Estrategias de Lectura: Ricitos de Oro
Estrategias de Lectura: Ricitos de Oro
o ¿Ya conocían esta historia? Quizás la conozcan con el nombre de “Los tres osos”.
Después de la lectura, las primeras intervenciones de la o del docente tienden a promover que fluya una
conversación general acerca del cuento de modo que todas las chicas y los chicos puedan participar desde lo que
fueron pensando mientras se leía, que sean escuchados –tanto por la o el docente como por las y los
compañeros– para hacer circular los conocimientos e interpretaciones, sean estas más o menos coincidentes con
las propias.
o Hay algo que me llama la atención. Es como si se empezara dos veces a contar el
cuento. Les releo esa parte:
Había una vez tres osos pardos: un oso grande, una osa mediana y un oso pequeño. Vivían en una casa amarilla,
con techo rojo, en medio del bosque. Un día los osos cocinaron una gran olla de sopa deliciosa para el
almuerzo. Como la sopa estaba muy caliente, el oso grande dijo a la osa y al osito: ¡Salgamos a dar un paseo
mientras la sopa se enfría!
Cerca del bosque vivía una niña llamada Ricitos de Oro. La pequeña era muy traviesa. Esa mañana estaba
jugando en el bosque y se entretuvo persiguiendo a una ardilla que corría por allí.
o ¿Se dan cuenta de por qué tengo la impresión de que el cuento empieza otra vez?
¿A ustedes qué les parece?
o ¿Por qué habrá decidido el autor contarlo de esa manera?
Seguramente, las chicas y los chicos advertirán que cada inicio corresponde a la introducción de diferentes
personajes, como si fuera una cámara que focaliza primero en los osos y luego en Ricitos.
Por otra parte, las dos focalizaciones sucesivas son conocidas por el lector, pero no por los personajes. Nosotros
sabemos que el paseo de los osos durará poco tiempo –solo el necesario para que la sopa se enfríe un poco–
pero Ricitos no lo sabe, ni siquiera sabe quiénes son los habitantes de la casa. La protagonista parece estar muy
tranquila mientras los lectores nos preocupamos por el riesgo que corre. Al releer las andanzas de la niña en la
casa –por ejemplo, cuando está probando las camas– podríamos plantear:
o La niña está muy tranquila pero nosotros estamos un poco inquietos. ¿Por qué?
¿Será que sabemos algo que Ricitos aún ignora?
o ¿En qué momento se da cuenta ella del peligro que corre?
El intercambio puede detenerse luego en el regreso de los osos a la casa. También en este momento del cuento
los lectores sabemos antes que los personajes algo de lo que está sucediendo. Se podría plantear:
o ¡Qué sorpresa se habrán llevado los osos al descubrir a Ricitos en su propia casa!
¿Cómo se habrán sentido?
o ¿Cómo se dieron cuenta de que había entrado alguien sin su permiso? Busquemos
en el cuento qué fue lo primero que notaron y qué fueron descubriendo después.
o Y ustedes, ¿en qué momento sospecharon que los osos estaban a punto de
encontrar a Ricitos? Busquen en el cuento esa parte, así la releemos.
En este caso, la anticipación de las y los lectores está orientada por la estructura narrativa regular y reiterada de
algunos episodios de la historia: son ahora los osos quienes prueban los mismos objetos y en el mismo orden
que antes siguió Ricitos.
o Ricitos va probando distintos objetos de la casa del bosque ¿recuerdan cuáles son?
Siempre encuentra problemas cuando los va probando, pero en cada intento uno
le resulta “¡perfecto!”. ¿Cuál de los tres es el que le resulta “perfecto” siempre?
o Chicas y chicos de otro grupo me comentaron que cuando escucharon la parte del
cuento en que Ricitos encuentra las camas y las va probando, enseguida se
imaginaron que en la tercera cama iba a decidir quedarse y recostarse
cómodamente. ¿Cómo se habrán dado cuenta de eso antes de llegar a leerlo,
antes de que la niña eligiera en qué cama se acostaría?
Para pensar sobre los personajes
Focalizar el intercambio en la subjetividad de los personajes supone pensar en lo que los osos y Ricitos (en este
caso) piensan y sienten, supone preguntarse por las motivaciones e intenciones que orientan sus acciones así
como por sus sentimientos y actitudes frente a los hechos relatados. Son interrogantes que contribuyen a una
comprensión más profunda del cuento y que llevan a distinguir entre lo que está explícitamente expresado en el
texto y lo que está implícito pero puede inferirse.
Al conversar con las chicas y los chicos sobre lo no dicho, habrá que buscar cuáles de las pistas que ofrece el
relato autorizan al lector a atribuir a los personajes ciertas intenciones, deseos o sentimientos. Adentrarse en la
vida interior de los personajes exige ir más allá de las caracterizaciones que se limitan a lo dicho en el texto y a
aspectos visibles, como la presencia física o vestimenta.
Durante el intercambio, será necesario releer aquellos pasajes en los que se describe a Ricitos (“una pequeña y
traviesa niña”) pero también aquellos otros que, si bien no aluden explícitamente a la forma de ser de la
protagonista, hacen posible inferir a partir de sus acciones que se trata de una niña algo atrevida, nada miedosa
–parece que no midiera las consecuencias de sus actos–, y quizá algo transgresora.
o ¿Cómo es Ricitos?
o Ustedes dicen que ella es muy curiosa y que no tiene miedo de entrar en una casa
desconocida. Busquemos en el cuento dónde dice eso.
o Y entonces… ¿cómo se dieron cuenta ustedes de que ella es muy curiosa y nada
miedosa?
o Busquen en el cuento esas partes que les dieron pistas para pensar cómo es
Ricitos.
o Sin embargo, en el texto sí dice algo acerca de cómo es esta niña. Volvamos a leer
para saber qué nos dice el cuento acerca de su forma de ser.
Probablemente, algunas niñas y algunos niños requieran más ayuda que otros para localizar los pasajes
solicitados. La o el docente puede decirles en qué página está la información buscada o incluso circunscribir el
fragmento para que encuentren la información que buscan. Si fuera necesario, puede formar parejas con quienes
aún no leen con autonomía para que compartan la responsabilidad de encontrar lo que se ha pedido o bien puede
leerles una parte de la oración localizada para que se concentren en leer por sí mismos las características del
personaje –por ejemplo, en la página 13 del cuento, la o el docente puede leer “Entonces, Ricitos de Oro abrió
la puerta y entró a la casa porque…” y solicitar que sigan leyendo para encontrar cómo era Ricitos (“era una
niña pequeña y traviesa”).
Cuando se trata de encontrar en el texto pistas que permitan inferir lo que no está explícitamente dicho, las niñas
y los niños seguramente dirán que es todo lo que hace en la casa lo que indica que la protagonista es muy
curiosa –ya que prueba cada trío de cosas que encuentra– e irán mostrando las páginas correspondientes, donde
las imágenes son más que sugerentes y no resulta imprescindible releer el texto para recordar lo que hace
Ricitos. La lectura de los textos incluidos en estas páginas puede reservarse para que las y los estudiantes los
lean por sí mismos.
Por otra parte, volviendo al cuento, hay cierto contraste entre la serenidad de Ricitos mientras paseaba por el
bosque y la celeridad de sus acciones en el interior de la casa. Para que las y los estudiantes observen este
contraste, se puede plantear:
o ¿Por qué cambiará su forma de actuar cuando está en la casa de los osos?
Las chicas y los chicos pueden aportar diferentes explicaciones –algunas complementarias– del cambio que
parece experimentar el personaje: tal vez Ricitos esté habituada a pasear por el bosque en tanto que la casa es
una novedad para ella; quizá esté movida por su curiosidad, que la lleva a probar velozmente todo lo que
encuentra; es posible que Ricitos actúe con rapidez porque –aunque no lo reconozca– tiene miedo de que los
desconocidos dueños de casa regresen pronto para tomar la sopa que dejaron preparada y la sorprendan in
fraganti…
¿Cuál será la verdadera razón? La o el docente puede anunciar que va a releer esa parte del cuento para que sus
alumnas y alumnos se fijen si aparece alguna información o alguna pista de cuáles son las razones que explican
la forma de actuar del personaje. Como el texto no se refiere para nada a lo que piensa o siente la protagonista,
todas las explicaciones que resulten verosímiles como motivaciones de esta niña traviesa pueden ser aceptadas.
