0% encontró este documento útil (0 votos)
21 vistas91 páginas

Catechesi Tradendae

La Exhortación Apostólica 'Catechesi Tradendae' de Juan Pablo II destaca la importancia de la catequesis como una tarea primordial de la Iglesia, centrada en Jesucristo como único Maestro. Se enfatiza la necesidad de transmitir la doctrina de Cristo y la responsabilidad compartida de todos los miembros de la Iglesia en la educación de la fe. La exhortación busca fortalecer la catequesis contemporánea, adaptándola a las necesidades de diferentes grupos y contextos, y reafirmar la identidad cristiana en un mundo indiferente.

Cargado por

Pablo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
21 vistas91 páginas

Catechesi Tradendae

La Exhortación Apostólica 'Catechesi Tradendae' de Juan Pablo II destaca la importancia de la catequesis como una tarea primordial de la Iglesia, centrada en Jesucristo como único Maestro. Se enfatiza la necesidad de transmitir la doctrina de Cristo y la responsabilidad compartida de todos los miembros de la Iglesia en la educación de la fe. La exhortación busca fortalecer la catequesis contemporánea, adaptándola a las necesidades de diferentes grupos y contextos, y reafirmar la identidad cristiana en un mundo indiferente.

Cargado por

Pablo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

CATECHESI TRADENDAE (Exhortación sobre la

catequesis de Juan Pablo II )


Delegación de catequesis / Domingo 22 de abril de 2007

CATECHESI TRADENDAE

Indice

Introducción La última consigna de Cristo Solicitud del Papa Pablo VI Un Sínodo


fructuoso Sentido de esta exhortación

I. Tenemos un solo maestro: Jesucristo

En comunión con la persona de Cristo Transmitir la doctrina de Cristo Cristo nos enseña
En Único Maestro Enseñando con toda su vida

II. Una experiencias tan antigua como la Iglesia

La misión de los Apóstoles La catequesis en la época apostólica En los Padres de la


Iglesia En los Concilios y en la actividad misionera La Catequesis: derecho y deber de la
Iglesia Tarea prioritaria Responsabilidad común y diferencia Renovación continua y
equilibrada

III. La Catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia

La Catequesis, una etapa de la evangelización Catequesis y primer anuncio del


Evangelio Finalidad específica de la Catequesis Necesidad de una Catequesis
sistemática Catequesis y experiencia vital Catequesis y Sacramentos Catequesis y
Comunidad Eclesial Necesidad de la Catequesis en sentido amplio para la madurez y
fuerza de la fe

IV. Toda la Buena Nueva brota de la fuente

El contenido del mensaje La fuente El Credo: Expresión doctrinal privilegiada Elementos


a no olvidar La integridad del contenido Con métodos pedagógicos adaptados
Dimensión ecuménica de la Catequesis Colaboración ecuménica en el ámbito de la
Catequesis Problemas de manuales comunes a diversas religiones

V. Todos tienen necesidad de la Catequesis

La importancia de los niños y de los jóvenes Párvulos Niños Adolescentes Jóvenes


Adaptación de la Catequesis a los jóvenes Minusválidos Jóvenes sin apoyo religioso
Adultos Cuasi catecúmenos Catequesis diversificadas y complementarias

VI. Métodos y medios de la Catequesis

Medios de comunicación social Múltiples lugares, momentos o reuniones por valorizar


Homilía Publicaciones catequéticas Catecismos

VII. Cómo dar la Catequesis

Diversidad de métodos Al servicio de la Revelación y de la Conversión Encarnación del


mensaje en las culturas Aportaciones de las devociones populares Memorización

VIII. La alegría de la fe en un mundo difícil

Afirmar la identidad cristiana ... en un mundo indiferente ... ... con la pedagogía original
de la fe. Lenguaje adaptado al servicio del Credo Búsqueda y certeza de la fe Catequesis
y teología

IX. La tarea nos concierne a todos

Aliento a todos los responsables Obispos Sacerdotes Religiosos y religiosas Catequistas


laicos ... en parroquia ... ... en familia ... ... en la escuela ... ... en los movimientos ...
Institutos de formación

Conclusión El Espíritu Santo Maestro interior María, Madre y Modelo de los discípulos

Introducción

La última consigna de Cristo

1. La catequesis ha sido siempre considerada por la Iglesia como una de sus tareas
primordiales, ya que Cristo resucitado, antes de volver al Padres, dio a los Apóstoles
esta última consigna: hacer discípulos a todas las gentes enseñándoles a observar todo
lo que El había mandado. El les confiaba de este modo la misión y el poder de anunciar
a los hombres lo que ellos mismos habían oído, visto con sus ojos, contemplado y
palpado con sus manos, acerca del Verbo de vida. Al mismo tiempo les confiaba la
misión y el poder de explicar con autoridad lo que El les había enseñado, sus palabras y
sus actos, sus signos y sus mandamientos. Y les daba el Espíritu para cumplir esta
misión. Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia
para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a
fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e
instruirlos en esta vid y construir así el Cuerpo de Cristo. La Iglesia no ha dejado de
dedicar sus energías a esa tarea.

Solicitud del Papa Pablo VI

2 Los últimos Papas le han reservado un puesto de relieve en su solicitud pastoral. Mi


venerado predecesor Pablo VI sirvió a la catequesis de la Iglesia de manera
especialmente ejemplar con sus gestos, su predicación, su interpretación autorizada del
Concilio Vaticano II -que él consideraba como la gran catequesis de los tiempos
modernos- con su vida entera. El aprobó, el 18 de marzo de 1971, el "Directorio general
de la catequesis", preparado por la S. Congregación para el Clero, un Directorio que
queda como un documento básico para orientar y estimular la renovación catequética
en toda la Iglesia. El instituyó la Comisión internacional de Catequesis, en el año 1975.
El definió magistralmente el papel y el significado de la catequesis en la vida y en la
misión de la Iglesia, cuando se dirigió a los participantes en el Primer Congreso
Internacional de Catequesis, el 25 de septiembre de 1971, y se detuvo explícitamente
sobre este tema en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi. El quiso que la
catequesis, especialmente la que se dirige a los niños y a los jóvenes, fuese el tema de
la IV Asamblea general del Sínodo de los Obispos, celebrada durante el mes de octubre
de 1977, en la que yo mismo tuve el gozo de participar.

Un Sínodo fructuoso

3. Al concluir el Sínodo, los Padres entregaron al Papa una documentación muy rica, que
comprendía las diversas intervenciones tenidas durante la Asamblea, las conclusiones
de los grupos de trabajo, el Mensaje que con su consentimiento habían dirigido al Pueblo
de Dios, y sobre todo la serie imponente de Proposiciones en las que ellos expresaban
su parecer acerca de muchos aspectos de la catequesis en el momento actual. Este
Sínodo ha trabajado en una atmósfera excepcional de acción de gracias y de esperanza.
Ha visto en la renovación catequética un don precioso del Espíritu Santo a la Iglesia de
hoy, un don al que por doquier las comunidades cristianas, a todas los niveles,
responden con una generosidad y entrega creadora que suscitan admiración. El
necesario discernimiento podía así realizarse partiendo de una base viva y podía contar
en el Pueblo de Dios con una disponibilidad a la gracia del Señor y a las directrices del
Magisterio.

Sentido de esta Exhortación

4. En este mismo clima de fe y esperanza os dirijo hoy, venerables hermanos, amados


hijos e hijas, esta Exhortación Apostólica. En un tema tan amplio, ella no tratará sino de
algunos aspectos más actuales y decisivos, para corroborar los frutos del Sínodo. Ella
vuelve a tomas en consideración, substancialmente, las reflexiones que el Papa Pablo VI
había preparado, utilizando ampliamente los documentos dejados por el Sínodo. El Papa
Juan Pablo I -cuyo celo y cualidades de catequista tanto asombro nos han causado- las
había recogido y se disponía a publicarlas en el momento en que inesperadamente fue
llamado por Dios. A todos nosotros él nos ha dado el ejemplo de una catequesis fundada
en lo esencial y a la vez popular, hecha de gestos y palabras sencillas, capaces de llegar
a los corazones. Yo asumo, pues la herencia de estos dos Pontífices, para responder a la
petición de los Obispos, formulada expresamente al final de la IV Asamblea general del
Sínodo y acogida por el Papa Pablo Vi en su discurso de clausura. Lo hago también para
cumplir uno de los deberes principales de mi oficio apostólico. La catequesis ha sido
siempre una preocupación central en mi ministerio de sacerdote y de Obispo. Deseo
ardientemente que esta Exhortación Apostólica, dirigida a toda la Iglesia, refuerce la
solidez de la fe y de la vida cristiana, dé un nuevo vigor a las iniciativas emprendidas,
estimule la creatividad -con la vigilancia debida- y contribuya a difundir en la comunidad
cristiana la alegría de llevar al mundo el misterio de Cristo.

I. Tenemos un solo maestro: Jesucristo

En comunión con la persona de Cristo

5. La IV Asamblea general del Sínodo de los Obispos ha insistido mucho en el


cristocentrismo de toda catequesis auténtica. Podemos señalar aquí los dos significados
de la palabra que ni se oponen ni se excluyen, sino que más bien se relacionan y se
complementan. Hay que subrayar, en primer lugar, que en el centro de la catequesis
encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, "Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad", que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora,
resucitado, vive para siempre con nosotros. Jesús es "el Camino, la Verdad y la Vida", y
la vida cristiana consiste en seguir a Cristo, en la "sequela Christi". El objeto esencial y
primordial de la catequesis es, empleando una expresión muy familiar a San Pablo y a la
teología contemporánea, "el Misterio de Cristo". Catequizar, es, en cierto modo, llevar a
uno a escrutar ese Misterio en toda su dimensión: "Iluminar a todos acerca de la
dispensación del misterio ..., comprender, en unión con todos los santos, cuál es la
anchura, la largura, la altura y la profundidad y conocer la caridad de Cristo, que supera
toda ciencia, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios". Se trata, por tanto, de
descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios que se realiza en El. Se trata
de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los
signos realizados por El mismo, pues ellos encierran y manifiestan a la vez su Misterio.
En este sentido, el fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto,
sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: sólo El puede conducirnos al amor del
Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad.

Transmitir la doctrina de Cristo

6. En la catequesis, el cristocentrismo significa también que, a través de ella, se


transmite no la propia doctrina o la de otra maestro, sino la enseñanza de Jesucristo, la
Verdad que El comunica o, más exactamente, la Verdad que El es. Así, pues, hay que
decir que en la catequesis lo que se enseña es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de
Dios y todo lo demás en referencia a El; el único que enseña es Cristo, y cualquier otro
lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo enseñe por su
boca. La constante preocupación de todo catequista, cualquiera que sea su
responsabilidad en la Iglesia, debe ser la de comunicar, a través de su enseñanza y su
comportamiento, la doctrina y la vida de Jesús. No tratará de fijar en sí mismo, en sus
opiniones y actitudes personales, la atención y la adhesión de aquel a quien catequiza;
no tratará de inculcar sus opiniones y opciones personales como si éstas expresaran la
doctrina y las lecciones de vida de Cristo. Todo catequista debería poder aplicarse a sí
mismo la misteriosa frase de Jesús: "Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado".
Es lo que hace San Pablo al tratar una cuestión de primordial importancia: "Yo he
recibido del Señor lo que os he transmitido". ¡Qué contacto asiduo con la Palabra de
Dios transmitida por el Magisterio de la Iglesia, qué familiaridad profunda con Cristo y
con el Padres, qué espíritu de oración, qué despego de sí mismo ha de tener el
catequista para poder decir: "Mi doctrina no es mía"!

Cristo que enseña

7. Esta doctrina no es un cúmulo de verdades abstractas, es la comunicación del


Misterio vivo de Dios. La calidad de Aquel que enseña en el Evangelio y la naturaleza de
la enseñanza superan en todo a las de los "maestros" en Israel, merced a la unión única
existente entre lo que El dice, hace y lo que es. Es evidente que los Evangelios indican
claramente los momentos en que Jesús enseña, "Jesús hizo y enseñó": en estos dos
verbos que introducen al libro de los Hechos, San Lucas une y distingue a la vez dos
dimensiones en la misión de Cristo. Jesús enseñó. Este es el testimonio que El da de sí
mismo. "Todos los días me sentaba en el Templo a enseñar". Esta es la observación
llena de admiración que hacen los evangelistas, maravillados de verlo enseñando en
todo tiempo y lugar, y de una forma y con una autoridad desconocidas entonces: "De
nuevo se fueron reuniendo junto a El las multitudes y de nuevo, según su costumbre, les
enseñaba"; "y se asombraban de su enseñanza, pues enseñaba como quien tiene
autoridad". Eso mismo hacen notar sus enemigos, aunque sólo sea para acusarlo y
buscar un pretexto para condenarlo. "Subleva al pueblo, enseñando por toda Judea,
desde Galilea, donde empezó, hasta aquí".

El único Maestro

8. El que enseña así merece a título único el nombre de Maestro. ¡Cuántas veces se le
da este título de maestro a lo largo de todo el Nuevo Testamento, y especialmente en
los Evangelios!. Son evidentemente los Doce, los otros discípulos y las muchedumbres
que lo escuchan quienes le llaman "Maestro" con acento a la vez de admiración, de
confianza y de ternura. Incluso los Fariseos y los Saduceos, los Doctores de la Ley y los
Judíos en general no le rehusan esta denominación: "Maestro, quisiéramos ver una señal
tuya"; "Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para alcanzar la vida eterna?". Pero
sobre todo Jesús mismo se llama Maestro en ocasiones particularmente solemnes y muy
significativas: "Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque de verdad lo
soy"; y proclama la singularidad, el carácter único de su condición de Maestro: "Uno solo
es vuestro Maestro": Cristo. Se comprende que, a lo largo de dos mil años, en todas las
lenguas de la tierra, hombres de toda condición, raza y nación, le hayan dado con
veneración este título repitiendo a su manera la exclamación de Nicodemo: "has venido
como Maestro de parte de Dios". Esta imagen de Cristo que enseña, a la vez majestuosa
y familiar, impresionante y tranquilizadora, imagen trazada por la pluma de los
evangelistas y evocada después, con frecuencia, por la iconografía desde la época
paleocristiana -¡tan atractiva es!-, deseo ahora evocarla en el umbral de estas
reflexiones sobre la catequesis en el mundo actual.

Enseñando con toda su vida

9. No olvido, haciendo esto, que la majestad de Cristo que enseña, la coherencia y la


fuerza persuasiva únicas de su enseñanza, no se explican sino porque sus palabras, sus
parábolas y razonamientos no pueden separarse nunca de su vida y de su mismo ser.
En este sentido, la vida entera de Cristo fue una continua enseñanza: su silencio, sus
milagros, sus gestos, su oración, su amor al hombre, su predilección por los pequeños y
los pobres, la aceptación del sacrificio total en la cruz por la salvación del mundo, su
resurrección son la actuación de su palabra y el cumplimiento de la revelación. De
suerte que para los cristianos el Crucifijo es una de las imágenes más sublimes y
populares de Jesús que enseña. Estas consideraciones, que están en línea con las
grandes tradiciones de la Iglesia, reafirman en nosotros el fervor hacia Cristo, el Maestro
que revela a Dios a los hombres y al hombre a sí mismo; el Maestro que salva, santifica
y guía, que está vivo, que habla, exige, que conmueve, que endereza, juzga, perdona,
camina diariamente con nosotros en la historia; el Maestro que viene y que vendrá en la
gloria. Solamente en íntima comunión con El, los catequistas encontrarán luz y fuerza
para una renovación auténtica y deseable de la catequesis.

II. Una experiencias tan antigua como la Iglesia

La misión de los Apóstoles

10. La imagen de Cristo que enseña se había impreso en la mente de los Doce y de los
gprimeros discípulos, y la consigna "Id y haced discípulos a todas las gentes" orientó
toda su vida. San Juan da testimonio de ello en su Evangelio, cuando refiere las palabras
de Jesús: "Yo no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os
digo amigos, porque todo lo que oí de mi Padres os lo he dada a conocer". No son ellos
los que han escogido seguir a Jesús, sino que es Jesús quien los ha elegido, quien los ha
guardado y establecido, ya antes de su Pascua, para que ellos vayan y den fruto, y para
que su fruto permanezca. Por ello después de la resurrección, les confió formalmente la
misión de hacer discípulos a todas las gentes. El libro entero de los Hechos de los
Apóstoles atestigua que fueron fieles a su vocación y a la misión recibida. Los miembros
de la primitiva comunidad cristiana aparece en él "perseverantes en oír la enseñanza de
los apóstoles y en la fracción del pan y en la oración". Se encuentra allí, sin duda
alguna, la imagen permanente de una Iglesia que, gracias a la enseñanza de los
Apóstoles, nace y se nutre continuamente de la Palabra del señor, la celebra en el
sacrificio eucarístico y da testimonio al mundo con el signo de la caridad. Cuando los
adversarios se sienten celosos de la actividad de los Apóstoles, se debe a que están
"molestos porque enseñan al pueblo" y les prohíben enseñar en el nombre de Jesús.
pero nosotros sabemos que, precisamente en ese punto, los Apóstoles juzgaron más
razonable obedecer a Dios que a los hombres.

La catequesis en la época apostólica

11. Los Apóstoles no tardan en compartir con los demás el ministerio apostólico.
Transmiten a sus sucesores la misión de enseñar. Ellos la confían también a los diáconos
desde su institución: Esteban, "lleno de gracia y de poder", no cesa de enseñar, movido
por la sabiduría del Espíritu. Los Apóstoles asocian en su tarea de enseñar a "otros"
discípulos; e incluso simples cristianos dispersados por la persecución, iban por todas
partes predicando la palabra. San Pablo es el heraldo por antonomasia de este anuncio,
desde Antioquía hasta Roma, donde la última imagen que tenemos de él según el libro
de los Hechos, es la de un hombre "que enseña con toda libertad lo tocante al Señor
Jesucristo". Sus numerosas cartas amplían y profundizan su enseñanza. Asimismo las
cartas de Pedro, de Juan, de Santiago y de Judas son otros tantos testimonios de la
catequesis de la era apostólica. Los Evangelios que, antes de ser escritos, fueron la
expresión de una enseñanza oral transmitida a las comunidades cristianas, tienen más o
menos una estructura catequética. ¿No ha sido llamado el relato de San Mateo
evangelio del catequista, y el de San Marcos, evangelio del catecúmeno?

En los Padres de la Iglesia

12. La Iglesia continúa esta misión de enseñar de los Apóstoles y de sus primeros
colaboradores. Haciéndose día a día discípula del Señor, con razón se la ha llamado
"Madre y Maestra". Desde Clemente Romano hasta Orígenes, en la edad postapostólica
ven la luz obras notables. Más tarde se registra un hecho impresionante: Obispos y
Pastores, los de mayor prestigio, sobre todo en los siglos tercero y cuarto, consideran
como una parte importante de su ministerio episcopal enseñar de palabra o escribir
tratados catequéticos. Es la época de Cirilo de Jerusalén y de Juan Crisóstomo, de
Ambrosio y de Agustín, en la que brotan de la pluma de tantos Padres de la Iglesia obras
que siguen siendo modelos para nosotros. No es posible evocar aquí, ni siquiera
brevemente, la catequesis que ha mantenido la difusión y el camino de la Iglesia en los
diversos períodos de la historia, en todos los continentes y en los contextos sociales y
culturales más diversos. Ciertamente las dificultades no han faltado nunca. Mas la
Palabra del señor ha realizado su misión a través de los siglos, se ha difundido y ha sido
glorificada, como indica el Apóstol Pablo.

En los Concilios y en la actividad misionera

13. El ministerio de la catequesis saca siempre nuevas energías de los Concilios. A este
respecto el Concilio de Trento constituye un ejemplo que se ha de subrayar: en sus
constituciones y decretos dio prioridad a la catequesis; dio lugar al "catecismo romano"
que lleva además su nombre y constituye una obra de primer orden, resumen de la
doctrina cristiana y de la teología tradicional para uso de los sacerdotes; promovió en la
Iglesia una organización notable de la catequesis; despertó en los clérigos la conciencia
de sus deberes con relación a la enseñanza catequética; y, merced al trabajo de santos
teólogos como San Carlos Borromeo, San Roberto Belarmino o San Pedro Canisio, dio
origen a catecismos, verdaderos modelos para aquel tiempo. ¡Ojalá suscite el Concilio
Vaticano II un impulso y una obra semejante en nuestros días! Las misiones constituyen
también un terreno privilegiado para la práctica de la catequesis. Así, desde hace casi
dos mil años, el Pueblo de Dios no ha cesado de educarse en la fe, según formas
adaptadas a las distintas situaciones de los creyentes y a las múltiples coyunturas
eclesiales. La catequesis está íntimamente unida a toda la vida de la Iglesia. No sólo la
extensión geográfica y el incremento numérico sino también, y más todavía, el
crecimiento interior de la Iglesia, su correspondencia, con el designio de Dios, dependen
esencialmente de ella. De entre las experiencias de la historia de la Iglesia que
acabamos de recordar, muchas lecciones -entre tantas otras- merecen ser puestas de
relieve.

La catequesis: derecho y deber de la Iglesia

14. Es evidente, ante todo, que la catequesis ha sido siempre para la Iglesia un deber
sagrado y un derecho imprescindible. Por una parte, es sin duda un deber que tiene su
origen en un mandato del Señor e incumbe sobre todo a los que en la nueva Alianza
reciben la llamada al ministerio de Pastores. Por otra parte, puede hablarse igualmente
de derecho; desde el punto de vista teológico, todo bautizado por el hecho mismo de su
bautismo, tiene el derecho de recibir de la Iglesia una enseñanza y una formación que le
permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana; en la perspectiva de los derechos
del hombre, toda persona humana tiene derecho a buscar la verdad religiosa y de
adherirse plenamente a ella, libre de "toda coacción por parte tanto de los individuos
como de los grupos sociales y de cualquier poder humano que sea, de suerte que, en
esta materia, a nadie se fuerce a actuar contra su conciencia o se le impida actuar... de
acuerdo con ella". Por ello la actividad catequética debe poder ejercerse en
circunstancias favorables de tiempo y lugar, debe tener acceso a los medios de
comunicación social, a adecuados instrumentos de trabajo, sin discriminación para con
los padres, los catequizados o los catequistas. Actualmente es cierto que ese derecho es
reconocido cada vez más, al menos a nivel de grandes principios, como testimonian
declaraciones o convenios internacionales, en los que -cualesquiera que sean sus
límites- se puede reconocer la voz de la conciencia de gran parte de los hombres de
hoy. Pero numerosos Estados violan este derecho, hasta tal punto que dar, hacer dar la
catequesis o recibirla, llega a ser un delito susceptible de sanción. En unión con los
Padres del Sínodo elevo enérgicamente la voz contra toda discriminación en el ámbito
de la catequesis, a la vez que dirijo una apremiante llamada a los responsables para que
acaben del todo esas constricciones que gravan sobre la libertad humana en general y
sobre la libertad religiosa en particular.

Tarea prioritaria

15. La segunda lección se refiere al lugar mismo de la catequesis en los proyectos


pastorales de la Iglesia. Cuanto más capaz sea, a escala local o universal, de dar la
prioridad a la catequesis -por encima de otras obras e iniciativas cuyos resultados
podrían ser más espectaculares-, tanto más la Iglesia encontrará en la catequesis una
consolidación de su vida interna como comunidad de creyentes y de su actividad
externa como misionera. En este final del siglo XX, Dios y los acontecimientos, que son
otras tantas llamadas de su parte, invitan a la Iglesia a renovar su confianza en la acción
catequética, como en una tarea absolutamente primordial de su misión. Es invitada a
consagrar a la catequesis sus mejores recursos en hombres y energías, sin ahorrar
esfuerzos, fatigas y medios materiales, para organizarla mejor y formar personal
capacitado. En ello no hay un mero cálculo humano, sino una actitud de fe. Y una
actitud de fe se dirige siempre a la fidelidad a Dios, que nunca deja de responder.

Responsabilidad común y diferenciada

16. Tercera lección: la catequesis ha sido siempre, y seguirá siendo, una obra de la que
la Iglesia entera debe sentirse y querer ser responsable. Pero sus miembros tienen
responsabilidad diferentes, derivadas de la misión de cada uno. Los Pastores,
precisamente en virtud de su oficio, tienen, a distintos niveles, la más alta
responsabilidad en la promoción, orientación y coordinación de la catequesis. El Papa
por su parte, tiene una profunda conciencia de la responsabilidad primaria que le
compete en este campo: encuentra en él motivos de preocupación pastoral, pero sobre
todo de alegría y de esperanza. Los sacerdotes, religiosos y religiosas tienen ahí un
campo privilegiado para su apostolado. A otro nivel, los padres de familia tienen una
responsabilidad singular. Los maestros, los diversos ministros de la Iglesia, los
catequistas y, por otra parte, los responsables de los medios de comunicación social,
todos ellos tienen, en grado diverso, responsabilidades muy precisas en esta formación
de la conciencia del creyente, formación importante para la vida de la Iglesia, y que
repercute en la vida de la sociedad misma. Uno de los mejores frutos de la Asamblea
general del Sínodo dedicado por enero a la catequesis sería despertar, en toda la Iglesia
y en cada uno de sus sectores, una conciencia viva y operante de esta responsabilidad
diferenciada pero común.

