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El Perfume Del Rey

La protagonista, criada en una familia de perfumistas, se enfrenta a la presión de su amiga Rose, quien desea escapar para encontrarse con un militar. A medida que la historia avanza, se revela la historia de lucha del reino de Mishnock contra Lacrontte y la situación económica precaria que enfrenta la familia de la protagonista. La cena con inversionistas de Lacrontte plantea la posibilidad de compromisos matrimoniales, lo que genera preocupación entre las hermanas sobre su futuro y el deber hacia sus padres.

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El Perfume Del Rey

La protagonista, criada en una familia de perfumistas, se enfrenta a la presión de su amiga Rose, quien desea escapar para encontrarse con un militar. A medida que la historia avanza, se revela la historia de lucha del reino de Mishnock contra Lacrontte y la situación económica precaria que enfrenta la familia de la protagonista. La cena con inversionistas de Lacrontte plantea la posibilidad de compromisos matrimoniales, lo que genera preocupación entre las hermanas sobre su futuro y el deber hacia sus padres.

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Capítulo 1.

Mishnock, Era 7 —Estádo temporal 5.

Perfumes, he crecido rodeada de aromas exquisitos hechos por mis padres.

Rosas, jazmines, miel, vainilla. Ellos crean con cualquier cosa existente y yo
solía pensar que incluso de una pluma podrían sacar una fragancia.

Mi casa siempre huele extremadamente bien y mis padres después de sus muchos
inventos, decidieron abrir una perfumería que al poco tiempo se convirtió en una
de las más famosas del reino.

En un arrebato de amor filial, mis progenitores como prueba de sus afectos hacia
mí, crearon un perfume con una dulce fragancia, el cual según ellos les recordaba
a su pequeña, por lo que decidieron ponerle mi nombre, es el más vendido en la
nación. El perfume, Emily.

—Me estás prestándo atención. —Dice Rose, chasqueando los dedos frente a mi.

Su piel bronce reluce bajo la luz de la habitación y su melena caoba se mueve


hacia cada lados mientras me reclama.
Ella es mi mejor amiga desde que tengo memoria. Hemos hecho todo juntas
desde que la conocí y desde entonces somos prácticamente inseparables.

—Lo hago. —miento. Desconozco lo que lleva hablando la última media hora.

—¿Entonces me acompañaras? —su voz detona entusiasmo.

—¿A dónde?

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—Ves que no me estábas escuchando. —reclama —. El joven que me gusta me
pidió vernos y bueno... no es posible hacerlo en el día, así que acordamos
reunirnos cuando la luna ilumine el cielo y necesito que me acompañes. ¿Las 10
de la noche estáría bien para ti?

—¿Crees que Erick Malhore va a dejarme salir a las 10 de la noche? Además,


¿por qué no puedes verte con ese joven en el día? ¿Qué esconde?

Erick Malhore es un hombre de familia en toda la extensión de la palabra, es


bondadoso, amoroso y paciente; para él estár rodeado de mujeres es una
bendición y el que lo llamemos "papá" es su mejor halago. No podría concebir la
idea de haber crecido sin tenerlo en mi vida.

—Te prometo que te lo contaré todo si me acompañas. Hazlo por tu amiga de


infancia, la persona que más te quiere en la vida —ruega, haciendo brillar el café
de sus ojos —. Sé que tu padre no va a dejarte ir, así que tendrás que escaparte,
eso es lo que yo haré porque soy consciente que mi madre tampoco lo permitirá.

—No lo sé, Rose Alfort.

—Es el amor de mi vida. Debes ayudarme a que no se me escape.

—Haz tenido más de mil amores de tu vida.

—Pero este es el verdadero, lo juro. Es un militar de Mishnock. ¿Quién soy yo


para resistirme a ese uniforme azul y rojo? ¿eh? — insiste esperanzada —.
Míralo como un favor a la nación. Yo hago a un soldado feliz y él va motivado a
pelear en la guerra.

El reino de Mishnock es mi hogar y a lo largo de los años hemos acarreado


problemas de gran magnitud. Estámos muy desarrollados y

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nuestro territorio es extenso, solo superado por el reino Lacrontte. Sin embargo,
nuestro ejército no es tan numeroso y aunque contamos con fuertes aliados, he de
admitir que el pleito incesante con la nación enemiga ha causado estragos en
nosotros.

En el pasado, Mishnock llevaba el nombre de Felraish hasta la fatídica noche en


la que fuimos invadidos y sometidos a las estrictas leyes del reino Lacrontte.
Todo cambió para nosotros, nuestro pueblo vivía prácticamente como esclavo,
obligados a servir a los nacidos de aquella nación que se adueñó de nuestro
territorio y nos menospreció, haciéndonos sentir inferiores.

Mis antepasados vivieron apesadumbrados diariamente, robaron sus bienes y su


libertad. Fueron humillados y violentados, hasta que un grupo de varones se llenó
de valor y se alzaron en armas para luchar y defenderse de tal injusticia y así
retomar la vida a como la conocían antes de que en ese catastrófico evento
fuésemos gobernados por el Rey Meridofe Lacrontte, quien fue una persona
severa y de carácter belicoso, infundiendo terror a su paso; él no era un soberano
digno del cargo que ocupaba.

El grupo de rebeldes estába liberado por Bartolomeo Mishnock, quien entrenó a


todo un ejército de hombres que luchó hasta derrocar el nefasto reino que se
había levantado sobre ellos, razón por la cual, está nación ahora lleva su nombre
pues él se convirtió en el primer Rey de está nueva era.

Bartolomeo nos levantó de las cenizas y forjó a capa y espada un reino donde
todos tuviésemos una nueva oportunidad de renacer, pero no pudo evitar la
constante guerra que se mantendría a través de los años y a la que aún estámos
atados. Hasta el día de hoy nos seguimos

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enfrentando contra el reino Lacrontte y a su ahora temible Rey, Magnus.

Actualmente Mishnock es gobernado por el Rey Silas y la Reina Genevive. Los


Reyes Denavritz son amados por todos los habitantes debido a su nobleza, coraje
y lealtad. Ellos hacen todo por el pueblo y nuestro único deber es cumplir con los
impuestos.

Mi familia y yo vivimos en Palkareth, la capital de Mishnock. Justo aquí está


situado el palacio principal tan cerca y tan lejos a la vez.

—¿Acaso ya haz... tú sabes, sobrepasado los límites con él? —inquiero curiosa,
centrándome nuevamente en el tema.

—No, pero una historia de amor podría iniciar con ese encuentro. — alega,
coqueta —. Sé que mañana estárás ocupada con la presentación de los perfumes,
pero en la noche puedes llevar a tu amiga a los brazos fornidos de un hombre que
la necesita.

—Ya he escuchado eso antes —le recuerdo, pero ella me ignora y camina hacia
mi vestidor.

—No me hagas repetirlo, él es el indicado. Lo presiento. —abre las puertas


de mi armario y comienza a buscar algo. —Necesito que me prestes uno de
tus vestidos, tus padres pueden permitirse comprar mejores trajes que los
míos y en verdad quiero deslumbrar a ese hombre.

—Toma el que necesites. —acepto, pues ya eso se ha convertido en una rutina


entre nosotras.

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—Por cierto, mira esto —se devuelve a mi y extiende un papel —. Lo
conseguí fuera de las oficinas del periódico. Es la lista de los mejores
solteros de Palkareth.

Paso por el papel viendo los nombres de los hombres junto a su edad. Rose tiene
una ligera obsesión por capturar a uno de ellos, razón por la cual siempre se
esmera en estár presente en todas las fiestás donde pueda conocer a uno.

—El príncipe es el primero, pero bueno... está fuera de mi rango. Demasiado


inalcanzable como para intentarlo.

Stefan Denavritz es todo lo que una joven sueña, pero al parecer está demasiado
ocupado para mezclarse con su pueblo. Hasta donde Rose me ha contando, nunca
lo ha visto en un evento y en todos aquellos bailes monárquicos donde él si
asiste, ella jamás es invitada.

—No conozco a ninguno de está lista. —confieso después de leer.

—Es porque no tenemos ningún título. No pertenecemos a las altas casas


de la nación, pero ahí está el hombre con el que voy a verme mañana.

—¿Es un nobiliario? —inquiero confundida. —Recuerdo haber escuchado


que se trataba de un militar.

—Si, lo es. El unirse a la armada le otorgó su título y él ahora me lo dará a mi.

Unos toques en la puerta nos hacen sobresaltar. Se trata de Mia, mi hermana


menor.

—Padre te espera abajo. Necesita hablar contigo y con Liz.

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—¿Podrías saludar a Rose? —le reprendo.

—Ya lo hice, incluso me enseñó la lista de los solteros —se apoya en la puerta —
. Ahora baja que te están esperando.

Voy tras mi llamado, dejando a mi amiga en la habitación para que escoja su


atuendo.
Al bajar las escaleras encuentro a mis padres junto a mi hermana mayor, sentados
en el comedor.

—¿Algo anda mal? —cuestiono ante la urgencia del encuentro.

—Todo lo contrario —sostiene mamá —. Mañana será un día atareado para los
Malhore. Tendremos una cena muy importante.

¿Cena? Dios mío. ¿Se interpondrá en mis planes con Rose?

—¿Hasta que hora? —es lo primero que pregunto.

—¿No te interesa saber con quién? Creo que eso es más importante.

—Tienen razón. —me disculpo, tomando lugar en la mesa.

—Inversionistas —interviene mi padre —. Vienen desde Lacrontte, pues hasta


allá se ha esparcido la buena fama de nuestros perfumes.

—Increíble. Pero aún no entiendo que tenemos que ver Liz y yo en esto.
—indago al notar que ella a permanecido en silencio.

—Es probable que alguno de ellos este interesado en nosotras —habla finalmente
—. No solo es una cena de negocios si no de relaciones.
Nadie vendría desde tan lejos solo para ayudar un negocio del reino enemigo.

Mi atención se dirige a mi padre inmediatamente, buscando una respuestá que no


llega.
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—Es solo una deducción. No deben alarmarse, además, jamás las obligaría a
hacer algo que no quieran.

—Yo no quiero casarme. —alego de inmediato. Sin embargo, sé que lo haría si


así lo requieren.

—Aquí nadie va a casarse —me asegura —. Los recibiremos y veremos que es lo


que necesitan. Si son solo negocios o algo más, pero si llegasen a decirme que
solo invertirán a cambio de la mano de una de ustedes yo diré que no. No las voy
a vender a nadie por unos Tritens.

—No obstante, es nuestro deber ponerlas al tanto para que no se lleven una
sorpresa —aclara mamá —. Ustedes son las únicas en edad de casamiento y no
lo digo solo por ser su madre, pero las dos son hermosas.

—¿Eso es todo? ¿Ya puedo retirarme? —pregunto con un nudo en la garganta y


para mi suerte papá asiente.

Corro escaleras arriba, chocándome con Mia en el camino. Sus cabello oscuro
cae en mi torso, mientras los ojos café distintivos de todos los Malhore me
observan con curiosidad.

—¿Liz y tú van a casarse? —cuestiona con algo de aflicción, pero eso no quita el
hecho que espió nuestra conversación.

La llevo hasta mi habitación donde Rose ya tiene uno de mis vestidos en la mano.
Al parecer ha escogido un ganador.

—Respóndeme —insiste.

—Claro que no. Mi padre dijo que no nos comprometería por dinero.

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—¿Vas a casarte? —pregunta mi amiga. ¿Acaso no se va a terminar este
tema?

—Dije que no. —comento exasperada —. Padre no nos haría eso.

—Pero quizás si sea nuestro deber aceptar. —Liz irrumpe en mi alcoba.


—Las cosas no marchan del todo bien en la perfumería desde que la guerra con
Lacrontte se intensificó.

—¿Acaso no vendemos? No he escuchado a mis padres quejarse.

—Lo hacemos, nos mantenemos a flote pero eso no asegura que sea así para
siempre. ¿Has visto las noticias? La frontera cada vez está más golpeada, el
ejército Lacrontte nos sobrepasa en número y sé que en poco tiempo ya nadie
estárá interesado en comprar perfumes, les importará más abastecerse de comida
ante la amenaza de un nuevo ataque.

—No quiero quedarme sola. —habla Mia.

—Debes entender que como tus hermanas mayores debemos ayudar a nuestros
padres y un compromiso supondría un alivio para ellos.
Tendrían una hija menos de la que encargarse.

—Ustedes solo son 3. —intervine Rose —Además están económicamente muy


por encima que el promedio de los plebeyos. Ya quisiera yo poder tener la mitad
de las cosas que ustedes poseen.
Pueden permitirse vestidos hechos a mano y Emily incluso tiene pendientes de
plata.

—Y los tendrá que vender y la situación del reino continúa así.

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—Puedo conseguir un trabajo —propongo —. Después de salir de mis tutorías
puedo laborar en algún sitio y eso no afectara la perfumería porque ustedes
seguirán ayudando ahí a mis padres.

—Yo también puedo conseguir uno y le daré la mitad de mi sueldo a Emily —


apoya mi amiga. —. Bueno, quizás el 30%

—Suerte con eso. Lo mejor será que me retire —se despide mi hermana mayor
—. Sin embargo, Emily, si alguno se propone a nosotras es necesario que
estemos abiertas a la posibilidad de aceptar el compromiso. Espero ser yo la
tomada para que tú puedas seguir con cualquiera que sea tu sueño.

Liz sale de la habitación, llevándose a Mía consigo después de colocarme una


soga en la garganta. Sé que debo ayudar a mis padres en todo lo que pueda, pero
si de algo estoy seguro es que no quiero casarme con nadie a quien no ame.

—No te preocupes, podemos vender cosas en el mercado. Mis padres y yo


siempre compramos cosas en tiendas de segunda, así que podríamos llevar
algunos objetos que uses y recaudar dinero. —propone Alfort —.
Pero aún no entiendo el afán de Liz, ustedes no son pobres.

—Pero la guerra contra el reino Lacrontte nos empobrecerá.

—No lo hará, ya veras. —intenta reconfortarme —. Esto va a sonar fuera de


lugar y un poco egoísta, pero... ¿si me acompañarás mañana a reunirme con el
amor de mi vida?

No sé porqué apoyo las locuras de Rose, aunque supongo eso es lo que debe
hacer una amiga.

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—Bien. Mañana a las 10 de la noche —cedo finalmente —. Espero que no nos
arrepintamos de esto.

Si hay algo que adoro es unir personas y si por fin ella ha encontrado al hombre
perfecto, voy a ayudarle en todo lo que pueda, así me gane el peor castigo.

Además, ¿qué le puede suceder a 2 jóvenes que divagan en las calles de


Palkareth a las 10 de la noche para encontrarse con un militar?

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Capítulo 2.
Mi padre está arreglando la maleta en su habitación. Hoy es día de presentación
de perfumes y yo voy a acompañarlo. Básicamente mi función es entregar y
sostener los objetos que él me pida; papá es el encargado de hablar y ayudar a la
Reina Genevive en su elección.

El viaje hasta el palacio siempre está cargado de nerviosismo, mi padre repite una
y otra vez por el camino todo lo que dirá en un tono apresurado.

— No podemos perder estos clientes. — Dice con ansiedad, mientras


caminamos. — Además de ser los mejores son los que le han dado el prestigio a
la perfumería.

Al momento de llegar a la casa real, ya yo me sé su discurso, tan bien como él.


Pasamos las puertas en silencio flanqueados por los guardias que nos guían hasta
la sala principal y esperamos allí para ser anunciados ante la Reina.

Papá es el primero en pasar al gran salón para organizar todos los enseres.
Mientras yo me quedo absorta viendo el lujo a mi alrededor. Algunas cosas han
cambiado desde mi última visita hace unos años, grandes jarrones están
distribuidos en las mesas, lámparas de cristal cuelgan del techo alumbrado en
todo el lugar y los pisos perfectamente pulidos brillan bajo mis pies. Mientras
observo en silencio, siento un pecho fuerte chocar contra mi hombro.

Dos hombres pasan a mi lado sin darme oportunidad de ver sus rostros.
Reconozco al sujeto más alto como el causante del choque.

- Espero pueda disculparme, señorita — Espeta sin volverse a mirarme.

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Ambos continúan su camino llevando entre ellos una acalorada discusión.

- Señor, solo debe entrar un momento. — Dice el otro hombre, de estátura


mediana.

- No me apetece, esto es algo que ella puede hacer sola. — Alega sin
mirarlo. — Además, sabes todo lo que tengo que hacer con mi padre.

- Por favor, su madre la necesita — Suplica nuevamente — Solo debe


escoger un perfume y de inmediato puede salir de la sala.

- ¡Atelmoff, ya he dicho que no! por favor entiéndeme. No pretendo ser


grosero.

No había visto nunca a alguien rechazar un pedido de manera tan caballerosa.

- Tengo demasiado asuntos pendientes como para ir a elegir un perfumito. —


Replica nuevamente, esfumando mi pensamiento anterior ante su
comportamiento.

Stefan. — Llama a mi espalda.

Me sobresaltó ligeramente al escuchar el grito y de inmediato me vuelvo para


averiguar quién es el responsable.

Mis ojos no pueden creer lo que ven. La Reina Genevive está de pie con evidente
enojo en su rostro. Al verme su expresión se suaviza hasta parecer abochornada
por la situación.

Su traje blanco resplandece sobre su corona de oro y zafiros, su cabello oscuro


cae a ambos lados de su cara y su manos vestidas en joyas a juego, la hacen lucir
indiscutiblemente poderosa. De inmediato hago una

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reverencia como muestra de respeto ante su majestád, ella sonríe con amabilidad
juntando sus manos.

Entonces caigo en cuenta de una cosa, el joven a quien la Reina le gritaba lo


ha llamado, Stefan; es decir su hijo, por ende el que chocó contra mi fue el
príncipe.

- Disculpa la escena, jovencita.— Dice suavemente.

- No hay nada que disculpar, majestád.

Ella, ya no me está mirando, su atención está dirigida hacia los dos hombres que
hablaban hace un momento.

Me giro automáticamente hacia ellos de nuevo, pero ya han seguido su camino,


evadiendo el llamado de la Reina. El hombre junta sus manos suplicando ante el
príncipe pero es inaudible lo que le dice debido a la distancia que han tomado.

••••

Mientras mi padre enseña las distintas esencias, explicando sus componentes,


debo confesar que mi mente está en otro lugar. Se encuentra junto al recuerdo del
príncipe negándose a estár presente.

Inspiraba rebeldía y educación al mismo tiempo. Debe ser difícil atender todos
los asuntos de una nación, ir a eventos sociales como a los que lo he visto asistir
y le han hecho merecedor de las primeras planas del notidiario.
La vida aquí debe ser agotadora y monótona.

- ¡Emily!

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Siento un fuerte apretón en la mano, junto a un susurro molesto de mi padre, que
de inmediato me saca de mis pensamientos.
Lo miro aún perdida de lo que ocurre en mi entorno hasta que él vuelve hablar.

—Hija, podrías buscar mi maletín — Dice amablemente al notar lo


desconcertada que estoy— al parecer lo dejé en la sala principal.

Volviendo a la realidad, realizo una reverencia ante la Reina quien me regala una
sonrisa y sintiéndome torpe salgo del gran salón.

Mientras hago mi recorrido, veo al hombre que anteriormente llamaron como


Atelmoff salir de unas de las oficinas del palacio.

Inmediatamente mis pasos actúan más rápido que mi mente y antes de enterarme
ya estoy caminando hacia allá.
La puerta se encuentra a medio cerrar y atribuyéndole mi comportamiento a la
curiosidad, observó a escondidas lo que aguarda adentro.

Mi corazón palpita atropelladamente al ver al príncipe con sus brazos apoyados


en un escritorio, luciendo una camisa blanca recogida hasta los codos, que se
ajusta a sus fornidos músculos, junto a un pantalón negro que se acomoda
grandiosamente a sus largas piernas.

Su cabello desordenado acompaña su nariz recta y perfecta, sus labios entre


abiertos dejan escapar el aire entre cada respiración y sus pómulos fuertes y
definidos, crean una imagen digna de ver. Se nota ansioso, mirando a la ventana
frente a él, pasa sus manos por el cabello despeinándolo más, su pecho sube y
baja de forma frenética.

- ¿Puedo ayudarla en algo, señorita?

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Una voz a mi lado me hace sobre saltar, me giro para encontrar un guardia real,
vigilándome con cautela.

- No, discúlpeme, me perdí buscando la sala principal. — Miento.

En realidad, solo quería espiar al príncipe unos segundos más, pero mi intento
por ser sigilosa ha fracasado monumentalmente.

- Permítame guiarla — Me da una señal con su mano para que lo siga.

••••

La presentación del perfume terminó sin más y a decir verdad no recuerdo lo que
pasó, estuve absorta en mis pensamientos todo el tiempo.

Me marcho del palacio sin volver a verlo y con la decepción de saber que él ni
siquiera me miró.

Mientras camino con mi padre por la calle, veo un grupo numeroso de guardias
marchar de manera sincronizada, formando una línea fina por la calles.

El uniforme azul y vino se asemeja al mar teñido de sangre. Es inquietante a la


vista y más al sumarle el hecho de ver las armas que cuelgan de sus hombros.

- ¿Qué sucede, padre? — Cuestiono confundida.

- Recaudación de impuestos. — Dice con algo de desaprobación.

Avanzamos hasta la plaza donde las filas se extienden por las calles, claramente
divididos por las clases sociales.

Los archiduques no pagan impuestos pues ellos ayudan directamente a la


monarquía debido a su cercanía con los mismos.
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Los desempleados son pobladores nivel cero pero aún así deben contribuir a la
monarquía por el simple hecho de habitar la nación. A ellos son los que peor
tratan, pues mientras menos impuestos pagues, menos vales.

Los obreros y sirvientes en casas de clase media van en una sola fila, junto a
trabajadores de las plazas de mercado, campesinos y herreros. Son ciudadanos
nivel 1.

Los joyeros, perfumistas, orfebres, floresteros y sastres deben organizarse en


otras y es aquí donde mi padre me deja.

- Cuida mi lugar en la hilera, mientras voy a la oficina de correos a


enviarle el dinero de los impuestos a tu abuela. — Dice antes de alejarse.

Lo veo caminar mientras el lugar comienza a llenarse de personas. Todos nos


encontramos bajo en estridente sol de Palkareth mientras la fila de los
vizcondes, barones y señores, está bajo una gruesa carpa que los protege de los
violentos rayos, solo por ser ciudadanos nivel 3.
Mientras los grandes los duques, marqueses y condes no deben siquiera salir de
sus casas para pagar los impuestos, debido a que los recaudadores van hasta sus
viviendas para recoger el dinero.

Los guardias, cocineros, doncellas y cualquier otra persona que sirva en el


palacio, pagan los impuestos más bajos de la nación pues se redimen con su
trabajo. No encajan en ningún nivel ya que dedican su vida a servir a la realeza y
solo se encasillarían en uno si dejaran su puesto en la casa real.

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Miro a mi alrededor y veo a personas ser arrastradas por los soldados en la plaza,
hacía un grupo de gente rodeada por los militares como si se tratara de
criminales.

- Esto es una injusticia. — Dice alguien a mi espalda.

Las trompetas suenan antes de que pueda dar una respuestá y los guardias reales
llenan el lugar, avisando la presencia de alguno de los monarcas.

- Una reverencia para su Alteza el príncipe Stefan Denavritz Pantresh.

La multitud hace lo pedido, doblando su cuerpo ante el heredero, chocando en


ocasiones unos con otros debido a la cercanía.

El príncipe sube a un escenario improvisado, rodeado de soldados y guardias. Es


justo allí donde puedo ver su rostro a detalle.

- Pueblo de Mishnock. — Inicia.

Lo observo con cuidado tal como lo hacía hace un tiempo en el palacio. Sus
ojos azules brillan con el sol en un contraste fuerte y atractivo de su cabello
negro.

- Gracias a ustedes y a sus puntuales aportes nuestra frontera seguirá segura.

Papá llega a mi por la derecha atento a lo que dice el futuro Rey. Toma mi lugar
en la fila, llenando una bolsa con los tritens correspondientes.

- La guerra se mantiene a pocos kilómetros de aquí pero gracias a nuestros


valerosos hombres, el reino Lacrontte no ha tomado nuestra nación.

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La fila avanza y yo continuo mirándolo. La tranquilidad que refleja al recitar su
discurso es como si lo hubiese ensañado por días para parecer más un estátua
parlante que un soberano agradecido con su nación.

- El Rey Magnus no se cansara hasta repetir con nosotros la historia que


vivieron nuestros antepasados, pero ahora no necesitamos un libertador si no
unión para vencer la violencia de los Lacrontters. — Espeta con la mirada
puestá en el horizonte.

El príncipe tiene una belleza indiscutible pero también una manera tan extraña de
dirigirse a la nación que me hace complicado conectarme a su discurso.

- Nombre, señor. — Pregunta el recaudador. Ni siquiera había notado que ya


estábamos en primera fila.

- Erick Malhore. — Responde concentrado.

- Ocupación y número total de su núcleo familiar. — Espeta sin mirarlo. —


Más le vale que no mienta. Tenemos los registros.

- Perfumista y 5 personas.

- Serían entonces 100 tritens.

- ¿Disculpe? Son siempre 50 tritens. 10 por persona.

- Ustedes son nivel 2 y para ellos ahora son 20, así que dispóngase a pagar
pues la fila es larga.

De mala gana mi padre toma su maletín y lo apoya sobre la mesa para sacar los
50 Tritens pedidos y así completar lo que anteriormente había reunido. Sabemos
bien que nos irá peor si no cumplimos con lo ordenado.

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Pasa la bolsa de monedas a uno de los recaudadores, quien empieza a contarlos
con rapidez para luego dar un asentimiento de cabeza al verificar que toda está
completo.

- Gracias por contribuir a la guerra. — Dice el segundo hombre,


entregándole a papá una pegatina en forma circular con un breve
mensaje.

"Cumplí con el pago mis impuesto para ayudar a mi nación" tal papel debe ser
puesto en la puerta de cada hogar para registrar quienes obedecieron la norma y
diferenciarlos de los que no.
Nunca he preguntado que pasa con aquellos que no pagan lo reglamentado.

- Como si tuviera opción. — Susurra mientras salimos de la fila.

Una barrida de gritos se escuchan de repente mientras el príncipe continúa su


discurso.
Mi padre parece ver algo que mi baja estátura no me permite y corre hasta el un
grupo de guardias que llevan a rastras a un hombre.

- Esto es un atropello ¿por qué le hacen esto? — Cuestiona indignado.

- No ha pagado sus impuestos y la ley ordena que cualquiera que no lo haga


debe ser encarcelado.

- Tiene casi 70 años, por Dios.

Me escabulló entra la multitud que se ha reunido y descubro el rostro de nuestro


vecino. El señor Kingsley.

Es un hombre de avanzada edad que vive a unos metros de mi hogar. Siempre


está solo y parece que su familia lo ha abandonado a su suerte.

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- Si desea que sea liberado debe pagar sus impuestos. — Alega el altivo
soldado.

- Son 5 tritens ¿no? — Pregunta papá, rebuscando las últimas monedas en el


maletín. — Él es un ciudadano nivel cero.

- Son 30. Él es ahora un infractor, así que su delito sextuplica sus


impuestos.

- Solo tengo 28 Tristens. Tuve que tomar más dinero para completar mis
impuestos.

- Son 30 tristens. Si no los tiene le sugiero que no obstruya el paso.

- Papá puedo ir a casa por lo que falta.

- No, no te dejaré ir sola. — Dice, poniendo la mano en mi hombro para


luego volverse al soldado. — Solo restán 2, déjelo pasar está vez.

- Son ordenes reales.

- ¡Es un anciano! — Brama frustrado. — Estoy pagando por su libertad.

- No le grite a la autoridad. — Asevera el soldado. — ¿Acaso no respeta la ley?

- Lo hago, pero no voy a tolerar injusticias.

- ¿Quiere ver una injusticia? — Dice de manera retadora. — Queda usted


detenido por irrespeto a la autoridad.

- ¿Qué? — El grito sofocado sale de mi garganta ante la sorpresa causada por sus
palabras. — No pueden detener a mi padre.

Un par de hombres toman los brazos de papá para guiarlos hasta el resto de
cuidados infractores.

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Si el desacatar una orden sextuplica la pena, no quiero pensar en todo lo que
debemos pagar. No creo que contemos con ese dinero.

Papá intenta pasarme su maletín, pero antes de que nuestras manos se toquen soy
bloqueada por un guardia que me envía lejos de la escena. Mis pies tropiezan
pero no caigo.
Me toma unos segundos mantener el equilibrio y una vez que lo consigo la
impotencia llena mi sistema.

- ¿Qué sucede aquí? — La firme voz me hace detener en el momento en que


pienso protestár por el mal trato.

Unos ojos azules se cruzan conmigo, mirándome con detenimiento. Se trata del
príncipe.

- Son solo infractores, Alteza. — Explica uno de los hombres.

- Eso no es cierto. — Me atrevo a decir con un poco de miedo. — Mi padre no


ha hecho nada.

- Irrespetó a la autoridad.

- Solo intentaba salvar a un hombre. — Replico en voz baja.

- ¿Qué hombre? — Pregunta el príncipe, mirándome con curiosidad.

- Nuestro vecino. Es un anciano al cual llevaban como un animal. —


Replica mi padre, aún retenido por los soldados.

- Intentamos pagar. — Hablo nuevamente al ver que el heredero ha


mantenido su atención en mi.

Su mirada es suave pero profunda. El torso se pega a su camisa a medida que


respira y sus labios definidos se mueven con gracia mientras habla.

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- Suéltenlos. — Dice de repente pero sin volverse a ellos. — A ambos.

Rápidamente mi padre vuelve a mi lado con la bolsa de Tristens en la mano y


en pocos segundos nos acompaña el señor Kingsley quien no cesa de
agradecer.

- Esto le pertenece, Alteza. — Habla mi progenitor, pasando las monedas a sus


manos.

- No es necesario que paguen. — Dice con voz neutra. — Disculpen las


molestias causadas.

- No tiene usted que disculparse, Alteza. — Espeta nuestro vecino.

- Han asustado a una señorita, creo que es mi deber ofrecerles mis excusas.

Levanto la mirada hacia él, quien aparta la vista cuando nuestros ojos se cruzan.

- Espero estén bien. — Repone antes de darse la vuelta y marchar lejos de


nosotros.

Su actitud me resulta extraña aunque supongo que es así como se comporta un


monarca. Camina con elegancia llevando las manos en su espalda hasta perderse
en compañía de un grupo de guardias que lo esperan al otro lado de la plaza.

••••

Dejamos al señor Kingsley en su hogar y vamos directo a la nuestra con algo de


impotencia por lo sucedido en la plaza, pero todo se nivela cuando pienso en lo
cerca que estuve del príncipe.

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- No comentes nada de lo sucedido. — Pide el mayor de los Malhore antes de
entrar a casa.

Asiento en aprobación mientras nos adentramos.


Encontrando a mamá sola en la sala con un gesto de curiosidad en el rostro.

- ¿Cómo les fue con la Reina? — Pregunta.

- Son 20 Tritens por persona ahora. — Avisa papá con frustración, dejando el
maletín en el comedor.

- ¿20? eso es algo exagerado. No somos grandes señores.

- Eso no le importa a la monarquía. — Dice padre, tomando lugar en la


mesa.

- ¿Cuál es la razón para subir los impuestos?

- La guerra, supongo. Necesitan más dinero para costearla.

Mi hermana menor está influenciada por Rose y ahora también se ha convertido en


una admiradora del príncipe, por lo que para mí no es una sorpresa subir a mi
habitación después de dejar a mis padres discutiendo las injusticias del estádo y
encontrarla emocionada queriendo escuchar cada detalle de mi visita al palacio y
esperanzada en que haya podido encontrar al heredero.

—¿Lo viste? Por favor dime que lo viste — demanda desesperada.

—Lo vi —antes de poder añadir algo más, su fuerte grito me hace estremecer.

—¿Cómo es? ¿Es igual de apuesto que en las fotografías? ¿Qué te dijo cuando te
conoció? ¿Se enamoraron? — interroga agitada.

24
—¡Calma! —la tomo por los hombros tratando de tranquilizarla —. Es muy
fuerte — respondo al recordar el momento en que chocó contra mi
—. Es igual de apuesto que en el notidiario, pero no nos conocimos, es decir, él
ni siquiera me vio y por supuesto que no nos enamoramos.

Oculto la verdad debido al pedido de mi padre, así que omito nuestro encuentro
en la plaza, a pesar que el recuerdo de sus ojos azules sobre mí me ronde la
cabeza con fuerza.

El rostro de Mia se sumerge en una decepción absoluta al escucharme, pero no


podría desobedecer a papá solo por un chisme sin fundamento.

- ¿Cómo que no te vio, Mily? — Pregunta confundida.

- Solo se tropezó conmigo, ofreció disculpas, pero no me vio.

- Emily, pero eso es algo — Su rostro se enciende nuevamente — Así


empiezan las historias de amor, ¿no crees?

De algo estoy muy segura y es que eso no significa nada. Mis posibilidades de
volver a verlo son de una en un millón. Tengo que ser realista y no guardar
esperanzas gracias a eventos tontos como este. Sin embargo, prefiero callar y no
borrar la sonrisa que se formó en los labios de mi hermanita.

••••

Cuando el reloj marca las 7, mi madre golpea la puerta de mi habitación para


informarme que los inversionistas ya han llegado a casa.
Liz se encuentra a su espalda, impoluta en un vestido violeta que resalta el tono
caucásico de nuestra piel.

—¿Estás preparada? —pregunta mamá con una sonrisa alentadora.

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Me limito a asentir aún cuando por dentro estoy muriendo de nerviosismo al
pensar que alguno de esos hombres puede hacer una propuestá que yo no estoy
dispuestá a aceptar.

—Se ven hermosas —adula una vez me uno a ellas fuera de mi alcoba.

Bajamos hacia la primera planta donde la iluminación hace relucir mi vestido


crema, bordado en pequeñas margaritas blancas y hojas verdes.

Mia se encuentra en el comedor junto a mi padre, quien ya conversa con 3


hombres que se encuentran de espalda. Rodeamos la mesa y tomamos lugar
frente a ellos e inmediatamente quedo petrificada con los varones que se
encuentran aquí.

El primero debe oscilar los 30 años, con cabello oscuro y nariz resignada, el
segundo con piel morena y ojos miel debe pasar los 20 y el tercero cuenta con
unos ojos esmeralda y cabello oscuro que aunque intentan reflejar buen humor
me resultan bastante escalofriantes.

—Es un placer conocerlas —saluda el último sujeto, observándome fijamente


mientras su mirada se oscurece.

—Buenas noches —respondo, dirigiendo mi atención a todos los presentes.

—Sin duda es una excelente noche —escucho comentar al segundo con una
sonrisa intimidante —. En verdad espero cerrar un trato en está cena y que el
cruzar hasta la frontera enemiga valga la pena.

Está reunión solo tiene 2 opciones, ser todo un éxito para Liz y para mí o un
rotundo fracaso para ambas. Espero con el corazón que sea lo primero.

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Capítulo 3.
—Ellas son mis hijas, Liz y Emily Malhore.— Nos presenta papá.

—¿Liz es una abreviación de Elizabeth? — Pregunta el joven de ojos miel.

—No, es simplemente así. —Se limita a responder. Es evidente que no se siente


cómoda y no es la única.

—Creo que es mejor que nos presentemos. Soy Cedric —extiende su mano hacia
ella — Él es Percival. —Señala al mayor de los 3.

—Y a mi me pueden llamar Mercader. — Se adelanta el joven de ojos verdes.

—¿No cree que deberíamos saber su nombre si vamos a hacer negocios?

—Sabrán lo necesario y mi nombre ahora no es algo urgente.

Mamá sirve la cena para todos mientras la mirada del mercader recae sobre mi
cada medio minuto.

—¿Puedo hacerle una pregunta? —Escucho hablar a mi hermana menor, quien se


dirige al hombre que me observa.

—Por supuesto. —Acepta el sujeto, dedicándole una sonrisa.

—¿Mi hermana le recuerda a alguien?

—¿A qué se debe el cuestionamiento?

—No ha dejado de mirarla.

—Solo me acostumbro a que su rostro se me hará muy familiar si se llegará a


cerrar el trato.

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—Entonces debería empezar a explicarnos su propuestá. —Interviene mi padre.

—De acuerdo, no está de más decir que soy un importante hombre de negocios
en Lacrontte y he querido ampliar el horizonte en mis negocios invirtiendo en
otras naciones y que mejor que comenzar con la perfumería mas famosa del
reino de Mishnock.

—Como familia agradecemos las adulaciones, pero podría ser más especifico.

—Bien. El joven Cedric, quien es su compatriota me comentó sobre su fama y


creí que con una buena inversión podríamos extender el negocio hasta Lacrontte.

—¿A su Rey no le importa tener una perfumería propiedad de un plebeyo del


reino enemigo?

—Su majestád Magnus —interviene Percival —. No se relaciona mucho con el


pueblo, solo le interesa que cumplamos con sus leyes y en ninguna se prohíben
las alianzas de negocios con Mishnock. Es más, me atrevería a decir que ni
siquiera lo notará, él jamás sale de su palacio.

—Entonces hablemos de inversiones.

Consumo la comida intentando no prestár atención a la reunión pero casi me


atraganto cuando revelan que la cifra será de 3 millones de tritens.

—¿En qué se gastará? —Cuestiona mi padre, visiblemente desconcertado por el


número.

—En Lacrontte nos gusta el lujo así que será necesario, ustedes obtendrán el
30% de las ganancias acumuladas allá y si logramos abrir sucursales aquí,
obtendrán el 40%

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—Esperábamos el 50% —refuta mi padre.

—Estoy ofreciéndole más de lo justo. Dentro del resto debo costear el nuevo
sitio, empleados y materiales.

—Creo que es una buena propuestá, Erick. — Habla mamá.

—Bien, lo pensaremos como familia.

—No deberían tardarse tanto —alega el mercader —. No imaginan lo difícil que


fue venir hasta acá, los permisos que se necesitan para salir del reino dado el
caos que hay en la frontera por la guerra se vuelven cada vez más difíciles de
conseguir.

—Lo haremos. No tiene que preocuparse.

—No debería contarles esto, pero el futuro está en mi reino. El ejercito se está
dotando de grandes armas que seguro usarán contra ustedes, por lo que deben tener
algo que los respalde fuera de Mishnock si la economía de está nación llega a caer
y yo vengo a ser esa solución.

—Parece que intenta manipularnos.

—Solo les muestro la realidad. Las guerras destruyen la economía y si las cosas
siguen así, nadie les prestárá atención a sus perfumes, en cambio, los grandes
acaudalados de Lacrontte no tendrán problema en gastar dinero en lujos.

—Ya le dije —responde padre, dispuesto a no ceder bajo presión —. Lo


pensaremos y les daremos una respuestá pronto. Ahora por favor cenemos.

—Hay algo más —interrumpe Percival, captando la atención de todos —. El


joven Cedric nos dijo que este es un negocio familiar.

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Todas las miradas se dirigen al moreno de ojos brillantes, quien solo se encoje de
hombros.

—Soy su voz en Mishnock —dice con naturalidad —. Debo mantenerlos


informados.

—Así que —continúa el mayor de los 3 —. Necesitaría que una Malhore se


fuese conmigo a Lacrontte para que me enseñe todos los secretos de la
perfumería.

—Mi esposo perfectamente puede viajar y enseñarle lo necesario. —Alega mi


madre.

—No me están entendiendo. Requiero a alguien permanentemente a mi lado y


creo que la encontré —sus ojos se desvían hacia mi hermana, quien baja la
cabeza intimidada —. La señorita Liz ha captado mi atención.

—Mis hijas no están buscando un compromiso.

—Pues deberían, los enfrentamientos cada vez se incrementan más y pronto las
familias no podrán mantenerse y bueno, ustedes tienen 3 hijas. Los impuestos
subirán para mantener la guerra, la economía se centrará en la supervivencia, en
los implementos básicos y entonces no tendrán para pagar y mucho menos
venderán lo suficiente para vivir. En cambio, si Liz está casada con un hombre
generoso como yo, ella podrá tener una vida privilegiada y aportar a su familia
con mi dinero.

—Para eso es el trato ¿no? —cuestiona mi padre —. La sucursal en Lacrontte


nos ayudará a sobrellevar la situación aquí.

—Parece que no está entendiendo el trasfondo de la propuestá. Si no hay


compromiso, no habrá negocio. No crea que voy a dejar mi perfumería e

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imponer su monopolio solo por dinero. Necesito una estimulación superior.

—Me pregunto por qué tiene que viajar al reino enemigo a conseguir esposa.
¿Qué reputación tiene en Lacrontte?

—La mejor y pienso codearme con su hija para extender mi patrimonio y


renombre.

—No estámos interesados.

—Padre —mi hermana levanta la voz —. Creo que deberíamos pensarlo y


aceptar.

—No tenemos que dejarnos chantajear.

—Él tiene razón. La guerra cada vez se agudiza más, Lacrontte es más numeroso y
todos sabemos que sanguinario. Yo podría asegurar el futuro para todos. Estoy
dispuestá a hacerlo por mi familia.

—No te precipites, Liz. —Intervengo por primera vez en la noche.

—Lo haré, es mi decisión. No deben preocuparse, soy consciente de lo que


hago.

—Ni siquiera se conocen. —Ahora es Mia quien habla.

—Ya tendremos tiempo para hacerlo.

—Lo pensaremos como familia. Ninguna decisión está tomada ahora. —


Sentencia padre.

—No lo juzgo, señor Malhore —pide el joven Cedric —. Su hija es muy bonita y
estoy seguro que si el mercader no tuviese pareja, invitaría a la segunda en línea.

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—La señorita Emily es agraciada pero mi mente en estos momentos está ocupada
con alguien más. —Repone el recientemente nombrado.

—Y entendemos las razones. Su novia es una de las grandes bellezas de


Lacrontte.

—Creo que es mejor que demos por terminada está cena. —Padre se nota
molesto, sin embargo, se esmera mantener la compostura.

—Ni siquiera han comido. —Interviene Mia en el peor momento.

—Descuide, señorita —expone el hombre de ojos verdes —. Ya tendremos otro


momento para hacerlo. Quizás una boda.

Los sujetos se levantan rápidamente del comedor, dejando sus platos intactos o
removidos escasamente como ocurre con Cedric.
Padre los acompaña hasta la puerta intentando ocultar el mal humor que lo
gobierna y después de despedirlos se vuelve para encarar a mi hermana.

—No tienes que aceptar nada, no es tu obligación, la responsabilidad de sacar a


la familia adelante es solo mía.

—No lo es —se adelanta a decir —. Todos podemos ayudar y si esa es la


única manera que tengo para hacerlo pues la asumiré. Y con todo respeto,
padre, ya soy una adulta y puedo tomar mis propias decisiones.

—¡No lo puedo creer, Liz Malhore! Siempre has sido la más madura de las 3 y
ahora me sales con esto. ¿Es que acaso tienes deseos de casarte con tanta
urgencia?

—Soy mayor y tampoco tengo prospectos, el único hombre que conozco es


Edmund y no me atrae en lo más mínimo.

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Él es su mejor amigo desde que tengo uso de razón y han sido inseparables desde
que se conocieron, tanto así que Edmund ha empezado a albergar sentimientos
no propios de una amistad y es algo que Liz aún no ha notado.

—¿Por qué hablas como si tuvieses 40? Tienes 22 años. Eres joven, no te
precipites en querer buscar compromisos.

—No me malinterprete, padre, pero no me es sencillo entablar vínculos con


las demás personas.

—¿Y cómo piensas hacerlo si ni siquiera lo intentas? Las personas no van a


llegar y tocar a tu puerta, pidiendo ser tus amigos o parejas. Y me molestá ver
que te conformas con lo primero que pisa está casa.

Las discusiones realmente me incomodan y más aún cuando incluyen a miembros


de mi familia.

—No es cuestión de conformarme. Esto nos sirve a todos y si tengo que


aprovechar mi poca afinidad social por ustedes, lo haré. Es sencillo, me casaré y
podré ayudarlos, esa es mi decisión —se levanta de la mesa un poco afligida —.
Con su permiso, me retiraré a mi habitación.

Se aleja a zancadas, dejando a mi padre estupefacto y sin duda a mi también. No


puedo creer que Liz piense tan limitadamente sobre ella misma. Entiendo el
hecho que lo haga por nuestro bienestár, no obstante, me sorprenden y
conmueven los sentimientos que la mueven.

—¡Esto es inverosímil! No termino de concebir la idea que una cena de


negocios haya terminado en una disputa familiar —discute mi madre —.
Que 3 hombres hayan acorralado a Liz de está manera.

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—Mía, Emily —se dirige a nosotras mi padre. —No es un secreto que con cada
ataque la economía del reino tambalee y se reduzca. Eso incluso hizo que
subiesen los impuestos, pero no por ello ustedes deben verse obligadas a aceptar
compromisos solo por conveniencia. Quiero que cuando alguna se casé, lo haga
completamente enamorada y no por ayudar a sus padres a salir de algún apuro
¿entendido? —cuestiona decaído y mi corazón se vuelve pequeño al escucharlo.
—Ese reino solo trae problemas, caos y discordias. Así que quiero que todas
ustedes se mantengan alejadas de cualquier Lacrontte.

—Lo prometo —acepto para nivelar su agonía —. Ahora creo que es momento
que yo también me retire.

Camino escaleras arriba para buscar a mi hermana e intentar persuadirla, a


pesar de la clara tensión que hay en el ambiente pero quiero escucharla,
entender lo que siente más allá del compromiso.

—Liz ¿quieres hablar? —Pregunto una vez la alcanzo en su habitación.

—En realidad no hay mucho que decir. Lo hago por todos nosotros.

—Pero nadie te está pidiendo que lo hagas.

—De eso se trata el sacrificio. No te preocupes, yo estoy bien, estoy tranquila.


Necesitamos esa inversión para salir adelante.

—Hay otras formas. No te ciegues solo por las promesas de un hombre que
pretende engañarnos con dinero.

—Emily, necesitamos la ayuda —coloca las manos en mis hombros para


obligarme a mirarla fijamente —. Y no habrá negocio sin compromiso. Es mi
deber como hermana mayor, tú eres demasiado soñadora como para casarte por
necesidad.

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—Ese es el asunto. Ninguna de las 2 tiene que hacerlo.

—Mily, basta. —toma una actitud seria, ruda. — Ya tomé la decisión.

—De acuerdo —decido ceder al notar su terquedad —. Buenas noches.

Camino hasta mi alcoba dispuestá a no discutir con ella tal como lo ha hecho con
mi padre.
En verdad quisiera encontrar una solución diferente a todo esto pero nada puede
hacerse si la persona en cuestión no está dispuestá a tomar la mano que le
ofrecen.

—Creí que nunca se terminaría la cena. —La voz de Rose me sorprende cuando
arribo en mi habitación.

—¡Dios mío! No te esperaba aquí por ahora. ¿Cómo entraste?

—Por el patio. Escale la pared y luego subí hasta tu ventana. ¿Cómo crees qué
ingresaremos cuando volvamos? Debes dejarla abierta para así tener la
oportunidad de entrar sin hacer mucho ruido.

—En verdad no me termina de convencer está hazaña.

—Saldrá todo bien, tampoco es como si fuésemos a matar a alguien.

—Si, a matar la confianza que mi padre ha puesto sobre mí.

—Te juro que no se va a enterar —dice mirándose al espejo —¿Me veo bien?
¿Crees que pueda conquistarlo con esto?

—Completamente segura que no podrá resistirse. Ahora ¿piensas que yo estoy


muy arreglada?

Detallo junto a ella mi vestido crema de gasa que se ajusta a mi torso y se abre
amplio en la falda, precedida con un cinturón verde claro y

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acompañada de tirantes repletos de apliques florales que dan la ilusión de tratarse
de una hilera de pequeñas enredaderas.

—Claro que no, estás perfecta. Sin embargo, antes de irnos quería saber si
puedes prestárme tus aretes de plata.

Acepto entregárselos sin chistar, pues considero que entre más rápido nos
vayamos, más temprano volveremos.

—Si este encuentro resulta bien, le pediré a mi hombre que te presente un militar
a ti.

—¿Tu hombre? —Cuestionó extrañada.

—Debo profetizarlo para que se cumpla —explica, colocándose los pendientes


—. Además, nunca has tenido un novio y ya tienes 18.

—No estoy interesada en nadie.

—Revisa la lista, Emily —pide, refiriéndose al listado de los solteros —.


Puede que haya uno que llame tu atención, después que no sea el príncipe.
Ahí ya no tendrás posibilidad.

Después de arreglar los últimos detalles, Rose me ayuda a bajar por la ventana
de mi habitación y por un momento me siento morir cuando la gravedad hace
lo suyo y caigo hasta el suelo.

—Por más que intente imaginarte subiendo sola, no entiendo como lo lograste.
—Alego una vez llega a mi lado para cruzar hasta el muro que cubre la casa, el
cual también debemos escalar.

—Soy muy buena trepando cosas —explica mientras me da pie para subir —. Así
que tranquila, cuando volvamos te ayudaré a entrar y luego me iré a casa.

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Cuando nuestros zapatos tocan el asfalto del exterior, corremos por las calles de
Palkareth, tomando callejones cuestá abajo. Caminamos por las escaleras que
dan entrada al sur de la ciudad, las cuales están iluminadas por las lámparas
que reposan a los costados. Levanto mi vestido para no arrastrarlo a medida
que avanzamos.

Recorremos varios entornos hasta que las edificaciones se vuelven de piedra y


nos reciben balcones llenos de flores, augurando que nos acercamos a los lugares
de fiestá en el reino. La música comienza a escucharse y las personas en las calles
se hacen presentes. Esquivamos unas y otras con la luna coloreando el cielo sobre
nuestras cabezas e inmediatamente comienza a sentirse el olor a alcohol y el
ruido callejero se eleva más ante la esencia nocturna que nos rodea.

—Debemos estár alerta a todo —habla Rose por encima del bullicio —. Este no
es lugar para estár en las nubes, hay muchos ebrios por doquier.

—¿A donde vamos exactamente? —Cuestiono, rodeando un charco de agua que


casi me hace ensuciar el traje.

—A la zona donde las personas suelen divertirse —me toma de la mano y me


obliga a seguirle el paso —. No tengas miedo, ya he estádo aquí, conozco cada
rincón.

Algunos pobladores nos observan mientras caminamos, colocándome realmente


incomoda.

—Prométeme que no nos meteremos en problema.

—Ya estámos en problemas, Emily. 2 jóvenes a las 10 de la noche, fugadas de


casa en medio de alcohol y fiestás.

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Nos adentramos a un callejón con macetas. Todo es paredes y flores, parece que
nadie viviera por aquí y en cambio, se tratara de un sitio para esconderse.
Al final, la calle se abre dando espacio a un bonito círculo con una pequeña
fuente en medio donde efectivamente hay un hombre con uniforme de la armada
Mishniana. Su cuerpo es alto, musculado y vestido con azul oscuro y vino.

—Creí que no vendrías. —Levanta la voz cuando nos ve llegar.

—Las mujeres nos hacemos esperar.

—Y vale la pena aguardar por ti.

Cuando llegamos a él, la toma de la cintura y la lleva hasta si para besarla. Me


siento incómoda, es decir, ¿a que vine? Esto es algo entre ellos.

—Permite presentarte a mi mejor amiga, Emily.

El sujeto por fin me observa y me sorprendo con lo que veo. Es uno de los 3
hombres que estuvo en la cena con mi familia.

—Él es Cedric Maloney.

El soldado de piel canela extiende la mano hacia mí y como esperaba, se asombra


al verme. Es obvio que me reconoce, sin embargo, intenta aparentar lo contrario.

—Un gusto, señorita...

—Emily Malhore —la estrecho desconfiada. —¿Nos hemos visto en algún lugar?
—cuestiono con intención de hacerlo hablar.

—No lo creo. —Se limita a decir.

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—¿Seguro? Su cara me resulta familiar.

—Muchos me han dicho que tengo un rostro común. Fácilmente puede estár
confundiéndome con alguien más.

—No, en verdad estoy segura que lo he visto. —Presiono.

—Seguramente lo has visto por ahí. Es un sargento, así que es muy probable que
lo hayas visto en algún anuncio real. —Se apresura a decir Rose, totalmente
ajena a la situación.

—Seguramente.

Sin embargo, estoy convencida que es el mismo Cedric de la cena. Podría jurar
mi vida a ello.

—Emily, que tal si nos esperas en Milicius mientras él y yo hablamos un rato. —


Me propone, dejándome desconcertada.

—Dijiste que no ibas a dejarme sola. Además, ¿qué es eso, alguna taberna?

—Exactamente y no está lejos de aquí. Solo sigues derecho y encontrarás el


letrero. Solo será un momento y es mejor que estés dentro del bar que afuera.

—Pide lo que quieras y diles que lo carguen a mi cuenta. —Invita el hombre.


—Solo di mi nombre y ellos te servirán.

No me muevo. No quiero dejar a Rose con el teniente. No conozco sus


intenciones y podría causarle daño, raptarla o cosas peores.

—Estáré bien, Emily. —habla ella, como si leyera mis pensamientos. —Ve a
Milicius y espérame allí.

—¿Estás segura? —Insisto una vez más.


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—No es la primera vez que me encuentro con él y no me ha pasado nada — dice,
abrazándose a su cintura. —Así que anda que no está bien visto que una señorita
este mostrando afecto con un hombre en público, necesitamos un lugar más
privado.

—Bien. —acepto finalmente, caminando en busca del sitio indicado.

Salgo de la rotonda y camino unos metros hasta encontrar un lugar de fachada


rocosa de la cual cuelga un letrero hecho de cobre que dice Milicius. Hay 2
grandes puertas de madera que me reciben y dudándolo un poco me adentro, para
encontrar una taberna con gigantescos barriles de cervezas, música movida y
estruendosa, mesas repletas de personas bebiendo, techos altos que sostienen
candeleros, gente bailando y una barra con hombres sirviendo tragos.

Camino en medio del tumulto, algunos me observan y supongo que es debido a la


curiosidad de no haberme visto nunca por aquí.
Mientras avanzo noto que la mayoría de clientes son hombres y solo distingo
algunas mujeres sentadas en las piernas de estos sujetos, riendo y tomando
licor.

Busco una mesa desocupada, lo cual se me hace imposible, así que voy a la barra
a pedir un poco de agua para calmar el nerviosismo que en este momento me
corroe al estár rodeada de tantas personas.

—¿Eres mayor de edad? —Me pregunta un hombre robusto, de poco cabello,


barba sudoroso e intimidante cuando me siento. —Si no lo eres, es mejor que te
marches porque no quiero que la guardia civil me cierre el bar por servirle
alcohol a una menor.

—Soy mayor. Tengo 18.

—Demasiado preciso y sospechoso. Dime tu fecha de nacimiento.


40
—10 de Septiembre de la era 7—Estádo temporal 3, año 4.

El sujeto comienza a contar, ayudándose de las manos desde la fecha que doy
hasta el tiempo en que nos encontramos, para verificar mi declaración.

—Si, concuerda. ¿Qué vas a pedir?

—Agua.

—Niña, aquí no servimos agua. Pide cualquier licor. Cerveza, Whisky, Brandy.

—No quiero ninguna de esas cosas, señor. Solo agua.

—Entonces sal de aquí, porque no puedes quedarte sin consumir.

—Seguro querrá una deliciosa cerveza de raíz. —Un hombre alto, delgado, de
cabello café y nariz larga se sienta a mi lado. —Sírvele, yo invito.

—No, no quiero cerveza. Además, lo que consuma será cargado en la cuenta de


Cedric Maloney, no necesito que me invite nada.

—Así que eres amiga de Maloney. —dice con sorpresa —. Veo que ha mejorado
en gustos. Por cierto, me llamo Faustus.

—Un gusto, señor, pero prefiero estár sola.

Mi nerviosismo aumenta ante la atención. No quiero tenerlo cerca pero temo que
haga algo contra mí si lo rechazo.

—No tienes que fingir ser una puritana. —habla sin moverse. —¿Acaso esa es
una nueva técnica para cobrar más? —cuestiona y yo no entiendo a lo que se
refiere —. Me convenciste, lo pagaré porque se nota que eres nueva, no estárás
muy usada.

41
—Le he dicho que me deje en paz.

Me levanto para irme, pero él me toma del brazo y me lo impide.

—Así me gusta, que cooperes. Parece que las mujeres solo se mueven por
dinero y solo por ello te daré un Triten más.

Pasa a mi manos 4 monedas que inmediatamente le devuelvo indignada.

—No quiero su dinero. —Intento zafarme nuevamente pero me resulta imposible.

—No puedes marcharte, ya te pagué y ahora exijo que cumplas.

Parece que las personas a nuestro alrededor están demasiado ocupadas para darse
cuenta de lo que sucede en la escena. Están demasiado alcoholizados o
simplemente no les importa que pueda pasar.

—Creo que se ha confundido. Yo no necesito su dinero y tampoco estoy


ofreciendo ningún tipo de servicios, ahora suélteme o gritare.

—Hazlo, créeme que nadie intervendrá. Todos aquí buscamos lo mismo y nos
importan poco las mujeres como tú.

—Le exijo me respete.

—Cállate, mujer. Pague por ti ¿entiendes? Soy el hombre en este momento y


debes obedecer.

Me hala con fuerza, lastimando mi brazo mientras me lleva a la salida. Intento


agarrar el borde del barra para evitar ser arrastrada, sin embargo, mis dedos se
resbalan ante la humedad del licor derramado.

—Suéltala, asqueroso —una voz interviene y para mi sorpresa se trata de una


mujer —Ya te ha dicho que no quiere irse contigo.
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—No te metas en esto, Shelly. Ya tienes tus clientes, deja que ella consiga los
suyos.

—Pues tampoco te quiere a ti como su proveedor. —sentencia una mujer de


vestido rojo, caminando hacia nosotros. —Por tu bien es mejor que la dejes en
paz, porque nosotras podemos decidir con quién irnos y con quién no. Somos
mujeres, no tú maldita entretención de una noche, así que antes de tocar a una ten
presente que responderemos todas.

—A eso vienen aquí, a buscar hombres.

—Cállate la boca de una vez y guarda bien esa pequeña cosa tuya en tus
pantalones porque voy a cortártela si sigues cReyendo que puedes pasar por
encima de nosotras. Lárgate de aquí, deja a la joven en paz y no la ensucies con
tus mugrosas ínfulas de superioridad porque no estás por encima ni de la más
grande meretriz del mundo. No te atrevas a creer que puedes tratarnos como se
te da la gana por que nos dediquemos a esto. Valemos tanto como tú.

—Reserva tu discurso liberal para alguien a quien le interese. Este es el mundo


de los hombres.

—No vas a llevártela, Faustus. —Toma su brazo para evitar que siga
arrastrándome fuera.

—Ya deja a esas mujeres y toma asiento, voy a invitarte un trago —irrumpe el
sujeto que atiende la barra —. No te desgastes con la asociación de meretrices.

—Bien, pero donde te vea —me señala —. Haré que me pagues esto.

Un escalofrío me recorre al escucharlo. El escaparme de casa fue una de las peores


decisiones que tome está noche.

43
—Vete de aquí —se dirige a mí la dama de vestido rojo con el enojo latente en su
mirada —. Tienes buena ropa, se nota que eres de buena familia y que no te
dedicas a esto y si lo estás intentando, es mejor que sepas cómo controlar estás
situaciones o si no van hacer de ti cosas peores y no siempre habrá alguien que te
cuide. Ve a casa y si buscas diversión haz una fiestá con los tuyos o asiste a un
baile porque aquí solo encontrarás hombres así. —Señala sin reparos a quien
llaman Faustus.

—Gracias. —Mi voz es baja, nerviosa. Intento abrazarla pero no me lo permite.

—No me gustan las lloronas, solo sal de aquí. Lamentablemente este mundo
pertenece a los hombres y nos costará años hasta que nos escuchen y tomen en
serio. —se da la vuelta y camina lejos de mí, sin dejar de hablar un segundo —.
Se nota que nunca te has enfrentado a cosas malas, estás en una burbuja, mejor
sigue allí porque el mundo exterior es una basura.

Camino hasta la salida después de escucharla atenta, intentando borrar de mi


cabeza los últimos minutos vividos, pero antes de poder alcanzar la puerta veo el
uniforme azul y vino ingresar en el bar.
Esto es lo último que me faltaba.

—¡Alto ahí! —la guardia real hace acto de presencia, adentrándose en el lugar —
. Llegó la ley.

Uno de ellos coloca su mano en mi hombro bloqueando mi salida y llevándome


hacía atrás.

—Nadie sale de aquí hasta que verifiquemos que pagaron los impuestos.

De inmediato se escucha una oleada de negaciones por el descontento que trae la


noticia y la interrupción a su noche de fiestá.
44
—Sí, sí —camina uno de ellos entre las mesas —. Si tienen dinero para estár
aquí es porque supongo ya cumplieron con lo que la ley estipula, así que
empiecen todos a sacar su identificación.

¡Por Dios, la identificación! No la traigo conmigo, no creí que la necesitaría. Se


supone que no iba pisar una taberna y mucho menos enfrentarme a estás
situaciones.

Los oficiales comienzan a recorrer el bar, buscando en la lista a los morosos y


tachando aquellos que efectivamente ya saldaron su deuda mientras yo me
quedo estática, ideando una estrategia para salir de aquí.

—Identificación, señorita —me exige uno de ellos, dejándome en blanco —. No


se lo voy a volver a repetir —alega cuando no la enseño.

—No la tengo aquí. —Es lo único que se me ocurre decir.

—¿Cómo que no? ¿por qué no la porta? — cuestiona autoritario — ¿Está


ocultando algo?

—La dejé en casa. —Intento defenderme pero es obvio que no me cree.

—Estos bares son frecuentados por militares y muchos Lacrontters aprovechan


eso para infiltrarse y sacarle información a soldados ebrios o convencerlos de
conspirar contra la monarquía.

—Yo soy Mishniana, oficial. Lo juro.

—No jures vano, niña. Si lo fueses tuvieras una identificación.

—La tengo en casa, lo digo en serio. Puedo ir a buscarla y enseñarla.

—¿Crees que te vamos a dejar ir tan fácil? Puedes fugarte y en verdad estoy
cReyendo que eres infiltrada. Nadie viene a un bar sin identificación

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—comienza a dar golpes con su bolígrafo en el papel que tiene en la mano
—No obstante y para que veas cuán benevolente soy, te daré el beneficio de la
duda. Dame la dirección del lugar en donde vives y enviaré un oficial a buscarla.

¡Vida mía, no puedo hacer eso! Sí van a casa les abrirá alguno de mis padres y
descubrirán que me he escapado. Es imposible que me exponga de esa manera.

—No, vivo sola. —Invento nerviosa, cosa que hace que el oficial me observe con
desconfianza.

—La máxima edad que puedo colocarte son 20 años y no creo que tengas la
estábilidad económica para ser independiente. Con esa declaración sólo haces
que mis sospechas se incrementen. —me señala con la pluma en su mano —. No
quieres decirme tu residencia porque no tienes y eso se debe a que no perteneces
a este reino. Eres Lacrontter, así que camina porque estás detenida bajo el cargo
de espionaje.

—¡¿Qué?! —suelto anonada —. No puede encarcelarme basándose solo en su


intuición.

Mi corazón bombea rápido y un vacío en mi estómago se implanta ante la idea


de estár en un calabozo.

El hombre me arrastra fuera y en pocos minutos comienzan a sacar más


personas, por lo que rápidamente me encuentro rodeada de aquellos Mishnianos
que no cumplieron con el pago de sus impuestos, y el miedo aumenta cuando
veo un carruaje para transportar prisioneros en la acera.

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—Suban todos —informa un soldado —. Espero ya le hayan pedido alguien que
le avise a sus familiares para que vayan a saldar su deuda o se quedarán semanas
tras las rejas.

—Yo ya pagué mis impuestos, no debo ir a la cárcel. —Levantó mi voz en


protestá

—Eres espía, ese es un cargo mucho mayor —alega mientras me obliga a


sentarme en una de las bancas de madera que hay dentro del transporte
—. De comprobarse mi hipótesis pasarás mucho tiempo en prisión.

—¿Cuánto? —Cuestionó asustada.

—Toda la vida o aún peor, serás ejecutada.

—¡No, espere! —lo detengo cuando intenta cerrar la puerta —. Por favor vaya mi
casa y pídale a mi padre que le dé mi identificación. Le juro que soy Mishniana.

—¿Acaso no dijiste que vivías sola? —Alega, levantando una ceja —. Ahora
súmale otro cargo a tu condena por mentirle a un oficial.

—Por favor, señor, se lo suplico. Mándeme a casa con alguien y verá... —


Cierra la puerta en mi rostro, haciéndome temblar ante el fuerte impacto y
callando cualquier posible defensa ante el atropello.

En solo segundos somos transportados a la central de la guardia civil y llevados a


una sala redonda, compuestá por un grupo se celdas que rodean una barra
circular dispuestá en el centro, en la cual se mueven todos los oficiales de turno
que hacen nuestro papeleo.

Mi corazón parece haberse transportado hasta mi garganta mientras me encierran


en una de ellas, sin embargo, agradezco el hecho que me hayan colocado sola.

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Estoy completamente desesperada, pero aún así intento ampararme en la
serenidad para buscar una solución que me ayude a salir de está situación.

—Oficial —me dirijo uno de ellos nuevamente —. Tengo derecho avisarle a


alguien que estoy aquí.

—¿A quién? ¿A tu jefe en Lacrontte? —inquiere con burla —. En Mishnock los


espías no tienen derecho a nada.

—Esto es injusto, no soy Lacrontter ¿cuántas veces lo tengo que repetir? —


refuto temerosa —. Si quiere puedo cantar la marcha del Rey.

—¿Por qué mejor no canta la sonata de guerra? —Réplica altivo, lo que supongo
se trata del himno a Lacrontte.

En ese momento me doy cuenta que nada de lo que diga lo va a convencer de


dejarme salir. Estoy aquí metida por una tonta identificación y sólo espero que
Rose esté teniendo una buena cita para que así se compense todo este lío.

••••

Las horas pasan y sigo encerrada, me toca ver detrás de los barrotes como
familiares de los otros prisioneros vienen por ellos, mientras yo continuo aquí, al
borde de la demencia, con frío y zozobra. No es justo el trato que me están
dando.

Tiempo después, un guardia se acerca a mi celda y tras colocar la llave en la


cerradura, se adentra en ella con hoja y lápiz en mano.

—Voy a hacerte unas preguntas y espero contestes con la verdad.

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Yo asiento, totalmente desconcertada pero dispuestá a mediar, guardando
silencio mientras él se sienta en el otro extremo mirándome de forma
intimidante.

—¿Quién es tu jefe en Lacrontte? —es lo primero que dice, enfureciéndome aún


más —¿Desde cuando estás pasando información entre los reinos?

—Ya le he dicho, señor, que no soy una espía. Es una falta de respeto que me
tengan aquí encerrada sin ningún tipo de pruebas y solo porque no tenía
identificación.

—Querías huir de la taberna cuando nos viste llegar, ese es un comportamiento


sospechoso.

—No pretendía huir, me estába yendo. —alego frustrada —. Por cierto, deberían
capturar a ese hombre Faustus que intentó propasarse conmigo. Él debería estár
aquí y no yo.

—¿Tienes pruebas de que intentó tocarte? Si no las tienes, no hay nada que hacer

—Todo un bar fue testigo —me defiendo —. Además, es lo mismo que yo


discrepo ¿por qué estoy aquí si ustedes no tienen pruebas?

—Para eso hago este interrogatorio. Así que es mejor que cooperes y eso podría
ayudar a que no te ejecuten si no que solo cumplas ciertos años en prisión o si
tienes mucha suerte, seas devuelta a Lacrontte para que sigas besándole los pies
al Rey Magnus.

—¡No tengo ningún vínculo con el Rey Magnus! ¡No lo he visto nunca en mi
vida y tampoco quiero hacerlo dentro de mil años!

—Mentir no te ayudará en nada, niña.

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—No lo hago. Soy Emily Malhore, búsqueme en los registros. Soy hija de los
perfumistas Malhore —la exasperación es clara en mi voz —. Tengo derechos,
por favor envíen a alguien a casa por mi padre y él resolverá este asunto.

—No creo que una Malhore frecuente ese tipo de lugares. Le venden a los
grandes señores de Mishnock y a los Reyes. Tienen una reputación que
mantener, así que le agregaré otro cargo por intento de usurpación de identidad.

—¡Esto debe ser una broma! ¿Cómo voy a usurpar mi propia identidad? — refutó
indignada, pero de repente mi mente se ilumina —. Conozco a Cedric Maloney,
él es un soldado de la guardia azul y sabe quien soy, estuvo cenando en mi casa
está noche.

—No conozco a ningún Maloney. Está es la guardia civil, señorita.

—Buenas noches. —Una voz se escucha al otro lado de las rejas y el oficial se
levanta de inmediato al sentirla.

—Esto no ha acabado aquí —me advierte mientras se levanta —. Cuando se vaya


el príncipe Stefan seguiré con el interrogatorio.

¿El príncipe? ¡Por todas las flores del mundo! Él me vio está tarde en la
recaudación de impuestos. Es imposible que me recuerde pero al menos hará
algo para ayudarme a salir, tal como intercedió por nuestro vecino, el señor
Kingsley.

Cuando el guardia abandona la celda y me encierra nuevamente, me acerco a los


barrotes para buscar la figura del heredero.
Después de buscar unos segundos, lo encuentro hablando con los oficiales en la
misma vestimenta de hace unas horas. Alto, delgado y con postura incorregible.
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—¡Alteza! —Le llamo, al borde de un colapso.

Él dirige su atención hacia mí, sus ojos azules me encuentran y su cabello oscuro
cae en su rostro ante el movimiento de su cuello.

—Alteza, quisiera mostrar mi inconformismo ante el trato que me han dado y las
acusaciones que han lanzado en mi contra porque yo no soy...

—Cállate, prisionera —interrumpe el guardia —. Eres espía, así que no tienes


derecho a dirigirle la palabra al príncipe.

—Puedo defenderme y apelar.

—Estárás ejecutada al amanecer si no guardas silencio de una vez.

—Déjala hablar —sentencia él, caminando hacia mí —. Veo que se le acusa de


espionaje ¿es eso cierto?

—No, claro que no —me defiendo —. Me trajeron aquí porque estába en una
taberna sin identificación y solo por eso dedujeron tal barbaridad.

—¿En una taberna? —Cuestiona extrañado.

—Si, es una historia larga pero el asunto es que nunca traicionaría a mi


nación. Sé que los Lacrontte son malos y yo jamás trabajaría para ellos.

—No tiene ningún dato en Mishnock e intentó hacerse pasar por alguien más. —
Contraataca el guardia.

—Eso tampoco es cierto. Quizás no me recuerde pero yo estuve en la plaza con


mi padre, pagando los impuestos, usted nos ayudó cuando querían tomar a papá
como prisionero por...

—Suéltenla. —Ahora es el príncipe quien me interrumpe.

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—Alteza, es una espía. —Insiste el sujeto.

—Creo que he sido claro, suéltenla. Así no se trata a una señorita.

—No pretendo faltarle el respeto, pero estába en un bar con las meretrices.

—Denme la llave. —Habla serio, extendiendo su mano para que el hombre se la


entregue.

Cuando la toma, la acerca al cerrojo y comienza a abrir la celda. Mi corazón


bombea fuerte al saber que saldré ilesa de está injusticia.

—Se lo agradezco mucho, Alteza —me reverencio una vez estoy fuera —. En
verdad no olvidaré esto. Prometo que le enviaré un obsequio de agradecimiento.
— Comienzo a balbucear cosas sin sentido de manera frenética, mientras él
escucha atento mis tonterías.

—No hace falta. —Agrega finalmente.

—Está bien, pero nuevamente muchas gracias.

Le ofrezco una reverencia final y corro fuera del lugar en un intento por querer
borrar las últimas horas de mi cabeza.
Cuando mi cuerpo se arropa con el frío del exterior y mis pies tocan el asfalto,
miro hacia ambos lados para orientarme y totalmente ignorante de la hora en que
me encuentro, comienzo a caminar rumbo a casa, siendo detenida por una voz a
pocos metros.

—Señorita —llaman a mi espalda —¿A dónde cree que va? —Se trata del
príncipe.

—A casa. —Paso las manos por mis brazos, abatida por la helada brisa.

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—Permítame llevarla. Es peligroso que una joven recorra las calles sola a la
media noche.

¡Por Dios! Si mi padre supiese que estoy fuera hasta tan tarde, me volaría la
cabeza.

—No hace falta. —La vergüenza me carcome a pesar de saber que tiene razón.

—Es mi deber insistirle.

Camina hacia un carruaje color plomo de ruedas grandes y acabados opulentos, el


cual lo espera en la salida de la central.
Abre la puerta y con un gesto me invita a adentrarme.

Quiero rechazarlo pero el frío y el peligro parecen quitarme la modestia y con el


carmín en mi rostro voy hacia él y subo al transporte.

El interior de la carroza es despampanante cada detalle que la decora y la


tapicería que la viste reflejan lujo, sin embargo, intento no mostrarme
anonadada y guardar la compostura.

—Pecare por curioso y acepto el señalamiento pero me intriga saber cómo una
señorita que vi de defendiendo a su padre en la plaza terminó en prisión. —
Rompe el silencio una vez se sienta frente a mí.

Me resulta hilarante que recuerde ese suceso aunque supongo que su buena
memoria fue lo que me ayudó a salir de prisión.

Dudo un segundo en hablar, pero supongo que cualquier cosa que diga no será
peor después de todo lo que ha pasado.

—Estába ayudando a alguien para que pudiese reunirse con su alma gemela.

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—¿Y esa persona la abandonó en ese bar? —Cuestiona cuando el transporte
comienza a moverse.

—No creo que me haya desamparado. Yo acababa de entrar a ese lugar, así que
no le di tiempo de regresar por mi.

—Así que mientras usted luchaba tras las rejas, su amiga estába rodeada en los
brazos de un joven.

—¿Cómo sabe que es una mujer?

—Bueno, no creo que un hombre le pida ayuda a una dama para reunirse con
alguien más.

—Ese comentario alguien puede tildarlo injusto y rayar en lo machista.

—¿Alguien o usted? —contraataca —. Espero no me juzgue con tanta facilidad.


Solo hablo por experiencia

—No lo hago. Mi juicio no es tan frágil como para quebrarse ante esa
declaración.

—Me alegra saberlo. No me gusta tener que disculparme por dar una opinión.

—¿Siempre es así de seguro?

—Solo si la ocasión lo amerita. Además, se me exige tener que convencer a los


demás que lo que digo es cierto.

—¿Aún cuando no lo sea?

—Especialmente si no lo es —replica perspicaz —. Por cierto, creo que el


cochero no sabe a donde vamos.

—Calle Lewintong — Casa 721.

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Le da las indicaciones al paje para que este a su vez se las haga llegar a la
persona al mando de nuestro viaje.

—Es decir, que se atribuye a usted mismo el título de mentiroso.

—No, pero debo brindarle sensación de confianza a los demás. Es mi deber —


explica con naturalidad —. El deber de cualquier líder del mundo.

La actitud serena e inescrutable del príncipe me resulta inquietante pero al


mismo tiempo fascinante y la elocuencia con la que se expresa evidencia que no
deja nada al azar.

••••

El paje abre la puerta cuando llegamos a casa y con velocidad bajo y toco el
asfalto. En este momento siento mucha impaciencia, pues solo deseo que se
marche para poder buscar a solas una manera de escalar y entrar a mi
habitación sin que él note la travesía, no obstante, toda esperanza se diluye
cuando el príncipe baja después de mí.

No dice una palabra mientras pasa a mi lado y avanza hasta la casa, hecho que
hace que me apresura a alcanzarlo para así evitar que toque la puerta.

—Por favor no llame. —Le ruego en un susurro cuando noto su intención.

—¿Por qué no? —Cuestiona en un tono alto.

—Alteza, no hable tan fuerte —observo a cada lado, pendiente que nadie nos
descubra —. Me he escapado de casa, mis padres no saben que estoy fuera. —
Revelo finalmente con la vergüenza haciendo mella en mi interior.

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Levanta sus cejas con sorpresa ante mi declaración y en este instante quisiera
hacerme pequeña y desaparecer.

—Eso explica muchas cosas —su expresión cambia radicalmente y ahora


demuestra curiosidad e intriga. —¿Y cómo piensas entrar a casa? ¿Tiene alguna
llave de repuesto?

—Escalando. —La pena me corre mientras señalo la pared.

—Quisiera ver eso, porque no creo que pueda hacerlo sola.

—Se supone que mi amiga me ayudaría con eso.

—Eso quiere decir que ahora yo tomaré el papel.

—No es necesario, Alteza, puedo hacerlo sola. Créame, soy muy buena
montando cosas. —Repito lo que Rose me dijo hace unas horas.

Sus ojos se abren al escucharme y de inmediato capto la manera en que ha


entendido mi mensaje.

—Me refiero a escalar. —Corrijo de inmediato.

—No la he acusado de nada.

—En su mente si.

—Fue inapropiado, me disculpo. Sin embargo, creo que es mi deber ayudarla a


montar esa pared. —Me devuelve el chiste.

—Ya ha hecho mucho por mí está noche. Con liberarme fue suficiente, creo que
ya debe descansar.

—Créame, señorita que me espera una larga noche. Si he ido a la central no ha


sido por casualidad, tengo asuntos pendientes de los que encargarme y usted se
convirtió en uno de ellos.

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—Con mayor razón no quiero quitarle más tiempo, es mejor que vuelva a su
oficio.

—¡Mily! —un grito de mujer se escucha a la distancia —¡Por Dios, Mily!


¿Estás bien?

La persona se acerca con velocidad y mi corazón se detiene al pensar que se trata


de mi madre, quien ha descubierto mi huida.

—Creí que no iba a encontrarte —corre hasta posicionarse a mi lado y respiro


tranquila cuando descubro que se trata de Rose —. Fui por ti a la taberna y me
dijeron que te habían llevado presa, casi me muero. Lo juro. ¿Acaso mataste a
alguien?

—Claro que no, todo fue una confusión.

—Eso espero, porque me enojaría si llegases a matar a alguien sin mí.

Jadea a mi lado, apoyando sus manos en las piernas para inclinarse y tomar un
poco de aire. Poco tiempo después, dirige su mirada al frente para tarde notar
quien está conmigo.

—¡Alteza! —jadea absorta. Baja hasta el suelo en una reverencia exagerada que
me deja sin palabras —. No lo había visto.

—Pude notarlo. —Se limita a decir éste.

—Permítame decirle que lo amo, siempre lo veo en el periódico o en la plaza


cuando hay anuncios. Nunca me los pierdo.

—Es necesario mantenerse informado. —Dice descolocado ante la fanática


actitud de mi amiga.

—Exactamente. Honor y gratitud. —Recita el lema del reino.

—Veo que es muy patriótica.


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—Tanto así que soy novia de un militar. Azul y vino, siempre.

—Felicidades —aquella declaración, contiene una visible incomodidad suya ante


la escena —. Supongo es usted la persona que ayudara a la joven a subir el muro.

—Por supuesto, soy muy buena escaladora.

—Entonces quisiera verlas entrar. No pienso marcharme hasta que estén dentro.

—Que caballeroso —se adelanta a decir —No entiendo porque aún está soltero,
digo, es que lo vi en la lista de hombres libres de Mishnock.

—Nunca crea todo lo que lee, quizás tenga una novia en secreto... o dos.

Aquel comentario me hace reír, sin embargo, intento mantenerme pétrea y


prudente, algo que a Rose le está costando.

Tomo del brazo a mi amiga y la llevo conmigo hasta el muro para subir de una
vez y acabar con este vergonzante encuentro. Ella de inmediato entiende mi
indirecta y me ayuda a escalar.

—Veo que tenía razón —habla el príncipe una vez estoy en la cúspide de la pared
—. Es muy buena montando cosas.

—Odio montar a caballo. —suelto de repente y sin ningún sentido. ¿Por qué dije
esa tontería?

Él me observa con extrañeza, haciendo brillar sus ojos azules con la luz de las
lámparas que iluminan nuestro alrededor.
Su cabello oscuro resalta y su piel pálida lo hace aún más llamativo, cosa que
verdaderamente distrae mis pensamientos.

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—Claro. —Replica desconcertado y con una sonrisa pequeña, propia de una
persona que sabe que está haciendo estragos en otra.

—Alteza —irrumpe Rose desde abajo — Usted dijo que tenía 3 novias ¿no le
gustaría tener una tercera? Porque mi am... —pateo su hombro con discreción
para evitar que diga algo indebido, haciéndola quejar por lo bajo —. Olvídelo.

—Bueno, ahora que están a salvo —se mueve, dando pasos hacia atrás. Es obvio
que la actitud de Rose lo ha descolocado —. Es momento que me retire.

—Si nos visita otro día, le podemos ofrecer un té pero ahora no estámos en
condiciones. —Se disculpa Alfort con una sonrisa.

—No hace falta. Espero estén bien, señoritas. —Inclina la cabeza a manera de
despedida y camina de vuelta al carruaje sin mirar atrás un solo segundo.

Sube a su transporte y marcha lejos. Sé que debo irse con la imagen de 2


desadaptadas que se escapan de casa a media noche y no lo culpo, porque eso
somos.

—¿Viste eso? Ya somos amigas de su Alteza. —Habla Rose, sacándome de mis


pensamientos.

—No creo que él piense eso.

—Seguro si, además, no te hagas la santa; Mientras yo estába con Cedric, tú no


perdías el tiempo al lado del príncipe. ¿Se besaron?

—¡Claro que no! —Refuto ante sus desvaríos —. Solo me salvó de prisión.

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—Bueno, pues ya yo tengo novio, así que la única que falta por un hombre eres
tú y al parecer el príncipe ya tiene 2 novias secretas. Ahí no hay posibilidad.
No hago caso a lo que comenta pues solo queda en mi mente su primera
declaración. Es novia de Cedric Maloney y aunque quisiera alegrarme, no puedo
estárlo. Ese joven no me genera confianza y tengo razones para sentirme así.
Primero llega a casa con inversionistas de Lacrontte, luego finge no conocerme
aún cuando nos acabamos de ver hace minutos y finalmente, ese hombre en el
bar se puso muy extraño desde el momento en que mencioné que venía de parte
de Maloney.
No sé que se trae ese sargento en sus manos, pero de entrada sé que no puedo
fiarme de alguien que solo acepta verse con la chica en quien está interesado, tan
tarde en la noche y en un lugar donde nadie los vea.
}

60
Capítulo 4.
El festival de la ciudad comienza hoy. La perfumería ha estádo repleta, mientras
Liz y yo ayudamos a nuestros padres en las ventas.

Las calles se han llenado de luces y extravagancias típicas de la festividad, todos


se arreglan para disfrutar de está fiestá cultural y mi amiga Rose no es la
excepción.

Después de lo de anoche me he auto castigado y tomé la decisión de no asistir a


la festividad.
Aún me parece increíble que nadie haya notado mi aventura y agradezco el hecho
de que fuese así, pues en este momento estáría en mi funeral.

En el transcurrir de la tarde, atraviesa las puertas de cristal de la perfumería mi


amiga Rose con un vestido púrpura que llega hasta sus talones, cubierto con flores
lilas que le adornan la cadera, haciendo juego con el atuendo.
Una coleta alta recoge su cabello, dejando algunos mechones sueltos, los cuales
le otorgan ese toque fresco y juvenil a su melena caoba, que combina a la
perfección con su piel bronce.

Emocionada avanza, esquivando a toda la clientela y una vez llega al mostrador


sonríe enseñando su blanca dentadura.

- ¡Hola, Mily! — Saluda agitando su mano.

- ¡Hola, Rose! — Respondo, regalándole una sonrisa.

- ¿Acaso no estás lista para ir al festival?

Señalo todo el lugar atestádo de personas, como respuestá obvia a su pregunta.

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- Como ves, hoy es un día ocupado para mí.

—Emily necesitamos ir, hay un desfile de soldados en el que obviamente estárá


Cedric —se queja —. Y yo como su novia necesito estár ahí para apoyarlo.

—Está vez no puedo, Rose, mis padres me necesitan. —explico mientras empaco
perfumes a una velocidad abismal —. Conoces nuestra situación, así que
debemos aprovechar el día para vender todo lo que podamos.

—Solo será un momento pequeño —insiste, dispuestá a no perder —. Le pediré a


Cedric la placa de platino de su uniforme y la venderemos en el mercado negro.
Seguro nos darán mucho por eso, él dirá que perdió la suya y en la central le
darán una nueva. Todos habremos ganado.

—¿Te estás escuchando? —replico desconcertada —. Claro que no vamos a


hacer eso. Yo pienso ganarme el dinero con trabajo.

—No seas aburrida. El festival es una vez al año.

Con el rabillo del ojo veo a mi padre acercarse a nosotras y dando un vítor
interrumpe la conversación.

—¡Que alegría! Rose vino a ayudarnos.

—Claro que no, señor Malhore. —replica ella —. Vine a sacar a su hija de aquí.

—Lo siento pero necesito a Emily toda la tarde.

—Usted siempre ha sido un padre maravilloso —comienza a adularlo —. Sabe


que ella debe aprovechar su juventud en un espacio recreativo como el festival
del reino. Además, yo le pagaré sus horas de trabajo.

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—¿Y cómo piensas hacer eso?

—Tengo mis métodos, señor Malhore. Soy una mujer de negocios y si me da está
tarde, llegaré a su casa con mucho dinero después de vender unas placas que con
esfuerzo conseguiré.

—No te metas en líos, Rose Alfort —pide al conocerla —. Si van a salir deben
evitar los problemas.

—¿Eso quiere decir que podemos marcharnos?

—Regresen temprano a casa —advierte señalándome —. Confío en ti, Emily. Y


lleven a Liz con ustedes para ver si así conoce a alguien y desiste de la idea tonta
de casarse.

Mi hermana al escuchar su nombre deja de trabajar inmediatamente y toma mi


mano arrastrándome hasta el exterior del local sin decir una palabra, lo que en su
mundo significa "no discutas y sígueme la corriente". Rose avanza tras nosotras
y juntas vamos a casa apresuradamente, hablando de lo emocionante que será el
festival este año.

En casa, Liz se viste con un vaporoso traje gris con toques rosas muy de su estilo.
A sus 22 años ya es toda una hermosa señorita, a la cual admiro mucho por ser
valiente y elegante.
A veces quisiera tener algo de su personalidad, pues yo suelo ser más frágil; un
volcán de emociones siempre a punto de hacer erupción e incluso, algo
nefelibata.

- Voy en busca de Edmund. — Avisa, luego de arreglarse.

Me apresuro a buscar mi vestido azul cielo sin mangas, de talle ajustado y falda
amplia que llega hasta mis tobillos, con una discreta corredera

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color plata que se extiende sobre mi espalda. Mamá dice que siempre luzco bien
en ese atuendo.

Suelto mi cabello, desordenándolo para darle volumen a este manojo de enredos


color castaño oscuro, que acentúa bien mis ojos café y que hace contraste con mi
caucásica piel.

••••

Caminamos por las calles de Palkareth acompañados de Edmund Rutheford el


mejor amigo de mi hermana mayor.

Por un tiempo creí que él era apuesto con su cabello castaño hecho rulos y sus
ojos miel, su cuerpo delgado y piel caucásica; Algo que confirmé a medida que
fuimos creciendo, pero afortunadamente siempre lo vi como el mejor amigo de
Liz.

Sin embargo, quien no lo vio igual fue Rose, pues demostró cierto interés por él
hasta el momento en que notó que esos sentimientos jamás serían correspondidos
debido a que solo tenía ojos para la mayor de las Malhore.

- ¡Miren eso! — Habla Edmund señalando una pared de ladrillos rojos.

Nos acercamos al lugar indicado donde un cartel con las frases "Únete a
nosotros" y "Ejército de Mishnock" relucen como luz de luna en medio de la
tiniebla, haciendo brillar los ojos del joven Rutheford.

- Ya estás dentro de la milicia. — Repone Liz.

—Si, pero no como quisiera. Yo deseo estár en la acción y no en la cocina


sirviendo sopa y arroz.

- ¿Para qué? Allí estás bien. — Dice preocupada.

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- Como se nota que no conocen nada de la guerra. ¿Has visto el ejecito de
Magnus? Son como los jinetes del apocalipsis y nuestro ejercito se queda corto.
Quiero ser alguien importante.

- Ya lo eres. Si no ayudarás a alimentar a los soldados, ellos no podrían luchar.

- ¿No son suficientes allá? — Intervengo curiosa.

—Creo que nunca seremos suficientes para enfrentar a Lacrontte. —ice con algo
de tristeza —. Así como reclutan, se van. Perdemos hombres con mucha
facilidad.

- ¿Desertan? — Cuestiono confundida.

- Mueren, Emily. A manos de los Lacrontters.

- Odio a ese reino y toda su gente. — Repudia Liz, tomando la mano de su


amigo.

- Este festival. — Dice él señalando a nuestro alrededor. — Es una farsa. Solo


engañan al pueblo para que no piensen en lo pasa en la frontera.

- No puede ser tan terrible. — Interviene Rose. — Si fuese así alguien ya se


habría quejado.

- La regla número uno de las guerras es callar a los dolientes e ignorar a quienes
sufren. — Explica él. — Si conociesen la situación en la frontera verían que
nosotros vivimos en el paraíso.

Nadie comenta algo al respecto. El conflicto entre ambas naciones se ha


mantenido durante años pero nadie nunca ha explicado la razón. Incluso en mi
tutorías es un tema totalmente prohibido.

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Nos desplazamos a la plaza luego de que nadie fuese capaz de decir nada al
respecto y al llegar, encontramos el lugar aglomerado de personas que vienen y
van en diferentes direcciones e inmediatamente invaden mi olfato exquisitos
olores, prueba de la gran gastronomía de Mishnock, mientras mis odios se
deleitan con toda la música que ambienta la ciudad.

Caminamos calle arriba absortas con la visión que obtenemos a nuestro


alrededor, puestos de comida por doquier, banderines y luces intermitentes,
confeti, brillo y artistas callejeros, vendedores ambulantes ofreciendo ridículos
artefactos, dulces, flores, además de niños y familias riendo. Estámos
maravilladas pululando por todo el lugar.

Rose solo habla de lo mucho que quiere ver a Cedric y al príncipe, su supuesto
nuevo amigo. Está esperando con anhelo el desfile anual de los Reyes, quienes
pasean en su carruaje saludando a sus súbditos, mientras su joven hijo los sigue
montado a caballo, comandando el frente del ejército de la nación que algún día
gobernará.
Hoy, es una de las pocas veces que presencio este evento, pues soy una persona a
la que no le gustan los lugares atestádos de mucha gente.

Es costumbre llevar pañuelos azul cobalto o vino tinto que representan los
colores del reino y agitarlos mientras va desfilando la familia real y su comitiva,
así que Liz se adelanta a comprar los respectivos pañuelos, mientras nos
acomodamos en un lugar estratégico otorgado por Edmund y su puesto en el
ejército, desde donde obtenemos una magnífica vista para esperar el desfile.

A pocos metros se escuchan las trompetas, avisando que los Reyes se acercan.
Rose está completamente emocionada y aprieta fuerte mi mano haciéndome
quejar del dolor.

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Mi hermana regresa minutos después y nos entrega la tela distintiva a cada uno
de nosotros. Se posiciona al lado de su único amigo y me sorprendo al notar que
a pesar del ambiente festivo, ella permanece imperturbable y solo se limita a
observar sin reflejar algún sobresalto emocional.

—Si deseas algo solo tienes que pedírmelo —escucho a Edmund hablarle —.
Intentaré conseguirlo tan rápido como pueda.

—Gracias pero por ahora estoy bien. —Se limita a responder.

Es en verdad incómodo ser testigo de como él se esfuerza por demostrar interés y


mi hermana continua tan ajena a la situación. ¿Cómo puede no notarlo?

Los Reyes pasan frente a nosotros, saludando a todos protocolariamente con sus
coronas de oro y rubíes que brillan mientras el sol las golpea, haciéndolas
explotar en belleza.

Seguidamente aparece el príncipe detrás de sus padres, haciendo presencia en un


traje propio de su titulo, color blanco y pequeños toques de azul en los puños y
cuello, acompañado de una corona de plata con gemas lapislázuli, que se
posiciona perfectamente sobre su lacio cabello negro, en contraste a su piel
pálida y tersa. Todo en un juego de azules que termina en sus profundos ojos del
mismo color.

