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Derechos Humanos de los Reclusos

Este manual aborda los derechos humanos de los reclusos, basándose en normas internacionales que garantizan derechos fundamentales como la vida, la salud y el respeto a la dignidad humana. Se enfatiza que, aunque los reclusos pueden perder ciertos derechos debido a su detención, deben ser tratados con humanidad y las condiciones de encarcelamiento no deben constituir un castigo adicional. El manual busca promover la implementación de estándares internacionales para el tratamiento de reclusos y resalta la importancia de la apertura y el deber de cuidado por parte del Estado.

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Temas abordados

  • principios de justicia,
  • derecho a la vida,
  • sanciones,
  • derechos de los inmigrantes,
  • custodia,
  • derechos de los reclusos en pr…,
  • derechos de los extranjeros,
  • derecho a la salud,
  • derechos humanos,
  • detención arbitraria
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Derechos Humanos de los Reclusos

Este manual aborda los derechos humanos de los reclusos, basándose en normas internacionales que garantizan derechos fundamentales como la vida, la salud y el respeto a la dignidad humana. Se enfatiza que, aunque los reclusos pueden perder ciertos derechos debido a su detención, deben ser tratados con humanidad y las condiciones de encarcelamiento no deben constituir un castigo adicional. El manual busca promover la implementación de estándares internacionales para el tratamiento de reclusos y resalta la importancia de la apertura y el deber de cuidado por parte del Estado.

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Temas abordados

  • principios de justicia,
  • derecho a la vida,
  • sanciones,
  • derechos de los inmigrantes,
  • custodia,
  • derechos de los reclusos en pr…,
  • derechos de los extranjeros,
  • derecho a la salud,
  • derechos humanos,
  • detención arbitraria

PUNTO DE PARTIDA

Derechos humanos de los reclusos


1. Este manual se aboca a los derechos humanos de las personas que se encuentran
detenidas o en un recinto penal. Estos derechos provienen de los derechos humanos
generales universales. Se aplican a todas las personas e incluyen

− el derecho a la vida y a la seguridad de la persona

− el derecho a no ser torturado o maltratado

− el derecho a la salud

− el derecho al respeto de la dignidad humana

− el derecho a un juicio justo

− el derecho a la no discriminación de ningún tipo

− el derecho a no ser sometido a esclavitud

− el derecho a la libertad de conciencia y pensamiento

− el derecho a la libertad de culto

− el derecho al respeto de la vida familiar

− el derecho al desarrollo personal

Derechos universales
2. Los derechos humanos básicos están incluidos en las leyes y normas internacionales.
Muchos estados en cada región del mundo han firmado y ratificado tratados
internacionales, convenciones, pactos y reglas que confirman estos derechos. Entre
los más importantes se encuentran la Declaración de Derechos Humanos
Humanos, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Convención contra la Tortura
y otros Tratos o Penas Crueles
Crueles, Inhumanos o Degradantes de las Naciones Unidas.
Los estados también han reafirmado estos derechos en convenciones y acuerdos
regionales.

Derechos retenidos
3. Independientemente de sus circunstancias, todos los seres humanos tienen derechos
fundamentales, de los que no se les puede despojar sin justificación legal. Las per-
sonas detenidas o encarceladas en forma legal pierden por un tiempo el derecho a la
libertad. Si ellos están detenidos o encarcelados en forma ilegal, conservan todos
los derechos, incluyendo el derecho a la libertad.

15
4. Algunos derechos pueden limitarse por el hecho de detención o de encarcelamiento.
Éstos incluyen: el derecho a determinadas libertades personales; el derecho a la
privacidad; la libertad de movimiento; libertad de expresión; libertad de asamblea;
y libertad de voto. La cuestión importante es si, y a qué nivel, cualquier limitación
adicional de los derechos humanos es una consecuencia necesaria y justificada de la
privación de libertad.

La pérdida de la libertad
5. El control de los crímenes en la sociedad puede requerir el uso de sanciones. Donde
quiera que sea posible, las sanciones y las medidas realizadas en la comunidad,
debieran utilizarse antes que la privación de libertad. Cuando ésta se emplea, surgen
preguntas sobre los derechos humanos. Éstos constituyen el tema central del manual.

La pérdida de la libertad y de la vida normal


6. Muchas de las personas que están en recintos penales están cumpliendo condenas.
Están en prisión como castigo, pero no para recibir castigos. La pena consiste en la
pérdida de libertad. Por lo tanto, las circunstancias de encarcelamiento no debieran
utilizarse como un castigo adicional. Se debe reducir al mínimo cualquiera de los
efectos adversos del encarcelamiento. Aunque la vida en prisión nunca puede ser
normal, las condiciones en ella deberían ser tan cercanas a la vida normal como sea
posible, aparte de la pérdida de libertad.

7. Existe también mucha gente detenida que no están cumpliendo condenas, aunque
pueden estar en el establecimiento junto con reclusos sentenciados. Algunos esperan
procesos; otros esperan otras decisiones; por ejemplo, sobre el asilo político o el
estado legal de inmigración. Ninguno de ellos se encuentra en prisión, ya sea como
castigo o para castigo. Están en prisión como precaución. Para ellos también la vida
en el recinto debiera ser tan cercana a la vida normal como sea posible.

8. Además, aquellos que esperan una decisión sobre sus casos, tienen derechos que
conciernen el acceso al mundo exterior (por ejemplo, consejo e información legal),
de modo que el resultado de sus casos no sea perjudicado por su pérdida de libertad.

El principio de apertura
9. Cuando se priva de la libertad existe un riesgo de que se violen los derechos humanos.
Es un derecho humano básico el no ser privado de la libertad excepto por un proceso
legal. En la práctica, la pérdida de la libertad a veces ocurre fuera de la ley; se
mantiene en custodia a la persona sin la consideración apropiada de los
procedimientos y protecciones legales correctos. Por lo tanto, un principio básico
para proteger los derechos humanos de las personas en custodia, es la apertura; las
prisiones y otros lugares de detención deberían estar abiertos al escrutinio externo e
independiente y las personas en custodia deben tener acceso al mundo exterior.

16
El deber de cuidado
10. Cuando el Estado priva de libertad a una persona, asume el deber de cuidarla. El
principal deber del cuidado es mantener la seguridad de las personas privadas de su
libertad, como también proteger su bienestar.

11. Los derechos humanos de los presos o detenidos están establecidos por la ley
internacional, a través de varias convenciones y pactos con categoría legal de tratado.
Los estados que los firman y ratifican se comprometen a observar sus disposiciones.

12. La aplicación de estos instrumentos se detalla en las Reglas Mínimas para el trato
2
de reclusos de las Naciones Unidas (RM) . Este es uno de los documentos
internacionales más antiguos que atañen al trato de la gente en prisión y han logrado
muy amplio reconocimiento por su valor e influencia en el desarrollo de la política
y la práctica penal. Ellos contienen un mayor nivel de detalles prácticos sobre el
deber en el cuidado de los reclusos que el que se debe encontrar generalmente en las
declaraciones, convenciones y convenios. Las cortes nacionales e internacionales y
otros cuerpos han utilizado las RM para dar a conocer el cuidado a que tienen derecho
las personas en custodia. Las RM son reglas mínimas; ellas establecen los estándares
bajo los cuales no deben caer las condiciones.