Renovación continua y equilibrada

17. Finalmente, la catequesis tienen necesidad de renovarse continuamente en un


cierto alargamiento de su concepto mismo, en sus métodos, en la búsqueda de un
lenguaje adaptado, en el empleo de nuevos medios de transmisión del mensaje. Esta
renovación no siempre tiene igual valor, y los Padres del Sínodo han reconocido con
realismo, junto a un progreso innegable en la vitalidad de la actividad catequética y a
iniciativas prometedoras, las limitaciones o incluso las "deficiencias" de lo que se ha
realizado hasta el presente. Estos límites son particularmente graves cuando ponen en
peligro la integridad del contenido. El "Mensaje al pueblo de Dios" subrayó justamente
que, para la catequesis, "la repetición rutinaria, que se opone a todo cambio, por una
parte, y la improvisación irreflexiva que afronta con ligereza los problemas, por la otra,
son igualmente peligrosas". La repetición rutinaria lleva al estancamiento, al letargo y,
en definitiva, a la parálisis. La improvisación irreflexiva engendra desconcierto en los
catequizados y en sus padres, cuando se trata de los niños, causa desviaciones de todo
tipo, rupturas y finalmente la ruina total de la unidad. Es necesario que la Iglesia dé
pruebas hoy -como supo hacerlo en otras épocas de la historia- de sabiduría, de valentía
y de fidelidad evangélicas, buscando y abriendo camino y perspectivas nuevas para la
enseñanza catequética.

III. La Catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia

La catequesis: una etapa de la evangelización

18. La catequesis no puede disociarse del conjunto de actividades pastorales y


misionales de la Iglesia. Ella tiene, sin embargo, algo específico propio sobre lo que la IV
Asamblea general del Sínodo de los Obispos, en sus trabajos preparatorios y a lo largo
de su celebración, se ha interrogado a menudo. La cuestión interesa también a la
opinión pública, dentro y fuera de la Iglesia. No es éste el lugar adecuado para dar una
definición rigurosa y formal de la catequesis, suficientemente ilustrada en el "Directorio
General de la Catequesis". Compete a los especialistas enriquecer cada vez más su
concepto y su articulación. Frente a la incertidumbre de la práctica, recordemos
simplemente algunos puntos esenciales, por lo demás ya consolidados en los
documentos de la Iglesia, para una comprensión exacta de la catequesis, y sin los
cuales se correría el riesgo de no llegar a comprender todo su significado y su alcance.
Globalmente, se puede considerar aquí la catequesis en cuanto educación de la fe de los
niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la
doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a
iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana. En este sentido, la catequesis se articula en
cierto número de elementos de la misión pastoral de la Iglesia, sin confundirse con ellos,
que tienen una aspecto catequético, preparan a la catequesis o emanen de ella: primer
anuncio del evangelio o predicación misional por medio del kerigma para suscitar la fe
apologética o búsqueda de las razones de creer, experiencia de vida cristiana,
celebración de los sacramentos, integración en la comunidad eclesial, testimonio
apostólico y misional. Recordemos ante todo que entre la catequesis y la evangelización
no existe ni separación u oposición, ni identificación pura y simple, sino relaciones
profundas de integración y de complemento recíproco. La exhortación apostólica
"Evangelii nuntiandi" del 8 de diciembre de 1975, sobre la evangelización en el mundo
contemporáneo, subrayó con toda razón que la evangelización -cuya finalidad es
anunciar la Buena Nueva a toda la humanidad para que viva de ella- es una realidad
rica, compleja y dinámica, que tiene elementos o, si se prefiere, momentos, esenciales y
diferentes entre sí, que es preciso saber abarcar conjuntamente, en la unidad de un
único movimiento. La catequesis es uno de esos momentos -¡y cuán señalado!- en el
proceso total de evangelización.

Catequesis y primer anuncio del Evangelio

19. La peculiaridad de la catequesis, distinta del anuncio primero del evangelio que ha
suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de
educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático
de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo. Pero en la práctica
catequética, este orden ejemplar debe tener en cuenta el hecho de que a veces la
primera evangelización no ha tenido lugar. Cierto número de niños bautizados en su
infancia llega a la catequesis parroquial sin haber recibido alguna iniciación en la fe, y
sin tener todavía adhesión alguna explícita y personal a Jesucristo, sino solamente la
capacidad de creer puesta en ellos por el bautismo y la presencia del Espíritu Santo; y
los prejuicios de un ambiente familiar poco cristiano o el espíritu positivista de la
educación crean rápidamente algunos reticencias. A éstos es necesario añadir otros
niños, no bautizados, para quienes sus padres no aceptan sino tardíamente la educación
religiosa: por motivos prácticos, su etapa catecumenal se hará en buena parte durante
la catequesis ordinaria. Además muchos preadolescentes y adolescentes, que han sido
bautizados y que han recibido sistemáticamente una catequesis, así como los
sacramentos, titubean por largo tiempo en comprometer o no su vida a Jesucristo,
cuando no se preocupan por esquivar la formación religiosa en nombre de su libertad.
Finalmente los adultos mismos no están al reparo de tentaciones de duda o de
abandono de la fe, a consecuencia de un ambiente notoriamente incrédulo. Es decir,
que la "catequesis" debe a menudo preocuparse no sólo de alimentar y enseñar la fe,
sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el corazón, de
convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están aún en el
umbral de la fe. Esta preocupación inspira parcialmente el tono, el lenguaje y el método
de la catequesis.

Finalidad específica de la catequesis

20. La finalidad específica de la catequesis no consiste únicamente en desarrollar, con la


ayuda de Dios, una fe aún inicial, en promover en plenitud y alimentar diariamente la
vida cristiana de los fieles de todas las edades. Se trata, en efecto, d hacer crecer, a
nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con
el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo. La catequesis
tiende, pues, a desarrollar la inteligencia del misterio de Cristo a la luz de la Palabra,
para que el hombre entero sea impregnado por ella. Transformado por la acción de la
gracia en nueva criatura, el cristiano se pone así a seguir a Cristo y, en la Iglesia,
aprende siempre a pensar mejor como El, a juzgar como El, a actuar de acuerdo con sus
mandamientos, a esperar como El nos invita a ello. Más concretamente, la finalidad de
la catequesis, en el conjunto de la evangelización, es la de ser un período d enseñanza y
de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano, habiendo aceptado por la fe la
persona de Jesucristo como el solo Señor y habiéndole prestado una adhesión global con
la sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor a ese Jesús en cuyas
manos se ha puesto: conocer su "misterio", el Reino de Dios que anuncia, las exigencias
y las promesas contenidas en su mensaje evangélico, los senderos que El ha trazado a
quien quiera seguirle. Si es verdad que ser cristiano significa decir "Sí" a Jesucristo,
recordemos que este "sí" tiene dos niveles: consiste en entregarse a la Palabra de Dios
y apoyarse en ella, pero significa también, en segunda instancia, esforzarse por conocer
cada vez mejor el sentido profundo de esa Palabra.

Necesidad de una catequesis sistemática

21. En su discurso de clausura de la IV Asamblea general del Sínodo, el Papa Pablo VI se


felicitaba al "advertir que todos han señalado la gran necesidad de una catequesis
orgánica y bien ordenada, ya que esa reflexión vital sobre el misterio mismo de Cristo es
lo que principalmente distingue a la catequesis de todas las demás formas de presentar
la Palabra de Dios". Frente a las dificultades prácticas, hay que subrayar algunas
características de esta enseñanza:
debe ser una enseñanza sistemática, no improvisada, siguiendo un programa que le
permita llegar a un fin preciso,
una enseñanza elemental que no pretenda abordar todas las cuestiones disputadas ni
transformarse en investigación teológica o en exégesis científica;
una enseñanza, no obstante, bastante completa, que no se detenga en el primer
anuncio del misterio cristiano, cual lo tenemos en el kerigma,
una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana. Sin
olvidar la importancia de múltiples ocasiones de catequesis, relacionadas con la vida
personal, familiar, social y eclesial, que es necesario aprovechar y sobre las que os
remito al capítulo VI, insisto en la necesidad de una enseñanza cristiana orgánica y
sistemática, dado que desde distintos sitios se intenta minimizar su importancia.

Catequesis y experiencia vital

22. Es inútil insistir en la ortopraxis en detrimento de la ortodoxia: el cristianismo es


inseparablemente la una y la otra. Unas convicciones firmes y reflexivas llevan a una
acción valiente y segura; el esfuerzo por educar a los fieles y vivir hoy como discípulos
de Cristo reclama y facilita el descubrimiento más profundo del Misterio de Cristo en la
historia de la salvación. Es asimismo inútil querer abandonar el estudio serio y
sistemático del mensaje de Cristo, en nombre de una atención metrológica a la
experiencia vital. "Nadie puede llegar a la verdad íntegra solamente desde una simple
experiencia privada, es decir, sin una conveniente exposición del mensaje de Cristo, que
es el "Camino, la Verdad y la Vida". No hay que poner igualmente una catequesis que
arranque de la vida a una catequesis tradicional, doctrinal y sistemática. La auténtica
catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la Revelación que Dios
mismo ha hecho al hombre, en Jesucristo, revelación conservada en la memoria
profunda de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras y comunicada constantemente,
mediante una "traditio" viva y activa, de generación en generación. Pero esta revelación
no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido
último de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del
Evangelio. Por eso podemos aplicar a los catequistas lo que el Concilio Vaticano II ha
dicho especialmente de los sacerdotes: educadores del hombre y de la vida del hombre
en la fe.

Catequesis y Sacramentos

23. La catequesis esta intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental,


porque es en los sacramentos y sobre todo en la eucaristía donde Jesucristo actúa en
plenitud para la transformación de los hombres. En la Iglesia primitiva, catecumenado e
iniciación a los sacramentos del bautismo y de la eucaristía, se identificaban. Aunque en
este campo haya cambiando la práctica de la Iglesia, en los antiguos países cristianos,
el catecumenado jamás ha sido abolido; conoce allí una renovación y se practica
abundantemente en las jóvenes Iglesias misioneras. De todos modos, la catequesis está
siempre en relación con los sacramentos. Por una parte, en forma eminente de
catequesis es la que prepara a los sacramentos, y toda catequesis conduce
necesariamente a los sacramentos de la fe. Por otra parte, la práctica auténtica de los
sacramentos tiene forzosamente un aspecto catequético. En otras palabras, la vida
sacramental se empobrece y se convierte muy pronto en ritualismo vacío, si no se funda
en un conocimiento serio del significado de los sacramentos. Y la catequesis se
intelectualiza, si no cobra vida en la práctica sacramental.

Catequesis y Comunidad Eclesial

24. La catequesis, finalmente, tiene una íntima unión con la acción responsable de la
Iglesia y de los cristianos en el mundo. Todo el que se ha adherido a Jesucristo por la fe
y se esfuerza por consolidar esta fe mediante la catequesis, tiene necesidad de vivirla
en comunión con aquellos que han dado el mismo paso. La catequesis corre el riesgo de
esterilizarse, si una comunidad de fe y de vida cristiana no acoge el catecúmeno en
cierta fase de su catequesis. por eso la comunidad eclesial, a todos los niveles, es
doblemente responsable respecto a la catequesis: tiene la responsabilidad de atender a
la formación de sus miembros, pero también la responsabilidad de acogerlos en un
ambiente donde puedan vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han aprendido. La
catequesis está abierta igualmente al dinamismo misionero. Si hace bien, los cristianos
tendrán interés en dar testimonio de su fe, de transmitirla a sus hijos, de hacerla
conocer a otros, de servir de todos modos a la comunidad humana.

Necesidad de la catequesis en sentido amplio para la madurez y fuerza de la


fe

25. Así, pues, gracias a la catequesis, el kerygma evangélico -primer anuncio lleno de
ardor que un día transformó al hombre y lo llevó a la decisión de entregarse a Jesucristo
por la fe- se profundiza poco a poco, se desarrolla en sus corolarios implícitos, explicado
mediante un discurso que va dirigido también a la razón, orientado hacia la práctica
cristiana en la Iglesia y en el mundo. Todo esto no es menos evangélico que el kerygma,
por más que digan algunos que la catequesis vendría forzosamente a racionalizar,
aridecer y finalmente matar lo que de más vivo, espontáneo y vibrante hay en el
kerygma. Las verdades que se profundizan en la catequesis son las mismas que hicieron
mella en el corazón del hombre al escucharlas por primera vez. El hecho de conocerlas
mejor, lejos de embotarlas y agostarlas, debe hacerlas aún más estimulantes y decisivas
para la vida. En la concepción que se acaba de exponer, la catequesis se ajusta al punto
de vista totalmente pastoral desde el cual ha querido considerarla el Sínodo. Este
sentido amplio de la catequesis no contradice, sino que incluye, desbordándolo, el
sentido estricto al que por lo común se atienen las exposiciones didácticas: la simple
enseñanza de las fórmulas que expresan la fe. En definitiva, la catequesis es tan
necesaria para la madurez de la fe de los cristianos como para su testimonio en el
mundo: ella quiere conducir a los cristianos "en la unidad de la fe y en el conocimiento
del Hijo de Dios y a formar al hombre perfecto, maduro, que realice la plenitud de
Cristo"; también quiere que estén dispuestos a dar razón de su esperanza a todos los
que les pidan una explicación.

IV. Toda la Buena Nueva brota de la fuente

El contenido del Mensaje

26. Siendo la catequesis un momento o un aspecto de la evangelización, su contenido


no puede ser otro que el de toda la evangelización: el mismo mensaje -Buena Nueva de
salvación- oído una y mil veces y aceptado de corazón, se profundiza incesantemente
en la catequesis mediante la reflexión y el estudio sistemático; mediante una toma de
conciencia, que cada vez compromete más, de sus repercusiones en la vida personal de
cada uno; mediante su inserción en el conjunto orgánico y armonioso que es la
existencia cristiana en la sociedad y en el mundo.

La fuente

27. La catequesis extraerá siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios,


transmitida mediante la Tradición y la Escritura, dado que "la Tradición y la Escritura
constituyen el depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia", como ha
recordado el Concilio vaticano II al desear que "el ministerio de la palabra, que incluye la
predicación pastoral, la catequesis, toda la instrucción cristiana ... reciba de la palabra
de la Escritura el alimento saludable y por ella dé frutos de santidad". Hablar de la
Tradición y de la Escritura como fuentes de la catequesis es subrayar que ésta ha de
estar totalmente impregnada por el pensamiento, el espíritu y actitudes bíblicas y
evangélicas a través de un contacto asiduo con los textos mismos; es también recordar
que la catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la
inteligencia y el corazón de la Iglesia y cuanto más se inspire en la reflexión y en la vida
dos veces milenaria de la Iglesia. La enseñanza, la liturgia y la vida de la Iglesia surgen
de esta fuente y conducen a ella, bajo la dirección de los Pastores y concretamente del
Magisterio doctrinal que el Señor les ha confiado.

El Credo: expresión doctrinal privilegiada

28. Una expresión privilegiada de la herencia viva que ellos han recibido en custodia, se
encuentra en el Credo o, más concretamente, en los Símbolos que, en momentos
cruciales, recogieron en síntesis felices la fe de la Iglesia. Durante siglos, un elemento
importante de la catequesis era precisamente la "traditio Symboli" (o transmisión del
compendio de la fe), seguida de la entrega de la oración dominical. Este rito expresivo
ha vuelto a ser introducido en nuestros días en la iniciación de los catecúmenos. ¿No
habría que encontrar una utilización más concretamente adaptada, para señalar esta
etapa, la más importante entre todas, en que un nuevo discípulo de Jesucristo acepta
con plena lucidez y valentía el contenido de lo que más adelante va a profundizar con
seriedad? Mi predecesor Pablo VI, en el "Credo del Pueblo de Dios" proclamado al
cumplirse el XIX centenario del martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo, quiso reunir los
elementos esenciales de la fe católica, sobre todo los que ofrecían mayor dificultad o
estaban en peligro de ser ignorados. Es una referencia segura para el contenido de la
catequesis.

Elementos a no olvidar

29. El mismo Sumo Pontífice ha recordado, en el capítulo tercero de su Exhortación


Apostólica Evangelii nuntiandi, "el contenido esencial, la sustancia viva" de la
evangelización. Es necesario para la catequesis misma tener presente cada uno de los
elementos y la síntesis viva en que ellos han sido integrados. Me contentaré, por
consiguiente, con ofrecer aquí alguna simple alusión. Todos ven, por ejemplo, la
importancia de hacer entender al niño, al adolescente, al que progresa en la fe, "lo que
puede conocerse de Dios"; de poderles decir, en cierto sentido: "Lo que sin conocer
veneráis, eso es lo que yo os anuncio"; de exponerles brevemente el misterio del Verbo
de Dios hecho hombre y que realiza la salvación del hombre por su Pascua, es decir, a
través de su muerte y su resurrección, pero también con su predicación, con los signos
que realiza, con los sacramentos de su presencia permanente en medio de nosotros. Los
Padres del Sínodo estuvieron bien inspirados cuando pidieron que se evite reducir a
Cristo a su sola humanidad y su mensaje a una dimensión meramente terrestre, y que
se le reconociera más bien como el Hijo de Dios, el medidor que nos da libre acceso al
Padre en el Espíritu. ¡Cuán importante es exponer a la inteligencia y al corazón, a la luz
de la fe, ese sacramento de su presencia que es el Misterio de la Iglesia, asamblea de
hombres pecadores, pero, al mismo tiempo, santificados y que constituyen la familia de
Dios reunida por el Señor b ajo la dirección de aquellos a quienes "el Espíritu Santo...
constituyó vigilantes para apacentar la Iglesia de Dios"!. Es importante explicar que la
historia de los hombres, con sus aspectos de gracia y de pecado, de grandeza y de
miseria, es asumida por Dios en su Hijo Jesucristo y "ofrece ya algún bosquejo del siglo
futuro". Es importante, finalmente, revelar sin ambages las exigencias, hechas de
renuncia, mas también de gozo, de lo que el Apóstol Pablo gustaba llamar "vida nueva",
"creación nueva", ser o existir en Cristo, "vida eterna en Cristo Jesús", y que no es más
que la vida en el mundo, pero una vida según las bienaventuranzas y destinada a
prolongarse y transfigurarse en le más allá. De ahí la importancia que tienen en la
catequesis las exigencias morales personales correspondientes al Evangelio y las
actitudes cristianas ante la vid ay ante el mundo, ya sean heroicas, ya las más sencillas:
nosotros las llamamos virtudes cristianas o virtudes evangélicas. De ahí también el
cuidado que tendrá la catequesis de no omitir, sino iluminar como es debido, en su
esfuerzo de educación en la fe, realidades como la acción del hombre por su liberación
integral, la búsqueda de una sociedad más solidaria y fraterna, las luchas por la justicia
y la construcción de la paz. Por lo demás no se ha de creer que esta dimensión de la
catequesis es absolutamente nueva. Ya en la época patrística, San Ambrosio y San Juan
Crisóstomo, por no mencionar a otros, destacaron las consecuencias sociales de las
exigencias evangélicas y, más cerca de nosotros, el catecismo de San Pío X citaba
explícitamente entre los pecados que claman venganza ante Dios el hecho de oprimir a
los pobres, así como el defraudar a los trabajadores en su justo salario. Especialmente
desde la Rerum novarum, la preocupación social está activamente presente en la
enseñanza catequética de los papas y de los obispos. Muchos Padres del Sínodo han
pedido con legítima insistencia que el rico patrimonio de la enseñanza social de la
Iglesia encuentre su puesto, bajo formas apropiadas, en la formación catequética común
de los fieles.

Integridad del contenido

30. A propósito del contenido de la catequesis, hay que poner de relieve, en nuestros
días, tres puntos importantes. El primero se refiere a la integridad de dicho contenido. A
fin de que la oblación de su fe sea perfecta, el que se hace discípulo de Cristo tiene
derecho a recibir la "palabra de la fe" no mutilada, falsificada o disminuida, sino
completa e integral, en todo su rigor y su vigor. Traicionar en algo la integridad del
mensaje es vaciar peligrosamente la catequesis misma y comprometer los frutos que de
ella tienen derecho a esperar Cristo y la comunidad eclesial. No es ciertamente casual el
hecho de que una cierta totalidad caracterice el mandato final de Jesús en el Evangelio
de Mateo: "Me ha sido dado todo poder... Haced discípulos a todas las gentes...
enseñándoles a guardar todo... yo estoy siempre con vosotros". Por eso, cuando un
hombre, presintiendo "la superioridad del conocimiento de Cristo Jesús", descubierto por
la fe, abrigue el deseo, aún inconsciente, de conocerle más y mejor, mediante "una
predicación y enseñanza conforme a la verdad que hay en Jesús", ningún pretexto es
válido para negarle parte alguna de ese conocimiento. ¿Qué catequesis sería aquella en
la que no hubiera lugar para la creación del hombre y su pecado, para el plan redentor
de nuestro Dios y su larga y amorosa preparación y realización, para la Encarnación del
Hijo de Dios, para María -la Inmaculada, la Madre de Dios, siempre Virgen, elevada en
cuerpo y alma a la gloria celestial- y su función en el misterio de la salvación, para el
misterio de la iniquidad operante en nuestras vidas y la virtud de Dios que nos libera,
para la necesidad de la penitencia y de la ascesis, para los gestos sacramentales y
litúrgicos, para la realidad de la presencia eucarística, par ala participación en la vida
divina aquí en la tierra y en el más allá, etc.? Asimismo, a ningún verdadero catequista
le es lícito hacer por cuenta propia una selección en el depósito de la fe, entre lo que
estima importante y lo que estima menos importante o para enseñar lo uno y rechazar
lo otro.

Con métodos pedagógicos adaptados

31. De ahí esta segunda observación: es posible que en la situación actual de la


catequesis, razones de método o de pedagogía aconsejen organizar la comunicación de
las riquezas del contenido de la catequesis de un modo más bien que de otro. Por lo
demás, la integridad no dispensa del equilibrio ni del carácter orgánico y jerarquizado,
gracias a los cuales se dará a las verdades que se enseñan, a las normas que se
transmiten y a los caminos de la vida cristiana que se indican, la importancia respectiva
que les corresponden. También puede suceder que determinado lenguaje se demuestre
preferible para transmitir este contenido a determinada persona o grupo de personas.
La elección sería válida en la medida en que no dependa de teorías o prejuicios más o
menos subjetivos y marcados por una cierta ideología, sino que esté inspirada por el
humilde afán de ajustarse mejor a un contenido que debe permanecer intacto. El
método y el lenguaje utilizados deben seguir siendo verdaderamente instrumentos para
comunicar la totalidad y no una parte de las "palabras de vida eterna" o del "camino de
la vida".

Dimensión ecuménica de la catequesis

32. El gran movimiento, inspirado ciertamente por el Espíritu de Jesús, que, desde hace
un cierto número de años, lleva a la Iglesia católica a buscar con otras Iglesias o
confesiones cristianas el restablecimiento de la perfecta unidad querida por el Señor,
me induce a hablar del carácter ecuménico de la catequesis. Este movimiento cobró
todo su relieve en el Concilio Vaticano II, y a partir del Concilio ha conocido en la Iglesia
una importancia concretada en una serie impresionante de hechos y de iniciativas
conocidas por todos. La catequesis no puede permanecer ajena a esta dimensión
ecuménica cuando todos los fieles, según su propia capacidad y su situación en la
Iglesia, son llamados a tomar parte en el movimiento hacia la unidad. La catequesis
tendrá una dimensión ecuménica si, sin renunciar a enseñar que la plenitud de las
verdades reveladas y de los medios de salvación instituidos por Cristo se halla en la
Iglesia católica, lo hace, sin embargo, respetando sinceramente, de palabra y de obra, a
las comunidades eclesiales que no están en perfecta comunión con esta misma Iglesia.
En este contexto es muy importante hacer una presentación correcta y leal de las
demás Iglesias y comunidades eclesiales de las que el Espíritu de Cristo no rehusa
servirse como medio de salvación; por otra parte, "los elementos o bienes que
conjuntamente edifican y dan vida a la propia Iglesia pueden encontrarse algunos, más
aún, muchísimos y muy valiosos, fuera del recinto visible de la Iglesia católica por un
lado a profundizar su propia fe y por otro a conocer mejor y estimar a los demás
hermanos cristianos, facilitando así la búsqueda común del camino hacia la plena
unidad en toda la verdad. Ella debería además ayudar a los no católicos a conocer mejor
y apreciar a la Iglesia católica y su convicción de ser el "auxilio general de salvación". La
catequesis tendrá una dimensión ecuménica si, además, suscita y alimenta un
verdadero deseo de unidad; más todavía, si inspira esfuerzos sinceros -incluido el
esfuerzo por purificarse en la humildad y el fervor del Espíritu con el fin de despejar los
caminos- no con miras aun irenismo fácil, hecho de omisiones y de concesiones en el
plano doctrinal, sino con miras a la unidad perfecta, cuando el Señor quiera y por las
vías que El quiera. Finalmente, la catequesis será ecuménica si se esfuerza por preparar
a los niños y a los jóvenes, así como a los adultos católicos, a vivir en contacto con los
no católicos, viviendo su identidad católica dentro del respeto a la fe de los otros.

