Algunas claves sobre pastoral educativa
para la vida en abundancia
La escuela en clave pedagógica-política y pastoral en perspectiva lasallana
La intencionalidad de estas claves no es ofrecer un modelo, se trata más bien de una
ventana desde donde mirar, una brújula desde la cual orientarnos, unas referencias desde
donde situarse en la práctica, de una “mística” que se adentra en el espíritu del Evangelio
de Jesús y en el legado del carisma y espiritualidad Lasallana y de los otros carismas
asociados.
Es importante saber que si la pastoral, la espiritualidad no está en el Currículum, no está,
tendremos espacios de catequesis, gestos, campañas solidarias, celebraciones, rituales…
porque la pastoral y la espiritualidad, es ante todo “un modo de mirar la tarea educativa”,
las disciplinas escolares, la vida cotidiana; es un modo de situarse responsablemente desde
lo personal y comunitario.
El Currículum forma parte de nuestra cotidianeidad, como educadores muchas veces hemos
estudiado, conversado y debatido sobre este tema! Entonces la propuesta es pensar el
currículum en relación con las perspectivas ya mencionadas, es decir, desde el Evangelio y
desde el/los Carisma, sin ignorar el papel de lo normativo del que la escuela no puede
escapar.
Si la escuela quiere abrazar una perspectiva pastoral, tiene que ser una pastoral acerca de
los saberes, porque si no está en los currículos académicos, en las asignaturas,
sencillamente no está.
Hacerle lugar a la pastoral educativa supone abrir una puerta para la indagación y la
reflexión sobre el currículum situado en contexto. Sabiendo-sintiendo que el punto de
partida no es una visión dogmática, sino una simpatía con el mundo, una mística del
mundo, del mundo actual. Una simpatía que es una relación de fe, un creer… y una apuesta
por la acogida que se opone a todos los modos de hostilidad.
Si estamos dispuestas/os a abrir esa puerta supondrá que nos desplazamos, nos movamos
intelectual y relacionalmente de los modos conocidos, para dialogar con modos, ideas,
paradigmas que están presente en el devenir de la escuela y pueden plantearse como
hipótesis de trabajo para el presente y el futuro de la escuela.
Permanecer en estado de interpelación sobre nuestro quehacer, por ejemplo:
● ¿Qué tendría que pensar-decir-hacer las escuelas para ofrecer intencionadamente
una mirada desde la perspectiva pastoral?
● ¿De qué modo la vida de Jesús y la vida de La Salle pueden ser un aporte significativo
para abordar las demandas educativas en su diversidad y singularidad, buscando
garantizar el respeto por la dignidad?
La definición de los contenidos curriculares y los modos de enseñar se realizan en
determinadas coordenadas de tiempo y lugar. Por tanto, podemos decir que el currículum es
un producto histórico y social, cruzado por profundos debates lo que y dentro de
multiplicidad de saberes:
● ¿Con qué visión del mundo-iglesia cada docente está educando hoy a las chicas y
chicos que pronto serán los jóvenes y adultos responsables de tomar decisiones?
Discernimiento
Estos son tiempos en los que se está produciendo una nueva “alquimia” en los que la
escolarización asume los desafíos de establecer nuevos sentidos para la vida a futuro a
partir de las relaciones entre los saberes del humanismo, la ecología integral y la
tecnología, en un diálogo que es necesario tornar visible, revisar y discernir.
● ¿Ese diálogo, revisión y análisis puede ser también con la corriente de sabiduría que
viene del evangelio y el carisma?
Hoy las chicas y chicos que están en las Escuelas Católicas, en su mayoría, no quieren saber
nada, o muy poco con la Iglesia Católica, al menos en su dimensión y rostro institucional.
Han contribuido a eso diversas circunstancias, algunas de fuera de la Iglesia: secularismo
cultural, otras corrientes religiosas, auge del neoliberalismo consumista con sus proyectos
de salvación hiper individual y prescindencia de una mirada trascendente, crisis de las
opciones vitales de largo plazo….