Prisiones y otros lugares de detención


13. A muchas personas se las mantiene detenidas en otros lugares, además de prisiones;
por ejemplo, en celdas policiales, hospitales siquiátricos, centros de detención que
no están a cargo de la administración de prisiones e, incluso, en lugares de detención
no oficiales. Los derechos humanos de las personas en custodia son válidos
dondequiera que alguien esté encarcelado o detenido.

Grupos especiales de reclusos


14. El manual no concentra su atención en los prisioneros de guerra, aunque muchos de
los principios y reglas discutidos aquí y en las secciones siguientes son aplicables a
ellos. Además, el manual sólo se refiere en forma breve a algunos otros grupos de
presos como menores, mujeres, extranjeros, perturbados mentales y drogadictos.
Sin duda, su situación y condiciones en la prisión requieren de disposiciones y
medidas específicas y detalladas, que no podrían incorporarse totalmente en un
manual. Sin embargo, a estos grupos se les menciona en donde corresponda.

Las palabras ‘prisión’ y ‘recluso’


15. En este manual, las palabras prisión y recluso (o sus sinónimos) se utilizan en sentido
general y se refieren a todas las personas privadas de libertad en cualquier lugar,
debido a su conexión con un delito comprobado o sospechoso. El manual no trata
en forma detallada de otras categorías de personas privadas de la libertad pero,
donde corresponda, se les menciona en el texto.

2 En este manual las Reglas Mínimas de las NNUU se indican como RM.
Donde una Regla se menciona sin identificación adicional, ella se refiere a
las RM.

17
18
SOBRE ESTE MANUAL
1. Este manual no es ni una serie de reglas y recetas, ni una revisión de reglas actuales.

2. Es un intento de explicar el significado en la práctica diaria y en las políticas de


reglas sobre el tratamiento de reclusos que se han aceptado en todo el mundo. Su
objetivo es promover la puesta en práctica de las reglas reconocidas
internacionalmente.

3. El manual es el resultado de amplias e intensas discusiones internacionales en las


que han participado expertos - de gobierno y no gubernamentales - representando a
más de cincuenta países de todas las regiones del mundo.

4. El manual no es un estudio para teóricos; está dedicado a quienes elaboran políticas


penales, al personal penitenciario y a todos aquellos - gubernamentales y no
gubernamentales - que trabajan con presos o, que de una u otra forma, se sienten
responsables de dicho trabajo.

5. El manual no es ni perfecto ni comprensivo. Sin embargo, se espera que sea útil en


todas partes del mundo. A fin de lograr cobertura amplia, no se hace hincapié sobre
los instrumentos legales regionales. Sin embargo, algunas veces, las situaciones
regionales se mencionan como ejemplos.

6. Se espera que los usuarios del manual se sientan estimulados para elaborar y agregar
detalles, de modo de hacerlo más adecuado para las diversas categorías de personas
en custodia, en sus centros penales, países y regiones respectivas.

7. El manual se concentra en ocho áreas de mayor preocupación con respecto al trato


de reclusos, identificadas en consultas entre todos aquellos involucrados en su
interpretación.

8. También presenta opiniones y experiencias que se han desarrollado a través de los


años en el espíritu de las Reglas Mínimas (RM).

9. El manual no ofrece soluciones concisas. La vida en prisión no se puede presentar


de forma definida. Las situaciones y el comportamiento humano son complejos,
por lo tanto, las decisiones y las acciones deben considerarse cuidadosamente. De
esta forma, el manual pretende otorgar una base para el continuo mejoramiento de
la práctica penitenciaria.

19
20
Sección I

PRINCIPIOS BÁSICOS Y DE GUÍA

Introducción
1. Las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos
(RM) contienen ciertas reglas que son de carácter absoluto y fundamental. Éstas
constituyen principios básicos y, como tal, se deben poner en práctica en todas partes
y en todo momento. Estas reglas fundamentales reciben el apoyo de otros
instrumentos de las Naciones Unidas (NNUU) para proteger y garantizar los derechos
humanos.

2. Entre los principios fundamentales de las Reglas Mínimas (en adelante RM) se
incluyen los siguientes :
− los recintos penales deben ser comunidades bien organizadas, es decir, tienen
que ser lugares donde no exista peligro para la vida, la salud y la integridad
personal;
− los recintos penales deben ser lugares en donde no se muestre discriminación
en el trato de reclusos;
− cuando una corte sentencia a un preso a prisión, ésta impone una pena que es
en sí extremadamente aflictiva. Las condiciones del recinto penal deben tratar
de no aumentar esto.
− las actividades del establecimiento se deben enfocar en cuanto sea posible a
ayudar a los presos a reintegrarse a la comunidad después de que hayan
cumplido la sentencia de cárcel. Por esta razón, las reglas y el régimen de la
prisión no debieran restringir las libertades, los contactos sociales de los
reclusos y posibilidades para el desarrollo personal más de lo absolutamente
necesario. Las reglas y el régimen penitenciario debieran facilitar la adaptación
e integración a la vida normal de la comunidad.

Los siguientes párrafos describen en mayor detalle los principios fundamentales y


de guía.

Propósitos y principios fundamentales


3. Las Observaciones Preliminares
Preliminares, Reglas 1, 2, 3 y 4 contienen ciertas declaraciones
básicas de intención y de finalidad. Las Reglas 27 y 56 no son sólo reglas de
aplicación general, sino que expresan también principios fundamentales
para el funcionamiento de cualquier sistema penitenciario. Por lo tanto todas las
RM se deben leer según estas declaraciones iniciales de finalidad y los principios
fundamentales.

4. Las Observaciones Preliminares


Preliminares, es decir, las Reglas 1, 2, 3 y 4 se pueden resumir
como sigue :

21
Las Reglas no pretenden dar una descripción detallada de un sistema modelo de las
instituciones penales, pero sí pretenden establecer lo que, por acuerdo general, se
acepta como elementos esenciales de principios y prácticas adecuados para el
tratamiento de presos y para el manejo de los centros penales. Debido a que las
condiciones legales, sociales, económicas y geográficas del mundo son muy variadas,
no se pueden aplicar todas las Reglas en todos los lugares y en todo momento. El
hecho de que determinadas Reglas no se puedan aplicar en todos los lugares y en
todo momento, debe estimular esfuerzos constantes para superar las dificultades
prácticas, con el fin de lograr las condiciones mínimas que las Naciones Unidas
aceptan como adecuadas. Las Reglas no excluyen el experimentar para desarrollar
prácticas que estén en armonía con los principios de las Reglas y que tienen como
objeto el llevar adelante propósitos que emanan de las Reglas en su totalidad.

5. Probablemente, se puede decir que ningún sistema penitenciario cumple, en su


totalidad, con los requisitos mínimos que yacen en las RM y que algunos sistemas
están lejos de cumplirlas. Por lo tanto, la necesidad de experimentación, desarrollo
y mejoramiento continuos no se puede exagerar. A este respecto, a la Regla 56 se la
denomina con justa razón, principio guía. Dice lo siguiente:

Regla 56

Los principios que se enumeran a continuación tienen por objeto definir el


espíritu conforme al cual deben administrarse los sistemas penitenciarios y
los objetivos hacia los cuales deben tender, conforme a la declaración hecha
en la observación preliminar 1 del presente texto.

