TEMA 35: LATINOAMERICANOS: MÉXICO, COLOMBIA Y VENEZUELA
1. México
1.1 La hegemonía histórica del PRI hasta su primera caída
De gran dimensión demográfica (120 millones de habitantes) y una economía entre las diez mayores
del mundo, México es un líder natural para la comunidad latinoamericana. Su cercanía con EE.UU., sus
inversiones directas en la mayoría de países de la región y la capacidad de influencia de sus medios de
comunicación multiplican la proyección del país.
A diferencia del contexto de la región, su régimen político fue inalterable la mayor parte del siglo
XX. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) dominó las instituciones durante décadas consolidando
una hegemonía en toda la Administración. Tras medio siglo en el poder, el régimen del PRI se debilitó.
La deflación de 1981 lleva a la primera bancarrota nacional y para solucionar la gran deuda externa se
eligen presidentes tecnócratas que reflotan la economía con programas privatizadores, frenan la
abrumadora burocracia y multiplican el comercio exterior.
Pero en sus presidencias se evidencia el agotamiento del modelo, saltando a la luz la corrupción
generalizada mientras surgen alternativas políticas. En las elecciones de 1994 aún el PRI venció pero
recortó su respaldo hasta el 50%. El nuevo presidente Ernesto Zedillo siguió con políticas liberalizadoras,
se enfrentó a la crisis económica y política de 1994 y recibió los primeros beneficios del Tratado de Libre
Comercio de América Norte.
1.2 La alternancia en el poder de México
En las elecciones de 2000 el PRI fue derrotado, aunque mantuvo mayoría en el Parlamento,
incrementando su caída en 2006 al bajar a tercera fuerza mientras la mayoría de municipalidades pasan a
otras fuerzas. Su relevo lo coge el Partido de Acción Nacional (PAN) que en 2000 sitúa presidente a
Vicente Fox, relevado en 2006 por Felipe Calderón. La gestión del conservador PAN consistió en reducir
la burocracia federal, el recorte de la autonomía de los estados y una limitada reforma de programas
sociales. La economía mexicana, muy integrada con la de EE.UU., tuvo un crecimiento notable basado en
altos precios de exportaciones petroleras, creación de tejido industrial subordinado (maquiladoras)
remesas de emigrantes en EE.UU. y la inversión exterior.
El mayor problema para el desarrollo mexicano ha sido el crimen organizado, con la actuación de los
cárteles de la droga que monopolizan los tráficos ilícitos hacia EE.UU., incrementando la corrupción
institucional y la violencia social.
En las elecciones de 2012 el PRI volvió a tener el respaldo mayoritario tras una profunda
refundación. Enrique Peña Nieto introdujo programas de transformación institucional en dirección
contraria a las políticas anteriores, algunos incisivos como una nueva ley de educación pública y reforma
sindical, culminando con su reforma energética y el abandono del principio de la no reelección. En el
balance de su gestión hay una estabilidad económica, la creación de puestos de trabajo y el desarrollo de
infraestructuras; pero su mandato es ensombrecido por la impunidad de la delincuencia, violencia y
corrupción.
Las elecciones presidenciales de 2018 son un plebiscito para los partidos de centro derecha (PRI-
PAN) y el triunfo del candidato más progresista, Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución
Democrática. López Obrador no pretende una sustitución de políticas públicas, sino una refundación del
régimen político en lo que él denomina la cuarta transformación del país.
2. Colombia
2.1 Los violentos años ochenta de guerrilla y narcotráfico
Su historia se basa en dos constantes: la fortaleza de unas instituciones legitimadas con elecciones
periódicas, y la persistencia de la violencia política. El último cuarto de siglo mantiene ambas constantes,
alternándose en el Gobierno los dos partidos tradicionales, la expansión de las guerrillas, crecimiento del
narcotráfico y, en contraste con lo anterior, la solidez de su desarrollo económico.