También habrá que detenerse en las reacciones de los tres osos que actúan en canon a lo largo de la historia.
o ¿Cómo se habrán sentido los osos al descubrir que alguien entró en su casa?
o Veamos cómo reacciona cada uno de ellos: “el oso grande levantó su tazón grande
y con su voz gruesa rugió…”; “la osa mediana vio la cuchara dentro de su tazón
y chilló con voz finita”; “el oso pequeño miró su tacita y lloró”.
o Fíjense cómo reaccionan cuando descubren que alguien se sentó en su silla y
después que alguien se acostó en su cama. ¿Qué dicen?, ¿cómo es la voz de cada
uno?
o En el cuento, ¿dice algo acerca de cómo se sentían los osos? Si no es así, ¿qué nos
hace pensar cómo se sentían?
o Y el oso pequeño, ¿cómo les parece que se siente?
o Al oso pequeño le pasa lo mismo las tres veces. Vamos a releerlo… ¿Por qué será
que nadie lo consuela?, ¿qué opinan ustedes?
Las niñas y los niños notarán seguramente las oposiciones que contribuyen a caracterizar cómo habla cada
personaje (rugió/chilló – voz gruesa /voz finita/voz suave) y a indicar su enojo o su tristeza, aunque estos
sentimientos no se expliciten en el texto. Podrán ponerse fácilmente en el punto de vista de los osos si piensan
en cómo se sentirían ellas y ellos si alguien entrara en su casa durante su ausencia.
Para establecer relaciones intertextuales
Establecer relaciones con otros cuentos leídos contribuye a desentrañar el sentido de la obra que se está leyendo,
no solo por lo que comparte con otras historias, sino también por lo que la hacen única. En este apartado,
proponemos algunas intervenciones que recuperan lo comentado antes acerca de las semejanzas entre Ricitos
de Oro y otros cuentos tradicionales.
o ¿Conocen algún otro cuento en que tres veces sucede lo mismo, o en que uno de
los personajes repite tres veces la misma acción?
Los tres deseos, los tres engaños, los tres intentos… constituyen un rasgo recurrente en los cuentos tradicionales
–las tres pruebas del zapatito de cristal en Cenicienta; los tres soplidos del lobo en los Los tres cerditos, los tres
encuentros de El hombrecito de jengibre con diferentes animales–. La suerte del protagonista cambia cuando,
en el tercer intento, el resultado difiere de los anteriores: En Ricitos de Oro, el tercer objeto que prueba la niña
es siempre el que le agrada y, cuando los osos regresan a su casa, también el tercer objeto que encuentran
alterado marca el momento en que encuentran a la pequeña intrusa.
La presencia de escenas recurrentes vincula también a Ricitos de Oro con otros cuentos clásicos. La escena de
una niña, en el bosque, que se dirige hacia una casita evoca la casa de la abuela en Caperucita Roja, así como la
casita de dulces que atrae a Hansel y Gretel. Y la casita vacía de los tres osos permite evocar la de los enanitos
en Blancanieves, donde la niña también come de cada platito y toma de cada vasito para luego acostarse a
descansar en una de las siete camitas.
o Algunas chicas y algunos chicos dicen que Ricitos de Oro se parece a “El
hombrecito de jengibre” porque en los dos cuentos la historia avanza con tres
encuentros en los que se reiteran palabras similares ¿ustedes qué opinan?
o Esta historia sucede en un bosque, hay una casita, una nena que llega a la casa…
¿les recordó algún otro cuento?
o A mí me llamaron la atención las coincidencias con el cuento de “Blancanieves” en
el momento en que encuentra la casita del bosque ¿lo recuerdan? Les leo esa
parte:
Blancanieves, como estaba muy hambrienta, comió un poquito de legumbres y un bocadito de pan de cada
plato, y bebió una gota de vino de cada copita, pues no quería tomarlo todo de uno solo. Luego, sintiéndose muy
cansada, quiso echarse en una de las camitas; pero ninguna era de su medida: resultaba demasiado larga o
demasiado corta; hasta que, por fin, la séptima le vino bien; se acostó en ella, se encomendó a Dios y se quedó
dormida.
Cerrada ya la noche, llegaron los dueños de la casita, que eran siete enanos que se dedicaban a excavar
minerales en el monte. Encendieron sus siete lamparillas y, al iluminarse la habitación, vieron que alguien había
entrado, pues las cosas no estaban en el orden en que ellos las habían dejado al marcharse.
Dijo el primero: —¿Quién se sentó en mi sillita?
El segundo: —¿Quién ha comido de mi platito?
El tercero: —¿Quién ha cortado un poco de mi pan?
El cuarto: —¿Quién ha comido de mi verdurita?
El quinto: —¿Quién ha pinchado con mi tenedorcito?
El sexto: —¿Quién ha cortado con mi cuchillito?
Y el séptimo: —¿Quién ha bebido de mi vasito?
Luego, el primero recorrió la habitación y, viendo un pequeño hueco en su cama, exclamó alarmado: —¿Quién
se ha subido en mi camita?
Acudieron corriendo los demás y exclamaron todos: —¡Alguien estuvo echado en la mía!
Pero el séptimo, al examinar la suya, descubrió a Blancanieves, dormida en ella.
Hermanos Grimm. Blancanieves. Fragmento tomado de Ciudad Seva en junio de 2022.
o ¿Se dieron cuenta qué es lo que hay en común en este episodio de ambos
cuentos?
Por otra parte, es posible que las chicas y los chicos vinculen Ricitos de Oro con aquellos cuentos tradicionales
cuya protagonista es engañada, maldecida o capturada por otro personaje que tiene por función ser antagonista.
Si bien esas historias tienen aspectos comunes, es conveniente que la o el docente aliente a reconocer algunas
diferencias importantes con “Ricitos de Oro” en que la protagonista no se caracteriza por la bondad y la
ingenuidad, como es el caso de Caperucita, Gretel, Blancanieves, Cenicienta.
Además, esta niña traviesa tampoco se encuentra con personajes malvados. Ricitos no se enfrenta con brujas,
ogros o lobos ni necesita que nadie la ayude a liberarse de ellos. Por el contrario, los tres osos –esos grandes y
peligrosos animales– despiertan simpatía en el lector y lo que hacen no da lugar a pensar que Ricitos esté
amenazada. La o el docente podrá comentar y preguntar:
o Volvamos a leer esta parte: “Ricitos alegremente se durmió y soñó con tres gatitos
que se acercaban a jugar con ella”. ¿Vieron que se durmió alegremente?
Pareciera que nunca se sintió amenazada o en peligro…
o Cuando Ricitos se escapa, no es perseguida por los tres osos. Les leo: “los tres
osos fueron hacia la puerta detrás de ella, vieron que Ricitos de Oro corría por el
bosque hacia su propia casa y no la persiguieron”. ¿Por qué se habrán quedado en
casa en lugar de correr tras ella?
o Claramente, esta es una niña traviesa. En esto se parece mucho a algunos cuentos
de autoras y autores actuales que hemos leído ¿se acuerdan de cuentos con niños
terribles o que hagan líos?
Finalmente, vale la pena señalar la breve duración de este cuento: transcurre muy poco tiempo entre el inicio y
el final. Se puede preguntar cuánto tiempo pasará desde que los osos preparan la sopa hasta que Ricitos se
escapa de ellos, así como comparar con la duración de la historia de Blancanieves (su sufrimiento, los tres
intentos de asesinato, el tiempo que vive con los enanitos), con la de Hansel y Gretel (dos intentos de perderlos
más todo el tiempo de engorde en la casa de la bruja, el regreso a la casa paterna) y, por supuesto, con los
quince años que transcurren desde el nacimiento de la bella durmiente hasta que se pincha con el huso y luego
el intervalo de 100 años hasta que toda la corte despierta de su largo sueño. En cambio, en Caperucita Roja,
todo parece suceder en un solo día.
LECTURA DE LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS POR SÍ MISMOS
Proponer situaciones en las cuales las y los niños leen una historia conocida favorece que puedan anticipar qué
es lo que está escrito, así como buscar y leer o releer ciertos fragmentos –por ejemplo, ubicar dónde dice que
Ricitos decide entrar a la casa de los osos, leer lo que dice la niña en el momento en que prueba los tazones de
sopa o bien lo que ocurre cuando los osos regresan a su casa–.