6. La Regla 27 requiere que “El Orden y la disciplina se mantendrán con firmeza,


pero sin imponer más restricciones de las necesarias para mantener la seguridad
y la buena organización de la vida en común”
común”. Esta Regla representa un mandato
categórico, obligatorio para todas las administraciones penitenciarias, como la condición
necesaria para poner en práctica todas las demás Reglas. Nada puede ser más importante
que la necesidad de garantizar que los centros de detención sean ambientes seguros
para los reclusos, para el personal y para la comunidad.
El Artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas estipula :

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su


persona.

Por lo tanto, el primer deber de cada administración penitenciaria es asegurar que los
recintos penales sean seguros para los reclusos, que están obligados a vivir en ellos, y
para el personal que debe trabajar allí. Tanto los presos como el personal debieran
estar protegidos contra cualquier tipo de violencia y amenaza para la vida y la salud,
sin importar de dónde provengan. Asimismo, la comunidad tiene el derecho de esperar
que sus miembros estarán seguros de las actividades delincuenciales de los presos.
Para poder cumplir con el Artículo 3 de la Declaración Universal y para la puesta en
práctica de las RM es esencial que los centros penales sean ambientes de seguridad
que emplean medidas restrictivas mínimas.

22
7. Finalmente, se debe hacer notar que las reglas de las RM sobre el manejo general de
los centros de detención, son aplicables a todas las categorías de reclusos, y que las
reglas aplicables a presos sentenciados, en su mayoría, incluyen las categorías
especiales de reclusos abordadas en las RM. Esta medida se enfatiza firmemente
aquí debido a que el número de reclusos en detención previa al proceso, o en prisión
por otras razones, es muy grande en muchos sistemas penitenciarios. A menudo,
dichos reclusos se encuentran detenidos en condiciones que se comparan
desfavorablemente con aquellas de los presos sentenciados. La presunción de
inocencia y la Observación Preliminar 4 hace que esto sea insostenible.

Espíritu y alcance de las Reglas Mínimas (RM)


8. Las intenciones y los principios fundamentales expuestos en los párrafos anteriores,
constituyen un punto de partida básico para toda la serie de Reglas. Para comenzar,
no sólo señalan el propósito de las RM, sino también cuál no lo es. Por lo tanto, no
se debe ver a las RM como prescribiendo un modelo de sistema penitenciario per-
fecto. Dicha determinación sería irreal, debido a que presupone conocimiento y
habilidad mayor de la que se dispone; no tomaría en cuenta la variación económica,
social, histórica y política entre diferentes países y, debido a que ningún sistema
penitenciario puede lograr y mantener la perfección permanente, negaría la necesidad
de esforzarse en lograr cambio positivo continuo.

9. El propósito clave de las Reglas está expresado en la Observación Preliminar 11, es


decir, que las Reglas pretenden identificar “los elementos esenciales de los sistemas
contemporáneos más adecuados, los principios y las reglas de una buena organización
penitenciaria y de la práctica relativa al tratamiento de los reclusos”. La mención de
los elementos esenciales, se refiere directamente al hecho de que las RM comprenden
sólo requisitos básicos y mínimos - condiciones necesarias para que un sistema
penitenciario logre niveles mínimamente humanos y efectivos. Indirectamente, los
“elementos esenciales” también comprenden las normas sobre los derechos humanos
expuestos en los diversos documentos internacionales mencionados en la Sección
IX.

Se prohíbe discriminar
10. Regla 6 (1)
Las reglas que siguen deben ser aplicadas imparcialmente. No se debe hacer
diferencias de trato fundadas en prejuicios, principalmente de raza, color,
sexo, lengua, religión, opinión política o cualquier otra opinión, de origen
nacional o social, fortuna, nacimiento u otra situación cualquiera.

(2)

Por el contrario, importa respetar las creencias religiosas y los preceptos


morales del grupo al que pertenezca el recluso.

Los requisitos de la Regla 6 (1) son inequívocos. Las RM se aplicarán

23
“imparcialmente”, es decir, en forma justa y honrada. La discriminación significa la
imposición de daño o desventaja a reclusos individualmente o en grupos, por
cualquiera de las razones proporcionadas en las Reglas. Por lo tanto, se prohíbe
cualquier práctica penitenciaria que se base en prejuicio, intolerancia, fanatismo o
parcialidad. La Regla 6 (1) prohíbe la discriminación utilizando virtualmente los
mismos términos que el Artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas
Unidas.
Una prohibición de discriminación similar se reitera en el Principio 2 de los
Principios Básicos para el Tratamiento de Reclusos
Reclusos, adoptada por la Asamblea
General en su 68a reunión, tan recientemente como diciembre de 1990. El Artículo
7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos adoptada por la Asamblea
General de las Naciones Unidas en 1948, afirma que :
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual
protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda
discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a
tal discriminación.
11. La Regla 6 (1) prohíbe la discriminación en términos de “otra situación cualquiera”.
Una de tales situaciones es, en la actualidad, de considerable interés e importancia -
el ser identificado como un recluso con VIH positivo. El miedo y la ignorancia
acerca de la transmisión de la infección por presos VIH positivos, a menudo lleva a
que se les discrimine, especialmente mediante el aislamiento físico y social. En
muchos casos, no hay razones médicas ni problemas de comportamiento que lo
justifiquen. En casos especiales, se podrían requerir medidas especiales. No ob-
stante, descartando dichas situaciones, el aislamiento de presos VIH positivo en
general equivale a discriminación. (Sobre este punto, véase también la Sección IV,
párrafo 4848).

Trato diferente no significa discriminación


12. La prohibición de discriminar no significa en ninguna forma que no se reconozcan
las diferencias importantes de creencia religiosa o moral. En este contexto, se debe
hacer una distinción entre la discriminación y las diferencias entre individuos. El
primer término se refiere a la imposición de daño o desventaja, por razones injustas,
generalmente perjudiciales. El último término reconoce la necesidad de tratar a los
presos en forma diferente, de modo de tomar en cuenta creencias o necesidades
especiales, situaciones especiales o una posición desventajosa especial, por ejemplo,
ser extranjero, mujer o miembro de una minoría étnica o religiosa. A diferencia de
la discriminación, el reconocimiento de las diferencias fundamentales entre los seres
humanos no debería llevar al abuso de daño o desventaja por razones injustas o
perjudiciales.

13. Sin embargo, los reclusos que pertenecen a un grupo mayoritario pueden bien percibir
el tratamiento diferente como discriminación injusta, especialmente si el grupo
minoritario es considerado inferior. El personal penitenciario necesita estar alerta a
esta posibilidad y a cualquier queja que se origine debido a esto. El personal (véase
Sección VII
VII) debe estar bien informado y unido, al explicar a los reclusos en forma
razonable por qué se realizan distinciones en la forma en que se les trata.