Los dos grandes partidos tradicionales, Conservador y Liberal, se suceden en el gobierno los últimos
150 años. Pero esta estabilidad partidista no garantizó la alternancia pacífica, con reiterados episodios de
violencia que culminan en el periodo 1946-58: La Violencia. La inmovilidad del sistema de partidos y la
represión de movimientos alternativos llevan en los sesenta y setenta a que surjan núcleos guerrilleros, el
gran cáncer político: las FARC, ELN, EPL o M-19. El amplio apoyo de los más desfavorecidos, la
migración rural hacia grandes ciudades y el beneficio del tráfico de droga sostiene las más antiguas y
fuertes guerrillas de Latinoamérica.
En los ochenta a la violencia de la guerrilla se suma la aparición de cárteles de la droga, que
vertebran grupos financieros con corrupción en todos los niveles. También se organizan grupos
paramilitares contrarrevolucionarios, a veces armados de modo oscuro por el estado y otras como
ejércitos privados de narcotraficantes. En esa época los grupos guerrilleros pasan de sus acciones
tradicionales de ocupación del territorio a técnicas de grupos terroristas. La violencia ya no está solo en el
ámbito rural, sino que llega al corazón de las grandes ciudades.
2.2 La proliferación de la violencia de las guerrillas y el primer intento de paz de Pastrana
En un clima de violencia y narcoterrorismo, el presidente César Gaviria (1990-94) propone una
Asamblea Constituyente y nueva Constitución 1991, intentando pacificar el territorio y una respuesta de
consenso a las facciones en armas. El Partido Liberal impuso políticas económicas de tipo neoliberal que
abrieron Colombia al comercio exterior, creciendo las exportaciones pero sin lograr inversiones externas,
ya que eran muy poco atractivas por la violencia. El principio de no extradición de la Constitución hizo
que Pablo Escobar se entregara a la justicia para luego huir y ser abatido más tarde en 1993. El también
liberal Ernesto Samper (1994-98) mantiene la política económica con programas de vocación social en
salud, educación o pobreza. Aunque persistió la actuación contra los grupos violentos, su presidencia fue
ensombrecida por acusaciones de financiación ilegal procedente del narcotráfico.
El nivel de violencia era tal que se comprometía la integración territorial y la seguridad nacional.
Con la desmembración de los grandes grupos de la droga (Medellín y Cali), las guerrillas y paramilitares
controlan el tráfico de estupefacientes, enriqueciéndose más aún. Esto hizo que en la campaña electoral de
1998 se articularan en torno a las propuestas para acabar con la violencia, imponiéndose el conservador
Andrés Pastrana (1998-01).
Pastrana abrirá un proceso de paz y negociaciones con organizaciones guerrilleras, empezando por
las FARC. Para realizarse se despejó militarmente el territorio de las FARC en El Caguán, dándose
tensión entre militares y Gobierno A pesar del escaso avance de negociaciones, Pastrana las mantuvo
abiertas dos años sin resultados que las FARC aprovecharon para ganar posiciones. Entonces Pastrana
cerró la mesa y volvió a la política previa. El fracaso de la iniciativa y la gran amenaza de las bandas
armadas hicieron que el mismo electorado que apoyó el proceso de paz luego pidiera fuerza.
2.3 La década de los 2000 y la elección de Uribe
En las elecciones de 2002 se impuso un candidato ajeno a los partidos tradicionales, el exliberal
Álvaro Uribe, que revalidó en 2006. El programa de Uribe tenía tres bases: lucha contra la insurgencia,
políticas económicas liberalizadoras, y renovación del sistema político. La lucha contra la guerrilla parte
de unas exigencias para entablar conversaciones que sólo aceptan los paramilitares, por lo que se propaga
la idea de su impunidad ante los crímenes y el narcotráfico. La política de seguridad democrática tenía
como objetivo materializar la presencia del Estado en todo el territorio, deslegitimar la guerrilla de las
FARC y el incremento de la presión militar. Si antes se contempló un acuerdo pacificador, Uribe
perseguía una derrota militar.