De este modo, al plantear propuestas de lectura de las y los estudiantes por sí mismos que se desarrollan en el
marco de un cuento que se ha leído y sobre el cual se ha intercambiado en el aula, se favorece que dispongan de
diversas informaciones que pueden coordinar para construir significado: conocen la historia –qué dice– y el
relato –cómo lo dice–, cuentan con datos contextuales (las imágenes y su relación con los diferentes episodios
del cuento), con informaciones brindadas por el texto (indicios cualitativos y cuantitativos , tipografía y
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disposición gráfica en la página), así como con conocimientos sobre el género y sobre el mundo de los cuentos
tradicionales adquiridos en otras situaciones de lectura. Cuentan también, por supuesto, con sus experiencias
personales.
En consecuencia, presentar los textos en el contexto en que efectivamente aparecen es un criterio fundamental
en las situaciones de lectura donde las y los estudiantes están aprendiendo a leer y conquistando autonomía
como lectores.
Las propuestas que se presentan a continuación plantean distintos desafíos en función del grado de
conocimiento previo que tienen las chicas y los chicos acerca de lo que dice en el texto –el contenido– y la
forma en que está expresado, y también en función del problema involucrado en las diferentes consignas que se
proponen. La o el docente seleccionará aquellas propuestas que considera pertinentes para quienes necesitan
mayor ayuda y para quienes pueden asumir mayores responsabilidades como lectores.
En todos los casos, la o el docente interviene para colaborar con las y los pequeños lectores para que puedan
enfrentar y resolver el problema de lectura construyendo significados –evitando así que se aferren al deletreo, la
adivinación o la simple oralización veloz del texto–. Es decir, no deja a las niñas y los niños solos frente a los
textos porque les está enseñando a leer.
Compartir la lectura de ciertas partes del cuento
Una propuesta que se puede plantear –en el transcurso de varias clases–, es la lectura compartida en voz alta
de algunos fragmentos del cuento con el propósito de ensayar para leerlos a las compañeras y los compañeros.
Esta situación de lectura enfrenta a las niñas y los niños al desafío de leer por sí mismos episodios –o partes de
ellos– del cuento. En el curso de esta situación, la o el docente delega progresivamente a las y los estudiantes la
responsabilidad de leer.
Para que las chicas y los chicos puedan desarrollar esta propuesta –y principalmente avanzar en sus
posibilidades de lectura–, es imprescindible que el texto esté disponible para todas y todos. Además de contar
con la proyección del texto, es fundamental que puedan recurrir a su propio ejemplar del cuento o a algunas de
sus páginas cuando lo necesitan.
Para las niñas y los niños que leen con mayor autonomía y solvencia, se puede proponer la lectura de un
episodio del cuento y agruparlos por parejas para que sus integrantes puedan ayudarse entre sí. Seguramente,
será necesario que la o el docente intervenga para acompañar en la lectura. Por ejemplo, en una primera
instancia solicita que lean para dar respuesta a preguntas centradas en la búsqueda de significado y en una
comprensión global de algunas partes del cuento:
o Vamos a releer esta parte en que prueba la sopa. ¿Qué dice la niña luego de
probar los tazones de sopa? ¿Se acuerdan?
o Ahora les propongo que de a dos ensayen leer esta parte del cuento para
compartirla con compañeras y compañeros. Uno lee la parte de Ricitos, cuando
ella habla, y otro la parte del narrador. No se olviden de mostrar cómo lo dice esta
pequeña que está muy protestona.
Puede advertirse que la o el docente selecciona un episodio específico y que, previamente a la propuesta de
lectura de las chicas y chicos por sí mismos, propone reconstruir lo que sucede en ese fragmento. Luego, los
alienta a realizar una lectura en voz alta adecuada al género y a lo que sucede en esa historia en particular.
Seguidamente, da tiempo para que cada pareja ensaye la lectura.
Para las niñas y los niños que leen con algo menos de autonomía, que necesitan de más ayuda y aliento del
docente para empezar a leer o continuar con la lectura, y que a veces se centran en el deletreo en desmedro de la
búsqueda de significado, la o el docente puede plantear la lectura de las voces de los personajes,
específicamente qué dice cada uno de los osos cuando regresan a su casa y encuentran que alguien ha tocado
sus cosas. Esta propuesta también puede realizarse entre dos o tres estudiantes para que se ayuden mutuamente.
A fin de no dejar a las y los niños solos frente al texto, será necesario que la o el docente reconstruya
previamente con el grupo lo que sucede en el episodio que se propone leer. Esta intervención focaliza en el
sentido del texto y favorece que las chicas y los chicos recuperen el contexto lingüístico que les permita hacer
anticipaciones pertinentes de lo que dice en el texto. Por ejemplo:
o Les leo el inicio de la página 22, el fragmento donde los osos regresan a su casa:
“Mientras dormía, los tres osos volvieron a casa. Tenían hambre después de su
paseo y querían tomar la sopa”.
o ¿Qué hicieron los osos cuando regresaron a su casa?
o ¿Cómo se dieron cuenta que alguien había tomado de sus tazones de sopa?
Una vez reconstruido lo que sucede en el episodio, la o el docente retoma la lectura: “El oso grande levantó su
tazón y con su voz gruesa rugió:”, interrumpe y pide que las chicas y los chicos sigan leyendo qué dice el oso
exactamente.
Luego, la o el docente continúa leyendo de manera alternada con las chicas y los chicos, encargándose de lo que
dice el narrador –con lo cual sostiene el peso de la lectura– y delegando en las niñas y los niños la lectura de lo
que dicen los personajes. Por ejemplo:
o “Entonces la osa mediana vio la cuchara dentro de su tazón y chilló con voz
finita”: ¿Qué dijo la osa mediana?
Esta propuesta también puede desarrollarse con el episodio donde los osos encuentran que sus sillas y camas
también han sido usadas por alguien. Puede suceder que algunas chicas y algunos chicos sostengan que aquello
que dice el oso grande es idéntico a lo que dice la osa mediana –“Alguien ha probado mi sopa”–. Será necesario
que la o el docente solicite la lectura de esas expresiones señalando en el texto a medida que leen para que
intenten ajustar lo que van diciendo a lo escrito en el texto.
Mientras las niñas y los niños ensayan la lectura de la voz de los osos, la o el docente puede recuperar un
aspecto central que contribuye a la búsqueda de sentido de los cuentos literarios por parte de las y los lectores:
la subjetividad de los personajes.
Se reflexionará entonces sobre las razones por las que los osos siempre dicen algo ante cada uno de sus objetos
que ha sido alterado y se reparará en cómo lo dicen. Para ello, se podrá retomar la descripción que hace el
narrador de las voces de los osos –“con su voz gruesa rugió” y “con su voz de trueno gruñó”; “chilló con voz
finita” y “chilló con su voz suave”; “lloró”– y proponer la lectura con una entonación que represente lo mejor
posible esa descripción.
o ¿Por qué será que cada uno de los osos siempre dice algo cuando encuentra que
sus cosas han sido tocadas por alguien? ¿Cómo lo dice cada uno? Vamos a leer lo
que dice el narrador sobre cómo es la voz de cada uno de los osos así cuando lo
leemos lo hacemos de una forma parecida a como lo hubiesen dicho el oso
grande, la osa mediana y el oso pequeño.
Una propuesta que plantea menos desafíos que las anteriores consiste en leer la voz de Ricitos cada vez que
prueba uno de los objetos de los osos. Es un texto más conocido por las chicas y los chicos, tanto en el
contenido como en la forma en que está expresado –hasta podría resultar que algunas y algunos lo hayan
memorizado– porque se reitera varias veces a lo largo de la historia y se presenta con la misma disposición en la
página. Estas informaciones permiten a las y los estudiantes enfrentar el problema de lectura con posibilidades
de anticipar qué dice y dónde lo dice; será necesario que la o el docente promueva la lectura con señalamiento
para buscar indicios en el texto que permitan corroborar esas anticipaciones y hacer corresponder aquello que se
dice con lo que efectivamente está escrito. Es decir, la o el docente ayuda a enfrentar el desafío de lectura con
intervenciones como las siguientes:
o Ya nos dimos cuenta de que cada vez que Ricitos prueba un objeto de los osos dice
algo. ¿Se acuerdan de qué dice cuando prueba la sopa del oso grande?, ¿y cuando
prueba la sopa de la osa mediana? Ahora que lo recordamos, busquen en el
cuento dónde dice “¡Ay! esta sopa está muy caliente”.
o Ahora intenten leer lo que dice Ricitos y vayan señalando a medida que leen.
Si las chicas y los chicos hacen un señalamiento veloz y continuo, sin ajustar la emisión oral al texto, la o el
docente podrá solicitarles que señalen más lentamente y que localicen algunas palabras. Puede, también,
mostrar la lectura con señalamiento en alguna otra parte del texto, por ejemplo:
o Mirá, yo voy a leer y señalar esta parte, donde el oso grande dice ‘Alguien ha
tomado de mi sopa’. Mirá cómo lo hago.
