drive. No darle ritmo. Repito: no darle
ritmo.
4. No intentar hacer demasiado con mi devolución de saque. Devolverla.
Hacerle pegar otro tiro.
5. Trabajar duro en cada punto. Trajinarlo. Boris suele impacientarse.
6. No impresionarme con nada de lo que haga. Dejar que castigue a la
pelota todo lo duro que quiera. ¡Pero hacerlo castigar la bola una y otra
vez! Siempre intentar que tenga que pegar un tiro más.
7. Boris se puede frustrar, si las cosas no salen a su manera. Intentar que
esté en la cancha más tiempo de lo que quiere. Si empieza a gritarse en
alemán significa que empieza a tambalear.
¿Funciona? Sí. ¿Funciona todo el tiempo? Sí. No ganarás siempre, por
supuesto. Pero mi procedimiento mejorará tus chances de ganar siempre. Y
eso era todo lo que intentaba hacer cuando jugaba, mejorar mis chances de
ganar.
US Open 1987, Grandstand Court
Becker vs. Gilbert
Octavos de final
Usé este plan con mucha efectividad ante Becker. De manera más notable en
los octavos de final del US Open 1987. En ese momento, él era el número
cuatro del ranking mundial y yo luchaba por meterme entre los top ten.
Boris me pasó por encima con un 6-2 en el primer set y después ganó el
tie-break en el segundo set. Estaba 3-0 arriba en el tercero. Yo estaba muy
cerca de un punto de no retorno y Boris lo sabía. Podría haber cerrado el
partido muy pronto.
Boris exudaba tanta confianza que podía hacer que su rival dejara de creer
en sí mismo. Su pelo se tornaba más colorado. Sus pestañas se ponían tan
blancas que casi desaparecían contra su piel pálida. Era físicamente más
grande que yo y su postura lo hacía todavía más grande. Un aura de pureza
atlética lo rodeaba cuando circulaba y se podía sentir del otro lado de la red.
Tenía una presencia tremenda. Cuando iba adelante en el marcador la
confianza que demostraba iba más allá de la arrogancia. Te decía con su
lenguaje corporal que se sabía mejor que el resto. Excepto que yo no lo creía.
El tercer set continuó conmigo al servicio. Logré ponerme 1-3, para
mantenerme en partido, pero sabía que si Boris ganaba su saque se ponía 4-1
y yo era historia. Entonces cometió un serio error mental. Boris pareció tener
un lapsus en su concentración. Jugó un game muy relajado, casi aletargado.
Me regaló algunos puntos con doble faltas y de pronto estaba 2-3 y otra vez
con el saque. En mi mente tenía esperanzas por lo que sabía (y había
repasado) acerca de Becker. De repente pude vislumbrar un modo de ganar.
Les explico cómo.
Nuestro partido vespertino había sido postergado por lluvias. Por eso
empezamos muy tarde y en condiciones extremas de calor y humedad. La
temperatura ese lunes en Nueva York rondaba los 32 °C. En el court del
Grandstand se sentían como si fuesen 90. Era como estar jugando un día
bochornoso en la selva, una selva que tenía aviones volando por encima de
nuestras cabezas cada cinco minutos. La concentración se tornaba difícil.
A pesar de que no me gusta el calor, sentí que podía jugar a mi favor.
Algunas semanas antes le había ganado a Boris en Washington en
condiciones climáticas similares, cuando se derrumbó en el último set. Sentí
que, si de algún modo podía rapiñar ese tercer set, podría generarle un efecto
muy negativo. Podría llevarlo a pensar en nuestro partido anterior en la
calurosa humedad y en lo que había ocurrido.
Creí que él ya había asumido que me ganaría en sets corridos. Si le podía
robar ese set después de que estuviera tan cerca de ganar el partido (dos sets
arriba y 3-0), se decepcionaría de sí mismo. Y si lograba hacerlo jugar más
tenis en esas condiciones, se enojaría mucho consigo mismo.
Y yo sabía lo que eso podría significar. Se convirtió en una gran
motivación. Honestamente sentí que estaba por meterme en la mente de
Boris, perturbar en grande su compostura. Y esa oportunidad existía porque
yo estaba muy atrás en el marcador. O, si vamos más a la cuestión, existía
porque Boris estaba tan cerca del triunfo que ya podía saborearlo.
Si podía hacerle sentir que las cosas empezaban a alargarse en el calor y la
humedad del Grandstand, la calidad de su juego caería porque la calidad de
su pensamiento caería. Lo había visto antes. Me dije a mí mismo que, si
podía ganar el tercer set, podía ganar el partido. ¿Sonaba demasiado
optimista? Esto es lo que pasó.
En el 2-3 mantuve el servicio para empatar en 3. Llevábamos dos horas y
media de partido. Había ganado tres games consecutivos y eso le llamó la
atención. Defendimos nuestros saques, pero Boris se mostraba cada vez más
disgustado e irritable. En dos oportunidades gritó algo en alemán. Me dije en
broma que la traducción era: “Mis pies queman. Quiero ponerlos en hielo”.
Boris aceleró su ritmo, como si quisiera terminarlo cuanto antes.
Su compostura estaba cambiando. Los dos mantuvimos el servicio otra
vez. Y otra vez. De pronto estábamos 6-6 y en otro tie-break por jugar.
Boris pareció entrar en razón nuevamente y consiguió un mini break
temprano. Sacaba 2-1. Era exactamente el lugar donde no quería estar, abajo
en el miniquiebre de un tie-break que me podía mandar a casa. Pero Boris
jugó dos puntos que resultaron cruciales para el devenir del partido, por como
afectaron el marcador y su compostura.
Con el saque tras el 2-1 en el tie-break, Boris cometió una doble falta. Me
puso de nuevo en partido sin siquiera haber movido la raqueta. Fue un gran
error de su parte, creo por culpa de la impaciencia, por haber apurado un
poco las cosas. Quería terminar el trabajo demasiado rápido. Perfecto.
Entonces otro peloteo crítico en el 2-2. Boris sacó y atacó a la red. Al
moverse hacia su derecha (a pocos centímetros de la red), se resbaló y cayó al
piso. Lo vi caer, así como su frenética lucha para levantarse, entonces jugué
un globo de revés para hacerlo correr hacia la línea de fondo. No llegó,
porque otra vez sus pies resbalaron y su cuerpo se estrelló en la cancha. Esta
vez no se levantó.
Becker yacía boca abajo, gritando sin control en alemán. La caída fue tan
dura que su reloj de oro resbaló desde la muñeca hasta los dedos. Estaba
furioso consigo mismo y con lo que sucedía. Se levantó sobre una rodilla y
soltó otro grito terrible. Nadie en el tenis tenía un alarido tan temible como
Becker cuando perdía el control. Era el sonido puro y total de la angustia. Era
hermoso de escuchar. Boris se desmoronaba.
Arriba 3-2 en el tie-break, volví a sacarle a su drive. El tiro de Boris se
quedó en la red y de inmediato soltó otro grito que helaba la sangre. Esta vez
no pude escucharlo. Un avión gigantesco pasó por encima de nuestras
cabezas y bloqueó cualquier otro sonido. Era una sensación muy extraña. La
cancha literalmente vibraba con el ruido del avión. Podía ver a Boris
gritando, pero no escuchaba nada excepto el ensordecedor ruido del avión.
Boris golpeó con violencia la raqueta contra el suelo. Sabía que se sentía
como si se estuviese ahogando y no podía nadar. No importaba cuánto lo
intentara, solo sentía que las cosas iban de mal en peor.
Es interesante cómo las distracciones afectan cuando estás en un
momentum y ganando puntos. El calor, la humedad, el increíble ruido blanco
de los aviones, a mí nada me molestaba. Pero cuando estás luchando como lo
estaba haciendo Boris, resultaba imposible mantenerse en foco. Las
distracciones te devastan. La mente se torna incontrolable. Solo quieres de
irte ahí.
Seguimos 5-4 en el tie-break con mi saque. Recordaba que mi plan de
juego era ser selectivo con su drive. Y eso fue lo que hice. El tiro de Boris fue
a la red. Set point para mí y otra vez decidí ir hacia su drive en mi saque.
¡Otra vez devolvió a la red! La táctica funcionó con hermosura.
Me las había arreglado para ganar el tie-break y de esa manera el set 7-6
(7-4). La marcha de Boris hacia la victoria se retrasaba. Yo estaba vivo. Más
que vivo. Sabía que podía ganar el partido.
El cuarto set fue duro, pero mi juego se mantuvo firme. Nada llamativo,
pero exactamente lo que había planeado hacer. Tuve un quiebre y lo devolví.
Boris estaba insatisfecho, pero entendía que todavía no estaba lejos de
mandarme de vuelta a California. Yo me sostenía allí, tirando hacia su drive
cuando fuera posible y probando con éxito approaches hacia su revés. Boris
no encontraba el ritmo, yo no se lo daba. No le dejaba ver muchos segundos
saques. Tenía paciencia.
Entonces ocurrió algo que no esperaba. En todo el complejo donde se
jugaba el US Open empezó a correr la voz de que Boris Becker estaba en
problemas. El estadio se llenó de gente que dejaba de ver el partido entre
John McEnroe y Andrés Gómez. Esos fanáticos querían ver más tenis y para
eso yo tenía que ganar el cuarto set. ¡La multitud que llegaba al Grandstand
estaba de mi lado! Me alentaba en cada tiro. Aullaba cada vez que corría cada
pelota y me rompía el lomo en lo que era un verdadero baño de vapor. Les
encantaba. Y a mí también me encantaba.
Becker estaba afectado. Los largos aullidos y lamentos en alemán
continuaron: “Mis pies queman. ¡Quiero ponerlos sobre hielo!”. Fue como
una inyección de adrenalina para mi sistema. Sabía que, si perdía el control,
lo vencería. Boris se frustraba cada vez más. De haber estado a dos puntos de
llevarse el partido (cuando saqué en el tercer set 4-5, 30-30) y el boleto a los
cuartos de final, pasó a tener un montón de trabajo por delante. Y en
condiciones climáticas que hasta un camello odiaría.
En el 5-5, Boris amenazó con quebrar mi saque. Lo intentó dos veces y
falló. No era una linda manera de mantenerlo, pero lo mantuve. Boris tenía
que sacar 5-6. Fuimos hacia nuestras sillas para el cambio de lado. Decidí
cambiarme la remera para darme un pequeño empuje mental, ponerme algo
fresco y seco. Y realmente empecé a trabajar con mi pensamiento, a repasar
mi plan de juego: “Mantente alerta. No regales puntos estúpidos. Hazlo jugar
algunas pelotas y sigue pegando hacia su drive. ¡Que cometa errores!”.
En el fondo empecé a escuchar algo, un sonido en la multitud. Eso alteró
mi concentración. Levanté la vista y vi a dos adolescentes corriendo por los
pasillos. Agitaban banderas de Estados Unidos y el público se contagiaba:
“¡USA! ¡USA!”. Se escuchaba cada vez más fuerte. Los fans se habían
involucrado de verdad. “¡USA! ¡USA!”. Miré hacia el rincón donde estaban
sentados mi familia y mi entrenador, Tom Chivington. Estaban de pie y
alentando. La emoción que corría por el Grandstand era electrizante. Se me
puso la piel de gallina con más de 32 ºC de calor. Estaba inyectado de
confianza.
Volvimos a la cancha con Boris 5-6 en el saque. La multitud zumbaba.
Boris sacó cuatro veces. No ganó un punto. ¡Lo quebré en cero y gané 7-5 el
set! La gente rugía y me dio una ovación de pie: “¡USA! ¡USA!”. Flameaban
más banderas. De pronto estábamos dos sets iguales. El partido empatado,
¿verdad? Error.
Yo ya había ganado. El partido no había terminado, pero yo ya había
ganado. Miré de reojo a Boris y podía ver que estaba terminado. Su energía
se había ido. Sus ojos estaban muertos, sin chispa ni lucha. Su lenguaje
corporal me decía que ese día ya no daría batalla.
No se trataba de una cuestión física sino mental. Boris era un súper atleta y
estaba en gran forma. Lo que se había debilitado era su determinación. Boris
estaba frustrado con el partido. Solo quería irse de allí. Como pensé que
ocurriría.
Comienzo del quinto set. Mi saque. Y otra vez Becker no amenazó. Lo
mantuve con facilidad. Boris sólo ganó dos puntos en dos games. La marca
ya estaba hecha. Quebré, mantuve, quebré y mantuve.
Estaba 5-0 arriba y solo me había tomado diez minutos. Al menos se sintió
así de rápido. Boris se las ingenió para conseguir un game, pero perdió 6-1.
El partido había durado cuatro horas y diecisiete minutos en condiciones
opresivas de calor y humedad, una caja de sudor. A pesar de que había sido
programado para la tarde, eran casi las diez de la noche. Había perdido más
de tres kilos. Pero estaba tan entusiasmado que podía correr un maratón.
Jimmy Connors me “desentusiasmó” dos días después en los cuartos de final.
Pero no me sacó nada del orgullo de haber batallado desde dos sets abajo
para ganarle en cinco. Nunca antes Boris Becker había perdido después de
haber ganado dos sets.
La preparación previa paga
Muchas cosas me salieron redondas ese día, pero fui capaz de sacarles
ventaja porque me había preparado antes del partido para el estilo de juego y
el temperamento de Boris Becker. Cuando me tuvo contra las cuerdas, vi la
manera de ganarle, porque entendía su juego y su temperamento. Había
salido a jugar el partido con una fuerte preparación mental. Sabía qué quería
que ocurriese y qué quería evitar que ocurriese. Parte de eso tenía que ver con
los golpes y con la estrategia. Parte de eso tenía que ver con la personalidad,
tanto la mía como la de mi rival. Esa preparación me sirvió cuando la
necesité.
Cuando la situación se tornaba desesperante, tuve una brújula mental que
me mantuvo en curso y me mostró la manera de volver al partido. En lugar de
dejarme arrollar y aceptar la derrota, me convencí de que había una manera
de ganar.
Boris era un caballero. Más tarde esa noche estaba en una discoteca
llamada The Heartbreak, sobre Varick Street en Manhattan. Cerca de la
medianoche sentí un golpe en el hombro. Era Boris. Me felicitó por el triunfo
y hablamos del partido cerveza de por medio. Me dijo que odiaba esas
condiciones climáticas de calor y humedad. Le dije que a mí me encantaban.
Me dijo que se tenía que hacer algo respecto de los aviones que sobrevolaban
los partidos. Le dije que me encantaban esos aviones. Bromeó un poco y me
dijo que la próxima vez no sería tan afortunado. Cinco meses más tarde le
gané en el Masters en el Madison Square Garden. No había aviones, calor ni
humedad.
Cada jugador es único
¡Pero Connors es el más único!
Ante Jimmy Connors, mi “autovisualización” o mi análisis previo al partido y
mis conclusiones fueron completamente diferentes, porque su juego y su
personalidad diferían mucho de los de Becker. Primero y principal, me
recordé a mí mismo que debía bloquearme ante los elementos externos. En
este caso, no eran el viento ni el sol, sino el caos que él podía crear con el
público y las autoridades. Jimmy trataba al público como si él fuera el
conductor y ellos, la banda. Conseguía que hicieran lo que él que se proponía.
En un punto importante, Jimmy conseguía de pronto que 14 000 personas
se enloquecieran, hincharan por él y en contra de su oponente (a saber, yo)
con un gran alboroto. Me recordé que era de esperar, así que debía ignorarlo.
Era parte de su plan de juego. Pero como ya verán, ante Connors todo esto
era más fácil decirlo que hacerlo.
(Si Jimmy hubiese estado en el lugar de Becker en el partido del US Open
que acabo de describir, habría hecho algo perturbador con el público cuando
empecé mi levantada en el tercer set. Y cuando me puse arriba en el tie-break,
doy por hecho que habría sacado parte de su “inventario” para sacudir mi
ímpetu: una discusión con un juez de línea, un insulto, algo por el estilo.
Nunca me habría dejado encaminarme tan fácilmente hacia el triunfo).
Para jugar contra Jimmy, también planeaba jugarle tiros con slice a su
drive (la llamaba mi máquina de cortar fiambre). Nada fuerte. Que la pelota
solo le picara un poco menos. Sabía que cuando pegaba desde la línea de
saque, Connors tenía tendencia a bloquear con su revés. Si lo hacía, era lo
que estaba esperando. Quería estar listo para adelantarme, pegarle e ir detrás
de ella.
La devolución de saque de Connors también requería una consideración
especial antes del partido. Tenía una de las mejores devoluciones de saque de
la historia. Su especialidad era empardar un gran servicio. Se las ingeniaba
para que la raqueta aguantara la bola y la mantuviera en juego. Lo que debía
ser un ace o un winner, te llegaba de vuelta y Jimmy se mantenía en el punto.
No necesariamente mataba la pelota. Conseguía devoluciones fantásticas y
después era capaz de pegarle a la bola con dirección (ubicarla donde no
pudieras aplicar tu mejor tiro).
De inmediato tomaba tu ventaja y la convertía en una desventaja. Y lo
hacía porque era un gran adivinador. Cuando acertaba, incluso el mejor
servicio tenía respuesta.
Pero el aspecto importante era que él no mataba con esa devolución de
saque. Eso me permitiría ir por un winner o algo que produjera una
devolución más débil. En caso de que él adivinara, me vendría de vuelta. Si
no adivinaba, yo ganaría el punto. Y en caso de fallar el primer saque, sabía
que él no me haría tragar el segundo, como hacía Becker.
Esto cambiaba por completo mi estrategia de saque. Al sacarle presión a
mi segundo saque, Jimmy me permitía jugar el primero con mayor margen.
Sabía que un servicio que ante cualquier otro jugador sería un ace, con
Jimmy me vendría de vuelta. No dejaría que me sorprendiera. Ese era el
elemento que Connors siempre llevaba a la fiesta. Si dejabas que te
molestara, te hacía aflojar el primer saque o te llevaba a que intentaras
pegarle cada vez más fuerte. Mi abordaje era hacer grandes saques y
esperarlos de vuelta. No me preocupaba sacar el segundo si fallaba el
primero.
La verdad es que mi segundo saque le molestaba (como pronto verán).
Jimmy amaba el ritmo. Se alimentaba con él. Mi segundo saque era una
masita. De verdad pensaba que le molestaría un poco, porque no tenía ritmo.
Entonces no me preocupaba tener que sacar segundos servicios porque
Connors (al contrario de Becker) no me los haría pagar caro.
Mi repaso mental y plan de juego para Connors
1. Esperar que Jimmy manipule al público en momentos clave. Estar
preparado para la interrupción y mantener la concentración.
2. Jugar fuerte el primer saque. Si lo erro, no me atacará en el segundo.
3. Jugar con slice a su drive.
4. No le gustan las bolas flojas. Pegarle sin fuerza.
Masters 1987, Madison Square Garden
Connors - Gilbert
Connors y yo nos enfrentamos pocos meses después de que él me venciera en
los cuartos de final del US Open. Ninguno de los dos estaba en gran forma.
Yo había jugado cuatro torneos en cuatro continentes diferentes en cuatro
semanas. Jimmy venía combatiendo un duro resfrío.
Sin embargo, llegué al partido concentrado y muy motivado. En buena
medida, por el deseo de vengar mi derrota previa, una de las más duras que
había sufrido. Sentía que, si me ajustaba a mi plan de juego, podía ganarle.
Fui con todo de entrada y llegué a estar 6-4, 4-1. Pensé que podía llegar a
cerrarlo rápido y hasta Jimmy parecía darme la razón. Su actitud en el
segundo set era completamente diferente de lo conocido, parecía estar
haciendo el ridículo. Jugué un ángulo muy abierto en una bola y él frenó su
carrera sólo al llegar a las tribunas, entonces empezó a bromear con el
público: le sacó un pañuelo a un chico y se sonó la nariz. Unos minutos
después se enojó y empezó a tomarse la entrepierna (un movimiento que
Michael Jackson le copió). El público a esa altura ya se entretenía con él y lo
alentaba. Pero también parecía estar sufriendo los efectos del resfrío; por
momentos daba la impresión de que le faltaba el aire.
Entonces, estando 3-5 en el segundo set y un set abajo, cuando Jimmy se
preparaba para sacar, se dio vuelta y le dijo a un expectador que tenía detrás:
“Lo tengo a Gilbert justo donde lo quería”. Tenía una gran sonrisa en su
rostro. El público se reía y lo aplaudía: “¡Jimbo, Jimbo!”. Y a mí también me
gustaba, claro. Me daba cuenta de que Connors sabía que estaba cansado y
fuera de partido, y que antes de irse quería tener un poco de diversión con sus
fans. Gran error.
La siguiente vez que miré el tablero, estábamos 5-5. Había trabajado con el
público y me había atrapado. Esa vez sin crear discordia, sino un clima más
distendido que cambiaba el tenor del partido. No podía creer que había
quebrado mi concentración. Me había llevado a mirar sus gracias y a pensar
que estaba acabado. Había perdido mi foco. Darme cuenta de eso fue un
shock y tuve que despertarme. Ambos mantuvimos el servicio y fuimos al tie-
break.
Sabía que estaba en problemas si íbamos a un tercer set. El público
empezaba a ser un factor a tener en cuenta y en un tercer set sería un valor
para él. Revisé el plan de juego en mi cabeza: “Mantener la bola en juego. No
darle ritmo. Provocarlo a que intente winners. Nada de lujos. Hay que ganarlo
ya mismo”.
Y lo hice. Connors lo dejó pasar incluso tras ir 5-3 en el tie-break.
Empatamos en 5 por dos voleas fallidas de revés. Mi turno. Intenté un gran
servicio y se fue lejos. Mi segundo saque fue flojísimo y la devolución de
Jimmy fue a la red. El odia los saques-basura (¿recuerdan mi estrategia de
saque?).
En el match point entramos en un peloteo largo. Lanzó un approach
profundo a mi revés. Pero me encontró bien parado y sacudí con un winner
para ganar el partido. Su remontada terminó. Gilbert 6-4, 7-6 (7-5). Jimbo
había trabajado su magia con el público para recuperar el partido, pero esa
vez falló. Como verán después, no siempre fui tan afortunado.
Connors era magnífico para dar vuelta las cosas cuando estaba atrás.
Frenaba tu ímpetu de diferentes maneras y hacía que te apartaras de tu juego
al sacarte de concentración. Intentaba que jugaras en sus términos, no en los
tuyos. Podía hacerlo con bromas con el público como aquella vez. O podía
usar la intimidación y la furia para tener el control.
En el Masters de 1987 pude darme cuenta de lo que pasaba antes de que
fuera demasiado tarde. Me había adelantado siguiendo mi plan de juego y me
mantuve concentrado. Cuando Jimmy me “desenfocó” con éxito, fui capaz de
volver sobre mis pasos porque tenía un fuerte compromiso con mis tácticas.
Estaban bien resguardadas, en su lugar gracias a la planificación y el repaso
mental previo al partido. Me di cuenta de que no eran mis golpes los
responsables de la remontada de Jimmy, era mi mente y el hecho de que se
había debilitado.
Totalmente grandes, totalmente diferentes
Tenemos entonces a dos grandes jugadores, Becker y Connors, con juegos,
estilos y temperamentos muy diferentes. Ambos requerían atención especial,
un plan específico de juego y una actitud que traté de consolidar incluso antes
de verles las caras el día del partido.
Uno capitalizaba mi segundo saque débil. El otro, no. Uno orquestaba a la
multitud. El otro, no. Becker se frustraba si el partido se le iba. A Connors le
encantaba tanto estar afuera que realmente odiaba que eso terminara. Boris
tenía un enorme primer saque y un gran segundo servicio. Jimmy no tenía ni
uno ni otro.
Antes de ver a mi rival el día de partido, ya había repasado por completo
nuestro historial de partidos, su juego y mi plan de juego. Había repasado
mentalmente qué quería hacer que pasara. Y sabía exactamente que quería
evitar que ocurriera. Sabía a dónde quería ir y cómo llegar. El nadador
olímpico Nelson Diebold dijo después de haber ganado la medalla dorada en
1992: “Una buena preparación mental es tan importante como una buena
preparación física”. Es cierto en todos los deportes, especialmente en el tenis.
Ese proceso al que me sometía para estar listo para Becker y Connors (o
Lendl, Chang, Courier u otro jugador) es exactamente lo que deberías hacer:
prepararte mentalmente para tus Becker y Lendl. Si eres inteligente, no
pienses que porque juegas un tenis A, B o C las ventajas no suman. Yo creo
que suman incluso más. Esta es la razón.
Los tipos con los que yo jugaba me estudiaban tanto como yo a ellos.
También eran maestros en no dejarme hacer lo que intentaba hacer. Tú no
tienes ese problema. Muchos de tus rivales son mentalmente perezosos antes
y durante el partido.
Depende de tu nivel de juego, pero es probable que no te encuentres ni una
vez al mes con un jugador que considere tu juego con seriedad y sepa cómo
explotarlo. Además, su modesto nivel de habilidades tenísticas lo hace
vulnerable ante un jugador que es bueno explotando oportunidades. Una
buena preparación mental temprana es una oportunidad a la espera de que la
aproveches.
Listo para jugar cuando es el momento de jugar
En la planificación y visualización temprana, tu subconsciente empieza a
extraer información de otros partidos. El cerebro empieza a tocar botones y a
sintonizar el programa para ese jugador en particular. Es difícil hacerlo una
vez que comienza la acción, porque hay muchas otras cosas que empiezan a
suceder. Necesitas establecer esa brújula mental antes de que el partido
empiece, como un punto de referencia confiable, desde donde puedas
restablecer el curso ganador.
Que sea un nuevo hábito. Tu partido empieza antes de que el partido
empiece, en tu auto o en tu casa, cuando repasas con calma lo que sabes de tu
rival y planificas cómo usar esa información. Toma muy poco tiempo, pero
hazlo antes de llegar. Para el momento en que el primer punto está en juego,
tú ya “jugaste” con tu rival y estás metido en el partido.
La importancia de la preparación previa al partido (Y un
poco de juego sucio)
Ahora un gran ejemplo (aunque un poco extremo) de la tremenda ventaja que
para un jugador promedio significa una buena preparación previa al partido y
la desventaja de no hacerla. Este jugador particular del San Francisco Tennis
Club se preparaba mentalmente, tenía un buen estado físico y algunas
prácticas poco ortodoxas para enfrentar a un tipo al que solo le interesaba
llegar y jugar. Esto fue lo que ocurrió.
Era un partido importante, porque le gustaba apostar cien dólares por set
ante determinados jugadores y este amigo mío llegó a la cancha con una hora
de antelación. Había pasado tiempo leyendo sus notas (sí, anotaba sus
conclusiones de los partidos anteriores) y repasando su plan de juego.
Después, hizo ejercicios de elongación para soltarse por completo.
Terminó la entrada en calor incluso antes de que su rival llegara al club. El
“tramposo” peloteó con uno de los profesores del club durante treinta
minutos y repasó los golpes que le causaban problemas, con poca intensidad.
Después volvió al vestuario para cambiarse la ropa.
Entonces, una vez revisado su plan de juego, repasadas sus notas,
terminada la elongación y luego de haber hecho un gran precalentamiento, ya
con ropa fresca, era hora de volver a la cancha.
Por supuesto que no. Era el momento de la fase final de su trampa. Se
aseguró de llegar diez minutos tarde a la cancha, ofreció las disculpas por la
demora y sugirió acortar la entrada en calor.
Por supuesto, su adversario estaba algo enojado por la demora y pretendía
empezar lo antes posible. La “presa” terminó por pagar el dinero en sets
corridos. Se habría ahorrado doscientos dólares si hubiera anticipado el
comportamiento de su rival y se hubiese preparado de manera adecuada. Pero
lo pillaron. No tenía plan, sistema, nada. Dejó que el otro jugador controlara
las cosas porque él no estaba preparado.
Lo interesante de lo que hizo el “tramposo” (excepto llegar tarde) fue una
excelente preparación. Es el modo en el que un jugador debe prepararse a
conciencia para un partido. Ese último giro de llegar tarde fue quizás
innecesario (sin mencionar la falta de caballerosidad deportiva). Ya estaba
bien adelante por haber hecho todo lo demás. Tú te puedes regalar la misma
ventaja.
Tener el “deseo” de ganar
A la mayoría de los jugadores de tenis recreativo, ganar no les importa lo
suficiente, o no más que para llegar al partido y perseguir un par de pelotas.
Los jugadores recreativos, por lo general, son largos para correr pero cortos
para pensar. Esa descripción probablemente se ajuste a muchas de las
personas con las que juegas. Si es así, tienes suerte, porque puedes sacar
ventaja de su pereza mental para ganar más seguido. Pero solo si te preocupa
ganar y estás dispuesto a empujarte mentalmente a hacerlo, solo si activas tu
cerebro desde el primer momento.
Hazlo y la primera ventaja será tuya y con ella vendrá, la mayoría de las
veces, el match point.
Siguiente: tu mente está lista. Asegúrate de que tu equipamiento también.
2
Las herramientas esenciales: cómo el
equipamiento ayuda a ganar
¿Qué llevan los profesionales en esos bolsos tan
grandes?
Cuando Bradley era niño, no era muy bueno para las tareas básicas de
la casa, como limpiar su cuarto o lavar los platos. Parecía no darse
cuenta de cómo hacerlo.
Elaine Gilbert, madre de Brad
Aun el jugador que entiende la importancia de conseguir las pequeñas
ventajas (y de hacerlo con frecuencia) puede subestimar el rol que tiene el
equipamiento de tenis para ganar partidos. La mayoría de los jugadores creen
que están listos para jugar si llevan el calzado, las medias, los shorts, la
camiseta, la raqueta y la ropa interior deportiva. Así se sienten listos, acaso
esperando que su rival aporte el tubo de pelotas. Un jugador que se toma en
serio el acto de ganar va más allá de lo elemental y esa lista es lo elemental.
El jugador serio se asegura de que el equipamiento que lleva a un partido
no solo lo ayude, sino que además no lo dañe. Se asegura de que cada posible
pieza de equipamiento que pueda necesitar en un partido esté a su alcance
cuando llega a la cancha. Por los intereses que hay en juego, los profesionales
están muy seguros de llevar todo lo que les hace falta. A ese nivel no se
bromea. Si perder no te causa gracia, haz lo mismo.
Mi esposa Kim pensaba que me iba por la borda cuando empacaba mi
bolso para jugar. Decía que me convertía en un fanático. Llevaba lo mismo
para un entrenamiento. Era muy meticuloso y me preocupaba demasiado
tener todo en orden. En un sentido, era mi oficina. Mis necesidades eran
específicas y probablemente diferentes a las tuyas, pero aquí va la lista del
equipamiento que me aseguraba tener conmigo al momento de llegar a la
cancha. Tal vez coincidas con mi esposa cuando la leas.
Mis herramientas esenciales
La bebida energética secreta: agua
El agua es la mejor bebida energética de todas. Pero como suele ser gratis, la
gente no la aprecia. Yo llevaba agua y tomaba agua. Y tomaba durante los
partidos. Perdí partidos por no hacerlo. Por eso procuraba tener agua para
practicar o jugar, y beberla. No solo cuando tenía sed, sino de manera
continua durante un entrenamiento o un partido. Quería evitar sentir sed. Para
ese momento, el estrago en el cuerpo ya estaría hecho por la deshidratación.
Entonces la llevaba y la bebía. Evitaba así la pérdida de potencia muscular y
de coordinación que sucede cuando comienzas a deshidratarte.
Me “hidrataba”, me aseguraba de que el agua estuviese siempre disponible.
Llevaba incluso mi propia agua más allá de que en los lugares donde jugaba
me aportaran agua y otras bebidas. Cuando tienes tu propio envase cerca de
la silla es más probable adquirir el hábito de darle sorbos. En las dos horas
previas al partido me aseguraba de tomar dos o tres vasos de agua, y más en
un día caluroso.
La deshidratación daña el juego, incluso antes de que sepas qué ocurre. Por
eso es vital tomar agua durante el partido. Es uno de los aspectos “obvios”
que muchos jugadores aficionados suelen soslayar. La próxima vez que veas
un torneo, observa a los profesionales. Verás que toman un sorbo de agua en
el primer cambio de lado. ¿Porque están sedientos? No. Es un seguro. No
esperas a tener vacío el tanque de combustible para volver a llenarlo,
¿verdad? No esperes hasta que la lengua te cuelgue de la boca para volver a
tomar agua.
También me alejo de las gaseosas. El agua es lo mejor. Y aquí va una
buena regla de oro: toma agua antes del partido para protegerte en el primer
set. Toma agua durante el primer set para protegerte en el segundo set. En
otras palabras, toma agua antes de que la necesites.
Comida energética
¿Alguna vez escuchaste hablar de los “bajones de azúcar”? Ocurre cuando
caen los niveles de azúcar en sangre y de pronto las rodillas se sienten
débiles. Puede ocurrir en los peores momentos y sin previo aviso. La solución
es simple. Come algo. Pero antes de comer algo tienes que haber llevado
algo. Yo nunca daba por sentado que habría comida disponible en la cancha.
Tuve demasiadas sorpresas. Entonces llevaba mi propia vianda.
En mi caso, fruta. Al menos un par de bananas, fáciles de digerir. Buena
energía al alcance de la mano. ¿Barras energéticas? A los nutricionistas no les
gusta la idea. Dicen que a una inyección de azúcar rápida le sigue una pérdida
de energía rápida. Yo no lo sé. Si fuese cierto, habría que asegurarse de tener
varias barritas. Cuando la energía de una se te acabe, come otra. En cualquier
caso, lleva algo. Puedo decirte lo siguiente: en caso de que necesites un
empujón rápido, una barrita de cereales es mejor que nada. Y no des por
hecho que hay una máquina o un kiosco cerca de la cancha. Porque cuando lo
necesites, estará vacío.
Raquetas de repuesto
Fuera de quebrarte una pierna, nada te dejará fuera de un partido tan rápido
como romper una raqueta o una cuerda. Los profesionales transportan
muchas, ocho o nueve raquetas. Seguramente pensarás: “¿Quién puede
romper ocho o nueve raquetas?”. Salvo McEnroe, nadie más. Pero hay más
cuestiones involucradas.
Por supuesto, las raquetas de repuesto son importantes en caso de que
rompas alguna. Pero yo solía llevar raquetas con distinta tensión en las
cuerdas. Algunas más sueltas y otras más rígidas. Si un día el control de los
golpes era un problema, intentaba un encordado más ajustado para tener más
control. Si, en cambio, el rival me superaba en potencia, elegía una cuerda
con menos tensión, para tener más fuerza con el mismo golpe.
¿Y tú? Deberías llevar dos raquetas, como mínimo. Solo un jugador
descuidado (o acaso avaro) no se preocupa por tener dos raquetas iguales
para un partido entero. Algunos jugadores llevan una segunda raqueta como
si fuese un neumático de repuesto: usado, gastado, para salir del paso. No
querrás salir del paso en un partido de tenis porque la raqueta buena perdió el
encordado. Dos es el mínimo. Si te puedes dar el lujo de tener una tercera con
una diferencia de tensión, hazlo. Encontrarás que en algunas situaciones te
salvará el partido.
Cintas adhesivas / bandas
Llevo una cantidad de cinta adhesiva suficiente para envolver a una momia.
Quiero estar seguro de que si aparece una ampolla no me sacará del partido ni
lo hará más difícil. Tengo pies delicados y no me resultaba gracioso parar
cuatro o cinco veces por culpa del dolor. Lo solucionaba en un segundo con
una venda.
Calzado de repuesto
Turf toe suena como un caballo que sale octavo en el Derby de Kentucky. No
lo es. Es el término en inglés que se usa para referirse a cuando la uña del
dedo pulgar del pie empieza a desintegrarse por chocar constantemente contra
la zapatilla de tenis. Primero se desintegra y después se infecta. Les ahorraré
mayores detalles, pero el dolor es increíble. Es como tratar de comer
palomitas de maíz con un diente roto, insoportable. Sufrí el problema y lo
solucioné eliminando la uña en una cirugía. Decidí que no quería que me
molestara nunca más. Pero en los días en que era un problema, cambiaba de
calzado si me empezaba a molestar. Me ponía una zapatilla un punto o un
punto y medio más grande, para que el pulgar no se chocara con el tope.
Las zapatillas nuevas también pueden causar ampollas y otros dolores.
Nunca se sabe cuándo un par de zapatillas ejercerá una fricción incorrecta en
tus pies. Si vas a correr una buena cantidad de minutos durante un partido, un
par de zapatillas nuevo que no se amolde a tus pies se convierte en un
problema doloroso. Me ocurrió en la final del torneo de Stratton Mountain en
1987, ante Jim Pugh. Cualquiera haya sido el motivo, el dedo meñique de mi
pie derecho empezó a latir en cuanto frenaba de repente. Era como un dolor
de dientes. Y se ponía cada vez peor. Mi rival estaba un quiebre arriba y 5-2
en el primer set.
En ese momento me di cuenta de que si se mantenía la situación, tendría
problemas (de hecho, ya los tenía). Incluso si podía jugar a pesar del dolor,
este se convertía en una distracción mayúscula. Tomé de mi bolso una vieja
zapatilla derecha de repuesto y me la puse durante un cambio de lado. Me
ayudó. No perdí otro game durante el resto del partido y gané 7-5, 6-0. Recibí
el cheque de u$s 114 000 con el calzado izquierdo impecable y el derecho
maltrecho. Después de eso, empecé a pensar en esa zapatilla derecha como la
zapatilla de la suerte, que me serviría para repuntar si necesitaba un empujón
mental. Todavía la tengo en casa, mi vieja zapatilla de u$s 114 000.
Por lo general, estrenaba un par de zapatillas nuevo caminando por mi casa
un par de semanas antes de llevarlo a la cancha de tenis. Cuando tienes un
problema de pies como el mío, debes ser cauteloso con lo que te pones. Me
había olvidado de hacerlo en Stratton Mountain. Por suerte, tenía un bolso
bien equipado.
Medias de repuesto
Llevaba medias secas para prevenir las ampollas. Cuando el pie se humedece
por la transpiración, empieza a deslizarse dentro de las zapatillas y eso puede
causar un problema. Ocurre porque el calzado de tenis es algo más grande
que el común, para darle lugar al pulgar. Cuando los pies empiezan a
deslizarse hacia el frente de las zapatillas, aparecen los problemas.
En un día de mucho calor cambiaba las medias para prevenir las ampollas.
Además, significaban un pequeño empuje psicológico, al vestir nuevamente
algo seco. En un partido de larga duración, cuando quería poner la mente en
estado de “recarga”, me cambiaba las medias. Era solo una pequeña acción
que me ayudaba a enfocarme de nuevo y a decirle al cuerpo que seguía en
pie.
Crema antiinflamatoria
¿Tienes más de treinta y cinco años? ¿O menos de treinta y cinco años y
juegas demasiado al tenis? En algún momento, algún músculo se te
inflamará, especialmente después de un torneo. Hay muchos productos para
frotarse en caso de dolores. Algunos huelen mejor que otros. Algunos
trabajan mejor que otros. Encuentra uno que no huela demasiado mal y que te
dé buenos resultados. Yo aplicaba la crema antes de empezar e incluso
durante un partido o una práctica, si sentía alguna molestia.
Me di cuenta de que, a medida que pasan los años, más la uso. Primero me
compraba el pomo. Después el paquete. ¿Lo venderán en baldes? Es una
buena solución rápida para un músculo contracturado o un dolor de espalda.
Lo uso antes y después de jugar. Funciona.
Ibuprofeno
Ibuprofeno es un nombre largo. Quita los dolores. Yo tomaba dos pastillas
antes y dos más cuando terminaba. Ayuda a aflojar la rigidez de músculos y
articulaciones.
Pastillas con electrolitos4
En los días de calor me preocupa sufrir un calambre. El agua reduce la
chance de tenerlo, pero en caso de empezar a sentirlo, probaba con una
pastilla con electrolitos. Son efectivas y trabajan rápido. Michael Chang las
podría haber usado en los cuartos de final de Roland Garros 1989. Se
acalambró por completo y apenas podía caminar. Por suerte para él, sirvió
para desarmar la mente de Lendl. De hecho, una pregunta interesante es: ¿le
habría ganado Chang ese partido inolvidable sin que el calambre lo obligara a
cambiar abruptamente de estrategia? Tal vez sí. Tal vez no.
Grips
Los grips se empapan y a veces se aflojan durante un partido. No me gustaba
cambiar de raqueta por ese motivo, entonces llevaba algunos grips de
repuesto. Llevaba un grip fabricado por la Rocky Mountain Sports Company.
Era de un material parecido a una toalla, solo que en tiras para poder
envolver. Además de la efectividad, se convirtieron para mí en un elemento
de buena suerte. Los usé por años y gané mucho dinero. Cuando me enteré de
que la empresa dejaba de producirlos, me preocupé. Me moví para comprar
las quinientas que le quedaban en stock. Calculé que me durarían hasta 2001.
Si juegas con intensidad y usas grip, lleva de repuesto.
Cordones
Tienes razón, ya me estoy poniendo paranoico. Pensarás: “¿También lleva
suspensores de más?”. No, pero ahora que lo mencionas...
Protector de cuerdas
Prolongan un poco la vida de las cuerdas. En caso de que empiecen a
deshilacharse, aplico los protectores para no tener que cambiar de raqueta.
Detestaba cambiarla si venía funcionando. Una vez que estoy cómodo con
algo, tiendo a mantenerme con ello hasta que se arruina. Y eso ocurría con las
raquetas, zapatillas, medias, cordones y cuerdas.
Una gorra con visera
Tengo una siempre en el bolso. A veces juego al aire libre y otras, bajo techo.
Siempre llevo una. Solía tener una vieja gorra raída de los Oakland
Athletics5, la tuve por años. Antes de eso, una gorra de los Raiders6.
Toallas
El sudor es el mecanismo que usa el cuerpo para enfriarse, pero también
puede ser un problema. Las manos transpiradas pueden resbalarse del grip
cuando le pegas fuerte. La transpiración en los ojos significa no poder ver.
Secarse la cara, el cuello, los brazos, las manos y las piernas puede ayudar
con creces al proceso de enfriamiento corporal. Las toallas son geniales para
otras cosas también. Se me rompieron los pantalones durante una exhibición
en Asia y las autoridades me rodearon con toallas mientras me cambiaba.
También usaba la toalla para algo que no tenía que ver con el sudor. En los
cambios de lado, me la ponía sobre la cabeza para bloquear todo. Me ayudaba
a concentrarme en lo que ocurría durante el partido. Era como una
minioficina. Puedes ver que muchos profesionales lo hacen como un método
de reclusión durante un partido. Elimina al público, los árbitros, el otro
jugador, todo. Cuando quieras sentarte y tener una pequeña charla contigo
mismo, la toalla es importante.
Hielo
No hielo de verdad. Llevaba el hielo artificial que se puede llevar en un
bolso. Cuando lo necesitas, lo activas. Esto significa que cuando te tuerzas un
tobillo o te tire un músculo, lo puedes enfriar de inmediato. Pero cuidado con
esto. Si los dejas demasiado tiempo, te puedes congelar.
Vinchas y muñequeras
Son como minitoallas pero muy importantes, porque entran a la cancha
contigo y las puedes usar en el momento.
Camisetas secas
Llevaba camisetas secas en mi bolso por varias razones. Por supuesto, cuando
una quedaba empapada, la quería cambiar. Pero también cuando las cosas no
iban bien (o cuando quería darme un pequeño empujón) me cambiaba la
camiseta para cambiar un poco las cosas. Una camiseta seca atraía mi
atención y me ayudaba a sacudir un poco las cosas. Es un pequeño nuevo
comienzo.
Caramelos duros
Otra vez, algo que me acostumbré a tener en el costado de la boca para darme
un pequeño empujón. Algo familiar que me relajaba. No les gustará a
dentistas y nutricionistas, pero también los llevaba en mi bolso.
Lápiz y papel
Durante una práctica se me solía ocurrir una idea acerca de un golpe o cómo
ganarle a un rival de una manera más efectiva. La escribía de inmediato.
Algunas ideas son invalorables y quedan en el olvido si no se las registra en
el momento.
Gafas de sol
Siempre llevaba un par cuando me tocaba jugar al aire libre y cuando el
reflejo era un problema. Las gafas reducen el inconveniente de manera
considerable.
Todo esto es lo que un jugador del circuito lleva en el bolso cuando lo ves
con semejante carga antes de un partido: ocho o diez raquetas, comida,
caramelos, grips, medias, camisetas, toallas, agua o jugo, cordones, todo lo
que sea necesario para un partido. Mi esposa me decía que mi relación con el
bolso era como la de un niño con su sábana de protección. Pero yo sabía que
al menos una vez había necesitado los artículos que llevaba.
La lista de tareas antes del vuelo
Antes de despegar, un piloto revisa una lista de tareas para asegurarse de que
el avión está listo para volar, ya que una vez que las ruedas dejen la tierra
será demasiado tarde. Pero el revisar la lista, el piloto también se mentaliza
para el trabajo que tiene por delante. Su mente se concentra en los puntos
específicos de la lista, pero también en el vuelo que tiene por delante.
Empacar mi bolso era mi “lista para el vuelo”, me ayudaba a introducirme en
el partido que tenía por delante.
Te recomiendo armar tu bolso de la misma manera si quieres ganar.
Conviértelo en un proceso deliberado. Es parte de mi abordaje “NMA”: No
Me Apuren. Sacas ventaja de dos maneras. Tienes las herramientas que se
necesitan para toda circunstancia en un partido. Y también empiezas con un
esquema mental correcto, enfocado por completo en el tenis.
Puede parecer que me voy por la borda, pero no. ¡Yo quería ganar!
Cuando hay dos millones de dólares en juego, como en un torneo que jugué
en Alemania, no quería regalar la menor oportunidad a que una ampolla, un
calambre, el hambre, una raqueta rota, las cuerdas, las medias o los grips
transpirados, los cordones o cualquier otra cosa afectaran mi salario. No
dejaba nada librado al azar.
Pensarás: “Si yo jugara por dos millones de dólares también llevaría un par
de medias de repuesto. Pero juego para divertirme”. Correcto. Pero ganar es
mucho más divertido.
Les digo a los jugadores a los que entreno que si realmente no se
preocupan por ganar o perder, que no lleven el resultado del partido. Quien
no siente diferencia entre ganar o perder debe ser alguien sin vergüenza. Esa
persona debería ver a un doctor y hacerse chequear el pulso.
Lista de equipamiento
Los requerimientos diarios básicos
Para ti la lista puede ser más corta, pero esto es lo que deberías llevar a una
cancha de tenis para cada partido.
1. Agua. Llévala. Bebe sorbos durante el partido. No esperes a tener sed.
Y toma agua antes del partido.
2. Dos raquetas. Dos es el mínimo. Y recuerda alternarlas entre partido y
partido. Van a durar más. Si juegas mucho, lleva una tercera con la
tensión de las cuerdas algo más suelta y una cuarta más rígida.
3. Comida energética. Fruta. Una barra de cereales. Algo para un rápido
empujón de azúcar.
4. Crema antiinflamatoria. Si tienes más de treinta y cinco años, deja de
tomarte el pelo. ¿Por qué sufrir? Lleva cualquier cosa que te ayude a
jugar sin dolor.
5. Ibuprofeno. Ídem.
6. Hielo químico. Para contracturas musculares de emergencia, torceduras
de tobillo y problemas varios. Cuanto más rápido te apliques hielo, más
rápida será la recuperación.
7. Toallas. Solo si transpiras. Y úsalas como tu propio cono de silencio
cuando quieras concentrarte. Ponla sobre tu cabeza durante el cambio
de lado y piensa.
8. Vinchas y muñequeras. Otra vez, solo si transpiras. Si no transpiras,
quizá deberías esforzarte más durante los partidos o jugar contra rivales
más fuertes.
9. Gorra con visera. La insignia del equipo la dejo a tu criterio. Pero
recomiendo los Oakland Athletics o los Golden State Warriors7.
10. Camisetas secas. Guarda varias en el bolso, así no tienes que reponer
de a una por vez.
11. Equipamiento adicional. ¿Cuán seguido juegas? ¿En cuántos torneos
te inscribes? ¿Quieres tener a mano el equipamiento necesario para
ganar? Entonces decide qué elementos adicionales de emergencia
pueden ser un buen reaseguro. Es difícil llevar demasiado y fácil estar
desabastecido.
El jugador completamente equipado
Es duro cargar tantas cosas para jugar un partido de tenis, pero no es
imposible. Si no, veamos el caso de Peter Pammer. (No es su nombre real.
Dice que nunca se dio cuenta de que llevaba demasiadas cosas hasta que le
pregunté si podía nombrarlo en el libro. “No. Por favor, no uses mi
nombre”). Se trata de un jugador de fin de semana dedicado a encontrar,
comprar, llevar y vestir todo lo que tenga que ver con el tenis. ¿Como qué?
Peter lleva agua, dos tipos. Una carbonatada y otra simple. Tres raquetas.
Una visera. Mangas de neoprene para ambos codos y rodillas. Una correa de
lienzo que usa sobre el neoprene en el codo que más le duele ese día. Goma
de mascar. Barras energéticas. Jugos de frutas. Ben-gay8. Gotas para los ojos
y pastillas de menta.
Tiene una bolsa de resina que lleva consigo a la cancha. Antes de cada
saque pasa la resina por el grip para tener un mejor agarre o algo así.
(Después de un partido en el que desperdigó tanta resina blanca, hay tanto
polvo alrededor que parece que ha caído nieve sobre las líneas de fondo).
Lleva toallas y hielo, pastillas y un guante de golf para prevenir las ampollas
en la mano. Muñequeras. Vinchas. (¿Alguna vez vieron a alguien usar una
gorra y una vincha al mismo tiempo?). Usa botitas para proteger sus tobillos.
Cuando Peter aparecía con su equipo de combate completo, se parecía a
Pillsbury Doughboy9. ¿Pero saben qué? Nunca perdió un partido por llevar
demasiado equipamiento. Y es probable que haya ganado más de uno por
estar preparado. Los Boy Scouts le deberían dar una medalla de honor al
mérito por “Preparación Tenística de Emergencia”.
Mi recomendación es que lleves mis “mínimos básicos”. Te asegurará estar
listo para las emergencias, grandes o pequeñas. Y mientras estés empacando
o preparándote, tu cerebro sabrá que es tiempo de empezar a pensar en tenis.
Siguiente: ya llenaste el bolso. Ahora elonga para el éxito.
3
Elongar para triunfar
En 1988 pensé que mi carrera tenística estaba terminada. Mi tobillo izquierdo
explotaba, con sacudidas intermitentes de dolor. Las veces que me movía
hacia ese lado, sentía como si alguien me clavara un destornillador en el
tobillo y lo girara sin parar. Llegó a estar tan hinchado y me generaba tanto
dolor, que después de cada partido largo caminaba con dificultad por varios
días. La osteocondritis y los problemas de tendón amenazaron con acabar mi
vida tenística. Diez o quince años atrás10, la cirugía no podía resolver mi
problema. Pero tuve suerte, los médicos me ayudaron a caminar de nuevo y a
jugar sin dolor.
Después, enfrenté otro problema. Volver es siempre duro, pero en mi caso
fue más difícil porque ponerme en condiciones físicas nunca estuvo en mi
lista de prioridades. Cuando tenía diecinueve o veinte años no le encontraba
el sentido, y a medida que pasaron los años mi actitud no cambió. Eso dañó
mi juego. Mi entrenador, Tom Chivington, había notado que mi efectividad
caía de manera significativa en los partidos que se extendían por tres sets o
más. Yo era muy obstinado y no hacía nada para cambiar.
Después de la cirugía de tobillo, supe que tenía que trabajar en serio si
quería recuperar mi nivel físico (que Tom decía que de por sí no era bueno).
Si quería estar mejor que antes, tenía que trabajar en el acondicionamiento
con gran disciplina e inteligencia.
Abordé el trabajo con seriedad. Cuando se interrumpe una carrera de
tenista por una lesión y uno se sienta a ver los partidos por televisión, piensa
que está muy lejos del nivel de esas batallas, o de ser, al menos, competitivo.
Era escalofriante. Durante esos meses de rehabilitación, me daba cuenta de
que amaba la competencia.
Fue ahí cuando empecé a trabajar a conciencia con Mark Grabow, uno de
los expertos en elongación que había en Estados Unidos. Era un ex futbolista
que representó a la selección nacional de Estados Unidos en los Juegos
Panamericanos. Había trabajado con los equipos de tenis de hombres y
mujeres de la Universidad de Stanford y, en ese momento, era el preparador
físico de los Golden State Warriors, de la NBA. Entre sus pupilos se contaba a
los tenistas Aaron Krickstein y Jennifer Capriati, y el basquetbolista Chris
Mullin, medalla de oro en Barcelona 1992. Y, más importante aun, había
trabajado con miles de tenistas aficionados en la preparación de partidos.
No solo Mark me llevó al mejor estado físico de mi vida, sino que además
me instaló una rutina de elongación y precalentamiento para los partidos, que
fue muy importante para iniciar cada partido en el máximo nivel.
Juntos perfeccionamos una rutina anterior a los partidos que tú deberías
implementar automáticamente antes de jugar. Es corta, indolora y efectiva.
Mejorará tu tenis y prevendrá lesiones. Otra oportunidad que espera ser
aprovechada.
Los cuatro (o cinco) minutos mágicos de Mark
El objetivo de esta corta rutina previa a los partidos tiene dos caras: destacar
las habilidades tenísticas temprano en el partido (lo cual afectará tu manera
de jugar después) y prevenir lesiones. Lo ideal sería poder dedicar veinte o
veinticinco minutos a preparar el cuerpo para el estrés de jugar un partido (en
cualquier nivel), antes de tocar una raqueta. Sin embargo, es muy raro que los
jugadores aficionados lo hagan. No hay que preocuparse, porque pueden
hacerse un gran bien si incorporan cuatro (o cinco) minutos de las
recomendaciones de Mike a su rutina.
Los primeros tres minutos son para calentar los músculos. Estos
estiramientos se llaman movimientos dinámicos de flexibilidad. El minuto
siguiente consiste en elongar los grupos musculares. Estos estiramientos se
llaman movimientos estáticos de flexibilidad. El calentamiento dinámico (o
en movimiento) debe hacerse primero. Los movimientos estáticos (o de
elongación) deberían realizarse una vez que el músculo está caliente.
Movimientos dinámicos
El tenis es un deporte cuya destreza comienza desde el suelo. Todo empieza
desde las piernas. Esta parte del cuerpo, sus grupos musculares, son los que
deberían recibir la atención primera y principal. Los jugadores aficionados
suelen estirar los brazos y las manos de manera automática. Entran a la
cancha, se agachan un par de veces (lo que yo llamo elongacion simulada) y
ya están intercambiando tiros entre sí. Observa a tus amigos. Verás sobre
todo brazos y manos moviéndose.
Lo que te conviene primero es un precalentamiento deportivo específico
(en este caso, específico para el tenis), de baja intensidad, para elevar la
temperatura entre la cadera y los pies, es decir en las piernas. Estos
movimientos en verdad aumentan la temperatura de los músculos al elevar la
circulación sanguínea. De esta manera, los músculos podrán contraerse con
más fuerza y rapidez y con menos riesgo de sufrir lesiones. Esto significa que
cuando empieces el partido te moverás mejor. Los resultados se verán en tu
juego.
El precalentamiento será una mímica de los movimientos de piernas
usados durante el partido, pero en una intensidad mucho menor. Los
siguientes movimientos fundamentales dejarán los grandes grupos
musculares listos para la acción. Hazlos mientras tu oponente finge su
elongación o juguetea con su equipamiento. El tiempo requerido es corto
(entre cuatro y cinco minutos) y los resultados son valiosos. Sabrás que
hiciste bien el trabajo si notas un poco de transpiración durante los primeros
movimientos. Incluso un poco de humedad en la frente indica que la sangre
se mueve. Después de eso hay que elongar.
REDONDEAR EL CUADRADO
Es el primer movimiento de tu entrada en calor. Debes hacerlo de manera
suave y a baja intensidad. Se trata de hacer un trote alrededor de la mitad de
la cancha de tenis (el “cuadrado”), siempre de cara a la red.
Comienza por el punto en el que la línea de dobles se inserta en la línea de
base. Después, corre sin apuro hacia adelante por la línea de dobles, hacia la
red. Un metro antes de llegar a la red, cambia de dirección y deslízate de
manera paralela a la red con el mismo ritmo. Tu cuerpo seguirá mirando la
red mientras trota a lo largo con pasos laterales. Cuando llegues al otro
callejón de dobles, cambia de dirección (mientras sigues mirando a la red) y
empieza a correr hacia atrás hasta la línea de base. Conserva un ritmo muy
tranquilo. Cuando estés otra vez en la línea de base, cambia de dirección
(mientras sigues mirando la red) y trota otra vez de costado hasta el callejón
opuesto.