Estoy embelesada con su presencia. Luce tan maduro, su figura hace alarde de su
lugar en el reino, con su postura erguida propia de un caballero acapara todas las
miradas, prácticamente se ve como algo inalcanzable. Él es el sueño de toda
joven, incluyendo el mío.

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—Emily —Rose me trae devuelta a la realidad con un grito —. En verdad estoy
muy ilusionada con Cedric, siento que es el indicado. Ya quiero tener bebés a su
lado.

—¿Tanto así? —Cuestiono sorprendida.

—Tú no lo conoces como yo —chilla a mi oído en medio del estruendo que hay a
nuestro alrededor —. Es perfecto para mí, es todo lo que siempre desee
encontrar.

Todos los miembros del ejército llevan flores en sus manos y las obsequian a las
señoritas presentes.
Rose grita, agitando su pañuelo vino tinto en busca de Cedric Maloney, quien
está en la fila opuestá al lugar en el que nos encontramos. Ella quiere que él le
entregue la azucena, la cual es la flor nacional y cuya costumbre dice que es un
acto de cortejo el recibirla, sin embargo, su apuesto sargento totalmente
imposibilitado se limita a guiñarle un ojo desde la distancia, acto que parece ser
suficiente para mi amiga.

—¿Viste eso? —grita nuevamente sin dejar de mover su pañuelo —. Somos el


uno para el otro, Mily. Escribe lo que te digo porque es cierto.

El sobresalto de Rose no hizo que su hombre viniese por ella, pero si logró atraer
la atención de uno de los soldados que seguían al príncipe también a caballo.
El hombre se vuelve a vernos con sus destellantes ojos grises y su cabello café
claro. Se acerca a nosotras demostrando ser un experto jinete y vistiendo unas
ostentosas medallas que cubren su uniforme, demostrando que es más que un
simple soldado.

68
Sonriendo, le entrega a mi hermana la flor que lleva en su mano, quien
inexplicablemente comienza a contener una emoción antes inexistente en ella
mientras el joven le habla.

- ¿Señorita, me concedería el honor de aceptar está azucena? Liz

levanta su mano temblorosa y recibe la flor con cautela.

- El honor es mío. — Responde de manera pausada.

Nos hundimos en el encanto de aquella escena que no notamos cuando el


príncipe Stefan se acerca a nosotras. Salimos del hechizo en el momento en que
Rose grita impresionada "Su Alteza".

Me vuelvo rápidamente para verlo sobre su caballo, sonriendo con su dentadura


perfecta, erguido y galante. Observo en completo silencio como trae su mano
hacia mi y toma educadamente mi pañuelo.

—Parece que la vida quiere que nos encontremos. —Repone con extrañeza al
verme.

Abro los ojos con temor ante la presencia de mi hermana. Ella aún no sabe nada
sobre mi fuga de anoche y si me salvé de una reprimenda por parte de mi padre,
sé que no me escaparé del regaño que Liz me daría.

Intento señalársela con la mirada para que comprenda que no puede mencionar
nada de lo que sucedió anoche pues para toda mi familia, él y yo jamás hemos
compartido más que el oxígeno del reino.

—¿No le importará si me apropió de el, señorita? —Pregunta para cambiar el


tema una vez entiende mi comportamiento.

- No es ninguna molestia, su Alteza. — Respondo aún sorprendida por


tenerlo tan cerca.

69
- ¿Puedo conocer su nombre?

- Emily Malhore. — Murmuró hipnotizada por sus ojos azules.

- Señorita Malhore, un placer conocerla — Toma mi mano y posa un beso en


ella, para luego levantar su mirada hacia mí nuevamente — Sería tonto de mi
parte presentarme pero aún así usted lo merece. Soy Stefan Denavritz.

No sé qué decir en este momento, parece que todas las palabras se han escapado
de mi boca, dejándome en un profundo mutismo que lo único que me permite es
sonreír con torpeza.

—Es usted la joven de la plaza ¿no es así? — Pregunta ante mi silencio,


desviando la conversación a terreno seguro para seguir encubriendo mi fuga.

- Lo soy, Alteza. — Consigo decir, sintiendo los ojos de Rose sobre mi.

- Un desafortunado encuentro que espero remediar. — Dice con


caballerosidad, manteniendo su mirada furtiva.

Antes de poder responder me percato de la presencia de un guardia que se postra


a su lado haciendo una reverencia.

- Su Alteza, perdone la interrupción pero sus padres lo esperan para


continuar el desfile.

Dirijo la mirada a la plaza y me sorprendo al ver a todos los asistentes


disfrutando la atención que tiene el joven heredero hacia una chica de vestido
azul, algunas señoritas me miran curvando sus labios en una sonrisa, enamoradas
por el gesto del futuro gobernante para conmigo.

70
Los Reyes han detenido su carruaje, observando el espectáculo que ha dejado
la plaza entera en silencio.

Miro al príncipe de nuevo quien aún sonríe juguetonamente, se despide con una
sutil reverencia que devuelvo inmediatamente consternada por el suceso.

- Encantado, Señorita Malhore. — Agrega por última vez a la


conversación.

Se aleja cabalgando acompañado del soldado que obsequió la flor a mi


hermana y una vez que los dos caballeros están fuera de escena, Rose me gira
hacia ella, con ojos brillantes.

- ¿Qué fue eso, Mily?

- No tengo idea— Respondo anonadada.

—¿Se conocieron en la plaza? —cuestiona, cruzando los brazos sobre su pecho


—. Pensé que había sido en... —se queda en silencio al darse cuenta del error
que cometerá si continua hablando.

- No creo que se le pueda llamar de tal forma. Solo tomamos un esbozo de


nuestras figuras.

- Aún así, si fuera tú no dejaría que nadie más tocara mi mano.

- No seas exagerada, Rose Alfort.

—El joven se llama Daniel Peterson y es un coronel. —Agrega Liz, uniéndose a


la conversación.

Por un instante me había olvidado de ella, la miro mientras sonríe al hablar del
guapo chico de ojos grises y siento como el nerviosismo me golpea ante el
recuerdo del príncipe.

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Detrás de mí hermana encuentro esos ojos miel que miran con algo de tristeza a
Liz. El afligido Edmund.
Es evidente lo que siente por ella y también es evidente lo embelesada que está la
mayor de las jóvenes Malhore a causa del coronel.

Sus ojos me encuentran de repente para sonreírme con fragilidad, bajando la


cabeza hacia sus pies en un claro ejemplo de decepción.

- Voy a la base. — Dice luego de unos segundos. — Quizás necesiten


ayuda con el reclutamiento.

- ¿No quieres seguir el recorrido con nosotras? — Cuestiona Liz,


extrañada.

- No. Hay quienes si queremos ayudar a la nación y no solo distraer al pueblo


con un desfile sin gracia.

Sus amargas palabras quedan en el aire mientras su figura se pierde entre la


multitud sin ni siquiera despedirse.

- ¿Por qué se comporta así? — Pregunta mi hermana, ajena a la situación o


simplemente demasiado ciega.

- Los hombres son difíciles de entender. — Asevero, aún cuando mi historial de


sortear con el carácter de un hombre, inicia y termina con mi padre.

72
Capítulo 5.
Han pasado tres días desde ese sorprendente momento en el festival, y aunque
todo ha vuelto a la normalidad, para nosotras algo cambió.
Es quizás algo distinto que solo mi hermana y yo percibimos, de tamaño pequeño
y tonto. Sin embargo, Liz está deseosa por volver a ver aquel hombre que ha
robado toda su atención.

Mi hermana piensa en el apuesto coronel día y noche; incluso aún conserva la


flor que le obsequió y que está en proceso a marchitarse. Sus mejillas
sonrosadas y su actitud alegre la acompañan todo el tiempo.

Sé que resultará difícil volver a cruzarnos con su apuesto caballero, no tenemos


ningún lugar donde buscarlo y no podemos ir hasta la armada real, sin ningún
motivo importante a preguntar por uno de sus oficiales, ni siquiera de la puerta
nos dejarían pasar.

Por otra parte mi familia no es meritoria de ningún título, así que no somos
reconocidos por ninguna casa noble. Los Malhore somos distinguidos como la
familia del perfume, nada más que eso; lo que también dificultaría una búsqueda
por parte del coronel hacia mi hermana.

Liz tendrá que rehusarse a la idea de que no lo volverá a ver y yo resignarme a


que aquella aparición del príncipe fue un mágico suceso sin trascendencia.
Es un hecho imposible o tal vez, no.

••••

73
Por la mañana nos encontramos tres de las mujeres Malhore en el negocio
familiar, nuestra paz se ve interrumpida cuando un soldado alto, rubio y delgado,
vestido con el uniforme de la armada color vino y dorado, cruza las puertas de la
perfumería.

El soldado se acerca directamente a la vitrina de muestras donde se encuentra mi


madre arreglando algunos estántes.

- ¿La familia Malhore es la propietaria de este lugar? — La voz grave del


hombre llama su atención.

- Está en lo correcto, somos nosotros. Responde mi madre,


señalándonos.

- ¿Se encuentra la señorita Liz Malhore?

- Soy yo. — Responde mi hermana apresuradamente ante la mención de su


nombre.

De inmediato se dirige hacia el caballero, sin salir de la protección de las vitrinas


del lugar, con clara confusión en el rostro.

- Permítame un instante. — Musita el joven haciendo una reverencia.

El soldado sale apresuradamente de la perfumería mirando hacia ambos lados,


dando la impresión de que busca algo con urgencia.

Comienza a caminar desapareciendo del alcance de nuestra vista y al cabo de


unos minutos, vuelve a entrar acompañado de otro joven un poco más bajo y
fornido, vestido en un uniforme impecable, lleno de medallas.
El nuevo sujeto mira en dirección a mi hermana, siendo imposible no reconocer
sus brillantes ojos grises.

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- ¡Coronel, Peterson! — Espeta Liz con nerviosismo.

- Señorita, Liz Malhore. Ustedes son difíciles de encontrar. — Responde


sonriendo ampliamente.

Se observan el uno al otro con detenimiento, mientras en la perfumería se pasea


un silencio incómodo.
Luego de algunos instantes el coronel recorre con la mirada cada rincón del lugar
hasta dar con mi posición.

- La otra joven Malhore. — Dice con elegancia.

- Hola — Susurro torpemente.

- El príncipe estárá complacido de saber que la he encontrado.

Sonrío, yo solo logro sonreír. Mi garganta se seca en el acto, se hizo un nudo en


ella, mi corazón late como una caballo furioso galopando ante la mención del
príncipe.

¿Acaso él piensa en mi tanto como para querer encontrarme? No. Aquí la


pregunta correcta es... ¿El príncipe se acuerda de mí?
Estába ansiosa por saber la respuestás a tales preguntas pero no pretendía pasar
por tonta; entonces de mi boca salió algo aún peor.

- ¿Cuál príncipe?

- ¡Vaya! entonces conoces muchos príncipes— Brama el coronel entre risas, que
se convierten poco a poco en carcajadas ahogadas — Creo que Stefan ya no
estárá tan feliz al saber que no lo recuerdas.

- Si, claro que lo recuerdo. — Digo a la defensiva.

- Pero puedo notar que no tanto como él a usted.

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Nuevamente vuelvo a sonreír, no puedo evitarlo. Las palabras se
desvanecen en mi garganta ante todo aquello referente a él.

Yo, Emily Ann Malhore, me paseo por la mente del príncipe y futuro Rey de
Mishnock. No puedo evitar que mi corazón estálle de emoción, pues él también
se encuentra presente en mis pensamientos.

Daniel sonríe a Liz de manera cariñosa mientras la invita a salir, mientras mi


madre se vuelve a mirarme con un gesto de incredulidad en el rostro ante la falta
de comunicación de mi hermana por un permiso de mamá.

Liz es reservada con sus sentimientos pero todos estos días al confesarse
conmigo por lo mucho que la inquietaba no saber nada más del coronel, supe que
había algo fuerte en su corazón hacia él y ahora, al verlos salir juntos de la
perfumería, siento que algo inefable está por pasar en su vida.
Él se ve tan protector y ella tan entregada, que no es difícil deducir que combinan
a la perfección.

Intento terminar mi jornada con las palabras de Daniel en mi cabeza, pero antes
de lograr concentrarme veo a Edmund entrar a la perfumería con una sonrisa
alegre.

- ¿Liz? — Dice mirando a su alrededor.

- No se encuentra. — No me atrevo a decir que salió con alguien más.

- Entiendo. — Su sonrisa se borra. — ¿Puedo hablar contigo?

Asiento y salgo de la perfumería después de obtener la aprobación de mamá.


Caminamos calle arriba hasta la plaza de Palkareth. Recuerdos de este

76
lugar vienen a mi mente pero me deshago de ellos al ver el rostro dubitativo de
Rutheford.

- ¿Qué ocurre? — Pregunto ante su silencio.

- Bueno pasan muchas cosas pero creo que es obvio cuál es la


principal.

- Mi hermana. — Concluyo mirándolo.

- Tu hermana. — Dice con algo de nerviosismo. — Considero que no ha


pasado desapercibido mi interés por ella y pensé en invitarla a salir mañana
en la noche.

Las imágenes de Liz saliendo de la perfumería junto a Daniel invaden mi mente


con fuerza, aún así no comento nada.

- ¿Adónde crees que debería llevarla? He pensado en ir a cenar pero después


de eso quisiera hacer algo más divertido.

Su cabeza vuela con planes detallados para impresionar a mi hermana y en lo


único que yo puedo pensar es en todo el tiempo que la he escuchado hablar de
Daniel en estos días.

- Encontraras la mejor idea. Al fin y al cabo tú la conoces tan bien como yo.

Creo que es necesario que ambos hablen, pues no hay nadie más idóneo para
decirle a Edmund lo que en verdad siente por él que mi hermana.
Yo no puedo inmiscuirme en sus asuntos pues son ellos dos quienes deben
resolverlo y no hay mejor ocasión que en una salida personal.

••••

77
Entrada la tarde ya me encuentro devuelta en la perfumería después de expresarle
al soldado Rutheford que era un buena idea llevar a mi hermana para hablar de
sus sentimientos, y antes que llegara la noche veo al coronel Peterson regresar
con Liz en un estádo de limerencia preocupante.
Ambos sonríen, trayendo los brazos enlazados en el otro.

Daniel se despide de todos de manera efusiva sin quitarle los ojos a mi hermana
ni un solo segundo. Esto es más furtivo de lo que esperaba.

Una vez que el hombre se ha marchado, Liz se apresura a pedirle a mamá el resto
de la tarde libre para ambas y cuando al fin somos autorizadas, corremos hasta
llegar a casa con la efusión rondando nuestros cuerpos.

- Él es increíble, Emily — Masculla Liz mientras nos adentramos en su


habitación.

- Cuéntame, que lo hace tan increíble.

- Absolutamente todo. Dimos un paseo por la ciudad. — Confiesa,


presumida. — Es un caballero además es amable.

- Te gusta mucho, ¿cierto? — Pregunto atemorizada por lo que hable com


Edmund.

- Creo que sí. Sería descarado de mi parte decir que está cortejándome, pero es
justo lo que parece.

Los ojos de mi hermana brillan al contar su tarde, está extremadamente feliz e


ilusionada, y yo solo espero que no le rompan el corazón.

- Una cosa más, Emily. — Agrega al terminar su relato — Me ha invitado


mañana al palacio para una cena y pidió que te llevara.

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Mi cara de sorpresa es evidente, abro la boca intentando responder pero vuelvo a
cerrarla al no poder mediar palabra alguna.
Al final termino aceptando, sin salir del asombro inicial ante la noticia.

- ¿Crees que el príncipe esté presente? — Pregunto curiosa y


emocionada.

- Es lo más probable, Mily.

Si mi hermana llegara a tener razón, mañana vería al príncipe. Quizás el pidió


verme y por eso fui invitada.
Un millón de cosas pasan por mi mente, ¿cómo lucirá? ¿qué voy a usar?,
¿de qué hablaríamos?

Mi cabeza está hecha un caos. Revoloteo por mi habitación intentado organizar


mi mente totalmente emocionada, pero luego toda alegría se disipa al pensar en
lo que pasará mañana con Edmund. Esto será un completo caos.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? — Inquiero sentándome en el tocador.

- Por supuesto.

- ¿Saldrías con Edmund?

- ¿A qué te refieres? Ya he salido con él.

- Si, bueno. Quiero decir... que si saldrías con él de otra manera.

- ¿Más que amigos? — Cuestiona y yo asiento. — Claro que no, Mily. Él es


como mi hermano, no podría verlo de ninguna otra forma.

Creo que he cometido un gran error, pero si de algo puedo considerarme


inocente es que no sabia que tendríamos una cita mañana en el palacio. Cosa que
nuevamente vuelve a llenarme de ansiedad.

79
Capítulo 6.
Hemos pasado la mañana preparando todo para está noche. Lo primero en la lista
fue consultarlo con papá para obtener su aprobación.
Después de un par de minutos que parecieron horas, padre acepta. Mamá nos da
todas las precauciones y reglas de cómo una joven debe comportarse ante los
nobles y más aún ante un príncipe.

Decido llevar un vestido color Jade, suelto y sedoso, que llega hasta mis tobillos
con pequeñas perlas doradas que adornan el corsé del traje. Mi hermana opta por
lucir pulcra en un vestido crema que hace justicia a su figura y su cabello lacio
cae a cada lado de su rostro resaltando su maquillaje.

Un carruaje nos espera fuera de casa y juntas somos conducidas hasta el


palacio. El viaje es silencioso, con la ansiedad orbitando a nuestro alrededor.

Al llegar, las altas y pesadas puertas fueron abiertas para nosotras, los guardias
que se encuentran a cada lado hacen una reverencia dándonos la bienvenida.

Mientras caminamos por el palacio me maravilló al admirar los pasillos que


resplandecen con la luz de las grandes lámparas, jamás había estádo aquí de
noche. Es un vista digna de admirar.
El lugar luce más espacioso y el nerviosismo recorre mi cuerpo desencadenando
una sensación de hormigueo en mis manos y un vacío en el estómago.

Se respira el aire fresco que se cuela a través de los ventanales, haciéndome sentir
cómoda. Las grandes escaleras te invitan a

80
escalarlas, mientras mi mirada es atraída por todos los artilugios que decoran el
lugar. El ventanal del pasillo adyacente al camino que recorremos permite
observar el jardín real, ahora iluminado con la luz de la luna.

Una doncella nos guía por el palacio, señalando el camino hacia un salón de
banquetes. Golpea la puerta con delicadeza que al instante se abre de par en par,
dejando en evidencia a los guardias que las manipulan.
Con un gesto nos abren el paso hasta el interior, nos adentramos mientras nuestra
guía se inclina en una reverencia como despedida.

Al pasar, la primera que persona que salta a la vista es el coronel, que en un tono
amable se dirige hacia nosotras.

- Liz, Emily. Que alegría verlas.

A pesar de su grato saludo, es obvio que la emoción que siente es provocada por
mi hermana. Se abalanza hacia ella y toma su mano invitándola a adentrarse más;
solo me queda seguir sus figuras mirando todo a mi alrededor.

En el centro del lugar se encuentra un inmenso comedor hecho en mármol con


detalles grabados en oro que adornan la parte superior de las sillas y brazos de
las mismas. Velas, se sitúan en el centro de la mesa agregando más luz de la
proporcionada por las lámparas y justo al final del salón se encuentra de espaldas
contra una de las sillas del gran comedor el príncipe Stefan, quien se gira
delicadamente.

De inmediato sus ojos se encuentran con los míos, en su rostro se dibuja una
sonrisa que hace que todo mi cuerpo tiemble.

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No aparta la mirada mientras camina hacia mí. Sus penetrantes ojos azules me
observan en cada paso, lleva sus manos entrelazadas en la espalda aportando más
misterio a su andar.

Luce un traje azul celeste con detalles color blanco en la chaqueta, una fila de
botones plateados resaltan en el atuendo formal, acompañado de una impecable
camisa blanca la cual contraste con el color azulado de su pantalón.
Está vez no lleva corona permitiendo a su cabello caer finamente en su cara.

Se detiene frente a mí a una distancia que denota respeto.

- Señorita Emily. — Extiende una mano hacia mí. Le ofrezco la mía y posa un
pequeño beso como saludo.

- Su Alteza. — Saludo, haciendo una reverencia.

- Por favor, llámeme Stefan. — Espeta sonriendo. — Permítame resaltar lo


hermosa que luce usted está noche.

Al llegar a casa la pequeña Mia arremete con preguntas en mi contra. Está


deseosa por conocer todos los detalles de está noche.

Liz la hace a un lado desde el momento en que cruzamos la puerta; está


embelesada y aún perdida en sus pensamientos, sonriendo ante todo lo que vivió
con el coronel Peterson.
Pero eso no enoja a mi hermana menor, pues para ella es más interesante saber
de mi cita con el príncipe, así que en un parpadeo me arrastra hasta mi
habitación, cerrando la puerta de un tirón.

- ¿Lo besaste? — Chilla Mia, emocionada.

- ¿Mimi, que te ocurre? — Reprendo sorprendida.

82
- O sea que no lo besaste. — Brama decepcionada.

- ¡Claro que no!

- Déjame entenderlo. Estuviste en el palacio con el príncipe por 3 horas y


¿no lo besaste? — Se acomoda en la cama y toma un cojín poniéndolo sobre su
regazo. Me mira con detenimiento como si tratara de estudiarme. — entonces,
¿qué hicieron?

- Lo que hacen las personas normales. Hablar.

Me siento en el borde de la cama con las piernas estiradas jugueteando con mis
pies. La incomodidad que siento ante el interrogatorio de una niña de 10 años es
vergonzosa.

- ¿Entonces solo hablaron como dos ancianos? No te ofendas, pero que aburrida
eres, Emily.

- Y tú que entrometida eres, Mia Malhore.

- Si, bueno como digas. Seguro no te invitara a salir nuevamente por tonta.

Me llevo una mano al pecho con fingida indignación mientras Mia continúa su
escarmiento.

Cuando por fin termina de preguntar hasta cuántas veces respiró el príncipe en
mi presencia, se va a su habitación permitiéndome descansar.
Una vez que cierra la puerta, me recuesto en la cama totalmente dichosa por la
noche que he vivido.

Sumida en mis pensamientos, mis ojos se van cerrando hasta quedarme dormida.

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Pero he de confesar que el tiempo transcurrió muy deprisa pues de inmediato
siento unos golpes y pasos que avanzan hacia mi, interrumpiendo mi descanso.

Me siento tan cansada que no puedo despertar para averiguar de quién se trata,
pero los susurros que inician en mis oídos son realmente molestos.

- ¡Emily, despierta! — La voz de Mia retumba en mi cabeza.

- Mmm — Digo aún somnolienta.

- El príncipe está en la sala.

Me despierto en el acto realmente sorprendida y despeinada. Al abrir mis ojos


compruebo que ya ha amanecido y siento que no he dormido
nada.

- ¿Qué? — Es lo único que logro decir, mi cerebro aún no está activo.

- ¿Ahora eres sorda, Mily? El príncipe está en nuestra casa, está preguntando
por ti y tú luces igual que un espantapájaros, ya entiendo porque no te beso.
— Agita las manos en el aire con dramatismo.

Salto de la cama apresuradamente, pero mis piernas se enredan en las cobijas


enviándome directo al piso.

- Confirmado. Eres un espantapájaros sordo y torpe. — Refunfuña.

- ¡Cállate! — Lanzo una almohada en su dirección, golpeándola justo en el


rostro.

- ¡Ah y ahora también eres violenta!

Hago caso omiso de sus burlas y corro al baño para asearme y cepillar mi
cabello en un intento por lucir decente al despertar y que se vea
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natural.
Cuando me miro al espejo y el reflejo se ve aceptable me siento preparada para
salir.

Bajo las escaleras con sumo cuidado acompañada de mi hermanita y entonces lo


veo. Está en el sillón en el que suele sentarse mi padre por las mañanas. Se
levanta de inmediato al verme.
Está acompañado de dos guardias y como manda la regla real, lleva la corona que
lo distingue como dignatario de la nación.

Toma como de costumbre su postura erguida con las manos situadas en la


espalda. Cuando llegó hasta él, le ofrezco una pequeña reverencia que devuelve
con caballerosidad.

- Luces esplendida está mañana. — Declara sonriente.

Si tan solo supiera todo lo que hice para verme así antes de bajar a su encuentro.

- Gracias, su Alteza. — Mis mejillas comienzan a ruborizarse.

En la escena irrumpe Mia quien se acerca a la mesa que se encuentra a un lado


del sillón.

- Lo mejor es que me lleve esto. — Dice levantando entre sus manos un


vistoso florero de porcelana— Para evitar que se le ocurra lanzártelo a la
cabeza como hizo arriba con una almohada.

Puedo sentir la vergüenza inundar mis rostro, mientras Stefan estálla en


carcajadas ante la gracia de mi hermana. Mamá se acerca regañando a Mia con
la mirada, tratando en vano de salvarme de este infortunio.

- ¿Desea una taza de té, su Alteza? — Ofrece mi madre.

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- Me encantaría, señora Malhore.

El príncipe se vuelve hacia mí, una vez que mi madre sale con dirección a la
cocina.

- Así que te aficiona lanzarle cosas a las personas. — Dice con una
sonrisa juguetona.

- Por favor, disculpa esa interrupción.— suspiro avergonzada.

- ¡Mira mamá, otro espantapájaros! — Grita Mia desde el otro lado de la


estáncia.

Stefan y yo giramos de inmediato y nos encontramos con la imagen de una Liz


recién despierta con su ropa de dormir desarreglada. Abre los ojos de par en par
al ver al príncipe en la sala, trata de cubrirse cerrando la bata de seda que ondea
hasta el piso. Es evidente lo avergonzada que se siente.

Mi hermana siempre intenta verse elegante en todo momento y esto claramente se


sale de su línea.

- ¡Mia! — Chillan mi madre y Liz al unísono.

El príncipe intenta contener su risa, apretando los labios en un intento de formar


una línea recta. Cuando por fin lo consigue se inclina hacia Liz, sonriendo.

- Buenos días, señorita Malhore.

- Buenos días su Alteza. Bienvenido. — Después de hacer una reverencia sale


apresurada devuelta a su habitación.

- Déjame adivinar, el otro espantapájaros al que se refería tu hermana,


¿eres tú? — Se dirige a mi Stefan.

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Asiento completamente apenada, mientras el deja escapar otra carcajada
estrepitosa a causa de Mia.

- Me agrada mucho esa pequeña. — Agrega.

- Déjame informarte que tú le agradas más.

Mamá regresa con té y panecillos en una bandeja, sirviéndolos para Stefan, quien
sonríe en agradecimiento.

- A modo de no alargar mi tan inesperada visita, he de extenderte una invitación


al palacio a un juego de polo que tomara lugar está tarde y así poder tener una
excusa para verte. — Declara el príncipe.

¿Puede acaso una persona ya ruborizada obtener un tono de rojo aún más alto?
Por qué es justo lo que me está sucediendo.

- Estáría complacida de asistir. — Acepto sonriente.

La despedida de mi casa para Stefan fue más larga de lo que se espera, le tocó
besar cuatro manos de mujeres Malhore y media docena más de señoras que se
acercan a saludarlo buscando su atención y como el caballero que es, no duda en
atenderlas a todas, regalando dulces sonrisas mientras ellas suspiran.

Más guardias esperan fuera para flanquearlo hasta su carruaje, resguardándolo de


la coquetería de todas las damas que pululan a su alrededor.

Antes de entrar a su transporte se vuelve a mirarme, guiñando un ojo; al menos


logré sonreírle antes de que la señora Lopoders se apoderara de mi brazo y me
halara hacia ella.

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- Emily, eres muy afortunada. Los príncipes no van hasta las casa de las chicas
para verlas.

- Fue muy sorpresivo. — respondo cortésmente.

- Serás la futura Reina de Mishnock y nada más que con el heredero más guapo
que ha tenido la monarquía.

Sus palabras me llenan de entusiasmo, aunque sé que no debo ilusionarme.


El príncipe solamente se acercó a mí en medio del desfile y me regaló toda su
atención, luego sólo mandó a su mejor amigo a interceptar mi paradero para
invitarme al palacio y allí me ofreció la mejor noche de mi vida entre halagos y
sonrisas para después aparecer en mi casa y volverme a invitar porque tiene
deseos de verme. Esas no son razones suficientes para emocionarme; bueno eso
no es cierto, tengo razones de sobra para estár ilusionada y sinceramente lo estoy.

- ¿Ya se marchó? — Pregunta Liz cuando estoy devuelta.

- Si, lo hizo. — Aviso, detallando su desaliñada imagen.

- ¿Y no mencionó nada sobre Daniel? — Inquiere y yo niego, creando en su


rostro un gesto de decepción. — Bien, de cualquier forma tengo algo que
contarte. — Me arrastra hasta el comedor, obligándome a tomar lugar.

- No puedo creer que el príncipe haya tomado mi té. — Suspira mamá desde
el fregadero.

- Si, no cualquiera se toma ese espanto. — Alega Mia con desagrado.

Madre omite su comentario, dispuestá a no borrar la alegría que le causó la visita


recibida.

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Ella siempre ha tenido debilidad por los asuntos relacionados con la realeza y el
recibir la visita del futuro Rey, puedo decir que se considera unos de sus sueños.
Ver su cara de alegría hace que me emocione más por la tarde que me espera.

Cuando está a punto de irse junto a Mia para concedernos la privacidad que en
silencio a pedido mi hermana mayor, me confiesa que Stefan le pidió su
aprobación antes de invitarme a mi directamente. No puedo negar que me
encanta lo caballeroso que lo hace ver esa acción.

- Mamá me ha dicho que Edmund vino a verme ayer. — Suelta Liz una vez que
estámos solas. — Alega que venía muy elegante por lo que cree que quería
invitarme a salir.

- Oh vaya. — Finjo inocencia al no saber que decir.

- ¿Él te dijo algo? Es por eso que me preguntaste esas cosas hace dos noches
¿no?

- Probablemente. — Susurro, jugando con mi vestido.

- Habla de una vez, pues yo siempre te digo todo lo que el príncipe


expresa de ti.

Levanto la cabeza de golpe al escuchar su comentario. ¿El príncipe habla de


mi?

- Explícate. — Pido curiosa.

- Bueno, nada importante. — Se retracta. — Solo lo que informó Daniel. Que


estába ansioso por verte.

- Ansioso es una palabra fuerte.

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- No lo sé. Dijo que deseaba que la cena fuera esa noche pues sus padres
no estárían.

- Pero los Reyes si se encontraban en el palacio. — Replico al recordar las


palabras de Stefan.

- Supongo que se refería a que no estárían pululando por la estáncia.

- Entiendo. — Digo un poco retraída.

No, en verdad no entiendo. ¿Por qué el príncipe querría hacer una cena solo
cuando sus padres no estuvieran cerca?

La pregunta recorre mi cabeza con violencia, sumando el hecho de que volvió a


invitarme a su palacio ¿Acaso sus padres tampoco estárán está vez?

- Gracias. — Digo apenada.

Siento mi corazón bombear más rápido a cada segundo, prácticamente queriendo


saltar debido a la alegría que me inunda.

- Por favor, no me trate con tanta formalidad. — Añado.

Su sonrisa se ensancha y su mirada no se aparta de mi. ¿Acaso me habrá


encontrado algún defecto?. Rápidamente nota mi incomodidad y estira su brazo
invitándome a entrelazarlo para llevarme hasta el comedor.

Uno de los sirvientes se acerca para separar una silla, indicando el lugar donde
he de sentarme; otro toma la silla correspondiente al lugar de Stefan quien se
sienta a la cabeza del comedor. Mi sitio es a su derecha y se une a mi lado mi
hermana, mientras Daniel toma lugar al otro lado

90
de la mesa.
El silencio se hace presente en la cena durante unos instante.

- Cuando el Rey no está, el sucesor toma su lugar en el comedor. En este caso


Stefan. — Expresa Daniel, informándonos sobre las reglas de la realeza de
Mishnock en un intento por romper la tensión que comenzó a recorrernos.

- ¿Puedo preguntar dónde se encuentra el Rey? — Interrogo,


arrepintiéndome de inmediato por mi intromisión.

- Claro. Está descansado en su habitación. La verdad quise que está cena


fuese privada. — Responde Stefan, sonriendo con galantería.

Después de un par de minutos los sirvientes traen la vistosa comida, cuyo


aroma cuelga espeso en el aire.
La velada continúa entre risas y platicas, rompiendo por completo el hilo de
tensión que se había creado al principio.

Luego de la cena, Stefan se levanta de la mesa y se dirige hacia mí, sonriente.

- ¿Me concedería el honor de dar un paseo a su lado?

- Será un placer. — Automáticamente miró a mi hermana preguntando en


silencio, que hará ella cuando yo me retire.

- No te preocupes, nosotros también caminaremos un rato. — Declara


Daniel, al otro lado de la mesa.

Me escabulló con el príncipe, quien mantiene sus manos en la espalda y optó por
quitarse la chaqueta. Debo admitir que su cuerpo fornido entalla bien en esa
camisa blanca, dejando entre ver su musculatura. Su gran altura me intimida un
poco, pues me siento como una niña a su lado.

91
El reflejo de la luna le ilumina el rostro, acentuando más sus brillantes ojos
azules. Caminamos juntos por el jardín en donde se levantan grandes paredes de
arbustos y enredaderas, acompañados de una fuente situada al fondo que juega
con una gran cantidad de agua.
Por todo el lugar hay rosales blancos y rojos, es algo realmente hermoso y digno
de ver.

El cielo nocturno está estrellado y las luces clavadas en el piso del jardín
parpadean compitiendo con el titilar de las estrellas. Estoy completamente
maravillada con la belleza de este lugar.

- Gracias por venir está noche — Murmura Stefan, mirándome mientras


caminamos.

- Gracias a usted por invitarnos.

Su sonrisa aparece, haciendo relucir su perfecta dentadura. Baja su cabeza


clavando su mirada al suelo, su nariz respingada y fina le da un perfil
maravilloso. ¿Acaso el príncipe está nervioso?

- Las habría invitado desde hace tiempo, pero ustedes son difíciles de hallar.
— Dice volviendo a mirarme.

- Creo que eso ya lo había escuchado — Rio con timidez.

- Después del carnaval envié a un guardia a revisar si aún merodeaban por allí,
pero al parecer se marcharon inmediatamente. Así que al día siguiente le solicité
al coronel Daniel que iniciara una pequeña búsqueda para encontrar a la familia
Malhore. En especial a una de sus integrantes.
- Enfatiza la última frase clavando sus ojos en mi y entonces nos
detenemos a medio camino.

- No somos muy conocidos por el apellido. — Confieso débilmente.

92
- Eso me di cuenta. Familia del perfume. — Replica con gracia.

La risa que me causa su inusual broma es difícil de detener, a la cual se unen sus
carcajadas varoniles.

- Pero luego Daniel me trajo buenas noticias. — Añade. — Los días de


búsqueda habían dado sus frutos y ya conocía su paradero.

- Eso suena a obsesión. — Declaro en broma, haciéndolo sonreír


nuevamente.

- Claro que no. Eso suena a ganas de verte.

Mi corazón se detiene de inmediato. ¡Tenia ganas de verme! Era algo hilarante.

Un montón de preguntas se alojan en mi mente y solo puedo verlo de pie frente a


mí, tan encantador como nunca, encendiendo con fuerza mis emociones y
haciéndome tambalear de nerviosismo.

No se me ocurre nada para responderle. Estoy petrificada, solo puedo bajar la


cabeza en un intento de ocultar la sonrisa que se dibuja de oreja a oreja en mi
rostro.

Dada mi reacción, Stefan como el caballero que es, deja pasar mi torpe
comportamiento y me invita a seguir adelante; evadiendo mi tontería.

Llegamos a un puente arqueado que atraviesa un diáfano riachuelo, que se


mueve alegremente bajo nosotros, al compás del viento. Nos situamos en el
centro empinado y desde allí se obtiene una vista magnífica del jardín real.

93
En la lejanía se observan los grandes ventanales de la segunda planta, iluminado
por las luces del interior; igualmente los vitrales del primer piso.

Tenemos ante nuestros ojos todas las plantas y flores que se extienden por el
terreno. Un grupo de bancas que se encuentran adelante, resplandecen en un
círculo cubierto de pequeñas piedrecitas blancas que brillan como diamantes ante
la luz de la luna.

- ¿Te agrada la idea de saber que un día te convertirás en Rey? —


Pregunto para romper el silencio.

- Me asusta — Admite sonriendo — Pero no te mentiré. Si me agrada la


idea.

- ¡Rey Stefan! — Proclamo como si me dirigiera a los súbditos de toda la


nación. — No suena mal.

Él deja escapar una carcajada estrepitosa.

- Gracias. — Murmura haciendo una pequeña reverencia en broma, pero su


rostro se torna serio — Quiero ser un buen Rey, alguien digno de respeto,
agradarle al pueblo y acabar con la guerra si es que es posible tal cosa.

Asiento en aprobación mientras veo el destello de sus ojos.

- Pero, ¿qué hacemos hablando de la monarquía? — Añade con


entusiasmo— Mi objetivo está noche es poder conocerte.

Empiezo a contarle todo lo que se cruza por mi mente. Comento que adoro las
moras y frambuesas, odio las tormentas, soy extremadamente sentimental y que
amo el color azul. Le hago saber que mi persona

94
favorita en el mundo es mi padre, que mi cumpleaños es el 10 de septiembre y
confieso que jamás creí que fuese tan agradable.

Él escucha atentamente todo mi relato y la última declaración le hace abrir los


ojos en sorpresa, riendo mientras me observa.

- ¿Cómo pensaste que sería, entonces?

- La verdad, no lo sé — Pauso un instante pensando en que decir. — Solo, no


así.

- ¿Creías que sería engreído?

- En cierta manera, si. — Admito.

Su carcajada es fuerte, sostiene su estómago para mantenerse erguido, evitando


doblarse a causa de la gracia que le he causado.

- Me alegra cambiarte el concepto. — Dice aún riendo.

Stefan es tan afable que es imposible que no te agrade. Es muy facil tratar con él.
Es cautivador, elegante y humilde, en pocas palabras su título monárquico le
queda bien.

Le repito la pregunta que ha hecho, curiosa por conocer más aspectos de su vida.

- Bueno, me gustan los deportes y los caballos. Cuando estába pequeño cada vez
que me enojaba me escabullía hasta la cocina a visitar a Tina, la repostera del
palacio. Ella era la única que lograba disipar mi furia ofreciéndome un trozo de
pastel de chocolate, lo que me recuerda que soy amante de este.

Incluso he de admitir que en ocasiones fingía estár enojado solo para recibir una
porción de pastel. — Sonríe ante el recuerdo— Considero como

95
mi único amigo al coronel Peterson y sonará extraño pero no uso perfumes.

- ¿Qué? — Pregunto atónita. — ¿Por qué?

- No sé con exactitud. Solo no me gusta.— responde entre risas. — Una cosa


más; hace dos días fue mi cumpleaños número 21.

Mi rostro no oculta la sorpresa que me embarga.

- ¿El día siguiente al festival?

- Así es.

- ¿Por qué no lo celebraste? — Pregunto confusa.

- No le rindo demasiada importancia a ese día.

- No creí que un príncipe se privara de tales cosas.

- La vida de un monarca no es tan glamirosa como la detallan, aún así el que este
aquí está noche es una buena compensación. — Dice mirando directamente a
mis ojos.

Me vuelvo en dirección a las bancas que aún no he palpado, para ocultar mi


nerviosismo y la sonrisa que se adueña de mis labios. Mi pulso se acelera y mis
manos se aferran al barandal de puente tan fuerte que mis nudillos se tornan
blancos.
¿Por qué tuvo que decir eso?, ¿Notará el efecto que tiene sobre mí sus palabras?

Mi cabello cae en mi rostro mientras agacho la cabeza. Estoy consciente de lo


torpe que debo verme pero su caballerosidad no le permite hacer ningún
comentario al respecto.

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Cuando por fin tomó el valor de mirarlo, veo que sus penetrantes ojos aún se
ciernen sobre mí, como si pretendiese escudriñar lo más remoto de mi interior.

- ¿He dicho algo que la ha contrariado, señorita Malhore?

- No, disculpa. Por favor llámame Emily.

Su expresión se relaja mientras asiente ante mí petición con un movimiento


suave, medido.

••••

Al cabo de un rato de conversar entre bromas y miradas fijas que me agitan la


respiración; ya muy adentrada la noche, regresamos al interior del palacio.

Él camina a mi lado en su postura noble, llevando las manos en su espalda. A


nuestro paso los sirvientes nos saludan con una reverencia y los guardias nos
escoltan hasta el salón del banquete nuevamente. Allí encontramos a Liz y
Daniel sonriendo como dos enamorados.

- ¡Atelmoff! — Llama con autoridad el príncipe.

Rápidamente aparece en la puerta un hombre de mediana edad, delgado, con


cabello oscuro y vestido con un traje claro. Lo reconozco como aquel sujeto que
pedía a Stefan que acompañara a la Reina en la prueba del perfume.
Se inclina ante la presencia de Stefan y se levanta sonriendo.

- Si, Alteza. — Masculle con gracia.

- Ordena que alisten un carruaje. — Manda con firmeza en su voz.

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El hombre desaparece de nuestra vista al acatar la orden y Stefan se vuelve a
mirarme.

- Espero que hayas disfrutado está velada tanto como yo.

- Dalo por hecho. — Respondo confiada.

Mi hermana y el coronel se posan a nuestro lado sin dejar de mirarse el uno al


otro y el hombre conocido como Atelmoff vuelve hacer presencia, señalando
que la orden que pidió Stefan, está lista.

Juntos caminamos por el pasillo hasta llegar a la entrada principal del palacio.
Bajamos las escaleras de la fachada y un hermoso carruaje espera nuestra
llegada.

El paje abre la puerta del elegante transporte, mientras un cochero está situado
adelante para conducir los caballos que guiaran nuestra marcha.

El príncipe toma mi mano, besando el dorso en señal de despedida.

- Espero volver a verla.

- Igualmente. — Hago una pequeña reverencia.

Sin soltar mi mano me ayuda a subir y Daniel repite el ejemplo con mi hermana.
Se cierra la puerta del carruaje y echamos a andar viendo como ambos
caballeros agitan sus brazos ofreciendo un "hasta pronto".

98
Capítulo 7.
Después de explicarle a Liz todo lo que hable esa noche con Edmund, subimos a
mi habitación para probar distintos estilos y luego de fallar cuando intentaba ser
creativa, me decido por un vestido rosa con listones azules que hacen el papel de
tirantes y los cuales se atan a mis hombros, creando unos hermosos lazos.

La tela está cubierta con estrellas de diferentes colores, creando un hermoso foco
de atención. El traje igualmente se ajusta a mi cintura para luego caer en una
falda amplia que llega a mis tobillos.

Decido acompañarlos con pendientes de plata cero pretenciosos y para darle un


toque elegante, recojo mi cabello hacia un lado.

- ¿No crees que es un poco llamativo? — Cuestiona Liz al ver el resultado final.

- ¿Tú crees? — Pregunto dudosa.

- Solo digo que es algo... estrellado. — Dice, mirando mi vestido con


extrañez.

- Es su personalidad, Liz. — Alega mamá desde la puerta. — Si el príncipe


desea conocerla, debe hacerlo tal cual es.

Lo dicho. Mamá siempre tiene las palabras correctas en el momento preciso y


vaya que necesitaba ese rescate pues ya había decidido cambiar mi atuendo por
algo más recatado.

- Seguro el príncipe te besará está vez. — Declara Mia, escandalizando a madre.

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- Eso no pasara. — Reprende la mayor de las Malhore. — Compórtate como una
señorita y no porque se trate de el príncipe vas a olvidar el pudor.

Hago una lista mental con todas las recomendaciones: Mostrarme como soy, no
perder el pudor y más importarte, no besar al príncipe.

••••

Al llegar las 4 de la tarde, se estáciona un carruaje real frente a la casa y el paje


abre la puerta para mí, mientras me guía al abordaje.

En el camino siento los nervios cosquillear bajo mi piel. Está vez voy sola al
palacio, no conozco a nadie más que Stefan y sé que no va a estár conmigo todo
el tiempo; Además deduzco que el coronel no estárá presente ya que de ser así la
invitación se habría extendido también a mi hermana.

Al llegar mis dudas son confirmadas. Daniel no se encuentra en ningún lugar,


por lo que he de suponer que tiene asuntos importantes de la armada que atender,
debido a que la guerra se ha estádo agitando en la frontera estos últimos días bajo
las amenazas del reino Lacrontte.

Los guardias me guían hasta los estáblos, donde un lugar próximo al jardín ha
sido adecuado para el juego.
Camino despacio buscando al príncipe en todas las direcciones y no me detengo
hasta que nuestras miradas se encuentran.
Está en una animada conversación con hombres mayores a él.

Cuando me ve, sus ojos se amplían sorprendidos y gesticula "woao" a la


distancia, se despide efusivamente de inmediato y trota para llegar a mí. Luce un
pantalón crema y una camisa azul con cuello y botas de montar marrones, listo
para el juego.

100
- Luce hermosa, señorita Emily. — Dice mirándome.

- ¿Cuántas veces he de pedirle que no sea tan formal conmigo?

- Está bien, lo siento. Te ves hermosa, Emily.

- Mucho mejor, gracias. — Hago una discreta reverencia.

- Entonces yo he de pedirte que no hagas reverencias para mi, a menos que sea
estrictamente necesario.

- De acuerdo, es un trato. — Extiendo la mano y él la estrecha suavemente.


Para mí sorpresa no la suelta y entrelazados me conduce hacia donde se
encuentra la Reina, quien está acomodada en una mesa junto a una doncella,
bajo la sombra de la copa de un árbol.

- Madre, permíteme presentarte a la señorita Emily Malhore.

La Reina se pone de pie y me besa a cada lado de las mejillas. Su presencia hace
que las dudas que carcomían mi mente hace un rato se disipen con facilidad.

- Un placer, Emily. Soy Genevive Denavritz — Dice con una sonrisa.

Notó que no recuerda nuestro encuentro el día de la prueba del perfume, cuando
Stefan se negó a estár presente.

- El placer es mío, su majestád. — Me inclino en una reverencia.

- ¡Stefan, Stefan!— Grita una voz al fondo.

Todos giramos en dirección al sonido y veo a una chica delgada de cabello café
claro y pequeños ojos negros, que lleva un pomposo vestido color salmón; agita
sus manos para captar la atención del príncipe.

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- Ven, Stefan por favor. — Llama nuevamente, no es por celos pero tiene una
voz algo chillona.

- Regreso en un momento.— Se disculpa Stefan, dejándome a merced de su


madre.

- Ella es bastante pintoresca, pero no debe asustarte, es inofensiva. — Musita


la Reina refiriéndose a la joven que llamó a su hijo. No puedo evitar sonreír
mientras asiento.

Continuamos la conversación hasta llegar al tema de la perfumería de mi familia


y como mi padre a visitado el palacio para la presentación de las nuevas
fragancias. Ella sonríe todo el tiempo y es muy fácil hablarle, aunque hace un
momento estába nerviosa, la Reina ha convertido la situación en algo agradable.

Después de unos minutos, Stefan viene a mi rescate, aunque en realidad ya me


sentía cómoda. Me lleva al lado de la chica de voz peculiar para conocernos.

- Emily, te presento a Lady Valentine.

- Un gusto Lady Valentine. Soy Emily Malhore.

- ¡Oh cariño, un placer! — Saluda dando besos por toda mi cara y creo que no es
tan desagradable como pensé.

Stefan se retira para empezar el juego de polo, y yo me posicionó en un buen sitio


para disfrutar del encuentro.

Una doncella se acerca a mi y me cubre con un paraguas para protegerme del sol,
le hago saber que no lo necesito, a lo que ella responde que es una orden de la
Reina. Sin poder creerlo miro en su dirección y ella no duda en sonreírme.

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Sin duda alguna la Reina Genevive es una de las personas más amables que he
conocido en mi vida.

A mitad del juego, Lady Valentine se acerca a mi.

- ¿Tú que pintas aquí? — Pregunta en un tono autoritario.

- ¿Disculpe? — Musito confundida.

- Soy la futura Reina de Mishnock y ¿tú quien eres?

Mi corazón empieza a sufrir un colapso, ya decía yo que no debía hacerme


ilusiones.

- Soy amiga del príncipe. — Respondo entristecida.

- Claro, recuerda tu titulo. Solo eres su amiga.

Se aleja apresuradamente contoneando sus caderas con altivez. Está chica es


demasiado extraña.

Me inquieta un poco que Stefan no me contara que tenia una relación con
alguien y mucho menos que estába comprometido. Me siento algo contrariada y
con un apagón en mis ánimos.
Quiero salir de aquí pero sé que lo mejor es aguantar un poco más y pedirle una
explicación sobre aquel asunto, pues considero que me la he ganado.

Cuando se acaba el juego, él me busca en medio de la multitud y al momento en


que nuestros ojos se cruzan, señala con su cabeza en dirección a las bancas que
se encuentran más allá de puente. Asiento captando su mensaje y me dirijo hacia
el lugar.
Despido a la doncella con una sonrisa, mientras le doy las gracias por su servicio.

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Al llegar, tomamos asientos alejados de la multitud y de la contaminación
auditiva que se emite de los mismos.
Comenzamos con preguntas triviales sobre cómo la he pasado y que imagen me
llevé de su madre.

Empiezo a pensar que es mejor dejar la conversación sobre su relación para otro
día, hasta que él me da una sorpresiva noticia.

- Me tomé el atrevimiento de invitarte aquí hoy, debido a que partiré en un


viaje con mi familia para atender algunos eventos sociales.

- ¡Oh, comprendo! Gracias por invitarme, entonces. — Respondo intentado


ocultar mi sorpresa.

- Tenía ganas de verte, así que el agradecido soy yo.

Definitivamente es ahora o nunca, así que me decido por soltarlo de una vez.

—¿Por qué no me habías hablado de tu prometida?

- ¿De quién? — Abre los ojos de par en par, claramente confundido.

- Lady Valentine, me dijo que ella era la futura Reina.

Stefan estálla en una carcajada, lo que me hace enojar un poco, cruzo los brazos
mirándolo directamente con ojos entrecerrados.

- No recuerdo haberle propuesto matrimonio. — Dice inclinándose hacia


adelante apoyando los codos en su piernas, con la mirada al frente.

- Entonces, ¿por qué dijo eso? — Mi expresión se relaja y me embarga un gran


alivio.

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- No lo sé, quizás quiso importunarte. — Exclama girando su cabeza para
mirarme. — Ella siempre ha mostrado sus afectos hacia mí, pero no puedo
corresponderle.

- ¿Por qué?

- Considero que una dama que vaya por ahí autoproclamando ser la futura
Reina e incomodando a mi invitada de honor, no podría ser mi prototipo de
mujer.

Su respuestá me da tranquilidad y aunque quería preguntar cual es su prototipo de


mujer, preferí retirarlo del paredón, asustándome solo a responder.

- Tiene mucha lógica.

- ¿Puedo confiarte una indiscreción?

- Por favor. — Pido sonriente.

- Ni siquiera es una Lady, solo le gusta que la llamen así.

Sonrío ante el hecho, sintiéndome tonta por dudar en algún momento.

- ¿He resuelto todas tus dudas? — Sus ojos azules me escudriñan


haciéndome sentir muy nerviosa.

- Si, disculpa el interrogatorio. — Bajo la mirada y juego con mis pies, juntando
las piedrecitas blancas que se extienden en el suelo como acto de nerviosismo.

- Me alegra que preguntaras, no seria de mi agrado que te marcharas pensando


que estoy comprometido, cuando mis intenciones hacia ti son otras.

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Levanto la vista del suelo de golpe para encontrarlo mirándome con dulzura. Se
dibuja en la esquina de su boca una imperiosa sonrisa, mientras el rubor sube por
mi rostro a paso apresurado, dejándome expuestá la vergüenza.

Stefan es quien rompe el silencio sorpresivamente.

- ¿La han incomodado mis palabras? — Pregunta con un ligero toque de


preocupación.

- No. — hago una pausa antes de continuar. — Todo está bien.

Ahora es él quien sonríe y juro que nunca antes ese gesto me había hecho sentir
tan bien como ahora.

Un hombre de mediana edad se acerca a nosotros, lo reconozco como Atelmoff a


quien llamo en mi primera visita para preparar el transporte. Él dirige su atención
a Stefan.

- Su Alteza, es preciso que se reúna con su padre en la oficina. — Me mira de


reojo. — El Rey lo está esperando.

- Debo retirarme, Emily. — Dice adoptando una postura más rígida— Tengo que
preparar todo para mi viaje.

- Claro, no hay problema.

- Atelmoff te acompañará al carruaje que te llevará devuelta a casa. —


Vuelve su atención al mencionado, diciéndole— La dejo a tu cuidado.

Me entrega al sujeto en cuestión como lo haría un padre con su hija en el altar y


da un beso en el dorso de mi mano.
Se marcha a grandes zancadas, mientras Atelmoff me guía al interior del palacio
a un ritmo sincronizado.

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- Así que es usted la que se ha colado en los sueños del príncipe.—
confiesa el hombre.

- ¿Cómo? — Pregunto sorprendida.

- ¡Ay no seas tímida! Soy el asesor de Stefan, amigo y confidente, ya lo he


escuchado hablar mucho sobre ti.

Sonrío con nerviosismo, evitando mirarlo.

- Malhore es tu apellido ¿cierto, Emily? — Arremete de nuevo.

- Si, así es. — Afirmo mientras cruzamos una intercepción.

- ¿Crees que me importa lo que pienses? — Escucho un grito alterado,


proveniente de nuestra derecha.

Ambos giramos por instinto pero solo encontramos una puerta cerrada,
custodiada medianamente por un par de guardias.

- Padre, baja la voz. — Pide alguien y de inmediato reconozco esa voz. Es


Stefan. — Alguien podría escucharnos.

- ¡Silas, llámame Rey Silas! — Brama nuevamente. — Compórtate como el


futuro soberano y toma el control de la situación.

- Lo hago. — Se defiende. — Pero está guerra no es mi culpa.

Un golpe se escucha, pero no logro determina de qué se trata. Si es algo cayendo


u otra cosa mucho peor.
En ese momento siento a Atelmoff estremecerse y toca mi hombro para llamar mi
atención.

- Sigamos nuestro camino. — Pide, prácticamente obligándome a caminar.


- Por favor olvida lo que has escuchado y no lo comentes con nadie.

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- Por supuesto. No tiene que preocuparse. — Me limito a decir, totalmente
consternada.

Nos mantenemos en silencio mientras llegamos a la salida, donde ya un carruaje


espera por mi.

No paro de pensar en lo que escuché y en la voz trémula y asustadiza de Stefan al


hablar con quien evidentemente es su padre, y quien ni siquiera quería que lo
llamara así.

- Bueno ya tienes un amigo en el palacio. — Dice, acompañándome hasta el


transporte. — Si alguna vez deseas verlo, puedo ayudarte a entrar a escondidas
hasta su habitación.

- Lo tendré en cuenta. — Espeto con una sonrisa frágil.

- ¡Oh apuesto a que sí! — Me guiña un ojo.

Es evidente que Atelmoff se comporta como si nada hubiese sucedido e intenta


arreglar el ambiente para que olvide el suceso.

Jamás nadie me había dado una tan buena primera impresión. A pesar de ser
varios años mayor, es fresco y con un aire juguetón. Sin duda puedo comprender
porque es el confidente de Stefan.

••••

Cuando llego a casa mi amiga Rose está esperándome como cual buitre
acechando a su presa. Sus ojos destellan emoción y solo con mirarla ya se a que
ha venido. ¿Cómo se enteró que fui a ver al príncipe?

- ¿Entonces, Emily? — Pregunta frotándose las manos.

- ¿Entonces qué? — Respondo fingiendo inocencia.

- ¡Ay no te hagas la desentendida!


108
- Bueno es que no hay mucho que contar.

Y es cierto. Stefan es todo un caballero, siempre te hace sentir a gusto y adoro


pasar tiempo con él. Pero ella solo quiere saber si hubieron besos o
insinuaciones y aunque quizás existió lo segundo, sería indiscreto revelarlo. Así
que optó por guardarlo como un gran secreto, un secreto real.

- ¡Emily, dime algo! — Arremete sacándome de mi ensoñación.

- Eres exasperante. ¿Lo sabias?

- ¡Oh dulce, Emily! Puedo ser mucho peor si no cuentas los sucios
detalles.

- No hay sucios detalles. — Chillo en sorpresa por su insolencia.

No sé por qué, pero al mencionar tal frase pienso en lo ocurrido mientras salía del
palacio. Espero que Stefan este bien y que el estruendo final haya sido
simplemente de algunos libros cayendo.

- Bueno, lo detalles al menos. — Insiste emocionada.

Le relató un par de cosas por aquí y por allá sin revelar demasiado, creo que ya se
como evadir a los fisgones pues últimamente me he visto expuestá a muchos de
ellos y sus intrépidas preguntas.
Cuando se convence de que no diré nada más allá, se retira decepcionada por no
haber logrado su cometido.

109
Capítulo 8.
A la mañana siguiente me despierta un gran grito procedente de la planta baja,
me levanto de la cama desorientada y básicamente corro por las escaleras
despavorida.

La preocupación me invade por completo, ¿qué está pasando?. He escuchado


noticias sobre la guerra que se vive en la frontera, incluso Stefan ya habrá partido
a su viaje a la base militar en Rihelmont. Lo cual puede significar que las cosas
no andan del todo bien y ante tal pensamiento el miedo me recorre ¿Nos
invadieron?, ¿estámos bajo ataque?

Me apresuro a bajar las escaleras y a mitad de estás, encuentro a Mia subiendo


hacia mi, me toma de la muñeca y me obliga a seguir el camino hasta el primer
piso con una velocidad mayor y está vez el terror me atrapa por completo.
¿Que pasó en Mishnock?

Mi hermanita me conduce hasta la cocina, donde se encuentra mi madre


resplandeciente y Liz está concentrada leyendo el periódico.
Con una sonrisa de oreja a oreja, levanta la mirada y extendiendo su mano me
ofrece el noticiario.

Lo escudriñó aún presa del miedo y del desconcierto, aunque ahora son los
nervios los que me sostienen.
El aire se escapa de mis pulmones al leer la noticia que se encuentra en primera
plana. El encabezado dice ¿De perfumista a princesa?

Está acompañado de un par de fotos en donde se me ve con el príncipe. La


primera es en el festival cuando lo conocí y Stefan está besando mi

110
mano, montado en su caballo mientras yo irradió alegría por su gesto, y la
segunda es tan solo de ayer en el palacio, en donde se registra nuestra
conversación en las bancas del jardín alejados de todos; no recuerdo a ver visto
reporteros, soy realmente una pésima observadora.

Oficialmente soy noticia nacional. El periódico alega que la joven hija de los
famosos perfumistas Malhore, es decir yo, a capturado la atención del príncipe
desde su primer encuentro en el desfile. ¿Cómo saben que ese fue nuestro primer
encuentro? Estos periodistas son de temer.
Continúan lanzando hipótesis sobre si estámos enamorados o tenemos una
relación y concluyen diciendo que debo contar con algo especial para que Stefan
se haya atrevido a detener el desfile solo para conocerme en medio de la
multitud.

Está última frase hace que se dibuje una sonrisa en mi rostro. Estoy
completamente segura que Lady Valentine no se encontrará de buen humor al
leer el periódico está mañana. Un sentimiento de triunfo me recorre pero
rápidamente desechó ese pensamiento inmaduro.

La señora Lopoders entra sin aviso a casa, con el noticiario en mano. Chilla
emocionada, revoloteando por la sala mientras avanza hacia mí.

- Ya todo el reino está enterado de tu relación con el príncipe. — Declara


efusiva.

- No tenemos una relación. — sonrío ante la creciente emoción de mi


vecina.

- Aquí dice otra cosa. — Agita el notidiario en el aire. — Y el periódico nunca


miente.

- Pero no conoce toda la verdad.


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- La verdad es que mi vecina es la novia del heredero y futuro Rey de
Mishnock.

Papá suelta una carcajada desde el sillón, dirigiendo su atención a nosotras.

- Aquí nadie es novia de nadie.

- Erick, no es nadie de quien hablamos, es de su Alteza el príncipe Stefan


Denavritz, deberías estár feliz.

- Feliz y agradecido debe estár él, por dejarlo salir con mi pequeña.

Sus celos paternales me hinchan el corazón. Aunque sé que Stefan es un buen


hombre, nunca nadie superará a mi padre.

••••

Sorpresivamente las ventas en la perfumería estos últimos días se han


disparado, subiendo como espuma y tenemos el triple de trabajo, por lo que
ahora hasta Mia está ayudándonos.

Me niego a creer que todo ha sido por el reportaje que me relaciona con el
príncipe. Pero eso sería esperar demasiado, la realidad es que la mayoría de
personas han comenzado a tratarme diferente, de forma especial y algunos se
han atrevido a felicitar a mis padres por mi supuestá relación con Stefan,
relación que no existe.

Durante el viaje del príncipe, he tenido tiempo de sobra para pensar en él y en


todo lo que pasa cuando estámos juntos.
Lo que me hace preguntar si Stefan también se siente igual y por más vueltas que
trato de darle al asunto, en el fondo sé que es así.

112
Él todo el tiempo está atento a cada palabra que digo, se le agita la respiración
cuando nos encontramos cerca al otro, siempre me mira cautivamente y un
atisbo de tristeza aparece en su rostro cada vez que es hora de despedirnos.
Pero me veo obligada a reflexionar sobre algo que Lady Valentine había dicho y
que me quedo muy claro. ¿Acaso yo solo sería la amiga del príncipe?

Sería vergonzoso esa posición después de acostumbrarme a su trato y a toda la


atención que me da, atenciones que no se le brindan solo a una amiga.

Debo ser realista en una cosa y es que yo no tengo ningún título, ni tampoco mi
familia posee grandes propiedades; ante los ojos de la nobleza no soy más que la
hija de dos perfumistas, algo de lo cual estoy realmente orgullosa. No cambiaría
a mis padres por nada del mundo, lo son todo para mí y si llegara el extremo caso
en el que tendría que alejarme de ellos para ascender a una posición real, estoy
segura que declinara tal oferta pues mi título favorito es ser la hija de Erick y
Amanda Malhore y nada podría igualarse a eso.

Mientras pienso y detallo la situación, Rose se adentra en mi habitación sin


llamar a la puerta, costumbre que tiene arraigada desde años y a la cual aún no
me acostumbro. La única persona que irrumpe mi privacidad de esa manera es
Mia y ya sabe cuánto lo detesto.

Tener visitas de mi amiga es como aire liviano, un descanso de las jornadas en la


perfumería y equilibro para mi mente revuelta.

- ¿Cuando regresa Stefan?— Pregunta una curiosa Rose, mientras se prueba


un par de pendientes de mi tocador.

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- No estoy segura, mencionó un viaje de varios días, pero bueno, no lo sé todo
sobre él.

Se gira bruscamente para enfrentarme con ojos acusadores.

- Mily. Mily. Mily, no hay nadie más aparte de su familia que sepa tanto de él
como tú. — Declara con dramatismo.

Me gusta escuchar tales cosas, me hacen sentir especial pero tenia claro que no
debía tomármelas enserio. No llevo mucho tiempo hablando con Stefan, es
imposible que conozca tanto de él como objeta mi amiga.

- Solo soy una conocida para él. — Respondo mientras cepillo mi cabello,
deshaciendo enredos imaginarios.

- Te lleva al palacio e incluso viene personalmente a invitarte. Te presenta a su


madre y detiene todo un festival para conocerte y aún así
¿Te atreves a decir que eres una conocida?

- Si — respondo con inocencia, aunque en realidad sé que entre nosotros hay


algo más que eso.

- ¡Oh vamos, Emily! — Dice lanzándome una de mis pulseras favoritas — Lo


que aún no entiendo es por qué no te ha besado. ¿Te imaginas tu primer beso con
el príncipe y futuro Rey de Mishnock? Sería increíble — Declara emocionada.

- Ningún increíble. — Responde una voz desde la puerta, es papá.

Ambas giramos sorprendidas para verlo negando en desaprobación y yo solo


quiero desaparecer de la vergüenza.

- Aquí nadie va a besar a nadie. — Continúa diciendo.

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- Claro que no señor Erick. Eso mismo era lo que le aconsejaba a Mily, nada
de besos. — Réplica Rose con toda normalidad.

- Eso no fue lo que escuché. — Señala papá.

- Pues debería ir al médico señor Malhore, por qué está escuchando mal.

- Tendré que creerte Rose Alfort. — Espeta papá retirándose.

- Un consejo señor, no escuche las conversaciones de los demás.

- ¡Rose! — Grito indignada.

- ¿Qué? — Responde ofendida— Podría escuchar cuando me cuentes los


detalles sucios, hay que tener cuidado, inventar algún lenguaje o algo así.

- ¿Puedes dejar de insistir con eso? No habrá detalles sucios. — Murmuró en


forma de regaño.

- Tengo 10 años y hasta yo sé que habrá detalles sucios.

Giramos de nuevo hacia la puerta de mi habitación para ver a Mia observándonos


con los brazos cruzados.

- ¿Acaso nadie en está casa respeta mi privacidad? — Cuestiono


enojada.

- Sales en el periódico hermanita, ya no tienes privacidad.

- Eso es cierto. — Admite Rose.

- No la ayudes, ¿quieres?. Y Mia retiraré, por favor.

115
Levanta las manos en señal de derrota, marchándose en silencio.
¿Cómo puede está niña tener una mentalidad de adulto? Sus alcances son
perturbadores.

- Te necesito. — Avisa papá pasando nuevamente por mi habitación con su


maletín. — Necesito que lleves junto a mi algunas cosas.

- ¿Vamos a la perfumería? — Pregunto extrañada dada la hora.

- Por supuesto y apresúrate que ya la luna está en la cúspide de


Palkareth.

- Lo siento. — Digo con fingida tristeza, zafándome de más garras curiosas de


Rose. — El deber familiar me llama.

Bajo las escaleras y llego hasta el umbral donde papá se encuentra con algunas
cajas esperando por mi.

- Rose es algo furtiva ¿no? — Pregunta padre cuando ya hemos avanzado un par
de calles.

- ¿Por furtiva se refiere a intensa? — Replico confundida.

- Que bien que lo dijiste tú.

- Le emociona todo el asunto de la monarquía. — La excuso.

- ¿Y a ti te emociona?

- Stefan me agrada. — Me limito a decir.

Él solo asiente sopesando mis palabras, pero no comenta nada más mientras
caminamos a la perfumería. Sin embargo, una vez arribamos al lugar, siento una
presión extraña a mi espalda.

- Es un hombre justo. — Dice, abriendo la puerta. Se refiere al príncipe.

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No respondo, solo me vuelvo hacia la calle antes de perderme al interior del
local, pero mi pequeña búsqueda no da resultados. No hay nadie afuera.

- Me pregunto cuando se irá el regimiento.

- ¿Lo dices por Edmund? — Pregunto, dejando las cajas en el mostrador.

- Si. — Confiesa. — Quiero que siempre seas una niña astuta, Emily. Si
subieron los impuestos para costear el precio de la guerra ¿qué hace él aquí? —
Dice sacando perfumes de los estántes. — Quizás no este en la acción pero se
requiere de un hombre que alimente a los soldados.

- Probablemente aún no es hora de regresar. — Lo defiendo.

- Solo digo es extraña su estádía. No he visto a otros soldados, salvo los de la


plaza y cuando todos los impuestos fueron recaudados parece que se esfumaron,
excepto Edmund.

- ¿Crees que renunció a la armada?

La pregunta misma me hace sentir tonta. Claro que no renuncio, él siempre habla
tan enérgicamente del ejercito que no considero viable el que haya desertado.
Solo que lo haya hecho por mí hermana.

- Como sea. — Espeta papá, quitándole importancia a sus teorías especulativas.


— Regresa a casa antes de que sea más tarde, tengo algunos pedidos que
empacar para enviarlos a las ciudades vecinas por la mañana.

- ¿No necesitas ayuda?

- Necesito que estés a casa. Así que parte pronto.

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Me despido acatando la orden, marchando calle arriba hacia casa. Nuestro hogar
está a unos pocos metros por lo que solo me tomará 15 minutos llegar.

En la segunda cuadra vuelvo a sentir aquella presión en mi espalda, está vez


mucho más cerca.
Camino con mayor rapidez ante el creciente temor que se forma en mi interior y
en cada centímetro siento pasos acercarse con fuerza.

Me vuelvo con la poca valentía que me queda, pero cuando giro simplemente no
hay nada.

De repente mi cuerpo se estrella con algo fuerte, robusto. Un dorso humano.


Levanto la cabeza de golpe para encontrar los ojos miel del soldado Rutheford.

- Hola. — Saluda agitado.

El aire que retenía sale de mi con fuerza. Siento alivio, no lo niego, pero no del
todo.

- ¿Eres tú el que caminaba tras de mí? — Cuestiono atemorizada.

- Bueno, supongo. — Dice, sacudiendo su cabello. — Estuve llamándote


pero al parecer no me escuchaste.

¿Llamándome? No sentí ningún llamado mientras caminaba, solo pasos y


presión sensorial. ¿Acaso mis sentidos están fallando?

- Lo siento, no te escuché.

- Comprendo. — Suelta algo contrariado. — Hable con tu hermana está


mañana.

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De inmediato me paralizo. No quiero oír nada sobre ese tema y mucho menos en
este momento.

- Y me dijo que solo me veía como un amigo. — Continua.

- No se que decir. Lo lamento.

- ¿Tú lo sabías? — Cuestiona acercándose a mi. — ¿Lo supiste todo este


tiempo y no me dijiste nada?

- No era yo quien debía decírtelo.

- Así que lo sabias. — Toca mi hombro con su índice.

- Debo ir a casa, Edmund. — Repongo, alejándome algo asustada por su


comportamiento.

La luz de los faros golpea mi rostro y en ese momento odio estár en la calle
completamente sola.

Rutheford me observa con detalle, escrudiñando cada centímetro de mi cara. Al


principio parece extrañado pero luego sonríe como si hubiese descubierto algo.

- Te pareces a Liz. — Espeta complacido.

- Supongo. Es mi hermana. — Digo con un hilo de voz.

Él comienza a reír, a reír con fuerza mientras me observa.


Su comportamiento me atemoriza, me desconcierta. Lo conozco de toda la vida y
jamás había visto algo similar en su carácter.

- Sería una buena opción. — Alega mirando hacia a un lado y no entiendo a qué
se refiere.

- Nos vemos otro día. — Aprovecho la distracción para moverme.

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- Claro que lo haremos, Liz. — Se vuelve hacia mí.

- Soy Emily. — Le recuerdo.

- Cuídate mucho. — Es lo último que dice antes de caminar calle abajo.

Corro cuando lo veo alejarse. Mi pecho arde ante la adrenalina, pero no me


detengo hasta que estoy en la puerta de mi casa y entonces, nuevamente siento
que alguien me observa.

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Capítulo 9.
Despierto muy temprano en la mañana debido a unos golpes en la puerta, los
cuales perturban mi sueño.

- Mily, abre la puerta. — La voz de Liz suena urgente. — ¿Estás vestida?,


¿puedo pasar?

Esa es una gran diferencia entre Mia y ella. La primera se hubiese adentrado sin
ningún reparo, mientras está toma todas las precauciones debidas.

- Pasa. — Espeto, levantándome de la cama.

Froto mis ojos con pereza mientras ella camina al interior, sosteniendo un papel en
la mano, el cual agita con ansiedad.

- ¡Por Dios, Mily, péinate! — Exclama al verme. Toma de mi tocador un


peine que luego extiende hacia mi.

- ¿Qué ocurre? — Pregunto, omitiendo su ligera insinuación de que luzco como


un espantapájaros.

- El coronel Peterson me ha enviado una carta, invitándome a la


celebración de su cumpleaños mañana por la tarde.

- Eso es increíble, Liz. ¿Ya has pensado en el obsequio?

- No, porque sé que padre no me dejará ir. — Camina entristecida. — La


fiestá es en Coldtenhew.

- ¡Liz, eso está muy lejos!

- Lo sé, por ello te digo que padre no me permitirá asistir.

- Debes hacer el intento.


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Mi hermana asiente y sale de la habitación con la esperanza viva en sus ojos,
pero no ha pasado demasiado tiempo cuando regresa con el gesto decaído.

- ¿Cómo ha ido? — Pregunto, aunque ya deduzco la respuestá.

- Terrible. No hay forma. — Suspira, lanzándose a la cama. — Me ha dicho que


aguardara su regreso y así poder felicitarlo.

La carta se desparrama hasta el suelo mientras Liz gruñe con resignación. Puedo
notar su emoción por verlo y el desaliento al saber que no será posible.

Intento idear alguna estrategia para ayudarla, pero desafortunadamente nada se


me ocurre. Parece que no soy buena para los planes.

- Así que quieres ir a ver a tu coronel.

Liz se levanta de golpe de la cama y yo me giro hacía la puerta sorprendida ante


la voz infiltrada.
Mia está de pie en el marco, sosteniendo la invitación que mi hermana mayor ha
dejado caer.

- Si mis 10 años de vida no me fallan y las múltiples visitas me dan la


respuestá, estoy muy segura que una vez la abuela Clarise nos dijo que la villa
Coldtenhew está a media hora de su pequeño pueblo.

Liz y yo nos miramos ante las ocurrencias de Mia. ¿Será que su idea es posible
de realizar?

- Explícate. — Pide Liz, reavivando la esperanza.

- Podemos decirle a papá que queremos visitar a la abuela y luego cuando


estemos allá nos fugamos a la fiestá.

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- ¿Nos fugamos? — Replica mi hermana mayor al ver que se incluye.

- Yo fui la de la idea, así que deben llevarme. De otra forma le diré a papá.

- Bien, pero te quedaras callada en el transcurso del evento.

- ¡Por Dios! — Alega con fingida indignación. — Estáré comiendo todo el


tiempo, así que no veo la razón por la que deba hablar.

- Padre sospecharía que de un momento a otro queramos ir a casa de la abuela.


— Razonó ante la posibilidad.

- Claro que no y más si soy yo quien se lo pide. Además no se va a negar a visitar


a su madre.

La menor de las Malhore baja las escaleras para dirigirse a la sala donde papá ya
se prepara para marchar a la perfumería, mientras Liz y yo aguardamos al pie de
los escalones.
Mia se detiene frente a papá con un gesto triste y ojos brillosos.

- Padre. — Inicia con la actitud más lastimera que he visto. — Quiero decirte que
extraño a la abuela y quería que por favor me llevaras a verla.

- ¡Hija! — Suspira mamá conmovida ante la petición, mientras papá la mira con
desconfianza. — Eso es hermoso.

- ¿Desde cuando extrañas a tu abuela? — Cuestiona el mayor de los


Malhore.

- Bueno. — Dice, encogiéndose de hombros. — Tenemos mucho tiempo de no ir


a visitarla.

- Es cierto, Erick. — Apoya madre. — Es tu mamá, debemos ir a verla.

- Bien. — Cede débilmente. — Viajaremos a fin de mes.


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Siento a Liz palidecer a mi lado ante la propuestá de papá y de inmediato sé que
debo actuar o el plan irá al fracasado.

- Hagámoslo ya. — Levanto la voz sin medir las palabras. — Viajemos


mañana.

- ¿Mañana? — Cuestiona confundido. — No podemos marcharnos de la


nada. Tengo responsabilidades, la perfumería.

- La perfumería seguirá aquí cuando regresemos. — Repone mamá. — Solo


serán unos días. Hazlo por las niñas.

Papá duda por un momento, mirándonos a las 3 fijamente, pero cede finamente
ante los nuevos ruegos de Mia.

- Está bien, viajaremos mañana al amanecer. Hoy rentare dos carruajes para la
travesía, así que preparen el equipaje.

Usar a la abuela Clarise de excusa me hace sentir un poco culpable, pero todo
sea por la felicidad de mi hermana.

••••

Tal como lo ha prometido padre, dos carruajes y sus respectivos cocheros nos
esperan fuera de casa muy temprano en la mañana. Esto sin duda debió ser
muy costoso, pero afortunadamente pudimos permitírnoslo.

- Gracias, papá. — Espeta Liz al subir al transporte.

- La mitad del costo total de esto se los descontaré de su mesada, así que no
celebren demasiado.

Nadie dice una palabra, pero tengo que callar a Mia cuando intenta protestár.

124
El viaje hasta casa de la abuela resulta largo y agotador, aún más contando el
hecho de que Liz no dejó de hablar del coronel Peterson todo el camino.

Al llegar, mi espalda duele como si hubiese cargado un peso enorme por horas.
Mia se lanza al pastizal con dramatismo y Liz corre a bajar el equipaje, pendiente
a que el elegante vestido que ha traído para la fiestá no se quede en el carruaje.

La abuela Clarise ya nos espera en el colorido portillo celeste junto a un pequeño


perro.

La vivienda está rodeada por pequeños muros de piedra, precedidos por un


pastizal y un camino de piedrecillas bordeadas de flores amarillas, las cuales dan
paso al umbral.

La vivienda color crema está llena de flores, pequeños ventanales y techo


mullido. Es un lugar de campo hermoso que me hace sentir en paz.

- Mis niñas Malhore. — Saluda, dándonos un sonoro beso a las 3.

La abuela Clarise es robusta, con cabello blanco y los tradicionales ojos cafés de
los Malhore.

El pequeño can juega a nuestro alrededor mientras nos adentramos a la casa.


El interior es modesto y acogedor. En la sala hay un comedor campestre, vestido
con un mantel de cuadros rojos y blancos, junto a sillas de madera oscura.

La cocina está iluminada por la luz natural que entra por la ventana frente al
lavado. Lugar que está cubierto con estántes pequeños, tazas

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coloridas y cortinas de flores y encaje.
Podría quedarme aquí toda la vida, sin extrañar la ajetreada vida de Palkareth.

- Como saben solo cuento con 3 habitaciones y en su última visita Mia era
solo una bebé. — Dice la abuela. — Así que Liz y Emily compartirán alcoba,
sus padres estárán en otra y la pequeña Mia dormirá conmigo.

- Excelente. — Exclama papá ante la cara de terror de Mia. — Pues ella era
quien más quería verte. Ves hija, ahora podrás pasar todo el tiempo que querías
con tu abuela.

Mientras la mayor de los Malhore asfixia a Mia con abrazos, Liz y yo subimos a
la que siempre ha sido nuestra habitación.
Una acogedora alcoba de cama alta, posicionada al lado de la ventana y paredes
de madera.

- Tengo todo fríamente calculado. — Afirma, colocando la maleta sobre el


colchón para desempacar. — A las 4 de la tarde debemos salir de aquí, dado que
duraremos aproximadamente 40 minutos andando y tendremos 20 minutos para
reponernos antes de entrar pues el evento inicia a las
5.

- ¿Llegaremos a las 5 en punto? — Cuestiono extrañada. — ¿No crees que es


muy... puntual?

- ¿Tú crees? — Espeta, mordiéndose las uñas. — Bien, entonces nos


quedaremos fuera 40 minutos y entraremos a las 5:20.

- Calma, Liz. — Matizo, tomándola de los hombros. — No permitas que los


nervios te consuman. Llegaremos a la hora que tengamos que llegar.

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Después de almorzar y tomar un merecido descanso, inventamos la excusa de
que saldremos a dar un paseo por los alrededores de la vivienda y luego de
sondear las advertencias de papá sobre los peligros de salir solas, corremos a la
habitación para prepararnos.

Decido usar un recatado traje crema hecho de seda, cubierto con organza
decorada de puntos ocre que visten mi cuello, hombro y brazos.

Las mangas son amplias, las cuales terminan en mis muñecas con delicados
detalles en encaje, el cual también está en la parte superior de mi pecho.
Un listón ocre acentúa mi cintura para dar entrada a una falda que cae como
cascada hasta mis pies.

Recojo mi cabello en una coleta alta y abrocho las sandalias que el vestido
termina cubriendo.

Al bajar a la sala, padre nos mira con sospecha ante la presuntuosa manera de
arreglarnos para dar un paseo, así que omitiendo las miradas sospechosas salimos
de casa apresuradamente, pero una vocecita chillona nos hace detener.

- No se olvidan de algo. — Acusa Mia, llegando a nosotras.

- Claro que no, Mimi. — Suelta Liz, fingiendo una sonrisa.

Las 3 Malhore nos encaminamos hasta la villa Coldtenhew, pidiendo


indicaciones a todos aquellos pobladores que encontramos en el camino para
guiar nuestro andar.

La caminata se torna extensa y más aún por las quejas de Mia ante lo largo del
trayecto, por lo que debemos hacer paradas varias veces para

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que pueda descansar y convencerla de que no nos podíamos regresar dado lo
avanzadas que estábamos.

Cuando por fin llegamos son casi las 6 de la tarde y el lugar ya se encuentra
atestádo de personas que se pueden visualizar desde afuera. La entrada está
repleta de carruajes e invitados con vestidos pomposos que nos hacen ver a
nosotros como jóvenes cubiertas de andrajos.

El lugar es un campo abierto pero enrejado, iluminado con antorchas y


candelabros. Hay mesas dispuestás a lo largo y ancho del sitio, música movida y
banquetes llamativos.

Nos acercamos a la entrada donde dos hombres inspeccionan las invitaciones


antes de permitirles el ingreso al las personas y cuando por fin llega nuestro
turno, uno de los señores nos detiene.

- La invitación dice "Liz Malhore" y supongo que no todas llevan ese


nombre. — Alega el hombre con voz rígida. — ¿Quién de ustedes es la
señorita Liz Malhore?

Siento que la sangre se hiela en mis venas. Caminamos tanto para no poder
ingresar.

- Es ella. — Levanto la voz, señalando a mi hermana quien me mira con


preocupación.

- No voy a entrar sin ustedes. — Declara con terquedad.

- Oye. — Susurro, llevándola lejos del guardia para que este no pueda
escucharnos. — Hicimos todo esto para que pudieras ver al coronel
Peterson, así que ahora no vas a arrojar a la basura todo nuestro esfuerzo.
Entrarás allí y disfrutarás la noche con Daniel.

- ¿Y ustedes? — Cuestiona preocupada como la hermana mayor que es.

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- Por ello no te preocupes. Regresaremos a casa, así tenga que arrastrar a Mia
todo el camino. — Explico. — Y te aseguro que el coronel te llevará a casa o te
enviará en un carruaje así que no tienes que temer por regresar sola a casa.

- ¿Estás segura? — Pregunta dudosa.

- Como nunca antes en la vida. Diviértete. — Le pido. Dándole un beso a Mia se


despide y totalmente cansadas nos dirigimos a casa en medio del inicio de la
noche.

- Esto fue un fracaso. — Replica Mia.

- No lo fue porque Liz logro su objetivo.

- Claro y a la pequeña Mia que se le muelan los pies.

Omito sus quejas mientras avanzamos y cuando llevamos algunos metros


recorridos, una voz nos hace detener en seco.

- ¿Emily? — Gritan a mi espalda. ¿Ese es, ese es quien yo creo?

Me vuelvo estupefacta para encontrar un Stefan vestido de azul oscuro con


chaqueta y corona de plata sobre su cabello negro.

Me sonríe a la distancia y se acerca a nosotras a paso apresurado, haciendo que


mi corazón bombee mucho más rápido.

- Stefan. — Suspiro más emocionada de lo que pretendía dejar ver. — ¿Qué


haces aquí afuera?

- Bueno, es el cumpleaños de mi mejor amigo así que no podía perderme la


fiestá.

- ¿Este es el evento al que te referías hace unos días?

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- Así es. — Afirma sonriente. — Y respondiendo a tu pregunta. Estoy aquí
porque tu hermana me ha informado que no les habían permitido el ingreso y
no podía dejar que las tratarán con tal irrespeto.

- Es un evento privado, así que entendemos las razones.

- Nunca habrá razones suficientes para tratar mal a unas señoritas.

- No nos sentimos ofendidas.

- Pero yo si. — Replica Mia, tomando la palabra. — Fue un desplante


inaceptable.

- Estoy de acuerdo con la pequeña. — Apoya el príncipe. — Y para


repararlo, permítanme llevarlas conmigo.

- Creí que jamás lo dirías. — Exclama mi hermana, quien de inmediato


camina de regreso. — Y quiero que el guardia se disculpe conmigo.

Los pedidos de Mia hacen reír a Stefan, quien me mira discretamente con
ojos brillantes. La luz de las antorchas caen en su mirada azul cuando
llegamos nuevamente al sitio, haciéndolo lucir realmente apuesto.

- Considero que las señoritas merecen una disculpa. — Asegura Stefan,


señalándonos cuando nos encontramos frente al guardia que antes nos bloqueo
el ingreso.

- Disculpe majestád, pero no creí que fuesen sus invitadas.

- Ahora lo sabe y no he escuchado la disculpa. — Protestá Mia.

Después de escuchar lo que quería, nos adentramos a la fiestá, donde


visualizamos a Daniel presentando a Liz frente a todos los asistentes al evento.

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Me alegra ver a mi hermana tan feliz y me alegra aún más saber que el coronel le
da el lugar que merece.

- Luces muy hermosa está noche. — Dice el príncipe mientras


caminamos.

Sus palabras de inmediato me hacen sonrojar, dejando mi mente en blanco al no


saber que responder.

- Gracias. — Musito apenada.

- No debería darte vergüenza que alaben tu figura.

- Siempre le genera tensión a una chica tímida recibir un halago.

- No creí que fueras una joven tímida.

- Lo soy. — Aseguro. — No sé como responder a las adulaciones.

- Intentaré contenerme para su comodidad, aunque me será difícil.

- ¿Acaso tiene muchas cosas que decir?

- ¿Sobre usted? — Pregunta y de inmediato reprendo su formalidad. —


Sobre ti. — Se corrige. — Claro que tengo.

- Perdonen que interrumpa su cortejo, pero yo en verdad estoy cansada.


- Reprocha Mia.

Stefan sonríe ante la irrupción y nos guía hasta la mesa donde se encuentra su
madre, bajo la vista atónita y murmullos de los invitados al ver a su Alteza
acompañado.

- Querida Emily. — Saluda la Reina Genevive, levantándose para darme un beso


en la mejilla. — Un gusto volver a verte. ¿Quién es la jovencita? — Pregunta al
ver a mi hermana.

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- Mia Malhore, majestád. — Se empodera está. — Futura cuñada de su hijo.

- Ya veo. — Alega sorprendida por sus palabras. — Un placer. Soy la


suegra de tu hermana, entonces.

El rubor se extiende por mi rostro ante sus palabras, pero pronto soy calmada por
una ligera caricia que Stefan da a mi espalda.

- Iré a lo que he venido. — Informa Mia antes de caminar a la zona de


banquetes.

Tomo lugar en la mesa mientras Stefan pasa a mi mano una copa de vino
blanco, sonriéndome con galantería.

- Me siento afortunado al tenerte aquí está noche. — Dice, bebiendo de la suya.

- Para mi también es un placer verte.

- Creí que está noche iba a ser aburrida, pues a pesar de ser un evento en honor a
Daniel, debo cumplir con el protocolo y hacer lo necesario por complacer a los
demás.

- Gajes de oficio, supongo.

- Así es, pero me reconforta saber que eso incluye el tener que
complacerte a ti.

- Que galán. — Murmura la Reina Genevive, volviendo escarlata el rostro de


su hijo.

- Madre. — Susurra el príncipe con algo que vergüenza, la cual


comparto.

- Me alegra saber que Atelmoff te ha enseñado algunas cosas.


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- Estoy intentando no intimidar a Emily con halagos pero no me lo estás
dejando fácil, madre.

La Reina me mira con complicidad aceptando el pedido de su hijo y cuando


intento agradecerle, soy interrumpida por una voz chillona que reconozco de
inmediato.

- Stefan, cariño. — Saluda la joven que conocí como Valentine. — Es hora de


bailar y quiero hacerlo contigo.

La joven ni siquiera se molestá en saludarme, aunque tampoco me molestá


que me ignore pues no estoy interesada en interactuar con alguien tan
maleducado.

- Podemos hacerlo en la segunda pieza. — Pide él. — Ahora me gustaría


hablar un poco con mi invitada.

- Tu padre se ha puesto contento cuando le he dicho que he venido para invitarte


a la pista.

Siento a Stefan tensarse a mi lado ante las palabras de Lady Valentine, quien aún
sonríe en espera.
Él mira a su madre en busca de algún tipo de ayuda pero al parecer la Reina ha
preferido mantenerse al margen de la situación, pues está solo hace un gesto con
la mano para que acompañe a la joven a bailar.

- Si me disculpas, Emily. — Se excusa el príncipe, levantándose de la


mesa. — Espero me permitas la siguiente pieza.

- Por supuesto. — Respondo con una sonrisa.

- Vendré por ti cuando termine está canción. — Afirma sonriente antes de


marcharse.

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Dirijo la atención a la pista de baile, donde ya se reúnen las parejas dispuestás a
danzar, entre esos, diviso a Liz y Daniel.

Se mueven con ligereza entre las personas, robándose la atención de los invitados
y mi corazón comparte su felicidad.
Mia regresa con platos rebosantes de comida y se sienta a mi lado, lista para
degustar.

- ¿Y el príncipe? — Pregunta con la boca llena y siento que quiero morir de


vergüenza ante la Reina.

- Compórtate. — Pido en un susurro. — Y el príncipe está bailando con su


amiga Lady Valentine.

- No dejes que te lo roben, Emily. Eres muy lenta.

Las carcajadas de la Reina se escuchan a nuestro lado, haciéndome desear


desaparecer de este lugar.

- No te preocupes. Valentine no se lo quitara. — Apremia la soberana


Genevive. — Él está muy interesado en tu hermana.

- Pues no parece. — Replica está, lo que me lleva a golpearla debajo de la mesa


con el color llenando mis mejillas.

La pieza acaba, pero Lady Valentine no lo deja escapar. Lo toma por el cuello y
lo obliga a permanecer junto a ella.
Bebo mi copa hasta el fondo para distraerme un poco de la escena.

El Rey Silas llega luego para invitar a bailar a su esposa y después de saludarme
con un asentimiento de cabeza, se la lleva hacia la pista.

Pasan las canciones y Stefan ya ha cambiado de pareja 3 veces. Cada vez que se
acerca a una mesa lleva a una joven distinta al centro.

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- ¿Le hiciste algo? — Me pregunta Mia y yo niego. — ¿Entonces por qué te
ignora?

- No me ignora, simplemente es amable con los invitados.

- Tú eres una invitada y no está siendo amable contigo.

- ¡Para ya! — Le pido incómoda.

Ahora soy yo quien devora los postres traídos por Mia para pasar el tiempo antes
que Stefan regrese, pero pasan los minutos y él continúa lejano.

- Emily. Mia. Que placer contar con su presencia. — Saluda Daniel,


llegando a la mesa junto a Liz.

- Feliz cumpleaños, Daniel. — Espeto, dando palmadas en su hombro.

- Gracias por el regalo. — Dice sonriente, levantando la mano de mi


hermana.

- De nada. — Replica Mia, probando la crema de naranja. — Todo esto es


gracias a mí.

- Bueno, gracias entonces. — Responde condescendiente. — Y dime Emily


¿cómo la estás pasando? ¿Stefan se ha portado bien contigo?

- Si, ha sido muy amable. — Me limito a decir.

- No es cierto. Se ha olvidado de ella.

- Mia, cállate ya. — Pido molestá.

- Discúlpalo, Emily, pero él es extremadamente amable y no se niega a la


propuestá de nadie. Así que si lo invitan mil mujeres, con todas ellas bailará.

135
- Entiendo perfectamente.

- Él no intenta robarse la atención, pero es inevitable. Es el príncipe


heredero.

Asiento sin saber que decir. No me molestá en lo absoluto que baile con las
demás jóvenes de la fiestá, pero no puedo negar que me hace sentir extraña el
que no me haya dirigido ni una mirada desde que se fue de la mesa.

- Mily, lamento tanto su actitud. — Se excusa Liz en un susurro. — Cuando me


encontró y supo que no las habían permitido el ingreso se vio tan alterado que
salió a buscarlas de inmediato, así que no entiendo porque ahora hace esto.

- Creo que todos están exagerando. — Repongo, quitándole importancia al


asunto. — Él simplemente está ocupado.