Cuando las niñas y los niños señalan en el texto lo que van leyendo, es importante evitar que fragmenten el
texto oralizado –en sílabas, por ejemplo– o que dejen marcas en el texto escrito –con lápiz, por ejemplo–. No se
trata de que parcelen la emisión oral sino de que vayan identificando los indicios que el texto les ofrece para
corroborar que efectivamente están leyendo lo que dice en el texto.
Una vez efectuada la lectura, luego de dos o tres intentos de ajustar lo dicho al texto escrito, la o el docente
puede solicitar que localicen algunas palabras.
o Leímos que, cuando prueba algo del oso pequeño, se conforma con lo que
encuentra. ¿Por qué será?
o ¿Se acuerdan de qué dice cuando encuentra su sopa, su silla y su cama? Vamos a
recordarlo. Muy bien, ahora intenten leerlo.
Si las niñas y los niños disponen del cuento en sus manos –o de las páginas donde se encuentran los fragmentos
en cuestión–, la ilustración resulta información valiosa de la que pueden valerse para localizar los fragmentos
indicados por la o el docente. Una vez localizada la página, intentarán circunscribir desde dónde hasta
dónde dice en el texto lo que están buscando y para ello será necesario que reparen en los indicios que el texto
provee y que establezcan relaciones con lo que saben del cuento. Si la o el docente advierte que algunas chicas
y algunos chicos “se pierden” al buscar, recién entonces circunscribirá con mayor precisión la parte que se va a
releer. Por ejemplo:
o Esta es otra versión del cuento “Ricitos de Oro”, se llama “Tres osos y la niña”. Les
propongo que entre los dos la lean, ayudándose entre sí. Van a encontrar algunos
pasajes muy bonitos; también algunas partes que se parecen mucho a la versión
que ya leímos y otras que son algo diferentes. Cuando vayan leyendo, marquen
esas partes que les parecen bonitas, o donde encontraron alguna diferencia con la
versión que leímos primero. Por ejemplo, pueden detenerse en la parte donde
Ricitos está en el bosque y fijarse qué hace ahí, cómo es que ella se distrae y
cómo encuentra la casa en cada versión.
Será necesario promover que las niñas y los niños atiendan no solo a lo dicho explícitamente –que puede ser
similar o diferente entre una versión y otra–, sino que también habrá que hacer inferencias que permitan reparar
en lo no dicho. Por ejemplo:
o Cuando lleguen a la parte final de “Tres osos y la niña” seguramente se van a dar
cuenta de que tanto Ricitos como los osos reaccionan de manera diferente a la
primera versión que leímos. Conversen entre ustedes así después nos cuentan
cómo reacciona cada uno y si hay algo que les llamó la atención de esa parte.
Será conveniente que la o el docente dé un tiempo de lectura a las chicas y los chicos y se acerque en algún
momento para ver si necesitan ayuda. También, puede leerles un fragmento para impulsarlos a iniciar la lectura
o prestarles su voz para leer la parte final cuando ya se han cansado.
Por su parte, las chicas y los chicos que leen con menos autonomía y para quienes resulta esforzado leer por sí
mismos un texto de cierta extensión podrán leer un episodio específico de la nueva versión de Ricitos de
Oro. Se puede proponer la lectura del episodio donde los osos llegan a su casa y el oso grande advierte que
“algo extraño había sucedido en la casa durante su ausencia”. Será necesario comunicar a las y los estudiantes el
propósito que orienta la lectura de este fragmento: averiguar si en esta versión aparecen los mismos personajes
y comparar sus reacciones con las que tenían en la primera versión leída. Otra opción es proponer la lectura del
inicio de esta nueva versión del cuento para advertir las diferencias con la que ya conocen y, a la vez, reparar en
que ese pasaje evoca al cuento Caperucita Roja por lo que hace la niña en el bosque, la advertencia de su madre
y la presencia de una casita.
Esta propuesta es más acotada que la anterior –ya que solo se lee uno o dos episodios de la historia–, el
fragmento se presenta despejado en la página –enunciados breves, uno debajo del otro, precedidos por rayas de
diálogo–, y su contenido es conocido –repetición de expresiones, presencia de voces de personajes en estilo
directo y estructura de tres intentos– por lo que permite al lector hacer anticipaciones ajustadas. Sin embargo,
esta propuesta no deja de ser desafiante para aquellas niñas y aquellos niños que enfrentan la tarea con más
inseguridad, que aún se cansan al leer textos muy extensos, o que en algunas ocasiones se aferran al deletreo y
oralización en desmedro de la búsqueda de significado. Es necesario entonces que la o el docente colabore con
intervenciones que alientan la anticipación de lo que puede estar escrito en esos fragmentos y los ayude a
centrarse en el significado, por ejemplo:
o Este ya es el final del cuento, sea la versión que sea, ¿qué sucedió cuando los osos
regresaron a su casa? ¿Qué fue lo primero que notaron “extraño”? ¿Se acuerdan
de que cada uno de los osos se da cuenta de que alguien probó su sopa y lo hacen
en un orden? ¿Cómo era ese orden?
o En la versión “Ricitos de Oro” nos enteramos como lectores de que los osos son
pardos y uno es grande, otro mediano y otro pequeño, y así se los llama a lo largo
del cuento. En esta versión, podemos imaginarnos mejor cómo es cada oso, es
muy bonito cómo los describen, busquen esa parte y después nos cuentan o
pueden leernos a todas y todos para poder disfrutarlo también.
o Ahora ya sabemos cómo es llamado cada oso: oso brillante, oso pardo y osito
peluche; y ya habíamos recordado el orden en que cada uno habla. Ahora vamos a
leer qué dice cada uno de ellos cuando encuentra que alguien probó su sopa, así
sabemos cómo reaccionan en esta versión.
Luego, la o el docente puede proponer la lectura del fragmento donde los osos advierten que alguien ha probado
sus sillas y sus camas. En algunos momentos será conveniente acercarse a las parejas de niñas y niños para
ofrecer diferentes ayudas, por ejemplo, reponer el significado del fragmento que están leyendo (Esta es la parte
de las sillas; recuerden que el oso pequeño, aquí llamado osito peluche, siempre llora) o compartir la lectura
(Les leo esta parte, “Decidieron buscar al intruso por la casa y revisaron el dormitorio”, ahora sigan ustedes,
recuerden que es la parte donde los osos se dan cuenta de que alguien ha estado en sus camas).
Si alguna de estas parejas avanza con mayor soltura y autonomía, se les podrá proponer que comparen los
finales de ambas versiones atendiendo especialmente a las reacciones de los personajes.
o Traten de entender cuál es la razón por la que despierta Ricitos en cada versión.
o También los tres osos reaccionan de distinta manera en cada versión, ¿cómo les
parece que se sienten cuando ven a Ricitos que despierta y se escapa de la casa?
¿Qué dice cada cuento para que pensemos en eso?
Para las parejas de estudiantes a las que todavía les resulta muy esforzado leer porque se detienen en el deletreo
o intentan anticipar pero no logran coordinar suficientemente las informaciones que brinda el texto, puede
resultar más conveniente la lectura del episodio inicial de la nueva versión. Los motivos de la selección de
este episodio residen en que podría tornarse más anticipable su contenido por el comienzo propio del género –
pueden conocer inicios similares característicos de los cuentos tradicionales–, por el conocimiento previo sobre
lo que puede suceder en el bosque –por lo que ya saben de la historia de Ricitos y por conocer otros cuentos
como Caperucita Roja–. Además, las intervenciones docentes pueden ofrecer contexto lingüístico y alentar a
recuperar el contenido del texto. Por ejemplo:
o ¿En esta versión dice que vivían en una casita o en una cabaña? Les vuelvo a leer
esa parte ¿dónde dice "cabaña"? ¿cómo se dieron cuenta? Empieza y termina igual
que casita. ¿Se dieron cuenta?
o Es diferente lo que hace Ricitos cuando de pronto se topa con la cabaña en esta
versión y cuando ve la casa en la versión de “Ricitos de Oro” ¿qué fue haciendo
ahí? ¿Y en esta versión? Fíjense qué dice, empieza acá, después del punto, “Y de
pronto…”
o Esto que dice, que la mamá le prohibió alejarse y que se distrajo con lo que veía
en el bosque me hace acordar a otro cuento, ¿cuál será?, ¿con qué se distrajo
Caperucita?, ¿Ricitos también se distrajo con las flores?, ¿dónde lo dice?
o La versión que habíamos leído, “Ricitos de Oro”, empieza presentando a los osos,
¿y esta?, ¿cómo empieza? Lean esa parte.
