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Historia 4to Año

El liberalismo es una corriente política y económica que defiende las libertades individuales y la limitación del poder estatal, originándose en Gran Bretaña en el siglo XVII. En contraste, el marxismo, desarrollado por Karl Marx y Friedrich Engels, busca la eliminación de las clases sociales y la propiedad privada, promoviendo una sociedad igualitaria. El reparto de África, formalizado en la Conferencia de Berlín de 1884-1885, resultó en la división arbitraria del continente por potencias europeas, generando conflictos que persisten hasta hoy.
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Historia 4to Año

El liberalismo es una corriente política y económica que defiende las libertades individuales y la limitación del poder estatal, originándose en Gran Bretaña en el siglo XVII. En contraste, el marxismo, desarrollado por Karl Marx y Friedrich Engels, busca la eliminación de las clases sociales y la propiedad privada, promoviendo una sociedad igualitaria. El reparto de África, formalizado en la Conferencia de Berlín de 1884-1885, resultó en la división arbitraria del continente por potencias europeas, generando conflictos que persisten hasta hoy.
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HISTORIA MUNDIAL

LIBERALISMO Y MARXISMO
LIBERALISMO
El liberalismo es una corriente económica y política que hace hincapié en la
protección y el fomento de las libertades individuales como el problema central que
debe atender el ejercicio político.
El liberalismo propone, en lo político, lo social y lo económico, que la razón de ser
del Estado radica en garantizar la igualdad ante la ley y el justo ejercicio de las
libertades individuales. Al mismo tiempo, según esta corriente, el Estado debe
contar con límites claros a su poder para que no constituya un impedimento al
ejercicio de la vida libre y autónoma.

El liberalismo abarca un conjunto de formas de pensar que comparten la defensa de


los derechos individuales (como la libertad de expresión), la libertad económica, el
secularismo, la propiedad privada, la democracia, la autonomía individual, la
igualdad de oportunidades y el Estado de derecho.

Historia del liberalismo


El origen del liberalismo se remonta a Gran Bretaña en el siglo XVII, donde surgió a
partir de la filosofía empirista y la filosofía utilitarista. Ambas filosofías influyeron de
una manera u otra en el nacimiento del mercantilismo, una escuela del pensamiento
que demandaba la intervención estatal en la economía. Proponía garantizar a la
nación las condiciones necesarias para generar riqueza y competir en el mercado.
Sin embargo, la intromisión estatal solía beneficiar a las clases altas y limitaba a la
libre empresa, lo cual iba en contra del ascenso de las clases medias burguesas y
comerciantes.

En los siglos XVII y XVIII se produjo la primera revolución de la burguesía en contra


de los intereses de la aristocracia y del Antiguo Régimen, especialmente en Francia
e Inglaterra. Esto dio lugar a las Guerras Civiles inglesas, la Revolución Gloriosa de
1688 y la Revolución Francesa de 1789.

Todos estos conflictos sentaron las bases para una nueva forma de pensamiento
igualitarista, individualista y liberal que se esparció por Europa. Este nuevo
pensamiento dio como resultado, en algunos casos, la caída de las monarquías y,
en otros casos, un nuevo pacto entre estas monarquías y las clases altas obligó a
quienes ejercían el poder a pactar con el resto de los actores socioeconómicos. Esta
transformación política dio origen al liberalismo clásico y fue vital en el surgimiento
de la sociedad capitalista.
Como corriente filosófica, el liberalismo tiene sus orígenes intelectuales en los
trabajos del filósofo inglés John Locke (1632-1704) y el economista escocés Adam
Smith (1723-1790). Ambos pensadores se opusieron al absolutismo monárquico,
cuyo poder radica en la concentración autoritaria de una monarquía autócrata.

Considerado el padre del liberalismo clásico, John Locke fue un empirista británico
cuyo trabajo influyó en pensadores notables como Voltaire y Rousseu, intelectuales
de la Ilustración francesa. Contribuyó notablemente a la teoría del contrato social,
así como al republicanismo clásico y la teoría liberal, reflejados en la Declaración de
Independencia de los Estados Unidos y en la Declaración de Derechos inglesa de
1689. Desarrolló una teoría de la autoridad política fundamentada en el consenso
del pueblo gobernado y en la naturaleza de los derechos individuales.

Adam Smith, por su parte, sostuvo que las sociedades prosperan cuando los sujetos
son libres de perseguir su propio interés en un sistema de propiedad privada de los
medios de producción, así como también en un mercado competitivo, autónomo y
libre del Estado o los monopolios privados.

En su desarrollo histórico, el liberalismo político, económico y social también recibió


contribuciones de las ideas de Thomas Hobbes (1588-1679), James Madison
(1751-1836) y Montesquieu (1689-1755). Otros pensadores también han
influenciado la teoría liberal, aportando formas y desarrollos conceptuales más o
menos tradicionales. Por su extenso desarrollo a nivel global, el liberalismo como
corriente filosófica y práctica cuenta con distintas escuelas y manifestaciones.

MARXISMO
El Marxismo es el conjunto de ideas filosóficas, económicas, políticas y sociales que
fue diseñado y desarrollado por Karl Marx (1818-1883) y su colaborador, Friedrich
Engels (1820-1895). Surgió a mediados de 1848, con el fin de poner fin a la lucha
de clases existente en el capitalismo. Es también conocido como socialismo
marxista o socialismo científico es un sistema que critica radicalmente el capitalismo
y proclama la emancipación de la humanidad en una sociedad sin clases e
igualitaria.
Consistió en una corriente política, social y económica que buscaba la igual en la
sociedad, donde no existieran las clases sociales y los trabajadores o proletariado
tuvieron los mismos derechos que todos en la sociedad.
Origen del movimiento Marxista
En el siglo XIX, varios pensadores tenían gran preocupación en dar respuestas a los
diversos problemas sociales que se desarrollaban en el seno de la sociedad
capitalista. Los socialistas utópicos fueron los primeros en proponer y teorizar
medios que pudieran resolver la expresa diferencia percibida entre los miembros del
proletariado (obreros y trabajadores) y de la clase burguesa (dueños de negocios y
banqueros).
El Socialismo utópico fue creado por Robert Owen, Saint-Simon y Charles Fourier.
A mediados del siglo XIX, Karl Marx y Friedrich Engels, elaboraron una teoría
inspirada en el socialismo utópico que no sólo rechazaba el capitalismo, sino que
proponía un programa de acción para transformar la sociedad y fue ahí donde se
creó este movimiento. Las bases del marxismo fueron marcadas por el filósofo
social alemán Karl Marx y el revolucionario alemán Friedrich Engels entre 1840 y
1850, siendo el sistema más tarde completado y modificado por ellos y sus
discípulos (en el siglo XX), entre ellos, Trotsky, Lenin y Stalin.
Características del Marxismo
●​ El fin de la desigualdad de clases y la creación de una única clase.
●​ Fin de la propiedad privada al contrario buscaba la propiedad pública.
●​ El salario de un trabajador debe ser determinado por la cantidad de
beneficios que este produce, este es el concepto de plusvalía que plantea el
Marxismo.
●​ El valor de la mercancía lo marca la cantidad de trabajo que fue necesario
para producirla.
●​ Critica al capitalismo por la desigualdad que este plantea en la sociedad, en
donde los burgueses obtienen el mayor benéfico y el trabajador recibe el
mínimo.
●​ La sociedad ideal es una sociedad sin clases y sin gobernante con solo una
clase administradora que sirva para satisfacer necesidades del pueblo y
trates a todos por gual, eliminando las clases.
●​ Centralización de la economía y medios de producción, así como la
estandarización de precios en el estado.

EL REPARTO DE ÁFRICA

El reparto de África, también conocido como la Conferencia de Berlín, fue un evento


crucial que tuvo lugar entre noviembre de 1884 y febrero de 1885. Durante esta
conferencia, las principales potencias coloniales de Europa se reunieron para
negociar y acordar la división de territorios en el continente africano. Las potencias
coloniales europeas invadieron el continente africano a finales del siglo XIX y
acordaron repartirse en la Conferencia de Berlín, forzando unas fronteras artificiales
que nada tenían que ver con las etnias que allí vivían, generando grandes conflictos
que alimentados además por la explotación de los recursos naturales se mantienen
hoy en día. La división arbitraria de África en países y regiones se tradujo en una
gran cantidad de conflictos étnicos y políticos, que aún se hacen sentir hoy en día.

DESARROLLO

En 1914, año de inicio de la Primera Guerra Mundial, en África solo había dos
territorios políticamente independientes: Liberia y Etiopía. El resto eran colonias de
distintas metrópolis europeas. Reino Unido y Francia eran las grandes potencias
que controlaban el continente, mientras que potencias secundarias como Bélgica,
Portugal, Italia, Alemania o España poseían un número más reducido de colonias,
que a menudo eran utilizadas como territorio tapón para evitar rencillas
francobritánicas. Sin embargo, esto simplemente era el resultado de un largo
proceso donde se mezclaban la geopolítica con los intereses económicos.
La colonización africana había comenzado en el siglo XV, cuando las coronas de
Castilla y Portugal se empezaron a expandir por los archipiélagos de Macaronesia
(Canarias, Madeira o Cabo Verde) y a establecer fuertes y factorías comerciales en
la costa del Magreb. Aunque esta primera fase colonizadora tendría poco que ver
con la que veríamos siglos más tarde.

El descubrimiento de una ruta a las riquezas de India rodeando África hizo que las
compañías de comercio y navegación europeas establecieran nuevas bases en las
costas africanas. El primero fue Portugal, que se extendió por Santo Tomé y
Príncipe, Fernando Poo —luego cedida a España—, Angola, Mozambique o
Zanzíbar; al que le siguió los Países Bajos —Colonia del Cabo, hoy en Sudáfrica—,
Francia e Inglaterra. Estas factorías serán la base de la posterior expansión por el
interior del continente.

En el siglo XIX el norte de África permanecía en gran medida bajo control otomano,
aunque poco a poco fueron expulsados por Francia y Reino Unido, que conformaron
importantes colonias o protectorados en Argelia y Egipto, respectivamente. Mientras
tanto, en el sur del continente el Reino Unido se había hecho con la Colonia del
Cabo, bajo control neerlandés, tras el Congreso de Viena en 1815. Los bóeres
—descendientes de los colonos neerlandeses y hugonotes franceses— fundaron
nuevas repúblicas huyendo del control británico. El Imperio británico no toleró estos
nuevos Estados y tras las Guerras de los Bóeres se los anexionó, dando lugar al
germen de Sudáfrica.
En esta situación empezó el reparto de África. El impulso a la carrera colonizadora
fue dado por Leopoldo II de Bélgica, que sin ningún territorio en el continente y sin
apoyo de sus ministros se lanzó a crear un imperio colonial personal en la cuenca
del río Congo en 1876. La inmensidad de sus dominios en el centro del continente
africano llevaron a un conjunto de reclamaciones del resto de potencias ya
instaladas en las costas a las que se sumarían las recién unificadas Italia y
Alemania.
El reparto quedó institucionalizado a finales del siglo XIX. En la Conferencia de
Berlín, celebrada entre 1884 y 1885, las principales potencias europeas, que
ansiaban ampliar sus colonias africanas, acordaron un reparto para evitar que una
disputa colonial pudiese desembocar en un conflicto a gran escala también en el
continente europeo. Mientras el Reino Unido ansiaba unas colonias en África de
norte a sur que pudiesen conectar El Cairo (Egipto) con Ciudad del Cabo
(Sudáfrica), Francia buscaba un imperio colonial de este a oeste. Ambos deseos
eran incompatibles. La propuesta alemana pretendía hacer compatibles los
proyectos de Londres y París con las pulsiones imperialistas de potencias
secundarias en Europa, que en un intento de subirse al tren del colonialismo
también buscaban controlar algunos territorios en África. La solución más práctica
era sentarse y repartir los territorios.
Ninguna metrópoli salió plenamente satisfecha, pero tampoco salieron disgustadas.
El objetivo principal era evitar que tanto Francia como Reino Unido gozasen
de grandes continuos territoriales, por lo que para evitar esto, Alemania, Portugal
o Bélgica vieron caer en sus manos territorios que hacían de tapón en las
posesiones francesas o británicas. El ya mencionado Congo belga, en el centro del
continente, es el ejemplo por excelencia, aunque también se puede comprobar esta
premisa en el África Oriental Alemana, actuales Tanzania, Ruanda y Burundi.​
Este reparto, sin embargo, no duró demasiado. Con el estallido de la Gran Guerra
en 1914, las posesiones alemanas fueron conquistadas por británicos, franceses y
sudafricanos. Al finalizar la contienda en 1918 estos territorios, que antes dependían
de Berlín, pasaron a manos de sus conquistadores: Togo y Camerún para Francia,
Burundi y Ruanda para Bélgica, Tanzania para el Reino Unido y Namibia para
Sudáfrica.
Los siguientes cambios fronterizos ya se darían en el contexto —previo o
posterior— de la Segunda Guerra Mundial: en 1935 Italia invadió Etiopía para crear
una gran colonia en el oriente africano —algo que ya había intentado en 1895 y que
se saldó con una humillante derrota—, y una década después ya habría perdido
todos los territorios, que pasaron a manos británicas y etíopes.

