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Cosmovisión Samanta

El documento explora la cosmovisión personal del autor, enfatizando la importancia de entender el pasado, presente y futuro en relación con la fe y la esencia de Dios. Se reflexiona sobre la creación, el propósito humano y la lucha espiritual actual, destacando la necesidad de una conexión genuina con Dios y la responsabilidad de guiar a otros. Finalmente, se concluye que replantearse la cosmovisión es esencial para vivir una vida cristiana auténtica y ayudar a otros en su camino espiritual.
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Cosmovisión Samanta

El documento explora la cosmovisión personal del autor, enfatizando la importancia de entender el pasado, presente y futuro en relación con la fe y la esencia de Dios. Se reflexiona sobre la creación, el propósito humano y la lucha espiritual actual, destacando la necesidad de una conexión genuina con Dios y la responsabilidad de guiar a otros. Finalmente, se concluye que replantearse la cosmovisión es esencial para vivir una vida cristiana auténtica y ayudar a otros en su camino espiritual.
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Mi cosmovisión

La cosmovisión se da en 3 diferentes tiempos, el pasado, el presente y el futuro,


aunque pareciera que estos se presentan en una línea recta, considero que la
cosmovisión es un circulo, y giramos siempre entorno a cualquiera de estos 3
momentos, necesitamos siempre recordar el pasado, para poder entender nuestro
presente y saber qué hacer para llegar a ese futuro deseado.

Plantearme una cosmovisión ha sido una tarea difícil, al nacer en una cuna
adventista y haber estudiado en colegios adventistas, quizá doy por hecho que mi
fe está totalmente firme y fundamentada. Sin embargo, al conocer las partes que
integran a una cosmovisión, el panorama se amplía, el primer elemento de esta
misma es sobre la esencia de Dios, y sin duda lo primero que me enseñaron de
nuestro padre, es que él es AMOR, 1 Juan 4:8 “El que no ama no conoce a Dios,
porque Dios es amor”, también es misericordia, piedad y paciencia.

La esencia de su palabra: de pequeña la pregunta que más hacia era ¿Y por


qué?, aprendí a creer en la palabra de Dios y aceptarla como la verdad absoluta,
pero con el paso del tiempo comprendí que no es solo repetir los versículos de
memoria, es vivir sus verdades día con día, hay muchas cosas que el humano no
logra comprender, pero no está de nosotros obtener ese conocimiento. Hebreos 4:
12 dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier
espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las
coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las
intenciones del corazón”.

La ética que se desprende de su palabra: en la carrera me ensañaron que los


orígenes del Derecho provienen de la Biblia, y que la misma ley, nace de los 10
mandamientos, la diferencia radica en que la ley de Dios está basada en el amor,
el amor hacia el prójimo, el amor hacia Dios, el amor hacia la familia, la base de
todo el discurso es el amor. Eclesiastés 12:13 “El fin de todo el discurso oído es
este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del
hombre”
Lo que Dios hizo por el ser humano: fuimos creados a imagen y semejanza,
como simple humana la parte que me toca hacer es reconocer el don que he
recibido, de ser creada a su imagen, manifestar los frutos del espíritu santo, y ser
un vivo testimonio de Dios para los demás, Salmos 19:7 dice “La ley de Jehová es
perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al
sencillo”.

Muchos cristianos caen en la rutina de dar por sentado las cosas, creen, pero no
sienten, enseñan, pero no predican, al definir nuestra propia cosmovisión, lo que
estamos haciendo es un ejercicio de reafirmación y sobre todo de memoria,
porque nos recordamos a nosotros mismos, el por qué estoy dónde estoy, nos
replantemos si nuestras bases están lo suficientemente firmes o si necesitamos
darle mantenimiento a la obra del creador.

¿De dónde vengo?

La ciencia a través del tiempo ha intentado responder a esta gran incógnita, ¿De
dónde proviene el ser humano? en la escuela se nos enseñan diferentes “teorías”,
tanto para explicar el origen de nuestro universo, así como el origen de la especie
humana, como adventistas del séptimo día nosotros no creemos en ninguna de
estas teorías, sino que aceptamos la verdad bíblica, que nuestro Dios creo el
mundo en 6 días y que, en el edén, fue formado el primer hombre a imagen y
semejanza de Dios.

Yo no desempeño un papel de docente dentro de la institución, mi trabajo como


Contadora no da pie a que yo pueda aplicar este tipo de temas en mi área de
trabajo, pero si en algún punto de mi jornada laboral tuviera que expresar mi
opinión sobre estos temas, es mi deber estar preparada, como es el deber de
cualquier cristiano, y al contestar a esta primera pregunta de la cosmovisión,
puedo ver aplicada 2 creencias fundamentales, como lo son la Deidad y la
Creación, porque para poder conocer de dónde vengo, tengo que aceptar que en
el principio y sobre todo, en la creación del hombre, estaba la deidad presente
Génesis 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las
aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se
arrastra sobre la tierra”.

Comprender la creencia de La Deidad no es tarea fácil, el material que se nos


presentó en nuestras actividades y la clase sincrónica sin duda alguna fueron de
mucha utilidad para mí y creo yo para todos mis compañeros, pero aún después
de todo esto, hay muchas cosas que mi mente no alcanza a entender, y
simplemente no me las cuestiono, las creo por fe, pero esto no significa que
debamos vivir en la ignorancia, sino que hay muchas cosas que Dios mismo no las
contestará en su debido tiempo.