24
14. Inevitablemente, hay ocasiones en que el cumplimiento de la sentencia en el recinto
penal lleva a condiciones restrictivas de encarcelamiento. Esto ocurre, por ejemplo,
cuando a un preso, a quien se expulsará del país al término de la sentencia, se le
niega la salida del centro penitenciario, debido a un claro riesgo de que nuevamente
cometa delitos durante su salida. La imposición de condiciones restrictivas sólo es
lícita hasta el punto que éstas sean consecuencias necesarias para llevar a cabo una
sentencia en prisión que se haya impuesto en forma legal y que esté sujeta a
imposición justificada. Así, el tratar a los reclusos de manera diferente, nunca debe
ser una consecuencia de prejuicio, parcialidad, fanatismo e intolerancia. El trato
diferente se puede considerar legítimo cuando es una consecuencia razonable y
justa de la sentencia, cuando se justifica por el conocimiento y la experiencia bien
fundados, cuando se pretende aumentar la posición personal o social del preso y
cuando está basada en un alto grado de tolerancia y comprensión. Las vías de denuncia
a una autoridad independiente hacen posible comprobar lo justo y razonable de las
condiciones restrictivas de encarcelamiento. Por otro lado, la discriminación ocurre
cuando se han hecho conocidas las pautas de comportamiento prejuiciado y aún
continúan siendo la fuente de prácticas prejuiciadas (véase además la Sección II II).

La libertad de religión y la prohibición de coerción religiosa


15. La libertad de religión es uno de los derechos humanos básicos que garantiza el
Artículo 18 de la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y
el Artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
Políticos. La coerción
con respecto a la elección de religión está prohibida en el mismo artículo del último
documento. La Regla 6 (2) de las RM afirma la necesidad de respetar las creencias
religiosas y los preceptos morales del grupo a que pertenece el recluso (las Secciones
V y VI tratan este tema).

16. ¿Cuál será la práctica sobre aquellos grupos cuyas creencias religiosas y preceptos
morales requieren o llevan a la crueldad, violencia y amenazas en contra de otros
grupos? ¿Se debe tolerar cualquier y todo tipo de comportamiento porque éste se
basa en las creencias religiosas o preceptos morales de un grupo? Sin duda, en la
Regla 6 (2) no existe excepción o condición restrictiva en relación al respeto de las
creencias religiosas y a los preceptos morales de grupos especiales. No obstante, no
sólo el manejo de la prisión, sino que también la vida de la sociedad serían imposibles
si se permitiera una creencia religiosa o precepto moral para justificar cualquier
tipo de comportamiento. De hecho, el respeto por las creencias religiosas o los
preceptos morales presupone que ellos no exigen la negación de creencias y preceptos
de otras personas y, en especial, no se convierten en crueldad, violencia o amenazas.
Con respeto a esto se debe observar que el Artículo 1 de la Declaración Universal
de Derechos Humanos afirma que :

Todos los seres humanos nacen [...] iguales en dignidad y derechos. Deben
comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Las creencias religiosas y los preceptos morales que involucran la negación de los
derechos de otras personas constituyen discriminación y, como tal, caen dentro de
la prohibición contenida en el Artículo 7 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos citada en el párrafo 10.

25
Registro para prevenir la detención arbitraria
17. La Regla 7 es una regla severamente práctica, con un significado de extrema
importancia sobre un principio y práctica básicos con respeto a la recepción de
presos a la prisión.

Regla 7 (1)

En todo sitio donde haya personas detenidas, se deberá llevar al día un


registro empastado y foliado que indique para cada detenido:
(a) Su identidad;
(b) Los motivos de su detención y la autoridad competente que lo
dispuso;
(c) El día y la hora de su ingreso y de su salida.

(2)

Ninguna persona podrá ser admitida en un establecimiento sin una orden


válida de detención cuyos detalles deberán ser consignados previamente en
el registro.

18. La Regla 7 se debe considerar con relación a los Artículos 9 y 10 de la Declaración


Universal de Derechos Humanos
Humanos, que prohíben la detención arbitraria. Estos
Artículos proclaman :

Artículo 9
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída
públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para
la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de
cualquier acusación contra ella en materia penal.

De igual manera, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos estipula en


el Artículo 9.1 lo siguiente :
Todo individuo tiene derecho a la libertad y a la seguridad personales. Nadie
podrá ser sometido a detención o prisión arbitrarias. Nadie podrá ser privado
de su libertad, salvo por las causas fijadas por ley y con arreglo al
procedimiento establecido en ésta.

Por lo tanto, si aquellas disposiciones han de cumplirse, el personal penitenciario


debe asegurarse de que toda admisión a la prisión está debidamente autorizada y
que esto sea evidente por medio de una orden válida de admisión. La responsabilidad
de cumplir parte de la Regla 77, le corresponde tanto a la administración central
como al director y al personal de los diversos centros penitenciarios.

19. La Regla 7 se amplía más en el Principio 12 del Conjunto de Principios para la


Protección de todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma de Detención o

26
Prisión
Prisión. El Principio es especialmente pertinente a los reclusos que están en custo-
dia policial o en espera de juicio.
El Principio 12 requiere que :

Se harán constar debidamente :


a) Las razones del arresto.
b) La hora del arresto de la persona y la hora de su traslado al lugar de
custodia, así como la hora de su comparecencia ante el juez u otra auto-
ridad.
c) Además se hará constar la identidad del oficial e información precisa
sobre el lugar de custodia.

El registro de estos detalles, junto con la información que requiere la Regla 77, son
importante protección en contra del fenómeno de “desaparición”. Es decir, el recluso
“desaparece” en el sistema penitenciario y nadie sabe dónde se encuentra.

20. La primera parte de la Regla 7 también requiere la mantención de un registro de la


identidad de cada recluso, la(s) razón(es) de su admisión a prisión, la fecha y la hora
de admisión y la autoridad que la autoriza. Durante el período de encarcelamiento
pueden surgir una variedad de situaciones, que tornan esencial el poseer información
clara y precisa sobre la identidad de los presos y de cuándo y por qué se les envió a
prisión. Dichas situaciones pueden referirse, por ejemplo, a las fugas, u otro mal
comportamiento, accidentes, enfermedades, muertes, incendios y disturbios, entre
otros, como asimismo, a procedimientos legales e investigaciones posteriores. Las
estipulaciones de la Regla con respecto a un libro encuadernado, con páginas
numeradas, pueden parecer ahora obsoletas, puesto que muchas administraciones
penitenciarias utilizan sistemas de datos computarizados. Se permite una variación
del método preciso de registro descrito en la Regla, siempre que se realice un registro
cuidadoso. Éste deberá ser de carácter permanente y siempre accesible para su
utilización en forma rápida en situaciones de emergencia. Por ejemplo, los incendios
y disturbios pueden causar fácilmente la destrucción de registros al mismo tiempo
que son indispensables para propósitos de verificación. Por lo tanto, los
administradores penitenciarios deben considerar adecuadamente las formas y los
medios de garantizar la seguridad de estos registros, especialmente en lugares donde
la cantidad de presos es alta

Cómo comenzar y ayudar el proceso de reinserción


21. La Regla 4 establece que las Reglas que tienen que ver con reclusos bajo sentencia
son de hecho aplicables a todas las categorías de presos, a menos que sus
disposiciones se opongan a las Reglas para categorías especiales de reclusos. En
tales casos éstas últimas se aplican. Con esta salvedad, las siguientes Reglas son,
por lo tanto, adecuadas para presos no sentenciados, alienados y enfermos men-
tales, presos civiles y para personas detenidas sin acusación.