Con todo, las fronteras que se podían observar en 1914 son muy similares a las que
se pueden ver hoy. Durante las décadas de descolonización, en la segunda mitad
del siglo XX, los recién nacidos Estados africanos llegaron al compromiso de no
cuestionar las fronteras heredadas de la época colonial. Esta imposición arbitraria,
aparentemente sin sentido, evitaba abrir un problema todavía mayor como era tener
que repensar y rediseñar todas y cada una de las fronteras de los países africanos,
algo que seguramente habría llevado a innumerables conflictos y disputas.

PRIMER GUERRA MUNDIAL


¿Por qué se produjo la guerra?
Una de las principales causas fue la rivalidad comercial entre las principales
potencias europeas, en particular entre Inglaterra y Alemania, que venían
disputándose mercados y territorios en todo el mundo. El conflicto estalló cuando el
28 de junio de 1914 el heredero al trono austro-húngaro, Francisco Fernando, fue
asesinado en la ciudad de Sarajevo, capital de Bosnia, por un estudiante serbio.

El efecto dominó
El emperador austro-húngaro, apoyado por Alemania, culpó a Serbia por el
atentado. Serbia era aliada de Rusia, que a su vez era aliada de Francia. Pocos
días después, Alemania declaraba la guerra a Francia e invadía Bélgica, lo que
provocó la reacción inglesa y su entrada en el conflicto. Comenzaba así la Primera
Guerra Mundial, en la que se enfrentaron dos bloques: por un lado, los países de la
Triple Entente, llamados comúnmente «aliados»: Rusia, Francia, Gran Bretaña, a la
que más tarde se sumarían Italia (en 1915) y los [Link]. (en 1917); y por el otro, los
de la Triple Alianza, conocidos como «Potencias Centrales”: Alemania,
Austria-Hungría y Turquía.
¿Cómo reaccionó la gente frente a la guerra?
En muchos países los sindicatos y los partidos obreros se opusieron al conflicto
porque consideraban que era una guerra puramente comercial y que los
trabajadores no tenían nada que ganar en ella y todo para perder. Frente a estas
protestas, los gobiernos lanzaron fuertes campañas de propaganda patriótica con la
intención de que la gente viera en la guerra una causa nacional. Esto despertó
ciertos fervores nacionalistas que se fueron apagando a lo largo de los cuatro años
del conflicto más sangriento de la historia hasta ese momento.
¿Cómo fue la guerra?
La guerra se fue desarrollando en distintos frentes, pero dos fueron los más
importantes y donde se produjeron la mayoría de los combates: el frente oriental
(Rusia) y el Occidental (Francia y Bélgica). Durante el conflicto se usaron nuevos
recursos mortíferos como las armas químicas y el gas asfixiante, que provocaban
daños irreparables; modernas ametralladoras y tanques de guerra.

¿Cómo terminó?
Durante los tres primeros años, la guerra parecía desenvolverse en un eventual
empate entre los bloques enfrentados. Esta situación cambió en 1917 con la
incorporación de los aliados a la Entente, que compensó con creces la retirada de
Rusia del conflicto. A mediados de 1918, los aliados vencieron en Amiens a los
alemanes, en septiembre, a los austro-húngaros en Italia y en octubre, a los turcos
en Medio Oriente. El 4 de noviembre de 1918, Austria se rindió dejando sin
defensas al ejército alemán, que pidió la rendición el 11 de noviembre. Así concluía
la guerra con el triunfo de los aliados.

¿Qué pasó en Versalles?


En enero de 1919 los países vencedores se reunieron en el palacio de Versalles,
cerca de París. Acordaron las nuevas fronteras europeas y el pago por parte de los
vencidos de indemnizaciones de guerra por los daños causados durante el conflicto.
Alemania perdió sus colonias, debió desmantelar su flota y reducir su ejército;
Francia recuperó las regiones de Alsacia y Lorena; el Imperio Austro-Húngaro
quedó desintegrado y surgieron nuevas naciones como Checoslovaquia, Yugoslavia
y Hungría.

¿Cuáles fueron las consecuencias de la guerra?


La guerra fue terrible y sus consecuencias duraderas. Murieron casi 10 millones de
personas, 20 millones quedaron heridas o mutiladas. A las heridas físicas hay que
agregarle los rencores por el trazado de las nuevas fronteras, que serán el germen
de nuevos conflictos. Europa quedó destrozada y su economía arruinada. Sólo hubo
un gran vencedor: [Link]., que entró tardíamente al conflicto (el último año) y logró
transformarse en el gran proveedor de capitales y productos para todos los países
europeos. A diferencia de todos los otros países, [Link]. perdió muy pocos
hombres y contó con la ventaja de que ningún combate se desarrollara en su
territorio. La economía norteamericana salió muy fortalecida tras el conflicto.

¿Qué pasó con las mujeres?


Otra consecuencia notable del conflicto será el nuevo rol de la mujer que había
reemplazado a los hombres en las fábricas y en los lugares de trabajo. Si eran
capaces de trabajar a la par de los hombres, ¿por qué no podrían votar y ser electas
para cargos públicos como ellos? En la mayoría de los países sus derechos civiles
fueron reconocidos y el voto femenino dejó de ser un tema de discusión para
transformarse en una realidad.

De la guerra a la revolución
En Rusia, donde la guerra era notablemente impopular, se produjeron importantes
motines de obreros, soldados y campesinos que cuestionan el manejo del conflicto,
pero también al régimen zarista en su conjunto. Liderados por Lenin, los comunistas
rusos, llamados bolcheviques, lograron el apoyo de la mayoría de la población y
derrocaron a fines de 1917 al zar Nicolás II. El nuevo gobierno basó su poder en los
soviets, grupos de obreros, soldados y campesinos que deliberaban y decidían el
futuro de Rusia, que se transformó en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

REVOLUCIÓN RUSA
Antes de la Revolución rusa, el Imperio zarista era un Estado esencialmente rural
(80 % de la población vivía en el campo). Había un alto porcentaje de campesinos
sin tierra, empobrecidos y receptivos a ideas revolucionarias. A principios del siglo
XX, la derrota en la guerra ruso-japonesa (1904-1905) incrementó el descontento
social y la demanda de cambios.

El zar Nicolás II encabezaba una autocracia y no atendía a los reclamos. Cuando un


grupo de obreros se manifestó en 1905 junto al Palacio de Invierno (la casa de
gobierno) para reclamar mejoras sociales y políticas, se produjo una represión por
parte de la Guardia Imperial que provocó cientos de muertos y heridos (hecho
conocido como Domingo Sangriento).

La consecuencia fue la Revolución de 1905, una oleada de protestas e


insurrecciones en varias zonas del Imperio ruso que forzaron al zar a aceptar el
establecimiento de una asamblea legislativa (la Duma Estatal) y otras reformas
políticas. Sin embargo, el zar conservó su poder e impuso muchas limitaciones a la
Duma, por lo que el descontento se mantuvo hasta que estallaron los hechos de
1917.
Causas de la Revolución rusa
Las causas de la Revolución rusa fueron varias y se las puede resumir de la
siguiente manera:

●​ La situación de opresión y pobreza a la que estaba sometido desde hacía


mucho tiempo el campesinado de Rusia y de otras regiones del Imperio
zarista, que contrastaba con la riqueza de los sectores nobles y
terratenientes.
●​ Las sucesivas derrotas del ejército ruso en la Primera Guerra Mundial, que
provocaron muchas bajas, y el fracaso en sostener un ritmo de producción
por falta de mano de obra durante el conflicto, lo que desató una crisis
económica que se tradujo en escasez de alimentos, hambre y un profundo
descontento en los trabajadores y soldados.
●​ La corrupción e ineficiencia que algunos sectores políticos y sociales
imputaban al gobierno zarista, que se mostraba incapaz de satisfacer las
necesidades de las poblaciones obreras y campesinas, al mismo tiempo que
aplicaba medidas represivas y limitaba la participación política.
●​ La actividad política de grupos sindicales, reformistas, revolucionarios,
campesinos y obreros, tanto de tendencia socialista como liberal o
nacionalista, que se habían hecho fuertes desde fines del siglo XIX y
buscaban transformar la estructura política y social de Rusia.
●​ La llegada del invierno de 1917, que se volvió especialmente duro para la
población del Imperio ruso debido a la escasez de alimentos ocasionada por
la participación rusa en la Primera Guerra Mundial.
Etapas
La Revolución rusa comprendió dos etapas que tuvieron lugar en marzo y
noviembre de 1917, aunque reciben el nombre de los meses calculados según el
calendario juliano, que se empleaba en el Imperio ruso. Por esta razón, son
llamadas Revolución de Febrero y Revolución de Octubre.

La Revolución de Febrero
Se inició con una huelga espontánea de los trabajadores de las fábricas de
Petrogrado (actual San Petersburgo), a los que rápidamente se les juntaron otros
sectores, como las mujeres que salieron a la calle a pedir pan. Cuando la policía se
hizo insuficiente para contener las manifestaciones, el ejército asumió el rol
represivo y asesinó a muchos manifestantes, pero varias de sus unidades
terminaron sumándose a los insurrectos.
El zar Nicolás II abdicó el 15 de marzo de 1917, aconsejado por el Estado mayor
ante la sublevación de los regimientos de la guarnición de Petrogrado, y su
hermano, el duque Miguel Aleksándrovich, rechazó la corona al día siguiente, lo que
marcó el fin de la monarquía zarista.
Se erigió un gobierno provisional, compuesto por coaliciones de políticos liberales y
socialistas moderados, a lo largo de cinco gabinetes sucesivos. Estos gabinetes
fracasaron en su intento de contener la crisis económica y social mientras
continuaban con los esfuerzos de guerra (ya que se negaban a abandonar la
Primera Guerra Mundial). El objetivo era gobernar hasta la elección democrática de
representantes para una Asamblea Constituyente Panrusa a finales de 1917.
El gobierno provisional se debilitó ante la continuidad de la participación rusa en la
Primera Guerra Mundial y la demora en la aplicación de las reformas que diversos
sectores sociales exigían. El ala más radical de los revolucionarios, el partido
bolchevique liderado por Vladimir Lenin, ganó partidarios a ritmo acelerado hacia el
otoño de 1917 y logró controlar muchos soviets (consejos obreros), especialmente
el soviet de Petrogrado, lo que sentó las bases de la Revolución de Octubre.
La Revolución de Octubre
El plan ideado por los bolcheviques era tomar el poder durante la celebración del II
Congreso de los Soviets. Esto les permitiría hacer oficial el traspaso de mando del
gobierno provisional a un Consejo de Comisarios del Pueblo y catalogar cualquier
intento en su contra como un acto contrarrevolucionario.
Se creó el Comité Militar Revolucionario de Petrogrado (CMR), controlado por los
bolcheviques, que les permitió coordinar el uso de la fuerza en distintos puntos
estratégicos de la ciudad.
La insurrección armada contra el gobierno provisional comenzó el 7 de noviembre.
El Palacio de Invierno (sede del gobierno) fue asaltado por el Consejo Militar
Revolucionario y el II Congreso de los Soviets ratificó la creación del Consejo de
Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin.
Con el gobierno bajo el mando de los bolcheviques, se llevaron a cabo las
elecciones para la Asamblea Constituyente Panrusa, en la que resultaron
vencedores por un amplio margen los socialistas revolucionarios (380 diputados),
seguidos por los bolcheviques (168 diputados) y luego el resto de los partidos.
Lenin se mostró poco dispuesto a entregar el poder a la Asamblea Constituyente y
los bolcheviques iniciaron una campaña en la que afirmaron que los soviets eran
“una democracia superior”. En enero de 1918, el gobierno bolchevique disolvió la
Asamblea Constituyente, apenas dos días después de iniciadas sus sesiones y
antes de que pudiera redactar una Constitución democrática. También expulsó de
los soviets a los miembros que no eran bolcheviques.
Características de la Revolución rusa
La Revolución rusa conmovió al mundo, porque derrocó en muy poco tiempo a una
monarquía de larga data (la autocracia zarista) y transformó radicalmente el Estado
ruso con métodos violentos y en un lapso de apenas un año.

