Conductismo: historia, conceptos y autores
principales
Resumen de la historia y los autores principales de esta
corriente de la psicología.
Arturo Torres
6 febrero, 2017 - 17:44 — Actualizado 19 mayo, 2024 - 03:45 CEST
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Actualmente, la Psicología incluye una gran variedad de orientaciones
teóricas. Comparables en cierto modo a las ideologías, los paradigmas
psicológicos suponen directrices de análisis de la conducta que llevan a
los psicólogos a trabajar de distintos modos.
El conductismo es una de las orientaciones más comunes entre los
psicólogos, si bien hoy en día es más habitual que se practique en su
vertiente cognitivo-conductual. Y aunque su lado más conocido sea el de
los experimentos con animales que han realizado los conductistas, sus
aportaciones van mucho más allá de esas investigaciones tan llamativas.
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A continuación repasamos la historia del conductismo y sus
características principales.
Artículo relacionado: “Tipos de terapias psicológicas”
¿Qué es el conductismo?
El conductismo es una corriente de la Psicología que se centra en el
estudio de las leyes comunes que determinan el comportamiento
humano y animal. En su origen, el conductismo tradicional deja de lado
lo intrapsíquico para focalizarse en la conducta observable, es decir,
prioriza lo objetivo por encima de lo subjetivo. Esto opone el conductismo
a planteamientos previos como los psicodinámicos y los
fenomenológicos. De hecho, desde la perspectiva conductista aquello
que solemos entender como "mente" o "vida mental" es tan solo una
abstracción de lo que realmente debería estudiar la psicología: los
vínculos entre estímulos y respuesta en contextos determinados.
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Es más, no son pocos los conductistas que ven el concepto de lo mental
como algo innecesario, por plantear más preguntas de las que responde.
Para ellos, lo psicológico se plasma siempre en fenómenos objetivables a
través del análisis del comportamiento. Que sepamos interpretar
correctamente esos comportamientos ya es otro tema.
Los conductistas tienden a concebir a los seres vivos como “tabulas
rasas” cuya conducta está determinada sobre todo por sus
aprendizajes del pasado, y no tanto por las predisposiciones biológicas.
O sea, que las dinámicas de comportamiento estarían talladas por los
refuerzos y castigos que reciban los indiviuos, más que por fenómenos
neuropsicológicos definidos por los genes. El comportamiento, por tanto,
no depende principalmente de fenómenos internos, como los instintos o
los pensamientos (que no dejan de ser, por otra parte, conductas
encubiertas) sino más bien del entorno, y no podemos separar ni la
conducta ni el aprendizaje del contexto en que tienen lugar.
De hecho, aquellos procesos que ocurren en el sistema nervioso y que
para muchos otros psicólogos son la causa de cómo actuamos, para los
conductistas no son más que otro tipo de reacciones generadas a través
de nuestra interacción con el entorno.
El conductismo y los experimentos con animales
Este desinterés por tener en cuenta la influencia de los genes explica en
parte por qué muchos conductistas intentan entender al ser humano a
través del estudio de los animales, y viceversa.
Porque para ellos, las reglas que definen el funcionamiento de la
conducta obedecen a la misma lógica en los seres vivos en general, o al
menos, en aquellos capaces de aprender mediante la experiencia. Algo
que queda reflejado en las famosas "cajas de Skinner", en las que suele
exponerse a animales de laboratorio a sistemas de refuerzo en un
ambiente muy controlado.
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El concepto de "enfermedad mental" visto por los
conductistas
Los conductistas a menudo han sido vinculados al mundo de la
psiquiatría por su utilización del método experimental para obtener
conocimientos, pero esta asociación no es acertada, ya que en muchos
aspectos, los conductistas se diferencian claramente de los psiquiatras.
Una de estas diferencias es la oposición del conductismo al concepto de
enfermedad mental.
Desde esta filosofía aplicada a la psicología, no pueden existir
conductas patológicas, ya que estas son juzgadas siempre según su
adecuación a un contexto. Mientras que las enfermedades deben tener
causas biológicas relativamente bien aisladas y conocidas, los
conductistas señalan que no hay suficiente evidencia a favor de la
existencia de estos biomarcadores en el caso de los trastornos mentales.
Por consiguiente, se oponen a la idea de que el tratamiento de
problemas como las fobias o el TOC deba centrarse en psicofármacos.
Conceptos básicos del conductismo
A continuación definimos los principales términos de la teoría
conductista.
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1. Estímulo
Este término se refiere a cualquier señal, información o evento
que produce una reacción (respuesta) de un organismo.
2. Respuesta
Cualquier conducta de un organismo que surge como reacción a un
estímulo.
3. Condicionamiento
El condicionamiento es un tipo de aprendizaje derivado de la
asociación entre estímulos y respuestas.
4. Refuerzo
Un refuerzo es cualquier consecuencia de una conducta que aumenta la
probabilidad de que ésta vuelva a darse.
5. Castigo
Opuesto al refuerzo: consecuencia de una conducta que disminuye la
probabilidad de que vuelva a darse.