¿Dónde estoy, quién soy?

Esta pregunta es quizá una de las que más me ha dado en que pensar, durante mi
adolescencia pasé por esas fases “existencialistas”, había momentos de mi vida
en las que me cuestionaba mi propósito en este mundo, comencé a dejarme llevar
por ciertas corrientes de aquella época, es la que todos creíamos en solo vivir el
momento, el pasado y el futuro no importaban.

Actualmente tengo 23 años, sigo siendo muy joven, y muchas veces la carga de
trabajo dentro de la institución, y toda la responsabilidad con la que tengo que
lidiar me ponen a pensar sobre si estoy en el lugar correcto, a veces me cuestiono
si en verdad recibí un llamado de Dios, y todo esto es provocado por el estrés, por
la presión y por diferentes situaciones que he tenido que vivir como Contadora de
un Colegio Adventista. A veces me pregunto ¿Es esto lo que Dios quiere para mí?

Dios conoce nuestro futuro y propósito aquí en la tierra, muchas personas han
confundido este concepto al afirmar que esto nos vuelve en personas
predestinadas, lo cual es incorrecto, sin duda Dios conoce nuestro futuro, pero nos
otorgó a cada uno el libre albedrío, fue tanto su amor por la raza humana que
incluso antes del pecado, él ya tenía un plan para ir al rescate. En san Juan 3:16
encontramos la mayor carta de amor “Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en el crea, no se pierda
más tenga vida eterna”.

Es importante determinar el “Dónde estoy”, porque el mañana no lo tenemos


asegurado, si hoy no estamos con Dios, si nuestro andar no fue por el camino
correcto, entonces todo esto quiere decir que estamos haciendo las cosas mal, y
que estamos atentando con nuestro futuro. Si tuviera que elegir una creencia para
aplicar a esta pregunta, sería la de la creación y el gran conflicto, porque para
poder contestar a esta interrogante debemos reconocer y aceptar que somos
criaturas creadas con un propósito en esta tierra y conocer del gran conflicto que
se vive ya que es parte fundamental de la forma en como estamos viviendo
nuestro presente.

¿Hacia dónde voy?

Estamos viviendo una gran batalla, como lo mencionaba anteriormente, las


actuales corrientes que nos rodean, están penetrando las mentes de los jóvenes,
haciéndoles creer que el futuro es hoy, que no existe el bien y el mal, creando con
esto la ideología de que no existe blanco y negro, bueno y malo, sino que solo
basta con ser una buena persona, para poder recibir bendiciones. Muchos incluso
se han atrevido en decir que no existe un dios como tal, sino que dios es solo una
esencia, y lo escribo es minúscula, porque claramente yo creo en un Dios, que
pelea por mí, todas las batallas espirituales que tengo día con día.

Efesios 6: 11-12 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne,


sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las
tinieblas de este siglo”, la palabra de Dios nos advierte del gran conflicto que
estamos viviendo, ¿Y por qué menciono esta doctrina? Porque nuestros jóvenes
de hoy se ven atacados por la ideología de no creer en un después, desde
pequeña mi mayor anhelo ha sido llegar el cielo, y siempre he sido consciente de
que estamos aquí en la tierra solo de paso.

Las nuevas generaciones no saben de este gran conflicto, no luchan y no se


preparan para llegar a las mansiones celestiales, consideran que con ser “buenas
personas” mientras están aquí en la tierra, conseguirán algo en caso de que exista
un “después”. Un claro ejemplo de todas estas corrientes es la famosa película
SOUL, con la que miles y miles de jóvenes se sintieron identificados ¿A caso es
coincidencia? Por supuesto que no, Satanás está decidido a llevarse con él a
cuánta gente pueda, y aunque él ya sabe que tiene la lucha perdida, no quiere
perecer solo.

Conclusión

Como lo dije en mi introducción, nunca creí necesario plantarme una cosmovisión,


hasta antes de este curso, desconocía siquiera del término, pero lo que he
aprendido a lo largo de todas estas clases sin duda ha cambiado mi forma de
pensar, puedo afirmar que durante muchos años quizá he vivido una vida cristiana
a medias, yendo a la iglesia a calentar la banca como coloquialmente se dice,
estudiando mi lección y mi biblia, reportando mis 7 días, para quizá solo satisfacer
la idea de que estoy haciendo lo que un adventista debe hacer.

Cuando acepté el llamado a trabajar dentro de un colegio adventista, sabía que


esto conllevaría muchos retos, pero nunca me puse a pensar que los retos
también serían espirituales, hoy al escribir esta conclusión puede afirmar que me
volví a conectar con Dios, volví a aceptar una vez más que soy creación de Dios,
hecha con un propósito y destinada a conquistar el cielo. El área de las finanzas
dentro de la institución es dura, porque mi deber es cobrar pero también mostrar
misericordia, y por meses me enojaba y llevaba estas cargas sobre mis hombros,
renegaba de mi trabajo y lo único en lo que yo pensaba era en renunciar, hoy sé
que mi trabajo no es solo cobrar, sino orar y pedir, para cada uno de los padres
nuestra institución es como un refugio en donde ellos pueden descargar sus
problemas y angustias, yo puedo observar como los maestros se convierten en
guías espirituales de esas familias.

Es por eso que todos deberíamos replantearnos nuestra cosmovisión, porque no


podemos guiar a los demás a los pies del salvador, sino hemos podido vencer
nuestras propias guerras espirituales.

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