ESCRITURA DE LAS NIÑAS Y LOS NIÑOS POR SÍ MISMOS
Para que las chicas y los chicos puedan escribir textos en torno a lo leído es necesario que hayan participado en
variadas y sostenidas situaciones de lectura e intercambio –con las relecturas que se hacen necesarias al
comentar entre lectores– de modo tal que conozcan el contenido, la estructura narrativa del cuento y vayan
apropiándose de expresiones del lenguaje escrito que podrán reutilizar en su propia producción.
Producir textos en situaciones contextualizadas que dotan de sentido a la escritura hace posible que las y los
estudiantes reflexionen sobre el sistema de escritura mientras ejercen prácticas del escritor –fundamentalmente
las diferentes operaciones involucradas en la escritura (planificar, textualizar y revisar)– a la vez que siguen
profundizando en la interpretación de lo leído.
Al proponer a las niñas y los niños que reescriban cierto/s episodio/s o toda la historia que se ha leído y
comentado, se les brinda un apoyo fuerte para afrontar los problemas que plantea la escritura, ya que –además
de conocer el contenido– pueden recurrir al texto-fuente buscando cómo resolvió el autor algunos de los
problemas que se les presentan.
Las propuestas de reescritura pueden contemplar variaciones –mayores o menores– en relación con el texto
original. En estos casos, ya no se trata solo de reconstruir el episodio o la historia conocida sino también de
crear algo nuevo. Las variaciones pueden suponer diferentes grados de invención y suelen acarrear la necesidad
de producir otros cambios en la historia o el relato. Cada propuesta presenta desafíos diferentes según sus
características y el tipo de transformaciones a efectuar respecto al texto-fuente. La o el docente evaluará cuáles
de las propuestas siguientes son más adecuadas para su grupo de estudiantes de tercero atendiendo a que todas y
todos puedan enfrentar el desafío propuesto y, a la vez, progresar en sus posibilidades como escritores:
o Alentar a recuperar la historia para discutir cuáles son los personajes y episodios
que es imprescindible incluir –encuentro de la casa en el bosque y decisión de
entrar, reiterados intentos de la niña al probar cada trío de objetos, momento en
que se duerme, regreso de los osos– así como para reparar en el orden de los
acontecimientos y acordar la organización del texto.
Estos acuerdos podrán registrarse en un afiche –de manera sintética y a modo de notas– para que queden
disponibles a la vista de todas y todos mientras estén produciendo el texto.
o ¿Qué es lo que impide que Ricitos escape?, ¿no encuentra la salida?, ¿se topa con
alguno de los osos?, ¿qué otra cosa podría pasar?
o Imaginemos que se encuentra con el oso pequeño, ¿qué podría suceder si él se
pusiera a llorar?, ¿qué haría Ricitos?, ¿acudirán los otros osos?
o ¿Y si se encontrara con el oso grande o con la osa? No olvidemos que en el cuento
los osos no persiguen a Ricitos. ¿Cómo parece ser el carácter de los osos?,
¿podrán agredir a Ricitos?...
Si se eligiera “Ricitos escapa y en el camino encuentra otra casa”, al planificar podrían hacerse intervenciones
como las siguientes:
o ¿Quiénes habitarán en esa casa? Recuerden que tienen que ser personajes que
puedan vivir en el bosque de un cuento como este.
o ¿Habrá alguien?, ¿se arriesgará Ricitos a llamar para que le abran?, ¿y a entrar si
nadie le abre?, ¿en qué se fijará para decidirlo?
o Si los habitantes están en la casa, podemos decidir si la reciben o no, si la reciben
bien o mal, si ella se defiende, sale corriendo o les cuenta lo que le ocurre y les
pide ayuda…
En los dos casos, habría que anotar diferentes posibilidades –diferentes hilos argumentales–, de tal modo que
cada pareja decida cuál elegirá. Proponer que escriban por parejas es importante en este caso, dado que el
componente de creación es considerable.
Expandir una escena: Ricitos se entretiene en el bosque con otros juegos, animales y flores antes de sentir el
olor a sopa.
Aunque incluye un componente de invención, esta propuesta es menos desafiante que las anteriores. En efecto,
las niñas y los niños podrán inspirarse en otras escenas en el bosque que pertenecen a cuentos clásicos muy
conocidos –sobre todo Caperucita Roja, pero también Blancanieves o Hansel y Gretel– e incluso en las
experiencias personales que puedan tener en algún bosque o en otros lugares verdes.
Al planificar colectivamente la escritura, la o el docente puede plantear:
o Ricitos es tan, pero tan inquieta que podría haber seguido explorando la casa y
probando las pertenencias de los osos. Escribí un nuevo intento de Ricitos por usar
o probar algún otro objeto que haya encontrado. Podría empezar así:
RICITOS SE LEVANTÓ DEL PISO Y SIGUIÓ MIRANDO TODO LO QUE HABÍA EN EL
COMEDOR. DE PRONTO, VIO TRES…
Si se considera necesario, antes de plantear la propuesta de introducir un nuevo trío de objetos que Ricitos
probará o usará, es posible plantear la reescritura sin variaciones de un episodio.
Esta propuesta permite a las y los niños escribir sin la tensión de tener que inventar algo diferente de lo que está
en el texto original. Aun así, ellas y ellos se enfrentan a distintos problemas. Por un lado, circunscribir la parte
de la historia que se propone reescribir –por ejemplo, los intentos de Ricitos de usar los diferentes objetos de los
osos– y, para ello, tienen que releer o pedir a quien los acompaña que les lea la parte que antecede (la entrada de
Ricitos a la casa de los osos). Por otro lado, como en la propuesta anterior, se trata de producir un texto continuo
de cierta extensión, que debe conservar una organización de las frases –de las formas de decir el contenido de la
historia– que “se parezca” a la del cuento leído.
En todos los casos, será necesario que la o el docente intervenga para ayudar a las y los estudiantes a prever –
antes de comenzar a producir– algunos contenidos que tienen que incluir en su texto (cada uno de los intentos
de Ricitos, el orden en que suceden…) así como a tomar en cuenta aspectos del lenguaje escrito propios del
cuento (cada vez que Ricitos prueba, dice algo; lo dice gritando…). Parte de lo que se conversa mientras se
planifica el texto a producir podría quedar escrito a modo de notas en un afiche a la vista de todo el grupo para
que puedan consultar mientras textualizan.
Algunas intervenciones posibles son:
Puede promover que, también por parejas o tríos, escriban el cuento por sí mismos
y acercarse en distintos momentos para transcribir lo que están intentando
expresar y para recordarles que determinadas palabras tienen que estar
convencionalmente escritas porque forman parte del ambiente alfabetizador del
aula (Ricitos, osos, bosque, casa, sopa, por ejemplo).
Puede decidir que ese grupo realice una escritura colectiva a través de la o del
docente –mientras sus compañeras y compañeros lo hacen en parejas–. Para que
esto sea posible será conveniente organizar reagrupamientos –a cargo de distintos
docentes de tercero u otros miembros del equipo escolar– con algunas niñas y
algunos niños de otro grupo de tercero que se encuentren en un nivel cercano de
escritura.
Otra opción para grupos muy heterogéneos respecto del aprendizaje es plantear la
escritura entre pares de niñas y niños que se encuentran muy distantes respecto
del proceso de adquisición de la escritura. En este caso, será necesario que la o el
docente distribuya los roles claramente: una niña o niño –menos avanzado en
relación con el conocimiento del sistema de escritura– se ocupa de componer el
texto dictando a su compañera o compañero y escucha atentamente la relectura
del que escribe para ir revisando juntos; la otra niña o el otro niño, que tiene el
lápiz en su mano y escribe en forma alfabética, queda a cargo de materializar el
relato creado en texto escrito.
En todos los casos, es necesario tener presente que las propuestas de escritura exceden el desarrollo de una
única clase.
Tiempo de revisar lo escrito
¿Cómo podríamos mejorar las producciones para que se parezcan al cuento leído y, a la vez, para que las niñas
y los niños aprendan a revisar sus propios textos? ¿Cómo se podría organizar la clase para que todas y todos
pueden revisar sus textos? ¿En qué podrían focalizarse las intervenciones? Estos son algunos de los
interrogantes que se plantean cuando planificamos situaciones de revisión de textos.