Wundt: el nacimiento de la Psicología
Experimental
Wilhelm Wundt (1832-1920), considerado por muchos “el padre de la
Psicología”, sentó las bases de lo que acabaría siendo el
conductismo. Creó el primer laboratorio de Psicología científica y
utilizó de forma sistemática la estadística y el método experimental para
extraer reglas generales sobre el funcionamiento de los procesos
mentales y la naturaleza de la conciencia.
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Los métodos de Wundt dependían en gran medida de la
introspección o autoobservación, técnica en la que los sujetos
experimentales proporcionan datos sobre su propia experiencia.
Watson: la Psicología vista desde el
conductismo
John Broadus Watson (1878-1958) criticó el uso de la metodología
introspectiva de Wundt y sus seguidores. En una conferencia en 1913
que se considera el nacimiento del conductismo, Watson afirmó que para
ser verdaderamente científica la Psicología debía centrarse en la
conducta manifiesta en lugar de en los estados mentales y conceptos
como “conciencia” o “mente”, que no podían ser analizados de forma
objetiva.
Watson también rechazaba la concepción dualista que separaba el
cuerpo y la mente (o el alma) y planteaba que la conducta de las
personas y la de los animales debía ser estudiada del mismo modo ya
que, si se dejaba de lado el método introspectivo, no había una diferencia
real entre ambas.
En un conocido y controvertido experimento Watson y su ayudante
Rosalie Rayner consiguieron provocar una fobia a las ratas a un
bebé de nueve meses (“el pequeño Albert”). Para ello emparejaron la
presencia de la rata con sonidos fuertes. El caso del pequeño Albert
demostró que la conducta humana no sólo es predecible sino también
modificable.
Artículo relacionado: “Los 10 experimentos psicológicos más
perturbadores de la historia”
La caja negra
Para Watson los seres vivos somos “cajas negras” cuyo interior no
es observable. Cuando los estímulos externos llegan a nosotros damos
respuestas en consecuencia. Desde el punto de vista de los primeros
conductistas, si bien se dan procesos intermedios dentro del organismo,
al ser inobservables deben ser ignorados al analizar el comportamiento.
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Sin embargo, a mediados del siglo XX los conductistas matizaron esto y,
sin desdeñar la importanca de los procesos no onservables directamente
que ocurren en el interior del cuerpo, señalaron que la psicología no
necesita dar cuenta de ellos para aportar explicaciones sobre las lógicas
que rigen la conducta. B. F. Skinner, por ejemplo, se caracterizó por dar
a los procesos mentales exactamente el mismo estatus que la conducta
observable, y por concebir el pensamiento como conducta verbal. De
este autor hablaremos más adelante.
Algunos neoconductistas como Clark Hull y Edward Tolman sí
incluyeron procesos intermedios (o variables intervinientes) en sus
modelos. Hull incluía el impulso o motivación interna y el hábito, mientras
que Tolman afirmaba que construimos representaciones mentales del
espacio (mapas cognitivos).
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Watson y el conductismo en general fueron influidos de forma clave por
dos autores: Ivan Pavlov y Edward Thorndike.
Condicionamiento clásico: los perros de
Pavlov
Ivan Petrovich Pavlov (1849-1936) era un fisiólogo ruso que se dio cuenta,
mientras realizaba experimentos sobre secreción de saliva en perros, de
que los animales salivaban de forma anticipada cuando veían u
olían la comida, e incluso simplemente cuando se acercaban los
encargados de darles de comer. Posteriormente consiguió que salivaran
al oír el sonido de un metrónomo, de una campana, de un timbre o de
una luz por asociar estos estímulos con la presencia de comida.
A partir de estos estudios Pavlov describió el condicionamiento clásico,
un concepto fundamental en el conductismo, gracias al cual se
desarrollaron las primeras intervenciones basadas en las técnicas de
modificación de la conducta en seres humanos. Ahora bien, para
entender cómo funciona el condicionamiento clásico primero hay que
saber con qué estímulos se trabaja en él.
Un estímulo incondicionado (es decir, que no requiere aprendizaje para
provocar una respuesta) provoca una respuesta incondicionada; en el
caso de los perros, la comida causa salivación de forma espontánea. Si
se empareja repetidamente el estímulo incondicionado (la comida) con
un estímulo neutro (por ejemplo la campana), el estímulo neutro
acabará produciendo la respuesta incondicionada (salivar) sin
necesidad de que esté presente también el estímulo incondicionado.
Para Pavlov no es necesario el concepto de mente ya
que conceptualiza las respuestas como reflejos que se dan después
de la aparición de estímulos externos.
El experimento del pequeño Albert de Watson y Rayner es otro ejemplo
de condicionamiento clásico. En este caso la rata es un estímulo neutro
que se convierte en un estímulo condicionado que provoca la respuesta
de miedo por asociación con el ruido fuerte (estímulo incondicionado).