Repite el esquema de dos a cuatro veces, aumentando la velocidad de
manera gradual. Trotarás alrededor de una mitad de la cancha (siempre
mirando a la red) preparando los músculos de tus piernas con un
precalentamiento integral.
Incluso sin hacer nada más, al correr hacia adelante, atrás y de manera
lateral le harás un gran favor a tus piernas. La sangre circulará por los
grandes grupos musculares y los resultados se mostrarán en tu juego (sin
mencionar la reducción del riesgo de lesiones). Sin embargo, Mark y yo
recomendamos unos movimientos adicionales a la rutina de redondear el
cuadrado, para incrementar su efectividad.
TALONES A LA COLA
Una vez que hayas rodeado dos veces el cuadrado, haz lo siguiente. Mientras
corres hacia adelante, a la red (y después hacia atrás), eleva la altura de sus
talones. A cada paso, toca la cola con los talones como si intentaras pegarte
patadas por detrás.
No exageres. La clave de un buen precalentamiento es un aumento gradual
de los movimientos. Estos continuarán el calentamiento de tus piernas,
especialmente los cuádriceps (la parte frontal de los muslos). Hazlo por lo
menos una vez alrededor del círculo.
ESCALADOR
Luego agrega esto al procedimiento de rodear el cuadro, después de los
talones a la cola. Cuando te muevas hacia adelante y hacia atrás (hacia y
desde la red) lleva las rodillas bien arriba y cerca de la cintura. Imagina que
las rodillas llegan al pecho.
Una vuelta alrededor del círculo con esto y estarás listo para correr fuerte
desde el primer punto. Si tienes tiempo de continuar la rutina, saca ventaja de
eso.
Movimientos estáticos
Cuando los grandes grupos musculares ya están activados y en calor, es
momento de dedicar un rato a los ejercicios de movimientos estáticos. Una
vez que precalentaron los músculos, una elongación es más posible de ser
llevada a cabo. Se trata de un aspecto que aportará un rango más amplio de
movilidad al momento de empezar el partido, con menos chances de lesiones.
LA CIGÜEÑA
Este ejercicio de estiramiento es fácil de recordar. Terminarás pareciéndote a
una cigüeña. Empieza cerca de la red, por si es necesario sostenerte para
hacer equilibrio. Levanta un pie hacia atrás (lleven el talón hacia la cola) y
toma el empeine del pie con la mano. De modo gradual y con suavidad, jala
el pie cada vez más cerca de la cola. No te sobrexijas. Esto te permitirá seguir
estirando los cuádriceps, los músculos de los muslos.
Hazlo quince segundos por pierna, elongar y soltar, elongar y soltar.
UNA REVERENCIA ANTE EL EMPERADOR
Párate con los pies apenas separados, inclina la cintura como si estuvieses
haciendo una reverencia ante la realeza. Mantén las rodillas apenas
flexionadas y la espalda relativamente derecha. Extiende los brazos hacia el
suelo. Practica el movimiento por diez segundos y luego repítelo.
Lo sentirás en la parte posterior de las piernas (los isquiotibiales) y en la
parte inferior de la cintura, a medida que flexiones cada vez más. No fuerces
este ni ningún otro movimiento. Y no rebotes en el intento de conseguir una
elongación completa. No exageres en el estiramiento. Los movimientos
deben ser graduales, suaves y sutiles.
LA INGLE FLEXIBLE
Las lesiones en la ingle son muy comunes y este ejercicio simple es una gran
medicina preventiva.
Ponte de pie con los pies separados unos sesenta centímetros entre sí. De
manera gradual, transfiere el peso hacia el pie derecho (sin mover los pies del
suelo). A medida que lo hagas, la rodilla derecha se moverá apenas hacia
adelante, para acomodar la transferencia de peso. Mantén el pie izquierdo
firme en el suelo y la pierna extendida.
Empezarás a sentir que la ingle izquierda tira, se jala. Haz movimientos
graduales para estirarla. Quédate así por diez segundos.
Repite el mismo movimiento en la otra pierna.
Esta serie de ejercicios preparará el cuerpo para la tarea que tienes por
delante.
Así como la mayoría de los jugadores no empieza a pensar en el partido
hasta que lo está jugando, tampoco precalienta el cuerpo hasta que el partido
ya lleva cuatro o cinco games. Esos cuatro o cinco games cuentan.
Dale al cuerpo la oportunidad de ayudarte a tener el mejor comienzo.
Precaliéntalo y elóngalo para tener éxito. Los resultados en el inicio del
partido serán mejores y eso afectará lo que sigue de manera notoria. También
reducirá la posibilidad de lesiones.
Solo lleva unos cinco minutos. Créate el hábito.
Por último, si quieres prevenir la rigidez y mantenerte ágil, practica los
ejercicios de flexibilidad estática después del partido. Esto es muy
importante, sobre todo a medida que vas envejeciendo. Estarás mucho menos
rígido al día siguiente si haces un buen estiramiento después de jugar y antes
de refrescarte.
Siguiente: tu cuerpo ya está caliente. Ahora calienta tus golpes.
4
Calentamiento en microondas: descongela
rápido los golpes
Mientras realizas el precalentamiento antes del partido y se acerca el
momento de empezar, llega lo más importante antes del primer punto:
calentar los golpes. La mayoría de los jugadores aficionados derrocha o
minimiza esta parte de la rutina porque no entiende cuánto pueden ayudar a
ganar.
Mi regla fundamental es: tener un plan. Cada etapa del partido debe ser
reconocida por su potencial para ayudarte a conseguir la victoria. Tener un
plan te asegura el logro de la victoria. Saber qué se quiere conseguir durante
la entrada en calor te ayudará a conseguirla.
El error de los extremos
Hay dos estilos de precalentamiento que veo en los jugadores aficionados:
demasiado o insuficiente. Algunos jugadores salen y entran en calor durante
un mes. ¿Acaso se ilusionan con que mejorarán de repente? Eso no va a
ocurrir en la entrada en calor. ¿Estarán asustados de empezar el partido?
¿Querrán perder algunos kilos? Cualquiera sea la respuesta, seguro que
conoces a alguien así (y espero que tú no seas uno de ellos). Son los que salen
a la cancha y trabajan todos sus golpes durante veinte minutos... ¡con tu
ayuda!
No debes dejar que tu rival te use como un lanzapelotas humano. Cuando
esté listo, empieza. Dile a tu rival que te tienes que ir temprano. Que quieres
estar seguro de que el partido va a terminar. O pueden consensuar de
antemano cuánto durará la entrada en calor. No dejes que te arrastre a su
sesión de práctica. Ellos pueden practicar a su debido momento. Esto es una
entrada en calor. Además, pasar por todo eso no los ayudará en su juego.
De todos modos, la mayoría de los jugadores odia el precalentamiento. De
hecho, cuanto peor es el jugador, menor es el tiempo dedicado a la entrada en
calor. Es como la Educación Física en la escuela, una materia que solo sirve
para graduarse. Malgastan la entrada en calor y desperdician una
oportunidad. La apuran y repiten su tiro preferido un par de veces, ignoran
los más débiles y ya quieren ir al partido. Si eres descuidado y te apuras en
ese momento, te garantizo que lo trasladarás al partido. El jugador que está
preparado puede sacar ventaja del que no usa el período completo de entrada
en calor.
El precalentamiento es la oportunidad final de preparar el terreno para un
buen comienzo, para un salto sobre tu rival que puede afectar el partido
entero y para aprestarte a jugar de la mejor manera. Traza un plan para este
período y ejecútalo. Aquí va cómo hacerlo.
El plan: corto y sencillo
El precalentamiento no tiene que ser largo, pero hay tres objetivos que
conseguir:
1. Continuar el precalentamiento del cuerpo y la mente que empezó con la
elongación y la planificación y la visualización previa al partido.
2. Alinear los ojos y el cuerpo para que trabajen juntos para una
producción exitosa de golpes, que incluye el manejo de los nervios.
3. Aprender todo lo que puedas del adversario.
Los jugadores del circuito entran al court una vez que han precalentado. Lo
que ocurre frente al público antes del partido es solo el último tramo de la
preparación. Ayuda a liberar las mariposas y a soltarse. Haz que valga la
pena. Es por eso que el simulador que hizo el precalentamiento con el
profesor del club antes del partido tiene una ventaja tremenda. Pudo
aclimatarse con el ritmo de la carrera cuatro o cinco games antes de que el
otro se despertara.
Cómo descongelar los golpes en siete minutos y
cuarenta y cinco segundos
Aquí va un procedimiento de precalentamiento específico que garantizará que
estés preparado mental y físicamente para empezar el partido. Úsalo cuando
salgas a la cancha. Es probable que tu rival acepte cualquier cosa que le
digas, si se la propones con amabilidad. Podrás elegir tu propia versión. Está
bien mientras recuerdes cubrir todos los golpes y tener una rutina regular para
seguir. El patrón que establezcas potenciará el proceso de comunicarle al
cuerpo y a la mente que el tenis está en la agenda.
Noventa segundos: volea con volea
Quieres que los ojos y las manos trabajen en conjunto. No entres a la cancha
y empieces a intercambiar tiros de fondo. Sobre todo si eres jugador de
categoría B o C y, especialmente, si hace varios días que no juegas.
Es estúpido empezar con los golpes que requieren más movimientos y que
hacen trabajar los grupos musculares más grandes cuando no jugaste un
partido en una semana. Si estás jugando todo el tiempo es diferente. Entonces
querrás empezar por el fondo y después moverte a las voleas. La mayoría de
los jugadores no tiene tanta suerte.
Dile a tu rival que quieres jugar una serie de voleas fáciles una y otra vez,
ambos dentro del cuadrado de saque, a dos o tres metros de la red. Es como
un primer llamado de atención para la motricidad de los ojos y las manos.
Créeme, funciona. Mantiene tu mirada en la pelota y la raqueta pegándole
a la bola con el menor esfuerzo y con la mejor posibilidad de un buen
contacto. Tu rival te pondrá mala cara cuando empieces. Olvídate de la cara.
No tiene un plan, solo su habitual pereza. Esta es una buena ayuda para
marcar un buen ritmo (y, lamentablemente, para el adversario también).
Hagan una ida y vuelta con el drive y el revés. No muevas los pies. Solo
haz buen contacto. Eso facilitará que los ojos sigan la bola y que el punto
óptimo de la raqueta tenga un poco de uso.
Cuatro minutos: tiros de fondo del modo correcto
La primera lección para recordar: intenta y pega los primeros golpes con
profundidad, justo dentro de la línea de base. De hecho, si la bola se va un
poco larga, mejor. Apunta hacia la línea. Pega los primeros cinco o seis tiros
con mucha profundidad. No dejes que la bola quede corta. Préstale especial
atención a lo que haces. Si la bola pica dentro o cerca del cuadrado de saque,
corrige el tiro y que la próxima vaya al fondo.
¿Por qué? Los nervios tienden a acortar los golpes y los tiros. Al jugar
profundo consigues tiros más largos y estableces un patrón temprano de jugar
al fondo de la cancha, uno de los más saludables hábitos que se pueden tener.
En el partido, es mejor pegar uno de cada cinco tiros largo que cuatro de cada
cinco cortos. Comienza entonces a pegar profundo desde temprano.
Recuerda: no estás intentando impresionar a tu rival con la potencia de
esos tiros al fondo. Empieza suelto y liviano. Trabaja gradualmente la
velocidad (que no llegará hasta el cuarto o quinto game). Es muy importante
tener un ritmo cómodo y efectivo en los primeros momentos. A los jugadores
aficionados les encanta empezar el precalentamiento agitándose de
inmediato. Evítalo. Ve despacio. Deja que tu cuerpo gane velocidad de una
manera confortable.
NO HAGAS TRAMPA
Durante la mayoría de las entradas en calor, un jugador promedio evitará la
parte débil de su juego (el revés) alrededor del 70% de las veces. He visto
jugadores que toman la pelota con la mano en lugar de probar el swing del
lado débil. Les encanta pegar los tiros cómodos y evitan la incomodidad. Si
llevaras la cuenta de cuántas veces los evitan, te sorprenderías.
Tú deberías hacer lo contrario: evita el aspecto más fuerte de tu juego tanto
como te sea posible. Pega de revés todo lo que puedas. Que se prenda fuego.
Acostúmbrate al golpe. Créeme, si tu rival es inteligente, tendrás que usarlo
varias veces una vez que empiece el partido. Entonces no lo ignores. Dedícale
la misma cantidad de tiempo. Habrá recompensa en el corto y en el largo
plazo.
Una de las razones por las que ves en un jugador tamaña diferencia entre
su lado débil y su punto fuerte a lo largo de los años es la siguiente:
constantemente busca pegar el golpe que le gusta y evita el golpe que no le
gusta. Se retroalimenta. Pasan los meses y los años y el jugador deja que su
lado débil se vaya marchitando. Falta de atención equivale a falta de
efectividad.
En un partido, puede tener sentido invertir los golpes. En la entrada en
calor, dale al lado débil un poco de atención de verdad. Entre otras cosas, te
dará confianza. Te acostumbrarás a usarlo. Y la entrada en calor es una
oportunidad para trabajarlo sin castigo.
Treinta segundos: smash
El smash suele ser ignorado en el precalentamiento, sobre todo por jugadores
de niveles B y C. Aquí va el porqué. Debe ser el golpe que peor realizan y el
que más odian. A nadie le gusta quedar mal frente a sí mismo. El smash te
puede hacer quedar realmente mal. Es el tiro de timing más difícil, sobre todo
cuando recién empiezas. Muchos jugadores no quieren meterse con el smash.
Entonces, ¿qué hacen? Esperan a pegar el primer smash recién cuando
cuenta. Eso no es inteligente. Creen que es más fácil saltearlo por completo.
No lo hagas.
El precalentamiento para el smash sirve para dos cosas. Por supuesto,
ayuda a calentar los músculos. Pero además ayuda a preparar el saque, ya que
implica hacer todo lo necesario para el servicio: mirar hacia arriba, seguir la
bola, transferir el peso del cuerpo. Te da un poco más de tiempo para
imprimirle velocidad al saque. Tu objetivo es modesto. Solo haz contacto
sólido en el swing. No te preocupes por la potencia. No te preocupes por los
grandes ángulos. Solo relájate al pegar y no te vuelvas sofisticado.
Quince segundos: el lanzamiento
Según cómo vaya el lanzamiento así irá el saque. ¿Cuándo fue la última vez
que practicaste el lanzamiento? Antes de sacar, practica el lanzamiento cuatro
o cinco veces. Concéntrate en hacerlo con suavidad y dirigir la bola donde
quieres. Lanza y atrapa sin mover los pies. Es una gran manera de mejorar el
servicio con muy poco esfuerzo. (Y si durante el partido, el saque empieza a
darte problemas, tómalo con calma y practica el lanzamiento un par de veces.
He descubierto que ayuda a que las cosas vuelvan a andar sobre rieles. Si el
lanzamiento se va para cualquier lado, es imposible tener un servicio
confiable).
Finalmente, en esta muy subestimada pero crucial parte del juego, no
tengas miedo de interrumpir el movimiento del saque si el lanzamiento es
terrible. ¡Atrápala! Lánzala de nuevo. Los jugadores aficionados perseguirán
un mal lanzamiento hasta los vestuarios tratando de salvarlo.
Un minuto: el servicio
Quiero que pegues cuatro saques a ambos lados, tanto abiertos como al centro
de la cancha. La mayoría de los jugadores tiende a practicar sólo hacia el
cuadrado del deuce. Quiero que le pegues a ambos cuadrados por esta razón.
El calentamiento de saque tiene como objetivo principal establecer un buen
movimiento, cómodo para ti, temprano en el partido, así no necesitarás
cometer doble faltas.
Los primeros saques deben ser con un movimiento relajado. Mantén las
muñecas bien sueltas, casi blandas. Saca los primeros tres o cuatro casi con
un movimiento perezoso. Apunta a la línea del servicio o más allá. Luego
aumenta la velocidad de manera gradual.
Querrás ayudarte todo lo que puedas para cuando llegue tu primer game
con el servicio. Querrás estar cómodo con el golpe y no sacar al cuadrado de
la ventaja por primera vez ya durante el partido. Hazlo entonces durante el
precalentamiento.
Treinta segundos: devolución de saque
Cuando tu rival practique saques durante el precalentamiento, no atrapes las
bolas: pégales de vuelta. Practica impactar el servicio del rival con una buena
devolución de saque. Estoy convencido de que puede ser una de las armas
más importantes, y muy pocas veces se la trabaja. Trabájala. Y trabájala en
el precalentamiento. Pega algunas devoluciones con foco, ritmo y buena
conexión. Recuerda, puede ser el primer tiro que te toque jugar en el partido
(si sigues los próximos consejos). El momento de hacerlo funcionar es la
entrada en calor.
Este es el precalentamiento en microondas que hará el truco en siete
minutos cuarenta y cinco segundos. Es cierto que puede llevarte algunos
minutos más si tu rival quiere impactar algunos smashes o algún otro golpe.
Pero tu juego, al menos, estará listo para empezar a rodar. Hazlo y saldrás
encendido (al menos ya entrado en calor).
Aprender del rival: un rápido estudio
El objetivo de la etapa final de la oportunidad previa al partido es ver si el
rival revela algo de su juego, algo que puedas usar en su contra. Esto es
importante frente a alguien con quien nunca jugaste. Aquí va cómo hacerlo.
Dirige los tiros hacia el medio. ¿de qué modo se para? ¿Hacia dónde gira?
¿Se invierte para no pegar el revés? Si nunca viste jugar a tu rival hasta ese
momento, te acaba de decir algo. A saber: favorece un lado sobre el otro.
Cuando esté en la red con la volea, lánzale un globo sorpresa. ¿Lo cubre
con suavidad? ¿Es rápido y atolondrado con el trabajo de piernas?
También, cuando esté en la red, tira una bola baja a los pies. ¿Dobla las
rodillas o deja caer la cabeza de la raqueta? (la volea del perezoso).
Durante el peloteo préstale atención a cómo se mueve y cómo impacta la
bola en movimiento. ¿Es afilado de un lado e inconsistente del otro? ¿Pega
un tiro más que otro: slice, top spin o plano? ¿Tiene golpes más bien largos o
compactos? Recuerda la siguiente regla de oro de Brad Gilbert: los golpes
más lindos en el precalentamiento son los más feos bajo presión. Nunca
quedes tan impresionado por lo que ves en la entrada en calor. No te dejes
impresionar por lo que ves en ese momento. Pero recuerda cualquier mínimo
problema o falla técnica en el golpe o los movimientos para explotarla luego
durante el partido.
5
Cuatro “espanta-nervios”: Cómo superar la
tensión previa al partido
Por último, abordaremos el tema de los nervios en el inicio de un partido.
Sabes lo que son los nervios, ¿cierto? Los nervios significan que estás
asustado, que tienes miedo de algo. ¿Sabes lo que es el miedo? Un
mecanismo de defensa. Es la manera que tiene el cuerpo de ajustarse para
resolver un problema. Cuando tu mente o tu cuerpo sienten el peligro, el
miedo es una manera natural de prepararse para lidiar con él, el mecanismo
de “luchar o huir”. La adrenalina empieza a correr, los sentidos se agudizan.
Es natural sentirse nervioso antes de un gran partido, más aun si es un
torneo importante o si se inscribió un determinado jugador al que quieres
ganarle. Si en esas situaciones no sientes nervios, vas a perder. A los
jugadores de calidad, los nervios los ayudan, porque usan la parte positiva y
controlan la parte negativa. Saben que la energía de los nervios puede trabajar
a su favor, los hace esforzarse más, agudiza su concentración y más. Esa es la
parte positiva. La parte negativa puede causar estragos.
Los perjuicios también son mayúsculos. Los nervios sin control vuelven
pesadas tus piernas y hacen que los pies se queden pegados al suelo. Los
nervios le sacan el aceite a los golpes. Te congelan. ¿Alguna vez escuchaste
hablar de que “se achica el brazo”? Nervios. Y ocurre en todos los niveles del
tenis. Tal vez más entre los profesionales, por los intereses involucrados.
Los nervios hacen que dejes de pensar dentro de la cancha y que intentes
tiros estúpidos. Un jugador nervioso se golpeará a sí mismo después y dirá:
“¿Por qué no probé un drop shot desde atrás de la línea?”. Por lo nervios.
Realmente te pueden secar el cerebro. Lo que era fácil, de pronto ya no es tan
fácil.
Quizás el peor caso que me haya tocado ver le ocurrió a Miroslav Mecir,
que sufrió “el codo” a lo grande. En un partido por la Copa de las Naciones,
sacaba 5-3 en el tercer set ante Connors, para ganar el partido y el torneo para
Checoslovaquia. Todo lo que tenía que hacer era mantener el servicio. Los
nervios lo atraparon. Empezó a cometer dobles faltas. Para el final del game,
¡había hecho cuatro dobles faltas! La siguiente vez que le tocó el servicio (ya
iban 5-5), volvió a fallar. Era tal el problema que comenzó a sacar de abajo
los segundos saques, solo para que entrara la bola. Era doloroso de ver,
sentías compasión por el tipo. Era un gran jugador, pero los nervios hicieron
estragos en él y perdió el partido porque no pudo controlarlos.
Yo tuve mi propia experiencia con los nervios. Jugué la Copa Davis por
[Link]. cuando perdimos 3-2 con Australia en 1986. Y perdí mis dos
partidos. Fue una sensación horrible. Estuve deprimido y avergonzado.
Dentro de mí sentía que había decepcionado a mi país, y mucho tuvieron que
ver los nervios. Quería tanto ganar para [Link]., que estaba rígido, nervioso,
ansioso, quería terminar los puntos demasiado pronto. Los nervios te hacen
eso.
Esa fue mi peor experiencia en el tenis, porque las derrotas me dieron
vuelta por tres años. Es mucho tiempo para redimirse. Cuando me volvieron a
citar para el equipo, había aprendido mucho. Gané porque tenía un deseo
feroz de probarme a mí mismo y porque era mucho mejor manejando los
nervios.
Les contaré qué hice.
Durante el precalentamiento, los nervios empezarán a afectarte de
inmediato. Sentirás que no tienes ganas de moverte, te agitarás, tus
movimientos serán tiesos. Tengo cuatro soluciones simples y mecánicas para
soltar los nervios antes de un partido.
Los espantanervios de Gilbert
1. Respira como si tuvieses asma
Cuando estás nervioso, el esquema de respiración cambia. Es lo primero que
tienes que chequear. La respiración habla acerca del nivel de ansiedad. Y, lo
más importante, la respiración puede ayudar a controlar esa ansiedad. Cuando
estás nervioso, las respiraciones son cortas, rápidas y superficiales. Así es
como te sientes, agitado, apurado y fuera de sincronía.
Cuando eso ocurre, controla la respiración. Practica respiraciones suaves,
rítmicas y profundas. Puedes empezar incluso antes de llegar a la cancha.
Antes de un partido que me ponía muy tenso, me aseguraba de respirar de
manera correcta: profunda, suave, rítmica. Suena como si tuviese asma, pero
ayudaba a reducir el nerviosismo.
2. Lleva los pies ligeros
Como ya dijimos, el trabajo de piernas es lo más importante del juego. Y los
nervios pueden arruinarlo. El buen trabajo de piernas permite estar a tiempo
en la posición correcta. Si estás ahí a tiempo, tienes opciones de juego. Si
tienes opciones, tienes más posibilidades de ganar el punto. Puedes pegarle
con slice. Puedes pegarle desde arriba. Puedes pegarle antes. Pero sobre todo
podrás pegarle de frente. Opciones. Cuantas más opciones tengas será menos
probable que te ataquen con eficacia y tendrás más chances de controlar el
punto. Todo eso es es lo que el buen trabajo de piernas hace por ti. Y esto es
lo que el mal trabajo de piernas te hace a ti. Si tienes un mal trabajo de
piernas y llegas tarde a la bola, o esperas a que la bola llegue a donde tú estás,
o no te encuentras en la mejor posición para pegar el tiro que quieres, tienes
menos opciones. La bola está jugando contigo. Si viene cerca de tu cuerpo, lo
único que puedes hacer es sacártela de encima. El mal trabajo de piernas daña
el timing, tu balance, tu potencia y tu consistencia.
La tensión previa al partido puede matar el trabajo de piernas. Los nervios
te sujetan al suelo como si las zapatillas tuviesen velcro debajo de la suela.
Los nervios hacen que dejes de moverte. Las piernas se tornan muy lentas.
Los pasos rápidos, cortos y livianos se convierten en arremetidas lentas y
largas. Y esto ocurre por todo el cuerpo. Los golpes son malos. El timing es
malo. El contacto es malo. Y la confianza se evapora porque puedes sentir
que “No le estoy pegando a la bola hoy”.
¿Cómo tener un buen trabajo de piernas? Sencillo. Piensa en “dedos”. Si te
mantienes sobre los dedos de los pies (la mitad delantera de tus pies) tienes
que dar pasos livianos, rápidos y cortos. Los talones son para cavar, para
transportar la carga, para mantenerte sobre el suelo. En tenis, cuando te
clavas en los talones es cuando te superan. Y los nervios te pondrán sobre los
talones antes que nada. Entonces, si quieres un buen trabajo de piernas,
piensa como un bailarín de ballet, levántate en puntas de pie.
Me repetía a conciencia que debía mover los pies. Era una orden que me
daba a mí mismo cuando estaba nervioso. “Rebota. Apóyate sobre los
pulgares, Brad. ¡Hay que mantenerse liviano sobre los pies! Rebotar”. Me
repetía a mí mismo que tenía que rebotar, mantenerme liviano, en
movimiento. Me metía en un buen trabajo de piernas y eso me sacaba del
nerviosismo. Quería pies ligeros, no pies pesados.
El movimiento reduce los nervios. La falta de movimiento aumenta los
nervios. Escucharás que la gente dice: “Se puso nervioso y se quedó helado”.
No hablan de la temperatura corporal. Hablan del movimiento o de la falta de
él.
En tu juego te darás cuenta cuando te sientes bien. Cuando estás confiado
miras hacia adelante, te mueves con naturalidad y suavidad. Pero sobre todo
te mueves. Lo mismo con los profesionales. Cuando están relajados no se
paran sobre sus talones. Están con la frente en alto, rebotando, moviéndose.
El jugador que está asustado, tieso, hecho un nudo por la tensión (o solo
exhausto) se queda parado sobre los pies. Puedes luchar contra la tendencia a
quedarte congelado cuando estás nervioso recordándote a ti mismo (más bien
ordenándote) pararte sobre los pulgares y mantenerte ligero sobre los pies.
Recuerda esto no solo durante la entrada en calor, sino también en los
momentos de mayor presión durante el partido. Observa a tu jugador favorito
antes de un gran punto. Míralo cambiar de pie a pie, las rodillas flexionadas,
rebotando sobre sus pulgares. ¿Está nervioso? Apuesto que sí. Pero sabe
cómo lidiar con eso. Los buenos nunca se quedan parados. Dan batalla a los
nervios y se mantienen sueltos por el movimiento. Como debes hacer tú.
Háblate a tí mismo. Recuérdate: “Dedos, no talones”.
Hacer esto tiene un beneficio extra. Es buen lenguaje corporal. Le dice a tu
rival que estás suelto (aunque no lo estés). Le dice que no estás cansado
(aunque lo estés). Le dice que te sientes confiado y positivo (aunque no lo
sientas).
Además del beneficio para tu juego, afecta la mente del adversario. Sobre
todo, en un partido largo. Estuvieron batallando por tres sets. Tu rival busca
alguna señal de fatiga, nervios o resignación en ti. Mira del otro lado de la red
y ve lo contrario. ¡Estás arriba (sobre tus dedos)! ¡Estás con energía (o al
menos parece)! Estás rebotando con suavidad de pie a pie. Tu lenguaje
corporal le dice que estás listo y dispuesto a pelear hasta el final. Créeme,
tiene un efecto no solo en el comienzo del partido, sino también a lo largo del
mismo.
3. Lee la marca
Durante la parte inicial del precalentamiento, cuando estaba ansioso y trataba
de sentar cabeza, tenía otro truco para pelearle a los nervios. Leía la marca de
la pelota. Trataba de ver Wilson, Penn o Slazenger, mientras la bola venía
hacia mí. Notarán que tratar de ver la marca no solo ayuda a fijar la vista en
la bola, sino que también despeja la mente de los nervios y la lleva hacia otra
cosa. Al principio, seguramente no verás nada. Los ojos mejorarán y verás un
dibujo difuso. Si es lo máximo a lo que llegas, muy bien. Lo más importante
es que te has podido distraer del problema. Ya no piensas en los nervios.
Piensas en la marca de las pelotas.
4. Canta una canción
Esto sonará un poco extraño. Pero yo quitaba mi atención de los nervios
cantando una canción en voz baja mientras empezaba el precalentamiento.
Podía ser una canción de Tom Petty y recitaba la letra. Trataba de que las
cosas fluyeran con calma y que fueran sencillas para comenzar. Créase o no,
es un truco que me funcionaba. Entonces, cuando salgas a la cancha y tengas
esa tensión previa al partido, recuerda mis cuatro espanta-nervios:
1. Respira como si tuvieses asma.
2. Lleva los pies ligeros.
3. Lee la etiqueta.
4. Canta una canción
Pensarás que es asombroso que haya podido pegarle a la bola con toda esa
respiración, rebotes, lecturas y cantos. Los usaba de manera selectiva. Sobre
todo, me evaluaba a mí mismo y veía cómo me estaba moviendo y si los
nervios eran un problema ese día. Si necesitaba superar los nervios durante el
precalentamiento o el partido, repasaba la lista. Empezaba con la respiración
y el trabajo de piernas. Quería tenerlos bajo control de inmediato, antes de
que me costaran puntos.
Tu mente no puede pensar dos cosas al mismo tiempo
Los nervios reducen tu efectividad durante el partido, así como lo hacen
antes. Cuando sentía presión mientras jugaba, había algo más que hacía
conscientemente para reducirla.
Sabía que los nervios empeoran si pienso en ellos, cuando me empezaba a
preocupar por las consecuencias. Reducía esa tendencia enfocándome de
verdad en mi plan de juego, en los puntos críticos del partido. ¿Qué intento
hacer con este saque? ¿Qué ventaja busco sacarle a los tiros de mi rival? Me
concentraba en mi plan de juego. Desviaba mi atención fuera de los nervios y
hacia el próximo punto (¡donde debería estar de cualquier modo!). Al pensar
en eso, no pensaba en los nervios.
El abordaje Connors para los nervios
Hay otro abordaje para los nervios que puedes considerar, pero que yo
conozca, funcionó para un solo jugador: Jimmy Connors. Él tuvo siempre una
actitud única ante la presión. Su perspectiva era la siguiente: la presión, por lo
general, representa una oportunidad. A mayor presión, más oportunidades. Y
Connors amaba las oportunidades.
Su razonamiento era: ¿cuántas oportunidades se presentan en la final de un
torneo de poca importancia como el East Podunk / Fred and Millie’s Donut
Shop and Radiator Repair? No muchas. No traen fama, fortuna o elogios.
¿Cuánta presión? No mucha. Además, ¿cuántas oportunidades hay en la final
del US Open? La máxima cantidad. Las carreras se forjan ahí. Las leyendas
nacen allí. ¿Cuánta presión? Máxima presión.
Jimmy sólo veía las oportunidades. No se focalizaba en la presión. Sabía
que las situaciones de mayor presión podían ser las más beneficiosas para su
carrera. Y realmente se aceleraba cuando había algo grande en juego. ¿Match
point en un partido de Grand Slam? Para él, no podía ser más divertido. Le
salía natural. Para el resto de nosotros no era tan natural. Prueba mis espanta-
nervios. Funcionan.
Listo para la competencia
Ahora estás listo para empezar. Estás listo para sacar ventaja de tu rival de
inmediato. Estás listo para un inicio dominante. Tal vez un quiebre arriba,
con buen ritmo, buena concentración y con el plan de juego en foco, con
confianza. Ahora, que el juego comience.
Siguiente: un comienzo inteligente para tu partido.
6
Un inicio inteligente: liderar desde el
comienzo
Preparación mental, equipamiento adecuado, elongar para triunfar, ganar en
el precalentamiento... Todo lo que leíste en los capítulos anteriores aporta la
base para el mejor inicio posible de un partido, que se extenderá por el resto
de la competencia. Empezarás fuerte, en plenitud física y mental para
conseguir un quiebre rápido y un marco sustancial para ganar el primer set.
Estarás creando un impulso positivo.
Yo sabía que tener un buen comienzo en el partido mejoraba mis chances
de ganar el primer set. Déjame mostrarte por qué estadísticamente era tan
importante para mí y por qué puede darte una ventaja real.
De acuerdo con la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales), un jugador
que se encuentra entre los veinte mejores y gana el primer set tendrá el 89,6%
de posibilidades de ganar el partido11. En partidos por el US Open, ¡Jimmy
Connors ganó ochenta y ocho de noventa partidos que comenzó con set
arriba! Ganar el primer set, entonces, tiene un peso significativo. Y un inicio
sólido potencia las chances de ganar el primer set. Por eso me preparaba a
conciencia para el comienzo del partido. Por eso tú deberías hacer lo mismo.
Golpea rápido
El siguiente paso es el punto de transición desde la preparación previa hasta
el centro de la competencia. Considero que los primeros dos games están
incluidos en esta transición. Yo usaba ese período, quizás ignorado por mi
adversario, para afilar mi juego. Buscaba esos momentos del partido en los
que mi rival estuviese probablemente en la luna o sin entender ni explotar las
dinámicas de la situación.
En los máximos niveles del tenis eso no ocurre con frecuencia, pero a
medida que descendemos en el ranking, más oportunidades se descuidan. La
diferencia entre un jugador que está entre los diez primeros y uno que trata de
entrar entre los veinticinco primeros no son los golpes de tenis, sino la parte
mental del juego. Yo mismo lo descubrí en mi odisea que atravesé desde la
jungla del tenis hasta llegar al top 10. Eso mismo ocurre con los jugadores de
fin de semana. Dejan pasar una inmensa cantidad de oportunidades porque su
juego mental es débil.
En ese período de “transición” se presentan esas oportunidades. Distintos
elementos se presentan por primera y única vez y pueden ser un valor o un
lastre, según cómo los abordes. Es muy posible que tu rival ni los reconozca.
Y si lo hace no está seguro de cómo capitalizarlos.
Antes de estar atrapado en el fragor de la batalla, tienes ese período
intermedio en el que es valioso saber qué hacer para ganar una ventaja.
Cómo tener el mejor comienzo
1. Nunca saques primero.
2. Arranca el partido como Ivan Lendl.
3. Juega correctamente los dos primeros games.
4. Usa el primer descanso.
1. Nunca saques primero
Aquí va una apuesta que puedes ganar el 90 por ciento de las veces con tus
amigos de tenis. “¿Qué opciones tiene el jugador que gana el sorteo (girando
la raqueta o tirando la moneda)?” La mayoría de las veces responderán que
las opciones son sacar/recibir o elegir de qué lado empezar el partido. ¡Error!
Hay otra opción. Es darle la primera opción al otro jugador. Saber todo esto y
cómo usarlo puede ser importante. Ya verás.
La mayoría de los jugadores quieren ganar el sorteo para elegir el primer
saque. Yo pienso que casi siempre deberías elegir recibir primero. Muchos
jugadores están convencidos de que sacar primero es importante. Cuando tu
rival gira la raqueta y te informa que tu elección de “arriba” o “abajo” es
equivocada, ¿pensaste alguna vez que quizás te hizo trampa para sacar
primero? Está bien. Déjalo. No discutas con un jugador que quiere sacar
primero. Es más, ayúdalo a hacerlo y elige recibir primero si ganas el sorteo.
Tus rivales creerán que sacar primero les ofrece una ventaja, pero en la
mayoría de los casos no es así. De hecho, tienen una gran desventaja. En el
nivel profesional del tenis masculino, resulta generalmente mejor sacar
primero. Pero con algunas excepciones, éste no es el caso en el tenis
recreativo. Aquí va por qué.
Seis razones para no sacar primero
1. EL PRIMER SERVICIO NO ES UNA GRAN AMENAZA
¿Has escuchado la expresión: “El primero que mantiene el saque gana el
partido”? En el nivel de clubes suele ser casi una certeza. ¿Cuán peligroso es
el saque de tu adversario? ¿Y el tuyo? La ventaja de sacar primero puede
aplicarse en el tenis profesional, pero en ningún otro nivel. (De paso, si tienes
un gran servicio, felicitaciones, pero eres una excepción a la regla).
Descúbrelo tú mismo. Lleva un registro de las veces que mantienes el saque
en distintos partidos. Aquí van algunas estadísticas del promedio de saques
mantenidos por profesionales: Edberg, 85,2%; Stich, 87,2%; Courier, 84,5%;
Agassi, 80,2%; Becker; 84,4%; Gilbert, 77.9%12. ¿Cómo te comparas?
2. CUANTO MÁS TEMPRANO, MÁS DÉBIL EL SERVICIO
Es muy probable que el saque de un jugador aficionado típico no sea un arma
letal, aun en las mejores circunstancias. Será mucho menos amenazante si el
jugador aún no entró en calor, no está metido en el partido, ni relajado ni
cómodo con el saque, algo que seguramente describe las condiciones de tu
rival al momento del saque en el primer game. ¿No resulta asombroso que
alguien mantenga su primer saque del partido?
En el nivel profesional, en cambio, se le dedica mucha atención al saque.
Se puede ver que en el calentamiento se lleva la mayor atención de los
jugadores. En la mayoría de los casos, el saque tiene que funcionar y tiene
que hacerlo muy bien si quieren ganar, por lo que se aseguran de dedicarle
mucha atención antes de que comience el partido. Ni siquiera un profesional
saca con todo su potencial en los primeros tramos de un partido y, por
supuesto, tampoco lo hará tu rival en el club. Un saque mediocre, que no
puede superar todas las ventajas iniciales, se convierte en inútil, incluso en un
lastre.
3. BUSCA MÁS TIEMPO DE PRECALENTAMIENTO
El saque es un movimiento físico complejo. Es un golpe único en el que no
puedes solo poner la raqueta dura y bloquear la pelota por encima de la red.
Pero hay una certeza. El servicio es más fácil si ya entraste en calor. Dejar
que el rival saque primero (y sin haber entrado en calor) te da un tiempo
adicional para soltarte, relajarte dentro del partido, pegar más bolas y estar
más preparado para sacar con el máximo potencial. Robas un poco de
tiempo real del partido para asentarte. Te servirá cuando vayas a la línea para
sacar en el segundo game del partido.
4. EL EFECTO PSICOLÓGICO
Piensa cómo reaccionarías si tu rival eligiera dejarte sacar primero. ¿Qué
pasaría por tu cabeza? “¿Crees que no puedo sacar? ¡Te voy a mostrar que
puedo hacerlo”. Algo así sería una reacción natural. También una reacción
tonta.
Tratar de sacar más fuerte es un gran error. Es la fórmula para fallar. Por
eso hay que darle a los rivales la oportunidad de desacomodarse
psicológicamente con el primer saque.
5. PERDER EL PRIMER GAME NO ES PERDER
Uno de los momentos más fáciles para quebrar es el primer saque del rival en
el partido. Especialmente si es el primer game. De todos modos, si tu rival
mantiene su saque, no perdiste nada. Tu rival sólo hizo lo que tenía que
hacer: mantener el servicio.
Técnicamente, en el partido “se imponen los saques”. Tácticamente, que tu
rival mantenga ese primer game del partido es el menor de los daños.
6. UN QUIEBRE TEMPRANO PUEDE SER MUY IMPORTANTE
Todo mi abordaje ganador se basa en aprovechar las pequeñas oportunidades
cuando se presentan: buscarlas, explotarlas y buscar más. Cada una por
separado puede parecer poco significativa, pero en conjunto aportan una
chance sustancial de ganar. Esa es la razón por la que el primer game del
partido puede ser importante.
Muchos jugadores empiezan un partido con la sensación general de que, si
pierden el primer servicio, no hay que alarmarse. Así pensaba yo cuando
jugaba al tenis en la universidad. “Hay mucho tiempo para recuperarlo”. Tal
vez sí, tal vez no. Lo que es seguro es que un quiebre rápido te da una ventaja
real.
Uno de los objetivos de focalizarse y elongar antes del partido, planificar el
calentamiento y elegir recibir primero es tener esa ventaja. Si tienes éxito (y
deberías tenerlo entre un 25 y un 35% de las veces), te habrás dado una mejor
chance de ganar el partido incluso antes de haber sacado.
Te habrán puesto en una sólida posición para lo que sigue. Tienes un
quiebre en tu cuenta. Puedes forzar al rival a ser agresivo demasiado pronto
(para tratar de recuperar el quiebre de inmediato). Esto te puede servir para
mantener tu primer saque mientras el adversario fuerza los tiros y comete
errores. Si tienes suerte, tu rival se presionará todavía más en su segundo
game de saque, lo que te dará oportunidades fáciles para quebrar por segunda
vez. Este es el escenario ideal. Y sucede.
Piensa a dónde te puede llevar la situación: ¡tres games a cero con dos
quiebres! Es una ventaja enorme y te pone en una posición para que
cualquiera que apueste diez centavos en el partido los ponga a tu favor.
Deberías ganar el partido. Tal vez no, pero las posibilidades están a tu favor.
Un jugador con dos quiebres arriba en el primer set debería ganarlo. Un
jugador que gana el primer set tiene todas las posibilidades de ganar el
segundo. Y, a menos que jueguen al mejor de cinco sets, es todo lo que
necesitas para ganar.
Ese es tu objetivo. Pensarás: “No es un objetivo. Es una fantasía”. No
tanto. No es un objetivo sencillo, por supuesto, pero es lo que intentas
conseguir. Quieres salir rápido por la puerta. Atrapar a tu rival todo lo rápido
y fuerte que puedas. Hacerlo correr. Un buen jugador en un buen día podrá
escaparse de tu acoso. La mayoría no podrá, si continúas explotando las
oportunidades y evitando la tentación de la pereza mental a la hora de
prestarle atención al “juego externo”. En lugar de empezar el partido con la
idea de trabajar para meterte en él, empieza con el objetivo de trabajar para
que tu rival se vaya de él.
Yo usaba la estrategia de ceder el primer servicio un 15% de los partidos
que jugaba. La razón para no hacerlo más seguido era obvia. Los
profesionales hacen un calentamiento como es debido. Y suelen tener un
arma peligrosa con su servicio (por lo general). Así y todo, hay excepciones
incluso en el máximo nivel de la competencia. Nunca me preocupó cederles
el primer servicio a Michael Chang o a Jimmy Connors. (Podrían notar que
muy rara vez Chang y Connors elegían sacar primero cuando tenían la
opción, por las razones que detallé). Incluso dejé a McEnroe y Lendl sacar
primeros solo para instalarles un pequeño truco al comenzar el partido.
¿Pero qué tal cederle a alguien como Boris Becker (con su extraordinario
saque) el primer game del partido? La ventaja potencial que podría
aprovechar en ese caso es similar a la tuya. Por más grande que fuera su
saque, no estaría a tope en los primeros games. Y ocasionalmente el saque no
le funcionaba a Becker con el partido recién empezado, entonces mi elección
podía ser incluso efectiva ante él.
Otra opción que usaba cuando ganaba el sorteo (aunque con menos
frecuencia) era cederle la elección a mi rival. Es un pequeño ardid que
probaba cuando el partido estaba un poco caliente de entrada. Al cederle la
elección, buscaba sacar a mi rival de su eje. Básicamente le decía: “Tu saque
no es una amenaza. Puedes elegir”. Si elegían sacar, era lo que yo quería, de
uno u otro modo. Si elegían que sacara yo, estaba admitiendo que no se sentía
seguro con su servicio. Me podía salir el tiro por la culata, si yo quería recibir
primero. Pero, por lo general, los rivales profesionales elegían sacar.
Las excepciones a la regla
Cuándo no deberías dejar que el rival saque primero. Obviamente, si
enfrentas a un rival que saca fuerte de verdad y usa su potencia como una de
sus armas, no dejes que la use de entrada. Este puede ser el caso,
dependiendo de tu rival y de su nivel de juego en ese día particular. Pero no
ocurrirá con frecuencia.
1. El viento y el sol
Otra situación que puede darse cuando juegas al aire libre es que el sol pasa a
ser un factor a tener en cuenta. Si da en los ojos del sacador en un lado,
querrás ejercer tus opciones correctamente cuando gire la raqueta en el
sorteo. Como sabes, puedes elegir sacar o recibir o elegir de qué lado
empezar. Elegir el lado donde empezar es clave cuando el sol es un problema.
En el primer game, elige que el sol esté a tus espaldas. (Si los elementos
externos pasan a ser un factor, nunca le entregues la opción al rival).
Tu rival (si presta atención) elegirá que tú saques primero, para no tener
que lidiar con el sol de frente en su primer servicio. No hay problemas con
eso, porque de todos modos tu adversario tendrá que jugar el primer game
con el sol de frente. Intenta un par de globos en los primeros puntos para que
se encandile con el sol en la cara desde temprano.
Pero también puedes tener suerte. Una vez que eliges tener el sol a tus
espaldas, tu rival elige sacar primero igual, ¡mirando el sol! Si eso ocurre,
puedes estar razonablemente seguro de que el jugador tiene el cerebro seco.
El viento puede ser otro factor al aire libre. Me tocó jugar un partido ante
Mark Edmunson en Las Vegas con vientos de hasta ochenta kilómetros por
hora. ¡En un punto corrí para pegarle a la bola de revés y el viento de pronto
la puso para mi drive! Después, pegué un globo con el marco que se fue por
el alambrado del costado. El viento la trajo de nuevo sobre el alambrado y fue
un winner. Perdí el partido, pero no sin antes sufrir un buen caso de irritación
en la piel por el viento.
Si el sol no es un factor (un día nublado, un partido nocturno), el viento es
lo primero que entra en consideración. Si corre de una línea de fondo a la
otra, elijo empezar el partido con el viento en contra. Hay más tolerancia al
error, porque el viento traerá las bolas que se van largas. Por lo general, al
rival no le importará el viento tanto como el sol. Por lo general, los jugadores
eligen sacar primeros. Eso significa que sacarán con el viento a favor. En esas
circunstancias es más difícil que la bola entre en el cuadrado de saque. Es una
primera ventaja.
Entonces, como regla general, me gustaba empezar con el sol a mis
espaldas y con el viento en mi cara, si tenía las opciones. Tú deberías hacer lo
mismo. Si significa que tendrás que sacar primero, está bien. Aun ahí tendrás
cierta ventaja.
2. Arranca el partido como Ivan Lendl
Ivan Lendl fue uno de los pegadores más potentes que haya jugado al tenis.
Se podía casi escuchar a su bola decir: “¡Ouch!”. La pulverizaba. Pero hay
algo que no sabes. Nunca empezaba con el acelerador a fondo. Ivan entendía
la importancia de ir trabajando hacia el tope de su velocidad y potencia. Tenía
muy claro que uno no está en ese lugar en los primeros games del partido.
Los nervios, el público, las nuevas condiciones y otros factores tornan casi
imposible soltarse de entrada. Ivan no lo hacía. Por eso mantenía inicialmente
su juego bajo control.
En los primeros tres o cuatro games pegaba con alrededor de 65-75% de su
potencial. De manera muy consciente resistía la urgencia de sacudir la pelota.
Quería trabajar con un buen ritmo. Entendía que el método correcto era
empezar de abajo y escalar. Es muy difícil bajar hacia el mejor ritmo si
comienzas pegando demasiado fuerte de entrada. Puedes pasarte el resto del
partido buscando el ritmo. Ivan nunca cometía ese error.
Y lo mismo vale para el saque. Castigar la pelota antes de que cuerpo y
mente estén aclimatados al partido puede arruinar el servicio por el resto del
día. El saque es complejo. Ni siquiera Lendl buscaba el mejor saque de
entrada.
Cuando lo enfrenté por primera vez en Hartford en 1982, no podía creer
que el gran Lendl estuviese pegando tiros tan fáciles de devolver. Pensaba:
“Estos tiros parecían más densos cuando lo vi con otros rivales”. Eso fue
durante los primeros cuatro games. En el quinto, subió la perilla. De pronto,
me llegó un servicio que ni siquiera vi. Empecé a impactar todo más tarde.
Me empezó a mover de derecha a izquierda y viceversa. No podía encontrar
la posición para ningún golpe. Y me pasó por arriba: 6-2, 6-2. Fue escalando
hacia su máximo de velocidad y potencia y lo usó cuando había llegado. No
antes.
El abordaje de Lendl es el correcto. Comienza por debajo de tu máximo
ritmo en los primeros games. No intentes decorar esos primeros tiros.
Construye un ritmo sólido y cómodo. Ocurrirá si resistes la tentación de
pegar fuerte y ganar rápido.
3. Juega correctamente los primeros dos games
Los primeros dos games de un partido determinan la temperatura de lo que
sigue. La actitud mental y física que se establece allí es valiosa porque puede
marcar un rumbo que convierta el triunfo en algo más fácil. Tú y tu rival
sacan y reciben por primera vez. Se adaptan juntos al balanceo del barco y
trabajan para conseguir velocidad. Hay una serie de consideraciones para los
primeros games que incorporan el abordaje de Lendl con algunos agregados.
Sin errores no forzados
Recuerda que durante esos primeros dos games no estás tan suelto como lo
estarás más adelante. Incluso después de una buena entrada en calor, no
estarás del todo listo. Por eso, no cometas errores no forzados. No temas
probar buenos swings, pero no intentes impresionar al rival. Solo mete las
bolas. Busca generar un patrón de juego consistente, pasar con éxito la bola
hacia el otro lado.
Saca con sensatez
Cuando sacas por primera vez es fácil incurrir en la doble falta. Recuerda
evitar la tentación de pegarle fuerte. Es el momento del partido en el que se
mete la pata con mayor facilidad. No te pongas en posición de que el otro
jugador gane un primer game con solo quedarse parado. No le des games
gratis. Tus objetivos deben ser modestos: 1. que la bola entre; 2. que vaya al
punto débil del rival.
Muchos jugadores se muestran abúlicos en el primer game de su saque.
Parece no importarles. Si dejas que tu rival te quiebre de entrada, lo
levantarás. Le inyectarás adrenalina. Le regalas la oportunidad de presionarte.
Y la presión puede perjudicar tu juego. Entonces sé sensato. Pon la bola en
juego desde temprano. Elimina los errores.
No te relajes
Los jugadores que sacan primero y mantienen su saque (o reciben primero y
quiebran), casi siempre se dejan caer en el siguiente game. Hay una sensación
de: “Pasé la prueba. Ahora me puedo relajar por un segundo”. Bang. El otro
jugador les gana el game a cero. No se lo hagas tan fácil a tu rival.
Recuerda, si sacas primero y mantienes, un break siguiente será “más
largo”. Me refiero a que si quiebras en el segundo game y después vuelves a
mantener el servicio, estarás 3-0 arriba. Psicológicamente parece mucho más
pesado de lo que es. Es solo un quiebre. Pero es una diferencia de tres games.
Se siente peor en tu rival. Y eso significa que es peor.
Si recibes primero y quiebras (que es lo que deberías intentar y conseguir),
no descuides tu saque en el segundo game. La tendencia es a sentirse
demasiado bien demasiado pronto. No vayas por los aces. Y depende del
nivel de juego del adversario, no te pongas demasiado ambicioso. Te
sorprenderás de lo que ocurre en tu primer game de saque si solo te dedicas a
mantener la bola adentro de la cancha.
Examínalo de entrada
También me gustaba trabajar mi juego en la red si podía en esos primeros
games. No lo fuerces pero, si surge la oportunidad, tómala. Buscaba hacerlo
cuando estaba 40-0 arriba y podía dividir un punto. El otro jugador está un
poco tenso. No pudo pegar demasiados tiros y seguramente te dará uno gratis.
4. Usa el primer descanso
Con frecuencia me preguntan por qué los profesionales se toman un descanso
después del primer game. ¿Por qué no cambiar de lado sin sentarse a
refrescarse? Buena pregunta, porque apuesto que en toda tu vida nunca viste
a un jugador del circuito que salteara la oportunidad de sentarse después de
haber jugado el primer game. No puede ser fatiga, ¿cierto? Respuesta: no es
para descansar. Es para pensar.
Los cambios de lado sirven para reordenarse física y mentalmente. El
primero del partido tiene un aspecto diferente, porque da la chance de
estudiar las condiciones del día antes de que ocurra algo muy drástico. En mi
caso lo usaba como una oportunidad para refrescar en mi cabeza lo que
intentaba hacer. Repasaba mi plan de juego.
Tomaba mi sorbo de agua, me secaba la transpiración, bajaba por un rato,
pero, sobre todo, pensaba. Repasaba mi estrategia. ¿Qué intento que ocurra?
¿Qué quiero prevenir que ocurra? En los siguientes cambios de lado repasaba
cualquier cosa que pudiera haberme sorprendido. ¿Mi rival me había
lastimado con algo? Me daba una pequeña charla motivacional: “Mantente en
tu plan de juego. No te pongas demasiado ambicioso. Sé paciente. Recuerda
hacer entrar el primer servicio y a su revés”.
Ese primer cambio de lado es muy importante porque el comienzo del
partido es un período disruptivo. Ocurren muchas cosas y se hacen muchos
ajustes. Es fácil perder el foco, el plan, la actitud. El primer cambio de lado es
único y fundamental para lo que se busca después. El partido todavía no tiene
un patrón de juego discernible. No te fijas en lo que estuvo bien o mal.
Todavía estás en proceso de imponerle tu plan de juego al otro jugador.
Me doy cuenta de que el tenis es un acontecimiento social y que en los
cambios de lado es cuando se da la socialización dentro en la cancha. Es la
oportunidad de ponerte al día con las últimas novedades y chimentos, o de
hablar del partido mismo. Todavía no estás preparado para ponerte una toalla
sobre la cabeza y empezar a meditar. Pero un jugador dedicado a ganar estará
más dispuesto a postergar la charla hasta después del partido.
Todavía estarás tratando de hacerte del liderazgo temprano del partido. Si
quiebras, quieres mantener. Si perdiste el servicio, querrás quebrar. Ese
cambio de lado inicial te da la chance de abordar el trabajo con calma, con el
plan claro en la cabeza. “Meter el primer saque. No ponerte sofisticado.
Hacerlo jugar”.
Yo pensaba en el cambio de lado como en mi cabina de aislamiento. Un
tenista inteligente acumula información mientras se desarrolla el juego. Y usa
esa información para su ventaja. El cambio de lado, cuando tienes un
momento sin interrupciones, es para repasar y planear.
Préstale atención a los profesionales que ves por televisión. En los cambios
de lado no le hablan a la multitud ni a los ballboys. Llevan una concentración
muy seria. Por eso la toalla sobre las cabezas cada tanto. De verdad quieres
frenar y pensar en lo que está pasando. No derroches esa oportunidad.
Juega al tenis como haces negocios
Una persona de negocios inteligente busca la manera de mejorar su empresa.
Es impresionante ver cómo hay jugadores que salen a la cancha y dejan de
pensar. En el cambio de lado se sientan como una vaca que lame un bloque
de sal. Ni un pensamiento en su cabeza. Un verdadero jugador inteligente
busca todo el tiempo mejorar su chance de ganar. Siempre pensando. Siempre
analizando qué pasa en el partido.
Puede ser incluso una buena idea llevar una anotador en el bolso, para
consultarlo antes (y durante) el partido. Puedes incluir una lista de tus
fortalezas, las debilidades de tu rival, tu principal objetivo frente a ese
jugador. Quizá los consejos del profesor. Pensamientos sueltos antes del
partido. Se trata de información importante que se olvida con facilidad
durante el juego. En el cambio de lado sácala del bolso y repásala.
En mis clínicas de tenis, algunos adultos me dijeron que juegan para
relajarse. Está perfecto. Les digo que cuando empiecen a jugar al tenis para
ganar, recuerden algunas de las cosas que les digo. Ganar siempre me resultó
más relajante que perder.
Uno de los conceptos más equivocados que tienen los tenistas aficionados
acerca del juego es que no tiene mucho de aspecto mental. Algunos de los
grandes nombres del tenis lo sentían de la misma manera. Por suerte para mí.
Siguiente: juega con inteligencia durante el partido sacando ventaja de lo que
ves.
II
El juego inteligente
Encontrar la manera de ganar
“Brad es muy ingenioso para descubrir a un rival. Acaso mejor que cualquier otro jugador”
Allan Fox, editor de divulgación, Tennis Magazine
7
La llave del triunfo
El New York Times decía que yo era genial para hacer que mis rivales jugaran
mal. Arthur Ashe estaba de acuerdo: “Brad no tiene ningún golpe de los que
recuerdes después del partido”. Tenían razón. Yo no subyugaba a la gente.
No me metía a la multitud en el bolsillo. No tenía ningún tiro espectacular.