Compartir la revisión con las y los estudiantes –tanto durante la textualización como una vez terminada la
primera versión completa de la producción– es imprescindible para que puedan ir asumiendo cada vez con
mayor autonomía el rol de revisores de sus propios textos y para que vayan aprendiendo cuáles son los aspectos
que hay que revisar.
Instaurar la práctica de la revisión en el aula requiere que la o el docente opere como lector de los textos
producidos y también como escritor más avezado, que puede orientar y ofrecer soluciones a los problemas que
la escritura plantea a sus estudiantes.
Para asegurar condiciones que favorezcan el desarrollo de las posibilidades de las niñas y los niños de revisar
sus propios textos, la o el docente:
Comparte la revisión con las niñas y los niños acercándose mientras están
revisando en clase para ayudar a quienes lo necesitan a resolver algunos
problemas que se les plantean o bien para hacer observables algunos que aún no
han advertido.
Promueve sostenidas y diversas formas de revisión: inmediatamente después de
escribir el texto y después de un tiempo de haberlo hecho; de forma individual, en
parejas o con el grupo total; el propio texto o textos ajenos de compañeras y
compañeros; en la hoja y lápiz o en computadora.
Al finalizar la primera versión completa de su producción –en cualquiera de las situaciones de escritura que se
propongan y con la organización que se decida– es necesario dedicar tiempo de clase a la revisión de lo escrito.
Para revisar un texto considerando los criterios anteriores, suele ser necesario hacerlo más de una vez con
diferentes propósitos y diferentes formas de organización de la clase. Es por eso que –aunque no sea posible
hacerlo con todas las producciones– se destinan varias clases a la revisión” .6
Como es fundamental que las y los estudiantes asuman el papel de revisores de sus propias producciones –es
decir, que entiendan que la revisión forma parte del proceso de escritura–, la o el docente indica ante todo
una primera revisión global del texto a cargo de su autor o sus autores. La consigna es releer la primera
versión completa que han producido con el propósito de controlar que no falte nada de lo acordado previamente
al planificar, y también para fijarse si les parece necesario agregar, sacar o modificar algo para que, si otra
persona leyera este texto, pueda entender lo que intentan narrar.
Sabemos que llevar a cabo esa tarea no resulta simple a estudiantes de primer ciclo ya que exige un
desdoblamiento entre la posición de escritor y la de lector del texto. Es decir, se trata de leer el texto poniéndose
en el lugar de un lector potencial para anticipar qué es lo que podría entender (o no) al leer ese escrito. Por ello
será necesario que la o el docente encarne al lector y acompañe muy de cerca a sus estudiantes:
o Les ayudo a releer todo lo que escribieron. ¿Qué les parece? Si otra persona lo lee,
¿entenderá bien lo que cuentan? Fíjense, acá cuando yo lo leo, no entiendo por
qué la niña probaba todo y luego lo dejaba.
o A mí me parece que falta algo… vamos a releer en el afiche las acciones que
acordamos que no podían faltar para que se comprenda bien lo que sucede.
En el caso de estudiantes cuyas escrituras son cuasi-alfabéticas, se podrán seleccionar dos o tres palabras
“clave” para proponer revisarlas y concentrarse en que las escriban de la mejor manera en que pueden hacerlo.
Es importante que las palabras seleccionadas sean de sentido pleno (sustantivos, verbos o adjetivos) y, también
que sean las que se van reiterar en más de una oportunidad. Por ejemplo, se puede proponer reflexionar para
completar y/u ordenar las letras de palabras como “probó” (escrita originalmente por las niñas y los niños como
‘POBO’ o ‘PORBO’), “grande” (escrita ‘GANDE’, ‘GADE’ o ‘GARANDE’), “perfecta” (‘PEFETA’ o
‘PERFETA’). Para esto se ofrecen otras palabras con comienzos similares, se las escribe y se solicita que las
lean señalando detenidamente para luego marcar la parte que les sirve y utilizarla para completar la propia
escritura. Otra opción es entregarles todas las letras con las que se escribe una palabra –usando letras móviles y
avisándoles que hay que usarlas todas para escribirla– y pedirles que las ordenen de tal modo que no sobre ni
falte ninguna. Esas palabras podrán quedar escritas en un afiche de “Palabras para estar atentos”. Luego, se les
pide que vuelvan a revisar su propio texto focalizando en esas palabras para corregirlas cada vez que aparecen.
En otra clase se propone una segunda instancia de revisión: una revisión diferida en el tiempo respecto al
momento de textualización. Revisar habiendo dejado “descansar” el primer escrito permite a las autoras y los
autores del texto tomar distancia del sentido que tuvieron intención de generar para mirarlo con ojos de otro –
con ojos de un posible lector–. Además, la o el docente podrá reunir la totalidad de escritos, analizarlos y
seleccionar los problemas de escritura recurrentes que allí se presentan para luego focalizar la reflexión en
algunos de ellos.
Como analizar y seleccionar problemas recurrentes en las producciones no es tarea sencilla, y como puede ser
enriquecedor reunir ejemplos de diferentes grupos de tercer grado, resulta productivo hacerlo –siempre que sea
posible– con colegas de la misma escuela o de otras. Compartir estos análisis debatiendo entre docentes
permitirá reconocer los aspectos logrados y los problemas presentes en las producciones y comprenderlos mejor
–especialmente, los vinculados a la adecuación en relación con lo solicitado y al texto fuente, a la cohesión
lograda y la selección lexical– para poder jerarquizarlos y seleccionar en cuáles focalizar.
Esta segunda instancia puede organizarse como revisión colectiva de uno de los textos que se haya
seleccionado o bien de ciertos fragmentos de diferentes producciones que presenten un mismo problema de
escritura. En los dos casos, será necesario que los textos o fragmentos propuestos contengan aspectos logrados y
algunos problemas representativos de la generalidad de las producciones.
Al exponer el texto a la vista de todos –en un afiche o en computadora– es conveniente que su transcripción no
presente errores ortográficos ni de segmentación de palabras –aunque sus autores sí los hayan producido– de
manera tal que los pequeños revisores no se centren en esos aspectos del escrito que podrían resultar más
evidentes y simples de resolver de manera conjunta. Los problemas vinculados al sistema de escritura –si se
advierten como recurrentes en las producciones– podrán abordarse en situaciones específicas de reflexión sobre
el lenguaje o ser retomados con intervenciones puntuales en otros momentos.
Por ejemplo, el o la docente puede presentar un fragmento como el siguiente:
(...)
Después como nadie me contestó miré hacia la ventana. La casa aparentaba estar vacía y como ya te conté que
estaba muy hambrienta, no me quedó otra opción que entrar.
Primero probé la sopa del tazón grande (según mi perspectiva era grande).
Luego probé la mediana y dije —¡Puaj! qué fría, dijo. Por último probé la chiquita y esa sí era la mejor.
Como yo quería descansar y vi 3 sillas y llegué a la conclusión que la silla chica era la mejor solo que al minuto
se me rompió subí la escalera y dije —¡esta cama es perfecta! Y entonces me dormí.
(...)
Y presentarlo así:
o Estuve leyendo lo que escribieron así podemos seguir pensando cómo mejorar los
textos para que se parezcan a los cuentos tradicionales que venimos leyendo y,
sobre todo, a la historia de Ricitos de Oro. Elegí uno que traje para releer entre
todas y todos pero solo transcribí una parte del medio. Acá está, vamos a leerlo.
Luego, destaca distintos aspectos logrados en el texto, por ejemplo, aquellos que se vinculan con la adecuación
del escrito a la propuesta planteada y al texto-fuente:
o ¿Cómo nos damos cuenta de que es Ricitos la que está relatando sus aventuras?
Está muy bueno lo que escribió esta pareja porque no solo cuenta lo que ella hizo
antes de entrar a la casa y por qué lo hizo (“como nadie me contestó, miré hacia la
ventana”) sino que también va diciendo cómo se sentía ella (“estaba muy
hambrienta, no me quedó otra opción que entrar”).
Enfatiza un rasgo característico de los cuentos tradicionales sobre el cual se había conversado durante el
intercambio entre lectores y que había sido seleccionado durante la planificación colectiva como uno de los
aspectos a considerar al escribir:
o Como lectores nos enteramos de que logra encontrar la sopa que le gusta recién
en el tercer intento y sabemos que eso sucede varias veces en este cuento y
también en otros tradicionales. Por eso lo habíamos registrado como algo que no
podía faltar. Fíjense (lee):
“Primero probé la sopa del tazón grande (según mi perspectiva era grande). Luego
probé la mediana y dije -¡Puaj! qué fría, dijo. Por último probé la chiquita y esa sí
era la mejor.