Colaboración ecuménica en el ámbito de la catequesis

33. En situaciones de pluralismo religioso, los obispos pueden juzgar oportunas, o aun
necesarias, ciertas experiencias de colaboración en el campo de la catequesis entre
católicos y otros cristianos, como complemento de la catequesis habitual que, de todos
modos, los católicos deben recibir. Tales experiencias encuentran su fundamento
teológico en los elementos comunes a todos los cristianos. Pero la comunión de fe entre
los católicos y los demás cristianos no es completa ni perfecta; más aún, existen en
determinados casos profundas divergencias. En consecuencia, esta colaboración
ecuménica es por su naturaleza limitada: no debe significar jamás una "reducción" al
mínimo común. Además, la catequesis no consiste únicamente en enseñar la doctrina,
sino en iniciar a toda la vida cristiana, haciendo participar plenamente en los
sacramentos de la Iglesia. De ahí la necesidad, donde se da una experiencia de
colaboración ecuménica en el terreno de la catequesis, de vigilar para que la formación
de los católicos esté bien asegurada en la Iglesia católica en lo concerniente a la
doctrina y a la vida cristiana. Durante el Sínodo, cierto número de obispos señaló casos -
cada vez más frecuentes, decían- en los que las autoridades civiles u otras
circunstancias imponen, en las escuelas de algunos países, una enseñanza de la religión
cristiana - con sus manuales, horas de clase, etcétera- común a católicos y no católicos.
Sería superfluo decir que no se trata de una verdadera catequesis. Esta enseñanza tiene
además una importancia ecuménica cuando se presenta con lealtad la doctrina
cristiana. En los casos en que las circunstancias impusieran esta enseñanza, es
importante que sea asegurada de otra manera, con el mayor esmero, una catequesis
específicamente católica.

Problemas de manuales comunes a diversas religiones

34. Hay que añadir aquí otra observación que se sitúa en la misma dirección, aunque
bajo óptica distinta. Sucede a veces que las escuelas estatales ponen libros a
disposición de los alumnos, en los que las religiones, incluida la católica, son
presentadas a título cultural histórico, moral y literario. Una presentación objetiva de los
hechos históricos, de las diferentes religiones y confesiones cristianas puede contribuir a
una mejor comprensión recíproca. En tal caso se hará todo lo posible para que la
presentación sea verdaderamente objetiva, al resguardo de sistemas ideológicos y
políticos o de pretendidos prejuicios científicos que deformarían su verdadero sentido.
De todos modos, estos manuales no deben considerarse como obras catequéticas: les
falta para ello el testimonio de creyentes que exponen la fe a otros creyentes, y una
comprensión de los misterios cristianos y de lo específicamente católico, todo ello
sacado de lo profundo de la fe.

V. Todos tienen necesidad de la Catequesis

La importancia de los niños y de los jóvenes

35. El tema señalado por mi predecesor Pablo VI para la IV Asamblea general del Sínodo
de los Obispos versaba sobre "la catequesis en nuestro tiempo con especial atención a
los niños y a los jóvenes". El ascenso de los jóvenes constituye, sin duda, el hecho más
rico de la esperanza y, al mismo tiempo, de inquietud para una buena parte del mundo
actual. En algunos países, sobre todo los del Tercer Mundo, más de la mitad de la
población está por debajo de los veinticinco o treinta años. Ellos significa que millones y
millones de niños y de jóvenes se preparan para su futuro de adultos. Y no es sólo el
factor numérico: acontecimientos recientes, y la misma crónica diaria, nos dicen que
esta multitud innumerable de jóvenes, aunque esté dominada aquí y allí por la
incertidumbre y el miedo, o seducida por la evasión en la droga y la indiferencia, incluso
tentada por el nihilismo y la violencia, constituye, sin embargo, en su mayor parte la
gran fuerza que, entre muchos riesgos se propone construir la civilización del futuro.
Hora bien, en nuestra solicitud pastoral nos preguntamos: ¿Cómo revelar a esa multitud
de niños y jóvenes a Jesucristo, Dios hecho hombre? ¿Cómo revelarlo no simplemente
en el deslumbramiento de un primer encuentro fugaz, sino a través del conocimiento
cada día más hondo y más luminoso de su persona, de su mensaje, del Plan de Dios que
El quiso revelar, del llamamiento que dirige a cada uno, del Reino que quiere inaugurar
en este mundo con el "pequeño rebaño" de quienes creen en él, y que no estará
completo más que en la eternidad? ¿Cómo dar a conocer el sentido, el alcance, las
exigencias fundamentales, la ley del amor, las promesas, las esperanzas de ese Reino?
Habría que hacer muchas observaciones sobre las características propias que adopta la
catequesis en las diferentes etapas de la vida.

Párvulos
36. Un momento con frecuencia destacado en aquel en que el niño pequeño recibe de
sus padres y del ambiente familiar los primeros rudimentos de la catequesis, que acaso
no serán sino una sencilla revelación del Padre celeste, bueno y providente, al cual
aprende a dirigir su corazón. Las brevísimas oraciones que el niño aprenderá a balbucir
serán el principio de un diálogo cariñoso con ese Dios oculto, cuya Palabra comenzará a
escuchar después. Ante los padres cristianos nunca insistiríamos demasiado en esta
iniciación precoz, mediante la cual son integradas las facultades del niño en una
relación vital con Dios: obra capital que exige amor y profundo respeto al niño, el cual
tiene derecho a una presentación sencilla y verdadera de la fe cristiana.

Niños

37. Pronto llegará, en la escuela y en la Iglesia, en la parroquia o en la asistencia


espiritual recibida en el colegio católico o en el instituto estatal, a la vez que la apertura
en un círculo social más amplio, el momento de una catequesis destinada a introducir al
niño de manera orgánica en la vida de la Iglesia, incluida también una preparación
inmediata a la celebración de los sacramentos: catequesis didáctica, pero encaminada a
dar testimonio de la fe: catequesis inicial, mas no fragmentaria, puesto que deberá
revelar, si bien de manera elemental, todos los principales misterios de la fe y su
repercusión en la vida moral y religiosa del niño; catequesis que da sentido a los
sacramentos, pero a la vez recibe de los sacramentos vividos una dimensión vital que le
impide quedarse en meramente doctrinal, y comunica al niño la alegría de ser
testimonio de Cristo en su ambiente de vida.

Adolescentes

38. Luego vienen la pubertad y la adolescencia, con las grandezas y los riesgos que
presenta esa edad. Es el momento del descubrimiento de sí mismo y del propio mundo
interior; el momento de los proyectos generosos, momento en que brota el sentimiento
del amor, así como los impulsos biológicos de la sexualidad, del deseo de estar juntos;
momento de una alegría particularmente intensa, relacionada con el embriagador
descubrimiento de la vida. Pero también es a menudo la edad de los interrogantes más
profundos, de búsquedas angustiosas, incluso frustrantes, de desconfianza de los demás
y de peligrosos repliegues sobre sí mismo; a veces también la edad de los primeros
fracasos y de las primeras amarguras. La catequesis no puede ignorar esos aspectos
fácilmente cambiantes de un período tan delicado de la vida. Podrá ser decisiva una
catequesis capaz de conducir al adolescente a una revisión de su propia vida y al
diálogo, una catequesis que no ignore sus grandes temas -la donación de sí mismo, la
fe, el amor y su mediación que es la sexualidad-. La revelación de Jesucristo, como
amigo, como guía y como modelo, admirable y, sin embargo, imitable; la revelación de
su mensaje que da respuesta a las cuestiones fundamentales; la revelación del Plan de
amor de Cristo Salvador como encarnación del único amor verdadero y de la única
posibilidad de unir a los hombres, todo eso podrá constituir la base de una auténtica
educación en la fe. Y, sobre todo, los misterios de la pasión y de la muerte de Jesús, a
los que San Pablo atribuye el mérito de su gloriosa resurrección, podrán decir muchas
cosas a la conciencia y al corazón del adolescente y arrojar luz sobre sus primeros
sufrimientos y los del mundo que va descubriendo.

Jóvenes

39. Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Ayudado tal vez
por los miembros de su familia y por los amigos, mas a pesar de todo solo consigo
mismo y con su conciencia moral, el joven, cada vez más a menudo y de modo más
determinante, deberá asumir su destino. Bien y mal, gracia y pecado, vida y muerte, se
enfrentarán cada vez más en su interior como categorías morales, pero también y,
sobre todo, como opciones fundamentales que habrá de efectuar o rehusar con lucidez
y sentido de responsabilidad. Es evidente que una catequesis que denuncie el egoísmo
en nombre de la generosidad, que exponga sin simplismos ni esquematismos ilusorios el
sentido cristiano del trabajo, del bien común, de la justicia y de la caridad, una
catequesis sobre la paz entre las naciones, sobre la promoción de la dignidad humana,
del desarrollo, de la liberación tal como las presentan documentos recientes de la
Iglesia, completará felizmente en los espíritus de los jóvenes una buena catequesis de
las realidades propiamente religiosas, que nunca ha de ser desatendida. La catequesis
cobra entonces una importancia considerable, porque es el momento en que el
Evangelio podrá ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la
vida y, por consiguiente, de inspirar actitudes de otro modo inexplicables: renuncia,
desprendimiento, mansedumbre, justicia, compromiso, reconciliación, sentido de lo
Absoluto y de lo invisible, etc., rasgos todos ellos que permitirán identificar entre sus
compañeros a este joven como discípulo de Jesucristo. La catequesis prepara así para
los grandes compromisos cristianos de la vida adulta. En lo que se refiere, por ejemplo a
las vocaciones par ala vida sacerdotal y religiosa, es cosa cierta que muchas de ellas
han nacido en el curso de una catequesis bien llevada a lo largo de la infancia y de la
adolescencia. Desde la infancia hasta el umbral de la madurez, la catequesis se
convierte, pues, en una escuela permanente de la fe y sigue de este modo as grandes
etapas de la vida como faro que ilumina la ruta del niño, del adolescente y del joven.

Adaptación de la catequesis a los jóvenes

40. Es consolador comprobar que, durante la IV Asamblea general del Sínodo y a lo largo
de estos años que lo han seguido, la Iglesia ha compartido ampliamente esta
preocupación: ¿Cómo impartir la catequesis a los niños y a los jóvenes? ¡Quiera Dios
que la atención así despertada perdure mucho tiempo en la conciencia de la Iglesia! En
ese sentido, el Sínodo ha sido precioso para la Iglesia entera, al esforzarse por delinear
con la mayor precisión posible el rostro complejo de la juventud actual; al mostrar que
esta juventud emplea un lenguaje al que es preciso saber traducir, con paciencia y buen
sentido, sin traicionarlo, el mensaje de Jesucristo; al demostrar que, a despecho de las
apariencias, esta juventud tiene, aunque sea confusamente, no sólo la disponibilidad y
la apertura, sino también verdadero deseo de conocer a "Jesús, llamado Cristo". Al
revelar, finalmente, que la obra de la catequesis, si se quiere llevar a cabo con rigor y
seriedad, es hoy día más ardua y fatigosa que nunca a causa de los obstáculos y
dificultades de toda índole con que tipo, pero también es más reconfortante que nunca
a causa de la hondura de las respuestas que recibe por parte de los niños y de los
jóvenes. Ahí hay un tesoro con el que la Iglesia puede y debe contar en los años
venideros. Algunas categorías de jóvenes destinatarios de la catequesis, dada su
situación peculiar, postulan también una atención especial.

Minusválidos

41. Se trata, ante todo, de los niños y de los jóvenes física o mentalmente minusválidos.
Estos tienen derecho a conocer como los demás coetáneos el "Misterio de la fe". Al ser
mayores las dificultades que encuentran, son más meritorios los esfuerzos de ellos y de
sus educadores. Es motivo de alegría comprobar que organizaciones católicas
especialmente consagradas a los jóvenes minusválidos tuvieron a bien aportar al Sínodo
su experiencia en la materia, y sacaron del Sínodo el deseo renovado de afrontar mejor
este importante problema. Merecen ser vivamente alentadas en esta tarea.

Jóvenes sin apoyo religioso

42. Mi pensamiento se dirige después a los niños y a los jóvenes, cada vez más
numerosos, nacidos y educados en un hogar no cristiano, o al menos no practicante,
pero deseosos de conocer la fe cristiana. Se les deberá asegurar una catequesis
adecuada para que puedan creer en la fe y vivirla progresivamente, a pesar de la
oposición que encuentren en su familia y en su ambiente.

Adultos

43. Continuando la serie de destinatarios de la catequesis, no puedo menos de poner de


relieve ahora una de las preocupaciones más constantes de los Padres del Sínodo,
impuesta con vigor y con urgencia por las experiencias que se están dando en el mundo
entero: se trata del problema central de la catequesis de los adultos. Esta es la forma
principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores
responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente
desarrollada. La comunidad cristiana no podría hacer una catequesis permanente sin la
participación directa y experimentada de los adultos, bien sean ellos destinatarios o
promotores de la actividad catequética. El mundo en que los jóvenes están llamados a
vivir y dar testimonio de la fe que la catequesis quiere ahondar y afianzar, está
gobernado por los adultos: la fe de éstos debería igualmente ser iluminada, estimulada
o renovada sin cesar con el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos
son responsables. Así, pues, para que sea eficaz, la catequesis ha de ser permanente y
sería ciertamente vana si se detuviera precisamente en el umbral de la edad madura,
puesto que, si bien ciertamente de otra forma, se revela no menos necesaria para los
adultos.

Cuasi catecúmenos

44. Entre estos adultos que tienen necesidad de la catequesis, nuestra preocupación
pastoral y misionera se dirige a los que, nacidos y educados en regiones todavía no
cristianizadas, no han podido profundizar la doctrina cristiana que un día las
circunstancias de la vida les hicieron encontrar; a los que en su infancia recibieron una
catequesis proporcionada a esa edad, pero que luego se alejaron de toda práctica
religiosa y se encuentran en la edad madura con conocimientos religiosos más bien
infantiles; a los que se resienten de una catequesis sin duda precoz, pero mal orientada
o mal asimilada; a los que, aun habiendo nacido en países cristianos, incluso dentro de
un cuadro sociológicamente cristiano, nunca fueron educador en su fe y, en cuanto
adultos, son verdaderos catecúmenos.

Catequesis diversificadas y complementarias

45. Así, pues, los adultos de cualquier edad, incluidas las personas de edad avanzada -
que merecen atención especial dada su experiencia y sus problemas- son destinatarios
de la catequesis igual que los niños, los adolescentes y los jóvenes. Habría que hablar
también de los emigrantes, de las personas marginadas por la evolución moderna, de
las que viven en las barriadas de las grandes metrópolis, a menudo desprovistas de
iglesias, de locales y de estructuras adecuadas. Por todos ellos quiero formular votos a
fin de que se multipliquen las iniciativas encaminadas a su formación cristiana con los
instrumentos apropiados (medios audiovisuales, publicaciones, mesas redondas,
conferencias), de suerte que muchos adultos puedan suplir las insuficiencias o
deficiencias de la catequesis, o completar armoniosamente, a un nivel más elevado, la
que recibieron en la infancia, o incluso enriquecerse en este campo hasta el punto de
poder ayudar más seriamente a los demás. Con todo, es importante que la catequesis
de los niños y de los jóvenes, la catequesis permanente y la catequesis de adultos no
sean compartimientos estancos e incomunicados. Más importante aún es que no haya
ruptura entre ellas. Al contrario, es menester propiciar su perfecta complementariedad:
los adultos tienen mucho que dar a los jóvenes y a los niños en materia de catequesis,
pero también pueden recibir mucho de ellos para el crecimiento de su vida cristiana.
Hay que repetirlo, en la Iglesia de Jesucristo nadie debería sentirse dispensado de recibir
la catequesis; pensamos incluso en los jóvenes seminaristas y religiosos, y en todos los
que están destinados a la tarea de pastores y catequistas, los cuales desempeñarán
mucho mejor ese ministerio si saben formarse humildemente en la escuela de la Iglesia,
la gran catequista y a la vez la gran catequizada.

VI. Métodos y medios de la Catequesis

Medios de comunicación social

46. Desde la enseñanza oral de los Apóstoles a las cartas que circulaban entre las
Iglesias y hasta los medios más modernos, la catequesis no ha cesado de buscar los
métodos y los medios más apropiados a su misión, con la participación activa de las
comunidades, bajo impulso de los Pastores. Este esfuerzo debe continuar. Me vienen
espontáneamente al pensamiento las grandes posibilidades que ofrecen los medios de
comunicación social y los medios de comunicación de grupos: televisión, radio, prensa,
discos, cintas grabadas, todo lo audiovisual. Los esfuerzos realizados en estos campos
son de tal alcance que pueden alimentar las más grandes esperanzas. La experiencia
demuestra, pro ejemplo, la resonancia de una enseñanza radiofónica o televisiva,
cuando sabe unir una apreciable expresión estética con una rigurosa fidelidad al
Magisterio. La Iglesia tiene hoy muchas ocasiones de tratar problemas -incluidas las
jornadas de los medios de comunicación social-, sin que sea necesario extenderse aquí
sobre ello, no obstante su capital importancia.

Múltiples lugares, momentos o reuniones por valorizar

47. Pienso asimismo en diversos momentos de gran importancia en que la catequesis


encuentra cabalmente su puesto: por ejemplo, las peregrinaciones diocesanas,
regionales o nacionales, que son más provechosas si están centradas en un tema
escogido con acierto a partir de la vida de Cristo, de la Virgen y de los Santos; las
misiones tradicionales, tantas veces abandonadas con excesiva prisa y que son
insustituibles para una renovación periódica y vigorosa de la vida cristiana -hay que
reanudarlas y remozarlas-; los círculos bíblicos , que deben ir más allá de la exégesis
para hacer vivir la Palabra de Dios; las reuniones de las comunidades eclesiales de base,
en la medida en que se atengan a los criterios expuestos en la Exhortación Apostólica
"Evangelii nuntiandi". Quiero recordar también los grupos de jóvenes que en ciertas
regiones, con denominaciones y fisonomías distintas -más con el mismo fin de dar a
conocer a Jesucristo y de vivir el Evangelio-, se multiplican y florecen como en una
primavera muy reconfortante para la Iglesia grupos de acción católica, grupos
caritativos, grupos de oración, grupos de reflexión cristiana, etc. Estos grupos suscitan
grandes esperanzas para la Iglesia del mañana. Pero en el nombre de Jesús conjuro a los
jóvenes que los forman, a sus responsables y a los sacerdotes que les consagran lo
mejor de su ministerio: no permitáis por nada del mundo que en estos grupos, ocasiones
privilegiadas de encuentro, ricos en tantos valores de amistad y solidaridad juveniles, de
alegría y de entusiasmo, de reflexión sobre los hechos y las cosas, falte un verdadero
estudio de la doctrina cristiana. En ese caso se expondrían -y el peligro, por desgracia,
se ha verificado sobradamente- a decepcionar a sus miembros y a la Iglesia misma. El
esfuerzo catequético, posible en estos lugares y en otros muchos, tiene tantas más
probabilidades de ser acogido y de dar sus frutos, cuanto más se respete su naturaleza
propia. Con una inserción apropiada, conseguirá esa diversidad y complementariedad
de contactos que le permite desarrollar toda la riqueza de su concepto, mediante la
triple dimensión de palabra, de memoria y de testimonio -la doctrina, de celebración y
de compromiso en la vida- que el mensaje del Sínodo al Pueblo de Dios ha puesto en
evidencia.

Homilía

48. Esta observación vale más aún para la catequesis que se hace dentro del cuadro
litúrgico y concretamente en la Asamblea litúrgica: respetando lo específico y el ritmo
propio de este cuadro, la homilía vuelve a recorrer el itinerario de fe propuesto por la
catequesis y lo conduce a su perfeccionamiento natural; al mismo tiempo impulsa a los
discípulos del Señor a emprender cada día su itinerario espiritual en la verdad, la
oración y la acción de gracias. En este sentido se puede decir que la pedagogía
catequética encuentra, a su vez, su fuente y su plenitud en la eucaristía dentro del
horizonte completo del año litúrgico. La predicación centrada en los textos bíblicos debe
facilitar entonces, a su manera, el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los
misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana. Hay que prestar una gran
atención a la homilía; ni demasiado larga, ni demasiado breve, siempre cuidadosamente
preparada, sustanciosa y adecuada, y reservada a los ministros autorizados. Esta
homilía debe tener su puesto en toda eucaristía dominical o festiva, y también en la
celebración de los bautizados, de las liturgias penitenciales, de los matrimonios, de los
funerales. Es éste uno de los beneficios de la renovada liturgia.

Publicaciones catequéticas

49. En medio de este conjunto de vías y de medios -toda actividad de la Iglesia tiene
una dimensión catequética- las obras de catecismo, lejos de perder su importancia
esencial, adquieren nuevo relieve. Uno de los aspectos más interesantes del
florecimiento actual de la catequesis consiste en la renovación y multiplicación de los
libros catequéticos que en la Iglesia se ha verificado un poco por doquier. Han visto la
luz obras numerosas y muy logradas, y constituyen una verdadera riqueza al servicio de
la enseñanza catequética. Pero hay que reconocer igualmente, con honradez y
humildad, que esta floración y esta riqueza han llevado consigo ensayos y publicaciones
equívocas y perjudiciales para los jóvenes y para la vida de la Iglesia. Bastante a
menudo, aquí y allá, con el afín de encontrar el lenguaje más apto o de estar al día en lo
que atañe a los métodos pedagógicos, ciertas obras catequéticas desorientan a los
jóvenes y aun a los adultos, ya por la omisión, consciente o inconsciente, de elementos
esenciales a la fe de la Iglesia, ya por la excesiva importancia dada a determinados
temas con detrimento de los demás, ya sobre todo por una visión global harto
horizontalista, no conforme con la enseñanza del Magisterio de la Iglesia. No basta, por
tanto, que se multipliquen las obras catequéticas. Para que respondan a su finalidad,
son indispensables algunas condiciones:
que conecten con la vida concreta de la generación a la que se dirigen, teniendo bien
presentes sus inquietudes y sus interrogantes, sus luchas y sus esperanzas;
que se esfuercen por encontrar el lenguaje que entiende esa generación;
que se propongan decir todo el mensaje de Cristo y de su Iglesia, sin pasar por alto ni
deformar nada, exponiéndolo todo según un eje y una estructura que hagan resaltar lo
esencial;
que tiendan realmente a producir en sus usuarios un conocimiento mayor de los
misterios de Cristo en orden a una verdadera conversión y a una vida más conforme con
el querer de Dios.

Catecismos

50. Todos los que asumen la pesada tarea de preparar estos instrumentos catequéticos,
y con mayor razón el texto de los catecismos, no pueden hacerlo sin la aprobación de
los Pastores que tienen autoridad para darla, ni sin inspirarse lo más posible en el
Directorio general de Catequesis que sigue siendo norma de referencia. A este respecto,
no puedo menos de animar fervientemente a las Conferencias episcopales del mundo
entero: que emprendan, con paciencia, pero también con firme resolución, el imponente
trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apostólica, para lograr catecismos fieles a los
contenidos esenciales de la Revelación y puestos al día en lo que se refiere al método,
capaces de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos
nuevos. Esta breve mención a los medios y a las vías de la catequesis contemporánea
no agota la riqueza de las proposiciones elaboradas por los Padres del Sínodo. Es
reconfortante pensar que en cada país se realiza actualmente una preciosa colaboración
para una renovación más orgánica y más segura de estos aspectos de la catequesis.
¿Cómo es posible dudar de que la Iglesia pueda encontrar personas competentes y
medios adaptados para responder, con la gracia de Dios, a las exigencias complejas de
la comunicación con los hombres de nuestro tiempo?

VII. Cómo dar la Catequesis

Diversidad de métodos

51. La edad y el desarrollo intelectual de los cristianos su grado de madurez eclesial y


espiritual y muchas otras circunstancias personales postulan que la catequesis adopte
métodos muy diversos para alcanzar su finalidad específica: la educación en la fe. Esta
variedad es requerida también, en un plano general, por el medio socio-cultural en que
la Iglesia lleva a cabo su obra catequética. La variedad en los métodos es un signo de
vid ay una riqueza. Así lo han considerado los Padres de la IV Asamblea general del
Sínodo, llamando la atención sobre las condiciones indispensables para que sea útil y no
perjudique a la unidad de la enseñanza de la única fe.

Al servicio de la Revelación y de la conversión

52. La primera cuestión de orden general que se presenta concierne el riesgo y la


tentación de mezclar indebidamente la enseñanza catequética con perspectivas
ideológicas, abierta o larvadamente, sobre todo de índole político-social, o con opciones
políticas personales. Cuando estas perspectivas predominan sobre el mensaje central
que se ha de transmitir, hasta oscurecerlo y relegarlo a un plano secundario, incluso
queda desvirtuada en sus raíces. El Sínodo ha insistido con razón en la necesidad de que
la catequesis se mantenga por encima de las tendencias unilaterales divergentes -de
evitar las "dicotomías"- aun en el campo de las interpretaciones teológicas dadas a tales
cuestiones. La pauta que ha de procurar seguir es la Revelación, tal como la transmite el
Magisterio universal de la Iglesia en su forma solemne u ordinaria. Esta Revelación es la
de un Dios creador y redentor, cuyo Hijo, habiendo venido entre los hombres hecho
carne, no sólo entra en la historia personal de cada hombre, sino también en la historia
humana, conviertiéndose en su centro. Esta es, por tanto, la Revelación de un cambio
radical del hombre y del universo, de todo lo que forma el tejido de la existencia
humana, bajo la influencia de la Buena Nueva de Jesucristo. Una catequesis así
entendida supera todo moralismo formalista, aun cuando incluya una verdadera moral
cristiana. Supera principalmente todo mesianismo temporal, socio o político. Apunta a
alcanzar el fondo del hombre.