Ganaba porque tenía la habilidad de implementar con éxito mi estrategia
básica de juego: maximizar mis virtudes y minimizar mis errores. Eso
significaba quedar con frecuencia en posición de pegar el tiro que me gustaba
en vez del que no me gustaba.
Al mismo tiempo, quería maximizar las debilidades de mi oponente y
minimizar sus puntos altos. Quería que pegaran tiros que no les gustaban
desde posiciones que no querían. Si optaba por el mano a mano, perdía. Era
bueno, en cambio, para trabajar mis virtudes ante las debilidades de mi rival.
El objetivo de mi plan de juego era volver el juego de mi rival en su contra.
Pude lograrlo contra McEnroe aquella noche de 1987 en el Masters de Nueva
York (hablaré más sobre este partido más adelante), ante Becker en el US
Open en 1987 y contra muchos más en distintos lugares.
Más adelante están mis claves para sacar a un jugador de su plan A y hacer
que trate de vencerte con su plan B, los consejos para correr a los rivales de
sus golpes y estrategias y transformar la ventaja de ellos en una ventaja para
ti.
¿Quién le hace qué a quién?
Para seguir con éxito un plan de juego es necesario entender qué ocurre en el
partido, con tu juego, con el del rival y en la interacción entre los dos. Mi
entrenador en Pepperdine, Allen Fox, solía decirme: “Durante un partido
siempre hay que preguntarse quién le hace qué a quién”. Eso significa saber
cómo y por qué se ganan y pierden los puntos. Eso es saber lo que pasa en la
cancha.
¿Pierdes puntos porque tu rival ataca con éxito en la red o porque te come
crudo en el segundo saque? ¿Tu adversario te supera desde el fondo? ¿Te
destruye con el smash? ¿Tus drives quedan cortos? ¿Te pasa cuando subes a
la red (de qué lado)? ¿Se invierte en vez de pegar el revés? ¿Es bueno desde
el fondo hasta que lo presionas desde la red? ¿Cómo es su estilo de juego?
¿Pasador, voleador u otro?
En tenis, la respuesta correcta a cualquier situación durante un partido solo
puede ser determinada sabiendo “qué le hace qué a quién”. Un jugador
exitoso sabe la respuesta. Tal vez no sepa los números exactos y los
porcentajes (por ejemplo, 62% de los primeros servicios buenos), pero tiene
la sensación. Es una habilidad que se puede desarrollar con trabajo.
La mayoría de los jugadores aficionados no sabe quién le hace qué a quién
durante un partido. No prestan atención. No observan ni analizan lo que
ocurre. Créase o no, llegué a tener un jugador en mi centro de entrenamiento
que no se había dado cuenta de que su rival era zurdo hasta la mitad del
primer set. “Ahora me doy cuenta por qué los puntos que tiraba al lado de la
ventaja volvían tan fuerte”. ¡Claro! Le estaba pegando al drive de su rival
pensando que era el revés. Queda claro que no sabía lo que estaba ocurriendo
en la cancha.
La combinación para la cerradura
Cada estilo de juego es como una cerradura con combinación. Sin la
combinación es difícil abrirlo, pero una vez que se la consigue se torna
mucho más fácil. Saber qué le hace qué a quién te da la combinación de la
cerradura.
En mi caso me resultó fácil empezar a aplicarlo en mis primeros partidos
como profesional. Cuando era un niño cerca de Oakland estaba loco por los
deportes. Me encantaban los Raiders, los Warriors, los 49ers13, los Giants14 y
los Athletics. Siempre trataba de darme cuenta de lo que ocurriría en los
partidos, quién iba a hacer qué.
Uno de mis ídolos era Kenny Stabler, de los Raiders: la Serpiente. Lo
miraba en su posición de quarterback y trataba de adivinar qué jugada iba a
elegir. ¿Lanzaría para Casper o para Balitnikoff, con qué esquema? O, con
los A’s, ¿lanzaría Catfish Hunter un knockdown pitch15 justo después de que
alguien haya conseguido un home run en su turno? (Respuesta: sí). ¿O cómo
serían las posiciones internas y externas para distintos bateadores en
diferentes situaciones? ¿Cómo los Warriors le darían la pelota a Rick Barry a
diez segundos del final del partido? Para mí, notar eso era automático. Me
encantaba analizar lo que pasaba en el campo.
Tiempo después, cuando me integré al circuito de tenis, era lo mismo.
Estudié un montón, no libros, sino jugadores. Cada vez que surgía uno nuevo
lo iba a ver jugar y chequeaba su juego. Otro jugador me avisaba: “Boris
Becker, de Alemania, en la cancha tres”. Y yo iba a verlo.
El gordo Fritz y mi pequeño libro negro
Al principio miraba más por curiosidad que por un objetivo determinado. No
me tomaba el trabajo de usar esa información en los partidos, pero cambié en
mi tercer mes en el circuito. Me tocó enfrentar a Fritz Buehning. Era un
hombre grandote y con un saque poderoso. De hecho, era demasiado gordo
para andar corriendo por la cancha, pero cuando el saque le funcionaba, no le
hacía falta moverse demasiado. Parecía un juez de línea de la UCLA16, su alma
mater. Imaginé que sería un monigote.
Como era típico de mis partidos en esos días, salí a la cancha sin
preparación, con la sola expectativa de que, si jugaba bien, ganaba. No le
había dedicado pensamiento a Fratz (así le decían) ni a su juego ni a cómo
explotarlo. Perdí en sets corridos: 6-2, 6-2. El hecho que más me quemó la
cabeza fue saber que si le hubiera dedicado un poco de pensamiento (antes y
durante el partido), seguro le ganaba. ¿Un tipo grandote que no es rápido y al
que le cuesta doblar las rodillas? Un manjar. Solo bastaba con moverlo de
lado a lado y cuando viniera a la red jugarle bolas cortas y globos
ocasionales. No pensé nunca en la táctica y por eso me dejó afuera.
Después de eso me tomé en serio la tarea de recolectar información acerca
de mis adversarios y usarla en su contra. Después de eso comencé a escribir
las cosas. Fue cuando empecé mi pequeño libro negro.
Hoy muchos jugadores tienen su propio librito, con nombres y números.
Yannick Noah tenía tantos que incluso necesitaba ayuda para transportarlos.
Pero mi pequeño libro negro era diferente. Tenía nombres, pero eran nombres
de tenistas. Tenía números, pero eran números de errores no forzados, tiros
ganadores y tiros forzados en determinados golpes. Contaba errores en voleas
de revés, smashes, tiros de fondo de ambos lados. Seguía la cantidad de
winners en esos tiros y veía lo que les gustaba hacer en situaciones
específicas.
La mayoría de los jugadores aficionados miran los partidos como si
estuviesen viendo a alguien jugando al Nintendo. Solo contemplan. Yo
miraba un partido como si estudiase para un examen de Historia. En 1984,
cuando vi por primera vez a Boris (en Filadelfia), detecté que al ser atacado
al revés le encantaba jugar paralelo. Y que, si bien tenía un enorme drive,
cuando empezaba a fallar, su juego podía sufrir. Como ya vieron, tiempo
después usé esa información sobre él para ganarle algunas veces, incluido el
US Open 1987.
Números, patrones y tendencias. Veía a Paul Annacone subir a la red en
cada punto importante y anotaba: “McEnroe saca abierto en la zona de
ventaja cuando necesita el punto”. Resalté que Connors tenía problemas
ocasionales cuando los tiros llegaban bajos a su drive.
El detector de mentiras del tenis: la presión
Cuando observaba y estudiaba a un jugador durante una buena cantidad de
sets, veía que caía en patrones predecibles. Sobre todo, bajo presión. La
presión es el detector de mentiras definitivo. Ahí es cuando los golpes dicen
la verdad. ¿Qué hace un jugador en un punto importante? Evita (o trata de
evitar) el tiro con el que no se siente cómodo. Ahí es cuando los defectos se
magnifican, cuando se puede ver el “verdadero”juego.
Así es como funciona la presión. Cuando un jugador con un revés
cuestionable va ganando 4-2 en un set, puede usar bien ese revés. Sin
presiones, ¿verdad? Está tranquilo y arriba en el marcador. Pero cuando
pierde 2-4, los nervios pueden hacer vacilar ese revés. ¿Y en un set point?
Olvídalo. La presión va derecho al meollo del asunto. Bajo presión, un
jugador tratará de evitar, como sea, aplicar ese golpe en que no confía. Yo
quería averiguar cuál era ese golpe para forzarlo a que lo use bajo presión.
Por ejemplo, si el revés de tu rival es sospechoso, sabes que en un punto
importante hará todo lo posible para invertirse. Ahí era cuando intentaba
prepararlo, tirándole primero abierto hacia el lado del drive. Una vez que lo
tenía casi fuera de la cancha, le pegaba hacia su revés y ya no tendría tiempo
para invertirse. Y si lo hiciera, le pegaría fuera sin equilibrio. Así es como se
usa la información acerca del oponente en contra del oponente.
Agassi a primera vista
Descubrí a Andre Agassi en 1986 en Stratton Mountain. Ahí estaba ese chico
pequeño y esquelético con el pelo revuelto, que cortaba la bola como nunca
había visto. ¡Era increíble! Y había gente que me decía que no iba a llegar a
grandes cosas porque no le había ido bien como junior. No compré esa
versión.
En realidad, lo había visto por primera vez cuando estaba en el torneo
Allan King Classic en Las Vegas, en 1981. Por casualidad lo vi entrenarse en
una cancha detrás del hotel Caesar’s Palace. Incluso en ese momento su
destreza y potencia para tomar la bola tan temprano me llamaron la atención.
Tenía once años.
Me tomó un tiempo darme cuenta de que el chico con el pelo teñido en
Stratton Mountain era el mismo que había visto en Las Vegas cinco años
antes. Solo que su pelo era más brillante y sus golpes más impresionantes. En
1986, escribí en mi libro negro que sus golpes eran brutales. Sobre todo desde
media cancha, donde tenía la gran habilidad de tomar la bola en pleno
ascenso y “desestructurarla”. Irradiaba confianza. Le pegaba a la bola con un
cañón y podía imaginar la presión que podía trasladar a un jugador. Ahí
también anoté que su volea no parecía muy fuerte, pero el resto del juego era
tan bueno que no importaba.
Cuando Andre perdió las finales de tres Grand Slams (dos Roland Garros y
un US Open), pensé que quizá sus golpes eran demasiado grandes para un
corazón pequeño. Hasta que en Wimbledon en 1992, demostró todo lo que
tenía dentro. Era mucho. El corazón de Andre pesaba una tonelada.
Es gracioso. Muchas de mis primeras observaciones de mi pequeño libro
negro aún hoy pueden probarse como ciertas. Pero algunas no. Vi a Mats
Wilander por primera vez en Bangkok en 1981. Lo estudié mientras jugaba
un partido y no vi nada especial: no tenía un gran servicio, potencia ni tiros
extraordinarios. Supuse que era otro sólido jugador sueco. Tuve razón en el
potencial de Andre y me equivoqué acerca de Mats. Siete meses después,
Wilander ganó Roland Garros. Tuve que hacer algunos agregados en la
sección “Wilander” de mi pequeño libro negro.
Observé que Stefan Edberg prefería jugar cruzadas sus voleas de drive.
Escribí que su revés con una mano era uno de los mejores del ramo (el de
Lendl era el otro). Pero también noté que su drive no era un arma, era
demasiado débil para un jugador top. Su empuñadura era mala y el tiro no
impresionaba tanto como el resto de su repertorio. Créanme, escribí eso
porque había muy poco que pudiera escribir sobre él que fuera negativo.
Seguí apuntando las cosas que percibía. Después, cuando tenía un partido,
chequeaba mi anotador y vería qué había ahí. Era casi como el reporte de los
scouts17 en béisbol. Ayudar al pitcher para que sepa las tendencias de los
bateadores y hacerle saber al bateador qué le gusta hacer al pitcher en
determinadas situaciones. Me dio una buena idea de qué esperar y me ayudó
a pensar acerca de lo que debía hacer para mantener a ese jugador fuera de
los tiros con los que se sentía más cómodo.
Sé un buen scout
Haz tu propia práctica de scout. Cuando estés en el club, mirando a un
jugador que esperas enfrentar en el futuro, presta atención. ¿Dónde comete
los errores? ¿Qué tiro le gusta pegar? ¿Palpita el smash pero erra la volea?
¿Pega muy bien un drive angulado pero falla en el paralelo? ¿Es rápido para
llegar a la red pero lento para cambiar de direcciones?
¿Tiene un gran primer saque pero no tiene segundo servicio? ¿Es
consistente con su revés salvo cuando es atacado? ¿Sube a la red en las bolas
cortas? ¿Puede hacer un buen approach y sabe jugar con topspin o slice?
¿Tiene un passing de revés? ¿Cuán malo es su revés? ¿Y qué le pasa bajo
presión?
Busca patrones en su juego. ¿Cómo gana los puntos? ¿Cómo pierde los
puntos? ¿Cómo es su estilo de juego?
Observa un set y haz un seguimiento. Cuando pierda o gane un punto,
anota. Recuerda lo que hace en un game point o en un set point. Verás un
patrón de debilidades y fortalezas. Es parte de lo que usarás antes del partido
en tu preparación y durante el partido al decidir cómo jugar.
Conócete a ti mismo (y a tu estilo de tenis)
Haz contigo lo que haces con los demás. Aprende sobre tu propio juego. Tal
vez pienses que conoces tus fortalezas y debilidades, pero quizás no seas tan
malo (o tan bueno) como crees. Toma nota después de un partido o pídele a
un amigo que vea un set y detecte quién le hace qué a quién.
Toma una clase con el profesor del club. Pero no la clase que sueles tomar.
Siéntate con un café y pregúntale qué le diría a otro jugador para que te gane.
¿En qué punto eres vulnerable? ¿Cuáles son tus puntos fuertes? Que analice
tu juego (y el de tu rival, ya que están ahí). Y págale por su tiempo, es tan
valioso como pegar pelotas.
Cuando juegues con un amigo haz un seguimiento del partido. Descubre
cuántas doble faltas, errores no forzados y tiros ganadores pegas.
Créeme que esto tiene una importancia vital para un jugador pensante. De
hecho, una compañía en Florida empezó a fabricar una computadora de
bolsillo que permite hacer eso. El Tennis Analyst da la información de por
qué ganaste o perdiste. Si estabas demasiado ocupado para escribirlo, ese
dispositivo hará el seguimiento por ti. Es la manera de reconocer la
importancia de saber qué le hace qué a quién.
“Un tonto es alguien que no sabe lo que no sabe”.
Anónimo
Creo que los deportistas más eficaces son aquellos que conocen sus
debilidades. Por supuesto, saben lo que pueden hacer. Pero casi tan
importante como eso: saben lo que no pueden hacer.
La Serpiente fue un hermoso ejemplo de eso. Conocía sus limitaciones y
trabajaba alrededor de ellas. Sabía que no podía lanzar largo, entonces trabajó
el pase de las catorce o dieciocho yardas hasta la perfección. Sabía que tenía
pies lentos, entonces cuando hacía un paso atrás y conseguían atraparlo,
aceptaba el castigo en lugar de arriesgar un error estúpido en una corrida.
Buscaba los huecos y, si no estaban, aceptaba que lo derribaran. No
arriesgaba errores intentando algo que sabía no podía hacer. Stabler era un
deportista muy inteligente. Maximizaba sus fortalezas.
Pero, casi tan importante como eso: Kenny Stabler minimizaba sus
debilidades. (¿Les resulta familiar? Maximizar, minimizar). Y era duro como
el demonio. Tienen que amar esa combinación. Ganó el Super Bowl con los
Raiders Durante los ochenta, Joe Montana hizo lo mismo. Sabía lo que podía
hacer y sabía lo que no podía hacer. Intenté llevar esos mismos valores a la
cancha de tenis y tú deberías hacer lo mismo.
Una mejor comprensión de tu juego (con el aporte del profesor del club) te
traerá mejores resultados. Tendrás un entendimiento claro de lo que tienes
que trabajar. Tus tácticas en la cancha serán más calculadas y menos
aleatorias.
Toma notas durante y después de la clase
También recomiendo que saques el anotador durante un cambio de lado y
anotes la información de lo que ocurre en el partido. Cuanto más seguido lo
hagas, más te servirá como una computadora que ingresa información acerca
de quién le hace qué a quién.
Y, por supuesto, el mejor momento para guardar la información es justo
después del partido. Siempre dedica un pequeño momento para repasar lo
que acaba de suceder en el partido. Califícate con una nota y llega a alguna
conclusión sobre lo que hiciste bien y mal. Agrega información sobre tu
rival. ¿Por qué ganó o perdió? Es asombroso cuán perceptivo puedes ser si
solo se decides a enfocarte en eso.
Al haber recolectado todo esto antes, durante y después del partido, podrás
usarlo para su ventaja. Ya llegaremos a eso.
Las conclusiones equivocadas
Mantuve mi libreta con mis informes hasta 1986. Después me di cuenta de
que estaba demasiado influenciado por mi convicción de que podía ganar
cualquier partido. Ante cualquier jugador que consideraba peor, pensaba: “No
hay manera de que pierda contra este tipo. ¡Juega como un plomero!”.
Mi reacción hacia Wilander fue un ejemplo. No pensé que era un plomero,
solo que no tenía nada especial. Una actitud errónea para encarar un partido.
O hacía lo opuesto. Veía a Becker y pensaba: “Maldita sea, no hay manera de
que pueda ganarle a este tipo. ¡Juega fantástico!”. No es bueno entrar a un
partido pensando que no puedes ganar.
No quería asumir ninguna otra cosa que no fuese que la única chance que
tenía de ganar un partido era entregando todo lo que tenía, física y
mentalmente, que tendría que pelear como el demonio cada partido. Entonces
dejé de analizar a los jugadores. Le pedí a mi entrenador, Tom Chivington,
que me relevara. Empezó a hacer mi scouting y me comunicaba su análisis
del jugador antes de cada [Link] hacer tus propios informes,
concéntrate en lo básico. Fortalezas. Debilidades. Patrones. Errores no
forzados. Tiros favoritos en determinadas situaciones. Puedes hacerlo
mientras miras un partido. Puedes hacerlo después de un partido. Pero hazlo.
Al saber “quién le hace qué a quién” podrás capitalizar una tremenda ventaja.
A continuación, un gran ejemplo de cómo usé esa ventaja para ganarle a un
buen amigo.
La combinación de la cerradura de Krickstein
En un torneo de Brisbane, Australia, enfrenté a Aaron Krickstein. Nos
llevábamos bien fuera de la cancha y más de una vez nos habíamos entrenado
juntos, pero durante el partido era solo otro tipo que trataba de sacarme el
dinero del fondo universitario de mis hijos. Como cualquier otro jugador que
enfrentaba, trataba de mandarme a casa de una patada. No era difícil
motivarme para enfrentarlo, pero sí era duro recibir esa bazuca que Aaron
tenía como drive. Controlaba el partido con winners de fondo y muy a
menudo no me quedaba otra que estar a la defensiva.
Durante muchos años no tuve mucha suerte ante Krickstein porque no
podía darme cuenta de cómo neutralizar su potencia. Me entretenía por el
medio de la cancha hasta que me abría hacia algún lado, para rematarme con
un winner. En Brisbane estaba haciéndolo de nuevo.
Entonces ocurrió algo que llamó mi atención. Pegué un slice corto de revés
que aterrizó sin intención del lado de su drive. Corrió y la devolvió. Pero
nada especial, solo un drive de rutina en lugar del monstruo que normalmente
liberaba. Lo intenté de nuevo al rato. Esta vez pegué con intención un tiro
suave y corté de slice su drive. Corrió. Devolvió con nada de potencia y la
pude devolver tranquilo. En mi cabeza se encendió una luz.
¿Había descubierto algo? A Krickstein le encantaba plantarse en el fondo
de su campo, donde la pelota le llegaba más mansa y podía sacudirla con ese
spin poderoso y yo le estaba haciendo el favor. Pero con un slice suave que
aterrizara justo antes de la línea de saque, perdía su tiro favorito. No podía
tomar la pelota desde abajo porque ya estaba abajo. Significaba que no podía
maniobrar con el topspin. Y era suave, entonces no podía usarle el ritmo.
Pegaba desde una posición incómoda y andaba a las corridas.
No lograba pegar un tiro que me forzara y nunca un winner. Lo que me
daba era una bola jugable, a la que le pegaba con un drive profundo a su
revés. Él entonces se encontraba de repente fuera de posición jugando un tiro
que no era su primera elección. Haría una devolución débil y yo estaría ahí
esperando. Desde ese momento fue fácil.
La recompensa
Apliqué parte de la fórmula, como tú deberías hacer con tus rivales. Había
minimizado la fortaleza del gran drive de Krickstein desde el fondo y
maximizado su aspecto más débil del juego. De repente me encontré
llevándolo a que intentara superarme con un revés que no era tan fuerte en
lugar de hacerlo con su extraordinario drive. Cuando hice el descubrimiento
me ganaba 3-2. A partir de ese momento gané seis games seguidos, lo derroté
en sets consecutivos y me llevé u$s 32 400. Al saber “quién le hace qué a
quién” y ser capaz de capitalizarlo, encontré una solución a su arma letal.
¿Pensarán que soy algo denso por no haberme dado cuenta antes? Estaba
tan preocupado por su drive que nunca se me había ocurrido que debía
intentar incomodarle la posición, sobre todo más cerca de la red. Lo descubrí
por accidente. Pero una vez que lo hice, lo aproveché en su totalidad.
Así fue entonces como usé la información acerca de un jugador en contra
de ese jugador. Reconocer. Analizar. Capitalizar. Ahora déjame darte la
combinación de las cerraduras de los jugadores que sueles enfrentar en los
torneos, los partidos de práctica o tu cita habitual de los martes. Cuando te
enfrentes a un estilo en particular o a un problema, sabrás cuáles son tus
mejores opciones para capitalizar.
Siguiente: qué hacer y cuándo hacerlo.
8
Destruye el plan de juego de tu adversario
Identifica el problema
Tú sabes cuáles son los rivales que te presentan más problemas, el rival cuyo
estilo de juego o con la clase de tiros que te supera con mayor frecuencia.
Puede ser un jugador de saque y volea o un pasador. Puede ser un zurdo que
siempre te trae dolores de cabeza. Puede ser alguien muy rápido en la cancha
o uno con un primer saque excepcional. Y por supuesto, también habrá
jugadores con una combinación de esas habilidades.
Todo jugador, del nivel que sea, tiene al menos un rival que lo incomoda.
Pensarás: “Su juego no combina muy bien con el mío”. Ese rival para mí era
Ivan Lendl. Nunca pude ganarle. En mi última cuenta estaba en cero. Para mí
era la versión tenística de Darth Vader. Incluso mi hijo Zack me dio un
dinosaurio de juguete para que llevara en el bolso cuando me tocaba enfrentar
a Lendl. “Quizá lo asuste, papá”, me decía. Ojalá lo hubiera hecho. Cuando
Ivan me veía entrar a la cancha debía ser difícil para él que no le cayera baba
de los colmillos. Me ganó dieciséis veces seguidas.
En el circuito, ganarle a esa “némesis” es aún más difícil, porque los
profesionales desarrollan su juego a tal nivel de excelencia que es muy difícil
encontrarle las grietas. Incluso cuando quedan forzados a mantenerse lejos de
sus golpes predilectos, sus demás recursos aún son demasiado buenos. Por
eso me resultaba tan difícil ganarle a Lendl.
Cuando lo forzaba a abandonar su plan A, me ganaba con su plan B. Y
estoy seguro de que Ivan no tenía plan C. Por suerte, no tuve que ganarme la
vida enfrentándolo sólo a él. Tampoco tú. Sin embargo, existen esos rivales
que te generan dolores de cabeza como los que él me generaba a mí. Y ante
esos jugadores, ten en cuenta lo que sigue.
El típico jugador aficionado o de fin de semana tiene una sola dimensión.
Es bastante fácil de descifrar. Por lo general tiene un solo tiro que le gusta y
en el que es bastante bueno. Juega con cierto estilo y se apega a eso. Hazles
perder el estilo y apártalos de su tiro favorito y vas a ganar, porque su
siguiente alternativa no está cerca de ser tan efectiva. De hecho,
probablemente sea bastante mala. ¿Entonces cómo hacerlo?
Primero, las malas noticias
Esta es la verdad: algunos días no podrás hacer nada dentro de la cancha. No
serás capaz de darlo vuelta. Tu rival aplicará con éxito su estilo y perderás.
Atacará con éxito tus debilidades, te hará jugar el partido a su ritmo y
perderás. Algunos días no podrás ganar, hagas lo que hagas. Esa lección la
aprendí al enfrentar a Lendl.
Ahora, las buenas noticias
Te cuento otra cosa que aprendí y que aplicaba cada vez que competía en una
cancha de tenis. La mayoría de las veces hay una manera de ganar. Tienes
que descubrir cuál es. Los jugadores aficionados no creen esto. Tú
probablemente no lo creas. Y si no lo haces, es porque caíste en una trampa
muy común.
No sobreestimes ni subestimes
La mayoría de los jugadores aficionados encara un partido pensando de
manera equivocada.
Asumen que los golpes estéticos significan algo. Asumen que un mejor
estado físico significa más de lo que realmente es. Asumen que, si el rival
tiene más habilidades naturales o más experiencia, tiene más probabilidades
de ganar. Piensan que los enfrentamientos del pasado determinan los
resultados del futuro. Esta clase de razonamientos te lleva a perder, porque
conduce a conclusiones equivocadas.
Fue por eso que dejé de hacer mis informes y los delegué en mi entrenador.
Empecé a hacer conjeturas acerca de quién iba a ganar o perder. Empecé a
sobreestimar y a subestimar a los jugadores. Como resultado, asumía tanto un
triunfo como una derrota. Dar por hecho un triunfo hará que pierdas, y
esperar una derrota, también.
Lo único que quería asumir era que podía ganar cualquier partido ante
cualquier rival si trabajaba duro físicamente en la cancha. Pero, más que eso,
podía ganar si trabajaba duro con la cabeza. Cuando entraba a un partido,
llevaba mi casco y mi almuerzo, para trabajar como un obrero. Llegué a
pensar que ganar o perder dependía del rival. La mayoría de las veces
dependía de mí. Y depende de ti también.
Pero si esto es cierto, ¿por qué nunca le pude ganar a Lendl? Simple. Tuve
mis chances y las dejé pasar. En la parte III del libro, acerca de la psiquis, te
explicaré cómo un tipo como Lendl trataba primero de ganar con su raqueta.
Si eso no le funcionaba, lo hacía con astucia deportiva. En esos días en que
yo podía ganarle con el físico, me vencía desde el aspecto mental o
emocional. Era un maestro para eso. El punto es que podría haberle ganado,
pero él sabía cómo retomar el control del partido cuando parecía que se le
escapaba.
Al saber “quién le hace qué a quién” uno está en posición de considerar sus
opciones y de capitalizar la mejor. Más adelante te contaré cómo sacar
ventaja de los siguientes tipos de jugadores, tiros o situaciones que suelen
traer problemas en la cancha. Incluyen:
El pasador.
El jugador veloz.
El que ataca tu revés.
El sacador.
El devolvedor de saques.
El jugador de saque y volea.
El saque basura.
El sacador zurdo.
El bombardero.
El pasador
Sabes quienes son los pasadores que te toca enfrentar. Y tal vez tú seas uno
de ellos. No te sientas mal. A mí también me han acusado de ser un pasador.
Un partido que jugué ante Boris Becker en las semifinales del torneo ATP de
Cincinatti en 1989 fue descripto como “un hombre que persigue a una gallina
con un palo por noventa minutos”. Yo era la gallina. Boris tenía el palo.
Esa descripción pudo haber sido precisa, pero la gallina ganó el partido en
tres sets, devolviendo cada pelota una y otra vez. Ese día fui un gran pasador.
De hecho, gané el torneo con triunfos sobre Sampras, Chang y Edberg.
Pongámonos de acuerdo sobre qué significa ser un pasador. La variedad
pasador se queda en el fondo y devuelve todo lo que le llega. No usa ritmo.
No usa profundidad. No usa efectos. No usa ángulos. No tiene toque fino.
¡Pero te vuelve loco!
Todo vuelve. Persigue cada bola y lo hace sin cansarse. Está casado con la
línea de fondo y puede quedarse ahí todo el día. A medida que perfecciona su
juego, puede desarrollar efecto, profundidad y/o ritmo. Pero su plan básico de
juego se mantiene: devolver todo lo que venga.
El moonballer18 es una variante del pasador, un refinamiento. Harold
Solomon perfeccionó ese estilo y Andrea Yeager fue bastante bueno
también19: pegar bolas muy por encima de la red, profundas y con topspin
extremo. Thomas Muster y José Higueras usaron después ese mismo estilo20.
Se paraban allí atrás y lanzaban esos tiros duros y cargados de topspin, que
picaban a la altura del hombro.
Las bolas altas son frustrantes porque hipnotizan. Estás parado ahí y antes
de lo previsto dejas de pensar. El moonballer repite la bola sin errores una y
otra vez. Se parece al pasador común porque pone a prueba tu paciencia. La
principal distinción entre el moonballer y el típico pasador es que el
moonballer repite el mismo tiro todo el tiempo: es el gran repetidor.
El estilo de juego del pasador puede ser muy efectivo ante un rival que no
sabe cómo quebrarlo y que se frustra tanto como Boris se frustró conmigo.
Hacia el final del partido en Cincinatti todo lo que Boris quería hacer era irse
de la cancha y tomar algo para el dolor de cabeza. Estaba listo para perder.
La variedad del pasador aficionado
Así se ve en el nivel de clubes. Estaba viendo un partido de mayores de
cuarenta en mi club en San Francisco, después de un entrenamiento. Uno de
los jugadores era un clásico pasador. Su nombre era Mason Grigsby, apodado
el Gran Grigsby, porque era muy consistente desde el fondo. Pasé por
casualidad cuando ocurrió el siguiente punto. En el intercambio de tiros, su
rival jugó un buen drop shot y el Sr. Pasador, el Gran Grigsby corrió hacia la
red. Pensé que no tendría ninguna chance de devolverla, pero llegó y la pasó
hacia el otro lado.
El Gran Grigsby quedó entonces en posición de cerrar el punto en la red,
pensaba. Pero para mi sorpresa (e incluso antes de que su tiro aterrizara del
otro lado), giró y volvió hacia la seguridad de la línea de fondo. Un clásico
pasador. Había pasado de estar a casi un metro de la red a correr de regreso a
la línea de fondo sin siquiera molestarse por ver qué tiro iba a pegar su rival.
No quería saber nada con la red. El fondo era su zona segura. Ese estilo de
juego es típico del pasador y puede ponerte contra las cuerdas si no sabes
cómo contrarrestarlo.
Ganarle a un pasador es duro, porque los puntos parecen eternos y prueban
tu paciencia hasta el límite. Bjorn Borg y Chris Evert fueron los mejores de
todos los tiempos en ese sentido. Después hubo grandes exponentes como
Alberto Mancini, Todd Witsken y Michael Chang, antes de que incorporara
un poco de juego de red a su arsenal. Todos se especializaban en el estilo
“todo vuelve”.
Chang era particularmente duro, porque llegaba a todas las bolas. Sus
músculos en los muslos y las pantorrillas estaban tan desarrollados como si
hubiese tenido el doble de altura, lo que le daba una velocidad tremenda y
una excelente cobertura de la cancha, quizá la mejor del mundo. Decían que
de niño Michael podía correr más rápido que su sombra. El problema para mí
era que fuese más rápido que todos mis tiros. Sin embargo, la velocidad por
sí sola no gana partidos. Así es como jugué contra él (y le gané), y como
puedes aplicarle mi técnica a tu pasador favorito.
LA PACIENCIA ES EL MEJOR ALIADO
El éxito del pasador promedio se basa en el mismo principio que la tortura
china con agua. Es tediosa. Es repetitiva. Es lenta. Lo mismo ocurre una y
otra vez. Y te sacará de las casillas. A los pasadores les encanta ser un
frontón humano. Tírale una pelota y te la tirará de vuelta. Te superará en
velocidad. Te superará en tenacidad. Y sobrevivirá. Tu mente empezará a
irse.
Prepárate para sufrir
Si vas al dentista te preparas mentalmente. Te dices: “Va a doler, pero pasará
rápido”. Adoptas cierta mentalidad. Para el momento que escuchas: “Abre
grande la boca. Esto va a doler un poquito”, ya estás mentalmente preparado
para sufrir. Necesitas hacer lo mismo ante el pasador. Prepárate para sufrir. El
esquema mental adecuado es importante. Puede que no sirva para el
consultorio del dentista, pero en la cancha te resultará perfecto contra el
pasador.
Prepárate mentalmente para lo que haya por delante, porque el estilo del
pasador trabaja más que nada en tu cabeza. Frente a un jugador así, debes
entrar al partido sabiendo que cada peloteo va a ser largo. Tendrás que pegar
cuatro, cinco, seis, siete o más bolas de las que pegas con normalidad. Y
cuando pegues un buen tiro esperando un winner o una devolución
defectuosa, el pasador la traerá de vuelta. Mentalmente debes estar listo para
infinidad de pelotas de tenis por encima de la red. Sábelo. Créelo. Espéralo.
Aquí va el porqué.
Los pasadores pueden ser tediosos y repetitivos, pero también son muy
consistentes y pacientes. La consistencia es el primer activo de un pasador.
En cualquier nivel de juego es una herramienta valiosa. En el nivel de clubes,
entre jugadores promedio, puede ser más valiosa. La consistencia es difícil de
vencer. En el circuito hay que pegar winners para ganarle a otro jugador. Sin
embargo, en otros niveles, generalmente gana el jugador que mantiene la bola
en juego, ¡y vaya que el pasador la mantiene! Los errores no forzados
determinan más resultados que los tiros espectaculares. Esa es la clave del
juego del pasador, y también la clave para vencerlo. El juego del pasador
puede ser muy consistente, pero también muy limitado. Si eres pacientes y
sabes cómo sacar ventaja de su juego, puedes quebrarlo. Eso es lo que ocurrió
con Chang. Otros jugadores profesionales empezaron a explotar para su
ventaja su juego de pasador de fondo. Empezaron a neutralizar su velocidad
(más adelante desarrollaré esto) y a explotar su juego unidimensional. Hasta
que desarrolló su juego en la red y mejoró su saque, Chang no era difícil de
vencer. Después volvió a ganar.
Por qué pierdes con un pasador
El pasador te gana porque tú eliges el plan de juego equivocado. Cuantas más
pelotas vuelven, más frustración sientes. Te pones impaciente. Lo intentas
con más intensidad, con tiros cada vez mejores, más profundos, más fuertes,
más angulados. Terminas intentando tiros que no tienes ni jamás tuviste.
Intentas tiros que ni siquiera McEnroe intentaría. Pero el pasador te los sigue
devolviendo hasta que te complica por completo.
A todo esto, te sigue devolviendo la pelota, sabiendo que eventualmente
cometerás un error no forzado. O quizás te rindas y empieces tú también
simplemente a empujar la pelota de vuelta. Si es así, vas a perder. Él es mejor
empujando la pelota. Por eso es importante establecer la actitud, reconocer
que la paciencia es una gran aliada cuando del otro lado de la red tienes a un
pasador.
Después de haberte preparado mentalmente para un largo día en los courts,
con puntos que van y vienen, hay otras tácticas que pueden torcer el partido a
tu favor y en contra del pasador.
VE A LA RED
El objetivo principal frente a un pasador es hacerlo jugar algunos golpes de
tenis de verdad. En lugar de eso de “devolver” o “solo mantener el juego”,
querrás forzarlo a intentar algo específico. Quieres sacarlo de su zona de
confort. La primera manera de hacerlo es subir a la red. Aunque no te resulte
lo más habitual, debes ir a la red. Esto significa que cuando te toque una bola
corta (incluso una media), te dirijas a la red. Lánzate a la ofensiva, pero ataca
de manera correcta. En vez de intentar winners desde la línea de base u otros
tiros con bajo porcentaje de eficacia, sube a la red cuando se te presente la
oportunidad. Incluso cuando no se presente.
De esta manera molestarás al pasador, provocándolo a salir de su zona de
confort. Lo fuerzas a decidir qué tiro específico se supone que debe hacer.
¿Debe intentar un passing shot cruzado? ¿Debe pasarte con un paralelo?
¿Debe intentar un tiro al cuerpo? ¿Un globo? De pronto enfrenta el problema
de tener que tomar decisiones rápidas.
¡El pasador no quiere pensar en todo eso! Es mucho más fácil seguir
pasando la pelota una y otra vez hacia el campo muy amplio que le das
cuando te quedas en el fondo. Le das todo ese espacio para el error.
¡Quítaselo! Reduce sus opciones reduciéndole el blanco. Honestamente,
pienso que incluso si pudieras subir a la red sin la raqueta en la mano, le
ganarías algunos puntos al pasador. La sola visión de una persona ahí
adelante lo sacude un poco. Pero mejor si llevas la raqueta para el caso de que
logre pasar la bola por arriba de la red.
Una palabra de precaución. No estoy sugiriendo que subas a la red cada
vez que empieza un punto (salvo que estés cómodo al hacerlo). Sé selectivo.
En pelotas cortas, sube con regularidad. En pelotas de media cancha, si tienes
buenas chances de hacer un approach decente, considera subir. ¿En una
pelota profunda? Ocasionalmente, solo para lograr el efecto sorpresa. ¿Qué
tal en el segundo saque del pasador? Buena idea. ¿En el primer saque? Ahí
verás que empieza a sentirse incómodo. Te gustará lo que veas.
Por supuesto, lo que tratas de hacer es desacomodarlo, que esté pendiente
de ti en lugar de la pelota. Empezará a apurar tiros y a pegarle con error. De
pronto, empezará a darte el elemento que en el tenis aficionado es la clave de
la victoria: errores no forzados. El pasador que empiece a cometer errores no
forzados va a perder.
TRAE AL PASADOR A LA RED
Hay otra opción con el pasador, que también tiene el objetivo de sacarlo de su
zona de confort, forzarlo a abandonar su campamento de la línea de base.
Esta opción implica acercarlo a la red, como yo hice con Krickstein.
Traerlo cerca. Obligarlo a jugar algunos tiros en la red. Que te muestre si
tienen un buen approach, una buena volea de revés (muy pocas chances),
algunos smashes (imposible, si hay sol radiante), algunas voleas medias
(llámenme a mi casa, si mete alguna) y cualquier otra opción que se te ocurra.
Al intentar todo eso, el pasador deberá pasar de su plan A a un forzado plan
B.
Para conseguir esto tienes que pegar algunos tiros cortos. Si piensas que no
eres capaz de pegar ese tipo de tiros, practícalos. Recuerda, lo hiciste por
accidente infinidad de veces. Ahora inténtalo a propósito. Porque una vez que
lo hagas con eficacia, tendrás tu trampa. El pasador odia a la red.
El Gran Grigsby intenta una volea
¿Recuerdan al Gran Grigsby, el pasador que atraían a la red? Aquí va el resto
de la historia. Después de haber corrido hasta cerca de la red y devolver la
bola profunda a su rival, corrió de regreso a su propia línea de fondo. El rival
volvió a jugar otro drop shot. El Gran Grigsby volvió a la carga por segunda
vez. Y otra vez pegó la bola por encima de la red hacia la línea de base. Y
otra vez se dio vuelta y corrió de regreso a su propia línea de base. El tema se
volvía interesante. Su rival tiró el tercer drop shot consecutivo. ¡Nunca había
visto a un jugador intentar tantos drop shots consecutivos y salirse con la
suya! Piénsalo. ¿Habría un cuarto?
No. El Gran Grigsby corrió hacia la red de nuevo. Por alguna razón,
finalmente decidió aprovechar su posición en la cancha y terminar el punto.
Entonces pegó una volea. O al menos quiero pensar que intentó una volea. A
juzgar por su golpe es muy difícil decirlo. No solo la bola se le fue ancha por
dos metros, sino que además pegó con su raqueta en la red. Ahí entonces
empecé a entender por qué seguía retrayéndose a la seguridad de la línea de
base.
Tres veces consecutivas fue llevado a la red. Dos veces volvió de
inmediato al confort de la línea de base. Actuaba como si fuese ilegal estar
cerca de la red. Después le pregunté por qué no se había quedado ahí la
primera vez. Me dijo (y esta es una llave para abrir el juego del pasador):
“Solo me siento cómodo en la línea de fondo”. Por lo que había visto, podía
entender su manera de pensar. Sácalo de su zona de confort y le ganarás.
MÁS SUAVE ES MÁS FUERTE
En la mayoría de los casos, el pasador se alimenta de la potencia de su rival.
Le encanta tomar lo que le suministras (energía en forma de una bola fuerte)
y devolverlo. ¡Cuanto más fuerte le pegues a la pelota, más le pegará él! Solo
que no es él quien le pega duro, sino tú. Y cuanto más duro le pegues, más
probable es que cometas un error. Solo deja quieta su raqueta (y con el nuevo
cuerpo más ancho es todo lo que tiene que hacer) y, como por arte de magia,
la pelota vuelve más fuerte. No es magia. Es física. Tira una bola hacia una
pared sin ningún efecto y volverá sin efecto. Tira una bola hacia una pared
con algún efecto y volverá con efecto. En el caso del pasador, él es la pared y
tú el efecto. La pared normalmente gana.
El jugador de mediano nivel que enfrenta a un pasador suele caer en la
trampa de intentar pegarle a la bola cada vez más fuerte para ganar el punto.
El pasador se sienta en la línea de base y bloquea bombazo tras bombazo. Le
encanta porque en algún momento te pasarás de rosca y cometerás un error.
En algún momento tirarás una por sobre el alambrado o hacia la red. Y el
pasador ni siquiera te dirá “gracias” por haberle hecho todo el trabajo.
PEGA PRIMERO EL SEGUNDO SERVICIO
Los profesores de los clubes suelen decir que los tenistas de fin de semana
tienen dos servicios: uno lento y otro más lento. Hay mucha verdad en eso.
Mientras en el circuito alguien como Goran Ivanisevic podía disparar un
saque de doscientos kilómetros por hora, un jugador aficionado apenas si
alcanza la mitad de esa velocidad. Entonces no te preocupes por conseguir
aces o winners de saque. Especialmente, ante un pasador. De hecho, frente a
él hay que pensar en términos de “segundo saque”.
Esto le roba ritmo, hace que él tenga que generarlo. Haz que de verdad
tenga que pegarle a la pelota. Eso no le gusta. Cuando intenta generar su
propio ritmo, verás que empiezan a aparecer los errores no forzados. Y si te
devuelve un saque suave, seguro el tiro le quedará corto. Cuando eso ocurra,
tendrán un boleto para ir a la red. Úsalo.
Sin intención de insultar
Déjame aclarar algo que puedes haber pensado cuando dije que Borg, Evert,
Chang, Krickstein y otros jugadores podrían clasificarse generalmente como
pasadores. Por supuesto que jugadores de ese calibre no se limitaban a
empujar la bola o bloquearla de regreso. No les quiero faltar el respeto
cuando los llamo pasadores. Llevaron ese estilo de juego hacia el máximo
nivel. Si sus contrincantes subían a la red, no les molestaba como al pasador
que te toca enfrentar a ti.
Cuando yo subía a la red ante Michael Chang, él tenía diez maneras de
superarme. El problema era que si no subía a la red, él me la devolvería hasta
la muerte. Lo enfrenté en unas semifinales y perdí 6-0 el primer set. Empecé
a subir a la red en el segundo set, ¡y estuve cerca de ganarle! ¿Por qué no
empecé a subir antes? Es lo que todavía me pregunto. En cualquier caso,
salvo que sean mejores que ellos en el tipo de juego que proponen, tienen que
encontrar una manera de vencerlos.
La próxima vez que juegues ante un pasador, lleva al partido algo de lo que
te sugiero. Date tiempo para acostumbrarte a las nuevas tácticas. Desarrolla
un sentido sobre cuándo hacer qué y qué funciona mejor para ti. Te gustarán
los resultados. A medida que te sientas cada vez más cómodo con eso, verás
que tienes match point a favor mucho más seguido que antes.
El jugador veloz
Cada tanto te enfrentarás a un rival muy rápido. Llega a todos los drop shots.
Cubre los globos. Los tiros que lo sacan de la cancha no le significan un
problema. Son como chinches de agua. Se escabullen por todas partes y tú
tienes que esforzarte cada vez más para lograr un tiro que no alcance.
Olvídalo. Llegará a todas las bolas. Y para el momento en que consigas tu
primer winner (y uno es quizá todo lo que consigas), es probable que ya
tengas una larga lista de errores no forzados.
Michael Chang tenía esa clase de velocidad. Jugaba bien abierto el drive
para subir a la red. El corría y devolvía. Con la volea se la jugaba hacia el
revés y ya empezaba a saborear el punto ganado. No había manera de que
llegara. Chang llegaba. Él además le pegaba. Él además me superaba con un
passing shot. Tremenda velocidad y cobertura. Muy rápido.
¿Quién sería tu Michael Chang, el jugador con una velocidad inusual?
Aquí les comparto un abordaje muy directo para minimizar su ventaja
NO DEJES QUE EL CORREDOR CORRA
A los jugadores veloces les encanta correr y les encanta pegarle a la pelota a
la carrera. Llévalos bien ancho a la franja de dobles y pegarán un buen drive a
la carrera. Y harán lo mismo del otro lado. Son realmente buenos en eso
porque, con su velocidad, llegan a un montón de bolas y tienen un montón de
práctica.
No dejes que use su velocidad. Apártalo de su activo. ¿Cómo? Juégale
profundo al medio. Házlo jugar cada más cerca del timonel. De pronto, en
lugar de correr por la pelota (que le encanta), los tiros lo obligarán a correrse
de la bola, escaparse de su camino. Atosígalo y no le dejes explotar su
velocidad. Piensa cualquier lugar donde el rival esté parado como el blanco y
a él como el centro.
Resígnate a no intentar más con tiros fuera de su alcance. Parte de su éxito
radica en la cantidad de errores que cometes en esos intentos de pegar tiros
que no alcance. No intentes dificultarle la llegada a tus tiros. ¡Hazlo más
fácil! Pégale hacia el rival y observa lo que pasa. Se pasará de rosca.
Empezará a pegar tiros fuera de ritmo. Empezará a devolver tiros débiles con
mayor frecuencia.
Pero recuerda que todas estas tácticas hay que usarlas con prudencia e
inteligencia. Cuando descubras algo que funciona, no lo uses con
exclusividad. Mézclalo con el resto de tu juego. Mantén al rival fuera de su
ritmo obligándolo a adivinar qué vas a hacer. Los resultados serán aun
mejores.
El ataque a tu revés
Una de las primeras tácticas de tenis que descubre o usa un jugador del nivel
que sea es el “ataque al revés”. Es el golpe más débil para la gran mayoría de
los jugadores aficionados. Si por algún motivo te toca jugar frente a un
desconocido al que no pudiste espiar, lo más frecuente es probarle el revés.
Es automático. La mayoría de los jugadores tienen mejor drive que revés,
incluyéndote a ti, y así será con los jugadores que enfrentes.
¿Entonces qué hacer cuando tu propio revés es cuestionable y te enfrentas
a un jugador que se aprovecha sin cesar de ese punto flojo? Hasta conseguir
una clase con el profesor para mejorarlo, ¿hay manera de minimizar el daño?
Sí, la hay.
SÉ CONSERVADOR CON TU REVÉS
Cuando tu revés está bajo ataque, el primer instinto es intentar un mejor
golpe que el que pueden alcanzar con confianza. Intentas mostrarse como
jugador avanzado, pero en lugar de eso te conviertes en jugador principiante.
Cuando tu rival va a la red, tu mente entra en cortocircuito: “Crisis. Peligro
en la red. ¡Haz algo!”. El problema es que tienes recursos limitados para
“hacer algo” del lado del revés. Tu cerebro le dice al cuerpo que haga más.
Aparece el pánico y le sigue un tiro desesperado que se va lejos o a la red.
En lugar de eso, hay que hacer lo opuesto. Piensa en “menos” y no en
“más”. Solo pasa la maldita bola por encima de la red y hacia el otro lado. No
te preocupes por pegar la gran devolución de revés. Sé conservador. Sé
paciente con tu revés. Tu primer deber es evitar el error no forzado. Como
primera medida, obliga a tu rival a probar un tiro extra, por lo menos a que
pegue una bola más.
En caso de que el rival le encuentre la vuelta para volear tu revés
conservador, piensa otras variantes. Pero primero hazle pegar la bola. Y haz
eso al no intentar con tu revés más de lo que puedas con él. Asegúrate de que
tu revés mediocre no cometa errores monumentales.
INVIÉRTETE AL DRIVE EN EL MOMENTO ADECUADO
Pensarás: “es demasiado obvio”. Te encantaría invertirte al drive en cada tiro
que recibas al revés por el resto de tu vida. Pero lo importante es entender
cuándo lo puedes hacer con mayor efectividad.
Si el rival le pega constantemente a tu revés pero sin ritmo ni profundidad,
tómalo como una invitación a pegar un drive. Inviértete y sacude la pelota.
Castígala. Cuando empieces a aprovechar esa oportunidad, el rival intentará
lastimar con un mejor tiro, con mayor velocidad y profundidad. Si lo
consigue, estás en problemas, pero si pudiera hacerlo con tanta facilidad, no
pegaría corto desde el primer momento. Aumenta la dificultad del tiro que el
rival tenga que pegar hacia tu revés.
Una vez más: la selección de tiros es importante. El jugador que busca
invertirse todo el tiempo se encontrará pronto en una trampa, fuera de balance
e incluso perdiendo más puntos de lo debido, sin mencionar que además
estará más cansado. Busca las oportunidades para invertirte en el revés
cuando a los tiros del rival les falte profundidad o ritmo.
Pero ten en cuenta esto: invertirte en la paralela del lado de la ventaja (para
un diestro) te puede dejar muy abierto y fuera de la cancha. En esta situación
debes ir por un winner o por un tiro que fuerce al adversario. De lo contrario,
el rival te puede poner en una encrucijada, porque tendrá todo el campo para
una devolución fácil. Invertirte en una bola del lado del deuce (o más cerca
de la línea central), te deja en el medio de la cancha y no necesitas sacar un
tiro tan ambicioso.
SUBE A LA RED
El rival no puede obligarte a jugar de revés si estás en la red. Incluso si tu
volea de revés es débil, debe ser mejor que el tiro de fondo en ese día
particular. Una volea débil o mal ejecutada, por lo general, se convierte en un
drop ganador.
Si estás perdiendo muchos puntos con el revés de fondo, ocupa una
posición en la cancha desde donde no tengas que usarlo. Busca tus chances y
sube a la red.
ATACA EL SEGUNDO SERVICIO
Hay otra manera de tomar la ofensiva antes de que tu rival tenga la chance de
presionar tu revés. Te permite la posibilidad (a veces menospreciada) de ir
rápido a la red. La mayoría de los jugadores no piensa en “atacar” el saque
rival. Sin embargo, si el segundo saque del rival es típico (lo que sería una
variación de una bola sosa), no te debería ser difícil usarlo como argumento
para presionar e ir a la red. Solo ubícate uno o dos pasos más adelante de lo
habitual. Cuando devuelvas el saque, de inmediato síguelo hacia la red.
Con esto sacas de circulación su revés vulnerable, al tiempo que fuerzas al
rival a probar un tiro más difícil.
Sé razonable. No intentes un winner con el segundo saque del rival. Busca
la colocación. Que la bola entre, y hasta puedes atacar el revés del rival. Un
giro radical es juego limpio. Observa si te gustan los resultados.
Recuerda que esto es lo que significa jugar al tenis. Probar y explorar.
Estrechar la puerta por la que un jugador puede atacar tus debilidades y
encontrar una manera de ir a la caza de sus puntos débiles.
NO OLVIDES EL GLOBO
Muchos jugadores cometen el error de pegar un tiro una y otra vez aun
cuando no funciona. A veces lo hacen durante todo el partido. Puede ser un
approach paralelo, un saque con slice, una volea de drive, un drive de fondo o
un smash. O un revés de fondo. No se rinden nunca con la esperanza de que
funcione. Si no te está saliendo, tienes que hacer algo diferente o perderás.
Hay un cierto momento en que es importante dejar de intentar lo correcto y
empezar a ganar puntos. Y para un revés que no funciona (cualquiera sea la
razón), hay una opción cuando los errores cuestan games: el globo.
Si tu rival sube a la red por el lado de su revés y no pudiste meter un
passing shot desde aquel tiro accidental en la entrada en calor, recuerda el
globo. Descubre si el rival puede jugar un smash. Hazlo una vez. Dos. Tres o
cuatro veces. Tal vez se maree de mirar hacia arriba y tenga que sentarse.
Que demuestre que puede pegar un smash. No una, sino varias veces. Y
preferentemente lánzala alto hacia su lado del revés.
Cuando un rival inteligente nota que tienes un problema en particular,
tienes que prevenir que empiece a explotarlo. Tienes que mantener la herida
superficial, lejos de la hemorragia, y podrás hacerlo si conoces y usas tus
alternativas.
El saque
Pregúntales a los expertos cuál es el tiro más importante en el tenis y te dirán
que es el saque. ¿Lo es? Tal vez, en el circuito profesional. Para jugadores
aficionados, la respuesta es más dudosa. ¿Con cuánta frecuencia tus rivales
consiguen aces o saques ganadores? ¿Cuántas veces su servicio los deja en
una posición tan favorable como para cerrar el punto? Más importante:
¿cuántas veces por partido mantienen el servicio? Probablemente no tantas
como debieran.
Los profesionales mantienen cuatro de cada cinco games de saque. Mi
propio porcentaje de mantenimiento era 77,9% y yo no era un gran sacador.
Pete Sampras y Michael Stich podían llegar casi al 90%. Para los tenistas
aficionados, el mantenimiento del servicio está por lo general en una
proporción 50-50. El saque puede ser el tiro más importante, pero para la
mayoría de los tenistas aficionados no lo es. Incluso entre las mujeres
profesionales el saque no es un arma tan importante. Para Martina
Navratilova (en su cumbre) y Steffi Graf podía serlo. Pero generalmente no
era un activo al que llamarían “el tiro más importante del tenis”.
No estoy siendo crítico. Yo mismo no era de controlar mi juego desde el
servicio. Sin embargo, era bueno para manejarlo y evitar que lo explotara el
rival. La clave era conseguir buenas colocaciones y porcentajes de primeros
saques.
La mayoría de los jugadores aficionados solo usan su saque para empezar
el punto. Es una de las razones por las que hay que tantos quiebres. El
servicio es el golpe más difícil de aprender y de pegar, sobre todo bajo
presión. La mayoría de las veces, tu servicio no hace mucho más que darle al
adversario la oportunidad de tomar la ofensiva. ¿Por qué? Porque para la
mayoría de los jugadores aficionados la devolución es un golpe mucho más
factible, más aun con raquetas más potentes. Sobre todo bajo presión.
Esto es porque resulta más fácil reaccionar que actuar, y la devolución de
saque es una reacción. Un swing corto (un movimiento intermedio entre un
swing y un bloqueo) puede poner de inmediato a quien devuelve el saque a
cargo del punto. Suma la cantidad de dobles faltas en momentos clave (una
manera de donar puntos y games), y verás por qué el saque no te resulta tan
ventajoso en tu juego como sí lo era para los grandes sacadores como Pete
Sampras, Michael Stich, Richard Krajicek o Goran Ivanisevic.
Si hay un tiro que se puede desarrollar para ayudar a la causa, ese es el
servicio. Puedo decir eso porque he visto infinidad de jugadores en los clubes
y parques públicos alrededor del mundo por más de veinte años. Si consiguen
un saque confiable, penetrante y con variantes, entonces estarán pronto
buscando nuevos rivales. Tus rivales se cansarán de perder contigo. Pero
buena suerte. Jimmy Connors sobrevivió toda su carrera sin tener un saque
amenazante, pero desarrolló la mejor devolución de saque del mundo (hasta
la aparición de Agassi) y ganó más de un centenar de torneos. Entonces,
mientras esperas por esa nueva gran arma (la que se convertirá en “el tiro más
importante de tu juego”), tienes algo más para pensar.
La devolución de saque
Te diré cuál es el tiro que puede convertirse en el más importante con un
mínimo de trabajo. Es la devolución de saque. Resulta mucho más fácil
mejorar ese aspecto que conseguir un gran saque. Con una sólida devolución
de saque le pasarás una constante presión al adversario, capitalizarás los
saques débiles y neutralizarás los buenos servicios.
La devolución de saque es una oportunidad de atacar a tu rival donde más
duele, arrebatarle la ofensiva y amenazarlo siempre con el quiebre. Un
jugador que lucha todo el tiempo por mantener el servicio es como un
boxeador contra las cuerdas. Solo se preocupa por sobrevivir. Saber que un
saque va a ser siempre neutralizado es un daño físico y mental muy
importante, como también saber que te sacarán ventaja una y otra vez, que
estarás siempre luchando para evitar el quiebre.
