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La Educación.

El artículo explora el papel crucial de la educación en el desarrollo humano, enfatizando cómo esta puede resignificar las relaciones y el conocimiento en una sociedad en constante cambio. Se argumenta que una educación contextualizada y centrada en lo humano puede abordar problemas sociales como la desigualdad y la pobreza, promoviendo un desarrollo integral. Además, se destaca la importancia del lenguaje y la comunicación en la construcción de nuevas realidades y en la formación de individuos conscientes y responsables.

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La Educación.

El artículo explora el papel crucial de la educación en el desarrollo humano, enfatizando cómo esta puede resignificar las relaciones y el conocimiento en una sociedad en constante cambio. Se argumenta que una educación contextualizada y centrada en lo humano puede abordar problemas sociales como la desigualdad y la pobreza, promoviendo un desarrollo integral. Además, se destaca la importancia del lenguaje y la comunicación en la construcción de nuevas realidades y en la formación de individuos conscientes y responsables.

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Agosto 2019

EDUCACIÓN 22
La educación fuente de desarrollo humano
Fernández Guayana, T.G. (2019). La educación fuente de desarrollo humano. ACADEMO Revista
de investigación en ciencias sociales y humanas. Vol.6, N.2. pp. 204-2010 ISSN: 2414-8938 (En
línea)
DOI: http://dx.doi.org/10.30545/academo.2019.jul-dic.9
Disponible en: https://revistacientifica.uamericana.edu.py/index.php/academo/article/view/288

Resumen

El presente artículo presenta una reflexión en torno al papel que tiene la


Educación en el Desarrollo Humano y cómo, a partir de su ejercicio con
la palabra, se logra resignificar el modo de ser, las relaciones y el
conocimiento, abriendo el camino hacia nuevas maneras de vivir en el
mundo. Ante una sociedad que cambia a pasos agigantados y que
reclama atender la singularidad en medio de la pluralidad, se hace
necesario fijarle cuidado. Para ello, se inicia con un recorrido histórico
sobre los postulados de desarrollo humano y la raíz del interés por este
enfoque, luego se establece la relación entre educación y el desarrollo
humano, y finalmente, cómo a partir de ello, se logra construir y
anunciar otros mundos posibles.

Palabras clave: Educación; relación; desarrollo humano; sociedad

Introducción

Al hablar de educación, se nos invita a mirar hacia el pasado y repensar


el presente con el fin de atender los cambios de paradigmas, la
multiplicidad cultural, la implementación de tecnologías y los nuevos
modelos económicos cada vez más divergentes. Es a partir de esa
mirada, que se hace imprescindible replantearse qué papel ejercemos
los profesionales de la educación en la formación de personas, con el fin
de que éstas, resignifiquen y construyan otras formas de pensar, de
estar, de vivir, de relacionarse y de amar.

El pasado ha sido motivo de cambios para el presente, los cuales a


través de las interacciones familiares, sociales, culturales, económicas y
políticas han ido desde la radicalidad hasta la flexibilidad. Lo cierto es
que hoy no se puede concebir una sociedad exclusivamente autómata,
si no que ha de ser resignificada volcando su atención a la raíz: a lo
humano.
De allí que, una sociedad que tiene en cuenta su progreso a partir de lo
humano puede considerarse como un ejemplo de sostenibilidad social
para el presente y las futuras generaciones. En la medida en que los
propios sujetos y sus dirigentes tomen conciencia de la importancia de
las subjetividades en relación con otras, y su influencia en la
conformación de colectividad, se es posible abrir los caminos hacia la
construcción de nuevas maneras de vivir en el mundo.

La raíz: la persona humana

La sociedad está compuesta por personas y todo lo que se haga en ella,


influye directa e indirectamente en varios aspectos de su vida. Para
Descartes la persona era una dualidad, un alma separada del cuerpo
diferentes e independientes entre sí pese a su estrecha unión (Páramo,
2008). Por su parte, para Aristóteles, no existe el alma sin un cuerpo
donde manifestarse, la persona está compuesta por la unión de ambas.
El alma contiene las potencias superiores que hacen a la persona ser
diferente de los demás seres vivos. El hombre es libre por las facultades
de la razón y la voluntad que le permiten dominar de sus instintos
(Yepes & Aranguren, 2008). Desde esta perspectiva, se explica por qué
los seres humanos son animales superiores, no obstante, existen otros
rasgos que los caracterizan.

En la piscología se establece que los sujetos cuentan con emociones,


sentimientos, relaciones, memoria, capacidad de aprendizaje y procesos
cognoscitivos que influyen en su proceder. Por lo tanto, se puede
concluir que la persona es un ser multidimensional, donde las relaciones
que establezca con el mundo físico y espiritual afectan su modo de ser y
de actuar. Y es a partir de esas relaciones que el hombre trasciende sin
importar las condiciones. De acuerdo con Goñi (2003), los individuos son
iguales en la medida que son humanos porque vienen del genoma
humano, pero a la vez, son personas porque tienen una identidad que
los hace singulares en medio de la colectividad.