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Los animales en el conductismo
Los conductistas clásicos empleaban frecuentemente animales en sus
estudios. Los animales son considerados equivalentes a las personas
en cuanto a su conducta y los principios de aprendizaje extraídos de
estos estudios se extrapolan en muchos casos a los seres humanos; eso
sí, siempre procurando respetar una serie de presuposiciones
epistemológicas que justifiquen esta extrapolación. No hay que olvidar
que entre especies hay muchos aspectos del comportamiento que
varían.
La observación sistemática de la conducta animal daría paso a la
Etología y la Psicología Comparada. Konrad Lorenz y Niko Tinbergen son
dos de los representantes más importantes de estas corrientes.
Condicionamiento instrumental: los gatos
de Thorndike
Edward Lee Thorndike (1874-1949), contemporáneo de Pavlov, realizó
diversos experimentos con animales para estudiar el
aprendizaje. Introdujo gatos en “cajas-problema” para observar si
conseguían escapar de ellas y de qué modo.
En las cajas había varios elementos con los que los gatos podían
interactuar, como un botón o una anilla, y sólo el contacto con uno de
estos objetos podía hacer que se abriera la puerta de la caja. Al principio
los gatos conseguían salían de la caja por ensayo y error, pero a medida
que se repetían los intentos cada vez escapaban con más facilidad.
A partir de estos resultados Thorndike formuló la ley del efecto, que
afirma que si una conducta tiene un resultado satisfactorio es más
probable que se repita, y que si el resultado es insatisfactorio esta
probabilidad disminuye. Posteriormente formularía la ley del ejercicio,
según la cual los aprendizajes y hábitos que se repiten se ven reforzados
y los que no se repiten se debilitan.
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Los estudios y las obras de Thorndike introdujeron el
condicionamiento instrumental. Según este modelo el aprendizaje es
consecuencia del reforzamiento o el debilitamiento de la asociación entre
una conducta y sus consecuencias. Esto sirvió como base para formular
propuestas más tarde, en el surgimiento del verdadero conductismo, tal y
como veremos.
El conductismo radical de Skinner
Las propuestas de Thorndike fueron el antecedente de lo que conocemos
como condicionamiento operante, pero este paradigma no se desarrolló
de forma completa hasta la aparición de las obras de Burrhus Frederic
Skinner (1904-1990).
Skinner **introdujo los conceptos de refuerzo positivo y negativo. Se
denomina refuerzo positivo al hecho de premiar una conducta dando
algo, mientras que el refuerzo negativo consiste en la retirada o la
evitación de un evento desagradable. En ambos casos, la intención es la
de aumentar la frecuencia e intensidad de aparición de una conducta
determinada.
Skinner defendía lo que se conoce como conductismo radical, que
mantiene que todo el comportamiento es resultado de asociaciones
aprendidas entre estímulos y respuestas. Ojo: técnicamente, el
conductismo radical no es un tipo de psicoterapia, ni una rama de la
Psicología (como sí lo son la Psicología del Deporte o la Psicología
Educativa, por ejemplo). Es algo más abstracto, que tiene que ver no con
las técnicas utilizadas ni los problemas que aborda el psicólogo, sino con
la conceptualización de la Psicología en sí. Para Skiner, el conductismo
radical es, más bien, una filosofía desde la que entender el
comportamiento y proponer objetivos de su análisis conductual. Por eso,
se puede aplicar a todas las ramas de la Psicología.
El enfoque teórico y metodológico desarrollado por Skinner se conoce
como análisis experimental de la conducta y ha sido especialmente
eficaz en la educación de niños con discapacidad intelectual y del
desarrollo. Ahora bien, Skinner estudiaba toda la conducta en general, no
solo la conducta humana. Esto implica, por ejemplo, que su manera de
entender la Psicología se basaba mucho en la experimentación con
animales. Por ejemplo, entrenó unas palomas para que aprendieran a
jugar a una especie de ping-pong.
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Artículo relacionado: “Las 37 mejores frases de B. F. Skinner y el
conductismo”
Desarrollo del conductismo: la revolución
cognitiva
El conductismo entró en declive a partir de los años 50, coincidiendo con
el auge de la psicología cognitiva. El cognitivismo es un modelo
teórico que surgió como reacción al énfasis radical del conductismo en
la conducta manifiesta, dejando de lado la cognición. La inclusión
progresiva de variables intervinientes en los modelos conductistas
favoreció en gran medida este cambio de paradigma, conocido como
“revolución cognitiva”.
En la práctica psicosocial, las aportaciones y principios del conductismo y
el cognitivismo acabarían confluyendo en lo que conocemos como
terapia cognitivo-conductual, que se centra en encontrar los programas
de tratamiento más avalados por la evidencia científica.
Las terapias de tercera generación desarrolladas en los últimos
años recuperan parte de los principios del conductismo radical,
reduciendo la influencia del cognitivismo. Algunos ejemplos son
la Terapia de Aceptación y Compromiso, la Terapia de Activación
Conductual para la depresión o la Terapia Dialéctica Conductual para
el trastorno límite de la personalidad.