¿Cuán importante puede ser? Pregúntale a Connors. Fue capaz de
neutralizar el saque de su rival y trabajar este punto hasta transformarlo en su
ventaja. A nivel profesional hizo de la devolución de saque su tiro más
importante. Un año en Wimbledon enfrentó a Roscoe Tanner y soportó casi
veinticinco aces. Jimmy ganó el partido de todos modos. Aplicó grandes
jugadas en el resto de los saques y mantuvo los puntos en juego hasta que
pudo capitalizarlos.
Otro ejemplo demoledor es la final de Wimbledon 1992 entre Andre
Agassi y Goran Ivanisevic. Andre soportó treinta y siete aces. Eso equivale a
nueve games de aces. A eso hay que sumarle los winners de Goran y
seguramente se preguntarán cómo Andre se mantuvo en partido e incluso lo
ganó. Lo hizo porque era un monstruo en la devolución de saque, incluso
mejor que Connors, al menos según John McEnroe, un jugador con gran
servicio que los enfrentó a ambos.
Se produjo entonces una gran paridad entre en súper sacador que tenía más
de doscientos aces en el torneo y un gran devolvedor de saques. ¿Quién
ganó? El gran devolvedor de saques. Saber cuáles son tus opciones en una
devolución de saque puede producir resultados rápidos con poco esfuerzo.
Lo que quiero demostrar es cómo puedes capitalizar el saque rival cuando
sabes qué hacer con tu propia táctica de devolución de saque. Ya sea un gran
saque y volea, un débil primer o segundo saque, o cualquier otra cosa, serás
capaz de minimizar el servicio rival y maximizar tu devolución de saque.
Amarás los resultados.
El jugador de saque y volea
Los grandes jugadores de saque y volea son increíblemente duros de
enfrentar cuando encuentran su juego. Tipos como Edberg e Ivanisevic (y
McEnroe en su mejor momento) trasladan tanta presión a jugar tiros cada vez
mejores, que la balanza del partido se inclina a su favor de manera
indefectible. Una cosa es probar un passing shot de revés con la red cubierta
y cuando el partido recién empieza. Muy diferente es hacerlo en un set point
o en un match point. En los puntos claves, yo preferiría esperar una volea a
tener que intentar un passing shot desde la línea de fondo con alguien en la
red.
Stefan era uno de los jugadores más difíciles de enfrentar. Iba por el saque
y volea en cada punto. Te hacía intentar tiros difíciles una y otra vez. Más
allá de que su servicio no fuera tan rápido como el de Becker, el envión de su
swing lo situaba de un solo salto en el cuadrado de saque para la primera
volea. Y su volea nunca fallaba, parecía que disparaba un ataque de abejas.
No paraban de aparecer y de clavar su aguijón.
La cruel verdad es que si un jugador de saque y volea está en su día, lo
mejor es asumir que el partido casi seguro está perdido. Pero no hay que
rendirse sin pelear, porque hay tácticas que lo pueden alejar de su zona de
confort. Agassi las usó con éxito en la final de Wimbledon y tú también
puedes usarlas en tu nivel. No tendrás que enfrentar ataques como el de
Ivanisevic, pero tendrás rivales muy capaces de acompañar su saque y
causarte problemas. Aquí van algunas tácticas que puedes aplicar. Yo sé que
funcionan porque las usé cuando derroté a Edberg en las semifinales del
Abierto de Los Ángeles de 1991, cuando él era el número uno del ranking
mundial.
MIRA AL OBJETO CORRECTO EN MOVIMIENTO, CON CALMA
Cuando alguien empieza a atacar desde la red, la naturaleza humana te llevará
a mirarlo a él en vez de a la pelota. Eso ocurre en todos los niveles, A, B o C;
es un impulso automático ver al jugador que ataca. Pero no es el jugador el
que ataca, su pelota es la que ataca. El jugador no pasa la red, la pelota lo
hace. Mira la bola. Concéntrate totalmente en la pelota.
A los jugadores que entreno les enseño a ver la pelota lo antes posible.
¡Empieza a mirarla mientras todavía está en el tubo! Lamentablemente
muchos jugadores de todos los niveles se distraen al ver el cuerpo en
movimiento al mismo tiempo que la bola viaja por encima de la red. El foco
cambia de la bola al cuerpo.
El buen contacto es casi imposible mientras miras al jugador atacante con
un ojo y a la bola con el otro. Por eso muchas devoluciones se van anchas,
largas o cortas. Le donas el punto a tu rival. Yo lo sé porque lo hice muchas
veces, especialmente ante McEnroe. El subía algunas veces y otras se
quedaba en el fondo. Entonces te tomaba por sorpresa y de pronto veías a
Mac subir tras un saque. Ahí era cuando hacía todo lo que no debía. Sacaba
un poco el ojo de la pelota. Apuraba un poco la devolución. Y si incluso me
las rebuscaba para devolver por encima de la red, ahí estaba él esperando.
Con Edberg (que no dejó de ir a la red detrás de un saque desde que tenía
siete años), podías preverlo, por lo que era más fácil focalizarse en la pelota y
hacer el movimiento con normalidad.
Necesitas bloquear en tu mente al sacador, como José Canseco, el gran
bateador de los Texas Rangers, bloqueaba al pitcher. Solo veía la bola de
béisbol. Si no lo hubiera hecho, habría fallado todo el tiempo. Ted Williams,
el último bateador en conseguir un promedio de .40021 en una temporada,
decía que veía la bola con tanta nitidez que podía ver las costuras girando
mientras viajaba al plato. Así es como se mira un objeto en movimiento.
Notarás que algo ocurre cuando mirar a la pelota se convierte en algo
automático. Ves al sacador, pero en la periferia. Tu foco principal es la bola
de tenis. Con el correr del tiempo, cada vez más verás al jugador rival con un
nivel de visión “secundario”. Para muchos jugadores debe ser al revés. Ven a
su rival con el foco principal y a la bola en segundo lugar.
Cuando empieces a ver la bola con mayor claridad, recuerda mantener la
calma, evita el ataque de pánico. Con un jugador que se te viene encima la
tendencia habitual es apurar el swing, derrocharlo. Tiendes a perder equilibrio
y forma. Tu objetivo principal, el objetivo que producirá los mejores
resultados es conseguir un swing rítmico, controlado y consistente. El mismo
swing que tendrías si el sacador de enfrente no subiera a la red.
Con mejor foco en la pelota y un swing menos frenético tendrás mejor
contacto con la bola. Mira la bola, no a la persona que le va a pegar. No
descontroles el swing. Ahora estás en posición de empezar a hacer algunas
elecciones en tu devolución de saque, que pueden causarle algunos problemas
al buscador de la red.
PEGA UNA DEVOLUCIÓN SUAVE
Cuando un rival te ataca subiendo a la red, la respuesta natural es tratar de
pegarle bien fuerte, para que la pelota llegue antes que el jugador. Una
reacción natural, el impulso de “pelear o huir”. No puedes huir cuando te
atacan a la red, así que das pelea, y la respuesta normal cuando peleas es
tratar de golpearla más fuerte. Resiste. Quítale algo de velocidad a tu
devolución de saque. Resiste el impulso de pegarle fuerte y rápido.
Porque un swing fuerte y rápido causa errores. Si el pánico te lleva a
querer hacer algo de inmediato, perderás un punto. Más importante aun es
que el jugador de saque y volea sabrá manejar esa potencia y usarla en tu
contra: la resolverá con un golpe corto y angulado que te llegará incluso antes
de que termines tu swing de devolución.
Un voleador más flojo también tendrá alguna ventaja ante una devolución
potente. Simple: el error más común que se comete en la volea es pegarle con
un swing demasiado largo. Con una devolución fuerte no le das la posibilidad
de que cometa ese error. El otro simplemente empuña la raqueta, hace
contacto y volea con ángulo cambiado. Lo conviertes en mejor voleador de lo
que era.
Una devolución suave puede ayudarte a lograr algo que puede ser más
importante. Cuando tu rival llega a la pelota, esta ya estará cayendo por
debajo del nivel de la red (o por lo menos habrá empezado a descender). El
voleador tendrá que pegarle hacia arriba. Pegarle a una pelota debajo de la
red es mucho más difícil que por encima. Quizá John McEnroe podría incluso
generarle un ángulo imposible y sacarle un winner, pero dudo que tu rival del
día pueda hacerlo. Te aseguro que no le gustará una devolución suave y baja
que viene en caída. Su volea (si es que pueden sacarla) no será penetrante, no
será baja y no será un problema.
Obviamente también puedes hacer que la pelota se hunda bajo la red con
topspin. Es un tiro mucho más difícil de ejecutar, pero igual de efectivo.
Cualquiera funciona. Pero mejor aun, mézclalos. Cada tanto pégale con
menos fuerza. Variando tus tiros los mantienes adivinando.
BÚSCALE EL CUERPO A TU RIVAL
Cuando subía a la red frente a Ivan Lendl me aseguraba de tener al día las
cuotas de mi plan de salud. Lo llamaba el Terminator. Una de sus tácticas era
“buscar y destruir”. Podía tanto pasarte como derribarte. Por supuesto, la
mayoría de los jugadores del circuito podía lidiar con un tiro al cuerpo desde
la base, pero Lendl te pillaba cuando estaba bien cerca. Una vez me dio tan
duro que tuve tatuada en mi pecho la marca Wilson por una semana.
Pero es legítimo. Después de todo, un jugador que cubre la red reduce tus
posibilidades de escape. Te roba la cancha (con su cuerpo) y te fuerza a
buscar un objetivo mucho más chico. Una manera de escapar es ir hacia él.
Un defensor corredor en el fútbol americano generalmente trata de buscar a
los tackleadores. Cuando era necesario, Eric Dickerson22 agachaba la cabeza
y atravesaba al tackleador.
Ivan no tenía miedo de perforar a quien se le atreviera en la red, a su
manera. Quería que tuvieras en mente que podía jugarla cruzado. Podía jugar
paralelo. O intentar un globo. O podía ponerte la bola justo en el estómago a
ciento cincuenta kilómetros por hora. Podía hacer que alguien en la red se
viera como un tonto de muchas maneras. Y al impactar a su rival, le sumaba
otra opción por la que su adversario tenía que preocuparse. Tú puedes hacer
lo mismo. No seas amable.
El jugador que quiera acompañar su saque con una corrida a la red debe
considerar que no tienes miedo de acertarle a él. Significa que tendrá que
considerar una opción más.
¿Cuándo hacerlo? Hazlo cuando las otras opciones están limitadas, cuando
el voleador te haya cerrado los tiros más fáciles y te fuerce a hacer tiros más
difíciles para ganar el punto. En ese momento se convierte en juego justo.
Y no te lastimes con un swing exagerado. Cuando te digo “búscale el
cuerpo”, no me refiero a que te sacudas o hagas un swing pasado de vueltas.
Impacta de lleno a la bola, apunta a un swing de alta velocidad, pero mantén
el control. Muchos jugadores tienden a cachetear la pelota cuando quieren
pegarle más duro. Es todo brazo y mano. Rompe pero no quiebres.
Haz esto lo suficiente como para que el voleador tenga que adivinar todo el
tiempo. Una de las recompensas adicionales es que intentarán pegarle a bolas
que se van afuera. Porque la pelota les llega más rápido, porque el factor
sorpresa funciona, porque es más difícil de juzgar la distancia de la bola
cuando viene directo. Los jugadores suelen hacer un rápido swing a modo de
reflejo cuando la pelota va hacia su cuerpo, aunque sea una mala pelota.
Recuerda, de todos modos, la caballerosidad deportiva. No es apropiado
pegarle a alguien que está en actitud pasiva. En otras palabras, si pegas un
smash demasiado cerca o si tienes otra opción que sea un tiro fácil para un
winner, es inapropiado castigar a alguien sólo para captar su atención. Pero si
te están encerrando y te obligan a buscar tiros muy difíciles para sacar el
punto adelante, tu rival es un blanco legítimo. Pon la mira en su ombligo y
vuela.
DEVUELVE CRUZADO
Te doy una regla que se aplica de modo general siempre que devuelvas un
saque, pero sobre todo cuando el sacador te ataca subiendo a la red. Pega la
devolución cruzada cuando sea posible.
Devolver cruzado es una buena idea por la logística que involucra. Cuando
intentas devolver paralelo, haces entrar en juego los laterales. Coqueteas con
pegarle ancho. Que se vaya apenas afuera significa que perdiste un punto sin
siquiera hacer que el rival le pegue a la pelota. Además, como sabes, la red es
más alta en los lados que en el centro. Finalmente, si pegas en diagonal o
cruzado tienes más campo para acertar. Razones bastante sólidas para probar
cruzado si es posible. Más campo, menos red, sin paralelas.
Pero además hay una ventaja adicional para intentar el cruzado. Al
devolver en diagonal, el rival está obligado a una volea mucho más difícil. Si
la quiere al campo abierto (lejos de ti), tiene que pegarle paralelo. De pronto
tiene que hacer un tiro que le da menos campo, más red y que trae al juego la
línea de paralelas (esto se aplica tanto en la cancha de deuce como de
ventaja). O puede tomar la otra opción y devolverla al mismo lugar. Eso es
bueno, te ahorra una buena corrida.
Entonces, como regla general (especialmente en puntos importantes), juega
cruzado tus devoluciones de saque. Serás recompensado con más pelotas
tuyas que quedan adentro y más voleas falladas por tu rival cuando se
aproxima a la red.
APRENDE A AMAR EL GLOBO
Los jugadores aficionados suelen considerar el globo con desprecio cuando
les toca devolver, porque es un tiro que parece difícil en esa situación. Dale
una chance. Recuerda que ni siquiera necesita de un gran swing. Básicamente
tienes que bloquear el servicio rival usando la potencia del sacador. Siempre
intenta jugar el globo hacia el revés. Verás buenos resultados.
El factor sorpresa es lo importante en esta respuesta. El jugador de saque y
volea que espera recibir passing shots por los costados, buscará estar cada vez
más cerca de la red. Si cada tanto le juegas un globo, lo forzarás a protegerse,
a no cerrarse demasiado sobre la red. Cuando tengas en frente a alguien que
pretende acampar en la red, lánzale un globo hacia su revés. Lo pondrás a
prueba.
Esta es una respuesta que muy rara vez verás en el circuito, porque es muy
difícil hacer un globo desde el servicio de un jugador profesional, y porque
los globos suelen resolverse fácil en ese nivel. Pero entre aficionados, el
globo puede ser una opción útil para devolver un saque.
MEZCLA Y COMBINA
Las tácticas que sugiero funcionan. El jugador de saque y volea tiende a
ponerte a la defensiva y a hacerte correr. Nunca consigues un ritmo y todo es
reacción. Al sumar mis sugerencias a lo que haces de manera regular, serás
menos previsible, menos defensivo y tendrás más variantes. Obligarás al
jugador de saque y volea a esforzarse más para ganar un punto. Poco a poco
sus errores empezarán a acumularse. Será cuando ganes.
Además, ten en cuenta que los puntos, por lo general, terminan más rápido
en un juego de saque y volea. Puede ser extremadamente molesto tener a un
rival que gana los puntos tan rápido una y otra vez. Mantén la perspectiva.
Un punto es un punto, da lo mismo si es un ace o un rally de veinte tiros. Si
tu rival saca y volea y gana puntos, mantén la calma y resiste la urgencia de
pegar con furia.
Andre Agassi nunca perdió su calma cuando Ivanisevic le tiraba todos esos
aces durante Wimbledon 92. Andre siguió buscando sus tiros en la
devolución y no permitió que los winners en los saques de Goran le
quebraran la compostura. Deberías hacer lo mismo. Mantenerte en control
cuando tu rival empiece a cerrar rápido los puntos. Hazlo pegar una variedad
de tiros. No le regales nada. Si él puede sacar provecho de lo que hace
durante todo el partido, merece ganar. Pero no le des esa chance.
El saque débil
El jugador que le puede sacar ventaja del servicio débil de su rival tiene un
tremendo activo para aprovechar. En mi propio juego, mi saque llegaba a
funcionar en mi contra, y les explico por qué. Mi primer servicio era
suficientemente bueno. En un “buen” día, podía ser efectivo. Enfrenté a
Agassi en las semifinales de New Haven 1991, le hice quince aces y conseguí
una buena cantidad de winners, entonces le pude ganar 6-1, 6-2. Pero eso con
mi primer servicio. Mi segundo saque era otra historia.
El segundo saque me sacó de quicio. Durante toda mi carrera, tuve un débil
segundo saque. Fue algo que no fui capaz de superar. Había una pequeña
presión extra con ese segundo saque, especialmente en puntos importantes o
ante devolvedores que eran buenos para capitalizar mi debilidad. Mi segundo
saque apestaba, y realmente me costó ante jugadores que sabían cómo
aprovecharlo.
Lendl era el mejor (el peor) para mí. Era como Freddy Krueger cuando
esperaba mi segundo saque. Directamente se lo devoraba. Becker era otro que
se alimentaba de mi segundo saque. McEnroe también lo hacía, sin usar la
potencia como Lendl o Becker, pero tomaba la pelota bien temprano para
cortarla y cargar a la red. Sea como fuere, yo ya estaba a la defensiva.
¿Entonces qué ocurría? Para protegerme ante un jugador que atacaba mi
segundo saque, procuraba al menos meter el primero. Para hacer eso tenía
que sacarle algo. Hacer eso reducía su efectividad. Puedes ver la progresión.
Al saber cómo capitalizar un segundo saque débil (el mío), el receptor
(Lendl) me forzaba a cambiar el primer saque o a sufrir las consecuencias.
Por suerte, yo era bueno para trabajar mi primer saque, no necesariamente
con potencia, pero con buenas direcciones, consistencia y movimiento.
Maximizaba mi primer saque porque el segundo me hacía vulnerable.
Eso es lo que quieres hacerle a un jugador que tiene un segundo saque con
sabor a nada. Lo quieres forzar a ser más cauteloso con su primer saque.
Ese saque sin gracia es el que recibirás con mayor frecuencia como
aficionado. Ya sea un primer saque que no trae nada o un segundo saque
débil, verás seguido el saque sin gracia. Lo verás en los momentos más
importantes del partido. Es cuando el jugador que saca tiene más
probabilidades de estar nervioso y desarrollar el codo. La bola pasa del otro
lado con nada encima, sin velocidad, profundidad ni efecto. Es como ver caer
la arena de un reloj. El tiempo no pasa. Y es un parto sacarle ventaja. Ahí
tienes una oportunidad que te espera y que no puedes capitalizar.
El problema es que esa pelota que espera allí para ser devorada despierta la
bestia que tienes dentro. Sabes que la oportunidad toca la puerta. Pero en
lugar de abrir la puerta, la queremos destrozar a la fuerza. ¡Bang! Todo lo
fuerte que puedas. ¡Bang! Todo lo grande que puedas. ¡Bang! Todo lo
profundo que puedas. ¡Bang! Se va al tacho. Error no forzado. Una tontería.
En golf se diría: “un palo exagerado”23. Haces eso algunas veces y te vuelves
temeroso hasta cambiar de táctica.
Muy pronto te encontrarás viendo esa bola sin gracia y devolviendo una
bola sin gracia. Tenías una oportunidad delante de tus narices y se la
devolviste al rival. Le das vueltas al asunto. Cada tanto tomas coraje de
nuevo e intentas un golpe feroz ante uno débil. Al alambrado del fondo.
Entonces otra vez la devolución infantil. Hay una solución. Aquí están las
tácticas que deberías usar para capitalizar el saque basura.
MUÉVETE DENTRO DE LA LÍNEA DE BASE
Esperar un saque basura en el lugar habitual o detrás de la línea de base
significa que tendrás que correr hacia adelante para devolverlo. Al tener que
salir apresurado, vas a hacer más difícil el golpe. Párate dos o tres pasos
dentro de la cancha, dependiendo de cuán malo sea el saque. Ahí estás en una
posición desde donde solo tendrás que adelantarte apenas para pegar un
swing con normalidad.
MANTÉN LOS PIES EN MOVIMIENTO
Cuánto más fácil el tiro, más vago el jugador. No es que los receptores no
traten de matar la bola, es que dejan de hacer lo necesario para pegarle con
fuerza. Pretenden pegarle a la pelota con un swing repentino como si
quisieran cazar a un colibrí con una red para mariposas, todo muñeca y brazo.
Es como si el cerebro les dijera: “Esto no me hará transpirar. Un tiro fácil.
¡Un descanso!”. Cuando viene un saque basura, la tendencia es a dejarse
estar. Un mal modo de pensar.
La pereza se manifiesta primero en el trabajo de piernas. Veo pasos largos
o ni siquiera pasos. El jugador espera la pelota en su lugar o bien hasta el
último segundo para salir despedido a pegarle. En lugar de eso hay que
mantenerse en movimiento con pasos cortitos. Como hacían Lendl y Connors
para esperar un saque basura. Ligeros, rápidos y sobre los pulgares. Podían
llega a la bola con mayor consistencia, mucho mejor balance y mejor timing.
Empieza a mover los pies antes del lanzamiento. Mantén tus pies livianos y
sueltos cuando huelas que se viene un saque basura.
ACORTA EL GRIP Y EL SWING
El impulso de pegarle de más a esa bola fácil disminuye si acortas la
empuñadura por donde tomas la raqueta. El objetivo es acortar el swing y
mantener el control de la raqueta. He visto a jugadores acortar la raqueta
hasta quince centímetros. Eso es demasiado o al menos innecesario. Solo
mueve tu mano cuatro o cinco centímetros hacia la cabeza de la raqueta.
Tendrás más capacidad para controlar las cosas de ese modo. Y
psicológicamente la empuñadura más corta tiende a reducir el impulso de
exagerar el swing.
PÉGALE CON LA RAQUETA, NO CON TU EGO
Incluso si sigues los consejos anteriores, es probable que empieces a
acumular errores no forzados si no puedes controlar el impulso de matar a la
bola. Lo llamo el síndrome de los “ojos grandes”: el jugador visualiza al
saque suave que espera ser destruido, los ojos se sobresaltan con anticipación
y la mente hace cortocircuito. ¿El resultado? Un error no forzado. Mantén los
ojos en tu cabeza. Solo quieres hacer una buena devolución. Pégale entonces
con tu raqueta, no con tu ego. Eso va para cualquier tiro flojo, voleas,
smashes, tiros de fondo. Maneja tus tiros. La potencia es menos importante
que la colocación. Cuando veas que viene ese segundo saque infantil,
convierte en prioridad la colocación de la devolución hacia el lado débil de tu
rival. Cuando del otro lado de la red tu rival vea que capitalizas con éxito y
consistencia esos segundos saques débiles, empezará a quitarle algo al primer
saque. Lo habrás hecho cambiar su juego. ¡Ventaja para ti!
El saque del zurdo
El jugador zurdo tiene dos ventajas cuando tú eres diestro. Una en la cabeza y
la otra en la cancha. Primero veamos esta última.
Para un zurdo, el lado más sólido de la cancha es el de la ventaja. Es el
lado desde el que puede sacar su revés con mayor facilidad. Pueden sacarte
de la cancha si son capaces de sacar bien abierto. El saque más fuerte de un
diestro ante un zurdo es en el lado del deuce. Porque es más fácil sacarle al
revés de un zurdo en el lado del deuce con un saque con efecto.
Entonces está todo empatado, ¿no? Por un lado, tienes una ventaja para el
saque (el lado del deuce) y, por el otro lado, el zurdo tiene su ventaja (el lado
de la ventaja). El problema para los diestros es este: la mayoría de los puntos
de ventaja se dan con más frecuencia en el lado de la ventaja que en el lado
del deuce. ¿Cómo piensas que recibió ese nombre? Esto significa que en cada
partido el zurdo tiene más oportunidades de puntos para el game en el lado
que favorece a su saque. Puede sacar a los diestros de la cancha en esos
puntos que cuentan más.
Un jugador diestro tiene mucha más dificultad cuando trata de explotar al
zurdo en el lado de la ventaja. Si intentas mover al zurdo abierto hacia el lado
de la ventaja, te verás obligado a pegar un saque más difícil (con menos
campo, la red más alta y un ángulo más difícil). Incluso si prosperas, la bola
le sigue llegando al drive del zurdo (se supone su golpe más fuerte). Si sacas
a su revés, dejas a tu rival zurdo en el medio de la cancha. No son las mejores
opciones cuando quieres empezar bien el punto.
Una vez más tendrás que reducir las ventajas que tiene el zurdo
minimizando su fortaleza. Aquí va cómo hacerlo.
SÉ UN GATO CALLEJERO
Si enfrentas a un zurdo con una consistente habilidad para sacarte de la
cancha del lado de la ventaja mediante un servicio ancho a tu revés, tendrás
que hacer trampa. Me refiero a que tendrás que moverte más cerca de la
calle24 de dobles del lado de la ventaja. Cuando empiezas a hacerle trampa
del lado del revés, reduces de manera notable el objetivo al sacador. Acércate
a la calle (incluso todavía más con unos pasos hacia la red) cuando recibas
ese saque.
Un gráfico para el tenis
Esto lo explicará mejor y se aplica a todo lo demás. Depende de la posición
en que estés durante un punto, resignas partes de la cancha en mayor o menor
medida. Pienso que es como los gráficos de torta en el USA Today25. Si te
paras en el centro exacto de tu línea de base, el rival tiene dos partes iguales
de la torta para pegarle: el lado del deuce y el lado de la ventaja. Si te mueves
a la derecha, ¿qué ocurre? El lado izquierdo de la torta se agranda. Si vas a la
izquierda, el lado derecho se agranda. Por supuesto, un lado más grande es un
objetivo más fácil para el adversario.
Entonces, cuando enfrentes el saque de un zurdo en el lado de la ventaja
muévete hacia la izquierda y déjale una porción fina de la torta en el lado del
revés y un buen trozo de torta en el lado del drive. Harás que le sea más
difícil sacarle a tu revés, abrirte de la cancha. Lo tientas con más campo en el
lado de tu drive, pero para sacar ventaja de eso tendrá que pegar un saque
plano más difícil hacia el centro.
Probablemente hagas este ajuste de cualquier modo. Lo que te sugiero es
que te “sobreajustes”. Que no sea en secreto. Que no sea a hurtadillas. Hazlo
en grande. Hazle saber a tu rival que estás sacando ventaja de la situación.
Fuérzalo a sacar a tu drive. Fuérzalo a sacar al centro de la cancha del lado
de la ventaja. Y fuérzalo en los puntos importantes, cuando tengas dos o tres
puntos de ventaja. En un 0-40, párate en la calle (o incluso fuera de la línea
de dobles). Observa lo que hace. Te encantará. Haz algún ajuste si te lastima
con el saque al centro. Encuentra una posición para recibir en la que el otro
tenga problemas para sacar hacia tu revés y tampoco pueda sobrepasar tu
drive.
Estarás perturbando su rutina preferida. Le quitarás lo que más le gusta
hacer y lo forzarás a aceptar una opción secundaria. Le niegas la chance de
hacer valer rutinariamente su punto fuerte contra tu costado más débil. Lo
fuerzas a practicar un saque más difícil hacia tu lado más fuerte. Eso es
exactamente lo que quieres conseguir.
Ahora, las consecuencias. ¿Recibirás algún ace por el medio? Por
supuesto. Pero desafía a tu rival a hacer esa maniobra. El zurdo verá esa
enorme porción de torta que le concediste y empezará a cambiar su juego. Al
principio se tornará codicioso y buscará el ace con insistencia, como para
darte una lección: “No puedes evitar tu lado del revés conmigo, amigo”.
Recuerda, lo estás desafiando. Perturbando. Examinando. Si no hace el ace,
la bola será out o quedará en tu zona preferida. Si entra, sacude la bola. El
zurdo tendrá que decidir si intenta hacia el lado de tu revés, aunque le hayas
dado una tajada estrecha para acertarle. Un par de fallas e intentará de nuevo
ir por el centro.
Si justo ese día está afilado, tendrás que resignar parte de la calle que
recuperaste. Tendrás que cederle una porción de torta más pequeña del lado
del drive. Pero es más probable que empieces a ver errores. Empezará a
dirigir su saque a esa pequeña apertura en el lado de tu revés (cometiendo
faltas) o a quemar la bola al centro buscando un ace. Le habrás hecho
cambiar su juego de algo que funcionaba en tu contra a algo que no es tan
efectivo.
¿Funciona todo el tiempo? No, pero funciona lo suficiente como para ser
un factor disruptivo que puede cambiar el juego del rival, sobre todo si no
paras de ajustarte. Cambia todo el tiempo tu posición para que el rival tenga
que reaccionar a lo que tú haces y no del otro modo. Sigue cambiando el
gráfico de torta. Una vez haz la maniobra cuando te puedan ver. La siguiente,
muévete justo después de que haga el lanzamiento y no pueda verte. Quítale
el foco de la pelota a la que intenta pegarle y muévelo hacia ti. Especialmente
en el 40-0 o 0-40. Ahora puedes refregárselo en la cara.
NO LE DES CRÉDITO A UN ZURDO
Entonces el zurdo tiene una ventaja en la cancha con la que tienes que lidiar.
¿Qué decir de la ventaja psicológica? Esta segunda ventaja es algo más sutil,
pero muy común. Tanto entre aficionados como en el circuito profesional, los
jugadores suelen estar fuera de eje cuando tienen que enfrentar a un zurdo.
Nos ponemos bajo su mira y estamos más dispuestos a perder. Yo solía
preocuparme mucho. Sentía que McEnroe o Connors tenían tanto ya de por
sí, que agregarles esa ventaja de ser zurdos era injusto.
Mientras Connors no maximizaba su potencial en el saque, McEnroe sí lo
conseguía. Su saque con ese movimiento en forma de gran gancho era
infernal. Viajaba abierto (el abrelatas), picaba bajo y te sacaba de la cancha
hacia las tribunas. Intenta devolver un winner mientras estás sentado en la
primera fila de asientos. Difícil. Por eso de solo pensarlo ya entraba en un
marco mental perdedor.
Lo que tenía que hacer era decirme a mí mismo que el lado de la ventaja
podía minimizarse de algún modo. Que podía reducir la efectividad de su
mejor saque con una posición adecuada. Desde ese momento pensaba que el
zurdo y yo jugábamos en igualdad de condiciones. Lo simplificaba. Dejaba
de decirme que el zurdo tenía tremenda ventaja a su favor. Dejaba de
preocuparme porque sabía que el zurdo estaba en desventaja cuando yo
sacara del lado del deuce.
Lo mejor que puedes hacer para neutralizar la ventaja psicológica es
enfrentar a muchos zurdos. Acostumbrarte a saber que, cuando pegas un
drive hacia el lado del deuce ante un zurdo, va hacia su revés y
probablemente su lado más débil. Si tiras un globo paralelo del lado del
deuce, irá sobre el lado de su revés. Las tácticas que usas habitualmente se
invierten ante un zurdo. Cuando incluyas más zurdos en tu agenda regular de
partidos, verás cómo esa supuesta ventaja se evapora.
La puesta en práctica ante McEnroe
¿Recuerdan el partido ante McEnroe por el Masters 1986 en el Madison
Square Garden? (Se retiró por seis meses después de que le gané). El motivo
por el que gané ese partido fue que apliqué la estrategia que les acabo de
explicar. Había perdido con él algunos meses antes, pero en un partido
ajustado. Perdí 4-6 en el tercero, pero por primera vez sentí que podía
derrotarlo. Pensé mucho en eso cuando supe que tenía que volver a
enfrentarlo en el Madison.
En mi preparación para el partido decidí llevar a cabo exactamente lo que
expliqué. Intenté ocupar la calle de dobles del lado de la ventaja cuando él
sacaba. A eso le agregué unos pasos hacia la red para el segundo servicio.
Sabía que al adelantarme me vería más agresivo. Fue acertado. Si McEnroe te
sentía dubitativo era como si oliera sangre y sacaba ventaja de tu indecisión.
En ese partido tenía dos metas: eliminar su saque tipo abrelatas en el lado
de la ventaja y ser más agresivo. ¿Qué ocurrió? Para el final del segundo set
su saque había empezado a debilitarse. Intentaba forzarlo al centro del lado
de la ventaja (le daba esa mayor porción de la torta) y empezaba a fallar. No
mucho, pero fallaba de todos modos. Resultaba muy desafiante para él que yo
me parara en el medio de la calle para recibir su primer saque. Solo para
tentarlo a que fuera al hueso. Y ese día no pudo hacerlo tanto como para
lastimarme. Erraba tanto que tuvo que resignarse y empezar a jugarlo a mi
drive. Entonces empecé a mezclar mis devoluciones, quemando una vez y
jugando suave la siguiente. Eso lo mantuvo fuera de eje.
Había minimizado su arma más fuerte y estaba obligado a intentar
vencerme con algo diferente. La mayoría de las veces, Mac podía ajustarse,
pero no esa noche en el Madison. Si funcionó contra él, créeme, funcionará
contra el zurdo que tengas que enfrentar.
El bombardero
El incendiario. El bombardero. El saque con un montón de carga. En estos
días, al menos en el nivel profesional, los saques son más rápidos y más
potentes. Las nuevas raquetas convierten cualquier pelota confusa en un misil
balístico. De hecho, las pelotas de tenis parecen diferentes a la de algunos
años atrás. Pienso que son más duras. Eso, combinado con las raquetas
nuevas, significa que hay más poder de fuego para los sacadores. Stich,
Krajicek, Wheaton y otros jugadores jóvenes cambiaron el tenis con esa
potencia. No es solo el resultado de sus movimientos de saque.
Sobre césped se puede convertir casi en una broma. En la final de
Wimbledon 1991 entre Stich y Becker, ¡el punto promedio duró menos de
tres segundos! En la semifinal de ese año, Stich derrotó a Edberg y Edberg
nunca perdió su saque. El poder del servicio.
Cuando me encontraba con un rival al que ese día le salían todas,
disparando aces como si nada, no había mucho que pudiera hacer. Me refiero
a que para devolver un saque primero hay que verlo. Cuando la pelota llega a
doscientos kilómetros por hora me pasa antes de que pueda parpadear. Es
como la historia del cowboy que dice tener la pistola más rápida del Oeste.
Alguien en el bar le dice: “Prúebalo, amigo”. Entonces el cowboy se para,
pone sus manos encima de las pistolas y se queda quieto. Cinco segundos
después dice: “¿Quieres verlo de nuevo?”. Así era recibir la bola de fuego de
Pete Sampras. “¿Quieres verlo de nuevo?”. Y mi respuesta era: “¡No!”.
Resulta muy improbable que alguna vez recibas un saque que supere la
barrera del sonido. Pero te tocará enfrentar algunos servicios lo
suficientemente fuertes como para ponerte a la defensiva, que te forzarán a
cometer errores o devoluciones débiles. En esas situaciones hay algunas
tácticas importantes para tener en mente que yo usaba cuando era necesario.
MUÉVETE TRES PASOS ATRÁS
Cuando alguien te supere con un tiro o un estilo en particular, es importante
cambiar lo que vienes haciendo. Darle una visión diferente al jugador que
está dando un paseo del otro lado de la red. Hazlo reaccionar a lo que tú
haces. Eso es cierto en casi cualquier situación en el tenis y en esta también.
Cuando alguien aparece con un saque que no puedes manejar, cambia tu
posición en la cancha para recibirlo.
Primero, da algunos pasos para atrás. No caigas en la mentalidad de macho
que piensa: “Aquí me planto. ¡No me importa lo fuerte que sea tu saque!”.
No seas orgulloso. Desplázate hacia atrás. Tal vez solo un metro y medio. La
distancia extra puede darte mayor poder de reacción ante la bola.
MUÉVETE TRES PASOS ADELANTE
Después muévete más cerca. Ubícate más adentro de la línea de saque de lo
que estés habituado. Intenta bloquear la pelota. Acorta la empuñadura y haz
contacto frente a tu cuerpo. Por supuesto, la idea es interrumpir el ritmo
parejo que tiene el sacador. Lo haces pensar. Intentas hacerle cambiar lo que
está haciendo. Y créeme, moverte hacia adelante o hacia atrás hará eso.
Cuando un sacador ve que te acercas, como desafiándolo, el resultado es
predecible. Intentará pegarle más fuerte. Y cuando te desplaces un metro y
medio detrás de la línea intentará sacar ventaja de los ángulos disponibles,
más abiertos hacia cualquiera de los lados. En ambas situaciones, ¿ves lo que
ocurre? Lo hiciste cambiar de juego.
Suena demasiado simple, ¿verdad? Pero funciona. Bjorn Borg se ubicaba
más de tres metros detrás de la línea en Wimbledon y lo ganó cinco años
consecutivos. Michael Chang poco menos que se ubicó dentro de la línea de
saque obligado por los calambres y forzó a Lendl a una doble falta en un
match point en Roland Garros. Michael hizo un verdadero embrollo en la
cabeza de Lendl con esa maniobra. Sí, funciona.
ACORTA TU RAQUETA
El gran saque llega demasiado rápido. No tienes tiempo para reaccionar.
Mucho más difícil es si para pegarle debes hacer un swing completo con la
mano en el extremo del grip. Haz la raqueta más manejable, acortando la
empuñadura un par de centímetros hacia la cabeza. Tendrás mejor control y
serás capaz de moverte más rápido hacia la posición.
CORTA TU SWING POR LA MITAD
Cuando te sientas aporreado por un gran saque, acorta tu swing. Piensa en la
mitad de tu swing. Si eso no funciona, piensa sólo en bloquear el servicio.
Agassi bloqueó el saque y consiguió winners varias veces para obtener su
primer título en Wimbledon. Usa el ritmo que provee el adversario y solo haz
buen contacto. Esto es muy efectivo en todos los niveles de juego y
usualmente ignorado por los jugadores aficionados. Ellos quieren pegarle
fuerte a una pelota fuerte. Por eso hay tantos tiros fallidos, tiros demorados y
puntos regalados.
Métete con su mente
Si eres capaz de disminuir la efectividad del mejor servicio de tu rival,
realmente has dado un gran paso para ganar el partido. Si es un zurdo con un
buen saque abrelatas, haz trampa en la calle y fuérzalo a superarte por el
medio. Si juegas ante un diestro que puede golpearte por el medio en el lado
del deuce, muévete hacia tu izquierda y concédele una porción estrecha de la
torta para que pruebe tu revés. Y mezcla.
Si alguien te supera con consistencia con su saque, tienes que trabajar la
mente del rival. Muévete a tu nueva posición cuando te pueda ver (pero antes
de que ajuste el movimiento previo al saque). Luego muévete después de su
lanzamiento mientras no pueda verte. Saltar de un lado a otro con la sola
expectativa de distraer a tu rival es muestra de poco espíritu deportivo. Pero
moverte con el propósito de tomar una nueva posición es una acción de juego
legítima.
Le quiebras el ritmo, el acompasamiento mental. En vez de pulverizarte
con un saque en particular, lo llevas a que busque superarte con algo más.
Cuando veas un partido por televisión piensa junto con quien recibe.
Observa cómo se posiciona para forzar al rival fuera del saque con que hace
daño. Luego ve y hazlo en tus propios partidos.
Siguiente: reconocer las oportunidades durante un partido (el olor a sangre).
9
Los siete puntos de ventaja escondidos
Dinámicas mortales
Los jugadores aficionados tienden a considerar la mayoría de los puntos y
games de un partido como si fuesen prácticamente iguales. El segundo punto
del game es equivalente al cuarto, 15-15 no es diferente de 30-30. El tercer
game del primer set no es diferente de un 4-4 en el segundo set. Con la
excepción de los puntos de ventaja, casi todo resulta lo mismo en una escala
de importancia. (Nota: para abreviarlo, llamaremos puntos de ventaja tanto a
los break points como a cualquier punto de ventaja. Es decir, cualquier punto
con que se pueda ganar un game es llamado punto de ventaja).
Sin embargo, hay diferencias significativas en el impacto específico que
algunos puntos y games pueden tener en el clima y resultado de un partido.
Hay ciertos momentos del partido que son dinámicos y volátiles. Tienen un
peso psicológico y estratégico que pueden contribuir a tu causa o dañarla.
Los puntos de ventaja llaman la atención
Sabemos que un punto de ventaja presenta una oportunidad. El jugador que la
concreta, gana el game. Es la clase de oportunidad que desde el peor jugador
al primero del ranking mundial entienden de la misma manera. En un punto
de ventaja (especialmente para el set o el partido), uno transpira, el corazón
empieza a bombear y la presión sanguínea sube. Al menos, eso debería
ocurrir. Muchos jugadores se despiertan en un punto de ventaja porque está
en juego un game, para ellos o para su rival.
Como todos reconocen el impacto de un punto de ventaja, los jugadores se
excitan un poco cuando llega. No van a encontrar muy seguido a sus rivales
desprevenidos. ¿Cuándo fue la última vez que ganaste un punto de ventaja y
no sabías lo que estabas haciendo? (“¿Eso fue por el game?”). Raro. ¿Y si fue
por el set? Nunca. Lo mismo se aplica a la gente contra la que juegas. Los
puntos de ventaja llaman la atención. Son obvios y se los trata con respeto.
Aprender el momento: “el tesoro dormido”26
En mi propio abordaje sobre cómo construir un triunfo buscaba esas
dinámicas o “situaciones de impacto” que eran subestimadas por mi rival.
Los puntos de ventaja no estaban incluidos porque los jugadores están alertas.
Sin embargo, hay momentos importantes durante un partido que afectan
significativamente la dinámica del juego pero no son apreciados. Los llamo
los puntos de ventaja escondidos. Son situaciones que permiten al jugador
acceder a la oportunidad de un punto de ventaja, producir o interrumpir una
dinámica, restablecer su presencia o continuar el dominio del partido en
instancias críticas.
Por lo general, hay momentos que tu rival no considerará que otorgan una
recompensa especial. Cuando aparecen, tu rival está dormido y el tesoro,
descuidado, sobre todo entre aficionados. Ahí es cuando puedes hacer algo
realmente bueno por el solo hecho de estar alerta al potencial de la situación.
A eso lo llamo aprender el momento, reconocer la importancia dinámica de
las coyunturas cruciales de un partido.
Si estás atento, esos puntos y games subestimados pueden tener un
tremendo impacto en el devenir del partido. Si no haces más que
reconocerlos cuando ocurren (y ocurren con frecuencia), tendrás una ventaja
significativa. Y si los juegas con inteligencia, tu porcentaje de triunfos
aumentará.
Tu sistema de seguridad en el tenis
Cuando llegan esos momentos, una alarma se dispara en mi cabeza. Solo
conseguir un comienzo dominante puede tener un gran efecto en lo que sigue,
sabía que esas oportunidades escondidas o subestimadas podían tener una
gran influencia en el partido. Quería reconocerlas cuando llegaran, estar
alerta y capitalizarlas de la mejor manera posible. Aquí van algunas de las
que durante estos años reconocí como especialmente importantes para mí,
oportunidades en las que no quería que mi mente fuera a la deriva, cuando
quería estar totalmente conectado y jugando un tenis inteligente.
Los siete puntos de ventaja escondidos
1. El punto puente.
2. El game puente.
3. Los games que mandan.
4. Estirar una ventaja.
5. Evitar que el partido se escape.
6. Tácticas para el tie break.
7. Cerrar un partido.
Estas son situaciones específicas que aparecen, que deben ser reconocidas y
requieren de máxima atención. Te las traduzco.
1. El punto puente27
Para algunos profesionales (los que nunca ganan dinero de verdad) y para la
mayoría de los jugadores aficionados, hay dos tipos de punto: los puntos de
ventaja y el resto. Error. Yo considero como un momento clave el punto que
me permite acceder a mí o a mi rival a la ventaja, porque ofrece una gran
recompensa. Esa recompensa es la oportunidad de ganar un game. Llamo
punto puente a cualquier punto que precede a un punto de ventaja. Los
puntos del 0-30, 30-0, 15-30, 30-15, 30-30 y deuce son todos puntos puente
para ambos jugadores.
Cuando estaba ante uno de estos puntos, las alarmas sonaban en mi cabeza,
sobre todo en el 30-30 (o deuce), cuando ambos teníamos la chance de dar un
paso y acceder a un punto de ventaja. Esos son los puntos a los que se les
puede sacar el jugo. Son una buena oportunidad porque deciden quién se
queda con la chance de hacerlo efectivo en el game. Y si es el set o el partido
lo que viene con ganarlos, el valor del punto puente se multiplica (pienso en
esos momentos como un súper punto puente).
Si gano un punto puente en el 30-30 o en el deuce, estoy a un solo punto de
ganar el game. Mi rival está a tres puntos. Una gran diferencia. Si gano un
punto en el 30-15 (para ir a 40-15), la diferencia es aun mayor.
Psicológicamente es todo positivo. Ganarlo me permite moverme a una sólida
posición mental, esté sacando o recibiendo. De hecho, entre aficionados lo
más normal es que si tu rival está al saque y tú ganas el punto puente (para
llegar a la ventaja) puede que sea todo lo que tienes que hacer. Una doble
falta te puede dar el game.
Tengo claro que si tengo suficientes oportunidades de ventaja (y se las
limito a mi oponente), probablemente gane el partido. Y en los puntos puente
es cuando se crean esas oportunidades. En béisbol no puedes conseguir una
carrera hasta que vayas al plato con el bate en tus manos. En tenis no puedes
ganar un game sin una oportunidad de convertir. El punto puente puede darte
la chance de acercarte al plato (o mantener al rival lejos de hacerlo). Es muy
importante y tiene mi respeto.
Y lo que es mejor del punto puente entre aficionados es que el rival está
usualmente desprevenido del peso que carga. Tiende a jugarlo como
cualquier otro punto, sin una dedicación especial: el 30-15 no le llama la
atención, el 30-30 no lo pone en alerta. Su despertador es el punto de ventaja,
no el punto que le precede, el punto puente.
Entonces, asegúrate de que tu mente esté en foco, tu cuerpo preparado y el
plan en su lugar. Es ahí cuando tomas desprevenido a tu rival.
REGLA 1: ¡MÉTELA O DEVUÉLVELA!
Cuando llega un set point (sea para mí o para el otro jugador), presto
atención. El primer objetivo que tengo en mente es el siguiente: ¡meter la
bola o devolverla adentro! Esto significa que si estoy al saque, que entre. Si
recibo, devolverla dentro de la cancha, preferentemente a un lugar que fuerce
un tiro débil del rival. Resulta incluso más importante en un 30-30 o en un
deuce. Esos puntos requieren mayor precaución, menos casualidades.
Si estás 40-0 arriba y con el saque, te puedes dar el lujo de pegarle duro y
buscar tu ace del año. En el caso inverso, puedes intentar una devolución
espectacular. Pero no en el 30-30 o en el deuce. Deja que tu rival vaya por la
gloria. Al sacar con 30-0, el jugador tiende a no cuidarse porque piensa que la
ventaja es mayor de lo que realmente es. ¡Presta atención! Gana ese punto y
después tendrás tres oportunidades consecutivas. Que entre el primer saque,
evita la doble falta.
Es sorprendente cuán seguido los jugadores aficionados cometen doble
faltas o devuelven un tiro largo o a la red en un punto puente. Le dan así al
rival (o se la niegan ellos mismos) una oportunidad gratis por no entender el
significado del punto y lo que significa en la dinámica del partido. Eso es
tenis sin inteligencia.
REGLA 2: SÉ SENSATO DESPUÉS DEL SAQUE
Una vez que el punto está en juego, sé sensato. No vayas por los lujos ni
busques ser brillante. Evita los errores estúpidos. Es asombroso ver cómo los
jugadores aficionados buscan el “tiro milagroso” en el medio de un peloteo
en que ninguno de los dos jugadores tiene la ventaja. Eso puede estar bien
con una gran ventaja, más allá de que no me gusta verlo y detestaba hacerlo.
En momentos cruciales, un tiro arriesgado es síntoma de un jugador que no
entiende el juego. Deja que tu rival juegue sin cerebro cuando cuenta.
Esto no significa que tienes que jugar un tenis sin gracia. Significa que
debes manejar tus tiros, escapar a los riesgos innecesarios y a los bajos
porcentajes. Y esa es la estrategia que debes aplicar en los puntos de ventaja
escondidos.
La presión paraliza
Ganar el punto puente puede crear presión. Todos los jugadores se ponen
tensos cuando hay algo en juego. Perder los puntos puente puede poner en
peligro el game, el set o el partido. La presión se trasladará a tus golpes y a tu
confianza, y en cierta medida la presión paraliza a la mayoría de los
jugadores aficionados. Reconocer la importancia de ganar un punto puente y
abordarlo de manera correcta trasladará la presión hacia tu rival.
2. El game puente
Cada game que puede posicionar a un jugador a un solo game de ganar el set
es un game puente. Es similar al punto puente en el sentido de que por lo
general no se lo considera especial, es solo otro game. Pero es especial. No es
solo otro game, y lo voy a demostrar con la final de Wimbledon 1992.
Y el game puente en un 4-4 o 5-5, cuando ambos jugadores tienen la
chance de ponerse a un game para set, tiene un tremendo valor dinámico. Si
quiebras el saque, el otro puede sacar para set. O si mantienes el saque (en el
4-4 o el 5-5), tu rival tiene la presión de saber que si no mantiene el servicio
perderá el set o el partido. Saber que tienes que mantener el servicio porque,
si no lo haces, pierdes, es significativo para la mayoría de los jugadores
aficionados.
Puede ser una presión significativa también para un profesional. Todo lo
que debía hacer Goran Ivanisevic para mantenerse con vida en el quinto set
ante Andre Agassi en la final de Wimbledon 92 era mantener el servicio. Pero
Goran sabía que si no mantenía el servicio en el 4-5 perdía el partido.
¿Presión? Más allá de que acumulaba más de doscientos aces en el torneo y
treinta y siete solo en ese partido, ¡comenzó el game con cuatro saques
fallidos! En el match point, su primer servicio impactó unos 45 centímetros
debajo de la red. Esa es la presión de mantener el servicio o perder el partido.
Esa misma presión buscamos trasladar en un game puente.
Goran le dijo después a la prensa: “Por primera vez en el partido tenía la
cabeza en el aire. En lugar de pensar en mi plan antes del lanzamiento, me
puse a pensar cuando la pelota ya estaba en el aire y yo por pegarle”. La
presión lo hizo y fue la presión que se creó cuando Agassi ganó el game
puente. Andre lo entendió a la perfección cuando encaró el 4-4 en el quinto
set.
Agassi dijo después que quería “aguantar el tiempo suficiente para llevar a
Goran a pensar en eso, que tenía que sacar para salvar el partido”. Sabía que
una enorme presión caería sobre los hombros (y el codo) de Ivanisevic.
Andre jugó un game puente muy sólido y efectivo en el 4-4, lo mantuvo en
15. Jugó un tenis bien alerta, estable y sensato. Sin tiros riesgosos. Un
ejemplo clásico de cómo entender la dinámica de la situación. Debajo de ese
pelo largo teñido había un cerebro pensante como un viejo profesor de tenis.
Tú puedes hacer lo mismo en tus partidos, si prestas atención.
Cuando llega un game puente (especialmente en el 4 o 5 iguales) en tu
cabeza debería prenderse una luz roja con una señal: “Presta atención.
Subieron los intereses. No te descuides. Mantente alerta. La oportunidad
llama”. Tu nivel de concentración debería elevarse de manera considerable.
Cada punto acá es un gran punto. Cada punto ayuda o daña cada vez más.
EL CRÍTICO SÉPTIMO GAME NO ES TAN CRÍTICO
Tengo razones para no coincidir con la noción común de que el séptimo game
resulta crítico para un set. Es crítico si implica que un jugador quede a cuatro
puntos (un game) del set. Esto puede ser en el 2-4 o el 4-2. Pero no tiene tanta
importancia en el 3-3 entre aficionados. El game “crítico” en el set para mí es
el game puente, el que lleva a un jugador a corta distancia de ganar el set.
JUEGA COMO UNA BOA CONSTRICTORA
En esos momentos críticos del partido quería jugar como una boa
constrictora. ¿Saben cómo mata la boa constrictora? No aplasta a la presa, la
sofoca. Cada vez que la víctima exhala, la boa constrictora la aprieta apenas
un poco más. La presa no puede inhalar tanto en la siguiente respiración.
Cada vez que respira, inhala un poco menos. Pronto no podrá respirar para
nada. Sofocación. Nada espectacular. Solo presión constante. Y ese es mi
abordaje en los games puente, en los que ganar dejará a un jugador a cuatro
puntos de un set (o un partido).
No fuerces los tiros. No te impacientes. No intentes hacer algo de la nada.
Solo sigue apretando. Cuando jugaba un punto puente, trataba de que el otro
jugador cometiera errores, se impacientara o que fuera por el tiro brillante. Y
en un momento crucial, como cuando un podía quedar a cuatro puntos de
ganar el set por ganar el game, le ponía un premio a la constancia. Quería que
mi rival tuviera que luchar por todo lo que quería conseguir. Agassi jugó
como una boa constrictora cuando sacó en el 4-4 del quinto game.
La mayoría de las veces en el tenis recreativo los puntos puente o los
games puente se juegan sin compromiso ni consideración por su peso. Un
jugador que reconoce el potencial de esas situaciones no tendrá más que
pasar la bola por encima de la red. El rival le dará los puntos por su juego
descuidado y su manera descuidada de pensar.
3. Los games que mandan
Los primeros dos games del segundo set (el mejor de tres) son, para mí, los
games que mandan. Es cuando un jugador tiene la oportunidad de continuar
su dominio sobre su rival después de haber ganado el primer set, o bien
restablecer su presencia en el partido después de haberlo perdido. Esto es a lo
que me refiero.
Gana el primer set y las estadísticas dicen que deberías ganar el partido
(recuerda: eso ocurre 90% de las veces entre los profesionales). Pierde el
primer set y estarás en problemas. Sin embargo, hay una razón por la que la
competencia sigue después del primer set. Ganarlo no garantiza el triunfo.
Perderlo no necesariamente significa una derrota. Pero ganes o pierdas, esos
primeros dos games del segundo set afectan de manera significativa la
dinámica de lo que sigue a partir de allí.
REGLA 1: CUIDADO CON EL OSO HERIDO
Asumamos que ganaste el set inicial. Tu rival entiende que si aspira a dar
vuelta el partido va a tener un largo camino. Dependiendo de su actitud o su
temperamento, ocurrirá una de dos cosas. Puede estar algo descorazonado,
sentir que no es su día y dejar de intentarlo. Si así lo hace, ¡genial! Los
mansos podrán heredar el planeta Tierra, pero no ganarán muchos partidos de
tenis. Será mucho más probable que enfrente tengas a un oso herido. Y un
oso herido es peligroso. Lo lastimaste al haberle ganado el primer set. Ahora
su concentración será más aguda y su motivación será alta. Tiene que
funcionar algo mejor y lo sabe. Está preparado para pelear en el comienzo del
segundo set.
Para ti es crítico mantener el ímpetu que creaste al ganar el primer set. Por
eso hay que empezar de inmediato el segundo. Cerrarle al adversario la
puerta de la esperanza en el momento que está con más motivación y energía,
a la búsqueda de sangre rápida. ¡Sobre todo porque piensa que puede dar
vuelta el partido! Por supuesto que puede hacerlo. Un buen competidor
piensa que se puede recuperar de cualquier situación. Hay que minar esas
esperanzas con un comienzo seguro en el segundo set.
El perro que tenemos dentro
El espíritu competitivo es una cualidad interesante en un jugador. Todos la
tienen, algunos más que otros. Tu tarea es aplastar ese espíritu en el
adversario, destruir cualquier idea que tenga de ganarte ese día. Pero incluso
quienes suelen abandonar temprano tienen alguna reserva de espíritu de
pelea. Piensan que pueden ganar. En este caso, lo mejor es que no hace falta
demasiado para convencerlos de lo contrario, de que en realidad no van a
ganar. Un día nublado puede ser suficiente para desalentarlos. Para la
mayoría, hace falta más que eso para que piensen: “Hoy voy a perder”.
Cuánto más es lo que nunca se sabe.
Cuando tenía a Jimmy Connors enfrente, ese mucho era mucho más. Lo sé
por experiencia. Después de ganarle en sets corridos en el Masters 1987, casi
nos peleamos a trompadas en el vestuario. Empezó a gritarme que no le iba a
ganar nunca más (y tenía bastante razón). Que mi triunfo había sido un
accidente. Que yo no merecía ganarle. ¿Les suena familiar? Estaba allí en
calzoncillos, diciéndome que no podía ganarle cuando recién lo había
colocado.
Connors era un bicho raro, de cualquier modo. Pensaba que nunca debía
perder y quería que yo supiera que él no aceptaba la posibilidad de que yo le
ganara.