- ¿Dónde está mi mejor amigo? — La voz de Stefan se escucha alto desde el otro
lado del recinto, interrumpiendo nuestra conversación.

Lo busca con la mirada hasta que encuentra nuestra mesa.

- Ven aquí. — Lo llama. — Es hora de dar tu discurso de cumpleaños.

Daniel camina hasta el lugar, dejando a Liz a mi lado.


Al llegar, el coronel comienza a agradecer a los invitados por su presencia y
agradece aún más por la mejor compañía que pudo imaginarse. Todas las
cabezas se giran hacia Liz quien sonríe apenada.

Cuando el discurso acaba pienso que Stefan regresará o al menos me dirigirá una
mirada, pero toda esperanza se desvanece cuando se sienta

136
en la mesa en la que ahora están sus padres y otro grupo de personas.

Conversa animado y ríe con aquel personal, olvidándose de mi presencia por


completo, así que supongo que Mia tiene razón al decir que me está ignorando.
¿Lady Valentine le habrá dicho algo sobre mi y él le habrá creído?

- ¿Quieres que nos marchemos? — Pregunta Liz al ser testigo de la


escena.

- No, estoy bien. — Miento.

- No, no es cierto. — Insiste ella. — Daniel me ofreció un carruaje que nos


llevará a casa, así que le diré que ya nos vamos.

- Papá debe estár enojado. — Repone Mia y por primera vez en la noche pienso
en la familia.

Todos deben estár realmente preocupados, pensando que nos hemos extraviado
mientras nosotras estámos de fiestá.

Liz se levanta con el rostro pálido al ser consciente de nuestros actos y camina en
dirección al coronel.

Pronto estámos al interior del carruaje y después de despedirnos de Daniel,


quien nos acompañó a la salida, partimos en el viaje más tenso de todos. Papá va
a matarnos.

El viaje transcurre en silencio hasta casa de la abuela y al llegar encontramos la


vivienda con la puerta abierta sin nadie en el umbral.

Bajamos del carruaje con gran nerviosismo y solo es poner un pie al interior de la
vivienda para que un grito nos atraviese.

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- ¡¿Donde estában?! — La voz de papá es enfurecida y con toda la razón.

- Yo no quería ir, ellas me obligaron. — Replica Mia de inmediato.

- ¡Mimi! — Exclamamos Liz y yo al mismo tiempo.

- Cállate. — Brama papá, señalándola. — Tú eres la menos culpable de las 3.

Camina de un lado a otro, frotando su sien. Está realmente furioso y no hay nada
que pueda justificar nuestro desconsiderado comportamiento.

- No han respondido mi pregunta.

Todas nos quedamos en silencio con la cabeza gacha, mirando directamente a


nuestros pies.

- Estábamos en la fiestá de Daniel. — Dice Liz luego de unos segundos.

- Aún cuando te dije que no podías ir, te escapaste llevando contigo a tus
hermanas.

- No fue solo su culpa. Nosotras quisimos acompañarlas. — Explico para


defenderla.

- Pero es ella la hermana mayor, por ende debe ser la más madura de todas
pero parece que no lo es.

- Lo lamentamos, padre. — Espeta Liz, avergonzada.

- Estoy totalmente decepcionado de ustedes. Dijeron que querían ver a su


abuela cuando lo único que pretendían es ir tras ese joven.

- Coronel. — Corrige Mia, empeorando el humor de papá.

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Mamá y la abuela cruzan la puerta con la respiración agitada mientras corren a
abrazarnos llenas de alivio.

- Estába tan preocupada por ustedes. — Dice madre, rodeándonos en un abrazo


que hace que mi corazón se vuelva pequeño de la culpa.

Miro el reloj de la sala y veo que ya son casi las 9 de la noche y no entiendo
como hemos sido tan irresponsables.

- Pensamos que les había ocurrido algo.

- En verdad lo lamentos. — Reitero lo ya dicho por Liz. — No volveremos a


hacer algo así.

- Claro que no lo harán. Están castigadas y no saldrán de está casa solas y mucho
menos de la vivienda en Palkareth.

Asiento totalmente de acuerdo con el castigo impuesto. Nos lo merecemos,


incluso algo mucho peor por lo que creo que mi padre a sido muy considerado
con nosotros después de lo que hemos hecho.

- ¿Dónde estában? — Pregunta mamá aún preocupada.

- En una fiestá. En la fiestá de aquel coronel al que le negué el permiso de asistir.


— Brama papá, colérico. — Me desobedecieron y nos tuvieron en ascuas por
horas. Es imperdonable.

- Lo importante es que ya están aquí. — Interviene la abuela, mediando por


nosotras. — Seguro aprendieron la lección, así que no te alteres, hijo.

- Vayan a sus habitaciones ahora mismo. — Ordena papá. — Espero hayan


cenado porque no tienen derecho a nada.

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- No, Erick. — Replica nuevamente la abuela. — Si tienen hambre deben
comer.

- No tenemos. — Respondemos las tres al unísono, totalmente


arrepentidas.

Marchamos a la habitación en completo silencio. Mia va con nosotras hasta la


alcoba dispuestá y nos ponemos la ropa para dormir, haciendo el menor ruido
posible.
Sabemos que cuando padre está en ese estádo es mejor ser fantasmas vagando
por la casa.

- Esto no puede volver a pasar. — Susurro cuando nos acomodamos las 3 en la


pequeña cama. — Y mañana debemos pedir perdón.

- Seguro nos harán trabajar en la perfumería como esclavos. — Repone Mia.

- Lo solucionaremos. — Musita Liz — Pero por más que lo intento no puedo


arrepentirme de está noche. Daniel fue tan educado y amable que repetiría este
momento mil veces sin importarme el castigo que me impongan.

Estoy realmente feliz por ella, pues pudo compartir la noche con el hombre que
le interesa, pero aún así, el sin sabor de la extraña actitud de Stefan no se borra de
mi boca.
Supongo que debo aceptar que la fantasía ha terminado.

140
Capítulo 10.
Cuando despertamos está mañana, papá nos pidió que acompañáramos a la
abuela al huerto adyacente de la casa. Así que aquí estámos, recogiendo
manzanas, peras, fresas y duraznos.

El huerto para mi sorpresa no es un lugar cerrado o pequeño. Se trata de un


terreno amplio con distintas variedades de frutos.

Los colores llamativos de los árboles capturan mi atención, la grandeza de los


mismos y la brisa fresca del campo crean una gran sensación.

Mis hermanas y yo nos dividimos la tarea y cada una cargada con cestás, recoge
la cosecha de un árbol distinto, aunque Mia lo único que hace es hurgar en las
canastas para comer.

- Siento que ayer fue un sueño. — Suspira Liz, embelesada. — Daniel fue tan
atento. Me presentó ante sus padres, amigos y demás familiares.

- Él es todo un caballero. — Repongo con sinceridad.

- Lo sé. Es todo lo que un hombre debe ser. Además baila muy bien.

- Pude verlo. Danzo contigo cada pieza.

- Y las que faltaron. — Agrega sonriente. — Pero me asusta que quizás sea solo
yo quien sienta todo esto.

- No lo creo, Liz. Él ha demostrado su interés hacia ti, así que tienes


permitido albergar la esperanza.

El sonido del galope de unos caballos aproximándose, irrumpen nuestra


conversación y dirigiendo la atención hacia el camino que está a unos

141
cuantos metros, vemos pasar a guardias reales. Y luego como si la vida se burlara
de mí, observo a Stefan cabalgar junto a Lady Valentine.

- ¡Niñas miren! — Llama la abuela, emocionada. — Es el príncipe Stefan.


Eso no se ve muy a menudo por aquí.

- Claro, ojalá se caiga y se rompa la cabeza. — Declara Mia, recostada bajo


la sombra de un manzano.

- ¿Cómo puedes decir algo así? — Cuestiona la abuela. — Es el futuro Rey.


Seguro ustedes lo habrán visto en algún evento. Es muy apuesto.

Si la abuela Clarise supiera lo cerca que hemos estádo se volvería loca. Pero al
parecer cada uno a vuelto al lugar que le pertenece, y aunque me ha dicho que
aquella joven es solo alguien a quien nunca podría corresponderle, creo que se
me ha otorgado el derecho de poner en tela de juicio sus palabras.

Siento la mirada compasiva de Liz apuntar en mi dirección, pero opto por


ignorarla y fingir que no he visto o sentido nada.

••••

La tarde del día siguiente vamos a la plaza de mercado para ayudar a vender a la
abuela lo obtenido ayer, lo cual según papá es parte del castigo pues ella solo se
sentará a supervisarnos mientras nosotras hacemos el trabajo. Y por nosotras me
refiero a Liz y a mi, debido a que Mia es más una carga que ayuda.

El ajetreo en la plaza hace que el día se torne caluroso. Vender es algo que ya
sabemos hacer, pero en la perfumería las personas no discuten o intentan
reacomodar el precio de los productos, cosa que aquí hacen

142
todo el tiempo, por lo que nos toca defender el valor de cada una de las frutas,
mientras la abuela solo se ríe.

Después de tomar del estánte del fondo un par de manzanas que han solicitado,
encuentro a mis hermanas, abuela y compradores doblados en una reverencia
dentro una plaza que de un momento a otro se ha quedado en silencio.
Y cuando levanto la vista al frente, un par de ojos azules me miran fijamente con
ansiedad. Se trata de Stefan.

- Alteza. — Suelto cuando vuelvo a la realidad y de inmediato realizo una


reverencia.

- Señorita Malhore. — Responde él, tocando la mesa del puesto de frutas con
algo de nerviosismo.

- ¿Desea algo, Alteza? — Pregunta la abuela, señalando la variedad de


productos. — Puede tomar lo que guste.

- ¿Eso incluye a la señorita Emily? — Inquiere sin quitarme la mirada.

La abuela se vuelve hacia mi, totalmente confundida y en realidad yo no tengo


ánimos de explicar lo que ocurre pues tampoco lo entiendo.
¿Qué hace aquí después que me ignoró toda la noche?

- Emily ¿tú conoces al príncipe?

- Lo he visto un par de ocasiones. — Espeto sin saber que contestár.

Stefan parece dolido por mis palabras, pero aún así no comenta nada al respecto.
Siento la presión de la plaza sobre nosotros, la cual dirige toda la atención a la
escena.

143
Parece que el príncipe y yo no podemos encontrarnos sin llamar la atención.

- Emily. — Susurra él, observándome con el océano de su mirada.

- ¿Va a comprar algo, Alteza? — Me adelanto a decir.

- Si claro. — Replica sorprendido por la interrupción. — Quizás un par de


algo... cualquier cosa.

- O quizás deba comprar todo. — Replica Mia con astucia.

- Tiene razón. — Contestá, mirándola. — Lo quiero todo.

- ¿Todo? — Cuestiona la abuela, incrédula.

- Todo. — Asegura él. — Señorita Emily ¿cree que podría concederme el


privilegio de tener una conferencia con usted?

- Es que estoy trabajando. — Me excuso.

- ¿Trabajar qué? Si ya él compro todo. — Protestá mi hermanita.

- Deberías ir, Emily. — Alienta Liz, tomando mi mano. No puedo creer que me
pida que vaya con él.

- ¿Puedo ir, abuela? — Pregunto aún cuando ya sé que me dejará partir.

- Por supuesto. Solo no se alejen demasiado.

Salgo del puesto para encontrarme con su figura. Intento no mirarlo a los ojos,
por lo que clavo la mirada en el suelo y justo cuando empezamos a dar los
primeros pasos, una voz nos interrumpe.

- ¿Alteza no se olvida algo? — Es Mia quien llama.

- Disculpe, ¿qué es eso? — Pregunta Stefan con caballerosidad.

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- No ha pagado.

- ¡Mia, por favor! — Reprende Liz, avergonzada.

- Tiene usted razón. Dígale a uno de los guardias cual es el precio de todo y
él les dará el doble.

- No podemos recibir el doble, Alteza. — Dice la abuela.

- Claro que podemos. — Alega Mia, mirando a los guardias. — Así que
denme los Tritens.

Sonrío ante la osadía de la menor de las Malhore, pero Stefan no me acompaña


en mi gesto. Se mantiene inescrutable a medida que salimos del mercado.

Iniciamos la caminata lejos de la plaza con el nerviosismo burbujeante en mi


interior. El príncipe no comenta nada, pero eso no quita el hecho de que pueda
sentir su mirada sobre mi.

- Debo empezar diciendo que soy un completo idiota. — Alza la voz


cuando ya estámos lejos.

Lo eres. Pienso, pero no lo digo.

- Mi comportamiento esa noche fue inaceptable y es que... bueno no tengo


excusa. Solo debo expresarle cuanto lo siento.

- No tiene porque disculparse.

- Claro que debo. Fui yo quien le pedí que se quedará para luego hacerla a un
lado. En verdad lo lamento.

- Pero ¿qué fue lo que ocurrió? — Pregunto en un intento por entenderlo.

145
- Debía mostrarme educado e interesado en los amigos de la familia y por
ende en sus hijas, razón por la cual seguramente usted pudo notar que bailé
con distintas damas.

- Disculpe pero aún así no puedo entender su total alejamiento.

- Ya lo dije. No tengo excusa, pero he venido para reivindicarme. — Alega con


determinación. — Cuando miré hacia su mesa y vi que ya no estában me sentí
terrible. Intenté buscarlas pero Daniel me informó que ya se habían marchado.

- No veía razón para quedarme.

- Tiene todo el derecho de pensar de esa manera, pero si usted me exime de


la culpa le puedo asegurar que nunca volverá a repetirse tal conducta.

Por primera vez en la caminata me atrevo a mirarlo a la cara mientras proceso sus
disculpas.

- No pasa nada. — Reitero.

- Si pasa. — Discrepa de inmediato. — Puedo sentir tu rechazo a mi


conducta. Mereces toda mi atención y estoy dispuesto a brindártela.

- ¿Por qué haces todo esto?

- Pensé que lo había dejado claro en su última visita al palacio.

- No estáría demás recordarlo. — Espeto y él sonríe.

- Estoy verdadera y genuinamente interesado en ti.

- Stefan yo entiendo lo que ocurrió y no creas que estába enojada, solo fue un
poco de... — Bajo la mirada ante la verdad de los hechos.

146
- Decepción. — Susurra, levantando mi mentón. — Puedo verlo en tus ojos. Mi
vida como heredero en estos momentos se trata de complacer a otros, hay
decisiones de mi destino que se salen de mis manos, pero si me lo permites me
gustaría compartir todo aquello que está a mi disposición contigo.

- No tienes que preocuparte por mi.

- Quiero preocuparme por ti. — Dice con una sonrisa que me desarma. — Se
que muchos de mis asuntos como monarca nos harán estár alejados, pero quiero
estár en medio de una reunión y preguntarme ¿qué estárá haciendo Emily
Malhore?

Aquella respuestá me hace sonreír, creando un cosquilleo en mi estomago.

- El cielo está hermoso. — Contesto para desviar la atención de mi rostro


enrojecido.

Stefan levanta la cabeza, haciendo que su cabello oscuro caiga hacia atrás. Sus
ojos se iluminan mientras contempla la inmensidad azul que reposa sobre
nosotros.

- Sin duda. — Responde, devolviendo su mirada a mi. — Pero no puedo


fijarme en el cielo mientras tú estés alrededor.

- ¿Por qué? El cielo es majestuoso.

- Totalmente de acuerdo. — Dice casi en un susurro.

Me gusta cuando su voz se torna ligera y suave, pues me permite escuchar la


sinceridad de sus palabras.

- ¿Nos encontramos en buenos términos, Emily?

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- Creo que si.

- Bien, porque no me gustaría irme sin saber si he reparado mi error.

- ¿Te iras? — Cuestiono confundida. — ¿A dónde?

- Tengo programado un viaje con mi padre a la base militar en la ciudad de


Rihelmont por 3 días.

- Espero te vaya bien. — Es lo único que logro decir. Supongo que quería estár
un día más con él.

- Seguramente así será porque estáré pensando en ti.

- No se lo recomiendo. Es mejor que este concentrado en sus deberes.

- No creo poder llevar una vida normal después de conocerte.

- ¿Me está acusando de ser una distracción?

- Así como el cielo la distrajo hace un momento, usted me distrae a mi.

- ¿Qué está tratando de decirme?

- Nada que no sea cierto. — Dice con astucia. — Espero verte a mi


regreso.

- No creo que eso sea posible. — Revelo al recordar las palabras de mi padre.

- ¿Debido a qué? — Puedo escuchar la preocupación en su voz.

Me da algo de vergüenza revelar el castigo impuesto a causa de nuestro


irresponsable comportamiento, así que opto por guardar silencio.

- Me estás asustando, Emily.

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- Bueno... — Dudo por un segundo. Pienso en mentirle pero no quiero hacerlo.
— La verdad es que nos escapamos de casa de la abuela para ir a la fiestá y nos
prohibieron salir solas debido a nuestros actos.

Stefan intenta contener la risa para no apenarme más de lo que estoy, pero la
diversión de sus ojos lo deja al descubierto.

- Puedes reírte si quieres. — Musito enrojecida.

- Intento ser el caballero que te mereces, Emily. — Dice frunciendo los labios.
— Por ello creo que debería ir hablar con tu padre y así arreglar la situación.

- No creo que puedas convencerlo.

- Al menos permíteme intentarlo.

- Me sentiría más a gusto si no intervienes.

- Está bien. Si no quieres que lo haga, aceptaré tu decisión pero


encontraré alguna manera de hacerlo.

- Se le pasará. Intentaremos convencerlo, así que no te preocupes.

Se acerca a mi con cautela, cerniendo sus ojos sobre mi. El azul de su mirada me
recuerda al cielo que hace poco admirábamos.
Coloca las manos en mis hombros y se acerca despacio. Por un segundo pienso
que va a besarme, pero entonces sus labios caen en mi mejilla, muy cerca a mi
boca.

Su tacto eriza mi piel y me encuentro rápidamente aferrando mis manos en su


pecho.

- Te dije que quería preocuparme por ti. — Susurra a mi oído.

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- Me gustaría que lo hicieras. — Revelo, negándome a renunciar a su
cercanía.

- Entonces está será la primera de muchas promesas que te haré.

Su aliento juega con mi cabello mientras habla a mi oreja. Siento su calidez y la


fuerza con la que recita aquellas palabras.

La realidad me golpea al tenerlo tan cerca y es que en verdad quiero tener a este
hombre en mi vida. Conocerlo aún más, pasar tiempo con él, escuchar su voz y
sentir con mayor profundidad la gran alegría que me embarga cada vez que lo
tengo cerca.

150
Capítulo 11.
Como Stefan lo prometió, intervino de alguna u otra forma pues envió a un
guardia real para informarnos que en el momento en que quisiéramos regresar a
Mishnock, habrían dos carruajes dispuestos para llevarnos y todo de parte del
palacio, por lo que no tendríamos que preocuparnos por ningún gasto.

Los días siguientes a eso fueron supreamamente agitados, pues el pueblo ya


sabía que había llegado a esa fiestá junto al príncipe, por lo que todas querían
usar el perfume "Emily" y averiguar si esa fragancia les traía la suerte que la
vida me había heredado a mi.

Pasaba el tiempo yendo y viviendo de casa con mis hermanas. Sin embargo, en
múltiples ocasiones sentí aquella presencia extraña a mi espalda, como si alguien
me siguiera o vigilara. Aún así, decidí no contarle nadie pues no tenía pruebas
para respaldar lo que sentía y mucho menos las tengo ahora.

Está mañana desperté con los rumores que el Rey y Stefan ya habían regresado
de su viaje.
Las personas se han comenzando a aglomerar a las afueras del palacio para
obtener una vista de los monarcas y los reporteros una buena fotografía de ellos.

Yo mientras tanto, aguardo fuera del edificio de tutorías del señor Field, el tutor
más exigente que toda Mishnock puede tener, aunque encubre su rudeza con la
excusa que solo es un apasionado por su trabajo.
Estoy de pie en el umbral, esperando a mi vecina Nahomi, quien una vez que
salgo de aquí, me hace compañía todo el camino hasta casa o a la

151
perfumería donde por lo general pasó mis tardes ayudando a mis padres.

Nahomi a sus 58 años está fielmente convencida que el príncipe y yo estámos en


una relación. Ella me ha visto crecer y la amo como a una abuela, el único
problema es que es un mujer peculiar, no es del todo cuerda, en ocasiones sus
pensamientos huyen lejos de la realidad y comienza a fantasear sin sentido, pero
es muy sabia en sus momentos de lucidez, incluso a veces predice eventos que
jamás creíste que sucederían.
Ve cosas que nosotros no podemos ver y balbucea incoherencias muchas veces,
pero aún así, es una mujer dulce e inofensiva.

Aparece en mi campo de visión con una sonrisa en sus labios. Hoy está de buen
humor.

- Se dice que llegó tu novio. — Proclama emocionada mi acompañante.

- Naho, él no es mi novio. — Le doy una mirada desaprobatoria.

- Entonces, puedo apostar que tu soltería acaba el día de hoy. — Me toma de la


mano dando pequeñas caricias, mientras caminamos.

En realidad me gustaría que algo así sucediera pero nuevamente tengo que poner
mis pies en la tierra y no hacerme falsas esperanzas.

- Es un presentimiento de anciana. — Continua, sacándome de mis


pensamientos.

- No eres una anciana.

- Tengo 58 años, tampoco soy una joven doncella. — Sus ocurrencias siempre
me resultan divertidas. — Pero prométeme que no te olvidarás de

152
está anciana cuando el palacio sea tu hogar y que me llevarás al mar de Hilfman.

En Hilfman no hay mar, así que asumo que es una de sus desvaríos sin sentido.
Mi corazón se acongoja pues no concibo la idea de no volver a verla nunca
más.

Antes de lo pensando estámos frente a la perfumería. Al entrar Nahomi se


acomoda en una de las sillas cerca a la entrada, mientras yo tomo lugar detrás
del mostrador, limpiando y organizando los desastres que Mia ha dejado estos
últimos días.

La tarde va transcurriendo sin más, hasta que un grupo de tres guardias se


posiciona a las afueras del lugar, custodiando algo o a alguien y antes de que mi
mente pueda atar cabos se estáciona un carruaje real, dando aviso que alguien
importante se acerca.

Mi corazón golpetea en mi pecho. Automáticamente pienso en como luzco e


intento arreglarme pasando las manos por mi cabello, al momento previo en el
que me disponía a mirar a Nahomi quien se encuentra absorta en sus
pensamientos y aún no ha notado todo lo que ocurre afuera, a escasos
centímetros de ella; el paje del carruaje abre la puerta y de este se baja un muy
imponente Atelmoff.

No puedo negar mi decepción pero aún así es imposible no alegrarse al verlo, lo


observo atentamente mientras cruza las puertas de la perfumería dando pasos
firmes, mientras los guardias esperan fuera vigilando todo a su alrededor.

- ¡Atelmoff! — Exclamo sorprendida.

- Señorita — Responde con toda formalidad.

153
Nahomi vuelve a la realidad en un instante y se levanta de su lugar
apresuradamente, observando atónita al caballero que poco a poco se acerca a mi.

Devolviendo mi vista al visitante me asombro al notar que no usa el uniforme


habitual del palacio, hoy tiene un estilo informal muy diferente a como lo he
visto en oportunidades anteriores. ¿Que hace aquí?, es decir, su trabajo es en el
palacio, solo servirle al príncipe. ¿Acaso ha sido despedido?

- ¿Cómo has estádo?— pregunto preocupada de que ahora este


desempleado.

- Excelente. Vivo en el palacio, no tengo quejas y ¿usted?

- Muy bien, gracias. — Respiro aliviada de saber que aún conserva su


trabajo — ¿A qué se debe su visita?

- Asuntos del trabajo y a que deseo un nuevo perfume — Dice revisando los
estántes que tiene a su alrededor. — ¿Cual me recomiendas? Debe ser uno
para alguien apuesto y valiente como yo.

Sonrío de inmediato, es justo como lo recordaba. Atelmoff sin duda es increíble y


presumido de una buena manera.

- Quizás Apolo sea indicado para usted mi señor. — respondo inclinando mi


cabeza un poco al decir las últimas palabras, mientras le sigo el juego.

Él me mira divertido, confirmando que había captado mi mensaje.

- Ya dejémonos de formalidades cariño. — Brama agitando las manos en el


aire. — Estoy aquí porque el príncipe quiere verte y me ha enviado a buscarte.
— Suelta de forma apresurada.

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Estoy helada, totalmente anonadada, Stefan quiere verme. Pienso en mi
aspecto de nuevo, no estoy presentable para verlo.

- ¿Podemos ir a casa? — Atelmoff me mira confundido y le explico. — Para


arreglarme.

- Lo último que le interesa a Stefan es como luces. — Replica con


naturalidad.

- Pero a mí sí me importa, por favor.

- Está bien. — Levanta sus manos en señal de rendición — Si crees que lo


necesitas, vamos.

••••

Después de probarme cientos de trajes y miles de peinados, salgo al encuentro en


un vestido que Nahomi me ayudo a escoger, de muselina verde largo y suelto,
con finos tirantes que dejan expuestos mi cuello y hombros.

Subimos al carruaje en un viaje silencioso que aumenta mi ansiedad cada vez


que pienso en él.
Entramos al palacio sigilosamente, avanzando sin interrupciones con mi corazón
a un ritmo explosivo. Mis manos reflejan un ligero temblor acompañado de un
vacío inexplicable en mi estomago, al saber que estoy a pocos metros de verlo
nuevamente.

Atelmoff nota todas las reacciones de mi cuerpo y cree tener el poder para
calmarlas con sus palabras, pero definitivamente solo causa el efecto contrario.

- Tranquila, Stefan está más nervioso que tú.

155
- ¿Como puedes asegurar eso? — Pregunto incrédula.

- No ha parado de hablar sobre ti. — Detiene el paso un segundo y


reflexiona — Aunque yo no debería estár diciéndote eso.

Avanzamos hasta la segunda planta para detenernos frente a una puerta de caoba
firmemente labrada.
El haber llegado hasta aquí me pone algo nerviosa, pues sé que un plebeyo no
debe adentrarse tanto en el palacio.

- ¿Qué es este lugar? — Pregunto ante lo desconocido.

- La habitación de Stefan. — Responde con naturalidad.

- Oh, no. — Retrocedo dos pasos. — No voy a entrar allí. Es su habitación, es


un lugar muy personal.

- Él así lo ha pedido. — Explica.

- De ninguna manera. Es una libertad que no pienso atribuirme.

Mamá está vez no me dio reglas que seguir frente al príncipe, pero supongo que
la norma general sería: "Jamás entrar a la habitación del heredero"

Los guardias que custodian la entrada, las abren completamente para mi como si
fuese algo natural, pero yo me mantengo estática en el pasillo al no ser capaz de
irrumpir en aquel lugar.

- Adelante, el príncipe te espera. — Informa Atelmoff con una sonrisa.

Su mano reposa en mi espalda y con ella me empuja lo suficientemente fuerte


como para hacerme trastabillar y avanzar hacia el prohibido sitio.

156
Capítulo 12.
Mis pasos son torpes, demostrando mi nerviosismo. Mi boca se seca en segundos
mientras avanzo y entonces lo veo, de espaldas mirando a través del ventanal de
la oficina, frotando las manos a sus costados.

Viste una camisa gris recogida en sus antebrazos junto a un pantalón oscuro
ceñido a sus piernas, que permite observar en detalle su fornido cuerpo.

Las puertas se cierran en un golpe fuerte que hace eco en el lugar. Stefan
se gira abruptamente y al verme, la reacción de su rostro es indescriptible.

- ¡Emily! — Pronuncia aireado con una gran sonrisa.

Se acerca apresuradamente a mi, con sus ojos desbordando felicidad y emoción,


jamás imaginé provocar está conducta en el príncipe.
Se detiene de forma repentina a pocos centímetros de mi.

- Ruego me disculpe por tal comportamiento. — Clama apenado.

- ¿Estás emocionado?

- Aún más de lo evidente.

Sonrío avergonzada por sus palabras. Él tampoco llega a imaginar como me


siento en estos momentos.

- Luces hermosa. — Murmura para acabar el silencio.

- Tú igual — Sin poder ver sus ávidos ojos azules un minuto más, fijo la
mirada en el escritorio a mi lado y no puedo evitar sonreír con lo que

157
encuentro. El noticiario donde Stefan y yo estámos en primera plana reposa sobre
la mesa.

- ¿Conservas esto? — Pregunto caminando hacia el periódico para tenerlo en mis


manos.

- ¿Por qué no habría de conservarlo?. Tú estás en el.

- Pero fue hace ya muchos días.

- Y jamás había estádo tan feliz de leer el noticiario.— Me mira


incesantemente, toma mi mano para cubrirla con la suya — Pude mirarte aún a
kilómetros de distancia.

Una corriente recorre mi cuerpo, algo que solo Stefan provoca en mi.
Automáticamente mis mejillas se tornan rojizas y se que él disfruta ver el efecto
que tiene sobre mi.

- Hablando de distancia. — Musito para desviar la atención de mi


enrojecido rostro. — ¿Cómo estuvo tú viaje?

- Lo describiría como un alto agente estresor.

- ¿Tan malo fue? — Pregunto preocupada.

- Por lo general los asuntos del reino son así, aunque no tengo quejas de los
idílicos paisajes.

- Estábas con tu padre ¿no?

- Así es. — Afirma con caballerosidad.

- ¿Y es agradable viajar con él? — Cuestiono al recordar la conversación que


escuché hace días.

158
Su mirada decae por un segundo pero se repone de inmediato, intentando ocultar
la incomodidad por mi pregunta.

- Él está enseñándome todo lo que debo saber, así que su compañía resulta
gratificante.

- Puedo hacerte otra pregunta. — Aprovecho el momento para esclarecer todas


las dudas que tengo.

- Por supuesto.

- Bueno, no debería pedirte esto, pero es que en verdad necesito saberlo.

- ¿A qué te refieres? — Cuestiona contrariado. — Puedes preguntar con


libertad.

Respiro profundo ante la vergüenza que me causa el exponer tal asunto de mi


vida o al menos un esbozo de está, pero desde que mi padre mencionó la extraña
estádía de Edmund en Palkareth no he dejado de pensar en ello.

- Hay alguna posibilidad de saber quiénes son los soldados que han
desertado del ejército.

La sorpresa es evidente en el rostro de Stefan, quien entre cierra los ojos con algo
de desconfianza.

- Hay una manera. Cada mes envían un reporte del estádo de los soldados. —
Asegura. — Y me disculpo de antemano por el atrevimiento, pero me gustaría
saber para qué necesita esa información.

- Es simple curiosidad, pues aún continua aquí y creí que ya debió


regresar.

159
- Deduzco que es cercano a ti ¿se mantiene permitido conocer hasta que grado?

- Es amigo de mi hermana.

- Comprendo. — Asiente, caminando a la salida. — Aguarda aquí, debo ir en


busca del listado.

Sale de la habitación sin volverse y luego de unos minutos regresa a la estáncia


con un par de carpetas en las manos.

- Supongo que necesitas el informe del último mes.

Cuando le paso los datos del soldado, comenzamos a revisar el listado de los
desertores. Sin embargo, el nombre de Edmund no figura en la lista.
Decepcionada dejo el papel a un lado pero rápidamente Stefan pasa a mis
manos un folder con el nombre de Rutheford.

- ¿Por qué hay un archivo solo para él? — Cuestiono extrañada.

- No es un desertor, fue dado de baja.

Reviso cuidadosamente lo escrito en su ficha y descubro que está fuera del


ejército por comportamiento inapropiado y conductas agresivas.

- Mantente alejada de él. — Pide preocupado.

Dejo el folder en la mesa próxima sintiendo un terrible vacío en el estómago.


¿Con qué persona hemos estádo tratando?

- ¿Ese joven ha hecho algo contra ti? — Pregunta con ceño fruncido.

- No, pero... — Pienso un momento en hablar o mantener esto es silencio. Al


final me decido por la segunda opción. — Ahora se está comportando extraño.

160
- ¿Deseas que me encargue de la situación?

- No hay ninguna situación. — Replico con rapidez. — No me ha hecho


nada.

- No hay que esperar que actúe para detenerlo.

Me mantengo en silencio, sopesando la problemática. Él ha comenzado a


llamarme como mi hermana pero a parte de ello no ha realizado nada en mi
contra, quizás solo estoy exagerando la situación.

- ¿Recuerdas lo que hablamos? — Inquiere caminando hacia mi. — Quiero


preocuparme por ti.

Mi corazón se desborda mientras él se coloca detrás de mi, acercándome a su


cuerpo, rodeando mi cintura con sus manos. Su rostro busca lugar entre la curva
que forma mi cuello y baja lentamente mientras su nariz me acaricia.

- Creo que ya habíamos quedado en un acuerdo respecto a eso. —


Repongo al recordar nuestra conversación en Coldtenhew.

- ¿Y cuál fue el resultado?

- Puedes hacerlo. — Mi voz es baja, nerviosa pero deseosa. Dejando al aire


un anhelo que va más allá de esa antigua conversación.

Siento su respiración cálida y profunda recorrerme como electricidad bajo la piel,


continúa su excursión dando un pequeño beso en mi hombro desnudo, mi piel
responde a su atención erizándose al instante y en un movimiento bien calculado
me gira hacia él para mirarme directo a los ojos.

161
Se acerca lentamente y ya se lo que está a punto de hacer, permanezco inmóvil
pues yo también deseo lo mismo. Su mirada hace contacto con mi interior,
buscando algo que se ha perdido y de lo cual quiere adueñarse.

En cuestión de segundo me da un firme pero dulce beso sin soltarme la cintura,


reafirma más su agarre como si temiera que fuese a escaparme. Sus labios se van
apoderando de cada centímetro de los míos, cada lujuriosa embestida se siente
como si dejara una marca que reclama su derecho a ser elegido único que puede
poseerlos.

Su boca se acopla perfectamente a la mía en una fina sincronía; de mis labios se


escapa un ligero suspiro invitándolo a seguir. Su beso pasa de ser lento a salvaje,
desbordando pasión; mi mano derecha se aloja en su cabello acariciándolo con
suavidad y mi brazo izquierdo reposa en su hombro rodeando su nuca.

Me alejo un momento para tomar una bocanada de aire mientras una de sus
manos se pasea subiendo por mi espalda, la otra aún me sostiene con fuerza en la
cintura.
Stefan vuelve a borrar el espacio entre nuestras bocas con otro beso suplicante,
que arremete violentamente contra mis sentidos dejándome sin escapatoria.
Siento su sabor en mis labios, uniéndonos más para inmortalizar el momento.

Escuchamos un fuerte llamado desde la puerta de manera desesperada.

- Alteza, es conveniente que se reúna con su padre de inmediato. El ejército


Lacrontte ha tomado la ciudad de Pinfegnal.

No hay respuestá de nuestra parte y la voz se vuelve a ser presente.

162
- Necesitan ordenes en la base militar y el Rey lo requiere con urgencia para
realizar el plan de ataque.

Stefan separa con pereza sus labios hinchados y enrojecidos por la fricción
ejercida sobre ellos. Aún su frente permanece pegada a la mía y sus manos se
encuentran en la misma posición de antes.

- Salgo de inmediato. — Masculla con los ojos cerrando y la respiración


agitada, tratando inútilmente de restáblecerla a un buen ritmo.

Traga rápido antes de abrir los ojos y mirarme con fervor.

- ¿Qué me has hecho, Emily Malhore? — Sonríe contra mi cara.

- Su Alteza, es de urgencia que se presente ante el consejo de inmediato.


- Llama de nuevo el guardia.

Stefan planta otro beso más corto en mis labios y me mira con ojos titilantes,
como quien acaba de conocer la felicidad.

- Regreso dentro un momento. — Avisa con ojos centelleantes. — Siéntete con


la libertad de hacer lo que gustes.

Se separa de mi y sacude su cabeza buscando claridad y control, intentando


volver a la realidad después del hechizo.
Sale al encuentro con los guardias a resolver los asuntos de la guerra, no sin antes
girarse por última vez y guiñarme un ojo en el proceso.

Me quedo observando en la habitación todo a mi alrededor, mientras camino hacia


la enorme cama que se encuentra en el centro de lugar, me siento en el borde con
cuidado pensando en lo que acaba de suceder.
Stefan rompe todos mis esquemas, me hace sentir viva, me saca de mi monótono
mundo y le agrega adrenalina a cada uno de mis segundos junto a él.

163
••••

Siento una opresión sensorial sobre mi. Abro los ojos para encontrar a Stefan
mirándome desde una silla junto a la cama. ¿En qué momento me quedé
dormida? No recuerdo sentirme cansada. Pero aquí estoy, acostada sobre sábanas
blancas de algodón puro, rodeada de almohadas de plumas, sintiendo el olor
natural de Stefan a través de estás.

- ¿Has dormido bien?— Pregunta sonriente.

- Tan bien como se podría en la cama de un príncipe. ¿Cuanto tiempo llevas


observándome?

- El tiempo suficiente para descubrir que roncas. — Dice riendo.

- Yo no ronco. — Declaro a la defensiva.

Sus carcajadas retumban por todo el lugar haciendo que sus ojos se tornen más
brillantes de lo normal.

- Era una broma, no te sonrojes. — Agrega mirándome fijamente.

Mi única salida antes de demostrar mi nerviosismo es cambiar el tema.

- Esto huele muy bien para un príncipe que no usa perfume. — Exclamo
somnolienta.

- Se dice que cada persona tiene un fragancia natural. — Toma mi mano para
sacarme de la cama. — Arriba. Mis padres nos esperan para cenar.

- ¿Cenar? — Pregunto alarmada. — ¿Que hora es?

- Pasadas las siete.

164
Todo el ánimo que tenia desaparece, mi padre va a matarme. ¿Cuanto tiempo
estuve dormida?

- No debería estár aquí tan tarde. — Exclamo asustada.

- Tranquila. Yo te acompañaré a casa y le explicare la situación a tu padre.

- ¿Qué vas a decirle? ¿Qué me quede dormida en tu habitación? ¿Sabés como


suena eso, Stefan?

Lo comprendo en absoluto. Prometo dejar a un lado mi honestidad e inventar una


excusa que no ponga en tela de juicio tu honra ante tu familia.

- No sé si estoy preparada para cenar con los Reyes. — Protesto.

- Ellos aguardan nuestra llegada, confía en mí. Estoy aquí para hacerte sentir
cómoda.

Me levanto de la cama insegura de lo que sucederá, intento arreglar mi aspecto


para la cena pero Stefan toma mi mano, en un intento por calmar mi ansiedad a
medida que caminamos fuera de la alcoba real.

- ¿No vas a darme un beso? — Susurra deteniéndose en la puerta.

- No. — Replico de inmediato.

- Te adueñaste de mi cama, es lo mínimo que merezco.

- Intentare pagarlo en otro momento y de otra forma. — Espeto con naturalidad


pero rápidamente caigo en cuenta que mis palabras pueden ser
malinterpretadas.

Mientras avanzamos hacia el comedor para la cena, me aferro a su brazo


apretándolo fuerte.
165
- Tranquila, todo va a estár bien. Solo son mis padres.

- Tus padres son los Reyes, Stefan.

- Y también son personas. — Replica con confianza.

Los guardias avisan nuestra llegada y entramos tomados de la mano para


sorpresa de todos. Somos observados mientras nos acercamos en silencio.

- Disculpen el retraso. — Dice Stefan. — Madre, ya conoces a la señorita


Emily. — Desvía su mirada al Rey Silas añadiendo. — Padre, permíteme
presentártela.

- Su majestád, soy Emily Malhore. — Espeto haciendo una reverencia.

- Señorita Malhore, es un honor conocerla. — Dice el Rey con amabilidad.

Stefan abre una silla del comedor para mí y él se posiciona a mi lado.

- Emily, es un gusto volver a verte. — Declara la Reina Genevive.

- El gusto es mío, su majestád.

- ¿Le gustaría comer algo en especial, señorita? — Interviene el Rey.

Miro hacia Stefan presa de los nervios, él me da una sonrisa tranquilizadora y


pone su mano sobre mi muslo, apretándolo en señal de apoyo.

- Lo que disponga el chef está bien para mí. — Respondo al fin.

Después de unos minutos nos sirven cordero en salsa de ciruela. Sencillamente


exquisito, aunque el vino fue algo fuerte para mí gusto, jamás había probado algo
semejante.

- Sabías que el padre de Emily es Erick Malhore. — Declara la Reina.

166
- ¡Oh, el gran perfumista! — Expresa el Rey asombrado. — Tu padre es un
genio.

- Muchas gracias, su majestád. — Digo con evidente orgullo.

- Su madre no se queda atrás. — Irrumpe Stefan mirándome


seductoramente. — Ambos han hecho maravillosas creaciones.

Por su gesto sé perfectamente que no se refiere a los perfumes.

Nos levantamos de la mesa una vez la cena culmina. Stefan me guía hasta la
salida en compañía del Rey, y yo solo pienso en la cara que debe tener mi padre
una vez me vea.

- Es bueno saber que Stefan tiene amigos, pues no se relaciona con muchas
personas de manera poco protocolaria. — Espeta su majestád una vez su hijo
se aleja de nosotros para mandar a preparar el carruaje.

- El príncipe es muy agradable, majestád.

- Eso dicen. — Alega sonriente. — ¿Puedo preguntar usted a qué se


dedica?

- Estoy en mi último año de tutorías.

- ¿Y qué harás cuando tu educación termine? — Pregunta curioso.

- Dedicarme al negocio de mis padres. — Mi voz sale baja ante su


incesante mirada. — La perfumería. —

Debo confesar que el Rey Silas me intimida un poco.

- Dime una cosa, Emily. Te puedo llamar Emily ¿no? — Pregunta y yo


asiento. — ¿Qué crees que se necesita para ganar la guerra?

167
- Soldados y armas, supongo. — Musito nerviosa ante el cambio de tema.

- En parte, pero también se necesita estrategia y ciertamente no una


perfumería. ¿Estás de acuerdo?

- Así es, majestád. — Mi corazón bombea rápido, pero aún así intento
mantener la compostura.

- Pero los perfumista son importantes, de otra forma ¿qué le rociarían los
soldados a su traje?

- ¿Me he perdido algo? — La voz dubitativa de Stefan llega a nosotros.

- Trátalo bien, eres la primera mujer de la que me ha hablado. — Susurra el


Rey antes de marcharse sin responderle a su hijo.

Le sonrío fragilmente al príncipe sin saber que decirle, sin embargo, he de


confesar que me siento agradecida por la interrupción. No puedo alegar que el
soberano de Mishnock fue descortés conmigo pero su actitud ciertamente fue
algo extraña.

168
Capítulo 13.
Llegamos a casa y debo confesar que los nervios me tienen prisionera, mi padre
es alguien comprensible pero estricto si así quiere serlo.

Bajamos del carruaje cuando el paje abre nuestro transporte y Stefan me lleva de
la mano hasta la puerta de mi casa.
Debo admitir que estoy nerviosa, no quiero hacer enojar a mi padre y mucho
menos decepcionarlo. Tengo en mi defensa que muy poco salgo de casa y cuando
lo hago, mi destino siempre es la habitación de mi amiga Rose.

Nos detenemos en el umbral, aún tomados de la mano, la puerta es abierta al


tercer golpe y sale justo quien esperaba. Papá.

- Buenas noches señor Malhore. —Exclama Stefan con naturalidad.

- Su Alteza— saluda mi padre inclinando la cabeza.

- Espero pueda disculpar la hora de llegada de la Señorita Emily, he de


confesar que el retraso ha sido por mi causa.

- ¿A qué se debe tal retraso? — Pregunta mi padre algo molesto.

- Cena con los Reyes. — entrelaza sus manos en la espalda para retomar su
discurso— aún así permítame reiterar mis disculpas.

- No se preocupe Alteza, es un gesto de caballeros el traerla hasta casa.

- Era mi deber, señor. Tiene usted una hija maravillosa.

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Da un beso en mi mano como despedida y sus ojos se posan en mi. Entro a casa
con cuidado mirando a Stefan sonreírme, mientras conversa con mi padre.

La sorpresa me embarga cuando veo a mi hermana sentada en la mesa del


comedor junto a mi madre.
No tengo tiempo de preguntar que sucede o cual es el motivo de la reunión,
porque escucho de inmediato las ruedas del carruaje andar, indicando la partida
de Stefan y acto seguido el crujir de la puerta al ser cerrada.

Mi padre se aproxima a nosotras y me invita a tomar asiento; veo en la cara de mi


hermana liz algo parecido a la vergüenza ¿qué sucedió?

- Niñas— empieza mi madre.

- Yo voy a hablar— la interrumpe mi padre— ustedes son dos señoritas


hermosas y no lo digo porque sean mis hijas, es algo que se nota a simple
vista.

- ¿Qué pasa? — pregunto confundida al no entender el rumbo de está


conversación.

- Escúchame y comprenderás. Puede que tal belleza las haga meritorias de


algunos pretendientes dispuestos a cortejarlas, entre ellos el príncipe — Musita
mirándome— pero eso no justifica el que lleguen tarde a casa.

¿Qué lleguen tarde?, ¿Acaso Liz también estuvo fuera? Eso explicaría la
expresión de su rostro.

- Liz — continua mi padre — Es preciso que cuanto antes venga ese coronel
hablar conmigo.

- Él está dispuesto — Brama mi hermana con la cabeza gacha.

170
Papá simplemente se inclina en aprobación ¿Ocurrió algo con Daniel?. Me
siento fuera de línea, sin comprender la situación. Padre se remueve en su silla
mostrando su molestia y entonces dirige su atención hacia mi.

- Emily, espero que la próxima vez que pretendas llegar a estás horas yo sea
informado con anterioridad.

- Si señor, presento mis disculpas. — Declaro con toda sinceridad.

- Ya todo ha sido disculpado, el príncipe ha tomado su responsabilidad en el


asunto y estoy conforme con ello. Solo aclaro las reglas de está casa y ambas
deben respetarlas.

Mamá continúa en silencio, no interviene ni para ayudarnos como tampoco para


apoyar los argumentos de mi padre. Sé que ella es más flexible pero nunca se
atrevería a desautorizar a su marido.

Liz toma mi mano terminada la conversación y en silencio nos dirigimos a la


habitación dejando a nuestro padre algo decepcionado en la sala, todas las luces
están apagadas por lo que el tacto se vuelve nuestro mejor amigo. Mia descansa
en su habitación y antes de despedirme de mi hermana la pregunta obvia debe ser
formulada.

- ¿Saliste con Daniel? — Cuestiono mirándola en la penumbra.

- Si y nos hemos dado un beso. — Responde avergonzada.

Mi cara de sorpresa es evidente, no fui la única besada está noche y me alegra


que haya sido así. Ambas hermanas Malhore, están siendo felices con los
hombres que les gustan y no podría ser aún más maravilloso que nos ocurra esto
al mismo tiempo.

- Sé que estuvo mal, Emily — se apresura a decir alarmada.

171
- ¿Por qué mal?

- No lo sé, es algo que las señoritas no deben hacer.

- Yo he besado a Stefan. — Confieso, mientras avanzamos por las


escaleras.

- ¿Que has hecho qué? — susurra atónita.

- Entonces estuvo mal también. ¿Me he deshonrado? — pregunto


asustada.

- No lo creo, quizás tratándose del príncipe sea un acto justificado.

- ¿Sólo porque es el príncipe? — Bramó enojada.

- Shh, baja la voz no queremos ser escuchadas.

- Él me ha besado incluso me quedé dormida en su cama.

- ¿Hicieron algo más que besarse, Emily?— interroga preocupada.

- No — aclaro ofendida— aún no entiendo en qué momento sucedió, pero me


desperté entre sus cobijas.

- Sabes lo mal que suena eso, ¿cierto?

Un trueno se escucha en el horizonte, indicando que se acerca una tormenta.


Me aferro al brazo de mi hermana, llenándome de temor ante el fuerte y
violento sonido.

- Lo sé, pero aseguro que no pasó nada.

- ¡No quiero murmullos en el pasillo, vayan a descansar ahora! — regaña mi


madre desde el primer piso.

172
Entro a mi habitación y la lluvia empieza a caer a cántaros, veo bajar los chorros
por la ventana ligeramente abierta. Cierro por completo el cristal para que el
agua no se cuele en mi habitación.

Una extraña mezcla de emociones se cierne sobre mí, por un lado estoy feliz
gracias al beso de Stefan, pero por el otro no puedo evitar sentirme confundida
ante la actitud de mi padre y declaraciones de mi hermana. No quiero pensar que
estuvo mal cuando se sintió tan bien. Solo fue un beso.
Además puedo atribuirle el hecho de que el príncipe es la persona más
respetuosa que he conocido, no se atrevería ponerme una mano encima si así yo
no lo quisiese.

No sé en que momento ha pasado todo esto, pero sé que después de está


noche, nada volverá a ser lo mismo. Algo de mí se quedó en sus brazos y
algo suyo se ha grabado en mi mente.

Me lanzo sobre la cama con las emociones orbitando a mi alrededor y en el


momento en que caigo en el colchón siento un objeto extraño bajo mis piernas.
Enciendo la lámpara que reposa en mi mesa de noche y descubro un papel
doblado sobre las mantas.

Abro la hoja y hallo una pequeña nota que contiene solo una línea, y esa simple
frase basta para causarme escalofríos.

Tenemos un cita pendiente y debes cumplirla.

173
Capítulo 14.
Me despierto temprano en la mañana a prepararme para ir a mi tutoría con el
señor Field. Al bajar a desayunar me llevo una gran sorpresa al ver a Daniel
en la sala junto a mi padre y Liz.

Mi madre al verme toma mi mano para sacarme de la casa acompañada de Mia.


Mamá nos pasa el almuerzo sin decir una palabra, pero mi mente está llena de
preguntas.

- Ese joven vino a pedir permiso para salir con Liz y mi papá está
enojado — Chilla Mia, respondiendo a mis dudas mentales.

- Silencio niña, eso no es de tu incumbencia— reprende mamá.

- ¿Papá está enojado?— pregunto confundida.

- No está enojado, solo quiere mostrar que es el jefe de la casa.

- Daniel es un buen muchacho, madre.

- Nadie dice que no lo sea, solo queremos que hagan las cosas bien y
esperamos lo mismo de ti con el príncipe.

- Madre, Stefan es muy respetuoso, puedo jurarlo.

- ¿Stefan?, ¿lo llamas Stefan?. Hija, él es el príncipe debes tratarlo con más
respeto, no es tu amigo de toda la vida. Es el heredero a la corona.

Me quedo sin palabras ante tal reprimenda, nunca había pensando en ello. Lo he
tratado con respeto desde siempre pero considero que el

174
llamarlo por su nombre de pila no es motivo de ofensa. ¿Acaso me equivoco?

El silencio es sepulcral todo el camino hasta las tutorías, quizás tenga razón,
quizás estoy yendo más lejos del lugar que me corresponde. Sus palabras me
hacen sentir incomoda, es mi madre y se que no lo hace en un mal sentido pero si
de algo estoy segura es que me ha hecho reflexionar.

••••

A mitad de las tutorías se escucha un escandaloso estruendo a lo lejos. El miedo


se apodera de todos los que nos encontramos en la sala. De inmediato pienso en
Mia, me levanto de mi silla dispuestá a buscarla evadiendo los pedidos de Rose
y el señor Field de que me detenga.

Corro escaleras abajo levantando las orillas de mi vestido en un intento de no


tropezarme y justo cuando tomo el pomo de la puerta del saloncito de mi
hermana siento la tierra retumbar a causa de otro estállido, los gritos invaden
todo el lugar alentándome a empujar la puerta con todas las fuerzas que me da la
adrenalina.

Encuentro a los pequeños cerca a un rincón aturdidos y me apresuro a tomar a


Mia en un abrazo fuerte para salir del lugar rumbo a la perfumería.

En la calle las personas corren despavoridas de un lugar a otro, gritando o


llorando, algunos han abandonado sus casas y otros se resguardan en ellas.
Una sucesión de disparos se escucha en el horizonte haciéndome temer lo peor,
mi hermana tiembla bajo mi brazo y ruego para que no pierda el control.

175
En el camino encuentro a Nahomi contando manzanas inexistente en medio del
tumulto de personas, me apresuro hacia ella convenciéndola para avanzar.

- ¡Nos invaden, Emily nos invaden! — brama casi como una si tuviera una
premonición.

- Nahomi por favor, camina conmigo.

- Las manzanas, no puedo irme sin las manzanas. — dice negándose a seguir.

- Prometo comprarte manzanas. ¡Solo avanza! — Grito asustada.

El cielo parece nublarse y el sonido de aviones de combate llena mis odios.


Como era de esperarse Mia pierde el control, llorando desconsoladamente, es en
vano intentar calmarla y la verdad no tengo muchas fuerzas para hacerlo.

Nunca había sentido el camino de regreso a casa tan extenso como hoy y
Nahomi se ha convertido en una carga más que ayuda al no entender que
debemos apresurarnos.

- Es el ejército Lacrontte —Grita un hombre que corre en sentido contrario— han


acabado con la ciudad de Pinfegnal y vienen hacia acá.

Aunque sé que el ataque no está siendo perpetuado aquí, la ciudad víctima está a
poco metros y en cualquier momento tal predicción va a cumplirse y seremos
atacados sin contemplaciones.

Las ráfagas de disparos continúan y más aviones se aproximan en el cielo,


cubro los oídos de mi hermana que se arrodilla presa del miedo a la entrada del
mercado.

176
A mi mente regresan los eventos de ayer, cuando el guardia llamaba a Stefan
comunicándole que la ciudad que mencionaba aquel sujeto había sido invadida y
ahora está totalmente destruida.

Levanto con cuidado a Mia al ver que estámos a pocas metros de la perfumería,
pero antes de poder seguir, alguien choca contra mi brazo haciéndome perder el
equilibrio y me envía al suelo de inmediato.
Las personas huyen sin mirar a quien lastiman; un par de ellos pisan mi mano
izquierda antes de que pueda levantarme, los gritos se escapan de mi boca sin
poder detenerlos mientras Mia corre hasta perderla de mi zona de visión.

Nahomi ayuda a ponerme de pie y al instante corro con el propósito de encontrar


a mi hermana.

Los guardias reales marchan hacia el lugar del ataque y yo me siento perdida sin
saber hacia donde buscarla, comienzo a gritar su nombre desesperada esperando
que me escuche y venga hacia mí. Avanzó perdiéndome en las calles pendiente
de que Nahomi no se aleje porque en su estádo no haría nada bien; mi mano
palpita de dolor insoportable y reprimo las ganas de llorar ante la angustia por no
saber donde se encuentra Mia.

Camino plaza arriba, pasando los locales del centro de la ciudad, esquivando a las
personas y a su desesperación.
A lo lejos reconozco la pequeña figura de mi hermana, abrazada a la cintura de
un soldado, avanzó hacia ella para encontrar que no se trata de un soldado
cualquiera, es el coronel Peterson intentado consolarla.

- No vuelvas hacerme esto, Mia. — reprendo enojada.

177
- ¿Emily, que haces afuera?, si Stefan se entera que no estás a salvo es capaz de
darme de baja.

- Estába en tutorías— explico— ¿qué está pasando, Daniel?

- No puedo explicarte ahora. — dice manteniendo la calma— ¡Mernels,


flanquea a las señoritas hasta su casa! — grita a un joven soldado.

Mientras caminamos siento las miradas ocasionales del hombre que nos guía. Es
unos centímetros más alto que yo, de contextura delgada, nariz aguileña, cabello
café y ojos color miel. Estoy segura que Rose diría que es atractivo y en parte
debo admitir que lo es. Lo miro de reojo para encontrarlo observándome.

- ¿Puedo ayudarlo en algo?— pregunto frustrada.

- Discúlpeme señorita. Soy Willy Mernels, a sus órdenes.

- Emily Malhore. — Respondo sin más.

- En momentos de ataque, le recomiendo correr hasta un refugio. — Dice


desviando la conversación.

- ¿Hay refugios?

- Si señorita, actualmente hay dos. Uno cerca a las canteras y otro detrás del
parque Atark.

- No lo sabía. — Confieso.

- Es un gusto informarle. — sonríe con amabilidad.

- ¿Cuantos años llevas en la milicia? — pregunto apretando la mano de Mia


quien aún está temblando.

- Soy nuevo, señorita. Tan solo dos años.

178
- Puedes llamarme Emily.

- Como diga señori... Emily. —Sonríe apenado.— También puede usar un


silbato de emergencia en caso de necesitar ayuda.— Añade para llenar el
silencio.

- Lo tendré en cuenta, soldado Mernels.

- Llámeme Willy.

- Willy. — Correspondo a su pedido.

- Le obsequió el mío. — Dice, sacando el silbato que descansa en su cuello,


atado a una cuerda negra y extiende su mano hacia mí.— Tome.

- Muchas gracias... Willy. — Lo tomo con cuidado.— ¿seguro que no lo


necesitas?

- No se preocupe, en la base me darán otro.

Sonrío ante su gesto amable y creo que Daniel no podría haberme enviado con
un mejor soldado que Mernels. Es cuidadoso, revisa cada esquina y calle antes de
cruzarla. Es educado, gracioso y atento. Se mantiene siempre conservando su
distancia pero en guardia ante cualquier peligro.

Al llegar a casa solo se encuentra mi madre. Papá y Liz están en la perfumería.


Me despido del soldado y él se inclina en una reverencia.

- Espero toda su familia se encuentre bien.

- Gracias Willy. Cuídate.

- Un placer conocerte, Emily.

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Lo observo mientras da media vuelta y se aleja marchando devuelta al peligro.

Entro a casa y mamá está hecha un manojo de nervios, al borde de un ataque de


pánico. Abraza a Mia en un intento por volver a la realidad, para luego revisar mi
mano y vendarla cuidadosamente.

Después de la curación me dirijo a llevar a Nahomi a mi habitación y tras dejarla


dormida, voy a la cocina a preparar té. Puedo sentir el caos aumentando fuera de
estás paredes. Los gritos no cesan y los estállidos parecen aproximarse como
gigantes avanzando hacia nosotros. Millones de preguntas invaden mi mente
¿Qué es lo que quiere el reino Lacrontte?, ¿Estárán bien en la perfumería? Y por
supuesto ¿Se encuentra bien Stefan?

- ¿Iremos a un refugio? — Pregunta Mia.

- Estáremos bien. — Asegura mamá con nerviosismo.

Ya estámos acostumbrados a los ataques de Lacrontte por lo que cada familia


para bien o mal sabe que hacer cuando eso sucede. Esas son las consecuencias de
la guerra.

- ¿Y si vienen? — Cuestiona la pequeña Malhore nuevamente.

- Nadie vendrá. Las instrucciones son claras. — Repone mamá. — Si hay un


ataque debemos quedarnos en casa.

El reino Lacrontte nunca ataca civiles, invade las ciudades y desata el caos,
pero si te encuentras de frente con alguno de sus soldados, solo pasarán por tu
lado, ignorándote completamente.
Ese es uno de los tantos misterios sin resolver del reino enemigo.

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Capítulo 15.
La mañana siguiente mi herida sigue igual o incluso peor. Todas las cremas y
vendajes aún no han surgido efecto.

Las tutorías fueron suspendidas lo cual era de esperarse. Las calles están
desoladas, nadie sale de sus casas o van a trabajar por temor a un nuevo ataque.
Mis padres hoy no abrieron la perfumería y dudo mucho que hubiese clientes. En
tiempos de guerra en lo último que se pensaría es en comprar perfumes.

Estoy en mi habitación resguardada de los peligros del exterior, intentando


centrar mi mente en algo que no sean los eventos de ayer, el príncipe o el escape
de Nahomi.

Después de dejarla dormida y llevarle la cena cuando despertó; decidí cederle mi


alcoba para que tuviera más privacidad por lo que fui a dormir con Liz.
Está mañana cuando regrese a traerle el desayuno, ya no estába, la busque por
cada rincón, pero así de la nada se había esfumado.

Las noticias del periódico son espantosas, reportan destrucción de propiedades,


soldados muertos y múltiples heridos.

Familias han abandonado sus casas a causa del temor por un nuevo ataque y
aunque se abstienen de mostrar imágenes de las víctimas por la sensibilidad del
público, si enseñan las consecuencias que hemos sufrido en infraestructura.

Las edificaciones han quedado totalmente devastadas, los campos destruidos,


múltiples escombros ahora están esparcidos por doquier, demostrando que el Rey
Magnus ha dejado ciudades y provincias

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fronterizas sumidas en la ruina y varios de sus pobladores en la miseria absoluta.
Estoy segura que todo el entorno debe ser traumático.

Además, informan que la presencia del ejército de Mishnock se ha triplicado y se


han desplegado fuerzas de combate en las cercanías a los lugares afectados.

Algunos heridos han sido trasladados a nuestros centros médicos debido a la


gravedad de sus situaciones. Y por todo el caos que ha dejado este ataque, el
miedo se hace presente entre nosotros, pues ya sabemos cuan perverso puede ser
el pueblo Lacrontte.

Se respira temor y nadie se ha pronunciado al respecto. El reino Lacrontte está


jugando con Mishnock a su antojo y no quiero vivir lo que una vez sufrieron
nuestros antepasados a manos del tétrico Rey Meridofe.

Estoy en mi habitación cuando Mia se asoma en la puerta con claro temor en


su rostro.

- Mily, ¿puedo hablar contigo? — Hace círculos con los pies, desviando su
mirada al piso.

- Claro, pequeña.

- Lo que pasó. — Me destroza el corazón entender que se refiere al


ataque. — ¿Va a volver a suceder?

- No puedo asegurarlo, mimi, pero ten por seguro que voy a estár allí para
protegerte.

- ¿No podemos irnos a vivir al palacio con Stefan?

- No creo que eso sea posible. — Digo sonriendo.

182
- ¿Por qué no? Es tu novio, debe cuidarte.

- Mia no puedes ir por allí diciendo esas cosas.

- Está bien. Ocúltalo, pero sé que es así.

- ¡Emily, hay un mensaje para ti! — Grita Liz desde la planta baja,
interrumpiéndonos.

- Esto no se ha terminado. — Amenazo a mi hermana.

Bajo las escaleras deprisa para encontrar un guardia en la puerta, quien lleva una
carta en la mano con el sello de la familia real.

Mi corazón palpita rápido y la curiosidad me atrapa. ¿Será una mala noticia?


¿Stefan se habrá ido nuevamente de viaje a causa del ataque?

- Correspondencia del palacio, señorita. — Avisa el guardia, extendiendo el


sobre.

Rompo el sello para abrir el fino y delicado papel que se despliega mostrando
una nota perfectamente escrita a mano con espesa tinta negra.

Mis ojos viajan rápido, recorriendo el papel para absorber cada palabra que se
encuentra en su interior.

Emily.

Me ha informado que te encontrabas fuera al momento del ataque, lo que me ha


dejado gravemente preocupado.
Desearía borrar esos últimos momentos para disipar tu angustia ante el
atentado.

Con respecto a lo que ha sucedido, puedo informarte que todo se produjo en


Pinfegnal, ciudad cercana a nosotros, pero tememos que su próximo
183
objetivo sea justamente aquí en Palkareth.
Estáré atento a cualquier novedad y serás la primera en enterarte para que no
vuelvas a vivir lo que has pasado. Por otra parte, el palacio realizará un evento
de entretenimiento mañana por la tarde con el objetivo de calmar los estragos
del enfrentamiento, al que por supuesto tu familia y tú están invitados.

Ansioso por verte nuevamente.


Stefan Denavritz.

Sorprendida despido al guardia, mientras caminó hacia mis padres. Veo su rostro
expectante por la correspondencia recibida y aunque me gustaría ver al príncipe,
me da algo de temor abandonar la casa debido a los recientes eventos.

- Estámos invitados mañana al palacio. — Comunico, intentando estár


tranquila.

- ¿A qué se debe? — Pregunta mi padre curioso.

- Evento real. — Suelto, colocando el sobre en la mesa.

- Magnifico. — Espeta papá. — ¿Sabes por qué hacen eso? Para distraer el
pueblo y que nadie se queje por lo ocurrido. Buscan callar a los dolientes y quitar
el foco de atención de la monarquía debido a su mal gobierno.

- ¿No vamos a asistir? — Cuestiona Liz ante las declaraciones. — Seguro


Daniel estárá presente.

- No lo sé. — Repone dubitativo.

- Padre, promete que iremos. — Pide ansiosa mi hermana.

184
- ¿Acaso no están escuchado lo que digo? Esto es una treta del gobierno y no
pienso participar en ello.

- El príncipe nos ha hecho la invitación. — Repone mi hermana para


convencerlo.

- ¿Por qué no le permiten a los civiles crear un grupo de informe que los ponga
al tanto de las cosas que pasan en el pueblo y que ellos no ven o ignoran?

- Creo que deberías asistir y si quieres preguntarle algo a Stefan, estoy seguro
que él respondería.

- ¡Emily! — Llama imperiosa mi madre.

Me acerco a ella sin borrar la sonrisa de mi rostro. Avanzo hacia la cocina


donde se encuentra cortando verduras para el almuerzo.

- La escucho.

- Recuerda lo que te he dicho de llamar al príncipe por su nombre. —


Susurra para que solo yo pueda escucharla.

- Lo lamento. — Digo desairada. — No volverá a suceder.

Me molestá que mi madre haga tales divisiones, las cuales ni siquiera Stefan
comparte.
Pero ante tal reprimenda no me queda otra opción que bajar la cabeza y
obedecerle.

- Voy a casa de Rose. — Informo para evitar cualquier otro regaño de


mamá.

Para estár con ella no necesito aprobación. Mi amiga tiene pase libre en mi vida
debido a la confianza que ha creado con mis padres.

185
Necesito un consejo y sé que Liz lo único que hará es escandalizarse si le pido
ayuda de ese tipo. Salgo de casa y el sol de la tarde me golpea fuerte,
llevándome a cubrir mi rostro con las manos. Avanzo con rapidez por la calle,
pero soy interceptada en una esquina por una voz familiar.

- ¿Recibiste mi nota? — Pregunta, acercándose a mi.

Las calles están vacías debido al ataque y aunque la casa de Rose está a solo un
par de cuadras, me arrepiento de inmediato por haber salido.

- Tú y yo no tenemos ninguna cita pendiente, Edmund. — Alego,


alejándome de él.

- No vas a librarte de mi, Liz. — Sus ojos se tornan oscuros, violentos.

- ¿Por qué haces esto? — Balbuceo atemorizada. — Ella no comparte tus


sentimientos pero seguramente encontrarás a alguien que si.

Aunque con está actitud no le recomendaría una relación con ninguna mujer y
más aún después de leer su expediente.

- No necesito a alguien más. — Se posiciona frente a mi, haciéndome


retroceder cuando intenta tocarme.

- Edmund, entra en razón. — Mi corazón late fuerte, siento la presión en mis


oídos y el temblor en mis labios. — Me conoces desde que era pequeña.

- Te amo, Liz. — Dice en su lugar, avanzando hacia mí.

Mis talones golpean la acera y estoy a punto de caer al no ser capaz de mantener
el equilibrio, pero rápidamente él me sostiene con fuerza, llevándome hasta su
cuerpo.

186
Sus brazos me rodean con firmeza, haciendo inútil mi intento por forcejear.
Lucho contra Edmund pero su fuerza sobrepasa la mía, dejándome indefensa.
Toma mi rostro con su mano izquierda mientras me sostiene con la derecha para
violentamente posar su boca contra los míos. Su cuerpo es retirado de repente y
empujado con fiereza hacia atrás. Mi mano es golpeada debido a los
movimientos, haciéndome quejar del dolor.

- ¿Cómo se atreve a tocarla? — Acusa Willy con ira. ¿De dónde ha


salido?

- ¿Quién eres tú? — Cuestiona Edmund, recuperando el equilibrio.

- ¿Te ha hecho algo, Emily? — Los ojos preocupados de Willy me miran


fijamente, ignorando la pregunta de Rutheford.

- No, llegaste a tiempo. — Mi respiración está agitada y mi voz sale débil.

- ¿Este es el coronel por el que me cambiaste? — Replica enojado,


mirando a Willy. — No lo creo. Tiene un uniforme de soldado raso.

- ¿Quién es este hombre, Emily? — Inquiere Mernels.

- ¡Ella es Liz! — Brama indignado. — ¡Liz Malhore!

- Para ya, Edmund. — Pido con temor. — Solo vete.

- No. — Habla el soldado. — Debes hacer un reporte de este suceso.

- No quiero hacer ningún reporte. — Le explico. — Solo quiero ir a casa.

- Así me marche ahora, no vas a librarte de mi, Liz. Conozco tus movimientos,
el horario de tu hermana menor en las tutorías, sus rutas y mucho más. —
Amenaza.

187
Un golpe atraviesa el rostro de Edmund después de escupir tales palabras,
enviándolo directamente al piso.

- ¿Y aún así no piensas presentar un reporte? — Me discrepa. — Es un


obseso.

Ya no está en juego solo mi seguridad, si no también la de Mia y no puedo


permitir que algo le ocurra a la pequeña Malhore.

- Bien, lo haré. — Acepto. — Es mejor que te alejes de nosotras,


Edmund.

Rutheford me mira con odio y rencor. Puedo asegurar que hay fuego en su
mirada y su respiración forzada me hace entender que está conteniendo sus ganas
de atacar.

- Ya la escuchaste. — Apoya Willy. — Largo de aquí.

Edmund me observa directamente y con un atisbo de sonrisa, se aleja de nosotros


sin dejar de mirarme un solo segundo.

Corto el contacto visual y apoyo mi mano sana en el brazo de mi salvador,


intentando retomar el control de mi acelerado corazón.

- ¿De dónde saliste? — Pregunto extrañada, a pesar de su oportuno


aparecimiento.

- Estába haciendo guardia por el lugar. — Alega simplemente.

- Gracias por salvarme.

- No tienes nada de agradecer. Un hombre no debe ponerle la mano a una


mujer sin su plena autorización. — Asegura. — Ahora es momento de poner
está situación en manos de la ley.

188
La milicia se divide en dos frentes. Los primeros son aquellos que están en la
acción, en la frontera, batallando en la guerra, y los segundos son prácticamente
como una guardia civil que custodia el pueblo y a sus habitantes. Llegamos a la
base militar y Willy me da una ficha para hacer el reporte. Lleno todas las
casillas y escribo el motivo de mi denuncia. El soldado Mernels toma el papel y
me informa que debido a la gravedad del asunto debemos enviarlo de inmediato
para que las autoridades tomen medidas, así que dobla la hoja y la mete en un
sobre café que no distingo en lo absoluto, para luego entregársela a un soldado de
apellido Maloney. Le pido a Willy que me acompañe a casa por una ruta
distinta a la que siempre tomo, pues no me gustaría cruzarme con Edmund
nuevamente. Él duda por un segundo cuando le aviso cual es la calle que quiero
transitar para el regreso, pero finalmente acepta.
Mientras caminamos devuelta a casa, encontramos al joven con el que Willy
envió la ficha frente a un carruaje. Está hablando con un hombre de cabello rubio
tan claro como los rayos del sol, alto y quien se encuentra de espalda, vestido
con una camisa azul y un pantalón café claro.

- ¿Es algún superior de la armada civil? — Cuestiono al ver que tiene el sobre
café en la mano.

- Algo así. — Repone. — No te preocupes, te aseguro que él tomará


medidas rápidamente.

El hombre entra al transporte pero Willy se cruza en mi camino, impidiéndome


ver su rostro.
Me sonríe débilmente y con amabilidad me invita a seguir el camino hasta
casa.
¿Qué está ocurriendo aquí?

189
Capítulo 16.
Me despierto ansiosa al saber que hoy veré a Stefan.
Liz me ayuda a vestir, acomodando las mangas abultadas de mi vestido rosa con
brillantes dorados. El traje tiene una línea de botones que cae desde el recatado
escote hasta la amplia falda que cubre la totalidad de mis piernas.

Mi cabello está hecho rizos grandes y recojo algunos mechones en un nudo


que se une con el resto de mi cabello suelto. Mi pendientes color oro
desentonan con la horrible venda blanca de mi mano izquierda.

Al llegar al palacio los guardias que custodian la entrada nos invitan a seguir
directamente hacia el jardín, que es donde el evento se desarrollará. En el camino
encuentro a Atelmoff quien no duda en sonreírme.

- Emily querida, estás hermosa.

- Gracias, mi señor — digo divertida.

- Tan hermosa que no veo esa venda extraña que no combina con tu atuendo
— dice cubriendo sus ojos juguetonamente.

- Que sutil eres, Atelmoff.

- Siempre querida, pero anda que el príncipe te espera.

Me empuja con delicadeza hasta las puertas que dan al jardín.


Mi familia ya ha avanzado sin mi, dejándome atrás y en la distancia los veo
acercarse a la figura de Daniel Peterson. Es normal que acudan a la única persona
que conocen.

190
Lo primero que noto al llegar es a la Reina Genevive hablando con todos los
presentes. Va de mesa en mesa con la gracia singular de una soberana, pero por
otra parte, Stefan brilla por su ausencia.

- Se encuentra en una reunión. — Informa Atelmoff al notar el objetivo de mi


búsqueda. — Pero seguro pronto acabará.

- ¿Es por lo del ataque? — Inquiero curiosa.

- En parte, y también por otras cosas que no puedo contarte.

Hoy todo está decorado con múltiples mesas de té, carpas de colores, músicos,
artistas y malabaristas cuyo único objetivo es animar el evento. La comida y
bebida abundan el lugar, hay decenas de personas con trajes llamativos y meseros
elegantemente vestidos, dispuestos a servir a quien necesite rellenar su copa o su
plato.

- ¿Puedo preguntarte una cosa?

- Por supuesto. — Espeta, caminando en medio de las personas.

- ¿Conoces al Rey Lacrontte?

Su expresión afable y divertida cambia de inmediato, lo cual me hace cuestionar


al instante el hecho de haber tocado un tema indebido.

- Lo he visto en un par de ocasiones. — Musita, sentándose conmigo en una


de las bancas.

No sé en qué momento hemos cruzado el lugar donde se desarrolla el evento,


pero ahora ambos nos encontramos muy lejos del sitio.

- ¿Por qué es tan malo? — Pregunto, refiriéndome al Rey enemigo.

- Es su naturaleza. Hay personas buenas como tú y malas como él.

191
- ¿Qué te hace pensar que soy buena?

- A decir verdad, has utilizado el adjetivo menos ofensivo para referirte a un


asesino, así que es obvio.

- ¡Atelmoff! — El llamado envuelto en un grito llega a nosotros


acompañado de grandes pisadas. — ¿Dónde está Atelmoff?

El nombrado se levanta con agilidad para responder la solicitud, mientras yo opto


por mantenerme inmóvil sobre la banca.

- Si, majestád. — Contestá con respeto.

- ¿Qué hacía ese hombre aquí? — Alega enojado. — ¿Cómo entro sin que lo
notáramos?

- No lo sé, señor. Su reino no colinda con nosotros.

- Investiga profundamente, pues es obvio que algunos soldados están


ayudando a Fu... — Los ojos del Rey caen sobre mi, deteniendo su discurso
de inmediato. — Señorita Malhore.

- Majestád. — Me levanto para hacer una reverencia.

- He de suponer que ha estádo escuchando la conversación. — Intento responder


pero él no me lo permite. — Y he de suponer que no comentará nada al respecto
con nadie.

Sus ojos azules son muy distintos a los de Stefan. Estos son oscuros, intimidantes
e inescrutables.

- Puede estár seguro, majestád.

- Bien. Disculpe tan bochornosa escena, espero pueda disfrutar el resto de la


tarde.

192
El soberano marcha lejos de nosotros con las manos a sus costados y la espalda
tensa.

- Hoy no es un buen día para el Rey Silas. Espero su actitud no te


atemorice. — Explica Atelmoff con su tan agradable amabilidad.

- Es un hombre con carácter preocupado por si pueblo.

- Claro. — Espeta con una sonrisa. — Te llevaré en busca de Stefan.

Entramos al palacio y caminamos hasta la sala central, donde encontramos al


príncipe en un traje azul oscuro con decoraciones color plata en puños, hombros
y botones de la chaqueta, en contra posición con su camisa blanca. Sus ojos
azules brillan, su cabello negro medianamente peinado lo hace lucir juvenil y
seductor. No hay un día en el que no se vea apuesto, pero justo hoy su aspecto se
ve empañado por la presencia de la indeseada Lady Valentine, quien se encuentra
pegada a su brazo.

Ella ríe exageradamente mientras habla y él como el hombre educado que es


prestá su atención al patético espectáculo.

- El jardín luce muy bonito — Le susurro a Atelmoff para evitar la


incomodidad.

- Tranquila. — Dice como si leyera mis pensamientos. — Una vez que te vea
pondrá su atención en ti.

- No quiero que haga eso. — Mascullo a la defensiva.

- Pero yo sí. — Se aproxima hasta ellos, llevándome atada a su brazo. —


Stefan ya llegó la señorita Malhore. — Vocifera para deshacer la escena.

193
La sorpresa es evidente en su rostro al notar mi presencia, pero rápidamente me
sonríe mientras mira mis ojos.

- Emily, luces extraordinaria.

- Gracias. — Digo algo incómoda por la situación.

- Ya conoces a Lady Valentine. — Afirma con complicidad mientras está se


vuelve hacia mí.

- Creí que no volvería a verte. — Masculla algo despectiva.

- Es de humanos equivocarse. — Alego dispuestá a no dejarme


intimidar.

- ¿Puedes esperarnos en el jardín? Atelmoff te acompañará en el recorrido. —


Le pregunta el príncipe a quien llama su amiga. — La señorita Malhore y yo
tenemos algunas cosas que conversar.

- Por supuesto, querido. — Da un beso en su mejilla que él intenta


esquivar, pero que aún así no es capaz de evitar.

La mujer camina lejos de nosotros pero se detiene a solo unos pasos.

- Emily, ¿cierto? — Se dirige a mi.

- Si, has atinado.

- Claro — Sonríe amablemente — te invito a mi casa a una cena el jueves,


¿te apetece?

¿Pero que le pasa a está mujer?, ¿Un día prácticamente pretendía humillarme y
ahora desea entablar una amistad?

Siento a Stefan mirarme con ojos expectantes, esperando una respuestá de mi


parte. ¿Qué debería hacer?

194
- No lo sé, quizás no sea conveniente — Respondo dubitativa.

- ¿Por qué no? Va a ser una reunión de chicas. — Me toma del brazo y me lleva
hasta el interior de la oficina, posicionándose frente a una ventana. De inmediato
reconozco el sitio, fue aquí donde espíe a Stefan. — Amadea también estárá.

Señala a través del cristal a una joven de tez morena y cabello oscuro que se
encuentra en el jardín. Pero mi atención es rápidamente captada por la figura de
Daniel y Liz quienes se encuentran caminando juntos por el lugar.

- Es una buena amiga, va a agradarte — Continúa diciendo.

- Está bien. — Cedo para quitármela de encima. Es realmente insistente. — No


veo por qué no.

- La pasaremos increíble — Chilla dando palmadas. — Te veo luego, Stefan


- Guiña un ojo en su dirección.

- Como ordenes. — Responde él con caballerosidad y siento como una


extraña sensación se aviva en mi interior.

La mujer sale de la oficina y camina junto a Atelmoff hasta perderse de mi


campo de visión.
Valentine debe ser una joven a la cual le han otorgado mucha confianza como
para entrar de esa manera a las oficinas del palacio.

- Puede ser algo efusiva ¿no? — Cuestiona Stefan una vez estámos solos.

- Es muy enérgica. — Me limito a decir, reservando mis pensamientos.

195
Él se acerca a mi y toca mis brazos con delicadeza, así que rápidamente muevo
mi mano herida para evitar cualquier roce que pueda
lastimarme.

- ¿Ocurre algo? — Inquiere extrañado.

- No, solo tuve un pequeño accidente. — Levanto mi brazo para que pueda ver la
venda.

- ¿Pasó en el ataque? — Pregunta contrariado.

- Si. — Revelo. — Caí y alguien me piso.

Su gesto se decae de inmediato. No hay tristeza o preocupación sino a rabia. ¿Por


qué toma esa actitud?

- Odio la guerra. — Dice, separándose para caminar lejos y yo hago lo


mismo.

Por instinto o curiosidad me paseo por la oficina, observando el montón de


papeles que hay sobre el escritorio y los muchos documentos más que se
encuentran en el librero del fondo.

- ¿Puedo preguntar qué es lo que quiere el Rey Lacrontte? — Me atrevo a decir.

- Ya lo hiciste. — Alega con algo de inquietud. — Él quiere todo. Es un


hombre avaro y ansioso por el poder.

Camina hacia un archivador y saca un par de carpetas de su interior, dejando


caer algunas más a causa de sus desordenados movimientos. Las toma con
descuido y las coloca sobre el escritorio, haciendo a un lado el montón de hojas
que ya habitaban allí.

- Mira esto. — Me invita a acercarme.

196
Estos folder se asemejan al que me mostró de Edmund, salvo que el color es
distinto. Gregorie Fulhenor es el nombre que reposa en la parte de arriba.

- ¿Quién es? — Inquiero extrañada.

- Es el primo de Magnus. Su mano derecha y más grande aliado. —


Explica. — Creemos que ha estádo visitando el reino.

No hay una foto o descripción de este hombre, así que lo único que grabo en
mi cabeza es su nombre.

- Padre está un poco paranoico, así que tampoco ha querido bajar al evento del
jardín. — Dice con una expresión de clara ansiedad. — A lo que voy con esto,
Emily, es que las calles no son seguras para nadie en este momento. Si ese
hombre se ha estádo infiltrando entre nosotros, podría hacer cualquier daño a la
comunidad.

- Tienen más acceso a la ciudad. — Conjeturo ante sus palabra.

- Exacto. — Me da la razón. — Podrían poner explosivos, obligar a las personas


a servir de espías, crear caos, revueltas y muchas cosas más. Así que mi
recomendación para que esto no vuelva a pasar. — Toma mi mano y acaricia la
venda. — Es que te mantengas resguardada o cerca de tu casa la mayoría del
tiempo y si ves a alguien con cualquier distintivo o placa como está — Pasa las
hojas de la carpeta y señala un par de escudos. — Te alejes lo más pronto
posible.

Intento guardar en mi cabeza la forma de ambos diseños, pero soy rápidamente


distraída por la carpeta que está a un lado de la que revisamos y que está cubierta
con montones y montones de papel.

197
La tomo sin reparos al ver mi apellido escrito en la base y una vez la levanto en
mis manos, encuentro el nombre de mi padre en profundas letras negras.

- ¿Qué significa esto? — Cuestiono confundida.

El rostro de Stefan se distorsiona, mostrando nerviosismo y temor al mismo


tiempo.

- Tenemos archivos de todo aquel que este dentro de nuestro círculo. — Es lo


primero que dice. — Además tu padre es nuestro perfumista, es obvio que
tendremos sus datos.

- ¿Tienes un archivo sobre mi? — Inquiero curiosa y algo contrariada.

- Así es. Antes no lo teníamos, pero fue necesario ahora que haces parte de mi
nueva cotidianidad.

- ¿Hay alguno de Lady Valentine? — Pregunto con sospecha.

- No. Su familia es aristócrata desde hace muchas generaciones así que no hubo
necesidad, ya sabíamos todo de ellos.

- Permíteme entenderlo. Hay archivos de todos aquellos que hacen parte de tu


círculo, pero que no pertenecen a la nobleza.

- Suena mal, pero es así. No teníamos ningún dato sobre ti, Emily, porque no
eras relevante. — Explica con ojos llenos de ansiedad. — Y si ibas a estár en
mi vida, necesitábamos saber quién eras.

- Comprendo. — Me limito a decir.

Entiendo su punto y aunque las palabras usadas no parezcan las más


adecuadas, es imposible que no lo entienda. Es el príncipe y necesita conocer
a quien lo rodea.

198
- No quiero que esto te incomode. — Pide preocupado.

- No lo hace. — Y es verdad, no me molestá.

Stefan rodea el escritorio para llegar hasta mi. Me toma de la cintura y borra
cualquier espacio entre nosotros.

- No quiero que ninguna de mis acciones te disguste. — Asegura frente a mi


boca.

Puedo sentir su característico olor natural envolviéndome como todo lo suyo,


creando un aura de intimidad entre nosotros.
Y con esas emociones burbujeando intensamente, Stefan posa su boca en la
mía, besándome con esmero y enviando cosquilleos por mi espina dorsal
mientras me abraza con fuerza.

- No sabes como me encanta este vestido — Exclama, separándose de mi para


mirarme de arriba a bajo.

- No vuelvas a decir eso.

- ¿Por qué? — pregunta confundido.

- Porqué no sé como responder.

- No respondas entonces, pero no voy a dejar de decirte lo hermosa que eres.

Baja por mis brazos delicadamente tocando toda mi piel con la yema de sus
dedos, mirándome con amor.

- Te llevare ante el medico del palacio para asegurarme que no es de


gravedad — Dice, tomando mi mano herida.

••••

199
Después que el medico me revisara y respondiera las mil y un preguntas que
Stefan le hacia preocupado por el estádo de mi mano, salimos del lugar devuelta
al jardín.

- ¡Pero miren que bella pareja! —Exclama Altelmoff al vernos, viene


acompañado de Daniel, Liz y Mia.

Con la menor de las Malhore alrededor esto podría ponerse interesante.

- ¿Atelmoff donde te habías metido?— pregunta Stefan.

- Estába con otra parejita.

Señala descaradamente a Liz quien se sonroja como solo ella puede hacerlo.

- Huele a amor, miel y rosas— Continua, olfateando a Stefan— ¿No te


parece pequeña Mia?

- No soy pequeña y si, ahora todos tienen pareja excepto yo.

- ¡Mia! — regaña Liz como hermana protectora.

- No te preocupes, te voy a conseguir a un joven — dice Atelmoff


divertido.

- ¡Altelmoff! — reprende Stefan.

- ¡Stefan! — responde con sarcasmo el nombrado. — ¡Emily, Liz, Daniel! —


sigue diciendo nombres al azar bufándose del príncipe.

Sonrío ante la escena, pero mi risa es detenida por la siguiente intervención de mi


pequeña hermana entrometida.

- Stefan, ya que Emily es tu novia, ¿podemos vivir aquí?

200
Mi cara se torna roja al instante, Daniel se ríe ante la petición y antes de poder
decir algo, Liz la vuelve a regañar. Stefan baja hasta la altura de mi hermana
mirándola con ternura.

- ¿Quieres vivir en el palacio?

- ¿Y quién no?— responde con naturalidad.

Las carcajadas de Daniel se hacen más fuertes, hundiéndome en la vergüenza


absoluta.

- Amo a está niña — interviene Atelmoff — pero es mejor que me la lleve de


aquí.

Arrastra a Mia consigo, seguida por una avergonzada Liz y su sonriente coronel.
Stefan se levanta y me mira especulativo.

- ¿Tú también quieres vivir aquí?

- No — respondo velozmente, apenada.

- ¿No? — murmura entristecido.

- Es decir, no voy a responder a eso.

- Solo me toca convencerte a ti, ya tu hermana está dispuestá. — Bromea con


ojos brillantes.

Estoy a punto de responder algo irónico para continuar con su juego, pero soy
detenida por los gritos que se escuchan al otro lado de la pared que rodea el
jardín del palacio.

- Se roban sus voces, pero nosotros hablamos por ellos. — Oigo en coro lo que
supongo es un tumulto de personas.

201
Stefan mira a su alrededor, buscando a alguien con urgencia mientras la frase se
repite una y otra vez.

- Parece una revuelta. — Informa el coronel, pero el príncipe no parece


prestár atención.

- Debo buscar a mi padre. — Asevera Stefan, caminando lejos de


nosotras. — Permanezcan seguras y no salgan del palacio.

Los guardias marchan rápidamente, algunos aseguran el espacio donde se


desarrollaba el evento, otros custodian a la Reina, llevándosela a un lugar seguro
y los demás corren fuera de la casa real.

Daniel nos guía hasta la segunda planta del palacio, dejándonos en uno de los
corredores ahora vacíos.
Al fondo del pasillo veo un ventanal que permite la visibilidad hacia la calle y
antes de poder contenerme, me posicionó contra éste mirando lo que ocurre en el
exterior.

Miles y miles de personas se observan a puertas del palacio, intentando ser


controlados por los guardias del lugar.

- No es tu sombra lo que ves cuando la luz golpea tu cuerpo, somos


nosotros. — Una voz masculina y profunda hace retumbar el cristal.

Personas marchan, exigiendo a los soberanos justicia por todos los muertos que
ha dejado la guerra y a los cuales nadie les ha prestádo atención. Todos los niños
huérfanos, madres que han perdido sus hijos, viudas y familias desechas en
general están ahora luchando a unos metros de mi.

Papeles vuelas por las calles como pequeñas aves que traen una amenaza en su
pico.

202
El jardín se llena de esos volantes, mientras las personas gritan, lloran y golpean
a los guardias que hacen todo lo posible por no permitirles el paso.

- Todos los que se refugian tras estás paredes son asesinos. — La acusación
es soltada en un alarido que hace que mi corazón se haga pequeño.

- ¿De qué se trata esto? — Cuestiona mi hermana a mi lado.

- No tengo idea.

Recuerdo de inmediato lo que dijo mi padre ayer. Este evento era solo una treta
para distraer al pueblo sobre lo que verdaderamente ocurre, pero es obvio que
está vez prefirieron no quedarse callados.

Una frenética y firme melodía comienza a escucharse con fuerza. La letra está llena
de entereza, de soberanía y en poco tiempo deduzco que se trata de un himno.

- ¿Qué es eso? — Inquiero extrañada al saber que no es la canción del


soberano.

- Es el himno de Lacrontte.

Giro a mi lado para encontrar a la Reina Genevive, tanteando el vidrio,


observando a su pueblo protestár en su contra.

Atelmoff sube las escaleras con una hoja en la mano que rápidamente
reconozco como uno de los tantos volantes que hay en el jardín y la calle.

- ¿Por qué el Rey Magnus hace este tipo de cosas? — Alega indignada la Reina
Genevive.

203
- Por todo el historial de enfrentamientos que tenemos con Magnus puedo
asegurar que él no es hombre de juegos. — Discrepa el consejero real. — El
Rey Lacrontte se va a la acción, pero sin duda está fue una gran estrategia para
poner al pueblo en nuestra contra.

- ¿Entonces quien fue?

Atelmoff pasa el papel a manos de la Reina y antes de que ella lo oculte de mí,
logro ver la frase "En Lacrontte la muerte se paga con muerte"

Si el hombre que tengo al lado asegura que esto no es obra del Rey Magnus ¿por
qué en el papel citan a Lacrontte?

- Esto es solo un teatro para lo que verdaderamente está pasado. — Habla él. —
A ellos no le importan nuestros muertos, le importan los suyos.

Mi mente colapsa al no ser capaz de entender lo que está sucediendo. Se supone


que siempre es nuestro pueblo quien sufre a causa de sus acciones, entonces
¿por qué ellos se sienten atacados por nosotros?

204
Capítulo 17.
Llega el jueves y la casa de Lady Valentine es justo lo que me imaginaba, lujosa
hasta cegarte e incluso algo sobrecargada.

Espaciosos muebles rodean una pequeña mesa situada en el centro. Candeleros


decoran el comedor de ocho puestos perfectamente distribuidos, una enorme
lámpara que cuelga del techo está adornada con cristales que reflejan la luz a
todos los lugares de la sala.
Pintorescos cuadros animan las paredes y un espejo al otro extremo del lugar,
reluce acompañado de una consola de mármol que completa el diseño.

La casa es espaciosa y algo intimidante. Las doncellas me reciben quitando el


abrigo que traía para protegerme del frío de la noche, sus caras me resultan
amables y atentas. Lo cuelgan en un perchero al lado de la puerta y me invitan a
pasar al comedor donde Lady Valentine ya me espera.

Me saluda con un enorme abrazo y me acompaña a sentarme junto a ella. Su


madre ya está presente al igual que dos niños distraídos y serios que esperan la
cena, pero el padre brilla por su ausencia.

- Emily estos son mis dos hermanos, Thomas — señala a un pequeño rubio que
levanta la cabeza al escuchar su nombre, pero de inmediato la devuelve al plato
frente a él — y Taded — este último me sonríe con gracia, haciéndome sentir
cómoda.

- Hola — saludo en cortesía pero soy ignorada por el primero de los


niños.

205
- Madre, permíteme presentarte a la señorita Emily Malhore — continua
Valentine — Emily, ella es la baronesa Anabella Russo.