22. Regla 57

La prisión y las demás medidas cuyo efecto es separar a un delincuente del


mundo exterior son aflictivas por el hecho mismo de que despojan al
individuo de su derecho a disponer de su persona al privarle de su libertad.
suderecho

27
Por lo tanto, a reserva de las medidas de separación justificadas o del
mantenimiento de la disciplina, el sistema penitenciario no debe agravar
los sufrimientos inherentes a tal situación.

La Regla establece claramente en qué consiste el castigo de encarcelamiento y señala


que éste es, por naturaleza, aflictivo. Un empeoramiento del carácter inherentemente
aflictivo, se limita a lo que es incidental para una segregación justificada o la
mantención del buen orden en el penal. A menudo, esta Regla se parafrasea mediante
la afirmación de que a los delincuentes se les envía a prisión como castigo y no para
castigo.

23. No obstante, cuando se envía a una persona a prisión como castigo, también significa
que sufrirá, inevitablemente, una serie de privaciones. Los reclusos se encuentran
obligados a vivir en forma comunitaria con personas que no son de su elección y
deben ordenar sus vidas de acuerdo al régimen penitenciario. Se les prohíbe tener
contacto normal con el sexo opuesto, con todo lo que eso implica en cuanto a
expresión emocional y confirmación de la identidad personal. Se les priva del acceso
normal a bienes y servicios. El grado de responsabilidad que se les permite ejercer
sobre sus vidas es limitado. Aunque el grado de estos efectos variará tanto dentro
como entre los sistemas penitenciarios nacionales, el encarcelamiento es siempre
inherentemente aflictivo.

24. Se han demostrado en una gran cantidad mediante estudios de investigación


criminológica, que las privaciones y angustias de la vida en prisión aumentan la
solidaridad con las normas y socios del crimen y al rechazo de los valores sociales
consensuales. Esto significa que si incluso se ha quitado el derecho a la
autodeterminación por el hecho de encarcelamiento, se deberían dar oportunidades
para ejercer la autodeterminación y la responsabilidad personal con la mayor amplitud
posible. Tanto la justicia como las consideraciones prácticas requieren, por
consiguiente, que el aumento de las aflicciones producidas por la situación
penitenciaria se limiten a lo que inevitablemente resulta del hecho de encarcelamiento.
Lo que se ve como consecuencia inevitable de la reclusión debería estar sujeto a
constantes vigilancia y revaluaciones con miras a su reducción.

La seguridad, una necesidad básica tanto para los reclusos como para
el personal
25. La Regla 57 también se refiere a las restricciones impuestas a la autodeterminación
y a la libertad personal para mantener la disciplina en el centro penitenciario. Como
se ha dicho anteriormente, la mantención de una vida comunitaria bien organizada
es fundamental para cualquier sistema penitenciario. No se puede reiterar lo suficiente
que los centros de detención debieran ser lugares seguros para los presos y para el
personal. El hecho de cumplir una sentencia en prisión nunca debiera significar que
los reclusos o el personal pierdan el derecho de ser protegidos de amenaza de
violencia, asesinato, chantaje, asaltos sexuales u otros, o ser expuestos a riesgos
para su salud física o mental e integridad personal. Tanto los presos como el per-
sonal se benefician cuando el derecho a una vida comunitaria y bien organizada se
cumple.

28
26. Una característica de una vida comunitaria bien organizada es que sus miembros
siguen voluntariamente las reglas esenciales para su gestión. Otras secciones de
este manual se refieren a las muchas medidas positivas que se pueden tomar para
promover este fin. Sin embargo, como último recurso, puede ser necesario reducir
aún más la libertad de ciertos reclusos, con el propósito de prevenir actividades
destructivas. No obstante, tales restricciones también deben estar sujetas a revisiones
constantes, y se debe hacer esfuerzos para restaurar a dichos presos a las condiciones
de asociación normal lo más pronto posible.

Reducción de daños y preparación constructiva para la vida después


de la liberación.
27. Regla 58

El fin y la justificación de las penas y medidas privativas de libertad son, en


definitiva, proteger a la sociedad contra el crimen. Sólo se alcanzará este
fin si se aprovecha el período de privación de libertad para lograr, en lo
posible, que el delincuente una vez liberado no solamente quiera respetar la
ley y proveer a sus necesidades, sino también que sea capaz de hacerlo.

Regla 59

Para lograr este propósito, el régimen penitenciario debe emplear, tratando


de aplicarlos conforme a las necesidades del tratamiento individual de los
delincuentes, todos los medios curativos, educativos, morales, espirituales y
de otra naturaleza y todas las formas de asistencia de que puede disponer.

Las Reglas afirman que el propósito fundamental de la privación de libertad es


proteger a la sociedad. Esto no es para asegurar que se puede liberar a la sociedad
del crimen utilizando el encarcelamiento. En realidad, existen muchas investigaciones
que sugieren que el uso del encarcelamiento tiene relativamente poca relación con
el nivel de crimen en cualquier sociedad. Por consiguiente, las Reglas implican, en
forma correcta, que el encarcelamiento es una última sanción que sólo se debiera
utilizar cuando la seguridad de la sociedad está seriamente amenazada. Pero, incluso
entonces, el bregar por la futura seguridad de la sociedad continúa siendo el deber
de las autoridades y del personal penitenciario, es decir, después que el recluso
queda en libertad. Esto se debe hacer mediante la limitación de los efectos dañinos
del encarcelamiento tanto como sea posible, tratando de persuadir al recluso para
que enfrente su comportamiento delictual y ayudándolo a utilizar las oportunidades
disponibles, para que se prepare para una vida socialmente responsable y aceptable
después de recuperar la libertad.

28. La Regla 58 señala el hecho de que tarde o temprano casi todos los reclusos regresan
a la sociedad después de un período corto o prolongado. En muchos casos, esto
ocurre antes que se haya cumplido totalmente el período de encarcelamiento, como
resultado de perdón o liberación condicional anticipada. Para la sociedad es
claramente desventajoso si los presos regresan con una mayor dedicación a los estilos
de vida criminal. Una gran cantidad de investigación criminológica realizada en

29
todas partes del mundo ha demostrado, sin embargo, que éste es uno de los efectos
más comunes del encarcelamiento. Enfrentados a estos notorios efectos negativos,
muchos gobiernos están tratando ahora de limitar el daño personal y social ocasionado
por el encarcelamiento, como un primer paso hacia la meta de lograr la total
reinserción del recluso a la sociedad. Esto incluye el desarrollo de regímenes penales
que se concentran en la vuelta del preso a la sociedad. La Regla enfatiza que se
debiera estimular no sólo la formación de actitudes favorables a la sociedad, sino
que también las destrezas sociales, información y oportunidades después de la salida
en libertad deben ser tales que faciliten una vida de respeto a la ley al salir de prisión.