Pero te voy a decir lo siguiente: nadie que tú enfrentes piensa como
Jimmy. Después de haber perdido el primer set, muchos de tus rivales toman
el comienzo del segundo set como un barómetro de lo que viene. Si pierden
temprano, tal vez abandonen temprano. En cambio, si empiezan al frente,
piensan que están otra vez en partido. Muchos jugadores te ladrarán como
perros si tú no le muestras el palo.
Se puede ver incluso entre los profesionales. En el comienzo de su carrera,
Ivan Lendl era acusado de derrumbarse demasiado pronto. Decidía en
determinado momento (quizás al principio del segundo set) que no era “su
día” y tiraba la toalla. Goran Ivanisevic repitió el patrón una década más
tarde. Cualquier cosa podía molestarlo, un error de un juez de línea o
cualquier cosa, y decidía hacer el check out de la cancha.
Derrúmbalo y manténlo abajo
He visto, en cientos de partidos por torneo, que el comienzo del segundo set
es cuando puede ocurrir un gran cambio psicológico. Es un nuevo comienzo
para el rival que acaba de perder el primer set. Puedes aplastar ese nuevo
comienzo con un inicio fuerte. Incluso un jugador que suele abandonar puede
tener esperanzas, si empieza a repuntar en el inicio del segundo set.
Pero sobre todo cuídate del oso herido. Cuando ganas el primer set
convéncete de que creaste un gran problema: lastimaste a tu rival y lo
motivaste a ir por ti con más garra. Debes prestar atención o saldrás herido.
REGLA 2: CUIDADO CON EL ACAMPANTE FELIZ
O
NO FESTEJES ANTES DE TIEMPO
Los jugadores de todo nivel son susceptibles a relajarse un poco cuando
consiguen algo durante un partido. Pero saben que una de las leyes del tenis
es la siguiente: el momento en que es más probable que pierdas el saque es
cuando acabas de quebrarlo. No tiene que ver con la mecánica, sino con la
actitud. Un jugador que quiebra tiende a descuidarse. El jugador quebrado
juega más duro.
El final del primer set es cuando este ajuste de actitud ocurre de manera
más manifiesta. Ganar ese primer set crea un falso sentido de seguridad. El
jugador se transforma en un acampante feliz, relajado, complacido y
satisfecho. Con esta nueva actitud viene una declinación del sistema de alerta
mental y una sutil reducción del espíritu de competencia.
Cuando te conviertes en un acampante feliz eres vulnerable. Es cuando
juegas demasiado sueltos los games críticos. Cuando regalas ventajas. Un
verdadero campeón se pone más hambriento cuando va ganando, no se
conforma ni se relaja. Conocí a tres de ellos y los detallaré más adelante.
El oso herido y el acampante feliz marchan juntos
Por supuesto que el oso herido y el acampante feliz suelen aparecer juntos.
Cuando te sientes bien y cada vez más cómodo porque ganaste el primer set,
puedes apostar a que tu rival se siente herido y amenazado. Va a pelear duro
para volver al partido. Y de manera inversa, cuando tú estás herido y tu
sistema “en emergencia” (porque acabas de perder el primer set) tu rival del
otro lado de la red se regodea un poco, aliviado por estar arriba.
La ventana de la oportunidad: ¡ciérrala o salta por ella!
Si tu rival (después de haber perdido el primer set) se recupera y te quiebra de
inmediato, borra el primer set de su cabeza. Es historia. Piensa que el partido
está esencialmente empatado. Si su actitud era negativa, ahora es positiva.
Así de la nada, cambia el impulso. Y cuando el impulso pasa al otro jugador,
es complicado recuperarlo. No los dejes pasar a través de la ventana de la
oportunidad en el comienzo del segundo set porque te tomaste unas
vacaciones mentales. Ciérrala de un golpe con un tenis sólido y
manteniéndote alerta.
Por supuesto, también funciona a la inversa. Si perdiste el primer set, el
comienzo del segundo set es cuando buscarás contraatacar de inmediato o
restablecer tu presencia en el partido. Querrás sacar ventaja de la actitud más
relajada de tu rival e ir a buscarlo. Tu mayor ventana de oportunidad existe
justo en el inicio del segundo set: los games que mandan. Salta por la
ventana. Vuelve al partido.
McEnroe entendía la dinámica
McEnroe llegaba a trastornarse por este tipo de situaciones. Podía haber
ganado el primer set y estar en un buen nivel. Entonces su rival empezaba
fuerte el segundo set. McEnroe entendía que no había que darle ninguna
oportunidad, quería terminar de clavar el ataúd.
El público se preguntaba por qué McEnroe se volvía loco consigo mismo
cuando iba un set arriba y perdía el saque temprano en el segundo set. ¿Acaso
no tenía el liderazgo del partido? ¿No tendría varias oportunidades para
recuperar el quiebre? McEnroe entendía la dinámica de la situación. No
quería dejar de sujetar a su rival y sabía que la ventaja psicológica del primer
set se podía evaporar con un mal comienzo en el siguiente.
Sé un buen compañero de dobles para ti
El psicólogo deportivo Jim Loehr descubrió que una pareja profesional de
dobles se habla un promedio de ochenta y tres veces por partido. ¡ochenta y
tres veces! Eso es mucha charla y ni siquiera se discute dónde ir a almorzar.
Una de las cosas más importantes es hablar en esos momentos del partido en
los que se necesita estar más afilado y jugar con la cabeza arriba. Es fácil
olvidarse de eso en el fragor de la batalla.
En un single, nadie está ahí para recordártelo. Por eso debes ser tu propio
compañero de dobles. Háblate. Cuéntate qué está pasando y qué quieres
llevar a cabo.
Menciono esto porque el inicio del segundo set es un momento dinámico
del partido, uno de esos momentos en los que tienes que recordar que debes
estar alerta. Se puede conseguir mucho beneficio o daño psicológico. Si lo
sabes y recuerdas jugar de acuerdo con eso, vas a capitalizar el momento con
más asiduidad. Y eso no se aplica en particular a este punto de ventaja
escondido, sino a todo lo demás. Háblate a ti mismo. Sé tu propio coach.
Yo hacía exactamente eso. Si iba adelante en el marcador, me forzaba a
tener una mentalidad de lucha. No quería sentir ninguna sensación de alivio
por haber ganado el primer set. No quería estar cómodo. No quería disfrutar
el momento, sino estar asustado de lo que el rival pudiera intentar. De hecho,
me ponía nervioso cuando sentía que venía un momento de relajación. Quería
pelear, porque sabía que mi adversario iba a hacerlo.
En esas situaciones (y en los puntos de ventaja escondidos), procuraba
jugar un tenis “blue-chip”28, sin especular con tiros vistosos o tácticas
riesgosas. En ese momento recordaba la táctica de la boa constrictora: apretar
un poco. Entonces después apretar un poco más.
Esos games iniciales del segundo set pueden hacer que sea más fácil ganar
el partido si ganaste el set anterior. Pueden hacer que vuelvas al partido si lo
perdiste. ¿Acaso estas dinámicas no ocurren en el inicio del tercer set? No
generalmente. Empezar un set en el que ambos jugadores saben que pueden
ganar el partido si se lo llevan, por lo general, alerta y motiva a ambos
jugadores. Si uno de los dos sufre un rápido quiebre de saque, entiende que
solo tiene que recuperar un quiebre, no un quiebre y un set. Es una gran
diferencia psicológica.
(Admito que a veces el inicio del tercer set puede crear los mismos
peligros y oportunidades que el comienzo del segundo. En 1993 enfrenté a
Andre en la final del torneo de San Francisco. Ganó el primer set y debería
haber ganado el segundo. Me las ingenié para pelear y gané el tie break a
pesar de que él tuvo algunos match points. Me quebró de inmediato en el
primer game del tercer set porque yo me había dejado estar un poco. Estaba
muy feliz de seguir con vida. Desde ese momento, se montó sobre su ventaja
y me ganó con facilidad. Fui vulnerable en el inicio del tercer set y él sacó
ventaja de eso. (Pero por lo general ocurre en el inicio del segundo).
4. Estirando una ventaja
Mantener el liderazgo tras haber quebrado el servicio es, por lo general, más
difícil que conseguir la ventaja en primer lugar. En realidad, ampliar la
ventaja es todavía más difícil. Otra vez, tiene que ver con toda la psicología
que está involucrada. Es el hábito que muchos tenemos de ponernos cómodos
después de haber conseguido algo, así sea ganar un set o quebrar un saque.
Pero este es el momento en el que un jugador alerta meterá su cabeza otra vez
en el juego.
Cada vez que quiebras, debería volver a sonar una alarma dentro de tu
cabeza. Concéntrate en ese primer game después del break como el game más
importante del partido. Pon la bola en juego y manténla en juego. Quiero
jugar un tenis más sólido, sin equivocaciones, sin errores no forzados, sin
tiros estúpidos. Quiero apretar a mi rival más y más. Quiero elevar el grado
de dificultad de los golpes que el rival tiene que hacer para vencerme. En ese
momento es cuando refuerzo el foco mental y me pongo más agresivo. Puedo
garantizar lo que el otro jugador hará. Quiere recuperar ese quiebre ya
mismo.
AGRESIVIDAD NO SIGNIFICA PEGAR MÁS FUERTE
¿A qué me refiero con agresivo? Cuando te digo que juegues con mayor
agresividad, pensarás que me refiero a correr más rápido, pegarle más fuerte e
ir a la red. Atacar.
Pero jugar más agresivo no necesariamente significa pegar más fuerte.
Puede significar pegarle más fuerte. Pero puede significar pegarle más suave.
Puede ser la colocación de un tiro (al fondo al medio o ancho). Puede ser el
tipo de tiro (topspin o slice). A lo que me refiero con jugar de manera más
agresiva es a estar mentalmente más alerta, consciente del significado de la
situación y a intentar no perder la ventaja con torpezas.
Refuerzo lentamente el nudo. Michael Chang y Emilio Sánchez-Vicario
eran expertos en este abordaje. Una vez que estaban arriba, solo esperaban a
que te fueras. Eran muy fuertes mentalmente con una ventaja. Era muy difícil
recuperar esa ventaja con ellos porque sabías que no te darían ni un solo
punto fácil.
Tienes que conocer tu propio juego. Si juegas mejor con el marcador
arriba, con menos tensión y presiones, entonces ve hacia adelante y presiona.
Si cometes errores con ese abordaje, mantén lo que te llevó a estar arriba en
primer lugar. Solo concéntrate en hacerlo mejor. Como dice el dicho,
mantenerse fiel a uno mismo29.
En cualquier caso, el factor primario es la alerta mental y entender la
dinámica de la situación. Tienes la ventaja con ese quiebre. Evita descuidarte.
No cometas errores estúpidos. No resignes la ventaja por pereza mental.
MI LEMA: NMA
Como ya mencioné, mi lema es NMA: “No Me Apuren”. Los tenistas suelen
acelerarse cuando van adelante (o atrás). Eso daña su juego. Es válido que se
sientan bien después de haber conseguido un quiebre. En ese sentido resulta
natural tratar de subir un poco el ritmo. Pero ten cuidado. Ahí es cuando
ocurren los errores. Una doble falta. Un winner de drive que se falla sin
sentido. Un approach en el momento equivocado. Bing. Bing. Bing. Perdiste
el quiebre. Entonces sé consciente. Piensa un poco más en lo que tienes que
hacer. No bajes el ritmo, pero tampoco lo subas.
Aquí va mi dispositivo “antiapuro”. Elegiré una marca en la pared del
fondo (frente a los asientos de los espectadores) o una marca en la cancha dos
o tres metros detrás de la línea. Entre punto y punto tocaré esa marca con mi
raqueta o la mano, o al menos le echaré un vistazo. Caminaré de nuevo hacia
allí, la tocaré y después volveré a la línea de base. Eso me impide saltar sin
cuidado al siguiente punto. Cuando tengo una ventaja quiero evitar los
descuidos.
LOS MEJORES PARA ESTIRAR UNA VENTAJA
Jimmy Connors, John McEnroe e Ivan Lendl eran los maestros absolutos en
el circuito cuando llegaba el momento de mantener y estirar la ventaja. Nadie
en el tenis se les acercó, aunque después Jim Courier mostró signos de que
quería formar parte de ese club. Cuando estaba 2-4 y break abajo ante Lendl,
la siguiente vez que veía el marcador decía 6-2, 3-0 para Lendl. Antes de
saber qué pasaba, él convertía el partido en una derrota. Connors y Mac
hacían lo mismo.
La mayoría de los jugadores no se alimentan de una ventaja como lo
hacían ellos. Había algo dentro de ellos que los hacía estar sedientos de
sangre cuando lideraban el partido. Era una de las razones por las que eran
grandes campeones. Cuando te tenían debajo y con su pie sobre tu cuello
tampoco estaban satisfechos. Querían poner los dos pies encima de ti. Y si
era necesario, saltar encima. Eran únicos. Y eran muy peligrosos.
Connors y McEnroe molían instintivamente a su rival todavía más duro
cuando les estaban ganando. Pienso que evitaban ser descuidados con una
ventaja porque disfrutaban la emoción de vencer a un rival más que la de
sentirse cómodos. Iban al cuello cuando tenían la chance. Cuando conseguían
un quiebre nunca pensaban en mantener solamente el saque para ganar el set.
Querían conseguir otro quiebre. Y otro quiebre.
No querían que hicieras otro punto. Lendl tampoco. Entraban en un frenesí
hambriento cuando tenían una ventaja. Asustaba el foco y la intensidad que
podían alcanzar. Courier lo mostró después en su juego. Pegaba más duro e
iban por más en momentos críticos, más que cualquier otro.
SÉ UN BUEN MENTIROSO
Pocos jugadores eran como ellos. Y como muchos otros, yo tendía a ponerme
cómodo con una ventaja. La razón es simple y sencilla. La presión nos hace
sentir incómodos. No nos gusta. Entonces nuestra mente encuentra cualquier
progreso como un motivo para dejar de preocuparse, sentir menos presión,
pensar y jugar con menor intensidad. Así, cuando recuperaba un quiebre
procuraba nutrirme con una actitud mental que me mantuviera en el modo
hambriento. Esto es lo que hacía: me mentía a mí mismo.
Pensaba: “Brad, estás un break abajo (aunque no estuviera). No te dejes
caer. Trabaja más duro. Tienes que recuperar el quiebre. Esto no va a ser
fácil”. Funcionaba. Sentía que tenía que pelear para recuperarme en lugar de
sentirme relajado con la ventaja.
De hecho, cuanto más grande la ventaja, más quería estar preocupado. Me
seguía diciendo que en caso de que no trabajara más duro iba a perder.
Cuanto más grande era la ventaja, con mayor conciencia trabajaba para estar
mentalmente conectado. Cuando estaba abajo ocurría de manera automática,
la alarma de emergencia se prendía sola. Cuando estaba arriba tenía que
trabajar para mantener la nariz en la pelea. Pienso que la mayoría de los
jugadores recreativos son de la misma manera.
Lo que hacían Connors, McEnroe, Lendl y después Courier es muy difícil
de conseguir, y no lo recomiendo. Ellos aumentaban el nivel de tiros que
intentaban. Se metían en el modo de ataque con una confianza maravillosa.
¿Escucharon la frase “proteger una ventaja”? No para esos tipos. Salían a
estirarla. Y lo hacían porque, de algún modo, cuando estaban arriba no tenían
miedo de empezar a arriesgarse. Y podían hacerlo sin muchos errores.
Mi abordaje es diferente y pienso que mejor para el tenis de un jugador
aficionado promedio. Casi todos los jugadores cometen errores cuando
empiezan a ser más agresivos y a pegar más duro. Mi objetivo era seguir
haciendo exactamente lo mismo que me había llevado a ese lugar, pero
mejor. No trabajaba en aumentar mi potencia. Trabajaba en mejorar mi
concentración. No quería cambiar mi juego (después de todo, me había
puesto arriba). Quería trabajar mi mente en mantenerme sobre rieles.
Deberías hacer lo mismo.
Los jugadores de todos los niveles empiezan a sentir una gran urgencia por
experimentar con nuevas tácticas y tiros cuando están arriba. Es una manera
extraña de pensar. Consiguen una ventaja haciendo una cosa y después
quieren mantenerla o estirarla haciendo otra cosa, por lo general algo en lo
que no son tan buenos, ¡o lo tendrían que haber hecho desde un principio!
Cuando estés arriba, sigue haciendo exactamente lo que te hizo llegar a ese
lugar.
Yo iba incluso más allá de eso. No cambiaba nada cuando lideraba un
partido. Me quedaba con la misma camiseta (aunque estuviese empapada), la
misma raqueta, la misma toalla para secarme la transpiración y quería jugar
con la misma bola con la que había ganado un punto. No cambies nada.
5. Evitar que el partido se escape
Cuando sentía que un partido se me escapaba (o estaba en camino de
hacerlo), buscaba hacer cambios estratégicos, mentales y físicos. Para hacer
eso tenía que ser observador. Preguntarme ¿quién le hace qué a quién?. Si mi
respuesta era la correcta, sabía dónde tenía que hacer los ajustes a mi plan de
juego.
Me preguntaba primero:
1. ¿Estoy siguiendo mi plan de juego?
Si la respuesta era positiva, me preguntaba:
2. ¿Qué hace mi rival para derribar mi estrategia?
Por supuesto, si por alguna razón la respuesta a la primera pregunta era
negativa, tenía que repasar la estrategia previa al partido. Tenía que darle una
nueva oportunidad de que funcionara. La mayoría de los jugadores amateurs
suelen abandonarla demasiado pronto. Pierden algunos puntos o games y
dejan el barco. ¡Dale una chance para que funcione! Mantenla lo suficiente
como para poner a prueba al rival.
Sin embargo, si tu lucha continúa deberás estar atento al resbalón. Cuando
un jugador te quiebra el servicio y consolida esa ventaja (mantiene el saque),
tienes que asegurarte de que la situación no se ponga peor. Siempre pensaba
que podía volver de un quiebre abajo; dos quiebres abajo eran un problema
serio.
En ese punto del partido era cuando el NMA (no me apures) me resultaba
otra vez muy importante. Porque los errores aparecen en ráfagas. De repente
no estoy un poco abajo, estoy un montón abajo. Es como resbalarse con una
cáscara de banana. De la nada se caen de cola. Por eso es crucial estar en
contacto con el compás del partido. Quería ser pausado. Quería evitar los
apuros. No quería que mi rival viajase cómodo por el momento que había
creado.
Ahí era cuando me aseguraba de caminar hacia atrás entre puntos y tocar la
marca en la cancha o en la pared. Durante ese momento me daba una charla
motivacional: “Vamos, Brad. Vamos. Trabaja un poco más”. O me cubría
con la toalla. (Verán con regularidad que un jugador toma una toalla de un
ballboy y después de usarla camina hacia el otro lado de la cancha y se la
entrega a otro ballboy. Es solo un dispositivo mecánico para calmar las cosas
y frenar que el tobogán se convierta en avalancha).
Atarse los cordones, hablar con el umpire, ajustar las cuerdas de la raqueta,
picar la pelota antes de un saque... Todo me servía para congelar el fuego que
mi rival había creado. Todo dentro de los límites de tiempo legales (por lo
general), pero bajando un poco el tempo del partido. En la Parte III verán
cómo McEnroe, Connors y Lendl lo hacían con grandes resultados.
Cuando un jugador empieza a abrir un partido de tenis (Lendl lo hacía con
tanta eficacia) se podría convertir en una estampida. Puedes perder muy
rápido el control de las cosas, como cuando un auto pisa una mancha de
aceite y de un momento a otro termina patinando fuera de control.
Cuando eso me ocurría a mí convertía el ritmo del partido en más pausado.
Muchos rivales se salían de su ritmo, se caían de su zona si lograba interferir
en su impulso. Eso ocurre con asiduidad entre los profesionales.
Presten atención al tiempo entre los puntos durante un partido televisado.
Miren lo que hace un jugador cuando está arriba o cuando está abajo. Cuando
está arriba quiere jugar con el mismo ritmo ganador que le dio la ventaja.
Cuando un buen jugador empieza a caerse, vean cómo ralentiza las cosas.
CAMBIA LA CAMISETA
Cuando estaba abajo y en busca de un cambio, sacudía mi actitud. Y lo hacía
yendo hacia mi bolso de tenis, las herramientas esenciales. Podía cambiarme
la camiseta por una seca. O ponerme un par de medias secas, comer un
caramelo o solo ponerme una nueva muñequera. Solo un pequeño cambio
para sentir que era un comienzo fresco. Cuando intentaba recuperar un
quiebre, casi siempre me ataba los dos zapatillas. Me decía a mí mismo que
era tiempo de hacer presión y trabajar más duro.
¿Recuerdan la vieja zapatilla que me ayudó a ganar esos u$s 114 000
contra Jim Pugh en Stratton Mountain? De verdad la llevé en el bolso por un
buen par de años. Pensaba que era mi zapatilla de la suerte y me la ponía
cuando necesitaba un empujón psicológico. Quería sentirme positivo y con
confianza respecto de mis chances. Quería evitar la sensación de estar de
salida. Un poco de cambio de herramientas ayuda.
UN CAMBIO DE PLANES
¿En qué punto tienes que cambiar la estrategia? Eso varía de partido a
partido, y de jugador a jugador. Si quieres un momento específico del
partido: cuando perdiste el primer set y vas un quiebre abajo. Es un buen
punto de partida. Puedes haber perdido el primer set en un tie break y después
perder el saque por los grandes golpes de tu adversario. Todavía hablamos de
un partido cerrado. Pero si tu rival ganó el primer set con facilidad y hace lo
mismo en el segundo, es mejor que cambies. Espera demasiado y estarás en
situación terminal.
Alguna vez querrás probar un cambio en el primer set. Si van 0-5 y a estás
a punto de ser barrido, haz algunos ajustes para ver si funcionan. Hazlos antes
de empezar el segundo set.
Sin embargo, si quieres un momento específico en que deberías hacer un
cambio, es este: un set y un quiebre abajo. En ese punto algo hay que cambiar
o vas a perder. El partido ya tuvo un largo recorrido para establecer una
tendencia. Y la tendencia te muestra felicitando al ganador. Cambia tu
estrategia. Analiza tus opciones y dale a tu rival una mirada diferente.
En mi experiencia, si estaba perdiendo desde la base, trataba de molestar a
mi rival subiendo a la red. Si mi segundo saque era castigado, sabía que era
porque mi primer saque no estaba funcionando y que le dejaba a mi rival ver
los segundos saques. (¿Recuerdan el partido del US Open 1987 ante Becker?
Yo era muy consciente de mantenerlo lejos de mis segundos saques). Si me
pasaban cuando iba a la red, trataba de mejorar mi tiro de aproximación o
decidía quedarme en la base. Si mi rival atacaba con éxito a mi revés, actuaba
para reducir esa vulnerabilidad (ver “El ataque al revés” en el capítulo 8).
Mi coach, Tom Chivington, creía que yo jugaba mejor cuando estaba
perdiendo que cuando ganaba. Tenía razón y era porque era mejor manejando
las situaciones. Sabía qué hacer cuando no me estaba yendo bien. Nunca me
resultaba una situación de pánico. Reconocía qué había que hacer y lo hacía.
Era mi manera de escalar nuevamente en los partidos.
6. Tácticas para el tie break
En el torneo de San Francisco en 1993 tuve que jugar tres tie breaks. Los
gané todos, incluido uno en la final ante Andre Agassi. Si tuve éxito fue
porque tenía un plan. Es este.
Pienso en un tie break como un mini-set. Está todo comprimido, pero los
componentes del set están presentes. En un tie break se saca por primera vez
y se recibe también por primera vez. Necesitas quebrar el servicio (un
miniquiebre) para ganar. El tie break tiene los puntos que mandan al
principio, tiene un punto puente y normalmente requiere estirar una ventaja o
evitar que el rival se escape. Las dinámicas son muy parecidas a las del set
regular, pero condensadas y más potentes.
Como los resultados del tie break deciden quién gana el set y debido a que
está tan comprimido, me mantenía extremadamente alerta al ritmo del
partido: NMA es mi lema. Jugar apurado y sin cuidado puede ponerte de
inmediato en una desventaja imposible de remontar. Tres doble faltas en el
tercer game del primer set te costarán solo un game. Haz lo mismo en un tie
break y las consecuencias serán mucho más severas.
Abordaba el tie break del mismo modo que el resto del set. Deberías hacer
lo mismo.
Aborda el comienzo del tie break con la mente puesta en jugar un tenis
“blue-chip”. Deja que el adversario quiera lucirse. Los primeros dos games
del tie break son los puntos que mandan. Puedes tomar el control y poner a tu
rival en desventaja inmediata, en una posición en la que se presionarán a
cometer errores porque están detrás en el marcador. Esos primeros dos puntos
le dan mayor tensión al partido, por lo que yo intentaba ser extremadamente
cuidadoso y no ir por tiros de alto riesgo solo porque estaba nervioso y quería
terminar rápido los puntos.
Separa esos dos games del set que acabas de jugar. No te deslices hacia
ellos. Junta tus pensamientos y reenfócate (camina hacia atrás y toca la marca
en la cancha mientras piensas otra vez cuál es tu plan de juego). No se trata
de una extensión del último game del set previo. Aísla esos dos primeros
puntos y juégalos con alerta renovada. Mete la bola o devuélvela adentro.
No querrás jugar “asustado”, pero tampoco innovar con nuevas tácticas a
menos que estés muy cómodo. Sigue usando lo que fue eficaz para llevarte al
tie break.
El tie break es una entidad separada y necesita atención. No te apuren. Sé
pausado, sabiendo lo que vas a hacer, sobre todo al comienzo.
El saque inicial de cada jugador en el tie break es ejecutado bajo alta
presión. Entonces mi objetivo otra vez es que la bola entre. No quiero
intentar demasiado. Pienso en esos primeros puntos como similares al inicio
del primer set. Quiero estar seguro de jugar dentro de mi estilo temprano en
el tie break. Quiero evitar ser demasiado ambicioso. Por lo general, con la
presión del tie break en aumento, los nervios te llevarán a intentar un tiro
inapropiado. Quiero jugar tenis más estable, no tenis más lujoso en ese
momento.
Con demasiada frecuencia los jugadores abordan el tie break no tanto con
la idea de ganarlo, sino de que el rival lo pierda por ellos. Eso no es un juego
conservador, sino un pensamiento mezquino que te puede perjudicar. Pega
tus tiros si se te presentan las oportunidades, pero no apresures un winner
porque estás impaciente.
La tendencia a esperar que el rival “lo pierda” es muy común cuando
logras una clara ventaja en el tie break. . Vas ganando 4-1 y te pones
nervioso, esperando que el rival te entregue el partido. Allí era cuando me
mentía a mí mismo para no complacerme y perder intensidad. Es cuando
tienes que hablar contigo mismo acerca de lo que quieres hacer.
Por supuesto, el punto que precede a un set point es al que hay que tratar
de manera muy especial. Un punto puente en un tie break (por ejemplo, un 5-
3) pasa inadvertido entre aficionados y a menudo también entre los
profesionales. Puede llevarte (o llevar a tu rival) a la oportunidad de ganar el
set, por eso hay que evitar los errores estúpidos o los riesgos innecesarios.
Aprieta a tu rival como una boa constrictora. En este momento crucial del
partido, cuando puedes moverte hacia un set point, asegúrate de que tu juego
está bajo control y que estás pensando de manera correcta.
7. Cerrar un partido
Puede parecer fuera de lugar incluir las tácticas para cerrar un partido en un
capítulo titulado “Los siete puntos de ventaja escondidos”. Después de todo,
¿qué tiene de escondida la oportunidad que se presenta cuando estás a punto
de sacar para el partido? La recompensa es obvia: ganar el partido. Mientras
la recompensa es obvia, los peligros no lo son. Cerrar un partido es un
momento delicado para el jugador que tiene la chance.
En esos momentos, entre los jugadores aficionados, prevalece alguna de
estas dos actitudes: asumir que el trabajo está casi terminado y tienes la
victoria en las manos, o un miedo sutil a no poder terminar la tarea.
Más peligroso que cualquiera de esas dos situaciones mentales es lo que
ocurre del otro lado de la red, con el jugador que corre peligro de ser
exterminado. Uno de los errores más comunes que cometen los jugadores de
tenis es subestimar al adversario que está en riesgo inmediato de perder el
partido. Es una extensión del síndrome del oso herido. Ese jugador es un
arma letal. Frecuentemente jugará su mejor tenis cuando estés en posición de
ganar el partido. Siempre recuerda: ¡un pez pelea más cuanto más cerca está
del bote! Y un jugador de tenis (en cualquier nivel) hace lo mismo.
Sin tener en cuenta lo que hayas hecho hasta ese momento, espera lo peor.
Esto significa esperar lo mejor de él. Asume que estará más rápido y
combativo, que pegará tiros más profundos con menos errores. Peleará con
todo lo que tiene mientras intentas hundirlo.
La manera que yo tenía de prepararme para cerrar los partidos era (otra
vez) mentirme a mí mismo. Me decía que era yo quien estaba en problemas.
Yo tenía que trabajar para salvar el partido. Yo tenía que ser quien estaba más
alerta. Me gustaba sentir que justo cuando estaba por cerrar el partido en
realidad estaba en peligro. También me exhortaba a recordar que mi rival
sacaría su mejor tenis a la superficie. No quería sorprenderme con esfuerzos
desmedidos.
Me aseguraba de mantener mis nervios bajo control al monitorear mi
respiración y mi trabajo de piernas (los espanta-nervios 1 y 2). NMA era mi
ritmo. No quería arrastrarme, pero quería estar muy seguro de estar mental y
emocionalmente bajo control antes de que el punto empezara.
Y cuando el punto empezaba volvía a mi concepto básico de ganar en el
tenis: sin errores, sin puntos gratis, sin tiros estúpidos. Mi oponente debía
conseguir sus puntos por el camino largo. Quería que se los ganara.
Dona a la Caridad, ¡no al rival!
Un elemento básico de mi abordaje en un partido de tenis (y especialmente en
los puntos de ventaja escondidos) era ser muy meticuloso cuando se trataba
de no darle puntos gratis a mi rival. Trabajaba duro para manejar mi
concentración y para asegurarme de entender las dinámicas del partido. Los
siete puntos de ventaja escondidos son un momento recurrente en el partido
en los que buscaba estar bien conectado.
Quería que mi rival tuviera que hacer algo especial para ganarme un punto
o un game. Le ponía el cerrojo a las trampas y trataba de producir mi mejor
enfoque mental y un tenis más inteligente. ¿Es importante el primer punto de
un game? Sí. ¿Un game de 3-2 es importante? Por supuesto. Todos los games
son importantes. Pero para mí los puntos de ventaja escondidos son los
puntos con mayor potencial para ganar cuando por lo general son los más
subestimados, especialmente entre los jugadores aficionados.
Si los reconoces a medida que ocurren en tus partidos y respondes como te
sugiero, te significará ganar más seguido. Sacarás ventaja de los momentos
dinámicos de un partido. Mejora ese aspecto y mejorarás tu historial cuando
de ganar se trate.
Siguiente: qué hacer cuando se caen sus golpes.
10
Entrar a boxes: la reparación de golpes
Los tenistas profesionales que están entre los veinte o veinticinco mejores del
mundo juegan un puñado de partidos por año en los que están en su salsa, es
decir que están totalmente inspirados. Ese día nadie en el planeta les puede
ganar. Los tiros salen de la raqueta con una dulzura y una potencia que
provocan una sonrisa (o llanto, porque después no ocurre muy seguido).
Cuando eso sucede, uno tiene la esperanza de que sea en la final de un
Grand Slam. Así sucedió con Sampras ante Agassi en la final del US Open
1990. Nadie iba a ganarle a Pete ese día. Y bien tarde esa noche, con un café
de por medio, él mismo lo diría. Michael Stich ante Becker en Wimbledon
1991. Boris podría haberse quedado en la casa. Stich estaba en su día.
Algunas veces esa inspiración se prolonga por más de un solo partido. Me
ocurrió en el verano de 1989. Empecé en Alemania, donde gané los dos
singles en la Copa Davis por Estados Unidos. Yo recién había ganado el
torneo de Memphis en la primavera. Entonces entré seriamente en la zona.
Gané los torneos de Stratton Mountain, New Jersey y Cincinatti. En el
camino vencí a Jim Pugh, David Wheaton, Jim Courier, Boris Becker,
Michael Chang, Pete Sampras y Stefan Edberg. En determinado momento mi
récord era 17-0. Me convertí en el primer jugador, desde Becker en 1986, en
ganar tres torneos consecutivos. Prendía fuego el circuito.
A la semana siguiente, perdí en la primera ronda del US Open. ¿Nervios?
No. Intoxicación alimentaria. Frutos de mar en mal estado en la noche previa
a jugar con Todd Witsken. Fue mala suerte, pero me mantuve caliente: dos
semanas después llegué a la final en Los Ángeles y gané en San Francisco.
Fue un verano fenomenal y un año inolvidable: cinco torneos y los triunfos
en la Davis. Eso es lo que se puede llamar estar inspirado. Pero no ocurre
seguido, ni tampoco dura tanto tiempo.
La no inspiración: qué hacer con la comida para perros
Por lo general, cuando transcurre un partido, hay altibajos en la calidad del
juego. Es una certeza en todos los niveles de tenis. Las dinámicas cambian
constantemente. Un jugador muy rara vez puede jugar en su máximo nivel
(su zona) durante todo el partido. Su juego varía en efectividad y
consistencia. Algunas veces miran e impactan la pelota con fluidez. De
repente, algún mecanismo del juego se lesiona y pasa a tener la misma
utilidad que la comida para perros.
El objetivo de este libro no es mejorar los golpes. Para eso debes acudir a
un buen profesor en el club. Él podrá ver cuál es el problema exacto que
tienes. Puede evaluar tu swing y darte ideas para mejorarlo. Yo quiero
ofrecerte algunas claves de lo que puedes hacer durante el partido cuando un
golpe en particular parece haberse arruinado. Es probable que empieces a
fallar en el primer saque. O que el drive empiece a quedarse en la red.
Cualquiera sea el problema, es bueno tener una idea o una imagen mental
que se pueda usar para revivir al golpe antes de que cueste el partido. Estos
con consejos que me han funcionado durante años y que les resultaron
eficaces a los jugadores en mi centro de entrenamiento. Pero como otros
consejos que hayas leído, algunos servirán para tu juego y otros no. La
próxima vez que los engranajes se te traben, pruébalos, para ver si te ayudan.
El drive fallido
Si hay un golpe con el que la mayoría de los jugadores aficionados se sienten
cómodos es el drive de fondo. Puede que no sea genial, pero es mejor que el
resto de los tiros. Por ese motivo es probable que busquen invertirse para
evitar el revés. Hasta comerían el desayuno con el drive, si eso fuese posible.
Pero entonces, cuando empieza a fallar están en problemas.
¿MEJOR TARDE QUE NUNCA? ¡ERROR!
Hay muchas cosas que pueden ir mal con un golpe y el drive no es la
excepción. Sin ninguna duda, el intento más estabilizador que puedes hacer
para recuperarlo es comprobar la empuñadura y la preparación de la raqueta.
¿Estás llevando la raqueta atrás a tiempo? Probablemente no. Es más que
seguro que la llevas más tarde. Y la razón es, por lo general, entendible.
Tendemos a descuidar esos movimientos físicos con los que estamos
cómodos. Total, sabemos que podemos pegar un drive decente, sin transpirar.
Cuando llevas tarde la raqueta atrás (con la pelota casi encima), todo el
resto del swing se deteriora: el trabajo de piernas, el balance, el timing y las
opciones. Esto puede ocurrir por descuido, fatiga o porque el tiro del rival te
obliga. Cuando de repente empieces a fallar el drive, concéntrate de
inmediato en una preparación más rápida del golpe.
“ESTÁ EN LA RED. ¿ESTOY PREPARADO?”
La raqueta ya debe estar atrás cuando la pelota que viene del otro lado esté a
la altura de la red. Cuando la cruce, ya deberías estar listo. ¿Se puede llevar
atrás demasiado pronto? Tal vez. Pero mejor más temprano que tarde. Por
cada jugador que la lleva atrás temprano, he visto cientos que la llevan tarde.
Cuando el partido esté en juego y de pronto te encuentres maldiciendo tu
drive, pregúntate: “La pelota está en la red. ¿Estoy preparado?”.
El blues del revés
La mayoría de los jugadores aficionados tiene bajas expectativas con su revés
de fondo. Esperan una producción modesta y están dispuestos a tolerar
errores, hasta cierto punto. Ese punto varía de jugador en jugador, pero por lo
general termina con una sentencia en el momento de mayor frustración: “Sé
que no tengo un buen revés, ¡pero esto es ridículo!”. Es el blues del revés.
Algunos jugadores de clase C tienen un revés tan flojo que ni siquiera pueden
darse cuenta de lo mal que le pegan. Esta es una excepción, de cualquier
modo.
Cuando tu revés es tan flojo que buscas invertirte hasta para buscar la
toalla, es momento de solucionarlo. El método más útil de chequearlo
consiste en establecer cuánto buscas conseguir con el revés en un partido.
NO LE PIDAS A UN PERRO QUE VUELE
Todos tenemos tendencia a exigirle a un golpe mucho más de lo que nos
puede dar. Con el revés, pedirle un poquito más es normalmente un error. Los
jugadores aficionados con un revés cuestionable (si el tuyo es sólido,
felicitaciones), intentan hacer demasiado, sobre todo bajo presión.
Como mencioné en el capítulo 8 (“Destruye el plan de juego del
adversario”), es muy efectivo subir a la red ante un revés débil, simplemente
porque, como reacción natural de pánico, el rival buscará golpear el mejor
revés de su vida. ¿Resultado? El jugador que ataca ni siquiera necesita llevar
la raqueta a la red. El revés de su adversario se autodestruye.
Cuando tu revés empieza a fallar más de lo habitual, deberás bajar las
expectativas. Deja de intentar más de lo que puedas esperar. Mantén la bola
en juego. Que pase por encima de la red. Busca la colocación en lugar de la
potencia. No pierdas la cabeza cuando el revés esté bajo ataque. Juega tu tiro
y obliga al rival a tener que pegarle una vez más.
Si te pusiera enfrente una máquina lanzapelotas para pegarle solo de revés,
le pegarías siempre por encima de la red sin problemas. ¿Por qué? Porque
solo buscarías pasarla por encima de la red y que caiga en el otro campo.
Cuando tu revés se arruine durante el partido, recuerda ese objetivo. Pégale
por encima de la red y dentro de la cancha. Cumple el objetivo. Lo
conseguirás y el revés empezará a mejorar.
El saque se hunde
Cuando el saque desaparece, es el momento más frustrante, porque no se
puede culpar a nadie más que a uno mismo por el problema. Cuando no
funcionan el drive, el revés, la volea o el smash, al menos puedes mirar al
otro lado de la red y culpar a tu rival. Él le pego a la pelota antes de que tú la
arruines, ¿cierto? Pero no ocurre así con el saque. Lo único que hizo el rival
fue pararse del otro lado. Difícil culparlo por la doble falta que cometiste tú
cuando él sólo estaba parado.
(Aclaración: no subestimo el efecto que puede tener “pararse del otro
lado”. Siempre se recuerda que Chang le ganó a Lendl en los cuartos de final
de Roland Garros solo con “pararse del otro lado”. En el match point,
Michael estaba tan acalambrado que apenas podía moverse. Para cortar el
servicio de Lendl, se ubicó en la línea de saque. El poderoso Lendl colapsó.
Con una doble falta quedó afuera del Abierto de Francia. Fue una increíble
decisión táctica que tuvo un increíble efecto psicológico. Entonces se puede
decir que hay excepciones, pero normalmente no se puede culpar a nadie de
un mal servicio salvo a uno mismo).
MÍRATE EN EL ESPEJO: ¿VES A PETE SAMPRAS?
Empieza a corregir el problema durante un partido recordando esto: tu mejor
servicio no debe ser tan bueno como crees. No es un cañón. No es una
máquina de aces. Y no vale la pena arriesgar una doble falta por él. Y esto es
exactamente lo que debes estar haciendo. Muchos jugadores aficionados
(sobre todo hombres) creen que si tienen un lanzamiento correcto, la
extensión de brazos adecuada, el giro de muñeca y la continuación del swing,
tendrán un súper servicio. Entonces buscan a ese monstruo elusivo y lo pagan
caro.
Aquí va una indicación de cómo funciona. En el nivel aficionado es muy
común que un ace vaya seguido por una doble falta. ¿La razón? El jugador
queda enamorado del ace y piensa que resolvió el rompecabezas. “¡Ya me
funciona!”. Bang. Falta. Bang. Falta. Doble falta después del ace. ¿Cuál fue
el accidente? ¿La doble falta o el ace?
Mi sugerencia es que tengas una visión realista de tu saque. Si hablamos de
mi caso, cada tanto podía lograr un buen primer saque y conseguir un puñado
de aces. Pero la mayor parte del tiempo sabía que tenía que manejarlo. No iba
a superar en potencia a mi rival y odiaba regalar puntos. Entonces mantenía
una visión realista de lo que podía conseguir. Y les diré una vez más cómo
era mi segundo servicio: el peor. Entonces no me dejaba ganar por la
mentalidad de macho para mostrarle al otro jugador cuán “grande” era mi
saque. Tampoco lo hagan ustedes.
BAJAR EL CAMBIO DE CUARTA A TERCERA
Cuando empieces a fallar el saque, baja un cambio. Digamos que tu
“máximo” saque es como la cuarta en la caja de cambios. Es cuando usas
toda la potencia y realmente le das un buen golpe a la bola. Lo que ocurre es
que cuando un jugador empieza a perder los saques, seguirá perdiéndolos
porque no quiere echarse atrás en el desafío. Se sigue dando la cabeza contra
la pared una y otra vez esperando que el saque vuelva. Olvídalo. Baja un
cambio. No de cuarta a primera de repente, pero de cuarta a tercera. No te
preocupes por el ace ni por los winners. Preocúpate por empezar el partido
sin doble falta.
¿Significa eso que hay que soplarla por encima de la red? No. Eso sería ir
directamente a la primera en la caja de cambios. ¿Recuerdas cuando Mecir
tuvo todas esas doble faltas y empezó a sacar de abajo? Fue de cuarta a
primera. Mentalmente, deberías bajar solo a la tercera marcha. Meter algunas
bolas y recuperar el ritmo. Después cambia de nuevo a la cuarta. Te gustarán
los resultados.
La volea evanescente
Cuanto más fácil es la volea, más perezoso se torna el jugador. Miren a los
jugadores en la cancha de su club. En cuanto les llega esa bola que apenas
pasa la red, se tornan vagos o pasivos. Esperan que llegue la bola. No se
mueven hacia adelante. Asumen que será fácil. Y por supuesto desperdician
el tiro. Casi siempre con un movimiento desesperado en el último segundo,
para que la pelota se vaya larga, ancha o a la red.
MUÉVETE HACIA LA BOLA
Cuanto más cerca estés de la red, mayores serán las posibilidades de pegar
una volea exitosa. La red deja de ser un factor, tienes mejores ángulos para
usar y mayor campo rival para ubicarla. Nunca esperes que te llegue la bola.
Esto no es el correo. En tenis hay que ir a recoger. Y con la volea esto es
especialmente cierto. Cuanto más rápido la busques, mejor. Uno o dos pasos
extra hacia adelante mejorarán el porcentaje de voleas exitosas.
Cuando vayas a pegar una volea, entonces, colócate más cerca de la red.
Cada paso que te acerques mejorará la chance de éxito. Observa a John
McEnroe o Stefan Edberg. Ambos cerraban los puntos tan cerca de la red que
podían lamerla. Y lo hacían con gran presteza, como un halcón que baja en
picada hacia su presa.
El smash deficiente
Entonces me hiciste caso y estás delante de la red para tomar las voleas. Solo
que no tienes oportunidad de impactar ninguna porque el rival se da cuenta y
empieza a ensayar con globos. Ahí es cuando te percatas de que tu smash está
desaparecido en acción. Se te queda en la red, se va demasiado largo o
incluso más ancho que la cancha de dobles.
VE POR LA COLOCACIÓN
Cuando eso ocurre es porque piensas más en “potencia” que en “colocación”.
La mayoría de las veces cuando viene hacia ti una oportunidad de smash, tu
objetivo pasa a ser cerrar el punto, pegar un winner rotundo. Otra vez, es la
trampa de pedirle más a un tiro de lo que se le puede exigir. Si tu smash se
torna esquivo durante un partido, tienes que reagruparte. No insistas
demasiado. Deja de pensar: “Tengo que terminar el punto con este golpe”.
Piensa en colocación en vez de potencia. Tendrás resultados inmediatos,
porque ya no tendrás la presión de pegarle fuerte. Serás más rítmico, suelto y
efectivo.
Jugar con viento
El viento puede afectar tus golpes porque afecta tu mente. Si estás incómodo
con el viento, aquí van algunas ideas que pueden neutralizar sus efectos
negativos.
1. COMIENZA CON EL VIENTO EN TU CARA
El sol es el factor más importante a considerar cuando se elige un lado de la
cancha. Como lo mencioné en el capítulo 6, si el sol es un problema, hay que
empezar teniéndolo a la espalda y que el rival sea el primero en lidiar con él.
Pero si el sol no es problema, el viento es el siguiente tema a considerar. Si
no sopla de norte a sur (de base a base), yo elegiría empezar con el viento en
la cara. De por sí ese primer game ya es inestable sin que el viento esté
presente. Pegarle con viento en contra permite exagerar y me asegura que el
viento bajará un poco algunas pelotas largas.
2. BAJA EL LANZAMIENTO
Una pelota de tenis no pesa demasiado. Un día ventoso puede que parezca
una pluma, sobre todo en el servicio. Si el viento empieza a afectar tu saque,
haz el lanzamiento más bajo. Reduce la altura algunos centímetros y
reducirás el efecto del viento.
3. ACORTA LOS GOLPES
Lo mismo se aplica a los golpes de fondo cuando la brisa sopla fuerte. Intenta
golpes más compactos y concéntrate en un buen contacto. Reducirás el
número de tiros fallidos y aumentarás la cantidad de tiros que pasan por
encima de la red en un día ventoso.
4. LA MEJOR ARMA CONTRA EL VIENTO
Finalmente, recuerda que si el viento torna miserable tu vida tenística, la
mejor manera de burlarlo es la siguiente: construye tu propia cancha cubierta.
Ese día invítame a jugar. A mí tampoco me gusta jugar con viento.
Un dato final sobre el trabajo de piernas
Los consejos son consejos. Puedes encontrar uno en una revista de tenis y se
lo contarás a un amigo. Tal vez a él no le signifique nada. Los jugadores
difieren en su destreza física, la cantidad de tiempo que pueden jugar y
practicar y el nivel de motivación, por lo que es raro que un consejo sea
aplicable para todos al mismo tiempo. Pero hay un consejo que te daré (de
nuevo) que funciona para todos: un buen trabajo de piernas mejora tu tenis.
Todos los problemas que tengas con los golpes tienen muchas soluciones.
Pero la primera y la más importante es chequear el trabajo de piernas. Si es
malo, puede perjudicar cada golpe que intentes. Y del mismo modo, puede
mejorarlo, si es bueno. Cada vez que empieces a tener un problema con un
golpe, préstale atención al trabajo de piernas. Ya sabes cómo hacerlo: párate
sobre los pulgares. Si te mantienes liviano sobre los pulgares, aumentarás tus
chances de ejecutar bien los golpes.
La práctica no trae perfección, pero ayuda
La verdadera clave para mejorar los golpes es trabajarlos cuando no estés
jugando. La mayoría de los jugadores cree que mejorará solo por jugar
partidos. Pueden jugar y jugar y nunca darse cuenta de por qué no mejoran.
La práctica no hace la perfección, pero ayuda.
En el golf, si todo lo que haces es jugar y nunca pruebas el pitch para salir
de la arena, nunca mejorarás el juego en el bunker. De hecho, vas a empeorar,
porque el tiro te saldrá cada vez peor y te pondrás cada vez más nervioso.
PRACTICA COMO JACK NICKLAUS
El mejor golfista de todos los tiempos debe haber sido también quien mayor
práctica hizo en la historia del deporte. Practicaba con un propósito. Sabía lo
que quería trabajar y lo aislaba en el campo de práctica. Era muy metódico
para solucionar problemas que ocurrían los días de partido encarándolos en la
práctica.
Puedes mejorar, si haces lo mismo. Trabajar un problema específico
durante media hora, una vez por mes, puede dar excelentes resultados. Si lo
haces dos veces por mes, no podrás creer lo que sucede.
Cómo mejorar
1. Chequea la mecánica del swing en una clase de tenis. El profesor te dirá
qué es lo que haces mal.
2. Practica lo que aprendiste durante la clase. Usa un lanzapelotas, el
frontón o una pared. No vayas sin un plan. Empieza con un swing
suelto y busca consistencia. Juega contigo mismo. Intenta pegar el tiro
que buscas dos veces seguidas. Luego tres veces seguidas. Cuando era
niño, pasaba horas y horas pegando contra las paredes en Piedmont,
California. Jugaba partidos imaginarios contra Illie Nastase en el US
Open. La pared era Nastase y era grandioso, porque nunca fallaba.
3. Juega contra un rival al que sabes que puedes vencer sin muchos
problemas. Si el revés es el problema, busca las oportunidades en el
partido para trabajar ese tiro que tanto pegaste contra el frontón.
Seguramente ese día pierdas, pero no hay por qué preocuparse.
4. Si tu revés es flojo, asegúrate de no invertirte nunca hacia el drive en lo
que dure ese partido de práctica. Si el problema es la volea de revés,
busca las oportunidades de ensayarla. A los jugadores aficionados no
les gusta esta opción porque tienen miedo de que sus compañeros se
enteren del resultado. No dejes que tu ego interfiera en tu progreso. Con
lo que mejores, les ganarás puntos a esos mismos amigos.
5. Prueba el tiro en los partidos. Verás que en lugar de esperar dificultades
en el golpe débil, lo tomarás cada vez con mayor confianza. Tanto tu
tiro como tu actitud serán mejores.
6. Juega contra un rival de mejor nivel. Enfrentar siempre a los mismos
amigos genera hábito y te hace jugar en piloto automático. Si juegas
contra alguien mejor, tendrás que trabajar más duro, pensar y correr
más, y vas a perder. Perfecto. Por eso estás ahí. Te servirá para cuando
vuelvas a tus rivales de siempre.
Un poco de atención en la forma de práctica producirá grandes resultados en
tu juego. Ganar es mucho más divertido que perder, y mejorar tus áreas más
débiles hará que ganes más fácil.
Siguiente: robarles a las superestrellas.
11
Aprender de las leyendas
Las superestrellas del tenis exhiben destrezas físicas sorprendentes. En su
mejor momento, la coordinación ojos manos de John McEnroe era
equivalente a la de cualquier atleta del mundo: si alguna vez vieron a un gato
jugar con una bola de lana (o con un ratón) entre sus garras, la mano de John
en la raqueta tenía la misma y delicada gracia, con el mismo propósito
mortífero. El abrumador poder físico de Boris Becker lo habría convertido en
figura en cualquier deporte que eligiera. En sus comienzos, cuando volaba
para impactar sus tiros, convirtió al tenis en un deporte de contacto. ¿Y qué
se puede decir de Andre Agassi? ¿Cómo un jugador podía impactar la pelota
tan temprano y con tanta violencia? Su timing era mejor que el de un Rolex.
El mismo nivel de intratables dotes físicas se aplican a grandes como
Sampras, Edberg y Connors, entre otros.
Entonces, ¿se puede aprender algo de ellos? Después de todo, fueron
bendecidos con atributos físicos con los que mucha gente solo podría soñar.
No se puede “aprender” un don natural, ¿cierto? Sí, se puede, pero no de la
manera que piensas. Por supuesto, ciertas mecánicas fundamentales se
aplican a todos los niveles del tenis: girar los hombros, usar las piernas,
mantener los ojos en la pelota. Todo lo que ya has escuchado.
Me gustaría que pensaras en otro aspecto cuando se trata de aprender de las
superestrellas del tenis: su actitud y su táctica durante los partidos y cómo
aplicarlas a tu tenis.
Ten en mente que pocas reglas se aplican a todos. Lo que funcione para
otros tal vez no funcione para ti. Cuando pienses en lo que estas
superestrellas llevan a su juego, recuerda que por lo general tenían éxito con
abordajes totalmente diferentes. Estudia lo que hacían y busca lo que puede
ayudar a tu propio abordaje, en base a tu estilo de juego y temperamento.
Andre Agassi
Cuando Doble A llegaba a un lugar, empezaba el show. Ropas de neón. Pelo
color neón. Era como una estrella de rock. Se salía siempre con la suya
porque en cuanto a tenis, cumplía con lo prometido.
Nunca vi a un hombre de su tamaño pegarle tan seco a la pelota. Era
realmente increíble. Su pelota quemaba. Por ese motivo, transmitía un temor
inmediato al rival, que sabía que Andre podía sacudir la bola y tener el
control del partido. Cuando estaba en su juego, te dominaba a voluntad. No
era nada placentero enfrentar a Andre cuando estaba encendido.
Era también un tipo que jugaba con la emoción. Si se sentía mental,
emocional y físicamente bien y las cosas le funcionaban, era el mejor jugador
del mundo. (Excepto por Jim Courier, que cuando estaba encendido también
era el mejor del mundo. ¿Dos mejores del mundo? Así es. Creo que una de
las grandes rivalidades de los noventa es la que hay entre Agassi y Courier,
dos atletas fenomenales que recorrieron juntos un largo camino. Batallaban
cuando eran juveniles y después en los campos de entrenamiento de Nick
Bolletieri. En la cancha, entre los dos, no toman prisioneros. Cuando se
encuentren en la final de un torneo de Grand Slam –y no creo que pase
mucho tiempo para eso–, estén seguros de dejar de hacer lo que estén
haciendo y veánlos por televisión. Va a quedar sangre en las huellas cuando
uno se haya cargado al otro).
Uno de las mejores cualidades que tenía Andre era su habilidad para tomar
la bola bien temprano, en pleno ascenso. Connors lo hacía durante su carrera,
pero Andre lo hacía con mayor anticipación y potencia. La manera en que lo
hacía era imposible de copiar, porque de otro modo los demás profesionales
lo habrían hecho. Muchas veces sus tiros de fondo eran media voleas, porque
las tomaba demasiado cerca del pique. Sin embargo, la idea básica es algo
que debes tener en mente en tu propio juego.
Tomar a la bola demasiado temprano significa devolvérsela a tu rival antes
y más fuerte. Era devastador pegarle un tiro a Agassi y que la devolviera
hecha un fuego antes de poder terminar el swing. Parecía que sucedía tan
rápido. Tus rivales en el club tampoco querrán la bola de vuelta tan rápido.
Para tu juego, no pienses en pegarle a la bola temprano, sino por lo menos
con un poco más de anticipación. Normalmente, esperas que la pelota de
tenis aterrice en tu campo, pique, se eleve y empiece a caer antes de pegarle,
justo debajo del máximo punto de elevación. Eso es porque es más fácil
pegarle de esa manera, te mueves más lento y te da más tiempo para el
impacto. Pero la estrategia también le da al rival mayor tiempo para
recomponerse, prepararse o atacar. Significa también que debes hacer más
swing para conseguir efecto o profundidad, porque la bola va perdiendo
velocidad cuando estás por pegarle.
Piensa entonces en “más temprano” en lugar de “temprano”. Así debes
empezar.
Cuando te llega una pelota profunda, la tendencia natural es retrasarse y
esperar que la pelota pique antes de pegarle. En lugar de eso, muévete hacia
la pelota y tómala un 10% antes. Cuando lo practiques, fíjate un objetivo.
Observa la pelota que te provocaría cierta pereza. Acércate a ella y pégale un
10% antes de lo que normalmente harías después de que empiece a
descender.
Acostúmbrate a eso y después busca la oportunidad de tomar la bola justo
en el tope de la curva. Ahora verás algunos resultados (malos o buenos). Te
costará unas cuantas fallas, pero en cuanto empieces a sentirte más cómodo,
la bola viajará más rápida, fuerte y profunda.
El otro aspecto para notar de Andre cuando jugaba era cómo sus pies y su
raqueta se movían siempre al mismo tiempo. Deberías hacer lo mismo. No
muevas los pies y de repente haz un espasmo con la raqueta hacia la posición.
El mal timing está garantizado. Esa es la idea básica, pero Andre era el mejor
ejemplo de cómo hacerlo. Cuando lo veas en imágenes, observa esa gran
preparación temprana de la raqueta.
Cuando Andre hacía un swing abierto hacia cualquiera de los lados, su
raqueta se movía para atrás casi de inmediato. Cuando recibía los saques, su
raqueta se movía para atrás tan pronto el sacador hacía contacto con la pelota.