Por consiguiente, un país, una sociedad, una comunidad que dirija su


mirada al cuidado y la formación de lo humano, podría garantizar el bien
colectivo como fuente de sostenibilidad, así se reconoce que “la relación
con el Otro no puede vivirse en el anonimato” (Aguirre & Jaramillo,
2006) y que, al mirar el rostro de otro, no se ve liberado de su
responsabilidad (Levinas, 2014, p.18).

Perspectivas de desarrollo humano

El desarrollo humano, es un enfoque que ha influenciado la concepción


del mundo y ha sido trabajado desde posturas que viajan desde lo
tradicional hasta lo alternativo, compartiendo entre ellas un mismo fin:
alcanzar la maduración individual y colectiva que posibilite reconstruir el
mundo en el que se vive.

Desde la perspectiva tradicionalista, se encuentran el enfoque


psicológico y económico. El primero, comprende el desarrollo humano
como el culmen de la madurez bio-psico-afectiva a partir de niveles. Se
destacan entonces las teorías postuladas por Freud con el desarrollo
psico-sexual, por Piaget con el desarrollo cognitivo y por Kolhberg con el
desarrollo moral. Cada uno establece características por las cuales el ser
humano va transitando en la medida que va creciendo biológica y
mentalmente (Salazar, 2005). Allí influyen el propio crecimiento y la
relación con el medio.

Por su parte, el enfoque económico, tiende a comprender el desarrollo


humano como la satisfacción de necesidades para garantizar el
bienestar de los sujetos. Sus ideales se orientan al logro de metas, a la
satisfacción de necesidades políticas-culturales y a la articulación de la
democracia con la participación civil (Salazar, 2005). De manera que,
cobija las necesidades básicas como la salud, la movilidad, la educación,
la participación entre otras.

A partir de esto, se podría decir que el Desarrollo Humano abarca una


serie de factores que inciden en el crecimiento de una persona y una
sociedad. Ambos paradigmas trabajados de manera conjunta podrían
abastecer las necesidades actuales, sin embargo, trabajan por separado
y con el cambio agigantado de la sociedad, se hace necesario atender a
la humanidad de otras maneras.

Surgen entonces los ‘enfoques alternativos’ que desde sus postulados


psicoanalíticos, económicos, filosóficos y políticos buscan una mejor
atención. Desde el psicoanálisis crítico se reconoce que hay que poner
en juego las necesidades individuales, en especial las afectivas debido a
que la persona es un ser que se resuelve intersubjetivamente, es decir,
en relación con el otro (Lorenzer, 1985).

El enfoque economicista, apuesta en este caso, por un desarrollo


humano en la creación de oportunidades donde se reconozcan los
derechos (capacidades y titularidades) y se brinden las condiciones
(creación de oportunidades) a fin de darse el ejercicio de la libertad
(Sen, 2000).

Por su parte, la filosofía política, rescata la construcción de lo humano a


partir de la cotidianeidad. La producción de material, el establecimiento
de redes y la construcción de lo simbólico en gran medida posibilitan la
comunicación y el progreso (Heller, 1993).
Por último, desde la filosofía, la ética es el inicio de todo desarrollo. Es
comprendida como el ‘arte de vivir bien’ donde las capacidades
humanas van potencializándose por los hábitos, la praxis, la educación
de los afectos y la experiencia (Nussbaum, 2015). Así se lograría un
equilibrio entre el afecto y la razón.

Estas apuestas que en conjunto forman una interdisciplinariedad podrían


acercarse a una propuesta ideal por resignificar el mundo en el que se
vive. Allí se abarca un proceso intersubjetivo y contextualizado que
permanentemente se construye a partir de las relaciones. Los seres
humanos se realizan así mismos en la interacción con los otros y es el
lenguaje el que dinamiza hasta el punto de dar significado al mundo, a
la cultura y a la propia existencia.

La educación: fuente de desarrollo humano

Hoy, una educación que brinde sus esfuerzos al Desarrollo Humano


podría minimizar a gran escala los embates sociales como la guerra, la
discriminación, la desigualdad, la pobreza, la hambruna, el
analfabetismo y demás carencias que todavía viven algunas poblaciones
y personas.

