LA HISPANIA ROMANA
1. Conquista romana
La presencia romana en la penisula Ibérica comienza a finales del
siglo III a.C y termina a principios del siglo IV d.C. En este largo
periodo se produce un intenso periodo de romanización.
La conquista y el control de la Península por Roma es el punto de
partida de la romanización, quedando el territorio integrado en el
Imperio Romano. La conquista se produce en tres etapas:
Primera etapa (218 – 197 a.C): tiene lugar la segunda guerra púnica
por el control del Mediterráneo occidental. Aníbal destruye Sagunto
(ciudad hispana aliada con Roma) y cruzando los Alpes llegará a
Roma. Por otro lado, Publio Cornelio Escisión llega a la Península para
cortar suministros. Habrá conflictos entre cartagineses – hispanos y
romanos durante 12 años hasta que, finalmente, Publio conquistase
toda la costa mediterránea y el Sur peninsular. Además, este
estableció pactos con pueblos hispanos.
Segunda etapa (197-31 a.C): es la conquista de Roma del interior
peninsular, con la derrota de los lusitanos (Viriato) y la conquista de
Numancia.
Tercera etapa ( 31-19 a.C): se termina la conquista de la Península
Ibérica con las guerras cántabras (cántabros, satures y galaicos
oponen gran resistencia).
La conquista es un largo proceso que abarca más de 200 años con
etapas de inactividad.
2. Administración y política
2.1 La organización administrativa
Dentro de Hispania, que era como los romanos llamaron a la
Península Ibérica tenemos dos tipos de provincias:
— senatoriales: llamadas así porque estaban controladas por el
senado.
— Imperiales: aquellas que estaban gobernadas directamente
por el emperador.
La división administrativa fue cambiando a lo largo de los años por lo
que se pueden establecer tres etapas:
— Los inicios de la conquista hasta el siglo II a.C donde Hispania
se dividió en dos provincias: Ulterior (Andalucía y parte
occidental) y Citerior (costa mediterránea y valle del Ebro).
— La época el emperador Augusto (27 a.C) se domina toda la
península quedando dividida en tres provincias: Bética, Lusitania y
Tarraconense.
— Siglo III d.C, las provincias aumentan y son más pequeñas
encontramos a Bética, Lusitania, Gallaecia, cartaginense,
Tarraconense. Posteriormente surge la Baleárica y la Mauritania
Tingitana.
— En el siglo IV d.C época de Diocleciano, todas las provincias se
incluyen en la diócesis de Hispania.
2.2 La red urbana y las comunicaciones
Los romanos buscaban un gobierno eficaz y cohesión del territorio.
Para conseguir esto era imprescindible tener una buena red de
comunicaciones entre los diferentes territorios, esta red se basaba en
dos pilares:
Las ciudades: eran centros políticos, administrativos, económicos,
jurídicos y organizaban el entorno rural. Estas dominaban un amplio
territorio y presentaban una estructura cuadrangular, dos calles en
ángulo recto (Cardo y Decumano). Además, surgieron nuevas
ciudades y se revitalizaron antiguas. Los ciudadanos contaban con
una gran cantidad de servicios (foros, templos, circos, acueductos…)
Las calzadas: comunicaban todas estas ciudades entre sí y
permitían el control de todo el territorio. Así como eran la base del
comercio.
Las principales calzadas en Hispania eran:
— La vía Augusta: que recorría toda la costa mediterránea desde
Cataluña hasta Cartago Nova.
— La vía de Plata: que comunicaba Emérita Augusta (Mérida) y
Astúrica Augusta (Astorga), llamada así por la extracción de
plata en Astorga.
— La vía Transversal: conectaba Emérita Augusta con
Caesaraugusta (Zaragoza).
3. La economía hispano-romana
La estructura económica romana está basada en los latifundios
agrícolas, la propiedad privada de la tierra, la mano de obra esclava y
las ciudades como centros de intercambio. Además, destaca la mejora
de las técnicas de explotación y el desarrollo ganadero y minero. Así
como la incorporación de la economía hispana en el circuito comercial
del Imperio romano.
En cuanto a la agricultura, estaba basada en la tríada mediterránea
(trigo, vid y olivo) y era la base de la economía. Aparecieron nuevas
técnicas agrícolas como los animales de tiro, arado, barbecho,
regadío… y nuevos cultivos (frutales y hortalizas) y aumenta la
producción. La forma de explotación fue la villa latifundista trabajada
por esclavos.
En la pesca destacan los salazones, la sal y el garum (salsa de
pescado producida en la zona de levante, muy apreciada en Roma).
Otro sector importante fue la minería ya que Hispania contaba con
numerosos yacimientos mineros (plata, oro, mercurio, plomo, estaño
y cobre entre otros).
La mano de obra esclava constituía en algunos casos la base sobre la
que se sustentaba la producción, los esclavos se obtenían en la
guerra o bien por las deudas que una persona libre contraía.
El comercio estaba basado en la moneda común (denario romano) y
la ciudad. Destaca una buena red de transportes terrestres y
marítimos. Las ciudades son centros de producción comerciales.
La artesanía también era importante en las ciudades (armas, paños…)
4. Sociedad hispano-romana
La sociedad se divide en hombres libres y no libres (libertos y
puritanos). Está basada en la desigualdad jurídica y se va
desarrollando sobretodo en las áreas más romanizadas, en las
ciudades y en las élites indígenas asimiladas.
Existían diversas clases sociales en función de la riqueza:
Aristocracia romana: era un grupo muy reducido, poseían los
latifundios y grandes fortunas. También presentaban altos cargos
(senadores).
Aristocracia de pueblos sometidos: propietarios de tamaño medio,
poseían cargos públicos (políticos, locales y provinciales…) Formando
una burguesía acomodada.
Plebe: eran hombres libres (artesanos, pequeños propietarios
agrícolas…)
Esclavos: no eran libres ni poseían ningún derecho.
Mujer: depende del marido, era la encargada de las funciones
domésticas pero poseía más libertad que en culturas contemporáneas
(divorcio refulado).