- Hola, Emily — sonríe amablemente— ¿De los Malhore de Prinford?

- No señora, toda mi familia es de aquí de Palkareth.

- Es hija de los perfumistas, madre. — Interviene Valentine.

- ¡Oh de la familia del perfume! —Dice con un tono desdeñable en su voz.

- Madre, he visto varios frascos vacíos de los perfumes que hacen sus padres
en tu tocador.

- Pues algo tengo que usar. — Replica con desdén.

Se retira de la mesa pavoneándose como toda una señora perteneciente a las altas
casas, presumida y déspota.

- Discúlpala, por favor. Es la edad — Susurra divertida.

- No hay problema.

Pero ya puedo concluir que la Baronesa no es de mi agrado.

••••

Después de terminar la cena con sus hermanos, me lleva a su habitación, la


cual es un mundo totalmente diferente.

Las paredes están pintadas de lila con escabrosas lámparas de plata y colgantes
de cuencas. Una enorme cama cubierta por un mosquetero blanco se adueña del
lugar y sábanas en tonos pasteles la cubren por completo.
Una alfombra mullida en terciopelo descansa a los pies de un baúl de

206
madera café y un tocador repleto de cremas, joyas, perfumes y cosas sin sentido
terminan el conjunto.

Junto a su mesita de noche reposa un libro en un idioma desconocido para mí, lo


cual realmente me llena de curiosidad pero opto por no preguntar nada al
respecto y el ventanal en la pared izquierda deja entrar la poca la luz del
anochecer, iluminando la estáncia.

- ¿Qué quieres hacer mientras esperamos a Amadea? — Pregunta


Valentine.

- No lo sé ¿qué propones?

- ¿Arreglarnos el cabello?

Asiento sin saber bien que hacer y saca de uno de los gabinetes de la cómoda,
situada al fondo de la alcoba un neceser con toda la parafernalia necesaria para
peinar mi manojo de enredos.

- ¿Estás mejor de tu mano?— pregunta antes de dar la primera cepillado o poner


hebillas decorativas.

- Si, ya el dolor pasó.

Sonríe y comienza a trenzar, enrollar y soltar mechones de cabello. Debo admitir


que es muy ágil para esto, ni siquiera Liz lo hace tan bien.

Luego de unos minutos, quitando y volviendo a peinar puedo concluir que Lady
Valentine no es tan mala persona como creí, es sorprendentemente amable y
agradable.

Unos toques en la puerta nos sobresaltan, al abrir nos encontramos con Amadea
quien luce fresca en un camisón de dormir.

- ¿Preparadas para la noche de mujercitas? — Pregunta sonriente.

207
- Espera, ¿vamos a pasar la noche aquí? — Cuestiono confundida.

- Claro, ¿no te lo había dicho? — responde Valentine viendo la expresión en mi


rostro.

- No, mi padre vendrá por mí a las nueve.

- ¿A las 9?, pero si ya son las 7:40. — Brama una desanimada Amadea.

- Lo siento, no lo sabía.

- Bueno no te preocupes, yo te envío en uno de mis carruajes. — Propone


Valentine.

Amadea se acomoda junto a mi, jugando con los cojines que yacen en el suelo y
sé que no está prestá a quedarse callada, está sedienta de información y es
notable en su comportamiento.

- ¿Desde cuando conoces al príncipe? — hace la pregunta que me


imaginé.

- Desde el festival. — respondo sin dar muchos detalles.

- ¡Oh, cierto! eres la chica del periódico — dice en clara sorpresa.

- Claro, Amad, dime si no es afortunada. — Irrumpe Valentine.

- Está más que claro, Stefan es tan hermoso. ¿No te asustó toda esa atención?

- Es intimidante — respondo vigilante ante su comentario y nerviosa al


recordar como me sentí.

- Tranquila, la cámara te adora, esas fotos estuvieron geniales. ¿Y ya se han


dado un beso?

208
- ¡Amadea, por Dios! déjala en paz, una señorita no responde esas cosas.

- Tienes razón, lo siento. No fue mi intención incomodarte — dice


apenada.

- No me incomodas, pero prefiero hablar de otras cosas.

- Claro, chicas — baja el tono de su voz— ¿no las asustan los ataques?

Mi estómago da un vuelco de inmediato, estás chicas son pésimas para los


cambios de tema, tenia en mente algo un poco más agradable.

- Cuando ocurrió estába en la sastrería, me pinché con uno de los alfileres que
sostenía el vestido que me probaba. — Comenta Valentine.

- Yo estába en tutorías, tuve que correr hasta mi casa. — Informo.

- ¿Correr? ¿Las tutorías no te las dan en tu casa? — Interroga Amadea.

- No, vamos a las que ofrece el señor Field.

- Comprendo — dice al notar su imprudencia.

- Los ataques son aterradores, aunque por ser del Rey Magnus puedo
perdonarlos. — Interviene Valentine.

- ¿Rey Magnus? — pregunto sin saber por qué se refieren así sobre él.

- Cariño, no me digas que jamás has visto a Magnus Lacrontte, es el hombre


más bello que existe. — Comenta Amadea.

- Sin duda es todo un Rey. Yo me casaré con él. — Apoya Valentine.

- ¿Piensas traicionar a tu reino por un hombre, Val?

- Por Magnus, lo haría sin dudar.

209
- Si no te lo quito primero. Magnus, Magnus, el guapo y frío Magnus. —
suspira Amadea.

- ¿Tú que opinas de él, Emily?

- No lo conozco, así que no hay nada que decir.

Solo el recordar todas las cosas espantosas que han dicho sobre él, causan mi
rechazo por conocerlo.

- Cariño, tus ojos se están perdiendo de un buen banquete Lacrontte.

- Amad, compórtate. — Grita Valentine.

Me siento rodeada de dos Mia, se comportan como mi hermana menor revoltosas


e imprudentes. Aunque son agradables no creo que pueda seguir su ritmo, hablan
de todo con naturalidad y yo soy más bien tímida. Vuelan de un tema a otro en un
parpadear y su forma de referirse a los hombres es bastante... diferente a la mía.
¿Porqué el Rey Magnus Lacrontte las vuelve tan locas?

- ¿Y qué tal lo que pasó hace días?

- ¿Te refieres a lo del palacio? — Inquiero intrigada.

- Claro. Las personas de volvieron completamente locas y el Rey Silas quería


arrancarse el cabello cuando sonó el himno Lacrontte. Fue toda una burla.

- Las personas están cansadas de la guerra. — Me atrevo a decir. —


¿Ustedes no?

- Bueno a mi no me afecta, así que no sabría como responder.

- ¿Y no te duelen las personas que pierden a sus familiares? — Pregunto ante su


indolencia.
210
- Bueno, Magnus no asesina inocentes. Todos los que mueren son
soldados que se ofrecieron a batallar.

Omito su comentario al notar que será una pérdida de tiempo intentar hacerlas
entrar en razón. La única manera de que las personas se apiaden del dolor ajeno
es que lo vivan en carne propia.

Se pasa la noche y seguimos variando los temas. Papá viene por mi pero es
despedido por uno de los sirvientes de la baronesa Russo argumentando la
propuestá de Lady Valentine de llevarme más tarde. Ni siquiera pude verlo para
explicarle yo misma, solo fui avisada cuando él ya se había ido. Cuando
respiramos exhaustas, decido que sin duda es el momento de irme a casa. Debo
admitir que nunca me la había pasado tan bien con jóvenes de mi edad y jamás
me hubiese imaginado que sería precisamente con estás chicas.

Salimos a la calle y el frío me abraza haciéndome tiritar, dejamos a Amadea


dormida en la habitación, mientras el carruaje espera por mi en la entrada. Antes
de subir, Valentine toma mi brazo haciéndome girar para verla.

- Antes de que te vayas, Emily — comienza— quería ofrecerte mis disculpas por
como me comporté la primera vez que nos vimos, fue muy inmaduro de mi parte.

- No te preocupes, ya esa cuenta está saldada.

- Bien — Sonríe ampliamente — espero verte de nuevo.

Sé que me estoy adentrando en un mundo que no me pertenece, en el que soy


una intrusa, pero estoy segura que no dejaré intimidarme de la vida que estoy a
punto de empezar.

211
Capítulo 18.
Llego a casa con Rose después de retomar mis tutorías aún sin rastro de la alegre
y no tan cuerda Nahomi, quien es la encarga de acompañarme a mi hogar. En la
entrada me sorprendo al ver que incluso antes de intentar golpear ya Liz ha
abierto la puerta conmocionada.

- Hay un anuncio en la plaza sobre la guerra. — Musita apresurada.

- ¿Cómo sabes eso?

- Todo el mundo lo sabe, prepárate ya nos vamos.

- ¿Ya? — Cuestiono sorprendida.

- Si, es de inmediato.

Al parecer mi hermana tenía razón con que todo el pueblo lo sabía, la plaza
estába repleta de personas que esperan anuncios sobre la situación de la guerra
que enfrentamos contra el reino Lacrontte.

Rose, Liz y yo nos adentramos entre la multitud hasta llegar a la primera fila
frente el balcón real, que solo es usado para anuncios importantes.
Papá, mamá y Mia están en la perfumería, dado el hecho que la tutorías de la
pequeña Malhore terminan más temprano que las mías y que por lo general le
gusta pasar las tardes con mamá, es de suponer que donde este mi madre allí
también estárá mi pequeña hermana.

En el balcón se encuentran los Reyes, pulcros y en un semblante muy formal


esperando al público expectante, a su lado está Stefan, seguido por el personal
del gabinete real y algunos militares entre ellos el Coronel Daniel Peterson.

212
Liz sonríe al verlo pero como era de esperarse ninguno nos distingue entre en
medio del gran número de personas.

Stefan luce increíble con su corona de plata y su traje rojo, es toda una maravilla
ante mis ojos, las chicas a mi lado suspiran al verlo pero él continua con su
mirada fija al horizonte, erguido y galante.

Su gesto está fruncido, sus manos descansan en la espalda y es de suponerse que


las lleva entrelazadas, postura característica de él.

A la distancia veo unos brazos que se agitan en mi dirección y reconozco la


figura de Lady Valentine y Amadea que se aproximan esquivando a las personas
a su paso.

- Mujer, eres difícil de encontrar — confiesa agitada al llegar a mi lado.

- No sabía que me buscabas.

- Hola, Emily Denavritz — saluda en un abrazo Amadea.

Me hace sonreír la manera en la que combina mi nombre con el apellido de


Stefan. Creo que está chica me agrada un poco más el día de hoy.

Siento las miradas furtivas de mis dos acompañantes a mis espaldas, me vuelvo y
efectivamente están esperando una presentación, que estoy encantada de hacer.

Liz sonríe como suele hacerlo ante todas las personas pero Rose se abstiene y
opta por forzar una sonrisa.
Valentine no suelta mi brazo y el ambiente se torna tenso ante los ojos de
halcón que posa sobre mi Rose, como muestra de sus celos por nuestra amistad.

213
Siempre hemos sido ella y yo desde pequeñas, es razonable que vea como
una amenaza a la glamurosa hija de la baronesa Russo pero en realidad no
hay competencia para mi amiga de tantos años.

En los altavoces retumba el sonido de la marcha del Rey, acompañada de una voz
fuerte y masculina, que no deja espacio para bromas o contradicciones, que
reclama ser escuchada y somos enviadas de vuelta a la realidad.

- Queridos ciudadanos de Mishnock— comienza el Rey Silas por el micrófono


— El reino Lacrontte ha invadido nuestras fronteras, atacado familias y ciudades,
sembrando terror entre muchos de ustedes, pero es necesario que no teman y
confíen en nosotros, sus Reyes — toma la mano de su esposa la Reina Genevive
y la levanta en el aire — Vamos a devolver sus acciones con la misma cara de la
moneda, vengaremos las muertes y lagrimas derramadas.
Honor y gratitud — Grita el lema de la nación y a coro el pueblo le responde.

Pone la mano en su pecho para luego elevarlo al cielo, saludo de respeto que se
hace al final de eventos de está índole.
El público se emociona y repiten el movimiento, yo entre ellos, es una señal
de respeto y patriotismo que se enseña desde pequeño. Las ovaciones y gritos
estállan en mis odios obligándome a cubrir mis orejas.

- Pueblo de Mishnock — toma la palabra Stefan — hemos sufrido un gran


ataque pero eso no nos detendrá, muy pronto el futuro de este reino estárá en
mis manos al convertirme yo en su Rey y deben saber que no permitiré que se
viva un minuto más de violencia en las calles de está nación, por parte del
reino Lacrontte.

214
Escucharlo hablar con tanto poderío y determinación me hincha el corazón, él es
el hombre que me susurra lo bella que estoy o cuán feliz lo hago y ahora está ahí
arriba, dirigiéndose a su pueblo como el príncipe que es, transmitiendo valor y
paz con sus palabras, cargando en sus hombros la confianza que todos ponen en
él.

Es valiente y bondadoso, es un hombre dulce y caballeroso que intenta


demostrarme lo mucho que le gusta estár a mi lado y no podría estár más feliz
de que sea a su lado con quien vivo está revolución de sentimientos.

Las personas vuelven a responder favorablemente agitando los banderines y el


escudo real, muchos pintan su rostro de vino y azul cobalto los colores de la
nación, otros solo escuchan atentamente esperanzados en no volver a vivir un
ápice de violencia más.

- Stefan será un Rey magnífico, debes estár orgullosa— replica Amadea.

Sonrió sin poder explicar lo que estoy sintiendo por él, me está robando tantas
cosas que ni siquiera pensé que poseía y estoy feliz de entregárselas.

- ¡Oh por Dios! Estoy al lado de la novia del príncipe. — Dice una mujer que
se encuentra cerca a mi.

Le sonrío con amabilidad sin saber que responderle.

- Ni siquiera está a tu lado y está eufórica. Eres famosa querida — Brama


Valentine a mi oído.

El anuncio continúa mientras mis mejillas se vuelven más rojizas.

215
- El ejército de Mishnock está flanqueando cada costa y centímetro de la
frontera, si vuelven atacar estáremos listos para responder. — Finaliza el
Sargento Willes quien comanda las fuerzas militares.

Detesto la guerra, es en lo único que puedo pensar, odio las armas y el combate.
¿Cual es el motivo de este odio entre naciones? nadie nos lo ha dicho,
¿Porque nadie se lo pregunta? ¿Acaso soy yo la única que lo desconozco?

Todo esto es como una batalla silenciosa que cobra personas inocentes y salud
mental. ¿Como puede el Rey Lacrontte ser tan atroz?

Stefan, nunca ha tocado ese tema conmigo y en realidad estoy dispuestá a saber
que es lo que sucede.

- ¿Emily, vas con nosotras o no? — Grita Rose en medio del bullicio
sacándome de mis pensamientos.

- Disculpa no estába escuchando.

- Pude notarlo. — responde enojada — A casa, ¿vas con nosotras o no?

Miro a mi alrededor y las personas han comenzado a dispersarse, a bajado la


cantidad de gente, incluso un tercio de está ya se ha marchado, muchas partes de
la plaza se ven vacías como si todos una vez terminado el comunicado hubiesen
corrido a resguardarse.

- Si claro, voy con ustedes. — Digo al fin.

- No, Emily. Ven con nosotras a mi casa. — Responde Valentine tomando


fuertemente mi brazo.

216
Rose me da una mirada intimidante y en realidad puedo entender sus razones
pero creo que sobrepasa su actitud para conmigo.

- No creo que pueda. — Respondo cediendo al comportamiento hostil de mi


amiga.

- Lastima. — Dice entristecida — será en otra ocasión.

Una vez que Amadea y Lady Valentine se despiden y dan la vuelta al marcharse,
siento una gran sacudida en mi brazo izquierdo que me hace tambalear ante el
brusco movimiento.

- ¿Nuevas amigas? — Pregunta enojada Rose.

- No sé si ya se les podría decir amigas pero son muy agradables,


deberías conocerlas.

- No me interesa hacerlo — dice con desdén — me dan mala espina.

- Créeme a mí también me pasaba lo mismo.

- ¿Entonces que haces con ellas?

- Han demostrado ser diferentes.

- Como digas — alude con sarcasmo— más bien que me dices de Stefan,
¿no lo viste buscándote entre la multitud?

- Él no hizo eso.

- Y como ibas a darte cuenta, si estábas ocupada con tus nuevas


amiguitas.

- Para ya, Rose.

- Está bien, pero enserio Stefan te buscaba.

217
Si lo hacía o no, me lo he perdido, ahora solo me toca esperar el día que pueda
volver a verlo y mi corazón me indica que no será tan pronto como quiero.

Mientras regresamos a casa siento esa extraña sensación de la que me había


librado hace ya muchos días. La presión en mi espalda se hace presente mientras
Liz, Rose y yo caminamos calle arriba.

Mis nervios se ponen al límite al recordar lo que ocurrió con Edmund, cosa que
aún no le he contado a nadie.

- ¿Te pasa algo, Mily? — Pregunta mi hermana cuando me vuelvo a


buscar el objeto de mi inquietud.

- En lo absoluto, salvo que este montón de personas me perturban. —


Miento.

Lo único que encuentro mientras paseo la mirada son los soldados que
custodiaban la plaza hace un momento y no creo que ellos estén interesados en
perseguir a 3 jovencitas o ¿si?

Cuando arribamos a nuestro hogar, Rose sigue su camino hasta la suya y subo a
la habitación arrastrando a Liz conmigo, pues creo que es el momento oportuno
para hacerle saber lo que sucede. No deseo que algo malo le ocurra a Mia cuando
yo no esté con ella y no me perdonaría que por mi silencio la lastimaran.

- ¿Qué pasa? — Cuestiona cuando prácticamente la lanzo sobre mi cama.

- Esto es un secreto, Liz. Promete que tomaras bien este asunto.

218
- No puedo prometerte eso. — Alega mientras yo me paseo por la habitación,
buscando las palabras precisas para confesarme. — Me estás asustando, Emily.

- Bien, escucha. — Me posicionó frente a ella, apoyándome en sus hombros.


— Edmund ha estádo actuando algo extraño estos último días.

- ¿A qué te refieres con extraño? — Quita mis manos de su cuerpo.

- De la nada comenzó a llamarme por tu nombre, me persigue y dice que le debo


la cita que tú rechazaste.

- ¿Te persigue? — Inquiere preocupada. — ¿Desde cuándo? ¿Te ha hecho algo?

No sé bien como decir esto. Edmund ha sido nuestro amigo por años y jamás
había tenido este tipo de comportamientos.

- Intentó besarme, pero alguien lo detuvo.

- ¿Alguien quien?

- Alguien, Liz. Eso no importa. — Aseguro. — Pero él me amenazó con Mia


¿entiendes? Es eso lo que no me deja tranquila.

- ¿Escuchas lo que estás diciendo? — Replica, levantándose de la cama. —


Edmund es nuestro amigo de toda la vida, es pacífico y totalmente respetuoso.

- ¿No me crees? — Cuestiono indignada. — ¿Crees que inventaría algo así?

- No lo sé. Hace unos días encontré a Edmund y actuaba tan normal como
siempre.

- No estoy mintiendo, Liz. Créeme.


219
¿Cómo puede no creerme? Jamás le he mentido y no tendría razón para comenzar
hacerlo ahora.

- Si esto es cierto, no tendrás problema en repetirlo frente él.

- ¿A qué te refieres? — Pregunto temerosa.

- Iremos a su casa y lo dirás frente a su familia.

Yo no quiero ver a Edmund, no después de lo que intento hacerme hace unos


días.
Últimamente me he preguntado que habría pasado si Willy Mernels no aparece
en la escena.

- Lo haré solo si mi padre va con nosotros. Ellos deben saberlo también.

- No, lo haremos solas. Somos adultas y resolveremos esto sin hacer


demasiado ruido. — Repone. — No involucrare a mis padres en tu lío.

- ¿Mi lío? Te estoy hablando con la verdad. Soy tu hermana, debes


creerme.

- Y lo vamos a enfrentar juntas. — Replica exasperada. — Iremos allá y le


haremos frente a la situación. No voy a dejarte sola, pero antes necesito estár
completamente segura de que no has solo malinterpretado la situación.

- Bien. — Cedo con algo de decepción. — Si eso hará que me creas, está bien.

Al salir de casa no mentimos cuando le avisamos a mamá sobre el lugar en el que


estáremos la próxima media hora.
Caminamos bajo el estridente sol de Mishnock, topándonos con un guardia del
palacio en el camino, quien sin reparos me mira fijamente.

220
Intento omitir su presencia y él también hace lo mismo, pero a pocos metros de
llegar a la casa de Edmund, lo sorprendo mirándome nuevamente ya en la
lejanía.

- Toca la puerta. — Pide Liz una vez estámos frente a la vivienda de los
Rutheford.

Con algo de nerviosismo me acerco a la madera, notando la ventana principal


quebrada. Golpeteo suavemente, pero parece que nadie viene hacia nosotros.

- Al parecer no hay nadie. — Le informo a mi hermana.

- Hazlo nuevamente. — Ordena mientras ella se aproxima a los cristales


dañados.

Toco un par de veces más pero nadie se asoma, avisa o habla en ningún
momento. La casa luce completamente vacía por lo que rápidamente deduzco
que sería una pérdida de tiempo seguir insistiendo.

- ¿Donde están los Rutheford, Emily? — Pregunta ante desolación.

- No lo sé, quizás ya la base civil les paso el reporte de la denuncia que hice y
por ello han huido.

- ¿Lo denunciaste? — Replica enojada. — No puedo creer que hayas hecho tal
cosa.

- No tenía opción. Él quiso propasarse conmigo.

- En verdad dudo que eso haya sucedido. — Discrepa con severidad. —


Vamos a ir a casa y olvidaremos esto. Espero que los Rutheford estén bien o
de otra manera tendrás que cargar con la culpa.

- Tengo testigos, Liz. — Insisto en vano. Ella no me cree en los absoluto.

221
- Para ya. — Ordena. — Una ventana rota no indica que hayan huido,
quizás solo estén poniendo una denuncia a quien les hizo tal daño.

Me decepciona la actitud de Liz. Quisiera encontrar a Willy para que respalde mi


historia, pero parece que solo puedo verlo cuando él así lo quiere pues desde esa
tarde no he vuelto a saber algo referente a su paradero.

222
Capítulo 19.
Como lo había predicho, no he visto a Stefan desde el anuncio en la plaza y de
eso hacen ya 6 días.
No he tenido ninguna noticia sobre él, por lo que es obvio que está ocupado con
los asuntos del reino, así que solo espero que este bien y que el carácter de su
padre haya mermado un poco.

He seguido viendo a Lady Valentine y Amadea. Las chicas se han convertido en


grandes allegadas, la paso genial con ellas, a pesar que su mundo es algo
ostentoso para mi gusto.

Liz tampoco ha visto mucho al coronel Peterson, pero él ha venido a verla dos
noches y una de ellas han salido a cenar. Mi hermana está totalmente enamorada
y solo basta con ver a los ojos a Daniel para saber que él siente lo mismo.

Lo extraño como nunca pensé extrañar a nadie y aunque sé que tengo que esperar,
los días se me hacen eternos pues ya me acostumbré a que revuelva mi vida con su
sonrisa y sus brillantes ojos azules.

Paso mis días de la tutoría a la perfumería, ayudado a papá con las ventas y el
arreglo del lugar. Cuando llega la tarde regreso a casa para la cena y después a la
cama. Todo es rutinario, aburrido y soso. Lo único novedoso fue la aparición de
Nahomi, quien alegra mis tardes a pesar de ser algo itinerante.

••••

Mientras cenamos está noche, Liz se acerca a mi y en susurro casi inaudible dice:

- Cuando todos duerman, baja a la sala y espera junto a la ventana.


223
Se retira de la mesa antes de que pueda hacerle alguna pregunta. Me levanto
en busca de alguna explicación pero mi padre me retiene, invitándome a
sentar nuevamente.

- ¿Hija, paso algo malo entre el príncipe y tú?

- ¿A qué se debe la pregunta? — Interrogo, aún sabiendo que lo dice por la


ausencia del mismo.

- Solo me preocupo por ti.

- Todo está bien, papá.

Da un asentimiento y me deja retirar, subo las escaleras y no se porque razón voy


directo a mi tocador a arreglarme, peino mi cabello, me pongo perfume, cambio
mis pendientes por unos de plata y aliso mi vestido para que no pierda su forma.

Liz no sale más de su habitación y sería sospechoso llamar a su puerta entrada la


noche, así que prefiero esperar y esperar sentada en mi cama, nerviosa por lo
desconocido. Froto las manos en mi regazo y miro a todos lados como si alguien
estuviera vigilándome.
Cuando todos duermen bajo las escaleras según lo indicado y me siento junto a la
ventana sin saber que estoy esperando.

Después de unos minutos siento un golpeteo suave en el cristal, levanto las


cortinas y no puedo creer lo que ven mis ojos. Stefan.

El príncipe está del otro lado en una camisa azul claro, pantalones oscuros y un
abrigo largo que llega hasta sus rodillas del mismo color. Mi corazón golpetea
fuerte, y sin chistar abro la puerta con cuidado para reunirme con él en la
oscuridad de la noche.

- Hola, Emily. — Saluda una vez que estoy fuera.

224
- ¿Qué haces aquí? — pregunto incrédula.

- Te extrañaba.

Sonrío al ver que no era la única con ese sentimiento.

- Yo también — Confieso con timidez — pero ¿cómo estás aquí sin tus
guardias?

- Me escapé, necesitaba verte — dice con naturalidad — vamos. Toma

mi mano y comienza a caminar en medio de la fría noche.

- ¿Hacia donde nos dirigimos? — Intervengo, deteniéndome.

- A un lugar donde nadie nos interrumpa pero sobre todo que nadie descubra.
de la mano seguimos caminando, mientras la adrenalina me recorre.
Se escapo del palacio para verme, vino hasta la puerta de mi casa sin guardias,
sin carruajes y solo para estár conmigo unos minutos.

- ¿Donde es ese lugar, Stefan?— Cuestiono curiosa.

- Ya lo verás, Emily.

Nuestra caminata continua y continua.


Pasamos casas, locales cerrados, callejones, calles desiertas, bares, locales y nos
adentramos más allá de la ciudad, pero a medida que avanzamos está sensación
de ser observada aparece.

Siento los ojos de alguien en mi espalda y me giro bruscamente hacia la calle


para descubrir de quien se trata, pero como siempre, no hay
nada.

- ¿Qué ocurre, Emily? — Cuestiona Stefan al ver mi inquietud.

225
- ¿No sientes como si alguien nos vigilará?

El príncipe se vuelve, paseando su mirada por las calles desoladas e iluminadas


solamente por las lámparas públicas.

- ¿Has sentido eso antes? — Pregunta alarmado.

- En un par de ocasiones. — Confieso con algo de temor por su actitud.

- ¿Alguien ha intentado hacerte daño?

- Solo Edmund. — Revelo.

- ¿Solo Edmund? — Cuestiona. — ¿A qué te refieres con eso? ¿Qué te hizo ese
hombre específicamente?

Dudo un momento en hablar, pero supongo que no debería ocultarle algo así.

- Intento besarme.

Su agarre se aprieta en mi mano, haciéndome fruncir el ceño con algo de dolor.

- Discúlpame. — Pide al ser consciente de su comportamiento. — Pero me ha


dejado algo contraído tu relato.

- No pasó a mayores. Un soldado lo detuvo. — Mascullo para


tranquilizarlo.

- ¿Qué soldado? — Replica. — Te he dicho que tengas cuidado con los


militares.

- Él es un soldado de Mishnock, no te preocupes.

- No confíes en nadie, Emily. El enemigo está donde menos crees.

226
- Se más específico. — Pido, confundida por sus palabras.

- Solo cuídate, por favor.

Asiento sin saber que decir. Miro a mi alrededor en un intento por ubicar el lugar
en donde caminamos ahora.
Parece como si fuéramos al...

- ¿Vamos al Bosque Ewan? — Pregunto incrédula.

- Has arruinado la sorpresa.

La entrada al bosque Ewan está totalmente prohibida, hay soldados custodiando


la zona y solo se puede visitar algunas veces al año, en aquellas fechas que están
estipuladas oficialmente en el calendario como libres para entrar a sus
profundidades. Los únicos autorizados para irrumpir cualquier día del año es la
familia real.

El militar que flanquea el sitio nos mira amenazantemente a medida que nos
acercamos y al llegar a las altas rejas que cercan el bosque, esté nos detiene
abruptamente poniendo una mano frente a nosotros, bloqueándonos el paso.

- Está prohibido para civiles — exclama como si ya fuera habitual el recitar tales
palabras y ya estuviese aburrido de repetirlas.

Las sombras de la noche ocultan el rostro del príncipe por lo que puedo entender
por qué no lo reconoce.

- Mucho gusto, joven — Dice Stefan en un tono amistoso.

- Señor le pido que se retire. — Replica el guardia, interrumpiéndolo.

- Permítame presentarme — retoma con elegancia — Soy el príncipe Stefan


Denavritz, futuro Rey de Mishnock.

227
Veo al soldado palidecer al instante sin saber que hacer. La oscuridad sigue
camuflando el rostro de Stefan, por lo que el hombre levanta una lámpara y
apunta hacia nosotros para comprobar nuestras identidades. Al notar su grave
error, el joven se dobla en una torpe reverencia y balbucea rápidamente.

- Lo lamento mucho, Alteza, por favor discúlpeme.

- Aquí no ha pasado nada si usted se disculpa con mi novia. — Exclama


señalándome.

- Señorita, espero pueda excusarme — brama con rapidez.

- No hay problema.

La sonrisa se apodera de mis labios ante la mención de noviazgo entre Stefan y


yo. La urgencia con la que el asustado hombre se disculpa, al saber que puede
ser despedido por la falta de respeto ante el monarca me resulta cómica.

Se hace a un lado permitiéndonos el paso. Entramos y nos acercamos al claro del


bosque, bañado con un hermoso riachuelo que está bordeado con pequeñas
piedras blancas. La luz de la luna se filtra por la copa de los árboles y los troncos
a un lado del lugar sirven de muebles para recostarse.

Stefan me invita a sentar frente al agua clara y en un gesto de caballerosidad se


quita su abrigo y la pasa por encima de mis hombros para aplacar el frío que
invade mis huesos. Me toma entre sus brazos acomodándome entre sus piernas
mientras me cubre en un abrazo fuerte.
Apoya su cuello sobre mi cabeza y en silencio escuchamos la brisa

228
soplar y la corriente del agua cantar a nuestros pies, es simplemente hermoso.

Cierro los ojos sintiendo su piel caliente sobre mi y todos estos días sin él, se
desvanecen, nada existe solo este momento. Daría cualquier cosa por recordar
los detalles que se perderán en pequeños fragmentos que navegaran por mi
mente al momento de intentar recordarlos.

Me gustaría guardarlo en un libro y leerlo como la primera vez o márcalo a mi


piel y tocarlo cada vez que quiera volver aquí para simplemente estár con él,
siendo dos personas libres sin propósitos o ataduras.

Stefan rompe el silencio sacándome de mis pensamientos.

- Atelmoff me contó que escuchaste una discusión que tuve con mi padre.
— Susurra a mi odio.

- Lo lamento. — No entiendo porque me disculpo pero lo hago. — No era mi


intención entrometerme, pero íbamos pasando por el pasillo y simplemente...

- No estoy reclamándote nada. — Repone interrumpiéndome. — Pero no quiero


que te lleves una mala imagen de mi padre. Es un hombre severo pero...
simplemente no tomes en cuenta lo que escuchaste.

- ¿Te llevas bien con él?

- Algunas veces. — Revela con una sonrisa frágil. — Tenemos una relación de
maestro y aprendiz.

- ¿No de padre e hijo?

- Es complicado. Cuando tienes una nación que depende de ti, no


importan demasiados las relaciones filiales.

229
- El apoyo y el afecto nunca estárán de más.

- Para mi padre si. Sin embargo, es algo a lo que estoy acostumbrado. — Su


mirada está apagada, vacía. — Por ello me gusta tenerte en mi vida.

Intento sonreír para que sepa cuanto me han agradado sus palabras, pero el gesto
no surgiría con naturalidad después de escuchar el estádo de su relación con el
Rey.

- Él no te deja llamarlo papá ¿cierto?

- En ocasiones lo permite, pero no es algo que me afecte demasiado.

- ¿Ha sido siempre de esa manera?

- Desde que tengo memoria. — Ríe por lo bajo al recordar lo que solo él
conoce. — Mi madre es el lado afectuoso de la familia y con eso me basta.

Es un poco triste ver el extraña lazo que tiene Stefan con su padre, pues no
podría imaginar pasar por algo así con el mío. Estoy tan acostumbrada al afecto
que papá me brinda, que es doloroso notar que el príncipe ha sido privado de tan
linda experiencia.

Quisiera decir algo para reconfortarlo, pues aunque asegure que la severidad de
su padre no le afecta, sé que en el fondo debe hacer mella en él.

- Estoy feliz de haberte encontrado en ese festival. — Susurra


cálidamente.

- Ya nos habíamos cruzado antes — confieso.

- En la plaza, lo recuerdo.

- No. Hay otro evento antes de eso.


230
- ¿Ah sí? ¿En dónde? — Pregunta expectante.

- En el palacio, te tropezaste conmigo pero jamás me viste.

- ¿Cómo pude no haberte notado?

- Estábas rebelde con los temas del perfume. – Sonrío al rememorar la escena.
— No te preocupes, me pediste disculpas.

- Es cierto. — Coloca la mano derecha en su frente. — Recuerdo ese día, es


decir, a causa de mi rebeldía no te conocí mucho antes.

- Algo así. — Me encojo de hombros.

- Como lamento no haberme girado para verte. Ese día fue realmente
tormentoso.

- ¿Por qué? — Pregunto al ver la tristeza plagada en su rostro.

- No hay demasiado que contar. La guerra en la frontera se estába saliendo


de nuestras manos, nos dimos cuenta que los soldados Mishnianos ya no
eran suficientes para detener a los Lacrontters y el palacio estába revuelto
mientras buscábamos soluciones.

- Siento que al decir que buscaban soluciones, te refieres a ti mismo.

- Bueno, soy el heredero. Es mi deber hacerlo.

Su mirada decae pero rápidamente intenta recomponerse, dejando aún lado todo
eso que lo atormenta.

- He estádo ausente — Continua hablando — y debo disculparme por ello.


Tengo reuniones y consejos reales. Estoy bastante exhausto.

Acaricio su cabello desordenado por la brisa de la noche, mientras intento


entender su exigente mundo.

231
- Y yo que pensé que te sentías a gusto con ello. — Revelo con un gesto frágil.

- La mayoría del tiempo si, pero a veces necesito espacio.

- ¿Es tan malo todo, Stefan? — Pregunto preocupada.

- Nada nunca podrá ser tan malo si puedo mirar tus ojos, Emily.

Mis labios instintivamente se posan en los suyos, su cuerpo se mezcla con el mío
y siento sus manos entrar por debajo del abrigo que a puesto sobre mi. Su toque
es fuerte y ágil, rodea mi cintura y aprieta mi piel marcándome con la yema de
sus dedos. El beso caliente es envolvente, nuestras bocas se mueven en sincronía
y la respiración se agita a causa del deseo. No hay manera que nada arruine este
momento, ni las reprimendas de mi padre o las frías miradas de mi madre. Puedo
soportar todo aquello si Stefan es la recompensa. Me doy cuenta que las mejores
cosas suceden sin previo aviso, son aquellas que te sorprenden y vuelcan tu vida
para que nada vuelva a ser lo mismo. Stefan es mi sorpresa y sé que jamás
volveré a ver mi mundo con los mismos ojos. Un sembrado de margaritas se
asoma a un lado del tronco y rozó la yema de mis dedos en los pétalos,
capturando la textura bajo mis manos.

- ¿Cuáles son tus flores favoritas? pregunta al notar mis movimientos.

- Flores de cerezo — respondo sin apartar la vista del conjunto de


margaritas.

Siento la sorpresa de Stefan a mi lado, me obliga a mirarlo para comprobar sus


cejas levantadas ante el asombro.

- Son unos gustos exigentes, esas flores no se ven por aquí.

- Lo sé. — Sonrío tímidamente.

232
- ¿Todo de ti siempre es tan fascinante?

- La mayoría del tiempo — Respondo presumida.

Pasamos las horas conversando hasta la media noche, donde el frío se hace más
gélido y los abrazos más fuertes.
Los besos no cesan, calentando nuestros cuerpos. Estoy sobre la línea de su
cuello tratando de fundirme sobre su piel, tanto así que puedo escuchar las risas
nerviosas de Stefan a causa de mi cabello haciéndole cosquillas, es un sonido
maravilloso. El alba se acerca sin opción a detenerla. Sé que debería estár en casa
y Stefan en el palacio, pues somos conscientes que al amanecer no nos
encontrarán en nuestras camas, pero no cambiaría ni un solo segundo de está
noche así me cueste conseguir el perdón de mis padres.

- El cielo es hermoso. — Susurro al ver el amanecer sobre nuestras


cabezas.

- Te gusta decir eso ¿no?

- Me gusta admirarlo. Si dependiera de mí, podría verlo todo el día.

- No tengo la posibilidad de admirar algo por mucho tiempo, pero lo haría si se


tratara de ti. — El azul profundo de sus ojos me mira fijamente. —
¿Eso en qué te convierte?

- No lo sé. — Digo apenada al entender el trasfondo de su insinuación. —


Pero en ocasiones es necesario detenerse y contemplar lo que generalmente
obviamos.

- Es grato saber entonces que encontré un cielo al cual admirar.

233
Stefan no espera respuestá y se levanta con agilidad, llevándome con él. El abrigo
que traigo sobre mis hombros amenaza con caer ante el movimiento pero
rápidamente lo sostengo, decidida a no perderlo.

- Te llevaré a casa y daré la cara ante tu padre — Declara levantando las cejas
con diversión.

- Va a estár muy enojado.

- Yo lo estáría, y más al tratarse de alguien como tú.

••••

Salimos del bosque pasando todas las calles recorridas en la noche, y viene a mi
mente el como Liz sabia que el príncipe vendría a buscarme. Hago la pregunta
emergente.

- ¿Cómo le avisaste a mi hermana tus planes?

Me observa sorprendido por mi pregunta. ¿Acaso he dicho algo demasiado tonto?

- Yo no le avisé, se lo conté a Daniel y él se encargó de transmitir el


mensaje, cielo.

Sonríe con naturalidad, mientras proceso la información a la que debí ponerle


lógica antes de preguntar.

- ¡Liz Malhore! — Grita alguien a unos metros de distancia.

Ambos nos volvemos al tiempo para encontrar a Edmund Rutheford correr hacia
nosotros. Stefan me coloca protectoramente en su espalda, encarando en la lejania
al joven de cabello rizado que se aproxima velozmente.

234
- ¿Qué haces a está hora fuera de tu casa? — Reclama enojado, ignorando
la presencia del príncipe. — No debes salir sin mi y mucho menos con
otros hombres.

- Señor Rutheford es mejor que guarde su distancia. — Ordena Stefan al ver


que intenta tocarme.

- Lo siento, Alteza, pero esa es mi pareja y tenemos asuntos que


arreglar.

- No tengo nada que solucionar contigo. — Levanto la voz en protestá.

- ¡Lo tenemos! — Brama con ira. — Por culpa de tu hermana mis padres
dejaron su casa.

- ¿De qué estás hablando? — Inquiero extrañada, manteniendo el cuerpo de


Stefan como una muralla que me protege de su presencia.

- Vinieron a casa y amenazaron a mis padres. Me buscaban, pero


afortunadamente no estába en ese momento y repetían el nombre de tu hermana
una y otra vez.

- ¡Hablas de mi nombre! — Suelto desesperada. — Soy Emily.

- No te alteres. — Aconseja Stefan. — ¿Qué decían esos hombres?

- No es mi deber contarlo. — Se mantiene estático, retandolo con la


mirada.

- Como tu monarca, exigo que hables.

- No estába presente, así que no tengo la certeza de que fue lo que ocurrió.

- Solo di lo que sabes. — Ordena nuevamente.

235
- Gritaban que no debía meterme con Emily Malhore. Pero ya jamás he hecho
nada malo contra tu hermana. — Dice mirándome. — Dile, dile al príncipe
que jamás he tocado a tu hermana, Liz.

Quiero llorar. En este momento quiero llorar de miedo. ¿Cómo alguien puede
confundir la realidad de está manera?

- ¿Tus padres te dieron algún detalle de cómo eran esos hombres? —


Pregunta Stefan en su lugar.

- No lo sé. Querían asesinarme y cuando fui a denunciar el hecho nadie quiso


recibir mi alegato. — Refuta molesto. — Me buscaban y por ello mis padres
tuvieron que huir. Es culpa de tu maldita hermana. — Me señala con cólera.

- No le hables así. — Stefan apunta en su dirección. — Y aléjate de ellas.

- Es mi pareja, no puedo hacerlo.

- No lo soy. — Balbuceo rápidamente.

- Lo eres, no mientas. Eres mía, Liz Malhore.

- ¡Callate ya! — El grito de Stefan me hace estremecer. — Vas a pagar tal


insolencia y te juro que no volverás a acercarte a Emily nunca más.

Intenta aproximarse hasta Edmund, pero antes de que lo haga tomo su brazo para
obligarlo a detenerse.

- Solo quiero ir a casa, por favor. — Pido al borde de un ataque de


nervios.

- Está bien. — Ajusta el cuello de su camisa, mientras retoma el control de sus


emociones. — Me disculpo por tan desinhibido y bestial comportamiento.

236
Tomo su mano en una súplica silenciosa para que avancemos lejos de este
hombre. No quiero tenerlo cerca, pues ahora no soporto su presencia.

- No te salvarás de nuestra conversación. — Replica Edmund mientras


desaparecemos de su vista.

Caminamos calle arriba con el sol golpeando nuestros rostros. Papá va estár en
estádo de ebullición cuando toquemos la puerta como dos libertinos.

- Te prometo que voy a encargarme de este asunto, Emily. — Asegura


cuando estámos a pocos metros de mi hogar, pero con el miedo en mi sistema
solo logro asentir.

Al llegar a casa yo aún llevo su abrigo en mis hombros. Rezo para que lo olvide y
pueda quedarme con el para el recuerdo. Tocamos la puerta y un atisbo de temor
se asoma dentro de mí, mientras Stefan sostiene mi mano y me mira a los ojos.

- No olvides que nos tenemos el uno al otro. — Dice entre cada


respiración.

Da un beso dulce a mis labios que es interrumpido cuando la puerta se abre ante
nosotros, permitiéndole a mi padre asomar su figura con claro enojo en su mirar.

- ¿Dónde has estádo? — Cuestiona molesto, poniendo su atención


solamente en mí.

- Es mi culpa señor, yo la he sonsacado. — comienza Stefan.

- Yo he ido porque he querido — Añado, aceptado parte del error.

237
- Ya lo creo, nadie te obligaría hacer algo para lo que no estás dispuestá
- Confiesa papá conociéndome bien.

- Asumo la responsabilidad. — Irrumpe Stefan — No habrá una tercera falta,


Señor. Le doy mi palabra.

- Le aseguro que la habrá. Puedo apostar todo lo que poseo a ello. —


Brama mi padre. — Pero no estoy dispuesto a tolerarlo.

- Fue una falta de respeto contra usted y su esposa. — Alega el príncipe. — Y en


verdad lamento causarle tales molestias con mi comportamiento.

- Espero no ofenderlo, Alteza, pero no creo que sea deber de un monarca andar
por las calles vacías de Palkareth con una señorita hasta el alba. — Refuta. — Yo
le demuestro mi respeto y pido que usted haga lo mismo con mi familia.

- Debe saber usted que su hija se ha convertido en alguien especial ante mis ojos,
lo que ha provocado que robase toda mi atención.

- Eso no justifica el que haya salido de casa sin previo aviso y regrese a estás
horas de la mañana.

- Tiene usted toda la razón, señor Malhore, por lo que le pido me


conceda la autorización formal para salir con su hija.

Papá se queda sin palabras y yo he quedado helada. Mi cara refleja la sorpresa


ante la naturalidad de su discurso y la propiedad con la que lo hace.
Es decir, es obvio que ya estámos saliendo pero jamás creí que le pediría
permiso a mi padre para hacerlo.

- Su Alteza — Empieza papá, mirándome — Si mi hija así lo quiere, tiene


usted mi total confianza.

238
Ambos se giran a verme, esperando mi respuestá, pero yo estoy en estádo
catatónico sin saber que decir.

- ¿Y bien, Emily? — Dice Stefan ansioso.

- Claro que si — Respondo después de encontrar la fuerza para hablar.

- Entonces no hay nada más que comentar respecto a ese tema. —


Proclama padre.

- Debo agradecer su benevolencia y paciencia, Señor Malhore.

- Solo asegúrese de traerla a casa más temprano.

- Palabra de honor.

Atelmoff sale de la casa, sorprendiéndonos a los dos con una sonrisa bufona en el
rostro.

- Pensé que ibas a arrodillarte, Stefan.

- Lo haría si hiciera falta. — Menciona devolviéndole la sonrisa.

- Tu padre va a matarte.

Mi corazón se hunde al escuchar tales palabras y aprieto a Stefan fuertemente. Él


se acerca a mi y toma mi rostro entre sus manos.

- ¿Voy a ver tus ojos luego?

Asiento sin saber que más decir, recuerdo sus palabras en el bosque y entiendo
perfectamente a qué se refiere. Atelmoff hala el brazo de Stefan, separándolo de mi
lado. Su sonrisa se hace más fuerte mientras es arrastrado hasta el carruaje real.

- ¡Soy un hombre afortunado Atelmoff! — Grita mirándome.

239
- Ya lo creo. — Exclama él, alentando su alegría.

Me vuelvo a dar la cara a mi familia pues sé que les he faltado el respeto, pero
aún así no me arrepiento de nada.

- Estás castigada — Brama mi madre enojada.

Son las palabras que esperaba escuchar por lo que no intento refutar. Miro a papá
entendiendo las razones, pero antes de partir a mi habitación padre me ata en un
abrazo delicado.

- No se puede castigar una alma enamorada. — Declara suavemente.

Sonrío agradecida por su comprensión y devuelvo el abrazo a este hombre que


amo con todas mis fuerzas.

- Gracias, papá.

- Solo espero que no te lastime, Emily.

- No lo hará, padre, lo juro.

- No jures por un corazón que no es el tuyo, nunca sabes que pasa en realidad
dentro de el, ni como reaccionará en un futuro.

- Él es diferente, padre.

- Todos somos diferentes y todos podemos lastimar y ser lastimados. Pero


puedo notar cuanto te quiere y estoy feliz por ello.

- Soy muy afortunada.

- Solo repetiré lo que el príncipe ya dijo. El afortunado es él, mi niña. —


Recita acariciando mi barbilla.

240
Capítulo 20.
Hoy al salir de mi tutorías, encuentro al coronel Peterson fuera del edificio en su
traje militar rojo, mi primera reacción al verlo es llenarme de miedo. ¿Le ha
pasado algo a Liz o a Stefan?

Sonríe al verme, dándome un parte de tranquilidad mientras me acerco con


curiosidad.

- Hola, Emily. — Saluda.

- Daniel, no esperaba verte por aquí.

- Lo sé — Avanza hacia mí — Pero resulta para mí urgente el hablar


contigo.

- ¿A ocurrido algo grave?

- No, claro que no.

Dejo salir una gran fuente de aire que reprimía en mis pulmones.

- Te escucho entonces.

- Puedo acompañarte a casa y te lo diré en el camino.

Acepto ansiosa por saber el motivo de su viaje hasta aquí. En muy pocas
ocasiones hemos tenido la oportunidad de cruzar palabras, y el que se aparezca
de la nada, solo puede significar que tiene algo importante que decir.

Mientras andamos se nota nervioso, juega con sus manos sin cesar y comienza
frases que nunca termina. Realmente es algo crucial y la preocupación se está
apoderando de mí.

241
- Daniel, puedes contarme sin temor — Detiene el paso de manera abrupta y me
mira como un pequeño asustado.

- Quiero casarme con tu hermana. — Suelta sin filtros.

Mi corazón da un vuelco de inmediato.


La imagen de Liz casada invade mi mente, se irá de casa a formar su propia
familia.
Va a ser muy feliz claro, pero aunque suene egoísta considero que aún necesito a
mi hermana mayor. Además, no llevan mucho tiempo de pareja ¿Acaso ya se
conocen lo suficiente cómo para dar ese paso?

- ¡Dios, Daniel! — Exclamo incrédula — ¿No crees que es algo


apresurado?

- Vaya, que sí lo creo y esa es la razón por la que he venido hasta ti.

- Explícate. — Pido confundida.

- Lo he hablado con Stefan y él me ha dado el valor para tomar tal decisión —


retomamos el paso — pero aún no sé si Liz se sienta preparada para una boda y
con tu padre no puedo hablarlo hasta que todo esté realmente decidido. Mi única
opción era venir hasta ti.

- Comprendo. — Medito su discurso con mucho cuidado.

- Bueno, ¿qué opinas? — Dice ansioso — ¿Crees que Liz está preparada para
dar ese paso?

- ¿Lo que me preguntas es que si en realidad mi hermana te ama lo


suficiente como para aceptar ser tu esposa?

- Si, en pocas palabras es eso.

242
- Liz te ama eso es seguro. Pero no puedo darte una respuestá.
Necesitaría tiempo para analizar la situación.

- ¿Cuánto tiempo? — Alega nervioso.

- Algunos días.

Después que acepta mis términos, tenemos un trato para averiguar si Liz está
dispuestá a dar o no el paso hasta el altar.
En este momento estoy lista para usar todas las armas que tengo a mi favor, pues
solo quiero que mi hermana sea feliz y si eso significa separarme de ella, gustosa
lo haré.

Casi nunca estoy a solas con un militar, salvo el día del ataque cuando Willy me
flanqueo hasta mi casa por ordenes del mismo Daniel, y sé que es difícil hablar
con Stefan sobre el tema de la guerra, así que quizás el coronel me de alguna
información adicional que me ayude a entender todo este asunto.

- Daniel, ¿puedo hacerte una pregunta?

- Claro, la que quieras.

- ¿A que se debe la guerra con el reino Lacrontte?

- Emily, esos son asuntos oficiales, no tengo permitido comentar nada al


respecto.

- Por favor, Daniel.

- Es mi código de honor, no puedo romperlo.

- Sabes que no diré nada.

- No es que no confíe en ti, es que lo tengo prohibido.

243
- Al menos dime, ¿Nos volverán a atacar?

- Es probable, el Rey Magnus es malévolo y calculador, no dudo que


intente arrasar con nosotros nuevamente.

El nombre del Rey Lacrontte me da escalofríos. Se escucha como todo un


opresor.
No me imagino su semblante frío y metódico, aún cuando Valentine y
Amadea hayan alabado su al parecer llamativa y atractiva apariencia física,
nada puede justificar a un asesino e imperialista.

Decido tomar un rumbo diferente, en mi meta por obtener información sobre


lo que en realidad sucede entre ambas naciones.

- Daniel, hace algunos años la guerra había cesado, al menos por un tiempo.
¿Qué ocurrió para que se reavivara?

- ¿Emily, vas a seguir insistiendo? — Pregunta sorprendido.

- Es solo historia, no es algo que no puedas contar.

Suspira frustrado, mientras se debate entre si debe contarme o no.

- Hace 11 años. Mishnock realizo un atentado contra Lacrontte. — Inicia,


midiendo bien sus palabras — Un gran ataque que marcó la historia de la
nación enemiga.

- ¿Qué ocurrió exactamente?

- No lo sé, son secretos de guerra que desconozco. Solo te digo lo que


escucho, tenía 14 años cuando eso ocurrió.

- No lo recuerdo.

- Eras muy pequeña, contabas con 6 o 7 años. Stefan tenía 10.

244
- ¿Qué paso después?

- El reino Lacrontte se vino abajo. Quedo vulnerable y según los relatos de los
altos mandos, fuimos superiores a ellos. Estában en nuestras manos por quizás
unos 3 años y luego todo cambió.

- Volvió la guerra. — Afirmo al comprender.

- No solo la guerra, Emily. En la nación de Lacrontte se volvieron


despiadados, sanguinarios y calculadores. Arrasaban con todo a su paso,
comenzaron a conquistar y colonizar, quitaban de su camino a quienes no
les sirviese. Y todo por su deseo de ser el más grande y poderoso reino.

¿Qué es lo que ocultan los dos reinos? ¿Qué pudo hacer Mishnock para levantar
la ira sin piedad del Rey Lacrontte?

- Avanzaron en muy poco tiempo, reponiéndose del daño que les causamos. —
Continua contando, sin mirarme — Su tecnología alcanzó grandes niveles y su
desarrollo como nación fue imparable. Por eso hoy en día es el reino más
poderoso que existe.

- CReyeron que con el ataque los acabarían y lo que hicieron fue alentar su
dominio.

- Exactamente. Lo único que lograron fue volver a su enemigo más grande y


agresivo. Desde entonces vivimos bajo sus pies, luchando por no ser sometidos
a su incontrolable furia.

- ¿Se han adueñado de algún reino?

- Lacrontte siempre ha tenido una gran extensión de tierra debido al


gobierno de Meridoffe, desde entonces siempre han estádo adueñándose de
reinos pequeños.

245
Estoy completamente segura que dentro de cada muro de este nación hay un
secreto que está próximo a ser descubierto.

- ¿Te puedo hacer yo una pregunta ahora? — Dice mirándome.

- Por supuesto.

- Recuerdo haber escuchado a tu hermana mencionar el nombre de su mejor


amigo.

- ¿Edmund? — Repongo confundida al no entender por qué saca este tema.

- Si, Edmund Rutheford y es que... — Rasca su nuca con algo de


ansiedad. — Stefan me pidió que encontrara a ese sujeto, y lo hice.

- ¿Hablas en serio? — Pregunto alarmada. — ¿Dónde está?

En este momento no sé si siento tranquilidad o inquietud, pero debo admitir


que me gusta la idea de saber que ya no estárá acechando a Mia.

- En los calabozos del palacio. Sin embargo, Stefan quiere erradicar el


problema de raíz.

- ¿Van a asesinarlo? — El temor se instala en mí de inmediato. No quiero llegar


a medidas tan extremas.

- No, esa no es la idea. — Alega para tranquilizarme. — Quiere sacarlo de


Mishnock para que así no tengas que volver a cruzarte con él. Stefan desea que
te sientas segura en cualquier lugar al que vayas.

- ¿Y cómo hará eso?

- Ha solicitado la presencia del ejército Lacrontte, pero ciertamente no sé con


qué fin los usará.
246
- ¿Cuando será esto? — Cuestiono sorprendida.

- Hoy mismo. En la tarde hay un anuncio y supongo que allí se sabrá cual es su
idea. — Explica. — Lamento no poder darte más información.

- Es más de lo que imaginé saber el día de hoy. Muchas gracias.

No insisto más con el tema y guardo silencio hasta llegar a casa. Daniel se va
antes que Liz pueda verlo, lo último que queremos es levantar sospechas.

En la puerta encuentro a Nahomi mirando al infinito, al verme sonríe y la escucho


balbucear la palabra "matrimonio".
Me quedo observándola unos instantes antes de pedirle que repita lo que ha
dicho.

- Matrimonio — vuelve a decir.

- ¿Cómo sabes eso?

- Matrimonio — Musita nuevamente.

La manera en la que Nahomi predice las cosas me asusta un poco, siempre en


medio de sus cortas y escasas palabras hay un poco de verdad y el hecho de que
no estuviera presente mientras Daniel y yo hablábamos de la propuestá y que
luego lo mencionara resulta escalofriante. Todo lo que tiene que ver con ella,
para mí carece de sentido.

La invito a pasar y se acomoda en el sillón de la sala, balbucea cosas sin sentido


mientras ruego para que no vuelva a mencionar la palabra "matrimonio" cerca a
Liz.

••••

247
Antes de la hora del almuerzo, toco la puerta de mi hermana, dispuestá hacerle
frente a este asunto que se ha colado en mi cabeza desde que llegue. Al tercer
golpe me deja pasar y me acomodo en la banca de su tocador.

- ¿Cómo estás hermanita? — Pregunto nerviosa.

- Bien. ¿Pasa algo, Emily? — Interroga al ver mi ansiedad.

- No, nada malo.

- Pero pasa algo.

- Bueno, quizás, es decir... ¿Crees que te puedas enamorar de alguien en muy


poco tiempo? — Suelto sin más.

- Si, justo por eso.

No veo mejor forma que aprovechar el que se haya ido por ese camino, para
emplear mis tácticas.

- Si, creo que es posible. — Responde luego de un rato.

- ¿Tanto así como para casarse?

- ¿El príncipe te ha pedido matrimonio? — Pregunta sorprendida.

- No — bramo de inmediato. — Solo es curiosidad.

- Bueno, Emily. Eso depende de ti, de lo que sientas. Pero creo que si es posible.

- Dímelo desde tu perspectiva.

- ¿La mía?

Asiento ansiosa, esperando que diga las palabras que quiero escuchar.

248
- Yo amo a Daniel y llevamos poco tiempo juntos, pero si de algo estoy
segura, hermana, es que estáría feliz de pasar a su lado el resto de mi vida.

Y justo allí, está la declaración que buscaba. Lo ama tanto como él a ella, y sé
que si el coronel apareciera en este preciso instante y se arrodillara frente a Liz,
ella lo aceptaría fascinada.

- ¡Te has enamorado! — Exclamo asombrada.

- Como nunca creí estárlo. — Suspira. — Él es perfecto, Emily.

- ¿Tanto así?

- Si, es caballeroso, dulce y hace esa cosa con la nariz que me resulta
encantadora.

- ¿Qué? ¿Respirar? — Bromeo al ver la intensidad de su emoción.

- Eres una tonta, Emily Malhore.

Sonrío ante la felicidad de mi hermana, está viviendo su historia de amor y me


convenzo que no hay otro hombre para ella que no sea Daniel. Va a dolerme el
separarme de ella, pero si todo es para que sea completamente feliz entonces yo
estáré dichosa de alejarme.

- Me alegro que hayas encontrado alguien que te haga feliz, Liz.

El sonido característico de la guardia marchando por las calles, avisando el futuro


desarrollo de un anuncio en la plaza, lo cual nos hace detener rápidamente
nuestra conversación.

- ¿Otro aviso? — Pregunta mi hermana con extrañez.

249
Me levanto de la banca con el corazón latiendo a mil por hora. Necesito saber
que ocurrirá con Edmund y conocer cual es la razón de Stefan para pedirle a los
militares Lacrontters su presencia.

- Debemos ir. — Repongo, abriendo la puerta de su habitación. —


Levántate.

- No creo que quiera asistir.

- Liz, vamos por favor. Es nuestro reino, debemos estár al tanto de lo que ocurra
con el.

- ¿Desde cuando eres tan patriótica?

- Desde siempre. — Alego con una sonrisa. — ¿Vienes?

- Está bien. — Cede. — Espero que no sean malas noticias.

Mamá decide no acompañarnos a la plaza, pues Mia se niega a estár de pie todo
el tiempo que demore el anuncio, así que su instinto protector se niega a dejar
una niña de 10 años sola en casa.

En nuestro camino, pasamos frente a la perfumería donde papá está concentrado


en el trabajo y con los pocos clientes que aún no han salido para averiguar de qué
se trata el discurso de hoy.

Al llegar, el lugar está atiborrado de personas. Todos tienen la vista puestá al


frente mientras murmuran ante la presencia de hombres con uniforme negro y
líneas doradas.

El escudo bordado en sus trajes con hilos color oro muestran la corona y
símbolos propios del reino enemigo.
Los soldados son altos, fornidos y de mirada severa. Perfectamente aliados unos
al lado del otro, conservando cierta distancia.

250
Puedo observar las armas que cuelgan en sus hombros y la frialdad de su
comportamiento. Dan la impresión de que aún cuando el viento sople fuerte,
ellos no se moverían ni un centímetro.
Lucen imperturbables sin importar que están rodeados por militares Mishnianos
que los doblan en números.

- ¿Cómo vinieron sin desconfiar de que puedan asesinarlos? — Cuestiona mi


hermana al verlos.

- No tengo idea. — Revelo intimidada por su presencia.

- ¿Crees que esos hombres son importantes dentro del ejército Lacrontte? —
Dice alguien a nuestro lado, uniéndose a la conversación. — Ellos mandan a
quienes menos les importe, así no deberán lamentar las bajas si es que llegan a
hacerles un atentado.

- ¿Está usted seguro? No creo que un Rey le haga algo así a sus
soldados. — Interviene Liz.

El hombre prácticamente se ríe de mí hermana, como si hubiese dicho lo más


tonto del mundo.

- Están muy jóvenes para entender la guerra, pero no deben subestimar al Rey
Lacrontte.

Liz toma mi brazo y me obliga a caminar lejos del sujeto, indignada por su
burla.
Nos posicionamos más cerca pero aún así estámos algo distanciados de la
primera fila.

- Mishnianos. — Inicia Stefan tan empoderada como siempre. — Se han


hallado espías dentro de la armada de Mishnock. Algunos de ellos ya han sido
dados de baja de sus cargos, sin embargos, debe imponerles

251
un castigo y para ello hemos solicitado la presencia del ejército
Lacrontte.

Más soldados Mishnianos salen al ruedo, trayendo consigo una fila de 6


hombres encadenados unos a otros, y entre ellos se encuentra Edmund
Rutheford.

- ¿Qué hace allí? — Cuestiona Liz alarmada. — Él no es un espía.

Y sé bien que no lo es. A esto se refería Stefan cuando mencionó que se


encargaría de la obsesión de Rutheford.

- Hemos decidido no implementar nuestras leyes contra el espionaje y


permitiremos que cada uno de estos hombres se vayan con libertad hacia
Lacrontte, siendo su única pena el destierro absoluto de su nación de origen.

- No pueden hacerle eso. — Se queja mi hermana. — Sabes cuanto ama la


nación. Es imposible.

Los soldados Mishnianos liberan las cadenas de los condenados, mientras Liz me
arrastra en medio de la multitud para llegar hasta la primera fila. No sé que
piensa hacer, pero está determinada en salvar a su amigo de infancia.

Cuando llegamos al borde del escenario, mi hermana comienza a buscar con


desesperación a alguien. Supongo que se trata de Daniel.

Los Lacrontters le piden a los acusados sus nombres y después de revisar una
pequeña lista, los hacen pasar a un lado con el resto de los soldados.

- ¿Dónde está el coronel Peterson? — Pregunta mi hermana al militante más


cercano.

252
- No estoy autorizado para dar esa información . — Responde éste sin
mirarnos. — Por favor, retírense del escenario.

- ¿Puedo hablar con su Alteza el príncipe Stefan? — Inquiero en un intento por


ayudar a mi hermana.

- Eso no es posible, está ocupado con asuntos monárquicos


importantes.

El príncipe está tan solo a unos centímetros de mí, pero aún no ha notado mi
presencia.

- Sabes tan bien como yo que Edmund no es un espía, Emily, debemos hacer
algo.

Me encuentro en un conflicto interno en este momento. No quiero que


Rutherford siga acosándome, pero tampoco sé que le harán en Lacrontte. Ellos
son bastante reconocidos por su violencia y carácter belicoso.

- ¿Emily? — Una voz llama mi atención.

Levanto la mirada para encontrar a Stefan caminando hacia nosotras.

- Déjenlas pasar. — Ordena a los militares.

Subimos al escenario con una Liz evidentemente alarmada, que intenta llegar a
Edmund a como dé lugar.

- Él no ha hecho nada, Alteza. — Habla ella.

- Persigue a tu hermana y me prometí protegerla. En Lacrontte estárá bien,


créeme.

253
Veo desde lejos que es el turno de Rutheford, pero después que los soldados
revisan su lista no le permiten el paso como a los 3 hombres anteriores. ¿Por qué
hacen eso?

- Eso no es cierto. Todo fue un invento de Emily. — Alega la mayor de las


Lacrontte. — Dile, dile que lo inventaste todo. — Presiona mirándome.

- Yo fui testigo de su acaso. — Me defiende Stefan. — Y era preciso tomar


cartas en el asunto.

- Pero no así. — Reclama. — Disculpe mi comportamiento, pero le ruego que


lo saque de esto.

El heredero a la corona de Mishnock me mira por unos segundos buscando


alguna respuestá en mis ojos, no obstante, al final decide no acatar el pedido de
mi hermano.

- Solo intento proteger a tu hermana. Se lo llevarán a Lacrontte como un


habitante más y puedo estár seguro que hará una buena vida en ese lugar.

Mi hermana suspira frustrada, intentando convencerlo de lo contrario, mientras


los soldados enemigos continúan su ritual hasta acabar con los 2 restántes,
prohibiéndole el camino a otro de los sujetos, quien pasa acompañar a Edmund.

- ¿Estás seguro que se los van a llevar a todos? — Le pregunto a Stefan algo
temerosa.

- Tienen qué, fue la orden que di.

Uno de los oficiales Lacrontters se acerca a nosotros con la mirada severa y el


paso firme, deteniéndose tan solo a unos centímetros.

254
- No conocemos a dos de ellos. — Informa el hombre.

- Se los dije. — Masculla Liz. — Él no es un espía.

- Está bien, pueden dejarlo. — Acepta Stefan ante su fallido plan.

El hombre camina hacia el resto de los suyos, pero antes de que pueda llegar,
ambos jóvenes ya han sido arrodillados en el escenario, y de un momento a otro
comienzan a dispararles.

Sus cuerpos se agitan ante el impacto y posteriormente caen como bultos


pesados, sorprendiéndonos a todos.

Los gritos de mi hermana erizan mi piel, mientras mis ojos se llenan de lágrimas.
Stefan toma mi mano y la aprieta con fuerza, anonadado ante la escena.

- ¡¿Por qué hicieron eso?! — Cuestiona el príncipe.

- Fueron acusados de espías pero no tenemos ningún registro de ellos, así que
las ordenes Lacrontte dictaminan que se asesine a todo aquel que no esté
relacionado con nosotros. — Explica el tirador.

- Pudieron simplemente dejarlo aquí.

- Les ayudamos a deshacerse de él.

- ¿Cómo pudieron? — Acusa mi hermana, hecha un mar de lágrimas. — Él era


inocente.

- Nuestras leyes lo demandan así, por tal razón no estámos obligados a


disculparnos.

- Ya no podemos hacer nada. — Espeta el comandante que había venido a


hablar con nosotros. — Llegue tarde a desautorizar la orden, sin
255
embargo, fueron ustedes quienes solicitaron nuestra presencia. No tienen
derecho a reclamarnos.

- ¡Asesinos! — Brama mi hermana. — ¡Los Lacrontters son unos


asesinos!

- Liz. — La rodeo en un abrazo mientras ella cae al suelo.

El pueblo está estupefacto viendo los dos cuerpos acribillados con frialdad.
Siendo testigo de cómo un grupo de extranjeros tomaron en sus manos la vida de
dos hombres inocentes.

- Emily, no sabía que esto iba a suceder. Te juro que mi plan nunca fue este. —
Balbucea Stefan a mi lado.

- ¡Maldigo su reino, a su Rey y a su gente! — Exclama Liz con agonía.

- Por favor ingresen al palacio. — Pide el príncipe. — Tu hermana necesita


calmarse.

- ¡No! — Replica ella a la defensiva. — Quiero ir a casa, Emily. Necesito


informarle a sus padres lo que ocurrió.

Aún no le he contado a Liz que los padres de Edmund huyeron por las
amenazas que recibieron en su casa, y claramente este no es un buen momento
para hablar.

- Insisto. — Dice nuevamente. — No es bueno que estén solas en la calle y


mucho menos en ese estádo.

- Preferimos ir a casa. — Alego cuando encuentro mi voz. — Liz necesita a


mamá y un lugar tan poco familiar como el palacio, no le ayudará.

- Emily lo lamento, en verdad me disculpo por esto. No pretendía que las cosas
llegaran a este nivel.

256
- No te preocupes. — Repongo con un nudo en la garganta, ayudando a
levantar a mi hermana. — Sé que tú intención nunca fue que algo así
sucediera, sin embargo, es preferible que nos veamos en otra ocasión, Stefan.

Camino con Liz hasta casa, flanqueadas por un par de guardias que el príncipe ha
enviado con nosotros.
La mayor de las Malhore no deja de llorar, quebrantando mi corazón con su
dolor.

Este día empezó con un permiso para matrimonio y terminó con la muerte de
Edmund.
Aún no puedo asimilar cuán frívolos son los soldados del reino Lacrontte, al
disparar a quema ropa a dos personas que no representaban ningún peligro para
ellos.

Ahora me queda mucho más claro que el peor enemigo es el Rey Magnus. No
entiendo como Valentine y Amadea pueden estár tan cegadas por ese hombre.

257
Capítulo 21.
Han pasado dos días desde el traumático suceso en la plaza, en los que no hemos
tenido ninguna noticia sobre el hombre que asesinó a Edmund. Creí tontamente
que al menos lo darían de baja en la milicia Lacrontte o le impondrían algún
castigo, pero tal como nos los dejaron claro en su momento, no recibirán ninguna
pena pues así son leyes de su nación.

Mi hermana ha estádo apesadumbrada todo este tiempo y ha pasado noches


llorando. Mis padres aún no conciben el hecho de que Rutheford este muerto y
tampoco entienden por qué el príncipe se encargó de todos los gastos fúnebres.

Como era de esperarse, Liz no ha revelado la acusación que hizo Stefan sobre el
acoso hacia mí, y yo he decidido no hacer ningún comentario al respecto para
olvidar el hecho de una vez por todas.

Los padres de Edmund aún no han aparecido y me preocupa que algo malo les
haya pasado, pues estoy segura que desearían haber estádo presentes para
despedir a su hijo.

- Emily me acompañará a la perfumería. — Dice papá cuando estámos cerca


al local. — Llegaremos para cenar.

Tomamos caminos separados para llegar a nuestros destinos, y una vez que
arribamos al negocio familiar, papá coloca sobre la vitrina una carta algo
arrugada.

- Pensé que había confianza entre nosotros. — Alega mirándome


fijamente.

- ¿A qué se refiere? — Tomo el papel y lo reviso de manera superficial.

258
- Los Rutheford me enviaron esa carta hace algunos días, antes de la muerte
de su hijo.

Hojeo el papel con mayor detenimiento, sorprendiéndome ante lo narrado en letras


pequeñas pero profundas.

Erick.

Recientemente nos hemos enterado de una serie de comportamientos


inapropiados que ha tenido nuestro hijo para con Emily, pero lamentablemente
nos lo han hecho saber de la peor forma.

En nuestro hogar han irrumpido un grupo de hombres, los cuales buscaban a


Edmund de manera incesante, repitiendo el acoso que él ha cometido contra tu
hija.

No podía creer lo que escuchaba pues Edmund nos comentó que había
formalizado una relación con Liz y el hecho que vinieran defendiendo a Emily me
desconcertó. Sin embargo, cuando estos hombres dejaron la casa tras no hallarlo,
fuimos a su habitación y encontramos un montón de anotaciones sobre la ruta
diaria de una de las pequeñas Malhore y entendimos que se trataba de Emily pues
es ella quien aún asiste a tutorías.

Te hago llegar está carta para pedirte que la protejas, debido a que nosotros nos
vemos obligados a huir de Palkareth tras el ultimátum que nos dieron aquellos
sujetos, los cuales sé perfectamente que no pertenecen a Mishnock.

Me disculpo por las molestias causadas a tu familia y por tener que darte está
desafortunada noticia. Aún no nos explicamos en qué momento Edmund tomo
estás conductas erráticas.

259
Frédéric Rutheford.

- Estuve esperando que me hablaras respecto a ello. — Espeta mi padre cuando


dejo la hoja sobre el cristal. — Que tuvieras la confianza para comentarme la
situación, no obstante, jamás lo hiciste y quiero saber por qué.

- No sabía como manejar la situación, así que preferí mantenerlos al


margen.

- Nadie te va a proteger como yo, Emily. — Dice acercándose a mí para


rodearme en un abrazo. — Y en verdad espero que cuando algo así vuelva a
suceder, me lo hagas saber. Este problema acabó de la peor manera, pero aún
así no puedo evitar sentirme aliviado.

Sé que papá tiene razón. Debí contarle lo que sucedió pero simplemente no fui
capaz. Ni siquiera yo sabía como enfrentar el problema, por lo que no quise
enredar a alguien más en el problema.

- ¿Quienes eran esos hombres, Emily? — Cuestiona, sacándome de mis


pensamientos.

- Yo también quisiera saberlo.

Stefan tampoco sabe de quién se trata. Ha intento investigar pero su búsqueda no


ha dado frutos, parece que fuesen sombras que solo se dejan ver cuando ellos lo
deciden. No entiendo como no hemos podido descubrir de donde son.

••••

260
Llegado el final de la tarde, organizo estántes en la perfumería, pero mi arduo
trabajo es interrumpido al ver a través de los cristales como poco a poco la
entrada se atiborra de personas.

Un gran número de pobladores se agrupa alrededor de algo o alguien, y la


curiosidad empieza a llenarme.

Sobre las cabezas de la multitud se asoman los picos de un carruaje real y mi


corazón se detiene; los guardias del palacio se abren pasos entre el mar de gente
llegando hasta la puerta de la perfumería, hacen un camino de paredes humanas a
cada lado y entonces veo como el carruaje se abre y de el se baja Stefan.

Es flanqueado por dos guardias que cuidan su espalda mientras se hacen


presentes las ovaciones de las personas. Su traje marfil se acomoda a su atlético
cuerpo y sus ojos azul intenso me buscan aún antes de entrar.

La puerta es abierta para que él pase, dejando al mar de personas con ganas de
estár cerca de su príncipe. La entrada es custodiada y se le niega el paso a las
personas que intentan ingresar, solo aquellos que estában dentro antes que Stefan
llegara, tienen la oportunidad de verlo más de cerca.

Los clientes se aproximan curiosos a abrazarlo o hablarle, él


educadamente los complace sonriéndole y respondiendo sus
preguntas.

Observo la escena durante un par de minutos hasta que Stefan vuelve a mirarme,
impaciente por querer acercarse a mí pero impedido por sus súbditos.

261
- Espero me disculpen. — Pide con elegancia — Pero he venido con la
intensión de ver a mi novia.

Salgo detrás del mostrador acercándome a paso lento a él, nerviosa e


intimidada por las personas que nos miran tanto dentro como aquellas que
esperan fuera.

- Hola, Cielo. — Saluda sonriente.

- Hola — La risa se apodera de mi al escuchar lo que ha dicho. — ¿Vas a


llamarme así de ahora en adelante? — Pregunto, recordando nuestra
conversación en el bosque Ewan.

- Sin lugar a dudas. — Repone confiado.

Termina de cerrar la distancia entre nosotros tomando mi mano y llevándome


hacia él, tal acto me hace sentir nerviosa pues sé que padre debe estár viéndonos
con recelo.

- Es mejor que ambos vayan a casa, de otra forma los pobladores quebraran los
cristales de la perfumería para estár más cerca a su Alteza.
- Pide papá al ver el revuelo de los presentes.

Aceptando el pedido lo llevo hasta la parte de atrás del lugar, para salir por la
puerta de servicio y esquivar a uno que otro habitante.

Un par de guardias nos siguen el paso mientras caminamos tomados de la mano.


Algunas personas salen de sus casas al ver pasar al príncipe, ya que no es muy
común que se le vea en este tipo de paseos y aún más en tiempos de guerra.

En estos días él ha estádo pendiente a todo lo que necesite mi hermana, en un


intento por reivindicarse ante lo que cree ha causado. Le he

262
explicado que no debe culparse, pues fue una situación que se salió de sus
manos, sin embargo Stefan continúa asumiendo la responsabilidad.

- Todos te miran. — Le digo viendo a mi alrededor.

- Claro, se preguntan que he hecho para merecerte.

- Ya debes parar con los halagos.

- Eso sería un delito y señorita mía, yo no soy un criminal.

La cuestión aquí es ¿qué puedo responder ante tales palabras?. Por lo general
siempre me quedo sin habla ante la demostración de sus afectos. No se bien
como corresponderlos. La cuestión aquí es ¿qué puedo responder ante tales
palabras?. Por lo general siempre me quedo sin habla ante la demostración de
sus afectos, pues no sé bien como corresponderlos.

Al llegar a casa la cara de sorpresa de mamá es gratificante, sé que lo último que


esperaba era ver a Stefan en la sala, por lo que rápidamente lo invita a cenar;
Acto respaldado por papá cuando arriba a casa minutos más tardes, invitándolo
nuevamente.

A pesar de todo el desastre que ocurrió, mi familia intenta continuar con


normalidad, siendo mi hermana la más afectada.

Cuando estámos todos en la mesa, tomo asiento a su lado, con Mia posiciona a su
izquierda y mi padre a su frente.
Él sonríe amablemente, pero sé que está nervioso. Lo conozco y puedo notarlo.
Liz ha decido quedarse en su habitación, comprensiblemente afectada al ver a su
amigo de infancia ser sepultado está mañana.

- ¿Cómo se encuentra hoy, su Alteza? — pregunta mi padre.

263
- Nunca he estádo mejor. — Confiesa Stefan.

- Está enamorado. — Habla Mia sin ser invitada.

- ¡Mia! — reprende mamá.

La vergüenza me acoge nuevamente. ¿Cuando será el día que Mia Malhore no


abra la boca para avergonzarme?

- Está bien. — Comienza Stefan para calmar el ambiente. — No me


incomodan los comentarios de la señorita.

- Alteza, tengo una pregunta. — Vuelve a hablar mi hermana. — Si Emily es su


novia ¿eso la convierte en una princesa?

- Lamentablemente no. Tendría que casarse con un príncipe para serlo.

- Entonces cásense. — Pide como si fuese lo más normal del mundo.

- De eso nada. Emily no va a casarse por ahora. — Comenta papá,


reprendiendo a Mia con la mirada.

Stefan sonríe encantando por la escena, iluminando su rostro con naturalidad


mientras yo busco una forma de encogerme y desaparecer de está vergonzosa
conversación.

••••

Después de la cena todos suben a las habitaciones, dejando a Stefan sentado


junto a mí en el comedor. Está vez la sillas se encuentran una frente a la otra,
guardando un pequeño espacio entre nosotros.

- Cielo, los asuntos del reino ya nos han separado en ocasiones, pero en verdad
quiero que sepas que aún separados yo te pienso. Te pienso a diario y es extraño
—Sonríe buscando comprensión en sus palabras.

264
- Yo también te pienso, demasiado he de confesar.

- ¿Ah sí?, ¿cuánto? — Su mirada se torna coqueta.

- Ya he dicho que demasiado.

- ¿Demasiado?, eso no me sirve. — Se acerca a mi despacio.

- Es lo único que puedo ofrecer.

- Yo puedo ofrecerte más.

- ¿Cómo qué?

- ¿Quieres que te lo demuestre?

Sus labios calientes cubren los míos y me besa suavemente hasta aumentar el
ritmo. Agarra la parte delantera de la silla y la arrastra con fiereza hacia él,
cerrando el espacio.
Doy un brinco ante el movimiento brusco pero aún así el beso no acaba. Muerde
despacio mi labio inferior, mientras mi mano rodea su cuello y la suya sube
suavemente por mi pierna.

- Te quiero, Emily — Recita contra mi boca.

Me separo de manera brusca al escucharlo. Él me observa fijamente, esperando


una respuestá, reacción o algo que le indique que no me ha incomodado su
confesión. Nunca espere que dos palabras me hicieran tan feliz, quiero decir,
nunca pensé ser tan feliz en mi vida.

- Lo digo sinceramente. — Susurra al ver mi indecisión.

Sé cuales son mis sentimientos por él, pero creo que siempre he tenido miedo de
decirlo en voz alta.
Mi garganta se hace un nudo mientras mi corazón martillea frenéticamente ante
su azulada mirada.
265
- Te quiero, Stefan. — Revelo, uniéndome más a su cuerpo.

Las ansias por seguir me atacan, aún cuando mi conciencia me recuerda que
estámos en casa, cerca a mis padres. Me inclino buscando una mejor posición
para besarlo, colocando una de mis manos en su espalda, pero lo único que
consigo es hacerlo quejar de dolor.

- ¿Qué ocurre? — Pregunto alarmada. ¿Acaso lo he tocado demasiado fuerte?

- No es apropiado hacer esto aquí. — Dice con algo de incomodidad.

- No cambies el tema, Stefan. ¿Qué te hice?

- No has hecho nada. Solo es un dolor lumbar que me aqueja hace días.

- ¿Estás seguro? Solo fue una caricia, y no debido doler tanto.

- Y no lo hizo, quizás solo exageré.

Me remuevo en la silla con un poco de preocupación ante sus palabras. Es


evidente que Stefan está ocultándome algo.

- Podría besarte toda la noche. — Dice para cambiar el tema. — Prometo


hacerlo en un mejor lugar.

- No pasa nada.— Respondo contrariada al ver su actitud. — ¿Puedo


hacerte una petición?

Si Stefan no quiere contarme que es lo que sucede, entonces aprovecharé su


ferviente afán por querer cambiar de tema para preguntarle algo que está
carcomiendo mi cabeza desde que hable con el coronel Daniel.

- Desde luego.
266
- Cuéntame sobre la guerra.

- ¿En serio te interesa eso?, No quiero aburrirte con cosas del estádo.

- Si, de otra forma no preguntaría. — Digo con evidente frustración.

- No seas hostil — Me mira a modo de disculpa — Tierras.

- ¿Sólo eso? — No puedo evitar pensar que es sencillamente absurdo.

- Bueno así es Magnus. Objeta que las ciudades y provincias fronterizas le


pertenecen pero no es así.

- ¿Quiere invadirlas?

- Al parecer. No va a parar hasta adueñarse de ellas.

- ¿En serio no son suyas? Porque debe estár demente si pelea por algo que no le
pertenece.

- Claro que no son suyas, mi padre me lo habría dicho, siempre han estádo
en el mapa de nuestro reino, no entiendo porque las reclama.

- Es tan deleznable.

- No te aflijas, cielo. No nos van a derrotar.

- ¿Puedes prometer que me informarás todo lo que suceda? Al menos lo que


estés autorizado a decir.

- Puedo apostar a ello. — Respondo sin estár muy segura. — ¿Puedes


prometer informarme de todo lo que suceda?

- Palabra de honor. Pero te aseguro que no vamos a permitir que nos arrebate
la paz.

267
No sigo con el tema, al no comprender en su totalidad las razones que me da
Stefan. Todo esto no debe ser solo por las tierras, debe haber algún trasfondo,
algo que no he visto o más bien, algo que no han querido mostrar. Después de
unos minutos, me toma de la mano para llevarme afuera, donde encontramos un
carruaje que lo espera. Nos detenemos frente a éste con el frío de la noche
cubriendo nuestros cuerpos.

- Dentro de cuatro días nos visitarán los Reyes Wifantere del reino
Cristener, con quien mi padre desea hacer alianza.

- ¿Para luchar contra el reino Lacrontte?

- Exactamente. — Dice mirándome — Junto a ellos vendrá su hija la


princesa Lerentia Wifantere.

Mi corazón se acelera. Una princesa. ¿Acaso no dicen que todas las princesas son
hermosas? ¿Qué tal si está resulta encantadora y llama la atención de Stefan?

- ¿Pasa algo? —pregunta Stefan por mi repentino silencio.

- Nada en lo absoluto. — Respondo borrando pensamientos absurdos e


inseguros de mi mente.

- Está bien. Mi madre desea dar un baile de bienvenida al que por supuesto
estás invitada y si tu hermana desea asistir, es cordialmente bienvenida.

- No puedo asegurar que este repuestá de su pérdida dentro de 4 días, pero


intentaré convencerla para así distraer su mente. Y seguramente le hará bien ver
a Daniel.

- ¿Él no ha venido a verla?

268
- Lo ha hecho, pero ella simplemente parece no ser la misma. Odia mucho
al pueblo Lacrontte.

- Como todos, pero seguro el baile real le servirá para olvidar su dolor por unos
instantes.

- ¿Sabías que no me gustan mucho los bailes?

- No estába enterado. Pero prometo hacer todo lo posible para que sea
inolvidable.

- Allí estáremos. — Sonrío ante su afable gesto.

- Hasta pronto, cielo — Susurra.

Sus labios tocan los míos con suavidad, y aún cuando sé que volveré a verlo, odio
cualquier despedida con él.

- Hasta pronto.

Lo veo marcharse en el carruaje, asomado a la ventana para verme a la distancia.


Sonríe cual niño pequeño apoyando un brazo al marco para recostar su cabeza,
mientras su otra mano se agita en el aire diciéndome "adiós". No hay duda que
está noche me hizo notar lo mucho que quiero a este hombre. No sé si llevamos
el tiempo suficiente pero algo es seguro y es que adoro la manera en la que
vuelve mi vida más emocionante.

269
Capítulo 22.
Hoy me reuniré con Valentine y Amadea, por ello me iré más temprano de la
perfumería. Al salir me sorprendo al ver al soldado Mernels en la acera de
enfrente.

- ¿Willy? — pregunto asombrada.

Pongo mi mano cerca a mi frente para cubrir mis ojos del sol mientras levanto la
vista asegurándome de que en realidad es él.

- Emily — Responde en un suspiro alegre, cruza la calle para acercarse a mi.

- Que sorpresa verte por aquí.

- Soy el encargado de custodiar está zona, nos veremos muy seguido —


Comenta sonriendo.

- Eso es increíble. Está es la perfumería de mis padres. — Digo señalando la


tienda a mi espalda.

- Prometo cuidar muy bien este negocio. Ni un gramo de almizcle saldrá de esas
puertas sin que lo note — Dice sonriendo.

- Ni un ladrón entrará sin que lo arrestes.

- Por mi honor. — Bufa poniendo la mano sobre su pecho.

Es increíble encontrarlo, Willy es una persona que inspira confianza y pureza de


corazón, sería un amigo fantástico.

Lo invito dentro para que conozca a mi padre, quien reposa tras el mostrador. Se
mantiene a mi espalda guardando su distancia como siempre y yo me adelanto a
presentarlo.

270
- Padre, él es Willy Mernels. Soldado de Mishnock.

- Un placer, joven — Extiende la mano papá.

- El gusto es mío, señor — Responde estrechándola — A sus ordenes.

- ¿En donde se conocieron?

- Willy nos acompañó a casa el día del ataque — Explico.

- Pues debo expresarle mi agradecimiento por cuidar de mis pequeñas.

- Es mi deber, señor.

- Él estárá de guardia en la acera de enfrente, padre — Menciono.

- Bueno soldado Mernels, puede venir a descansar aquí cuando guste.

- Tomaré su palabra.

- Con derecho propio. Quien cuide de mis hijas siempre será bien
recibido.

No sé por qué Willy me parece un hombre tan fiable, transmite mucha seguridad
y es fácil entablar una conversación con él. Camino de regreso afuera mientras
Mernels se acerca a mi lado, ambos cruzamos las puertas de la perfumería,
mientras me da pequeñas sonrisas dejando ver su perfecta dentadura.

- ¿Por qué no te vi después de lo que sucedió esa noche con Edmund?

- Estába designado en otras zonas. — Se limita a decir.

- ¿Recuerdas el hombre rubio que estába cerca a un carruaje? —


Pregunto en su lugar. — ¿Sabes quién era?

271
- ¿Hombre rubio cerca a un carruaje? — Repite extrañado. — No vi a nadie con
esas características.

- ¿De verdad? Estába en la acera de enfrente.

- Lo siento pero no recuerdo haber visto a alguien.

- Comprendo, quizás solo me lo imaginé. — Mascullo algo contrariada. —


Nos vemos otro día.

- Que tengas una hermosa tarde.

Camino calle arriba hasta la casa de Valentine, el sol se está escondiendo pero
aún así me hace derramar gotas de sudor.

Al llegar la doncella me recibe como de costumbre.

- Buenas tardes, señorita Malhore.

- Buenas tardes — Respondo adentrándome en la casa. El pequeño Taded avanza


hacia mí con su sonrisa dulce.

- Hola, Emily. — Saluda bebiendo de un vaso un líquido anaranjado. —


¿Quieres? — ofrece extendiendo el envase.

- No, por ahora estoy bien. Gracias.

- Si necesitas algo, avísame.

- Eres todo un caballero.

- Eso me han dicho. — Dice juntando los hombros. — Traeré a Valentine


para ti.

Da media vuelta y se escabulla por las habitaciones. Taded me recuerda a Stefan


creería que así puedo haber sido cuando era un niño. Atento y sonriente. El otro
hermano Russo reposa en el sillón de la sala leyendo

272
un libro. Él es más difícil de tratar, siempre está distante, no se comporta como
un niño de su edad. Es callado, serio y muy maduro.

- Hola, Thomas — Saludo.

- Señorita. — Responde sin levantar la vista del libro.

Es increíble que tan solo con 10 años su carácter sea así, tan rígido. Me
sorprende notar que las veces que he venido a está casa, jamás he visto a su
padre. ¿Mantiene tanto tiempo fuera de casa?, ¿Acaso les habrá abandonado?

- ¿Puedo saber que lees? — Pregunto en un intento por hacer


conversación.

- El arte de la guerra, tomo II. — Responde con naturalidad. — Es un libro


Lacrontter.

- Vaya, es un tipo de lectura muy interesante dada tu edad.

- Mi edad no define mi inteligencia. — Replica de inmediato. — Eso fue lo


que dijo el Rey Magnus cuando lo coronaron.

Eso explica el que por qué es un gobernante tan joven. Me atrevería a decir que
ascendió al trono a los 20 años.

- ¿Te gusta mucho el Rey Magnus?

- Supongo que pregunta si lo admiro. Siendo así, si. Lo admiro en


demasía.

No puedo creer que este niño tenga 10 años. Parece un adulto encerrado en el
cuerpo de un pequeño.

- ¿A pesar de todo lo que dicen de él? — Cuestiono intrigada por conocer su


punto de vista.
273
- Al Rey Magnus no le importa lo que digan de él, así que a mi tampoco. Es un
soberano fuerte, quizás un poco violento pero sin duda es un gran monarca y
para mi es un ejemplo a seguir.

No sé qué responder, es decir, tengo el mismo concepto que la mayoría de los


Mishnianos sobre él. Es sanguinario, fascista y militarista. Nada bueno puedo
salir de esa combinación.

- Te dejo con tu lectura.

- Le recomiendo visite la biblioteca central y amplíe un poco su conocimiento


sobre el reino Lacrontte. Le sorprendería leer su historia. — Dice, devolviendo
su mirada al libro. — Intente no tomar los libros escritos por autores Mishnianos
pues no serán objetivos, sin embargo, le recomiendo al historiador Cowoller.

- Lo tendré en cuenta. — Comento sin saber que decir.

Valentine surge de los pasillos y viene hacia a mi a un paso acelerado.

- ¡Querida! — Grita con alegría.

- Valentine. — Espeto con menor efusividad.

- Ya te he dicho que me llames Val.

- Lo sé, pero me cuestá.

- Te acostumbrarás. Por cierto — Dice interrumpiéndose. — Amadea no


vendrá está tarde. Seremos tú y yo.

- Y yo. — Grita Taded con una bebida ahora color ámbar.

- Perfecto.— Sonrío ante su dulzura.

- ¿Thomas te nos unes? — Pregunta Valentine mirando a su dirección.

274
- No. — Responde con firmeza. — Tengo mejores cosas que hacer.

Llegamos hasta su habitación acompañadas del pequeño galán, que se sitúa a mi


lado bebiendo el resto de su jugo.

- ¿No te cansas? — Pregunta Valentine ante el ruido que hace al


consumirlo.

- No, ¿por qué lo haría?. Solo es beber de la pajilla y además estoy


sentado.

Su inocencia me enternece y enserio me hace pensar a Stefan.

- ¿Por qué sonríes, Emily?

- Tu hermano me recuerda a Stefan.

- ¿También hace ruidos al beber?

- No, me refiero que es tierno.

- ¿Conoces al príncipe? — Pregunta Taded levantando la cabeza para


mirarme.

- Es su novia. — Responde Valentine con alegría.

- ¿Eres su novia? — Brama entristecido.

- Así es. — Susurro acariciando los rizos de su cabello castaño.

- Entonces no tengo ninguna oportunidad. — Suspira con frustración.

- Taded quién diría que eres tan galante. — musita Valentine,


sorprendida.

- Quien diría que es tan tonto. — Menciona Thomas apoyado al marco de la


puerta.