Como cada sujeto es único e irrepetible al igual que las sociedades y las
culturas, la educación también debe ser contextualizada. Se tornaría
incoherente ejercer el acto educativo de manera generalizada como un
fenómeno más de la globalización, por eso, procurar estudiar las
características del entorno posibilita generar mayor impacto, aunque,
por más que se atienda a la singularidad, todos los procesos educativos
comparten entre sí las siguientes intenciones (Levinas, 2014; Casanova,
1998):

· Orientar a la persona a saber conducirse a sí misma, a reconocer sus


límites y sus potencialidades.
· Enseñar a colaborar con los otros, a reconocerlos en su rostro como
fuente de revelación.
· Propiciar la adaptación al medio externo sabiendo cultivarse y sacando
provecho de las dificultades y capacidades intrínsecas.
· Reconocer al educando como ser en proceso de aprendizaje durante
todo su tránsito de vida.
· Reconocer que el proceso educativo requiere de otro (profesor, padres,
amigos, pareja, comunidad, estado) cuyas relaciones influyen en la
transformación del pensamiento y de los actos.

Como lo expresa Casanova (1998, p.50) “la educación guía al hombre en


su desenvolvimiento a lo largo del cual va formándose como persona
humana”. La educación orienta al individuo a ver, a escuchar, a
reflexionar y a ser autor de sus propios juicios; prepara a la persona para
la vida y le proporciona conocimientos y hábitos que faciliten la
consecución del equilibrio mental, afectivo e intelectual.

No obstante, especialmente en Colombia, a causa de la influencia de las


políticas vigentes, los niños y jóvenes se están educando a partir de
teorías administrativas y económicas que han tergiversado los fines
expuestos. Se pretende que, así como las empresas y la economía
funciona, la educación también. Educar hoy hace referencia a producir
sujetos en torno a unas competencias laborales y de competitividad a fin
de garantizar la estabilidad económica de las compañías, y por último de
la sociedad.

Ante este panorama, lo educativo deja de lado su intención de formación


enfocándose en la idea de cualificación personal y formación del capital
humano (Mejía, 2011, p.77). La educación se convierte así en la
dotadora de competencias individuales fundadas en la eficiencia y
eficacia pasando por encima de los fines de solidaridad, fraternidad y
convivencia necesarios para mantener una sociedad. Hoy día la
educación se está direccionando hacia el campo técnico, cognitivo y de
gestión olvidando que la persona es un ser holístico.

La presencia de un mundo que siendo común no es el territorio exclusivo


de lo homogéneo, sino el espacio de la diversidad de perspectivas, de
modos de vivir, de sentir, de amar y de conocer (Rey, 1998), hace un
llamado a los profesionales de la educación: a personas quienes de
manera inmanente son fuente de humanismo, para que “comprendan el
mundo en cuanto se reflejan las necesidades que implica el hecho de
habitarlo” (Savater, 1991). Por lo tanto, el quehacer educativo deberá
aproximarse a las creaciones actuales, a las manifestaciones, a las
composiciones y a los procedimientos de encuentro como un “foro de
negociación y recreación de desarrollo humano” (Rey, 1998, p.13).

La palabra: lugar de encuentro para el desarrollo y lo humano.

Como se mencionó en los dos apartados anteriores, la re significación


del mundo se da por medio de una negociación que tiene como base el
lenguaje. Este como reproducción simbólica, brinda otro sentido al
mundo y la vida en sus estructuras fundamentales. El lenguaje visto
como el verbo, la acción, la corporalidad, los gestos y las expresiones
culturales, conforman un espacio de comunicación que re significa el
pasado y el presente (Tonon, 2009).

En el lenguaje entonces, se destaca la palabra, la cual otorga significado


y establece una relación con el medio cuyo resultado arroja la
construcción de nuevas formas de ser en el mundo. Según Guattari
(1993) el lenguaje “trata de construir dándole su oportunidad a las
mutaciones que llevarán a las generaciones por venir a vivir, sentir y
pensar de manera diferentes a las de hoy en día…”.

En la palabra se encuentra el papel protagónico de la Educación y del


Desarrollo Humano. La palabra viaja en un vaivén de expresiones
sociales que encierran un sentido oculto y que quieren ser
desentrañados y transmitidos, por eso, es uno de los mejores recursos;
es la manera mediante la cual la historia de hombres y mujeres se ha
compartido con signos comunes y sentidos. En el lenguaje se construyen
sistemas de convivencia y de relación social (Rey, 2009).

Por su parte, la educación se permite el espacio de participación


discursiva, argumentativa y crítica que, de algún modo, reúne los
símbolos que le dan sentido a la experiencia humana para reconstruirse.
En medio del diálogo entre saberes, de valoraciones culturales y de la
contextualización de experiencias, es que se re significa el sentido de la
propia existencia (Tonon, 2009).

Por consiguiente, la palabra es conciencia y a partir de ella se evocan


significados: “la palabra es un microcosmos de la conciencia humana”
Vigotsky (1995) y en la medida que se reconozca que el mundo se
reconstruye por medio del lenguaje y por medio del Otro, más se tornará
a la humana. Al respecto, Hanna Arendt (2016, p.35) comenta: “el
mundo no es humano por haber sido hecho por hombres y no se vuelve
humano porque en él resuene la voz humana, sino solamente cuando
llega a ser objeto de diálogo. Humanizamos lo que pasa en el mundo.
Nosotros al hablar aprendemos a ser humanos”.