La reforma institucional se hizo reagrupando ministerios o gestionando contra la patrimonialización
de las instituciones del Estado por los partidos tradicionales. Pero la mayor reforma fue la constitucional
para permitir la reelección presidencial inmediata. La economía colombiana tenía una base sólida tras el
aumento de la actividad exportadora y un tratado de libre comercio con EE.UU. Los éxitos del mandato
de Uribe y su alta popularidad le hicieron intentar una nueva reelección en 2010, pero el Tribunal
Supremo negó la reforma constitucional que permitiría su candidatura.
2.4 La década de los diez y la paz con las guerrillas
El respaldo logrado por Uribe lo recibió su heredero Juan Manuel Santos (2010-18), que mantuvo la
continuidad en sus políticas. Pero tras su primer año de gobierno cambió en política exterior
(acercamiento a la Venezuela de Chávez), economía (infraestructuras y políticas sociales) y en defensa.
Sin relajar el acoso a los grupos armados, abrió cauces de contacto para un nuevo ciclo de negociaciones
fuera de Colombia, alcanzándose el Acuerdo para la Terminación Definitiva del Conflicto en 2016, que
posibilita la desmovilización de las FARC y su integración en la política como partido.
A pesar de la creciente oposición por el cambio de política ante las FARC (el propio Uribe se hace
detractor creando un partido, Centro Democrático), los buenos resultados económicos y la fragmentación
de la oposición le permiten revalidar a Santos en 2014. Su segundo mandato está marcado por la firma de
los acuerdos de paz y una entrada de inversión exterior, permitiendo buenos índices económicos que se
trasladan a la sociedad mejorando infraestructuras y subiendo el nivel de vida.
Con un espectro muy fragmentado, en las elecciones de 2018 se impone Iván Duque al frente de una
coalición de centro derecha y perteneciente al Centro Democrático que fundó Uribe. Aunque al principio
es muy aceptado, pronto pierde valoración. Se debe al nombramiento de un gabinete técnico con poca
experiencia política pero sobre todo que, a pesar de su anterior oposición, Duque mantuvo el proceso de
paz con las FARC.
3. Venezuela
3.1 Evolución de Venezuela durante la segunda mitad de siglo
La evolución de Venezuela ha estado potenciada y lastrada por el petróleo. Su abundancia ha creado
una absoluta dependencia económica, con el 96% de sus divisas procedentes de la exportación de crudo.
Estos grandes beneficios han sido la causa del reducido desarrollo del resto de la industria y agricultura.
El sistema de subvenciones estatales y la facilitad de importar productos manufacturados creó una gran
deuda exterior cuando los precios del crudo bajaron en los ochenta, lo que creó una espiral inflacionista
que desestabilizó el país.
El desarrollo petrolero y conversión de Venezuela en potencia exportadora se da en la segunda mitad
de siglo bajo la dictadura de Pérez Jiménez. Su final en 1958 inaugura un nuevo sistema de partidos
dominado por Acción Democrática (nacionalista y progresista) y COPEI (democracia cristiana) que se
alternan en el poder. Los grandes beneficios del petróleo no reducen las diferencias de renta ni la
inestabilidad social, derrochando esas divisas en subvenciones, fuga de capitales y corrupción. El triunfo
electoral de Rafael Caldera en 1994 al frene de una coalición progresista (Convergencia) pone fin al
turnismo pero no supone cambios en el sistema de gobierno.
3.2 El asalto y asentamiento de Chávez en el gobierno de Venezuela
Riqueza nacional, inmovilidad e injusticia social y corrupción sientan las bases para una gran
alternativa. En las elecciones de 1998 se impone un outsider, el excoronel Hugo Chávez, protagonista de
un golpe de estado fallido en 1992. Su programa tenía tres grandes objetivos: reforma constitucional,
lucha contra la corrupción y reducción de la pobreza. Usando los instrumentos del Estado, Chávez fue
transformando el régimen venezolano hacia un bonapartismo populista cobijado bajo la figura de Bolívar.
La nueva Constitución de 1999 continuó radicalizando la escena política.