Por eso podía pegarle tan temprano y con tanta precisión: su preparación de
raqueta era excelente. Era insuperable en el circuito.
La lección de Agassi
1. Practica tomar la bola un diez por ciento más temprano para producir
golpes con mayor daño.
2. Mueve la raqueta y los pies simultáneamente.
Los resultados aparecerán en los partidos. Quién sabe, quizás incluso
empieces a querer teñirte el pelo. Si yo hubiese pensado que eso me daría
tiros de fondo como los de Agassi, lo habría hecho.
Ivan Lendl
Ivan Lendl le pegaba a la pelota con mayor potencia y puntería que cualquier
otro jugador del planeta. Prácticamente destajaba la pelota. La mayor
diferencia entre Agassi y él es que Ivan estaba dos o tres metros detrás de la
línea cuando hacía contacto. Andre estaba generalmente dentro de la línea de
base, entonces su golpe llegaba antes y más rápido. Pero hay otros tres
elementos del juego del Terminator que querrás incorporar a tu propio
abordaje.
En primer lugar, era conocido por su consistencia. Era algo que se cuidaba
de establecer al principio de cada partido. Como mencioné antes, cuando
salía a jugar no erraba una pelota en los primeros games. Eso era porque le
pegaba al 65 o 70% de su potencial. Deberías afrontar los comienzos de los
partidos de la misma manera. Fijar el timing, el ritmo y la confianza antes que
la potencia.
En segundo lugar, Ivan tenía un rincón favorito en la cancha, como si fuese
el plato del pitcher de béisbol. ¿Has observado cómo le gustaba desplazarse
unos dos metros hacia la izquierda sobre la línea de fondo? Era una manera
sutil de evitar el revés (aunque no siempre tan sutil). Le encantaba
estacionarse allí para tener un drive demoledor siempre a mano, para moverse
por toda la cancha. Desde ese lugar le encantaba hamacarse hacia todos lados
mientras abría la cancha.
Cuando me tocó enfrentarlo, se acomodó en ese lugar y me jugaba cada
vez más ancho, de izquierda a derecha. Tarde o temprano yo se la dejaba
corta y me liquidaba con un winner. Se sentía muy confiado y fuerte en esa
posición.
Para tu juego, trata de encontrar ese lugar en la cancha donde aparece tu
tiro favorito y trabaja para llegar allí. Si te encanta el drive, fija tu propio
plato de pitcher y dispara desde allí. Si te gusta la volea de drive, empieza a
buscar las oportunidades para subir a la red. No esperes una invitación (un
tiro muy débil) para atreverte. Fuerza un poco la situación.
Mi plato de pitcher quedaba justo detrás de la línea de la T del saque. Me
preparaba para mi mejor arma, el approach de drive hacia el lado de la
ventaja. Siempre buscaba ese tiro. Lo llamaba mi tiro capital, porque si podía
jugarlo lo suficiente, seguramente ganaba el partido. Cuando lo conseguía,
tenía gran confianza para pegarlo. A muchos jugadores les ocurre lo mismo.
Aprende qué es lo que te funciona y busca activamente la posición.
Otro aspecto en el que Ivan era un maestro era en estirar la ventaja. Debe
haber sido el mejor en mantenerse adelante cuando estaba adelante. Y una de
las razones por las que era efectivo en eso era que tomaba riesgos inteligentes
cuando tenía ese colchón de ventaja. No eran tiros salvajes, pero eran tiros
que forzaban más, con más ángulo, más potentes. Le gustaba construir el
momento de estar adelante subiendo el nivel y el alcance de su juego. Lo
hacía de un modo calculado y mesurado. Cuando conseguía una ventaja, la
presión que ejercía era muy notable, pero siempre operaba dentro de las
fronteras de su juego.
Cuando estaba adelante iba por sus aces con mayor regularidad y
seguridad, porque confiaba en su segundo saque. Si recibía el saque,
intentaba castigar la bola, especialmente en el segundo saque del rival. Lendl
esperando por un segundo saque era como invitar al Alien a cenar. Sabías que
no iba a ser divertido. Ivan destruía un segundo saque débil. Fue una de las
razones por las que nunca pude ganarle. Estaba forzado a jugar un primer
saque más débil para asegurarme de que no pudiera ver el segundo.
¿Cómo puedes aplicar esto? Cuando te adelantes en el marcador, aumenta
la presión sobre tu rival. No te descuides ni hagas swings salvajes. Aprovecha
la oportunidad para intensificar la ventaja y forzar al rival a sacar tiros más
difíciles.
Finalmente, quiero remarcar la gran paciencia de Lendl durante un partido.
Durante los años ochenta, mantuvo una disciplina mental parecida a la de
Borg. Lendl nunca se apuraba para lograr un punto o un tiro. Era muy
metódico. Casi todos los jugadores de tenis recreativo (esto te incluye a ti)
son lo opuesto. Se ponen impacientes. Intentan pegar el winner demasiado
pronto. Quieren hacer un approach más pronunciado de lo que conviene (el
approach prepara el winner, no se supone que sea el winner).
Veo a dos jugadores aficionados durante un punto y de repente uno de los
dos intenta terminar el punto cuando no tiene ventaja ni campo ni razones
para hacerlo. Solo se impacienta. Lendl en los ochenta sabía cuándo golpear.
Era paciente. De hecho, una de las razones por las que su juego sufrió en los
noventa fue porque dejó de ser tan paciente como había sido. Tal vez no
podía esperar para volver a casa para estar con su familia, pero
definitivamente no tenía la paciencia que lo había caracterizado.
Aprender de Lendl
1. Empezar el partido a 65% del potencial.
2. Tener claro donde está “el plato del pitcher” donde te sientes más
cómodo.
3. Estirar una ventaja tomando riesgos inteligentes.
4. Ser paciente. No forzar un tiro que no vale la pena.
Ivan era grandioso manteniendo una ventaja, pero no tan bueno para
recuperarse cuando estaba atrás. Más aun, en los inicios de su carrera
ocasionalmente tiraba la toalla o no quería seguir jugando cuando iba
perdiendo.
Boris Becker
Boris era un superatleta absoluto, en algún momento el mejor en el tenis
profesional. Se podía sentir su ímpetu para competir. También tenía una
tremenda presencia fuera de la cancha. Me refiero a que jugaba en grande y
actuaba del mismo modo en todo. Tenía artillería pesada y con ella ponía una
presión permanente del otro lado. ¡Estaba ahí mismo en ese momento!
El saque de Becker era descomunal. Al verlo por televisión, no se podía
tomar real dimensión de su peso. Se venía encima del cuerpo. A eso se le
sumaba que si él estaba bien con el servicio, se animaba a arriesgar otros
golpes, porque sabía que podía enmendar cualquier error con su bola de
fuego.
Incluso después de haber dicho todo esto, recién llego a la parte más fuerte
de su juego: su confianza en sí mismo. En su mejor momento, tenía tanta
seguridad para volver o mandar en el partido, que nunca dudaba de que iba a
ganar. Se podía poner loco consigo mismo, pero nunca pensaba que era
superado. Podía vencerte con sus fortalezas o, incluso, con sus debilidades.
Confianza total. Y Boris era similar a Lendl para estirar una ventaja. De
hecho, iba más allá que Lendl y se arriesgaba más.
Becker básico
1. Creer en ti mismo. Tener pensamientos positivos acerca de tu juego y
de tu capacidad para ganar.
2. Cuando tengas una ventaja, ve por ella. No seas tímido.
John McEnroe
Las manos de John McEnroe tenían la precisión, el toque fino y el arte de un
neurocirujano. Inventaba y aplicaba rutinariamente golpes inimaginables para
muchos jugadores. Por ejemplo, en los inicios de los ochenta, Mac podía
subir a la red incluso tras un approach flojo aunque el rival lo castigara.
Cuatro o cinco veces en un partido, John se lanzaba desesperado a tapar el
passing shot, y no solo le pegaba, sino que lo neutralizaba con un suave drop
shot. Eso no te lo puede enseñar ningún profesor de tenis en el mundo.
Créeme, si te va bien en el intento, es una casualidad.
Pero hay dos elementos tácticos por los que John era conocido y que valen
la pena considerar. Primero, McEnroe jugaba con agresividad. Actuaba
directamente contra su oponente. Cuando estaba jugando bien, se podía sentir
la presión incluso antes de que le pegara a la pelota, porque sabías que te
atacaría de cualquier modo. El quería ver si podías superarlo con un passing
shot. Se acercaba todo lo que podía a la red, porque sabía que era más factible
que uno se ahogara en la base antes que él en la red. Sabías que John te
refregaría todo su juego en la cara.
Segundo, McEnroe era flexible. Si empezabas a tener éxito con los passing
shots o los globos, él se ajustaba. Podía ser un jugador de toda la cancha
cuando le venía bien o ser más selectivo para subir a la red. Su juego (y su
mente) era muy adaptable. Era un tenista muy inteligente y observador.
Siempre estaba alerta a las dinámicas del partido y buscaba la manera de
explotar tus debilidades.
Mac ataca
1. Investiga. Busca las debilidades del rival con agresividad. Ponle
presión.
2. Sé flexible. Si algo no funciona, cambia.
Uno de los aspectos destacados del juego de John era que sus grandes
habilidades tenísticas eran complementadas con su inteligencia en la cancha.
Sabía lo que tenía y cómo usarlo de la manera más eficaz para explotar a su
rival.
Stefan Edberg
El abordaje táctico de Stefan era lo opuesto a McEnroe. Lo cual es un buen
ejemplo de cómo estilos diferentes pueden ser igualmente efectivos. McEnroe
te testeaba allí y acá, mientras que lo de Edberg era más franco: “Voy a jugar
saque y volea cada punto y te voy a atacar todo el tiempo. Si me vas a ganar,
lo vas a hacer conmigo en la red”.
Pulió su juego de saque y volea hasta cubrir todo tipo de grietas. Su
movimiento en el saque era excepcional. El envión le permitía saltar a la
cancha y tomar la primera volea desde el cuadrado de saque la mayoría de las
veces. Y nunca la fallaba.
Stefan podía sacar y volear veintidós veces consecutivas. Podías
devolverle las veintidós veces. ¿Qué haría la vez siguiente? El saque y volea
número veintitrés. Mientras McEnroe retrocedía a la base y buscaba alguna
otra arma para dañar, Edberg forzaba sobre el rival su tiro más difícil una vez
más. Y otra vez. Y otra vez. Había que ser demasiado sólido para pasar a
alguien como Edberg durante todo el partido.
No le tenía miedo a nadie. Incluso si lo pasaban con regularidad, sabía que
él era mejor cerca de la red que en el fondo. Su compatriota sueco (y el héroe
tenístico del coautor de este libro) Bjorn Borg podía quedarse
incansablemente en la base tanto como Stefan en la red. Conocía su juego y
hacía que intentaras vencerlo cuando él optaba por mostrar sus fortalezas.
Stefan Edberg tenía también una gran habilidad para cubrir sus
debilidades. Tenía quizás el drive más débil de todos los número uno de la
historia. Básicamente usaba una empuñadura de revés para pegarle de
derecha. Así lo entendía y tenía la destreza para limitar cualquier daño que
eso implicara para su juego.
Compensaba el daño de dos maneras. Eliminaba de su juego el drive al
subir a la red. Y las otras veces que le tocaba pegarlo, no intentaba mucho
más que dejarlo en la cancha. Y se salía con la suya. ¿Recuerdan el dicho “no
hay que arreglar lo que no está roto”? Bueno, su juego no estaba “roto”,
como así tampoco Stefan. En 1990 era el número uno del mundo y había
ganado u$s 1 995 901. Para 1993 ya había ganado u$s 13 000 000. Por ese
motivo nunca se molestó en mejorar su drive.
También, como Borg, Stefan Edberg tenía el control total de sus
emociones. ¿Alguna vez lo vieron agitado o fuera de sí mismo en una
cancha? En su camino a ganar el US Open 1992, estuvo break abajo en el
quinto set tanto ante Lendl en cuartos como ante Chang en semifinales. Su
cara no era muy diferente de cuando había empezado el partido. No te decía
nada.
Entendía que ponerse demasiado emocional no funcionaba. Se mantenía en
total control y, cuando estabas del otro lado de la red, era desalentador.
Nunca tenías la chance de ver a Edberg desalentado. Su compostura era la
misma si ganaba o perdía. Nunca se permitía mostrar si no estaba en su día de
mayor confianza.
La excelencia de Edberg
1. Desarrolla un estilo de juego que se ajuste a tus mejores golpes. Ten
una idea clara de quién eres dentro del court.
2. Ten un plan. Mantenlo. No te pongas nervioso si no funciona de
inmediato. Haz que el rival intente vencerte con lo mejor que tiene.
3. No le des información emocional al rival a través del lenguaje verbal o
corporal.
4. Reconoce tus puntos vulnerables y reduce su exposición.
En su abordaje de juego, Stefan era como un obrero. Podía incluso resultar
aburrido de ver porque era muy predecible, pero tenía resultados fantásticos.
Tenía una estrategia muy simple basada en sus fortalezas y las buscaba sin
descanso.
Jimmy Connors
Jimmy Connors era un pitbull del tenis. Incluso varios años después de su
mejor momento era un gran, gran competidor. Era tenaz. Era extremadamente
táctico. Era oportunista. Era inteligente. Era de armas tomar. Jimmy jugaba al
tenis como si estuviese en el Coliseo Romano luchando por su vida. Podría
haber sido un gran gladiador.
Hasta que llegó Agassi, Connors tenía la mejor devolución de saque de la
historia del deporte. Solía desactivar la gran ventaja que tenían sacadores
como Kevin Curran, Ivan Lendl y Roscoe Tanner. No solo devolvía la pelota,
sino que además los forzaba a varios tiros adicionales. A tipos como Curran
que estaban acostumbrados a ganar dos o tres puntos por game solo con su
servicio, Jimmy los hacía jugar voleas extras. Y eso se traducía en quiebres.
Jimmy empezaba el partido buscando de inmediato los puntos flacos de tu
juego. Si detectaba un defecto en alguna parte, se comportaba como un
tiburón en aguas sangrientas. Te atacaba por ahí hasta que le mostraras que
podías superarlo. Connors podía encontrar en los primeros games cuál era tu
problema ese día y de inmediato empezar a diseccionarlo.
Su tenacidad y su determinación no tuvieron equivalentes. Encaraba el
partido con el máximo potencial desde el primer momento. Con Jimmy era la
guerra. Con Jimmy era una cuestión personal. El tenis no vio a otro
cascarrabias como él. Fue uno de los actos mayúsculos que tuvo el tenis.
Aprender de Jimbo
1. Nunca te rindas. Repite. Nunca te rindas.
2. Busca con agresividad las debilidades del rival. Al identificarlas, sigue
atacando.
3. Mejora la devolución de servicio. El saque del rival puede convertirse
en ventaja propia.
Jimmy Connors era la versión en tenis de un asesino a sueldo. Salía con un
solo propósito: ganar. Como deberías hacer tú. Esto puede sonar obvio, pero
con Jimmy se podía sentir el increíble deseo de vencer al otro tipo. Solo le
importaba ganar.
Jim “Terminator II” Courier
Jim Courier tenía una tonelada de tenis y la llevaba a la cancha cada partido
que jugaba. Intentaba el máximo en cada punto de cada game de cada set que
le tocaba jugar, sin importarle si estaba 5-0 o 0-5. Tenía una maravillosa
consistencia de altísimo nivel durante un partido. Jugar con él fue volver a
ver en sus ojos esa mirada feroz que tenía Connors. Por supuesto, todos los
jugadores tienen ese deseo. Pero pocos lo tienen todo el tiempo. Courier lo
tenía. Me daba la sensación de que hasta se cepillaba los dientes con
ferocidad.
Otro aspecto de su juego por el que había que estar alerta era su
determinación para buscar el tiro que estaba a su alcance. Cuando Jim veía
una pelota que le gustaba, con la que podía abrir la cancha, la jugaba al
110%. No tenía miedo de jugar su tiro cuando sentía que lo tenía. No le daba
vergüenza. No esperaba a tener la oportunidad perfecta para sacudir la
pelota. Jim le pegaba incluso si estaba al límite de su alcance. Y lo hacía sin
tener cuidados. Cuando olía la chance de tener el control del punto, de
inmediato tomaba la oportunidad.
También era grandioso para combinar los golpes. Podía jugar plano, con
efecto, grandes ángulos y profundidad. Nunca veías lo mismo una y otra vez,
te impedía entrar en sintonía con su pelota. Mantenía un programa muy
variado. ¡Y hasta podía aplastar con su servicio!
Finalmente, quiero volver sobre algo que mencioné antes: presión y
nervios. Jim los manejaba de una manera única, de la manera opuesta a como
lo hacía yo. Cuando los puntos eran importantes y con mucha presión, Jim le
pegaba cada vez más duro. No lo veías jugando conservador o seguro. Por
eso lo llamaba Terminator II (Lendl era el Terminator original).
Cuando tenías a Courier del otro lado de la red, sabías que en los puntos
importantes (puntos de game, set, match, tie breaks), él le pegaría más duro
que antes. Saber eso te ponía bajo fuego. Sabías que Courier te iba a sacudir
con todo su poder y te llevaba a intentar cosas que no debías (ir por aces,
terminar puntos demasiado pronto, exagerar los golpes).
Jim Courier fue el jugador número uno del mundo en 1993. Cayó de la
cima y tuvo que luchar un poco por su juego, pero Courier fue siempre
corazón y dedicación.
Copiar a Courier
1. Ganas de jugar. Dale al partido todo lo que tienes desde el primer
punto.
2. Combinaciones. Juega todos los tiros y trabaja para desarrollar más
armas para incorporar al juego. No dejes que el adversario vea lo
mismo una y otra vez.
3. Agallas. No dejes pasar las oportunidades. Cuando las circunstancias
son grandes, dobla la apuesta. Si tienes que caer, al menos hazlo con las
armas humeantes.
4. Toma el tiro cuando lo veas. Esto tiene que ver en realidad con el punto
3, agallas. Cuando está la chance de empezar a hacerse cargo del punto,
hazte cargo. Desarrolla tu olfato para esas situaciones. Capitaliza cada
pequeña oportunidad.
Jim Courier no tenía el mismo nivel de habilidades naturales que tenían Pete
y Andre, pero neutralizaba esa pequeña diferencia con su deseo. Jugaba un
tenis caliente. Habría sido una potencia en el tenis por venir, si no se
quemaba antes.
Pete “el Fuego” Sampras
Pete el Fuego era un atleta extraordinario. Al tope de la lista cuando se trata
de hablar de talento. Como McEnroe, podía pegar tiros que otros solo podían
soñar. Podía atacar la red y su rival, retrucar con un passing shot paralelo casi
perfecto. Pete se lanzaba a la bola y con la postura perfecta voleaba un suave
drop shot. Cruel.
Su técnica era difícil de copiar, porque era tan relajado para pegar, con su
juego de muñeca y su estilo casi ostentoso, que era hablar de una destreza
tremenda. Pero hay mucho de su abordaje táctico que puede inspirarte.
Pete tenía un servicio fantástico y sabía que tenía a disposición un arma
dominante. En esos días que acumulaba aces (y winners), era como si
estuviese recogiendo uvas, entonces empezaba a probar sus chances para la
devolución de saque. Trasladaba mucha presión al rival porque se sabía que
lo más probable era que mantuviera su servicio. Empezaba a atacar el saque
tomando algunos riesgos y presionando en cada saque. Cuando sacabas ante
él en esa situación de pronto enfrentabas una presión enorme. Realmente
desestabilizaba tu juego de saque.
Pero tan importante como lo anterior era que cuando Pete empezaba a
fallar el primer saque no tenía ningún problema en probar efectos para
retomar el ritmo. No se empecinaba en seguir martillando con su bomba una
y otra vez. Bajaba de la cuarta marcha a la tercera (o segunda). Después,
cuando volvía a entrar en ritmo, volvía Pete el Fuego. Un buen manejo
mental.
A Pete nunca se lo encontraba fuera de sus casillas. Mantenía la
compostura y no se preocupaba por el público, los errores de los jueces, las
interrupciones o cualquier otra cosa. Si algo que ocurría fuera de la cancha lo
molestaba, no lo dejaba traslucir. Se notaba cómo volvía a su eje con algunas
respiraciones profundas y algunos piques con la pelota. Muy tranquilo. Se
rehusaba a gastar energía o emociones en nada que no estuviese dentro de las
líneas de la cancha.
Los principios de Pete
1. Cuando mantienes el servicio con facilidad, incrementa la presión sobre
el saque adversario. Toma algunas chances y sé más agresivo.
2. Tras errar tres o cuatro servicios, baja un cambio. No te pases de
ambicioso y prueba con efectos hasta retomar el ritmo y la confianza.
3. No te salgas de tus casillas. No dejes que lo de afuera moleste. Quita
energía y rompe la concentración.
Pete el Fuego fue uno de los grandes del circuito. Tenía grandes destrezas,
gran compostura y era un jugador inteligente. Una combinación para
convertirse en leyenda.
Brad Gilbert
Por Tom Chivington, coach de Brad, instructor del Foothill Junior
College durante treinta y tres años.
Cuando conocí a Brad en el Foothill College en 1980, me tomó bastante
tiempo darme cuenta de sus virtudes. La primera vez que lo vi en una cancha
tomé la siguiente nota mental: “No tiene drive. No tiene revés. No volea. Su
saque es débil”. Como así también reparé en otro aspecto: gana partidos.
Es lo que se conoce como el sueño de todo entrenador, un chico que puede
darse cuenta de cómo ganar sin armas extraordinarias. Brad hacía eso.
Durante su carrera universitaria, nunca se me ocurrió pensar que Brad iba a
dar el salto a ser profesional, o que siquiera lo intentaría. Sin embargo, tomó
una decisión correcta tras abandonar Foothill, que me hizo ver que tenía un
gran futuro.
En ese momento, a principios de 1982, para entrar a los torneos había que
clasificar. Por si no lo saben, las Qualy son donde las estrellas del futuro
pelean por los dos o tres lugares en el torneo de la semana. La ferocidad y la
intensidad de esos partidos son legendarias. Los chicos se desesperan por
entrar y se torna sangriento. En 1982, Brad ganó veintiocho partidos
consecutivos de clasificación ante jugadores como Pat Cash, Guy Forget,
Miroslav Mecir y otros.
No hay registros de hechos como este, pero dudo que algún otro jugador lo
haya conseguido antes o después. Eso me demostró que a Brad le corría algo
muy especial por dentro de su cuerpo.
Muchos expertos criticaron su estilo porque no le veían la clase de brillo de
jugadores como McEnroe, Becker, Agassi o Sampras. Cuando llegó a ser
número cuatro del mundo, con más cuatro millones de dólares en premios,
Brad empezó a tener bastantes más seguidores que admiraban su capacidad
para encontrar un triunfo. Ahí fue cuando se lo asoció a “ganar feo”.
Pero antes de desmerecer sus habilidades para los golpes, les aseguro que
Brad tenía buenos activos en ese departamento. Trabajaba con una amplia
gama de tiros confiables. Brad era un contragolpeador. Sacaba su mejor
potencial cuando era atacado.
Su condición física también era importante. Después de una operación en
1988, empezó a trabajar con exclusividad con Mark Grabow para
acondicionarse físicamente. Mejoró su fuerza y su resistencia de un modo
notable. Cuanto más largo era el partido, más chances le veía a Brad de
ganarlo.
Tenía también mucho poder de anticipación. Estaba casi siempre preparado
para lo que podía ocurrir en la cancha.
Pero en lo que Brad sobresalía, mejor que cualquier otro jugador en el
circuito, era en su abordaje mental del deporte. Entendía la importancia de
combinar sus virtudes con las debilidades del adversario. Sabía cuándo
atacar y cuándo cuidarse. Tenía un gran conocimiento del court y entendía las
dinámicas del partido. Su preparación previa era superlativa. Cuando llegaba
a la cancha, estaba totalmente preparado para el trabajo que le esperaba.
El abordaje básico de Brad es el que deberían copiar todos los jugadores
que se divierten en un club. Brad Gilbert aborrecía los errores estúpidos. No
podía tolerar darle puntos gratis al rival. Cuando lo enfrentabas, debías
procurar conseguir todo en el partido, porque él no regalaría nada. Para
cualquier tipo de jugador, no encuentro otra fórmula para mejorar que aplicar
esa filosofía.
Brad era descripto como un jugador muy conservador, que no ofrecía
demasiado al partido. Pero en realidad lo que hacía era un gran negocio. Sin
brillar, analizaba a sus rivales en extremo. Sabía qué esperar, qué haría un
jugador específico en una situación específica. Cuáles eran los tiros favoritos
y en cuáles no se sentía tan cómodo. Jugaba con inteligencia en los
momentos importantes del partido.
Cuando trabajaba con mis alumnos, descubrí que aquellos que aplicaban el
pensamiento y el abordaje de Brad a sus propios partidos mejoraban de
manera sideral.
Suena fácil, pero no lo es. Muchos jugadores son vagos cuando entran a la
cancha. Siempre sentí que la razón por la que Brad se distinguía era porque
de niño no podía descansar en esas dotes extraordinarias con las que algunos
deportistas son bendecidos al nacer. Estoy convencido de que les demostró a
muchos jugadores del montón cuán valiosa es esa parte del juego.
Brad básico
1. Aprende a odiar los errores no forzados.
2. Sé un observador del propio juego y del rival. Observa qué pasa durante
un partido.
3. Combina las virtudes propias con las debilidades del adversario.
4. Lee la regla número 1 todas las veces que sea necesario.
Brad Gilbert entendía en cuán gran medida un partido de tenis se jugaba en la
mente. La observación y el análisis eran fundamentales en su juego. En su
abordaje del juego tenía mucho más que aquello que el tenista promedio
podría aprender de cualquier otro jugador en el circuito. No ganaba con
golpes de superestrella. Ganaba porque maximizaba lo que tenía en su
departamento. Hacía eso porque es un hombre muy pensante. Entendía cómo
preparase para un partido y cómo reconocer y capitalizar las dinámicas de un
partido. Era brillante para tirar abajo la efectividad del juego de su rival. Si el
típico jugador de club pudiera hacer lo mismo, su mejora sería notable.
Siguiente: ¡la caballerosidad deportiva no es un juego!
III
Juegos mentales, psicología y espíritu
deportivo
Historias del circuito
“Mejor lugar para estacionar”
Brad Gilbert cuando le preguntaron qué significaba ser el octavo
preclasificado en el US Open.
12
Los maestros de la furia: Connors y McEnroe
Sal y compra la raqueta más cara del mercado. Practica hasta que te sangren
las manos y toma clases hasta que quedes en bancarrota. Entonces toma
algunas vitaminas y ten una buena noche de sueño reparador. Puedes hacer
todo eso, pero no prosperará si el rival te saca de quicio durante el partido. O
incluso antes de empezar. Y yo lo sé. He sido trabajado por los mejores en
este negocio. De hecho, John McEnroe me hizo uno de los mejores trabajos
psicológicos de la historia del tenis y ni siquiera estábamos en la cancha
cuando lo hizo. Me comió la cabeza antes de que empezara el partido. El día
anterior.
Estábamos programados para jugar la final del Abierto de San Francisco de
1984. Yo empezaba a llamar la atención de alguna manera en el mundo del
tenis en ese momento y, como nací en la zona de la Bahía de San Francisco,
quería mostrarme en buena forma ante fanáticos de mi zona. Y qué mejor que
hacerlo con un triunfo ante el mejor jugador del mundo, John McEnroe. Sin
embargo, Mac tenía otras ideas. Una de ellas era entrar en mi cabeza antes de
que siquiera le pegara a una pelota de tenis.
La noche previa a nuestro partido, McEnroe fue entrevistado por el diario
San Francisco Examiner: “Brad Gilbert no le pega a la pelota con la fuerza
suficiente ni para romper un huevo. No le pega, la saluda”. Leí esa
declaración en mi departamento y me puse tan loco que no pude terminar la
cena. “¿Quiere ver un poco de potencia? Le voy a mostrar potencia. ¡Voy a
derribar a ese desgraciado en la cancha!”. No hace falta decir que el destino
del partido ya estaba decidido. McEnroe me había encerrado en mi propia
ciudad.
Al día siguiente salí a la cancha del Cow Palace e intenté sacudir cada
pelota que me vino. Hice polvo varios saques y le saqué tiza a los tiros de
fondo. Intentaba aces con mi segundo servicio. Quería demostrarles a los
fanáticos de mi ciudad que McEnroe estaba equivocado, que Brad Gilbert era
un tenista poderoso. Lo que les demostré es que McEnroe era una gran artista
de la estafa. Me había sacado de mi juego. Perdí en sets corridos.
A McEnroe debe haberle encantado. Ganó 6-4, 6-4, y el juego psicológico
había sido la diferencia. Después le dijo a un periodista: “Brad pareció jugar
con un poco más de agresividad que de costumbre. Creo que eso dañó su
juego”. Y lo dijo con cara de póquer. Gran juego de Mac.
Dos tipos de juegos psicológicos
Hay dos tipos de juegos psicológicos que pueden lastimarte. El que hace tu
rival y el que te haces a ti mismo. Ambos pueden dañarte, si no entiendes lo
que sucede en ese momento. Con McEnroe en San Francisco nunca me puse
a pensar en lo que me sucedía. Dispuso la trampa y caí.
Los juegos mentales que se despliegan durante un partido pueden afectar el
resultado tanto como los aspectos físicos y tácticos. Recuerden esto: los
juegos mentales que usa el adversario tienen el mismo propósito, pertubar la
concentración. Molestan el ritmo y el compás del partido, te sacan de tu
juego. Te conviertes en una persona manipulada. En lugar de controlar tú el
tempo, el ritmo y la “actitud” del partido, pasas a ser controlado.
Aquí van algunos consejos específicos para contrarrestar esas tácticas que
aparecen con frecuencia en los partidos. Suelo decir: “Cuidado con la tortuga,
el conejo y el estafador” (el juego lento, el juego rápido y la trampa).
También quiero mencionar algunos juegos mentales que sufrí y de los que
puede aprender. Pero quiero empezar con uno de los “desórdenes” mentales
más comunes en el tenis: la furia, en el otro jugador y en ti. Ambas pueden
sacarte del juego y destruir tus chances de ganar el partido.
El mejor en ser peor
Los dos mejores “jugadores” de todos los tiempos fueron John McEnroe y
Jimmy Connors. Cuando se trataba de controlar lo que estaba pasando en la
cancha, ellos mandaban: controlaban al público, al umpire, a los linesmen, al
árbitro general e incluso a los ballboys. Controlaban los altercados y las
disputas y, lo más importante, controlaban cuándo ocurrían. Eran grandiosos
para dictar los tiempos del partido, más rápido o más lento en función de lo
que querían hacer con el otro jugador. Podían controlar la energía, la
atmósfera y la actitud dentro y fuera de la cancha.
En un partido largo podían generar más altos y bajos que un ascensor. Y en
su mejor (o peor) momento podían lastimarte sin pegar una pelota mucho
más de lo que podían hacerlo otros jugadores con la raqueta. Eran como los
mellizos malvados de Bart Simpson. Aquí les cuento cómo el rey de la
astucia deportiva, Jimmy Connors, manipulaba las cosas para que la furia (la
suya y la mía) se transformasen en su arma predilecta.
Connors pierde los estribos: Chicago, 1985
Jimmy y yo habíamos tenido algunas batallas increíbles y habíamos estado
cerca de chocar las cabezas un par de veces (¿recuerdan cuando estaba
chillando en el vestuario después de su derrota en el Masters 1987?). No le
gustaba que nadie lo llevara por delante y yo también odiaba que quisieran
derribarme, sobre todo alguien que usaba su fama de “leyenda” como una
ventaja. Y Jimmy lo hacía cada vez que podía. Sacó algo a la luz en Chicago
que me puso tan furioso como nunca durante un partido.
En 1985 estábamos programados para jugar en la ciudad del viento en un
momento importante de mi carrera. Tengan en cuenta que yo ya estaba entre
los veinte mejores del mundo, pero todavía no había tenido triunfos ante los
grandes nombres. Escalaba paso a paso en el ranking y de pronto tenía
enfrente en los cuartos de final a Connors, que estaba número tres en el
mundo. Un triunfo significaba un salto de calidad. Yo pensaba que le podía
ganar. Voy a la parte buena y les cuento qué pasó. Y por qué.
Nos repartimos los primeros dos sets 6-4, 4-6 y yo comenzaba a apagarme.
El tercer set era muy duro, con ambos tratando de no dar ni un centímetro de
ventaja. Cada uno fue manteniendo su servicio hasta que le tocó sacar a
Jimmy, 4-5 y 30-40. La situación era inusitada. Tenía un match point frente a
mis ojos. Sabía lo que los psicólogos deportivos dicen acerca de pensar en
“un punto por vez” y todo eso, pero no podía evitarlo. Estaba eufórico y
pensaba: “Gilbert, te vas a cargar a Connors. ¡Ya estás para cosas mayores!”.
Con un match point en contra, Connors se preparó para sacar y mantenerse
con vida en el partido. De manera deliberada, picó la pelota ocho o nueve
veces. Concentrado. Paciente. Del otro lado, yo pensaba que, si tenía la
chance, lo iba a atacar antes de que lo hiciera él. “Hay que ir por él a la
primera oportunidad”, me dije a mí mismo. Entonces sacó. Nada especial (su
especialidad). Vino a mi revés y devolví con un slice paralelo. Y profundo.
Corrí hacia la red. Jimmy cubrió la pelota y pegó un globo hacia el lado de mi
revés. No lo esperaba y me agarró desprevenido. Pero el globo fue débil, no
muy profundo. Pude retroceder unos pasos y pegarle con un giro de muñeca,
en línea recta. Me estiré, me moví con esfuerzo e impacté un smash paralelo
hacia el lado del deuce. Connors se movió para el lado equivocado. Él se
encaminaba hacia el este y la bola iba hacia el oeste. Picó en la línea de base,
detrás de él y el linesman la marcó buena.
Lo había hecho. Había ganado el match point y así vencía a una leyenda en
un gran torneo. Empecé a saltar como loco, con el puño cerrado en el aire,
excitado, exuberante y orgulloso de mí mismo. Corrí hacia la red para darle la
mano y aceptar las felicitaciones. Pero Jimmy no estaba con ánimo de
felicitar a nadie.
Antes de que pudiera hacer dos pasos hacia la red, se volvió loco. Empezó
a a gritarle al linesman, marcando la línea y un punto fuera de la línea. ¡Era
como un hombre salvaje! Tan loco que le salían cosas por la nariz y escupía
cuando hablaba. Golpeó la raqueta contra la cancha y salió disparado hacia la
silla del umpire sin parar de quejarse. Con la raqueta en sus manos, le gritaba
cosas que serían motivo de arresto, si estuviese hablando con un policía.
Volvió a señalar la “marca” que, decía, estaba fuera de la línea.
Mientras tanto, yo estaba en la red como un niño esperando a Papá Noel.
Estaba esperando que me felicitara por el triunfo. El partido estaba
terminado, ¿no era así? ¿Podía estar montando un show para después decir
que en realidad no le había ganado? ¿Una rutina distinta a aquella del
Masters? ¿Qué estaba pasando?
Jimmy continuaba irritado, gritando en la cara del umpire a pocos pasos.
¡Le quemaba la cabeza con que la pelota se había ido por tres centímetros!
Iba de nuevo a la supuesta “marca”. El público silbaba y protestaba. Era todo
un griterío.
Tenía las dos manos apoyadas en la red y seguía un poco confundido.
Esperaba que las cosas se calmaran. Las cosas no se calmaron.
De pronto escuché algo inadmisible. El umpire encendió el micrófono y
dijo: “Punto anulado. La pelota fue out. Servicio para el Sr. Connors. Deuce”.
¡Había anulado una decisión del linesman en un match point! Podían
haberme clavado un tenedor en el ojo y no habría gritado más fuerte. El
problema es que a esa altura ya nadie me escuchaba. Los 8321 espectadores
del estadio explotaron. El lugar se tornó salvaje.
Para ellos significaba más minutos de tenis y se sentían de maravilla. Yo
sentía que me habían asaltado. Amaban a Jimmy en Chicago (llegaron a
amarlo en todos lados, pero en esas épocas solo había entrado en el corazón
de un par de ciudades) y el público era un pandemonium. Antes habían
protestado por la primera decisión. Ahora estaban locos de alegría con la
anulación.
Se me soltó la cadena por completo. Me lancé contra la silla del umpire
para gritarle: “¿Cómo puede anular una decisión cinco minutos después de
que termine el partido?”. Estaba loco. El umpire seguía sentado como si nada
pasase. Me miraba como si fuese un ballboy que no estaba haciendo bien su
trabajo.
Me puse tan furioso que empecé a sacudir su silla. Me había pasado de la
raya. Él se asustó porque estaba sentado cinco metros arriba del piso, con un
tipo obviamente fuera de control que le sacudía la silla y que gritaba como un
loco. Parecía estar viendo el fantasma de Bill Tilden, sosteniéndose del
respaldo de la silla como si fuese un viaje en una montaña rusa. Estaba
furioso.
No sirvió de nada. El umpire sostuvo la anulación. El partido continuó.
Jimmy sacó en el deuce. No gané ese punto. Ni el siguiente. El partido se
puso 5-5. Me tocó sacar a mí. Perdí el primer punto. Perdí el segundo punto.
Perdí el tercer punto. Perdí el cuarto punto. Jimmy sacó 6-5. Perdí el primer
punto. El segundo punto. El tercer punto. El match point. ¡El match point!
Perdí el match point. Perdí el partido. La pesadilla total. No había ganado un
punto en tres games. Y Jimmy me había sacado el partido de las manos.
Jimmy se había cargado a un árbitro a mis expensas. Un completo desastre.
Estaba destruido.
Este es el punto. Jimmy había intimidado al umpire para que le diera otra
chance. La pelota había sido muy ajustada. Por supuesto que yo pensé que era
buena. Y el linesman también pensó que era buena. En una bola tan justa en
un match point, por lo general, no se anulan los puntos. Salvo que sea
Connors el que demanda la anulación y ocho mil personas ruidosas lo
apoyen. El umpire sucumbió ante la presión. Pero no fue ahí donde Jimmy
hizo el mayor daño. El mayor daño me lo hizo a mí. Lo peor es que me
quebré.
La anulación me destruyó por completo a mí, a mis pensamientos, a mis
emociones; perdí el control. Me fui de eje por mi furia y nunca pude volver.
Estaba tan enojado que perdí el control de lo que estaba haciendo en la
cancha. Sentí que me habían robado y fue como si me pusieran un balde en la
cabeza. Sabía que ganarle a Connors por primera vez era exigirme
demasiado. Pero tener que vencerlo dos veces en la misma noche era mucho.
Detesto admitirlo, pero pocas veces en mi vida como tenista me dejé estar.
Sentí que me habían hecho trampa.
Jimmy se la agarró con un árbitro y se la agarró conmigo. En su mejor
momento, él estaba dispuesto y era capaz de hacer cualquier cosa que le
viniera a la cabeza con tal de ganar. Recuerda, el punto de este incidente no
es que Jimmy es un mal tipo. Jimmy es Jimmy. Aquí el punto es la furia, la
furia incontrolable. Sucede en el nivel profesional y en todo nivel, por una
variedad de motivos y en momentos extraños. Pero cuando ocurre hay que
estar preparado para eso. Hay que ser capaz de reconocerla y de recuperar el
control. De lo contrario, será como jugar con una raqueta rota.
En este caso, yo no estaba mentalmente preparado. Nunca había tenido una
oportunidad como esa en mi carrera. No anticipé que algo así podría ocurrir.
Ese fue mi error. Aprendí de él.
La furia fuera de control te liquida por dentro (salvo que seas McEnroe o
Connors). La furia por la razón justa puede ayudarte. Ante un maestro como
Connors, necesitaba decirme a mí mismo que tenía que estar preparado para
cualquier cosa. Mi preparación mental para el partido fue floja en ese sentido.
¿Recuerdan que hablé de la facilidad de Connors para “controlar los
elementos”? Yo no estaba listo para eso en 1985. Necesitaba decirme a mí
mismo que estaba preparado para lidiar con cualquier cosa. Y que cuando lo
hiciera no debía entrar en su juego. Por supuesto, yo tenía derecho a discutir
con el umpire, pero en cuanto empecé a sacudir su silla, Connors ya había
ganado el juego mental. Si hubiese estado preparado mentalmente, podría
haber ganado el partido. Mi juego no me falló. Mi mente lo hizo.
Y para sumar un insulto a la herida, me multaron con u$s 1500 por ofender
al umpire.
Pero como verán después, aprendí una valiosa lección.
¿Gritar o no gritar?
Esa es la cuestión
Entonces, ¿cómo puede ser positiva la furia? Repito, la furia incontrolable
destruye tu juego. La furia por un motivo válido y bajo control puede
ayudarte.
Yo también hacía mis escenas de quejas durante un partido. Algunos
decían que demasiado. Me decían: “Brad, eres demasiado duro contigo
mismo. Chillas por cualquier cosa”. Seguramente estaban en lo correcto. Pero
lo que hacía era reprocharme cuando había tenido una falla en la ejecución o
en la estrategia. Cuando me dejaba estar, perdía pelotas fáciles o intentaba
demasiado en el momento equivocado, cuando me tornaba impaciente o no
dejaba de repetir la misma falla física o mental, me ponía loco conmigo
mismo. Tú también deberías hacerlo. Este tipo de furia puede funcionarte.
Es como un entrenador de fútbol en el colegio que te pega una patada en la
cola para hacerte despertar. Enójate contigo cuando te equivocas. Demuestra
que te importa. Tu juego lo va a escuchar. Pero después sigue adelante. Mira
lo que ocurre delante de tus narices. Olvídate de lo que acaba de pasar.
No se puede mirar hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo. Si te
desmoronas por un punto (o por un problema), es el fin. Un tenista distraído
comete errores físicos y mentales. Con Connors esa noche en Chicago no
podía mirar hacia adelante. No podía sacarme de la cabeza lo que había
ocurrido y focalizarme en lo que iba a ocurrir. Y me costó el partido.
Entonces la furia –la furia controlada– puede ser una gran motivadora, una
gran manera de captar tu atención. Puede hacer que se aceiten las cosas.
Úsala y no le tengas miedo. Contrólala. No dejes que te controle. Nunca pude
entender cómo un soberbio jugador como Bjorn Borg podía mantenerse tan
frío durante un partido. Parecía como si no le importara. Le robaban infinidad
de pelotas y lo sabía. Nunca lo vi molesto, ni una sola vez. Funcionaba para
él. No funciona para la mayoría de las personas.
Cómo controlar la furia
Con los años mejoré en controlar mi furia, mejoré en mirar hacia adelante y
salirme del problema que me había quemado los fusibles. Recuerda que la
dificultad consiste en controlar el estar fuera de control. Si eso suena como
una contradicción, lo es. Pero ya verás a qué me refiero.
1. Elimina la chispa, no el fuego
Aprende a reconocer la furia cuando comienza. La furia se cuela en ti antes
de que puedas reconocerla. Puede construirse lentamente o aparecer de
repente (como me ocurrió ante Connors). Pero el momento de hacer algo es
antes de que te consuma. Eso exige disciplina, mucha disciplina. Requiere
ignorar las emociones naturales y usar el pensamiento racional. Es muy difícil
para la mayoría de nosotros. La furia se alimenta de sí misma y cuanto más
tiempo te estés machacando, más difícil será detenerla. No dejes que la chispa
se convierta en llama.
2. Canaliza tu furia
Es importante que seas capaz de canalizar la furia hacia una causa específica.
Identifica la fuente. ¿Fue una pelota mal cantada? ¿Fue un tiro o una serie de
malos tiros? Hay que aislarla. Conocer la causa ayuda a crear la solución.
Hay que entrenarse para reconocer la furia temprano. Pregúntate: ¿qué está
ocurriendo?, ¿qué puedo hacer para cambiar lo que está pasando? Si tu drive
te está haciendo golpear contra las paredes, busca la manera de corregirlo.
Si tu rival te genera la furia, procura que te haga más fuerte. Conozco a
muchos jugadores de club que reconocieron que no se pueden meter en el
partido hasta que el rival no los hace enojar: un tiro mal cantado, un juego
lento, cualquier cosa que los irrite. Cuando tu rival te moleste, convierte lo
negativo en positivo. No pienses: “Voy a perder este partido por las cosas que
hace”. Mejor piensa: “Le voy a ganar por lo que está haciendo. Va a pagar el
precio”. Te esforzarás más por ganar.
Al principio de mi carrera solía enojarme con mi rival a un nivel personal.
Me olvidaba de la táctica y la estrategia y solo pensaba en lo imbécil que era
el rival o en el linesman que había cantado de manera equivocada. Tan mal
me hacía, que podía estar enojado con un árbitro por tres o cuatro días. Dos
días después de un partido en Europa llamaba a mi hermano Barry en
California y no entendía de qué estaba hablando. “Brad, ¿acaso no pasó hace
una semana? ¡Consíguete una vida!”. Pude mejorar. Trabajé duro para olvidar
la cuestión personal y me concentraba en tratar de hacerle a mi oponente lo
que no quería que él me hiciera a mí.
La furia es volátil. Como la gasolina, puede hacer funcionar tu auto o te
puede explotar en la cara. Se cuenta que Clark Graebner se puso tan furioso
con Illie Nastase, que después del partido lo colgó de un gancho en los
vestuarios. Más allá de que escuché la anécdota varias veces, dudo que sea
cierta. Graebner era lo suficientemente grande para hacerlo, de todos modos.
¿Entonces quién sabe? Con la excepción de McEnroe y Connors, la furia sin
control expulsa a un jugador del partido. Si la controlas, te puede servir para
ganar puntos. Estoy seguro de que Borg hacía eso: contenerla para usarla
como motivación.
3. No te autoflageles
Sabes que estás en problemas cuando empiezas a gritarte a ti mismo como si
le gritaras a un perro que te mordió la pierna. No lo hagas. Ya tienes un rival
en el court tratando de vencerte. Si te la agarras contigo, tendrás que enfrentar
a dos personas en una misma cancha. Yo lo hacía seguido y no funcionaba.
Era un mal hábito y dañaba mi causa. “Soy el peor, doy asco. ¡Imbécil!”.
Eran las típicas quejas en un mal día.
Antes que nada, al rival le encanta escucharlo. Cuando un rival me
escuchaba decir: “¡No puedo pegar un revés!”, me tiraba cada vez más al
revés. Además, agrandas a tu rival porque ve que te desmoronas. Lo haces
sentir más seguro de la posibilidad que tiene de ganar ese día. Cuando
empiezas a menospreciarte de ese modo, es difícil dar vuelta las cosas.
Cuando empiezas a enterrarte, el pozo se hace cada vez más profundo. Y tú
sigues ahí adentro. Cuando empiezas a gritarte lo penoso que eres como
jugador, es asombroso cómo sigues dándole la razón a esa descripción.
Entonces sé cuidadoso con la furia. Realmente puede dañar tus chances.
Están ahí. Están en la cancha. No se van a ir y volver a la oficina. Si la furia
es un problema para ti, canalízala. Cuando te enfurezcas, piensa en lo que vas
a hacer después, no en lo que acabas de hacer.
4. Ten una válvula de seguridad
Una buena manera de desviar la furia es desviar la atención. Desarrolla un
procedimiento específico para cuando estés dado vuelta de furia, cuando
sabes que necesitas asentarte. Podría darte cincuenta “pequeñas tareas” que
usé en mi carrera, pero aquí van las que usaba más seguido cuando necesitaba
un minuto de paz y reconciliarme conmigo mismo. Atarme los cordones.
Ordenar el encordado de la raqueta. Buscar la toalla y volver a llevarla a la
silla.
Nada complicado. En última instancia tiene que ver con el control interno,
el manejo mental o emocional. Como cuando quieres controlar la calidad de
tus golpes de tenis o el trabajo de piernas, debes tratar de controlar tu furia y
puedes hacerlo de una manera muy lógica y directa. Esto es hasta que quedes
envuelto en humo la próxima vez.
La furia. Parte II
Lo bueno, lo malo y John McEnroe
John McEnroe decidió interrumpir un partido conmigo en el estadio
Olímpico de la UCLA, mientras protestaba por una decisión arbitral que no le
gustaba. Es un gran ejemplo de cómo tomaba el control de lo que ocurría en
el court cuando lo sentía necesario. Y cómo la furia era su arma.
Jugamos el partido en 1986 un día en que la temperatura rondaba los 7 °C.
El público bebía para calentarse e incluso surgió una pelea en las tribunas. El
umpire tuvo que frenar el partido y llamar a un guardia de seguridad para
detenerla. Se tiraban los vasos de papel y los programas, y la gente gritaba en
los cambios de lado. Era como estar en un partido de los Raiders de fútbol
americano, en el Coliseum. Así de áspera estaba la escena.
McEnroe empezó como para destrozarme: 6-1 en el primer set y 1-0 en el
segundo. Yo perdía tan feo que no culpaba a los espectadores de querer ir por
una cerveza al menos para hacer algo. En algún momento del inicio del
segundo set, giré hacia a mi entrenador, Tom Chivington, con una mirada que
parecía preguntarle: “¿Qué puedo hacer?”. Se supone que no podía dar
ninguna indicación de coaching durante el partido, pero asentía con la cabeza
ante McEnroe un par de veces. Podía estar intentando no morirse de frío, pero
yo lo tomé como que debía ir por el juego en la red. ¿Por qué no?
Empecé a subir en todas las pelotas, a hacer saque y volea. Incluso en los
segundos saques de McEnroe comencé a apurar y a subir. Preso de la
desesperación no elegía las pelotas para subir, solo quería sacarlo de su
juego. ¿Saben qué? Funcionó. Empezó a cometer errores, yo me sentía mejor
y hasta empezaron a llegar mis winners. Pude ganar 6-4, y de pronto
estábamos luchando palmo a palmo: 3-3 en el tercero.
Como saben, aquí es cuando las cosas se ponen interesantes en un partido.
Los errores cuestan caro. Las recompensas son grandes. Mac sacó 15-30, 3-3.
Pensaba que era un punto puente y que si ganaba me tenía que llevar el game.
Entonces mantuve dos veces el servicio y me fui tranquilo a casa para el
cambio de lado.
Sacó y nos fuimos a un punto largo. Finalmente, pegó un slice de revés
paralelo. Le devolví con otro revés paralelo, solo que él ya no estaba ahí. Lo
tomé a contra pierna y no pudo llegar. La pelota aterrizó justo contra la línea
y la cantaron buena.
Algunos piques en la línea son demasiado finos y discutibles. Esta bola no
pegó en la parte de afuera de la línea, sino en la línea. Estarás pensando:
“Gilbert, otra vez lo mismo. Cada vez que cantan una bola en tu contra es una
mala decisión. Primero, la historia con Connors, ¡ahora con McEnroe!”. Ok,
no los culpo por pensar que soy un paranoico. Solo que esta vez sé que tenía
razón. Como así también el linesman. Y el umpire. Y hasta el público. Solo
una persona pensaba que no había sido buena: John McEnroe (y quiero
pensar que incluso él también sabía que había sido buena).
Cuando McEnroe escuchó el fallo, entró en erupción. Tiró la raqueta y se
dejó caer como si le hubiesen disparado. De inmediato saltó con un grito
enorme. Actuaba como si fuese la peor decisión arbitral desde que se inventó
el tenis, más allá de que me juego la vida que él sabía que había sido buena.
Pero eso es lo que pasaba y la contienda psicológica entró en escena. John
podía ver que el partido se le escapaba de las manos, si yo ganaba ese punto
puente. Pensábamos del mismo modo. Si yo ganaba el punto, me ponía 15-40,
y me disponía a conseguir un quiebre temprano, en un partido que no había
tenido quiebres desde que había vuelto a encarrilarme. Sabía que si lo
quebraba, yo terminaría sacando para el partido. Podía ver que yo estaba
jugando bien y se dio cuenta de que tenía que hacer algo para recuperar
impulso. Y cuando digo algo, digo cualquier cosa. Era el momento del
MacAttack.
Tatum O’Neal estaba en las tribunas esa noche y hasta ella debía estar
impresionada con el teatro que hacía su esposo. Digno de un premio Oscar:
“Mejor actuación durante un partido de tenis con 7 °C”.
Atormentaba al linesman por cómo había errado el fallo. Fue contra el
umpire, Zeno Fau, un tipo al que Mac pensaba que podía manipular e
imploraba la anulación del punto. Suplicaba por una anulación. Demandaba
una anulación. La multitud entró en escena, silbando por si acaso (incluso sin
entender por qué el punto significaba tanto para McEnroe). Al menos esta vez
yo no estaba ya en la red con la mano extendida para saludar, como me había
pasado con Connors. Mantuve mi cabeza en orden. No me iba a dejar atrapar
en la confusión. Sabía que ese punto no iba a ser anulado.
Mientras tanto, McEnroe se las ingeniaba para convertir la disputa del
punto en un caos total. No jugamos otro punto por diez minutos. No me daba
cuenta, pero había empezado a enfriarme y mis músculos se endurecían.
Después de diez minutos, me sentía como si hubiera estado colgado en un
frigorífico, porque la transpiración se enfría demasiado rápido en esa
temperatura.
McEnroe mantenía el caos y yo perdía la concentración y mi energía para
el partido. La furia no era un asunto para mí. No dejé que la situación me
volviera loco (tal vez tendría que haberla dejado), pero sí le permití sacarme
de mi juego. Me convertí en un espectador de una performance de los actores
más grandes del tenis. Mac me había atrapado. Más allá de que no consiguió
la anulación, tuvo lo que quería.
Fau ordenó continuar el partido. Ya eran las diez y cuarto de la noche y la
gente empezaba a irse del lugar, quizá porque los vendedores habían dejado
de vender cerveza. Encaré hacia la línea de base enojado, frío, con la cabeza
fuera del partido. John era lo opuesto. Estaba caliente y listo para rugir.
Nadie, pero nadie, usaba la confusión, la conmoción, la disrupción y el
desorden para beneficiarse tanto como él. Su juego incluso mejoró en medio
del caos.
Me habría gustado saber cuántas veces había vuelto de un tumulto en la
cancha para sacar un ace de inmediato. Lo había visto por televisión hacerlo
infinidad de veces. ¿Saben qué? Lo hizo de nuevo. Ejecutó el más
reconocible movimiento de saque en el mundo y el tiro me pasó por la
derecha. ¡Ace! 30-40. Estaba demasiado frío para enojarme. Después, un
saque y volea. Deuce. Después, otro ace. Y después, un saque ganador. ¿O
fue un ace? Ya lo tengo borroso. Mac volvió hecho un estruendo y yo sentía
que me estaba resfriando. Deseaba que esa fuese la peor parte. Pero no lo fue.
El partido estaba 3-4 en el tercero. Mi servicio. McEnroe ganó un par de
puntos y yo conseguí un winner. Entonces algo ocurrió en el 15-30, que
efectivamente cerró el partido. Yo tenía el saque. Gran momento en el
partido: punto puente, game puente. Mac lo ganó y tenía dos break points a
favor. Yo hice lo que supuestamente tengo que hacer en ese momento:
“NMA. No me apuren”. Me decía a mí mismo: “Sin errores estúpidos, hay
tiempo, no hay que apurarse”.
Me daba cuenta de que el partido estaba en peligro de escaparse, más allá
de que todavía estaba a salvo. Junté mis pensamientos, bajé un cambio. Fui a
pedirle una toalla al ballboy, más allá de que no estaba transpirando
(necesitaba un paño tibio, no una toalla). Sequé mi grip y mis manos. Piqué la
pelota y miré a McEnroe. De pronto escuché al señor Fau prendiendo el
micrófono: “Advertencia por demora, Sr. Gilbert”. ¿Me estaba hablando a
mí? ¡No podía estar pasando!
¿McEnroe había interrumpido el partido por diez minutos y yo recibía una
advertencia por demorar? Era una tortura. Y terminó todo para mí. Le grité a
Fau. Pareció darme otra advertencia o una penalidad. No tenía a dónde ir,
estaba liquidado. McEnroe me había quebrado. Mantuvo el servicio. Game.
Set. Match. Oscar. McEnroe.
¿Por qué me ganó esa noche? Muy simple. Yo no fui inteligente durante la
demora. Me dejé atrapar sin hacer otra cosa que mirar. Era el show de John y
no lo pude detener. Pero al menos me tendría que haber mantenido en calor,
pegar algunos saques o ponerme un abrigo. Haber pedido permiso para ir a
los vestuarios hasta que el show de McEnroe hubiese terminado.
Lo que tendría que haber hecho es cualquier cosa excepto haberme
quedado quieto con 7 °C. ¿De quién fue la culpa? Sobre todo mía, por no
pensar con inteligencia durante la demora. Por no ignorar la advertencia por
demora (después de todo, no significaba nada). Dejé ir mi juego tanto física
como mentalmente. Y me costó.