Educar para atribuir otros significados a las realidades que se viven en la


cotidianeidad, invitan a usar la palabra. El lenguaje es un foro de
creación, de circulación y de apropiación de sentido y de mediación
simbólica cuyo espacio se caracteriza por la socialización y las
interacciones. “La palabra en el habla genera al Otro” (Rey, 1998, p.14),
por eso cuando se niega la interlocución, hay aislamiento, no se es más
otro para nadie (Lyotard, 1994).

Es así como el quehacer educativo nos motiva a saber anunciar, a


nombrar el mundo de manera diferente a la acostumbrada, a ser poetas.
Y en vez de fusionar el tú con el yo, la palabra como propulsora de
desarrollo humano, anuncia un nosotros que extiende los caminos
posibles hacia la colectividad en medio de la particularidad.
El mundo re significado

De manera que, la educación ante el Desarrollo Humano comprende las


maneras particulares de ser con sentidos propios (subjetividades), la
forma compartida de actuar (identidad) y la intersubjetividad (sentir
colectivo) (Páramo, 2008; Alvarado, 2006). La educación motiva el
posicionamiento de la realidad a partir de la mirada hacia el pasado con
el fin de recrear y anunciar que otros mundos son posibles (Mejía, 2011;
Alvarado, Ospina & García, 2012).

La educación acoge los intereses humanos desde su raíz: personas como


seres inacabados e integrales. A su vez, retoma el contexto particular de
desarrollo para saber atender a sus necesidades: “se advierte sobre el
efecto que tiene en nuestras narrativas del mundo la distancia que nos
separa de aquéllos sobre quienes hablamos” (Escobar, 2005). Rey
(1998, p.6) de manera similar expone que un país que vuelve su mirada
a las “transformaciones sociales, los cambios en las sensibilidades, los
nuevos perfiles identitarios que asumen las personas, así como las
fisuras en orden de los saberes y los conocimientos”, brinda la
oportunidad de crear otras metáforas que orienten el movimiento de las
instituciones y de las relaciones humanas.

Reconstruir un significado sobre el mundo requiere de la acogida de los


cambios que presenta una sociedad y sus nuevos intereses. Cuando la
sociedad toma conciencia sobre la reformulación de las formas de vivir
en colectivo, se da la oportunidad de encaminar sus esfuerzos sociales,
culturales, educativos, económicos y políticos hacia un futuro diferente y
posible.

Conclusión
¿Cuál es nuestra misión como profesionales de la educación en la
formación de personas que re signifiquen y construyan otras formas de
pensar, de estar, de vivir, de relacionarse y de amar en el mundo?, se
debe comenzar por reconocer que somos personas, sujetos que
presentamos particularidades en medio de una colectividad, que
transitamos en medio de los deseos y los sueños hasta de las ausencias
y fantasmas. Es así como la pluralidad es una realidad de la acción
humana donde, todos somos lo mismo: humanos, y, por consiguiente,
nadie es igual a otro.

A su vez, se debe tomar en cuenta la postura del Otro. Muchas veces se


tiende a volver hitos unas normas que se aspiran como buenas
constituyéndolas elementales y de derecho, pero se olvida que no son
aplicables a todas las culturas. La naturaleza de la libertad que hace
hincapié en la capacidad de decisión autónoma no puede omitirse bajo
ningún pretexto, ese es el caso de “la Burka” de Martha Nussbaum. Es
así como la conciencia surge volviendo el rostro a la realidad que vive
cada persona o grupo, acogiendo su humanidad (lo que se comparte con
otros) y su intimidad/subjetividad (lo que lo hace ser diferente a los
demás).

A partir del imaginario de mundos que son compartidos y plurales, más


no uniformes, se aporta para recrear la sociedad donde se vive, como
suele hacerlo la mirada al traspasar las fronteras de las ventanas, la
mirada cuyo foco resignifica el mundo y construye nuevas formas de
seguir en él y nuevas posibilidades individuales en medio de la
convivencia social.

Los agentes educativos estamos aportando al desarrollo humano cuando


en nuestro quehacer se brinda el espacio para la conversación, el
intercambio de significaciones y la creación de sentidos que se abren así
a otros horizontes de interpretación, de significación, de atención, de
cuidado. La educación por medio del lenguaje hace de mediadora
constante en la relación con los otros y con el entorno que circula en la
cotidianeidad. Tanto vivir individualmente como en colectividad requiere
de acoger lo humano con sus trascendencias, con sus huellas
imborrables para recrear el mundo en otras formas posibles.

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