Algunos historiadores compararon la Revolución rusa con la Revolución francesa


ocurrida en 1789, dado el profundo impacto que tuvieron ambas en las estructuras
políticas y sociales de sus respectivos países.

El ascenso de los bolcheviques al poder en Rusia llevó al establecimiento del primer


Estado socialista de la historia y al nacimiento en 1922 de la Unión Soviética, que se
convirtió en una de las dos principales potencias de la Guerra Fría.
Las principales consecuencias de la Revolución rusa fueron:

La caída de la monarquía zarista, que gobernaba Rusia desde el siglo XVI y


encabezaba el Imperio ruso desde el siglo XVIII.
La creación del primer Estado socialista de la historia y el inicio de la dominación del
Partido Comunista en Rusia, que duró hasta la caída de la Unión Soviética en 1991.
La firma del Tratado de Brest-Litovsk con Alemania, por el que el gobierno
bolchevique se retiró de la Primera Guerra Mundial y cedió a las Potencias
Centrales varios territorios que pertenecían al Imperio ruso. Algunos de estos
territorios fueron recuperados tras la derrota alemana.
El comienzo de la guerra civil rusa, que enfrentó al Ejército Rojo de los bolcheviques
contra el Ejército Blanco integrado por diversos sectores antibolcheviques (tanto
rusos como de potencias extranjeras). Concluyó con la victoria bolchevique en 1921,
aunque el conflicto se extendió hasta 1923.
La represión de movimientos revolucionarios que habían participado en la
Revolución rusa pero se habían rebelado contra la dominación autoritaria impuesta
por el gobierno bolchevique, como los marinos de Kronstadt (1921).
La transformación de las estructuras feudales heredadas de la Rusia zarista, con
medidas como la expropiación de tierras de la nobleza y el establecimiento de
granjas colectivas y estatales. Esto incluyó requisas de grano (durante los años de
la guerra civil rusa) y la confiscación agrícola a gran escala bajo el liderazgo de Iósif
Stalin en la década de 1930, lo que provocó hambrunas que afectaron a millones de
personas. También se produjo la estatización y modernización de las industrias.
El surgimiento de un Estado policial que se ocupó de perseguir a la disidencia
externa e interna, de coartar la libertad de expresión y de garantizar el control
estatal de la economía. En esta época nació la Cheka, un cuerpo de policía secreta
que posteriormente dio origen al NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos
Internos de la Unión Soviética).
La implementación de importantes cambios culturales, como la alfabetización
generalizada mediante el principio de laicidad, gratuidad y obligatoriedad de la
educación formal, cambios en la estructura familiar mediante la legalización del
divorcio y el aborto, y algunas medidas orientadas a la igualdad de género en áreas
políticas y laborales.
Personajes importantes de la Revolución rusa

Lenin contribuyó al pensamiento marxista y lideró la Revolución de Octubre.


Los personajes más significativos del período de la Revolución rusa fueron:

Nicolás II de Rusia (1868-1918). De nombre Nikolái Aleksándrovich Románov, era


el zar de Rusia cuando se produjo la Revolución rusa. Había accedido al trono tras
la muerte de su padre en 1894 y gobernó hasta su abdicación en marzo de 1917.
Apresado junto a su familia por los bolcheviques, todos fueron ejecutados en el
sótano de una casa en Ekaterimburgo en julio de 1918.
Mijaíl Rodzianko (1859-1924). Fue uno de los políticos clave de la Revolución de
Febrero de 1917. Intentó convencer a Nicolás II de implementar reformas y buscó
sin éxito negociar una transición pacífica. Presidió el comité provisional de la Duma
Estatal y, cuando abdicó el zar, apoyó al Gobierno Provisional. En 1920 emigró a
Yugoslavia, donde falleció cuatro años después.
Aleksandr Kerenski (1881-1970). Fue un socialista moderado y uno de los
protagonistas de la Revolución de Febrero de 1917. Fue el principal líder del
Gobierno Provisional ruso y, cuando triunfó la Revolución de Octubre, marchó al
exilio.
Vladimir Ilich Uliánov – Lenin (1870-1924). Fue uno de los principales pensadores
y oradores de la izquierda revolucionaria. Lideró la facción bolchevique del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia y fue uno de los artífices de la Revolución de
Octubre de 1917, tras la que fue nombrado presidente del Consejo de Comisarios
del Pueblo. En 1922 se convirtió en el primer dirigente de la recién creada Unión
Soviética y su contribución al pensamiento marxista tuvo tal importancia que recibió
el nombre de leninismo. Después de su muerte, su legado fue disputado por dos de
sus seguidores: León Trotski y Iósif Stalin. Es considerado uno de los más
importantes revolucionarios del siglo XX.
León Trotski (1879-1940). Político y revolucionario de origen judío, fue una de las
piezas clave de la Revolución de Octubre. Durante la guerra civil rusa ocupó el
cargo de comisario del pueblo para asuntos militares en el gobierno bolchevique.
Fue quien negoció la retirada de Rusia de la Primera Guerra Mundial y
posteriormente lideró la oposición de izquierda en la Unión Soviética, razón por la
que debió exiliarse en México, donde fue asesinado por un agente soviético al
servicio de Stalin.

Autoritarismo
El ascenso del autoritarismo europeo se refiere al período de entreguerras
(1919-1939) en el que surgieron regímenes autoritarios en diversos países de
Europa, como consecuencia de crisis económicas, sociales y políticas tras la
Primera Guerra Mundial. Este fenómeno se caracterizó por la consolidación de
gobiernos que concentraron el poder en una figura o partido único, eliminaron o
limitaron las libertades democráticas y utilizaron la propaganda, la represión y el
nacionalismo extremo como herramientas de control.

Factores del ascenso del autoritarismo:


Crisis económica:

●​ La Gran Depresión (1929) debilitó las economías europeas, provocando


desempleo masivo y pobreza. Esto generó descontento y desconfianza en los
sistemas democráticos.
●​ Tratado de Versalles (1919): Impuso duras condiciones a Alemania tras la
Primera Guerra Mundial, generando resentimiento que favoreció el ascenso
de líderes nacionalistas como Adolf Hitler.
●​ Miedo al comunismo: La Revolución Rusa (1917) y la expansión del
comunismo causaron temor en la burguesía y otros sectores conservadores,
quienes apoyaron a líderes autoritarios para frenar movimientos de izquierda.
●​ Debilidad de las democracias: Muchos países europeos tenían instituciones
democráticas jóvenes y frágiles, incapaces de gestionar las crisis políticas y
económicas.
●​ Nacionalismo extremo:Los movimientos autoritarios apelaron a sentimientos
de identidad nacional y revanchismo, especialmente en países como Italia y
Alemania.
Principales regímenes autoritarios:
●​ Italia: Benito Mussolini instauró el fascismo en 1922, un sistema basado en el
corporativismo, el militarismo y el culto al líder.
●​ Alemania: Adolf Hitler llegó al poder en 1933 con el nazismo, un régimen
totalitario que combinó el racismo, el expansionismo y el control absoluto del
Estado.
●​ España: Tras la Guerra Civil Española (1936-1939), Francisco Franco
estableció una dictadura de corte autoritario.
●​ Europa del Este: Países como Hungría y Polonia adoptaron regímenes
autoritarios, muchas veces influenciados por el temor al comunismo y la
inestabilidad política.

El autoritarismo europeo marcó el camino hacia la Segunda Guerra Mundial debido


a la agresiva política expansionista de países como Alemania e Italia, el fracaso de
las democracias para contener estas amenazas y la debilidad de organismos
internacionales como la Sociedad de Naciones.

Wall street y la crisis del capitalismo


El Crack de Wall Street, o Crac de 1929, fue una caída estrepitosa de la bolsa de
valores de Wall Street en Nueva York que dio origen a la Gran Depresión, una de las
crisis económicas más graves de la historia contemporánea. Esta crisis tuvo
consecuencias devastadoras para la economía mundial y para millones de
personas.

CRISIS ECONÓMICA DE 1929.


El Jueves Negro tuvo lugar el 24 de octubre de 1929, día en el que dio
comienzo la caída en la Bolsa de Nueva York y con ella el inicio de la crisis
económica de 1929 y la Gran Depresión. La crisis comenzó cinco días después en
los Estados Unidos, el conocido martes Negro (la jornada más sombría de Wall
Street), y rápidamente se extendió a casi todos los países del mundo. El desplome
de la Bolsa de Valores de Nueva York produjo una situación de verdadero pánico
que provocó la posterior crisis bancaria en Estados Unidos.
1929 ha pasado a la historia como el año en el que estalló la mayor crisis
económica del sistema capitalista. Los “Felices Años Veinte” fueron un tiempo de
prosperidad y bonanza económica para Estados Unidos que, al contrario que sus
aliados europeos, habían resurgido fuertes y dominantes de la Primera Guerra
Mundial. Ésta sería una época dorada caracterizada por fuertes inversiones, crédito
fácil y especulación que tocaría techo en octubre de 1929, tras la devastadora caída
de la Bolsa de Wall Street. Las dramáticas consecuencias de la crisis económica de
1929 no tardarían en desencadenarse: incalculables pérdidas económicas, más de
tres mil bancos en bancarrota y gran número de familias en la más completa ruina.
Todo el sistema se derrumbó en octubre de 1929, y en pocos días (o en cuestión de
horas)las cotizaciones perdieron todo cuanto habían ganado durante meses o,
mejor dicho, durante años. Los pequeños inversores quedaron arruinados y tuvieron
que vender con enormes pérdidas y, al cundir el pánico, los grandes inversores se
encontraron también con dificultades. En noviembre, cuando se calmaron un poco
los ánimos, las cotizaciones habían descendido a la mitad desde el comienzo de la
crisis económica de 1929, con lo que quedó en evidencia la inseguridad y fragilidad
de los sistemas financieros.
CONSECUENCIAS SOCIALES.
Ya sabemos que si la economía va mal se agudizan los problemas sociales. El más
importante es el del paro, tras el cierre de muchas fábricas aumentó de forma
espectacular el número de obreros sin trabajo, esto originó en Alemania el ascenso
de Hitler que prometía puestos de trabajo. Ante el paro surgen instituciones de
socorro que tratan de favorecer a los parados y sus familias que se mueren de
hambre, estas instituciones son claramente insuficientes y no cubrían las
necesidades de la totalidad de los parados. La salida que les quedaba a muchos era
la mendicidad o la delincuencia. En el campo la situación de los campesinos y
granjeros es también desesperada, al bajar los precios se han visto ahogados por
las hipotecas y los préstamos y la huida a la ciudad no soluciona nada pues la
situación es peor. En este panorama era difícil la recuperación de la economía si
antes no se mejoraba el poder adquisitivo de un mercado empobrecido.
Las repercusiones en Argentina.
Produjo una desorganización de la economía mundial que afectó
especialmente a los productores de alimentos y materias primas, la Argentina fue
uno de ellos. Nuestro país se vio afectado en la economía, en la política y en el
ámbito [Link] la economía afectó a las importaciones y a las exportaciones, esto
llevó a que los ingresos del país disminuyeran. Sin embargo el estado argentino no
dejó de pagar las deudas al exterior, por lo que había aún menos capital en el país,
y debido a esto, el Estado Nacional tubo que disminuir los sueldo. Así mismo,
disminuyeron las reservas de oro, Se concedió a Inglaterra el monopolio de los
transportes en la Capital Federal, a través de la Corporación de Transportes de la
Ciudad de Buenos Aires.
Si bien se firmó este pacto para mejorar la calidad de vida del país, fue muy
criticado en Argentina ya que sentían que había un fraude detrás de todo ese
acuerdo. El pacto recompuso las relaciones con Gran Bretaña, pero no resolvió los
problemas económicos de una Argentina que no había quedado bien luego de la
crisis.
El Estado Argentino había decidido que nuestro país basaría su economía en
la exportación de productos primarios, importando aquellos bienes que aquí no se
fabricaban y estableciendo de esta manera un intercambio desigual con los países
centrales. Pero el nuevo escenario mundial, provocó la necesidad de desarrollar la
actividad industrial como estrategia superadora de la crisis. La caída de las
exportaciones y la consecuente disminución en la entrada de divisas que permitían
la importación de mercaderías europeas fueron la causante de que se cree el
llamado proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones. La industria
textil y la alimentaria fueron las más beneficiadas con la Industrialización.