275
- Guarda silencio Thom a ti te gusta Amadea. — Confiesa Taded
enojado.

- Está discusión está llamativa, ¿no hay ningún amigo de ustedes al que yo le
guste?

Ambos se miran por un momento y luego responden al unísono.

- No.

- Pues, cambien de amigos — responde ofendida.

La familia Russo es completamente fascinante a pesar de las diferentes


personalidades.

- Lady Valentine. — Llama la mucama desde la puerta justo al lado de


Thomas — Un sobre para usted.

Se levanta a recibirlo con bastante energía, y se le dibuja una sonrisa en el rostro


cuando lo tiene en su mano.

- Es del palacio. — Informa.

Lo despliega con una sonrisa que se marca en su rostro, sus ojos brillan en
sorpresa y ya puedo suponer de que se trata.

- ¡Un baile Real! — Chilla emocionada — ¡Oh Por Dios! esperemos que sea en
el salón azul — me mira eufórica y lanza el sobre al aire — ¿Emily, ya conoces
el salón azul?

- No, aún no he tenido el placer de verlo.

- ¡Dios! pídele que te lleve, cuando daría por entrar y conocer ese sitio.

No me sorprende la noticia, pues Stefan ya me había puesto al tanto del evento en


honor a la heredera Wifantere.

276
- ¿Crees que papá llegué a tiempo? — Pregunta Taded con algo de
preocupación.

- Lo hará. Hace parte del consejo, es su deber. — Le calma su hermana.

- ¿Dónde está el señor Russo? — Pregunto curiosa.

- De viaje. Su trabajo así lo demanda.

- ¿En Lacrontte? — Inquiero ante el gran conocimiento de Thomas sobre la


nación enemiga.

- ¡Por Dios, no! ¿Imaginas que un miembro del consejo de guerra visite
Lacrontte? Sería traición. — Alega casi con burla.

Me limito a asentir para olvidar el tema y no dar la impresión de ser una fisgona.
Llegada la noche, ya el sastre ha venido a tomar las medidas para el vestido de
Valentine, Taded ha superado su decepción por mi relación con Stefan y
Thomas, bueno él sigue igual. Cuando mi nueva compañera fue a dejarme a casa
en su carruaje, vi lo que menos me esperaba. Rose estába en el umbral junto a
Liz. Su cara muestra una mezcla entre confusión, decepción e ira. Bajo a
saludarla y ella solo me esquiva.

- ¿Pasa algo? — Pregunto confundida.

Liz entra dejándonos a solas, sin embargo Rose parece no querer hablar.

- Adiós, Emily. Adiós amiga de Emily — Despide Valentine mientras su


carruaje empieza a rodar.

Devuelvo el gesto, pero Rose opta por ignorarla con una de las peores actitudes
que le he visto.

277
- ¿Cómo te va en tu mundo de joyas con las nuevas amigas?

- Rose por favor, Valentine es muy amable, date la oportunidad.

- Como conocerla y si pasas todo el tiempo con ella y no recuerdas ni


siquiera que existo. — Su expresión es seria y dolida.

- Eso no es cierto.

- ¿No lo es? — Cuestiona. — Dime, ¿cuántas veces en estás últimas dos


semanas nos hemos visto? Y ahora piensa ¿cuántas te has visto con ellas?

- Eres mi amiga de toda la vida — Le recuerdo.

- Parece que eso a ti ya no te importa. Has cambiado y es claro notarlo.

- Rose, no digas tal cosa, soy la misma de siempre. Incluso quería


invitarte al baile del palacio.

- ¿Por qué? ¿Tus amigas no pueden ir? — Brama enojada.

- Claro que irán, pero sé cuanto te gusta ese asunto de la realeza y un baile te
encantará.

Su gesto cambia de inmediato y sus expresiones se relajan. Sé que al menos he


ganado está batalla contra sus celos.

- ¿Vas a acompañarme?— pregunto esperanzada.

- Me lo pensaré.

Y sé que lo hará, es algo a lo que no puede resistirse.

278
Capítulo 23.
Después de plantearle a Liz la idea del baile real y lo beneficioso que podría ser
tal distracción para su mente, ella por fin aceptó, aunque la decisión fue
antecedida por un millar de ruegos de mi parte.

Le he hecho ver a mi hermana lo increíble que será para su dolor el pasar una
noche con Daniel, quien sin duda se convertirá en la fortaleza en medio de su
dolor. Espero que esto en verdad la ayude.

Así que aquí estámos, concentradas en su habitación, arreglándonos para el baile.


Su vestido de tul blanco luce impecable y el cabello suelto enmarca su rostro de
manera angelical.

Por mi parte escogí uno color púrpura que llega hasta mis tobillos, en los
hombros cuelgan dos piezas de tela a ambos lados que finalmente reposan en mi
espalda.
Recojo mi cabello hacia un lado en un tocado elegante, combinando mi peinado
con pendientes de plata y sandalias del mismo color.

- ¡Llego el carruaje por ustedes! — Grita mamá.

Nos mira con orgullo a medida que bajamos las escaleras hasta llegar al corredor
principal.

- Se ven hermosas, mis pequeñas mujeres.

Rose ya se encuentra en la sala con mis padres, esperándonos en su traje negro.


Papá sonríe a sus espaldas y nos rodea en un gran abrazo, antes de darnos paso
hacia el lacayo que nos espera.

279
Viajamos llenas de nervios y con las expectativas altas sobre nuestro primer baile
real. Aún no me acostumbro al lujo palaciego.

Al llegar el asombro es evidente al ver que el palacio está lleno de luces y la


entrada infestáda de carruajes de los diversos invitados; hay doncellas por
doquier, tomando los abrigos de los recién llegados e indicándoles el salón del
evento.

Una larga alfombra fue tendida en la entrada para recibir a los invitados. En toda
la casa real hay un ambiente festivo, los pasillos han sido totalmente adornados y
hay un guardia en cada esquina.

Nos guían hasta el salón donde se desarrollará el evento está noche y para
decepción de muchos, entre ellos Lady Valentine, el baile no se hará en el tan
famoso salón azul, si no en uno adyacente.

Al entrar la música invade mis oídos llamando nuestra atención, todo está
decorado con flores de jazmín. Típica del reino del reino de Mishnock.
Las luces multicolores hacen baile en las paredes y piso de la sala, los músicos
tocan un ritmo movido y los meseros rellenan copas a todos los invitados.

Las mesas adornadas con jarrones de cristal, están dispuestás estratégicamente


para que ministros y archiduques puedan mediar palabra y Barones y condes
compartan una copa.

Las personas llevan trajes y vestidos pomposos dejando claro su posición


social, el aire de "¿quién tiene más?" está claramente presente.

La noche es fría pero el salón es cálido, creando una atmósfera perfecta. Una
mesa fue reservada para los Reyes y la princesa Lerentia, pues al
280
parecer sus padres han decidido marcharse antes de lo previsto del reino.

Los ojos de Rose van de un lugar a otro mientras chilla por la emoción, seducida
por los ostentosos artilugios esparcidos en la sala.

- Esto es hermoso, Mily. Gracias.

- Sabia que iba a gustarte.

- Me conoces tan bien — Dice dándome un abrazo.

Al menos ya su humor y actitud para conmigo han mejorado enormemente.


Caminamos hacia una de las mesas y de la nada Daniel aparece rodeando la
cintura de Liz.

- Hola, hermosa.

El rostro de mi hermana se ilumina, mientras Rose me mira con complicidad.


Nos sentamos en una mesa alejada de la entrada, mientras observamos todo a
nuestro alrededor. Esto es un ambiente tan distinto al que estámos
acostumbrados.

- Está es la vida que quiero, Mily. — Confiesa mi amiga.

- La tendrás te lo aseguro.

- ¿Cómo? Te has quedado con el único hombre que puede dar eso.

Hablando de ello, me vuelvo a buscar a Stefan por todo el lugar.

- Está por allá. — Señala Daniel, hacia un pequeño escenario,


reconociendo la razón de mi comportamiento.

281
Miro al lugar indicado con el corazón desbocado y aún ni siquiera lo he visto en
detalle.
Está junto a una joven de largo cabello rubio y rizado, quien luce un vestido
plateado con pedrería en la falda, junto a una corona de esmeraldas que decora su
cabeza. Mi instinto me dice que es la tan nombrada princesa Lerentia.

Stefan logra verme y de inmediato sonríe, baja a pasos agigantados avanzando


hacia mí con los brazos en la espalda.
Su traje oscuro resplandece al igual que sus ojos.

- ¡Cielo, has llegado! — Suspira con euforia.

- Te dije que haría todo lo posible.

Toma mi mano haciéndome girar completamente.

- Creo que he enloquecido al verte con ese vestido.

Su mano se posa en mi cintura, llevándome hacia él para iniciar un corto y casto


beso.

- ¿No crees que somos hombres con suerte, Daniel?

- Lo somos. — Responde él abrazando a Liz.

- Señor — Llama una voz familiar, Atelmoff. — La princesa Lerentia lo


espera.

Stefan se vuelve, obedeciendo su llamado con caballerosidad. No puedo ocultar


que el tener presente a está mujer me llena de nerviosismo.

- Ven, cielo, quiero presentarte.

282
Sus dedos se entrelazan con los míos a medida que nos acercamos a la mesa
donde se encuentra la engalanada. Está sentada junto a los Reyes y un hombre
calvo y gordo que no había visto antes.

- Su Alteza, Lerentia. — Llama Stefan. — Permítame presentarle a mi novia, la


señorita Emily.

La antes mencionada se levanta dándome toda su atención, su mirada me


escudriña de pies a cabeza de manera indigna y maleducada. La falta de
modales es evidente en está princesa.

- ¿Tu novia? — pregunta con desdén devolviendo la vista a Stefan.

- Justo como has escuchado — Responde con amabilidad.

- Emily Malhore, su Alteza.

Hago una reverencia en señal de respeto pero lo único que consigo es una mirada
altanera.
Es presumida, eso está claro. No quiero equivocarme como lo hice con Valentine.
Pero está mujer si que es arrogante.

- Un placer Estela. — Dice con desagrado.

- Emily. — Corrijo

- Si, eso. — Su mirada viaja hasta donde tocan los músicos. — Una plebeya al
fin y al cabo.

- Con su permiso, Alteza. — Brama Stefan al ver su actitud.

Vamos hacia el otro extremo de la mesa, donde la Reina se levanta con una
sonrisa amable para rodearme en un abrazo.

- Querida, Emily. Luces hermosa ¿No te parece Silas? — pregunta a su


esposo.
283
El Rey levanta su mirada hacia mí y asiente sonriente.

- Stefan ha escogido bien.

Sus palabras me avergüenzan y sé que todos pueden ver el tono rojizo de mis
mejillas. Aprieto la mano del príncipe buscando apoyo ante la incómoda
situación.

- Tranquila. — Susurra a mi oído. — Déjame presentarte al Infante


Cambregod.

- Lucio Cambregod, a sus servicios señorita. — responde el robusto


hombre.

- Emily Malhore, señor.

- La Emily de Stefan. — Afirma el Infante.

- Esa misma. — Responde él, orgulloso.

Si esto sigue así, una risa ansiosa me atacara pronto, propia de los momentos a
los que me expongo a mucho nerviosismo.

Me alejo rápidamente acompañada del príncipe antes de que mis emociones


exploten y me hagan quedar en ridículo, pero a medio camino soy embestida por
Valentine y Amadea. Quienes chillan al verme.

- Eres un suertudo. — Musita Amadea Golpeando el brazo de Stefan.

- Lo soy. — responde él con confianza.

Valentine luce un vestido turquesa y Amadea uno rosa oscuro, acompañada de


joyas que solo ella usaría. Es fantástica en su peculiar estilo.

- ¿Dónde está tu mesa? — Pregunta Valentine.

284
Señalo mi lugar y solo ruego que Rose no cambie su humor cuando las vea.

- Nos vemos allá, querida. — Brama alegre.

- No sabía que eran tan amigas — Pregunta Stefan cuando estás ya se han
alejado.

- Quien lo diría, ¿no?

- Estoy gratamente sorprendido.

- No eres el único.

Me voy a la mesa mientras el príncipe recorre el recinto saludando a todo el


personal, la fiestá sigue y los invitados bailan. La princesa Lerentia sigue en su
puesto observando con ojo de halcón todo a su alrededor.

A la séptima canción, una suave melodía resuena en todo el lugar y Stefan


aparece sorpresivamente frente a mí.

- ¿Me concederías el honor de bailar conmigo está pieza? — pregunta


galante, extendiendo su mano.

- Con gusto.

Las miradas se posan en nosotros a medida que nos movemos al compás de la


música.
El rodea con una mano mi cintura y con la otra toma mi mano sosteniéndola
arriba a medida que giramos y danzamos de un lado a otro.

- ¿No te resulta extraño que este sea nuestro primer baile? — Pregunta
mirándome fijamente.

- Nunca habíamos tenido la oportunidad.


285
- Pues debí inventarme alguna excusa para tenerte así de cerca.

Seguimos bailando, recorriendo la melodía con cada paso, Stefan es un gran


bailarín y me cuestá un poco seguirle el ritmo.

Damos un último giro y me inclina hacia atrás sosteniéndome de la cintura


mientras la música acaba, me levanta con cuidado dejando un pequeño beso
sobre mis labios. Para luego hacer una reverencia de agradecimiento por
acompañarlo a la pista de baile.

Los aplausos no se hacen esperar ante nuestro espectáculo. Miradas de ternura se


divisan entre los invitados pero yo solo puedo ver al majestuoso hombre que
tengo delante.

Se acerca a mi odio y puedo sentir su corazón latir fuerte dentro de su pecho.

- Te quiero. — Susurra.

- Yo te quiero más.

- Haré todo lo que este en mis manos para no lastimarte.

- ¿De qué hablas? — Pregunto nerviosa.

- Nada importante, no puedo creer en lo que me he convertido — Revela


ocultando su rostro.

- ¿En qué te has convertido? — Pregunto, levantando su barbilla para


mirarlo nuevamente.

- Creo que para todos es evidente.

- Para mí no.

286
- Algún día lo sabrás entonces. Cielo, nos vemos dentro de un rato, debo atender
a todos. — Se despide, dando otro beso, está vez en el dorso de mi mano.

La curiosidad arde en mi interior al no poder entender a qué se refería.


¿Qué es lo que intento decirme y que no pude comprender? ¿Qué es eso tan
evidente?

Lo observo alejarse mientras las damas del lugar se acercan con la intención de
recibir alguna invitación para la siguiente pieza pero él se retira amablemente
dejándolas desairadas.

De camino a la mesa soy detenida por Daniel. Quien me ofrece una copa, su
rostro ansioso me avisa a que ha venido.

- No te preocupes — comienzo. — Ella está tan enamorada de ti que te


aseguro aceptara.

- ¿No estás jugando conmigo?

- Claro que no. Lo comprobé esa misma tarde.

- Te debo mucho, Emily.

- Solo hazla feliz.

- Palabra de honor. — Dice poniendo la mano en el pecho.

- ¡Emily! — Gritan a la distancia.

Me vuelvo para encontrar a Valentine correr hacia mí de la mano de un hombre


alto y atlético muy parecido a ella. Quien está vestido con un elegante traje
negro, sus ojos son vivos y su cabellera oscura está peinada cuidadosamente
hacia atrás.

- Querida, este es mi padre. — Lo señala con orgullo.


287
- Emily Malhore, un placer. — Digo tendiendo mi mano.

- Dominic Russo — Saluda estrechándola.

El hombre transmite amabilidad a comparación de la madre de Valentine. Sonríe


aunque no demasiado, pero aún así no muestra gestos de desdén o de altivez. Es
caballeroso como una mezcla extraña entre Thomas y Taded.

- Eres la novia del príncipe.

- Si señor. — Respondo sonriente. Al parecer soy famosa en Mishnock por ello.

- Felicidades, tienes a un buen hombre.

- Gracias. — Digo apenada.

- Me retiro. — Repone el hombre — Tengo amigos que saludar.

- ¿Qué te parece? — Pregunta Valentine una vez su padre se ha


marchado.

- Amable. — Respondo sin saber que decir.

- No te agrado ¿verdad? — Musita entristecida.

- Claro que sí, me agradó más que tú madre.

- A cualquiera. — Dice riendo.

Este podría ser un baile normal pero seria estúpido estár convencido de ello,
cuando vives en Mishnock y tienes toda una nación enemiga siguiendo tus pasos.

288
Capítulo 24.
Mientras descanso en una de las mesas junto a Rose y Amadea. Una de las
puertas del salón es derribada violentamente haciendome sobre saltar. La música
se detiene de inmediato y los gritos de sorpresa no se hacen esperar.

Amadea toma mi mano asustada y me mira con ojos cristalinos, me doy cuenta
que está a punto de llorar. Los jadeos desesperados de los asistentes se extienden
por todo el lugar mientras el zumbido de aviones que sobrevuelan el techo nos
avisa que estámos bajo un nuevo a ataque del reino Lacrontte.

Todo ocurre en un parpadeo. Un grupo de soldados del ejército enemigo vestido de


negro y dorado asaltan la sala, esquivan a todos los invitandos pero luchan contra
los guardias del palacio.

Es un enfrentamiento a muerte, mientras el salón se llena de militares de ambos


reinos, las personas van desapareciendo despavoridas mientras huyen del
palacio.

Los guardias que acompañan a la princesa Lerentia la ayudan a salir ilesa del
lugar, ella pasa por mi lado corriendo mientras sostiene su vestido en un intento
por darse mayor velocidad.

Rose está escondida bajo la mesa y solo en ese instante me doy cuenta que
Amadea ya no sostiene mi mano. Saco a mi amiga de su escondite y le ordeno
que a la mínima oportunidad corra hacia una salida. La tomo fuerte por su
muñeca haciendo de escudo humano para ella, mientras busco a Amadea en
todas las direcciones, gritando su nombre, pero solo puedo ver a más militares
llenar la sala.

289
Los Reyes son evacuados del lugar junto a Stefan, los tres son flanqueados por
sus guardias personales, quienes los ayudan a salir cuidándolos de cualquier
peligro.

Los cristales de los ventanales comienzan a romperse a causa de los invasores


que entran por ellas. Me siento encerrada, abrumada, mis manos tiemblan y miro
a Rose quien está al borde de un ataque de pánico.

Avanzo por la sala y tropiezo con el cuerpo de uno de los guardias amigos y la
sangre que emana de este me hace estremecer. En cuestión de segundos recuerdo
que aquí está mi hermana mayor y la preocupación empieza a sobrepasarme,
mientras corro por todo el lugar buscando a Liz. El mundo caótico gira a mi
alrededor y ruego para que Daniel ya la haya sacado de este infierno.

Sigo corriendo, mirando a todos lados sin encontrar a nadie que pueda ayudarme.
Los disparos se escuchan a mi espalda y frente a mi. No hallo una salida, quiero
huir pero no hay escapatoria.

- ¿Dónde están Los Reyes?— Grita un militar Lacrontte a uno de sus


compañeros.

Rose se zafa de mi agarre y corre sin dirección alguna demostrando que ha


perdido el control. Intento alcanzarla pero un soldado enemigo se choca conmigo
haciéndome detener y temblar del pánico.

Va a matarme, estoy segura de que va a matarme. Siento la sangre caliente fluir


por mis venas, mi corazón está desbocado y justo ahora quisiera desmayarme
para olvidar está tragedia y no sentir el dolor que este hombre va a infligirme.

290
Él me mira con odio, tiene ojos castaños y una línea de sudor cruza su frente, en
sus manos porta un arma y respira con dificultad a causa de todo el esfuerzo
físico, además hay gotas de sangre que están esparcidas por su uniforme. Soy su
presa y él mi depredador.

Después de unos segundos de observarme en silencio se aleja, dejándome ahí, de


pie, helada a causa del miedo que infundió en mi; y entonces me doy cuenta de
algo.

Ningún soldado, ni siquiera uno solo le ha hecho daño a un civil. ¿Por qué?, solo
han atacado a los guardias y por la manera en la que buscaban a los Reyes se que
han venido por ellos.

Cuerpos ensangrentados de militares del reino Lacrontte y Mishnock descansan


por todo el piso como una pista de baile macabra que comienza a alterar mis
emociones. A mi espalda escucho un grito desesperado que hace recorrer frío por
toda mi espina dorsal.

- ¡Emily! — Grita Stefan desde una puerta alterna.

Me busca por todo el sitio pero no tengo voz para responder. Uno de los guardias
reales le impide el paso, mientras él intenta entrar a la sala nuevamente a mi
búsqueda.

- ¡Emily! — Lo escuchó desesperado y yo sigo sin poder moverme, el


miedo me ha paralizado.

Verlo así, lleno de temor y angustia me hiere el alma.

- ¡Aquí estoy! — Grito mientras muchos me tropiezan haciéndome girar


sobre mis pies.

Sus ojos me encuentran, en su rostro la agonía es evidente. Forcejea con el


guardia en un nuevo intento por venir a mi rescate.

291
- No puede pasar su Alteza, es peligroso.

- No me importa, déjame pasar. — Lucha cuerpo a cuerpo, mientras otro


guardia se acerca para sacarlo.

Daniel aparece en la escena y Stefan lo toma por la solapa de la chaqueta


iracundo, mientras le grita.

- Sácala Daniel. Ve por ella.

El coronel Peterson corre hacia mí esquivando balas y peleas que se han formado a
su alrededor. Uno de los soldados Lacrontte lo golpea por la espalda haciéndolo
arrodillar y posteriormente caer tendido por completo ante un segundo golpe.

Me aproximo hasta él, tomando un candelabro de una mesa a mi paso y antes de


controlar mis reacciones golpeó al soldado con todas mis fuerzas, viendo como
se desploma ante mis pies, sosteniendo su cabeza.

- Eres una estúpida. — Gime adolorido.

Me toma por las piernas haciéndome caer a su lado. Se sienta sobre mi a


horcajadas y me golpea con su mano izquierda haciendo arder mi mejilla de dolor.

- ¡No! — Escucho el grito herido de Stefan pero no puedo verlo.

El soldado levanta su mano para golpearme de nuevo pero antes de que pueda
volver a tocarme, un disparo se oye a su espalda atravesando su pecho. La sangre
salpica mi rostro y el cuerpo cae sobre mi sintiendo todo su peso, las náuseas me
invaden mientras la sangre me cubre.
Daniel le ha disparado.

292
Se agacha a quitar al hombre de mi tórax y me ayuda a levantarme; estoy
asqueada y aterrada.

Comienzo a llorar, al tiempo que mi cuerpo tiembla sin poder controlarme.


Camino con dificultad mientras más guardias vienen a mi ayuda. El coronel
sostiene su nuca justo donde lo han golpeado, al menos sé que no lo han herido
de gravedad.

- Dime que Liz está bien. — Ruego asustada.

- La saqué desde el primer instante.

- Gracias — Musito.

- No agradezcas, seremos familia, Emily.

Los guardias me llevan fuera del salón y me conducen por los pasillos más
alejados del palacio, todo es un silencio sepulcral pero los aviones aún se
escuchan en el cielo. Daniel se desvía a una puerta a la derecha y deduzco que
va en busca de algo o de alguien, sin poder detenerlo, avanzo.

Pasamos las cocinas reales y no hay nadie por ningún lugar. Los guardias que me
flanquean no dicen ni una palabra. Mis jadeos a causa del llanto no cesan, estoy
aturdida y con las emociones desordenadas.

Llegamos hasta una puerta que está justo al lado de los gigantescos hornos. Me
agacho para poder pasar y entro a una sala amplia. Un refugio.

Stefan corre con desesperación hacia mí, una vez que me ve.

- Lo lamento, lo lamento mucho, Cielo. — Susurra mientras me abraza.

293
Yo no puedo parar de llorar y me escondo en su cuello. Estoy sucia y
manchada por la sangre de un sujeto.

Devuelvo mi vista al lugar y allí están todos, mi hermana quien corre a mi lado,
los Reyes, la princesa Lerentia, Rose, Amadea, Valentine, guardias, doncellas y
personas de las altas casas.

- ¿Te han herido, Emily? — jadea preocupada Liz.

- No, está no es mi sangre. — Musito para calmarla.

- Emily, perdóname — Ruega Stefan — Perdón por no haber llegado antes. No


pude, tuve que escaparme para ir a buscarte.

- Solo quiero que todo acabe. — Digo derramando más lagrimas.

Me envuelve mas fuerte y le pide a una doncella que limpie mi rostro. Me siento
en una esquina con Liz, Rose y Valentine a mi lado.

- Lamento haberte dejado sola — Se excusa Rose.

- Yo te lo pide, así que no hay nada que lamentar.

Permanecemos allí durante más de una hora, hasta que las voces van cesando, los
disparos se apagan y el zumbido de los aviones se aleja.

Un guardia toca la puerta del refugio, indicándonos que es seguro salir. Stefan
toma mi mano y me sitúa detrás de él.

Caminamos en silencio por los pasillos del palacio; Daniel se nos une en una
intercepción, las huellas del ataque son evidentes en la sangre esparcida por las
paredes y pisos.

Está claro que el ejército Lacrontte buscaba algo por todo el palacio, pues
las habitaciones están revueltas, la biblioteca está desecha y el salón donde
se desarrollaba el evento quedó totalmente destruido.
294
Algunos guardias heridos reposan en el piso del palacio, mientras otros están
siendo atendidos.

Somos evacuados y la princesa Lerentia Wifantere se marcha del reino de


inmediato, llevándose un mal sabor de boca en su primera visita a Mishnock.
Pero mi mayor duda es ¿Por qué no atacaron a ningún civil?

295
Capítulo 25.
Después del ataque, los días han transcurrido lentos. Todos, incluyéndome hemos
comenzando a vivir apesadumbrados y alertas ante un nuevo atentado.

Después del baile solo he visto a Stefan en una ocasión. El palacio está en
reparación por lo que no hemos tenido mucho tiempo para nosotros. Los asuntos
del reino ahora son su prioridad y la seguridad local es lo que más le preocupa.

La nación entera tiene miedo, pasamos las horas bajo las sombras del reino
Lacrontte, no nos sentimos seguros dentro, ni fuera de nuestras casas.
Algunas familias han huido a otras ciudades, incluso a otras naciones.

El ejército de Magnus es poderoso, su reino está avanzado en tecnología y


armamento de combate, son fríos y astutos para la lucha.

Es como si tuvieran siempre un plan dentro de otro, están en la oscuridad


acechando, hasta el momento indicado donde te embisten cuando tienes la
guardia baja. Es justo eso lo que han hecho con nosotros.

Los Reyes han triplicado la seguridad, hay más soldados en combate, pero aún
así, tales intentos han sido en vano, el ejército Lacrontte siempre está un paso
adelante.

Una tarde mientras me encontraba en la perfumería un par de guardias


sorpresivamente irrumpieron en el lugar.

- Buenas tardes, familia Malhore. — Saluda un hombre alto de cabello café y


ojos negros. — Soy el soldado Hermon Gibbs.

296
- ¿Puedo ayudarle en algo, señor? — Pregunta mi padre, confundido.

- Hemos sido enviados por el palacio para custodiar este lugar. Son
órdenes de su Alteza el príncipe Stefan. — Habla el segundo sujeto. —
Roger Moore, a sus servicios.

Verlos es extraño, llegan muy temprano y se marchan muy tarde. Cada día estos
dos hombres se posan en la entrada custodiándonos de cualquier peligro. Muchas
personas ahora adoran estár en la perfumería solo por la seguridad que brindan
ambos guardias, y aunque ya no hay tantas ventas, el lugar siempre está lleno.

El rumor sobre un posible reclutamiento se ha despertado entre todas las familias,


que ahora temen que sus hijos sean escogidos para la
guerra.

Nada se había concretado hasta hace unos días, cuando los altos mandos del
ejército han alzado la voz en la plaza, mandando soldados de casa en casa
buscando a hombres de entre 16 a 30 años que este dispuesto a pelear a favor
de su nación.

Al ver el poco apoyo que ofrecían los ciudadanos frente a la guerra se ha hecho
obligatorio que cada hombre correspondiente a esas edades se presente en la base
para enlistarse al ejercito y quien no acate la orden será castigado con la muerte.

Las medidas que se han tomado son extremas, tiempos como este no se habían
vivido desde la historia pasada bajo el régimen de Meridofe Lacrontte.

Algunas personas se han revelado y luchan en contra del sistema, haciendo


protestás y manifestáciones pero eso solo ha empeorado las cosas, por tal
comportamiento han sido enviados a prisión, haciendo
297
agónica su situación.
Si esto continúa de está manera, estáremos a puertas de una guerra civil.

Por otra parte el soldado Willy Mernels está presente diariamente en la acera de
enfrente y se ha ofrecido a acompañarnos a Mia y a mi, a las tutorías. Su sonrisa
amable y su protección se han convertido en una buena combinación en estos
tiempos de guerra.

Una tarde al regresar de mis tutorías, mi camino fue acompañado con la


presencia de Mernels. Ahora es un buen amigo, con quien puedo contar.

- ¿No tienes miedo, Willy? — Pregunto mientras caminamos.

- ¿Miedo a qué?

- A todo esto. — Señalo a mi alrededor, refiriéndome a la guerra.

- Me han entrenado para hacerle frente, Emily.

- Pero eso no te exenta de sentir temor.

- No sabría cómo explicarte, pero si hoy, justo ahora hubiese un ataque sin
dudar lo enfrentaría para mantenerte a salvo.

- Eso fue lindo. — Digo enganchando su brazo en el mío.

- ¿Te parece? — Pregunta mirándome.

- Bastante.

- Es lo mínimo, no queremos que Stefan me corte la cabeza — Dice


sonriendo.

- Eres un exagerado.

298
- Si bueno, mejor apresúrate antes de que mis superiores se den cuenta que he
dejado mi puesto por venir a buscarte.

Corremos hasta mi casa y por esos minutos olvido todo el caos que avanza
sobre nosotros, amenazando con destruirnos. Una vez que llegamos a nuestro
destino, Willy huye para tomar posición nuevamente.

••••

Con el paso de los días, el gobierno a llenado sus filas abasteciéndose de


hombres que han empezado su entrenamiento militar.

Pero de algún modo inexplicable el Rey Magnus se ha enterado de los intentos de


la nación por hacer crecer su ejército y ha perpetuado un ataque en una pequeña
base militar cerca a Hilfman una ciudad poco desarrollada al sur de Mishnock.
Han amenazado con un nuevo atentado en la base central si no cesan el
enlistamiento.

¿Cómo puede el Rey Lacrontte enterarse de todos nuestros movimientos?


comienzo a apostar que tiene espías dentro del reino. Y al parecer no soy la
única que piensa tal cosa.

Los Reyes han cerrado las vías fronterizas del reino prohibiendo la salida y
entrada de personas, para evitar la filtración de información.

Estás medidas son severas y afectan el desarrollo económico del reino, pero
nada podemos hacer pues lo primordial para todos es la seguridad.

El día de hoy en la perfumería uno de los guardias que flanquea el umbral, se


adentra al lugar acercándose al mostrador donde yo me

299
encuentro.
Lleva en la mano un sobre que extiende hacia mí, luego de saludar y hacer una
reverencia.

- De parte de su Alteza el príncipe Stefan. — Informa.

Tomo el papel y sin reparos lo abro, desplegando la hoja para saciar mi


curiosidad.
Llevo días sin saber de él, cualquier noticia, nota o llamado será un respiro para
mi alma aturdida.

Cielo.

Manteniendo mi promesa de informarte todo aquello que puedo revelar. He de


decirte que el consejo de guerra ha decido cancelar el reclutamiento y devolver
algunos jóvenes a sus familias, todos aquellos menores a 18 años.

Por tal razón mi familia ha buscando alianza en los Reyes Wifantere, pidiendo
apoyo de sus fuerzas militares. Viajaremos al reino Cristeners hoy por la noche,
a la espera de obtener una pronta respuestá positiva y favorable para nosotros y
por consiguiente para toda Mishnock.

Pido total discreción ante tal información. Sin otra cosa que añadir, debo
confesar que te extraño y mis ganas de verte han comenzado a superar mi
cordura.

Te quiere, Stefan.

Las cosas están realmente mal en el reino y toda la monarquía está de acuerdo
con ello. No es una decisión fácil correr a pedir ayuda a una nación vecina.

300
En realidad nos estámos quedando sin recursos, esto es un juego para el Rey
Lacrontte y nosotros somos las fichas que él mueve a su antojo.

Arrugo el papel mientras mi vista se levanta para encontrar a mi padre, quien


sufre preso de la angustia al no saber a ciencia cierta si en llegado caso puede
proteger a su familia.

Su mirada es comprensiva y sé que no preguntará nada. Es un hombre sensato,


que me apoya a la distancia.

••••

La mañana siguiente los periódicos alertan sobre el viaje sorpresivo de la familia


real, aún cuando desconocen el paradero, ya miles de preguntas han sido
formuladas entorno a tal suceso.

Muchos han llegado a acusar a los monarcas de huir, tomando su viaje como una
salida para librarse de la guerra, los han llamado cobardes, alegando que han
escapado para refugiarse en algún lugar lejano, abandonando al pueblo a merced
del reino Lacrontte.

Mientras tanto yo tengo la verdad reprimida en mi boca y aún así no puedo


defender su nombre, pues él ha confiando en mi y me juzgaría impertinente si
llego a romper nuestro pacto.

Está noche Liz saldrá con Daniel y mi corazón me dice que hoy será el día en el
que se le propondrá. Ha escogido su vestido desde la mañana en un intento por
verse perfecta para su amado.

Rose y yo la hemos ayudado con todos sus preparativos, solo espero ver su cara
de alegría cuando regrese comprometida con el coronel Peterson.

301
He quedado de ver a Willy más tarde, por lo que me distraigo en la sala junto a
Mia esperando que salga de su turno y venga hacia acá.

Después de unos minutos, llaman a la puerta y salgo apresurada a recibir a mi


invitado, quiero salir de estás paredes que me han mantenido aburrida todos estos
días.

- ¡Willy! — sonrío sorprendida al verlo vestido de civil.

- Emily — responde ante mi reacción.

- Te ves, es decir luces como... — No encuentro las palabras, en realidad luce


muy diferente.

- Luzco como un hombre cualquiera en pantalón y camisa.

- Bueno si, pero lo que intento decir es que luces bien.

- Tú también te ves linda, aunque siempre lo haces. — Dice extendiéndome su


brazo para enganchar el mío como ya es habitual en nosotros.

Salimos sin dirección fija, solo caminando calle arriba y calle abajo. La actitud
relajada que tiene fuera de su uniforme es refrescante.

Tarareo una canción a medida que nos perdemos en los lugares más recurrentes
de la ciudad.

- ¿Estás cantando la marcha del Rey? — Pregunta Willy.

- Si — Digo apenada de que me haya escuchado.

- Es muy patriótico de tu parte.

302
Sonrío ante el comentario ya que la marcha del Rey es la canción que suena en
todos los eventos protocolarios antes de iniciarse. Fue compuestá en honor a
Bartolomeo Mishnock, nuestro libertador.

- ¿Te la sabes? — Pregunto.

- Por supuesto, soy un soldado es mi obligación saberla.

- ¿Siempre quisiste ser soldado? — Cuestiono ante el tema que ha


llamado mi atención.

- No, pero recibo un buen pago.

- ¿Entonces que querías ser?

- Nada en concreto, solo algo que me ayudara a alimentar a mi familia.

Caída la tarde llegamos a puertas del mercado y siento alguien detrás de nosotros,
me vuelvo pero nadie se encuentra allí, todas las personas caminan comprando
víveres sin mirar a nadie, pero la sensación de ser observados continúa.

- ¿No sientes eso?

- ¿Qué? — responde Willy tomando una manzana del puesto más cercano a él.

- Alguien nos vigila.

De inmediato se alarma e instintivamente comienza a mirar hacia ambos lados.

- ¿Segura? — Dice al no encontrar nada.

- No lo sé, quizás me lo imagine.

- ¿Quieres ir a casa?— Sugiere volviendo a mirar a su alrededor.

303
- Por favor.

Justo al momento en el giro, siento una luz a la distancia que brilla en nuestra
dirección.

- ¿Qué fue eso? — Pregunta Willy.

- No lo sé, pero por favor vámonos.

Mientras la noche inicia, me deja en casa despidiéndose con un beso en la


mejilla.

Al entrar, Liz está terminando de arreglarse en la planta de arriba con mamá.


Daniel la espera ansioso en el sillón junto a una pérdida Nahomi, me acerco a él
para apaciguar sus nervios.

- Hable con tu padre. — Dice levantando su mirada hacia mí.

- ¿Cómo estuvo?

- Intimidante. — Confiesa riéndose — Pero soy un hombre feliz y


prontamente un hombre comprometido.

- Comprometido. — Repite Nahomi sonriendo.

- Te invitaré a mi boda. — Dice Daniel abrazando a Naho.

Escuchamos las pisadas que crujen en las escaleras. Caemos en un silencio


sepulcral al ver a Liz en un vestido azul ceñido a su figura. Daniel se levanta de
inmediato aproximándose a su futura esposa.

- 15 de agosto, 15 de agosto — repite incesantemente mi vieja amiga


mirando a la pareja.

- Naho — intentó calmarla — el 15 de agosto es mañana no hoy.

304
Todos se vuelven a mirarnos y hago señales para que salgan mientras yo tomo
el control de está situación.
Nahomi me toma de los brazos, repitiendo la fecha.

- 15 de agosto, 15 de agosto, verás al amor de tu vida.

- Está bien, Nahomi ¿quieres comer algo? — Digo tratando de distraerla

- 15, 15 de agosto. Emily, recuerda 15 de agosto — sigue diciendo sin


entender el porqué.

Voy a la cocina a preparar algo para Nahomi, encendiendo la luz a mi paso, el


brillo que está despliega me recuerda al suceso de está tarde. Pero aquel
destello era diferente como un flash, el flash de una cámara. Y entonces lo
entiendo, era un reportero.

305
Capítulo 26.
Al amanecer, mis ganas de ir a tutorías se esfumaron al ver las noticias del
periódico de hoy. Hay una foto en primera plana que nos muestra a Willy y a mi
paseando por el mercado, todo está acompañado con una pregunta insinuante
"¿El reemplazo del príncipe Stefan?"

La rabia llena mi cuerpo, mientras leo el amarillista titular. Mi padre está aún
más furioso y ha salido colérico hasta la oficina del noticiario.

La noticia de la propuestá de matrimonio aceptada por mi hermana, se ha visto


opacada por tal infortunio. No puedo evitar odiar el noticiario por frustrar la
celebración de la buena nueva.

Yo por mi parte me niego a salir de mi habitación aún cuando Willy aguarda en


el comedor, esperando por mi.

- Mily, el soldado está consternado. Debes bajar y hablar con él. — Llama Liz
desde la puerta.

- ¿De qué hablaremos? No tengo fuerzas.

- Está preocupado por ti.

Eso es lo último que quiero, él no debe angustiarse, nada de esto es su culpa.


Bajo las escaleras junto a mi hermana con la aflicción y la frustración
hirviendo en mis ojos. Willy se levanta al ver mi aspecto y se acerca a mi.

- Emily, como quisiera borrar todo esto.

- Me han expuesto ante la nación entera como una indecente. — me apoyo


en el hombro de Liz, ocultando mi rostro. — ¿Qué dirá Stefan?

306
- Si Stefan te quiere, no va a creer nada que diga ese periódico. Debe estár
seguro de la maravillosa mujer que tiene a su lado.

- ¿Por qué eres tan bueno?

- Emily, sé que todo esto se arreglará. — Toma mi brazo haciéndome


levantar la cabeza — mírame.

Dirijo mi atención a él, esforzándome por creer en sus palabras.

- Mily, es el príncipe de quien hablamos, es sabido que relacionarse con él te


pondría en la mira de todos y tomarían cualquier oportunidad para inventar un
chisme solo para vender más. — Señala mi hermana consolándome.

Solo espero que no vuelva por ahora y que cuando regrese todo esto haya sido
olvidado.

- Debo volver a mi puesto — Avisa Willy.

- No hay problema — Expreso abrazándolo.

Paso la mañana en casa y el comienzo de la tarde, sin ánimos de ir a la


perfumería.
Algunos vecinos impertinentes han venido a casa a preguntar la veracidad de la
información y todos han sido despachados por mi madre de manera poco cordial.

Papá regresa pasada las dos de la tarde con un peor humor del que se fue.

- Es inaudito que no respeten a una mujer está ciudad.

Me resigno a estár en boca de todos, me siento en el sillón cerca a la ventana,


junto a mamá quien acaricia mi cabello.

307
Un golpe en la puerta me saca de mi trance, obligándome a levantarme. Liz se
aproxima a abrir mientras papá amenaza que si es alguno de los vecinos los
sacara a empujones.

- Buenas tardes. —Dice una voz masculina. — ¿Se encuentra la Señorita


Emily Malhore?

Muevo mi cabeza hasta la puerta donde un guardia está de pie con los brazos a
los costados.

- Soy yo. — Camino hacia él.

- Su Alteza el príncipe Stefan ha regresado de su viaje y pide excusas por no


venir en persona, pero me ha enviado a buscarla.

Mi corazón palpita a un ritmo acelerado, justo lo que no quería que me pasara


hoy, está sucediendo. De inmediato mi mente viaja hacia las frases de Nahomi.
"15 de agosto, verás al amor de tu vida" Era a esto a lo que se refería. Hoy vería a
Stefan.

Miro a papá con temor dentro de mi sistema, se acerca apoyando sus manos en
mi hombro.

- Ve hija, él entenderá.

Salgo con un rastro de preocupación fija en mi rostro. Un carruaje me espera


fuera, abren la puerta a mi paso y en silencio soy conducida hasta el palacio.

Al llegar a mi destino es imposible evitar el temblor en mis manos, tengo el


corazón acelerado y los nervios a flor de piel.

308
Soy flanqueada por dos guardias que me llevan hasta el segundo piso, los
pasillos me resultan eternos antes de detenernos frente a una habitación que
reconozco al instante. La alcoba del príncipe.

Uno de los hombres golpea y al segundo golpe la puerta se abre de par en par
invitándome a pasar.
Me adentro ansiosa mientras el cerrojo se escucha a mi espalda. Stefan está
sentado en su escritorio mirando algunos papeles.

- Hola — Digo tímidamente.

- ¡Cielo! — Levanta la cabeza al escuchar mi voz.

Camina hacia mí dejando atrás un desorden sobre la mesa y entonces me doy


cuenta que lo leía era el escandaloso periódico de hoy.

- Puedo explicarlo — Digo a la defensiva.

- ¿Explicar qué? — Pregunta confundido.

Ahora la confundida soy yo. ¿Acaso no ha visto el gran titular de la primera


plana?

- Lo del periódico. — Digo al fin.

- Ah eso. — Responde como si fuera algo común — Emily, los periódicos


inventan cualquier cosa, ¿acaso ayer no era un cobarde por huir con mis padres a
un lugar lejano? ¿Acaso ayer no fui acusado de abandonar al pueblo?

- Esto es diferente.

- ¿Por qué es diferente?

- No lo sé. — Digo con pequeñas lágrimas brotando de mis ojos, lo cual odio.
309
- Cielo, por favor no llores — me cubre en un abrazo fuerte — Te conozco y
conozco a los reporteros, confío en ti y sé que no eres ese tipo de
mujer.

- No sabes como me siento, Stefan. — Exploto en su pecho.

- No te aflijas Emily. ¿Crees que un par de mentiras podrán separarnos? Lo


nuestro es más fuerte que eso.

Levanta mi mentón obligándome a mirarlo, seca con cuidado mis lágrimas y se


inclina para darme un beso. Sus labios son ágiles y necesitados, se consume todo
el temor que me invadía, llenándome de nuevas fuerzas.

- Cuanto extrañaba hacer esto — Sonríe sobre mis labios.

Se aleja a grandes zancadas hacía su cama una vez que nos separamos. Desde mi
posición lo veo rebuscar algo en su nochero, de donde saca una caja de
terciopelo gris que extiende hacia mi.

- Ábrela. — Pide emocionado.

Hago lo indicado y una hermoso collar surge a la vista. Una cadena de plata
que sostiene un diamante en forma de gota, el cual lleva grabado una palabra.

"Sempiterno."

- ¿Qué significa?

- Sempiterno, es algo que tiene un principio pero nunca un final. Como espero
que sea lo nuestro.

Sonrío dichosa frente al hombre que me hace feliz. Me abalanzó sobre el


postrando un beso largo en sus labios.

310
- Infinito — Repito refiriéndome a un sinónimo de la palabra.

- Sempiterno — Reitera, devolviendo el beso.

Se posiciona detrás de mi, abrochado el collar a mi cuello.

- Necesito llevarte a un lugar. — Declara emocionado.

Me dirige hasta el jardín tomados de la mano, me lleva hasta el pequeño puente


que cruza el diáfano riachuelo.

- Aquí nos detuvimos a hablar la primera noche. Asiento,

sonriendo al notar que recuerda ese momento.

- Y aquí quiero decirte una vez más cuanto te quiero, Emily Malhore.

Lo observo sin saber que decir, esto es mucho más de lo que puedo asimilar.
Toma mi cara entre sus manos para besarme una vez, el beso es necesitado y
apasionado, sus labios se unen a los míos buscando saciar algún tipo de
necesidad intangible.

Las mariposas cosquillean en mi estómago y puedo asegurar que jamás me había


sentido tan plena y completa en mi vida.

- Disculpe señor — Interrumpe una voz gruesa a mi espalda. Nos

separamos con recelo para mirar la fuente del llamado.

- Su Alteza, la visita lo espera. — Vuelve a hablar el hombre.

¿Qué visita? Stefan no me había dicho que esperaba a alguien.

- Oh claro, comprendo. — Musita Stefan. ¿Emily, podrías quedarte con


Atelmoff unos instantes?

- De acuerdo, no hay problema.

311
- Lo mandaré a llamar para ti.

Me mira unos segundos más, hasta que el sujeto vuelve a hablar en un intento de
llamar la atención, sin parecer imprudente.

- El cielo el día de hoy está hermoso.

- Ella siempre está hermosa. — responde Stefan sonriendo, refiriéndose al


seudónimo con el que me ha nombrado.

••••

Una vez que el príncipe se marcha, me adentro al palacioso y soy enviada a un


pasillo donde Atelmoff me espera.

- Querida, que hermosa luces. — Saluda al verme.

- Debo decir lo mismo de ti.

- Basta. — Agita su mano quitándole importancia a mi comentario —


Aunque es cierto — añade.

- ¿Tú viajaste con Stefan? — Pregunto en un intento por hacer


conversación.

- Por supuesto, soy su mano derecha, fui yo quien lo ayudó a escoger ese
collar que llevas puesto. Aunque la idea de grabar la palabra es mérito suyo.

- Me ha dicho que me quiere. — Suspiro tontamente.

- A mi también.

- ¿Cómo? — Cuestiono extrañada.

- Es decir, me ha dicho que te quiere. Llevo escuchando eso desde el baile.

312
- Estás demente — Sonrío.

- Bueno, no tanto como Stefan.

Pasan los minutos y horas y yo seguía allí con Atelmoff, me pregunto qué hace
Stefan que le toma tanto tiempo. Si en realidad está ocupado, podemos vernos en
otra ocasión.

Tamborileo los dedos en la mesa a causa de la espera, el sol se puso dando


entrada al atardecer y posteriormente al anochecer. Era agradable estár con
Atelmoff pero quería pasar tiempo con Stefan.
Pasadas tres horas, me armo de valor y al fin pregunto.

- ¿Crees que aún se tarda?

- Lo más probable es que haya terminado. Ve a buscarlo, debe estár en la


oficina de la izquierda.

- ¿Más exactamente? — pregunto ante la existencia de montones de


oficinas.

- La cuarta puerta.

Asiento y me levanto hacia la dirección que me han indicado. Al llegar, estoy


presa de la impaciencia y abro la puerta de golpe para entrar a paso ligero, pero
me detengo al instante.

Un hombre joven, caucásico, de cabello rubio oscuro, labios rojizos, pómulos


pronunciados y llamativos ojos verde esmeralda me observa con una expresión
indescifrable. Es atractivo, incluso más que eso, pero su presencia es intimidante
y es imposible sostenerle la mirada.

313
Siento que mi cuerpo arde bajo sus ávidos ojos, mientras él está recostado,
reposando las manos en los brazos de la silla, yo me siento rodeada de una
atmósfera peligrosa.

Su mirada es gélida y su porte transmite frialdad. Siento que sus ojos me queman,
mientras busco alguna palabra que me salve de su ataque silencioso.

- Disculpe, señor. — Susurro haciendo una torpe reverencia.

Él no responde y se limita solo a mirarme con inexpresividad en su rostro y


aunque no demuestra nada, he de confesar que ha golpeado mis sentidos,
dejándome aturdida de una manera macabra. Me siento vulnerable ante sus ojos.

Salgo a paso apresurado sin poder darle la espalda al desconocido sujeto y al


hacerlo choco con un firme pecho que me obliga a girar para averiguar de quién
se trata.
Mis pulmones liberan una gran cantidad de aire que llevaba retenido al ver a
Stefan sonriéndome.

- Estába buscándote — Afirma dulcemente.

De inmediato me siento fuera de peligro y segura ante su presencia.

- Yo hacía lo mismo. Debo irme — Informo con rapidez.

- No, cielo. Espérame un momento por favor.

- Está bien — Digo aún con las emociones fuera de control.

Me acomodó en una sofá que se encuentra en el pasillo y luego de unos


segundos, la puerta es abierta para dejar salir al hombre de mirada abrasadora.

314
Al verme camina hacia mí, mientras mis nervios entran en estádo de ebullición.
Se inclina para encararme y entonces sus labios se mueven.

- Antes de entrar a un sitio, debe llamar a la puerta, señorita. — Dice con


firmeza.

Siento su fragancia invadir mis fosas nasales, es un olor agresivo y fino, me


resulta altamente adictivo. Un escalofrío recorre mi espina dorsal al escuchar su
varonil voz.

Es alto y fornido, un cuerpo atlético se halla bajo el elegante traje. Me siento


expuestá, en inminente riesgo cerca a este hombre. Infunde miedo y una extraña
curiosidad por querer saber más de él. ¿Cómo una indicación puede inducir tanto
temor?

Stefan se acerca a mi con una clara preocupación en el rostro.

- ¿Qué te dijo? — pregunta tomando mi mano.

- Nada, solo se despidió — Miento y no sé porque.

- Bueno, vamos te acompañaré a casa.

- ¿Quién era él?

- ¿A quién te refieres?

- Ese hombre — Digo con impaciencia, señalando el camino por el que


acaba de irse.

- El Rey Magnus Lacrontte.

Mi piel se eriza al escuchar su nombre. Ese era el sanguinario y cruel Magnus.

315
- ¿Qué hacía aquí?

- Es la primera vez que viene al reino pero entenderás que ahora no puedo
explicártelo ¿cierto?

- ¿Me lo contarás pronto?

- Tienes mi palabra.

Llego a casa con una extraña sensación de odio creciente y nerviosismo ante el
Rey Lacrontte. Su imagen era arrasadora. Como fuego buscando que consumir,
se veía la maldad a través de él.

No comprendo por qué recuerdo en detalle la firmeza en su mirada y su


acaparadora apariencia, que aún estándo en silencio absoluto fue capaz de
absorber toda mi estábilidad.

316
Capítulo 27.
Mi hermana está resplandeciente todo el tiempo y admira su anillo a diario.
Ha comenzado ahorrar cada Triten que gana en la perfumería para su boda con
Daniel, guarda las monedas en un pequeño cofre como su gran tesoro, pero lo
que no sabe es que su prometido ya a aguardado el dinero suficiente para
celebrar su unión.

Está noche me reuniré con Stefan, quien a tomado cartas en el asunto del
periódico y hoy ha salido una noticia desmintiendo las absurdas acusaciones de
ayer.
Siempre está protegiéndome, es una de las tantas cosas que amo de él.

No he logrado concentrarme bien el día de hoy y ayer casi no logro dormir al


recordar todo mi día. Los "te amo" que fueron dichos, las miradas que se
lanzaron y los besos que fueron dados.

Pero una cosa más ocupa mi mente, mi encuentro con el Rey Magnus Lacrontte.
La noche se me hizo eterna al pensar en sus ojos verdes destilando indiferencia.

Soy enviada a la realidad a causa del sonido de las puertas de la perfumería al ser
abiertas, avisando la llegada de un nuevo cliente. Pero no es cualquier persona,
son Amadea y Valentine.

- ¡Querida! — Chilla la segunda avanzando con velocidad.

- ¿Qué hacen aquí? — pregunto con evidente sorpresa.

317
- Sabemos todo lo que ha pasado con las noticias del periódico y que clase
de amigas seríamos si no estámos para ti en los malos momentos.

Es imposible no empezar a querer a estás dos mujeres. Salgo detrás del mostrador
y las invito a ir a casa.

- Otra cosa Emi, Taded te ha enviado una de sus bebidas de colores


llamativos, para que te sientas mejor. — Dice extendiendo un envase
transparente con un líquido rosa fuerte.

- ¿De qué están hechos?

- Es lo mismo que me he preguntado todo este tiempo.

Al salir de la perfumería, Willy me saluda desde el otro lado de la acera.

- Espera, ¿este es el joven con el que te fotografiaron? — Pregunta


Amadea, sorprendida por la apariencia de Willy.

- El mismo — Respondo orgullosa.

- Sería feliz de ser fotografiada contigo. — Confiesa acercándosele.

Willy sonríe apenado y baja la cabeza, sin saber como responder a los halagos.

- Déjalo, Amad, lo intimidas. — Brama Valentine.

- Está bien, está bien. — Guiña un ojo en su dirección.

- Nos vemos señoritas — Se despide inclinando la cabeza.

- Que impertinente eres. — Reprende su amiga en un susurro, mientras


caminamos.

••••

318
Entramos a mi habitación después de superar el filtro de preguntas que hizo Mia
sobre mis nuevas amigas y adueñarse de lo que quedaba de la bebida de Taded.
He de confesar que sabe bien.

Valentine se acomoda en mi cama, pero Amadea se detiene mirando cuello.

- ¿Y ese collar? — Pregunta curiosa.

- Un regalo de Stefan.

- Es hermoso — Dice acercándose a tocarlo. — ¿Sempiterno?

- Es algo sin final — Responde Valentine. — Sin final como está guerra.

De inmediato viene a mi mente el suceso de ayer y sé que estárán complacidas de


saberlo.

- Saben a quien vi.

- Querida no soy adivina, dime.

- Al Rey Magnus.

Ambas chicas explotan en alaridos y suspiros.

- ¡Por Dios! ¿Dónde lo viste?

- En el palacio, estába reunido con Stefan.

- Dime si no es el hombre más bello que has visto jamás — Grita


Valentine.

- Estoy enamorada no puedo responder eso.

- Enamorada no ciega. Solo debes decir la verdad.

- Es muy guapo — Admito, lo cual es cierto — pero extraño.

319
- Los hombres son extraños Emily, pero guapo no es la palabra que lo define.
Él es llamativo, opulento, cautivante. Magnus Lacrontte es perfecto en todos
los sentidos.

- ¿Todos? — Pregunto curiosa.

- Es joven, inteligente, maduro, hermoso. Es Rey del reino más grande y


avanzado de todos. Allá los carruajes tienen motores que los ayudan a
impulsarse solos.

Trato de absorber toda la información que Valentine declara en solo segundos.

- ¿Qué edad tiene? — Pregunto al recordar lo joven que se veía.

- Es solo dos años mayor que Stefan.

- Nació para ser poderoso, que puedo decirte. Dime una cosa ¿acaso no crees
que sus ojos tienen el tono verde más bello que has visto?

- No lo sé — Respondo aturdida.

- Es sensual y galante. Su estátura, su cabello y su sonrisa. Aunque casi no la


muestra. — Interviene Amadea, tomándome por los hombros.

- ¡Sus hoyuelos! — Exclama Valentine, como si tuviera la imagen de los


mismos fresca en su memoria.

- No lo vi sonreír.

- No es personal, casi no lo hace.

- ¿Ustedes como lo conocen tanto? — Cuestiono ante su grandes


referencias del Rey enemigo.

- Lo hemos visto un par de veces.

320
- ¿Cómo? Si es la primera vez que viene aquí.

- Ay, basta de preguntas. Mejor déjame ver ese collar de nuevo — Espeta
Amadea.

La evasiva a mi duda, me resulta sospechosa. ¿Qué ocultan? ¿Qué saben ellas


que yo desconozco?

••••

El tiempo pasa rápido para las tres y una vez que ambas parten de mí casa,
empiezo a arreglarme para ver a Stefan. Hay muchas dudas que ahondan mi
mente y estoy dispuestá a resolverlas todas está noche.

Cuando estoy lista, bajo con cuidado las escaleras y me siento frente a la ventana
a esperar el suave golpe del cristal.

Los minutos pasan despacio hasta cuando al fin escucho el esperado llamado.
Una vez más Stefan se escapa del palacio para verme, necesitamos un lugar sin
paredes ni oídos. Toda la información que él me da, es confidencial y su
transmisión está totalmente prohibida incluso para el príncipe.

Salgo de la casa en silencio, con dirección al bosque Ewan, nuestro refugio.

El guardia de la primera vez sigue allí, custodiando en las sombras. Arribamos


con prisa, llegando hasta el claro del lugar, después de dar el apropiado saludo a
los guardianes.

Stefan planta un beso en mis labios cuando ya nos encontramos a solas.

321
- Es difícil estár sin ti. Quisiera tenerte conmigo todo el tiempo. — Sonríe bajo
la luz de la luna.

- Algún día haremos eso — Digo mirándolo a los ojos.

- Puedo asegurarlo. — Guarda silencio por algunos segundos, perdido en sus


pensamientos — Nuestro viaje al reino Cristeners fue infructuoso, los Reyes
han negado nuestra petición de ayuda.

- ¿Por qué?

- Miedo. Las naciones le temen a Magnus y a su ejército.

- ¿Qué van hacer, entonces?

- Insistir. Ya nos dimos cuenta que no podemos enfrentar al reino


Lacrontte solos. Son más fuertes y números.

- ¿Han realizado algún ataque contra su ejército?

- No, cielo. Eso sería un suicidio. Es arriesgado, Magnus de alguna


manera conoce nuestros pasos, por tal razón hemos acudido a él.

- ¿Quieres decir que tú lo invitaste a venir?

- No tenia otra opción. Si no puedo luchar contra él, solo puedo


conciliar.

- ¿Lo has logrado?

- No. Magnus es soberbio y desconsiderado. No hemos logrado llegar a un


acuerdo, solo le interesa el bien propio.

- Entonces la guerra se mantiene en pie.

- No hay otra posibilidad. Nuestra esperanza recae en el reino


Cristeners.

322
- Ya ha hecho mucho daño, Stefan. Como quisiera que esto acabara pronto
— Suspiro en frustración — ¿No hay otro reino que pueda ayudarnos?

- El reino Plate sería el último de la lista, está subdesarrollado y su ejército es


pequeño y débil, sería una carga más que una ayuda. Por otra parte el reino
Cromanoff es incluso mejor que Cristeners, es el tercer reino más fuerte pero le
pertenece a Gregorie Frunheor Lacrontte, primo de Magnus.

- Stefan te das cuenta de lo que dices, no hay salida. Estámos atrapados por un
montón de tierra ¿Por qué no las cedes? — Bramo desesperada.

- No puedo hacer eso, nos pertenecen. No voy a regalarlas.

- Espera un segundo ¿Por qué solamente tú te has reunido con él? —


cuestiono refiriéndome a Magnus — ¿No deberían ser los Reyes lo que
aborden este tema?

- Por seguridad, Emily.

- No comprendo.

- Magnus quiere a mis padres.

- ¿Debido a qué?

- No lo sé. Pero lo mejor es que estén lejos de él.

- ¿Tú vas a estár bien? — Pregunto preocupada.

- Lo estoy ahora al estár junto a ti — Me mira con dulzura — una cosa más, sé
que se acerca tu cumpleaños, cielo.

- ¿Lo recuerdas? — Digo anonadada.

323
- No podría olvidar algo tan importante como eso.

Sonrío ante aquella declaración y sé a la perfección que debe estár planeando


algo para esa fecha. Stefan es demasiado atento para dejarlo pasar como un día
cualquiera y estoy feliz de saber que sea lo que sea, voy a tenerlo a mi lado.

••••

Las semanas han pasado sin ni siquiera darnos cuenta y la reunión con Magnus
ha servido para un cese parcial de ataques. No han habido más muertes ni
destierros y respiramos paz nuevamente, aunque no todos confían en que dure
demasiado.

Hoy ya es el gran día de mi hermana, mi casa está en una caótica revolución. Mi


madre va y viene de la sastrería junto a Liz, haciendo las últimas pruebas del
vestido.

Los floristas han llenado la casa de flores ante la paranoia de mi hermana de


tener que verlas una última vez antes de ser llevadas al palacio. Que por cierto
ya fue reparado y Stefan a ofrecido un salón para celebrar la fiestá.

Un pequeño reporte ha salido anunciando la ceremonia, Liz está eufórica por salir
en los medios. Papá es el hombre más orgulloso que existe en toda Mishnock y
Mia bueno Mia sigue siendo la misma de siempre.

Liz ha escogido las azucenas pues esa fue la flor que Daniel le obsequió en el
festival cuando se conocieron, un gesto muy simbólico de su relación.

Nuestras vidas han cambiado desde ese suceso y no puedo estár más feliz que mi
hermana haya encontrado el amor de su vida.

324
Mi vestido color ocre de finos tirantes y apliques de diminutas joyas en la parte
superior con metros de tul que caen desde la cintura, reposa en mi habitación a
la espera del gran momento.

El traje verde de la pequeña Malhore es todo un jardín de mariposas, que


sobrevuelan la falda de su vestido. Nunca la había visto tan feliz como lo fue al
momento de recibirlo.

Padre es un obstinado no quiere usar nada nuevo para está ocasión, alegando que
su traje de matrimonio será útil nuevamente.

Cuando la hora llega ya todos estámos arreglados para la noche de Liz. Daniel
espera en la catedral y dos carruaje están parqueados esperándonos.

Papá, Liz y yo viajamos en uno, mamá y Mia van en el siguiente.


El asomo de unas lágrimas se observan en los ojos de mi padre, quien intenta
ocultarlas a como de lugar.

El pomposo vestido blanco de mi hermana es maravilloso, las capas de tela que


componen la falda las hacen lucir como una princesa.
Su cabello recogido con un tocado de perlas, es la combinación perfecta para
enmarcar su rostro.

La catedral está llena de nuestros familiares y amigos cercanos. Bajamos al llegar


a nuestro destino con una Liz al borde de un ataque de nervios, revisa su
apariencia cada segundo, en un claro ejemplo de ansiedad.

- ¿Qué tal si se arrepintió y no está dentro? — Me pregunta preocupada.

- Claro que está, ese hombre no podría vivir sin ti.

- Basta de charlas — Interviene mi padre — Cariño — toma las manos de Liz


- si ese hombre no está con los sentimientos a flor de piel, esperando

325
verte entrar, sintiéndose afortunado cuando te vea caminar hacia el altar.
Entonces no es el hombre para ti.

Un abrazo eterno inicia entre los tres, dejando paz en el corazón de mi hermana.

Liz entra tomada del brazo de mi padre, mientras yo llevo la cola de su vestido.

Al caminar veo la cara sonriente de todos en el lugar, incluso Nahomi está aquí,
mamá está a punto de llorar, Rose y sus padres apoyan la felicidad de mi
hermana, Stefan está sonriente por su amigo y Daniel está justo como papá lo
describió. Al borde de las lágrimas al ver a Liz acercarse a él.

Después de la ceremonia llega el momento de celebrar la unión y todos somos


transportados hasta el palacio, donde la música retumba en la ventanas y las
luces parpadean a nuestro andar.

El salón que Stefan ofreció está decorado con las azucenas escogidas por mi
hermana; las cortinas de gaza blanca brindan la elegancia que Liz quería lograr,
los meseros se dispersan por todo el lugar y el bufete de comida rebosa de
extravagantes platillos.

Los soldados y altos mandos del ejército, llenan el lugar entre ellos mi buen
amigo Willy.
Quien sonríe en su traje de gala a mi querida Rose. Los Reyes no están presentes
y concluyo que se debe a la seguridad que me confesó Stefan que necesitaban.

El primer baile de la recién casada pareja se hacen entre aplausos y vitorees. Al


ver la felicidad de mi hermana, aprieto el collar que cuelga de mi cuello,
acariciando la hermosa palabra grabada en el. De inmediato
326
siento unas familiares manos apoyarse en mis hombros y su natural olor
acompañando su presencia.

- ¿Así nos imaginas, cielo?

- Si — suspiro, mientras me vuelvo a verlo.

Sus ojos destellan euforia bajo la luz del gran candelero de cristal situado en el
techo.

- Apuesto a que seremos más felices. Te convertirás en la señora Emily


Denavritz, Reina de Mishnock.

- Creo que estás exagerando.

- ¿Tú crees? — Cuestiona con diversión. — Soy un hombre de fe.

- Para eso hace falta más que solo fe.

- Sin duda, pero estoy dispuesto a hacer lo que me sea posible hasta que suceda.

- ¿Tanto así? — Inquiero curiosa.

- No se atreva a dudarlo. — Su mano busca la mía. — Te amo, Emily.

Me separo inmediatamente para mirarlo a la cara. ¿Qué es lo que acaba de


decirme?

- ¿Me amas? — Pregunto incrédula.

- Lo que escuchaste. Te amo. — Reitera.

Mi corazón se vuelve un caos al oírlo repetir tales palabras. Es una emoción sin
precedentes, son como mil barcos cruzando una tormenta, estrellándose con las
olas, navegando contra la corriente.

327
Desde que lo conocí supe que se iba a convertir en alguien esencial para mí. Cada
día se ha esmerado en ganarse todo lo que siento por él y no podría estár más
feliz de hacérselo saber.

- También te amo. — Revelo con los sentimientos aflorados.

Amo a este hombre y no imagino mis días sin él. Fue justo lo que Nahomi dijo "el
amor de mi vida".

¿Como puede alguien desdibujar tu mundo y pintarlo a su antojo? Es justamente


eso lo que Stefan hace conmigo.

Los aplausos que indican el final del primer baile nos toman por sorpresa, pero ya
nada nos importa. Solo somos nosotros, tomados de la mano para conducirnos a
la pista de baile.

- Aún no he comentado lo hermosa que luces está noche. Así que me tomo el
atrevimiento de mencionar lo bella que te veías ayer y seguro lo hermosa que
lucirás mañana y así cada día que mis ojos te vean — Me da un fuerte giro para
luego acercase a mi rostro — Y aún cuando no pueda verte.

- Sempiterno, Stefan.

Sus brazos rodean mi espalda uniéndome a su cuerpo, mientras bailamos bajo


la vista de todos.

- Nunca lo olvides, Cielo.

Continuamos danzando hasta que el baile se da por terminado, logrando


separarnos. Camino con Stefan hacia la feliz pareja cuando una voz suave
retumba a nuestra espalda.

- La señorita me permite este baile.

328
Willy está de pie con la mano extendida hacia mi, mis ojos viajan directamente
hacia Stefan quien lo observa con curiosidad.

- Te espero en la mesa — Responde con severidad sin saludar a mi


amigo.

Me dirijo nuevamente hacia la pista acompañada del soldado Mernels, una


rítmica melodía suena a través de los instrumentos de la banda permitiéndome
mover los pies con ligereza. Vuelta tras vuelta mi sistema respiratorio trabaja el
aire con mayor dificultad, pero las risas siguen protagonizando mi baile con
Willy.

Estár con él es estupendo en todos los sentidos, es confiable y caballeroso,


adicionalmente ha demostrado ser un excelente bailarín.

- ¿Se molestó el príncipe? — Pregunta a mitad del baile.

- No, solo necesitaba tomar asiento — Miento.

En realidad no entendí la reacción de Stefan, sé lo dulce y educado que es. Estoy


segura que se hubiese presentado pero por el contrario fue rígido e indiferente.

- Me alegra que seas tan feliz con él. Mereces serlo. — Dice casi en un
susurro.

Al terminar el tema, Willy me guía hasta la mesa donde me espera Stefan junto a
mi familia. Se levanta al verme y despide con recelo a mi compañero de baile.

Mi padre invita a mamá a la próxima canción, dejándonos solos en la mesa.

- ¿Quién es el caballero? — Pregunta sin mirarme.

329
- Mi buen amigo Willy — Respondo con orgullo.

- ¿Willy? ¿Lo llamas con tal ligereza? — Cuestiona evidentemente


molesto.

- Es mi amigo.

- ¿Es el joven de las fotografías? — Musita con severidad.

- El mismo. — Espeto con cautela.

- Debí imaginarlo. ¿Qué hace aquí?

- Es amigo de Daniel.

- ¿Daniel te lo presento? — Cuestiona metódico.

- Así fue.

- ¿Exactamente como fue?

- El día del ataque Mia encontró a Daniel quien al verme me envió a casa
acompañada de Willy — Respondo sorprendida por el interrogatorio.

- ¿Willy qué?

- Mernels ¿Pasa algo, Stefan? — Digo a la defensiva.

- ¿Debería pasar algo?

- Actúas extraño, ¿Es celos lo que detona tu voz?

No sé porque, pero me resulta tierno que si lo este. Una pequeña esperanza en


mi corazón desea que su actitud sea a causa de los celos.

- No — Responde con severidad.

330
Mi emoción decae y me concentro solo en comer la cama de vegetales en salsa
que hay en mi plato.

- Quizás un poco — Vuelve a hablar Stefan.

Levanto la vista de golpe y lo veo sonreír con timidez.

- Tengo derecho a estárlo. ¿No?

- Es solo un buen amigo.

- Es hombre, es lo único que puedo ver. Es inseguro de mi parte e irrespetuoso


hacia contigo. Por lo que te ofrezco disculpas pero no puedo evitarlo.

Toma mi rostro entre sus manos, acercándome a él.

- ¿Eres caballeroso aún con celos en tu sistema?

Baja su cabeza al sonreír, escondiendo la vergüenza que seguro lo consume.

- No quiero nunca faltarte el respeto. Cada día de mi vida es mejor porque


sé que estás conmigo y voy a esmerarme para no arruinar lo nuestro.

Sé que nunca me haría daño, no a propósito. Él es el ancla, la tormenta y el barco.


Es todo.

- Stefan, querido. — Habla Atelmoff, llegando a nosotros. — Tu padre te


solicita.

Él se disculpa por la interrupción antes de retirarse, dejándome en la mesa con un


sonriente consejero.

- Te ves hermosa, pero seguro eso ya te lo han dicho.

331
- Gracias. — Mascullo con confianza. Este hombre me genera mucha
seguridad. — ¿Atelmoff, puedo hacerte una pregunta?

- Por supuesto. — Dice, tomando algunos aperitivos de la mesa. — ¿Qué


deseas saber?

- Esa ocasión en la que me enviaste en busca de Stefan, había alguien en el


lugar que me indicaste.

- Hablas del Rey Magnus. — Concluye con naturalidad. — ¿Qué ocurre con el
atormentado Lacrontte? ¿Te hizo algo?

- No, solo me dio una pequeña represión.

- Que no te afecte. — Pide encogiéndose de hombros. — Estoy seguro que


cuando nació lo primero que hizo fue discutir con el médico por sostenerlo con
sus manos de plebeyo.

- ¿Tan amargado es? — Cuestiono riendo.

- Si, su naturaleza consiste en odiar al mundo y amarse a sí mismo.

- A pesar de su carácter hay personas que lo admiran. — Espeto al


recordar a Thomas.

- Bueno, el mundo está lleno de personas desquiciadas.

- Al menos nosotros no lo somos.

- Ciertamente. — Dice, bebiendo de una copa.

Los minutos pasan rápido junto a Atelmoff. Reímos, comemos e incluso


bailamos un par de piezas.

332
La noche se cierne mucho más profundo, dando por concluida la recepción,
busco a Stefan por el salón pero parece que aún no ha vuelto desde su llamado.

- Despídeme de Stefan. — Le pido a Atelmoff.

- Ve en su búsqueda. Debe estár cerca, a él no le gustaría que te fueras sin


decirle adiós.

- No creo que sea apropiado.

- Sé lo que te digo, así que insisto.

Decido tomar su palabra e ir a su encuentro. Camino fuera del salón, recorriendo


los pasillos vacíos. Básicamente me dirijo a la oficina en la que vi a Stefan por
primera vez, y lo encuentro, pero no está solo.

Su padre también se encuentra allí, ambos están a mitad de la salida, justo entre
la puerta. El Rey está de espaldas, y Stefan frente a él.

- Ya te he dado una orden y cuando yo hablo tú acatas. Así funciona tu vida


¿entendiste? — Habla el gobernante de Mishnock.

- Es injusto, Silas.

- La vida es injusta pero hay que adaptarse para sobrevivir.

- Me sacrificas a mí para tu beneficio.

- ¿Crees que eso es algo que me atormente? — Cuestiona prácticamente con


burla. — Es tu deber, Stefan. Esa es tu única función en la vida.

- ¿Y luego qué? ¿Qué voy a hacer con tal responsabilidad?

- No tienes que preocuparte, tú solo serás una fachada. Yo jamás dejaré de ser
Rey.

333
- ¿Entonces para qué hacemos esto?

- ¡Deja de refutar! — Brama colérico. — Acostúmbrate a está vida pues es la


única que tendrás.

Los ojos de Stefan se encuentran con los míos de un momento a otro, puedo
notar algo de vergüenza en ellos y quisiera dar todo lo que poseo por no estár en
medio de esto.

- No te quedes ahí como un imbécil y lárgate de una vez. — Alega


nuevamente el Rey Silas.

- Emily. — Stefan dice mi nombre casi en un susurro.

El Rey se gira de inmediato con una expresión de clara molestia.

- Señorita Malhore, usted tiene la costumbre de escuchar conversaciones que no


le concierne. — Alega con severidad, mirándome fijamente.

- No le hables así. — Pide el príncipe con algo de exasperación.

- Tiene razón. — Dice relajando su expresión. — Disculpe mi brusca manera de


hablar, pero entenderá que me gusta tener conversaciones en completa
privacidad.

- Lo entiendo perfectamente. — Digo una vez que encuentro la voz para


hablar. — Soy yo quien debe disculparse.

- Permíteme, Emily. — Dice Stefan, llegando a mi para tomarme de la


mano.

Me lleva fuera de la habitación, prácticamente arrastrándome hasta el umbral.

- ¡Oye! — Lo llamo. — Por favor detente.

334
Su paso se detiene abruptamente y con algo de dolor se vuelve a mirarme.

- Prométeme que olvidaras lo que sea que hayas escuchado.

- Está bien, no tienes que preocuparte por eso. — Aseguro para


tranquilizarlo. — Tampoco le diré a nadie.

- Gracias. — Su voz es solo un hilo.

Su gesto está decaído, apagado y dolorido. Quisiera decirle algo, sin embargo, no
sé qué.
No creo que pueda opinar sobre lo que allí pasaba, así que simplemente lo
abrazo.

- Nos tenemos el uno al otro. ¿Lo recuerdas? — Le susurro, y entonces él se


aferra más fuerte a mi cuerpo.

Siento que para esto me envió Atelmoff. No sé si para rescatar a Stefan o para que
me enterase de lo duro que es su padre con él, probablemente fue por ambas, pero
sin dudas está era la razón de su insistencia.

335
Capítulo 28.
Liz y Daniel se han ido a un pequeño viaje de luna de miel y como están las cosas
en el reino es imprescindible que el coronel se encuentre al frente de toda acción
militar susceptible a realizarse. Por ello solo han tomado algunos días para su
romántico inicio de esposos.

Los regalos de bodas se acumulan en cada rincón de la casa, los enseres, adornos
y muebles que fueron obsequiados, solo son una muestra más de la nueva vida de
mi hermana.

Espero que disfrute sus pequeñas vacaciones pues al regresar mucho trabajo en
su nueva casa la va a estár esperando.

Una de las cosas que más me afecta es el saber que ya no tendré a Liz a mi lado
tan seguido. La habitación que colinda con la mía quedará vacía y su recuerdo
vagara entre esas noches en las que solíamos secretear hasta la madrugada y
escuchar que tan bien estuvo el día de la otra.

Mientras estoy en la cocina con mamá, el noticiario de hoy llama mi atención. La


primera plana está adornada con una vistosa fotografía de la princesa Lerentia
Wifantere; aquella petulante y vanidosa joven que fue desconsiderada conmigo,
todo indica que vendrá el día de hoy al
reino.

Según los informes se quedará en el palacio por una semana. Pero lo que todos
desconocen es el motivo de su visita y Stefan tampoco me había informado
sobre esto.

No quiero ser una novia insegura pero es difícil impedirle a tu mente no


revolotear con tales noticias.

336
El día de hoy nuevamente la plaza se convierte en el lugar de reunión del pueblo
para un nuevo anuncio real. Camino entre la multitud de la mano de Rose,
abriéndonos paso hasta el inicio de la fila.

Las noticias sobre la guerra se han vociferando y ahora todos parecen haber
despertado de su estádo de inercia y han empezado a preocuparse sobre los
motivos. Papá no está convencido de las razones que nos dieron y aunque no
pregunta o cuestiona sobre la información dada, sé que no cree del todo lo que
se ha venido diciendo.

No digo que Stefan me mienta, pero sé que algo no está bien, hay algo más, algo
que no me ha contado, una razón más grande que está oculta y se mueve
silenciosa entre nosotros.

Las puertas que dan paso al balcón se abre dejando al descubierto la figura
opulenta de los Reyes Denavritz, Stefan y la no grata princesa Lerentia.

Los aplausos inician ante el saludo del Rey Silas.

- Pueblo de Mishnock. Los esfuerzos para combatir la guerra han dado sus
frutos. El reino Lacrontte ha cesado el fuego y la paz vuelve estár entre
nosotros.

Las personas ovacionan a su Rey emocionados por las grandes noticias, pero yo
se que parte de tal discurso es una farsa.

Stefan me comunicó que no habían llegado a ningún acuerdo y que el ejército de


Magnus los superaba en número y fuerza, por tal razón es fácil deducir que el
cese de armas se debe solamente a la misericordia del Rey Lacrontte o quizás en
otras palabras al tiempo que demora planeando su nuevo ataque.

337
No hemos ganado nada, respiramos una tranquilidad falsa, que tarde o temprano
se va a romper, todo depende del próximo movimiento del Rey enemigo.

El bloqueo que se produjo en las zonas fronterizas del reino puede ser otro
indicativo del paro armado de la nación enemiga.

Es probable que al negársele la salida a sus infiltrados se frustre el viaje de


información dando como resultado el desconcierto de Magnus al no saber como
atacarnos sin tener la información de ojos espías.

La palabra ahora es tomada por la delgada princesa, quien hace retumbar el


lugar con su peculiar acento.

- Nación de Mishnock en nombre del reino Cristeners me complace


informar el inicio de diálogos para una futura alianza que beneficie a ambas
naciones.

Los vítores son la orden del día, la princesa Lerentia acapara toda la atención
ante su sorpresivo anuncio, incluso es una sorpresa para mí, Stefan me había
informado que habían rechazado la petición de ayuda que habíamos necesitado y
sobre este cambio no había comentando nada.

Es evidente que necesitamos respaldo, recuerdo el comentario de Valentine sobre


los carruajes con motor del reino Lacrontte, nuestra tecnología no es la mejor
incluso los aviones que tiene la fuerza aérea de Mishnock le pertenecian a la
nación de Magnus y nos adueñamos de ellos en batallas ganadas de años
anteriores.

Fue necesario el entrenamiento de aviadores desde cero pues en realidad no


contábamos con ninguno, para así aprender a pilotear las naves que eran
desconocidas para nosotros.
338
- La paz nos sonríe — inicia la Reina Genevive — Hemos tomado las
medidas necesarias para contar con el apoyo de tan fuertes aliados —
Continua, señalando a la princesa.

- No olviden que nuestro mayor reto es su bienestár — Finaliza el Rey Silas


- Honor y gratitud.

Stefan permaneció en silencio a lo largo de todo el anuncio, lo note cabizbajo y


pensativo. Mantuvo la vista en el horizonte todo el tiempo, nunca intento
buscarme entre el público y tampoco miro a sus padres o a la princesa. Es
evidente que su cuerpo estába aquí pero su mente incluso antes de entrar al
balcón, se había alejado.

Lerentia sonríe en su dirección, pero él ni siquiera lo nota. Me gustaría saber que


está pensando, que lo atormenta. Lo que estoy viendo allí arriba sobre la multitud
no es el Stefan que conozco.

Rose toma mi mano sacándome de mis pensamientos y me guía fuera de la


plaza, pero antes de que logremos marcharnos, somos interceptadas por un
elegante Atelmoff.

- ¡Emily, querida! — Musita en voz alta.

- Hola — Sonrío al verlo.

- Estoy aquí como mensajero. ¿Puedes creerlo? Yo, un mensajero — Dice con
ironía.

- ¿Y cuál es el mensaje? — Pido con impaciencia.

Atelmoff mira hacia mi amiga, quien espera escuchar el resto de la conversación.

339
- Nos permites un momento, amiga de Emily — Pide con caballerosidad,
alejándome de ella — Stefan quiere verte y estoy aquí por ello.

- ¿Ha pasado algo malo? — pregunto preocupada.

- No, pero al parecer va a enloquecer si no te ve.

Mi corazón sonríe al saber que Stefan me extraña, que me necesita.

- Nos vimos hace poco — Replico ocultando mi emoción.

- Querida, un hombre enamorado nunca tendrá suficiente de su dosis de amor.

- ¿Dónde nos veremos?

- El irá a buscarte. Prepárate, viajarán fuera de palkareth.

La sorpresa debe ser evidente en mi rostro; nunca he salido de está ciudad y


ahora lo haré de la mano del hombre al que amo.

340
Capítulo 29.
Liz vuelve de su luna de miel con Daniel. Quien inmediatamente viaja hasta la
base militar Gromper. La acompaño hasta su nuevo hogar que he de admitir está
a una gran distancia de nuestro vecindario.

Ahora mi querida hermana mayor vive en el ambiente de las altas casas de


Mishnock. Al ser Daniel un coronel su estátus se ha elevado, ahora es la señora
Liz Peterson y estoy tan feliz al ver lo dichosa que es.

Su casa es enorme, un pequeño jardín aguarda en la entrada, sus ventanales


brindan una vista a las montañas que es simplemente magnífica, su habitación es
elegante y sobria muy a su estilo, la cama matrimonial reposa junto a la ventana
con bancos de madera que amenizan el lugar y un armario discreto finaliza todo
el conjunto.

Pasada la tarde, regreso a casa en uno de sus carruajes, otra ventaja de su nueva
vida. Tiene su propio transporte.

Al llegar a casa Stefan ya está esperándome. Su acendrado traje blanco y dorado


se ajusta a cada músculo de su cuerpo, su distinguible corona está ausente pero
su cabello está perfectamente peinado hacia atrás. Su sonrisa se ensancha al
verme y mi corazón estálla emocionada por su presencia.

- Hola, cielo.

- Stefan — Suspiro.

- ¿Preparada?

- ¿Para salir de la ciudad?, no mucho — Confieso.

- No iremos lejos, solo resolveremos algunos asuntos.

341
- ¿Resolveremos?

- Si, son cosas que te incluyen.

- Quiston. Está a pocos kilómetros, el viaje será rápido.

El carruaje nos espera en el umbral y el paje abre la puerta para nosotros.

Stefan me observa en silencio durante un largo trayecto, haciéndome sentir más


nerviosa de los normal.
Sin previo aviso se abalanza sobre mi tomándome por sorpresa, sus labios
invaden mi boca en un beso desesperado, necesitado.

El transporte sigue moviéndose según avanzamos sobre el camino y el beso


continua volviéndose apasionado, robando cada respiración. Stefan baja a mi
cuello y pecho dejando una línea de besos a su paso. Mi piel se eriza bajo su
toque y arqueó la cabeza para permitirle un mejor acceso a mi cuerpo.

Sus dedos acarician mis brazos, apartando las tiras de mi vestido mientras besa
mi clavícula, sus manos bajan hasta mi cadera apretándola fuerte para unirme
más a él. Su pecho se contrae con dificultad como evidencia de nuestra
agitación.

Somos interrumpidos por el paje quien nos avisa le llegada a nuestro destino y
Stefan se aparta abruptamente respirando con velocidad.

Mis pulmones exigen aire, mientras mis emociones revueltas intentan


controlarse. Mis labios se sienten hinchados y a mi piel le hace falta el toque
de sus manos que fue arrebatado sin aviso.

- Discúlpame cielo, no debí hacer eso — Brama Stefan con las pupilas
dilatadas.

342
- Yo también lo quería — Confieso arreglando mi vestido.

Su sonrisa aparece, haciéndolo lucir más confiado, estoy segura que deseaba
escuchar esas palabras.
Bajamos del carruaje y me sorprendo al ver que nos detuvimos frente a una fina
sastrería, donde un hombre de mediana edad nos recibe con sonrisas amables.

- Alteza, aquí tengo su orden — Avisa educadamente.

- ¿Qué orden? — Pregunto curiosa, fijando mis ojos en Stefan.

- Ya lo sabrás, cielo. — Dice sonriente.

Me guía hasta el interior del lugar, donde el hombre saca un largo vestido azul de
un estánte.

Es absolutamente hermoso, está hecho con flores en relieve que inician en el


escote del corsé y bajan como cascada alrededor del vestido. Los pliegues de la
falda ancha y espesa están elaborados por metros de tela de organza. Tirantes que
caerán sobre mis brazos están cubiertos con florecillas del mismo tono del traje.

- Cuando te conocí llevabas un vestido azul. — Informa Stefan explicando la


elección de color.

- ¿Aún lo recuerdas? — Pregunto sorprendida.

- Jamás olvidaría algo que tuviera que ver contigo.

Paso hasta la parte trasera de la sastrería para probarme el traje y lo que veo en el
espejo es realmente sorprendente. El vestido es toda una obra de arte y se ajusta
perfectamente a mi cuerpo, es evidente que está hecho a la medida.

343
- ¿Cómo sabias mis medidas, Stefan? — Pregunto saliendo del
probador.

- Tu hermana Liz, me ayudó con esa información.

- Han tenido reuniones para saber esto.

- Esto y muchas cosas más. — Sus ojos se abren en sorpresa al verme con el
vestido y una sonrisa vuelve a ocupar sus labios — A lo largo de mi vida he
visto millones de mujeres hermosas, pero estoy seguro que las superas a todas.

El calor de mis mejillas es evidente, mi mirada viaja hasta mis pies, buscando
refugio ante sus palabras.

- No puedes ir por allí diciéndome esas cosas — Replico.

- ¿Qué pretendes entonces? ¿Qué niegue lo obvio? Eres un mujer


hermosa y no pienso callarlo.

Soy incapaz de resistir un segundo más sus halagos y regreso al probador con mi
rostro escarlata.

El vestido es empacado en una elegante caja blanca y es entregada a uno de los


guardias.

- Úsalo mañana. Es tu obsequio de cumpleaños, tendremos una cena en el


palacio con tu familia.

- ¿Los Reyes también estárán presentes? — Pregunto entusiasmada ante el


hecho que sería la primera vez que nuestras familias estén juntas.

- Ellos no se encuentran en Mishnock, cielo. Lo lamento.

- ¿Por qué?

344
- Te confiaré algo importante que debes conservar en secreto.

Asiento, preocupada por saber que ocurre en la vida de Stefan.

- Magnus está intentando asesinar a mis padres, por tal motivo se retirarán del
trono. Siempre deben estár en eventos públicos, haciéndolos susceptibles a
cualquier atentado. Así que lo mejor es que se marchen de Mishnock por un
tiempo y yo tomaré el poder.

No puedo creer que los Reyes abdiquen por causa de Magnus. ¿Tanta es la
presión que ejerce sobre ellos? ¿Tanto le temen al Rey Lacrontte como para
abandonar el poder?

- ¿Vas a convertirte en Rey tan pronto?

- Así es, cielo.

Nunca había pensado que el mandato de Stefan llegaría tan pronto. Creo en sus
capacidades para gobernar pero aún lo veo como un joven dulce, dispuesto a ser
el bien para todos. Pero pasar a tener toda la responsabilidad de un reino es una
carga que no sé si esté preparado para llevar.

- ¿Por qué le temen tanto a Magnus? — Formulo la pregunta obvia.

- ¿Acaso no ves todo lo que ha hecho? Es frío y no tiene piedad. — Toma mi


mano, mirándome con dolor en los ojos — No quiero perder a mis padres y si
eso cuestá asumir tanta responsabilidad, gustoso voy a aceptarlo.

Mi instinto me lleva a abrazarlo, quisiera quitarle alguna parte de la


preocupación que carga en los hombros, pero sé que no es posible.

345
Salimos de la sastrería y me sorprende su invitación a caminar y no a subir de
regreso al carruaje.
Mientras avanzamos me toma de la mano y junto a dos guardias que nos
flanquean, recorremos las calles.

Los paisajes de Quiston son excepcionales, una vibra antigua se esparce por todas
partes. Casas elegantes y pequeños locales están situados por doquier. Su belleza
es absoluta y entiendo el por qué Stefan me trajo aquí.

Me mira en silencio y mi curiosidad me exige el saber que pasa por su mente.

- ¿En qué piensas?

- Que tengo mucha suerte de tenerte.

- ¡Stefan! — reprendo sonrojada.

El sonríe ante mí nerviosismo y se acerca a mi oído.

- Te amo, cielo.

- Y yo a ti.

- Enserio te amo. — Dice subiendo el tono de su voz. — Te amo, Emily


Malhore. — Los decibeles alcanzan un nuevo nivel.

- ¡Stefan, detente! — Pido sonriente.

Siento el color rojo profundizarse en mis mejillas. ¿Desde cuándo Stefan está
demente?

- No quiero que lo olvides, Cielo. Te amo, pase lo que pase — Reitera,


acercándose a mi.

346
Si él se considera afortunado yo lo soy mucho más. Stefan, es lo mejor que me ha
pasado y sé que nunca sentiré algo igual por nadie.

- Te amo mucho más. — Confieso tomando su rostro con mis manos para
callarlo con un beso.

Tira de mi para llevarme a la acera de enfrente donde un puesto de periódicos


llama mi atención.

Los noticiarios de Quiston son muy diferentes a los de Palkareth y al acercarme


me doy cuenta que en realidad es una edición de hace algunos días ¿Por qué aún
tienen en venta un periódico de noticias pasadas?

Al final no me importa cual sea la razón para ello, lo realmente preocupante es


que su llamativo titular me hace olvidar todo a mi alrededor.

Rey Magnus Lacrontte visitó Mishnock.

Aunque no son fotos de ese día en particular, las imágenes que muestran
realmente son acaparadoras. Su porte hace alusión a su cargo, el poder se refleja
en todo su cuerpo, la corona de oro que resplandece en su cabeza es simplemente
majestuosa, su traje oscuro le agrega más detalle al misterio que lo envuelve por
completo.

Todo de él parece ser adictivo y me vuelvo incapaz de despegar la vista de esa


fotografía.

Siento la imperiosa necesidad de comprar ese periódico y me enoja saber que en


el fondo deseo tenerlo solo para permitirme observar la imagen de Magnus más
adelante.

347
- ¿Cómo se han enterado? — Pregunto a Stefan, para reprimir mi impulso
absurdo.

- Los aviones con el escudo del reino Lacrontte son difíciles de ocultar, cielo.
Todo lo que tenga que ver con Magnus siempre será ostentoso. — Informa,
posicionándose a mi lado.

- El es tan... — No encuentro las palabras precisas para describirlo. —


Diferente a todo lo que conozco.

- ¿Qué fue lo que ocurrió exactamente ese día? — Brama mirándome


fijamente.

- Nada, solo me saludó. — Vuelvo a mentir.

- Magnus no es de solo saludar. Emily no me mientas.

No entiendo por qué siento que mi poca interacción con el Rey enemigo es algo
personal que no debe ser revelado; aún así, le atribuyo al miedo que infundió en
mi, como la razón que me lleva a seguir mintiéndole a Stefan.

- Solo dijo adiós — Reitero.

Puedo notar que no está convencido de mis palabras, pero Stefan es demasiado
caballeroso como para cuestionarme.

Su mirada se posa en mi, como si esperara que confesara la verdad, pero luego
solo se limita a sonreír para hacerme pensar que en realidad me cree cuando en
el fondo ambos sabemos que no es así.