Otras circunstancias, se generaron en el interior de la Iglesia misma: el escándalo de la
pedofilia, los posicionamientos públicos conservadores y cerrados ante las demandas de la
sociedad, y la persistencia de un tufillo inquisidor y manipulador que pretende, en pleno
siglo XXI, continuar imponiendo una ética y una cosmovisión homogeneizante frente a una
cultura de lo múltiple y lo diverso, que no está dispuesta a aceptar que una Institución (por
milenaria que sea) le dicte sus valores y, sobre todo, rija sus leyes civiles.
En algunos ambientes más tradicionales no se experimenta (¿todavía?) esta crisis en sus
expresiones más crudas, o tal vez no se habilita su manifestación. Existen grupos de Iglesia
que han cerrado filas, y desde la férrea convicción de sus certezas libran batalla, intentando
domar el viento. Se agrupan en movimientos estructurados y agresivos, y salen a querer
implantar una nueva cristiandad.
Muchas/os estamos ocupados en reconocer que la Escuela Católica que se venía
sosteniendo se encuentra, hoy, en un punto de no retorno. Sus paradigmas quedaron
desactualizados y sus intenciones, por nobles que fueran, no alcanzan a tocar la vida de las
personas.
El cambio epocal no perdona, no hay chances de volver atrás el modelo se ha caído a
pedazos, ya sabemos que sostener rigidizando posturas, discursos y prácticas no va más.
Pero hay alternativa que es aceptar el derrumbe y comenzar de nuevo.
De la educación de la fe al cultivo de la interioridad:
en una sociedad que ya no se reconoce cristiana, no podemos dar por supuesto que
compartimos códigos, relatos y simbologías. Y, sobre todo, no podemos sobreentender una
experiencia religiosa que, en la mayoría de los casos, no existe. Habrá que hacer caminos
hacia el interior, caminos de sanación, aceptación y amor incondicional que nos abran a ese
AMOR MAYOR que nos habita y trasciende.
Del Cristo Salvador al Jesús Camino de Humanización:
todavía seguimos compartiendo el Relato cristiano dando por supuesto que hay una
cosmovisión compartida, y eso ya no es tan así. Sin embargo, la historia de ese hombre
llamado Jesús, que habitó entre nosotros y pasó haciendo el bien, es capaz, si lo
despojamos de ciertos ropajes moralistas o mágicos, de mostrarnos un Camino de
Humanización bello y potente, en el que el corazón humano encuentre inspiración, energía
y esperanza.
De la doctrina completa a los relatos de sentido:
Hoy no se busca clarificar doctrina, percibimos claramente, que lo que las personas
necesitamos, para hacer caminos de humanización, son relatos de sentido, perlas preciosas
de Buenas Noticias capaces de contener e inspirar nuestra experiencia, y abrirla a un
horizonte espiritual y creyente. Y aquí es donde el Evangelio tiene mucho para ofrecer, si le
quitamos el viejo ropaje de imposición cultural, y el uso que se ha hecho (equivocadamente)
como lista de mandatos... Esto implica que las respuestas a nuestras preguntas cotidianas
no pueden ser únicas, unívocas, ni eternas.
De la moral católica a la ética bien común:
Históricamente, la Iglesia ha hecho de sus normas morales un aspecto esencial de su
identidad institucional, y una herramienta de control de las conciencias. Si hay un punto en
el que, claramente, incluso los católicos se han independizado de la Iglesia, es este. De
manera pública o privada, ya casi nadie vive todo y exactamente lo que la Iglesia manda, y
la moral sexual es, probablemente, el punto donde eso se manifiesta con mayor claridad
(incluso en el clero).
Lo que se cae a pedazos es una moral del deber ser. Pero este movimiento… ¿nos deja sin
ética? Claro que no. Nos invita, en cambio, a asumir la subjetividad y profundizar en ella,
hasta tocar, en lo profundo del alma humana, aquellas sintonías, sensibilidades y valores
que nos hermanan con todos, todas y con todo.