Segunda Guerra Mundial


La Segunda Guerra Mundial fue el conflicto bélico más importante del siglo XX.
Entre 1939 y 1945, Europa vivió el enfrentamiento de dos grandes alianzas: las
potencias del Eje, con Alemania, Italia y Japón como principales protagonistas, y los
Aliados, con Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia, entre otros. Desde el
comienzo de la guerra con la invasión de Polonia y las posteriores guerras
relámpago desarrolladas por los nazis hasta el Día de la Victoria, tuvieron lugar
batallas de relevancia como Dunkerque, Stalingrado, Iwo Jima o Berlín, así como
asesinatos masivos como el Holocausto o el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.
La pérdida en vidas humanas se cifra entre 50 y 70 millones de personas, al tiempo
que el Viejo Continente quedó dividido en dos bloques antagónicos. Descubre cómo
la mayor alianza militar de la historia fue capaz de frenar el ascenso del nazismo y el
fascismo y aprende más sobre personajes decisivos como Churchill, Stalin, Hitler,
Mussolini o Goebbels.

¿Qué fue la Segunda Guerra Mundial?


La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto armado que tuvo lugar entre 1939 y
1945 y que involucró de manera directa o indirecta a la mayor parte del mundo,
especialmente a las potencias militares y económicas de la época.
Se la considera la guerra más devastadora de la historia contemporánea, debido a
la cantidad de personas involucradas, las enormes dimensiones territoriales del
conflicto, la cantidad de armamento bélico empleado y sus catastróficas
consecuencias. Se estima que entre cuarenta y sesenta millones de personas
murieron durante este conflicto.

La Segunda Guerra Mundial se desarrolló principalmente en tres escenarios:


Europa, el norte de África, y Asia oriental y el Pacífico. En ellos se enfrentaron las
tropas de dos bandos opuestos, los Aliados y las Potencias del Eje, en un conflicto
que afectó tanto a las fuerzas militares como a la población civil de los países
involucrados.

En el contexto de esta guerra se produjeron hechos especialmente dramáticos,


como el asesinato masivo de personas en campos de exterminio y de trabajos
forzados del nazismo (mayormente población judía, lo que recibió el nombre de
Holocausto o Shoá).

Además, durante este enfrentamiento se utilizaron por primera y única vez en la


historia las armas nucleares, que provocaron la destrucción masiva de dos ciudades
y la muerte instantánea de decenas de miles de civiles (fue el caso de las bombas
atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima
y Nagasaki).

¿Quiénes se enfrentaron?

Hasta 1941 la guerra tuvo carácter marcadamente europeo. Se enfrentaban


Inglaterra y Francia contra Alemania e Italia. Pero en 1941 ocurren dos hechos que
cambiarán la historia: los nazis invaden la Unión Soviética, lo que provoca la entrada
de este país en el conflicto; y los japoneses atacan la base norteamericana de Pearl
Harbor en el Pacífico, provocando en ingreso de los EEUU a la guerra. De esta
manera quedaron conformados los dos bandos: los aliados: Inglaterra, EEUU, y la
URSS (Francia había sido ocupada por los nazis en 1940); y las potencias del eje:
Alemania, Italia y Japón.
Antecedentes de la Segunda Guerra Mundial
En la década de 1930 se produjeron algunos hechos que anticiparon el estallido de
la Segunda Guerra Mundial. El contexto histórico era el de la Gran Depresión
iniciada en 1929, que alimentó el descontento social y facilitó el ascenso político de
movimientos nacionalistas que cuestionaban tanto los valores liberales y
democráticos como el avance del socialismo.
El nazismo llegó al poder en Alemania en 1933 e impulsó una política de rearme
que vulneró las disposiciones del Tratado de Versalles firmado tras la Primera
Guerra Mundial. Mientras tanto, el líder italiano Benito Mussolini invadió Etiopía y,
junto a la Alemania nazi, apoyó al bando sublevado en la guerra civil española
(1936-1939), lo que afianzó la alianza militar conocida como el Eje Roma-Berlín.
El expansionismo alemán derivó en la anexión de Austria y los Sudetes de
Checoslovaquia en 1938. Los gobiernos democráticos del Reino Unido y Francia
respondieron con moderación y aceptaron las anexiones con la intención de
apaciguar a Hitler. Sin embargo, en marzo de 1939 Alemania invadió
Checoslovaquia y en agosto firmó un pacto de no agresión con la Unión Soviética
que le dejó el camino libre para invadir Polonia.
En Asia oriental y el Pacífico, el Imperio del Japón intensificó su expansionismo
militar por iniciativa de los sectores nacionalistas del gobierno que querían crear la
“gran esfera de coprosperidad de Asia oriental” bajo hegemonía japonesa.
En 1931 Japón invadió la región china de Manchuria y en 1937 comenzó la guerra
chino-japonesa. En esos años, Japón firmó el Pacto Antikomintern con Alemania
que anticipó su alianza militar con Hitler y Mussolini, formalizada con el Pacto
Tripartito de 1940.
La Segunda Guerra Mundial se debió a diversas razones, que pueden
resumirse en:

●​ Los términos del Tratado de Versalles. La rendición de Alemania y sus


aliados en la Primera Guerra Mundial llevó a la firma del Tratado de Versalles
(1919), que impuso unas condiciones muy severas a Alemania, como la
pérdida de sus colonias en África y otros territorios en Europa, la reducción
de su ejército y la imposición de reparaciones de guerra que llevaron a una
deuda impagable con los países vencedores.
●​ El surgimiento del fascismo y el nazismo. Benito Mussolini creó el fascismo
en Italia como una reacción contra la actitud de los países vencedores en la
Primera Guerra Mundial que no habían reconocido la totalidad de las
demandas territoriales italianas a pesar de su colaboración con la Entente.
Adolf Hitler se inspiró en Mussolini y creó en Alemania el nazismo, un
movimiento nacionalista motivado por el descontento popular ante la
humillación del Tratado de Versalles y que llegó al poder durante la crisis
económica de los años treinta. Ambos movimientos buscaban recuperar las
glorias pasadas de sus países mediante la militarización de amplios sectores
de la sociedad, la instauración del totalitarismo y la expansión de las fronteras
nacionales.
●​ Las tensiones chino-japonesas. Después de la primera guerra chino-japonesa
(1894-1895), Japón se había convertido en una potencia imperial con
ambiciones expansionistas en Asia oriental y el Pacífico. En 1905 venció a
Rusia, en 1931 ocupó Manchuria (que pertenecía a China) y en 1937 inició
una segunda guerra chino-japonesa que intensificó las tensiones con Estados
Unidos en el Pacífico.
●​ La invasión alemana de Polonia. Alemania inició su expansión territorial con
la anexión de Austria y los Sudetes y la invasión de Checoslovaquia, sin que
se desatara una guerra. Sin embargo, en 1939 Hitler estableció un pacto con
la URSS para repartirse el territorio polaco y procedió a invadirlo, lo que
provocó la declaración de guerra de las potencias europeas occidentales y
dio inicio a la Segunda Guerra Mundial.
Etapas de la Segunda Guerra Mundial
La Segunda Guerra Mundial atravesó distintas etapas que pueden ser ordenadas
según diversos criterios. En términos simples, se pueden identificar tres etapas
caracterizadas por el exitoso expansionismo alemán en Europa y el Mediterráneo
(1939-1941), la entrada de la Unión Soviética y Estados Unidos en la guerra que
abrió nuevos frentes y cambió el rumbo del conflicto (1941-1943) y la progresiva
victoria de los Aliados (1943-1945).

Primera etapa (1939-1941)


La primera etapa de la Segunda Guerra Mundial estuvo caracterizada por el rápido
avance alemán en Europa y otras operaciones del Eje en el Mediterráneo. Las
tropas alemanas comenzaron la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939 y
tomaron Varsovia el 28 de septiembre. Los soviéticos también invadieron Polonia,
que quedó entonces repartida entre Alemania y la Unión Soviética de acuerdo con
un pacto firmado por ambos países.

En 1940, Alemania invadió Dinamarca, Noruega, los Países Bajos, Luxemburgo,


Bélgica y Francia. El éxito militar se debió a la aplicación de la Blitzkrieg (“guerra
relámpago”), una táctica que consistía en realizar avances rápidos con tanques,
artillería, aviones e infantería. Sin embargo, el intento de invadir Inglaterra mediante
ataques aéreos fracasó, aunque los bombardeos sobre ciudades inglesas
continuaron (llamados Blitz por los británicos).

En el Mediterráneo y los Balcanes, Italia intentó invadir Egipto y Grecia pero sus
planes fueron frustrados por los británicos. El ejército alemán fue en auxilio de Italia
y logró dominar Yugoslavia y Grecia. Además, consiguió que otros países de la
región se subordinaran al Eje. En el norte de África, el Afrika Korps (ejército
expedicionario alemán) recuperó territorio perdido ante los británicos en Libia.

Segunda etapa (1941-1943)


La segunda etapa de la Segunda Guerra Mundial se caracterizó por la entrada en la
guerra de la Unión Soviética y Estados Unidos. Alemania inició la invasión de la
Unión Soviética en junio de 1941, lo que abrió el frente oriental. Por su parte, Japón
lanzó un ataque contra la base naval estadounidense de Pearl Harbor en diciembre
de 1941, lo que abrió el frente del Pacífico (si bien Japón ya estaba en guerra con
China desde 1937).

Desde entonces, los Aliados conformaron una gran coalición liderada por el Reino
Unido, la Unión Soviética y Estados Unidos. En la Unión Soviética, el ejército
alemán conquistó Ucrania pero no logró tomar las ciudades rusas de Moscú y
Leningrado. En 1942 entró en Stalingrado pero se enfrentó a una dura resistencia.
En enero de 1943, los alemanes que ocupaban Stalingrado se rindieron y comenzó
una contraofensiva soviética.

En el Pacífico, las fuerzas japonesas emprendieron una exitosa campaña de


conquistas hasta que sufrieron un primer resultado adverso en la batalla del mar de
Coral en mayo de 1942. La victoria estadounidense en la batalla de Midway en junio
de 1942 cambió el signo de la guerra a favor de Estados Unidos, que desde
entonces obtuvo sucesivos éxitos militares.
En el norte de África, las tropas británicas lograron vencer al Afrika Korps en la
batalla de El Alamein en noviembre de 1942 y las tropas alemanas que resistían en
Túnez se rindieron en mayo de 1943. Este hecho dejó el camino abierto para el
desembarco aliado en Sicilia y el sur de Italia.

Tercera etapa (1943-1945)


En julio de 1943 las tropas aliadas que estaban en el norte de África desembarcaron
en Sicilia y el gobierno italiano destituyó y apresó a Benito Mussolini. En septiembre,
los Aliados llegaron al sur de Italia y el nuevo gobierno italiano firmó el armisticio,
mientras el ejército alemán ocupó el norte y centro de Italia y estableció allí un
Estado títere presidido por Mussolini, a quien liberó mediante un plan de rescate.

Los Aliados continuaron avanzando y entraron en Roma en junio de 1944. Dos días
después se produjo el desembarco de Normandía que llevó a la liberación de
Francia. Los Aliados entraron en París en agosto de 1944. Mientras tanto, las tropas
soviéticas avanzaban por el este de Europa y llegaban hasta Polonia. Alemania
comenzó a estar cercada, mientras recibía bombardeos aliados en sus zonas
urbanas e industriales.

Los alemanes intentaron una última contraofensiva en las Ardenas en diciembre de


1944 pero fueron derrotados en enero de 1945. Los ejércitos aliados avanzaron por
territorio alemán y, cuando las tropas soviéticas llegaron a Berlín en abril, Adolf
Hitler se suicidó en su búnker. Mussolini fue fusilado dos días antes en el norte de
Italia, tras ser atrapado por un grupo de partisanos mientras intentaba escapar.
Alemania firmó la rendición el 7 y 8 de mayo de 1945.

En el Pacífico, la ofensiva estadounidense se enfrentó a una férrea resistencia


japonesa. En febrero de 1945 logró conquistar Filipinas y en marzo venció en la isla
japonesa de Iwo Jima. La batalla de Okinawa también fue una victoria para Estados
Unidos pero provocó una gran cantidad de bajas en ambos bandos.

Finalmente, en agosto de 1945 Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre
Hiroshima y Nagasaki y la Unión Soviética invadió Manchuria y parte de Corea.
Esos hechos precipitaron la rendición japonesa, que se firmó el 2 de septiembre de
1945 y puso fin a la Segunda Guerra Mundial.