348
Capítulo 30.
10 de septiembre.

10 de septiembre es la fecha que marca el calendario. Oficialmente tengo 19 años.


Mamá me despierta con un gigantesco desayuno, mientras papá me acaricia cual
bebé.

Mia se acerca con una caja pequeña que contiene una pulsera de cuencas blancas,
representando mi primer obsequio. Aunque es una niña extrovertida no es la más
cariñosa, por ello cada detalle que hace debe atesorarse por siempre.

Siento que estoy en un momento de plenitud en mi vida. Liz está casada y feliz,
tengo amigos increíbles, una pareja maravillosa y una familia unida. Nada
podría arruinarlo.

••••

Cuando entra la noche, corro a mi habitación a arreglarme para la cena con


Stefan.
Saco mi vestido de la caja y el azul reluce por toda la alcoba. Adoro que haya
recordado mis preferencias haciendo el traje de ese tono.

El vestido se acopla perfectamente a mi piel, el escote deja el espacio perfecto


para lucir el collar que me ha obsequiado. Mi cabello cae en ondas sueltas y
dos mechones son recogidos en la parte posterior, acompañado de un
maquillaje simple que es adecuado para la ocasión.

A las siete, Stefan pasa a recogerme en un carruaje y su expresión al verme es


sencillamente gratificante.
349
- Una vez me preguntaste que era lo más hermoso que había visto en mi vida y
no dudé en responder que tú y está noche al verte puedo reafirmarlo.

- Nunca sé como responder a tus halagos.

- El rubor de tus mejillas es la mejor respuestá.

Sonrío nerviosa, sin poder sostener la mirada de sus brillantes ojos.

- Feliz cumpleaños, cielo. — Dice extendiendo una pulsera vestida en


diamantes que varían en tamaño según la posición en la que se encuentren
extendidos.

La abrocha en mi muñeca y siento lo pesada que es. Es un lujo que no necesito.

- No puedo recibir esto, Stefan.

- ¿Por qué no? Es tu obsequio de cumpleaños.

- Es demasiado.

- Es lo mismo que me digo a diario.

- ¿A qué te refieres?

- Tú eres demasiado para mí y aún así estás conmigo.

Mi corazón golpea fuerte en mi pecho y me lanzo en sus brazos, besando sus


labios con ávido deseo.
Stefan es lo mejor que la vida me pudo regalar y estoy feliz de vivir mis días a su
lado.

- No veo la razón para no recibir una banal pulsera — Agrega mirándome —


Cuando ya tú me has dado todo e incluso más.

350
- Stefan. — Susurro con las emociones desbordadas.

- Emily, nada que puede obsequiarte supera el regalo que me has hecho al
aparecer en mi vida.

- Creo que voy a llorar — Digo sonriendo.

Su risa resuena en mis odios cuando me cubre en un abrazo.

- Aún tenemos una cena pendiente, no puedes llorar todavía.

Me toma de la mano guiándome hasta el umbral para subir al carruaje e ir


directo al palacio.

Mientras somos conducidos, noto que el viaje a demorado más de lo esperado,


como si recorriéramos todas las calles de Palkareth sin detenernos en un lugar
fijo.

Comienzo a extrañarme pero él solamente me mira sonriendo en silencio,


conozco a este hombre como la palma de mi mano. Algo está ocultándome.

- ¿Por qué aún no llegamos? — Cuestiono tratando de averiguar su plan.

- Quise tomar el camino más largo.

- ¿Para qué?

- Para que la comida esté preparada cuando lleguemos.

- Esa es una pésima excusa. Eres un terrible mentiroso, Stefan.

No deja de sonreír, mirando hacia la ventana para ignorar mis preguntas. Y antes
de que pueda reclamar una vez más, el carruaje se detiene para deslumbrar el
palacio ante nuestros ojos.

351
El paje abre la puerta y Stefan me ayuda a bajar. Entramos a la casa real y todo
está en silencio, me guía más allá de su oficina y del salón de eventos.

Caminamos tomados de la mano, girando y pasando por infinidad de


pasillos, hasta detenernos frente a dos puertas blancas gigantes, que nunca
antes había visto.

Toca con cuidado y la pesada madera es abierta para nosotros revelando su


interior. Avanza llevándome con él y la emoción me sobrepasa ante todo lo que
veo.

- Feliz cumpleaños, cielo.

Es el salón azul, del que tanto ha hablado Valentine; el que solo se usa para
eventos de gran índole y que pocas personas conocen.

Giro, mirando todo a mi alrededor; es sencillamente magnifico, más de lo que


algún día pude imaginarme. Su belleza es inigualable.

Altas paredes de color azul turquesa construyen el salón, detalles en dorado


suben y bajan como enredaderas de forma ordenada que cruzan y bordan
caminos por todos los muros que parecen infinitos.
El piso es de color blanco azulado y está pulido de tal manera que se refleja la luz
del lugar.

Gigantescos espejos enmarcados en oro macizo, se sitúan en la pared derecha y


bajo estos reposan sillones acolchados en un tono dorado pálido que se extiende
a lo largo del piso junto a la pared.

El techo es una cúpula de cristal, bordeada con cerrojos de oro que forman líneas
que se asemejan a caminos en el en el vidrio. La luz del

352
cielo nocturno se filtra a través del vitral dando un panorama idílico del exterior.

Grandes lámparas cuelgan de las paredes brindando la iluminación necesaria al


lugar y para terminar de robarme el aliento, todo está decorado con flores de
cerezo, mis flores favoritas.

Mesas se extienden por todo el salón con jarrones repletos de estás maravillas de
la naturaleza. Aún recuerdo cuando le dije a Stefan en el bosque Ewan que eran
mis preferidas y él me llamó pretenciosa debido a que ese tipo de flores no crecen
por aquí y ahora el lugar está repleto de ellas.

Mi sonrisa se ensancha sin poder asimilar que él haya hecho todo esto para mí.

- Gracias — Las palabras se pierden en mi garganta ante la fascinación por su


esmero — Esto es perfecto, es increíble o incluso más.

- Es todo lo que te mereces — Dice cubriendo mi rostro con sus manos — Aún
hay más, cielo.

Las puertas vuelven a abrirse dejando pasar músicos y sirvientes, todos toman
rápidamente sus lugares, dispuestos a darme la mejor noche de mi vida.

Stefan me toma de la cintura llevándome hacia él. Sus labios húmedos arrebatan
besos y besos de los míos. Mis manos se posan en su cuello en un intento de
pegarme más a su cuerpo. Su agarre se hace fuerte mientras su boca me invade
con pasión.

- Dejen algo para más tarde.

353
La voz de Daniel nos sobresalta, quien avanza por el salón sonriendo de la mano
de Liz, junto a mis padres y Mia.

La vergüenza me invade al ser consiente que mis padres han visto tal escena,
intento no mirarlos y enfoco mi atención hacia Lady Valentine quien hace su
entrada triunfal junto a sus hermanos, seguidos de Amadea y Atelmoff.
Valentine suspira, guardando en su mente cada detalle de su tan anhelado salón
azul.

Dos brazos me toman desde la espalda, deseando un feliz cumpleaños a mi oído.


Me vuelvo para encontrar a Rose y a sus padres, quienes traen a una tímida y
algo perdida Nahomi con ellos.

- ¿Es tu cumpleaños, Emily? — Pregunta deslumbrada por el lugar.

- Así es, Naho.

- Pero no traje un regalo — Dice entristecida, mirando sus manos


vacías.

Su gesto me enternece pero antes de poder decir algo para consolarla, la música
comienza a sonar con fuerza, mientras los platillos son servidos, haciendo
imposible seguir la conversación.

Uno de los meseros se acerca a mi ofreciéndome una bebida, y algo de él me


llama la atención. Me mira con amabilidad y es imposible para mí no pensar en
alguien más al ver sus ojos verdes.

No le quiero dar cabida en mi mente a Magnus, ni a sus ojos, su presencia


intimidante o a su profunda voz. El odio que le guardo debe ser

354
suficiente para alejarlo de mis pensamiento y espero que justo está noche no
se cuele en mi cabeza.

Me dirijo hacia una de las mesas, intentando sacarlo de mi mente, mientras


continuo maravillada con mi celebración de cumpleaños y me es fácil sonreír al
ver a Valentine acercarse a mi, emocionada.

- Emily, antes que nada feliz cumpleaños — Dice abrazándome — Y


segundo, no puedo creer que estoy aquí, todo esto solo es posible por ti.

- Querrás decir por Stefan.

- Por ti. Si él no estuviese tan enamorado no habría hecho todo esto.

Mis ojos viajan hacia él de inmediato, lo veo con mi padre en una alegre
conversación. Los dos hombres que quiero están juntos está noche para mí y
espero que así sea por una largo tiempo.

Mi vista sigue desplazándose por todo el lugar y al otro lado del salón veo a
Willy. No puedo creer que este aquí, corro hacia él con el corazón desbocado,
sin tener oportunidad de despedirme de Valentine.

- ¡Willy! — Grito cuando estoy cerca.

- Feliz cumpleaños, Emily — Dice, cubriéndome en un abrazo.

- Has venido está noche.

- El príncipe me invitó y no podía negarme a estár presente en el gran día de mi


buena amiga.

Puedo asegurar que en mi vida están los mejores hombres que una joven podría
desear y me alegra que uno de ellos comparta matrimonio con mi hermana.

355
- ¿Bailas conmigo? — Pregunta con caballerosidad.

- Por supuesto.

Me lleva de la mano hasta la pista de baile donde mis padres, Amadea y Taded,
bailando al ritmo de la melodía que crean los músicos.

- ¿Cómo se llama tu amiga? — Pregunta mirando tras de mi.

- ¿Rose? — Giro en dirección a su mirada.

- Supongo. ¿Estámos viendo a la misma persona?

- Eso creo — Sonrío, ante la posibilidad que a mi buen amigo le guste mi


buena amiga — ¿Te gusta?

- Es linda. — Dice con timidez.

- Harían linda pareja.

- Calma caballo, solo he dicho que es linda.

Willy sería perfecto para cualquier chica, es atento y divertido y aunque Rose
solo desea una vida palaciega, puedo asegurar que sería muy feliz con un hombre
como Mernels.

Unos pasos se acercan a nosotros y siento la necesidad de volverme a ver quien


se trata, pero antes de poder hacerlo, Stefan se encuentra de pie a mi lado,
sonriendo en su traje blanco.

- ¿Me permite la siguiente pieza? — Pide con caballerosidad.

- Creo que no puedo negarte nada.

Willy sonríe, viendo la escena y se aleja en dirección a mi amiga. Va por ella, lo


sé. Solo espero que Rose vea todo el potencial que tiene mi adorable soldado.

356
- Lo invitaste — Digo señalando a mi amigo.

- ¿Por qué no he de hacerlo? — pregunta sonriente.

- Por tus celos en la boda de mi hermana.

- Aún así, él es especial para ti y quería que en tu día estuvieran todas las
personas que amas.

- Te amo, Stefan. — Digo con sinceridad.

Sus labios se posan en los míos dejando un dulce beso que marca más que mi
boca, mi alma.

- No hay manera de que pueda borrar nunca mi amor por ti — Susurra


mirándome.

Sonrío mientras bailamos y algo en el bolsillo de su chaqueta llama mi atención.

- ¿Ese es el pañuelo que me quitaste en el festival?

- No, está fue la excusa que usé para poder acercarme a esa chica de vestido
azul, que me enseñaría el cielo. Mi cielo.

Mi sonrisa surge desde lo más profundo de mi corazón, sé que a partir de está


noche nada podría arrebatarnos el amor que hemos construido.
Los días más felices de mi vida han sido a su lado y estoy convencida que los
venideros serán aún mejores.

Cuando la pieza acaba, Stefan me sonríe coquetamente.

- ¿Puedes acompañarme?

- ¿A dónde?

- Tú solo ven conmigo.

357
Me dejó guiar fuera del salón, avanzando escaleras arriba. Mi corazón repiquetea
en mi pecho al saber el lugar al cual nos dirigimos. Su habitación.

Al momento de entrar, Stefan cierra la puerta con sumo cuidado, sin dejar de
sonreír en el proceso.
No sé cuales sean sus planes, pero de una cosa estoy segura y es que quiero
ayudarlo a cumplirlos.

Se acerca a mi con sutileza tomándome fuerte por la cintura para llevarme hacia
él. Los besos ya no son respetuosos y demuestran el deseo que nos rodea. Sus
labios bajan por mi cuello mientras sus manos desabrochan mi vestido.

- Solo quiero saber si estás de acuerdo con esto. — Musita sobre mi piel.

Asiento con la curiosidad cerniéndose sobre mi. Jamás habíamos


hablado de esto y aunque no sé si ahora es el momento, no voy a
detenerlo.

En un desordenado movimiento su chaqueta cae al suelo de manera dramática y


desabrochó su camisa de forma pausada, bajo la mirada de sus profundos ojos
azules.

Lo veo sonreír ante mi nerviosismo, nunca había visto su torso desnudo y es una
imagen digna de admirar.

Me lleva a la cama sin dejar de besarme y mi pecho es testigo de sus besos,


haciendo erizar mi piel ante el contacto de su boca.

358
Se arrodilla sobre las sábanas para inclinarse sobre mi, su respiración ya no
regular y siento sus manos subir por mis piernas, mientras las mías recorren su
espalda.

Me toma fuerte de la cadera para levantarme de la cama, obligándome a sentarme


a horcajadas e instintivamente comienzo a moverme con suavidad sobre su
regazo.
No pensé nunca que podría llegar a hacer esto, pero ahora lo estoy disfrutando
por completo.

- No imaginas cuanto te deseo — Susurra Stefan, rozando las palabras a través


de mi mandíbula.

Su ritmo se acopla al mío y siento sus ágiles labios morder cada parte de mi
cuerpo.
Cuando su boca vuelve a la mía, unos golpes en la puerta nos sacan de nuestro
momento íntimo.

Me detengo de inmediato pero el agarre de Stefan aun es fuerte, no pretende


acabar con esto tan fácilmente.

- Su Alteza, lamento la interrupción. — La voz de Atelmoff se escucha


desde el otro lado.

- ¿Cómo supo que estábamos aquí? — Susurro con timidez en mis


palabras.

- Él es casi un adivino — Afirma con evidente frustración. — ¿Qué


necesitas? — Pregunta mordiendo su labio como señal de su enojo.

Me escondo en su cuello, sin poder asimilar la violenta pausa. Quería esto y


ahora se a arruinado.

359
- El padre de Emily la busca y creí que era prudente venir por ustedes antes
que el señor Malhore descubriera donde están.

Levanto la cabeza de golpe al escuchar tal declaración.


Mi padre me busca, mientras yo estoy con el vestido desencajado y un príncipe
semidesnudo sobre una cama.

Me bajo inmediatamente de su regazo y acomodó mi vestido lo más rápido que


puedo. Stefan repite mis movimientos abrochando su camisa y recogiendo su
chaqueta del piso.

Puedo notar que no está feliz por la interrupción pero entiende que debemos bajar
para calmar el ambiente.

Arreglo mi peinado mientras caminamos escalera abajo. Atelmoff me mira de


soslayo sonriéndome con complicidad haciéndome sonrojar de la vergüenza.
Stefan se limita a caminar en silencio tomado de mi mano y aún alcanzó a ver en
su pantalón lo que queda como consecuencia de mis movimientos sobre él.

- Ustedes sigan adelante, yo necesito un momento — Informa cuando nos


acercamos al salón azul.

Una risa baja se escapa de mi garganta ante lo cómico de la situación. Atelmoff


asiente y estoy segura que ha entendido el mensaje más de lo que debería.

Papá se encuentra fuera del salón, atento a cualquier movimiento, nos acercamos
con cautela y quisiera desaparecer por unos segundos.

- Su hija y su obsesión por el jardín — Avisa Atelmoff, inventando una


excusa por mi ausencia.

360
- ¿Y el príncipe? — Cuestiona mi padre que no es para nada tonto.

- Ya regresa, necesitaba un momento para arreglar un asunto. — Puedo notar


la picardía en su voz — Un asunto que se ha levantando sobre él, del estádo
por supuesto.

La vergüenza me llena el sistema mientras intento parecer normal ante las


declaraciones de Atelmoff.

Mi padre me observa en silencio y aunque quizás no se lo alcance a imaginar


puedo deducir que sus pensamientos no son los mejores.

361
Capítulo 31.
Stefan ha venido a recogerme muy temprano. Hoy tiene algunos asuntos
monárquicos que resolver y me ha invitado a hacerlos juntos.

Viajamos hasta la galería de Palkareth donde el pintor debe hacer un retrato de


Stefan para agregarlo a la colección de pinturas que hay en los pasillos del
palacio, que muestran a todos los Reyes que han gobernado Mishnock.

Él posa por horas con su vistoso traje rojo y la corona de oro que es alusiva a su
futuro título y antes de salir pide uno para mí.
Jamás me han hecho un retrato y no creo que este preparada para hacerlo ahora.

- Stefan, no quiero un retrato.

- Pero yo sí deseo uno tuyo, cielo. No es tan malo.

El pintor nos mira impaciente moviendo el lápiz entre sus dedos, ante mi
indecisión.

- Cielo no tomará mucho tiempo — Insiste.

- Está bien — Cedo — Pero que sea rápido.

Después de una hora y media aproximadamente, el retrato está listo, salimos de


la galería acompañados de los guardias que nos flanquean con dirección al
palacio.

Stefan toma mi mano durante el camino, mirándome con amor.

- Gracias — Dice.

- ¿Gracias de qué?

362
- Por todo.

- ¿Qué es todo?

- Aparecer en mi vida, hacerme feliz, estár para mi e innumerables cosas más.

Sonrío a medida que avanzamos a la casa real, hechizada por las palabras del
hombre al que amo.

Cuando llegamos al palacio se escuchan fuertes gritos y discusiones que


retumban en las paredes del salón del trono.
Stefan avanza hacia el lugar y las puertas son abiertas para él, lo sigo en silencio,
expectante y preocupada por saber de qué se trata.

Mis ojos no pueden creer lo que ven, la confusión, el miedo y la ansiedad se


apoderan de mi cuerpo.

La familia Russo está frente a mí, en completo estádo de desesperación. Me quedo


impávida al ver a Valentine, los pequeños Taded y Thomas, su madre y a su padre
tomados como prisioneros por guardias reales.

Stefan camina hasta sus padres dejándome atrás. Miro la escena atónita sin poder
entender que es lo que sucede.

¿Qué hacen los Reyes aquí? Se suponía que se habían alejado de Palkarteh a
causa de Magnus. ¿Por qué han regresado?

Un grito herido sale de los labios de Valentine, el cual me rompe el corazón.

- ¡Emily, ayúdame!

¿Acaso ella no es amiga de la familia Denavritz?

363
Corro hacia Stefan sin quitarle la mirada a Valentine. El pequeño Taded me mira
con ojos inocentes mientras las lágrimas caen por sus mejillas, la baronesa Russo
está en completo silencio igual que Thomas, mientras su padre forcejea contra
los guardias reales.

- ¿Qué sucede Stefan? — Pregunto en un susurro cerca a su espalda. —


¿Por qué los tienen retenidos?

Su rostro está helado, lo que sea que su padre le haya dicho lo ha dejado
impactado. Su expresión es fría y seria, sus ojos se mueven por cada una de las
personas en el salón.

Aprieta sus manos en un puño intentando buscar control, mis preguntas vuelan a
su alrededor y es como si no las escuchara.

- ¡Stefan! — Llamo de nuevo, está vez más fuerte.

- Lo mejor es que te vayas, Emily.

- No voy a irme a ningún lado. Dime que pasa — La preocupación me tiene


acorralada, mientras mi corazón golpetea millones de veces por segundo.

- ¡Atelmoff! — Ordena con fiereza.

A los pocos segundos cruza las puertas del salón, el hombre mencionado y
avanza horrorizado hacia Stefan. Él también sabe lo que sucedió y no entiendo
por qué no me quieren decir nada.

- Prepara el carruaje, para que la señorita Emily pueda ir a casa.

- No voy a irme a ningún lado — Grito desesperada.

La mirada del Rey Silas se posa sobre mí con rudeza, mientras la Reina
Genevive permanece en absoluto silencio. Sé que mi comportamiento no

364
es el adecuado pero debo admitir que poco me importa la opinión de los Reyes en
este momento.

- Ellos no tienen nada que ver, por favor déjalos fuera de esto — Oigo las
súplicas agónicas del padre de Valentine.

- ¡Suéltenlos por favor! — Grito a nadie en particular.

- Emily, por favor — Insiste Stefan, girándose para encararme.

Los ojos llenos de lágrimas del pequeño Taded me queman el corazón, corro
hacia él sin ningún plan en la cabeza pero no soporto lo verlo así, aterrorizado,
pero antes de poner tomar su brazo un guardia me bloquea el paso mientras otro
me aparta por la cintura en un brusco movimiento.

- ¡Cuidado con lo que haces! — Grita Stefan al guardia que me a


tocado.

- No puede acercarse a los prisioneros, es una orden de su majestád el Rey.

- A ella nadie le pone una mano encima — Declara con furia.

- Entonces sácala ahora mismo. — La voz del Rey Silas llena toda la sala,
amenazando mi presencia.

- No saldré de aquí hasta saber que ocurre — Digo con valentía.

Stefan se acerca a mi, a paso apresurado, suplicando con la mirada que no diga
una palabra más.

- Mis padres no saben que yo te informo todo lo que pasa en el reino — Brama
en un susurro que solo yo puedo escuchar — Al menos dame unos minutos y te
diré que sucede, por ahora lo mejor es que mi padre piense que te has ido.

365
- Te espero afuera, pero puedo asegurarte que no voy a marcharme —
Declaro con seguridad, manteniendo un tono de voz bajo.

Stefan permanece en silencio y asiente discretamente, regresando su atención a la


escena que tiene enfrente.

- ¡Emily no me dejes por favor! — La voz de Valentine vuelve a hacer eco en


mi cabeza.

Me giro viendo la desesperación en su rostro, está asustada. El pánico se ha


apoderado de ella. ¿Qué pudo haber hecho la familia Russo para que sean
tratados de está manera?

Camino junto a Atelmoff fuera del salón y las puertas son cerradas de inmediato
a nuestras espaldas.
Una vez afuera, me acerco inquisitivamente y le suplico.

- ¿Dime que pasa?

- Lo lamento, Emily pero es un asunto muy delicado y no puedo contarte nada.

La ansiedad se apodera de mí cuerpo, mis manos sudan y mi corazón está a punto


de estállar. Miro a mi alrededor confundida y con desasosiego.
Hace un momento era feliz junto a Stefan y ahora todo se ha venido abajo.

Los minutos pasan y las discusiones se hacen presentes a cada instante. Pero no
logro entender nada, todo son borrones y voces dispersas que se confunden con
las otras. Nada está claro, todo es un caos allá dentro y la demora de Stefan es la
prueba de ello.

366
Aproximadamente una hora después las puertas son abiertas dejando salir al
príncipe.
Sus ojos me encuentran de inmediato y señala las escaleras con un ligero
movimiento de cabeza.

Camino hacia donde me ha indicado sin quitarle la mirada, él me sigue pasando


las manos por su cabello en un acto claro de frustración.
Cuando tomamos la segunda planta deduzco hacia donde nos dirigimos. Su
habitación.

Una vez que estámos dentro y resguardados de todo el bullicio de afuera, Stefan
me cubre en un abrazo fuerte que hace temblar de pánico todo mi interior.

- Lo lamento, cielo — Dice a mi odio.

- ¿De qué hablas? — Me separo bruscamente — ¿Qué lamentas?

- Lo que va a suceder.

- ¿Qué es? ¡Stefan habla por favor! — Ruego desesperada.

- La familia Russo a traicionado a la corona y la traición se paga con la


muerte.

Mi corazón se desborda y las lágrimas inundan mis mejillas. En mi pecho se


siento un vacío que me obliga a doblarme mientras sostengo mi estómago.
No puedo creer lo que estoy escuchando.

- ¿Serán ejecutados? — Pregunto con miedo a la respuestá.

- Todos.

367
¿Todos? De inmediato pienso en Valentine, en el pequeño y amoroso Taded y el
hermético Thomas. No merecen la muerte, no concibo la idea de que ellos hayan
hecho algo tan malo como para merecer tal
castigo.

- ¿Qué fue lo que hicieron exactamente?

- Su padre. El señor Dominic Russo es un espía. Ha estádo llevando


información a Magnus.

- ¿Cómo pudo hacer eso? Las fronteras están cerradas.

- Debido a eso fue descubierto. Dominic pidió un permiso ante el consejo para
realizar un viaje de negocios hacia el reino Plate. Pero a último minuto
redireccionó su destino, viajando al reino Lacrontte.

- ¿Todas estás muertes él las facilito? — Musito al comprender la


situación.

- Así es. Por su causa Magnus siempre sabía todos nuestros


movimientos.

- ¿Pero y su familia? Ellos no tienen nada que ver él mismo lo dijo.

- Son cómplices. Valentine admitió saber de las acciones de su padre. La familia


entera ha viajado en múltiples ocasiones al reino Lacrontte.

Los engranajes comienzan a encajar en mi cabeza. Por eso Valentine sabía tanto
del Rey Magnus, por ello conocía su personalidad y el como eran las cosas en
aquel reino. Debido a esos viajes es que pudo conocer las múltiples diferencias
entre cada nación.

Miro a Stefan desconsolada, y prefiero guardarme esa información, aunque ahora


de nada sirve.

368
- ¿Los pequeños también tienen que pagar?

- Ellos también viajaron, toda la familia traiciono a la corona.

- ¡Por Dios, Stefan te estás escuchando! Son unos niños, ellos son
inocentes.

- Fue una orden de mi padres. La decisión está tomada.

- ¿Cómo puede haber tanta maldad en el mundo? — Las lágrimas caen como
cascada recorriendo mi rostro y bajando por mi cuello — Tanto odio entre
naciones, tanto desprecio entre nosotros.

- Emily, no llores por favor.

- ¿Cómo me pides que no lo haga? — Grito colérica. — No hay piedad, solo hay
odio.

- En el mundo existe la guerra, la traición y los engaños pero también existe


el amor que siento por ti.

- Entonces, en nombre de ese amor, te pido que me ayudes.

- ¿Qué sucede? — Pregunta preocupado.

- Ellos no pueden ser ejecutados, si me quieres intercede por ellos.

- Cielo, no puedo.

- ¿Cómo que no puedes? — Cuestiono enojada — Tú vas a ser Rey, tienes voz
y voto.

- Calma, Emily — Dice acercándose a mi.

- No pidas que me calme, cuando inocentes van a morir.

369
Las lágrimas no dejan de correr por mis mejillas. Stefan se acerca cubriéndome
en un nuevo abrazo pero lo empujo alejándolo de mi.

- Has algo, tú tienes corazón. Por favor — Digo casi en un susurro.

- Cielo — Se acerca nuevamente, con ojos llenos de dolor — No me


rechaces.

Su mano sube a mi rostro, limpiando mis lágrimas, me lleva hasta la cama


sentándome en su regazo. Mi cara se sumerge en la línea de su cuello mientras
mis pulmones sueltan aire frenéticamente.

- Prometo que haré algo — Susurra, acariciando mi cabello — Lo que este en


mis manos, pero no puedo darte falsas esperanzas.

- Solo inténtalo.

- Mi padre está enojado, se siente traicionado — Informa en un suspiro —


Aún así haré todo lo posible pero por favor, nunca vuelvas a rechazarme.

Me hundo más en él, sin poder responder a nada de lo que dice. Siento el olor
limpio de su cabello y aferró mis manos a los músculos de sus brazos, mientras
sus besos llenan mi frente y sus caricias me recorren.

Poco a poco mi corazón agitado va entrando en calma pero mi mente no puede


borrar las súplicas temerosas de Valentine, el rostro amargo del Rey Silas, la
molestia que le causó mi comportamiento, la frialdad con la que eran tratados
los Russo y temo que Stefan no pueda hacer nada para ayudarlos.

370
Capítulo 32.
Me despierto con las noticias de un ataque que recalca los gritos de guerra en el
horizonte. Magnus está enojado y nos los hace saber.

El ataque fue sorpresivo, tomando a todos los soldados en la penumbra, como


víctimas fáciles. Parece que el Rey Lacrontte pretende amenazar todas las
ciudades de Mishnock, esperando que cada rincón de está nación conozca su
furia.

No pude dormir pensando en la suerte que correrá la familia Russo, algo que aún
los periódicos no saben. Solo espero que Stefan haya podido convencer a su
padre.

Ver la desesperación en el rostro de Valentine son como mil espadas


atravesándome, las lágrimas de Taded y las súplicas de Dominic me
persiguieron toda la noche.

Me levanto de la cama y me arreglo de prisa, bajo las escaleras apresuradamente


hasta la sala, donde papá abraza a mamá, quien está presa del pánico por la
guerra que se vive en el reino.

A está altura es seguro que Magnus ya sabe que su colaborador ha sido capturado
y viene a acabar con está guerra que se ha prolongado por tantos años.

Las personas están encerradas en sus casas, mis padres no abrieron la perfumería
hoy y yo continúo perdida en mis pensamientos por saber que habrá pasado con la
familia Russo.

No me provoca el desayuno que ha preparado mamá y Mia también pasa de el.


Sus pequeñas manos se empuñan en la tela de su vestido rosa, como muestra del
miedo que está sintiendo.
371
El bullicio de los bombardeos se hizo presente a la media noche y los disparos se
escucharon próximos a nosotros. Sé por que eligió esa ciudad, la base militar
central está allí. En su última amenaza dio a conocer que su próximo objetivo
sería ese y ayer lo cumplió.

Pienso en Willy y en Daniel, están inmersos en está guerra más que nosotros.
Ellos prestán su piel y huesos para defendernos y darían su vida por el honor de
este reino.

El noticiario expresa que las muertes fueron pocas, pues por alguna razón el
ejército enemigo no vino con la intensión de asesinar, solo buscaban dejar en
claro que estámos próximos a ser derrocados si Mishnock no se rinde ante él.

Cuantos no han muerto ya, y cuantos no habrán muerto está madrugada.


¿Todo esto por tierras? Es algo que aun no entiendo, es un precio demasiado alto
por unos kilómetros.

••••

Pasadas las cuatro de la tarde, un carruaje se estáciona frente a mi puerta y


prácticamente salgo corriendo hacia él. Está claro que Stefan lo ha enviado.

Subo sin ni siquiera despedirme de mis padres. Sé que quizás mamá estárá en
medio de la zozobra al ver que su hija a salido de casa en medio de la guerra,
pero poco importa cuando hay asuntos que me interesan resolver con prisa.

Cuando llegó al palacio, los pasillos se me hacen eternos, no veo la hora de llegar
hasta la oficina de Stefan. Mis pies pesan y mi corazón está al borde del abismo.

372
Las puertas de su oficina son abiertas para mí y me lanzo en sus brazos cuando lo
veo, pero noto que él no lo corresponde.

- ¿Pasa algo? — Pregunto asustada, alejándome de su cuerpo.

- Emily, mis padres van a irse. El reino quedará en mi manos aún antes de
convertirme en Rey.

El estrés es evidente en él, su cabello está desordenado, los botones superiores de


su camisa están desabrochados. Stefan tampoco ha tenido una buena noche.

- Yo voy a estár aquí, para ti.

- No es tan sencillo como parece.

Está asustado. El temor es evidente en su voz, puedo deducir que la decisión tan
repentina de los Reyes se debe al ataque perpetuado.

- Mis padres huyen de Magnus y mis aliados son pocos — No me mira,


centra su atención en la pared a su lado — Necesito más apoyo o van a acabar
con mi monarquía.

- Vas a estár bien, ¿acaso ya no tienes una alianza con el reino


Cristeners?

Su rostro palidece en segundos. No puedo creer que hayan perdido ese apoyo.

- Así es, lo tenemos — Dice tragando fuerte.

Respiro aliviada al saber que contamos con la ayuda de otra nación y la fuerza de
otro ejército.

- Hice lo que me pediste — Informa devolviendo su mirada hacia mí.

373
- Por favor dime que serán liberados — Musito con las esperanzas
descargadas en mis manos.

- Fueron desterrados de Mishnock, pero su padre debe morir. Es algo que no


puedo cambiar. A traicionado a la Corona y eso se paga con la muerte, él lo
sabía y aún así pasó por encima de las leyes.

- No, Stefan por favor — Suplico.

- Hice todo lo que pude, cielo. Aún no soy el Rey y me ha tocado luchar
bastante contra la voluntad de mi padre.

- ¿A donde irán?

- La pregunta es a dónde fueron. Ya han sido expulsados y Dominic está a


minutos de ser ejecutado. Una vez se realice su muerte mis padres se marcharan.

- No me estás mintiendo ¿cierto?, ¿Valentine y el resto de su familia están


vivos?

- ¿No confías en mí, Emily?

- Si lo hago, solo quiero que me lo confirmes.

- Te doy mi palabra — Toma mi mano colocándola en su pecho, como


símbolo de honestidad — Jamás te he mentido.

- No hay nada que se pueda hacer por su padre — Insisto como última
esperanza.

- ¡No, Emily! — Grita exasperado.

- No me grites — Susurro sorprendida por su reacción.

374
- Lo lamento — Pasa las manos por su cabello, con clara ansiedad — Lo
lamento, cielo. Ven aquí.

Me envuelve en sus brazos, pero sé que hay algo que no encaja, su cuerpo se
siente diferente. Siento su corazón palpitar frenéticamente y lo rodeó con mis
manos en un intento por calmarlo.

Permanecemos en la misma posición por un par de minutos y una vez que nos
separamos, beso su boca enviando paz a sus emociones.
El beso es intenso, acaparador. Siento sus brazos apretarme con fuerza, se
asemeja al primero que nos dimos.

Sus labios se mueven con deseo desenfrenado, tratando de robar todo de mí.
Baja a mi cuello dejando una línea de besos a su paso, sus músculos se tensan
cuando recorre mi espalda y toma mi cabello con fuerza uniéndome a él.
Es un beso desordenado, pero que sabe perfectamente como dominar mis
sentidos.

La puerta es abierta, interrumpiendo nuestro momento, por ellas pasa al Rey con
una expresión fría e ilegible. Me mira y luego dirige su atención a Stefan.

- ¿Todavía con esto hijo?

Mis labios rojizos por la fricción se sienten expuestos ante la repentina falta de
contacto de la boca del príncipe.

- Padre, juzgaré impertinente hablar sobre eso ahora.

- ¿Y entonces cuando piensas que es debido?, ¿Cuando Magnus toque a la


puerta para matarnos?

375
Me siento confundida, completamente perdida. Estoy en medio de un fuego
cruzado entre padre e hijo.

- ¿Quieres ser Rey? — Pregunta con soberbia.

- Es lo que más deseo — Sus ojos brillan al recitar esas palabras.

- Entonces no veo el problema, Stefan.

- Claro que lo tiene. El reino Cristeners ha impuesto una condición para


brindarnos su ayuda y el corazón no va a dejártela cumplir.

- Nadie manda en mi corazón — Afirma con frialdad.

- ¿De qué habla? — Pregunto confundida.

- Emily — Inicia Stefan, mirándome — Si alguna vez pensaste que está relación
perduraría en un futuro, estábas equivocada. Necesito a alguien de poder a mi
lado ¿y qué me puedes ofrecer tú?, ¿Una perfumería? Eso no me sirve para ganar
la guerra.

Mi corazón se desgarra al escuchar tales palabras, un vacío se aloja en mi pecho


y siento caer mi vida entera al suelo.
¿Qué paso con el hombre que conocí? Él jamás diría algo así. No a mi. Lo miro
sin poder decir una palabra, mientras intento asimilar que esto de verdad está
pasando.
Su expresión es fría, calculada. No hay nada en sus ojos del hombre del que me
enamoré. Nada.

- Los Reyes Wifantere desean que Stefan despose a la princesa Lerentia — La


voz de Rey Silas hace eco en mi cabeza, negándose a entrar tan atroz
información — No es nada personal Emily pero necesitamos su ayuda, así que
supongo entenderás que ya no formas parte de está ecuación.

376
Va a casarse, va a casarse con aquella mujer. Miro a Stefan perpleja, pero él no
me mira.
Frente a mí tengo a un príncipe soberbio y cruel. Me aterra mirarlo, la tristeza y
la decepción se han convertido en mis carceleros. Esto no puede estár pasando.

Hace unos segundos me besaba, me besaba con pasión y ahora me desprecia de


está manera.
Nunca en mi vida había sentido una humillación semejante y jamás creí que
viniera de parte del hombre al que amo y él que una vez me prometió su
corazón.

- Voy a prepararte un carruaje que te lleve a casa — Dice sin mirarme.

El cinismo de sus actos me llena de completa ira. Lo miro con desprecio sin
reconocer a quien tengo en frente y por fin alcanzó las palabras que tenia
diluidas en mi garganta.

- Puedo irme sola — Es todo lo que alcanzo a decir.

- Insisto. Es lo mínimo que te debo.

¡Por Dios, esto no puede ser cierto!


No me debe nada, no deseo absolutamente nada de él.
Las lágrimas amenazan con brotar y si no huyo rápido de aquí las voy a derramar
en su presencia y es lo último que quiero.

Doy media vuelta con el corazón hecho un nudo, sintiéndome pisoteada y


avanzo por los pasillos que ahora se me hacen infinitos, aún más largos de como
me parecieron cuando entre. Cuando aún había a un hombre que me quería.

377
Él no me sigue, ni intenta detenerme. Esto es el fin de nosotros, de lo que
pensé que teníamos.

Salgo apresurada por las puertas del palacio, sintiendo que me falta el oxígeno.
El aire de la tarde me golpea fuerte y es entonces cuando mis lágrimas caen.
No puedo detenerlas y una tras otra recorren mi rostro.

Mi corazón duele mientras camino calle abajo, siento mi cabeza dar vueltas sin
poder asimilar lo que ocurrió. Un semblante gélido se apoderó de él y el amor
que tanto veía en sus ojos ya no estába, lo había abandonado por completo.

Mi visión se nubla a causa de mis lagrimas, pero no me detengo, avanzo y corro.


Corro como nunca, como si estuviera bajo ataque.
No puedo evitar pensar que he sido su burla. La joven inocente que pensó
que sería algo más para él. Cuando solo quería convertirse en Rey.

Desde que lo conocí expreso sus ansias de poder. En nuestra primera cita en el
palacio le pregunté que pensaba sobre la idea de ser el más alto monarca y
contestó convencido que aunque le asustaba, la idea le agradaba.
Todo este tiempo a estádo presente sus ganas de gobernar, solo que no me di
cuenta, hasta ahora.

Llego a casa y así como salí, entro.


Corro escaleras arriba evadiendo las preguntas y llamados de mi madre.

Me encierro en mi habitación, envolviéndome en mis cobijas. Deseando borrar


todo recuerdo de Stefan Denavritz, mientras las lágrimas invaden mi cama
dejando una muestra clara de mi dolor.

378
Le di mi tiempo, mis anhelos y mi amor, ¿y así es como me corresponde? El
dolor que siento es inmensurable, es desgarrante, siento que me quema. Mi
corazón arde al recordar su frialdad, su desdén.
Fui solo una etapa de su vida, alguien quien jamás imagino en su futuro y duele
como nunca nada lo había hecho.

Creí en él, en sus palabras y sus promesas pero fui yo la única tonta que pensó
que todo esto era en serio. Me cegué por lo que sentía y ahora el precio que debo
pagar por ingenua se siente demasiado alto.

Fui una tonta al pensar que le importaba, pero por más que intente odiarlo, no
puedo. No sé en qué momento se desvaneció todo para él, pero sé que en algún
momento de estos meses a su lado, existió algo. Algo verdadero y es ese
recuerdo el que más me atormenta.

Está claro que si Stefan no aceptaba casarse con Lerentia para recibir la ayuda de
su ejército. El reino de Mishnock caería nuevamente bajo los pies del reino
Lacrontte y Stefan se quedaría sin nada, no tendría ninguna nación que gobernar,
nadie lo llamaría Rey y eso le asusta.

Él quiere tener el poder y si eso significa sacrificar lo que había entre nosotros ya
demostró que está dispuesto a hacerlo sin pensarlo dos veces.

379
Capítulo 33.
Mis ojos están hinchados a causa de mis infinitas lágrimas, no logré dormir en
toda la noche. El dolor es insoportable.

A media noche mi madre tocó a mi puerta, preocupada al escuchar los incesantes


jadeos de mi llanto. Fue reconfortante desahogarme con ella, su rostro se
ensombreció al escuchar todo lo que había vivido en el palacio y una tras otra
mis lágrimas brotaron sin poder reprimirlas.

Está mañana para mi todo es diferente. Siento que el mundo perdió color y mi
corazón algo de brillo. Sé que algún día voy a responderme del dolor que me
persigue pero ahora parece infinito y se torna insoportable.

Bajo a desayunar con poco apetito pero aún así estoy dispuestá hacer un esfuerzo.
Me siento en la mesa con la mente en otra parte. Puede escuchar mi respiración
lenta debido a mi bajo ánimo y sentir el corazón apretado que se hunde en mi
pecho.

Nadie dice una palabra mientras escarbo mi desayuno sin probar demasiado. El
silencio que han reservado para mí, no puedo deducir si es reconfortante o hace
mi dolor más grande.

Siento los ojos de mi padre posarse sobre mi y es fácil notar que ya lo sabe todo,
pero aún así me brinda el espacio que necesito.

Algunas lagrimas caen por mis mejillas como fantasmas regulares, aprieto mis
labios en un intento por mantener el llanto en mi interior.

- Buenos días pequeña. — Dice mi padre después de unos minutos.

- Buenos días papá. — Respondo, tratando de convencerme que si lo es.

380
- Todo pasa, aún cuando crees que no acabará y que no podrás salir de allí, un
día el dolor se esfumará. — Dice apretando mi mano sobre la mesa.

Quiero creerle y en el fondo puedo pensar que tiene razón, pero ese día del que
habla, lo siento tan lejano que solo espero sobreponerme para caminar todos las
horas que faltan hasta llegar a el.

Sonrío ante su consejo pero es inevitable que pequeñas lágrimas se asomen en


mis ojos, no solo por Stefan Denavritz si no por el amor de padre que me está
siendo transmitido en este momento.

Papá llega a mi, rodeándome en sus brazos para protegerme en un lugar seguro
cerca a su corazón. Hay abrazos que pueden unir pedazos y un ejemplo de ellos
son los de mi padre.

Después del fracaso del desayuno, me visto y arreglo sacando energía desde el
fondo de mi cuerpo, pues existe un lugar al que deseo ir con todas mis fuerzas.

Aún no quiero hablar con Rose, ella siempre ha estádo entusiasmada con la idea
del Príncipe Stefan Denavritz y justo hoy no quisiera escuchar su opinión sobre
lo que sucedió.

Valentine no sé donde está, a donde han sido enviados. Justamente hoy la extraño
más que nunca, espero que se encuentre bien donde quiera que este.
Me siento egoísta al llorar por un amor perdido cuando ella lo ha perdido todo,
desde su padre hasta su vida entera.

Salgo de casa para sorpresa de mis padres, quienes creían que me encerraría en
mi habitación todo el día.

381
Mientras camino calle arriba con dirección a la perfumería, veo el día de otro
color, mientras medito una y otra vez las palabras de papá para creerlas con
ganas.

Cuando visualizo mi objetivo siento mi corazón sonreír, tengo a alguien, un


amigo más que se que me ayudara a salir de está. Tengo a Willy.

Sus ojos siempre están alegres para todo el mundo, creo que jamás habrá un
corazón tan puro como el suyo.

Está de pie frente a la perfumería haciendo guardia como de costumbre. Sé que


aunque no tendremos mucho tiempo para hablar, escucharlo un par de minutos
será más que suficiente.

- Mi buena amiga, Emily. — Saluda sonriente.

- Mi buen amigo, Willy. — Correspondo a sus palabras.

- ¿Cómo has estádo?

- Bien. — Digo sin más.

Sé que nota que algo no está del todo correcto pero aún así, intenta seguir el hilo
de la conversación.

- Has leído el periódico el día de hoy. Las noticias son terribles.

Niego con un ligero movimiento de cabeza y de inmediato llama a uno de sus


compañeros que efectivamente trae el noticiario en sus manos.

Mis ojos viajan rápido entre las líneas del papel y todo lo que se anuncia es
desastroso.

Mencionan el atentado de ayer por la madrugada a manos del reino Lacrontte y


todas las consecuencias que tal asunto trajo consigo, pero aún peor para mi,
avisan al pueblo de la llegada de la princesa Lerentia
382
Wifantere al palacio y con ella los aires de ayuda se hacen presentes. No puedo
evitar que mi corazón se hunda más en la tristeza.

Ahora están juntos, compartiendo la casa real, ella será su esposa y yo solo me
quedaré siendo una niña ingenua que cReyó en una absurda historia de amor.

- ¿Pasa algo? — Pregunta Willy al verme absorta y perdida ante las


noticias.

- Stefan y yo no estámos juntos. — Digo con todo el valor que me queda.

- ¿Qué ha ocurrido? — Pregunta extrañado.

- Él simplemente no compartía el mismo sentimiento.

- Eso es imposible. Emily, realmente el príncipe te quiere.

- Pues el amor no le fue suficiente. Para él es más importante ser Rey.

- Explícate.

- Va a casarse. — Estás palabras hacen un nudo en mi garganta difícil de tragar.

Sus ojos se abren en sorpresa ante mi noticia.

- ¿Con esa tal princesa Lerentia?

- Si. — Respondo con el corazón ardiendo.

- Emily no imaginas cuánto lo lamento.

- ¿Por qué has de lamentarlo? no es tu culpa.

- Lamento no poder darle un buen golpe, me darían de baja y tengo una familia
que mantener — Explica riendo.

383
Su buen humor es contagioso y antes de darme cuenta estoy sonriendo junto a él.

- Creo que se los merece.

- Merece vivir sin ti, ese será su peor castigo. No hay que estár enamorado para
ver lo maravillosa que eres y lo mucho que vales y si él aún estándolo no pudo
notarlo, entonces mi buena amiga, no es el hombre para ti.

Las palabras de Willy, rebotan en mi pecho y mi mente, como un muro que me


ayuda a levantarme. ¿Qué haría en estos momentos si ese fatídico día del ataque
no lo hubiese conocido?

- ¿Quieres un abrazo? — Pregunta con cariño.

- Dos, por favor.

- Hasta tres o hasta que mis superiores me reprendan por descuidar mi trabajo.

- No quiero causarte problemas — Susurro.

- Descuida. En la vida hay prioridades y tú eres una de ellas.

Lo abrazo fuerte sintiendo el frío metal de su placa contra mi cuello.

- Que clase de amigo sería si no me meto en problemas por ti. — Dice sobre
mi cabeza.

- Eres el mejor amigo.

- Calma caballo, me harás llorar.

384
Y nuevamente ahí estába yo, sonriendo a causa de Willy Mernels, el
soldado de corazón de oro que merece más de lo que la vida pueda
ofrecerle.

Sé que Stefan se ha alejado de mí vida para siempre, su camino está cruzado


con otra mujer y no me queda otra opción que resignarme a seguir adelante
sin él, aún cuando pensar en ello me destroce el corazón.

••••

Los días siguen pasando desde que mi relación con Stefan terminó, los cuales se
me ha hecho eternos. Aún antes, cuando no lo viese sabía que estába ahí, que
incluso podría estár pensando en mi pero ahora ya no tengo nada.

Es el tiempo más largo que he pasado sin verlo, seria hipócrita de mi parte
decir que no lo pienso, pues la realidad es que todos los días lo extraño.

Hoy me encuentro en la perfumería pues ya mis tutorías han terminado. Aunque


la paz no ha tocado por completo mi corazón, intento poner todas mis energías
en vivir el día a día de la mejor manera.

Willy e incluso Rose me han ayudado con esto, he pasado todos los días junto a
ellos. Mi buen amigo Mernels se ha convertido en mi roca para sobrellevar está
situación.

Intento hacer muchas tareas a cada momento para no permitirle a mi mente


enfocarse en recuerdos dolorosos de mi antigua relación.

385
Gasto mi energía en cualquier cosa que pueda resultar entretenida, pero mi poca
estábilidad se ve interrumpida justo hoy, cuando un guardia del palacio atraviesa
las puertas de la perfumería.

Solo ver el color vino resplandeciente de su traje me acelera el corazón, trayendo


a mi mente todas las veces que los vi mientras recorría el palacio junto a Stefan.

Pido a la vida que no venga en mi búsqueda aunque en el fondo la esperanza de


que lo haga pelea contra mi raciocinio.

El hombre avanza hacia mí y trae consigo un sobre en la mano. Cada vez que
da un paso más cerca mis emociones se disparan y mi pulso vibra mientras
mi cuerpo tiembla.

- ¿Es usted la señorita Emily? — Pregunta cuando está frente a mí.

- Lo soy. — Digo tratando de guardar la compostura.

El guardia extiende el sobre y dudo en tomarlo, pero al final la curiosidad me


vence, así que a los pocos segundos ya lo tengo en mis manos.

Solo hay una palabra, una palabra que duele más que cualquiera que haya visto
jamás. Ni siquiera el rechazo de Stefan en el palacio fue tan doloroso como leer:

Sempiterno.

Seguidamente otro guardia se adentra con una caja Blanca en donde resalta
un encaje color dorado.

- ¿Quién lo envía? — Pregunta mi padre al verla.

- Es del palacio real, señor.

- Más exactamente. — Insiste.


386
Sé perfectamente que es un obsequio de Stefan y aunque no quiero escuchar la
respuestá, tengo toda mi atención ante las palabras del guardia.

- El príncipe.

Los ojos de papá se desvían en mi dirección y sé que espera a que diga algo, pero
a decir verdad no tengo palabras o fuerzas para alegar nada.

Los hombres se marchan dejando sobre la estántería el regalo que hoy aborrezco.

- Tírala, no quiero saber de qué sé trata. — Declaro con determinación.

Padre me observa en silencio mientras asiente ante mí pedido.


Lo veo alejarse con la caja hacia la parte trasera de la perfumería, sea lo que sea
que contenga no me interesa saberlo.

Miro la nota por minutos y minutos, sintiendo como el dolor abrasador me


recorre. La guardo en un pequeño estuche en un intento por no verla pero
tampoco soy capaz de tirarla o romperla.

••••

La visita de Liz por la tarde es totalmente inesperada, en su rostro trae un gesto


amargo que avisa que algo no anda bien.

- Mily, hay un anuncio en la plaza.

- ¿Y qué con eso? — Pregunto con hostilidad.

- Deberías saber de qué se trata

Tales palabras me confirman que mi hermana ya sabe que se anunciará y aunque


no quiero verlo por qué probablemente me convertiré en un

387
mar de lágrimas, si deseo saber que absurdo mensaje tienen está vez los
monarcas.

Salgo de la mano de Liz y me detengo justo en la acera del frente.

- ¿Puedes ir conmigo? — Pregunto a Willy, quien está haciendo guardia.

- Pronto es mi relevo, así que por qué no adelantarlo unos minutos.

Sonrío ante su gesto y aunque quizás pueda meterlo en problemas me siento más
segura con él a mi lado.

Al llegar a la plaza ya no corro en medio de la multitud para llegar hasta la


primera fila. Me conformo con quedarme atrás, y ver todo desde una distancia
considerable.

La marcha del Rey, anuncia que los monarcas se acercan y las puertas del balcón
son abiertas dejando sorprendidos a todos cuando solo aparecen Stefan, Lerentia
y Atelmoff.
Los micrófonos comienzan a resonar con la voz del príncipe.

- Pueblo de Mishnock.

Escuchar su voz después de todos estos días me causa un escalofrío al recordar


ese mismo sonido mientras me prometía tantas cosas.

- Es de urgencia informarles que mis padres han decidido abdicar,


dejando el trono en mis manos.

Los murmullos y exclamaciones de sorpresa no se hacen esperar ante tan


impactante anuncio del cual yo ya tenia conocimiento.

- La decisión ha sido tomada por los recientes ataques realizados en su contra y


por su seguridad han decidido alejarse del gobierno, pero por

388
ningún motivo pueden sentirse abandonados, el poder me ha sido cedido y
gobernare a favor de todos ustedes.

Es difícil no escuchar el orgullo en su voz al informar que se convertirá en Rey.


Es lo que siempre ha querido y ahora lo tiene de manera precoz, pero aun así
puedo sentir que esa no es la razón por la que Liz me trajo hasta aquí.

Atelmoff tiene una expresión impávida en su rostro, mientras Stefan recorre la


plaza con la mirada, sé que me está buscando, pero desde el lugar en el que estoy
es imposible que me encuentre.

Lo observo dudar mientras intenta continuar con su metódico discurso y a su


lado la princesa Lerentia sonríe con altivez al saber lo que se aproxima.

- El reino Cristeners nos a brindado su apoyo para la guerra y es un placer


para mi informar mi compromiso con la princesa Lerentia Wifantere.

La mano de mi hermana se posa en mi hombro mientras susurra un "Lo siento"


en medio de las grandes ovaciones, caras de asombro y aplausos que acompañan
el anuncio. Mi corazón se ahoga en la tormenta en la que se a convertido mi vida.

Aprieto el brazo de Willy quien de inmediato me rodea como si intentara


protegerme de la absurda realidad a la que estoy siendo sometida.

- Pueblo de Mishnock. — La voz de la princesa retumba en los micrófonos,


obligándome a devolver mi atención a su comunicado — Soy consciente que la
noticia es sorpresiva para todos, aún así puedo asegurar que cuando me convierta
en su Reina todo cambiará a favor de la nación.

389
Una fila de aplausos respaldan la promesa de la princesa, mientras yo solo intento
encontrar el valor para hacerle frente a está sarta de mentiras.

- Stefan y yo estámos felices de unirnos en matrimonio y así gobernar


Mishnock bajo la paz que mi reino está dispuesto a ayudar a construir.

- Espero ser el Rey que merecen y me esforzaré para que mi mandato marque un
nuevo hito en la historia de está nación. — Su pecho se levanta con orgullo,
mientras su sonrisa se ensancha ante la respuestá del público que lo alaba entre
júbilos y vítores.

Puedo sentir la arrogancia en su voz, la altivez en sus ojos. El Stefan que conocí
siempre estuvo cegado por el poder solo que el amor no le permitía revelarlo,
pero una vez que ese sentimiento a desaparecido se puede ver al hombre
soberbio y adicto que hay en su interior.

- Honor y gratitud. — Esas palabras terminan su comunicado.

Los gritos de las personas se imponen en el lugar. "Larga vida al príncipe


Stefan". Las voces se cuelgan en el aire llegando a cada uno de los asistentes que
aclaman a su futuro Rey.

Stefan sonríe y saluda eufórico ante el apoyo de su pueblo y es claro notar que ya
no me está buscando. Las ansias de poder lo hacen olvidarse de mí y estoy
dispuestá a hacer lo mismo con él.

No puedo soportar ver esa imagen un minuto más, no es ese el hombre que
conocí, ni del que me enamoré. Necesito alejarme de este nuevo Stefan de una
vez por todas y si no inicio ya, sé que acabaré lamentándome por muchas
semanas más y no pienso dedicarle otro día y mucho menos otra de mis
lágrimas.

390
- Sácame de aquí, por favor — Suplico a Willy, cuyo gesto comparte mi
dolor.

- Claro — Dice, llevándome lejos de la plaza.

Mientras camino a casa, alejándome apresuradamente de lo que un día significó


tanto para mí y a lo cual estába dispuestá a dedicarle mi futuro, puedo imaginar
el titular de los periódicos de mañana.

391
Capítulo 34.
Príncipe cambia perfumería por un reino poderoso.

El titular de hoy es otra de las humillación más grande de la que he sido


protagonista, al menos el desprecio de Stefan no fue público, por lo que para mi
la vergüenza ante esto es inmensa.

Estoy siendo arrastrada por está noticia amarillista que alega que la pequeña
plebeya de los perfumes a sido reemplaza por la princesa de Cristeners.

A decir verdad, no soy la única que está siendo ultrajada con los reportes del día de
hoy. Los Reyes han sido calificados como cobardes por huir dejando a la nación
en manos de su hijo y por supuesto se anuncia con flores y altavoces el nuevo
compromiso real que unirá los dos reinos para fortalecerlos como uno solo.

Por segundos quisiera desaparecer o borrar los últimos días o todos ellos.
Es frustrante resignarte y ver como fuiste engañada de la manera más vil.

Me siento estúpida por no tener el valor suficiente para arrancar el collar de mi


cuello. Ese objeto es solo una prueba más de sus mentiras, cuando me prometía
algo inmensurable y yo era tan ingenua de creer en sus palabras.

Intento acostumbrarme a que este tipo de eventos sucedan en mi vida, pero me


resulta imposible, jamás pensé que viviría estás cosas.

392
Todo este pensamiento se confirma cuando llegó a la perfumería pasada la
mañana y me sorprendo al encontrar todo el lugar lleno de flores.
Flores de cerezo, no es difícil adivinar de parte de quien han venido.

Paso por medio de todos los arreglos para resguardarme detrás del mostrador.
Papá observa mi travesía en silencio y puedo notar cuanto le molestá está
situación.

- Hay una carta para ti — Informa cuando me sitúo a su lado.

Veo el sobre blanco resplandecer sobre la vitrina principal. Aún está sellado, lo
cual un indicador de que papá no a violado mi privacidad.

Despliego el papel y un pequeño mensaje me hace temblar el corazón.

Cuando me convierta en Rey, no habrá sobre la tierra un monarca más estúpido


que yo, por dejarte ir.

¿A qué viene esto ahora? Me dejó muy claro que jamás pensó en un futuro
conmigo. Justo ayer estába anunciando su compromiso y ahora me escribe está
tontería.

Duele, por que creí en él ciegamente, en realidad pensé que algo grande había
entre nosotros y ahora todo estálló en mi rostro como la fantasía que en un
principio temí que fuera.

Rompo su nota al instante, dejando que los pedazos se esparzan por el suelo, al
igual que mi furia.

Stefan es un hipócrita que intenta llegar a mi con palabras vacías como lo hizo
antes, piensa que con montones de flores y mensajes de arrepentimiento lograra
remover mi corazón herido, pero no pienso darle ese gusto. Él debe salir de mi
sistema.

393
Intento pasar mi día lo más tranquila posible, pero es inevitable no ver todas
las flores que me rodean y recordar mi fiestá de cumpleaños. El último día
feliz que tuvimos.

Mientras más intento concentrarme en algo que no sea Stefan, parece que él más
se encarga de recordarme su existencia, pues al cabo de un rato un nuevo guardia
entra al local con un nuevo ramo vistoso.

- Esto es una perfumería, no una floristería. — Brama papá enojado.

- Lo siento señor, solo cumplimos ordenes.

- Comuníquele al príncipe que no quiero nada de su parte. — Levanto la voz


con valentía.

Estoy decidida a dejar a Stefan en mi pasado. Él hizo su elección y yo no estuve


como opción en su futuro, así que tampoco le dedicaré ni un minutos más de mi
presente.

- Como ordene, señorita, pero una última cosa debe ser entregada. — Dice
el guardia extendiendo una papel hacia mí.

- Ahora esto se ha convertido en una oficina de correos también. — Musita mi


padre, iracundo.

El hombre se despide en un reverencia y sale apresurado tras las


reprimendas de papá, mientras yo vuelvo a leer una vez más sus
mensajes.

Permíteme explicarte todo. Te espero en el bosque Ewan está noche. Stefan

Denavritz.

394
¿Acaso esto es una broma? No sé que le pasa por la cabeza a Stefan. No hay nada
que pueda decir que justifique el daño, el engaño, la traición y humillación que
me hizo sentir.

La princesa Lerentia está con él, en el palacio. ¿No le es suficiente con eso? Ella
fue su elección junto con el poder y como el Rey Silas lo dijo, yo ya no formo
parte de esa ecuación.
Si de verdad cree que voy a ir está noche a verlo como una niña que obedece
todas sus órdenes, está completamente errado.

••••

Mientras pasan las horas la ansiedad llena mi cuerpo. Tengo claro que no voy a
verlo pero aún así no puedo dejar de pensar en él.

Voy a casa mientras la noche corre y no puedo evitar pensar que Stefan está
esperándome en el bosque. Podría esperar a que todos se durmieran e ir a
escuchar sus absurdas excusas, pero entre más lo pienso y me debato en ello, más
me convenzo que no tengo nada que hacer allá.

Después de cenar, subo a mi habitación y siento pasos que viene tras de mí,
intento ignorarlos caminando rápido para encerrarme en mi alcoba.
Una vez que cierro la puerta está es golpeada con suavidad.

- ¿Puedo pasar? — Pregunta mamá desde el otro lado.

- Claro, para ti siempre estárá abierta.

Cuando se adentra, se sienta en la cama junto a mi. Sus ojos de madre me indican
que odia verme en este estádo de inercia.

- Hija — Dice con dulzura — Tu padre y yo hemos estádo pensando en toda está
situación y creemos que sería bueno para ti visitar otros lugares.

395
- Lejos de Stefan — Afirmo con un asentamiento de cabeza.

- Si, los periódicos no van a parar de comentar lo sucedido y no


queremos que tu estádo emocional siga empeorando.

- Estoy bien — Miento para convencerla.

- Soy tu madre, te conozco y sé que no lo estás.

- Pero voy a estárlo, lo prometo.

- Eres una jovencita fuerte, pero un retiro no le hace mal a nadie.

- ¿A dónde me iría, exactamente?

- Tu abuela Clarise, estáría encantada de recibirte.

Viajar hasta casa de mi abuela paterna, no suena como una mala opción. Tengo
mucho tiempo sin verla y reside en un pueblo pequeño, sé que hasta allá no
llegaría ninguna noticia amarillista. Es claro que mis padres pensaron en todos los
detalles.

- ¿Cuando viajaría?

- La próxima semana. Debemos primero enviarle una carta informándole de tu


viaje asi ella podrá preparar todo para recibirte.

- ¿Cuanto tiempo durará este retiro?

- El tiempo que necesites para sanar.

Suspiro resignada al darme cuenta que es la mejor y única opción que tengo.

- De acuerdo, la siguiente semana me iré de Palkareth.

396
Esas palabras suenan fuerte en mi cabeza. No lo veré más y espero que a mi
regreso ya mi corazón esté curado y haya podido olvidarlo.

No será fácil pero no es imposible; estár lejos me hará bien, ya no tendré que
recibir sus notas y flores, tampoco asistir a otro anuncio real que haga más
profundas mis heridas.

Me duermo pensando en los nuevos días que me esperan, sin saber que el destino
ya tenía algo preparado para mí.

397
Capítulo 35.
La mañana ha estádo fría y el cielo nublado, Palkareth parece una ciudad
fantasma. Las nubes amenazan con una lluvia torrencial dentro de pocas horas y
yo sigo conviviendo con la tormenta en mi interior.

No puedo deducir si me arrepiento o no, por no haber asistido a la cita que Stefan
me había puesto, pero ya de nada sirve, lo que sea que iba a decirme, se tuvo que
haber perdió en su garganta al ver mi ausencia. La perfumería a abierto sus
puertas y solo bastó con poner la llave en la cerradura para que el lugar fuese
irrumpido por la figura despeinada, ojerosa y agotada de Stefan Denavritz.

Mi corazón golpetea en mi pecho frenéticamente al verlo de pie, frente a mi, con


evidente enojo en su sistema.

Los botones superiores de su camisa están desabrochados, sus impecables


pantalones oscuros ahora están arrugados. Si no fuera por la furia que se asoma
en sus ojos, podría apostar que su mirada ha sido apagada.

Él respira rápido, evidenciando su enojo. Su pecho sube y baja de manera


agitada y yo me quedo sin aliento, impávida al verlo.

Un escalofrío recorre mi cuerpo, estoy estática sin poner decir una palabra, no
puedo descifrar si es miedo, rabia o asombro lo que me tiene presa, pero el
sentimiento que se adueña de mi, no es nada agradable.

Me mira por un par de segundos, como si tratara de grabarse mi rostro o al menos


recordarlo.

- Te esperé en el bosque Ewan hasta el alba, como un imbécil porque no


apareciste — Escupe iracundo.
398
¿Cómo se atreve a reclamarle algo? Fue él quien acabó lo nuestro, no tiene
ningún derecho a estár ofendido por mi ausencia ayer en la noche.

- No tenia nada que hacer allá — Respondo desafiante.

- Estába yo, teníamos que hablar.

- No hay nada de lo que quiera hablar contigo — Esas palabras parecen un


intento de convencerme a mí misma de que es cierto.

- Escúchame Emily, es lo único que pido.

- Aléjate de mí — Pido con el corazón en pedazos.

- ¡No! — Grita frustrado.

- Retráctate entonces. Al menos una disculpa.

- No puedo — Dice abatido.

Su negación me atraviesa como un puñal en llamas, ¿Es tan difícil para él


disculparse por el daño que me causó?

- Entonces lárgate de aquí.

- ¡Emily! — Llama mi padre preocupado al ver cómo estoy tratando a un


monarca, una falta de respeto como está podría llevarme a prisión o incluso a
la muerte.

- Me tratas así porque sabes que me tienes en tus manos — Dice


sonriendo con ironía.

- Solo vete, Stefan.

Su mirada recorre cada lugar de la perfumería, donde las flores empiezan a


marchitarse y cuando sus ojos me encuentran nuevamente

399
veo la ira inundando su interior. Este no es el hombre que conocí, lo que está
delante de mí es un ser lleno de maldad.

- Te juro una cosa Emily Malhore, voy a tenerte a mi lado, así tenga que
destruir todo este maldito reino.

Me da la espalda para alejarse con severidad, pero antes de salir las puertas de
la perfumería se abren dejando entrar a un alegre Willy cuya sonrisa se borra al
chocar con Stefan de frente. Mi buen soldado trae flores en las manos, justo
eso tenía que traer, justo hoy. La mirada del ahora lejano príncipe se posa en el
detalle de Willy y puedo sentir como la ira comenzar a hervir en su interior,
pero sé que no dirá nada, su educación no se lo permite. Siente celos y su
postura corporal lo delata. Sus músculos se tensan, sus manos se empuñan, su
cabeza se
levanta con altivez en un intento por parecer intimidante, pero Mernels no se
inmuta, en cambio sostiene la mirada de Stefan hasta que el pasa por su lado
chocando con su hombro en una rabieta de hombre herido. Se va sin mirar atrás.
La firmeza de sus pasos reflejan su ira y frustración interna. Dejo escapar el aire
de mis pulmones que no sabía que tenía retenido, cuando la figura del príncipe se
esfuma en la calle, dejando una sensación extraña dentro de mi. Jamás había visto
está parte de la personalidad de Stefan y las lágrimas empiezan a recorrer mis
mejillas mientras mi padre corre a abrazarme.

- ¿Qué ha sucedido, Emily? — Pregunta Willy ante la escena.

- ¿Acaba de amenazarme? — Pregunto a nadie en realidad.

No puedo creer las palabras que han salido de su boca. ¿Quién es está persona?
Su semblante me asusta, el malévolo tono de su voz es algo que jamás había
escuchado.

400
- Está fuera de control — Musita papá.

- ¿Te ha hecho algo, Emily? — Brama mi amigo preocupado.

- No, él no sería capaz de tanto — Confieso, pero ahora no estoy segura de que
eso sea cierto.

- Lo mejor es que te vayas cuanto antes hija.

- ¿A donde irás? — Pregunta confundido Willy.

- Mis padres creen que lo mejor es que deje Palkareth por un tiempo y ahora
pienso que es lo correcto.

- ¿Cuando?, dentro de un mes tendré unas pequeñas vacaciones, podría ir a


visitarte.

- Eso sería magnífico.

- Sabes que cuentas conmigo, ¿cierto?

Asiento aún aturdida por la escena que acabo de vivir. Siento la mirada perdida,
mientras que en mi cuerpo se a cargado de una energía no grata, casi macabra.
Esto no está bien, él no está bien y yo tampoco.

- ¿Quieres salir de aquí? — Pregunta al ver mi estádo.

- Por favor.

Me lleva calle arriba sin decirme a dónde vamos, no puedo evitar recordar
mis caminatas junto a Stefan hacia el bosque Ewan.

Mientras más avanzamos siento las miradas de algunas personas que con
seguridad me habrán visto en los periódicos. Además es seguro que hayan
presenciado la marcha de regreso a casa del príncipe. Su futuro Rey andando sin
corona, despeinado y sin carruaje. Poco monárquico y

401
palaciego. Puedo deducir lo que están pensando, pero no estoy dispuestá a
dejarme afectar por ello. Antes de darme cuenta estámos en el parque Atark,
pero no nos detenemos aquí, atravesamos toda su inmensidad hasta...

- ¿Esto es un refugio? — Bramo confundida.

- Exactamente. Cuando no se utilizan, son los lugares más tranquilos de toda


Palkareth.

- ¿Podemos estár aquí?

- Si no estámos bajo ataque, no. Pero ser soldado tiene sus beneficios. Me

toma de la mano llevándome hasta la entrada del modesto edificio.

- Soldado Mernels, vengo hacer una inspección de rutina y ella es mi


colaboradora — Informa al hombre que custodia la puerta.

El hombre que custodia me mira, dudando del cargo que me ha puesto Willy,
pero luego de unos instantes se resigna y se mueve hacia un lado para permitirnos
pasar. Una vez que nos dan paso, avanzamos hasta el interior del refugio,
mientras Willy me guía escaleras arriba.
Estándo allí nos adentramos por una ventana que conduce al...
¿tejado?

- ¿Qué hacemos en el techo?, no voy a subir — Declaro con


determinación.

- No seas cobarde, no vas a caer.

- ¿Ya lo has hecho?

- En varias ocasiones. Estás junto a un experto.

- ¿Es seguro estár aquí?


402
- No, pero que clase de amigo sería si no te invitara a hacer cosas
peligrosas.

Sonrío, aferrándome a su mano, temerosa de resbalar y caer por la canaleta.

Tomamos asiento sobre el tejado, admirando el paisaje que nos regala el


horizonte. El rostro de Willy resplandece con el sol de la mañana, haciendo sus
ojos miel más llamativos.

- ¿Willy, no tenias guardia el día de hoy?

- Por supuesto que sí — Dice riendo.

- ¿Entonces, qué hacemos aquí?

- Estábas a punto de quebrarte, Emily. No iba a permitir que mi buena amiga


tuviera un mal día.

- Me vas a hacer llorar.

- Espero que no lo hagas, por qué la idea de todo esto es causar el efecto
contrario. Así que sonríe caballo y has que el regaño que obtendré valga la pena.

Sus acciones son demasiado dulces para caber dentro de su corazón. Aunque he
recibido algunos golpes de la vida y me han quitado algunas personas
importantes para mi como Valentine, sé que el destino me está recompensando
con el gran hombre que es Willy Mernels.

403
Capítulo 36.
Estoy en casa cuando los golpes en la puerta interrumpen mi desayuno, son
fuertes y acelerados.

- ¡Un momento! — Grito, mientras me dirijo a abrir.

El llamado no cesa hasta que con algo de enojo abro la puerta. Al otro
lado se encuentra Willy, sonriente en su traje de soldado.

- Emily, a que no adivinas la buena nueva.

- Al parecer no, dime. — Digo ansiosa.

- Está mañana me han llamado de la base militar y me he llevado la sorpresa


del siglo al ser notificado — Ríe como si aún no cReyera lo que está a punto
de decirme — Emily, he sido ascendido a capitán. ¿Puedes creerlo?

El mundo se cae a mis pies. Claro que puedo creerlo, esto a sido obra de Stefan,
es algo evidente que a causa de sus celos de ayer, haya hecho esto.

Ningún soldado después de solo dos años en el ejército va a ser ascendido de un


día para otro, sin que una arma poderosa intervenga, en este caso el futuro Rey de
Mishnock.

Mi corazón empieza a latir rápido, sé que él sabe lo que eso significa pero al
parecer aún no lo ha visionado por completo. Willy será enviado a la guerra.

- ¡Dios! — Suspiro asustada — ¿Aceptaste?

- Como no hacerlo. Voy a comandar mi propia tropa.

404
- Pero irás a la guerra.

- Lo sé. Pero también mi sueldo será aumentado, podré mantener a mi familia.

- Willy, no. — Digo con claro temor en mi voz.

- Ya acepté el cargo y no puedo retractarme, es un gran honor. Lo


lamento.

No quiero perder a mi amigo, no quiero que la guerra me lo arrebate. Las cosas


con el reino Lacrontte son delicadas y aún nuestro ejército no es lo
suficientemente grande y fuerte para enfrentarlo. Las tropas del reino Cristeners
que vendrán para nuestra ayuda aún no han llegado y Willy será enviado a una
zona de guerra a punto de explotar violentamente.
Nada bueno puede salir de ello.

- ¿Cuando te vas?

- Mañana por la tarde.

- ¿Tan pronto? — La agonía es evidente en mi.

- Me necesitan de inmediato.

- No vayas, por favor. — Pido, mientras las lágrimas amenazan mis ojos.

- Calma caballo, voy a estár bien. — Dice abrazándome.

Es tan inocente que ofende. ¿Cómo cree que va a estár bien al frente de la guerra?
Parece que aún no asimila que el ejercito más grande, comandado por el Rey más
despiadado está pisando nuestros pies.

Me aferro a la solapa de su chaqueta, esperando borrar los últimos minutos.


405
- Quiero que vayas a mi casa, mañana temprano. Deseo que conozcas a mi madre
y hermanas.

- Está bien. — Acepto derrotada — Allá te veo.

- ¿Prometes no llorar más? — Dice secando mis lágrimas.

- Lo prometo.

- Debes alegrarte por las decisiones de tú tonto amigo.

- Pero está es una mala decisión.

- ¿Qué clase de amigo sería si no tomo malas decisiones?

- ¿Qué clase de amiga sería si no te hago ver cuando estás


equivocado?

Sonríe y sus ojos brillan con dulzura.

- Te quiero, Emily. Nunca lo olvides. — Dice apretando mis hombros.

- Yo también te quiero, caballo. — Musito, recordando como suele


llamarme.

Aunque estoy inmensamente triste, también estoy llena de ira y sé que en este
preciso instante tengo un asunto que resolver. No voy a permitir que Mernels sea
enviado a la guerra solo por capricho de Stefan.

- Willy, debo hacer algo ahora. Nos vemos mañana. — Informo con
determinación.

- Está bien — Dice extrañado — No olvides la cita en mi casa.

Una vez que se ha marchado, salgo de casa a una velocidad imparable. El camino
se me hace inmenso y a medida que avanzo mis pulmones me

406
exigen oxígeno haciéndome respirar con dificultad, pero no me detengo hasta que
me encuentro a puertas del palacio.

Llego cansada, con las gotas de sudor recorriendo mi frente. Me inclino


sosteniéndome en mis piernas en un intento por recuperar el aliento perdido y
una vez que he logrado estábilizarlo, voy directo a abrirme paso a la sala
central y para mi sorpresa, soy detenida por lo guardias que custodian la
entrada antes de poder ingresar.

- ¿Tiene una invitación señorita? — Pide uno de ellos.

- No, pero me es urgente ver al príncipe.

¿Acaso cambió a toda la seguridad, que ninguno me reconoce?

- Por favor, permítanme el paso — Pido a punto de perder el control.

- Sin una autorización previa, no la pueda dejar pasar.

- Solo me tomará unos minutos.

- Son órdenes, señorita y debo cumplirlas — Reitera.

- Lo sé y lo entiendo pero en serio necesito ingresar. — Digo, con el poco


autocontrol que me queda.

- Lo mejor es que se retire — Declara en guardia al ver mi actitud.

- Déjame entrar ahora mismo — Grito despertada ante la negativa del


hombre.

- Si no se tranquiliza, será arrestáda.

- Necesito entrar de una buena vez — Continuo iracunda.

407
Uno de ellos me toma del brazo izquierdo en un afán por sacarme del lugar,
me niego a ceder y forcejeó con todas mis fuerzas en un intento inútil de
permanecer y luchar por la libertad de mi amigo.

- Su Alteza real no estárá complacido de escuchar que no le permitían el paso a


la señorita Malhore — La figura de Atelmoff aparece detrás de los guardias y
yo respiro aliviada de verlo — A ella no se le niega nada en este palacio.

- Disculpe señor, pero no teníamos conocimiento de esa información.

- Pues ya la tienen. — Replica con altivez.

Ante aquellas palabras, los guardias se hacen a un lado, permitiéndome el paso


que me habían negado fervorosamente.

- Gracias, Atelmoff. — Mascullo cuando ya estoy dentro de las


inmediaciones del palacio.

- Es lo mínimo que te debo.

- Necesito hablar con Stefan. — Pido con impaciencia.

- Creo que él lo necesita más. Ha estádo insoportable estos últimos días, su


humor ha cambiado drásticamente.

- Pues se pondrá peor después de hoy.

- Querida cuidado con lo que haces. Stefan parece no ser el mismo que antes.

- No me importa. — Afirmo, aún cuando en el fondo sé que no es así.

- Ni siquiera yo lo reconozco y he estádo con él, a lo largo de tantos años.

408
- Solo dime donde está, por favor.

- La sala del trono.

Camino a paso largo hasta el lugar indicado con la sangre hirviendo en mi


sistema. Cuando llegó a la sala, entro sin llamar a la puerta.

Él se encuentra de pie junto a algunos asesores. Quienes inmediatamente son


despachados cuando me ve.

- ¡Emily! — Sonríe como si no pudiese creer que estoy aquí.

- ¿Stefan por qué has hecho esto? — Pregunto sin rodeos.

- ¿Hacer qué? — Cuestionada haciéndose el desentendido.

- Sabes de lo que hablo.

- Cielo, no tengo idea.

- ¡No me llames cielo! — Grito enojada.

- Explícate, entonces. — Pide con calma.

- Has enviado a Willy a la guerra.

- Yo no lo he enviado. — Dice acercándose a mi.

- Tú lo has ascendido a capitán por ende se irá y es algo que ya sabías.

- Así funcionan las cosas aquí. — Afirma con un encogimiento de


hombros.

- Eres cruel — Escupo con furia — Yo lo quiero Stefan.

Su rostro cambia de inmediato al escuchar mi declaración, siempre ha sentido


celos de Willy y no encontró una mejor manera para separarlo de mi, que
enviarlo a un campo de batalla.

409
- No puedes quererlo Emily, no me puedes hacer esto. — Pasa sus manos por su
cabeza, como pretendiendo arrancarse el cabello en desesperación.

- ¿En qué estás pensando?, solamente es mi amigo. — Le aclaro y no


entiendo el por qué.

- Lo sé, créeme que lo sé. Pero me hierve la sangre Emily, yo te amo. — Grita
exasperado.

- No lo demostraste cuando era el momento.

- Lo lamento, no imaginas cuanto.

- Ya es tarde, no quiero saber nada de ti. — Bramo con el corazón


ardiendo.

- Emily, no digas eso. Podemos hablar, solucionarlo. — La tristeza que le


causan mis palabras es evidente en sus ojos.

- ¿Solucionar qué, Stefan? Ya le comunicaste a toda Mishnock que ibas a


casarte. Me dejaste claro que jamás pensaste en un futuro conmigo, me
humillaste, vas a enviar a mi amigo a la guerra.

- No entenderías mis razones.

- Claro que las entiendo, estás enfermo de poder, eso es lo que pasa.

- Dame tiempo para arreglar las cosas.

- No hay tiempo para nosotros. Lo único que te pido es que dejes a Willy fuera
de esto.

- Solo viniste por tu soldadito, ¿cierto?

410
- Si, es la única razón por la que vendría a verte. — Afirmo con la intención de
herirlo, al menos la mitad de lo que él me ha herido a mí y sé que lo he
conseguido.

- Pues ruega para que le vaya bien en la guerra, por qué no voy a mover un dedo
para ayudarlo.

Es tan cruel que es imposible creerlo. Su rostro ya no demuestra la ternura que


antes expresaba. Sé que está ocultando el dolor con la ira y así mismo me está
arrastrando junto a él.

- ¿Qué pretendes hacer?

- Yo, nada. No me ensuciaría las manos con tu soldado.

No puedo creer que Stefan se haya convertido en esto. Es una persona sin
sentimientos. Ya no es dulce o comprensivo, ahora solo hay maldad en su
corazón y me duele saber lo engañada que estuve todo este tiempo.

- Algún día vas a arrepentirte de haber hecho esto y será demasiado tarde.

- Me lo pensaré en su momento. — Dice con frialdad.

Su actitud me rompe el corazón y odio con el alma no poder reprimir el efecto de


sus palabras. Las lágrimas caen por mis mejillas, demostrándole que ha ganado
otra batalla.

- Emily. — Dice tomando mi mano con rapidez.

- No me toques — Grito con furia.

- Está bien. — Retrocede levantado sus manos en señal de rendición — Pero


no llores, por favor.

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- Sabes como me sentí, al ver cómo era tan fácil para ti sacarme de tu vida. —
Susurro, mientras las lágrimas empañan mi vista.

- No te he sacado de mi vida.

- No mientas, Stefan.

- ¿Quién dice que lo hago?

- Es más que evidente. Vas a casarte y no es conmigo. — Confieso,


sintiéndome patética.

No estoy preparada para una boda pero al menos esperaba que en un futuro fuese
con él.

- Solo dame tiempo, por favor. — Su mirada se torna comprensiva.

- No hay tiempo. — Digo entre dientes, desbordado mi enojo.

- Lo hay, créeme — Pide, acercándose nuevamente.

- No habrá nada mientras para ti sea más importante ser Rey.

- ¿Qué tiene que ver eso?

- ¿En serio hiciste esa pregunta? Stefan esto es lo único que quieres — Digo,
señalando las sillas del trono.

- Eso no es cierto. — Brama con creciente frustración.

- Lo es, solo soy tu segunda opción.

- No, tú ni siquiera eres una opción.

Mi corazón se detiene y mi respiración se corta ante sus palabras. No creí que


Stefan pudiera hacerme más daño pero ahora me doy cuenta que todo es posible.

412
- Eso no fue lo que quise decir. — Agrega con rapidez.

- No te preocupes, ya me lo has dejado claro. — Digo, limpiando mis


lágrimas.

Su mirada se torna arrepentida, está angustiado, mientras observa las


consecuencias de sus palabras.

Sé que odia verme llorar pero en este momento no me importa lo que le guste o
no. Solo quiero alejarme de este hombre para siempre, aún si mi corazón se niega
a aceptarlo.

Me doy media vuelta y empiezo a caminar, con la idea clara en mi mente.


Necesito estár lejos de Stefan Denavritz.

Lo escucho llamarme miles de veces con la voz quebrada, siento sus pisadas a mi
espalda, pero nuevamente no me detengo y corro antes de que pueda alcanzarme,
dejando pequeñas partes de mi corazón en el camino.

413
Capítulo 37.
Intente no llorar toda la noche, me negué a hacerlo, pero no pude contener el
dolor y me desahogue por algunas horas hasta que sentí que fue suficiente, pues
en el fondo sé que Stefan no merece que me torture o pase la noche en pena,
dándole a mi cabeza espacio para pensar en todo lo que sucedió.
Tengo que levantarme y empezar otra vez, lejos de él y de los recuerdos.

Aún tengo muchas cosas que resolver y no pierdo la esperanza de poder ayudar a
Willy, por lo que muy temprano en la mañana salgo en dirección a casa de mi
hermana Liz con un único objetivo. Hablar con Daniel.

Él es mi última posibilidad para salvar a Willy del destino que le preparo


Stefan y estoy dispuestá a agotar todos mis recursos.

Al llegar lo encuentro uniformado y comiendo el final de su desayuno. Sonríe


al verme, pero hoy no tengo muchas ganas de regalar un buen gesto.

- Hola, Daniel. — Saludo por educación.

- ¡Emily, grata sorpresa!, Liz bajará pronto está terminado de arreglarse. —


Informa educadamente.

- No he venido a ver a mi hermana.

- ¿Entonces? — Pregunta confundido.

- Willy será enviado a la guerra y por favor debes ayudarme a que eso no suceda,
tú eres coronel podrás hacer algo — Suelto sin más.

414
- Eso escuche, ahora será capitán y ayudará a los recién llegados del reino
Cristeners.

- Creo que no me entendiste, Daniel. Lo diré desde el principio,


nuevamente.

- Sé a lo que te refieres, todo esto a sido obra de Stefan, de eso ya estoy enterado.

- Y ¿no piensas hacer nada? Es injusto, lo hizo solo por capricho.

- No puedo hacer nada Emily. La nación está en sus manos.

- ¿Vas a dejar que cometan tal injusticia? Pensé que Willy era tu amigo.

- No, Willy era mi subalterno.

- Entonces por lo visto tu amistad con Stefan es más importante.

- Parece que no entiendes Emily. Stefan es el príncipe y los Reyes han dejado
su cargo, él se ha convertido en la suprema autoridad de Mishnock, si me
pide que corra y me lance al mar, debo obedecerle.

- ¡Por Dios! — Digo sin creer lo que estoy escuchando, aunque el fondo sé que
tiene razón. — Entonces no hay salida para Willy.

- Lo lamento pero debe ir a la guerra.

Decepcionada, me doy cuenta que no hay nada que pueda hacer, el único que
puede revertir esto es Stefan y ya acudí a él, pero lo último que hará será ayudar a
mi amigo.

La impotencia me llena el cuerpo, por que sé que se aprovechan de su inocencia,


de su necesidad. Está siendo enviado a la guerra sin respaldo, es prácticamente un
suicidio.

415
Salgo de allí con el alma en las manos y ruego por el camino que ocurra un
milagro, que pueda salvarlo de su destino.

Pero entonces cuando llegó a mi hogar, Willy ya me espera en la sala vestido de


civil para llevarme a su casa.
Su cabello despeinado le da un aire fresco y su camisa azul lo hace lucir más
juvenil a diferencia de su uniforme.

Caminamos como si la tormenta no se estuviese aproximando a nosotros, como


si el tiempo no se nos estuviese agotado. Lo observo todo el camino detallando
cada parte él, aferrándome a su presencia.

La casa de Willy es bastante humilde, no hay muchos artilugios y los muebles se


ven gastados, la pintura ha sido afectada por la humedad y algunas partes han
caído a pedazos.

Su madre es una mujer robusta llamada Lotaria de cabello corto claro y sus 3
hermanas menores dan un claro ejemplo de por qué él es el responsable de la
familia.
Es el hijo mayor y en está sociedad debate mucho el hecho de que es el hombre
de la casa.

- Bienvenida, Emily. Es un placer por fin conocerte. — Dice su madre.

- El gusto es todo mío — Sonrío ante su amabilidad — Su hijo es de las


mejores cosas que me han pasado.

- Créeme... A mí también — Dice en suspiro.

Las hermanas de Willy revolotean por todo el recinto y puedo deducir que las
edades de las chicas Mernels varían entre los 12 y 15 años. Todas lucen alegres
con sus vestidos sencillos y el trenzado en su cabello.

416
Mientras pasamos al comedor puedo notar como se esmeraron en hacer lucir su
hogar pulcro. Flores recién cortadas descansan en jarrones que es evidente no
han sido usados en muchos años y las cortinas cuentan con algunos remiendos,
pero a pesar de eso, todo luce impecable. Es un hogar acogedor y si algo falta
puedo apostar que no es el amor.

- Eres la mejor amiga de mi hermano, ¿cierto? — Pregunta la menor de las


jóvenes.

- Así es — Respondo con orgullo ante el título, mientras tomo asiento.

- Él habla mucho de ti.

- ¿Ah sí?, ¿Y que dice? — Pregunto con curiosidad.

- Cuidado con lo que sale de esas bocas — Amenaza Willy.

- Ciara — Dice la mayor dirigiéndose a su hermana — Ella es lo novia del


príncipe Stefan.

Los ojos de la pequeña se abren en evidente asombro y un jadeo de sorpresa sale


de sus labios.

- ¡Eres tú la de los periódicos!

Este tema ahora no me resulta tan atractivo y quisiera dejarlo fuera de la lista
para posibles conversaciones.

- Déjala en paz, Ciara. — Intervine Willy, salvándome de la incómoda


situación.

En el transcurso de la cena me enteró que el padre de mi buen amigo, se llama


Herman y los abandonó cuando Willy apenas tenía 9 años. Su madre ha luchado
para sostener la familia pero ahora toda esa

417
responsabilidad recae sobre Willy, debido a que la señora Mernels está
demasiado mayor para trabajar.

- El ejército de Cristeners ya arribó a la base militar, tuve la oportunidad de


verlos ayer en su uniforme verde — Menciona Willy con tranquilidad.

Puedo ver la tensión en el cuerpo de su madre al escuchar algo referente a la


guerra y me doy cuenta que no soy la única en desacuerdo con el nuevo cargo de
su hijo.

Cuando la comida acaba, Willy me lleva hasta el patio de la casa con aquella
sonrisa que no ha desaparecido de su rostro ni un segundo. Se detiene a mitad
del camino y se gira a encararme mirándome con timidez.

- Cuando fue tu cumpleaños no te di un obsequio, por ello hoy quiero darte algo
simbólico para que me recuerdes mientras este en la guerra y pienses en tu buen
amigo Willy Mernels.

Extiende su mano hacia mí, dejando al descubierto la placa que lo acreditaba


como soldado en la cual su nombre reluce grabada en el platino.

- Muchas gracias. — Digo con toda la sinceridad de mi corazón.

- Tú me has hecho conocer uno de los mejores amores. El de la


amistad.

- No hables como si te estuvieses despidiendo.

- En realidad si es una despedida — Dice sonriendo.

- Sabes a lo que me refiero. — Replico frustrada.

- Lo sé, caballo. Te prometo que nos volveremos a ver.

418
- ¿Vas a escribirme?

- Voy a escribirte cada vez que pueda. Palabra de honor.

Me lanzo en sus brazos, apretando fuerte en mi mano su placa de soldado.


El miedo me invade a cada segundo que sé que estoy más cerca de tenerlo lejos.

Me voy a casa con el corazón en la mano, deseando que todo esto sea un mal
sueño del que despertaré en la mañana.

Al momento de cruzar las puertas, encuentro a mi familia reunida en la sala, me


observan al entrar pero todos guardan silencio, excepto papá.

- Hay correspondencia para ti. — Avisa con preocupación.

Me acerco con repentina cautela y efectivamente un papel con el sello real


descansa sobre la mesa. Lo tomo con temor de descubrir su contenido y una vez
más el príncipe vuelve a sorprenderme con sus palabras.

He pensado en lo mucho que quiero tenerte cerca.

Stefan Denavritz.

Así nada más, unas simples líneas sin sentido para mí. ¿Qué intenta decirme
con eso?
Claramente sé, que hay una trasfondo en sus palabras, nada con él tan sencillo
de interpretar. Solo espero que cualquiera que sea su intención no afecte
nuevamente a mi corazón.

419
Capítulo 38.
Estoy en casa, pasando mi día junto a Mia y Rose, la verdad llevaba algún
tiempo sin estár con ellas y todo para mi está resultando como en los viejos
tiempos, a pesar del atisbo de dolor que aún está presente en mi corazón.

Estár con ellas es reconfortante y sin importar la tormenta que crece diariamente
dentro de mí, estoy convencida que algún día podré volver a sentir paz.

Willy ya ha partido y ahora está marchando hacia la guerra. Ruego para que esto
acabe pronto y pueda regresar a los brazos de su madre sano y salvo.
Todas mis fuerzas están con él. Prometió escribirme y a pesar de mis decepciones
con las promesas, yo creo en su palabra.

Un llamado en la puerta de enfrente nos sobresalta a las tres.


Corro hacia la entrada, en donde reposa la señora Lopoders. Mi vecina.

- Niñas es importante que salgan ahora y por favor llama a tu madre. — Dice
apresuradamente.

Voy escaleras arriba en busca de mamá con la preocupación a flor de piel. ¿Para
qué la necesita con tanta urgencia?

Al momento de encontrarla, no me tomo el tiempo de mediar palabra solo la llevo


hacia afuera con rapidez y cuando por fin salimos de casa, nos encontramos con
la sorpresa de que un montón de personas están aglomeradas en nuestra calle.

Guardias del palacio están por doquier, mientras uno de ellos resalta sobre un
escenario improvisado con un papel en la mano.
420
- Pueblo de Mishnock. — Comienza el hombre — Por órdenes de su Alteza el
príncipe Stefan Denavritz se ha expedido el decreto real número 343. El cual
ordena que una joven de cada familia que no pertenezca a la clase noble debe
desplazarse al palacio a servir al futuro Rey, por lo tanto tomara como su nuevo
lugar de vivienda, la casa real.