Aquí va el gran final de la historia. Más tarde, en el vestuario, Mac vino a
hablarme con esa sonrisa tímida en su cara. Pensaba que me ofrecería
disculpas por su diatriba y la demora en ese punto discutido. Estaba
equivocado. Me miró y me dijo: “Brad, tendrías que tener más cuidado con
demorar los puntos. Con este clima me podría haber resfriado”. John siempre
tuvo sentido del humor.
La tempestad en una cancha de tenis
El hecho es que McEnroe siempre buscaba una excusa para perturbar el juego
cuando estaba abajo. Esa fue la mejor prueba. ¿Alguna vez lo vieron hacer un
escándalo cuando iba ganando? Pudo haber pasado, pero sobre todo cuando
la dinámica del partido empezaba a revertirse en su contra (como temprano
en el segundo set, cuando el rival trata de remontar el partido después de
haber perdido el primer set).
Por el contrario, si algo molestaba a John, podía parlotear por cinco
segundos sólo para que el público se agitara, algo que le gustaba. Cuando él
iba adelante, no habría arriesgado cambiar su impulso por crear un escándalo.
Si él iba atrás, o si su rival empezaba a encarrilar el partido, teníamos una
historia diferente. Ahí es cuando aparecía su obra en cuatro actos.
McEnroe sabía que podía lidiar con la conmoción. Sabía que lo ayudaba.
Como así también sabía que dañaba a su oponente y que entonces él podría
salirse con la suya. Los umpires y los árbitros no iban a entrar en conflictos
con McEnroe mientras fuese uno de los mejores del mundo. Esa noche en la
UCLA, el partido se murió por diez minutos porque él necesitaba alguna ayuda
para dar vuelta las cosas. ¡Y yo fui quien terminó con la advertencia por
demorar el juego!
¿Lo hizo con intención? ¡Por supuesto! ¿Es eso juego limpio? Para nada.
Fau y muchos otros reconocían la estatura de McEnroe y Connors cuando
estaban en la cima del mundo del tenis. Les permitían salirse con la suya en
esas situaciones impensables para otros jugadores. ¿Se podían imaginar a otro
tenista interrumpiendo un partido por diez minutos en una noche con 7 °C?
No puedo pensar en otro (salvo Connors). Mac y Jimmy usaban eso como
una gran ventaja ante los rivales, una y otra vez.
No fue hasta el Abierto de Australia 1991 que los árbitros expulsaron a
McEnroe del torneo por su comportamiento y el tenis tomó una medida de
verdad. Hasta ese momento habían sido cobardes. Cuando era McEnroe una
gran atracción en cada torneo que entraba, se asustaban de ponerle freno a sus
tonterías. Solo cuando ya no era uno de los jugadores importantes tuvieron el
coraje de hacer algo. Fue poco y demasiado tarde. Si lo hubieran hecho antes,
habría sido mejor para el tenis y para John.
McEnroe pagó un precio muy alto por su comportamiento. Perdió muchos
amigos y el respeto de muchos tenistas del circuito por culpa de sus tácticas.
Si hubiese mantenido un bajo perfil en la cancha, no habría estado sujeto a
tanto caos dentro y fuera del terreno y su carrera habría sido más productiva.
¿Cuánto más productiva? John McEnroe podría haber ganado uno o dos
títulos más de Grand Slam. Quién sabe. Incluso el Gran Slam entero.
Olvídense del dinero. Olvídense de los títulos menores. Hablo de hacer
historia en el tenis.
Esto es malo porque era un verdadero genio del tenis. Los dioses del
deporte lo bendijeron con un talento que muy pocos recibieron. El hockey
sobre hielo tuvo a Wayne Gretzky. El básquetbol, a Magic Johnson. Y el
tenis tuvo el asombroso talento de John McEnroe.
Cuando estaba en su mejor momento en los años ochenta, lo que hacía con
la raqueta era hermoso. Era realmente arte. Pero sus payasadas empezaron a
lastimar su juego. La prensa, el público, la publicidad y su imagen afectaron
sus nervios y su cabeza.
Wimbledon se convirtió en una pesadilla anual para él. La prensa británica
lo trataba como si fuese Jack el destripador bajo fianza. Las multitudes iban
preparadas para burlarse de John como si fuese un fenómeno de circo. Se
convirtió en el chico al que todos le daban una paliza. Ahí estaba uno de los
mejores de la historia usado como ejemplo para demostrar lo que estaba mal
en el deporte. Más tarde o más temprano lo encontraban. Las constantes
controversias que creaba lo hicieron descarrilar y tuvo que abandonar el tenis
por medio año.
Y recordarán que me culpó a mí por su retiro (cuando le gané en el Masters
dijo que era tiempo de reconsiderar si valía la pena seguir participando de
este juego). Yo solo fui la gota que rebalsó el vaso.
John McEnroe se consolidó como uno de los mejores jugadores de la
historia del tenis. Tuvo una carrera tremenda, pero pudo haber sido el mejor.
John no se dio a sí mismo la chance de alcanzar todo su potencial. Pero no
fue solo su culpa. El establishment del tenis la comparte. No tuvieron las
agallas de lidiar con él cuando le podrían haber hecho un bien a John y al
tenis como deporte.
McEnroe entendió bien temprano que todo ese dolor de estómago
funcionaba para él. Era capaz de llevar la furia endemoniada a la cancha y
después irse como si nada hubiese pasado. Eso hizo conmigo esa noche en la
UCLA, así como lo hizo con otros a lo largo de su carrera. De lo que no se
daba cuenta era del precio que pagaría en su cabeza, su juego y su vida.
Ganarle a McEnroe se te subía a la cabeza
Y ya que estamos hablando de John McEnroe, ¿recuerdan cuando les
mencioné que mi triunfo en el Masters 1986 había sido “demasiado grande”?
Me refería a lo siguiente.
Después de ese partido en el Madison Square Garden, la prensa se
entusiasmó mucho conmigo. Acepté entrevistas con toda la prensa de Estados
Unidos. Los programas matinales de televisión me querían como invitado.
Los noticieros deportivos especulaban con que podía ser la próxima
superestrella del tenis. En solo un par de horas me convertí en alguien.
Incluso dentro de mi cabeza. Sonaba muy bien ser “¡El próximo gran tenista
de Estados Unidos!”. Había sido un largo camino desde las canchas envueltas
en niebla en el Golden Gate Park de San Francisco. Lamentablemente, me lo
creí por un momento.
En solo doce horas pasé de ser un jugador que no daba nada por hecho a
creer que ganaría los partidos de antemano. De ser un jugador acostumbrado
a llevar la vianda y el casco de trabajo a exigir las medias planchadas antes
del partido. De ser un jugador que asumía que tenía que pelarse el lomo y
trabajar para ganar a pensar que podía transpirar el mínimo y aun así ganar.
Gran error. Al día siguiente, Anders Jarryd me pegó una paliza: 1-6, 1-6.
Aprendí más de ese partido que de cualquier otro que jugué. Aprendí de la
manera más dura posible que uno debe saber quién es y seguir con esa idea.
Pude por fin entender mi juego y mi potencial, y el de los adversarios. Me di
cuenta de que no le iba a pasar por encima a muchos jugadores. Debía
empezar a hacerlos jugar con sus debilidades contra mis fortalezas más
seguido de lo que ellos querían. Y salvo ocasionales excepciones (como
aquel partido contra McEnroe en San Francisco en el que quise impresionar
al público), seguí firme mi plan.
En esa contienda por el Masters 1986, McEnroe trató de sacarme de
partido con insultos en el cambio de lado, diciendo que no “merecía” estar en
la misma cancha que él. Cuando escuché eso fui lo suficientemente
inteligente para darme cuenta de que él estaba en problemas, que trataba de
vencerme en el terreno psicológico porque no podía hacerlo con los tiros.
Sabía que él pensaba que iba a perder frente a mí por primera vez. ¡Y
enfrente de su público de Nueva York! Fui a mi silla, me puse la toalla sobre
la cabeza y me dije a mí mismo: “McEnroe está preocupado. Mejor me
mantengo en mi juego. Hay que estar preparado para cualquier cosa. Tenis
consistente”. Su trabajo psicólogo no funcionó, porque yo sabía lo que
pretendía hacerme. Cuando empezaron a sucederse las interrupciones, yo
estaba preparado. Gané el partido porque tuve un apropiado manejo mental y
emocional.
Ese día John no pudo sacarme de mi juego. Al día siguiente, yo mismo me
saqué de mi juego. Encaré el partido con Anders pensando que el sapo se
había convertido en príncipe. Fui devuelto a la tierra con un 1-6, 1-6. Aprendí
muy rápido la lección. La semana siguiente llegué a las semifinales del US
Indoors. Poco tiempo después fui convocado para el equipo de Copa Davis.
Y la siguiente semana conseguí otro torneo tras ganarle a Connors, Edberg y
Jarryd. Un mes después nos volvimos a enfrentar con Jarryd en Memphis. Le
gané 6-3, 6-0. Nunca volví a perder frente a él. Me gustaría decir lo mismo
acerca de McEnroe.
13
El arma letal de Lendl
La llamo Tiempo de Tortuga: ralentizar tanto el partido que parece que estás
jugando en arenas movedizas. Era como uno de esos sueños en donde corres
todo lo que puedes, pero no avanzas hacia ningún lado. Todo es en cámara
lenta. El maestro del Tiempo de Tortuga era Ivan Lendl.
El Tiempo de Tortuga está diseñado (como cualquier otro trabajo
psicológico) para cambiar la dinámica de lo que ocurre en el partido. Allí,
con una variedad de maneras, un jugador puede hacer que el tiempo se quede
quieto. La víctima (tú o, en este caso, yo) se impacienta. Y cuando uno se
torna impaciente, tiende a apresurarse. ¿Ves cómo funciona? Se altera tu
tempo interno. La concentración se va a la deriva. Puede destruir tu juego si
no sabes cómo responder.
Ivan no era un jugador lento. Deliberado, sí, pero no lento. Era cuando las
cosas no le salían como quería que usaba esta táctica. La usó con éxito ante
mí en un partido cuando él era el mejor del mundo y todavía me dura el dolor
de cabeza. Si recuerdan que nunca pude ganarle, deben pensar que es pura
envidia. Pueden estar en lo cierto. Pero sobre todo es un ejemplo de saber qué
hacer para no perder el partido cuando estás volviéndote loco. Así es cómo
fue.
Lendl vs. Gilbert: Stratton Mountain 1986, cuartos de
final, u$s 315 000 en premios
Me puse mucha presión para este partido porque sabía que un triunfo en ese
momento sería un gran precedente. Nunca le había ganado a Lendl. Él era el
número uno del mundo y yo luchaba entre el décimo segundo y décimo tercer
puesto. Tenía la sensación de que podría por fin derribarlo. Y resultó, eso era
lo que sucedía.
Si bien Ivan había ganado el primer set, empecé a encontrar mi tempo y a
jugar bien en el segundo set, para ganarlo 6-3. Seguí con el envión en el
tercero, con un break y un saque a favor, 2-0. Ivan sabía que habíamos
alcanzado un momento clave. El set y el partido se le podían escapar. Si yo
lograba mantener el servicio durante el resto del partido, ganaría. Se daba
cuenta de la dinámica del partido y de que si tenía que hacer algo, era mejor
hacerlo cuanto antes.
Sabía también que venía encarrilado, todo me funcionaba: golpes sólidos,
buen trabajo de piernas, concentración, actitud positiva. Hasta podía escuchar
mi discurso ante el público tras el triunfo. Como resultó el partido, el discurso
tuvo que ser postergado. Ivan guardaba algunos ases bajo la manga.
Recordarán que mencioné a Ivan como uno de los mejores para mantener y
estirar una ventaja. También era uno de los más grandes cuando se trataba de
que el partido no se le fuera de las manos. Como Connors y McEnroe, tenía
un fino sentido de alerta para darse cuenta de cuándo empezaba a ocurrir. Su
respuesta, sin embargo, era totalmente opuesta a la de los otros dos tenistas.
Este partido estaba en peligro de que se le escapara e Ivan no lo iba a
permitir. Sabía que en ese momento uno de mis grandes activos era el ímpetu.
La energía que había creado me llevaba para adelante y ganaba los puntos
con fluidez, ocho de los últimos once games. Entonces Lendl entendió que lo
estaba venciendo. Sabía que para ganarme tenía que interrumpir esos golpes
y lo único que podía hacer (en ese momento) era romper mi compostura.
¡Ivan sabía que se imponía el Tiempo de Tortuga!
Entonces tercer set, mi saque 2-0 arriba. Me dispuse en la línea de base,
listo para sacar. Ivan tenía otros planes. Hizo un poco de escándalo antes de
que empezara mi movimiento de saque. Le dijo al umpire que le pidiera al
público que no usara los flashes de las cámaras de fotos. En ese momento,
después de más de dos horas de tenis, con dos sets y medio jugados y algunas
advertencias, el público ya no estaba tomando fotos. ¿Cómo podrían? Para
ese momento ya no tendrían película disponible. Su queja era solo una
pequeña interrupción para molestarme.
Jugamos el punto. Ivan caminó hacia donde estaba el linesman y le
preguntó si estaba seguro de lo que había cantado. Le preguntó sobre un
punto anterior y le sugirió prestar más atención. Lendl se quedó ahí,
moviendo la cabeza para un lado y para el otro, con la cara larga como si
hubiese perdido a su perro. Lentamente encaró de nuevo hacia la línea de
base.
Sacudió la cabeza como si la vida fuese demasiado dura para él. Nada para
preocuparse. Solo una pequeña demora para interrumpir las cosas.
Perfectamente legítimo. Gradualmente... empezó... a... demorar... las cosas.
Gradualmente... empezó... a... cambiar... el ritmo... de juego. En el camino
hacia la línea, buscó la toalla para secarse.
Entonces, agregó algo más a su rutina. Me preparé para sacar de nuevo.
Justo cuando estaba empezando a hacer el movimiento, Ivan levantó la mano
y encaró hacia la silla del umpire. Ivan me señaló. Le escuché decir al umpire
que me advirtiera por tomarme demasiado tiempo para sacar. ¡Buena
maniobra! Me tomó por sorpresa. Él era quien demoraba las cosas y me
acusaba a mí de hacerlo. Me quejé ante el umpire que estaba sacando
exactamente igual que durante todo el partido. El umpire estaba de acuerdo.
Pero empecé a caer en la trampa de Lendl.
De manera casi imperceptible empecé a quebrar mi ritmo y mi
concentración. Me quiso fuera de mi zona mental porque yo estaba arriba en
el marcador. Quería que empezara a pensar y que me molestaran sus quejas al
umpire. Quería que yo mismo me convenciera de que me tomaba demasiado
tiempo para sacar. En síntesis, que pensara en cualquier otra cosa que la que
estaba pensando, ¡solo porque estaba ganando!
Su astucia funcionaba. En lugar de pensar en ganar de a un punto por vez,
empecé a pensar en las interrupciones y en las demoras, en la posibilidad de
que el partido se me escapara. Dejé que las tácticas de Lendl se inmiscuyeran
en mi concentración. Me puse un tanto inquieto. Quería que el partido se
desarrollara más rápido. Me impacienté.
Apuraba las cosas para contrarrestar su táctica de lentitud. Era la respuesta
equivocada. Era exactamente lo que él quería, y le funcionaba.
Lendl me quebró el saque. Estábamos iguales en saques y yo estaba loco
como el demonio. Me fui de foco. Fui incapaz de seguir mis reglas. Las
distracciones de Ivan me alejaron de ellas.
Empecé a jugar desde una postura emocional. Reaccionaba de la manera
equivocada. En vez de decirme a mí mismo que estaba ganando y que la
paciencia me iba a llevar a la victoria, me preocupaba el hecho de que él me
sacara el partido de las manos.
Un exquisito estofado de tortuga
Lendl recuperó el quiebre y sacó 1-2 en el tercero. Yo estaba furioso y
decidido a volver a quebrar, y de inmediato.
Con parsimonia, fue hacia la línea para sacar. Yo estaba listo, pero él
todavía no empezaba el movimiento. Antes tenía algunas otras cosas de las
que ocuparse. Empezó con su rutina de las pestañas. Quizá la hayan visto por
televisión. Se arrancaba una pestaña y la observaba. Después se sacaba otra y
la miraba. Después otra. Cómo tendría pestañas todavía después de quince
años de carrera, no lo sabía. Se las había estado sacando y mirando por
quince años. Esa noche en Stratton Mountain empezó a sacárselas de nuevo.
Después, se tomó su tiempo para elegir la bola con la que quería sacar.
Observó una y se tomó un buen tiempo para estudiar la siguiente. Y volvió a
la primera. Entonces las giró en su mano como si fuesen dados. De nuevo las
miró de manera individual. Finalmente se decidió por una. Yo seguía en
posición.
¿Momento para sacar? Ivan empezó a picar la pelota que había
seleccionado. Una vez. Dos veces. Tres, cuatro veces. Un momento. Debía
tener sudor en los ojos, entonces se secó con la muñequera. Picó de nuevo la
bola. Uno. Dos. Tres veces. ¡Paren todo! El grip estaba resbaladizo.
Ivan buscó en su bolsillo un poco de resina y lo frotó por el grip. Yo seguía
en la misma posición. Giró la raqueta un par de veces. Se tocó el calzado.
Picó la bola una vez más. Me miró fijo. Yo seguía allí.
Sacó. ¡Ace! Lendl 15-0 arriba. Yo seguía en la misma posición en la que
había empezado toda la escena.
Ivan repitió el mismo acto completo para el segundo punto. De tanto estar
en esa posición, estaba casi acalambrado. Primero, la rutina de las pestañas.
Después, el sudor. Picar las pelotas. La resina. Más piques. Finalmente sacó.
¡Falta! A la red.
Ivan se corrió de la línea. Ajustó las cuerdas de la raqueta. Se sacó otra vez
el sudor. Estudió las pelotas. Todo de nuevo para el segundo saque, quizá con
más tiempo.
Aquí hay un hecho. Más allá de las reglas, Ivan se tomó cincuenta
segundos entre los dos saques. Esto era el Tiempo de Tortuga en el tenis y era
letal. Empecé a perder el eje. Ivan siguió a ritmo lento para mantener el
servicio. El partido ya estaba empatado.
Ivan trabajó su plan a la perfección. Desde ese 2-0 en el tercer set, no gané
otro game. Él se llevó seis games consecutivos y me ganó 6-2, 3-6, 6-2.
La próxima vez que lo veas ponerle freno al partido, estudia su estrategia.
Piensa cómo sería si, esperando del otro lado de la red, estuvieses tú.
Esperando. Sabes que él está jugando uno de sus juegos y que esos juegos te
vencen. Terminas derrotándote a ti mismo.
Esa noche de los cuartos de final en Stratton Mountain, Lendl se las
ingenió para quebrar mi concentración, el ritmo y el timing. Si hubiese sido
más inteligente, no habría podido hacerlo.
Mantuvo el Tiempo de Tortuga hasta que estuvo un quiebre de saque
arriba y después volvió a su ritmo habitual. Me trabajó uno de los más finos
psicólogos del tenis. Me olvidé de las reglas para contrarrestar su táctica. Si
las hubiese recordado, habría ganado.
Cómo derrotar las tácticas de juego lento
Ya mencioné que la astucia deportiva o los juegos psicológicos están
diseñados para alterar la concentración o perturbar lo que haces. Muy rara
vez verás cambiar el patrón de juego a un jugador inteligente que va adelante
en el marcador. Queremos que las cosas sigan cómo están. Cuando un
jugador está en problemas, quiere meterse en la piel de su rival. El objetivo es
diversificar la atención, que el oponente piense en cosas erróneas.
Las tácticas de juego lento varían en formas: desde las rutinas de Lendl
hasta atarse los cordones más de la cuenta, caminar hacia la pelota que está
más lejos o hacer lo necesario para perder el tiempo. Un jugador aficionado
que conozco tiene un método único para ralentizar las acciones. Cuando está
debajo en el marcador y al servicio, lanza la pelota dos o tres veces antes de
pegarle. Es como si estuviera practicando. Lo hace en cada punto. No es
exactamente ilegal, pero sí un incordio superior y una táctica que supongo a
Lendl nunca se le ocurrió.
Recuerda, ningún jugador inteligente empieza a cambiar las cosas cuando
está adelante y entonado. Pero cuando tu rival vaya perdiendo y empiece a
jugar esos pequeños juegos para molestarte, es bueno tener un plan para
protegerse. Cuando se trata de juego lento, aquí va cómo evitar que te dañe.
Combate el juego lento lentamente
Las tortugas saben que tienes que esperarlas para empezar a jugar. Es difícil
de hacer, pero tienes que ser paciente. Cuando empieces a notar que el ritmo
de las acciones baja, sé flexible. Evita que la impaciencia te añada presión.
No hay manera de hacer que alguien juegue más rápido cuando ralentiza
intencionalmente el ritmo del partido.
Deja que la Tortuga recorra con lentitud todo lo que quiera hacer. Espera.
Espera. Y espera. Cuando la tortuga haya cumplido su rutina y se disponga a
sacar, es tu tiempo de bajar el ritmo todavía más. Levanta la mano y apártate
de la línea de base. Átate los cordones o sécate el sudor de la frente. Haz que
la tortuga tenga que esperarte. Después, cuando te toque sacar a ti, hazle
probar el sabor de la lentitud. Pica la pelota ocho o diez veces. Haz su propia
versión de la Hora de la Tortuga, para que tu rival también se haga a la idea.
Sé lo que piensas. Toda esta rutina va a perturbar tu pensamiento y tu
ritmo. No necesariamente, porque estarás tomando la iniciativa, no serás
pasivo. No te quedarás quieto viendo cómo el otro te maneja el ritmo. Haces
algo para defenderte. Que además puede convertirse en un envión
psicológico.
Yo tenía una pequeña regla que cumplía. Antes de un punto, no me gustaba
quedarme en la línea a la espera de que mi rival se acercara para sacar. Me
creaba tensión y apuro. Si mi rival no estaba listo al mismo tiempo que yo,
me apartaba unos metros y seguía picando la pelota, si es que estaba al
servicio. Si me tocaba la devolución, miraba para el otro lado y acomodaba
las cuerdas de la raqueta. Entonces, a medida que él se aproximaba a la línea,
yo hacía lo mismo. Pero nunca me quedaba quieto, como tampoco tú deberías
hacerlo. No importa si te hacen esperar con o sin intención. Seguirás ahí
parado, esperando, y eso no ayuda al juego.
Lendl era uno de los mejores para mantener un buen ritmo cuando iba
adelante en un partido. Mientras ganaba era metódico e impiadoso. Pero
cuando iba perdiendo o estaba cerca en el tercer, cuarto o quinto set, entraba
en su Tiempo de Tortuga y era como quedarse a ver cómo se evapora el agua.
Podía sacarte de quicio y, en el proceso, sacarte totalmente de tu juego. Con
los años, los árbitros lo tomaron más de punto, como ocurrió con McEnroe, y
le llamaban más la atención que a otros jugadores.
Me di cuenta de que cuando me encerraban en un trabajo psicológico, me
ayudaba mucho si podía hacer algo. En lugar de estar ahí parado absorbiendo
la rutina del rival, quería responder. ¿Cómo? Haciéndole a él lo que me él me
hacía a mí. Con Lendl ese día dejé que se metiera dentro de mi cabeza y que
destruyera mi compostura. El actuó. Yo reaccioné.
Quedarme parado sin hacer nada no funcionó contra Lendl. Cuando se
tomó cincuenta segundos para preparar su segundo saque (el máximo
permitido es veinticinco segundos) tendría que haberle advertido al umpire.
Si eso no funcionaba, la siguiente vez que empezara con su rutina, tendría
que haberme apartado cuando él estuviese listo, para jugar con mi toalla (o
atarme los cordones, ajustar las cuerdas, sacarme una pestaña, cualquier
cosa). Tendría que haber ralentizado el partido y haberlo forzado a dar
vueltas por ahí.
Pero Lendl era un maestro. Empezó a trabajarme antes de que reconociera
sus tácticas. Y antes de darme cuenta, yo ya actuaba por furia y frustración.
Me enredó de tal manera que me sentía a punto de gritar.
¿Fue por eso que perdí? No, pero fue solo una parte de los motivos. Las
dinámicas del partido son volátiles y Lendl tomó el control en un momento
crucial. Perdí porque no respondí de la manera correcta.
Y no se queden con la impresión errónea, al final Ivan Lendl “se adueñó”
de mí. Era mental y físicamente muy fuerte. La mayoría de las veces que me
ganó fue porque era tremendamente bueno. Sin embargo, mi punto es que en
esas ocasiones en las que tuve mi chance de ganar, él supo cómo usar otro
aspecto de la competencia: la astucia deportiva. No me quejo. Viene con el
oficio.
Ivan entendía muy bien los aspectos psicológicos de cada partido. Aquí va
un pequeño ejemplo. Al principio de mi carrera, cuando no me veía como una
amenaza, fui invitado algunas veces a su finca en Connecticut para ser su
compañero de peloteo. Trabajábamos en su cancha (a la que él había
mandado a cambiar de superficie para que fuera igual a la del US Open).
Cuando empecé a jugar más duro en los torneos, a veces llevándolo a tres
sets, las invitaciones se terminaron.
Ivan sabía (y yo también) que esas sesiones contribuían a mi confianza
cuando me tocaba enfrentarlo en el circuito. Perdía su aura porque su juego
se me tornaba familiar y me olvidaba de cualquier señal de asombro que su
imagen alguna vez me hubiese dado. Cuando se dio cuenta de lo que pasaba,
encontró un nuevo compañero de peloteo. Era inteligente, tanto fuera como
dentro de la cancha.
Te puede pasar a ti también: el Molino y el Dr. J
Es probable que pienses que a ti no te tocará lidiar con tácticas como las de
juego lento. Excelente, espero que nunca te ocurra. Pero puede suceder. Me
guardé para lo último la mejor maniobra que conocí para “pinchar un
partido”. En caso de que pienses que el Tiempo de Tortuga ocurre solo en el
nivel profesional, vas a ver que también puede ocurrir en cualquier nivel de
tenis. Si lo sufres, solo te quedará admitir que el rival estuvo más despierto y
volver a casa triste pero un poco más sabio.
Otra vez, la escena transcurrió en el San Francisco Tennis Club. Dale
Crase y Julius Colbert (sus nombres reales) jugaban las semifinales de la
categoría B del club. Por supuesto, sin umpire, se cantaban los puntos y
jugaban bajo sus propios códigos de conducta (lo que llevó al problema).
Cada uno tenía su estilo de juego.
Crase era un pasador nato. Su apodo era el Molino, por su extraño servicio.
Al momento de sacar, su brazo derecho se mantenía pegado al cuerpo con
rigidez. Con la otra mano lanzaba la pelota al aire y, sin doblar el codo,
giraba su brazo por completo y le pegaba. Nunca doblaba el codo. Parecía a
un molino de viento, de ahí el apodo.
Colbert (el Dr. J) era un buen atleta, que había jugado al beisbol en ligas
menores hasta que una lesión detuvo su ascenso a las grandes ligas. Jugaba
en aceleración máxima, a todo o nada. Conseguía algunos puntos
espectaculares. Algunos. Pero vayamos al partido.
El Molino ganó con facilidad el primer set, 6-2, y estaba 4-1 arriba en el
segundo. Parecía que iba a ganar rápido y que ya tenía el pase a la final. Pero
el Dr. J le empezó a encontrarle la vuelta. Hizo algunos de sus tiros
espectaculares y su actitud y su energía fueron en ascenso. De pronto, ganó
seis de los siguientes siete games, para llevarse el set: ¡7-5! Iban sets iguales.
La dinámica viró de manera dramática y el Molino se dio cuenta.
Llegó el cambio de lado. (El protocolo del club era cambiar de pelotas y
hacer un cambio de lado antes de empezar el tercer set en los torneos). Los
dos jugadores se sentaron para el descanso. El Molino pidió un pequeño
favor: ¿estaría bien si podía ir al vestuario a buscar una remera seca? Dr. J no
tuvo problemas en concederle el favor. Eran amigos del club y quién le
impediría a un amigo ir a buscar una remera seca para seguir jugando. El
Molino se fue. Al Dr. J le tomó poco de tiempo darse cuenta de que algo
ocurría. Pasaron cuatro minutos. Siete minutos. Trece minutos. El Dr. J
empezaba a hervir de furia. No podía creer lo que ocurría. Dieciocho minutos
y el Molino seguía sin aparecer.
Finalmente, después de cuarenta y dos minutos, el Molino apareció, fresco
como si hubiese tomado una siesta, un masaje y una bebida fría. Y era casi
cierto. Tenía puesta una remera seca, pero antes se había dado una ducha, se
había afeitado, había descansado y hasta había comido una barrita energética.
El Dr. J echaba humo. Su amigo lo había pasado. ¿Qué dijo cuando el
Molino volvió a la cancha? Nada. Dejó que su ego se inmiscuyera. Prefirió
no dar el partido ganado por abandono porque prefería castigar al Molino con
un 6-0 en el tercero. Pueden adivinar el resto. El resultado fue 6-0 en el
tercero. Solo que el Molino ganó los seis games y el Dr. J no ganó ninguno.
No pudo pegarle a una bola que entrara siquiera a un metro de la línea. Se le
fue la cabeza y perdió. No supo cómo lidiar con el juego lento y la táctica de
la demora. Como así tampoco pudo lidiar con su furia.
Acaso el Dr. J tendría que haber descalificado al Molino, más allá de que
le había dado permiso para ir al vestuario. Tal vez tendría que haberse
quejado ante la organización o irse de la cancha de inmediato. O haberse ido
a almorzar a la casa. En lugar de eso, le llevaron su almuerzo a la cancha. Se
le fue la cabeza y lo pagó caro. Como yo pagué con Lendl. Si alguna vez te
ocurre, debes estar preparado. No dejes que una tortuga rompa tu
concentración y tu juego.
14
Agassi: quebrando el límite de velocidad
Andre Agassi se movía más rápido entre puntos que muchos jugadores
durante los puntos. Estaba todo el tiempo apurado. Tenía tanta energía que
hasta podía poner nervioso a un colibrí. Vivía a base de cafeína y azúcar,
entonces se podía esperar que siempre estuviese pasado de vueltas.
Me gustaba Andre y pensaba que era genial para el tenis. A algunas
personas les molestaba su alarde, pero hacía que el público acudiera a los
estadios a ver tenis. Además, Andre no te manipulaba con intención en la
cancha, solo lo hacía porque se movía más rápido que nadie en el oficio. Un
aspecto que, si tú lo haces, puede destruir tu juego.
Apurar los puntos es malo. Como vimos en mi partido con Lendl, apurarse
provoca errores mentales y físicos. Te saca de tu ritmo en el saque. Crea todo
tipo de problemas de timing. Te aparta de tu juego. Salvo que seas Andre
Agassi. A Andre le encantaba apurarse.
Su juego rápido no necesariamente te tomaba por sorpresa (por ejemplo, al
sacar rápido). En lugar de eso, lo que sacaba de quicio era el frenesí general
con que hacía las cosas entre y durante los puntos. Resultaba imposible
mantenerse cómodo, preparado y concentrado. Te llevaba al punto de
inmediato. Y volvía a sacar tan rápido que sentías que si pestañeabas, te
perderías algo. No caminaba, trotaba. Podría haber sido el chico del poster
para la industria de la cafeína.
El juego rápido es común en los clubes. Con frecuencia te tocará enfrentar
a jugadores que se mueven de un lado al otro más rápido de lo que tiran la
bola. Sirven de inmediato ni bien te ubicaste en la línea. No se sientan en los
cambios de lado. ¡Un jugador solía empezar a practicar los saques mientras el
otro jugador todavía estaba en el vestuario! Tenía al otro jugador apurándose
antes de siquiera entrar a la cancha. Ocurre. Y cuando ocurre requiere un
poco de manejo.
Conoce tu límite de velocidad
Resulta más fácil lidiar con un jugador apurado –un conejo– que con una
tortuga. Solo hay que estar en contacto con lo que está ocurriendo. Por lo
general, terminas atrapado por el ritmo acelerado antes de que te des cuenta.
Nunca estás listo, no encuentran tiempo para reacomodarte ni pensar en lo
que ocurre. Y esos son dos elementos cruciales del juego. Yo quería estar
constantemente pensando en lo que ocurría durante el partido. Si empiezas a
jugar más rápido de lo normal, la mente se vuelve torpe y descuidas el
cuerpo.
Entonces, ¿qué hacer? Simple. Conoce tu límite de velocidad. Eso significa
saber en qué ritmo estás cómodo. No dejes que tu rival te exceda. No seas
buen tipo dejándolo hacer. ¡Baja el ritmo! Cuando tu rival salta a la línea de
saque y tú no estás listo, hazte a un lado y acomoda lo que tengas que
acomodar. No tengas miedo de ir por la toalla, ajustar el encordado o atarte
los cordones. El artista del juego rápido te correrá de la cancha, si se lo
permites.
En 1991 enfrenté a Andre en unas semifinales y tuve la fortuna de ganarle
en sets corridos. Antes del partido estaba muy focalizado en mantener mi
ritmo: NMA, no me apuren. Él no. Muchas veces se apresuró a la línea de
saque, pero yo todavía no estaba preparado. Siempre me aseguré de estarlo,
de evitar los apuros. Buscaba la toalla, me ataba los cordones, chequeaba mi
encordado. Hice esto último muchas veces durante el partido. Había que
hacer eso con Andre o te pasaba por encima (en la final de San Francisco en
1993 tuvo su revancha, me derrotó en tres sets y con un gran tenis).
Puedes hacer lo mismo con los conejos que enfrentes. Protege tu tiempo.
Guarda tu ritmo. Cuando estés ante un conejo del otro lado de la red,
asegúrate de que no te dicte a qué velocidad se jugará el partido.
Jugar como una comadreja
Existe otra pequeña maniobra que vale la pena mencionar cuando hablamos
de astucia deportiva. Es cuando un tenista juega “como una comadreja”,
cuando simula o exagera una lesión. Tiene un efecto muy negativo en la
víctima de la comadreja.
Puedes imaginar cómo funciona entre aficionados. El rival de la comadreja
está en un dilema sin salida. Si ganas, el partido casi no cuenta porque el rival
está lesionado, ¿no es así? Y si pierdes, te derrotó un jugador lesionado. Una
vergüenza. Es una situación sin posibilidad de salir airoso.
Una situación que casi siempre te saca de tu juego. No intentas con tanta
intensidad, pierdes la concentración, juegas con torpeza, y así se te puede ir el
partido de las manos. Al final, tu rival dirá: “Después de todo la pierna no me
molestó tanto como pensaba. Buen partido y mejor suerte la próxima”. Te
acaba de encerrar una comadreja.
Guárdate la compasión
Recuerda esto: aunque la lesión del rival sea real, exagerada o falsa, no
merece mayor empatía de tu parte hasta después del partido. Si el rival está
sano como para caminar y volver a jugar, entonces está apto para que tú
hagas el mejor esfuerzo por ganarle. Ignora todo lo que te diga acerca de sus
dolores. Asume que es solo por buscar un efecto. Porque más allá de que la
lesión sea real o no, tendrá un impacto negativo en ti. Puede sacare de
concentración.
Veamos un caso. Enfrenté a Jimmy Connors en una semifinal a principios
de 1993. Poco menos que entró a la cancha rengueando. Apoyaba su pie
derecho para evitar el contacto del otro con el suelo, porque tenía un
problema en el hueso. Jimmy era un gran showman y manipulador, entonces
yo trataba de ignorar lo que ocurría. No quería tener compasión por ese
demonio.
Pero durante el primer set se le complicó tanto que incluso no corrió
algunos puntos por el dolor. No podía decir que hubiese actuación de su
parte. El primer set fue un paseo, un 6-1 que me tomó diez minutos. Imaginé
que Jimmy iba a abandonar después del cambio de lado. No lo hizo.
Traté de entender qué pasaba. No había manera de que pudiera terminar el
partido. Para mí, era una situación incómoda. El público lo veía luchar y lo
alentaba por su esfuerzo. De pronto, yo era un villano que le ganaba a una
leyenda dolorida. ¿Entonces qué ocurrió? Jimmy empezó a ganarme. Se puso
4-1 y solo ahí se retiró. Estoy seguro de que Jimmy pensaba: “Te tengo,
Gilbert”. Y me tuvo.
Guárdate la simpatía.
15
Cómo manejar la trampa
Con frecuencia te encontrarás con rivales que hacen trampa con las pelotas
que van cerca de la línea, como así también con otros que se equivocan sin
intención. Resulta difícil lidiar con las dos situaciones. Me tocó ver las dos
caras de esa moneda. He cantado mal y me han cantado mal a mí también.
Como jugador junior tenía una terrible reputación con los piques. Era
probablemente merecida. Tanto quería ganar que no le daba al rival siquiera
el beneficio de la duda. Después corregí el problema y empecé a recibir toda
la trampa que había hecho. No era nada de lo que sentirse orgulloso.
¿Qué puedes hacer cuando te ocurre en un partido, especialmente en un
torneo? Aquí van algunas sugerencias.
No discutas las pelotas que son demasiado finas. Es probable que estés
equivocado. Pero no dejes pasar una mala decisión evidente sin hacer nada.
No hay que transformarse en un imbécil, pero tampoco dejar que el oponente
dé por sentado que vas a jugar en una cancha más chica de lo que marcan las
líneas blancas.
Empieza tranquilo. Pregúntale al rival si está seguro del pique. Examina el
pique con más detenimiento. Dale al oponente la oportunidad de ser
generoso. Si de entrada lo acusas de cantar mal los piques, se pondrá a la
defensiva y te pagará con la misma moneda. Una señal temprana de que
esperas fallos justos agudizará el ojo de tu rival. De hecho, después de haber
denunciado a alguien cantar mal la bola, es probable que en un rato empiece a
cantar las malas como buenas. Conciencia culposa, probablemente. Entonces,
de entrada sé diplomático.
Si la diplomacia no funciona, ¿sabes lo que muchos jugadores hacen? Le
dan a tomar de la misma medicina, empiezan a cantar malas por su lado. Esa
no es la manera de proceder. Entre otros aspectos, te saca a ti de
concentración. Te encontrarás obsesionado por ver si las pelotas son buenas o
malas y te olvidarás del resto del juego. Créeme, es raro que los piques hagan
una diferencia en un partido, entonces no permitas que te perturbe la
concentración.
Devolverle la trampa no funciona, como tampoco funciona gritar. (Me han
gritado y he hecho mis propias escenas de gritos. No funciona). Pero puedes
decirle al rival que crees que está equivocado. No temas sonreír mientras se
lo dices. Hay que darle la oportunidad de ser amable.
Si continúa del mismo modo, aborda el problema de manera directa. Los
torneos tienen a una persona que se hace cargo de los piques discutidos. No
sería mala idea recurrir a alguien similar en el club para no perder la
concentración.
En última instancia, lo mejor que se puede hacer con un tramposo crónico
es tacharlo de la lista de rivales. Cuando no estás en situación de elegir
rivales (como en un torneo), ponte firme con tus derechos. Prueba lo que te
sugiero; por lo general funciona.
La parte más excitante del tenis es cuando estás completamente
enganchado física y mentalmente. Los juegos psicológicos son parte de lo
que ocurre cada tanto. Es importante reconocer cuando te están probando y
saber qué hacer, porque lo que afecte tu mente tendrá un efecto en el físico.
Cuando empecé a crecer y jugaba torneos de juveniles, los juegos
psicológicos eran brutales. Fue un buen entrenamiento de lo que tendría por
delante entre los profesionales.
Vas a encontrar mucha satisfacción cuando seas capaz de defenderte si el
otro jugador (que puede ser un amigo) empieza a recurrir a su bolsa de trucos
para perturbar tu juego. Incluso si no tiene intención, deberías estar dispuesto
y ser capaz de lidiar con eso de manera eficaz.
Conocí a un compañero de club que medía la altura de la red antes de cada
partido. Era una rutina que llevaba adelante y que ponía al rival en un rol
reactivo. Era una manera de tener el control de entrada, de mostrarse como un
jugador meticuloso, como el que hacía el esfuerzo extra. Era quien
determinaba si la red estaba bien. El rival se paraba del otro lado esperando a
que el tipo hiciera sus mediciones. Era un buen momento de astucia
deportiva.
Una vez, durante un partido cuando era un niño, en el cambio de lado, mi
rival me dijo: “Gilbert, eres demasiado competitivo”. Me descolocó, porque
pensé que estaba haciendo algo mal. Me retraje un poquito. Fue una buena
estrategia.
Recuerden esto. La mayoría de los partidos que juegan son por diversión.
Lo mejor que puedes hacer cuando alguien empieza a tener prácticas
cuestionables es tacharlo de la lista de jugadores. Menciono esto de los
“trucos sucios” para que puedas darte una idea de lo que era durante un
torneo. Tal vez te ayude cuando te encuentres con algo parecido en tus
partidos, sobre todo en torneos en los que no puedes elegir al rival. Allí
quizás quieras combatir el fuego con el fuego.
16
El partido del millón de dólares: guerra contra
Wheaton
“Bradley era diferente. No era muy competitivo en la escuela
secundaria. Cuando nos mencionó de ir a la universidad, estábamos
shockeados. Pensábamos que conseguiría un trabajo, quizá de u$s 3,35
la hora, y trabajaría de ahí en más”.
Elaine Gilbert, madre de Brad
La Copa Grand Slam de la Federación Internacional de Tenis en Munich es
uno de esos acontecimientos que demuestran el poderío económico que
consiguió el tenis. El ganador se llevaba dos millones de dólares. Pero aquí
viene la parte asombrosa. ¡El finalista ganaba un millón! Era lo que John
Newcombe había conseguido en toda su carrera.
Fui invitado a la Copa Grand Slam en 1990, cuando Andre Agassi se dio
de baja por una lesión en el cartílago de una costilla. Me hice camino hasta
las semifinales, donde debía enfrentar a David Wheaton, un jugador al que
había vencido 15-13 en un maratón de cinco sets por los octavos de final en
Wimbledon. Este partido le sumaba una presión extra, porque se trataba de
un dinero por el que ninguno de los dos había jugado en su vida. El ganador
podía retirarse. El triunfo valía un millón de dólares y una chance por dos
millones.
En muchos sentidos era un punto culminante en mi carrera y tenía que
jugar frente a uno de los mejores del momento, por el premio más alto jamás
pagado en un torneo. Mi esposa Kim y Zach, mi hijo de dos años, viajaron
para darme apoyo moral.
La preparación mental previa al partido
Cuando me preparé para el partido en mi habitación en el Munich Hilton, me
adentré en la lista de cualidades del juego de Wheaton. Excelentes saques.
Quizás el mejor segundo servicio del circuito. En Wimbledon me había
hecho veintitrés aces. Le encantaba el ritmo. No manejaba bien las bolas más
flojas. Su velocidad no era espectacular y su trabajo de piernas solía estar
descentrado. Su drive, cuestionable. Llegaba con frecuencia tarde al swing.
Muchos errores de devolución con su drive (frente a mí había errado unos
veinte). Cuando se sentía presionado tendía a exagerar sus devoluciones de
drive. Si eso ocurría, el resto de su juego sufría un poco.
También sabía que Wheaton podía derrumbarse ante la presión. En ese
partido que nos enfrentó en Wimbledon estaba dos sets arriba y no había
podido concretar dos match points a favor.
¿El jugador americano total?
Esa era la imagen que tenía de su tenis, al menos de sus golpes y de sus
tendencias de juego. Pero era el otro aspecto del juego en el que realmente
pensaba, la parte emocional o mental. Wheaton era un jugador muy
emocional y le gustaba la confrontación directa. En ese momento de su
carrera, se envolvía (literalmente) en la bandera de Estados Unidos, vistiendo
una vincha con los colores rojo, blanco y azul o una camiseta con estrellas y
bandas rojas.
Eso me irritaba porque Wheaton intentaba crear la imagen de que él era El
Jugador Americano, como si representara a todo el país. Yo había jugado por
Estados Unidos en los Juegos Olímpicos y había obtenido la medalla de
bronce. Muchas otras veces había sido convocado para el equipo de Copa
Davis y me emocionaba representar al país. Pero no me consideraba El
Jugador Americano, como así tampoco lo hacían jóvenes como Chang,
Sampras, Agassi o Courier. Esto de Wheaton de usar los colores de Estados
Unidos era un artilugio.
Tampoco me había olvidado del duro partido que habíamos jugado en
Wimbledon. Sabía que Wheaton no se había rendido cuando estaba abajo,
había peleado hasta el final. Con todo ese dinero sobre la mesa quería estar
preparado para cualquier cosa. Como resultó, el partido me obligó a sacar a la
luz todo lo que tenía en mi cuerpo y en mi mente.
John McEnroe y Jimmy Connors eran capaces de convertir un partido de
tenis en un loquero, en el que controlaban el caos. Lendl podía estrangular a
su manera, con paciencia y potencia. Pero lo que había aprendido en esos
entrenamientos me sirvió para el partido más difícil y lucrativo de mi carrera.
Más de catorce mil fanáticos se habían congregado en el Olympiahalle de
Munich y, por supuesto, estaban excitados con el tenis que tenían por delante.
Podía escucharlos rugiendo desde los vestuarios. Querían ver tenis de verdad.
Casi ven boxeo de verdad. Pero esto sería más adelante.
Una hora antes del partido intentaba mantenerme con calma, jugando con
Zach en la sala de jugadores. Había un pinball y nos entreteníamos para hacer
tiempo. Yo tiraba la palanca y él se reía de las luces y los sonidos que se
activaban al paso de la bola. En un momento bajé la mirada y noté que estaba
mordiendo los cordones de mis zapatillas con sus pequeños dientes.
Evidentemente, él no estaba para nada nervioso. Eso me ayudó a controlar
mis emociones.
Nuestro tiempo juntos terminó demasiado pronto. Encaré hacia el
vestuario, y Kim y Zach fueron a su asiento en el Olympiahalle. Momento de
ganarse la vida y el sustento de la familia.
Guerra con Wheaton
Los partidos de la Copa Grand Slam eran al mejor de cinco sets (los
organizadores querían que uno trabajase de verdad por ese dinero). Cuando
fuimos a la cancha, yo estaba tieso como nunca. Las luces parecían más
brillantes, y los gritos de la multitud me resultaban más estentóreos que de
costumbre. Todo parecía más veloz por la tensión y la presión. En el
calentamiento les hablaba a mis pies y trataba de respirar profundo, para
pelearle a los nervios y ganar un poco de ritmo. No era fácil. Eran
circunstancias en las que nunca antes había jugado.
“Bitte meine herre, spielen sie tennis”
(“Por favor, señores, jueguen al tenis”)
Wheaton y yo comenzamos con un estilo típico, peleando duro por cada
punto. Gané el primer set, él se llevó el segundo.
El tercero se puso duro. Su servicio se había encendido y era gigante. En
dos oportunidades casi me pega con la pelota en el cuerpo de tan rápido que
venía. No lo quebraba desde el primer game en el segundo set, y no pude
hacerlo en todo el tercer set. Wheaton mantenía el saque con facilidad, y yo
debía luchar demasiado para que no me lo quebrara. Fuimos a un tie break,
que llevamos al límite: 6-6. Me tocó sacar, un punto puente. Lo ganaba y
tenía un set point a favor y una ventaja enorme para ganar el partido.
Decidí atacar su drive cuando tuviera la chance, recordando que era
vulnerable a la presión (y allí había un millón de dólares de presión). Hice un
profundo approach abierto hacia su drive. Se movió y me devolvió una floja
derecha cruzada. Desde la red, se la toqué de volea hacia el lado de la ventaja,
pero fui demasiado ambicioso.
Con todo el campo abierto, ¡la pelota se fue ancha! Al menos el linesman
la cantó mala. Estrellé la raqueta contra la red: “¡Ahhhgg!”. Pero antes de que
pudiera protestar el fallo, el umpire Stephen Winyard anuló el punto:
“Corrección. La pelota fue buena. Punto para el Sr. Gilbert”.
Allí se desató el infierno. Wheaton prácticamente quería asesinar a
Winyard a fuerza de gritos. Y tenía derecho a estar histérico. ¿Mi bola había
sido buena? Yo pensaba que sí, pero había sido dudosa de cualquier modo.
Ese tipo de bolas no son las mejores para anular los puntos, mejor hacerlo
con las pelotas más obvias. ¿Estaba contento yo con la anulación? Muy
contento. Sin embargo, sabía lo que sentía Wheaton. Había estado en esa
posición ante Connors en Chicago en 1985.
Feudo familiar
Wheaton podía ver que el cheque de un millón de dólares se le escurría. Se
eyectó hacia la silla y gritó que el punto no podía ser anulado, que había sido
mala pelota, que el linesman debía volver el pique, que el umpire estaba
destruyendo el partido. Estaba loco. Saltaba hacia arriba y hacia abajo como
en el pogo de un recital de rock. Del otro lado de la red, no podía culparlo.
Pero ahí no terminó el tema. El hermano de Wheaton se paró detrás del
umpire y empezó a ladrarle obscenidades en sus costillas. Se lo podía
escuchar en todo el estadio. Wheaton estaba descontrolado y se comportaba
como un idiota. El hermano no paraba de saltar. Y el público también hacía
su aporte de gritos. Otro loquero. Pero había estado antes allí. Connors y
McEnroe eran maestros mundiales en crear esas situaciones. La anulación se
mantuvo.
Wheaton sacó en el 6-7. Es un punto enorme, había que ganarlo para estar
dos set a uno y en un gran momento. Yo estaba totalmente listo y
concentrado. Wheaton hizo su lanzamiento y... ¡Ace! Vi pasar la bola como
una mancha borrosa. Increíble. Como a McEnroe, la disputa parecía haberle
dado agudeza y energía para mejorar su juego. Estábamos 7-7 en el tie-break.
Otro punto puente, en ese momento para los dos al mismo tiempo. Wheaton
se preparó para otro saque. Picó la pelota algunas veces y me miró. Hizo el
lanzamiento y el swing. Falló. Eso me gustó.
Me miró otra vez, picó la pelota dos o tres veces. Hizo un saque rápido.
Otra falta. ¿Doble falta? ¿Se derrumbaba? Después de todo, tal vez no era
como McEnroe. Yo me puse 8-7 con el saque. Hice un tiro de unos ciento
veinte kilómetros por hora. Wheaton trató de quemarla, pero se pasó del
swing y el tiro fue a la red. “Set para el Sr Gilbert”. Gané 7-6 (9-7) y estaba
dos sets a uno. Pero el problema no había terminado.
En el cambio de lado, el hermano de Wheaton empezó a insultarme
mientras descansaba. “¡Te voy a patear el trasero, Gilbert!”. Era el hermano.
No estaba jugando, pero entendía que parte del dinero del partido iría también
para él. Me quejé ante Wynard y le pedí que lo callara, porque estaba fuera de
control. El umpire me sacudió la cabeza de acuerdo con mi pedido y le hizo
al hermano de Wheaton una advertencia para que se mantuviera lejos de la
cancha.
Nariz a nariz con Wheaton
Cuando pasé por detrás de Wheaton para volver a la cancha me cruzó una
cantilena de palabras, todas irreproducibles. Estaba enfurecido porque había
criticado a su hermano y me amenazó. Yo le contesté con mis propias
palabras irreproducibles. Era como una de esas peleas de escuela. La multitud
podía ver que nos estábamos peleando y empezó a hacer más ruido. Wheaton
me chocó y yo lo choqué a él. Nos pusimos nariz con nariz, gritándonos
mutuamente a la cara. El lugar se transformó en un zoológico.
A mis espaldas escuchaba que el hermano seguía insultándome. Mi esposa
estaba a pocos metros, solo esperaba que no le fuera a pegar con la cartera.
Bruno Rebeuh, el otro umpire, corrió hacia nosotros. Tomó a Wheaton del
brazo y me empujó a mí al mismo tiempo. Gritaba: “¡Terminen esto!
Caballeros, por favor cálmense”.
Wheaton dijo después del partido: “No me habría decepcionado, si Gilbert
hubiese lanzado el primer golpe”. Podía estar enojado, pero de ningún modo
me iban a expulsar sólo por eso de un partido por un millón de dólares. De a
poco se restableció el orden y el público se calmó para que empezara el
cuarto set; pero antes Wynard nos advirtió a los dos por conductas
antideportivas.
Me sentía bien porque sabía que había aprendido esa lección. No dejé que
las obscenidades o la confrontación con Wheaton y su hermano me
impidieran seguir concentrado. De hecho, estaba tan contento de haber
sorteado la crisis, que me aparté de mi plan de juego.
Estaba dos sets a uno y, en lugar de seguir con mi táctica habitual para
mantener una ventaja (tenis consistente, sin arriesgar), me puse más
ambicioso, apuré algunos tiros buscando winners que valieran la pena. Sentía
que tenía el partido ganado. Pero es peligroso sentirse demasiado cómodo
con una ventaja. Recuerden lo que ya les comenté: cuando estaba arriba,
quería mantenerme todavía más alerta. Fallé en ese momento. Olvidé mi
filosofía básica y me convertí en un acampante feliz. Y así como si nada
perdí el cuarto set: 6-2. No había quebrado el servicio de Wheaton en casi
tres sets.
Fuimos al quinto. Un set por un millón de dólares. Si dejaba de pensar en
el dinero involucrado, era probable que no pudiera respirar más. Pero estaba
tan enojado por haber dejado escapar el cuarto set, que mi foco se agudizó de
repente. Nuestros estados mentales se habían invertido. Era el clásico caso
del oso herido (yo) y el acampante feliz (Wheaton). Quería que algo ocurriera
de inmediato.
Antes del inicio del quinto set me tomé un buen tiempo para prepararme.
Quería frenar su envión. No había cambio de lado, entonces fui a buscar una
toalla. Después de secarme, encaré a un ballboy y se la entregué de vuelta.
Decidí volver a mi plan original. ¿Qué intentaría hacer? ¿Qué intentaría que
él deje de hacer?
Me dije a mí mismo que le había dejado mantener el servicio con
demasiada facilidad, con demasiadas fallas en las devoluciones. Quería poner
mi devolución en juego, sacarle un poco de provecho y hacerle pegar más
tiros. Me recordé de nuevo probarle el drive para que empezara a fallar.
Decidí empezar a pegar todo hacia ese lado. Si estaba sólido allí, iba a perder.
Pero si se empezaba a incomodar, yo ganaba.
Wheaton sacó para empezar el quinto set. Estaba fuerte, pero no tan
enérgico como en el set anterior. Me mantuve en el partido con uñas y
dientes, probando un tiro por allí, masajeando otro por allá. Puse la pelota
más tiempo en juego durante su servicio, pasé a ser menos ambicioso en las
devoluciones. Wheaton tenía que pegar uno o dos tiros adicionales en cada
punto y hasta fallaba las voleas.
El primer game del quinto set fue varias veces a deuce. Finalmente pude
quebrarlo. 1-0 arriba en el quinto set. Mi servicio. Mi estrategia había sido
exitosa. Tenía que trabajar más duro por los puntos. Wheaton no debía recibir
ningún regalo de mi parte. Hicimos el cambio de lado.
Otra vez me concentré en mi plan de juego. Por fin pude conseguir un
break. A mantener la ventaja entonces. Ahora quería estrujarlo –nada de
puntos gratis ni donaciones–, que para él fuese cuesta arriba. Me paré para
volver a sacar.
De inmediato empecé a dirigir todo hacia su drive, bolas que no decían
nada y le daban problemas. Mantuve el servicio, y también Wheaton. Volví a
mantener y también Wheaton. Me puse 3-2 arriba. En cuanto nos
adentráramos con mayor profundidad en el quinto set, Wheaton sabía que
tenía que hacer algo para salvar el partido. De otro modo, iba a demolerlo
hasta el final.
Pero en ese momento empezó a fallar todavía más por el lado del drive.
Como efecto cascada, el resto de sus golpes también flaqueaban. No volví a
quebrarlo pero, más importante, no dejé que él tampoco me quebrara.
Mantuve el servicio hasta ponerme 5-4, y ventaja para ganar el partido y al
menos un millón de dólares.
Debo decirles que estaba tan enfocado en ese match point que no sentía
nervios ni miedo. Les diría eso, pero sería una mentira. Estaba nervioso como
nunca. Miré a Wheaton del otro lado de la red y vi a un hombre dispuesto a
pelear por su vida. No paraba de rebotar y de saltar de un pie a otro. No
parecía que fuese a retirarse por fatiga.
Recordé mi estrategia básica. Que solo entrara el saque hacia su drive.
Piqué dos veces la pelota. Otra mirada hacia el otro lado de la red y una
respiración profunda. Después, un lanzamiento hermoso y un gran
movimiento de saque. ¡Blam! Mi servicio fue dos metros abajo de la red.
Wheaton se excitó. Saltaba para arriba y para abajo, se movía de un lado al
otro. Se dio cuenta de que estaba en problemas.