Consecuencias de la Segunda Guerra Mundial

La Segunda Guerra Mundial provocó entre 40 y 60 millones de muertes y dejó


ciudades destruidas.
Si bien la Segunda Guerra Mundial comenzó a raíz del expansionismo de las
potencias del Eje, su final fue marcado por el triunfo de los Aliados. Las principales
consecuencias de la Segunda Guerra Mundial fueron:
La destrucción de parte de Europa. Los extensos bombardeos aéreos de muchas
de las principales ciudades europeas por parte de los alemanes y los Aliados
provocaron una destrucción significativa que requirió grandes inversiones
económicas en la posguerra para su reconstrucción, como el Plan Marshall
propuesto por Estados Unidos.
La destrucción de ciudades japonesas. Los bombardeos aliados destruyeron
muchas ciudades japonesas. El hecho más significativo fue el lanzamiento de dos
bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, que destruyeron casi por completo
ambas ciudades y produjeron la muerte inmediata de decenas de miles de civiles,
además de muchos muertos por los efectos de la radiación. Japón permaneció
ocupado por los Aliados hasta 1952 y, tras un proceso de reconstrucción, se
convirtió en una de las potencias económicas del mundo.
El inicio de un mundo bipolar. Las potencias europeas, tanto aliadas como del
Eje, quedaron debilitadas económica y políticamente al final del conflicto. La
hegemonía mundial pasó a pertenecer a las dos nuevas superpotencias: Estados
Unidos y la Unión Soviética, lo que dio inicio a la Guerra Fría.
La división de Alemania. Una vez derrotada Alemania, su territorio quedó bajo
control de los países aliados, que crearon cuatro zonas de ocupación repartidas
entre Estados Unidos, el Reino Unido y Francia (en el oeste) y la Unión Soviética
(en el este). Esta separación llevó a la división del país en dos naciones distintas: la
República Federal Alemana (Alemania occidental), con un sistema capitalista y bajo
hegemonía estadounidense, y la República Democrática Alemana (Alemania
oriental), con un sistema comunista y bajo administración soviética. Alemania se
reunificó en 1990, poco después de la caída del muro de Berlín que separaba las
mitades oriental y occidental de la ciudad.
El surgimiento de nuevas tecnologías. El desarrollo de tecnologías que con el
tiempo se volvieron comunes, como las computadoras, los radares, el sonar, el
avión a reacción o la energía nuclear, fue producto de las innovaciones militares de
la Segunda Guerra Mundial.
La descolonización. La pérdida de poder político y económico de los países
coloniales europeos, la presión de la recién creada Organización de las Naciones
Unidas (ONU) y la lucha de los movimientos nacionalistas, llevaron a la
independencia de los países de África y Asia que habían sido colonias europeas.
La muerte de millones de personas. Los combates, los bombardeos y las
ejecuciones masivas llevaron a la muerte de entre cuarenta y sesenta millones de
personas, entre militares y civiles. Varios millones murieron en los campos de
concentración, trabajos forzados y exterminio de la Alemania nazi.

Los principales líderes políticos de la Segunda Guerra Mundial fueron:

●​ Adolf Hitler (1889-1945). Canciller de Alemania desde 1933, impulsó el


rearme y la expansión territorial alemana que llevó a la invasión de Polonia y
provocó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Se quitó la vida en su búnker
de Berlín el 30 de abril de 1945 ante la inminente derrota.
●​ Benito Mussolini (1883-1945). Líder de la Italia fascista desde 1922, se alió
con la Alemania nazi y decidió el ingreso de Italia en la Segunda Guerra
Mundial en 1940, cuando el ejército alemán ocupó Francia. Fue destituido en
1943 tras el desembarco aliado en Sicilia y lideró un Estado títere del
nazismo en el norte de Italia hasta abril de 1945, cuando intentó huir y fue
fusilado por partisanos.
●​ Hirohito (1901-1989). Emperador de Japón desde 1926, aprobó las
agresiones promovidas por la cúpula militar en el Pacífico que llevaron a la
guerra con Estados Unidos en diciembre de 1941. Bajo su reinado se
firmaron el Pacto Antikomintern con la Alemania nazi (1936) y el Pacto
Tripartito con Alemania e Italia (1940). Cuando terminó la guerra, conservó el
título de emperador.
●​ Hideki Tojo (1884-1948). Primer ministro de Japón entre 1941 y 1944, fue uno
de los principales promotores de la política expansionista japonesa y el
responsable político de atacar Pearl Harbor e iniciar la guerra contra Estados
Unidos. Renunció en 1944 debido a las sucesivas derrotas militares de Japón
y, al finalizar el conflicto, fue condenado como criminal de guerra y ejecutado
en la horca.
●​ Winston Churchill (1874-1965). Primer lord del Almirantazgo británico durante
el inicio de la guerra y primer ministro del Reino Unido entre 1940 y 1945,
dirigió exitosamente los esfuerzos de guerra del Reino Unido frente a la
ofensiva alemana de los primeros años y tuvo un papel protagónico en las
decisiones estratégicas de los Aliados durante el resto de la guerra.
●​ Iósif Stalin (1878-1953). Líder de la Unión Soviética desde 1924, firmó un
pacto de no agresión con la Alemania de Hitler en agosto de 1939, lo que
dejó el camino abierto a la invasión alemana de Polonia. En junio de 1941, el
ejército alemán incumplió el pacto al invadir la Unión Soviética y Stalin se
unió al bando de los Aliados. La entrada de la Unión Soviética y de Estados
Unidos en la guerra cambió su rumbo y llevó a la victoria aliada.
●​ Franklin D. Roosevelt (1882-1945). Presidente de Estados Unidos desde
1933 hasta 1945, ayudó con medidas económicas a los países agredidos por
las potencias del Eje desde el inicio de la guerra. Tras el ataque japonés a
Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, firmó la declaración de guerra a
Japón. Murió en abril de 1945, pocos días antes de la rendición alemana y
unos meses antes de la rendición japonesa. Su cargo fue ocupado entonces
por Harry S. Truman.
●​ Charles de Gaulle (1890-1970). Líder del movimiento de la Francia Libre que
resistió desde el exilio a la ocupación alemana de Francia entre 1940 y 1944.
Cuando los Aliados liberaron Francia en 1944, fue reconocido como
presidente del gobierno provisional de la República francesa y se instaló en
París. Ejerció ese cargo hasta 1946. Fue presidente de la Quinta República
francesa entre 1959 y 1969.
HISTORIA ARGENTINA
LA ARGENTINA AGROEXPORTADORA
Hacia 1880 la Argentina estaba preparada para adaptarse a un mundo en plena
transformación y expansión. Se produjo un importante crecimiento económico
acompañado de la modernización del aparato productivo orientado a la exportación
de productos agropecuarios, hacia 1882 se instalaron los primeros frigoríficos de
capitales británicos y norteamericanos.
Comienza el período de inmigración masiva, que atraerá a grandes contingentes de
europeos hacia el Río de la Plata hasta entrado el siglo XX. Se la conoce como
etapa agroexportadora, es decir, centrada en un modelo económico que tenía como
base la producción agropecuaria para la exportación. La Argentina inició en este
período una etapa de crecimiento espectacular que recién habría de cerrarse en
1930.
En Argentina, el modelo agroexportador se apoyaba en una política liberal
(librecambista) mediante la cual, el país, debía incluirse en la división internacional
del trabajo como periferia capitalista, exportadora de cereales, lanas y carnes y
debía comprar las manufacturas producidas por los centros capitalistas europeos.
Los beneficios económicos se dieron principalmente en la pampa húmeda donde
aumentó considerablemente el área sembrada con maíz, trigo, lino y alfalfa.
Además, se refinaron las razas de ganado lanar y vacuno y se alambraron y
dividieron los campos. También se desarrolló la región conocida como pampa gringa
(que ocupaba parte de Santa Fé, Córdoba y Entre Ríos) que fue la zona de
ocupación de los inmigrantes. Esta región producía cereales, trigo y maíz. La cría de
ganado lechero permitió que la zona se convirtiera también en productora de leche.
Con el ferrocarril, Córdoba recobraría su posición de nudo de caminos porque
comunica el noroeste y el oeste del país con el puerto de Buenos Aires. La
producción de cereales creció hasta 1920, Argentina era el primer exportador de lino
y maíz del mundo y el segundo de trigo, por esta razón se la denominaría “granero
del mundo”.
En este contexto, la región más dinámica fue la pampa. Buenos Aires se convirtió en
el punto de conexión con el exterior y a partir de allí se estructuró una red de
intercambio donde los beneficios comerciales quedaban sólo en ese sector. El
esquema agroexportador, valorizó la parte de las provincias que tenían condiciones
aptas para el tipo de producción requerida por el mercado internacional. La otra
Argentina, la del Interior, quedó desarticulada, estancada y en decadencia
económica. Ocupó un papel muy secundario dentro de este esquema, sus
producciones, que antes se canalizaban en los mercados regionales, se vieron
arrasadas por la competencia de los productos extranjeros. En este modelo
económico, solo mantuvieron un desarrollo estable: la planicie tucumana y cuyo,
que se insertaron con cultivos industriales como la vid y la caña de azúcar.
Los grupos dirigentes en Argentina conservaron su adhesión al liberalismo que
afirmaba los principios de la soberanía y de la igualdad de derechos para todos los
miembros de la sociedad. Desde 1880 en adelante, el crecimiento de la riqueza
producida en el país consolidó el poder económico de un grupo social cuyos
miembros se consideraron “los más aptos” para ser gobernantes. Por esta razón,
aunque el régimen político se mantuvo basado en las reglas de la democracia
política, los ciudadanos ejercían el derecho de sufragio y elegían representantes, al
mismo tiempo se fue consolidando un sistema de gobierno que depositaba el
ejercicio del poder en una minoría y restringía la participación política de la mayor
parte de la sociedad argentina. Esta contradicción entre la teoría y la práctica
política es lo que permite caracterizar como oligárquico al régimen que se organizó
a partir de 1880. Este calificativo deriva del concepto de Oligarquía, palabra que
proviene del griego y que significa "gobierno de dominante" estuvo integrada por un
sector compuesto específicamente de políticos.

El mantenimiento de una democracia oligárquica no generó tensiones mientras la


política se mantuvo como una actividad en la que no tenía interés la mayor parte de
la sociedad, porque no la relacionaba con su vida cotidiana. El proceso de
expansión económica que atravesaba el país contribuyó para que inmigrantes y
nativos tuvieran oportunidades de mejorar sus condiciones de vida y lograr el
ascenso social, aunque no ejercieran sus derechos políticos.

Las diferencias entre habitantes y ciudadanos


Durante la segunda mitad del siglo XIX cientos de miles de inmigrantes extranjeros
se establecieron en el país y de acuerdo con el artículo 24 de la Constitución
Nacional gozaban de los mismos derechos civiles que los argentinos y no estaban
obligados a adoptar la ciudadanía. Los derechos políticos sólo correspondían a los
extranjeros si adquirían la ciudadanía argentina, en cuyo caso estaban sujetos a
prestar servicio de armas en las mismas condiciones que los nativos. La gran
mayoría de los inmigrantes no se nacionalizó. Sarmiento, que había defendido la
necesidad de realizar un "trasplante demográfico" y lo había impulsado, afirmaba
hacia 1880: "Roca hace y hará lo que quiera, para eso tiene, una República sin
ciudadanos, sin opinión pública, educada por la tiranía y corrompida en los últimos
tiempos por la gran masa de "inmigración sin patria allá, ni acá, sin ideas de
gobiernos ni otros propósitos que buscar dinero por todos los caminos, con
preferencia de los peores en el sentido, de la honradez!.

El funcionamiento del sistema de gobierno oligárquico


El control de cargos del gobierno
La selección de los funcionarios del Estado
Como no existían partidos ni otras instituciones políticas con estructuras formales y
burocratizadas, las funciones que estos cumplen habitualmente para la selección de
funcionarios fueron ejecutadas por los grupos de familias o de amigos, constituidos
sobre la base de lealtades particulares (la misma familia, las amistades de la
universidad, o el club). La Universidad (la Facultad de Derecho especialmente)
desempeñó el papel más significativo en el proceso de reclutamiento de
Funcionarios y líderes políticos. Los grupos de familias tradicionales, el club (el Club
del Progreso primero, el hockey Club después), las Facultades de Derecho de las
Universidades de Buenos Aires y de Córdoba, fueron las instituciones básicas de
comunicación, entre los miembros de la oligarquía y sobre todo, de reclutamiento de
funcionarios para ejercicio del gobierno.

El fraude electoral
El otro recurso en el que se basaba el funcionamiento de este sistema de gobierno
fue el fraude electoral. A partir de 1880, la clase gobernante mantuvo las reglas de
la democracia política: convocó a elecciones en el orden nacional, provincial y
municipal; y, como desde 1863, las sucesivas leyes electorales nunca restringieron
el derecho de sufragio de los ciudadanos sobre la base de una determinada
capacidad económica o cultural. Sin embargo, el gobierno controlaba los comicios
interviniendo de diferentes formas en el momento de la emisión del voto por parte de
los ciudadanos. Intervenía en las comisiones empadronadoras que conformaban el
registro electoral y, con las ventajas que le daba el hecho de que el voto era
voluntario y no era secreto, organizaba el voto colectivo, el voto doble, la repetición
del voto y la compra de sufragios. Por estos medios, aseguraba que los
representantes elegidos para integrar las asambleas legislativas fueran personas
que estaban de acuerdo con el gobierno.