29. La Regla 59 reconoce que no existe una forma única y simple para lograr programas
de mejoramiento para los reclusos. Se necesita una gran variedad de programas de
rehabilitación, si se quiere abordar adecuadamente las condiciones y problemas de
los presos (véase la Sección VIVI).
No obstante, lo que todos esos programas tienen en común es que tratan de aumentar
las oportunidades para que los presos elijan alternativas responsables para manejar
sus vidas, ya sea durante o después del período de encarcelamiento. Sin embargo,
hay reclusos que expresan claramente que no tienen la intención de vivir una vida
de respeto hacia la ley al quedar en libertad. El personal penitenciario tiene la
responsabilidad de desafiar constantemente dichas afirmaciones, que algunas veces
pueden ser no más que una expresión del deseo de aprobación de sus iguales. En
algunos casos, se puede lograr un cambio de actitud. No obstante, bien puede existir
una pequeña cantidad de reclusos que realmente no tengan intenciones de vivir
dentro de las normas de la ley y, en consecuencia, manifiesten poco o ningún interés
en el propósito de los programas de rehabilitación. Sin embargo, en la medida que
lo deseen, debiera permitírseles participar en programas constructivos. El uso
adecuado del tiempo en prisión podría aún tener un efecto positivo.

30. No se debe ofrecer diferentes formas de ayuda a los presos con el fin inmediato de
asegurar el ajuste a la sociedad. Hay muchas formas de ayuda disponibles para los
ciudadanos en la sociedad por derecho, y frecuentemente no hay razón para excluir
a los reclusos de que disfruten de tales derechos. De esta manera, por ejemplo, la
intervención médica para curar un impedimento físico se puede considerar importante
para la subsiguiente adaptación del recluso, no obstante el tratamiento se debiera
dar aun si éste no fuera el caso.

La vida en prisión orientada a la comunidad; el principio de normalidad.


31. Regla 60 (1)

El régimen del establecimiento debe tratar de reducir las diferencias que


puedan existir entre la vida en prisión y la vida libre en cuanto éstas
contribuyan a debilitar el sentido de responsabilidad del recluso o el respeto
a la dignidad de su persona.

(2)

Es conveniente que, antes del término de la ejecución de una pena o medida,


se adopten los medios necesarios para asegurar al recluso un retorno
progresivo a la vida en sociedad. Este propósito puede alcanzarse, según los

30
casos, con un régimen preparatorio para la liberación, organizado dentro
del mismo establecimiento o en otra institución apropiada, o mediante una
liberación condicional, bajo una vigilancia que no deberá ser confiada a la
policía, sino que comprenderá una asistencia social eficaz.

En el párrafo 2 de esta sección, se señaló que la libertad de los presos, los contactos
externos y las posibilidades para el desarrollo personal, no se debieran limitar más
de lo absolutamente necesario, y que las reglas y los requisitos penitenciarios debieran
ser conducentes a prepararlo para una vida normal en la comunidad después de
obtener la libertad. Estos preceptos se encuentran a veces incluidos en un solo
principio, denominado el “principio de normalidad” (Entre otras cosas, la Sección
V explica en detalle las implicaciones de este principio en la práctica penitenciaria).
El principio de normalidad no significa que las condiciones de vida en prisión deban
ser exactamente las mismas que las que imperan afuera; lujosas, por ejemplo, en
una sociedad opulenta, o deplorables y deficientes en una sociedad empobrecida.
En cambio, la Regla 60 (1) se refiere a las diferencias entre las condiciones de vida
en prisión y aquellas de la comunidad que privan a los reclusos de su sentido de
responsabilidad o del respeto que se merecen como seres humanos.

32. La Regla 60 (1) señala que las diferencias entre la vida en prisión y la vida común
pueden socavar el sentido de responsabilidad del recluso y el respeto por su dignidad
humana. Esto ocurre porque el régimen penitenciario se ha enfocado,
tradicionalmente, en la reglamentación detallada de la vida del recluso de tal modo
que lo priva de las oportunidades para el ejercicio de la iniciativa y responsabilidad
personal. Para que los fines del encarcelamiento descritos en la Regla 58 se logren,
es imprescindible que estas diferencias entre la vida “interna” y “externa” se
disminuyan. La reducción de las diferencias es crucial para que el recluso al quedar
en libertad sea capaz de adaptarse a la vida en la comunidad. Debe notarse que la
Regla 60 (2) dice que es conveniente que se asegure un regreso gradual a la vida en
sociedad y sugiere un enfoque flexible al describir los pasos que se debieran tomar
para lograr tal reintegración. Se menciona como una posibilidad un régimen antes
de salir en libertad en la misma u otra institución. Un ejemplo de esto es cuando a un
recluso que cumple sentencia en un centro penitenciario de alta seguridad, se le
traslada a una prisión abierta o que esté cerca de su casa, con el fin de prepararlo
efectivamente para la liberación.

33. Otra posibilidad que se menciona en la Regla 60 (2) es poner al recluso en libertad
a prueba y bajo supervisión. Se debe hace notar en este momento que dichas medidas
como la salida condicional del centro penitenciario, disminución de sentencia y la
libertad bajo palabra o remisión por buena conducta equivalen, a falta de la
preparación para la salida en libertad adelantada, a “regreso gradual a la vida en la
sociedad”. Al contrario, éstas medidas representan generalmente un retorno inmediato
y real a la vida en la comunidad, que a menudo enfrenta al recluso con problemas de
vida reales desde el momento en que deja el edificio penitenciario. Especialmente
después de un período largo de encarcelación, los reclusos se sienten, muchas veces,
incapaces de manejar incluso situaciones simples, como viajar en bus o en tren,
mucho menos ocuparse de beneficios sociales, buscar trabajo o casa. Por lo tanto, la
Regla 60 (2) implica que se debe realizar una preparación previa, con el fin de

31
obtener informaciones y habilidades sociales esenciales antes de salir de prisión.
Asimismo, esta Regla indica que dichas habilidades no siempre se pueden aprender
dentro de la cárcel. Los reclusos requieren la práctica en la comunidad, la que se
puede otorgar al permitir salidas de prueba de la prisión.
34. La Regla 60 (2) no dice nada de cómo se seleccionará a los presos para los permisos
de prueba. Puede ser difícil determinar el grado de riesgo para el público, cuando
los presos han sido sentenciados por delitos muy graves o que muestran señales de
desórdenes mentales. Al mismo tiempo, muchos, en realidad la mayoría de los
reclusos, regresan a la sociedad y la pregunta principal es si lo hacen adecuadamente
preparados y supervisados en forma constructiva. Con el fin de garantizar que el
recluso tenga un acceso justo a tal importante medida y que existan garantías para
él, el público y la administración penitenciaria, es conveniente que un cuerpo
independiente se encargue de las decisiones para poner en libertad en casos difíciles.
Dicho procedimiento estaría de acuerdo con las disposiciones del Principio 4 del
Conjunto de Principios para la protección de todas las personas sometidas a
cualquier forma de detención o de prisión
prisión, adoptado por la Asamblea General de
las Naciones Unidas en diciembre de 1988, el que determina:

Toda forma de detención o prisión y todas las medidas que afectan a los
derechos humanos de las personas sometidas a cualquier forma de detención
o prisión, deberán ser ordenadas por un juez u otra autoridad, o quedar
sujetas a la fiscalización efectiva de un juez y otra autoridad.