Luego, hace notar la organización del texto mediante marcas de puntuación –que contribuyen a cohesionarlo–.
o Además, quienes escribieron este texto nos van dando pistas a las y los lectores
para entenderlo mejor porque marca con puntos y aparte el pasaje de una escena
a otra. Fíjense, de acá hasta acá (señala el primer párrafo) cuenta lo que hizo
cuando se acercó a la casa del bosque; en cambio, en este otro párrafo, relata el
momento en que probó el primer tazón ya dentro de la casa, y en el otro párrafo,
después del punto y aparte, cuenta que probó los otros dos. Después vuelve a
usar un punto y aparte para separar el episodio de los tazones del momento en
que prueba las sillas. ¡Está buenísimo lo que estos autores pudieron escribir y
marcar en la primera versión!
Seguidamente, propone focalizar la revisión en escenas centrales del texto-fuente que fueron omitidas por la
autora o el autor del texto, lo cual dificulta la comprensión de la historia por parte del lector:
o Ahora revisemos la última parte de este fragmento porque creo que hay algo por
mejorar, vamos a releerlo.
¿Qué les parece a ustedes? Pareciera que Ricitos le cuenta a su mamá algo sobre
las sillas y solo dice que la cama es perfecta, pero ni su mamá ni nosotros como
lectores nos enteramos de qué sucedió con esas sillas y esas camas que fue
probando. ¿Cómo podríamos ampliar esas escenas para narrar lo que falta? Yo voy
a hacer un asterisco acá y lo escribo en este otro afiche mientras ustedes me
dictan cómo lo podríamos ampliar para que se entienda que esta pequeña inquieta
fue tocando y probando muchas de las pertenencias de ¡¡tres osos!!, nada más ni
nada menos… toda una aventura.
Una vez instalado el foco de la revisión, será necesario que la o el docente realice intervenciones que
contribuyan a mejorar el texto, por ejemplo:
o Volvamos a leer el fragmento en que Ricitos prueba las sillas y las camas ¿qué
podrá contarle a su mamá sobre lo que hizo con las sillas?, ¿se dieron cuenta de lo
que muestran las ilustraciones de esa parte?, ¿cómo llega a la conclusión de que
la silla chica era la mejor?
Tendríamos que contarlo desde esta parte (señala ‘como yo quería descansar’) o
modificar toda esta parte y agregar, por ejemplo (escribe):
- Ya estaba cansada así que buscaba un lugar para descansar. Fue en ese momento
que vi tres sillas… o
- Después de haber jugado en el bosque y comido bastante tenía ganas de
descansar, por eso buscaba algún lugar…
Como la propuesta de escritura se centra en cambiar la voz narrativa –contar lo sucedido como si lo relatara la
protagonista–, es fundamental controlar en qué medida se ha logrado sostener este cambio de voz.
o Yo acá veo un problema. A veces me doy cuenta de que es Ricitos quien relata, y
otras veces al leerlo dudo de quién está contando esta historia. Leo la parte que
me preocupa: (lee) Luego probé la mediana y dije —¡Puaj! qué fría, dijo. Por
último probé la chiquita y esa sí era la mejor.
¿Se dan cuenta de cuál es el problema?
Si las chicas y los chicos no lo detectaran por sí mismos, la o el docente puede agregar:
o Cuando dice (lee) ‘Luego probé la mediana y dije’ ¿quién está relatando esta
historia?, y cuando dice (lee) ‘—Puaj! qué fría, dijo’ ¿quién está relatando?
Porque en una parte dice ‘dije’ y en otra dice ‘dijo’.
¿Cómo tendría que quedar para que quien lo lea entienda que siempre es Ricitos
la que cuenta sus aventuras?
o Otros nenes escribieron esa parte así (escribe en el pizarrón y lee):
Luego probé la taza mediana y grité: ¡Puaj, qué fría! Luego, tomé una cucharada
de la sopa del tazón pequeño y la sentí perfecta.
¿Qué palabras me hacen dar cuenta de que siempre es Ricitos la que lo está contando?,¿hay alguna marca en
el texto que también da pistas de cuando ella está hablando?
Finalmente, el texto propuesto presenta un problema de cohesión muy frecuente: el reiterado e innecesario –en
este caso– uso de la conjunción “y” como conector temporal. Focalizar en la revisión de esta cuestión –además
de contribuir a mejorar los textos producidos– permitirá avanzar en el conocimiento de estrategias cohesivas
que las y los estudiantes podrán reutilizar al producir otros escritos. La o el docente podrá plantear una nueva
relectura –luego de completar y ampliar los episodios para evaluar la nueva versión del texto– y señalar:
o Yo también advierto, sobre todo en esta parte (señala y relee) que se repite
demasiado “y” para hacer avanzar las acciones que Ricitos va relatando. En los
cuentos se usan diferentes palabras para decir que una acción sigue a la otra. Lo
interesante es que además de no repetir “y” podemos entender mejor cuánto
tiempo pasa entre una escena y otra. Por ejemplo, no es lo mismo decir “algunos
días más tarde” que “poco después” o “luego”. Busquemos en el cuento qué
palabras se usan para indicar tiempo, después podemos hacer una lista con estas
u otras que conozcamos y luego revisamos para decidir cuáles usar en cada parte
en lugar de “y”.
Después de la revisión colectiva, se puede proponer una instancia de revisión –en parejas o individual– de
los propios textos. En esta ocasión, se trata de que las chicas y los chicos relean sus producciones intentando
mejorarlas a partir de lo reflexionado de forma grupal.
o En estos tres fragmentos, hay personajes que hablan y hay palabras que anuncian
que el personaje va a decir algo. ¿Quién habla en cada caso? Ahora fíjense cuál es
la palabra que indica que va a hablar un personaje en cada fragmento y
márquenla.
Las niñas y los niños advertirán fácilmente que, aunque en la primera oración no dice quién es el personaje que
habla, nosotros lo sabemos porque conocemos el cuento. Una vez que hayan marcado las palabras que anuncian
en cada caso el parlamento de un personaje y después de constatar que todos han marcado “dijo”, “exclamó” y
“rugió”, se puede señalar:
o En todos los casos se podría haber escrito “dijo” (aunque quedaría un poco raro
con la voz gruesa del oso) pero el autor eligió otras palabras, ¿qué nos habrá
querido decir al elegirlas?, ¿qué diferencia hay entre “dijo” y “exclamó”? ¿Y entre
“dijo” y “rugió”?
A partir de lo que aporten las niñas y los niños –basándose en lo mucho que saben de su lengua materna y
también en su recorrido por muchos cuentos–, se podrá concluir que las palabras marcadas, además de avisar al
lector que hablará un personaje, indican cómo habló e incluso, en algunos casos, cómo se sentía al hablar.
“Exclamó” solo indica que habló más fuerte y con entonación admirativa, pero “rugió” da cuenta de una
emoción –indignación, enojo y hasta furia–.
Luego, se puede solicitar a las chicas y los chicos que busquen en qué otras partes del cuento hablan los
personajes y que vayan haciendo una lista con esas palabras que introducen la voz de la niña o la de cada uno de
los osos. Como la voz de Ricitos casi siempre está introducida por “dijo” –e incluso en algunos casos no es
anunciada por ningún verbo del decir–, será suficiente con que las y los estudiantes anoten dos o tres casos y se
puede hacer notar que no molesta en este caso la reiteración del mismo verbo porque está usado en páginas
diferentes, a bastante distancia uno de otro.
Para aquellas niñas y niños que requieren mayor apoyo de su docente, se pueden circunscribir directamente las
escenas del regreso de los osos, en las que se usan otros verbos del decir:
Entonces la osa mediana vio la cuchara dentro de su tazón y chilló con voz finita: ¡ALGUIEN HA PROBADO
MI SOPA!
El oso pequeño miró su tacita y lloró: ¡ALGUIEN HA PROBADO MI SOPA ¡Y SE LA HA COMIDO TODA!
El oso grande vio su cama deshecha y con su voz de trueno gruñó: ¡ALGUIEN SE HA ACOSTADO EN MI
CAMA!
Será necesario que la o el docente destine un tiempo para poner en común la lista elaborada por las parejas de
estudiantes. Al reflexionar sobre estos ejemplos, se verá que los verbos introductorios aquí utilizados indican
también –como “exclamó– en qué forma habló el personaje. En el caso del oso pequeño, el verbo también
vehiculiza la tristeza del personaje.