La concentración de poder en el presidente


Un opositor al gobierno en 1890 afirmaba: “el presidente de la república ejerce de
hecho toda la suma del poder público; tiene en sus manos las riendas del poder
municipal, las llaves de los bancos, la tutela de los gobiernos de provincia, la voz y
el voto de los miembros del congreso y hasta maneja los resortes el poder judicial;
desempeña además lo que se llama la jefatura del partido dominante, partidos
cuyos miembros son entidades pasivas, que no deliberan ni resuelven nada, ni
ejercitan funciones públicas y se han acostumbrado a mendigar al jefe como favor
las posiciones que debieran ganar en el comicio con un derecho” (dijo Joaquín
Castellanos)

La Generación del 80 y el 90
La Generación del 80 y el 90 es una de las formas de nombrar al conjunto de
hombres que tuvieron a su cargo la dirección económica, política y cultural del país
entre los años 1880 y 1890. Estos hombres, que formaron parte del gobierno y de la
administración pública durante las presidencias de Julio Argentino Roca y Juárez
Celman, no tenían todos la misma edad y algunos de ellos tenían diferentes
opiniones sobre algunos temas. Sin embargo, es posible identificarlos como un
grupo porque compartieron un conjunto coherente de principios e ideas
fundamentales que convirtieron en objetivos de sus acciones de gobierno. Su
proyecto de desarrollo caracterizó la organización de la economía y la sociedad
desde 1880 y, en gran medida, influyó en el desarrollo posterior de la Argentina.

El programa de los hombres de la generación del 80 nunca fue enunciado


explícitamente en forma integral, pero se puso de manifiesto a través de los
discursos políticos y parlamentarios, los mensajes presidenciales, la
correspondencia, y las notas periodísticas, por ejemplo. En este programa se
diferencian dos aspectos: el político y el económico.

Desde el punto de vista político, los primeros objetivos de la Generación del 80


fueron legalizar el poder y pacificar el país; y estos se cumplieron durante la primera
presidencia de Julio A. Roca, que logró concretar su lema de "paz y administración".
El cumplimiento de estos objetivos políticos consolidó las instituciones
indispensables para la puesta en marcha de su programa económico.

Desde el punto de vista económico, el programa buscaba promover el desarrollo de


los recursos materiales. Fundamentada en el libre cambio, la política económica de
la Generación del 80 puso el acento en la atracción de los inmigrantes y los
capitales extranjeros, factores fundamentales para poner en producción las enormes
praderas cultivables y lograr la integración a los mercados mundiales. Esta política
no era diferente de la que se venía formulando desde 1862, pero la solución de los
problemas institucionales y la consolidación de un Estado nacional permitieron, a
partir de 1880, acelerar e intensificar su aplicación.

Para los hombres de la Generación del 80 la continuidad de la expansión económica


era la garantía del progreso. Pensaban, además, que el progreso estaba asegurado
si se confiaba en las fuerzas automáticas del mercado como reguladoras de las
actividades productivas.

El debate sobre la educación


Con el propósito de discutir las bases del tipo de educación y de escuela que más le
convenía al país, en 1882 se reunió en Córdoba un Congreso Pedagógico al que
asistieron delegados; nacionales e importantes personalidades extranjeras. El
Congreso, con una mayoría de congresales que tenían una orientación ideológica
liberal y positivista, llegó a las siguientes conclusiones: la enseñanza en las
escuelas comunes debía ser gratuita y obligatoria; debía disponer de rentas propias;
recomendó la supresión de premios y castigos aflictivos, la implantación de un
mínimo obligatorio de materias, condiciones de higiene escolar y la organización del
cuerpo docente, entre otros temas. Algunos congresales que representaban el
liberalismo democrático fundamentaron su propuesta de una escuela común,
obligatoria y gratuita, planteando la relación entre la lectura y sufragio. Desde este
punto de vista, sostuvieron que el sufragio universal era una aberración si de cien
votantes que concurrían a los comicios, noventa no sabían leer ni escribir.
Las consecuencias políticas de la crisis económica de 1890
Hacia 1890, la estabilidad del sistema de gobierno oligárquico se basaba en la
pasividad política de la gran parte de la población y, a su vez, el escaso interés por
la participación política dependía, entre otros motivos de la continuidad de la
expansión económica. Por estas razones, los problemas financieros que, desde
mediados de la década de 1880, afectaron el nivel de ingresos de todos los grupos
sociales, pusieron en crisis la estabilidad del gobierno y favorecieron la organización
de la oposición política.

Por un complejo conjunto de causas, desde 1885 comenzó un proceso de pérdida


de valor del peso argentino frente al oro, que era el medio de pago internacional.
Uno de los resultados de este proceso fue la inflación que modificó los precios
internos de la economía argentina (cada vez eran necesarios más pesos para
comprar la misma cantidad de unidades de un producto).

Esta inflación resultaba beneficiosa para los sectores de la población vinculados con
el negocio de la exportación, particularmente los terratenientes exportadores, que
recibían oro como pago por sus exportaciones, y también los colonos, comerciantes
y transportistas. Pero perjudicaba a los sectores que dependían de ingresos fijos,
como los empleados en las empresas y comercios privados y en la administración
pública, y los obreros, cuyos salarios no crecían con la misma rapidez que la
desvalorización del peso. Entre 1887 y 1889, en Buenos Aires y Rosario tuvo lugar
el primer movimiento huelguístico de importancia en el país, protagonizado por
obreros ferroviarios, luego se extendió entre zapateros, albañiles y carpinteros, que
exigían cobrar su salario en oro. Ante estas manifestaciones de descontento social,
la oposición política ganó confianza e inició una revolución con el objetivo de
derrocar al gobierno.
La Revolución del 90
La Unión Cívica, agrupación reorganizada por Bartolomé Mitre y Leandro N. Alem,
inició los movimientos de la oposición, descontenta por lo que consideraba
corrupción y falta de responsabilidad en el gobierno. Puso en práctica una
modalidad política que no era habitual en el país: invitó a toda la población que
estuviera en desacuerdo con el gobierno a reuniones abiertas. En abril de 1890, en
el mitin del Frontón, se reunió una multitud que manifestó su desacuerdo con el
gobierno.

La situación del gobierno se agravó porque algunos grupos del Partido Autonomista
Nacional le retiraron su apoyo. Julio Argentino Roca y Carlos Pellegrini no estaban
de acuerdo con las políticas de gobierno que Juárez Celman había desarrollado,
porque consideraban que el poder había caído en manos de "niños irresponsables",
como calificaban a los sostenedores del presidente.

La Unión Cívica y los grupos del PAN que respondían a Roca estaban de acuerdo
en que era necesario terminar con la corrupción administrativa que se había
generalizado y restaurar el orden en las finanzas del Estado. Pero no estaban de
acuerdo en los objetivos políticos que debía tener el movimiento contra el gobierno.

Roca y Pellegrini buscaban recuperar el poder político para depositarlo en manos


conservadoras y confiables para asegurar la continuidad del sistema de gobierno
oligárquico. La Unión Cívica, particularmente el sector que lideraba Leandro N.
Alem, en cambio, se proponía modificar en algunos aspectos el sistema de
gobierno. El 26 de julio de 1890 se produjo el enfrentamiento armado. La Unión
Cívica estaba apoyada por un sector del ejército y el gobierno contaba con la
policía. Sin embargo, la revolución fue derrotada, porque ante la posibilidad de que
si la revolución triunfaba Leandro N. Alem fuera presidente de la República, los
militares rebeldes sólo desarrollaron movimiento defensivos. De todos modos, sin el
apoyo del ejército ni de los sectores más poderosos del PAN, el presidente Juárez
Celman renunció.

Con el acuerdo de una parte de la Unión Cívica, el vicepresidente Carlos Pellegrini


asumió la presidencia con el objetivo de restablecer el poder de la clase gobernante.
Aunque el poder y el gobierno continuaron en manos de los grupos más
conservadores, la experiencia de 1890 sentó las bases de la organización de una
nueva oposición política al régimen vigente.

La crisis del régimen oligárquico


Después de la crisis de 1890, que se prolongó hasta 1895, la reorganización de la
política financiera y un nuevo auge de las exportaciones tuvieron como resultado el
restablecimiento del bienestar económico entre una gran parte de la población. En el
plano político, luego de la revolución, nada parecía haber cambiado en el
funcionamiento del sistema de gobierno.

Hasta 1910 se sucedieron los gobiernos de presidentes que no tenían el apoyo


político real de sectores amplios de la sociedad. Por el contrario, su mantenimiento
o no en el gobierno dependía de si contaban con el apoyo, o no, de los notables del
PAN o de otros grupos de la clase gobernante. Las decisiones y acciones de Roca o
de Mitre fueron fundamentales para definir las sucesiones presidenciales o los
gabinetes que debían acompañar al primer mandatario. Este personalismo se vio
favorecido porque el partido político del gobierno, el PAN, no era una organización
en la que se discutían proyectos y políticas ni se reclutaba a los hombres más
capacitados para ponerlos en práctica desde el gobierno. El PAN y todos los
partidos políticos que se habían organizado hasta entonces eran, en primer lugar,
agrupaciones personalistas que apoyaban al hombre fuerte de turno y que
compartían sus principios ideológicos.

Gobiernos radicales.
Contexto político y social
El periodo comprendido entre 1916 y 1930 en Argentina estuvo marcado por la
presencia del radicalismo en el poder. Durante estos años, el país experimentó
cambios significativos tanto a nivel político como social.

Ascenso del radicalismo


El radicalismo, liderado por Hipólito Yrigoyen, llegó al poder en 1916 tras ganar las
elecciones presidenciales. Este fue un momento histórico para Argentina, ya que
significó la primera vez que un partido político que no pertenecía a la oligarquía
gobernante accedía al gobierno.

El radicalismo se caracterizó por promover una agenda política y social progresista.


Durante su gobierno, se implementaron diversas reformas que buscaban mejorar la
situación de los trabajadores, los derechos civiles y políticos, y la distribución de la
tierra.
El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1922)

El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen en Argentina, que se llevó a cabo entre 1916
y 1922, fue un hito en la historia política del país. Yrigoyen, líder de la Unión Cívica
Radical (UCR), se convirtió en el primer presidente elegido por voto popular en
Argentina, marcando el inicio de una nueva era democrática en el país. Durante su
gobierno, se implementaron importantes reformas políticas, económicas y sociales
que buscaban mejorar la situación de las clases trabajadoras y promover la justicia
social.
Durante su mandato, se promulgó la Ley Sáenz Peña, que estableció el voto secreto
y obligatorio, permitiendo una mayor participación ciudadana en las elecciones y
garantizando una mayor transparencia en el proceso electoral. Además, se
implementaron políticas de proteccionismo económico y se impulsó la industria
nacional, con el objetivo de fomentar el desarrollo económico y reducir la
dependencia de la economía argentina de las potencias extranjeras.

Reformas políticas y sociales


El gobierno de Yrigoyen se caracterizó por implementar una serie de reformas
políticas y sociales que buscaban mejorar las condiciones de vida de la población.
Entre estas medidas se destacaron la Ley Sáenz Peña, que estableció el sufragio
universal masculino y secreto, y la Ley de Accidentes de Trabajo, que otorgaba
protección a los trabajadores.

Conflicto con la oligarquía


El gobierno de Yrigoyen enfrentó constantes conflictos con la oligarquía argentina,
que veía amenazados sus intereses y privilegios. Estas tensiones se agudizaron a
medida que se implementaban las reformas propuestas por el gobierno, generando
un clima de confrontación y polarización política en el país.

Política exterior
En cuanto a la política exterior, el gobierno de Yrigoyen adoptó una postura de no
intervención en los asuntos de otros países y promovió una política de relaciones
internacionales basada en la defensa de la soberanía nacional y la no injerencia
extranjera.
Económicas
En el ámbito económico, el gobierno de Yrigoyen implementó una serie de medidas
orientadas a promover la industrialización y proteger la economía nacional. Se
fomentó la creación de industrias nacionales y se establecieron políticas de
protección arancelaria para favorecer la producción local.
Además, se impulsaron reformas para garantizar condiciones laborales justas y
mejorar la distribución de la riqueza. Se implementaron leyes de protección del
trabajo, se estableció un salario mínimo y se promovió la sindicalización de los
trabajadores.
En cuanto a la política monetaria, se adoptaron medidas para estabilizar la
economía y controlar la inflación. Se creó el Banco Central de la República
Argentina y se implementaron políticas de control de la emisión monetaria y de
regulación de los precios.