Los jadeos de sorpresa invaden los rostros de padres e hijos. Rose se gira
abruptamente a mirarme a sabiendas que ella también será enviada al palacio.
Stefan nos está obligando a vivir con él solo por capricho.

Mi madre me toma con fuerza de los hombros, apretándome mientras me acerca a


ella y ya sé lo que piensa. Esto es por mi.

- La joven elegida — Continua el guardia, levantando en alto un formato —


deberá registrarse con toda la información requerida y mañana a primera hora
pasará a recogerla un carruaje, para llevarla hasta su nuevo sitio de trabajo. Es
preciso informar que la labor prestáda será remunerada.

Algunos guardias se acercan a cada familia entregando el formulario que debe


ser diligenciado de inmediato. Es obvio que seré yo. Mia no puede ir y tampoco
dejaría que eso sucediera.

No puedo creer que Stefan esté haciendo esto. Tanta es su maldad que no le
importa separar jóvenes inocentes de sus padres, solo para saciar su orgullo.

Mientras mamá pone toda mi información en el registro, me convenzo que


dentro de ese papel descansa mi futuro. Es una orden real y aunque estemos en
desacuerdo tenemos que acatarla, de no ser así, no quiero imaginar el castigo
que se le ocurrirá imponernos por desacato.

421
Días turbulentos se aproximan para mi, es como una guerra personal y no puedo
detenerla.

Una vez que los guardias marchan de regreso con el montón de registros llenos,
no queda otra cosa que empacar mi equipaje.

Rose se ha ido asustada por lo que nos depara el destino, mamá entra a casa con
lágrimas rodando por sus mejillas y yo intento hacerme la fuerte, ocultando el
nudo que tengo atascado en la garganta.

Sé que no podré salir de está pronto y solo espero que al menos me deje ver a mi
familia.

••••

Entrada la noche, ya tengo todo preparado, mis maletas está listas para está
nueva sección de mi vida. Bajo al comedor para cenar, pero antes de poder
tomar asiento papá llega a casa y no podemos esperar ni un segundo para
contarle la noticia.

- Díganme que no es cierto — Brama desalmado. Es tarde, ya lo sabe.

Mantenemos silencio ante la desesperación de mi padre.

- Díganme que no es cierto. — Grita con furia.

Lagrimas caen por mis mejillas y ni siquiera voy a intentar detenerlas. Esto duele,
todo duele.
Papá me rodea en un abrazo y mis lágrimas manchan su camisa.

- Ya ibas a irte pequeña. Si hubiésemos adelantado tu viaje, esto no estáría


pasando.

- No podemos hacer nada, ahora — Menciono, acunada en su pecho.

- ¿Tanta es su obsesión contigo?


422
- Él ya no es el mismo padre, no es el Stefan que conocimos.

- No puedo creer que una vez haya confiando en ese hombre.

- Todos nos equivocamos, no es solo tu culpa, padre.

- Si tan solo perteneciéramos a la clase noble, esto no estáría pasando. — Afirma


papá desesperado.

- Aún si fuéramos de la nobleza estoy segura que habría inventado alguna


excusa para retenerla del mismo modo que hace ahora. — Agrega mamá y
aunque me cueste aceptarlo sé que tiene razón.

Los planes que tenga Stefan en su cabeza no serán los mejores y aunque quizás
el hombre que conocí no me haría daño, el hombre en el que ahora se a
convertido, deja una impresión diferente y no puedo deducir lo malévolo que
pueda llegar a ser.

La noche es solitaria y después de una cena agridulce, la última no sé por


cuanto tiempo con mi familia. Subo hasta mi habitación.

Me arrullo en mi cama intentando asimilar todo lo que el día de mañana tiene


preparado para mi.

Después de unos minutos de divagar en mi mente, escucho el crujir de la puerta


al ser abierta. La figura de Mia se divisa en la oscuridad al acercarse con sigilo
mientras sus pies bailan en la madera que conforma el piso.

- Mily — Susurra.

No puedo evitar pensar en lo mucho que voy a extrañar su voz.

- Dime, pequeña.

- ¿Voy a poder visitarte?


423
Mi corazón cae en mil pedazos, mientras me levanto para abrazarla en la
penumbra.

- Eso espero — Respondo con sinceridad.

- No quiero que te vayas — Solloza en mis brazos.

- Yo tampoco quiero irme Mimi, pero prometo que haré todo lo posible por
verte seguido.

- Y si no puedes cumplirlo.

- Lo haré, lo prometo.

Esa es una promesa que no sé si logre cumplir, pero lucharé inalcanzablemente


por intentar volver a la vida como la conocía antes de Stefan.

Si retenerme contra mi voluntad es su estrategia de guerra, pues mi ofensiva de


ataque no le va a dejar las cosas tan sencillas.

Lo conozco al menos un poco, uno de sus puntos más débiles es su corazón y si


pretendo ganar está batalla debo empezar atacando por allí, aún cuando el mío
también se ponga en riesgo.

No solo yo estoy colgando en sus manos si no también todo el amor que siento
por él.

424
Capítulo 39.
Temprano en la mañana como fue prometido un carruaje viene a mi búsqueda.

- Venimos por la joven que va a servir a su Alteza — Avisa el guardia.

El paje, guarda todo mi equipaje dentro del transporte y al parecer soy incapaz
de dar un paso fuera de casa. Estoy inmóvil agarrada fuerte al brazo de mamá.

Mia observa toda la escena en silencio y me duele ver sus ojos tristes
mientras todo esto sucede a su alrededor.

Las palabras de mi padre vienen a mi cabeza y se instalan allí, abofeteándome


con los recuerdos. Él tenía razón y no lo escuché, me dejé llevar a ojos cerrados
por el amor que sentía y me estrellé contra un gran muro, justo como chocamos
la primera vez que nos vimos Stefan y yo en el palacio.

El consejo de mi padre toma valor debido a mi realidad. " No jures por un


corazón que no es el tuyo, nunca sabes que pasa en realidad dentro de el, ni
como reaccionará en un futuro."

Esas fueron sus sabias palabras el primer día que me escabullí con Stefan en el
bosque Ewan y ahora nada puede ser más cierto.

Miro a mi padre intentando no llorar, en sus ojos la tristeza es inmensa y eso me


desgarra el corazón.

- Enserio pensé que te amaba. — Dice en un susurro.

- Yo también. — Mi voz se escucha pequeña, apagada.

425
Me despido de papá, con lágrimas recorriendo mis mejillas. Mamá y Mia me
cubren en un abrazo que quisiera fuera eterno y sin poder postergar un minuto
más mi viaje, subo al carruaje dejando a mi familia atrás.

En el camino intento llenarme de valor, aún cuando el llanto no quiero dejar mi


rostro.
Por la ventana veo el montón de carruajes que se dirigen también al palacio,
demostrando así que Stefan está demente, todo esto es una absurda locura que
solo puede verse bien en su cabeza.

Cuando arribamos a la casa de real, la entrada se encuentra atestáda de jovencitas


que se abren paso con su maleta, obedeciendo el decreto que se nos ha impuesto.

Entro a la sala principal con los nervios a flor de piel, los sentimientos
encontrados abundan en mi pecho. No quiero verlo, pero el cosquilleo en mi
estómago me traiciona por momentos.

El primero en aparecer es Atelmoff, quien se pone al frente del grupo de


jóvenes presentes, quienes murmuran sin cesar a medida que llenamos el lugar.

- Señoritas, les pido que guarden silencio — Inicia — Las habitaciones están
siendo adecuadas para ustedes, por ahora solo aguarden aquí hasta una nueva
orden.

No me creo ni una palabra, sé que nadie se quedará a excepción de mi. Todas


podrán librarse de está prisión pero a mi me quedan largos días en las cadenas de
oro del príncipe Stefan Denavritz.

Un guardia se posa a mi lado y me invita a avanzar hacia donde se encuentra


Atelmoff, el hombre toma mis maletas y las carga detrás de mi.
426
- Emily querida, cuanto lo siento. — Susurra al verme.

- ¿Cuánto va a durar está farsa? — Digo señalando a todas las chicas que están a
mi espalda.

- Hasta que Stefan se aburra.

- ¿Se aburra?, ¿Atelmoff ya tú conoces sus planes?

- Si y es tenerlas aquí.

- No me salgas con eso. — Digo con ironía.

- Bueno, tenerte aquí.

- Solo pídele que las deje ir.

- Él es el único que puede decidir eso.

- ¿Al menos va a dejarme ver a mis padres? — Cuestiono resignada.

- Claro que lo haré. — Escucho la voz de Stefan a mi espalda.

Me giro para encontrarlo en un traje impecable que representa el título al que es


meritorio.

Sus ojos son vivos, al parecer recuperaron la fuerza que habían perdido desde la
última vez que lo vi. Ya no tiene ojeras ni tampoco luce cansado, su aspecto es
igual al que recuerdo desde antes de toda está tragedia.

Mi piel se eriza ante su presencia, por más que empiece a odiarlo es difícil borrar
todo lo que siento por él de un día para otro.

- ¿Cómo te encuentras hoy, cielo?

427
- Después de ser arrastra hasta aquí, siendo separada de mi familia.
¿Cómo crees que estoy?

- No me dejaste otra alternativa.

- Tenias una y era dejarme ir, olvidar que lo nuestro existió.

- No puedo, soy incapaz de olvidarme de ello. — Dice levantando la voz.

- Es lo mejor para ambos.

- Eso no es cierto.

- ¿Qué no lo es? Mira todo lo que has hecho, has enviado a mi amigo a la
guerra y has traído a cientos de jóvenes solo por una tontería.

- Lo que siento por ti no es una tontería. — Brama iracundo — Y de tu


soldadito no hables por favor.

- No es mi soldadito. — Grito frustrada — En todo caso no sirve de nada que


te lo explique.

- Lo mejor es que hablen en un lugar más privado. — Aconseja Atelmoff al ver


que nuestra conversación a subido de nivel, llamando la atención de muchas de
las damas que observan la escena en silencio.

- Tienes razón. — Afirma Stefan, ajustando su chaqueta — Acompáñame


Emily ya tengo tu habitación preparada.

Claro, era de esperarse que ya tuviese todo listo para mi encierro. Todos saben
que lo último a lo que he venido aquí es a trabajar.

- No voy a entrar a ninguna habitación.

- ¿Y dónde piensas dormir? ¿En la sala del trono?

- En mi casa. — Replico con sarcasmo.

428
- Eso es juntamente lo que harás, este es tu nuevo hogar.

- Esto es un secuestro y lo único que ganas al expedir ese decreto es que


parezca legal.

- Puedes verlo desde el punto que quieras, para mí lo único importante es que
te tengo en frente.

Me quedo sin palabras ante su declaración. ¿Acaso no se da cuenta que esto no es


amor?

- Estás mal. — Susurro con ojos entrecerrados.

- No empieces, por favor.

- Tú escogiste estár con aquella princesa, así que te pido que ahora me saques
de tu mundo frío y cegado por el poder.

- Esto es más que eso.

- Déjame fuera, Stefan. — Pido cansada.

- Donde yo esté, tú estárás. Recuérdalo. — Brama con determinación.

- ¿Y estás jóvenes qué? ¿Vas a arrastrarlas con nosotros?, déjalas ir.

- Está bien. — Dice con calma — Lo que tú ordenes.

Camina con lentitud hacia todas las jóvenes que esperan en el palacio,
poniéndose frente a ellas. Muchas lo miran con anhelo, lo cual me hace enojar,
mientras otras solo desean regresar a sus hogares.

- Señoritas — Inicia Stefan — He reconsiderado el decreto real y me he dado


cuenta que es injusto de mi parte obligarlas a trabajar, por lo cual he tomado la
decisión de permitirles volver a a sus familias.

429
Algunas jóvenes suspiran aliviadas, pero al parecer otras deseaban quedarse
trabajando en el palacio y a decir verdad prefiero que todas se vayan lo antes
posible.

Luego de aproximadamente una hora, todas y cada una de las jóvenes que habían
arribado al palacio entre ellas mi amiga Rose, fueron devueltas a sus casas. Sabía
que ninguna duraría demasiado, él me quería retener solo a mi y ya lo ha
logrado.

Stefan vuelve a encararme después de un rato, se acerca a mi con una clara


felicidad en el rostro, la cual yo no comparto y a decir verdad odio el hecho de que
le haya permitido arrastrarme hasta aquí.

- Tu equipaje ya ha sido enviado a tu alcoba.

- No voy a quedarme aquí por mucho tiempo.

- Sempiterno, ¿Lo recuerdas? — Pregunta, mirando el collar que cuelga en mi


cuello y siento como la promesa grabada en la joya quema mi piel.

- No así, Stefan.

- No me dejas otra opción, cielo.

- No te atrevas a llamarme así de nuevo. — Digo con furia.

- Estás enojada conmigo pero lo resolveremos — Susurra con serenidad —


tendremos mucho tiempo juntos para arreglarlo.

Su tranquilidad me aterra, está convencido que todo se arreglará aún cuando


sabemos nada nunca podrá ser lo mismo.

Duele ver como un amor que pensé era tan sincero se ha convertido en algo tan
siniestro como esto.

430
Hemos perdido el respeto de lo que una vez creamos y aunque él quiera
recuperarlo, todo es difícil si me obliga a estár a su lado.

Entre el poder y el amor hay una línea peligrosa que Stefan ya cruzó y ahora no
soy nada más que su prisionera.

Ahora, sólo queda preguntarme ¿Qué me deparará el destino en mi nueva vida en


el palacio?

431
Capítulo 40.
Mi primera noche en el palacio ha resultado desastrosa, no he logrado dormir
lo suficiente y solo cuatro horas de sueño me han acompañado.

Cuando despierto, dos chicas están junto a la puerta mirándome con amabilidad.
Una más joven que la otra.

- Buenos días, señorita. — Dice la mayor — Soy Leslie y ella es Christine,


somos sus doncellas.

Lo que me faltaba. Ambas mujeres persiguiéndome de arriba a abajo como una


sombra y aunque su trabajo sea hacerme sentir cómoda, puedo asegurar que es
una excusa de Stefan para tenerme vigilada.

- No necesito doncellas, puedo arreglármelas sola. — Expreso con el


objetivo de prescindir de sus servicios.

- Son órdenes de su Alteza el príncipe Stefan Denavritz.

- Comprendo — Susurro al notar que no tengo otra opción que aceptarlas.

- Hay algo más señorita. — Avisa la que se presentó como Leslie.

- ¿De qué se trata?

- El sastre la espera para la elección de sus nuevos vestidos.

- Yo tengo suficientes trajes.

- Es una orden de su Alteza.

- De quien más podría ser — Digo con ironía en mis palabras.

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Odio sentir está ira interna que me hace estár de mal humor todo el tiempo.
Estás damas no han hecho nada para que desquite mi frustración con ellas.

Al momento de salir de la alcoba veo a dos hombres altos custodiando la puerta.


Se mantienen quietos, con la mirada al frente, pero en una postura de alerta ante
cualquier movimiento.
Uno de ellos nos sigue en nuestra caminata hacia la sastrería.

- ¿Quienes son? — Pregunto a mis doncellas.

- Sus guardias señorita. Deben mantenerla vigilada. — Explica con


sinceridad.

¿Pero qué le ocurre a Stefan? ¿Piensa monitorear todos mis movimientos dentro
de la habitación con estás dos mujeres y afuera con los dos hombres?

Está completamente mal de la cabeza, seré como un animal prisionero en una


jaula de joyas y encantos. Cuando imagine una vida junto a Stefan, no me
refiera a esto.

Rápidamente soy conducida hacia una gran habitación de costuras. Las telas,
botones y encajes están presentes por todo el lugar.

Trajes espesos, largos y cortos se avecinan hacia mí y permanezco en el probador


por horas y horas recogiendo un nuevo ajuar que va desde vestidos y zapatos
hasta joyas.

- Puedes pedir los trajes que te gusten y se te serán fabricados. — Informa el


sastre. Un hombre de mediana edad de piel color canela.

- Lo tendré en cuenta — Digo sin mucho ánimo.

433
Lo último que quiero son trajes, sólo deseo salir de aquí y retomar mi vida
con normalidad.
Apilo un montón de cosas que considero innecesarias pero aún así, me aconsejan
llevarlas.

Después de lo que parecen horas, salgo del salón de costuras hacia mi


habitación. Me muevo por inercia, seguida por ambas mujeres y el guardia
quienes mantienen siempre una distancia prudente a mi espalda.

Mi alcoba es todo un lujo, es realmente espaciosa, la cama es gigante y me siento


perdida en ella.

Los muebles son finos y cómodos, lámparas con cristales brindan iluminación,
las mesas de caoba relucen en el sitio y las alfombras mullidas son suaves al
tacto.

El armario es gigantesco, observo en silencio como Christine y Leslie acomodan


en el perchero las prendas que jamás pensé usar y que ahora están disponible para
mi.

Por otra parte, el cuarto de baño de la alcoba es lo más impresionante. La tina,


toallas y especias están a mi alcance todo el tiempo.

Un gran espejo resalta sobre la encimera en el cual estoy segura que me miraré
por horas mientras intento asimilar mi nueva vida encerrada en el palacio como
en una jaula de cristal.

Atelmoff viene por mí a la hora del almuerzo y mientras bajamos al comedor


siento la mirada furtiva de todos los sirvientes.

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Quizás muchos no me conocen pues mis visitas a la casa real, eran ocasionales.
Pero aún así, siento que su atracción por mi presencia tiene un trasfondo más allá
del solo hecho que no me recuerden.

- Se ha corrido el rumor en toda Mishnock que Stefan hizo todo ese revuelo
para retenerte. — Menciona Atelmoff mientras caminamos ante la atención
recibida.

- Pero eso es la verdad absoluta.

- Si, pero las personas lo ven como si Stefan hubiese perdido toda la cordura
por ti.

Me quedo en silencio procesando toda la situación. Puedo entender por qué las
personas piensan eso, es justo lo que yo deduciría, pero me niego a creer que
Stefan a perdido todo raciocinio por mi causa.

- Todo el pueblo está convencido de que tienes en tus manos al próximo Rey de
Mishnock. — Agrega nuevamente.

- ¿No sería al revés? Yo soy la prisionera, no él.

- Emily, no hay peor prisión que amar a una persona y no tener libertad para
hacerlo.

- Él hizo su elección y no fui yo. — Le recuerdo.

- Soy su amigo y sé que se equivocó, no fue valiente para luchar por ti, pero le
está costando. Puedo asegurarte que está afectado con todo esto.

- Aún así no es justo que yo pague por sus malas decisiones.

- Es un joven perdido que aunque ansía ser Rey no sabe como serlo.

- Todo este caos es por el poder.


435
- Más que eso Emily, es por dignidad, por honor y valentía.

Es por deseo de ser el monarca supremo, el que más intimide. Esa es la razón por
la cual la guerra se ha mantenido en pie tantos años.

- Claro que no, Stefan está haciendo todo lo posible por acabar con este
enfrentamiento.

- ¿Cómo? No veo que este haciendo nada. Atelmoff no me mientas.

- Hay una reunión preparada dentro de una hora con el Rey Lacrontte.

Abro la boca y la cierro de inmediato al escuchar la mención de Magnus.

- ¿Puedo ir contigo a esa reunión? — Pido esperanzada

- No lo sé — Su rostro se torna pensativo — si te llevo tendremos que


quedarnos hasta el fondo de la sala, Magnus es demasiado paranoico con este
tipo de asuntos.

- No importa el sitio, solo quiero estár presente.

- Está bien. Pero nada de intervenir o refutar.

- Lo prometo. — Digo no muy segura.

••••

Al cumplirse la hora indicada llegamos a la sala, la cual está repleta del personal
que conforma el consejo de guerra. Nunca había estádo antes, parece un salón de
debates, que espera la llegada de dos bandos enemigos.

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Las sillas del lugar están distribuidas de tal manera que forman un rectángulo,
alejando los últimos lugares del centro, donde los tronos reposan uno frente a
otro.

Stefan aún no está presente y mientras Atelmoff me conduce hasta el último sitio,
veo las miradas inquietas de todos los hombres que se preguntan que hace una
mujer aquí.

Los gestos de cada miembro del consejo se tornan desde confusión hasta
indignación por mi presencia, pero en realidad nada de eso me importa, yo deseo
conocer la realidad de está nación y un par de expresiones con desdén no me van
a desviar de mi objetivo.

El futuro Rey de Mishnock hace acto de presencia minutos más tarde de una
manera muy sencilla. Toma asiento en el trono dispuesto para él y se acomoda
en silencio. Ni siquiera se imagina que yo estoy allí.

Su porte es el mismo de siempre. Un joven apuesto y noble, pero ahora sé que


esconde en su interior a un ser perverso que está dispuesto a hacer cualquier cosa
por cumplir sus caprichos.

Los murmullos van de un lado a otro, todos hablan, discuten o planean que
puntos serán tocados está tarde.

Están totalmente activos, se acercan a Stefan y vuelven a sentarse; yo solo deseo


que ninguno lo informe de mi presencia pues quizás se atreva a sacarme del
recinto.

Al momento en que las puertas del salón se abren, aquellos que aún estában en
pie se apresuran a sus puestos e inmediatamente las personas guardan un silencio
sepulcral que me resulta sorprendente y todo debido a que Magnus a
comenzando a caminar por el centro de la habitación.
437
Es como si alguien les hubiese robado la voz, no deduzco si es temor o respeto,
pero cada persona se mantiene estática mientras las fuertes pisadas del Rey
enemigo retumban en el lugar y a mi solo me queda observar como su capa se
mueve libremente por la fiereza de su andar.

Su altura es intimidante, su porte y actitud son retadoras. Está consciente del


poder que posee y no duda en explotarlo frente a todos.

Magnus no necesita hablar para hacerte entender que debes tener cuidado cuando
él está cerca, eso es justo lo que yo siento y es lo mismo que se respira entre
todos los asistentes.

Su traje es negro al igual que su capa, su cabello rubio resalta en medio de todo
su conjunto y sus gélidos ojos verdes no miran a nadie a medida que avanza.
Su mirada está puestá sobre el lugar que fue reservado para él.

En sus dedos lleva un par de gruesos anillos y la corona de oro se posiciona en su


cabeza, recordándole su titulo como Rey a todo el consejo.

A su espalda camina un hombre de estátura media, delgado y con poco cabello,


el cual está finamente peinado hacia atrás, y guardando una distancia que detona
respeto lo siguen un grupo pequeño de su personal.

Lo observo en silencio desde la última fila, sus pómulos pronunciados y sus


labios enrojecidos son una mezcla llamativa, los músculos que se asoman bajo su
traje y su presencia, son ese matiz envolvente que te arrastra hacia él.
Magnus Lacrontte es el misterio que estás tentado a resolver.

438
Ambos enemigos están sentados frente a frente, mirándose con atención,
esperando un movimiento del otro, una señal, una equivocación, solo para
demostrar quien tiene el mando.

Yo por mi parte me encuentro inmersa en mis pensamientos, mientras detallo el


rostro del Rey enemigo. Su nariz respingada y perfecta, el brillo de su cabello, la
manera en la que une y separa sus labios discretamente y como sus largas
pestáñas juguetean en sus ojos.

- Rey Magnus. — Saluda Stefan con una pequeña inclinación de cabeza.

- Denavritz. — Responde él secamente.

- Como ya te habrás enterado, el barón Dominic Russo ha sido decapitado.


— Habla el príncipe con voz gélida, una vez que todos han ocupado sus
asientos.

Saber que tipo de muerte recibió el padre de Valentine me revuelve el estómago y


me llena de ira reconocer que todo es a causa de una absurda guerra.

- Algo escuche. — Responde el Rey Lacrontte con indiferencia.

- No hay necesidad de implantar espías, cuando lo que Mishnock quiere es la


paz.

- Denavritz, no estoy interesado en acuerdos y jamás lo estáré. — Replica


rápidamente.

- ¿Tanto es tu odio? — Cuestiona Stefan.

Puedo ver cómo esas palabras pican en la cabeza de Magnus, su expresión


cambia dejando entrever algo de su dura coraza.

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Coloca sus dedos sobre su barbilla, exponiendo con libertad sus anillos y logró
observar bajo la larga manga de su camisa una pulsera esclava de oro trenzada
que se ajusta con precisión a su muñeca.

- Puedes estár seguro de ello. — Responde con frialdad.

- Recapacita. — Dice un hombre calvo que reconozco como Lucio Cambredog,


el cual conocí en el baile real en honor a Lerentia — No seas despiadado.

- ¿Me llamas despiadado cuando estás apoyando a un Denavritz? —


Brama Magnus con severidad.

- Está guerra no tiene sentido — Irrumpe en la conversación otro hombre que


se encuentra a la derecha de Stefan.

- Señor Browning, si no tiene algo interesante que opinar es mejor no hable.


— El veneno en las palabras de Magnus es evidente.

Sabe como disparar con ironía y crueldad a todos en la sala, ¿Cómo puede ser tan
belicoso?

- Solo queremos llegar a un acuerdo — Insiste el hombre.

- Déjenme pensarlo por un momento para entender está situación. Ustedes


buscan la paz uniéndose con otra nación para que está los apoye en armamento y
soldados. Suena muy contradictorio ¿No lo crees, Denavritz?

Está claro que el Rey Lacrontte es un hombre inteligente, allí tiene un punto a su
favor.

Nadie que desee paz buscaría alianza para hacer su ejército más fuerte y aunque
entiendo las razones que en un principio llevó a los Reyes a

440
buscar tal apoyo, está reunión debería dar lugar a deshacer cualquier trato al que
se haya llegado y estoy segura que ninguna de las dos naciones va dar un paso
atrás.

- Tú no nos dejaste otra opción — Levanta la voz Stefan y al parecer esa es su


frase favorita estos últimos días.

Casi puedo ver la burla en el rostro de Magnus, él sabe perfectamente que Stefan
está asustado y se aprovecha de ello, lo disfruta, pero aún así no dice nada al
respecto. Es un hombre cauteloso y sin duda alguna, un gran estratega.

- Escuchamos que el entrenamiento militar de tus soldados se ha


triplicado — Alega nuevamente el hombre conocido como Browning.

- ¿Qué con eso? ¿Necesitan que entrene al suyo? — Responde de


inmediato el monarca enemigo.

- Puedo deducir que solo buscas hacer la guerra más grande y su frente más
poderoso.

- Impresionante. Que gran capacidad comprensiva tiene usted. — Dice con


sarcasmo.

El gabinete de Magnus se ríe de su gracia venenosa e incluso Atelmoff no es


capaz de reprimir una sonrisa.

- ¡Oye! — Lo reprendo con un suave golpe en el brazo.

- Emily, el señor Browning solo interviene para autohumillarse, al Rey


Lacrontte no hay que dejarle espacios abiertos pues tiene un característico
humor un tanto ofensivo. — Explica en un susurro mi compañero.

441
Devuelvo mi vista al enfrentamiento, al escuchar la varonil voz de Magnus
nuevamente.

- ¿Qué opina tu gabinete? — Habla aquel hombre imprudente por tercera vez.

Y entonces sucede lo inesperado, Magnus se ríe. Se vuelve a ver al secuaz que


caminaba a uno pasos de él, buscando comprensión ante la estupidez que acaba
de escuchar.

Sus ojos están iluminados por la diversión, aumentado la tonalidad verde


esmeralda, mientras su rostro se torna tan cautivador que no puedo privarme de
sonreír al verlo y odio la sensación de creciente cosquilleo en mi estomago,
como resultado de su gesto.

- ¿Fue enserio esa pregunta? — Cuestiona devolviendo su atención al frente.

- Browning cállate. — Demanda Stefan enojado.

- Aún así voy a responderla. Tom puedo asegurarle que mi gabinete piensa
lo mismo que yo, no estáríamos aquí si no hubiésemos conversado esto con
anterioridad y de allí parte la posición que estoy mostrando ahora.

- No seas malévolo, Magnus. — Defiende Stefan a su colaborador.

- Eso díselo a tus padres. — Responde con frialdad.

Esa afirmación me toma por sorpresa. ¿Qué pudieron haber hecho los Reyes para
que los tenga bajo ese concepto?

- Y comunícale a tu prometida que está siendo partícipe de una guerra que no


le corresponde. — Agrega con severidad.

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Tal declaración le da una punzada a mi corazón, aún no me acostumbro a que el
hombre que amo este comprometido con otra mujer.

- ¿Estás amenazando al reino Cristeners? — Pregunta Stefan.

- ¿Acaso no es obvio? Tenia fe en tu inteligencia, pero veo que es un caso


perdido.

Este hombre es tan despiadado. Está haciendo pedazos cada palabra que sale
de la boca de Stefan o de alguno de los que aquí se encuentran.

Atelmoff me mira en silencio como si intentara hacerme entender el por qué


Stefan tuvo que tomar la opción por la que optó.

- El reino Cristeners no va a retirarnos su apoyo. — Dice el joven príncipe.

- Entonces no me hagas perder el tiempo. ¿Quieren que sea el malo?, bien.


Seré un villano memorable.

Magnus se levanta y su capa se ondea nuevamente en el aire por la fuerza de su


movimiento, sale apresurado sin mirar hacia atrás y todo su gabinete le sigue los
pasos, dejando así un vacío por su ausencia.

La espalda ancha del Rey Lacrontte es lo último que se divisa de él, antes de
desaparecer por completo y debo confesar aunque me cueste, que es una
característica totalmente atractiva.

En la sala todos se observan unos a otros, asimilando el fracaso de la reunión.


Mi mirada viaja de inmediato hacia Atelmoff cuando creo comprender algo.

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- ¿Magnus está dispuesto a negociar si el reino Cristener deja de
apoyarnos?

- No, eso es una trampa. Busca que perdamos el respaldo del reino para
atacarnos en nuestro momento de debilidad.

- ¿Se puede ser tan benévolo?

- Emily, recuerda que Magnus es calculador, él piensa bien sus opciones y


reflexiona cada uno de sus movimientos.

- Lo que intentas decirme es que no hay salida, pues ninguno va a ceder.

- Estás en lo correcto. Debemos prepararnos, ya Magnus mostró su molestia


por la ayuda recibida y todos en este salón estámos seguros que muy pronto
nos dejara ver su furia.

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Capítulo 41.
Los días han pasado y siento como si transcurrieran lentos, cada uno es una
tortura.

Estoy encerrada la mayoría del tiempo, mis pies se mueven con el objetivo de
salir a comer y mi único acompañante en está prisión de oro aparte de las
doncellas, es Atelmoff.

Todo el espacio libre que tengo le ha dado cabida a mi mente para volar y
pensar en quién no debe, en Magnus.

Se ha colado en mi cabeza la mayoría del tiempo. Su frialdad y sus palabras


llenas de veneno me han demostrado el porqué la guerra se ha extendido por
tantos años, pero aún conociendo su lado oscuro, no puedo olvidarme de su
manera fuerte de caminar o de sus impetuosos ojos verdes.

La princesa Lerentia Wifantere se ha mudado a la que pronto será su casa. Intento


no toparme con ella, pues no deseo ningún roce con la maleducada monarca.

Stefan y yo nos hemos visto muy poco, los asuntos del estádo lo han consumido
por completo. Los preparativos para la coronación que se realizará pronto han
robado su tiempo, mientras tanto yo continuo oculta entre los lujos de mi
habitación.

Por otra parte, Leslie y Christine me siguen a todas partes como si su vida
dependería de ello y constantemente intentan hacer todo por mí, lo cual es
realmente molesto.

Aparecen muy temprano en la mañana a preparar el baño y mi traje del día, e


incluso han pedido vestirme en múltiples ocasiones, lo cual he
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rechazado severamente.
Ambas mujeres peinan mi cabello, combinan mis joyas y hablan conmigo en mi
tiempo libre que se resume en todo el día.

Un gran beneficio es el hecho de que son jóvenes por lo que me siento junto a
dos Liz; son alegres y serviciales, siempre tienen algo ocurrente que decir y
aunque los primero días me incomodaban en cierta manera, ya me he
acostumbrado a su presencia.

Me encuentro con Christine a mi espalda, quien está terminando de cerrar la


cremallera de mi vestido, cuando de repente escuchamos unos golpes en la
puerta que nos ponen alertas.

- Un momento por favor — Pido, mientras Leslie corre a traer mis zapatos.

La puerta es abierta por mis doncellas, mientras termino de abrocharlos y


acomodo mi cabello hacia atrás, al tiempo que Stefan cruza la habitación para
acercarse a mi.

- ¡Buenos días, Emily!

- Hola — Respondo sin más.

- Me disculpo por no haber aparecido en estos días.

- Créeme que no hay ningún problema.

Sé que mis palabras son duras, pero el retenerme aquí no se compara con
cualquier frase fría que pueda soltar.

Las dos mujeres salen de la habitación apresuradamente al sentir la tensión del


ambiente y la verdad hubiese preferido que se quedaran a acompañarme.

- Por favor, no seas hostil conmigo. — Pide el príncipe.

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- Tú lo sabias ¿cierto? — Suelto de inmediato esa pregunta que traigo
atorada desde hace días.

- ¿Saber qué? — Pregunta confuso.

- La condición del reino Cristeners para brindarnos ayuda. Tú ya lo sabías


desde el momento en que estuviste en el balcón por primera vez con Lerentia
avisando la alianza. Ya lo sabías, ¿no es así?

Baja su cabeza buscando las palabras para explicarme, pero su silencio ya me dio
la respuestá.

- ¿Por qué no me lo dijiste? — Cuestiono decepcionada.

- Quería estár contigo. ¿Qué querías que hiciera?

- Ser honesto y no seguirme ilusionado.

- ¡No podía! — Afirma agitado — Entiéndeme Emily, esto es difícil.

- ¿Difícil?, ¿Esto es difícil para ti? Eres un egoísta.

- Lo soy, lo admito. No soy perfecto.

- Créeme ya lo sé.

- No sabes como me duele esto.

- Y tú tampoco imaginas como me duele a mí.

Al sentir que no soy capaz de contener mi ira, salgo de la habitación sin poder
soportar ver su rostro un segundo más, me dirijo hacia los jardines sin mirar
atrás, sintiendo las pisadas de Stefan a mi espalda, pero mi paso es detenido
abruptamente al cruzar mi camino con la princesa Lerentia, quien me observa en
silencio como si intentara recordar quién soy o al menos si alguna vez me ha
visto.

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Me mira de arriba a abajo, detallando mi atuendo y sé que debe preguntarse de
donde he salido ya que ninguna doncella o personal del servicio se viste con
trajes finos y joyas.

- ¿Nos conocemos? — Hace la pregunta que esperaba.

Stefan se posa a mi lado como un hombre defensor.

- Si, ya nos habíamos visto. — Respondo, sosteniendo la mirada.

- ¿Dónde?

- Eso no es importante ahora. — Interviene el príncipe.

- ¿Por qué no lo es? — Cuestiono con creciente curiosidad — Nos vamos a ver
muy seguido, es preciso que recuerde quien soy.

- ¿Nos veremos seguido? ¿Acaso trabajas aquí?

- Según el decreto expedido por su Alteza — Digo con ironía — Si, trabajo en
el palacio, pero hasta el momento no me han asignado ninguna labor.

- ¿A qué se refiere, Stefan? — Pregunta dirigiendo su atención a él.

- Si Stefan, explícale.

- Insolente, como te atreves a llamarlo como si fuese tu igual. — Me


reprende Lerentia.

- Lo lamento, pero al parecer yo tengo la autorización para hacerlo o ¿ya no


cuento con ello? — Pregunto mirando en dirección al príncipe, quien al parecer
no encuentra su voz.

- Emily por favor. — Dice entre dientes.

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- ¿Quién es está? — Cuestiona con altanería la princesa, al no obtener
respuestá.

- Tiene su nombre y es la señorita Malhore. — Responde Stefan en tono


defensor. — Vive aquí y debo aclarar que tiene los mismos derechos que
nosotros.

- Por Dios, debes estár jugando, yo seré la Reina está claro que no estárá nunca a
mi nivel.

- Entonces permíteme informarte que lo está.

No entiendo a qué viene este apoyo por parte de Stefan para conmigo. No
necesito que me defienda de la maleducada princesa y para comenzar me
ahorraría todo esto si me dejara ir.

La cara de Lerentia ante las palabras severas del príncipe es realmente


gratificante, estoy segura que no está acostumbrada a que las personas le
impongan reglas o no se sumen a su comportamiento despectivo.

- Si está aquí para trabajar, pues pido que sea una de mis doncellas. — Brama
sonriendo con altivez.

¿Pero qué se cree? Haría cualquier cosa excepto servirle.

- Eso no está dentro de sus obligaciones. — Sale a la defensiva Stefan.

- ¿Y cuales están?

- Ninguna que incluya servirte. — Respondo tomando valor.

- No entiendo que hace ella en mi palacio.

- Este aún no es tu palacio. — Contestá él con frialdad.

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Y entonces me doy cuenta que ambos no se soportan, está claro que su
matrimonio es por simple conveniencia.

Me duele saber que cambio nuestra relación por esto y la rabia creciente hierve
en mi interior.

- Me dirigía al jardín, con su permiso. — Repongo para librarme de la


presencia ambos monarcas.

Camino con firmeza, deseando desaparecer de este lugar. El palacio es inmenso


pero aún así no me alcanza para esconderme de mis sentimientos.

••••

Cuando llega la noche yo aún sigo en el jardín. Aunque este lugar me trae
muchos recuerdos no hay otro sitio en el que quiera estár.

Atelmoff hace acto de presencia unos minutos más tarde, con un gesto
comprensivo en el rostro. Es él la persona con la que de verdad cuento en está
nueva etapa de mi vida.

- Debes presentarte al comedor para la cena.

Todas estás noches he cenado solo con él, se ha convertido en mi ayuda dentro
del palacio.

- Está bien, vamos.

- Yo no estáré.

De inmediato lo observo con evidente sorpresa.

- No me digas que... — No puedo continuar la frase al imaginar que tendré que


compartir la mesa con los dos herederos.

450
- Así es. Está noche cenarás con Stefan y Lerentia.

- Atelmoff, podemos seguir como lo hemos venido haciendo todos estos días.
— Demando angustiada.

- El príncipe lo ha pedido, así que es una orden, Emily. Lo lamento.

Esto es una pesadilla, debe serlo. Compartir la mesa con el que pensabas era el
amor de tu vida y su futura esposa, es una de las peores situaciones a las que me
enfrentaré.

Camino lento, deseando no terminar la ruta, pero antes de lo pensado ya he


llegado al comedor y ambos se encuentran sentado cerca al otro.
Stefan sonríe al verme entrar y daría cualquier cosa por no tener que hacer esto.

- Buenas noche, Emily.

- Stefan. — Respondo a su saludo.

- ¿Va a cenar con nosotros? — Pregunta Lerentia.

- La señorita Malhore nos va a acompañar a partir de está noche.

El rostro de la princesa Wifantere muestra su desacuerdo con la decisión


propuestá y puede estár segura que yo también quisiera no tener que hacer parte
del juego estúpido del futuro Rey.

A medida que transcurre la noche puedo sentir las miradas de Stefan hacia mí e
incluso percibo la calidez en sus ojos. Sé que le gusta tenerme aquí, sé que
quiere tenerme lo más cerca posible todo el tiempo que pueda.

- La coronación será dentro de dos días — Dice para romper el silencio — El


palacio estárá muy concurrido.

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- Podemos realizar un baile. — Propone Lerentia.

- No habrá bailes.

- ¿Por qué no?

- No a todas las personas les gustan los bailes. — Dice mirándome.

Sé que lo hace para complacerme, pues claramente sabe que no son de mi agrado.

Stefan tiene el poder de hacerme sentir bien y no quiero caer nuevamente en sus
redes por más afable que sea conmigo.

Cuando la cena culmina, me dirijo a mi habitación pero soy interceptada por la


no deseada Lerentia Wifantere.

- Ya sé en donde te he visto. — Informa con una sonrisa.

- Sorpréndeme. — Digo con valentía.

- Eras la novia de Stefan. — Ríe amargamente, observándome de arriba a abajo


— Mira como has quedado ¿Cuál es tu propósito aquí?

- Nada que sea de tu incumbencia.

- Emily te aconsejó que cuides tus palabras, porqué soy una princesa y la futura
Reina, quizás Denavritz permita que le hables de esa manera pero a mí debes
respetarme.

Por más que me moleste, tiene razón no puedo hablarle así a una monarca, sin
importar lo mucho que la deteste.

Pero no voy a permitir que me pisotee, así que tengo que buscar otra manera de
defenderme, pues estoy segura que estás disputas se van a presentar muy seguido.

452
Capítulo 42.
Como Stefan lo predijo, el palacio está atestádo de personas que van y vienen por
todos lados.

Diseñadores, cocineros, decoradores, ministros, duques y un sin fin de


organizadores que trabajan para el tan anhelado día de la coronación del futuro
nuevo Rey de Mishnock.

Me resguardó en mi habitación para salvarme del ajetreo palaciego. Aunque tal


encierro intenta acabar con mi cordura.

- ¿Desde cuando trabajan aquí? — Pregunto a mis doncellas.

- Creo que toda la vida — Responde Leslie.

- Explícate.

- Christine está aquí desde los 11 años y yo desde los 15.

- ¿11 años? — Pregunto sorprendida.

- Mi madre también trabaja aquí y mi destino era seguir sus pasos. —


Brama Chris con algo de tristeza.

- ¿No te gusta tu trabajo?

- Claro que si, puedo ayudar a dejarte más bella que la princesa. Sólo

escuchar mencionar a esa mujer me pone de mal humor.

- ¿No les agrada?

- A nadie en el palacio.

- Por ello tuvo que traer sus propias doncellas. — Agrega Leslie.

453
Ese es un punto a mi favor con el que no sabía que contaba.

- ¡Buenos días! — La voz de Stefan nos llama la atención.

Mis doncellas hacen una torpe reverencia ante la presencia del príncipe.

- Su Alteza — Dicen al unísono.

Él les sonríe con esa característica expresión que tanto me gustaba. Su


atención se dirige hacia mí, mientras se acerca lentamente.

- Tengo algo para ti.

Un sobre resplandece en su mano y no logro entender a qué viene esto. Extiende


el papel y con duda lo tomo, pero lo que veo me vuelve realmente dichosa.
Es la primera carta de Willy.

De inmediato despliego la hoja y el simple hecho de saber que está vivo me hace
feliz.

Emily.

El primer día que llegué aquí te escribí, pero mi mensaje fue inválido por los
hechos que narre, así que fue rechazada.

No puedo contarte muchas cosas, pues hay personas que se encargan de leer
todas las cartas antes de ser enviadas para asegurarse que nada confidencial sea
revelado y confiscan aquellas que incumplan con el reglamento. Lo cual sucedió
con la primera.

El campo de batalla es duro y por ahora me han asignado un grupo de soldados


Cristeners, quienes están bajo mis órdenes.

454
Debo informar que me encuentro bien, aún no hemos recibido ningún ataque por
parte del reino Lacrontte y aunque la trincheras pueden ser incomodas, el precio
vale la pena por el bienestár de mi familia.

Espero estés bien y feliz, piensa en mi y envíame buenos deseos. Tu buen

amigo, Willy Mernels.

Miro a Stefan quien espera ansioso por mi reacción, mi corazón está desbordado
de alegría y sin poder razonar mis actos, corro hacia él para abrazarlo y él no
duda en cubrirme en sus brazos como lo hacía
antes.

- Gracias. — Susurro después de alejarme arrepentida por mi


comportamiento.

- No hay de qué, Emily. No existe nada que me guste más que verte feliz.

Stefan me sonríe y se siente como si nada malo hubiese ocurrido.

- Puedo pedirte una cosa. — Susurra.

- Te escucho.

- Por favor no dejes de amarme, sé que he fallado. — Se acerca a mi sin quitarme


la mirada. — Y lo lamento, soy un egoísta que no te merece, pero soy incapaz de
borrar lo que siento por ti.

- No es pertinente hablar sobre esto.

- ¿No lo consideras pertinente? — Pregunta con evidente frustración. —


Emily estoy desesperado.

- Stefan detente. — Pido con severidad al prever las palabras que están por ser
dichas.
455
- Puedes callarme antes de que lo diga, pero ya tu la sabes.

Su ojos azules reflejan la ansiedad de su corazón. Aunque intente reparar


nuestra situación ya nada volvería a ser lo mismo. Hay un quiebre, un
desequilibrio que jamás volverá a estábilizarse.

Se aleja caminando hacia la salida y se detiene justo a la mitad para


volverse a verme.

- Te amo Emily Malhore y nada nunca podrá cambiar eso.

Cierra la puerta golpeando el marco con fuerza. Un escalofrío invade mi cuerpo y


no es debido a sus acciones, si no a sus palabras. Aunque intente hacerme la
fuerte, yo lo amo y el sobresalto en mi corazón es la prueba de ello.

••••

Cuando la noche empieza, escucho un fuerte escándalo procedente de las


habitaciones vecinas.

Salgo preocupada que se trate de un nuevo ataque, pero la escena que hallo es
totalmente distinta.

Observo a Lerentia desaparecer por las escaleras mientras grita insultos hacia una
joven afligida y envuelta en lagrimas que se encuentra arrodillada en el pasillo.

- ¿Qué te ocurre? — Pregunto preocupada.

Se levanta asustada limpiando sus lágrimas con el dorso de su mano.

- Nada señorita, disculpe. — Dice sin mirarme.

- Me llamo Emily. — Me apresuro a decir antes de que se aleje.

456
- Soy Sophie, señorita.

- No me digas señorita.

- Lo lamento, pero debo tratar con respeto a todos los ocupantes de este palacio.

Su acento es extraño me recuerda al de Lerentia y entonces lo entiendo, ella debe


ser una de las doncellas que tuvo que traer para su servicio.

- ¿Eres la doncella de la princesa?

- Si, señorita.

- Dime Emily, por favor.

Veo un pequeño asentimiento de cabeza algo temeroso, es fácil notar que está
bajo mucha presión y hoy simplemente colapso.

- ¿Qué sucedió? — Pregunto, rogando para que me cuente.

- Hice mal mi trabajo, solo fue eso.

- Aún así nadie debe gritarte.

- Nadie me ha gritado.

- Sophie, medio palacio a escuchado esos gritos.

Se queda en silencio ante la verdad dicha y me rompe el corazón ver que está
joven chica sea ultrajada por la arrogante Lerentia.

- ¿Quieres un té o una caja con pañuelos? — Ofrezco como ayuda.

- Estoy bien, gracias.

- No voy a dejarte sola, así que levántate. — Digo tomándola por las
manos para ayudarla a ponerse en pie.

457
Su cuerpo es delgado, su cabello es negro y corto, sus ojos son café, reflejando la
timidez de la frágil doncella.

Cuando llegamos de vuelta a mi habitación se acomoda tímidamente

- ¿Es siempre ella así?

- No me corresponde hablar de eso, señorita.

- Está bien, comprendo. Pero recuerda que no todas las personas tenemos
la misma actitud y no mereces que te traten mal.

Una sonrisa simple se aloja en su rostro, al momento en que mis doncellas entran
a la alcoba.

- Les presento a Sophie, es la doncella de Lerentia. — Señalo cuando la miran


con extrañeza.

- Pobrecilla. — Susurra Christine.

- ¡Christine! — Reprende Leslie con los ojos bien abiertos — Un poco de


respeto.

- Es la verdad. — Afirma con un encogimiento de hombros. — Y señorita, la


cena está lista — Informa al final.

Suspiro en frustración al pensar en lo que me espera, nuevamente encontrarme


con ambos monarcas que han hecho de mi vida una amarga experiencia.

- Deséenme suerte. — Pido al levantarme para ir directo al encuentro.

Puedo ver las miradas furtivas de las 3 chicas y la confusión en el rostro de


Sophie. Debo contarle mi historia.

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Cuando llegó al comedor el rostro de Stefan resplandece y el de Lerentia solo
muestra su desdén hacia mí.

Me siento en silencio por la incomodidad de la situación y sin decir una palabra


comienzo a comer la comida frente a mi.

Al momento en que la cena acaba me levanto de prisa con la intención de


escabullirme a mi alcoba, pero cuando me dirijo hacia la puerta, siento el cuerpo
de Lerentia pasar a gran velocidad por mi lado haciéndome desestábilizar. Está
claro que le molestá está situación tanto como a mi.

- ¿Puedes quedarte? — Pregunta Stefan a mi espalda con amabilidad.

Me vuelvo hacia él y asiento sin nada que perder, me acerco a la mesa


nuevamente, acomodándome a su lado.

- Sé que esto no es lo que quieres, no deseas estár aquí — Menciona como


si lo reflexionara.

Siento la sinceridad en su voz y la esperanza se enciende en mi interior.

- ¿Vas a dejarme ir?

Suspira derrotado y sus ojos azules se clavan en mi con mayor precisión y


entonces comprendo que la respuestá es No.

- Quisiera. Quisiera tener la certeza de que si vuelves a casa me seguirás


queriendo pero ambos sabemos que no será así. — Puedo ver la desesperación
en su mirada — Te estoy perdiendo, no creas que no lo noto. Está es la única
manera que me queda para aferrarme a ti.

- ¿Te estás escuchando? — Pregunto con el corazón desolado.

- Si, me lo he repetido todo el día. Es patético, lo sé y no espero que me


entiendas.

459
- Stefan lo que siento por ti no va a desaparecer de la noche a la
mañana. — Confieso débilmente.

Un atisbo de sonrisa inocente aparece en su rostro, ya hemos tocado este tema


dos veces en un mismo día. Ambos sabemos que es esto lo que lo atormenta
diariamente.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? — Dice con entusiasmo.

- La que quieras — Respondo dócilmente.

- ¿Te gusto el obsequio que te envíe?

Tardo unos instantes en comprender, hasta que al fin entiendo que se refiere a la
caja blanca que llegó hace días atrás a la perfumería, misma que le pedí a papá
tirar sin revisar su contenido.

- Siendo sincera, jamás la abrí.

Veo la decepción en su rostro, haciéndome sentir culpable.

En ese momento estába enojada, aún lo estoy. Había sido un cobarde y pretendía
ganarse mi afecto nuevamente con un regalo, era claro que iba a rechazarlo, pero
aún así la curiosidad me sobrepasa.

- ¿Que había adentro?

- Ya no importa — Dice derrotado — Mañana es un largo día, prepárate,


tenemos muchas cosas que hacer. Ya puedes retirarte — Espeta sin mirarme.

Sus palabras son amargas, le molestá que no me haya rendido a sus pies ante
el primer intento por mostrar su arrepentimiento.

460
Debo admitir que me duele la frialdad en su última orden, aún cuando he
intentado mantenerme firme y no dejar que me afecten sus acciones mi corazón
dice otra cosa.

Me marcho con los sentimientos revueltos y mientras subo de regreso a mi


habitación encuentro con una furtiva conversación al doblar el pasillo.

- ¿Por qué nadie me dijo que Magnus estuvo aquí? — Cuestiona una
furiosa Lerenia a la tímida Sophie.

- No lo sabía Alteza.

- Está amenazando a mi pueblo, la próxima vez tienes... — Su mirada me


encuentra y se calla al instante, observándome con desprecio — ¿Puedo
ayudarte? — Replica levantando una ceja.

- No — Afirmo de inmediato.

- Entonces, sigue tu camino.

- Claro — Me resigno a decir al recordar sus palabras.

Avanzo sin volver a mirarlas, al saber que aún no he encontrado la manera de


defenderme de sus ataques. Pero lo haré, juro que la encontraré y acabaré con su
altanería y sentido de superioridad.

461
Capítulo 43.
Hablar con Stefan ha revuelto mi cabeza, siento que hemos tenido un
pequeño acercamiento y tengo miedo de salir lastimada nuevamente. Para mí
es inevitable no pensar en sus ojos azules, en su voz, en sus gestos, sus
palabras, en todo aquello que me hizo enamorarme de él desde el principio.

Leslie entra a la habitación y se dirige apresuradamente al cuarto de baño,


como si su vida dependiera de ello.

- El príncipe ha solicitado verla. — Dice mientras camina, agitada.

Mi corazón no puede ocultar su emoción ante esa declaración. Christine sigue


sus pasos trayendo consigo un vestido color crema, recién salido de la
sastrería.

- ¿Para qué? — Pregunto confundida.

- No lo sé. Pero la necesita de inmediato. Lo mejor es que tome un baño


mientras arreglamos el resto de su vestimenta.

Hago lo que me ordenan totalmente extrañada. ¿Cuál es la urgencia de Stefan por


verme?

Después de ser arreglada y mi cabello ondulado, recorro los pasillos hasta la


oficina de Stefan, con un nerviosismo nada propio de mi. Es una sensación que
no había experimentado desde hace muchos días, siento que algo sucederá, solo
espero que no sea nada malo.

Las puertas son abiertas para mí al momento de mi llegada, los guardias no


avisan mi presencia y eso solo aumenta mi preocupación.

462
Me adentro con nerviosismo y lo observo sentado en el escritorio con absoluto
silencio, escribiendo algo en un sobre blanco

- ¡Emily! — Dice al verme entrar.

De inmediato guarda el papel en uno de los cajones de la mesa, antes de que yo


pueda verlo.

- Stefan — Respondo en su susurro, haciendo caso omiso de su extraño


movimiento.

- Luces hermosa — dice mirándome completamente.

Asiento sin saber que decir, mientras lo veo morderse el labio en un intento por
no demostrar en su rostro la emoción que lo embarga.

- Eh... te he llamado por qué — Balbucea sonriente mirando hacia su


escritorio — Debo decirte algo importante.

- Te escucho.

- Aún recuerdo que siempre quisiste estár informada de todo lo que sucede
en el reino y quiero que sepas algo que está próximo a suceder.

Puedo ver claramente que está es otra estrategia para acercarse a mi. Tratando
de retomar cosas del pasado e intentar unirlas ahora cuando todo está
quebrado.

- ¿Qué es? — Pregunto intrigada.

- Junto al consejo de guerra, estámos planeando un ataque sorpresivo contra el


reino Lacrontte y justo hoy, por la noche se llevará a cabo la reunión final.

463
El asombro debe ser evidente en mi, no pensé que ya estuviésemos aptos para
atacar a la nación enemiga.

- Es un buen momento — Afirma ante mi estupor — Magnus cree que


estámos dispuestos a negociar.

- ¿Acaso eso no era cierto? — Cuestiono confundida.

- Lo era, pero ante su negativa debemos aprovechar que aún lo cree.

- No se imagina que vamos a atacar, lo tomaremos por sorpresa y dado el hecho


que ahora estámos a poco de igualarlo en número de soldados gracias el ejército
de Cristeners, podemos debilitar a su armada.

En realidad es un buen movimiento. Magnus no se lo espera, está confiado en


nuestro deseo de acabar la guerra con negociaciones de paz.

- Tardaría en reponerse, lo que nos daría otra ventaja para atacar


nuevamente y así poco a poco ir derrocando su imperio. — Agrega
emocionado.

- ¿No crees que es algo engañoso, quizás hasta fantasioso? — Musito ante la
evidente realidad.

- ¿Por qué?

- Magnus es inteligente, siempre tiene un movimiento de reserva, no va a


quedarse con las manos cruzadas al ver que lo han golpeado.

- Claro que hemos pensado en eso, cielo.

Mi corazón vibra rápido al escuchar el seudónimo con el que refería a mi antes,


pero está vez no me molestá a tal punto de querer decirle que no

464
vuelva a llamarme así. Solo lo dejo pasar y aunque quiera negarlo, sé que en el
fondo me gusta que me llame de esa manera.

- Magnus querrá atacar — Continua con entusiasmo, relatando su brillante plan


— pero antes de que pueda perpetuarlo asaltaremos nuevamente dejándolo sin
defensas.

- Está bien, es buena estrategia.

- Hemos analizado todas las opciones y está es la mejor, ¿Lo


apruebas?

- ¿Qué si lo apruebo? — Pregunto confundida.

- Sé que odias la guerra y los enfrentamientos, así que solo ordenaré llevar el
plan a cabo si tu así lo deseas, de otra manera pensaré en otra alternativa.

- Stefan no creo que importe lo que yo opine, ya todo el consejo de guerra


lo acepto, no puedes retractarte.

- Recuerda que la reunión final es está noche. Solo me importa lo que tu pienses
y si no quieres que sea de está manera, entonces no lo será.

Siento que estoy viendo al Stefan que conocí, el que creí que se había perdido
para siempre. Aquí está, aún queda algo de él.

Sonrío y odio no poder contenerme, lo observo en silencio, mientras sus ojos


azules brillan esperando mi respuestá.

- No lo sé. Lo apruebo, supongo.

Una carcajada tímida se escapa de su boca, dirige su vista hacia su izquierda y la


devuelve rápidamente hacia mí, con nerviosismo y antes

465
de poner reaccionar lo veo caminando a paso firme, deteniéndose a pocos
centímetros de mi rostro.

Sus manos toman las mías, y nuestros dedos se entrelazan. Quisiera alejarme,
echarlo fuera, escapar de está oficina, pero no puedo, no quiero.

Me gusta su presencia, su mirada, su respiración precavida, todo lo que me


transmite con tan solo tocarme. Amo estár cerca de él y como si tuviera el poder
de leer mis pensamientos, lo veo acercarse a complacer mi deseo silencioso.

Sus labios caen sobre los míos y es un beso que jamás hemos experimentado. Es
recordar lo que vivimos y plasmarlo en la boca del otro, sabe a dolor y esperanza,
sabe a perdida pero también a un poco anhelo y amor.

Me siento paralizada, es como si no estuviera segura de que hacer ahora. Me he


dejado vencer por lo que mi corazón aún siente, me he rendido ante él, cuando
me prometí ser fuerte.

El beso continúa y sintiéndose envolvente, reconfortante. Sé que no está bien por


qué no estámos bien, pero no me importa, solo quiero tener este momento y
reproducirlo un millón de veces más.

- Creí que nunca volvería a besarte. — Susurra sonriente, mientras se separa


de mi.

No sé qué me guío o qué fuerza me invadió pero antes de lo pensando, me estába


lanzando hacia él, al sentir la falta de su cuerpo.

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Sus brazos abiertos me reciben envolviéndome por completo y así, ambos
caminamos hacia atrás de manera apresurada tanteando todo a nuestro alrededor
para evitar tropezar y caer.

Llegamos a cuestás a su escritorio donde caemos sobre la silla mientras me


siento en su regazo, pasó mis manos rodeando su nuca, mientras su mano
izquierda se pasea de arriba a abajo por mi muslo tamborileando sus dedos
contra mi piel erizada y la otra acuna mi cara mientras me mira a los ojos
intentando buscar una explicación sobre lo que siente.

- Soy un hombre Emily, no un juguete — dice con la respiración agitada


contra mi boca.

Me siento respirando el aire que se escapa de sus labios.

- Soy el próximo Rey, no algo que puedes mover a tu antojo — declara


nuevamente, como si tratara de convencerse a sí mismo alzando la voz.

Sus labios bajan por mi mentón hasta llegar a mi cuello dejando una huella de
besos a su paso, de mis labios se escapa un pequeño gemido como prueba de lo
que Stefan me hace sentir, mi mano se aferra a su camisa mientras la aprieto en
un puño y con la otra lo tomo por su cabello acercándolo más a mí.

Esto no debería estár pasando, lo tengo claro en mi mente pero aún así no me
detengo.
Intento borrar tales pensamientos pero me resulta imposible y entonces sucede.

Corto el beso sin levantarme de su regazo, mientras él sonríe sorprendido por


mi repentino movimiento.

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- ¿Qué pasa? — Pregunta.

- Nada. — Digo escondiéndome en su cuello.

Todo vuelve a sentirse como antes, antes de que todo se desmoronará y antes de
que me lastimara. Todo está allí, recordándome cuanto amo a este hombre.

El hormigueo en mi estómago, los nervios del primer beso, las ganas de


quedarme allí, protegida en su cuerpo por horas mientras sus brazos me cubren
por completo.

- Soy completamente tuyo, Emily Malhore.

- Te amo, Stefan. — Confieso.

Lo siento sonreír sobre mi cabeza y el latido de su corazón aumenta al escuchar


mi declaración.

- Créeme cuando te digo que te amo mucho más.

Cuando los minutos han pasado, me levanto con pereza de su regazo ocultando la
expresión de satisfacción en mi rostro; aún sintiendo las ondas de electricidad
pululando a mi alrededor. Lo miro inquieta y absolutamente feliz, con los nervios
en mi piel.

- Lo mejor es que me retire. — Declaro, apenada.

- ¿Por qué?

- No lo sé — Digo, sonrojándome al pensar en todo aquello que podría pasar


si me quedo aquí.

- Respóndeme — Dice riendo y puedo ver que compartimos los mismos


pensamientos.

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- Basta Stefan. — Digo con timidez.

- No estoy haciendo nada. — Levanta las manos para reafirmar su


declaración.

- Odio que hagas eso.

- ¿Hacer qué? — Pregunta, levantándose de la silla y acercándose a mi.

- Nos vemos en la cena. — Anuncio con rapidez mientras salgo de su


oficina.

No entiendo por qué huyo de está manera. Todo para mí se siente como la
primera vez, la primera vez que lo vi, besé y amé.

Camino con el corazón acelerado hasta mi habitación donde Christine y Leslie


me esperan. Sus rostros se iluminan al ver el mío.

- ¿Qué ha pasado? — Pregunta Christine con confianza.

- Nada. — Me limito a decir. Intento no mostrar mi emoción por lo vivido.

- Esa expresión no es de nada. — Insiste.

- ¡Christine! — Reprende Leslie — Respeta su privacidad.

No sé como estás dos mujeres trabajan juntas si son tan diferentes la una de la
otra. Quizás sea eso lo que las hace un buen dúo.

- ¿Saben si Lerentia está en su habitación? — Pregunto con curiosidad,


desviando el tema.

- Preferimos no saberlo, señorita.

- Pues ayúdenme a averiguarlo.

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Salimos directo a la habitación de la princesa, ideando un plan en el camino si es
que Lerentia se encuentra presente.

Leslie por ser la mayor y más respetable del grupo es quien tocara la puerta de la
alcoba, mientras Christine y yo esperamos a unos centímetros de distancia.

- Buenas noches. — Dice Leslie una vez que la puerta le es abierta por otra
de las doncellas de Lerentia.

La joven no le responde, solo asiente con una diminuta sonrisa, esperando la


próxima intervención

- ¿Su Alteza se encuentra? — Arremete nuevamente

- No está en este momento. — Avisa la chica.

- ¿Y la doncella Sophie?

- Aquí estoy. — La familiar voz de Sophie se hace presente cuando salta a la


vista fuera de la habitación.

- La necesito con urgencia, hay que arreglar algo con el sastre sobre el traje de
la princesa Lerentia.

Leslie la arrastra consigo lejos de la alcoba, trayéndola hacia donde Christine y


yo aguardamos en las sombras.

- Que pésima excusa. — Menciona Chris y le doy un punto a su favor.

- A ti no se te hubiese ocurrido algo mejor, así que no critiques.

Sophie se sorprende al vernos y me causa ternura el que en realidad haya creído


la mentira tonta de mi doncella.

- Hola. — Saludo a la asombrada joven.

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- Señorita. — Dice en un susurro. — ¿Qué sucede?

- Chicas necesito su ayuda — Digo de inmediato al grupo en general —


Esto sonará demente pero hay algo que necesito con urgencia.

- ¿Qué debemos robar? — Pregunta la más joven de mis doncellas.

- ¡Christine! — La reprende Leslie por segunda vez en la noche.

- No la regañes, por qué ahora ha acertado. Necesito sustraer algo de la oficina


de Stefan.

- Se ha vuelto loca. — Está vez es Leslie la que me reprende. — No


podemos sacar nada de la oficina del príncipe.

- Lo sé y para eso está aquí Sophie.

- ¿Yo? — Pregunta con temor mezclado con sorpresa — No puedo servirle de


mucho.

- Claro que servirás. Lerentia tiene pase libre a esa oficina y tú por ser su
doncella también lo tienes, así que te será más fácil el acceso.

- Los guardias podrían sospechar.

- No lo harán, mañana es la coronación y el personal estárá enfocado en el


evento pero la oficina estárá completamente cerrada, aún así hoy habrá una
reunión en esa oficina a la que Lerentia asistirá. Así que dirás que te envió a
recuperar algo que dejó olvidado y cuando entres buscaras un sobre blanco con
algo escrito a mano que está en uno de los cajones del escritorio de Stefan.

- No lo sé, señorita. — Dice asustada.

- Ya te he dicho que me llames Emily.

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Asiente con timidez, mientras intenta asimilar toda la información.

- ¿Y si me descubren y el príncipe ordena darme de baja por espía? —


Menciona consternada.

- No te hará nada, estás ayudando a la mujer que ama. — Comenta


Christine entusiasmada por el plan.

- Ayudando a robar. — Agrega Sophie con temor.

- Exacto. — La apoya Leslie.

- No va a pasarte nada. — Prometo aún con dudas, pues los recientes cambios
de Stefan me han hecho ver que no lo conozco y mucho menos a sus alcances.

- Así es, si se enoja ella le cambiara el humor. — Dice mi más fiel


compañera de crimen, Christine.

- Está bien. — Acepta Sophie no muy segura.

Sé que aún no tengo su confianza por completo y ya estoy metiéndola en


problemas, pero estoy dispuestá a averiguar que escondía Stefan en ese sobre, así
tenga que persuadirlo de maneras inimaginables.

••••

Cuando la noche se adentra y la reunión con el consejo de guerra se lleva a cabo


en la oficina de Stefan, Altelmoff viene por mi para cenar y mientras la comida
transcurre sabe captar mi atención al mencionar a una persona que ha revuelto
mi cabeza en los últimos días.

- Hoy vi un reportaje. — Avisa antes de tomar su copa de vino.

- ¿Sobre qué?

472
- Magnus VI Lacrontte.

- ¿Sexto? — Pregunto confundida, pues jamás había escuchado su


nombre completo.

- Si, es el sexto hombre en la dinastía Lacrontte en llevar ese nombre.

- Seria peor si se llamara Meridoffe. — Menciono al recordar a su vil


antepasado.

- La maldad de Meridoffe Lacrontte corre por su sangre, no lo dudes. — Dice


riendo — Pero me he visto sorprendido ante aquello que he leído.

Espero expectante por lo que va a decir, pero al parecer le resulta cómico


incrementar mi curiosidad guardando silencio.

- ¿De qué se trata? — Insisto.

- Para nadie es un secreto que muchas personas han abandonado Mishnock y


para sorpresa de la monarquía han buscado refugio en la nación enemiga.

- Debe ser una broma. — Menciono perpleja.

¿Cómo alguien a la que una persona le ha hecho tanto daño puede correr para
vivir bajo el mandato de su opresor? Tal cuestionamiento resulta contradictorio
pero es lo mismo que Stefan y yo estámos haciendo.

- Eso no es lo más extraño. — Dice pensativo — Al parecer Magnus a brindado


asilo a tales personas, ayudándoles a comenzar una nueva vida en el reino
Lacrontte.

Mi rostro inundando de asombro no pasa desapercibido para Atlemoff quien


juguetea con su copa, sonriendo al ver como está información

473
resulta chocante para mí. ¿Hay acaso algo de altruismo en el cuerpo del monarca
enemigo?

- Esto es increíble. — Susurro anonadada.

- Esto es muy curioso viniendo de un hombre sin corazón como Magnus. Quizás
los respalde ahora y dentro de algún tiempo obligue a los hombres a pelear para
él y así asegurar que ninguna personas nacida en su nación pierda la vida en la
guerra, pues le resulta más fácil sacrificar a los extranjeros.

- Eso es demasiado retorcido, ¿no lo crees?

- Podría esperar cualquier cosa del Rey Lacrontte.

No entiendo por qué una parte de mi se niega a creer la teoría de Atelmoff. Sería
demasiado cruel y desalmado, aunque en realidad son esas dos palabras las que
describen a Magnus en su totalidad.

474
Capítulo 44.
Hoy es la coronación de Stefan y todo el palacio está en caos. Me despierto más
feliz de lo normal, al recordar nuestro beso de anoche.

Sé que quizás no estuvo bien, pero no me importó en su momento y creo que no


me importa ahora.

Estoy en mi habitación junto a mis doncellas y Sophie, quienes han corrido arriba
y abajo con los trajes y joyas que usaré el día de hoy.

Stefan y Lerentia se han marchado a reunirse con los Reyes, así que al menos por
ahora Sophie es libre del característico humor la princesa Wifantere.

- Recuerden nuestro plan el día de hoy. — Menciono con rapidez.

- Esperemos que el reino Lacrontte no intente arruinar la coronación del


príncipe Stefan y así todo salga bien — Menciona Leslie, cerrando mi traje.

- Cualquier cosa se puede esperar del Rey Magnus. — Brama Christine — Él es


tan tirano.

- Ya ha lanzando una amenaza, puedo asegurar que Stefan a doblado la


seguridad para el evento. — Musito, mirándolas — Todos sabemos lo
despiadado que puede llegar a ser Magnus.

Veo a Sophie removerse en su silla con clara incomodidad, me mira como si


intentara decirme algo pero no se atreve a iniciar con mis doncellas en frente.

- Christine, Leslie pueden traerme un té por favor. Los nervios me están


atacando en este momento.

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- ¿Las dos? — Cuestiona Christine.

- Por favor.

- No se preocupe señorita. — Dice Leslie al captar mi mensaje, quien de


inmediato toma a su compañera de la mano y la arrastra fuera de la habitación.

Me quedo a solas con la tímida Sophie quien se debate ahora entre hablar o
permanecer en silencio y yo solo espero a que se decida a contarme lo que
ronda en su cabeza.

- Puedes contarme, Sophie. — La aliento.

Me mira por un momento, como si intentara buscar las palabras correctas.

- La señorita Lerentia siente un gran odio por el Rey Magnus — Dice al fin.

- Como todos. — Bufo con ironía.

- Él no es lo que usted cree.

- ¿A qué te refieres? — Pregunto extrañada — ¿Tú lo conoces?

- No, pero he escuchado muchas cosas sobre él.

- ¿Cómo cuáles? — Cuestiono, intentado sacarle información.

- Solo tenga cuidado cuando el Rey Lacrontte este cerca.

- ¿Tan malo es?

- No de la manera que usted piensa.

- No comprendo. — Digo sin encontrarle sentido a sus palabras.

476
- Ya lo verá señorita.

Guarda absoluto silencio y traslada su vista hacia mi tocador, recomendándome


unos pendientes que lucirán bien con mi traje. Sé que lo hace para cambiar de
tema, no está dispuestá a contarme otro detalle.

Sophie sabe algo, algo grande y aunque en su fachada intenta ser reservada, estoy
dispuestá a obtener toda la información que necesito.

••••

Como lo había predicho la seguridad en el palacio y en la ciudad en general ha


sido no solo doblada sino triplicada. Miles de soldados se extienden calle arriba y
abajo, atentos a cualquier posible ataque o amenaza.

Mi vestido color ciruela resalta mi piel y mis joyas de oro completan el atuendo;
aunque intente mantenerme sin ningún tipo de opulencia, es difícil seguir esa
regla cuando el plan es asistir a una coronación y además tienes a diseñadores,
sastres y doncellas pisando tus pies para que destáque en el evento y puedo
asegurar que lo han logrado.

Las capas de tela de mi vestido se arrastraran hasta el suelo, aportándome una


elegancia tal, que solo el traje que use en mi fiestá de cumpleaños puede
asemejársele, se siente fina y suave al tacto.

Mi cabello recogido con broches permite ser protagonista a mis pendientes y a


los brazaletes que destácan en mi muñeca derecha. No hay nada hoy que no luzca
fino y monárquico, algo que jamás había experimentado.

477
- Dios mío, Emily luces como una Reina — Menciona Atelmoff al verme —
Puedo imaginar la reacción de Stefan cuando te vea.

Y en realidad quiero verlo, estoy ansiosa por compartir este momento con él.
Su gran día.

Camino en medio de la sala del trono, bajo las miradas de los diferentes
diplomáticos que asisten al evento. Sé que muchos me reconocen entre ellos el
infante Lucio Cambredog, quien me sonríe desde la primera fila.

Llegó hasta mi lugar habitual, es decir las últimas sillas, pero antes de tomar
asiento, Atelmoff se posiciona frente a mi y me sonríe como si fuese una niña
tonta.

- Claramente hoy no vas aquí, querida. — Me informa extendiéndome la


mano.

- ¿Cuál es mi lugar, entonces?

- Allá adelante — Señala los primeros puestos — Junto al próximo Rey.

Stefan ya ha llegado, su traje rojo adornado con impecables medallas,


resplandece junto a su cabello negro perfectamente peinado que sostiene la
corona de plata que hasta hoy lo representa como príncipe.

En pocos minutos se convertirá en el nuevo Rey de Mishnock y a pesar de todo


el dolor causado, no puedo estár más orgullosa de él.

Me acerco con cautela a los primeros lugares, viendo como su rostro se ilumina
al verme y sonríe de inmediato, mientras mis nervios se ponen a flor de piel.

- ¡Dios, Emily! Luces... — Su boca se abre y cierra sin formar palabra


alguna.

478
- Gracias. — Digo a la nada.

- Te ves tan... No lo sé. — Ahora es él quien ríe con nerviosismo — Estoy feliz
de que estés aquí en este día. Soy consciente de que quizás no estárías presente
por voluntad propia, pero de cualquier forma Emily, soy feliz de tenerte a mi
lado.

- Me alegra estár aquí para ti — Digo con toda sinceridad.

Veo la chispa encenderse en sus incandescentes ojos azules.

- Te amo — Dice en susurro, tomando mi rostro entre sus manos.

- Sabes que también te amo, Stefan.

Sé que no va a besarme, no aquí delante de todos los asistentes al evento y solo


intento asegurarme de que eso no me afecte.

Tomo mi lugar cuando la marcha del Rey resuena en el salón, dando inicio a la
ceremonia, no sin antes ver la entrada de la princesa Lerentia al otro lado de la
sala, en un vestido color jade.

El sacerdote se posiciona al lado de Stefan, quien es el encargado de dirigir la


coronación y de recitar las palabras tradicionales.

- La iglesia y las Cortes generales están reunidas está tarde para recibir el
juramento que vienes a prestár como futuro Rey según el decreto 001 de las
leyes principales de Mishnock. — Declara el hombre.

- Juro por mi honor ante toda la nación desempeñar fielmente las funciones
otorgadas, cumplir y hacer cumplir las leyes, gobernar con gratitud y
tenacidad, respetando el nombre de la nación y de mi linaje como Denavritz.
— Dice con severidad Stefan.

479
La corona de plata le es reemplazada por la distinguida corona de oro que
usaba su padre, la cual ha trascendido a través de las generaciones.

Se hinca sobre una de sus rodillas para recibir la nueva joya vestida con
diamantes y zafiros y justo al momento de levantarse, la sala se inclina en una
reverencia para su nuevo soberano.

- Llegan ahora los días del Rey Stefan, bienaventurado sea. — Vocifera el
sacerdote.

- Este día no solo será testigo de mi ascenso al trono. — Inicia Stefan tras recibir
su nuevo título — sino también es el elegido para celebrar que nuevos caminos
vendrán para está nación y así revivir tiempos de paz.
Por mi honor.

Pone la mano en su pecho y la levanta hacia el cielo, cada uno de los asistente
repite el movimiento como muestra de apoyo y respeto, entre ellos, yo.

Los asistentes aplauden ante las palabras del nuevo soberano de la nación.

- Viva el Rey. — Proclama el sacerdote.

- Viva. — Responde la sala a coro.

- Viva Mishnock.

- Viva.

- Ante ustedes Stefan Denavritz Prantesh, Rey de Mishnock.

480
Los ojos de Stefan me encuentran y aunque debe guardar la compostura un
atisbo de sonrisa se hace presente en su rostro al verme, mientras los aplausos
siguen extendiéndose por cada una de las personas.

Cuando la ceremonia privada finalizada. Atelmoff, Lerentia, Stefan y yo vamos


hacia el balcón real y ahora estoy junto a él. El lugar desde donde siempre lo
admiraba ya no es lejano para mí.

La plaza está atestáda de personas y la lírica de la marcha del Rey vuelve a sonar,
está vez para todas los habitantes.

- Pueblo de Mishnock — Dice Stefan dirigiéndose a los asistentes — ahora soy


su nuevo Rey y prometo defender cada rincón de este reino, velando por el
bienestár de todos los que en ellos habitan y que sea la templanza mi más fiel
compañera.

El pueblo vitorea el nombre de Stefan a grandes gritos y aplausos. Y todos los


asistentes como un coro reunido en la plaza vitorean al unísono: Larga vida al
Rey Stefan, larga vida al Rey Stefan.

La escena te hace vibrar, erizando tu piel ante la gratitud y respeto mostrado


hacia el nuevo Rey.

Los pañuelos color vino y azul cobalto se agitan ante la presencia del supremo
monarca. Los caballos de las tropas del ejército engalanan el lugar, rodeando la
plaza, mientras el pueblo levanta la voz para aclamar al más importante
soberano.

Puedo ver el orgullo Denavritz en el rostro de Stefan, esto es lo que siempre ha


querido y ya lo ha obtenido.

- Honor y gratitud. — Con estás palabras finaliza su breve comunicado


dejando al pueblo entero reunido y dichoso ante su nombramiento.

481
••••

La noche se adentra y todo el gabinete real se ha reunido con Stefan para afinar
los últimos detalles, sin duda este ha sido un día ajetreado para él.

Christine aparece en mi habitación pocos minutos después para informarme que


ahora se encuentra solo en su oficina y entonces la ansiedad comienza a llenar mi
sistema. Por más que reprima mis emociones no puedo engañarme. Necesito ver
a Stefan.

Me debato en mi habitación, dando entre si es la decisión correcta o no, pero


antes de lo pensado corro escaleras abajo y llegó a puertas de su oficina. Los
guardias observan mi indecisión y antes de que pueda hablar ya me han abierto el
paso.

Camino con lentitud ocultando mi nerviosismo, él se encuentra inmerso en su


escritorio y su mirada se levanta hacia mi al escuchar mis pasos.

- ¡Cielo! — Dice con un sonrisa.

- Su majestád — Bramo divertida haciendo una reverencia.

- ¿Te burlas de mí?

- No haría eso, mi señor.

Su risa resuena en la habitación mientras se levanta del escritorio.

- ¿Ahora pretendes tratarme con tanta formalidad?

- Probablemente. — Respondo mientras juego con mi vestido.

- Ven aquí, cielo. — Dice tomándome por la cintura para pegar su cuerpo
contra el mío.

482
Sus labios de inmediato se unen a mi y no voy a mentir, es justo lo que quería.

Nos apresuramos en salir de la oficina y subir hasta su alcoba, cerrando la puerta


al llegar con descuido.

La habitación de Stefan es cálida pero aún así siento que el frío me rodea. Miro a
mi alrededor recordando cada detalle de está y lo que ha cambiado desde la
última vez que la visite y entonces me sorprendo con lo que veo colgado en la
pared de enfrente. Mi retrato.

Lo recuerdo perfectamente, el día en el que la familia Russo fue condenada al


exilio y su padre a la muerte, fuimos hasta la galería de Palkareth a resolver
asuntos para su coronación entre ellos hacer el retrato que pondrían en los
pasillos del palacio, cuyo objetivo es mostrar todos los Reyes que han gobernado
Mishnock; seguro el suyo ya habrá sido colgado y ahora el mío está aquí, justo
en su habitación.

- ¿Stefan que hace eso allí? — Pregunto, señalando el cuadro.

- Donde más podría estár. Este es el lugar perfecto.

- ¿Desde cuando está aquí?

- Desde el preciso momento en el que pisamos el palacio, los guardias los


trajeron hasta mi habitación y de inmediato fue colgado.

- ¿Lo has tenido todo este tiempo frente a ti? — Pregunto incrédula —
¿Todos estos días?

- Así es — Dice con una sonrisa — Y lo admiro a diario. Te dije que no te


había sacado de mi vida y no lo haré jamás.

483
Me rodea en sus brazos, dando un beso en mi cabeza para luego susurrar a mi
oido.

- Sempiterno, cielo.

Me vuelvo hacia él, dando un beso en su boca. Nos acercamos a la cama


mientras el se quita la camisa. Observo cuando cae al piso permitiéndome ver
sus músculos en detalle.

Me siento en el borde, temerosa de lo que pueda pasar o de lo que quiero que


suceda.

Stefan rodea la cama y se mete bajo las sábanas, tomando mi mano para
invitarme a acercarme a él.

- No pasará nada que no quieras. — Dice mirándome.

La decisión es mía, la ha dejado en mis manos y justo ahora no sé qué es lo que


quiero hacer.

- Te regalaría toda la inmensidad del bosque Ewan si así me lo pidieses, yo a


cambio solo te pido una noche y convierte a este insulso Rey en el hombre más
dichoso sobre la tierra. — Susurra ante mí indecisión.

Me abraza fuerte como si quisiera que me fundiera en él y es entonces cuando


comprendo que por está vez solo deseo quedarme enredada entre sus brazos,
sintiendo la ataraxia del momento.

Mientras los minutos pasan su agarre se tonar fuerte, tanto así que llegó a
sentirme aprisionada.

- Stefan no puedo respirar. — Susurro, reconociendo su necesidad de mi

- Lo lamento. — Dice riendo sobre mi cabeza.

484
Me acomodo en su pecho mientras lo siento su subir y bajar, su respiración es
lenta, tranquila. Creo que ambos estámos en un momento de paz.

Sonará irónico, pero me siento protegida en los brazos de la persona que más
daño me hace.

485
Capítulo 45.
Estoy recostada sobre el pecho de Stefan sintiendo sus respiraciones lentas
mientras duerme.

El sol de la mañana se cuela por la ventana y no imagino un mejor despertar que


entre sus brazos. Las sábanas de seda acarician mi cuerpo mientras observo al
hombre al que le he entregado mi corazón, trazó líneas por sus labios dibujando
el contorno de su boca.

Abre sus ojos con pereza, sonriendo al verme, el azul de sus iris me recuerda al
océano inmenso, peligroso y profundo.

- Buenos días, cielo. — Exclama sereno.

- Buenos días.

Me besa sin previo aviso mientras me lleva hacia él, desabrochado mi vestido en
el proceso. No lo detengo, ni me cohíbo, solo me dejo llevar por el momento y
por el ritmo de su boca.

Sube sobre mi, apoyándose en uno de sus brazos, me observa desde arriba
con deseo, su mirada escrudiña todo en mi interior y siento que puede leer mi
alma con solo verme unos segundos.

Se acerca lentamente hasta posar sus labios en los míos, dando


pequeños besos mientras su mano libre recorre mi piel expuestá
haciéndome erizar con su toque.

Baja por mi cuello y pecho, quitando mi vestido por completo hasta detenerse en
mi vientre, levanta la mirada hasta encontrarme, mirándome a los ojos.

486
—Emily, eres el veneno que estoy ansioso por beber — susurra con los ojos de
un azul profundo.

Respira contra la piel de mi abdomen y lo siento morder la parte cerca a mis


costillas, sosteniéndome fuerte por mis caderas enviando ondas de electricidad
por mi cuerpo que me hace levantar la espalda de la cama.

Stefan levanta la cabeza de golpe al escuchar una fuerte discusión al otro lado
de la puerta.

Me mira con impaciencia, deseando borrar el alboroto de afuera pero este


solo se hace más grande a medida que pasan los segundos.

Se levanta de la cama, obligándonos a detener nuestro momento y yo por mi


parte me concentro en buscar con rapidez mi ropa. Acomodo mi vestido,
cerrándolo como puedo y mientras estoy pasando las manos por mi cabello, la
puerta es abierta con fuerza, dejando pasar a una enojada Lerentia.

- Pero mira a quien tenemos aquí — Replica con ironía al momento de verme
— pasando la noche con un hombre que no le pertenece. Eres una cualquiera.

- Cállate Lerentia — Responde Stefan iracundo, quien aún no ha logrado


ponerse su camisa, la cual reposa a un lado de la cama.

- ¿Por qué?, yo solo digo la verdad. — Declara, mirando a su alrededor.

- Cuida tus palabras al referirte a ella. — Exige el nuevo Rey.

- ¿Y cómo se les llama a quienes se pasan la noche con hombres


comprometidos, Stefan?— dirige su mirada hacia mí nuevamente — Eres
demasiado baja.

487
- No ha pasado nada, así que largo de aquí, Lerentia — Grita Stefan
hirviendo en furia.

Parece que mi voz ha sido consumida completamente, no tengo palabras para


alegar o defenderme. Sólo me quedo ahí perpleja, reflexionando sobre la verdad
de sus insultos.

- Que no se te olvide que pronto seré tu esposa, querido — brama,


enseñando el anillo en su dedo.

- Mi más grande error.

- Llámalo como quieras. Sólo he venido a informarte que Magnus a atacado


Cristeners, el palacio resultó gravemente afectado y lo que me encuentro es a
mí prometido con está. — Dice de manera despectiva, haciéndome sentir
sucia.

- Hablaremos de eso más tarde, ahora lárgate. — Escupe Stefan


furibundo.

- Mi reino es más importante que tú juguete, así que date una ducha y sal a
resolver este conflicto. — Su mirada llena de odio se desvía hacia mí. — Niña
ingenua, en este mundo prevalecen muchas cosas antes que el amor, si esperas un
historia romántica vas a terminar aun más patética de cómo ahora te encuentras.

Sale de la habitación hecha una furia, demostrando su odio y una vez que la
puerta se cierra, Stefan se gira hacia mí juntando sus manos para hacer su
petición

- Por favor, Emily, no creas una palabra de lo que dijo.

- Déjame ir te lo suplicó — digo entre lagrimas.

488
- Claro, puedes ir a calmarte a tu habitación si así lo deseas.

- No — chillo molestá— irme del palacio.

- Eso no, cualquier cosa excepto eso.

- Tú ya hiciste una elección y no me escogiste.

- Emily, yo te necesito— musita aparentando con suavidad mis brazos.

- ¿Qué más quieres de mí? — Las lágrimas caen sin medida sobre mis
mejillas.

- Quiero todo de ti, entiéndeme yo te amo.

- Entonces porque no soy yo la que lleva ese anillo.

Pasa las manos por su cabello y empieza a caminar sin rumbo por toda la
alcoba, tirando todo lo que encuentra a su paso.

- Me equivoqué ¿si? — Grita desesperado — maldita sea, soy humano y


cometo errores.

- Estás a tiempo de repararlo.

- No, ya es tarde, no puedo deshacer esto.

- Déjame ser libre entonces.

Corro hacia él, empujando con todas mis fuerzas su pecho.

- Golpéame si así lo deseas, descarga tu ira contra mí, pero no voy a dejarte
ir Emily.

- Esto no es sano, Stefan.

- ¿Crees que no lo sé?, ¿crees que no sé que te lastimo?, pero dime


¿qué más puedo hacer para que te quedes conmigo? — Dice con lágrimas

489
amenazando salir — no imagino mis días sin ti y mi amor es tan egoísta que no
puede dejarte ir.

Una lágrima se escapa de sus ojos y yo me recuesto en el piso de la habitación


cansada de está lucha, cubro mi cara con las manos al ver lo patética que es mi
vida. Él se acerca a mi, inclinándose para ayudarme a levantar.

- No me toques Stefan. — Grito ante sus movimientos.

- Por favor no permitas que ella nos separe.

- ¿Qué ella nos separe? — Pregunto furiosa. — Tú fuiste quien nos


separo.

- Sé que soy un cobarde, pero aún con mis fallas te amo tanto como el primer
día.

- Ese Stefan ya no existe.

- Si está y te ama más que a todo.

- No más que a la corona. — Declaro con severidad.

Me levanto furiosa y lastimada. Salgo de la alcoba corriendo sin dirección,


esperanzada en no toparme con nadie que pueda hacer preguntas. Pero hoy justo
ahora necesito a un amigo, necesito a Willy.

Llego a mi habitación, con las lagrimas cubriendo mi rostro. Mis doncellas están
allí pero solo se limitan a observarme en silencio, lo cual agradezco con esmero.

Necesito salir de aquí, quiero ir a casa, lejos de Lerentia, de Stefan y de está


obligada vida palaciega.

- Pueden buscar a Atelmoff, por favor. — Pido entre jadeos de dolor.


490
Me siento sucia, asqueada. Lerentia tiene razón y agradezco al mundo que haya
detenido ese momento. Estába a punto de entregarme a un hombre que no me
corresponde, que no me ama lo suficiente como para luchar por mi.

Ambas mujeres salen en busca de mi pedido no sin antes ofrecerme una taza de
té, la cual declino de inmediato. No hay nada que pueda calmarme ahora, solo
necesito desahogarme y Atelmoff es la única persona con quien puedo hacerlo.

Pasan los minutos como si fuesen horas y nadie aparece por la puerta de la
habitación. La ansiedad está a flor de piel y froto mis manos con desesperación
en un intento por tranquilizarme.

Corro hacia el baño para tomar una ducha, mis lágrimas no cesan mientras tallo
mi piel con esmero tratando de quitar el sentimiento de angustia y suciedad de mi
cuerpo.

El agua cae en mi rostro mezclándose con mi llanto, mi cabello se pega a mi cara


mientras intento ser fuerte. Odio sentirme tan vulnerable, pues sé que lo amo pero
debo resignarme de una vez por todas que Stefan Denavritz no es para mí y me
juro a mi misma hacer cualquier cosa para olvidarlo.

Cuando salgo del baño, vestida en un camisón gris, suspiró al ver la figura
preocupada de Atelmoff en una de las sillas de mi habitación.

- Has llegado. — Musito, lanzándome hacia él.

- ¿Qué ha pasado, querida? — Dice, acariciando mi cabello.

- Soy una estúpida, que debe alejarse de Stefan.

- Eso será difícil.

491
- Pues de alguna manera debo lograrlo.

- Cuéntame qué sucedió.

- Stefan y yo pasamos la noche juntos, Lerentia nos descubrió y me


recordó lo que estoy haciendo, la persona en la que me estoy convirtiendo.

- Querida, Lerentia es una mujer venenosa, no permitas que te


perturbe.

- Ella tiene razón, Altelmoff. Soy una cualquiera — digo con impotencia.

- No, no lo eres — dice con firmeza — solo te enamoraste de un hombre que


no sabe tomar decisiones.

- Voy a olvidarlo, voy a borrar cualquier sentimiento que tenga por él.

- Por más que lo intentes, no será sencillo. Ambos se aman aunque ahora
no sepan cómo hacerlo, todos somos testigos del amor incontrolable al que
sometieron su corazón.

- ¿Todos? — Pregunto confundida.

- Puedo notar que no has leído el periódico de hoy.

Extiende el papel que reposa en la mesa junto a él y el acaparador titular me


rompe nuevamente el corazón.

El Rey Stefan es incapaz de alejarse de su primer amor.

El reportaje se me hacen inmenso y detallado, pero debo admitir que mucha de la


información es cierta.
Viajo por cada línea del noticiario sorprendiéndome con cada palabra.

492
El aclamado monarca Denavritz ya ha encontrado el amor y la fortuna junto a
la princesa Lerentia Wifantere, pero aún así, no ha sido capaz de dejar a un lado
a la plebeya Malhore, quien ahora reside en el palacio a causa del decreto 343
expedido hace pocas semanas, siendo la única joven en toda Mishnock que fue
sometida a cumplir la orden.

Muchos afirman que el nuevo soberano a perdido la cabeza por la hija de los
famosos perfumistas, a tal punto de llevarla a vivir al palacio aún cuando su
prometida reside en él. ¿Será acaso una estrategia del Rey Stefan para tenerla a
su lado? ¿Estárá su familia de acuerdo con la decisión? ¿Qué opina la futura
Reina sobre esto? Pero aún más importante ¿Qué papel juega la plebeya de los
perfumes en el corazón de su majestád Stefan?

No hay duda de que Emily Malhore es el perfume del Rey.

Al parecer en el reino me ven como la obsesión de Stefan y en realidad odio tal


título. Le demostraré a está nación que soy más que pequeña enamorada del
hombre equivocado.

Atelmoff tiene razón. No será sencillo, pero juro que el amor que siento por
Stefan Denavritz Pantresh se borrará de mi corazón, cueste lo que me cueste.

493
Capítulo 46.
La mañana está cálida y la brisa va y viene revoloteando sin causa alguna.
Hoy no es un buen día para mi y sé que los venideros serán aún peores, no solo
por mi encierro sino debido a la difícil situación a la que nos enfrentamos con el
reino enemigo.