Encarnación del mensaje en las culturas

53. Abordo ahora una segunda cuestión. Como decía recientemente a os miembros de la
Comisión bíblica "el término "aculturación" o "inculturación", además de ser un hermoso
neologismo, expresa muy bien uno de los componentes del gran misterio de la
Encarnación". De la catequesis como de la evangelización en general, podemos decir
que está llamada a llevar la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las
culturas. Para ello, la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes
esenciales; aprenderá sus expresiones más significativas, respetará sus valores y
riquezas propias. Sólo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del
misterio oculto y ayudarles a hacer surgir de su propia tradición viva expresiones
originales de vida, de celebración y de pensamiento cristianos. Se recordará a menudo
dos cosas:
por una parte, el Mensaje evangélico no se puede pura y simplemente aislarlo de la
cultura en la que está inserto desde el principio (el mundo bíblico, y más concretamente
el medio cultural en el que vivió Jesús de Nazaret); ni tampoco, sin graves pérdidas,
podrá ser aislado de las culturas en las que ya se ha expresado a lo largo de los siglos;
dicho Mensaje no surge de manera espontánea en ningún "humus" cultural; se
transmite siempre a través de un diálogo apostólico que está inevitablemente inserto en
un cierto diálogo de culturas;
por otra parte, la fuerza del Evangelio es en todas partes transformadora y
regeneradora. Cuando penetra una cultura, ¿quién puede sorprenderse de que cambien
en ella no pocos elementos? No habría catequesis si fuere el Evangelio el que hubiera de
cambiar en contacto con las culturas. En ese caso ocurría sencillamente lo que San
Pablo llama, con una expresión muy fuerte, "reducir a nada la cruz de Cristo". Otra cosa
sería tomar como punto de arranque, con prudencia y discernimiento, elementos -
religiosos o de otra índole- que forman parte del patrimonio cultural de un grupo
humano para ayudar a las personas a entender mejor la integridad del misterio
cristiano. Los catequistas auténticos saben que la catequesis " se encarna" en las
diferentes culturas y ambientes: baste pensar en la diversidad tan grande de los
pueblos, en los jóvenes de nuestro tiempo, en las circunstancias variadísimas en que
hoy día se encuentran las gentes; pero no aceptan que la catequesis se empobrezca por
abdicación o reducción de su mensaje, por adaptaciones, aun de lenguaje, que
comprometan el "buen depósito" de la fe, o por concesiones en materia de fe o de
moral; están convencidos de que la verdadera catequesis acaba por enriquecer a esas
culturas, ayudándolas a superar los puntos deficientes o incluso inhumanos que hay en
ellas y comunicando a sus valores legítimos la plenitud de Cristo.

Aportaciones de las devociones populares

54. Otra cuestión de método concierne a la valorización, mediante la enseñanza


catequética, de los elementos válidos de la piedad popular. Pienso en las devociones
que en ciertas regiones practica el pueblo fiel con un fervor y una rectitud de intención
conmovedores, aun cuando en muchos aspectos haya que purificar, o incluso rectificar,
la fe en que se apoyan. Pienso en ciertas oraciones fáciles de entender y que tantas
gentes sencillas gustan de repetir. Pienso en ciertos actos de piedad practicados con
deseo sincero de hacer penitencia o de agradar al Señor. En la mayor parte de esas
oraciones o de esas prácticas, junto a elementos que se han de eliminar, hay otros que,
bien utilizados, podrían servir muy bien para avanzar en el conocimiento del misterio de
Cristo o de su mensaje: el amor y la misericordia de Dios, la Encarnación de Cristo, su
cruz redentora y su resurrección, la acción del Espíritu en cada cristiano y en la Iglesia,
el misterio del más allá, la práctica de las virtudes evangélicas, la presencia del cristiano
en el mundo, etc. ¿Y por qué motivo íbamos a tener que utilizar elementos no cristianos
-incluso anticristianos- rehusando apoyarnos en elementos que, aun necesitando
revisión y rectificación, tienen algo cristiano en su raíz?

Memorización

55. La última cuestión metodológica que conviene al menos subrayar -más de una vez
se hizo alusión a ella en el Sínodo- es la memorización. Los comienzos de la catequesis
cristiana, que coincidieron con una civilización eminentemente oral, recurrieron muy
ampliamente a la memorización. Y la catequesis ha conocido una larga tradición de
aprendizaje por la memoria de las principales verdades. Todos sabemos que este
método puede presentar ciertos inconvenientes: no es el menor el de presentarse a una
asimilación insuficiente, a veces casi nula, reduciéndose todo el saber a fórmulas que se
repiten sin haber calado en ellas. Estos inconvenientes, unidos a las características
diversas de nuestra civilización, han llevado aquí y allí a la supresión casi total -
definitiva, por desgracia, según algunos- de la memorización en la catequesis. Y, sin
embargo, con ocasión de la IV Asamblea general del Sínodo, se han hecho oír voces muy
autorizadas para reequilibrar con buen criterio la parte de la reflexión y de la
espontaneidad, del diálogo y del silencio, de los trabajos escritos y de la memoria. Por
otra parte, determinadas culturas tienen en gran aprecio la memorización. ¿Por qué
mientras en la enseñanza profana de ciertos países se elevan críticas cada vez más
numerosas contra las lamentables consecuencias que se siguen del menosprecio de esa
facultad humana que es la memoria, por qué no tratar de revalorizarla en la catequesis
de manera inteligente y aun original, tanto más cuanto la celebración o "memoria" de
los grandes acontecimientos de la historia de la salvación exige que se tenga un
conocimiento preciso? Una cierta memorización de las palabras de Jesús, de pasajes
bíblicos importantes, de los diez mandamientos, de fórmulas de profesión de fe, de
textos litúrgicos, de algunas oraciones esenciales, de nociones-clave de la doctrina...,
lejos de ser contraria a la dignidad de los jóvenes cristianos, o de constituir un obstáculo
para el diálogo personal con el Señor, es una verdadera necesidad como lo han
recordado con vigor los Padres sinodales. Hay que ser realistas. Estas flores, por así
decir, de la fe y de la piedad no brotan en los espacios desérticos de una catequesis sin
memoria. Lo esencial es que esos textos memorizados sean interiorizados y entendidos
progresivamente en su profundidad, para que sean fuente de vida cristiana personal y
comunitaria. La pluralidad de métodos en la catequesis contemporánea puede ser signo
de vitalidad y de ingeniosidad. En todo caso, conviene que el método escogido se refiera
en fin de cuentas a una ley fundamental para toda la vida de la Iglesia: la fidelidad a
Dios y la fidelidad al hombre, en una misma actitud de amor.

VIII. La alegría de la fe en un mundo difícil

Afirmar la identidad cristiana...

56. Vivimos en un mundo difícil donde la angustia de ver que las mejores realizaciones
del hombre se le escapan y se vuelven contra él, crea un clima de incertidumbre. Es en
este mundo donde la catequesis debe ayudar a los cristianos a ser, para su gozo y para
el servicio de todos, "luz" y "sal". Ello exige que la catequesis les dé firmeza en su
propia identidad y que se sobreponga sin cesar a las vacilaciones, incertidumbres y
desazones del ambiente. Entre otras muchas dificultades, que son otros tantos desafíos
para la fe, pongo de relieve algunas para ayudar a la catequesis a superarlas.

... en un mundo indiferente...

57. Se habla mucho, hace algunos años, de un mundo secularizado, de una era
postcristiana. la moda pasa... Pero permanece una realidad profunda. Los cristianos de
hoy deben ser formados para vivir en un mundo que ampliamente ignora a Dios o que,
en materia religiosa, en lugar de un diálogo exigente y fraterno, estimulante para todos,
cae muy a menudo en un indiferentismo nivelador, cuando no se queda en una actitud
menospreciativa de "suspicacia" en nombre de sus progresos en materia de
"explicaciones" científicas. Para "entrar" en este mundo, para ofrecer a todos un
"diálogo de salvación" donde cada uno se siente respetado en su dignidad fundamental,
la de buscador de Dios, tenemos necesidad de una catequesis que enseñe a los jóvenes
y a los adultos de nuestras comunidades a permanecer lúcidos y coherentes en su fe, a
afirmar serenamente su identidad cristiana y católica, a "ver lo invisible" y a adherirse
de tal manera al absoluto de Dios que puedan dar testimonio de El en una civilización
materialista que lo niega.

... con la pedagogía original de la fe

58. La originalidad irreductible de la identidad cristiana tiene como corolario y condición


una pedagogía no menos original de la fe. Entre las numerosas y prestigiosas ciencias
del hombre que han progresado enormemente en nuestros días, la pedagogía es
ciertamente una de las más importantes. Las conquistas de las otras ciencias -biología,
psicología, sociología- le ofrecen aportaciones preciosas. La ciencia de la educación y el
arte de enseñar son objeto de continuos replanteamientos con miras a una mejor
adaptación o a una mayor eficacia, con resultados por lo demás desiguales. Pues bien,
también hay una pedagogía de la fe y nunca se ponderará bastante lo que ésta pude
hacer en favor de la catequesis. En efecto, es cosa normal adaptar, en beneficio de la
educación de la fe, las técnicas perfeccionadas y comprobadas de la educación en
general. Sin embargo, es importante tener en cuenta en todo momento la originalidad
fundamental de la fe. Cuando se habla de pedagogía de la fe, no se trata de transmitir
un saber humano, aun el más elevado; se trata de comunicar en su integridad de
Revelación de Dios. Ahora bien, Dios mismo, a lo largo de toda la historia sagrada y
principalmente en el Evangelio, se sirvió de una pedagogía que debe seguir siendo el
modelo de la pedagogía de la fe. En catequesis, una técnica tiene valor en la medida en
que se pone al servicio de la fe que se ha de transmitir y educar, en caso contrario, no
vale.

Lenguaje adaptado al servicio del Credo

59. Un problema, próximo al anterior, es el del lenguaje. Todos saben la candente


actualidad de este tema. ¿No es paradójico constatar también que los estudios
contemporáneos, en el campo de la comunicación, de la semántica y de la ciencia de los
símbolos, por ejemplo, dan una importancia notable al lenguaje; más por otra parte, el
lenguaje es utilizado abusivamente hoy al servicio de la mistificación ideológica, de la
masificación del pensamiento y de la reducción del hombre al estado de objeto? Todo
eso influye notablemente en el campo de la catequesis. En efecto, ésta tiene el deber
imperioso de encontrar el lenguaje adaptado a los niños y a los jóvenes de nuestro
tiempo en general, y a otras muchas categorías de personas: lenguaje de los
estudiantes, de los intelectuales, de los hombres de ciencia, lenguaje de los analfabetos
o de las personas de cultura primitiva; lenguaje de los minusválidos, etc. San Agustín se
encontró ya con ese problema y contribuyó a resolverlo para su época con su famosa
obra "De catechizandis rudibus". Tanto en catequesis como en teología, el tema del
lenguaje es sin duda alguna primordial. Pero no está de más recordarlo aquí: la
catequesis no puede aceptar ningún lenguaje que, bajo el pretexto que sea, aun
supuestamente científico, tenga como resultado desvirtuar el contenido del Credo.
Tampoco es admisible un lenguaje que enseñe o seduzca. Al contrario, la ley suprema
es que los grandes progresos realizados en el campo de la ciencia del lenguaje han de
poder ser utilizados por la catequesis para que ésta pueda "decir" o "comunicar" más
fácilmente al niño, al adolescente, a los jóvenes y a los adultos de hoy todo su contenido
doctrinal sin deformación.

Búsqueda y certeza de la fe

60. Un desafío muy sutil viene algunas veces del modo mismo de entender la fe. Ciertas
escuelas filosóficas contemporáneas que parecen ejercer gran influencia en algunas
corrientes teológicas, y, a través de ellas, en la práctica pastoral, acentúan de buen
grado, que la actitud humana fundamental es la de una búsqueda sin fin, una búsqueda
que no alcanza nunca su objeto. En teología, este modo de ver las cosas afirmará muy
categóricamente que la fe no es una certeza sino un interrogante, no es una claridad
sino un salto en la oscuridad. Estas corrientes de pensamiento, no cabe duda, tienen la
ventaja de recordarnos que la fe dice relación a cosas que no se poseen todavía, puesto
que se las espera, que todavía no se ven más que "en un espejo y oscuramente" y que
Dios habita una luz inaccesible. Nos ayudan a no hacer de la fe cristiana una actitud de
instalado, sino una marcha hacia adelante, como la de Abraham. Con mayor razón
conviene evitar el presentar como ciertas las cosas que no lo son. Con todo, no hay que
caer en el extremo opuesto, como sucede con demasiada frecuencia. La misma carta a
los Hebreos dice que "la fe es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de las
realidades que no se ven". Si no tenemos la plena posesión, tenemos una garantía y una
prueba. En la educación de los niños, de los adolescentes y de los jóvenes, no les demos
un concepto totalmente negativo de la fe -como un no-saber absoluto, una especie de
ceguera, un mundo de tinieblas-, antes bien, sepamos mostrarles que la búsqueda
humilde y valiente del creyente, lejos de partir de la nada, de meras ilusiones, de
opiniones falibles y de incertidumbres, se funda en la Palabra de Dios que ni se engaña
ni engaña, y se construye sin cesar sobre la roca inamovible de esa Palabra. En la
búsqueda de los Magos a merced de una estrella, búsqueda a propósito de la cual
Pascal, recogiendo un pensamiento de San Agustín escribía en términos muy profundos:
"No me buscarías si no me hubieras encontrado". Finalidad de la catequesis es también
dar a los jóvenes catecúmenos aquellas certezas, sencillas pero sólidas, que les ayuden
a buscar cada vez más y mejor, el conocimiento del Señor.

Catequesis y teología

61. En este contexto, me parece importante que se comprenda bien la correlación


existente entre catequesis y teología. Esta correlación es evidentemente profunda y
vital para quien comprende la misión irreemplazable de la teología al servicio de la fe.
Nada tiene de extraño que toda conmoción en el campo de la teología provoque
repercusiones igualmente en el terreno de la catequesis. Ahora bien, en este inmediato
post-concilio, la Iglesia vive un momento importante pero arriesgado de investigación
teológica. Y lo misma habría que decir de la hermenéutica en exégesis. Padres sinodales
provenientes de todos los continentes han abordado la cuestión con un lenguaje muy
neto: han hablado de un "equilibrio inestable" que amenaza con pasar de la teología a la
catequesis, y han señalado la necesidad de atajar este mal. El Papa Pablo VI había
abordado personalmente el problema, con términos no menos netos, en la introducción
a su solemne Profesión de Fe y en la Exhortación Apostólica que conmemoró el V
aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. Conviene insistir nuevamente en este
punto. Conscientes de la influencia que sus investigaciones y afirmaciones ejercen en la
enseñanza catequética, los teólogos y los exegetas tienen el deber de estar muy
atentos para no hacer pasar por verdades ciertas lo que, por el contrario, pertenece al
ámbito de las cuestiones opinables o discutidas entre expertos. Los catequistas tendrán
a su vez el buen criterio de recoger en el campo de la investigación teológica lo que
pueda iluminar su propia reflexión y su enseñanza, acudiendo como los teólogos a las
verdaderas fuentes, a la luz del Magisterio. Se abstendrán de turban el espíritu de los
niños y de los jóvenes, en esa etapa de su catequesis, con teorías extrañas, problemas
fútiles o discusiones estériles, muchas veces fustigadas por San Pablo en sus cartas
pastorales. El don más precioso que la Iglesia puede ofrecer al mundo de hoy,
desorientado e inquieto, es el formar unos cristianos firmes en lo esencial y
humildemente felices en su fe. La catequesis les enseñará esto y desde el principio
sacará su provecho: "El hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo- no
solamente según criterios y medidas del propio ser inmediatos, parciales a veces
superficiales e incluso aparentes- debe, con su inquietud, incertidumbre e incluso con su
debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte acercarse a Cristo. Debe, por
decirlo así, entrar en El con todo su ser, debe "apropiarse" y asimilar toda la realidad de
la Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo.

IX. La tarea nos concierne a todos

Aliento a todos los responsables 62. Ahora, Hermanos e Hijos queridísimos, quisiera que
mis palabras, concebidas como una grave y ardiente exhortación de mi ministerio de
Pastor de la Iglesia universal, enardecieran vuestros corazones a la manera de las cartas
de San Pablo a sus compañeros de Evangelio Tito y Timoteo, a la manera de San Agustín
cuando escribía al diácono Deogracias, desalentado sobre el gozo de catequizar. ¡Sí,
quiero sembrar pródigamente en el corazón de todos los responsables, tan numerosos y
diversos, de la enseñanza religiosa y del adiestramiento en la vida según el Evangelio, el
valor, la esperanza y el entusiasmo!.

Obispos 63. Me dirijo ante todo a vosotros mis Hermanos Obispos: el Concilio Vaticano
II ya os recordó explícitamente vuestra tarea en el campo catequético, y los Padres de la
IV Asamblea general del Sínodo lo subrayaron expresamente. En el campo de la
catequesis tenéis vosotros, queridísimos Hermanos, una misión particular en vuestras
Iglesias: en ellas sois los primeros responsables de la catequesis, los catequistas por
excelencia. Lleváis también con el Papa en el espíritu de la colegialidad episcopal, el
peso de la catequesis en la Iglesia entera. permitid, pues que os hable con el corazón en
la mano. Sé que el ministerio episcopal que tenéis encomendado es cada día más
complejo y abrumador. Os requieren mil compromisos, desde la formación de nuevos
sacerdotes, a la presencia activa en medio de las comunidades de fieles, desde la
celebración viva y digna del culto y de los sacramentos, a la solicitud por la promoción
humana y por la defensa de los derechos del hombre. Pus bien, ¡que la solicitud pro
promover una catequesis activa y eficaz no ceda en nada a cualquier otras
preocupación!. Esta solicitud os llevará a transmitir personalmente a vuestros fieles la
doctrina de vida. pero debe llevaros también a haceros cargo en vuestras diócesis, en
conformidad con los planes de la Conferencia episcopal a la que pertenecéis, de la alta
dirección de la catequesis, rodeándoos de colaboradores competentes y dignos de
confianza. Vuestro cometido principal consistirá en suscitar y mantener en vuestras
Iglesias una verdadera mística de la catequesis, pero una mística que se encarne en una
organización adecuada y eficaz, haciendo uso de las personas, de los medios e
instrumentos, así como de los recursos necesarios. Tened la seguridad de que, si
funciona bien la catequesis en las Iglesias locales, todo el resto resulta más fácil. Por lo
demás -¿hace falta decíroslo?- vuestro celo os impondrá eventualmente la tarea ingrata
de denunciar desviaciones y corregir errores, pero con mucha mayor frecuencia os
deparará el gozo y el consuelo de proclamar la sana doctrina y de ver cómo florecen
vuestras Iglesias gracias a la catequesis impartida como quiere el Señor.

Sacerdotes

64. En cuanto a vosotros, sacerdotes, aquí tenéis un campo en el que sois los
colaboradores inmediatos de vuestros Obispos. El Concilio os ha llamado "educadores
de la fe": ¿Cómo serlo más cabalmente que dedicando lo mejor de vuestros esfuerzos al
crecimiento de vuestras comunidades en la fe? Lo mismo si tenéis un cargo parroquial
que si sois capellanes en una escuela, instituto o universidad, si sois responsables de la
pastoral a cualquier nivel o animadores de pequeñas o grandes comunidades, pero
sobre todo de grupos de jóvenes, la Iglesia espera de vosotros que no dejéis nada por
hacer con miras a una obra catequética bien estructurada y bien orientada. Los
diáconos y demás ministros que pueda haber en torno vuestro son vuestros
cooperadores natos. Todos los creyentes tienen derecho a la catequesis; todos los
pastores tienen el deber de impartirla. A las autoridades civiles pediremos siempre que
respeten la libertad de la enseñanza catequética; a vosotros, ministros de Jesucristo, os
suplico con todas mis fuerzas: no permitáis que, por una cierta falta de celo, como
consecuencia de alguna idea inoportuna, preconcebida, los fieles queden sin catequesis.
Que no se pueda decir: "los pequeñuelos piden pan y no hay quien se lo parta".

Religiosos y religiosas

65. Muchas familias religiosas masculinas y femeninas nacieron para la educación


cristiana de los niños y de los jóvenes, principalmente los más abandonados. En el
decurso de la historia, los religiosos y las religiosas se han encontrado muy
comprometidos en la actividad catequética de la Iglesia, llevando a cabo un trabajo
particularmente idóneo y eficaz. En un momento en que se quiere intensificar los
vínculos entre los religiosos y los pastores y, en consecuencia, la presencia activa de las
comunidades religiosas y de sus miembros en los proyectos pastorales de las Iglesias
locales, os exhorto de todo corazón a vosotros, que en virtud de la consagración
religiosa debéis estar aún más disponibles para servir a la Iglesia, a prepararos lo mejor
posible para la tarea catequética, según las distintas vocaciones de vuestros institutos y
las misiones que os han sido confiadas, llevando a todas partes esta preocupación. ¡Que
las comunidades dediquen el máximo de sus capacidades y de sus posibilidades a la
obra específica de la catequesis!.

Catequistas laicos...

66. En nombre de toda la Iglesia quiero dar las gracias a vosotros, catequistas
parroquiales, hombres y, en mayor número aún, mujeres, que en todo el mundo os
habéis consagrado a la educación religiosa de numerosas generaciones de niños.
Vuestras actividad, con frecuencia humilde y oculta, mas ejercida siempre con celo
ardientes y generosos, en una forma eminente de apostolado seglar, particularmente
importante, allí donde, por distintas razones, los niños y los jóvenes no reciben en sus
hogares una formación religiosa conveniente. En efecto, ¿cuántos de nosotros hemos
recibido de personas como vosotros las primeras nociones de catecismo y la
preparación para el sacramentos de la reconciliación, para la primera comunión y para
la confirmación? La IV Asamblea general del Sínodo no os ha olvidado. Con ella os animo
a proseguir vuestra colaboración en la vida de la Iglesia. Pero el título de "catequista" se
aplica por excelencia a los catequistas de tierras de misión. Habiendo nacido de familias
ya cristianas o habiéndose convertido un día al cristianismo e instruidos por los
misioneros o por otros catequistas, consagran luego su vida, durante largos años, a
catequizar a los niños y adultos de sus países. Sin ellos no se habrían edificado Iglesias
hoy día florecientes. Me alegro de los esfuerzos realizados por la Sagrada Congregación
para la Evangelización de los Pueblos con miras a perfeccionar cada vez más la
formación de esos catequistas. Evoco con reconocimiento la memoria de aquellos a
quienes el Señor llamó ya a Sí. Pido la intercesión de aquellos a quienes mis
predecesores elevaron a la gloria de los altares. Aliento de todo corazón a los que ahora
están entregados a esa obra. Deseo que otros muchos los releven y que su número se
acreciente en favor de una obra tan necesaria para la misión.

... en parroquia...

67. Quiero evocar ahora el marco concreto en que actúan habitualmente todos estos
catequistas, volviendo todavía de manera más sintética sobre los "lugares" de la
catequesis, algunos de los cuales han sido ya evocados en el capítulo VI: parroquia,
familia, escuela y movimiento. Aunque es verdad que se puede catequizar en todas
partes, quiero subrayar -conforme al deseo de muchísimos Obispos- que la comunidad
parroquial debe seguir siendo la animadora de la catequesis y su lugar privilegiado.
Ciertamente en muchos países, la parroquia ha sido como sacudida por el fenómeno de
la urbanización. Algunos quizás han aceptado demasiado fácilmente que la parroquia
sea considerada como sobrepasada, si no destinada a la desaparición, en beneficio de
pequeñas comunidades más adaptadas y más eficaces. Quiérase o no, la parroquia
sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano, incluso para los no
practicantes. El realismo y la cordura piden, pues, continuar dando a la parroquia, si es
necesario, estructuras más adecuadas y sobre todo un nuevo impulso gracias a la
integración creciente de miembros cualificados, responsables y generosos. Dicho esto, y
teniendo en cuenta la necesaria diversidad de lugares de catequesis, en la misma
parroquia, en las familias que acogen a niños o adolescentes, en las capellanías de las
escuelas estatales, en las instituciones escolares católicas, en los movimientos de
apostolado que conservan unos tiempos catequéticos, en centros abiertos a todos los
jóvenes, en fines de semana de formación espiritual, etc., es muy conveniente que
todos estos canales catequéticos converjan realmente hacia una misma confesión de fe,
hacia una misma pertenencia a la Iglesia, hacia unos compromisos en la sociedad
vividos en el mismo espíritu evangélico: "... un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
un solo Dios y Padre...". Por esto, toda parroquia importante y toda agrupación de
parroquias numéricamente más reducidas tienen el grave deber de formar responsables
totalmente entregados a la animación catequética -sacerdotes, religiosos, religiosas y
seglares-, de prever el equipamiento necesario para una catequesis bajo todos sus
aspectos, de multiplica r y adaptar los lugares de catequesis en la medida que sea
posible y útil, de velar por la cualidad de la formación religiosa y por la integración de
distintos grupos en el cuerpo eclesial. En una palabra, sin monopolizar y sin uniformar,
la parroquia sigue siendo, como he dicho, el lugar privilegiado de la catequesis. Ella
debe encontrar su vocación, el ser una casa de familia, fraternal y acogedora, donde los
bautizados y los confirmados toman conciencia de ser pueblo de Dios. Allí, el pan de la
buena doctrina y el pan de la Eucaristía son repartidos en abundancia en el marco de un
solo acto de culto; desde allí son enviados cada día a su misión apostólica en todas las
obras de la vida del mundo.

... en familia...

