0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas2 páginas

Sudáfrica: De apartheid a democracia

Sudáfrica ha pasado de un régimen de apartheid a una democracia, con Nelson Mandela como símbolo de la lucha contra el racismo y líder en las primeras elecciones democráticas de 1994. A pesar de los avances en infraestructura y la creación de una clase media negra, persisten desigualdades significativas entre las razas y problemas en el sistema educativo y sanitario. La corrupción y el clientelismo han afectado la política del ANC, y el país enfrenta desafíos económicos y sociales que requieren una regeneración del estado y del partido.

Cargado por

angelin82
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas2 páginas

Sudáfrica: De apartheid a democracia

Sudáfrica ha pasado de un régimen de apartheid a una democracia, con Nelson Mandela como símbolo de la lucha contra el racismo y líder en las primeras elecciones democráticas de 1994. A pesar de los avances en infraestructura y la creación de una clase media negra, persisten desigualdades significativas entre las razas y problemas en el sistema educativo y sanitario. La corrupción y el clientelismo han afectado la política del ANC, y el país enfrenta desafíos económicos y sociales que requieren una regeneración del estado y del partido.

Cargado por

angelin82
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TEMA 32: SUDÁFRICA: DEL RACISMO A LA DEMOCRACIA

1. El fin del apartheid

El gran triunfo de la democracia en África es la transformación de Sudáfrica, uno de los más


poblados y de mayor PIB del continente, que sufrió durante décadas un sistema de extrema
discriminación racial: el apartheid. Institucionalizado en 1948, el apartheid implicaba el dominio de la
minoría blanca, de origen holandés y británico, sobre la gran mayoría de la población y sus tres grupos:
negros, mestizos y asiáticos. La larga lucha contra la opresión racista la protagoniza el Congreso Nacional
Africano (ANC), que usó medios pacíficos mucho tiempo, pero a partir de 1961 promueve acciones
armadas. A finales de los ochenta, las protestas de los barrios negros toman gran nivel de violencia y el
régimen racista está internacionalmente aislado, por lo que, con el fin de la Guerra Fría, las autoridades
optan por una salida negociada.
El primer paso es la liberación de Nelson Mandela, dirigente del ANC, encarcelado desde 1962 y
principal símbolo de la resistencia contra el racismo. Su voluntad de reconciliación y firmeza
contribuyeron al éxito de la transición democrática. Recibió el Nobel de la Paz junto a Frederick de Klerk,
el gobernante blanco que impulsó el fin del apartheid. La transición no fue fácil, con estallidos de
violencia, pero el paso clave se da en 1994 con las primeras elecciones democráticas abiertas a todos los
ciudadanos, donde el ANC triunfa con el 62% de los votos y Mandela es presidente de Sudáfrica.
El Congreso Nacional Africano tenía un componente ideológico marxista con el apoyo de la URSS y
una alianza hasta hoy con el Partido Comunista de Sudáfrica. Pero en los noventa, tras el hundimiento de
la URSS, sus dirigentes renuncian a los objetivos máximos de su programa y adoptan un programa
socialdemócrata. Evitan las nacionalizaciones y optan por la liberalización económica, acabando con
medidas proteccionistas del anterior régimen. Las empresas blancas que dominaban la economía son
respetadas, mientras la crisis de sectores tradicionales genera un gran desempleo, lo que provoca el
descontento popular. Se opta por la prudencia económica y un esfuerzo de reconciliación para evitar la
confrontación, con una Comisión de la Verdad y Reconciliación que escucha a víctimas y verdugos.