El Principio 11 (3) del mismo documento afirma:

Se facultará a un juez o a otra autoridad para considerar la prolongación


de la detención según corresponda.

35. La Regla 60 (2) excluye en forma categórica que la supervisión esté a cargo de la
policía. En lugar de esto, requiere que cualquiera que sean los métodos utilizados,
deben ofrecer al recluso en libertad ayuda social efectiva. Este requisito deriva,
naturalmente, del propósito de rehabilitación del permiso a prueba.

36. Lo mencionado anteriormente sólo se refiere a los principios generales. Otras reglas
citadas y comentadas en diversas partes del presente manual, delinean medidas más
concretas que se pueden y que deben tomarse en cuenta con el propósito de ayudar
al recluso en libertad a adaptarse en la sociedad.

Principios guía con respecto a reclusos no sentenciados


37. Los reclusos no sentenciados se encuentran, a menudo, en peores condiciones que
aquellos sentenciados. Sin embargo, debido a la “presunción de inocencia”, su
situación debiera ser más favorable en diversos aspectos.

Regla 84 (1)

A los efectos de las disposiciones siguientes es denominado “acusado” toda


persona arrestada o encarcelada por imputársele una infracción a la ley
penal, detenida en un local de policía o en prisión, pero que todavía no ha
sido juzgada.

32
(2)
El acusado gozará de una presunción de inocencia y deberá ser tratado en
consecuencia.

(3)
Sin perjuicio de las disposiciones legales relativas a la protección de la
libertad individual o de las que fijen el procedimiento que se deberá seguir
respecto a los acusados, estos últimos gozarán de un régimen especial cuyos
puntos esenciales solamente se determinan en las reglas que figuran a
continuación.

Prohibición de tortura y otro tratos o penas crueles, inhumanos o


degradantes
38. Existe ahora un cuerpo de evidencia importante, reunido por instituciones
intergubernamentales y no gubernamentales respetadas, que demuestra que en todas
partes del mundo las condiciones de arresto o detención preventiva se prestan,
frecuentemente, a graves críticas. Estas críticas son amplias; no sólo incluyen actos
de tortura probados, sino que también sistemas de detención, que imponen severas
privaciones a personas que aún no han sido declaradas culpables de un delito. La
prohibición de la tortura es absoluta. La prohíbe el Artículo 5 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos
Humanos, la que afirma,
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o
degradantes.
La afirmación está confirmada en los mismos términos bajo el Artículo 7 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas de 1966.
Se confirma nuevamente en la Declaración de las Naciones Unidas sobre la
Protección de Todas las Personas contra la Tortura y otros Tratos o Penas
Crueles, Inhumanos o Degradantes de 1975 la que denominó a la tortura “una
ofensa hacia la dignidad humana” y definió qué es tortura (Artículo 1). Además, la
tortura se encuentra prohibida por la Convención de las Naciones Unidas contra
la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes que,
siguiendo de la Declaración, fue adoptada por la Asamblea General en 1984 y entró
en vigor en 1987. (Véase además la Sección II
II).
39. En lo que concierne a los sistemas de detención, éstos a menudo se traducen en
mantener al recluso virtualmente en confinamiento aislado durante gran parte o por
todo el día. La detención puede ser en celdas muy pequeñas, durante un largo período;
en algunos casos, años. Este puede ser especialmente el caso de las celdas policiales.
Es posible que existan pocas o ninguna provisión de ocupación durante el día. Se
supone que la naturaleza restrictiva de muchos sistemas de detención necesariamente
tendrá consecuencias negativas y serias para la salud y el bienestar, especialmente
cuando se recuerda que los detenidos se encuentran, a menudo, en un estado severo
de nerviosismo y ansiedad. Las consecuencias más graves son el suicidio y la auto-
mutilación. Es necesario, por lo tanto, capacitar a la policía y al personal penitenciario,
sobre cómo identificar a las personas en peligro y saber qué acción tomar. La
administración penal tiene la responsabilidad de asegurar que se redacte una política
de restricción de daños y de darla a conocer al personal.
33
Los detenidos en cuarteles policiales
40. La Regla 84 (1) indica que el término “acusados”, no incluye sólo a aquellos que se
encuentran detenidos en prisión, sino que también a aquellos en custodia policial.
La inclusión de la custodia policial en la definición es especialmente significante,
ya que, a menudo, las violaciones de los derechos humanos ocurren durante el período
en custodia policial. Por consiguiente, los gobiernos tienen la responsabilidad de
verificar que las administraciones policiales estén enteradas e informadas sobre las
RM y los otros instrumentos internacionales pertinentes con respecto a los reclusos
en espera de juicio.

La presunción de inocencia
41. La Regla 84 (2) establece el principio de presunción de inocencia. El mismo principio
también se encuentra en el Artículo 11.1 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos
Humanos, en el Artículo 14.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos
Políticos, y en el Conjunto de Principios para la Protección de todas las perso-
nas bajo cualquier forma de detención o de prisión prisión, Principio 36
36. No puede
haber duda alguna de que la presunción de inocencia es de fundamental importancia
para la administración de la justicia criminal. La Regla da por sentado que la
presunción de inocencia justifica y lleva a un tratamiento de los detenidos que, en
ciertas formas, tiene el propósito de ser más favorable que aquel dado a los presos
sentenciados. La naturaleza amplia de la diferencia es el tema de la Regla 84 (3)
(3).

42. Dicha regla comienza, sin embargo, con dos estipulaciones principales, que atañen
a la conducción general de una investigación criminal. Éstas aclaran que las RM no
pretenden anular las reglas legales que se supone existen para la realización de una
investigación criminal con la debida consideración para la protección de la libertad
individual. Dentro de estos límites, sin embargo, las RM requieren que los reclusos
no procesados se beneficien de un régimen especial, justificado por la presunción
de inocencia.

Sistema para acusados


43. Las Reglas consecutivas discutidas en diversas partes de este manual - describen las
características esenciales de dicho sistema. La Regla 84 (3) enfatiza que estos
requisitos son de carácter mínimo. Esto significa que los gobiernos debieran tratar
de proporcionar incluso mejores condiciones para los presos no procesados que
aquellas indicadas en las Reglas. De hecho, como se mencionó anteriormente, a
menudo ocurre lo contrario. En muchos países, la situación de los detenidos en
espera de juicio está lejos de lo que se pudiese esperar de la presunción de inocencia
y las Reglas que atañen a un régimen especial. Los sistemas especiales podrían
incluir visitas familiares y oficiales, trabajo voluntario y actividades educacionales
y físicas.

44. Algunos detenidos admiten abiertamente su culpa y señalan su intención de declararse


culpables de un delito. En tales casos, y si pareciera probable que se les sentenciará
a prisión, existen buenas razones para que se trate de interesarlos en planear el uso
constructivo de su tiempo en prisión.