68. La acción catequética de la familia tiene un carácter peculiar y en cierto sentido


insustituible, subrayado con razón por la Iglesia, especialmente por el Concilio Vaticano
II. Esta educación en la fe, impartida por los padres -de debe comenzar desde la más
tierna edad de los niños- se realiza ya cuando los miembros de la familia se ayudan
unos a otros a crecer en la fe por medio de sus testimonio de vida cristiana, a menudo
silencioso, mas perseverante a lo largo de una existencia cotidiana vivida según el
Evangelio. Será más señalada cuando, al ritmo de los acontecimientos familiares -tales
como la recepción de los sacramentos, la celebración de grandes fiestas litúrgicas, el
nacimiento de un hijo o la ocasión de un luto- se procura explicitar en familia el
contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos. Pero es importante ir más allá:
los padres cristianos han de esforzarse en seguir y reanudar en el ámbito familiar la
formación más metódica recibida en otro tiempo. El hecho de que estas verdades sobre
las principales cuestiones de la fe de la vida cristiana sean así transmitidas en un
ambiente familiar impregnado de amor y respeto permitirá muchas veces que deje en
los niños una huella de manera decisiva y para toda la vida. Los mismos padres
aprovechen el esfuerzo que esto le s impone, porque en un diálogo catequético de este
tipo cada uno recibe y da. La catequesis familiar precede, pues, acompaña y enriquece
toda otra forma de catequesis. Además, en los lugares donde una legislación
antirreligiosa pretende incluso impedir la educación en la fe, o donde ha cundido la
incredulidad o ha penetrado el secularismo hasta el punto de resultar prácticamente
imposible una verdadera creencia religiosa, la iglesia doméstica es el único ámbito
donde los niños y los jóvenes pueden recibir una auténtica catequesis. Nunca se
esforzarán bastante los padres cristianos por prepararse a este ministerio de
catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable. Y es preciso alentar
igualmente a las personas o instituciones que, por medio de contactos personales,
encuentros o reuniones y toda suerte de medios pedagógicos, ayudan a los padres a
cumplir su cometido: el servicio que prestan a la catequesis es inestimable.

... en la escuela...

69. Al lado de la familia y en colaboración con ella, la escuela ofrece a la catequesis


posibilidades no desdeñables. En los países, cada vez más escasos por desgracia, donde
es posible dar dentro del marco escolar una educación en la fe, la Iglesia tiene el deber
de hacerlo lo mejor posible. Esto se refiere, ante todo, a la escuela católica: ¿Seguiría
mereciendo este nombre si, aun brillando por su alto nivel de enseñanza en la s
materias profanas, hubiera motivo justificado para reprocharle su negligencia o
desviación en la educación propiamente religiosa? ¡Y no se diga que ésta se dará
siempre implícitamente o de manera indirecta!. El carácter propio y la razón profunda
de la escuela católica, el motivo por el cual deberían preferirla los padres católicos, es
precisamente la calidad d e la enseñanza religiosa integrada en la educación d e los
alumnos. Si es verdad que las instituciones católicas deben respetar la libertad de
conciencia, es decir, evitar cargar sobre ella desde fuera, por presiones físicas o
morales, especialmente en lo que concierne a los actos religiosos de los adolescentes,
no lo es menos que tienen el grave deber de ofrecer una formación religiosa adaptada a
las situaciones con frecuencia diversas de los alumnos, y también hacerles comprender
que la llamada de Dios a servirle en espíritu y en verdad, según los mandamientos de
Dios y los preceptos d e la Iglesia, sin constreñir al hombre, no lo obliga menos en
conciencia. Pero me refiero también a la escuela no confesional y a la estatal. Expreso el
deseo ardiente de que, respondiendo a un derecho claro de la persona humana y de las
familias y en el respeto de la libertad religiosa de todos, sea posible a todos los alumnos
católicos el progresar en su formación espiritual con la ayuda d e una enseñanza
religiosa que dependa de la Iglesia, pero que, según los países, pueda ser ofrecida a la
escuela o en el ámbito de la escuela, o más aún en el marco de un acuerdo con los
poderes públicos sobre los programas escolares, si la catequesis tiene lugar solamente
en la parroquia o en otro centro pastoral. En efecto, donde hay dificultades objetivas,
por ejemplo, cuando los alumnos son de religiones distintas, conviene ordenar los
horarios escolares de cara a permitir a los católicos que profundicen su fe y su
experiencia religiosa, con unos educadores cualificados, sacerdotes o laicos.
Ciertamente, muchos elementos vitales además d e la escuela contribuyen a influenciar
la mentalidad d e los jóvenes: asueto, medio social, medio laboral. Pero los que han
realizado estudios están fuertemente señalados por ellos, iniciados a unos valores
culturales o morales aprendidos en el clima de la institución de enseñanza, interpelados
por múltiples ideas recibidas en la escuela: conviene que la catequesis tenga muy en
cuenta esta escolarización para alcanzar verdaderamente los demás elementos del
saber y de la educación, a fin de que el Evangelio impregne la mentalidad de los
alumnos en el terreno de su formación y que la armonización de su cultura se logre a la
luz de la fe. Aliento, pues, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares que se
ocupen de ayudar a estos alumnos en el plano de la fe. Por lo demás, es el momento de
declarar aquí mi firme convicción de que el respeto demostrado a la fe católica de los
jóvenes, incluso facilitando su educación, arraigo, consolidación, libre profesión y
práctica, honraría, ciertamente a todo Gobierno, cualquiera que sea el sistema en que
se basa o la ideología en que se inspira.

... en los movimientos

70. Reciban finalmente mi palabra de aliento las asociaciones, movimientos y


agrupaciones de fieles que se dedican a la práctica de la piedad, al apostolado, a la
caridad y a la asistencia, a la presencia cristiana en las realidades temporales. Todos
ellos alcanzarán tanto mejor sus objetivos propios y servirán tanto mejor a la Iglesia,
cuanto más importante sea el espacio que dediquen, en su organización interna y en su
método de acción, a una seria formación religiosa de sus miembros. En este sentido,
toda asociación de fieles en la Iglesia debe ser, por definición, educadora de la fe. Así
aparece más ostensiblemente la parte que corresponde hoy a los seglares en la
catequesis, siempre bajo la dirección pastoral de sus Obispos, como en otra parte han
subrayado en varias ocasiones las Proposiciones formuladas por el Sínodo.

Institutos de formación

71. Esta contribución d e los seglares, por el cual hemos de estar reconocidos al Señor,
constituye al mismo tiempo un reto a nuestra responsabilidad de Pastores. En efecto,
esos catequistas seglares deben en recibir una formación esmerada para lo que es, si no
un ministerio formalmente instituido, sí al menos una función de altísimo relieve en la
Iglesia. Ahora bien, esa formación nos invita a organizar Centros e Instituciones idóneos,
sobre los que los Obispos mantendrán una atención constante. Es un campo en el que
una colaboración diocesana, interdiocesana e incluso nacional se revela fecunda y
fructuosa. Aquí, igualmente, es donde podrán manifestar su mayor eficacia la ayuda
material ofrecida por las Iglesias más acomodadas a sus hermanas más pobres. En
efecto, ¿es que puede una Iglesia hacer en favor de otra algo mejor que ayudarla a
crece r por sí misma como Iglesia?. A todos los que trabajan generosamente al servicio
del Evangelio y a quienes he expresado aquí mis vivos alientos, quisiera recordar una
consigna muy querida a mi venerado predecesor Pablo VI: "Evangelizadores: nosotros
debemos ofrecer ... la imagen ... de hombres adultos en la fe, capaces de encontrarse
más allá de las tensiones reales gracias a la búsqueda común, sincera y desinteresada
de la verdad. Sí, la suerte de la evangelización está ciertamente vinculada al testimonio
d e unidad dado por la Iglesia. He aquí una fuente de responsabilidad, pero también de
consuelo".

Conclusión

El Espíritu Santo Maestro interior

72. Al final de esta Exhortación Apostólica, la mirada se vuelve hacia Aquél que es el
principio inspirador de toda la obra catequética y de los que la realizan: el Espíritu del
Padres y del Hijo: el Espíritu Santo. Al exponer la misión que tendría este Espíritu en la
Iglesia, Cristo utiliza estas palabras significativas: "El os lo enseñará o os traerá a la
memoria todo lo que yo os he dicho". Y añade: "Cuando viniere Aquél, el Espíritu de
verdad, os guiará hacia la verdad completa..., os comunicará las cosas venideras". El
Espíritu es, pues, prometido a la Iglesia y a cada fiel como un Maestro interior que, en la
intimidad d e la conciencia y del corazón, hace comprender lo que se había entendido,
pero que no se había sido capaz de captar plenamente. "El Espíritu Santo desde ahora
instruye a los fieles -decía a este respecto San Agustín- según la capacidad espiritual de
cada uno. Y él enciende en sus corazones un deseo más vivió en la media en la que
cada uno progresa en esta caridad que le hace amar lo que ya conocía y desear lo que
todavía no conocía". Además, misión del Espíritu es también transformar a los discípulos
en testigos de Cristo: "El dará testimonio de mí y vosotros daréis también testimonio".
Más aún. Para San Pablo, que sintetiza en este punto una teología latente en todo el
Nuevo Testamento, la vida según el Espíritu, es todo el "ser cristiano", toda la vida
cristiana, la vida nueva d e los hijos de Dios. Sólo el Espíritu nos permite llamar a Dios:
"Abba, Padre". Sin el Espíritu no podemos decir: "Jesús es el Señor". Del Espíritu
proceden todos los carismas que edifican la Iglesia, comunidad de cristianos. En este
sentido San Pablo da a cada discípulo de Cristo esta consigna: "Llenaos del Espíritu".
San Agustín es muy explícito: "El hecho de creer y de obrar bien son nuestros como
consecuencia d e la libre elección de nuestra voluntad, y sin embargo uno y otro son un
don que viene del Espíritu de fe y de Caridad". La catequesis, que es crecimiento en la
fe y maduración de la vida cristiana hacia la plenitud, es pos consiguiente una obra del
Espíritu Santo, obra que sólo El puede suscitar y alimentar en la Iglesia. Esta
constatación, sacada de la lectura de los textos citados más arriba, y de otros muchos
pasajes del Nuevo Testamento, nos lleva a dos convicciones. Ante todo está claro que la
Iglesia, cuando ejerce su misión catequética -como también cada cristiano que la ejerce
en la Iglesia y en nombre d e la Iglesia- debe ser muy consciente de que actúa como
instrumento vivo y dócil del Espíritu Santo. Invocar, constantemente este Espíritu, estar
en comunión con El, esforzarse en conocer sus auténticas inspiraciones debe ser la
actitud de la Iglesia docente y de todo catequista. Además, es necesario que el deseo
profundo de comprender mejor la acción del Espíritu y de entregarse más a él -dado que
"nosotros vivimos en la Iglesia un momento privilegiado del Espíritu", como observaba
mi Predecesor Pablo VI en su Exhortación Apostólica "Evangelii nuntiandi"- provoca un
despertar catequético. En efecto, la "renovación en el Espíritu" será auténtica y tendrá
una verdadera fecundidad en la Iglesia, no tanto en la medida en que suscite carismas
extraordinarios, cuanto si conduce al mayor número posible de fieles, en su vida
cotidiana, a un esfuerzo humilde, paciente, y perseverante para conocer siempre mejor
el misterio de Cristo y dar testimonio de El. Yo invoco ahora sobre la Iglesia
catequizadora este Espíritu del Padres y del Hijo, y le suplicamos que renueve en esta
Iglesia el dinamismo catequético.

María, madre y modelo de discípulo

73. Que la Virgen de Pentecostés nos lo obtenga con su intercesión. Por una vocación
singular, ella vio a su Hijo Jesús "crecer en sabiduría, edad y gracia". En su regazo y
luego escuchándola, a lo largo de la vida oculta en Nazaret, este Hijo, que era el
Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad, ha sido formado por ella en el
conocimiento humano de las Escrituras y de la historia del designio de Dios sobre su
Pueblo, en la adoración al Padre. Por otra parte, ella ha sido la primera de sus discípulos:
primera en el tiempo, pues ya al encontrarle en el Templo, recibe de su Hijo adolescente
unas lecciones que conserva en su corazón; la primera, sobre todo, porque nadie ha sido
enseñado por Dios con tanta profundidad: "Madre y a la vez discípula", decía de ella San
Agustín, añadiendo atrevidamente que esto fue para ella más importante que lo otro. No
sin razón en el Aula Sinodal se dijo de María que es "un catecismo viviente", "madre y
modelo de los catequistas". Quiera, pues, la presencia del Espíritu Santo, por intercesión
de María, conceder a la Iglesia un impulso creciente en la obra catequética que le es
esencial. Entonces la Iglesia realizará con eficacia, en esta hora de gracia, la misión
inalienable y universal recibida de su Maestro: "Id, pues, enseñad a todas las gentes".
Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 16 de octubre del año 1979, segundo de
pontificado.

Juan Pablo II 16 de octubre de 1979


En abril de 1986 el Episcopado convoca al Segundo
1 Congreso Catequístico Nacional en homenaje a los
veinticinco años de la realización del primero en la
especialidad, realizado en Buenos Aires en 1962. La
preparación de ese Congreso es paralela a la celebración
de una serie de encuentros catequísticos diocesanos que
profundizan la problemática de la pastoral catequística.
Esa estratégica preparación culmina con el Congreso
realizado en la ciudad de Rosario que reúne, en octubre
de 1987, aproximadamente, quince mil agentes de
pastoral en jornadas de estudio y reflexión, poniendo en
evidencia entre otros aspectos, una vitalidad catequística
sorprendente. Las recomendaciones de este Segundo
Congreso Nacional y las sugerencias de todos los
congresos catequísticos y diocesanos realizados en el país
desde 1983, dan lugar a que el Episcopado elabore
algunas orientaciones referidas a la nueva
evangelización, el itinerario catequístico permanente, el
contexto eclesial, la formación de catequistas y la
pastoral orgánica.

JUNTOS PARA UNA


EVANGELIZACION PERMANENTE

INTRODUCCIÓN

Después de haber celebrado el 2º CONGRESO


CATEQUISTICO NACIONAL 1987, en Rosario (Santa
Fe), nos dirigimos a todo el Pueblo de Dios y
particularmente a todos los catequistas. Es decir, a los
1 sacerdotes, a los diáconos y demás ministros, a los
religiosos y religiosas, a los laicos consagrados, familias
catequistas y catequistas laicos. Especial mención
queremos hacer de todos aquellos que han participado
El CCN 87 fue directamente de dicho acontecimiento.
un
acontecimiento En efecto, el Congreso Catequístico Nacional fue un
eclesial... acontecimiento importante en la vida de la Iglesia de la
Argentina, una gran alegría y una verdadera fiesta de fe.
Con este hermoso regalo del Espíritu Santo, celebramos
los veinticinco años del 1º CONGRESO
CATEQUISTICO NACIONAL que tuvo lugar en 1962,
en la ciudad de Buenos Aires.

2 NUESTRAS RAICES

Como dijimos en la Carta Pastoral de Convocatoria al 2º


Congreso Catequístico Nacional, la historia de nuestro Cf. CPC
continente y de nuestra patria echó raíces en el Evangelio. 86 p 4-5
Pastores catequistas como Santo Toribio de Mogrovejo,
San Francisco Solano, San Roque González, el “Cura
Brochero” y Fray Mamerto Esquiú y tantos otros, lo
predicaron con entusiasmo y fidelidad. Concilios
regionales (como el de Lima en 1584/5) y Sínodos
pusieron especial preocupación para impregnar del
3 mensaje catequístico las diversas expresiones culturales-
religiosas del pueblo.

Durante el Congreso de Rosario, la cercanía del Vo.


...que nos Centenario de la Evangelización de América Latina, nos
orientó hacia hizo tener en cuenta este rico pasado: recordamos que la
las raíces semilla de la Palabra de Dios ya había sido sembrada. El
cristianas de Evangelio tan generosamente divulgado entonces nos dio
nuestra una identidad católica, enriquecida posteriormente en la
historia, Argentina por los aportes de numerosos inmigrantes
venidos de países de tradición cristiana.

En esta mirada al pasado vimos las luces y las sombras y


descubrimos también los serios desafíos que nos presenta
la situación actual. Ya Juan Pablo II había señalado
4 claramente estos desafíos que se relacionan con la nueva Cf. Sto.
situación histórica que vivimos. Dom. 11
11-12/
UN PASADO RECIENTE 10/84

El Concilio Vaticano II marcó una época de renovación


eclesial y de fortalecimiento del ministerio de la Palabra.
El Episcopado Argentino, por su parte, convocó en 1962
al 1º Congreso Catequístico Nacional. Dentro de esta
preocupación pastoral quiso fortalecer –desde el
5 ministerio de la Palabra– nuestra catequesis. Esta se hizo,
a partir de aquí, más bíblica y litúrgica, más diversificada
y especializada.

Asimismo han dado un gran vigor y estímulo a la pastoral


catequística, el Directorio Catequístico General (1971),
los Documentos finales de Medellín (1968), el Documento
de Puebla (1979) y el Directorio Catequístico Argentino
(1967). Nos han orientado de una manera especial los
6 sínodos sobre la Evangelización y sobre la Catequesis y
enriquecidos sus respectivas exhortaciones apostólicas “Evangelii
con el aporte nuntiandi” de S.S. Pablo VI (1975), y “Catechesi
del Magisterio tradendae” de S.S. Juan Pablo II (1979). Además no
podemos olvidar el Sínodo Extraordinario de 1985.

Todo este movimiento de renovación –con sus logros y


dificultades– es “un don precioso del Espíritu Santo a la
Iglesia de hoy”. “En este final del siglo XX, Dios y los
acontecimientos –que son otros tantos llamados de Su
parte– invitan a la Iglesia a renovar su confianza en la
acción catequética, como en una tarea absolutamente
7 primordial de su misión”. De esta manera, la catequesis de
nuestro país paulatinamente fue creciendo y haciéndose
vigorosa.

NUESTRO PRESENTE

El 2º Congreso Catequístico Nacional ha sido preparado (CT. 3)


larga e intensamente en comunidades y grupos (CT. 15)
catequísticos del país.

El primer paso fue la realización de los Congresos


Catequísticos Diocesanos que comenzaron en 1983. En
ellos pudieron participar los catequistas de parroquias,
colegios, movimientos, instituciones...
8
Como segundo paso, desde 1985 se realizaron los
Congresos Catequísticos regionales, en los cuales se
pusieron en común las inquietudes de sus respectivas
diócesis.

En 1986, con una Carta Pastoral y una Guía de Trabajo,


los Obispos invitábamos a todos los Catequistas a
reflexionar sobre su tarea y los problemas que atañen a la
catequesis. Recibimos una respuesta valiosa que queremos
agradecer. Asimismo entonces declaramos a 1987 como
Año Catequístico Nacional.

Por su parte, Juan Pablo II en su visita a nuestro país en


abril del mismo año, hablando a los agentes de pastoral,
9 hizo un llamado alentador y confiado al trabajo
...que hizo catequístico.
participar a
todos los Para el mes de junio de 1987 convocamos la 1ª Semana
catequistas del Nacional de Estudios Catequísticos. En ella un
país, representativo número de delegados de todas las diócesis
profundizaron la reflexión sobre la situación y los
10 problemas que atañen a esta área pastoral. Se realizó en
San Antonio de Arredondo (Córdoba).
Finalmente del 10 al 12 de octubre de 1987 celebramos el (CPC. 86
2º Congreso Catequístico Nacional que reunió en Rosario 17/4/86)
alrededor de 15.000 catequistas. Contó con la asistencia
11 del Enviado especial de la Santa Sede, Mons. Milan
Simcić (1) y numerosos obispos.

La Palabra de Dios y el Cuerpo de


Nuestro Señor Jesucristo nos
12 congregaron en las Celebraciones
Eucarísticas y las reuniones de
pequeños grupos nos ayudaron a
reflexionar nuevamente sobre las
experiencias y las propuestas para la
orientación de la catequesis.

Juntos hemos reflexionado sobre las


13 dificultades y las exigencias de la tarea
catequística, dejándonos iluminar por
el Magisterio, teniendo presente a
nuestro pueblo con sus desesperanzas
y anhelos, sus crisis y búsquedas de
14 Dios, su religiosidad y su cultura.

NUEVA ETAPA

El resultado de todo lo elaborado en


las diócesis, en las regiones, en la
Semana de Estudios y en el Congreso
Catequístico Nacional ha quedado
expresado en las numerosas
propuestas que ustedes formularon.
Nosotros como Pastores somos los
primeros destinatarios de ellas.

Les agradecemos que con espíritu de


15 fe hayan hecho esta reflexión y
apreciamos profundamente el aporte
para la marcha de la catequesis en
nuestro país, su evaluación de la
situación concreta y necesidades. Por
eso, hoy queremos llegar a ustedes y a
todos los cristianos con estas
ORIENTACIONES que juzgamos
16
importantes, a partir de las
RECOMENDACIONES del Congreso de
Rosario. Es decir, no es un directorio ni
abarca toda la problemática de la
catequesis.

No podemos terminar esta


17 introducción sin expresar nuestra gran
estima por el trabajo generoso y
Y que nos entusiasta que hacen ustedes los
propone un catequistas por el bien de los hombres,
nuevo camino. nuestros hermanos.

Rogamos al Espíritu Santo que nos


ilumine a nosotros, obispos, y a
18 ustedes, y a todo el Pueblo de Dios,
para seguir trabajando eficazmente en
la catequesis.

Al culminar este Año Mariano


Universal, invocamos a la Virgen María
–Estrella de la Evangelización– que con
si fidelidad a la Palabra de Dios ha
sellado la inteligencia y el corazón de
nuestro pueblo, y le pedimos que nos
acompañe en el caminar de la fe.
19
I

NUEVA EVANGELIZACION

EVANGELIZAR, MISIÓN DE LA
20 IGLESIA
La Iglesia existe para evangelizar.
“Evangelizar constituye, en efecto, la
dicha y vocación propia de la Iglesia,
su identidad más profunda”.
21 “Evangelizar, significa para la Iglesia
llevar la Buena Noticia, a todos los
ambientes de la humanidad y, con su
influjo, transformar desde dentro, (E.N. 14)
renovar a la misma humanidad”.

La Iglesia así lo hizo a través de los (E.N. 18)


siglos, adaptándose a la realidad y
culturas de los pueblos para
anunciarles a Jesucristo. No es de
extrañar que hoy el Santo Padre Juan
Pablo II llame a una Nueva
22 Evangelización propia de nuestro
La tiempo y situación. La cultura que va
Evangelización surgiendo hace que los hombres se
hoy exige
formulen nuevos interrogantes y
nuevos
caminos... planteos originales. Por eso la ([Link].
evangelización exige un esfuerzo 12/10/84)
siempre renovado: “Nueva en su ardor,
en sus métodos, en su expresión”.

La evangelización es una tarea


23 compleja que comienza con el primer
(cf. E.N. 17)
anuncio de Cristo a quienes no lo
conocen. También incluye la
predicación, la catequesis y la
(cf. E.N.
celebración de los sacramentos. La 18)
catequesis es un momento muy
importante de la evangelización y está
relacionada con el conjunto de las (Mens.
actividades pastorales y misionales de Sin. 1b)
la Iglesia. Es “la actividad
constantemente necesaria para
24 difundir viva y activamente la Palabra
de Dios y ahondar en el conocimiento
de la Persona y del mensaje salvador
de Nuestro Señor Jesucristo; la
actividad que consiste en la educación
ordenada y progresiva de la fe y que (cf. D.P.
está ligada estrechamente al 994-997)
permanente proceso de la maduración
de la misma fe”.
En el 2º Congreso Catequístico
Nacional los catequistas intentaron
responder a este llamado del
Magisterio de la Iglesia. Evaluaron sus
experiencias, buscaron caminos e
25 hicieron recomendaciones para una Cf. Sto.
evangelización y catequesis que fuera Dom. 11-
fiel a Dios, fiel a la Iglesia y fiel a los 11-12/X/
hombres de nuestro tiempo. 84)

LOS DESAFIOS DE HOY

La Iglesia se enfrenta hoy en día con


grandes desafíos. Para nuestro
continente los expresó Juan Pablo II al
26 inaugurar la Novena del Vo.
Centenario de la Evangelización de
(cf. ICN.
...ante los América Latina. En nuestro país 29)
actuales aparecen con características propias,
desafíos del
como se vio en el Congreso
hombre,
la historia y la Catequístico. Una simple enumeración
misma Iglesia nos muestra su importancia y seriedad,
recordando que algunos desafíos son
positivos par la evangelización.

Algunos provienen de la sociedad y del


27 momento histórico que vivimos:
- Una sociedad cada vez más
pluralista.
- El deseo de participación y (cf. CEA
protagonismo en un marco “Camino
democrático. de
- El poder de los medios de esperanza
comunicación social. ” 16/4/88)
- La interdependencia mundial. (cf. CEA
“El
- El secularismo creciente que Pudor”
pretende prescindir de Dios y los 30/12/84;
mesianismos que lo reemplazan. Congreg.
De la Fe:
- Las interferencias de potencias “Respeto
extranjeras. de la vida
humana”
- El proteccionismo imperialista y
22/2/87)
la dependencia cultural (deuda
externa, barreras arancelarias,
comercialización de algunas
expresiones alienantes en la
música, la moda...).
- El problema de las ideologías
totalitarias: la tendencia al
monopolio estatal y su invasión en
diversos campos (de la educación,
de la cultura y de los medios
masivos de comunicación).
- La injusticia social objetiva.
- La corrupción de la vida pública:
“coima”, acomodo,
enriquecimiento ilícito,
irresponsabilidad en la búsqueda
de soluciones a problemas
(DP. 457)
inmediatos.
- La cultura de la violencia y de la
muerte: alcohol, droga,
28 pornografía, terrorismo, aborto,
genética, tráfico de órganos para
transplantes.
- El egoísmo de los satisfechos.
- La crisis de la familia y de su
identidad.
- La proliferación y agresividad de
las sectas.