2. La situación social de Sudáfrica en la actualidad

Para muchos la corrección de la desigualdad social ha sido insuficiente. Sigue habiendo una brecha
enorme entre blancos y negros, sobre todo en el campo, donde una tímida reforma agraria apenas revirtió
el legado del apartheid. De hecho, aunque desde 1980 se ha doblado el PIB, el crecimiento del PIB por
habitante es poco relevante.
La política de gasto público ha generado un rápido desarrollo de las infraestructuras básicas y
servicios sociales, mejorando las condiciones de vida. Se ha desarrollado una clase media negra
favorecida por la promoción del acceso de los negros a puestos bien pagados. Los blancos, el 10% de la
población, siguen con un nivel de vida muy superior al de la mayoría. Aunque casi la cuarta de la
población vive en la pobreza, ésta se ha reducido desde 2001, sobre todo con subsidios a la infancia.
También se ha avanzado en la vivienda para pobres y las infraestructuras de agua y electricidad. En 2012
se crea un Plan Nacional de Desarrollo contra la pobreza y la desigualdad. El problema serán los recursos
para ponerlo en marcha, ya que la crisis también ha afectado.
Particularmente grave es la escasa calidad del sistema sanitario público y del educativo, sobre todo
de las escuelas para niños negros. Su escasez, absentismo, baja formación del profesorado y la actitud es
la raíz del problema.
Las comunidades blanca, negra, mulata e india siguen viviendo en mundos separados. Sólo la clase
media se mezcla en sus barrios. Los blancos se concentran en Ciudad del Cabo y Johannesburgo y otras
ciudades La principal preocupación de este grupo es su marginalidad política, al no tener puestos
relevantes en el ANC. Además, los afrikáners descendientes de holandeses ven cómo su lengua pierde
presencia. También el número de pobres blancos está aumentando. En todo caso, los grupos extremistas
han desaparecido y el crimen baja un poco, a pesar de ser unas cifras aún altísimas.
3. La sucesión política de Mandela

La hegemonía política del ANC se ha mantenido, aunque pierda fuerza por los fenómenos de
clientelismo y corrupción en el partido cada vez más graves. Tras la presidencia de Mandela en 1999 le
sucede su vicepresidente, Mbeki, con pragmatismo en temas económicos, impulso a la política social y
esfuerzos por pacificar los conflictos africanos y potenciar el papel de África en el escenario mundial.
Pero la desconfianza hacia la cultura occidental llevó a Mbeki a un gravísimo error, negar la explicación
del sida y negarse a las medidas adecuadas, lo que hizo perder a Sudáfrica unos años preciosos frente a
una epidemia devastadora para el país y que impide que la esperanza de vida mejore más.
En 2005 Mbeki, reelegido para un segundo mandato, destituyó a su vicepresidente Jacob Zuma,
político muy popular que tenía graves cargos por corrupción y violación. Pero cuatro años después fue él
el depuesto, cuando la mayoría del Congreso apoya a Zuma, que salió bien parado de la justicia. Zuma, en
teoría más de izquierdas que su antecesor, fue elegido presidente en 2009 y gobernó hasta 2018. De nuevo
el propio partido debió forzar su relevo por la gran corrupción que había convertido el estado en un
instrumento para su enriquecimiento y el de sus compinches. Tal fue la rapiña que los servicios públicos
se deterioraron, la inversión internacional huyó, la economía entró en recesión, y la deuda pública y el
paro se multiplicaron. Ramaphosa, ganador de las elecciones de 2019, tiene la difícil tarea de revertir la
situación, limpiar el partido y reactivar la economía.

4. Los problemas a los que se enfrenta Sudáfrica en el futuro

Pese al desgaste del CNA, la oposición política es débil, de ahí los problemas para controlar los
abusos de poder y la corrupción que ha generado una nueva élite negra muy vinculada al partido. La
Alianza Democrática, centrista y de políticas liberales, no tiene posibilidades de presentar batalla al CNA
al ser visto como un partido de blancos, indios y mestizos. También hay riesgo de que el descontento de
los más pobres se canalice por grupos populistas de izquierda con la sombra de Zimbabwe, proponiendo
nacionalizaciones, reforma constitucional y la expropiación de tierras sin compensación.
Sudáfrica es hoy un país de desarrollo humano medio que, hasta 2009, tuvo un crecimiento
económico satisfactorio. Se ha recudido la pobreza extrema y la población negra es el 50% de las clases
medias. Pero se enfrenta a problemas agravados por la nefasta gestión de Zuma, sobre todo el bajo niel de
vida de buena parte de la población, el incremento del a desigualdad y la violencia y la necesaria
regeneración del Estado y el CNA.
En conjunto se ha evitado que el fin del régimen racista condujera a la violencia y éxodo de la
minoría blanca, cuya contribución al desarrollo económico es fundamental por su elevada formación. El
proyecto político de una Sudáfrica multiétnica es apoyado por dos tercios de la población. Sigue habiendo
división, pero mucha menos que hace veinte años.

También podría gustarte