34
Reclusos civiles
45. Regla 94

En los países cuya legislación dispone la prisión por deudas u otras formas
de prisión dispuestas por decisión judicial como consecuencia de un
procedimiento no penal, los así sentenciados no serán sometidos a mayores
restricciones ni tratados con más severidad que la requerida para la
seguridad y el mantenimiento del orden. El trato que se les dé no será en
ningún caso más severo que el que corresponda a los acusados a reserva,
sin embargo, de la obligación eventual de trabajar.

La Regla 94 se aplica a reclusos civiles, generalmente deudores. El lazo común


entre todas las personas, incluidas en el grupo de presos civiles es que se encuentran
en prisión como resultado de un proceso no criminal. La Regla hace distinción entre
estas personas y los delincuentes sentenciados, exigiendo que las primeras no sufran
de las mismas privaciones que los últimos. Así, a los presos civiles se les debe dar el
mismo trato que a los detenidos no procesados, excepto que se les puede hacer
trabajar.

Personas sin cargos


46. Regla 95

Sin perjuicio de las disposiciones del artículo 9 del Pacto Internacional de


Derechos Civiles y Políticos, las personas detenidas o encarceladas sin que
haya cargos en su contra gozarán de la misma protección prevista en la
primera parte y en la sección C de la segunda parte. Asimismo, serán
aplicables las disposiciones pertinentes de la sección A de la segunda parte
cuando esta aplicación pueda redundar en beneficio de este grupo especial
de personas bajo custodia, siempre que no se adopten medidas que impliquen
que la reeducación o la rehabilitación proceden en forma alguna respecto
de personas no condenadas por un delito penal.

La Regla 95 se aplica a aquellos que no están en espera de juicio ni sentenciados


por un delito criminal. A dichas personas se les brinda una serie importante de
derechos y protecciones incluidas en el Artículo 9 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos
Políticos. En resumen, el Artículo 9 estipula que el arresto,
detención y privación de la libertad no sean arbitrarias, sino que sólo se deben usar
con arreglo a los procedimientos legales. El Artículo además señala que a las perso-
nas arrestadas se les informará prontamente sobre cualquier acusación que exista en
su contra y tendrán derecho a proceso dentro de un tiempo razonable, o a la libertad.
Además, las personas arrestadas o detenidas tendrán derecho a iniciar procedimientos
ante una corte, con el fin de que ésta pueda decidir sin retraso sobre la legalidad de
la detención y ordenar la libertad si la detención no es legal. Las disposiciones de la
Regla 95 no debilitan ni invalidan ninguno de estos derechos y protecciones.

47. Por lo tanto, nada justifica condiciones de encarcelamiento desfavorables para tales
personas. La ausencia de acusaciones y con esto la ausencia de una sentencia de
encarcelamiento les da derecho, en cambio, a los sistemas más favorables que se

35
deben utilizar con personas que se encuentran arrestadas o esperando juicio. Al
mismo tiempo, estas personas no estarán sujetas a medidas que indiquen ser
reeducados o rehabilitados en la misma forma que aquellos condenados por un delito
criminal. En la práctica, las personas contempladas bajo la Regla 95 son
frecuentemente extranjeros, quizás con familias, que esperan la deportación. Las
circunstancias especiales de este grupo requieren, a menudo, que se les debe
proporcionar la ayuda apropiada.

36

Common questions

Con tecnología de IA

La preparación previa a la salida de prisión es crucial para dotar a los reclusos de las habilidades e información necesarias para enfrentar la vida en sociedad. Se sugiere implementar permisos de prueba, entrenamiento en habilidades sociales, y un enfoque gradual para la reintegración a la comunidad, asegurando que los reclusos puedan adaptarse de manera efectiva al mundo externo .

Las diferencias significativas entre la vida en prisión y la vida externa pueden debilitar el sentido de responsabilidad y la dignidad de los reclusos, dificultando su adaptación después de la liberación. Este desfase impide que los reclusos desarrollen las habilidades necesarias para su reintegración exitosa a la sociedad, haciendo esencial la minimización de estas diferencias para asegurar que los reclusos estén preparados adecuadamente .

Al ser liberados, los reclusos a menudo enfrentan dificultades para manejar situaciones de la vida cotidiana, como usar el transporte público o buscar empleo. Para mitigar estos desafíos, las Reglas Mínimas sugieren un regreso gradual a la vida en sociedad, que incluye entrenamiento en habilidades sociales y permisos de prueba para practicar en la comunidad, ayudando así a una mejor reintegración y adaptación a la vida fuera de prisión .

Las Reglas Mínimas prohíben cualquier forma de discriminación, implementando prácticas penitenciarias que no se basen en prejuicios o parcialidades, de acuerdo con el Artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esto es reforzado por el Principio 2 de los Principios Básicos para el Tratamiento de Reclusos y el Artículo 7 de la Declaración Universal, que sostienen la igualdad ante la ley y la protección contra discriminación .

Las Reglas Mínimas establecen que el tratamiento imparcial de los reclusos es esencial para prevenir prácticas penitenciarias basadas en prejuicios o intolerancias. Esto es fundamental tanto para la protección de los derechos humanos universales como para mantener un sistema penitenciario justo y efectivo, tal como estipulado por convenciones internacionales .

Las administraciones penitenciarias están obligadas a asegurar que los recintos penales sean ambientes seguros para los reclusos y el personal, garantizando la protección contra cualquier tipo de violencia o amenaza. Esto es esencial para respetar el derecho a la vida, libertad y seguridad de la persona como estipulado en el Artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos .

El principio de normalización busca reducir las diferencias entre la vida en prisión y la vida externa para no socavar el sentido de responsabilidad y el respeto por la dignidad humana de los reclusos. Esto implica que la vida en prisión debe ser lo más cercana posible a la vida en comunidad, preparándolos para su eventual reintegración a través de un enfoque flexible que incluya entrenamiento y libertades graduales .

Los derechos humanos se aplican a las personas encarceladas basándose en los principios universales de derechos humanos, que incluyen el derecho a la vida, a no ser torturado, a la salud, al respeto de la dignidad humana, a un juicio justo, y a no ser discriminado. Aunque algunos derechos pueden ser limitados debido al encarcelamiento, como la libertad de movimiento y expresión, estos derechos fundamentales permanecen protegidos por tratados internacionales .

Las limitaciones a los derechos de los reclusos incluyen la restricción de ciertas libertades personales, derecho a la privacidad, libertad de movimiento, expresión, asamblea y voto. Estas limitaciones se justifican por la necesidad intrínseca de mantener el orden y la seguridad en los centros penitenciarios, mientras aseguran que cualquier restricción adicional sea una consecuencia necesaria y proporcional .

Las Reglas Mínimas no apuntan a establecer un sistema penitenciario perfecto debido a las diversas variaciones económicas, sociales, históricas y políticas entre países. En cambio, proporcionan una guía flexible para adaptar prácticas penitenciarias a realidades contextuales, respetando las diferencias culturales y buscando la implementación de derechos humanos fundamentales en diversos entornos .

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