El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen se caracterizó por la implementación de


medidas políticas y económicas orientadas a promover la democracia, la
participación ciudadana, la industrialización y la protección de los trabajadores.

Fin del gobierno de Yrigoyen


El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen llegó a su fin en 1922, cuando fue destituido
mediante un golpe militar. Este hecho marcó el comienzo de una etapa de
inestabilidad política en Argentina y el retorno de la oligarquía al poder.
Presidencia de Alvear
La presidencia de Máximo Marcelo Torcuato de Alvear en Argentina fue un periodo
de importantes avances y logros para el país. Alvear asumió la presidencia el 12 de
octubre de 1922 y se mantuvo en el cargo hasta el 12 de octubre de 1928. Durante
su mandato, Alvear implementó una serie de medidas y obras que tuvieron un
impacto significativo en diferentes áreas de la sociedad argentina.
Su periodo de gobierno coincidió justo con el fin de la crisis mundial de la posguerra,
lo que le permitió mejorar la economía y las finanzas del país sin mayores
contratiempos. Se destacó también en el desarrollo de la industria del automotor y la
exitosa explotación petrolera, con lo cual alcanzó una prosperidad económica
desconocida hasta entonces para la Argentina, y que se demostró con el gran
aumento conseguido en el PIB por habitante, cuyo índice para el año 1928 había
alcanzado el sexto puesto entre los más altos del mundo. En el ámbito laboral y
social este período se caracterizó por un proceso de concentración urbana en el
Litoral y Gran Buenos Aires, además del establecimiento de medio millón de
inmigrantes; se registró un aumento de la clase media, subida del salario real, y
disminución de las huelgas y conflictos similares. Por otra parte hubo un aumento en
la deuda externa mayor a la del gobierno radical anterior. En lo que respecta a
política educativa, hubo un retroceso de la reforma universitaria impulsada por
Yrigoyen, resultando severamente atenuada. Durante su gobierno se sancionaron
algunas leyes tendientes a regular y combatir los precios abusivos existentes por
parte de la industria frigorífica operada por capitales extranjeros; sin embargo,
terminaron siendo anuladas por el propio Alvear al resultar no haber sido eficaces.
En materia de política internacional, se firmaron varios acuerdos de límites con los
países vecinos de Chile y Bolivia. Durante su gobierno, tuvo auge la irrupción de la
radiofonía argentina, cuyas primeras emisiones de prueba tuvieron lugar a finales
del mandato de su predecesor Hipólito Yrigoyen. Sin embargo, a diferencia de este
último, Alvear haría uso y aprovechamiento de este incipiente medio de
comunicación, como así también de los novedosos sistemas de grabación y registro
audiofónico, lo que finalmente permitió tener al día de hoy registros grabados de su
voz, siendo en este caso el presidente argentino más antiguo en conocérsele su
registro de voz.

Casi al terminar su gestión presidencial, el partido se dividió en dos facciones, de las


cuales los antipersonalistas estaban más identificados con el alvearismo que con el
yrigoyenismo. Pese a las presiones de sus ministros, Alvear no aceptó intervenir en
la provincia de Buenos Aires para que la facción antipersonalista ganara las
elecciones de 1928, lo que provocó la renuncia de algunos de sus ministros. Los
«personalistas» criticaban a Alvear porque, a diferencia con Yrigoyen, no realizó
reformas a fondo, como podría haber sido la nacionalización del petróleo. Fue
siempre un acérrimo detractor de los regímenes totalitarios de Italia, Alemania y la
Unión Soviética, pero apoyó al bando aliado en ambas guerras mundiales.

Al dejar la presidencia se radicó en Francia. Volvió al país pocos años después para
reunificar su partido e intentar acceder a la presidencia por segunda vez en 1931,
pero le fue prohibida su candidatura por parte del régimen militar de José Félix
Uriburu. Alvear, junto a otros correligionarios radicales, fue perseguido, apresado o
tuvo que exiliarse en reiteradas ocasiones por el régimen represivo de la década
infame, por lo que conoció el presidio en la isla Martín García.
Segundo gobierno de Yrigoyen
El segundo gobierno de Yrigoyen en Argentina comenzó el 12 de octubre de 1928,
tras haber ganado las elecciones celebradas en abril de ese mismo año. La
presidencia debería haber durado hasta 1934, pero un golpe de estado acabó con
su gobierno en 1931. Su segundo gobierno se desarrolló dentro de un panorama
económico internacional muy complicado por la profunda crisis mundial que estalló
en 1929 y por la creciente oposición interna.
El golpe militar de 1930 y el Derrocamiento de Yrigoyen
El 6 de septiembre de 1930. Un golpe militar encabezado por los generales Agustín
P. Justo y José F. Uriburu puso fin a la segunda presidencia de Yrigoyen. La
oligarquía terrateniente retomó el control del Estado y de la administración pública.

El ejército estaba conducido por oficiales que compartían los principios del
liberalismo conservador. Muchos de ellos pertenecían a tradicionales familias de la
elite dirigente. El golpe fue iniciado por Uriburu pero, debido a sus intentos de
reformas a la constitución liberal conservadora de 1853, en 1932 asumió la
presidencia el general Justo

La reorientación de la política económica


Con el fin de beneficiar a los sectores medios dependientes de la administración
estatal, el tercer gobierno radical continuó impulsando un desarrollo industrial
limitado. Los Yrigoyenistas impulsaron la nacionalización de los recursos petroleros
del país, que en esos años eran explotados por empresas de capital
estadounidense, y también el monopolio estatal.

Esta nueva actividad económica generaría una necesaria ampliación de la


burocracia estatal y la consecuente oferta de nuevos cargos que serían distribuidos
entre sectores medios urbanos dependientes del Estado.

El Yrigoyenismo se negó a considerar las leyes sobre el petróleo, esta negativa fue
impulsada por las oligarquías de las provincias petroleras.

Con esto el presidente Yrigoyen se propuso obtener el control del Senado. Esta
política económica se limitó a enfrentar a los Estados Unidos.

El gobierno radical acordó la libre importación de material rodante para los


ferrocarriles, redujo los derechos aduaneros sobre las importaciones de seda y
acordó también la importación para la refinación de petróleo.

El impacto de la crisis económica mundial


En octubre de 1929 se produjo una grave crisis económica que afectó a todo el
sistema capitalista mundial. Sus repercusiones en la Argentina se notaron de
inmediato, los ingresos de la aduana disminuyeron debido a la contracción del
comercio internacional. Se sucedieron numerosas quiebras de empresas y
comercios. El peso nacional perdía valor, disminuyeron las importaciones y
exportaciones, y esto fue acompañado por una disminución de los salarios y por una
elevada desocupación.

Las principales entidades que agrupaban a los terratenientes y a los exportadores


se aliaron contra Yrigoyen y buscaron el apoyo de grupos descontentos del ejército.
La década infame 1930- 1943
Tras la crisis del 29, el 6 de septiembre de 1930 el Partido Conservador de
Argentina consigue sacar provecho de la crisis internacional y asume el poder de la
nación tras asestar un golpe de Estado al presidente radical Hipólito Yrigoyen.
El golpe de Estado que encabezaron los generales José Félix Uriburu y Agustín
Pedro Justo no sólo marcaría el inicio de la conocida Década Infame, sino que
también sentaría los antecedentes de la práctica político-militar que acabaría con
aquello que ellos habían comenzado.
Antecedentes y causas de la Década Infame
El martes 29 de octubre de 1929, la caída estrepitosa de la bolsa de valores de
Nueva York sacudiría al mundo capitalista. La Gran Depresión asestaría un duro
golpe a la Argentina, un país, ante todo, agroexportador y, por tanto, dependiente de
los países compradores de materias primas.

Así pues, tras el cierre de los mercados internacionales, la Nación Argentina parece
quedarse sin compradores; la vulnerabilidad del modelo agroexportador argentino
había quedado totalmente expuesta.

La prensa y la oposición argentina aprovechan la oportunidad y deciden señalar al


presidente radical, Hipólito Yrigoyen, como el responsable de la crisis del país al
afirmar que Argentina no se hubiese visto particularmente afectada por la crisis del
29 si el mandatario hubiese estado en su mejor estado físico y mental.

De esta manera, insinuaban, sutilmente, que el presidente Yrigoyen ya no estaba en


capacidad de seguir dirigiendo las riendas del país frente a una situación económica
nacional e internacional tan convulsionada.

Lo antes expuesto sentaría las bases para el golpe de Estado del 6 de septiembre
de 1930, aquel que daría inicio a la Década Infame y cuya existencia el presidente
Hipólito Yrigoyen se negó a aceptar hasta que fue demasiado tarde.

¿Qué fue la Década Infame?


Se conoce como Década Infame, restauración neoconservadora, restauración
conservadora o República imposible al periodo histórico de Argentina que inicia con
el derrocamiento del presidente radical Hipólito Yrigoyen, el 6 de septiembre de 1930,
y culmina con el derrocamiento del presidente Ramón S. Castillo, el 4 de junio de
1943.

Desarrollo y etapas de la Década Infame


José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo conspiran en contra del presidente
Yrigoyen
Previo al golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, la facción política de los
conservadores que conspiraban en contra de Hipólito Yrigoyen discutía cuál debía
ser el modelo político-económico que debía instaurarse una vez se derrocó al
presidente.

Dentro de todas las opciones posibles, dos de ellas eran las más apoyadas, cada
una respaldada por la figura de un líder:

●​ José Félix Uriburu: militar conservador cuya simpatía política por la


democracia y el sistema de partidos era mínima, pues sentía mucha más
predilección por el elitismo y el autoritarismo político, así como por los
regímenes corporativos propios de los gobiernos fascistas.
●​ Agustín Pedro Justo: en contraste con el anterior, era un militar menos
autoritario y de mayor formación intelectual, aunque ello no significaba que
sus intenciones políticas fuesen del todo honestas, ya que, de ser necesario,
estaba dispuesto a llevar a cabo un fraude electoral. En términos generales,
respaldaba el ideario republicano y la democracia, siempre y cuando fuese su
candidato político el que ganara las elecciones.

El 6 de septiembre de 1930, sería José Félix Uriburu quien encabezaría el golpe de


Estado que dio fin al segundo mandato presidencial de Hipólito Yrigoyen. El teniente
general Uriburu no dudaría en autoproclamarse presidente provisional de la Nación
Argentina.

Uriburu, consciente de que su autoproclamación como presidente traería consigo


una fuerte disidencia y oposición política, prometería la celebración de elecciones
presidenciales (añadiendo, además, que ni él ni ninguno de los integrantes de sus
gobiernos se presentarían como candidatos presidenciales).

Sin embargo, aquello no era más que una promesa vacía, pues dentro de sus
planes se encontraba la eliminación del sistema de partidos políticos y una reforma
constitucional.

Justo, vislumbrando el fracaso de las prácticas políticas arbitrarias de Uriburu,


decide no formar parte de su gabinete político. Esto último con la finalidad de
mantener cierta aura democrática sobre su persona.

Asimismo, Justo fundaría, el 1 de agosto de 1931, el Partido Demócrata Nacional. Al


mismo tiempo, fomenta la Concordancia, una alianza política entre los radicales
antipersonalistas (anti-yrigoyenistas), conservadores y socialistas del PSI.

El regreso del expresidente Marcelo T. de Alvear


Frente a la figura de líder conservador-democrático que Agustín P. Justo erigía
sobre sí mismo, el teniente general Uriburu continuaba avanzando en sus prácticas
antidemocráticas.
Estas prácticas políticas que había emprendido Uriburu, propias de una dictadura,
trajeron de vuelta al escenario político argentino al máximo líder de los radicales
antipersonalistas, Marcelo Torcuato de Alvear, quien se encontraba en Francia
desde 1928.

Alvear llegaría a la Argentina con una meta clara: unificar al radicalismo argentino,
esto es, antipersonalistas e yrigoyenistas, en contra de la dictadura de Uriburu;
empero, Uriburu, un hombre, ante todo, astuto, lograría sacar fácilmente a Alvear
del juego político.

Y es que, tras una sublevación militar en la Provincia de Corrientes, Uriburu


acusaría a Alvear, junto a varios líderes socialistas y radicales, de haber instigado
dicha revuelta, expulsándolo del país inmediatamente.

Elecciones presidenciales de Argentina de 1931: el ascenso de Agustín P. Justo


El 8 de noviembre de 1931, la aparente promesa vacia de Uriburu se convertiría en
una realidad. Gracias a la presión política de sus aliados, los conservadores, este
último se vería forzado a convocar elecciones presidenciales, en las cuales Agustín
P. Justo resultaría ganador.