Otros desafíos surgen del seno mismo


de la Iglesia:
Positivos:
- Una mayor preocupación por la
pastoral orgánica.
- El crecimiento de vocaciones
sacerdotales y a la vida
consagrada. (cf. E.N.
- El creciente deseo de los laicos de 56)
participar en la vida de la Iglesia,
y su misión en el mundo,
especialmente en los jóvenes y
familias cristianas.
- La religiosidad popular
fuertemente arraigada en la
cultura de nuestro pueblo “que
requiere ser asumida, purificada,
completada y dinamizada por el
Evangelio”.
- El aumento del número de
evangelizadores, especialmente
en sectores marginados u
olvidados.

Negativos:
- La escasez de evangelizadores
calificados.
29 - Una cierta disgregación del tejido
eclesial.
- El contratestimonio y escándalo
de católicos.
- El número creciente de
bautizados que no han renegado
formalmente de su Bautismo, pero
están al margen del mismo y no lo
viven.
- Las antiguas situaciones de
cristiandad vividas por algunos
30 inmigrantes internos a las
grandes ciudades, desprotegidos
Y requiere hoy ante la nueva realidad.
orientaciones - La imagen sectaria de algunas
en tres
aspectos
personas o grupos que tienden a
polarizar afirmaciones o actitudes
que atentan contra la unidad y la
caridad de la Iglesia
(ideologizaciones de la fe).
a) Qué
Mensaje Hemos visto con agrado que en este
entregaremos? Congreso muchos catequistas sintieron (E.N. 26;
cf. DM)
la necesidad de conocer más a fondo la
31 Primera Evangelización.
(1JN. 3,1)
Al mismo tiempo, conocer
profundamente en qué consiste la
Nueva Evangelización. Nosotros como
32 Pastores, haremos lo posible para que
(E.N. 27)
los seminarios catequísticos y demás
cursos en formación brinden una clara
visión al respecto.

ORIENTACIONES PASTORALES

Durante el Congreso Catequístico (Lc. 2.34)


Nacional, cuando se trabajó el tema de
33 la Nueva Evangelización, se lo dividió
en tres grandes aspectos:
1) Responder al QUE de la
(cf. L.G.4)
evangelización,
2) Definir A QUIENES se dirige,
3) Sugerir el COMO evangelizar.
Teniendo en cuenta esta división y las
recomendaciones recogidas,
exhortamos a todos para que orienten
(G.S. 22)
su trabajo evangelizador con estos
enunciados.
34
A la pregunta clave sobre el QUE de la
Evangelización afirmamos que la
Iglesia al evangelizar anuncia el (L.G. 5)
mensaje del Evangelio en su totalidad.

CREEMOS Y ANUNCIAMOS el Amor


misericordioso y gratuito de Dios
Padre. Y ponemos especial énfasis en
que “para el hombre el Creador no es
un poder anónimo y lejano: es Padre”.
35 “Nosotros somos llamados hijos de (E.N. 28)
Dios y en verdad lo somos, y por lo
tanto, somos hermanos unos de los
otros en Dios”.
(cf. Med.
8,6)
CREEMOS Y ANUNCIAMOS a Cristo
liberador como centro del mensaje.
“En Jesucristo, Hijo de Dios hecho
Hombre, muerto y resucitado, se
ofrece la salvación a todos los (E.N. 29)
hombres, como don de la gracia y la
misericordia de Dios... Salvación que
comienza ciertamente en esta vida
pero que tiene su cumplimiento en la
eternidad”. El Hijo de Dios hecho
36 Hombre es y será “signo de
contradicción” en su persona, en sus
gestos y palabras. Jesús el Señor, en su
Misterio Pascual, vive hoy en nuestra
historia.

CREEMOS Y ANUNCIAMOS al Espíritu


Santo, Señor y Dador de vida que (E.N. 82)
habita en el corazón de los fieles y en
toda la Iglesia para unificarla,
rejuvenecerla y embellecerla con sus
dones y frutos. Asimismo creemos que
el Espíritu Santo obra en el corazón de
37 cada hombre y “ofrece a todos la
posibilidad de que –en la forma de sólo (cf. E.N.
Dios conocida– se asocie al Misterio 50)
Pascual”.

CREEMOS Y ANUNCIAMOS que el


38 Reino de Dios está presente ya entre
nosotros. “La Iglesia... recibe la misión (E.S. 67)
de anunciar el Reino de Cristo y de
Dios e instaurarlo en todos los pueblos,
y constituye en la tierra el germen y el
b) A quiénes principio de ese Reino”. Por eso, “la (Cf. CPC
debemos 86, p.13)
totalidad de la evangelización, aparte
proclamar el
la predicación del mensaje, consiste en
Evangelio,
implantar la Iglesia...”.
El Reino de Dios está presente de
alguna manera también:
- en los interrogantes y
aspiraciones profundamente
39
humanas,
- en el esfuerzo por reconocer la (cf. 1134;
1186)
dignidad de todo hombre, (Mens.
- y en el afán por construir un Año Inter.
Disc. 16 y
mundo más justo y fraterno.
17,4/3/81)

CREEMOS Y ANUNCIAMOS la Buena (cf. E.N.


Noticia de las bienaventuranzas, que 57)
afecta a toda la vida del hombre e
incluye “un mensaje explícito,
adaptado a las diversas situaciones y
constantemente actualizado, sobre los
derechos y deberes de toda persona
humana, sobre la vida familiar sin la
cual apenas es posible el progreso
personal, sobre la vida comunitaria de
la sociedad, sobre la vida
40 internacional, la paz, la justicia, el
desarrollo; un mensaje especialmente
C) Cómo vigoroso en nuestros días sobre la
hacerlo. liberación”. (cf. CT 27)

CREEMOS Y ANUNCIAMOS que la


Virgen María, Madre del Redentor y de (cf. EN
los hombres, acompaña el caminar de 30, CT,22)
41 la Iglesia en su tarea evangelizadora.
“Sea ella la Estrella de la
Evangelización siempre renovada que
la Iglesia –dócil al mandato del Señor– (Cf. DCG,
74M.
deben promover y realizar, sobre todo 8,6b)
en estos tiempos difíciles y llenos de
esperanza”.
A la pregunta: “A QUIENES” se dirige
42 la evangelización, en el Congreso
Catequístico Nacional se respondió
acertadamente que debemos anunciar
el Evangelio a todos. Por eso, se
subrayó la necesidad de un diálogo
abierto con el mundo moderno en que
vivimos. Este diálogo es necesario
porque hemos de anunciar el Evangelio
en el lenguaje moderno del hombre de
hoy. “El diálogo de la salvación partió
de la caridad de la bondad divina...Sólo
el amor fervoroso y desinteresado
deberá mover nuestro diálogo”.
43
En consecuencia la evangelización ha
de llegar:
1. Al hombre adulto de hoy
- En su situación: cultura,
profesión, trabajo...
- En su grupo de pertenencia:
familia, asociaciones intermedias (cf. DR
(clubes, sindicatos), comunidades EEC 100-
eclesiales de base, parroquia, 102)
diócesis.
2. A los jóvenes y a los pobres,
(cf. EPV
44 opciones preferenciales de la
en
Iglesia en Latinoamérica. general)
3. A todo tipo de marginados,
discapacitados, enfermos,
aborígenes, desposeídos, (cf. ICN,
encarcelados. 77-85)
4. A los adolescentes y a los niños,
incorporándolos orgánicamente
en la vida de la comunidad.
5. A las multitudes y a “los que no
vienen” a las estructuras
eclesiales.

En cuanto al problema de cómo


evangelizar, la respuesta del 2º
Congreso Catequístico Nacional fue:
45 “entregándoles la Palabra de Dios”.
Esto ha dado lugar a varias
recomendaciones -nuevas y
tradicionales- dignas de ser impulsadas
y experimentadas.

Algunas propuestas hacen referencia a


la Palabra de Dios, acentuando dos
aspectos:
- Promover y facilitar el encuentro
del pueblo con la Biblia, leída con
la inteligencia y el corazón de la
Iglesia.
- Juzgar con los catequizandos, la
vida a la luz de la Palabra y
penetrar la Palabra desde la vida
de los grupos.

Otras sugerencias van en la línea de la


metodología catequística:
- Emplear una metodología que
tenga en cuenta la situación
concreta y la cultura propia del
pueblo en sus distintos niveles y (cf. E.N.
manifestaciones, con una 13)
dimensión evangelizadora.
- Promover una catequesis
46 vivencia, progresista y (cf. C.T.
sistemática, mediante la cual 62-71)
Todo esto nos despierte el compromiso liberador
compromete y integral de los cristianos.
despierta la
esperanza.
También se indicó como importante:
(DCG, 35)
- Promover en el catequizando
actitudes de solidaridad y
compromiso con la historia, en lo
cultural, social, político,
económico... en fidelidad al
Evangelio y al Magisterio de la
(cf. E.N.
Iglesia. 21)
- Sensibilizar a las comunidades
cristianas en lo relativo al urgente
trabajo evangelizador con los (cf. D.C.G.
47 miembros sufrientes del Pueblo 35)
de Dios: enfermos, tercera edad y
otros ya citados.

Además para quienes trabajan en el (cf. Hb.


campo de la educación, se ha visto la 4,12)
necesidad de promover el Proyecto
Educativo Cristiano propuesto por el
Episcopado Argentino. Es decir, un (cf. CT 56)
proyecto:
- que respete las raíces históricas y
(cf. Ef.
la identidad cultural de nuestro 2,17)
pueblo,
- que reconozca la misión de la
(cf, Ef.
familia y de la Iglesia, 2,17)
- que integre la ciencia, la vida y la
48 fe en una cosmovisión cristiana;
- que forme la conciencia crítica
ante la realidad social, política,
económica;
- y que abra el espíritu y el corazón
a las exigencias solidarias del
49 Evangelio.

En el 2º Congreso Catequístico
Nacional se sintió la urgencia de
asumir los medios de comunicación
social, valorarlos críticamente y
producir –en esta civilización de la
imagen– medios grupales que estén al
alcance y respondan a las necesidades
de los catequizandos. En concreto se
propuso:
- aprovechar los posibles espacios
que se ofrecen en estos medios
masivos con una mentalidad
evangelizadora y catequística;
- educar en la conciencia crítica;
- promover una acción catequística
tanto sobre los que producen los
mensajes como también sobre los
que lo reciben;
- elaborar nuestros propios (A.G. 6c)
recursos audiovisuales partiendo
de la cultura popular: artesanías,
expresión corporal, música dibujo,
teatro;
- realizar algún tipo de apoyo a los
comunicadores para responder a
las exigencias de una auténtica
comunicación en perspectiva
cristiana;
- aprovechar todos los signos
presentes en la vida y en la
naturaleza que nos rodea para dar
más fuerza al anuncio del
Evangelio.

COMPROMISOS Y ESPERANZAS
(cf. DCG
50 El Pueblo de Dios se evangeliza 21)
constantemente y cumple su misión
La catequesis evangelizadora. Es una tarea que
hoy debe incumbe a todos los que por el
promover el
Bautismo y la Confirmación somos
itinerario
Catequístico profetas para anunciar la Buena
Permanente... Noticia de Cristo. Los obispos somos
los primeros responsables de la
catequesis ayudados por nuestros
colaboradores inmediatos, los
51 sacerdotes y los diáconos. Por el (cf. C.T.
mandato episcopal, los catequistas 17)
cumplen la misión evangelizadora de la
Iglesia de una manera particular: No
(cf. C.T.
sólo educan la fe de los cristianos sino 35-45)
que tienen el deber “de prestar su
ayuda para animar a la comunidad
eclesial, de suerte que ésta sea capaz
de ofrecer un testimonio
auténticamente cristiano”.

52 Como Pueblo de Dios debemos vivir lo


que anunciamos: Nuestra constante
conversión es necesaria para
embellecer el rostro de la Iglesia y
para suscitar en los hombres que nos
rodean interrogantes fundamentales Si
falta semejante testimonio puede darse
en los oyentes un impedimento para la
aceptación de la Palabra de Dios. La
misión que nos ha sido encomendada
es ante todo una Buena Noticia.
53 Creemos que la Palabra de Dios es
eficaz por sí misma. Por eso la (cf. 8,21)
anunciamos con optimismo y alegría.
Es una Palabra de comprensión, de
esperanza y de misericordia. Cuanto
más manifestemos la alegría de la fe,
más dispuestos estarán los hombres a
creer en el gran amor que Dios les
tiene.

54 Con esta mentalidad queremos salir al


encuentro de todos los hombres, los
que están lejos y los que están cerca.
Desde el amor misericordioso de Dios
Padre quereos asumir la cultura propia
de nuestro Pueblo Argentino.

Estamos convencidos que los frutos de


nuestra solicitud misionera por el
hombre serán abundantes, si se tiene
en cuenta el conjunto de estas
orientaciones y propuestas:
- INVITAMOS a que hagan de la
Palabra de Dios el eje de toda su
vida, y se alimenten
constantemente en la vida
55 sacramental.
- INVITAMOS a llevar la Buena (Mons. M.
... y cuya meta Noticia a todos los sectores de la Simcic:
es el hombre vida social: la familia, la cultura, “Reflexion
adulto, es” 3.1 Cf.
el trabajo, la economía, la política, D.C.G.
para que la Palabra de Dios y los 92.97)
sacramentos se hagan el centro
de su vida.
- INVITAMOS a despertar en todos
actitudes nuevas según el
Evangelio, en su relación con
Dios, consigo mismo, con el
prójimo, con la comunidad (C.T. 43;
humana y con la naturaleza. cf. D.C.G.
- INVITAMOS a trabajar con unidad 95)
de criterios en función de la
evangelización como Pueblo de
Dios en marcha.
56
- INVITAMOS a llevar a toda la
humanidad el anuncio del amor
salvador de Dios y la
preocupación asumida de la
Iglesia por la misión universal “ad
gentes”: “El fin propio de esta
actividad misionera es la
evangelización y la plantación de (cf. D.C.G.
la Iglesia en los pueblos o grupos 92)
humanos en loa cuales no ha
arraigado todavía”.

57 II
(cf. D.C.G.
ITINERARIO CATEQUISTICO 93-94;37)
PERMANENTE

DESCRIPCIÓN DEL INTINERARIO


CATEQUISTICO PERMANENTE

La Catequesis es un camino de
crecimiento y maduración de la fe en
58 un contexto comunitario - eclesial que
da sentido a la vida. En efecto, por
de acuerdo a medio de la catequesis todos los Mons. M.
objetivos hombres pueden captar el plan de Dios Simcic,
concretos, 1.c)
Padre –centrado en la Persona de
Jesucristo– en su propia vida cotidiana.
Además pueden descubrir el
significado último de la existencia y de
la historia. (cf. D.C.G.
97)
Así entendido, el concepto de
catequesis se enriquece. Porque la
Iglesia siente la necesidad pastoral de
59 acompañar al hombre en su proceso de
maduración de la fe. Este (C.T. 67)
y con ámbitos acompañamiento catequístico se ha de
de desarrollo hacer durante toda la vida del hombre,
normal de la a lo largo de las diversas etapas y
fe. situaciones de la persona. Esta es la (cf. D.P.
propuesta para nuestro tiempo que nos 644)
ha dado el Magisterio de la Iglesia y
que llamamos ITINERARIO
CATEQUISTICO PERMANENTE.
(cf. F.C.
49)
Muchas veces habíamos limitado la
catequesis a la instrucción de niños y
su preocupación a los sacramentos.
Esta tarea sigue siendo necesaria, y
queremos insistir en no dejarla de lado.
(cf. C.T.
Pero si la catequesis quedara reducida
68)
a esta etapa y a esta organización
pastoral, sería insuficiente. Porque el
cristiano tiene que ser catequizado en
todos los momentos, situaciones y (cf. C.T.
acontecimientos de la vida personal y 67-70)
comunitaria: ellos “reclaman” la luz de
la Palabra de Dios.

Esto exige no sólo un gran esfuerzo


sino también un cambio de mentalidad.
60 El cristiano tiene que saberse discípulo
que escucha y pone en práctica el
Evangelio mientras camina en este
mundo. Por eso en nuestra Carta
Pastoral de Convocatoria del 17 de
abril de 1986 proponíamos como
objetivo del 2º Congreso Catequístico
Nacional: “Promover el Itinerario
Catequístico Permanente en nuestras
comunidades eclesiales como
61 respuesta a las exigencias de la Nueva
Evangelización”.
 En orden
al sujeto Los catequistas que participaron en el
(cf. Men.
Congreso tuvieron bien en cuenta esta Sin. 87
nueva exigencia pastoral de la Iglesia, Laicos 13)
la que fuera también asumida en los (cf. D.C.
diversos Congresos Catequísticos G. 20;
Diocesanos y Regionales. Además de C.T. 43-
sus experiencias más o menos 45)
coordinadas, pusieron en claro que el
Itinerario Catequístico Permanente
tiene como centro a la persona humana (cf. E.N.
44.D.C.G.
en toda su realidad histórica. 20,130)
Recogemos dichas inquietudes y ([Link].
recomendaciones, y las ampliamos 77,8c)
para proponerlas a todo el Pueblo de
Dios en la Argentina.

EL HOMBRE ADULTO, META DEL


ITINERARIO CATEQUISTICO
PERMANENTE.
(cf. C.T.
67)
Para lograr que la catequesis sea un
Itinerario Catequístico Permanente
hará falta en primer lugar una
renovada atención a la catequesis de
adultos. “El adulto es aquél que ha
superado con éxito las varias etapas de
su evolución; aquél que intenta reunir
en una visión unitaria todas las (cf. E.N.
experiencias de su vida personal, social 71; F.C.
y espiritual; aquel que se ha vuelto más 51)
capaz de producir relaciones
recíprocas de comunión con los demás;
aquel que haciendo logrado un cierto
62 equilibrio exterior entre su vida
personal y el contexto cultural que le
es propio, tiende hacia la conquista de
la sabiduría humana y cristiana, y que,
 En orden sin embargo, debe –también él–
a los superar ciertas crisis que aún si son (cf. DCG
ámbitos
menos vistosas que aquellas que 112b)
pastorale
s experimentan los adolescentes, no son
menos peligrosas ni menos profundas”. (cf. C,T,
adecuado
70)
s
La catequesis de adultos “es la forma
principal de la catequesis porque está
dirigida a las personas que tienen las
mayores responsabilidades y la
capacidad de vivir el mensaje cristiano
bajo su forma plenamente
desarrollada. La comunidad cristiana
no podría hacer una catequesis
permanente sin la participación directa
y experimentada de los adultos, bien
sean ellos destinatarios o promotores
de la actividad catequética”. El
Directorio Catequístico General
explicita los motivos que fundamentan (En. 43)
la importancia de la catequesis de (CT. 48)
adultos.

Poner en práctica una catequesis de


adultos nos obliga a repensar su
contenido y elaborar una metodología (SC. 83)
propia para ello en función de las
características de la vida adulta. Es
importante “volver inteligible el (cf. DP.
457)
contenido del Mensaje a los hombres
de todos los tiempos”.
La relación pastoral con los adultos
presenta particulares exigencias para (cf. CT.
los Pastores y para los catequistas. 47)

“Los objetivos específicos de una


catequesis permanente de los adultos
son:
- educar en la justa evaluación de
los cambios socio-culturales dela
sociedad de hoy a la luz de la fe;
- aclarar los actuales interrogantes
religiosos y morales; (CT. 70)
63 - precisar las relaciones que
Exige un median entre la acción temporal y
comprometido la acción eclesial;
programa de
- desarrollar los fundamentos
formación y de
servicio racionales de la fe”.
catequístico
64 Queremos acentuar lo que señala el
papa en Catechesi Tradendae:”La
comunidad parroquial debe seguir
siendo la animadora de la catequesis y
su lugar privilegiado”. Por lo tanto, la
PARROQUIA es el lugar principal de
catequesis permanente. Del mismo
modo, hemos de promover la FAMILIA
CRISTIANA “puesta al servicio de la
edificación del Reino de Dios en la
historia, mediante la participación en
la vida y misión de la Iglesia”, como
lugar de catequesis permanente.
Porque es verdad que en la familia
conviven de un modo u otro todas las
edades de los hombres. Porque es
verdad que en ella repercuten también
todos los acontecimientos de la vida
65 humana, sean personales, sean
laborales, políticos o sociales.
Finalmente destacamos la importancia
que tienen otros ámbitos propicios
para canalizar la catequesis
66 permanente. A modo de ejemplo
citamos las instituciones, grupos,
movimientos, comunidades eclesiales
de base. Todo esto requiere una gran
creatividad pastoral y catequística en
fidelidad al Magisterio.

ORIENTACIONES PASTORALES

El 2º Congreso Catequístico Nacional


nos ha dejado acentuaciones y
sugerencias para “promover el
Itinerario Catequístico en nuestras
comunidades cristianas”. Exhortamos
ahora, a todos para que se oriente la
implementación de dicho
acompañamiento catequístico,
teniendo en cuenta las siguientes
recomendaciones:

1. Respecto de los adultos

- Descubrir y tomar conciencia del


singular protagonismo y
responsabilidad que tienen los
adultos bautizados en la vida de la
Iglesia.
- Privilegiar la catequesis de adulto
como metas de la acción
catequizadora.
- Implementar el catecumenado
para jóvenes y para adultos dadas
las condiciones actuales que
hacen cada día más urgente esta
tarea pastoral.
- Asumir el modelo de toda
catequesis: el “catecumenado
bautismal, formación específica
que conduce al adulto convertido
a la profesión de su fe bautismal
en la noche pascual”.
- Tener muy presente en el
Itinerario Catequístico
Permanente a las personas en
situación de marginación o
67 postergación material, cultural y
espiritual y suscitar catequistas
La catequesis, para ello.
obra de la (EN 15d)
- Promover una catequesis que
Iglesia tiene
invite claramente a la inserción en
una dimensión
comunitaria... la comunidad eclesial,
específicamente en la Parroquia
superando así la formación
individualista que sólo prepara
para recibir un sacramento sin (CPC 3p.
conectarlo con la vida. No puede 13)
68 haber Itinerario Catequístico
Permanente sin una inserción en
la comunidad cristiana concreta. (CT. 16)
- Capacitar a las familias para que
sean lugar de evangelización y
catequesis, de modo que la
“Iglesia doméstica” sea
efectivamente la primera
educadora de la fe. Los Padres
influyen en forma decisiva para la
69 catequesis de iniciación de sus
hijos; por eso requieren una
particular atención pastoral.
(Men. Sin
2. Respecto de los ámbitos pastorales 77,13)
70
- Descubrir e incorporar los aportes
específicos de las ciencias (CT. 24 cf.
humanas en el campo de la En.23)
pastoral y de la catequesis.
- Alentar a todas las instituciones,
grupos y movimientos de la
Iglesia para que asuman la
catequesis de sus miembros como
tarea primordial.
- Fomentar asimismo la
evangelización entre pares:
71 jóvenes con jóvenes, obreros con
obreros, matrimonios con
matrimonios, ancianos con
ancianos.
- Aprovechar mejor pastoralmente
todas las posibilidades de la
liturgia de la Iglesia, en
particular:
 La celebración comunitaria de la
Eucaristía y de los demás
sacramentos.
 la riqueza del Año Litúrgico que
educa la fe a la luz de la Palabra.
 la Homilía “instrumento válido y
muy apto para la evangelización”
que “vuelve a recorrer el
itinerarui de fe propuesto por la
catequesis y lo conduce a su
perfeccionamiento natural”;
 la Liturgia de las Horas mediante
la cual la Iglesia “alaba al Señor e
intercede por la salvación del
mundo”.
- Asumir las experiencias de la
religiosidad popular,
comprendiéndolas y
purificándolas a la luz del
Evangelio y de las orientaciones
pastorales de la Iglesia.
- Promover asimismo aquellos
momentos de gran importancia en
que la catequesis encuentra su
lugar; por ejemplo, la celebración
72 de sacramentales, las
peregrinaciones, las misiones
...concretada populares, los grupos de reflexión
en estructuras bíblica, los encuentros de
de pertenencia
formación sistemática, las
y servicio: la
diócesis, la reuniones de las comunidades
parroquia, la eclesiales de base, asociaciones
familiar apostólicas y movimientos. “Toda
cristiana. asociación de fieles en la Iglesia (EN. 62)
debe ser –por definición–
educadora de la fe”. (Idem)

COMPROMISOS Y ESPERANZAS

Es nuestro deseo que este programa de


formación permanente se tenga en
(cf. CT.
cuenta en todas las parroquias, 63)
escuelas y colegios, movimientos y
demás instituciones, y comunidades
73 eclesiales.

Esto se logrará progresivamente en la


medida que:
- Vivamos lo que anunciamos,
conscientes de que debemos ser
testigos de Jesús resucitado entre
nuestros hermanos; (cf. EN.
- crezcamos comunitariamente en 68)
la fe, la esperanza y la caridad;
- nos alimentemos asiduamente con (cf. D.P.
la Palabra de Dios, la oración y los 644)
sacramentos;
- nos capacitemos para anunciar el
mensaje de Salvación al hombre
de hoy;
- acompañemos a nuestros
hermanos en el proceso de
crecimiento comunitario en la fe;
- demos prioridad a la formación de
catequistas adultos para los
adultos;
- tengamos presente que catequizar
es suscitar la conversión y
74 acompañar el crecimiento
orgánico, sistemático y progresivo
de la fe.