De una pastoral funcional al camino compartido:
Es imprescindible encontrar una nueva lógica que recoja mejor lo más genuino del “vayan y
enseñen” de Jesús, sin caer en la ambición colonizadora, o la culpa reparadora que muchas
veces lo contaminó. Se trata, entonces, de ser, de vivir, de amar desde adentro… El amor es
expansivo, fluye y crea mil formas de anuncio, expresión y comunicación. En la medida que
optamos por abrir el corazón al Evangelio, donde brotan en forma natural (no por mandato
ni por exigencias de la funcionalidad) maneras nuevas, creativas, inéditas de compartir,
apreciar y celebrar.
El camino que vamos haciendo es progresivo, entre tanto hay que convivir con lo nuevo y lo
viejo, discernir mucho, saber morir, saber vivir, saber esperar… No es sólo la catequesis, no
es sólo la escuela, no es sólo la pastoral. Es una nueva opción por el desarrollo espiritual,
inspirados en Jesús como camino de humanización, vivida en comunidades de sentido,
nutridos en la fraternidad- sororidad expansiva y la creatividad compartida, lo que nos
sentimos llamados a vivir y a compartir para que fluya la VIDA con toda su potencia y
plenitud.
De la SINODALIDAD como mandato eclesial a la Cultura del Encuentro PARA CAMINAR
JUNTAS/OS
Más allá de las religiones, culturas, géneros y geopolíticas, a ejemplo del Maestro: "Jesús
le dijo: "Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será
"en este cerro" o "en Jerusalén"…Llega la hora, y ya estamos en ella, en que los
verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.” Jn 4, 21-24
Es una urgencia recuperar la capacidad de encuentro; que todos/as sientan que pueden SER
y que hay lugar para cada uno/a. Que todos/as estemos sentadas/os en la mesa común,
donde se celebra la dignidad sin exclusiones. Todos/as aprendices de la mesa compartida,
habitando y generando espacios de vida y esperanza
Resignificar los espacios de encuentro y recuperar el sentido de comunidad, en el que el
encuentro genera mutuo reconocimiento de la dignidad común. Mantener el fuego del
espíritu en la comunidad, que la llama no se apague, que el deseo de pertenecer
asociadas/os se mantenga vivo.
Del paradigma jerárquico a resignificar una relacionalidad no jerárquica,
Animando la vida en comunidades desde la escucha y la cercanía como ejes de cualquier
camino o propuesta, que invita a una conciencia plural, inclusiva.
Escuchar-se siendo capaces de desinstalarnos de la propia visión, para construir con
otros/as, los profundos cambios que necesitamos, para salir definitivamente de un
paradigma jerárquico, que durante siglos nos ha organizado y ordenado con las categorías
de “más”, “mejor”, “superior”, “inferior” etc., para ir asumiendo una “relacionalidad”
abierta y respetuosa a la pluralidad y reciprocidad, en la que nadie es mejor que nadie,
todos tenemos algo para aportar.
Cuidar nuestro lenguaje, los modos de comunicación y comparación: esta religión es mejor
que esta otra, una cultura mejor que otra, o un estado de vida mejor que otro. Pasar de
relaciones jerarquizadas, a relaciones de hermanas y hermanos ensayando prácticas de
relaciones nuevas en reciprocidad y respeto.
De la liturgia como precepto a la celebración como dimensión unificante de fe-vida, lugar
de gratuidad y de alegría compartida
Orientada a responder a las experiencias vitales desde una perspectiva pastoral, integral y
comunitaria. Recrear espacios y momentos donde se privilegie la sacramentalidad de la
vida poniendo de manifiesto la celebración como lugar teológico, manifestación de la
encarnación y espacio de salvación.
Ampliar el horizonte del lenguaje tanto verbal como no verbal, resignificando signos,
símbolos y gestos que involucren toda la dimensión humana y social con un sentido
holístico, que potencie los vínculos y la comunicación poniendo en juego el cuerpo, lo
afectivo, la creatividad y las relaciones consigo mismo, con los otros/as, la cultura, la
espiritualidad, el planeta.
Repensar la pastoral-litúrgica y festiva desde un enfoque mistagógico, que conecte con la
sabiduría y belleza que brotan de la apertura al misterio.