Segundo servicio. Si ganaba el punto, tendría un cheque de un millón de
dólares garantizado. Otra vez piqué la pelota dos veces. Miré sobre la red y
lancé la pelota al aire. No fue un gran lanzamiento. No fue un gran servicio.
Pero pasó por encima de la red y la gravedad hizo el resto del trabajo. Y fue
hacia su drive. Wheaton parecía preparado, pero estaba descalibrado. Se
movió con demora y trató de pegarle demasiado fuerte. Se le fue ancha.
Nunca estuve tan feliz de ver una pelota irse afuera. Le gané a David
Wheaton (y a su hermano) 6-4 en el quinto set.
El partido había empezado a las 20:30 del sábado 15 de diciembre. Ahora
eran las 0:47 del domingo. Más de cuatro horas del tenis más intenso de mi
vida. Había ganado un millón de dólares (menos cinco mil por la multa que
nos aplicaron a Wheaton y a mí por el altercado).
Nos dimos la mano. Apenas. Él estaba demasiado cansado para estar
enojado. Yo sólo quería irme de ahí. Di algunas entrevistas, me enfrié, me di
un masaje para ablandar las piernas y me di una ducha. Llegué de regreso al
hotel a las 4:30 de la madrugada. En menos de diez horas debía enfrentar a
mi amigo Pete Sampras en la final. No me quedaba nada.
Estaba bien. Había jugado por más de cuatro horas un partido
increíblemente duro frente a un rival muy áspero. Tuve cinco horas de sueño
y empecé a prepararme para la final. Más allá de que le había ganado a Pete
en los dos partidos anteriores, me liquidó en sets corridos. Puse todo lo que
tenía. No había mucho resto después de la batalla con Wheaton. Y Pete jugó
un tenis genial.
Miré a Kim en la ceremonia de premiación. Podía ver las lágrimas en sus
ojos. Las últimas doce horas habían sido como nunca habíamos
experimentado en nuestras vidas. La intensidad había sido abrumadora. Le
sonreí y ella me saludó. Zach estaba sentado en su regazo masticando una
pelota de tenis. Después felicité a Pete y me entregaron el cheque por un
millón de dólares.
El largo y sinuoso camino
En el vuelo de retorno a Estados Unidos, pensé en otro vuelo y otro torneo
ocho años antes. En ese momento volvía a casa después de haber ganado mi
primer torneo como profesional. Era profesional desde hacía seis meses y de
repente había ganado ese pequeño torneo en Taipei. Le había ganado a un
tipo llamado Craig Wittus. Sorprendí a todo el mundo, incluso a mí mismo. Y
para hacerlo todavía más dulce, me pagaron en efectivo. Ningún cheque,
ninguna transferencia. ¡Quince mil dólares en efectivo!
Recuerdo el vuelo de vuelta desde Taipei después de ese primer título. Mis
raquetas estaban en el compartimento de equipaje de a bordo del avión y los
quince mil dólares en efectivo los tenía en mi bolso de mano en mi regazo.
Esto podrá sonar extraño, pero estaba mucho más emocionado en ese
momento que después de haber ganado un millón de dólares en Munich.
Nadie, pero nadie pensaba que yo tenía una oportunidad en el circuito. No
tenía los golpes ni la habilidad natural. “¿No bromees, Brad? Consigue un
trabajo de verdad”, me decían. Sabía que mis días estaban contados si no
conseguía resultados inmediatos.
Por eso ese vuelo desde Taipei fue especial. Nunca olvidaré la sensación
mientras volvía a California con el dinero en el bolso, sentado en la oscuridad
con una lata de cerveza y mirando hacia el Pacífico. Me di cuenta por primera
vez de que mis detractores estaban equivocados. Tal vez me podía ir bien en
el circuito. Quizá este jugador de club, el tipo con los golpes feos, tenía una
vida por delante como tenista profesional. Antes de quedarme dormido,
recuerdo que pensé: “Espero que esto no sea un sueño”. No lo era.
17
Un permanente espíritu de torneo
Cómo hacerlo parte de tu juego
Cuando era un niño y recién empezaba con el tenis, me encantaba jugar
partidos. Si no tenía con quién jugar, mi padre siempre estaba disponible para
pelotear conmigo y ayudarme a mejorar mi juego. Si él no podía, entonces mi
hermana Dana (que después jugó en el circuito profesional) o mi hermano
Barry (que también fue profesional) jugaban conmigo. Me gustaba tanto, que
si no encontraba un compañero iba al frontón y hacía de cuenta que estaba en
un partido. Pasé miles de horas en Piedmont, California, con una raqueta, una
pelota de tenis y una pared.
Gradualmente desarrollé mis habilidades y empecé a entrar en torneos
cerca de San Francisco. Una vez cada tanto aparecía en el horizonte una cita
más importante y empezaba a practicar con mayor intensidad y a prestar más
atención, a tener mi equipamiento en condiciones y una buena noche de
sueño. Mi madre se aseguraba de que me alimentara bien. Para un torneo
prestaba más atención a lo que hacía antes y durante el partido o los partidos.
Estoy seguro de que tú haces lo mismo.
En aquellos días jugaba unos treinta o cuarenta partidos “por diversión” (y
le daba al frontón por horas y horas) por cada torneo al que entraba. Con los
años, esa proporción fue cambiando. Un día me desperté y me di cuenta (ya
como profesional) de que ya no jugaba partidos por diversión. Ya no tenía un
conjunto de reglas para el tenis recreativo y otro conjunto para los torneos.
Vivía en un permanente espíritu de torneo. Tenía que prestar atención todo el
tiempo porque había mucho dinero en juego.
Mi punto es el siguiente. Muchas de las ideas y los consejos de este libro
requieren esfuerzo para internalizarlas y aplicarlas. Pero si quieres mejorar tu
juego de manera genuina, asimilarlas te traerá resultados drásticos: vas a
ganar más seguido. E incorporar el aspecto mental a tu juego también te
resultará muy divertido.
Deseo, dedicación, diligencia
Aborda el juego como abordas un torneo. Aplícate a la tarea y haz un
esfuerzo a conciencia para ser un jugador más inteligente y despierto. Trabaja
para eso. Mucho de lo que discuto en este libro involucra alertas mentales,
reconocer oportunidades, analizar opciones, capitalizar la mejor alternativa.
Reconocer. Analizar. Capitalizar.
Podrás comparar mi abordaje con el libro El juego interior del tenis, de
Tim Gallwey. El se concentra en el hemisferio derecho del cerebro o el
proceso intuitivo. Yo me concentro en el hemisferio izquierdo. El hemisferio
izquierdo es el administrador, el que chequea los datos y establece
prioridades. En mi abordaje del juego, eso es crucial para ganar.
Manejo mental
Sumado al juego físico del tenis, hay un juego mental que puede tener un
impacto profundo en el resultado de un partido. Pero tienes que ser capaz de
reconocer y sacar ventaja de las oportunidades, saber qué ocurre antes y
durante un partido. Vas a ganar, si juegas más tenis con el hemisferio
izquierdo.
Debes entender que jugar al tenis no es solo una actividad del hemisferio
izquierdo o derecho del cerebro. Requiere el uso de ambos en una increíble
combinación de respuestas físicas y mentales espontáneas, además de un
análisis frío que involucra el cálculo y la observación.
Adquirir estos nuevos hábitos mentales e incorporarlos a tu juego requiere
tanto esfuerzo como desarrollar nuevos hábitos físicos en el tenis. Tienes que
querer hacerlo o no sucederá. Tienes que aplicar el mismo abordaje que
utilizas para un torneo: diligencia, deseo, dedicación.
La ventaja inicial
Cuando te alistes para un partido, asegúrate de estar mental y físicamente
preparado. Regálate una oportunidad temprana. Por lo general, a esa
oportunidad se la ignora o desperdicia. Pero para el jugador inteligente está
ahí, a la espera de ser utilizada.
1. Preparación mental: piensa en tu rival y desarrolla un plan antes de
entrar a la cancha.
2. Las herramientas esenciales: tu equipamiento te puede salvar partidos o
costar derrotas. Generalmente puedo determinar, a partir de lo que un
jugador aficionado lleva en su bolso, cuán en serio quiere ganar.
3. Elonga para el éxito: calienta los músculos y después enlóngalos para
un mejor rendimiento y menos riesgos de lesiones.
4. La ventaja temprana: empieza el partido con inteligencia, con el
objetivo de un quiebre temprano y de establecer el dominio inicial.
Jugar con inteligencia
Piensa siempre que en todo momento hay una manera de ganar. Solo tienes
que encontrarla.
1. La clave del triunfo: durante un partido acumula información acerca de
cómo estás ganando o perdiendo puntos. Pregunta quién le hace qué a
quién.
2. Destruye el plan del rival. Analiza qué hacer cuando el rival te gana
puntos atacándote de distintas maneras.
3. Los puntos de ventaja escondidos: reconoce los momentos del partido
que por lo general no se tienen en cuenta y aprende qué hacer con ellos.
Pero sobre todo, presta atención a cuando llegan.
4. Los boxes del tenista: cuando un golpe en particular no funciona,
reconoce el error y haz el esfuerzo de corregirlo antes de que sea
demasiado tarde.
5. Aprender de las leyendas: observa a los mejores del mundo y aplica sus
tácticas más eficaces a tu propio juego.
Juegos mentales, psicología y astucia deportiva
Mantente alerta a las dinámicas personales de los partidos y reconoce lo que
el otro jugador hace para afectar tu juego: astucia, ritmo o cualquier otra cosa
que altere tu concentración y aleje tu mente del objetivo. Protégete.
Los dos errores más comunes que los tenistas aficionados cometen son:
1. No pensar en lo que hacen.
2. Hacerlo demasiado rápido.
El resultado es un tenis aeróbico, jugadores que corren por todos lados atrás
de la pelota, abstraídos por cualquier otra cosa que no sea seguir el resultado.
No hay nada de malo en eso (después de todo, correr es bueno para la salud),
pero si para ti ganar es más importante, entonces incorporar el contenido de
este libro puede valer la pena.
Las reglas de oro de Gilbert
1. Ten un plan
Un jugador que tiene un plan es un jugador pensante. Incluso un mal plan es
mejor que no tener ninguno. Un plan puede evaluarse y cambiarse. El
resultado será un plan mejor. Y los mejores planes ganan partidos.
Esto se aplica a cualquier aspecto de tu tenis. Ten un plan para la
preparación mental, para la elongación, el calentamiento y el comienzo del
partido. Ten un plan durante el partido y una rutina para evaluar su
efectividad durante la competencia. Observa lo que estás haciendo en la
cancha.
2. No te apures
Conoce cuál es el mejor ritmo de partido para ti y mantenlo a rajatabla. No
dejes que nada ni nadie te apure hacia los puntos. Sé atento, observador y
analítico. Incorpora el hemisferio izquierdo a tu tenis. No se puede controlar
el ritmo cuando juegas al tenis aeróbico.
Sigue estas reglas y otras ideas que sugiero y no solo vas a ganar más
seguido, sino que vas a pasar un gran rato tratando de descifrar cómo hacerlo.
Tus rivales van a empezar a decir: “Tus golpes no son nada diferentes.
¿Cómo es que me ganas más seguido?”. Sonríe y dile: “Hoy debe ser mi día
de suerte”.
18
El camino al número uno
Nota de Steve Jamison:
Pasaron muchas cosas desde que por primera vez le presenté a Brad Gilbert
la idea para un libro titulado ¡Ganar! (Winning Ugly). El combate mental en
el tenis. Entre otras cosas, se convirtió en uno de los best sellers entre los
libros de tenis en los años noventa, con elogios de la crítica desde Los
Angeles Times, Tennis Week, Indianapolis News, Inside Tennis, Atlanta
Journal, Los Angeles Daily News, Tennis y San Francisco Examiner, entre
otras publicaciones.
Mary Carillo, John McEnroe, Barry MacKay, Fred Stolle, Cliff Drysdale y
otros comentaristas de tenis por televisión empezaron a mencionar nuestro
libro durante sus transmisiones: “Amigo, ¡eso es casi una página de ¡Ganar!
(Winning Ugly)!”.
Entrenadores en las escuelas secundarias y en las universidades de todo el
país eligieron ¡Ganar! (Winning Ugly) como lectura obligatoria para
muchos de sus jugadores. De hecho, los entrenadores principales de Texas A
and M, las universidades de Washington, Stanford, California-Berkeley,
Florida y de otros lados les dieron a sus equipos enteros ejemplares de
¡Ganar! (Winning Ugly) para estudiar. El entrenador de la década de la
División I de la NCAA30, Dick Gould, calificó a ¡Ganar! (Winning Ugly) como
“¡Magnífico!”.
Incluso Michael Chang fue visto comprando un ejemplar de ¡Ganar!
(Winning Ugly). Fue editado como serie en Japón por una de las
publicaciones de tenis líderes en tenis del país, Tennis Classic, y será
publicado próximamente en Europa31. Incluso a Tony Bennett le gusta.
Pero en el camino ocurrió algo que atrajo más atención hacia ¡Ganar!
(Winning Ugly), más que todo lo que mencioné arriba, a saber, Andre Agassi
le pidió a Brad Gilbert que se convirtiera en su entrenador. Doce meses y
medio después, Agassi había escalado del puesto número treinta y dos al
número uno del mundo y había ganado dos títulos de Grand Slam, incluido el
US Open.
De repente, publicaciones “atenísticas” como The New Yorker, Esquire,
The New York Times, Men’s Journal y Newsweek mencionaron a ¡Ganar!
(Winning Ugly) en sus artículos en relación con el meteórico ascenso de
Agassi al tope del ranking y el rol que había tenido Brad Gilbert para eso.
Brad fue nombrado Entrenador del Año por el Registro de Tenis de Estados
Unidos.
En entrevistas separadas, pregunté a ambos cómo evaluarían al otro y les
pedí que reflexionaran y comentaran una de las relaciones tenísticas más
extraordinarias de la historia del deporte.
Lo que sigue es el entrenador número uno y el tenista número uno
hablando sobre perder, ganar y cómo mantenerse en la cima.
“Vamos, Andre. ¡No más por el medio! ¡No más por el medio”. Estoy
viendo a Michael Chang picar la pelota durante una importante semifinal en
el Abierto de San José y sé lo que está a punto de ocurrir. Steve Jamison, mi
coautor, se inclina y me mira. “¿No más por el medio qué?”, me pregunta.
¡Boom! Chang descarga un ace por el medio para ponerse 4-2 arriba en el
tercer set de un partido que debería haber perdido en dos. Jamison asiente con
su cabeza mientras la multitud ruge. Andre echa humo. “¡El medio! ¡El
medio!”, pienso. “Tenemos un gran problema. No se puede dejar volver a
Chang en un partido como este, porque significa perder el partido”.
Entrenar vs. jugar
Una cosa que aprendí desde que Andre y yo nos reunimos como jugador y
entrenador es que es mucho más difícil jugar que entrenar. Para ver un
partido y observar qué está ocurriendo, quién le hace qué a quién, es mucho
más fácil estar sentado al costado. Estar en el ring peleando por tu vida es
totalmente otra cosa. Es fácil distraerse y Andre se distrajo por el público, por
los errores causados tal vez por la impaciencia, por Chang. Incluso su
bandana empezó a molestarlo.
Sentado en la comodidad del box de los amigos32, podía ver que Michael
provocaba una herida severa a Andre con sus saques al centro, y lo estaba
haciendo en casi todos los puntos importantes con presión. ¿La razón? Chang
es pequeño, quizá apenas algo más de 1,70 m, y para él es más difícil sacar
abierto, porque la red es más alta hacia los costados. Simple física o
geometría. Sea como fuere, es más fácil para él hacer daño con saques al
medio, tanto en el lado de la ventaja como del deuce. Un tipo como Sampras
no tiene ese problema, porque es más alto y tiene brazos más largos. Pete se
para en 1,82m, pero saca arriba de los 2,10 m y le encanta mecerte hacia lo
ancho. Y puede hacerlo bajo presión.
Incluso con la nueva raqueta más larga, Chang tiene problemas para sacar
abierto, sobre todo bajo presión. En el partido, entonces, elegía machacar al
medio en muchos puntos, en especial, los puntos más importantes. En
determinado momento sacó al medio nueve veces seguidas; cinco por
winners limpios o devoluciones débiles. Una y otra vez. Cuando estaba
adelante en el game podía intentar el abierto, pero de otro modo no. Al
medio.
El número uno del mundo en juego
Este partido del sábado por la noche cerca de San Francisco es importante
porque si Andre gana, avanza a la final del domingo ante Pete Sampras. El
ganador de ese partido será el número uno del ranking mundial. Sería la
primera vez en la historia del tenis que dos jugadores, ninguno de los dos en
el primer puesto del ranking, pelearían por la cima. (Nota del Editor: Thomas
Muster había sido por poco tiempo número uno en febrero de 1996, pero por
haber perdido en la primera ronda de un torneo estaba a punto de perder su
liderazgo en el ranking. El ganador del partido nocturno del domingo Agassi
/ Sampras lo elevaría al número uno del ranking mundial).
Un triunfo aquí sería un gran comienzo para 1996; Andre vuelve a estar en
forma después de una lesión en el pecho en un partido por la Copa Davis y
una inactividad de tres meses hasta el Abierto de Australia 1996, donde
Chang lo venció en tres sets corridos.
Un comienzo rápido
La noche empezó bien para Andre. Le estaba pegando duro, muy focalizado
y metódico, y se llevó el primer set con un 6-2. Sin transpirar. El segundo set
se puso incluso mejor, porque Chang empezó a cometer extraños errores no
forzados al intentar que algo pasara. Chang donando puntos es como nieve en
Las Vegas. No ocurre muy seguido. Entonces, Andre se puso un set arriba y
4-2 en el segundo. A ocho puntos del boleto a la final. Pero entonces empezó.
No me di cuenta al principio, pero muy en silencio empezó a darse un
cambio en el partido. Chang se asentó y dejó de donar puntos, como yo
esperaba. Pero al mismo tiempo Andre empezó a apurarse un poco, quería
cerrar los puntos demasiado rápido. Fallaba el primer saque, le daba a Chang
la oportunidad de aprovechar el segundo. Podía querer cerrar el partido
cuanto antes, pero lo cierto es que había cambiado su patrón de juego. Muy
sutil, pero definitivamente un cambio.
Andre sacaba en el 4-2, un set arriba, un momento enorme en el partido.
Lo llamé el súper game puente, porque este game podía consolidar a Andre
realmente, al ponerlo a solo cuatro puntos de la victoria. Si mantenía el
servicio, lo tenía a Chang contra las cuerdas. Si lo perdía, ponía otra vez a
Chang al servicio y podría cambiar por completo la dinámica del partido.
Chang consiguió una segunda oportunidad para respirar. Entonces pensé:
“Hay que mantener el servicio, Andre. Que entre el primer saque”.
No se dio esa suerte. Chang quebró de nuevo. Uh, oh. Al saque 3-4,
segundo set. Pero un quiebre nunca es un quiebre hasta que se mantiene. Tal
vez quebrar de vuelta desenfocaría un poco a Michael, lo pondría un poco
ansioso. Quizá no. Chang no se desenfoca dos veces en un mismo partido.
Andre siguió intentando liquidarlo rápido; apresurado, trató de cerrar los
puntos uno o dos tiros antes. Tal vez tres. Y siguió de esa manera, Chang
mantuvo y 4-4.
Pensé que Andre estaba un poco agitado también, porque el público
festejaba la recuperación de Chang. El público quiere un tercer set, no le
importa quién eres, el público te puede dar vuelta la cara si eso significa ver
más tenis. Andre se sacó la bandana al verse en el monitor gigante y se dio
cuenta de que estaba torcida. Eso encendió de nuevo al público y más de diez
mil fanáticos gritaban de alegría. A él no se lo veía feliz. Pensé que debía
recuperar un poco de paciencia.
El punto perfecto
A lo que me refiero con esto es que idealmente Andre juega con Michael
puntos que llevan entre seis y nueve tiros. En otras palabras, ante un pasador
como Chang que devuelve todo, era mejor si Andre le pegaba a la bola no
menos de seis tiros y no más de nueve, mientras construyera el punto que le
daría una ventaja o establecería una apertura.
Más de nueve puntos y estás en una guerra de resistencia, y a Michael se lo
veía bien. Menos de seis tiros y Andre se vería probablemente forzado a
buscar el tiro gigante, porque el punto todavía no se había abierto. Estoy
hablando de manera generalizada.
Por supuesto, hay excepciones, pero en el curso del partido era lo que
Andre busca frente a Chang: construir una apertura en un rango de seis a
nueve tiros.
Andre dejó que Chang luciera fresco de nuevo al intentar terminar los
puntos demasiado pronto. Sacó 5-6 en el segundo set; todavía fallaba su
primer saque y permitió a Chang que se pusiera a cargo del punto desde el
segundo saque. Chang quebró en cero.
Iba a velocidad crucero. El partido estaba empatado, pero solo en el
marcador. Michael gozaba de su envión y se mantenía firme para ponerse 4-2
arriba en el tercero. Se estaba escapando e iba a doler. De ningún modo
Andre debía dejarle a Chang ganar el partido.
De repente, Chang estaba a solo ocho puntos de la final. Pero aunque
Michael es tenaz, Andre Agassi es sólido. Me gusta su actitud mental en estos
días. Pocos años atrás habría pensado que ese no era su día y habría
abandonado en silencio. En ese momento Andre no dejaba de buscar una
manera de insistir hasta el final. Quizá no ganara, pero iba a pelear hasta el
último punto.
Chang ganó seis de los últimos nueve games y estaba cerca de tener el
dominio absoluto. Pero Andre empezó a consolidarse. Pude ver que
recuperaba su ritmo y estaba concentrado. Miró en nuestra dirección y pude
ver en sus ojos que estaba en calma, focalizado. En realidad, en su zona sería
la mejor descripción.
Andre ganaba dieciséis de los siguientes veintiún puntos y cuatro games
consecutivos. Simplemente empezó a darle de lleno a la bola y a mandar en
los puntos, esperando por una buena apertura. Y frenó “el medio”, hizo los
ajustes necesarios y empezó a anticiparse en el centro con enormes
devoluciones de saque. Dulce de verdad.
Más dulce que la noche siguiente, cuando Pete estaba en su salsa. Su
primer saque en el partido marcó doscientos kilómetros por hora. Eso es lo
que se llama salir del vestuario listo para jugar. Pete dijo después que fue el
mejor partido que jugó ante Agassi y el triunfo le permitió llegar al número
uno a las 12:01 del 19 de febrero. Pero sigan en este canal, amigos.
Tenis con rock and roll
Andre era el niño salvaje del tenis cuando surgió en 1982; casi como una
estrella de rock, con el pelo largo, los aros, tirándole su camiseta a la
multitud. Un gran showman.
Nada de todo eso me importó demasiado. Lo que atrajo mi atención fue
algo realmente loco en cuanto a lo que a mí concernía. Andre no usaba su
talento de manera correcta. Cualquiera podía ver que tenía habilidades
fantásticas, pero lo que yo vi fue a un tipo que no capitalizaba esas
habilidades.
Pudo salirse con la suya de algún modo porque tenía tanto talento que fue
capaz de ganar partidos a pesar de sí mismo. También perdió muchos que
debería haber ganado.
Como nunca pensaba dentro de la cancha nunca era consistente en el largo
plazo. Jugadores a los que debía ganarles le ganaban a él. Partidos que
debería haber ganado, los había perdido. Alguna que otra vez ponía todo en
su lugar y alcanzaba la perfección, como cuando venció a Ivanisevic en la
final de Wimbledon para ganar su primer Grand Slam.
En un momento escaló hasta el puesto número tres del ranking mundial,
pero verlo jugar era casi doloroso para mí porque, confiado en su enorme
talento, se dejaba estar. Lo veía hacer tiros tremendos, seguidos por un
pequeño drop shot desde atrás de la línea de base, casi como si estuviese
jugando una exhibición o trabajando para entretener al público.
Entonces con los años empecé a seguirle la pista a su juego como seguía la
pista de cualquier otro en el circuito. Sabía lo que estaba haciendo y tenía una
buena idea de lo que debía hacer si quería ganar más. Pero nunca en un
millón de años pensé en entrenarlo a él o a cualquier otro.
Cómo me convertí en el entrenador de Andre
Durante el Abierto de Key Biscayne en 1994, Andre y yo cenábamos en un
pequeño restaurant italiano en Fisher Island. Tras haber ganado Wimbledon,
Andre había caído hasta el puesto treinta y dos por una variedad de motivos,
que incluyeron una lesión en la muñeca que necesitó cirugía y un período de
inactividad. Pero la muñeca no era el asunto real.
En algún momento entre los espagueti y el spumoni33, esa noche Andre me
preguntó si tenía algunas ideas que pudieran mejorar su juego. Pensé que él
solo estaba llenando el tiempo, entonces empecé a decirle que no estaba
jugando en todo su potencial; cómo podía usar más estrategia durante los
partidos; cómo jugaba fuera del court, apoyado en sus talones detrás de la
línea. Solía estar dentro de la línea de base cuando pegaba los tiros de fondo
y eso le dije. Él era el jugador más grande de la historia cuando tomaba la
bola en pleno ascenso, entonces no tenía ningún sentido que estuviese parado
detrás de la línea, dejando que picara la pelota.
También le dije que me parecía que era inconstante de partido a partido;
algunas veces listo para ir al frente, pero otras veces como si no hubiese
pensado en el partido o su rival. Le dije que jugaba liviano ante un jugador
hasta verse metido en problemas y resurgía con enormes winners desde la
base.
Pero realmente, no pensé estar diciéndole a Andre nada que él no supiera o
sintiera. Es inteligente. Lo que le dije seguro coincidió con lo que él pensaba.
De verdad ocurrió de esa manera casual. Me dijo: “Trabajemos juntos cuando
podamos. Sin compromiso, elegimos torneos en los que jugamos los dos y
hablamos por teléfono”. Pienso que nunca usamos la palabra “entrenador” y
ni siquiera teníamos un contrato.
Al principio, seguí jugando con mi propio calendario de torneos y dejé que
las cosas progresaran según lo que habíamos conversado durante la cena:
coincidir en los torneos, llamadas telefónicas. Le dije a Andre que no
esperaba ver que tuviera resultados de verdad por unos cinco meses, por su
inactividad. Resultó ser un buen acierto. Nada ocurrió al principio y los
resultados de Andre en los Abiertos de Italia, Francia, Wimbledon y otros
lugares no fueron demasiado buenos.
Casi cinco meses después de que habláramos en Fisher Island entre platos
de pasta, fue a Toronto y ganó el Abierto de Canadá 1994. Siguiente parada:
el US Open, a donde Andre iría sin preclasificación por su bajo ranking
(número diecinueve en el mundo).
La magia de creer
Sentí con mucha seguridad que Andre podía ganar todo en Nueva York
porque su juego realmente había hecho un click durante el torneo en Canadá.
Estaba pensando de manera correcta en la cancha, por lo que le dije que podía
ganar en Nueva York. Debió pensar que estaba bromeando, porque dijo: “Si
gano, tienes que afeitarte el pelo del cuerpo como yo hice en Wimbledon el
año pasado, ¿ok?”. Tuve el mal presentimiento de que me afeitaría el pecho
en dos semanas.
Sin embargo, cuando estuvo armado el cuadro del torneo, vi que Andre
tenía una tarea ardua por delante. Tenía que enfrentar a Wayne Ferreira,
Michael Chang, Thomas Muster, Todd Martin y, en la final, a Michael
Stichg. Andre les ganó a todos.
Nadie en la historia del US Open había ganado de la manera que él lo
había hecho: por el camino difícil, tras vencer a cinco jugadores
preclasificados en su ruta hacia el campeonato. Verlo tomar impulso y
confianza, ver su rendimiento y su concentración mental cada vez más arriba
fue impactante. Su concentración era estupenda.
Después de eso empezó a llamarme el Creyente. Más importante que eso,
vi que Andre era un creyente.
Dos días después de que ganara su primer título en el US Open, cumplí mi
promesa y fui a la televisión nacional, donde mi esposa, Kim, sacó la navaja
y me afeitó el pelo del pecho. Yo pago mis apuestas.
Pensamiento a largo plazo
Pero yo quería que ambos pensáramos más allá de un torneo o un título.
Nunca sentí que el objetivo de Andre fuese otro torneo de Grand Slam, sino
ganar títulos de Grand Slam. Fue por eso que lo único que le dije cuando vino
al box de los amigos después de haberle ganado a Michael Stich en la final
del US Open 1994 fue: “Ahora viene Australia”. Nike organizó una fiesta
para todos tarde esa noche en el restaurant Il Vagabondo en Manhattan y
repetí ese mensaje. Seis meses después, derrotó a Pete para ganar el Abierto
de Australia 1995.
El 10 de abril de 1995, Andre llegó al número uno y se mantuvo allí por
treinta semanas. Pete lo tomó de nuevo, Thomas Muster lo tuvo por algunos
días y después Pete lo recuperó ese domingo por la noche en el torneo de San
José. Pienso que Pete y Andre pelearán por la cima por un buen tiempo.
19
Agassi sobre ¡Ganar! (Winning Ugly)
Para mí, winning ugly (ganar feo) es ser capaz de descubrir cómo ganar
incluso cuando no estás en tu mejor momento; cuando las cosas no salen a tu
manera y tienes que hacer algo más que solo pegarle fuerte a la pelota. Esa es
a una de las grandes cosas que aprendí de Brad, cómo ganar feo cuando es
necesario.
Brad Gilbert es un gran conversador. De hecho, está siempre hablando.
Cuando lo conocí vez en el circuito me molestaba de verdad, porque hablaba
demasiado; estaba siempre diciendo algo o intentando entablar conversación
con alguien. Me preguntaba: “¿Cómo es que este tipo se mete en los asuntos
de todo el mundo? ¡Habla todo el tiempo!”. Pero así es Beej. El tiene una
opinión sobre todo y sobre todos.
Después jugamos juntos la Copa Davis en Alemania en 1989 y empecé a
conocerlo un poco mejor. Además, conocí a su esposa Kim, que es una gran
persona, que me llevó a pensar: “Si ella piensa que él está bien, quizá lo
esté”. Cenamos juntos algunas veces en los meses siguientes y aprendí que si
bien Beej hablaba mucho, cuando se trataba de deportes, por lo general, sabía
de lo que hablaba. Especialmente tenis.
Así fue cómo nos conocimos al principio, compartiendo el tiempo antes y
después de algunos partidos y entrenamientos de Copa Davis, en otros
torneos y una pizza alguna que otra vez. Era todo muy casual, pero empecé a
conocerlo cada vez mejor y nos hicimos amigos. Me alegra haberlo hecho.
Apreciar el juego “feo” de Brad
Lo que aportó Beej a mi juego desde que nos asociamos es inconfundible y
ningún otro podría haberlo hecho, porque nadie conoce mejor este juego. No
tengo ninguna duda de eso. Tiene un tremendo entendimiento de todo lo que
está involucrado: estrategia, táctica, dinámicas de partido y cómo aplicarlas
para ganarles a jugadores como Pete, Michael Chang, Boris, Courier y otros.
Es muy científico cuando se trata de analizar a los rivales. Brad los pone
bajo su microscopio y puede ver con claridad dónde están sus defectos y
dónde sus fortalezas; especialmente dónde aparecen las grietas de su juego en
los puntos de mayor presión, que es cuando cuentan.
Me encontré primero con esta habilidad al enfrentarlo en los torneos. Era
siempre una experiencia estresante, porque no te dejaba hacer tu juego.
En la preparación para enfrentarlo no podías sentirte cómodo como con
otros tipos, porque sabías que de algún modo Brad te sacaría de ritmo, que de
una u otra manera te sacudiría. Terminabas jugando su juego en lugar de
hacerlo a él jugar el tuyo.
Era casi como tomar una clase de tenis, porque él siempre salía con alguna
sorpresa. Nunca sabías cuándo iba a atacar o cuando no lo iba a hacer. Nunca
sabías cuándo iba a castigar la bola o cuándo iba a masajearla. Lo que sí
sabías es que nunca dejaría que te instalases en un ritmo y que te sintieras
cómodo jugando tu mejor repertorio.
Jugar contra él era muy frustrante, porque tenía esa tremenda habilidad
para explotar el juego de un tenista, elegir una debilidad y machacarla hasta
que empezara a derrumbarse. Y además de su gran cabeza para el tenis,
también tenía corazón. Nunca se daba por vencido en un partido.
Y si eras un novato, olvídalo. Los novatos eran el desayuno para Brad. Lo
sé porque la primera vez que lo enfrenté como novato, entré a la cancha
pensando en “un partido fácil” y salí pensando que había tenido una
pesadilla. Fue horrible. Si eras un novato, no le ibas a ganar.
Para enero de 1994, había caído del puesto número tres del ranking
mundial al número treinta y dos. Mis días con Nick Bolletieri habían quedado
atrás. Había pasado un tiempo con Pancho Segura. Pensé que tal vez Brad y
yo debíamos tener una pequeña charla.
Una fórmula ganadora
En Florida, durante el Abierto de Key Biscayne de marzo de 1994, le
pregunté si tenía algunas ideas acerca de mi juego y de qué podía hacer para
mejorarlo. Pueden apostar que no iba a quedarse corto de palabras. De
inmediato empezó a decirme qué debía hacer para ganar más. Tenía razón en
todo lo que decía. Básicamente lo que me decía era: “Piensa”.
Me dijo: “Si juegas con Sampras de la misma manera que juegas con
Chang, vas a perder. Si juegas con Becker como juegas con Courier, vas a
perder. Cada jugador es diferente. Tu estrategia tiene que ser diferente para
cada uno de ellos”. Tenía razón y aplicar eso fue lo que le dio un giro
completo a mi juego.
“Elabora un plan”
Brad piensa que para ganar con consistencia en cualquier nivel tienes que
“elaborar un plan”. Eso significa que durante un partido debes tener una
estrategia clara para lo que quieres hacer y después trabajar duro para
imponer esa estrategia sobre tu rival. Suena sencillo, pero la clave para el
éxito es tener un plan o una estrategia adecuada. Y para conseguirlo necesitas
hacer tres cosas de manera correcta. Aquí va un poco de Brad básico:
1. Conoce tus fortalezas y debilidades.
2. Entiende las fortalezas y debilidades de tu rival.
3. Dedica tiempo para pensar cómo puedes imponer tus fortalezas sobre
las debilidades de tu adversario.
Yo no lo estaba haciendo. Brad no podía creer que le dijera que algunas veces
decidía dónde iba a sacar durante el lanzamiento. Para Brad eso era
inaceptable porque era el tipo de jugador que pensaba a dónde iba a sacar dos
semanas antes de hacer el lanzamiento.
Elaborar estrategias
Una de las mejores cosas que me dijo fue que tenía que ir por el tiro del final
una vez que abriera la cancha. Sentía que a mí tanto me encantaba castigar
con tiros de fondo, que incluso después de abrir la cancha con un tiro bien
ancho para recibir un devolución débil, seguía atrás para pegarle duro a otra
bola. Brad me dijo: “Cuando tienes la chance de cerrar el punto, tienes que
tomarla. Tienes que ir y liquidarlo”.
También me hizo pensar sobre mi saque. En lugar de limitarme a pegarle
con efecto hacia adentro, empecé a usarlo para preparar el punto. En la final
del US Open 1994 ante Michael Stich, Brad y yo debatimos sobre la
necesidad de variar mis servicios para que él no se sintiera cómodo, que
tomara la ofensiva y la red. Funcionó. Sets corridos para un título de Grand
Slam.
Convertir las debilidades en fortalezas
Todo esto parecerá material básico, pero resulta asombroso cómo los
jugadores limitan su talento físico por no utilizar su talento mental. Aprendí
que en mi caso era verdad. No tengo ninguna duda de que mi mente era mi
debilidad porque no pensaba que necesitaba usarla. Solo pensaba que podía
salir y pegarle más fuerte que el otro tipo.
Los demás jugadores sabían que, aun cuando yo estuviese jugando bien, si
aguantaban el tiempo suficiente era probable que yo dejara ir el partido.
Realmente me gusta saber que me probé a mí mismo que puedo tomar una
debilidad y convertirla en una fortaleza.
Ahora tengo la sensación de que aunque no esté jugando genial, puedo
estar tan por encima del rival que lo puedo descorazonar, como si no valiera
la pena intentarlo.
Puedo sentir esa diferencia desde que Beej y yo formamos equipo. Los
rivales me tienen ese tipo de respeto y puedo sentirlo. Saben que estaré al
100% físico y mental hasta el último punto.
Otra gran cosa es que Brad enfrentó y les ganó a los mismos tipos que yo
enfrento. Sabe por experiencia qué pueden o no hacer en los puntos
importantes y es bueno para elaborar un plan para combinar mi juego contra
el de otros tipos.
El cañón de Courier
Por ejemplo, con Jim Courier sabes que en su drive tiene un cañón. Pero
muchos jugadores le tienen tanto miedo que intentan llevarlo a su revés
demasiado temprano en el punto. Yo no hago eso ahora porque aprendí que,
si bien el revés de Jim es vulnerable, es mucho más vulnerable si lo tiene que
pegar en movimiento.
Entonces voy primero por la fortaleza de Jim en el lado de su drive, que
abre la cancha y lo expone a su revés a la carrera. Allí es cuando tendrá más
problemas que si puede prepararlo. Tienes que abrirlo de algún modo para
hacerle pegar el revés en movimiento. Si consigues hacer eso tienes un punto
casi seguro.
Brad solía intentar lo mismo como jugador, llevando a Jim con el saque
bien a lo ancho en el lado del deuce. Yo lo hago en los dos servicios y con los
tiros de fondo en el inicio del punto.
El plan que yo trabajo es apenas diferente de lo que otros intentan ante Jim,
pero requiere de mis fortalezas (los tiros de fondo) para instalar su debilidad,
que no es su revés, sino su revés a la carrera. Y la razón por la que es
vulnerable es su empuñadura. Su mano toma la raqueta tan abajo que casi
parece como si estuviera blandiendo un bate de béisbol. Es el tipo de cosas
que a Brad le gusta detectar y explotar.
Becker es muy obstinado
Mi plan ante Boris (Becker) es casi no tener plan en absoluto, por su
obstinación. Boris juega demasiado de frente. Es una persona muy obstinada
y por eso se queda demasiado en la línea de base y trata de castigarme. Eso
juega directo a favor de mi fortaleza, los tiros de fondo.
Boris es tan obstinado con lo que cree que puede hacer, que eso le impide
aceptar el hecho de que no puede ganar haciendo eso contra mí. Le impide
intentar otra cosa. Es muy sorprendente. Es como si Boris atacara mi
fortaleza con su debilidad. Ante otros tipos podrán verlo variar un montón.
Ante mí se pone un poco nervioso. Espera demasiado para tirar una bola
corta y me permite explotar su movimiento, en el que no es tan bueno como
Courier. Su revés se convierte en una debilidad más por su falta de buena
velocidad de piernas.
La otra ventaja es trabajar con su saque. Soy un buen devolvedor, lo cual
descoloca un poco el juego natural de Boris.
Sin embargo, es un jugador muy peligroso. En las semifinales de
Wimbledon 1995, estaba 6-2, 4-1 arriba y jugando un tenis absolutamente
perfecto. Tanto es así que Boris dijo después que mi juego en el primer set
era el mejor tenis que alguna vez había enfrentado.
Pero en Wimbledon Boris nunca está muerto y volvió a la vida en el sexto
game del segundo set después de un punto fantástico que se las ingenió para
ganar. Ese punto lo convenció de que podía ganar el partido. Al mismo
tiempo, yo había entrado en modo crucero y ya estaba mentalmente en la
final ante Pete. Boris ganó en cuatro sets, 2-6, 7-6, 6-4 y 7-6. Nos
encontramos dos meses después en el US Open con un mejor resultado para
mí.
Pete es casi perfecto
Pete (Sampras) es el jugador más talentoso del circuito. Hace todo bien y no
tiene ninguna debilidad notable. Sin embargo, en un aspecto en el que no es
tan fuerte como en todo lo demás es en su devolución de saque. Le gusta que
la pelota flote de vuelta y después trabaja para estar a cargo del punto.
Brad enfatiza que es ahí cuando hay que lastimarlo rápido. Trabajo en
sacar fuerte ante Pete, para recibir una devolución flotante o más corta, y
después tratar de lastimarlo de inmediato. No puedes esperar a que se
recupere en el punto. Él puede trabajar ese juego de transición, ir de defensa a
ataque, mejor que cualquiera en el mundo. Piensas que lo tienes a la
defensiva y de repente explota con una bola y ya está en la ofensiva.
Entonces con Pete tienes que hacerle pagar por cada bola corta que te deje.
En el pasado, no habría sido tan agresivo para capitalizar la oportunidad de la
bola corta. Brad hizo de buscar la mínima apertura su modo de vida. Ahora
me entusiasma pensar más en eso, buscar cómo apreciar y explotar las
oportunidades.
Por supuesto, el saque de Pete es otra cosa. Incluso si te inclinas hacia el
lado correcto, puede vencerte. Solo puedes ilusionarte con adivinarlo bien o
con que él no esté tan fino. Y si falla su primer saque, tengo que saltar sobre
su segundo servicio. Brad también me hizo ver que Pete saca abierto con
slice a mi drive en el lado del deuce cuando está bajo presión. Le gusta
pegarle y después viene con un approach. Lo mismo en el lado de la ventaja.
Bajo presión, a Pete le gusta pegar hacia el centro y acompañar el tiro.
El otro elemento en el juego de Pete es que le tienes que tener un respeto
real a su drive a la carrera, tanto en la línea de base como cuando avanza con
un approach. Es un arma mayúscula, pero no puedes respetarla tanto como
para nunca ir por ella y hacerle pegar solo drives desde el lado de su revés.
Lo verás plantarse más o menos un metro hacia la izquierda del centro en la
línea de base. Brad no deja de decirme: “Saca a Pete de su plato de pitcher.
Sácalo de ese lugar”. Entonces intento trabajar un punto y llevarlo a que no
esté siempre pegando desde su lugar favorito en la cancha, lo que significa
chocar contra su fortaleza.
Brad y yo hablamos mucho acerca de la combinación de exponer la
debilidad o vulnerabilidad de un jugador yendo a su fortaleza. Es un balance
delicado algunas veces, pero es la clave para abrir un partido. Funciona. Le
gané a Pete en la final de Key Biscayne, Australia y Canadá en el 95. Pero no
funciona todo el tiempo. Me agarró en la final del US Open ese mismo año.
Pero como dije antes, cuando Pete está en el 100% de su juego y yo estoy en
el 90% de mi juego, se siente como si yo estuviese en mi 60%.
Básicamente, cuando jugamos, él va a mantener su servicio y yo lo voy a
superar desde el fondo. La pregunta es: ¿puedo quebrarlo o va superarme en
el fondo? El que lo hace, por lo general, es el que gana.
Desafiar a Chang
De todos los jugadores top ten, si voy jugar a mi juego prefiero enfrentar a
Michael Chang por sobre cualquier otro. Es porque combino bien con el
estilo de Chang. Me refiero a que siento que lo único que hace en la cancha
mejor que yo es moverse. Entonces, si yo estoy en mi pico de rendimiento, él
no debería tener posibilidades en el partido. Tengo más poder de fuego que
él. Es como si dos boxeadores peso pesado estuvieran pulgar a pulgar y uno
de ellos pesara veinticinco libras más que el otro. Yo debería ganar.
Lo que hago frente a Michael es atacar su fortaleza, que es la velocidad. De
hecho, busco su velocidad, porque si llega a una bola, tendrá que correr a
otra. Quiero que llegue a la bola. Mi mentalidad es: “Puedo pegar estas bolas
de un lado a otro más tiempo de lo que Michael puede correr de lado a lado”.
Básicamente, mi potencia es mayor que la de Michael. Solo tengo que ser es
paciente. Brad me hizo mejor en ser paciente.
Superar mis propios errores
En la final del Abierto de Australia 1995 contra Pete, en el primer set
mantenía el servicio con facilidad y tuve tres chance para quebrarlo, pero no
lo hice. Entonces saqué 4-5 y el game y el set de repente se me resbalaron.
Pete pega un buen tiro. Yo cometo un error. De pronto es 0-30. Después 15-
40. ¡Y después hago una doble falta para entregar el set! ¿Una doble falta
para perder el primer set en un Grand Slam? Era de no creer.
Créanme, estaba decepcionado; me enfureció de verdad porque debería
haber ganado el set al menos dos veces y en lugar de eso perdí con una doble
falta. Estaba muy enojado.
Pero aquí está la diferencia. Con Brad trabajé en cómo dar vuelta esa
emoción, ese enojo, en una dirección positiva en vez de negativa. En lugar de
derrumbarme, ese enojo puede llevarme a otro nivel. Siento como si me
dieran una inyección de adrenalina. Casi como si saliera a presionar en toda
la cancha, como en el basquetbol34.
Ante Pete en el segundo set de la final en Australia, volví al partido con
mucha intensidad; fui a buscar cada rebote, con presión en toda la cancha, fui
por él a todos lados. Peleaba por todo y de repente fue 6-1 y estaba otra vez
en partido. No solo de vuelta en el partido. Lo gané en cuatro.
Ganar feo
Una de las cosas más grandes que adopté de Brad fue cómo seguir en partido
cuando las cosas no salen a mi manera. Él cree que el 5% del tiempo tu rival
está en su zona y nos va a ganar; 5% tú estás en la zona y no puedes perder.
Pero el otro 90% del tiempo está abierto para cualquiera; hay una manera de
ganar. Tienes que descubrir cuál es. Y para hacerlo tienes que permanecer
positivo. Tienes que creer. Estuve haciendo eso mucho mejor estos días
gracias a Brad.
Epílogo
Ese misterio llamado Brad Gilbert
Por Javier Frana*
Jugaba con una raqueta que costaba cuarenta dólares. Le ponía una cuerda
que le salía casi gratis y un cubre-grip de tela de toalla, que hacía a la raqueta
todavía más gorda y antiestética. Estaba siempre en su mundo. Te lo cruzabas
por un pasillo y no te hablaba por cortesía, siempre te sacaba alguna
información puntual. A las tres horas ni te dirigía la mirada. Salía a cancha y
su estilo era rígido, artificialmente clásico. En el medio del partido hacía que
te preguntaras: “No hace nada, deja que lo ataque y me complica la vida,
¿cómo se explica?”. Brad Gilbert era un misterio.
Si bien yo lo respetaba porque lo consideraba un tenista exitoso, podía
entender por qué los mejores jugadores de nuestra época se volvían locos
cuando perdían con él. Como refuerza en su libro, sus virtudes pasaban por
fallar poco y por hacer un juego inteligente. Y eso por momentos podía ser
desesperante. Es cierto que el tenis cambió, pero aun hoy su ejemplo puede
servir para demostrar que este deporte no solo consiste en pegarle más fuerte
a la pelota, sino que existen estrategias, principios y estructuras de juego.
Por suerte, yo pude encontrarle la vuelta. Repasemos nuestros
enfrentamientos:
1) 1988, Abierto de Frankfurt, segunda ronda:
Brad Gilbert vs. Javier Frana 6-1, 6-0.
El resultado lo dice todo: jugué horrible. El partido fue sobre una superficie
de carpeta rapidísima y me agarró en uno de esos días en los que yo no la
podía embocar. No encontré los recursos para recuperarme y, sin hacer
demasiado, me ganó fácil.
2) 1991, Abierto de Los Ángeles, segunda ronda:
Brad Gilbert vs. Javier Frana 6-3, 7-5.
Salí con la idea de jugarle alto por el lado del revés, porque tenía una
empuñadura muy clásica y le pegaba muy plano. Pero él también tenía sus
recursos defensivos. Era un tipo que te daba la sensación de que podías
ganarle y no le ganabas, entonces empezaba a frustrarte. Si enfrente estaban
Becker o Agassi, te dabas cuenta de que estaban muy por arriba y que no
podías aguantarles tres horas. Con Gilbert, la velocidad era cómoda, la altura
era cómoda, pero lo atacabas y te pasaba. Era uno de sus secretos. A veces
caías muy rápido en la trampa, y a mí me pasó.
3) 1993, Abierto de Queen’s, primera ronda:
Javier Frana vs. Brad Gilbert 6-4, 5-7, 6-3
Era domingo, un día antes de que empiece el torneo. Además de jugar en
singles, yo había arreglado con Stefan Edberg para ser pareja de dobles
durante esa semana. Nos tocaba enfrentar a Ivan Lendl con el sudafricano
Christo Van Rensburg, entonces mi entrenador fijó la programación para el
día siguiente: después de las cinco de la tarde, en el court central.
El lunes nos lo tomamos con calma. Fuimos al club temprano al mediodía
solo porque estábamos aburridos en el departamento. Entonces me crucé con
el brasileño Fernando Roese y me arengó: “¡Court central, garoto!”. “Claro,
porque juego con Edberg en dobles”, le digo. “No, juegas con Gilbert a las
dos de la tarde”. “No puede ser”. Y era. Estaba a punto de almorzar, ni
siquiera tenía ropa para doble jornada. Por suerte, no había perdido por WO.
Salí apurado a hacer la entrada en calor, enfurecido con mi entrenador y entré
a la cancha totalmente ido.
El partido transcurrió casi sin que me diera cuenta. En el aspecto mental,
era el escenario ideal para Gilbert. Pero en un momento espié el marcador y
estaba bastante parejo. Entonces me decidí a ganarlo. La superficie me
convenía. En ese momento, más de veinte años atrás, el césped era
ultrarrápido, la pelota no picaba más alto que la cintura y a mí no me
molestaba. Mi juego se potenciaba y el suyo no me hacía daño. Atacaba su
segundo saque, los puntos eran rápidos y él no podía jugar con mi
irregularidad. Me sentí cómodo y pude ganarle.
4) 1994, Abierto de Wimbledon, segunda ronda:
Javier Frana vs. Brad Gilbert 6-3, 4-6, 6-1, 6-2
La historia ya había cambiado. Me sentía mejor jugador, más seguro de mis
posibilidades. Respetaba a Gilbert porque había estado siempre más arriba en
el ranking y era un partido que por supuesto quería ganar a toda costa. El
antecedente en el césped de Queens me ayudó a tener el partido más claro y a
manejar los tiempos. Podía ganarlo o perderlo, pero sabía que si jugaba
bárbaro, podía sostenerlo y que, si andaba mal, tenía recursos para salir. No
cosneguí descubrir qué buscaba él, porque a mí en césped había muy pocas
cosas que podían molestarme, incluso podía jugar de fondo de comodidad,
porque me había criado en polvo de ladrillo.
Pero por supuesto Gilbert era un hueso duro de roer, aunque tampoco era
como enfrentar a Michael Chang. Chang era la muerte, como jugar hoy
contra un David Ferrer. Gilbert te engañaba con ese estilo que parecía de los
años sesenta, cuando se jugaba a un kilómetro por hora. Y, sin ser vistoso,
vaya que le rendía. Te jugaba despacito, dejaba que lo atacaras en la red y te
pasaba igual. Te decías: “Me pasó medio de casualidad, lo ataco de nuevo”.
Y volvía a pasarte. Le pegaba como si se estuviese sacando algo de encima.
Era pura paciencia. No sorprendía que me pudiera ganar a mí o a otros
tenistas de mi nivel, pero le hacía fuerza a tipos tan buenos que llevaba a que
te preguntaras: “¿Cómo hace?”.
Por todos esos motivos, cuando empezó a trabajar como entrenador de
Andre Agassi, daba toda la sensación de que le iría bien. No tenía que
enseñarle a jugar, sino darle un panorama, guiarlo en la estrategia, darle
espíritu competitivo y estarle en los detalles. Ese tipo de cosas que necesitan
los tenistas de arriba. Pero no funciona si no genera química entre los dos.
Brad Gilbert es hoy otra persona. Con el retiro, los tenistas nos
descomprimimos, las bisagras se ablandan. Entonces con él nos cruzamos
más seguido en los grandes torneos y por ser colegas en ESPN. La charla se
da más espontánea. Y su bichito no tarda en aparecer: “¿Y qué tal ese Diego
Schwartzmann? ¿Es judío ruso o judío alemán?”.
Agradecimientos
Brad Gilbert
Mi esposa Kim; mi hijo, Zach; mi hija, Julie.
Mis padres, Barry, Sr., y Elaine Gilbert.
Mi hermano, Barry, Jr., y mi hermana, Dana.
Mi entrenador, Tom Chivington, y Georgie Chivington.
Todos los chicos de los Brad Gilbert Tennis Camps.
Steve Jamison Edstrom
Mi viejo, Ev, que es el mejor entrenador del mundo.
Mi madre, Mary, que es la mejor del mundo.
Pat, Kris, Kate y Kim, mis hermanas.
Los Edstroms, Cronens, McKegneys, Brands y Starks, nuestra
familia.
Dr. George Sheehan, un corredor que nos inspiró a muchos de
nosotros a ser deportistas.
Acerca de los autores
Brad Gilbert está considerado por la mayoría de los expertos como el más
encumbrado estratega y táctico del tenis. En su momento, “asesino de
gigantes” en el ATP Tour; hoy es uno de los más importantes analistas de
tenis para ESPN. Gilbert entrenó a Andre Agassi, Andy Roddick y Andy
Murray, entre otros. Vive en San Rafael, California, con su esposa Kim y tres
hijos, Zach, Julian y Zoe.
[Link]
Steve Jamison es un autor bestseller que colaboró con John Wooden,
leyenda de la UCLA, y con Bill Walsh, ex entrenador principal del equipo de
fútbol americano San Francisco 49ers, entre otros. Vive en San Francisco.
[Link]
Notas
1 En julio de 2013, un año después de publicada esta introducción, Andy Murray se convirtió en el
primer tenista británico en 77 años en ganar el título del Abierto de Wimbledon, al vencer en la
final a Novak Djokovic. Al cierre de esta edición, era su segundo título de Grand Slam, tras su
triunfo en el US Open 2012, también ante Djokovic en la final.
2 El juego interior del tenis.
3 Tiro de aproximación.
4 Aquellas pastillas que contienen sodio, potasio y magnesio.
5 Equipo de la Major League Baseball de [Link].
6 Equipo de la National Football League de [Link].
7 Equipo de la National Basketball Association de [Link].
8 Analgésico en crema fabricado por Johnson & Johnson.
9 Es un logotipo y a su vez la mascota de la empresa de dulces y repostería Pillsbury Company.
10 Respecto de la edición original del libro, de 1992.
11 Estadísticas de 1992.
12 Estadísticas ATP, 1991.
13 Equipo de San Francisco de la National Football League.
14 Equipo de Nueva York de la National Football League.
15 Lanzamiento de un pitcher de béisbol apuntado al cuerpo del bateador.
16 University of California at Los Angeles
17 Profesionales que estudian los aspectos individuales del juego, descubren jugadores y analizan a
los rivales.
18 De ese modo llaman en inglés a los jugadores que juegan las bolas muy altas. La traducción
literal es “el que pelotea la luna”
19 N deT: En los años ochenta.
20 Se refiere a los años noventa.
21 Promedio entre la cantidad de hits y el número de turnos de bate. .400 es excepcional.
22 Jugador de Los Angeles Rams, Indianapolis Colts, Los Angeles Raiders y Atlanta Falcons en la
NFL durante los años ochenta.
23 Too much club, la expresión en inglés. Cuando el golfista elige un palo que le hace pegar más
lejos de lo que la distancia y el golpe requerían.
24 El espacio que se produce entre la línea de singles y la de dobles.
25 Uno de los diarios de mayor circulación en [Link].
26 La expresión original en inglés es “sleeping booty”, una expresión urbana que alude a la Bella
Durmiente de la ficción y que describe a una chica atractiva que se pasa de copas.
27 La expresión en inglés es set-up point, un término que instala el autor.
28 Un término que se usa en Wall Street para calificar a las empresas más estables en el mercado de
valores.
29 Dance with who brung ya, la expresión original en inglés.
30 National Collegiate Athletic Association, una asociación compuesta por unas mil doscientas
instituciones, conferencias, organizaciones e individuos que organizan la mayoría de los
programas deportivos universitarios en Estados Unidos.
31 ¡Ganar! (Winning Ugly) ha sido publicado en Gran Bretaña, Italia, Alemania, Francia y
Rumania.
32 El sector del estadio que los organizadores asignan al entorno de los jugadores.
33 Un helado italiano hecho en molde y compuesto por capas de diferentes colores y sabores.
34 “Full court press”, es el término utilizado en el basquetbol.
* Fue el tenista argentino que más veces enfrentó a Brad Gilbert. En su carrera, ganó tres títulos de
singles, alcanzó el puesto treinta del ranking mundial y, en dobles con Christian Miniussi,
consiguió la medalla olímpica de bronce en Barcelona 1992. En la actualidad, trabaja como
comentarista en las transmisiones de tenis de ESPN.