Magnus fue demasiado inteligente al perpetuar un ataque en la nación Cristeners,


pues sabia que toda la concentración militar estáría dispuestá en Mishnock
debido a la coronación de Stefan por lo que la residencia de los Wifantere era un
objetivo fácil de debilitar. Nos ha tomado por sorpresa, demostrando una vez
más que siempre está un paso
adelante.

Mis ánimos para desayunar se han esfumado y mucho menos tengo ganas de ver
Stefan a la cara, por lo que le pido a Leslie que traiga el desayuno a mi
habitación. Lo consumo lento como si quemara mi garganta y así me siento,
incinerada.

Veo a través del ventanal de mi alcoba, como transcurre la mañana dando paso a
la tarde, mientras la ira, la vergüenza y el dolor naufragan en mi interior. Mi
vestido color granate se levanta por la fluidez del aire, mientas yo siento que
levito en la nada.

- Señorita, su majestád el Rey Stefan desea verla. — Informa Leslie al


retirar mi plato de comida.

- Hazle saber que no me apetece verlo.

- Él insiste.

494
- No es un buen momento Leslie, por favor. — Ruego para que deje el tema
en paz.

- Como ordene.

Me levanto sin ánimos y camino por inercia, sin ningún lugar fijo solo a
donde mis pies me lleven.

Recorro los pasillos hasta llegar a la biblioteca en donde me siento a admirar


la estántería. Me siento vacía y más aún si estoy mirando las repisas repletas
de libros.

Me niego a dejar caer lágrimas y muerdo mi labio inferior en un intento por


reprimirlas. Está no soy yo y ésta no es la vida que quiero.

Pasan así los minutos, hasta cuando me decido a levantarme, avanzando hasta el
jardín, el único lugar que aunque me trae recuerdos no me ata al dolor. El único
sitio donde al menos me siento en paz y con algo de libertad.

Podría pasar horas allí, incluso hasta el alba, solo deseando poder cruzar los
muros que me alejan de las calles.

Camino con tristeza y desánimo, pero de repente siento que mi cuerpo se


activa, llenándome de adrenalina, de vigorosidad e incluso ansiedad. Todo
como resultado de lo que observo más allá de los árboles del lugar.

Mi paso se detiene abruptamente y mi corazón se agita con gran facilidad.


Estoy de pie a pocos metros de distancia del Rey enemigo.

495
Magnus está sentado en una de las sillas del jardín. La brisa de la tarde le
despeina el cabello y soy incapaz de dejar de mirarlo desde mi puesto.

Un hombre que reconozco como aquel que lo seguía en la pasada reunión,


aguarda en la siguiente banca.

Su expresión gélida y sus pómulos marcados son realmente atrayentes, el sol lo


golpea justo en el rostro haciendo brillar su sedoso cabello. Sus labios rojizos
forman una línea recta y me siento totalmente frustrada, pues por más que lo
intente no puedo quitarle los ojos de encima.

- Disfrutas lo que ves. — Dice el Rey Lacrontte con severidad, girando la


cabeza para verme.

De inmediato me siento expuestá, pequeña e indefensa. Él me ha sorprendido


viéndolo.

Sus impenetrables ojos verdes se posan en mi, atravesándome como un arma de


fuego. Siento que me quemo bajo su mirada, es como si pudiera revisar cada
parte de mi interior escudriñando todo lo que tengo. Mi corazón está
desenfrenado y el nerviosismo se acumula en mi
sistema.

- Disculpe. — Susurro sin poder controlar el sobresalto emocional que


Magnus causa en mi.

Continúa observándome en silencio con su expresión fría e ilegible, me gustaría


saber que pasa por su mente y me resulta difícil tratar de averiguarlo cuando su
rostro no refleja ninguna emoción, pero luego, de un momento a otro, sonríe y un
escalofrío me invade.

496
Puedo ver al fin los hoyuelos de los que hablaba Valentine, su rostro se torna
fresco pero engañoso, aparta la mirada de inmediato y vuelve a tomar su
expresión rígida, como si nada hubiese ocurrido.

Él sabe perfectamente el efecto que causa en las personas y puedo ver que
disfruta de ello.

- ¿Por qué? — Pregunta con su voz varonil.

Por espiarte — pienso — pero está claro que no voy a decirle eso.

- Por interrumpirte.

- No hacia nada, así que no me has interrumpido — Espeta con confianza,


volviendo a mirarme — ¿Vives aquí?

- Si.

- Lo lamento — Dice sonriente. Su gesto divertido es envolvente.

- ¿Por qué? — Ahora soy yo quien pregunta contagiada por su sonrisa.

- Vivir con Stefan debe ser terrible.

No sé que puedo decirle, mi voz se pierde bajo su mirada y la sonrisa se diluye de


mi rostro.

No es del todo una mentira lo que ha dicho pero me niego a creer que es la
absoluta verdad.

- ¿Pasa algo? — Pregunta al ver mi repentino cambio.

- No señor, ¿Por qué?— Respondo, encontrando mi voz.

- Dejaste de sonreír.

497
Mi boca se abre y se cierra ante sus palabras. Me debato internamente en
continuar aquí de pie como la fisgona que soy o huir lejos de él.

- Sonríe, te ves bien haciéndolo — Dice ante mi repentina seriedad.

¿Cómo puede decirme eso? Es el enemigo, se supone que es


intolerable.

- ¿No vas a decir nada? — Me mira inquisitivamente esperando que hable, pero
ninguna palabra se forma en mi garganta — Está bien, puedes seguir espiándome
entonces.

Caigo en la realidad al escuchar esa frase con un tono de fresca burla en él,
además una vibra de superioridad desbordante, lo que me hace salir del jardín,
levantando mi vestido para no tropezar y caer, eso solo me haría ver más torpe
ante los ojos de Magnus.

Me adentro en el palacio con el corazón al borde, latiendo con desesperación.

Subo corriendo hasta mi habitación tratando de escapar del efecto Lacrontte,


pero por más que me encierre u oculte siento sus ojos sobre mi y recuerdo su
instantánea sonrisa que parece despertar algo que no sabia que tenia.

¿Por qué me hace sentir así? Tan caótica y ansiosa, tan viva y vulnerable.

Cuando llegó a mi habitación, me apoyó en la puerta, en un intento por


tranquilizarme, esperando que mis doncellas no hagan ningún comentario al
respecto. Pero lo que hallo es algo totalmente distinto.

- ¿De dónde vienes? — La voz de Stefan me toma por sorpresa.

498
Está de pie cerca a la ventana de mi alcoba, observándome con detalle.

- Eso no te incumbe.

- No seas hostil, solo estoy preocupado por ti.

- ¿Preocupado? — pregunto con extrañez.

- Si, luces — Piensa por un instante la palabra adecuada para describir mi estádo
— Extraña. ¿Te ha pasado algo?

- Nada.

- ¿Segura?

- ¿Por qué está aquí el Rey Magnus? — Suelto sin más

- ¿Qué te hizo? — Pregunta con rapidez.

- ¿Por qué me haría algo?

- Emily, mantente alejada de él.

- No eres nadie para prohibirme cosas. — Digo exasperada.

- ¿Puedes calmarte?

- ¿Qué hace aquí? — Insisto por saber los detalles de la visita de


Magnus.

- Ha sido convocado por Lerentia a una visita diplomática.

- ¿Diplomática? — Eso no tiene sentido, está visita es cualquier cosa


menos de estádo — ¿Donde está su delegación? ¿Cuantos días va a
quedarse?

- No lo sé, Emily. Se irá hoy.

- No me engañes Stefan.
499
- Lerentia ha pedido reserva en el asunto, quiere ser ella quien lo trate y le he
concedido ese derecho, fue su reino el afectado es lo mínimo que le debía.

- Claro, le debes todo.

- ¿Por qué te interesa tanto saber sobre Magnus?

- Olvídalo. — Digo dándome la vuelta, caminando apresuradamente fuera de la


habitación.

- ¡Emily! — Grita, mientras bajo las escaleras.

Lo siento a mí espalda siguiendo mis pasos. No quiero verlo, ni sentir su


presencia, no deseo nada que venga de él, aún si mi corazón se resiste.

Cuando estoy cruzando los pisos de la planta baja, toma mi mano con fuerza,
llevándome hacia la sala del trono. Justo aquí se celebro su coronación y yo me
sentía la mujer más orgullosa, pero ahora no puedo seguir estándo a su lado.

- Emily debes parar ya con este comportamiento.

- ¿A cuál comportamiento te refieres? ¿ Al de darme mi lugar?

- ¿De qué hablas? Distas mucho de ser una joven sin moral.

- Pues eso no es lo que ve tu prometida.

- Lerentia sólo lo hace para importunarte.

- No es solo ella, Stefan. El pueblo entero cree que soy tu distracción o como
lo dijo Lerentia, tu juguete.

- Pero tú sabes que eso no es cierto. Emily eres todo para mí.

500
- No quiero escucharte Stefan, déjame en paz. — Digo con
desesperación.

- ¿Vas a permitir que acabemos así?

- ¿Qué voy a permitirlo? — Pregunto indignada — Lo nuestro acabo cuando


preferiste a la corona y ahora ya la tienes.

Me mira angustiado, totalmente desconsolado, sabe que tengo razón. Es


consciente que entre nosotros no hay nada que reparar cuando todo está en
pedazos, en diminutas fracciones imposibles de unir. Nos estámos aferrando a
algo que no volverá a ser y eso lastima más que cualquier otra cosa.

- Déjame ir Stefan. — Suplico esperanzada.

- No, Emily. — Dice con agonía

- ¿No te das cuenta del daño que me causas?

- Lo lamento, pero de aquí no saldrás. — Afirma con calma.

- Lárgate entonces. — Escupo con furia — Déjame sola.

Me mira con incredulidad ante mí creciente enojo, no dice una palabra más
mientras se marcha dejándome sola en la sala del trono y agradezco a la vida
por ello.

Voy hasta los últimos lugares, desahogando todo mi dolor en el camino. Me


siento lejos de los tronos que nos separaron, cerca a la oscuridad, mientras mis
lágrimas bajan por mis mejillas hasta llegar a mis pies.

Me siento derrotada, cansada y odio, odio llorar, ser débil y tonta. Me convenzo
de que debo tener fortaleza, si mis días en este palacio serán

501
extensos tengo que saber jugar mis cartas para vivir cada día de la manera más
parecida posible a como en realidad quiero que sean.

Mientras me debato internamente y me culpo por ser tan ingenua, las puertas del
salón se abren, me levanto con furia dispuestá a gritarle a Stefan que se largue de
una buena vez, pero en vez de ello, soy sorprendida por la figura de Lerentia y el
Rey Magnus entrando aceleradamente al recinto.

El Rey Lacrontte camina con seguridad mientras la princesa Wifantere demuestra


torpeza, enojo e incluso nerviosismo frente al enemigo.

- ¿Por qué has hecho eso? — Pregunta furiosa Lerentia.

Me siento de inmediato, cerrando la boca al instante y me acomodo aún más en


la oscuridad de las últimas sillas, preparada para cualquier cosa que pueda
suceder.

Magnus guarda silencio por unos segundos como si buscara las palabras precisas
para responder, mientras veo las miradas furtivas de Lerentia hacia el Rey
Lacrontte. Ni siquiera ella es inmune a sus encantos.

- Te has metido en una guerra que no te pertenece. — Responde él con


tranquilidad.

- Mi reino puede ayudar a quien desee.

- Por favor Lerentia no me hagas reír. ¿Ayudar? Vas a hacerme creer que lo
hiciste por altruismo. Todos aquí estámos enfermos unos más que otros y
sabemos que nada de lo que hacemos es gratis.

Lerentia se queda callada ante las acusaciones venenosas de Magnus

502
- Tú querías poder y siendo una princesa cualquiera no ibas a lograr nada. Así
que mejor que casarse con un príncipe manipulable — Replica nuevamente
refiriéndose a Stefan.

- Es mi prometido de quien hablas.

- Él no te importa nada, así que no finjas indignación. Tú no quieres a nadie


que no sea tu misma — Magnus abre los ojos en sorpresa como si acabase de
descubrir información valiosa — ¿Acaso sientes algo por Denavritz? ¿Cuándo
vas a cambiar? — Cuestiona riendo con sarcasmo.

- Sabes perfectamente que jamás podré quererlo, tú conoces mi corazón.


- Dice con seguridad. Lo mira desolada y siento su voz quebrarse
mientras vuelve a hablar — No podría amar a alguien más, Magnus.

- El amor no se aprende Lerentia. ¿Acaso no lo recuerdas?

- Mucho cuidado con lo que vas a decir — Amenaza con enojo.

- Todo eso para mí está en el pasado. Tú más que nadie sabe que soy un
hombre que olvida fácil.

- Lo tengo claro desde hace mucho tiempo.

- Entonces tenlo presente y por favor no te confíes que yo no te tengo


misericordia.

- Por Dios Magnus, tú no tienes piedad con nadie. No sabes ni siquiera el


significado de esa palabra.

- Es una razón más para que salgas de mi camino. Ya intentaste atravesarte una
vez y ambos sabemos como resultó, así que no vuelvas a intentarlo.

- ¿Me estás amenazando?

503
- Tómalo como quieras. Pero te aseguro que voy acabar con todo lo que se me
oponga.

- Algún día vas a enamorarte Magnus y vas a acabar muy mal.

- Ya he estádo enamorado y no ha sido de ti.

La expresión de Lerentia muestra el desgarro en su corazón. Magnus la ha herido


profundamente, pero puedo ver que ella tampoco es del todo inocente.

- Eres tan... — Dice con enojo en su voz.

- ¿Tan que, Lerentia? — Se acerca velozmente con un fuerte paso, está tan
cerca que siento que va a besarla.

La princesa Wifantere respira rápido ante el movimiento brusco de Magnus y


sorpresivamente la mujer que siempre tiene algo que decir, una palabra
venenosa que lanzar, se queda sin palabras ante el Rey Lacrontte.

Él la mira con frialdad, mientras ella se ahoga bajo sus ojos. Si no estuviera aquí
jamás hubiese creído que algo como esto podría pasarle a Lerentia.

- No oses el subestimarme. Ya te conozco, pero queda claro que tú a mí no. —


Brama con rigidez el Rey Lacrontte, mientras ella solo se limita a observarlo
casi con idolatría.

Se separa con rapidez de ella y comienza a caminar fuera de la sala con zancadas
firmes, sin molestárse en mirar atrás.

- Te odio. — Grita ella retomando el control de su voz.

504
- Esperemos algún día eso sea cierto. — Le responde él, cerrando la puerta
para desaparecer fuera del salón.

Aquí hay una historia que no ha sido contada, entre ellos existió algo que han
callado a través del tiempo y está claro que voy a descubrir de qué se trata y para
ello cuento con una ficha clave. Sophie.

505
Capítulo 47.
Mi día ha pasado en un parpadear, no he salido de mi habitación a causa de mis
pensamientos y por supuesto mi encierro me ha ayudado en mi lucha por evitar a
Stefan.

Odio pensar en Magnus, en su sonrisa, en sus hoyuelos, en lo amable que fue


antes de convertirse en el hombre que me imagino que es.

Recuerdo absolutamente todo, desde su tranquila respiración hasta su flameante


mirada. Sus presencia, su varonil tono de voz, sus ocurrencias y su sarcasmo.
Siento que me dejó ver tanto de él en tan solo minutos y aunque aún representa
un misterio para mí, no puedo evitar pensar que no todo respecto al Rey
Lacrontte es tan malo.

Intento pensar en cómo haré para que Sophie me cuente la verdad, es demasiado
leal o tímida como para revelarme ese gran secreto.

••••

Alrededor de las siete de la noche aparecen mis doncellas a pedirme


encarecidamente que salga de mi habitación aunque sea un instante, justo
para la hora de la cena y con algo de molestia aceptó.

Han frustrado el que pueda disfrutar de la cena a solas, sin más que hacer salgo
de la habitación y mientras camino al comedor una familiar voz irrumpe mi paso.

- Señorita la estába buscando con urgencia — Menciona con nerviosismo


Sophie.

- ¿Lo hiciste? — preguntó, refiriéndome así tuvo o no éxito sustrayendo lo


pedido de la oficina de Stefan.

506
- Sí señorita y me ha costado mantenerlo escondido, pero todos los sobres
eran iguales no sé si quería uno en específico.

- ¿Todos? — preguntó confundida al recordar que sólo era uno.

- Así es, lo que usted vio fue a su Alteza firmar las tarjetas de invitación al
matrimonio con la princesa la Lerentia.

Mi corazón sufre un colapso. Hubiera preferido no saber de qué se trataba, pero


mi curiosidad siempre me controla.

La ira llena mi sistema al recordar la astucia con la que lo escondió de mí y justo


luego me besó. Le dije que lo amaba mientras él firmaba las invitaciones a su
boda.
Soy tan ingenua que en ocasiones me molestá.

- ¿Puedes enseñármela? — digo, extendiendo mi mano donde Sophie pone


el tan despreciado sobre.

Lo primero que visualizo es efectivamente la firma de Stefan pero no hay más


nada en él, ningún indicio de que sea la invitación a la boda.

- ¿Cómo sabes que es la invitación? — Cuestiono con desconfianza.

- La princesa Lerentia ya ha alardeando de esto con nosotros y nos ha


enseñado un par que han sido enviadas a los miembros de las casas nobles de
Cristeners.

Está nueva información me golpea aún más fuerte. Nunca estuve tan agradecida
con Lerentia por irrumpir en la habitación de Stefan hace dos días.

507
Me pregunto ¿qué habría pasado si no llega a interrumpirnos?, e indirectamente
también le debo a Magnus, ya que por su maldad pudo detenernos desde la
distancia.

Rompo el sello y despliego por completo la invitación, consciente de lo


masoquista que es el acto en sí.

Aún cuando sé que se trata de su boda y que nada podría ya sorprenderme, el


destino me cierra la boca al ver la fecha en que se realizará la unión. Justo dentro
de tres días.

En tres días Stefan será un hombre casado y se irán para siempre mis esperanzas
de una reconciliación entre nosotros.

Guardo la tarjeta en mi habitación y voy escaleras abajo hacia el comedor,


esperando que hoy también sea afortunada y pueda comer sin compañía.

Al momento de entrar al comedor, mis ideales se derrumban al ver a Lerentia y


Stefan sentados en el lugar, dispuestos a compartir la mesa. El rostro de la
princesa Wifantere muestra lo no grata que soy para ella y en realidad
compartimos el mismo sentimiento. Mientras me acerco no puedo evitar recordar
el momento en que su voz se esfumó frente al Rey Lacrontte y lo indefensa que
lucia junto a él.

Tomo asiento en el comedor, sin pronunciar palabra alguna como un intento


por guardar la calma, pero Lerentia rompe el silencio con sus frases
arrogantes.

- ¿Cuánto tiempo se quedará en el palacio? — Pregunta a Stefan.

- El tiempo que me plazca. — Responde él sin más.

508
- ¿Crees que voy a soportar a tu muñeca un día más? Su presencia me perturba.

- Acostúmbrate Lerentia, porque no va a irse.

Me quedo en silencio ante el fuego cruzado de los futuros esposos, hasta que
escucho una frase que acaba con mi autocontrol.

- Eres una zorra. — Escupe entre dientes.

Me levanto de inmediato de la mesa, mientras veo como Stefan repite mi


movimiento.

- ¿Acaso no puedes mantener la boca cerrada? — Grita el nuevo Rey.

- Puedo decir lo que quiera, estoy en mi nuevo hogar.

- No te equivoques, hasta que no seas la Reina nada de esto te


pertenece.

Opto por no perder la compostura mientras mi mente intenta buscar una razón
para no golpearla.

- ¿Y a ella sí? — Pregunta con ironía. — No me hagas reír Stefan.

- Retírate. — Dice él con determinación.

- ¿Qué? — Pregunta incrédula — Debes estár demente. ¿Acaso se te olvida quién


soy?

- Para mí no eres nadie — responde Stefan velozmente dejándola sin


palabras — Guardias por favor acompañen a su Alteza Lerentia a la
habitación — Da como orden final el Rey.

Los guardias aparecen rápidamente para cumplir con lo escuchado, llevándola


hasta la salida del saloncito.

509
- No imaginas lo que se viene para ti. — Dice mirándome con odio, al
momento de ser flanqueada.

La puerta se cierra con un golpe seco que me hace sobresaltar, al tiempo que
Stefan me mira, buscando complacencia en mi rostro. ¿Cree que con eso va a
arreglar todo el daño que ha hecho? Nada de lo que haga ayudara a reparar sus
malas acciones.

Me levanto y salgo del comedor hecha una furia, decepcionada de mi misma por
no tener el valor suficiente para enfrentármele.

Puedo sentir a Stefan siguiendo mis pasos, así que avanzo a gran velocidad hasta
mi alcoba y cierro la puerta justo antes que él pueda pasar.

Se mantiene al otro lado, golpeando con suavidad, esperando que le permita


pasar, pero no lo hago, me mantengo firme, con el ánimo puesto en no caer de
nuevo en sus dulces palabras.

Me sorprende ver que respeta mi decisión, ya que simplemente podría buscar una
llave y abrirse paso para invadir mi espacio, pero en cambio se limita a
mantenerse al margen, respetando mi dolor y mi dignidad herida.

Se rehúsa a tocar un millón de veces a mi puerta pidiendo que lo deje pasar, pero
al cabo de un rato lo siento partir, mientras yo me ahogo en mi estúpida
amargura y orgullo.

Me recuesto en mi cama, cubriéndome con las cobijas, sollozando toda la


noche hasta quedarme dormida cuando a través de la ventana veo al alba
acercarse.

••••

510
Al momento de despertar siento un suave toque en la puerta que es abierta por
mis dos doncellas. No me explico a qué hora aparecieron estás mujeres en mi
habitación.

Dos guardias entrar a mi alcoba alegando que vienen en mi búsqueda para


llevarme a desayunar, no entiendo por qué tienen que acompañarme al comedor
cuando ya sé cual es el camino.

Leslie ya tiene el baño preparado para mi y cuando termino de arreglarme, bajo


con los dos hombres, que me guían está vez por dirección diferente que termina
en un salón de comedor más pequeño, más privado pero igual de hermoso.

En la mesa solo se encuentra Stefan y hubiese querido estár sin compañía


nuevamente.

Al verme sonríe con caballerosidad pero mi gesto le demuestra que no tengo


ánimos para sus falsos modales. Me indica que tomé mi lugar y me siente en la
silla correspondiente a su derecha, justo a su lado.

—Buenos días Emily — murmura sonriente, saludo que no correspondí.

Un exquisito desayuno se pasea frente a mi, pero me encuentro reacia a comerlo


y solo me rehúso a removerlo con el tenedor.

- Espero te gusten — espeta Stefan señalando con su cuchara el plato frente


a mi — lo mande a preparar solo para ti.

No lo he mirado desde que entré a la habitación y prefiero continuar ignorándolo.

A medida que la comida avanza él insiste en tratar de sacarme las palabras pero
todos sus intentos para mi son fallidos, prefiero continuar inmersa en mis
pensamientos lejos de su figura y presencia.

511
Mis ojos están puestos en el plato de comida, pues mi apetito está perdido desde
ayer, solo quiero salir de aquí, desaparecer.

De un momento a otro, siento la mano de Stefan tomar la mía, cubriéndola


suavemente con la clara intención de ganarse mi atención, así que le doy lo que
quiere y lo miro con recelo.

- Emily, lamento tanto lo que ocurrió anoche, enserio lo lamento, no


quiero que nada te haga daño.

Mis ojos apagados lo observan, es tan cínico que no se da cuenta que el máximo
daño me lo causa él mismo con sus acciones, con su cobardía y su orgullo.

Él es el único responsable de todo el dolor que estoy sintiendo en estos


momentos, me ha arrebatado tantas cosas solo por un amor que prácticamente se
está convirtiendo en obsesión.

Me mira sin saber que más decirme ante mí renuente apatía y sin poder soportar
mirarlo un segundo más, devuelvo mi mirada para encontrar mi plato
nuevamente, pero entonces él rápidamente continua diciendo:

- Quiero que sepas que puedes pedir todo lo que quieras y te será
concedido.

La esperanza se aviva en mi por un instante y casi curvo mis labios en una


sonrisa ante la idea de poder irme de aquí, pero él velozmente añade.

- Cualquier cosa excepto el salir del palacio.

- Entonces no sería cualquier cosa— Difiero, hablando por primera vez.

512
- Vamos Emily, hay millones de opciones más, muchas más cosas por desear.

- Esa es la única cosa que quiero. — Respondo con frialdad.

- No lo hagas más difícil. — Ruega, buscador mi mirada, la cual no le


concedo.

- Bien — respondo agotada por la discusión que desde un principio supe que
no ganaría, él me quiere a su lado, así sea a regañadientes.

Necesito armarme de valor para atacar cuando sea ofendida y sobrellevar mi


estáncia en el palacio, para así no permitirme caer en el juego de Stefan
Denavritz y sin duda alguna necesito hablar con Sophie para conocer todos los
detalles ocultos de Lerentia con respecto al Rey Lacrontte y estoy dispuestá a
descubrirlos al amanecer.

513
Capítulo 48.
Cuando despierto por la mañana la figura de Stefan me sorprende de pie junto a
mi cama. Me incorporo de inmediato enojada por la irrupción a mi privacidad.

- ¿Qué necesitas Stefan? — Pregunto con clara molestia.

- Hablar.

- No hay nada de lo que debamos conversar.

- Hay muchas cosas, Emily.

- Como sabrás no estoy interesada.

- Quieras o no hay que hacerlo.

- ¿Y de qué hablaremos? ¿De tu matrimonio con Lerentia?

- Eso no es importante.

La ira me consume al escuchar tal declaración. ¿Cómo se atreve a decir eso


cuando todo lo que ha pasado es debido a ello?

- ¿Qué no es importante? — Me levanto de la cama y busco en la mesa el sobre


que me ha entregado Sophie y lo lanzo a sus pies — Va a celebrarse dentro de
dos días y no te parece importante.

- ¿De dónde has sacado eso? — Exige enojado

- ¿Acaso importa?

- Si lo hace. Respóndeme, ¿De dónde lo has sacado?

- Lo he robado de tu oficina.

514
- ¿Con qué derecho? — Dice indignado.

- Con el mismo derecho que te atribuiste para mantenerme aquí como una
prisionera. — Escupo con furia — Lo escondiste de mi para luego besarme,
eres un cínico.

- Tampoco es como si te hubiese obligado. — Dice con severidad,


golpeándome con sus palabras.

Tiene razón, no me obligó. Solo fui una ingenua enamorada.

- ¿Qué haré yo aquí después que te cases? — Pregunto furiosa.

- Emily yo te necesito.

- ¿Para qué? — Grito exasperada — Ya estoy cansada Stefan, esto es


enfermo.

- No me importa — Lleva las manos a su cabello con desesperación — aquí vas


a quedarte. — Replica con frialdad.

- Quiero ver a mi familia. Al menos dame eso — Pido derrotada.

- Todo lo que desees, te será concedido. Mañana estárán aquí si así lo quieres.
— Dice con calma, mirándome con ojos abatidos.

- Ahora vete Stefan, no quiero verte.

Lo escucho suspirar frustrado mientras se acerca a la salida, no hay nada más


tonto que sujetarse a la nada y es justo lo que hacemos.

- Sé que algún día volveremos a estár juntos. — Dice al desaparecer por la puerta.

515
Nos estámos aferrando a las migajas de un amor que ya no existe y eso es más
doloroso que cualquier engaño o encarcelamiento. Somos prisioneros de nuestros
propios actos y decisiones.

Me recuesto en la cama nuevamente, deseosa por despertar y que todo esto sea
una gran mentira, pero todo es real, el engaño y las traiciones son verdaderas al
igual que las voces de Christine y Leslie al aparecer minutos más tarde junto a un
gigantesco desayuno que no he pedido.

- Su majestád el Rey pensó que desearía comer sola está mañana. — Avisa
la mayor.

- Pues pensó bien — Respondo con severidad.

- ¿Pasa algo señorita?

- ¿Sabes por qué estoy aquí, Leslie?

- A causa del decreto real.

- No. Me refiero a la verdadera razón. ¿La conoces?

- Todos en este palacio lo sabemos, señorita. Por ello todos se limitan a


hablarle.

- Eso no tiene sentido. — Digo, aún sin entender.

- Creen que entablar una conversación con usted, traería consecuencias, aún más
en los hombres.

Eso es cierto, ninguna persona en este sitio me dirige la palabra a excepción de


aquellos que están destinados a trabajar conmigo como el sastre y mis doncellas o
aquellos que ya conocía con anterioridad quien sería Atelmoff.

516
- ¿Qué se dice de mi en los pasillos de este palacio? — Cuestionó con temor
a la respuestá.

- No considero pertinente responder a tal pregunta, señorita.

- Exijo saber.

Leslie mira a su compañera por un segundo, con miedo a revelar la información,


ya sea debido al temor por mi reacción o por qué es realmente grave lo que se
comenta entre las paredes del palacio.

- Que es usted la amante del Rey — Responde al fin Christine, desde el otro
lado de la habitación.

Tal declaración me lleva a la realidad, es exactamente como Lerentia me ve y ese


mismo concepto es fácilmente compartido por el resto del personal. He sido tan
estúpida y solo hasta ahora me doy cuenta de lo mucho que me he rebajado por
un hombre que no sabe valorarme.

Totalmente decepcionada de mi misma, pido a mis doncellas traer la última carta


que me queda por jugar.

- Podrían llamar a Sophie por favor, hagan cualquier cosa por traerla.

- Eso será difícil, su Alteza Lerentia se encuentra en su habitación junto a la


pobre chica.

- La necesito con urgencia. — Demando con un hilo de voz que amenaza con
desaparecer.

Ambas mujeres vuelven a mirarse, indecisas por mi pedido, pero para mi


conveniencia rápidamente salen en búsqueda de la única persona que podría
darme un recurso para sobrevivir en este palacio.

517
Pasan los minutos y nadie regresa a la habitación, elevando así mis niveles de
ansiedad. Termino de comer mi desayuno con un nudo en la garganta, mientras
intento organizar toda la información en mi cabeza.

Las puertas de la alcoba son abiertas mientras recojo el sobre de la boda que ha
quedado tendido en el suelo y para mí suerte Sophie entra con cautela,
bloqueando el cerrojo con discreción.

- ¿Me ha mandado a llamar señorita? — Pregunta en un susurro.

Doy gracias a la vida por la prudencia de mis doncellas quienes nos han regalado
un espacio de privacidad sin ni siquiera pedírselos.

- Sophie, necesito tu ayuda para comprender un asunto de suma


importancia.

- Espero que no sea volver a robar, señorita.

- Créeme esa etapa ya pasó. — Digo sonriendo por primera vez en el día.

- Bien, la escucho. — Brama con confianza.

- ¿Desde hace cuánto trabajas para Lerentia?

- Hace 5 años. — Musita mirándome con extrañez. — ¿Esto se trata sobre la


señorita Lerentia?

- Sólo necesito conocer algunos detalles.

- Prefiero no hablar sobre ella.

- Sé que eres leal pero enserio necesito tu ayuda. Al igual que tú estoy siendo
humillada por la princesa constantemente, si me ayudas yo te ayudaré.

- No lo sé, señorita. No hay nada que pueda contarle.

518
- Yo ya conozco una parte, solo necesito el resto de la historia.

- ¿Qué dice usted que sabe? — Pregunta confundida.

- Sé que entre el Rey Magnus y Lerentia hubo una relación, solo necesito saber
que pasó.

- Entre ellos no hubo nunca una relación.

- Vamos, Sophie no me mientas.

- No le miento señorita, entre ellos no existió nada.

- Claro que sí. Los escuché hablando en la sala del trono, donde él le confesó
que jamás estuvo enamorada de ella.

- Lo cual es cierto, pero no por que hubiese existido una relación.

- Explícame, entonces. — Pido con la esperanza de que me confiese toda la


verdad.

Su mirada se pierde entre los dedos de sus pies y puedo ver como se debate entre
contarme o no lo que sucedió.
Por un instante pienso que no va a decirme nada pero luego dice las palabras que
desde un principio esperaba escuchar.

- Está bien. — Suspira atemorizada antes de iniciar — La señorita Lerentia solo


ha amado a un hombre en su vida y es al Rey Magnus Lacrontte, pero todo no
comenzó de esa manera, pues fue su avaricia y codicia la que la llevó a ser no
grata ante los ojos del monarca Lacrontte.

- ¿A qué te refieres? — Pregunto sorprendida por la declaración.

- Su Alteza Lerentia tuvo la fortuna de conocer al Rey Gregorie Fulhenor


Lacrontte, primo de Magnus.

519
Rápidamente mi mente viaja a ese nombre, ya lo he escuchado antes. Una vez
mientras estába en el bosque Ewan con Stefan mencionó que a ese hombre le
pertenecía el tercer reino más poderoso, pero como era familiar de Magnus no
podía acudir a él por ayuda.

- Quiero detalles, por favor — Pido esperanzada.

- Señorita, no hay mucho que contar. El Rey quedó fascinado por la princesa y
rápidamente comenzó a cortejarla, tal coqueteó fue aceptado por los Reyes
Wifantere quienes siempre han buscado realzar su poderío y que mejor
oportunidad que uniendo a su hija a la mano de un soberano de mayor renombre.

- ¿Cómo pudieron sus padres respaldar tal comportamiento?

- Está claro que no conoce a la familia Wifantere. — Replica con ironía — La


codicia está marcada en la personalidad de la señorita Lerentia, quien
rápidamente comenzó a conquistar con desvergüenza al Rey Gregorie.
En Cristeners todos son ambiciosos y Lerentia también quería más.

Mi mente procesa cada palabra, sin poder creer aún los alcances de está mujer.

- Su romance llegó a tal punto que ya se hablaba de compromiso, pero en una


cena dispuestá para hacerlo oficial, uno de los invitados principales fue el Rey
Magnus y fue allí donde todo cambió.

- Explícate — Pido ansiosa.

- No sé con precisión que ocurrió, pero al conocerlo la princesa Wifantere quedó


maravillada y prácticamente obsesionada, no solo con la figura del menor de los
Lacrontte si no también por el hecho de que este era el soberano del reino con
más poder que existe.

520
Quedo perpleja ante tal declaración, Lerentia es una caja con retorcidas sorpresas
y me atemoriza que el destino me haya cruzado con una mujer de tan bajos
alcances.

- La nación del Rey Gregorie ya no le parecía suficiente — Continua Sophie


- así que prefirió dejarlo de lado y empezó a demostrar descaradamente su
atracción por el Rey Magnus, aún cuando ya sabía que este era primo del
monarca Fulhenor.

- ¿Es posible que una persona pueda hacer tal cosa?

- Ella no se iba a conformar con un reino cualquiera, quería lo más


grande, lo mejor y todo eso lleva el nombre de Magnus Lacrontte.

- ¡Por Dios! — Digo incrédula al momento de comprender una parte de la


historia — Ella no entregaría su corazón a la nada, Magnus debió darle alguna
esperanza.

- Por supuesto. Magnus sabía las intensiones de su primo hacia Lerentia y como
está le mostró interés no solo a causa de un sentimiento, si no también por el
deseo hacia el poder y la riqueza, él decidió dejarla perderse en su propia
trampa.

- ¿Le hizo creer que estába interesado?

- No, le hizo creer que no sabía nada sobre su avaricia. Dejo que enseñara todas
sus movimientos aún cuando sabía que todo lo que ella le mostraba era falso, la
hizo subir solo para que después cayera en sus propias mentiras, pero con lo que
no contaba su Alteza Lerentia era que acabaría entregándole su corazón.

- Se ahogó en su codicia. — Digo al entender toda la situación.

521
- La he visto llorar muchas noches a causa de Magnus. Intento jugar con él y
terminó enamorándose.

- Nunca lo imaginé. ¿Acaso él la ha tratado mal?

- No señorita. Solo le duele un amor no correspondido, al parecer el Rey


Magnus tiene la habilidad de deslumbrar fácilmente.

No comento nada al respecto, por qué creo que también he sido víctima de su
aura envolvente.

- Por ello le digo señorita, tenga cuidado con el monarca Lacrontte.

Está revelación me ha tomado por sorpresa, ella lo quiere. Debajo de su


arrogancia y odio, camufla todo lo que siente por Magnus y aún así está
dispuestá a casarse con otro hombre solo por riquezas, por el deseo incontrolable
de convertirse en Reina, todo debido a la enfermedad por el poder.

Cuantas veces no me cuestiono que hay en la vida muchas cosas más valiosas
que el amor. Cuando veces no me dijo ingenua por todo lo que sentía hacia
Stefan y ahora ella es una más, es igual a mi.

- Siento pena por ella. — Confieso.

- No la sienta. La princesa se ha encargado de hacerle daño a las personas


para igualar lo que ha sufrido a causa de sus caprichos no cumplidos.

- ¿Por qué te mantiene a su lado si te odia tanto?

- Porque sé mucho y prefiere tenerme sometida para lograr


controlarme.

- Aún así tienes la opción de renunciar.

522
- Créame, lo he pensado mucho. — Dice dubitativa y puedo ver la
sinceridad en sus palabras.

No voy a negar que estoy sorprendida por está nueva información, pero de una
cosa estoy segura y es que al igual que Lerentia estoy siendo atraída por el Rey
Lacrontte, quien cada día se mete más fuerte en mi cabeza.

No sé aún que haré para sacarlo de allí, por qué a decir verdad no deseo dejar de
pensar en él y si en realidad ese es el punto débil de Lerentia, estoy dispuestá a
atacar por ahí hasta derrotarla en su juego o caer rendida a las manos de Magnus.

Sinceramente, solo una de las dos opciones es buena para mi, pero el caminar
en un terreno peligroso con el Rey Lacrontte no me es indiferente.

523
Capítulo 49.
Sin aún poder asimilar todo lo que sé sobre Lerentia, me despierto temprano en
la mañana con algo de euforia en mi sistema. No solo por que he encontrado un
punto débil en la princesa maleducada si no también por qué Stefan me ha
prometido que hoy veré a mis padres.

Bajo a desayunar con el ánimo arriba y para mi sorpresa estoy sola en el


comedor.
No es solo paz mental, si no también seguridad, al menos para mí esto representa
un ápice de libertad.

Mientras estoy terminando mi comida, Atelmoff entra al salón. Su rostro es


sonriente pero sus ojos muestran una potencial preocupación.

- Querida. — Dice con voz serena.

- Hola — Digo notando su inquietud.

- Necesitas visitar al sastre.

- ¿Para qué? — Pregunto confundida.

- Debes elegir tu vestido para la boda de Stefan.

Mi cara de sorpresa debe ser evidente ¿Acaso cree que asistiré a su matrimonio?

- Atelmoff lo lamento, pero no asistiré a esa unión.

- Sabia que dirías eso y está bien, pero debes hablar con Stefan de ello, pues
todo el personal debe estár presente.

- No hay nada que hablar, no iré y punto. — Bramo con determinación.

- Como digas pero por ahora debemos ir, el sastre te espera.


524
Me levanto de la silla totalmente perdida, no iré, no asistiré a esa farsa.

Al llegar al salón del sastre mi vista se inunda con la imagen de Lerentia


Wifantere en su pomposo traje de novia.
Mis deseos internos quieren tirar de el y desaparecerlo, pero no, en cambio
aquí está luciendo impecable con un tono blanco resplandeciente.

- ¡Emily! — Sonríe al verme y conozco la intención con la que lo hace.

- Lerentia. — Digo con recelo.

- Recuerda que debes dirigirte a mi como Alteza, pero lo dejaré pasar hoy por que
quiero hacerte una petición.

Esto es increíble, totalmente ridículo, solo espero que no se atreva a tentarme


pues tengo con que defenderme.

- Te escucho.

- Quiero que lleves la cola de mi vestido.

- Estás demente — Bramo con ironía.

- ¿No vas a apoyar a tu hombre en su gran día?

Sus palabras arden en mi corazón, pero me niego a dejar que me afecten.

- No puede ser un gran hombre si va a casarse contigo. — Respondo con


valentía.

La risa ahogada de Atelmoff se escucha a mi espalda y me siento realmente bien


por no quedarme callada está vez.

- ¿Te crees muy graciosa? — Brama retándome.

525
Está vez no pienso caer en sus provocaciones, por lo que prefiero hacer caso
omiso a su comentario y así lograra recuperar un poco de la dignidad perdida.
Me acerco al sastre con toda la intención de salir de ese sitio a como de lugar.

- Mi vestido, por favor. — Pido al hombre.

- Por su puesto, mi señora. — Dice al tiempo que pone en mis manos un


elegante vestido azul.

Odio, odio que Stefan haga estás cosas, sé que fue él quien lo mandó a
confeccionar, odio que use mis preferencias para crearlo.

Si cree que sus viejas estrategias volverán a funcionar, lamento informarle que
no queda nada que venga de su parte que pueda agradarme.

Salgo del salón dejando a Lerentia con la palabra en los labios y con su clara
intención de discutir en el aire.

Subo hasta mi habitación a la espera de olvidar este terrible momento y


agradezco a la vida por lo que hallo al entrar. Mi familia.

Mia corre a abrazarme, algo que creo jamás había hecho. Mamá me mira con ojos
cristalinos y papá aguarda ansioso por darme un abrazo.
Están aquí para mi, al menos hoy.

- ¿Cómo has estádo? — Pregunta mi madre, aproximándose a mi.

Quiero contarles, decirles toda la verdad pero eso solo los agobiaría más y es
justo lo que no quiero.

- Bien.

526
- ¿Bien? — Pregunta mi padre incrédulo.

- Si, no hay mayor cosa.

- Hija hemos visto las noticias y dudo que no hayas leído los periódicos.

- Todo está en completo orden. — Miento.

- ¿Cuando te dejarán salir? — Pregunta Mia aún en mis brazos.

Su pregunta me aflige el corazón. ¿Cómo puedo responder a eso cuando aún no


sé la respuestá?

- Emily debemos sacarte de aquí. — Dice mamá en un susurro ante mi


silencio.

- Lo hemos pensado bien y lo mejor es irnos de Palkareth, dejaremos la


perfumería y viajaremos lejos una vez que podamos ayudarte a salir. — La apoya
papá.

- ¿Van a dejar la perfumería? Ese es su sueño.

- Y tú eres nuestra hija. Créeme que nada es más importante.

- No puedo permitirlo.

- Nosotros tampoco podemos permitir que el reino te vea como la amante del
Rey. — Brama con enojo.

- Sé que una vez que Stefan se casé todo mejorara, quizás desista de la idea de
retenerme.

- ¿Y si no lo hace?

- Pues aceptare la idea de ayudarme a escapar.

527
Mi padre me mira esperanzado aún cuando sé que esa idea es difícil de ejecutar,
estoy siendo vigilada todo el tiempo por guardias e incluso por mis doncellas.
Nada podría liberarme de este palacio, salvo la voluntad de Stefan.

- Te hemos traído algo. — Anuncia mamá.

Pasan a mis manos una carta de la armada que de inmediato reconozco como
remitente a Willy.

Mi corazón no puede evitar sentir emoción por noticias de mi amigo. Esto


significa que está vivo, al menos por ahora.

El sobre está rasgado pues ya ha sido abierta, sé que no fue por mis padres ya en
la primera carta me explico que toda correspondencia es revisada antes de ser
enviada, para cuidar lo que en ella se cuente.

Caballo.

No tengo muchas líneas para escribirte por lo que intentare ser preciso. La
guerra está al límite, en un punto de quiebre, pero aún así me encontró bien.

No puedo decirte en qué punto nos encontramos exactamente pero puedo


contarte que he estádo en la cima de grandes montañas que me recuerdan
aquella ocasión en la que subimos hasta el tejado del refugio y pude ver el
mismo paisaje que contemple junto a ti. Por un momento sentí paz, esperanza,
me sentí en casa, con seguridad pero todo eso rápidamente se esfuma al
escuchar los disparos que agitan la guerra.

528
Hay un suceso en particular que quiero contarte y espero logres
entenderme. Un hombre, un gran hombre me ha perdonado la vida. En un
ataque fui el único sobreviviente pero me vi enfrentado a su presencia y él
ha decidido dejarme ir.

Sé que podrás descifrar de quién hablo y por favor piensa en el por qué lo ha
hecho, yo aún no logro entenderlo.

Espero verte sobre el tejado una vez más. Te


quiere, tu amigo Willy Mernels.

Una vez termino de leer la carta no tengo que meditar demasiado para
comprender que habla de Magnus Lacrontte.
Es lo que me dice mi corazón al entender las señales.

Con el termino "Gran hombre" no se refiere a tamaño, si no a poder y nadie más


dejaría libre a un capitán de la armada enemiga a menos que seas la figura con
más autoridad dentro de tu ejército, para así tomar tal decisión y ese sería
precisamente el Rey.

Ahora solo necesito comprender cuál fue la razón que lo llevó a perdonarle la
vida a Willy.

- ¿Han leído está carta? — Pregunto ante la información revelada.

- ¿Deberíamos haberla leído? — Pregunta mi padre extrañado.

- Solo es curiosidad. — Digo, negando con la cabeza.

- Tienes todo un palacio lleno de secretos para saciar tu curiosidad.

- ¿A qué te refieres?

- Sabes que nunca he creído en todo lo que dicen los Reyes o bueno, ahora
el Rey.

529
- ¿Crees que nos mienten?

- Desde hace muchos años.

- ¿En qué sentido?

- No lo sé, pero una guerra no se mantiene a lo largo de los años solo siendo
la víctima.

- Crees que el reino Lacrontte no es el villano en todo esto.

- No digo que sean inocentes pues han mostrado su maldad a través de las
generaciones, pero nuestra nación tampoco se queda atrás.

- La visita ha finalizado. — Avisa un guardia que irrumpe arbitrariamente en


mi habitación.

- ¿Pueden darnos unos minutos más? — Pide mi madre.

- Lo lamento señora, pero deben marcharse ahora mismo.

- ¿Esto debe ser una broma? — Digo exaltada. — Es mi familia.

- Convérselo con el Rey, señorita. — Replica el guardia con frialdad.

Observo con impotencia cómo el guardia les abre camino a mis padres y a Mia
para que salgan del palacio, pero inmediatamente noto que uno de ellos no se
encuentra en el lugar de siempre, lo cual es totalmente extraño dado el hecho de
que están todo el tiempo vigilando mi puerta.

Sé que fuimos interrumpidos por el rumbo que tomó nuestra conversación, estás
paredes tienen oídos y cada engranaje ojos.

Cuando mi familia se desvanece en el pasillo, voy directo a la oficina de Stefan


con la ira creciente en mi cuerpo.

530
- Ábranme la puerta por favor. — Pido a los guardias que cuestionan la
entrada.

- El Rey está ocupado.

- No me importa. — Digo intentando ingresar.

- Déjala pasar. — Dice uno de ellos a su compañero. — El Rey se enojara si no


le damos lo que quiere.

Estoy confundida y totalmente sorprendida, ¿Qué me he perdido?


¿Desde cuándo esa orden existe?

Los guardias abren el paso para mí y me adentro hirviendo en furia, la cual es


propagada al ver a uno de mis custodios con Stefan.

- ¿Él que hace aquí? — Pregunto de inmediato.

- ¿Piensas escapar del palacio, Emily? — Es la respuestá que obtengo a


cambio.

- ¿Espiaste nuestra conversación? — Cuestiono indignada.

- No, pero los guardias que flanquean tu puerta tiene la orden de decirme todo
aquello que ocurra en tu habitación.

- Eres un obseso.

- Llámame como quieras, pero lo mejor es que desistas de tus planes.

- Nunca creí que estuvieses tan enfermo.

- Cuide sus palabras señorita. — Amenaza el guarda.

- ¡Tú te callas! — Le gritó con valentía.

- Que cambio has tenido Emily. — Replica Stefan sorprendido.

531
- Debo decir lo mismo.

- Bien, supongo que tal fiereza en tu carácter te permitirá asistir a mi boda.

Mi determinación decae en el acto. ¿Cómo puede pedirme eso?

- No voy a ir y al menos espero que respetes eso.

- Debes estár allí.

- ¿Acaso no me dijiste que podía pedir lo que quiera y me será


concedido?

- Si, lo dije.

- Entonces, deseo no asistir.

- Intentas manipular la situación.

- Sólo la uso a mi favor.

- Eso es algo que diría Magnus Lacrontte. — Afirma riendo con


incredulidad.

Tal comparación me golpea de inmediato, ¿Puedo parecerme en algo a tan


codicioso sujeto?

- Di lo que quieras, pero ya tomé la decisión. Y una cosa más, no quiero volver
a verlo. — Digo señalando al guardia.

El rostro del hombre cambia al instante, sé que no será despedido pero al menos
espero que no vuelva a verlo en mi puerta.

- Lo que ordenes. — Dice condescendientemente.

532
Stefan ha manipulado mi corazón un millón de veces y si el pueblo cree que soy
la debilidad del Rey, pues entonces empezaré a jugar con sus emociones así
como él lo ha hecho con las mías.

533
Capítulo 50.
Si pudiera elegir un día terrible, sería este.
No hay vuelta atrás, no hay nada que me libre de vivirlo.

No puedo negar que me afecta, pues seria mentir el afirmar que ya no siento
nada por Stefan. Él aún hace parte de mi y quizás el sentimiento ya no es el
mismo, pero no puedo negar que aún existe.

El saber que hoy unirá su vida a otra persona, duele. Darse cuenta que no
contaba conmigo en su futuro también es doloroso.

Me encuentro recostada en la cama, con la mente en otro lugar, cuando siento la


puerta de mi habitación abrirse para dejar entrever la figura del nuevo Rey en
ella.

- Hola — Dice Stefan desde el marco con su traje impecable.

- Hola — Respondo sin más.

- Cuando regrese seré un hombre casado. — Informa esperando alguna


reacción de mi parte.

- Supongo que a eso se va a las bodas — Replico sin mirarlo.

- Emily no hagamos esto más difícil. — Pide ante mí hostilidad.

- Esto ya es difícil. — Repongo rápidamente — Lo mejor es que te


apresures, no querrás llegar tarde a tu boda.

- Tienes razón. — Dice para herirme y vaya que ha dolido. — También hay una
coronación a la que asistir.

Levanto la cabeza de golpe. No tenia conocimiento de que la transición de


princesa a Reina de Lerentia sería hoy mismo.

534
- No vi la necesidad de hacer otro evento para su coronación. — Afirma al ver
mi expresión de incredulidad.

- Por favor retírate, Stefan. — Pido sin intención de escucharlo un segundo más.

- Como desees, pero estárás vigilada así que no intentes escapar.

Se va sin mirar atrás, dejando un vuelco en mi corazón. ¿Cuanto daño más le


permitiré hacerme?
Por más valiente que intente ser hay momentos en los que no puedo evitar caer.

Mientras más pasan los minutos y las horas, mas vacío siento mi pecho. Aunque
sé que todo se acabó desde mucho antes de regresar contra mi voluntad al
palacio, este día en particular se siente como si se acabara todo una vez más.

Veo a través de la puerta entre abierta de mi habitación a Sophie en una par de


ocasiones, mientras sube y baja escaleras de manera apresurada, sin darle tiempo
de mediar palabra. Su objetivo el día de hoy es ayudar a la novia y futura Reina,
quién se quedará con lo que alguna vez pensé era mío.

Leslie y Christine están conmigo, murmurando a mi espalda, emocionadas por el


evento que se está llevando a cabo.

- El salón azul ha quedado hermoso. — Escucho decir a Christine.

Me vuelvo de inmediato hacia ellas, rogando que se trate de una equivocación.

- ¿Cómo has dicho? — Pregunto.

535
- El salón azul, señorita. Fue el escogido para celebrar la boda.

No puedo creer que haya seleccionado justo este lugar. Hay tantas habitaciones
en el palacio y se decidió por ese.

Puedo decir con toda sinceridad que aquel salón ya no significa nada para mí.
Arruino el único buen recuerdo que me quedaba y ahora no hay nada que
merezca mi nostalgia.

••••

Mientras pasan las horas, mi día se vuelve insoportable. Atelmoff aparece con su
traje de gala un poco más tarde, lo cual solo significa una cosa, ya han unido sus
vidas en matrimonio.

Pronto empezamos a escuchar la música procedente del primer piso, dándole


paso en mi mente al tétrico suceso de que ya se ha llevado a cabo la
coronación.

Mishnock oficialmente tiene una nueva Reina que conforma la pareja


monárquica, los Reyes Stefan y Lerentia Denavritz. Juntos compartirán el mundo
y ella ahora lleva su apellido.

Mi fiel acompañante me mira comprensivamente, ante todo el revuelo de


emociones.

- Recuerdo la primera vez que te vi y dije que podía ayudarte a entrar a la


habitación del príncipe a escondidas.

- Increíble Atelmoff, increíble tu capacidad de alentar a una persona. —


Respondo sonriendo ante su falta de tacto.

- Lo lamento querida — Dice riendo — Mi punto es hacerte verte todo lo que ha


pasado desde ese primer encuentro.

536
- A veces pienso que hubiese sido mejor que no pasara.

- ¿Te arrepientes de haberlo conocido?

- No, por qué entonces no habría conocido a personas que resultaban


inalcanzables para mi. — Digo pensando en alguien en particular. —
Atelmoff tengo una pregunta.

- Dime. — Dice condescendientemente.

- ¿Qué tanto conoces a Magnus Lacrontte?

- No mucho. ¿Por qué?

- ¿Alguna vez has hablado con él? — Digo, evitando su pregunta.

- Nunca. ¿Qué deseas saber?

- ¿Sería descabellado pensar que no es tan malo como lo han


catalogado?

- Estás en lo correcto. Sería demente.

- ¿Recuerdas el ataque perpetuado el día del baile real en honor a


Lerentia?

- Por supuesto. — Dice con una sonrisa — Stefan estába desesperado por
sacarte del salón, incluso golpeó a algunos guardias en su lucha por abrirse
paso e ir en tu búsqueda. Nunca lo había visto golpear a alguien.

- No hablemos sobre él, por favor. — Pido ante la creciente punzada de mi


corazón.

- Sí quieres hablar de Magnus tendremos que hablar de Stefan. Son


enemigos desde pequeños.

537
- ¿Pequeños?

- Claro, han sido príncipes enemigos y ahora Reyes.

- A lo que me refiero es que el día del baile, no atacaron a ningún civil


¿por qué?

- No lo sé con exactitud. Magnus es extraño.

- Bastante. — Digo con una pequeña sonrisa que se dibuja en mi rostro al


recordar nuestro encuentro.

- ¿A sucedido algo de lo que no estoy enterado? — Cuestiona al ver mi


expresión.

- No, aunque — Me debato entre confesar todo lo que sé, pero al fin me
decido. — Al parecer Lerentia y Magnus tuvieron historia juntos.

- Querida — Dice en una carcajada — yo diría que Lerentia cree que tuvo una
historia con el Rey Lacrontte, pues para mi él piensa otra cosa.

Me sorprendo al saber que Atelmoff ya lo sabe, al parecer las paredes de este


palacio son más delgadas de lo que creí.

- ¿Cómo te has enterado?

- Stefan me pidió que revisara toda la correspondencia de Lerentia, tanto la que


entra como la que sale. No eres la única vigilada aquí.

- ¿Qué tiene que ver la mensajería en este asunto? — Pregunto sin


entender.

- Sígueme. — Responde con malicia.

Sale de la habitación y corro a tropezones tras él. No quiero perderme ninguno de


sus movimientos.

538
- ¿Hacia donde vamos?

- Ya lo verás, al parecer el Rey Lacrontte no es el único que está un paso


adelante.

Bajamos las escaleras con sumo cuidado, casi como si escaparemos de algo.
Pasamos frente al salón y sin razón alguna me detengo, la puerta entreabierta
me permite ver la celebración que ha dañado mi corazón y justo cuando creo
que nada puede ser peor la mirada de Lerentia se cruza en mi camino, sonriendo
de inmediato ante mi curiosidad. Está es una pequeña victoria para ella, sabe
cuanto me ha lastimado y lo disfruta.

- Continúa. — Pide Atelmoff tomando mi mano.

Cruzamos dos puertas hasta llegar a una tercera donde nos detenemos. Atelmoff
saca un par de llaves de su bolsillo y procede a abrirnos el paso. Al encender las
luces puedo notar que es una pequeña oficina.

- ¿Es tuya? — Pregunto mirando a mi alrededor.

- Así es. — Dice sonriente.

En el lugar no hay muchos objetos, a diferencia de lo que se esperaría viniendo


de él y su peculiar estilo.

En el lugar no hay muchos objetos, a diferencia de lo que se esperaría viniendo


de él y su peculiar estilo.

- Te he traído aquí para enseñarte algo realmente hilarante.

Se acerca a un modesto estánte donde una diminuta pila de cartas reposan una
sobre otra.
Las extiende hacia mí con picardía en su mirada.

539
- ¿Qué es esto? — Pregunto sin entender el motivo.

- Revisa y disfruta.

Levanto con cuidado el sobre ya roto de los sobres y despliego el papel. Al


parecer leer cartas se ha convertido en mi nuevo pasatiempo.

Mi respiración se corta en el acto. Es una carta dirigida a Magnus por parte de


Lerentia.

Algunas hablan de lo mucho que lo odia, otras de los planes que tiene en un
futuro sin él y finalmente están aquellas en donde se nota un poco del amor que
tiene para el Rey enemigo.

- ¿Por qué tienes esto? — Pregunto a Atelmoff.

- Al parecer él no las recibe, son enviadas de regreso en el mismo estádo en el


que fueron entregadas.

- Esto es tan patético.

- Enamorarse de Magnus debe ser una maldición.

- ¿Stefan lo sabe?

- No lo sé con exactitud pero creería que si.

- Él ya lo sabía y aun así decidió casarse con ella. — Musito colocando los
sobres sobre la mesa.

- No lo afirmes, nada es seguro.

- ¿Qué no es seguro? — La voz de Lerentia nos sorprende desde la


entrada.

- Nada que te incumba — Respondo valiente.

540
- Que no te se olvide que desde ahora soy la Reina, Emily. — Dice con altivez
— ¿Por qué no estás en la fiestá celebrando nuestro matrimonio?

- Realmente no es de mi interés asistir.

- Claro y por ello espiabas desde la puerta. Deberías haber entrado,


podríamos hablar de mi boda. — Replica para lastimarme.

- ¿De qué quieres que hablemos, de tu matrimonio o de tu profundo amor por


Magnus?

Veo a Lerentia palidecer al instante y no puedo ocultar la satisfacción que eso me


produce. La he tomado por sorpresa.

- Insolente. ¿Quién te ha dicho eso?, ¿Sophie? Ese pequeño estorbo. — Dice


con ira.

Si no actúo rápido, estáré delatando a mi confidente y estoy segura que le iría


bastante mal, así que no me queda otra opción que confesar.

- Los escuché a Magnus y a ti hablar en la sala del trono.

- Entrometida. — Dice levantando una mano hacia mí para golpearme.

- No te atrevas a ponerme una mano encima. — Amenazo, deteniendo su brazo


en el aire.

Me giro hacia el escritorio de Atelmoff en donde he dejado la fila de sobres.

- Una cosa más. Toma — Digo ofreciendo sus mensajes — al parecer


Magnus no ha querido recibir tus cartas.

La risa arrogante de Atelmoff a mi espalda es una señal más de que al menos he


ganado está batalla.

541
Los ojos de Lerentia viajan hacia los sobres y puedo ver la devastación en su
mirada. Incluso llego a sentir pena por ella. Soy consiente de que lo quiere, no
más que a su avaricia pero lo quiere.

- Vas a arrepentirte de esto. — Amenaza furiosa.

Sé que ella no va a dejar pasar una oportunidad para arruinarme los días que me
quedan, pero al menos ya he encontrado su punto débil y estoy dispuestá a seguir
atacando.

••••

Mientras duermo en mi habitación, siento la tierra retumbar con fuerza,


escucho disparos, aviones y gritos. De inmediato lo deduzco, estámos bajo
ataque.

Son las 2 de la madrugada cuando todo este catastrófico evento inicia. Los
guardias entran a mi habitación apresuradamente con la intención de sacarme lo
más pronto posible del palacio.

Antes de tomar cualquier salida, busco a mis doncellas y a Sophie, pero al


parecer ninguna se encuentra a la vista y los guardias me incitan a caminar con
rapidez, sin darme tiempo de hacer una búsqueda minuciosa.

Aún puedo escuchar la música de la celebración de la boda de Stefan,


mientras bajamos las escaleras y al llegar a la primera planta el nuevo Rey
viene hacia mí en su traje de novio, con angustia en su rostro.

A su espalda veo a Lerentia, levantar su vestido mientras cruza la sala central,


dirigiéndose a una salida alterna.

542
A través de los cristales del palacio veo el caos de afuera, las personas corren de
un lugar a otro mientras el soldado enemigo avanza contra ellos.

- ¿Estás bien, Emily? — Pregunta Stefan preocupado.

No sé como responderle, físicamente estoy sana pero mi mente vuela hacia mí


familia. ¿Cómo estárán ellos?

- Salgamos de aquí, por favor. — Pide tomando mi mano.

Rápidamente me encuentro inmersa en el pánico. Mi familia, es en lo único que


puedo pensar. Están afuera, expuestos al peligro y me siento estúpida por creer
que Magnus no era el villano que todos me querían hacer ver.
Pero hoy al ver el fuego y el humo en las calles, la destrucción que se divisa
por medio de los ventanales me doy cuenta que ese hombre es detestáble,
inhumano y frívolo.

Las explosiones continúan escuchándose a medida que avanzamos por los


pasillos del palacio hasta la salida que ha tomado Lerentia. Los guardias nos
siguen el paso, custodiándonos de un posible ataque dentro de la casa real.

No sé a donde nos dirigimos, lo cual me hace sentir perdida y desesperada.


Quisiera acabar con todo esto, quisiera estár con mis padres.

Somos transportados hasta un refugio, no el mismo al que Willy me llevó, este se


encuentra oculto y cargado de una seguridad mayor.
Allí se encuentran un gran número de personas, comenzando por la nueva Reina,
Atelmoff y mis doncellas, es como si fuésemos ratas

543
asustadas, huyendo de nuestro depredador. En este caso de un flamante
victimario.

El ruido del caos exterior disminuye considerablemente al estár encerrados, pero


el ajetreo dentro de está habitación secreta es aún mayor.

Mandos van y vienen. Stefan ordena atacar y utilizar todos los soldados
disponibles, es claro que está desesperado.

- Es un buen inicio para nuestro matrimonio. — Dice Lerentia con


sarcasmo.

Se pasea con su vestido desgarrado como consecuencia del escape. Su cabello


rubio ahora luce desarreglado, pero lo único que yo puedo ver, es el anillo que
lleva el Rey Denavritz en su dedo, lo cual me recuerda su unión.

La ex princesa Wifantere llega hasta mi, con una sorprendente calma y susurra a
mi oído.

- Esto es solo una muestra de los celos de Magnus por mi boda con Stefan.

No respondo a sus suposiciones absurdas pues me niego a creer que tenga razón.
Yo misma fui testigo de que el Rey Lacrontte no aceptaba sus cartas y de todo el
rechazo que le lanzo en la sala del trono. No puede ser cierto que existan celos
para con ella.

Un guardia irrumpe en la habitación minutos más tarde, con una clara tensión en
su rostro, se acerca a Stefan y susurra algo a su oído, de inmediato la expresión de
este cambia y por segundos dirige su mirada hacia mí para luego salir del refugio
sin decir una palabra, flanqueado por

544
numerosos hombres.
No entiendo que pasa, pero mi corazón presiente que no es nada bueno.

Stefan desaparece por más de media hora y la tensión dentro de está habitación
es palpable. En el transcurso del tiempo han llegado unas doncellas a atender a la
nueva Reina, cambian su vestido y arreglan su cabello, haciéndola lucir como si
este caos no estuviese sucediendo.

Sus miradas de soslayo son ocasionales hacia mí, las cuales reflejan su odio, es
altiva y orgullosa, no puede soportar que haya descubierto su debilidad.

Tiempo más tarde Stefan regresa con desolación en su mirada, es evidente la


preocupación que siente.
Se acerca a mi, dudando a cada paso, sé que va a decirme algo importante, algo
grave y no creo estár preparada para escucharlo.

Se detiene frente a mí, mirándome con dolor, para decir justo lo peor.

- Tu padre ha resultado herido, Emily.

Mi respiración se agita mientras mi corazón corre mil millas por segundo. Siento
las lagrimas recorrer mis mejillas con fuerza, no sé cuando han iniciado y
tampoco pienso detenerlas.

- ¿Cómo ocurrió? — Pregunto desconsolada.

- Al parecer venia hacia el palacio y el ejercito de Magnus lo ha atacado,


pensando que era un soldado de nuestra armada.

Sí alguna vez imaginé no odiar al menos un poco a Magnus Lacrontte, hoy ese
pensamiento se esfuma de mi mente. Lo desprecio con todo mi

545
ser. Merece el peor castigo que pueda ejercérsele, espero pague por todo el
daño que ha causado.

- ¿Dónde está mi padre?

- No debes preocuparte Emily, me he encargado de eso. Un médico está a su


disposición.

- Quiero verlo. — Exijo angustiada.

- Ahora no es posible, debes ser razonable, estámos bajos ataque.

- Debes detener esto. Han herido a mi padre. — Pido desesperada.

- Lo haré lo prometo.

No sé si puedo creer en sus palabras, pero ahora no hay nada que pueda hacer
que no sea esperar a que el caos acabe para ir en busca del único hombre al
que amo.

••••

Me encuentro de pie frente a la cama donde reposa papá. El ataque ha cesado


aproximadamente hace una hora y solo los rastros del asalto han quedado
esparcidos por las calles.

Tomo la mano del hombre que me dio la vida, mientras él me mira con los ojos
apagados. Está herido e indefenso, me causa impotencia verlo así y todo a causa
de la maldad de Magnus.

Su mirada lagrimea y yo no he parado de llorar a su lado. Está noche me quedaré


junto a él, no hay otro lugar en donde quiera estár que no sea velando por su
salud.

Stefan ha salido a poner en marcha el plan para atacar al reino Lacrontte y jamás
estuve más a favor de ello como hoy, quiero que Magnus sienta 546
al menos la mitad del dolor que ahora padezco. Es un ser repulsivo que no
merece otra cosa que mi desprecio.

No quiero volver a verlo, ni estár cerca de él y juro por mi honra el odiarlo toda
mi vida.

547
Capítulo 51.
Han pasado algunos días y las cosas en el palacio han cambiado, se siente la
tensión en el ambiente, la frialdad en los actos de las personas, la lucha por
sobrevivir, los planes y estrategias sin sentido para atacar, pero todo eso no ha
servido para nada. Nos hemos visto obligados a recurrir nuevamente a nuestra
única opción, intentar razonar con Magnus Lacrontte.

No deseo verlo, no quiero saber nunca más sobre él, pero aquí estoy, junto a mis
doncellas arreglando mi atuendo para asistir a la reunión a la que Stefan me ha
pedido lo acompañe.

Estoy segura que probablemente pierda los cabales al tenerlo cerca, pero no de
la misma manera que antes pues ahora el odio es quien me controla.

- Vendrá al palacio el Rey Lacrontte — menciona Leslie, buscando mis


zapatos.

- Desafortunadamente — digo con desprecio.

- ¿No es de su agrado, Señorita?

- Es el enemigo, además por su causa mi padre fue herido.

- Pero es un enemigo muy apuesto, señorita — asegura Christine.

- Engreído y antipático — añade Leslie.

Definitivamente el día de hoy no encuentro ninguna virtud en el monarca


enemigo, ni siquiera por su aspecto, lo único que puedo ver es al hombre
desalmado y belicoso que completa su ser.

548
- Es demasiado serio y estricto. — Agrega la mayor de mis doncellas.

- Estás describiendo a todo un altanero. — Menciono sin ánimo y vaya que lo es.

••••

Atelmoff viene por mi, llegada la tarde para llevarme hasta la sala de reuniones,
halagando mi vestido color púrpura que se ondea bajo mis tobillos mientras bajo
las escaleras.

Stefan se encuentra a puertas de la sala junto a Lerentia quien me mira con


evidente desprecio, pero en el temblor de sus manos demuestra su nerviosismo
ante la idea de ver frente a frente al Rey Lacrontte.

- Emily, sé que te sientes dolida por los actos de Magnus pero he de pedirte
que controles tu comportamiento cerca de él, no es un hombre que tolere
juegos o faltas de respeto.

- ¿Podemos entrar ya? — Pregunto ansiosa.

- Promételo. — Insiste Stefan.

- Bien, lo prometo.

Las puertas del salón son abiertas y de inmediato diviso al monarca enemigo tan
solo al dar el primero paso dentro. La ira me invade como fuego arrasador al
recordar el rostro de mi padre herido y la agonía que sentí por su salud.

Instintivamente corro hacia él antes de que alguien pueda detenerme,


olvidándome de la promesa hecha hace pocos segundo, al llegar lo embisto con
un fuerte golpe en su mejilla derecha que lo hace quejar del dolor.

549
Lo he golpeado, he golpeado al Rey Lacrontte. No voy a mentir, una sensación de
temor se planta en mi interior pero rápidamente es reemplazada por el odio que
siento hacia él.

- ¿Qué te sucede? — Pregunta Magnus levantándose de su silla mientras


sostiene su rostro dolorido.

Mi mano se siente caliente y pesada, sin duda ha sido un fuerte movimiento.


Escucho a Stefan avanzar a paso firme y veloz hacia nosotros para detenerse
justo enfrente de su enemigo mirándolo con furia.

- Ni se te ocurra ponerle una mano encima — declara desafiante.

- No pretendía hacerlo — responde el Rey Lacrontte exasperado.

- Más te vale.

Ambos están frente a frente, derramándose con la mirada el odio que sienten el
uno por el otro. Me posiciono en medio de los dos y realmente me siento
diminuta entre ellos. En un acto de valentía, levanto la mirada para enfrentar al
Rey Magnus con todo mi desdén.

- Tus despiadados soldados han herido a mi padre cReyendo que era un soldado
del ejército de Mishnock y te juro que si algo llega a pasarle yo misma acabaré
contigo.

Él permanece en silencio procesando mi amenaza y de un momento a otro


empieza a sonreír.
Como se atreve a sonreír, ¿Acaso soy un chiste?

- Es mi padre de quién hablamos ¿Qué es lo que te resulta tan gracioso?


- pregunto indignada.

550
- En verdad lo lamento — Dice con sarcasmo — ¿señorita...?

- Malhore, Emily Malhore.

Su expresión cambia a una de sorpresa y luego comprensión, su sonrisa se hace


más grande, mientras su mirada viaja intermitentemente de Stefan hacia mí.

- Así que usted es la famosa Emily, por quien el mismísimo Rey de


Mishnock ha perdido la cordura.

- Eso es algo que no te interesa — Reclama Stefan.

- Oh Denavritz, créeme que me interesa y mucho — dice desafiante sin


apartar sus ojos de mi — Prometo estár al pendiente de la salud de tu padre,
Emily.

- Yo ya me encargué de eso — Irrumpe en la conversación Stefan.

- Lo puedo imaginar — Brama con sarcasmo mientras vuelve a mirarlo —


considerando que es el padre de la mujer dueña de tu mundo, debes odiarme
mucho más que antes.

- No tanto como lo hace ella.

Magnus fija su mirada en mi nuevamente, me observa con detenimiento como si


intentara recordar en donde ha visto mi rostro y yo solo espero que no recuerde
la ocasión en la que me sorprendió espiándolo.

Por su rostro cruza la extrañez y un claro esfuerzo por querer encajar las piezas,
mi corazón tiembla bajo sus intensos ojos verdes, guardando las esperanzas de
que aquel episodio no llegue a su memoria, pero entonces sucede, sonríe.

551
Ya sé que lo ha recordado todo, sus hoyuelos se extienden en un gesto de
arrogancia y superioridad.

Sin dejar de mirarme, se dirige a Stefan y lo último que imagine fueron esas
palabras.

- Se acercan días turbulentos para ti, Denavritz.

- ¿A que te refieres?

- Por algo debe empezarse.

- ¿Qué intentas decir con eso? — preguntó confusa ante su juego de


palabras.

- Dices que me odias, eso quiere decir que ya sientes algo por mí, solo
debemos cambiar un poco esa emoción por una más agradable.

- ¿Cómo te atreves a insinuar algo así? — Proclama Stefan hecho una furia.

Sus ojos se tornan de un azul más profundo como el que se forma en una
llama de fuego.

- Tranquilízate Denavritz que la distancia entre el odio y el amor es


realmente lejana. ¡Oh no, espera! creo que me he equivocado, entre ambas
solo hay un paso.

- No me hacen gracia sus bromas flojas.

- No soy un hombre de bromas. — Proclama el Rey Lacrontte sosteniendo la


mirada de su enemigo.

- ¿Han acabado con su lío de faldas? — Dice Lerentia desde nuestra


espalda.

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- Pero miren a quién tenemos aquí, la Reina olvidada — Replica Magnus con
burla.

- Olvidada o no, soy la Reina — Contraataca Lerentia.

- Y eso de que te sirve, cuando alguien más es quien manda — Dice


señalándome — pues puedo asegurar que el motivo de está reunión es debido
al daño causado a la señorita Malhore.

Como detesto a este hombre, aún cuando ha dejado sin una sola palabra a
Lerentia no puedo despreciarlo más.

- Bueno — Agrega Magnus mirando a todos en la habitación — después de este


maravilloso inicio con golpes incluidos empecemos a lo que hemos venido.

- Esto no ha acabado aquí — replico con valentía.

- Puedo asegurarle que no, señorita. — espeta sonriéndome.

- Borra esa sonrisa de tu rostro — ordeno, aún cuando sé que estoy


faltándole el respeto a un monarca.

Él me mira fijamente con ojos incandescentes y de inmediato su sonrisa


desaparece, se vuelve hacia uno de sus servidores, diciéndole.

- ¿Has visto eso Francis? Ahora Stefan no es el único Rey que obedece a la
señorita Malhore, vaya poder de encantamiento.

- La encantadora de idiotas — Bufa Lerentia.

Ambos Reyes se giran automáticamente a mirarla pero solamente Magnus es


quién habla.

- Que agradable eres, si no te hubieses casado con Stefan te habría hecho


mi esposa — réplica desbordando ironía.
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Lerentia solo se limita a regalarle una sonrisa de desprecio.
¿Cómo puede burlarse así de ella?, ¿acaso no ve que aún lo quiere?

- Morirías por eso. — Afirma Stefan.

Y es en este momento cuando confirmo que él en realidad si sabe lo


sucedido entre Lerentia y Magnus. Me da asco ver como vendió sus
sentimientos por obtener un poco más de poder.

- No es ella quien me interesa — Brama Magnus mirándome.

Puedo sentir el cuerpo de Stefan abalanzarse hacia el Rey Lacrontte, pero en un


último segundo detiene su paso, reprimiendo así su ira, intentando ocultarla y
fracasando en el intento, su respiración agitada lo delata sin lugar a dudas.

Al ver la posibilidad de que una batalla explote entre ambos Reyes, el hombre a
quien Magnus llamo como Francis irrumpe diciendo.

- Lo mejor es que empecemos la reunión de inmediato.

Al instante cada uno toma su lugar, el mío es justo al lado de Stefan y para mí
mala suerte también queda frente a Magnus.

- Te escucho Denavritz. — Comienza el Rey Lacrontte, mirando sus


manos con indiferencia.

- Esto va hacer imposible. — Suspira Stefan ante la apatía de su invitado.

- Que poca fe tienes.

Y simplemente así, inicia una batalla incansable por parte de dos Reyes
obstinados.

- Retira tus tropas de la frontera. — Ordena Stefan con severidad.

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- ¿O qué? — Pregunta el Rey Lacrontte incitándolo a continuar.

- No queremos más heridos.

- Realmente eso no me interesa.

Una punzada se aloja en mi corazón, ¿cómo puede ser tan indiferente ante la
muerte de tantas personas? Lacrontte es un ser despreciable.

La asamblea continúa junto al disparo de indirectas y dardos de sarcasmo que se


prolonga durante prácticamente dos horas.

Magnus me mira en todo el trascurso de la reunión con una sonrisa pícara, la cual
no me hace sentir incómoda pero si expuestá. Expuestá a sus inquietantes ojos
verdes, a su intimidante presencia y a su aura varonil.

- ¿Pasa algo, Magnus? — Pregunta Stefan al ver su acecho hacia mí.

- No, ¿qué habría de pasar? — Responde él con naturalidad sin quitarme la


mirada.

- Entonces te pido estés atento a la reunión y no a la señorita Emily.

- Lo intentaré — Afirma sonriendo con malicia — Pero no te prometo nada,


Denavritz.

Devuelve su atención a lo que se discute en el encuentro, ante la clara molestia de


Stefan, pero yo solo diviso a Lerentia y sus miradas con toques de celos hacia el
Rey Lacrontte, está claro que aún guarda algo para él en su corazón.

Cuando el encuentro termina el monarca enemigo se levanta dispuesto a irse de


inmediato pero la voz de Lerentia lo hace detener a medio camino.

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- Debemos hacer una cena. — Pide la nueva Reina.

- ¿Una cena? Magnifica idea. — Apoya Stefan, sorprendiendo a todos.

Magnus se gira a verme de inmediato, levantando una ceja en el proceso con


perversidad.

- Está bien. — Acepta con picardía.

Veo claramente su propósito, desea importunar a Stefan y envolverme con su


versátil forma de ser, sus intenciones para conmigo no son buenas, sé que debo
permanecer alejada de él aún cuando sienta que me cuestá.

Este es un movimiento peligroso en el que alguno de los presentes va a resultar


afectado y solo espero que no sea yo.

¿Qué sucederá cuando compartes la mesa con los dos hombres que han revuelto
tu mundo?

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Capítulo 52.
Somos conducidos hasta el comedor, donde un vistoso banquete nos espera bajo
la luz de las lámparas.

Camino a sentarme a un lado de Lerentia pues aunque no lo parezca, es la mejor


opción en la mesa. Cuando el Rey Lacrontte está cerca se vuelve sumamente
inofensiva, así que por está noche podré tolerar su compañía.

Me dispongo a tomar asiento cuando la voz varonil de Magnus resuena en el


lugar.

- Señorita Malhore le he reservado un lugar. — Dice señalando la silla a su lado.

Puedo sentir la mirada de odio de Lerentia y el rostro plagado de celos de


Stefan, lo que sin ninguna razón me alienta a caminar hacia el enemigo
tomando lugar a su derecha.

Al sentarme junto a él vuelvo a sentir su varonil fragancia que es


indiscutiblemente adictiva y me pregunto ¿Qué ingredientes usaran en el perfume
del Rey Lacrontte?

Me rehúso a mirarlo, intentando evitar su intimidante presencia. Me


concentro en observar como sirven el vino en mi copa, alejando así cualquier
pensamiento sobre la persona que tengo al lado, pero él lo hace complicado.

- Me atrevo a augurar que está cena será un desastre. — Musita


Magnus.

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No me vuelvo a verlo y aunque es difícil ignorarlo sigo concentrada en cualquier
cosa del lugar, excepto en él.

- ¿Vas a continuar odiándome? — Pregunta en un tono que solo yo puedo


escuchar.

- Te has metido con mi familia, eso no puedo perdonarlo. — Respondo sin


mirarlo.

- No le he pedido perdón. — Dice con severidad. — Aún así, le pido etiquete a


todos los Malhore de la región para que en un próximo ataque mis soldados
sepan a quienes no deben atacar. — Agrega sonriendo.

- Esa es una pésima broma.

- ¿Quién dice que estoy bromeando?

- ¿Interrumpo su conversación? — Pregunta Stefan, aclarando su voz.

- Si. — Afirma Magnus con astucia.

- ¡No! — Declaro con severidad, girándome para encarar a Magnus.

- ¿Te atreves a decir que no? — Replica el Rey Lacrontte con una sonrisa
pícara — Hablábamos sobre salir a caminar para conversar.

Es claro que está inventando cualquier excusa para importunar a Stefan y al


parecer le está resultando muy bien.

- Creo que eso no será posible. — Brama el Rey Denavritz.

- ¿Por qué? — Pregunto curiosa — Ya habíamos decidido salir a una


caminata. — Respondo apoyando el argumento de Magnus.

- Excelente.

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La mirada del monarca enemigo es viva al decir la palabra final, sus ojos verdes
están llenos de maldad, odio estár de su lado pero solo por hoy aceptare su juego.

Después de terminar la entrada e iniciar el plato fuerte, Magnus se acerca a mi


oído con sumo cuidado, demostrando en sus movimientos el hombre educado
que es.

- Con respecto a lo que me reclamaste, debo informar que mis soldados tienen la
orden de no herir a ningún civil y te aseguro que ellos obedecen cada regla.

- Estás diciéndome que...

- Estoy diciéndote que mi ejército no fue el causante del ataque al mayor de su


progenie.

Mi cara de confusión debe ser evidente, eso quiere decir que Stefan me mintió y
si no fueron los soldados de Magnus, entonces ¿quién ataco a mi padre?

- Pero si lo han confundido con un soldado y por ello lo han herido.

- Señorita Malhore no me haga desconfiar de su inteligencia. ¿Acaso su padre


portaba un uniforme de la armada de Mishnock?

- No. — Replico con rapidez. — Mi padre no cuenta con ninguna posibilidad de


tener un uniforme.

- Entonces como cree usted que lo pudieron haber confundido con un


soldado cuando vestía de civil.

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Es cierto, tiene mucha lógica. Una vez más el Rey Lacrontte demuestra su
elevado intelecto. No hay otra explicación para esto, salvo que Stefan me haya
mentido. Pero ¿qué pasó realmente?

- El atentado fue perpetuado por la guardia negra — Continúa informando —


fueron los mismos que realizaron el ataque en un baile realizado en este palacio y
tienen la orden de no atacar ningún civil.

Los engranajes se unen en mi cabeza ante la información proporcionada.


Recuerdo esa ocasión en la que me pregunté por qué no lastimaban a ningún
invitado, pero aún así...

- Uno de ellos me golpeó en ese baile. — Confieso ante el recuerdo.

Magnus abre los ojos en sorpresa de manera muy discreta, mirándome fijamente.

- ¿Recuerdas su nombre o como lucía?

- No, pero está muerto.

Levanta una ceja en el acto al escuchar mi declaración, no sé con exactitud lo que


está pensando, pero me encantaría saberlo.

- ¿Tú lo asesinaste? — Pregunta con curiosidad.

- Claro que no. — respondo ofendida.

- Bueno cualquier cosa se puede esperar de usted señorita Malhore, ha tenido la


osadía de golpear a un Rey.

Magnus devuelve la vista al frente donde una enojada Lerentia lo reta en


silencio. La cena transcurre con la tensión espesa en el ambiente y el Rey
Lacrontte no vuelve a mirarme o hablarme en ninguna ocasión lo que realmente
me pone molestá y no comprendo la razón.

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Su actitud demuestra tan grande apatía, que es como si tuviese el poder de olvidar
los momentos vividos con gran facilidad.

- ¿Magnus, aceptas nuestra oferta de paz? — Pregunta Stefan al finalizar la


comida.

- Es obvio que no. Denavritz, ambos buscamos diferentes asuntos en está


guerra. Tú intentas sobrevivir y yo quiero acabarte.

- ¿Por qué no lo has hecho, entonces? — Dispara Stefan, dando un buen golpe
en la amenaza Lacrontte.

- No eres mi principal objetivo.

- ¿Puedo saber cual es?

- No finjas Stefan, conoces mis razones desde que tenías 8 años.

Trato de encajar las partes. Lo que intenta decir Magnus es obvio pero aún así no
logro descifrarlo. Stefan sabe lo que el Rey Lacronttre busca y al parecer lo ha
mantenido oculto todo este tiempo.

Permanezco en silencio, intentado comprender toda la situación, pero al final sigo


sin encontrar una respuestá para esto.

Algunos minutos después nos levantamos del comedor, mientras


Magnus continúa en una actitud de inferencia hacia mí, la cual en
realidad me resulta incómoda.

Antes de dar un paso fuera del salón, tomó a Stefan por el brazo dispuestá a
encararlo. Él se gira abruptamente sin entender que sucede.

- ¿Te ha hecho algo Magnus? — Pregunta preocupado ante mi extraño


comportamiento.

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- ¿Por qué siempre crees que él va a hacerme algo? — Musito un poco
enojada.

- ¿Entonces que sucede? Te he pedido que te comportes está noche, lo


prometiste.

- ¿Por qué he de cumplir promesas a un mentiroso?

- ¿De qué hablas, Emily? — Cuestiona confundido.

- Ya sé que el ejército de Magnus no hirió a mi padre y espero no oses


negarlo.

El Rey Lacrontte y Lerentia se han detenido a poca distancia por lo que nuestras
voces deben permanecer casi en un susurro.

- ¿Quién te ha dicho eso? ¿Magnus? ¿Vas a creerle a él?

- ¿Y por qué he de creerte a ti? Ya bastante me has mentido. Así que por una vez
en mucho tiempo dime la verdad.

- No fue mi culpa, puedo jurarlo. — Dice con rapidez casi a la defensiva. — No


sé qué sucedió, un guardia del palacio lo hirió cuando tu padre intentaba
ingresar con desesperación.

- Él solo quería ver qué yo estuviera bien. — Reclamo con el corazón


herido.

- Y no imaginas cuanto lo lamento Emily, pero si lo sabias ibas a odiarme más de


lo que ya lo haces y no podía permitirlo.

- ¿Entonces te resulto más fácil acusar a Magnus?

- No lo menciones por favor.

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- ¿Qué no lo haga? Al menos él si tiene la valentía de decir la verdad, algo
que a ti te falta. — Replico con evidente molestia.

Camino apresuradamente, queriendo desaparecer del palacio, pasó frente a


Magnus y no me molestó en mirarlo pero en cambio yo siento sus ojos sobre
mi en cada paso que doy lejos del comedor.

Quizás me está evaluando. Él es un hombre muy observador, que siempre está


estudiando todo a su alrededor y a pesar de ser tan calculador le rescato el hecho
de que es una persona honestá.

••••

Avanzada la noche todos nos encontramos fuera del salón de banquetes, dada la
hora en la que el Rey Lacrontte partirá regreso a su reino.

Veo los comportamientos intimidados de todo el personal a medida que Magnus


avanza por los pasillos, son pocos los que se atreven a mirarlo, la mayoría
prefiere tener la cabeza gacha clavando la vista al piso para así no enfrentarse a
la mirada hostil del monarca enemigo.

Llegamos hasta la parte posterior del palacio, flanqueados por infinidad de


guardias Lacrontters quienes esperan a su Rey con ansias.

Un avión espera a Magnus y aunque ya los había visto en el ataque, jamás había
tenido la fortuna de admirarlos de cerca.
El escudo del reino Lacrontte está espesamente marcado a un lado del fuselaje
del aparato.

Lerentia se mantiene a la espalda de Magnus y sus miradas inquisitivas


demuestran que no está dispuestá a dejarlo ir. Es una mujer que está hará
cualquier cosa para conseguir a toda costa lo que desea y para nadie es un secreto
que esa persona es Magnus Lacrontte.

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- Quédate está noche. — Ofrece Lerentia esperanzada.

El arrogante Rey se gira a verla con altivez, casi agotado de los intentos por
llamar su atención.

- Esa es una idea excelente. — Repone Stefan.

Magnus sonríe y enserio odio lo bien que se ve haciéndolo.

- No me tomes por tonto Denavritz, quedarme aquí sería exponerme a que me


asesines y en realidad deseo vivir unos años más.

Su secuaz Francis, pasa un par de guantes a las manos del monarca enemigo,
quien con delicadeza empieza a cubrir sus pesados anillos con la prenda de cuero
negro. El cabello de Magnus vuela al compás del viento frío al igual que su capa.

Las luces del palacio van directo a su rostro convirtiendo el verde esmeralda de
sus ojos en un bosque peligroso al que estás tentada a explorar.

Guardo mi distancia, posicionándome lejos del avión y de la despedida al


misterioso Rey. A decir verdad no sé si es nerviosismo, temor o simplemente
indiferencia lo que me lleva a aislarme de la escena. Pero aún sea cualquier
razón, me es imposible deja de mirar ocasionalmente a Magnus y de como
intenta acomodar su cabello hacia tras aún cuando un mechón rebelde se planta
en su rostro.

- Está todo preparado señor. — Avisa Francis, cuando el piloto se pone en


marcha.

- Aún tengo una cosa que hacer. — Afirma él con autoridad.

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Lo veo alejarse de todos los que lo rodean, entre ellos Lerentia quien lo observa
con detenimiento al momento en que pasa por su lado, siguiendo un camino que
lo lleva directo hacia mí.

El Rey Lacrontte camina con severidad y a paso firme hasta mi lugar. A pesar de
que es poca distancia, a cada zancada que se encuentra más cerca de mi me siento
realmente ansiosa y mi corazón empieza a marchar a un ritmo acelerado.

Magnus es realmente alto y en el momento en el que se detiene frente a mí, debo


levantar la mirada para encontrar sus ojos, los cuales no reflejan ningún tipo de
emoción a excepción de una frialdad altamente atrayente.

- ¿Vamos a iniciar con el pie izquierdo señorita Malhore? — Pregunta con


severidad.

A espaldas de su atlético cuerpo puedo ver los rostros llenos de intriga de


aquellos testigos de la búsqueda del Rey Lacrontte para conmigo.

- Nosotros no vamos a iniciar nada. Es usted despreciable. — Me atrevo a decir.

- Pero eso no le impidió espiarme, ¿cierto?— Dice sonriendo con


suficiencia.

- Eso fue un error. — Respondo a la defensiva.

- Claro señorita Malhore, le recomiendo se lo repita un par de veces para ver si


así se convence a usted misma.

Abro y cierro la boca sin saber que responderle. Está claro que Magnus es
totalmente distinto a Stefan, él no tiene filtros para hablar en

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ocasiones y es evidente que está dispuesto a decir lo que piensa sin importarle a
quien le molestá.

- Hagámonos un favor y olvidemos nuestras diferencias. — Agrega con


elegancia.

- No sé si eso sea posible.

- Todo es posible si pone de su parte. — Su pesada mirada revuelve mis


emociones con gran facilidad — Señorita Malhore, como bien sabrá no soy un
hombre que busque la atención de las personas, así que espero no agote mi
paciencia, de la cual debo informarle tengo muy poca.

- Entonces, ¿qué hace aquí buscando mi atención?

- Es lo mismo que llevo preguntándome toda la noche.

- ¿Algo más en lo que pueda ayudarlo? — Pregunto con indiferencia.

- No se subestime señorita Malhore, es usted bella pero no por ello voy a perder
la cordura. Solo deseo una tregua.

- Y es usted demasiado orgulloso.

Magnus vuelve a sonreír al escuchar mi percepción sobre él, claro que sabe que
lo es y vaya que disfruta el ser de esa manera.

Sus ojos verdes se iluminan con malicia mientras me observan, reacomodar su


cabello con elegancia pasando su mano cubierta con el guante, haciendo tensar
los músculos de su brazo. Está claro que el Rey Lacrontte puede ser
extremadamente varonil sin darse cuenta.

Me siento hipnotizada por sus movimientos y me esfuerzo por buscar control


dentro de mi cabeza, alejando cualquier pensamiento sobre él.

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- Señor, permítame decirle que no estoy interesada en conocerlo. —
Afirmo con autoridad.

- Señorita, permítame decirle que aún queriendo o no, usted va escuchar mucho
sobre mi.

Me quedo en silencio una vez más, mientras en mi garganta se esfuma la voz y no


soy capaz de formar ninguna palabra. Detesto el efecto que en ocasiones tiene en
mi.

- Le aconsejo se acostumbre a mi presencia, pues me esmerare por volver a


verla. — Afirma con seguridad.

Da media vuelta y se marcha con dureza, antes de que pueda responderle algo
más, sus movimientos le permiten a su capa moverse libremente por el aire,
dejando mi pecho hecho un lío de emociones ante el enfrentamiento.

No voy a negarlo, me gusta estár rodeada del aura misteriosa de Magnus


Lacrontte, a pesar de su arrogancia y frivolidad, algo sobre él me resulta
envolvente y aunque luche por encubrirlo yo también deseo volver a verlo.

¿Qué sucederá cuando empiezas a sentir atracción hacia el Rey enemigo que ha
provocado guerras y dolor, cuando aún tu corazón está ligado al príncipe de tu
reino?

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