Ahora bien, como en “Ricitos de oro” no hay diálogo, no aparecen otros verbos del decir muy usuales, que
pueden encontrarse en otros cuentos ya leídos:
–¿Y usted cree que este jarabito le va a hacer bien, don Ramón? –preguntó doña Clementina mientras miraba
con atención la etiqueta, que estaba llena de estrellitas azules.
–Sin duda, señora –respondió el farmacéutico .
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Después de observar que, así como se usó “exclamó” anteriormente, aquí “preguntó” es la forma elegida para
anunciar la frase interrogativa que dirá doña Clementina, conviene señalar que se podría usar “contestó” en
lugar de “respondió”. Estos verbos introductorios pueden agregarse a la lista que se está confeccionando.
Por último, se puede rescatar un ejemplo diferente, pidiendo a las niñas y los niños que se fijen cómo se
introduce la voz de la niña en la página 21 de “Ricitos de oro”:
Finalmente, se acostó en la camita del oso pequeño y pensó: ¡ESTA CAMA ES PERFECTA!
En este caso, el verbo introductorio no anuncia algo que el personaje dice sino algo que no llega a expresar. En
otros cuentos, pueden encontrarse ejemplos similares:
“¡Pobre hombre!”, pensó doña Clementina.
Y el o la docente puede agregar otros ejemplos de este tipo:
–¿Será cierto eso? –dudó Mafalda.
–¡No puede ser! –se sorprendió la mamá.
Recorrer el cuento con las y los estudiantes buscando cuáles son los verbos utilizados para indicar qué personaje
habla, habló o está hablando –así como agregar otros ejemplos– permitirá reflexionar sobre la posibilidad del
escritor de seleccionar el verbo introductorio más adecuado en cada caso para indicar cómo habla el personaje,
cuál es su intención o cuál es su estado de ánimo.
Luego, las intervenciones de la o el docente pueden orientarse a hacer notar a las niñas y los niños cuál es el
lugar que los verbos del decir ocupan en relación al discurso directo: a veces anunciando lo que dice el
personaje; otras veces, después de lo que dice . Para ello, se podrán recuperar algunos de los fragmentos
9
o Como vimos, cuando va a hablar Ricitos en el cuento, casi siempre se anuncia con
“dijo”. Piensen y escriban otras palabras (otros verbos) para decir de otra manera
quién habla en cada caso y cómo se siente cuando habla:
Primero, probó la sopa del tazón del oso grande y ________ ¡AY! ¡ESTA SOPA ESTÁ MUY CALIENTE!
Entonces, Ricitos probó la sopa de la osa mediana y ________ ¡ESTA SOPA ESTÁ DEMASIADA FRÍA!
Por último, Ricitos de Oro probó una cucharada de la sopa de la tacita del oso pequeño y ________ ¡ESTA
SOPA ESTÁ PERFECTA!
o Ahora piensen y escriban otras formas en que el narrador podría anunciar que
habla cada oso (en lugar de “gruñó”, “chilló” o “lloró”).
El oso grande ________ ¡ALGUIEN HA PROBADO MI SOPA!
Entonces la osa mediana ________ ¡ALGUIEN TAMBIÉN HA PROBADO MI SOPA!
El oso pequeño ________ ¡ALGUIEN HA PROBADO MI SOPA!
¡Y SE LA HA COMIDO TODA!!
Luego de un tiempo de ir recorriendo las parejas y ofrecer algunas ayudas para quienes las requieren, la o el
docente propone una puesta en común para organizar colectivamente una lista de verbos introductorios de las
voces de los personajes que podrá registrarse en un afiche y quedar a la vista en el aula. Esta lista se irá
enriqueciendo a medida que, al leer nuevos textos, se encuentren otros verbos del decir y las y los estudiantes
podrán consultarla cada vez que lo necesiten cuando estén produciendo un texto.
Finalmente, se solicita a las niñas y los niños que revisen alguno de los textos producidos en el curso de la
secuencia, focalizando la mirada en la introducción de las voces de los personajes, es decir, en elegir el verbo
más adecuado en cada caso.
Acerca de la reflexión ortográfica
Probablemente, las escrituras de las chicas y los chicos presenten diversos tipos de errores ortográficos, algunos
de ellos muy recurrentes. Sin embargo, si se sostiene con cierta frecuencia un tiempo destinado especialmente a
situaciones de reflexión y sistematización sobre conocimientos ortográficos –vinculados a restricciones gráficas
y regularidades fonográficas contextuales – y se propone volver a los propios textos para que las
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final de la palabra y centrarse luego en el problema de decidir en qué casos se utiliza en el interior de las
palabras.
A continuación se presentan dos propuestas dirigidas a ofrecer una nueva instancia de reflexión sobre el uso de
R / RR; la o el docente puede optar por realizar la primera o ambas.
a. Analizar –en parejas o tríos– varios pares de palabras que solo se diferencian por el uso de R/RR a partir de la
pregunta:
o ¿Por qué algunas de estas palabras se escriben con R y otras con RR?
CARO / CARRO
CARETA / CARRETA
PERO / PERRO
CORO / CORRO
PERA / PERRA
Después de dar un tiempo para que los integrantes de cada grupito compartan sus
opiniones, se les pide que escriban una primera conclusión.
Luego, la o el docente propone a los mismos equipos buscar otras palabras con RR,
hacer una lista y revisar la conclusión anterior para asegurarse de que sigue
siendo válida.
Después de poner en común las palabras anotadas por todos los equipos, se
propone compartir las conclusiones a las que arribaron y se elabora una conclusión
en conjunto que es validada por la o el docente (la forma más sencilla de esta
conclusión es: RR únicamente se utiliza entre dos vocales y cuando corresponde al
sonido fuerte).
b. Corregir un texto producido por otro niño que presenta algunos errores ortográficos en el uso de R / RR. Un
posible texto es el siguiente:
Miré por la ventana, miré por el ojo de la ceradura y entré. Vi tres tazones de sopa, uno era grande,
otro era mediano y otro era chiquito.
Y yo tenía hambre, entonces probé la taza grande y la sopa estaba muy caliente y después probé la taza mediana
y estaba demasiado fría, y después probé una cucharada de la sopa del tazón pequeño y me encantó,
estaba rriquísima! y me la comí toda.
Al rrato estaba cansada y quería sentarme. Vi tres sillas…
Se propone a las chicas y los chicos que se fijen en las palabras subrayadas, que
presentan R / RR, y discutan –por parejas– cuáles están bien escritas y cuáles no.
Una vez que se pongan de acuerdo, escribirán correctamente las palabras que
deben ser corregidas.
Luego, se puede promover que piensen qué palabras suelen plantearles dudas
sobre R / RR cuando escriben y vuelvan a las conclusiones que han anotado para
decidir.
Si la o el docente notara que algunas o algunos estudiantes necesitan volver a
construir la regla, puede pedirles que revisen los ejemplos sobre los que han
trabajado para responder el siguiente interrogante:
o ¿Cómo podemos explicarle a una chica o a un chico que siempre se equivoca en
usar R o RR, en qué tiene que fijarse o pensar para escribir esas palabras de forma
correcta?
Palabras Palabras Palabras Palabras como
como REY como ORO como CERRADURA
CUCHARA
Las y los docentes podrán consultarlo a fin de seleccionar aquellas propuestas que considera pertinentes para su
grupo de estudiantes. En ese material se plantean las siguientes propuestas:
Después de poner en común las palabras que las parejas hayan incluido en cada
columna, intercambiar para describir cómo funciona la misma letra G en los
distintos casos: ¿a qué sonidos puede corresponder?, ¿en qué casos (antes de qué
letras) corresponde a un sonido y en cuáles a otro?, ¿cómo sabemos en qué casos
corresponde usar GU en lugar de G?
Construir –con la orientación de la o el docente– una explicación que dé cuenta de
los diferentes casos analizados.
En parejas, leer los siguientes pares de palabras emparentadas lexicalmente y
explicar por qué se escriben unas con G y otras con GU:
Diego - Dieguito
hormiga -hormiguero
manga - manguera
juego - jueguito
lago - laguito
b. Organizar a chicas y chicos en parejas para observar las siguientes formas verbales de abrigar y jugar.
abrigar – abriguemos – abrigué – abrigó – abrigá
jugar – jugaron – juguemos – jugué – jugó
Continuemos estudiando v3