Compartimos la esperanza de que, si


logramos implementar el Itinerario
Catequístico Permanente, la Palabra de
Dios llegará a muchas más personas y
ambientes.

De este modo, todo el pueblo cristiano


descubrirá con mayor claridad su
vocación a la santidad. Para ello;
- los cristianos adultos adecuarán
su vida, su profesión, sus
amistades, sus vivencias, al
Mensaje de Cristo y se integrarán
en la vida de la Iglesia;
75 - habrá una mayor unión entre los
cristianos para llevar a cabo la
acción evangelizadora;
(DCG 35)
- se aprovechará más el aporte
cultural de los catequizandos,
purificando a la luz del Evangelio
las expresiones de religiosidad
popular;
- los cristianos estarán preparados
76 para asumir con fe las realidades
temporales y habrá una mayor
coherencia entre fe y vida;
- habrá más participación y
compromiso activo de los laicos,
tanto en la sociedad como en el
diálogo ecuménico;
- se multiplicarán los grupos de
77 oración, de reflexión, de liturgia,
de formación sistemática, de
acción comunitaria y social;
(FC. 49)
- la catequesis será más viva,
atractiva, actualizada, que
atenderá los intereses y (FC. 51)
necesidades de los catequizandos;
- los catequistas estarán mejor
formados y podrán acompañar el (FC. 52)
crecimiento en la fe de los
catequizandos en sus situaciones
y acontecimientos;
- cada uno descubrirá con mayor (LG. 35)
claridad su vocación personal al
servicio de la comunidad;
- podrá darse una mayor comunión
y participación entre los Pastores
y el Pueblo de Dios.

78
III
Se presenta un
camino actual COMUNIDAD ECLESIAL
para educar en
la fe.
CARÁCTER COMUNITARIO DE LA
CATEQUESIS

79 La Iglesia es la “Comunidad de
creyentes, comunidad de esperanza
vivida y comunicada, comunidad de
amor fraterno que tiene necesidad de
escuchar sin cesar lo que debe creer, (cf. FC.
las razones para esperar, el 39.52)
mandamiento nuevo del amor” para así
poderlo entregar a los hombres. En la (cf. FC 65,
Carta Pastoral de Convocatoria al Med.)
Congreso propusimos “proclamar la
80 comunidad eclesial como un lugar de
crecimiento en la comunión y
participación”.

En primer lugar, la catequesis surge de (cf. FC.


la comunidad creyente y es asumida 65-69)
por ella. Todo el Pueblo de Dios es
responsable de la educación de la fe.
“La catequesis ha sido siempre, y
seguirá siendo una obra de la que la
Iglesia entera debe sentirse y querer
81 ser responsable. Pero sus miembros
tienen responsabilidades diferentes,
derivadas de la misión de cada uno”.

En segundo término, la comunidad


cristiana es el lugar por excelencia de
la catequesis. “La catequesis no es un
atarea meramente individual, sino que
se realiza siempre en la comunidad (cf. FC.
51)
cristiana”.

Finalmente, una de las finalidades de


la catequesis es insertar a los (cf. C.T.
cristianos en la comunidad eclesial. 68)
“Todo el que se ha adherido a
82 Jesucristo por la fe y se esfuerza por
consolidar esta fe mediante la
La Catequesis catequesis, tiene necesidad de vivirla
ha de estar en comunión con aquellos que han
orientada
dado el mismo paso...
pastoralmente
con respecto a: La comunidad eclesial tiene la
responsabilidad de atender a la
83 formación de sus miembros, pero
también la responsabilidad de
las acogerlos en un ambiente donde
comunidades puedan vivir –con la mayor plenitud
eclesiales que posible– lo que han aprendido”.
tienen ya una
identidad,
En el 2º Congreso Catequístico
nacional, se ha tomado conciencia del
carácter comunitario de la catequesis
que acabamos de exponer. Por eso se
ha descripto la imagen de la Iglesia
que todos deseamos:
- una comunidad de fe que crece y (EN. 58;
madura progresivamente a la luz cf. DP.
de la Palabra de Dios y en 641-643)
fidelidad con el Magisterio;
- una comunidad de culto que
celebra el paso salvador de Dios
en nuestra vida a través de los
sacramentos;
- una comunidad de servicio en la
84 caridad, a favor de la dignidad de
la persona humana cuya (cf. FC 39;
y la primera Doc.
liberación integral promueve
responsable en Quito, 5)
desde el Evangelio;
la educación
- una comunidad, guiada por los
de la fe.
Pastores, que vive en comunión y
participación las tareas eclesiales.
- una comunidad misionera a nivel (cf. C.T.
67-68
parroquial, diocesano y universal,
Doc.
comprometida con la Quito, 5)
evangelización y abierta a las
realidades del mundo; (C.T. 68)
- una comunidad pobre que opta
preferencial, pero no exclusiva ni
excluyentemente, por los pobres.
Creemos que la vivencia de esta
comunidad eclesial es el germen
de la Civilización del Amor que
juntos estamos llamados a
85 construir.

Los LA DIÓCESIS, LA PARROQUIA,


catequistas LA FAMILIA Y LA CATEQUESIS.
deben
comprometers Como comunidad que tiene la misión
e con de catequizar, la Iglesia se encarna en
esperanza...
primer lugar en la Diócesis.
86
Es la iglesia Particular constituida –
sobre el fundamento de un Sucesor de
los Apóstoles– como comunidad de
parroquias “que hablan tal lengua, son
tributarias de una herencia cultural, de
una visión del mundo, de un pasado
histórico, de un substrato humano
determinado”. Dicho de otro modo la
diócesis “es la Iglesia universal por
vocación y por misión la que –echando
raíces en la variedad de terrenos
87 culturales, sociales, humanos– toma en
cada parte del mundo, aspectos y
expresiones externas diversas”.
Presidida por un Obispo, en comunión
con el Papa y todos los demás obispos
debe impulsar la acción catequística
prioritariamente.

Por su parte, la PARROQUIA debe ser


una comunidad de comunidades en la
88 Iglesia Particular. La presencia del
Obispo se actualiza en la persona del
párroco o responsable de la comunidad
parroquial. En ella pues trabajan los
89 sacerdotes y diáconos - colaboradores
de los obispos con quienes han de
estar en comunión. La fuente de esta
comunión reside en el Sacramento del
Orden y en la caridad de la Iglesia. La
parroquia coordina y anima la misión
90 evangelizadora concreta. Es por
excelencia, una comunidad que
catequiza, es decir:
- una comunidad que ilumina con la
Palabra de Dios y el magisterio
las situaciones, búsquedas y
aspiraciones humanas, a fin de
91 que los cristianos sean testigos
del amos salvador de Dios Padre y
proclamen su Reino;
- comunidad que convoca, integra y
acompaña a sus miembros en la
oración, la celebración de la fe en
los sacramentos, el servicio de la
92 caridad y la corresponsabilidad en
la misión;
- comunidad que hace crecer en
... en la cada hombre su dimensión de dijo
unidad ... de Dios, base de la solidaridad y
fraternidad cristianas.
Hacia la parroquia convergen todos los
canales catequísticos: las familias
cristianas, los colegios católicos, las
organizaciones pastorales, las
93 comunidades eclesiales de base, las
instituciones eclesiales, los distintos
grupos. Mediante estos canales, la
... vivid en el parroquia asume su finalidad de:
ámbito - unir comunitariamente en la
parroquial
confesión de la misma fe,
- ayudar a tomar conciencia de
pertenencia a la Iglesia,
- suscitar los compromisos del
cristiano en la sociedad,
- promover los valores culturales
propios para impregnarlos del
Evangelio.
Recordamos aquí que existen
estructuras parroquiales de otros
ritos católicos, no latino, como los
orientales.

94 “El catequista es, en cierto modo, un


intérprete de la Iglesia para aquellos
... con un estilo que han de ser catequizados. El lee y
catequístico
enseña a leer los signos de fe de los
adecuado que
promueve la fe cuales el principal es la misma Iglesia”.
y Así, los catequistas además de impartir
responsabilida directamente la catequesis, también
d de la familia, tienen que prestar ayuda para unir a la
comunidad eclesial, de suerte que esta
sea capaz de ofrecer un testimonio
auténticamente cristiano.
En el 2º Congreso Catequístico
Nacional se subrayó ka importancia del
aspecto institucional y se acentuó el
espíritu comunitario. El amor a la
Iglesia se puso de manifiesto en las
exigentes actitudes evangélicas del
diálogo, del amor fraterno, del servicio
mutuo, de una auténtica vida
sacramental centrada en la Pascua de
Jesús.
95
Asimismo se insistió en la FAMILIA
CRISTIANA, como “una imagen viva y
una representación histórica del
misterio mismo de la Iglesia”.
Efectivamente:
- Ella “vive su cometido profético
acogiendo y anunciando la
Y abre a una Palabra de Dios. Se hace así –cada
comunidad día más– una comunidad creyente
eclesial de fe,
y evangelizadora”;
culto y
servicio. - ella tiene una misión
catequizadora que, “enraizada en
el Bautismo –y la Confirmación–
recibe con la gracia sacramental
del Matrimonio, una nueva fuerza
para transmitirla fe, para
santificar y transformar la
sociedad actual según el Plan de
Dios”;
- ella “proclama en voz alta tanto
las virtudes presentes del Reino
de Dios como la esperanza de la
vida bienaventurada”.

De esta manera, el Congreso vio con


mucha esperanza que la CATEQUESIS
FAMILIAR puede ser implantada a fin
de que los mismos miembros de la
familia se ayuden unos a otros a
caminar creciendo en la fe. Por otra
parte, conviene aclarar que la
expresión “catequesis familiar” se
refiere a realidades diversas entre sí.

1. En primer lugar, se hace referencia,


a toda catequesis que se realiza en el
seno de la familia.
Desde el diálogo de fe entre los
esposos y su testimonio cotidiano, (cf. C.T.
15, DCG
hasta la primera enseñanza religiosa 108)
de los niños, podemos hablar de (DCG 115)
catequesis familiar. Se incluye además,
96 el acompañar al crecimiento en la fe de
los hijos. La Iglesia se preocupa
siempre porque la familia cristiana
Formar a logre ser cada día más una comunidad
catequistas es educadora de la fe. (cf. DCG
prioritario 110-112)
2. En segundo término, la expresión
“catequesis familiar” se aplica a toda
enseñanza y educación religiosa que
tiene por objeto todo lo referente al
matrimonio y a la familia. Esta se
concreta especialmente en la
preparación remota e inmediata al
matrimonio, como también a la
catequesis permanente de los grupos
de familias cristianas.
Igualmente se lleva a cabo a un nivel
más alto en toda reflexión sobre (D.P.
1003)
pastoral y familia y teología sobre
matrimonio y familia.
97 (D.S.
3. En los últimos tiempos, el término Miguel
“catequesis familiar” se fue aplicando a Conclusió
un determinado método para preparar n 3)
a los niños a la Primera Comunión. En
él se invita a los padres a ser los
primeros transmisores del mensaje
cristiano para sus hijos, y ser ellos
mismos los primeros receptores del
Evangelio.
Así se capacitan para preparar a sus
hijos a la recepción de los sacramentos
98 y continuar formando una comunidad
creciente y evangelizadora. Esta
catequesis tiende a involucrar a toda la
familia en un proceso de crecimiento
comunitario de la fe.

ORIENTACIONES PASTORALES
Como resultado de las deliberaciones
del 2º Congreso Catequístico Nacional,
surgen varias líneas de acción, que
nosotros confirmamos.

Respecto de la comunidad eclesial (cf. DCG


109)
99 Integrar a los catequistas parroquiales
–o que trabajan en las escuelas, o
Se requieren centros para el servicio de la fe– en
centros comunidades catequizadas y
adecuados...
catequizadoras, insertas en la Iglesia
Particular, o diocesana.
- Crear auténticas comunidades
cristianas en todos los ambientes
y situaciones, incluyendo
100 hospitales, cárceles, comunidades
aborígenes y otros.
- Formar comunidades eclesiales
de base para que sean
destinatarias y agentes de
catequesis en la medida que “se
forman en Iglesia para unirse a la
Iglesia y para hacer crecer a la
Iglesia, “a partir de una profunda
experiencia de Dios y con la
ayuda de movimientos e
101 instituciones parroquiales, de
grupos de reflexión bíblica de
catequesis familiar...

Respecto de la familia (cf. DCG


111)

- Orientar la catequesis hacia la


102 familia y despertar en ella su
vocación de “Iglesia Doméstica” y (cf. C.T.
de agente evangelizador. 38)
...que brinden
una formación - Asumir la catequesis familiar en
integral y vital la cual los padres son los
primeros educadores de la fe de (Cf. DRE
sus hijos, como un camino normal EC. 51-
65)
del Itinerario Catequístico
Permanente para fortalecer la
comunidad familiar.
(cf. DCG
- Promover la catequesis familiar 112a)
en la parroquia, y en lo posible, a
103
través de los colegios,
instituciones, grupos,
movimientos, asociaciones,
comunidades eclesiales de base,
teniendo en cuenta que “la
catequesis familiar precede,
enriquece y acompaña toda otra
forma de catequesis”.

COMPROMISOS Y ESPERANZAS
(cf. DCG
La puesta en marcha de estas 112b)
orientaciones pastorales tienen sus
104
exigencias. Se han reflexionado
atentamente en el segundo Congreso
Catequístico Nacional y se aportó la
experiencia eclesial que valoramos.

Los catequistas necesitan compartir


sus vivencias de fe, reflexionar y orar
juntos la Palabra, crear y cultivar
105
actitudes fraternas y solidarias.
Asimismo es muy importante que
preparen temas juntos, estudien juntos
la realidad que deben evangelizar,
conozcan las familias de los
catequizandos, y las ayuden a tomar
conciencia de su responsabilidad en la
educación en la fe de sus hijos, y sean
106 para esos hogares, portadores de paz,
alegría, esperanza y solidaridad.

Se debe implementar un mayor diálogo


entre los responsables de la catequesis
–párrocos, padres, catequistas–
mediante reuniones, y favorecer el
intercambio de experiencias e
información a nivel parroquial,
diocesano y nacional. Es preciso
destacar igualmente la necesidad de
orar unos por otros, por sus
107 catequizandos, las familias, los
sacerdotes, los obispos, el Papa, para
que a todos el Espíritu Santo nos ayude
a crecer en la unidad.

La familia debe convertirse en una


comunidad que evangeliza desde el
amor que parte de su seno y desde la
coherencia entre fe y vida.

Con respecto a la catequesis familiar,


vemos necesario promover la
formación de familias catequistas,
donde la educación de la fe sea
asumida como tarea matrimonial y no
sólo de la mujer, y donde los hijos
108 pongan su creatividad al servicio de la
(Men. Sín.
catequesis. 77,8)

En cuanto a los colegios católicos,


pensamos que su objetivo de educar en
la fe sólo pueden realizarlo en un clima
de respeto, libertad, caridad y unidad
(cf. Men.
con la parroquia. Pedimos que la Sín. 77,7 –
catequesis sea asumida por toda la DP. 999)
comunidad educativa, desde la misma
estructura colegial.

Finalmente nos dirigimos a los


(Men. Sín.
sacerdotes, en particular a los 77,8)
párrocos para pedirles que estimulen
la formación de los catequistas según
los documentos de la Iglesia, y que los
animen, orienten y acompañen en el
desempeño de su misión.
(cf. DCG
En el Congreso Nacional de Rosario se 114)
109 expresó una gran esperanza acerca del
(cf. C.T.
necesario trabajo por la unidad. 27b)
Tenemos conciencia de que esta (C.T. 6)
unidad –ardientemente pedida por el
Señor Jesús– será siempre una meta a
lograr. Por eso confiamos que los
sacerdotes, diáconos, ministros y laicos
todos, aunarán sus esfuerzos
catequísticos en orden a este
compromiso concreto.
110
1. Con la Parroquia

- Afianzar y consolidar la unidad,


efectiva y afectiva con la diócesis.
- Compartir con el Párroco en
actitud de corresponsabilidad
según la propia vocación, el
esfuerzo por edificarla
constantemente como comunidad
111 de comunidades, centro y corazón
de la vida del cristiano.
- Presentarla dinámica y misionera,
acogedora y abierta a todos,
incluyendo la perspectiva
ecuménica.
- Renovar su rostro como
comunidad de fe, de culto y de
servicio, lugar donde se vive la
comunión y participación, testigo
del amor en Cristo que se
profesan sus miembros.
112
2. Con las Familias
Los criterios
pastorales se Asumir la Catequesis Familiar, dándole
refieren a la
prioridad en la medida de lo posible, ya
vida y
actividad del que por medio de ella:
catequista. - se facilita a los padres un modo
concreto para asumir su
responsabilidad de ser los
primeros educadores en la fe de
sus hijos; (cf. DCG
35, Men.
113 - se inicia o completa un caminar Sín. 77,
hacia la maduración de la fe de 13)
todos los miembros de la familia;
- se podrá superar la incoherencia
entre lo que el catequizando
recibe en la catequesis y lo que
vive en la familia;
- se hace más posible la
perseverancia de los
catequizandos en el seguimiento
de Cristo y su incorporación a la
114 Iglesia;
- se concientiza la familia acerca de
su identidad cristiana como
Iglesia doméstica, base de la
comunidad parroquial y
diocesana.

3. Con las Comunidades (cf. C.T.


29)
- Despertar un fuerte amor a la
Iglesia, a la Palabra de Dios que
ella nos entrega, para construir
una comunidad firme, sólida y
disponible al Espíritu Santo,
según lo vivió la Virgen María.
- Promoverlas para que sean
constructoras de la Civilización
del Amor.
- Crear un clima de fiesta, fruto de
la fe en el Señor resucitado
presente entre nosotros, que se
experimente sobre todo en la
vivencia litúrgica.
115 - Enseñar a poner generosamente
los carismas y cualidades de cada
uno al servicio de la comunidad, a
fin de sentir que así contribuyen
(cf. D.P.
al crecimiento de todo el Cuerpo
170ss.)
de Cristo.
- Concretar en gestos comunitarios, (cf. RM
la unidad en la diversidad, 35)
llegando incluso a compartir los
bienes para sostener la catequesis (cf. AG.
11; EN,
y formar a los catequistas y
20)
demás agentes pastorales.
- Interpelar las responsabilidades
de sus miembros para que se
sientan comprometidos con la (cf. CT.
gente dl lugar (su situación 32-34)
laboral, de justicia social, de
cultura, de educación) a fin de (Doc.
trabajar juntos por el Reino. Quito, 15)
- Suscitar la necesidad de una
catequesis constante para que
sepan impregnar de los valores
evangélicos las realidades
humanas particularmente la
esperanza.
De esta manera, nuestras
comunidades podrán ser signos
visibles de que el Señor Jesús vive
hoy y convoca a todos para seguir
sus pasos.

IV (cf. 1063-
1064; CT.
FORMACIÓN DE CATEQUISTAS 46)

UNA NECESIDAD SENTIDA

La formación de los catequistas es


prioritaria “como tarea de la máxima
importancia”. Además es una
116 necesidad sentida y reconocida por
todos. Esta formación debe hacerse en
función de una fe adulta, en comunión
El catequista y participación, en contacto y diálogo
asumirá con el mundo de hoy, Es decir, debe
actitudes
ser permanente e integrar la
maduras
dimensión espiritual, doctrinal,
antropológica y metodológica. Al
117 respecto, nos dice el Santo Padre
“ahora bien esta formación nos invita a
organizar Centros e Institutos idóneos,
sobre los cuales los Obispos
mantendrán una atención constante.
Es un campo en el que una
colaboración diocesana,
interdiocesana, e incluso nacional se
revela fecunda y fructuosa”. Creemos
que esta prioridad pastoral de una
adecuada formación requiere procurar
a los catequistas los medios formativos
necesarios, cursos intensivos, centros o
seminarios catequísticos y otras
instancias.

Por otra parte recordamos que entre


los proyectos pastorales que nos dejara
el Documento de Puebla, leemos,
“Adaptar en los institutos de formación
de lo sacerdotes y de los religiosos y
religiosas la “Ratio Studiorum” como
algo urgente para que se intensifique
la enseñanza de la adecuada
transmisión contemporánea del
mensaje evangélico”. Como ya lo
118 anunciábamos en 1969 hemos de
“promover la preparación seria, sólida
y actualizada de catequistas:
sacerdotes, seminaristas, religiosos,
religiosas y laicos...

Durante el desarrollo del tema en el 2º


Congreso Catequístico Nacional se
119 pudo apreciar cómo esta inquietud de
la Iglesia es vivida y experimentada
hoy por los mismos catequistas.
Reclaman una formación continua que
llegue a todos los lugares del país.
Además la formación ha prestado
atención a lo que Dios nos ha revelado
y propone la Iglesia, y al hombre de
hoy y sus desafíos. La preocupación
por seguir el camino de la fidelidad en
la catequesis y crecer en la fe con los
catequizandos es un signo claro de
esperanza para nuestra Iglesia en la
Argentina. Al mismo tiempo, aguarda
una respuesta.
CENTROS DE FORMACIÓN

A nivel nacional, la Comisión Episcopal


de catequesis organiza e impulsa el
Instituto Superior de Catequesis
Argentino (I.S.C.A.). Su fin consiste en
preparar catequistas capaces de
animar la catequesis en el orden
diocesano o en las congregaciones
religiosas y ofrecerles la posibilidad de
una formación permanente.

En casi todas las diócesis se han


organizado los seminarios
catequísticos. Sus programas se
coordinan –en cuanto a contenido y
metodología– según las pautas de la
Comisión Episcopal de Catequesis,
teniendo en cuenta las necesarias
adaptaciones a las diversas realidades
pastorales de la propia diócesis. La
formación de todos, en particular de
los coordinadores de catequesis ha de
ser permanente y prolongarse durante
todo el tiempo en que se dedican a esta
tarea.
120
También las parroquias, colegios y
La catequesis otras comunidades cristianas deben
debe procurar la formación permanente de
integrarse en
sus catequistas de acuerdo a las
la Pastoral
Orgánica. situaciones y necesidades concretas.

FORMACIÓN INTEGRAL

El fin de la formación catequística es


promover la aptitud y habilidad para
comunicar el mensaje evangélico. No
bastan los conocimientos doctrinales.
El catequista debe ser capaz de
vivenciar, proponer y aplicar la
121 pedagogía original de la fe. Debe
capacitarse para elegir el mejor
Se buscaron recurso metodológico a fin de
caminos de comunicar el mensaje evangélico en las (cf. Med.
pastoral de
diversas situaciones. Esto exige una 15)
conjunto...
formación integral: doctrinal,
metodológica y espiritual, teniendo en
cuenta las ciencias humanas.

Es evidente que el catequista necesita


122 una sólida formación doctrinal. La
Sagrada Escritura tiene que ser el
alma de toda esa formación. Téngase
en cuenta que los mismos sujetos han
de ser formados con un método más
catequístico –pastoral que académico.
“De todas maneras la doctrina debe ser
asimilada hasta el punto de hacer al
catequista no sólo capaz de exponer
123 con exactitud el mensaje evangélico,
sino de suscitar también la reflexión (cf. Doc.
activa del mismo mensaje por parte de [Link].)
los catequizandos y de saber discernir
en el itinerario espiritual de ellos lo
que s conforma a la fe”.

Para una clara formación integral


también se deben aprovechar los (CD. 16)
124 aportes de las ciencias humanas. Estas
se han hecho patrimonio común del
... que suponen hombre moderno. Forman parte del
una mayor
contexto cultural de la humanidad,
correponsabili
dad, condicionan la conciencia que el
hombre tiene de sí mismo y afectan las
relaciones sociales.

No se trata de formar a los catequistas


como especialistas en sicología, o en
otras disciplinas semejantes. Pero sí es
necesario que las conozcan y apliquen
a fin de comprender y sintonizar con el
hombre y su historia. Porque “La
catequesis no puede ser eficaz ante (D.P.
estas transformaciones si no acierta a 1222)
125 transmitir el mensaje que le está
encomendado en el lenguaje de
nuestro tiempo”.
(D.P.
Los catequistas necesitan también 1307)
formación metodológica. Para ello hay
que “dar mayor importancia al
ejercicio práctico que a la enseñanza
teórica de la pedagogía. Sin embargo
la enseñanza teórica es necesaria para
ayudar al catequista a adaptarse a las
varias situaciones, para evitar formas
empíricas de enseñanzas, para percibir
los cambios que se verifican en las
relaciones educativas, para orientar
bien el trabajo futuro”.
En relación con la Metodología
catequística queremos subrayar dos
cosas:
126
a) En primer lugar lo que dice S.S.
Juan Pablo VI con respecto a la (D.P. 807)
evangelización:
- Que el testimonio silencioso de la
propia vida que comporta
“presencia, participación y
solidaridad”, hará surgir en
quienes nos rodean interrogantes
irresistibles y profundos;
- que estos interrogantes necesitan
ser esclarecidos con el anuncio
127 explícito del misterio de Jesús de
Nazaret, Hijo de Dios, su vida, su
... y hoy tiene
mensaje, su Reino.
exigencias
nuevas para el - que a su vez, dicho mensaje invita
catequista a la adhesión vital y comunitaria a
su programa de vida, es decir, a la
nueva manera de ser que
inaugura el Evangelio.

b) En segundo lugar es obvio que la


catequesis no consiste únicamente en
enseñar la doctrina sino en iniciar a la
vida cristiana. Porque no se trata de
“un saber cualquiera: es conocimiento
de un misterio, anuncio gozoso,
sabiduría según el espíritu, síntesis
orgánica centrada en el Misterio de
Cristo”. Por ello, el encuentro
catequístico deberá tener presentes
estos elementos integrándolos:
- La experiencia humana de los
catequizandos, su situación, sus
interrogantes;
- la Palabra de Dios que ilumina el
128 acto catequístico;
- la expresión de la fe mediante su
Con este fin se formulación, la celebración y el
indican
compromiso.
propuestas de
actitudes y “Una enseñanza cualquiera, incluso de (CT. 18)
actividades... contenido religioso, no es sin más
catequesis eclesial. En cambio
(cf. D.P.
129 cualquier palabra que llegue al hombre 1306-
en su situación concreta y lo impulse a 1307)
encaminarse hacia Cristo puede ser
realmente una palabra catecumenal”.