El 20 de febrero de 1932, Agustín P. Justo asume como presidente de la Nación


Argentina, tras desplazar, de manera sutil e inteligente, a su más grande rival, el
teniente general Uriburu.

No obstante, Uriburu, antes de abandonar el poder ejecutivo, decide indultar al


expresidente Hipólito Yrigoyen, quizás con la intención de que este último se
convirtiese en la más grande némesis del gobierno de Justo.

La estrategia política de Uriburu no llegaría a buen puerto, pues, si bien el


expresidente Hipólito Yrigoyen tenía intenciones de retomar el liderazgo del
radicalismo en Argentina, su avanzada edad y delicado estado de salud le impediría
lograr tal proeza.

Esto último llegaría a su punto culmen el 3 de julio de 1933, fecha en la que la vida
de Hipólito Yrigoyen llegó a su fin.

Tratado Roca-Runciman, Lisandro de la Torre y el asesinato en el Senado de la


Nación
Ante el avance de la pobreza, el desempleo, el cierre de mercados internacionales y
el resto de nefastas consecuencias provocadas por la crisis del 29, el presidente
Justo se ve forzado a negociar un acuerdo con Reino Unido, uno que le garantice
que sus productos agropecuarios van a ser comprados.
De esta manera, nace el tratado Roca-Runciman, uno que más allá de beneficiar
económicamente a la Argentina, supeditada dicho país a la hegemonía británica.

Ignorando las disidencias que el pacto Roca-Runciman pudiese generar, el


presidente Justo decide ponerlo en marcha, al mismo tiempo que su recién
nombrado ministro de Hacienda, Federico Pinedo, se compromete, en nombre del
gobierno, a comprar el exceso de oferta del mercado interno ganadero (esto último
con la intención de impedir que los precios de las carnes se desplomen sin
resistencia alguna).

Cuando el gobierno del presidente Agustín P. Justo parecía haber resistido el


embate de la crisis internacional, Lisandro de la Torre, quien había sido su rival en
las elecciones presidenciales de noviembre de 1931, consigue exponer en la sede
del Congreso las múltiples irregularidades del pacto Roca-Runciman.

Su gallardía provocaría que Ramón Valdés Cora, excomisario y matón a sueldo del
Partido Conservador, aprovechase un altercado entre el ministro de agricultura y
ganadería y el propio Lisandro de la Torre para atentar contra la vida de este último.
Sin embargo, sería su amigo, el senador Enzo Bordabehere, quien perdería la vida
en aquel atentado.

Manuel Fresco: el nuevo gobernador de la Provincia de Buenos Aires


El presidente Justo, adelantándose al avance de los radicales y a las nefastas
repercusiones políticas que traería consigo el asesinato del senador Enzo
Bordabehere, decide amañar las elecciones de la Provincia de Buenos Aires,
consiguiendo así que su candidato, Manuel Fresco, un conservador bastante
pragmático y astuto, gane los comicios electorales de dicha provincia.

El avance arbitrario y fraudulento del partido del presidente Justo encontraría uno de
sus más acérrimos enemigos en la figura de Amadeo Sabattini, el candidato a
gobernador del partido UCR por la Provincia de Córdoba, quien, en caso de ser
necesario, estaba dispuesto a defender las urnas electorales con las armas.

Sería, pues, la gallardía de Sabattini, lo que le permitió oponerse al fraude electoral


y ganar las elecciones en Córdoba.

Por otra parte, en la Provincia de Santa Fe, Lisandro de la Torre, uno de los más
grandes opositores del gobierno de Agustín Justo, se perfila como el candidato
estrella a ganar la gobernación de dicha provincia. Sin embargo, el presidente no
estaba dispuesto a permitir lo ocurrido en Córdoba, por lo que decide intervenir
directamente la Provincia de Santa Fe.
La arbitrariedad de Agustín P. Justo llevaría a Lisandro de la Torre a caer en un
abismo sumamente profundo, uno del cual nunca se levantaría. Lamentablemente,
el 5 de enero de 1939, encontrándose solo en su departamento y profundamente
deprimido por el asesinato de Bordabehere, acabaría con su propia vida a través de
un disparo de revólver en el corazón.

Industrialización, clase obrera, sindicalismo y comunismo en Argentina


La crisis del 29 no traería consigo cambios únicamente macro políticos o
macroeconómicos, sino que también, allí, en la espontaneidad de las urbes, traería
cambios importantes. Así pues, ante la escasez de productos importados, parte del
sector privado comienza, paulatinamente, a crear sus propias fábricas en la
Argentina.

Sería de esta manera como la industrialización de la Argentina comenzaría a dar


sus primeros pasos. Sin embargo, un pujante sector industrial requiere de
numerosos obreros, por lo que no pasaría mucho tiempo para que dicho sector
absorbiera a la mano de obra de origen campesina que había quedado
desamparada tras la crisis del sector agropecuario.

Nuevamente, el presidente Justo se adelanta al devenir de la sociedad argentina,


por lo que, consciente de que la industrialización es, en todo momento, una carta de
invitación a la revolución de la clase obrera, al sindicalismo y a las ideas del
comunismo en general, decide poner en marcha una serie de reformas políticas y
sociales que otorguen un mayor bienestar a la incipiente clase obrera.

Manuel Fresco y Amadeo Sabattini


Antes de que Agustín P. Justo pusiese en marcha su plan de apaciguamiento ante la
inminente revolución social, el gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco, ya
había dado inicio a su propio plan de reforma política y social.

Así pues, Manuel Fresco ordenó la construcción de 50.000 viviendas económicas y


se propuso la difícil labor de sustituir el ideario laico-democrático de la sociedad
argentina por uno más bien tradicional y religioso.

Asimismo, Fresco reivindicaría las prácticas deportivas, enfatizando el hecho de que


una patria grande requiere de ciudadanos fuertes y capaces. Esto último es un claro
coqueteo con las ideas del fascismo italiano de Benito Mussolini.

En contraste con el ideario pragmático del presidente Agustín P. Justo y del


gobernador de Buenos Aires Manuel Fresco, el gobernador de Córdoba, Amadeo
Sabattini, se perfila como un exitoso político creyente de la Tercera Vía, es decir,
una posición equidistante entre el colectivismo totalitario y el corporativismo
capitalista.
Sabattini, consciente de que seguir un plan de políticas públicas y redistributivas en
beneficio de la justicia social trae consigo un importante gasto público, inviste a su
gobierno de gran austeridad, lo cual le permitió apaciguar a la clase obrera y, al
mismo tiempo, dotar a su gestión de superávit fiscal.

Elecciones presidenciales de Argentina de 1937: el ascenso de Roberto M.


Ortiz
En 1937, consciente de que su mandato presidencial estaba por finalizar, el
presidente Justo escoge a quien tendrá la labor de ser su sucesor: Jaime Gerardo
Roberto Marcelino María Ortiz.

Como era de esperarse, el Partido Demócrata Nacional amaña las elecciones y


Roberto Ortiz obtiene la victoria en las elecciones presidenciales de 1937,
asumiendo como presidente de la Nación Argentina el 20 de febrero de 1938.

Si bien Roberto Ortiz había llegado a la presidencia de la Argentina a través del


fraude electoral, por extraño y contradictorio que parezca, este lo combatiría
fervientemente.

Quizás, la actuación más destacada del presidente Roberto Ortiz respecto al fraude
electoral fue la intervención de la Provincia de Buenos Aires de 1940, en la que
impidió la asunción de Alberto Barceló como sucesor de Manuel fresco mediante la
anulación de las elecciones fraudulentas que le habían conferido dicha victoria.

Ramon Castillo asume como presidente interino de la Nación Argentina


A pesar del intento del presidente Roberto Ortiz por blindar los comicios electorales
de la Argentina, la diabetes (tipo 2), enfermedad que padecía desde antes de asumir
como presidente, le obligaría a solicitar licencia ante el poder ejecutivo el 3 de julio
de 1940.

De esta manera, el vicepresidente de aquel entonces, Ramón S. Castillo, asumiría


de forma interina la presidencia de la Nación Argentina, dando inicio a una nueva
era, aún más corrupta, de la Década Infame.

El nuevo presidente (de facto) tendría que lidiar con una nueva crisis internacional:
la Segunda Guerra Mundial. Si algo caracteriza a un mundo en guerra, eso es que
los mercados internacionales cambian por completo. El nuevo presidente no
ignoraba tal realidad.

Castillo, valiéndose de su experiencia y perspicacia, se percata de los cambios


económicos que produce la guerra en el mercado internacional, por lo que impulsa,
junto a Federico Pinedo, su nuevo ministro de Hacienda, reformas económicas que
promuevan la industrialización de la Argentina y la producción masiva de los
productos que Europa ahora demanda fervientemente.
El arribo de Perón y el fin de la Década Infame
En 1941, Juan Domingo Perón regresa de Europa tras contemplar en primera fila la
estructura, el funcionamiento y los secretos de los gobiernos fascistas europeos de
aquel entonces, aprendiendo, sobre todo, cómo sacar provecho a la demagogia y al
populismo.

Tras su llegada, Perón decide unirse al GOU (Grupo de Oficiales Unidos), un sector
del ejército simpatizante del nacionalismo que comenzaba a ver con desdén la
hegemonía del Partido Demócrata Nacional.

En los próximos meses, tanto la Unión Cívica Radical Antipersonalista como el


Partido Demócrata Nacional recibirían un duro golpe: sus líderes y expresidentes
argentinos, Marcelo T. de Alvear, Roberto Ortiz y Agustín Pedro Justo, fallecerían.

Sus muertes enviarían un claro mensaje a los sectores políticos que se oponían al
presidente Ramón Castillo: la generación de políticos argentinos pasada ha llegado
a su fin; es tiempo de una nueva generación.

Sería, de esta manera, que el 4 de junio de 1943 un golpe de Estado encabezado


por el Grupo de Oficiales Unidos y de clara ideología nacionalista se hace con el
poder ejecutivo de la Argentina, marcando así el final de la Década Infame y el inicio
de una serie de dictaduras militares que culminarían con el ascenso a la presidencia
de Juan Domingo Perón.

Características de la Década Infame


Estas son algunas de las características políticas, económicas y sociales de la
Década Infame:

●​ Fueron cuatro los presidentes que condujeron Argentina durante la Década


Infame: José Félix Uriburu (de facto, 6 de septiembre de 1930-20 de febrero
de 1932), Agustín Pedro Justo (20 de febrero de 1932-20 de febrero de
1938), Roberto Marcelino Ortiz (20 de febrero de 1938-27 de junio de 1942) y
Ramón S. Castillo (27 de junio de 1942-4 de junio de 1943).
●​ Cada presidente de la Década Infame enfrentó las consecuencias de la Gran
Depresión a su manera. Uriburu aumentó la presión fiscal. Justo pactó con
Reino Unido el tratado Roca-Runciman y dio paso al nacimiento de un sector
industrial pujante. Roberto Ortiz intentó dar marcha atrás a las prácticas
fraudulentas de sus predecesores. Ramón S. Castillo intentó mantenerse
neutral y sobrevivir a un mundo afectado por la Segunda Guerra Mundial.
●​ De cierta manera, el Senado y algunas provincias de la nación mantuvieron
su independencia ideológica respecto de la presidencia de Argentina. De
todas estas, destaca la Provincia de Córdoba durante el mandato
gubernamental de Amadeo Sabattini, por haber blindado e impedido el
fraude, por las armas, en las elecciones provinciales de Córdoba de 1935.
●​ Durante la Década Infame, el modelo agroexportador de Argentina sería
reemplazado, paulatinamente, por un nuevo modelo industrial. Sin embargo,
ello traería consigo el florecimiento del socialismo, las prácticas sindicales y
la clase obrera en la Argentina.
●​ Todas y cada una de las elecciones presidenciales celebradas durante la
Década Infame estuvieron mancilladas por el fraude electoral.
Consecuencias de la Década Infame
La siguiente lista expone y enumera las consecuencias más relevantes surgidas tras
el fin de la Década Infame:
●​ Tras el golpe de Estado del 4 de junio de 1943, una serie de dictaduras
militares tomarían el control del poder ejecutivo en la Nación Argentina. Estas
fueron las de los generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro
Farrell.
●​ Argentina abandona el antiguo modelo económico agrodependiente y
auspicia el crecimiento del sector industrial.
●​ La clase obrera argentina se ve fortalecida y encuentra protección y
beneficios en la figura de Juan Domingo Perón.
●​ El poder e influencia política de Juan Domingo Perón crece a medida que los
sectores sindicales argentinos se ven robustecidos gracias a sus acciones.
●​ El socialismo e ideologías políticas similares pasan de ser una corriente
política débil en la Argentina a ser una de las más poderosas e influyentes.

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