En 2001 Chávez logra del Congreso la Ley Habilitante que le da plenos poderes legislativos para
dictar leyes. La incapacidad para frenar la actuación presidencial de la oposición radicaliza una actuación
que culmina con el golpe de Estado de abril de 2002, inicialmente triunfante pero luego fallido. La huelga
general e indefinida, lejos de debilitar al ejecutivo, polarizó aún más la política.
En agosto de 2004 hay un referéndum revocatorio en el que triunfa Chávez, al igual que en las
parlamentarias de 2005 (con la abstención de toda la oposición) y las presidenciales de 2006. En esta
campaña Chávez usó un conjunto heterogéneo de ideas que llamó socialismo del siglo XXI. Era un
conjunto de prácticas de capitalismo de Estado mezcladas con populismo y con un discurso progresista y
nacionalista.
En 2007 Chávez logra su segunda Ley Habilitante que le da plenos poderes durante 18 meses para
legislar en los principales campos. En diciembre de ese año hay un plebiscito para aprobar una nueva
Constitución pero con resultado adverso. Pero las facultades de la Ley Habilitante y el monopolio
legislativo en la Asamblea permiten a Chávez desarrollar las incorporaciones de esa non nata
Constitución como la transformación de las fuerzas armadas (instrumento de defensa de la revolución
bolivariana), ley de propiedad social (incautación de medios de producción), ley de comunicación social
(censura) y milicia nacional (militarización de la población civil). Estas actuaciones suponen la
consolidación definitiva del régimen autoritario, clonando aspectos del cubano pero manteniendo formas
democráticas.
Chávez tuvo una agresiva política exterior que pretendía extender la revolución bolivariana al resto
del continente. Logra sus mejores resultados en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras y países del
CARICOM y culmina un acercamiento a Brasil y Argentina con la entrada en MERCOSUR. Con un
discurso antiimperialista y de ideal latinoamericanista, el ALBA y los petrodólares le permiten crear una
gran red clientelar por América Latina. En 2008 la influencia exterior de Chávez disminuye por la crisis y
el deterioro económico de Venezuela.
3.3 El relevo de Chávez y la decadencia con Nicolás Maduro
Desde 2011 Chávez sufre graves problemas de salud que no le impiden una última victoria en las
elecciones de 2012 pero ni inicia su mandato, muriendo a inicios de 2013. Sustituido en funciones por su
vicepresidente Nicolás Maduro, éste acabó refrendado en las elecciones de abril. Sin el carisma de su
padrino y con divisiones internas, Maduro se enfrenta a dificultades económicas agravadas por su errática
política, desabastecimiento por las trabajas a las importaciones en un país que exporta petróleo e importa
artículos de consumo, y a una elevadísima delincuencia violenta.
El proceso de degeneración social produce dos oleadas de movilizaciones sociales (2014 y 2018) que
el régimen chavista atajó con movilizaciones de partidarios, represión, monopolio de la información y
distribución selectiva de productos básicos.
La crisis política ha alcanzado una parálisis institucional, dos asambleas que se disputan la
legitimidad, una separación de poderes ridiculizada, una Junta Electoral que bloquea a la oposición en las
urnas y unas fuerzas armadas como guardia pretoriana del régimen. Más grave es la crisis económica, con
una total depresión por la caída de precios del petróleo y la negligente conducción política. El bloqueo y
parálisis política y la depresión económica han producido la peor crisis humanitaria de la historia
venezolana, con la ruina de su sistema sanitario, desabastecimiento generalizado, malnutrición y extrema
pobreza.
La reelección de Maduro en las elecciones presidenciales de 2018, impidiendo la actividad de la
oposición, fue declarada fraudulenta por la Asamblea Nacional, siendo juramentado el presidente de la
Asamblea, Juan Guaidó. Éste fue reconocido por EE.UU., la mayoría de Gobiernos latinoamericano y los
de la Unión Europea. Un fallido intento de golpe de Estado en abril de 2019 evidencia que el respaldo
social mayoritario no puede apartar a Maduro del poder, pero también muestra la debilidad de su régimen,
sustentado solo por la fuerza militar.