No menos importante es la formación


espiritual de los catequistas. Como
(cf. CT 24
130 servidores de la Palabra de Dios han de DCG. 35)
adquirir la «espiritualidad del
escuchar” en fidelidad a la Iglesia. (CT. 18)
“¡Qué contacto asiduo con la Palabra
131 de Dios transmitida por el Magisterio
de la Iglesia, qué familiaridad profunda
con Cristo y con el Padre, qué espíritu
de oración, qué desapego de sí mismo
ha de tener el catequista para poder
decir “mi doctrina no es mía»!

La vida espiritual de los catequistas ha


de ser alimentada por la celebración y
vivencia de los sacramentos. El
Bautismo y la Confirmación los han
destinado a ser seguidores, testigos de
132 Cristo y miembros y responsables de la
Iglesia. La Reconciliación les permite
el encuentro con la misericordia de
Dios Padre en Cristo y en su Iglesia. La
Eucaristía los alimenta con el pan de
133 Vida y congrega en el mismo Cuerpo
de Cristo.

Los catequistas transmiten –enviados


por el Obispo– las enseñanzas de
Cristo, y consolidan la inserción de los
catequizandos en la Iglesia. Por eso,
tienen que ser formados en el hondo
134 espíritu comunitario de la fe, la
esperanza y la caridad. Con este estilo
de vida promovido por las virtudes
teologales, podrán tomar conciencia de
ser peregrinos y contemplativos, sin
dejar de lado la encarnación y
compromiso con la realidad.
135
ORIENTACIONES PASTORALES
.. que señalan
los Consideramos importantes las
compromisos
recomendaciones que ha dejado el 2º
concretos que
se han de Congreso Catequístico Nacional, en
asumir con orden a la formación de catequistas
esperanza. con respecto a:
- la comunidad eclesial,
- el Itinerario Catequístico
Permanente,
136 - el contenido y el método para la
Nueva Evangelización.

1. la comunidad eclesial
- Formar a los catequistas en la
conciencia de ser Iglesia desde la
comunidad, en ella y para ella.
- Llevarlos a amar a la iglesia y
137 vivir la experiencia comunitaria
en un compromiso eclesial
auténtico.
- Brindar una formación a los
agentes evangelizadores de
acuerdo con la realidad del
pueblo, y según la imagen
renovada de la Iglesia, “imagen
de la Trinidad”.

2. El Itinerario Catequístico
Permanente

- Capacitar a los catequistas para


anunciar el mensaje salvífico al
hombre de hoy, y acompañarlo en
el proceso de crecimiento
comunitario en la fe, esperanza y
caridad.
- Formarlos en las virtudes
humanas y cristianas,
especialmente: la justicia, el
amor, la libertad, la participación
y la solidaridad, mediante el
138 estudio y la vivencia de estos
valores en el encuentro
catequístico.
- Preparar a los catequistas –
doctrinal, metodológica,
antropológica y espiritualmente–
en función del Itinerario
Catequístico Permanente, y dar
139 prioridad a la formación de
catequistas para adultos.
- Promover la organización y
coordinación de seminarios
catequísticos y otros centros y
medios de formación.

3. El contenido y el método para la


Nueva Evangelización

- Capacitar a los catequistas para


ayudar al pueblo cristiano a
“encontrarse” con la Biblia,
Palabra viva de Dios.
- Ayudarles a profundizar y asumir
la verdad sobre Cristo, la Iglesia y
el hombre.
- Presentarles a maría, Virgen y
Madre, peregrina en este camino
de la fe del Pueblo de Dios hacia
la luz.
- Ayudarles a sintonizar con el
hombre de hoy y asumir
críticamente la cultura
emergente.
- Igualmente prepararlos y
disponerlos para el diálogo
140 ecuménico.
- Educarlos para una catequesis
Caminemos liberadora integral que “ilumina
Juntos para con la Palabra de Dios las
una
Evangelización
situaciones humanas y los
Permanente. acontecimientos de la vida”.
- Integrar en la formación
permanente de los catequistas de
las ciencias humanísticas,
sociales, políticas.
- Profundizar el conocimiento de la
cultura, religiosidad y costumbres
141 del pueblo hasta sus raíces, para
descubrir en ellas “las semillas
del Verbo”.
- Estudiar –histórica y
pastoralmente– las raíces de la
primera evangelización de
América Latina, del país y de cada
Región, con sus luces y sombras,
para implementar en continuidad
los pasos de la Nueva
Evangelización.
142 - Formarlos como agentes de
pastoral en el uso de los Medios
de Comunicación Grupal y Social,
... para para hacer más comprensible y
catequizar extensivo el Mensaje.
constantement
- Formarlos para que sepan
e
iluminar a los catequizandos en el
discernimiento de la propia
vocación.
(CT. 27)
COMPROMISOS Y ESPERANZA
143
Este programa de formación de
... desde la catequistas es exigente. Supone ciertas
Palabra de
actitudes –señaladas en las
Dios...
recomendaciones del 2º Congreso
Catequístico Nacional– que han de
orientar el compromiso de una
formación catequística personal y
comunitaria: a saber:

- La actitud de discípulo, atento y (cf. SC 13)


disponible al Señor que se revela
por medio de su palabra viva
transmitid por la escritura, la
tradición y el Magisterio de la
Iglesia.
- La actitud de escucha, tanto hacia
144
Dios como hacia el prójimo, para
...unidos en la descifrar la voz del Señor que
(CT. 72)
oración y el llama a través de los signos de los
estudio... tiempos en los gozos y esperanzas
de los hombres.
- La actitud de oración, conscientes
de que el Espíritu Santo es quien
mueve los corazones nos impulsa
145 a ser testigos de su amor para
nuestros catequizandos. Ello
implica momentos de oración,
... movidos por
el Espíritu retiros, jornadas de reflexión,
Santo... asiduidad a la Palabra y a los
Sacramentos.
- La actitud de servicio, llamados y
enviados por Dios Padre como
catequistas, instrumentos y
mensajeros suyos, para trabajar
por el crecimiento del Reino.
- La actitud de búsqueda
comunitaria que, por una parte,
nos lleva a leer, estudiar,
discernir e iluminar las
situaciones que queremos
146 evangelizar, y por otra, nos mueve
a actualizarnos
permanentemente. (D.P. 262)

Otra exigencia de la formación de


... bajo la catequistas es la de ser los primeros
protección de liberados de toda esclavitud. Este
María,
testimonio de la libertad de los hijos de
Dios resulta necesario para poder
presentar a los hermanos un Cristo que
nos libera del pecado y sus
consecuencias: el consumismo, el
materialismo, el pesimismo, los miedos
y toda forma de egoísmo.

Si los catequistas viven estas actitudes


y optan por una sólida formación inicial
y permanente, los frutos que
esperamos para la catequesis y la vida
de toda la Iglesia son:
- Los catequistas, mensajeros
147
gozosos de la Buena Noticia,
... y de serán para sus hermanos profetas
Francisco de la esperanza y testigos de la
Solano. presencia de Jesús, resucitado.
- Se logrará una catequesis más
unida a Dios y más comprometida
con el hombre, porque los
encuentros catequísticos moverán
a la conversión y a la vivencia del
Evangelio.
- La catequesis será viva, creativa y
dinámica, responderá a los
intereses, interrogantes y
necesidades de las personas y de
los grupos.
- Gracias a la catequesis especial la
Buena Noticia llegará al corazón
de muchos hermanos nuestros
muy amados por el Señor:
marginados, discapacitados,
aborígenes, presos, enfermos,
drogadictos, prostitutas...
- En las parroquias surgirán
catequistas de adultos,
animadores de las comunidades y
coordinadores de la catequesis
familiar.
- La catequesis de adultos
especialmente será más vital y
comunitaria, y abrirá caminos
para reflexionar juntos y a la luz
de la Palabra los hechos
cotidianos, tanto los individuales
como los comunitarios.
- Veremos con gozo florecer
seminarios, centros y métodos de
formación catequística, y el
Pueblo de Dios se beneficiará de
la generosa entrega de los
catequistas a la tarea eclesial.

CATEQUESIS Y PASTORAL ORGANICA

Por fidelidad a la Iglesia de hoy,


tenemos que reconocer y buscar
caminos de una mayor integración de
la catequesis en la Pastoral Orgánica.
Esta representa el marco referencial
constante de toda actividad eclesial.
Además de ser una necesidad sentida
por todos, resulta imprescindible para
la puesta en marcha de la “nueva
evangelización”, y consecuentemente,
para la implementación de la
catequesis y del Itinerario Catequístico
Permanente.

BÚSQUEDAS

Una preocupación eclesial en los


últimos tiempos por establecer una
Pastoral Orgánica, se da con motivo
del Concilio Vaticano II y de la
Segunda Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano en
Medellín: las estructuras pastorales
serán aptas en la medida que tengan el
signo de la organicidad y la unidad, ya
que toda acción pastoral de la Iglesia
debe ser necesariamente global,
orgánica y articulada.

En nuestro país, la Iglesia comenzó


una etapa de mentalización de los
documentos conciliares y
latinoamericanos expresada en cursos
y reuniones diocesanas, regionales y
nacionales de sacerdotes, religiosos y
religiosas y laicos.
Fruto de esta búsqueda y reflexión,
surgieron propuestas para una pastoral
de conjunto en la Iglesia en la
Argentina.

Un nuevo paso en el intento de una


Pastoral Orgánica fue dado con las
series de prioridades pastorales que
propusimos al país. Acompañamos
estas iniciativas con documentos
orientadores (2). Finalmente con la
aprobación de los Estatutos de la
Conferencia Episcopal Argentina, se
concreta más esta estructuración en
orden a la organicidad pastoral.

Los Obispos tenemos conciencia de la


responsabilidad que nos incumbe al
respecto, y queremos ejercerla en el
espíritu del Concilio Vaticano II: “En el
ejercicio de su oficio de Padre y Pastor
sean los obispos –en medio de los
suyos– como los que sirven; buenos
pastores que conocen a sus ovejas, y a
quienes ellas también conocen;
verdaderos padres que se distinguen
por el espíritu de amor y de solicitud
con todos y a cuya autoridad conferida
desde luego por Dios, todos se someten
de buen grado. De tal manera
congreguen y formen a la familia
entera de su grey, que todos –
conscientes de sus deberes– vivan y
actúen en comunión de caridad”.

En la línea de la acción pastoral


“asumimos la necesidad de una
pastoral orgánica en la Iglesia como
unidad dinamizadora para su eficacia
permanente que comprensa entre otras
cosas: principios orientadores,
objetivos, opciones, estrategias,
iniciativas prácticas, etc”.
“El camino práctico para realizar
concretamente estas opciones
pastorales fundamentales de
evangelización es el de una pastoral
planificada” que “es la respuesta
específica, consciente e intencional, a
las necesidades de la Evangelización.
Deberá realizarse en un proceso de
participación de todos los niveles de
las comunidades y personas
interesadas, educándoles en la
metodología de análisis de la realidad
para la reflexión sobre dicha realidad a
partir del Evangelio; la opción por los
objetos y los medios más aptos y su uso
más racional para la acción
evangelizadora”

Los sacerdotes y los laicos como


catequistas, han de participar
activamente en la elaboración de esta
pastoral orgánica en espíritu de
comunión y participación.
En efecto, “la diversidad de formas
organizadas del apostolado seglar
exige su presencia y participación en la
pastoral de conjunto, tanto por la
naturaleza misma de la Iglesia,
misterio de comunión de diversos
miembros y ministerios, como por la
eficacia de la acción pastoral con la
participación coordinadora de todos”.

Por lo tanto, la búsqueda de una mayor


organicidad entre la pastoral eclesial y
la catequesis hoy, exige a esta última:
- Participar vivamente en todas las
estructuras eclesiales.
- educar en una concepción de
Iglesia como comunidad de vida,
de fe, de oración, de verdad, de
amor y de esperanza;
- realizar el esfuerzo en definir
claramente la identidad católica
del creyente, personalizar su fe y
formarlo integralmente;
- encarnarse para iluminar la
cultura y las culturas, la historia y
la existencia de los hombres;
- acoger en actitud de diálogo y
respeto «a los que están lejos» y a
los hermanos separados;
- inquietar en una seria respuesta
al llamado personal de Dios a los
creyentes para asumir la propia
vocación y misión de su plan
salvífico.

ORIENTACIONES PASTORALES

Todo el camino recorrido en la


búsqueda de una Pastoral Orgánica
que antes hemos señalado, ha
cristalizado en algunas
recomendaciones del Congreso
Catequístico Nacional. En
consecuencia proponemos las
siguientes orientaciones pastorales.

1) PROMOVER con “el conjunto de


actividades pastorales y misionales de
la Iglesia”, una pastoral orgánica,
posible, elaborada en comunión y
participación que responda a las
necesidades de una catequesis en
Itinerario Permanente para el hombre
argentino.

2) PROMOVER y organizar la pastoral


catequística para que sea asumida por
toda la comunidad eclesial a nivel
parroquial, diocesano y nacional.

3) PROMOVER un trabajo que lleve a


todos los agentes de pastorales a
asumir y dinamizar “aquellos
elementos que tienen un aspecto
catequístico, preparan a la catequesis
o emanan de ella”, saber:
- “primer anuncio del evangelio o
predicación misional...
- experiencia de vida cristiana,
- celebración de los sacramentos,
- integración de la comunidad eclesial,
- testimonio apostólico y misional”.

4) PROMOVER la colaboración de
todos para conocer la realidad a la que
debemos responder, e impulsar las
iniciativas necesarias que seamos
capaces de llevar a cabo.

5) PROMOVER el estudio detenido de


la situación e interrogantes de los
hombres a quienes debemos anunciar
el Evangelio. Esto implica por un lado,
un estudio científico, y por otro una
cotidiana preocupación que presta
atención los hombres como lo hizo
Jesús. En este contexto, tuvo su
inspiración la Consulta al Pueblo de
Dios.

6) PROMOVER y elaborar entre todos,


planes de acción que respondan a las
necesidades espirituales de los
hombres y a las posibilidades
concretas de las que disponemos.

COMPROMISOS Y ESPERANZAS

Queremos destacar –con la experiencia


que llevamos de estos últimos años–
que no es fácil implementar una
Pastoral orgánica. Ello supone un lento
proceso de mentalización y conversión,
de convicciones y diálogo, de logros y
desaciertos, siempre de esperanza y de
trabajo concreto. Teniendo esto en
cuenta, proponemos las siguientes
actitudes.

- Ser fieles al Espíritu Santo que


nos congrega y nos une en un
mismo cuerpo.
- Tener una actitud concreta de
diálogo y de comunidad, fruto de
una auténtica ascesis de amor y
comunión para llegar a un
verdadero espíritu de Iglesia.
- Ejercer toda forma de autoridad
como un servicio, a ejemplo de
Cristo que no vino a ser servido,
sino a servir.
Concretamente para los catequistas,
señalamos estos elementos a tener en
cuenta, en orden a promover la
pastoral orgánica:
- crear lazos de unión y
cooperación entre catequistas,
instituciones parroquiales,
movimientos, comunidades
eclesiales, etc;
- procurar una mayor integración y
coordinación en la catequesis de
parroquias y colegios;
- nuclear y coordinar a los
catequistas de la diócesis: de las
parroquias, colegios...;
- vincular las estructuras
parroquiales con las diocesanas y
éstas con las regionales y
nacionales;
- elaborar planes de pastoral
catequística a nivel parroquial,
diocesano, regional y nacional,
con objetivos claros y la
participación de los catequistas.
En dichos planes, tener en cuenta
la catequesis especial para todo
tipo de marginados;
- - promover la organización y
coordinación de seminarios
catequísticos y otros cursos y
medios de formación de los
catequistas.

De todo lo señalado anteriormente y


que fuera recordado por el Congreso
Catequístico Nacional, surgen
exigencias impostergables y
esperanzadoras para la mutua
complementación entre la Pastoral
Orgánica y la Catequesis: la unidad
eclesial, una espiritualidad pastoral y
misionera, una madurez de diálogo y
un espíritu de colaboración.

Con ello:
- se logrará una unidad de criterios
en la catequesis diocesana,
regional y nacional. El anuncio del
Evangelio y la educación de la fe
- sin llegar a la uniformidad –
seguirá pautas claras y
realizables;
- se atenderá simultáneamente a
las realidades de cada lugar,
respetando e integrando los
valores de la religiosidad popular;
- habrá una mayor
corresponsabilidad de las tareas
catequísticas;
- toda la comunidad –incluidas las
familias, instituciones,
movimientos– se sentirá
responsable de la educación de la
fe de sus miembros;
- En este contexto, se valorará el
papel del coordinador de
catequesis, tanto en colegios
como en parroquias.
Esta organicidad y unidad en el
actuar será la expresión concreta
de nuestra común unión con Dios
nuestro Padre y será garantía
para que el mundo crea que Jesús
es el Enviado del Padre.

CONCLUSIÓN
Queridos Catequistas: en este
documento quisimos recoger para
seguir sembrando. EL CONGRESO
CATEQUISTICO NACIONAL 1987 nos
impulsa con un nuevo entusiasmo
hacia el futuro. Hemos de continuar
caminando “JUNTOS PARA UNA
EVANGELIZACION PERMANENTE”,
como decía nuestro lema. Somos una
Iglesia que peregrina por esta tierra y
ha de avanzar en la construcción del
Reino de Dios, consciente de que está
llevando a cabo la obra del Padre.

Queremos agradecerles todo lo que


han hecho con esta tarea callada pero
eficaz, de catequizar a tantos niños,
adolescentes, jóvenes y adultos.
Asimismo es nuestro deseo alentarlos a
seguir creciendo en fidelidad. Durante
estos años, las reflexiones, la oración y
los aportes de renovación de la
catequesis –comenzada en las diócesis
y regiones– han culminado en el
encuentro de Rosario. Sus
recomendaciones, compromisos y
esperanzas, los hemos recogido en este
documento episcopal.

Reafirmamos una vez más que la


catequesis consiste en un proceso de
educación de la fe, por parte de toda la
comunidad cristiana. Este proceso
tiene que darse mediante un
acompañamiento permanente,
progresivo, integral, sistemático,
orgánico y vital, a fin de que los
creyentes alcancen la madurez de la fe.
Ello requiere –como ya lo indicamos–
nuestro compromiso de ser testigos de
la fe en Cristo Jesús.
A fin de que la catequesis alcance toda
la fuerza de anuncio misionero,
recordamos, una vez más que la
Palabra de Dios debe ocupar el lugar
primordial y prioritario que le
compete.
Sabemos que esta inquietud reside en
el corazón de muchos de ustedes y la
apoyamos, exhortándolos a tenerla
siempre presente, porque toda tarea
eclesial “ha de estar totalmente
impregnada por el pensamiento, el
espíritu y actitudes bíblicas y
evangélicas, a través de un contacto
asiduo con los textos mismos. Así la
labor catequística será tanto más rica y
eficaz cuanto más lea los textos con la
inteligencia y el corazón de la Iglesia, y
cuanto más se inspire en la reflexión y
en la vida dos veces milenaria de la
Iglesia”.

Por eso, la meditación y el estudio


serio, profundo y fiel de la Escritura
santa, la oración asidua que se inspire
en la liturgia y conduzca a ella, la
participación en las celebraciones de la
fe y la vida sacramental, los hará
crecer en caridad y esperanza. De este
modo, estarán “capacitados” para
crear el clima de fe que requiere la
catequesis de la Iglesia.

También los exhortamos a tomar


conciencia que ustedes actúan como
instrumentos vivos del Espíritu Santo,
“inspirador de toda la obra
catequística y de los que la realizan”.
Se han de reconocer “llamados” por El
y “enviados” por sus Obispos para
ejercer esta misión de la Iglesia, con
un corazón disponible y abierto. Esto
implica “invocar constantemente este
Espíritu Santo, estar en comunión con
El, esforzarse en conocer sus
auténticas inspiraciones”. Es muy
grande la exigencia de fidelidad al
Dador de toda la vida, particularmente
ante la proximidad de la celebración
del 5º centenario de la Evangelización
de América y con el tercer milenio que
se inicia, en el horizonte.

Pensamos también en la multitud de


pobres y sencillos de nuestro pueblo
que buscan quienes calmen la sed de
Dios que sientes. Pensamos en ellos,
con sus expresiones de religiosidad
popular, con su cariño a la Virgen
María, Madre de Dios. Porque, es
verdad, que muchos intuyen y, de
alguna manera, reconocen en Ela que
es “el gran signo, de rostro maternal y
misericordioso, de la cercanía del
Padre y de Cristo con quienes Ella nos
invita a entrar en comunión”. Los
exhortamos a quererla y ubicar a la
Ssma. Virgen María en la propia vida,
como la Gran Catequista que
sustentará la fe y la esperanza de
ustedes. No olvidemos que el Congreso
Catequístico Nacional 1987 se
desarrolló en su etapa final durante el
Año Mariano Universal. Bajo la
protección maternal de la Virgen
María, se acentúa nuestra seguridad y
brota espontáneamente nuestro
agradecimiento humilde. La piedad
mariana será un estímulo y una
garantía de su labor catequística.

Recordemos, al finalizar este


documento, al Patrono del Congreso:
SAN FRANCISCO SOLANO. Su vida de
entrega, su testimonio misionero, en
nuestras tierras argentinas, y sobre
todo, su valiosa intercesión, nos
seguirá acompañando en la aplicación
de estas orientaciones que les
proponemos.

Los bendecimos en el nombre del


Señor. Les aseguramos nuestra oración
–fuente de comunión– y con gran
confianza en todos ustedes, los
acompañamos en el esfuerzo pastoral
de la misión catequística.

LVI Asamblea Plenaria


San Miguel, 14 de abril de 1988
(1) La Congregación para el Clero tiene como Prefecto a S.E.R. el Cardenal Antonio Innocenti y
Mons. Simcić es Sub-Secretario de la misma. En dicha Congregación está el Consejo
Internacional para la Catequesis, donde se trata todo lo referente a esta área pastoral.
(2) Entre estos documentos citamos:

- CEA, “Declaración Pastoral sobre la Iglesia en el período posconciliar”. (1966).


- CEA, Documento de San Miguel (1969).
- CEA, “Carta Pastoral Colectiva sobre Matrimonio y Familia (1973).
- CEA, “Carta Pastoral Colectiva sobre Matrimonio y Familia (1975).
- CEA, Declaración “la Evangelización de la juventud” (1981)
- CEA, “Iglesia y Comunidad Nacional” (1981).
- CEA, “Dios, el hombre y la conciencia” (1983).
- CEA, por la Comisión Episcopal de Educación: “Educación y Proyecto de Vida” (1985).
- CEA, por la Comisión Episcopal de Fe y Cultura: “El evangelio ante la crisis de la
civilización” (1986).

SIGLAS Y ABREVIATURAS

DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO

L.G. CONC. Vat. II, “Lumen Gentium” (Const. Sobre la Iglesia).


G.S. ídem, “Guadium et Spes” (La Ig. y el mundo).
S.C. ídem, “Sacrosanctum Concilium” (La Liturgia).
A.G. ídem, “Ad Gentes” (Actividad Misionera de la Iglesia).
E.S. Pablo VI, Enc. “Eclesiam Suam” (El Diálogo).
E.N. ídem, Exh. Apost. “Evangelii Nuntiandi” (La Evangelización).
C.T. Juan Pablo II, Exh. Apost. “Catechesi Tradendae” (1979).
D.M. ídem, Enc. “Dives in Misericordia” (La Misericordia).
R.M. ídem, Enc. “Redemptoris Mater” (Año Mariano Universal).
F.C. ídem, Exh. Apost. “Familiaris Consortio” (La Familia).
Sdo ídem, Apertura de la “Novena de Años”. (1984).
DCG “Directorio Catequístico General”.
DRE Cong. Educ. Cat., “Dimensión Religiosa de la
EC. Educación en la Escuela Católica (1988).
MSj. Mensaje del Sínodo de la Catequesis, Obispos
77 al Pueblo de Dios (1977).
MSj. Ídem, sobre los Laicos (1987).
87
M.A. Mensaje en el Año Internacional del Disca-
Idic pacitado (1981).
Med. CELAM, Documentos Finales de Medellín (1968).
D.P. ídem, Documento Final de Puebla (1979).
Doc. Ídem, Documento sobre Catequesis – Semana Quito Latinoamericana de
Quito (1982).
D.S. ídem, “Documento de San Miguel” (Adaptación de Medellín, a la Iglesia en
Argentina) (1969).
ICN ídem, “Iglesia y Comunidad Nacional”. (1981).
EPV ídem, Educación y Proyecto de Vida”. (1984).
CPC ídem, “Carta Pastoral de Convocatoria al 2
86 CCN. 87 (1986).

También podría gustarte