NUMEROS 30
Williams MacDonald
30:1–5 El capítulo 30 contiene instrucciones especiales en cuanto a los votos. El hombre que hiciere voto a JEHOVÁ
tenía que llevarlo a cabo sin falta. Mas si la mujer joven, aún bajo el cuidado paterno, hiciera voto, y su padre oyere,
podía hablar en contra del voto. Es decir, podía prohibirlo en el mismo día, y sería cancelado. Si esperaba hasta el
segundo día o no hablaba en contra, el voto era efectivo y tenía que llevarse a cabo.
30:6–16 Los versículos 6–8 parecen describir un voto hecho por una mujer antes casarse. Aunque su marido por
supuesto no hubiera oído el voto en el día que se hizo, él tenía el derecho de vedarlo en el mismo día en que oyera
del voto. Los votos hechos por una viuda o divorciada eran obligatorios (v. 9). Los votos hechos por una mujer
casada
podían ser anulados por su marido el mismo día (vv. 10–15). Esto mantenía el liderazgo del esposo. Si un marido
anulaba el voto de su esposa después del primer día, él tenía que llevar el pecado de ella, es decir, llevar el sacrificio
requerido o ser castigado por el Señor (v. 15).
Mathew Henry
CAPÍTULO XXX
Versículos 1, 2. Cumplimiento de los votos. 3—16. Casos en que se puede anular un voto.
Vv. 1, 2. Ningún hombre está ligado por propia promesa a hacer lo que, por precepto divino, ya está prohibido. En
otros asuntos el mandamiento es que no debe quebrantar su palabra, si cambia de idea.
Vv. 3-16. Se determinan dos casos de votos. El caso de una hija en la casa de su padre. Cuando el voto de ella llega a
conocimiento del padre, éste tiene el poder de confirmarlo o anularlo. La ley es simple en el caso de la esposa. Si su
marido le permite su voto, aunque sólo sea por silencio, el voto es firme. Si no se lo permite, la obligación de ella
para con su esposo toma el lugar del voto; pues ella debe estar sujeta a él como al Señor. La ley divina comprende el
buen orden de las familias. Apropiado es que todo hombre gobierne su casa y tenga en sujeción a su esposa e hijos.
Dios libera de la obligación hasta del voto solemne antes que se rompa esta gran regla, o que se estimule a los
parientes bajo sujeción a romper en pedazos los votos. Así pues la religión asegura el bienestar de toda la sociedad; y
en ellos tienen bendición las familias de la tierra.
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El Nazareato
Números 6:1-8; 22-27
El más alto concepto de la pureza y la separación se expresa por la ley del Nazareato.
Aquí observamos: (1) La persona se separaba por completo para Dios, reconociéndose a sí mismo, y era reconocido
como una persona de vida dedicada a Dios (2) El sacrificio era voluntario y por lo tanto tenía el dulce sabor de la
perfecta alegría y amor. (3) Fue acompañado por un voto de especial consagración y sagrado. (4) Él debía abstenerse
del vino y de toda bebida fuerte, lo que sugiere que su vida iba a estar libre del fuego de la pasión terrenal y en
libertad disfrutar de la calma celestial por la posesión divina que les caracterizaría. (5) No debían tocar a los muertos,
ni siquiera a su propia familia inmediata. Esto implica que si queremos ser verdaderos nazareos, debemos
separarnos de nuestra vieja naturaleza carnal, debemos estar crucificados juntamente con Cristo y resucitados
con Él por lo que no vamos a tener incluso en la conciencia o memoria de la naturaleza pecaminosa a la que hemos
renunciado y crucificado definitivamente. (6) No debían afeitarse o tocar la cabeza o el cuerpo, sino que debían ser
totalmente entregados al Señor en perfecto simplicidad. El pelo del cuerpo humano parece ser de alguna manera el
símbolo divino del poder, y el diseño de esta característica fue sugerido en la vida del Nazareno, como en el caso de
Sansón, la idea de poder en toda la plenitud por la divinidad investidura y presencia del Espíritu Santo. Un nazareo
expresa de esa manera la idea de pureza y poder como inseparablemente juntas. Así nos encontramos con que
Sansón era un nazareo, y mientras fue fiel en su consagración fue poseído por la fuerza sobrehumana que Dios le dio
como sello de esa consagración. Cuando se separó de Dios, él perdió su fuerza.
Sin duda, la lección no es difícil de encontrar en nuestra vida espiritual. Seremos hombres débiles y pecadores
cuantas veces dejamos que el mundo nos contamine. Pero en santa separación encontraremos posibilidades
ilimitadas por el poder de Dios y su plenitud.
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COMENTARIO BIBLICO MUNDO HISPANO
(2) Ley de los votos, 30:1–16. En tiempos de necesidad especial, las personas comúnmente hicieron votos de hacer
algo especial en el futuro si Dios les ayudaba en el momento de crisis (ver Gén. 28:20–22; Núm. 21:2; Jue. 11:30–40;
1 Sam. 1:11). Este tipo de voto incluye la promesa de hacer algún servicio especial para Dios o de presentar
sacrificios especiales a Dios.
A veces el voto incluye la promesa de abstenerse de algo (ver 1 Sam. 14:24; Sal. 132:1–5; Hech 23:12). Cuál sea la
promesa que se hace, un principio general es que la persona debe cumplir sus votos (Deut. 23:21, 22; Ecl. 5:4). Si por
cualquier razón alguien no quiere o no puede cumplir un voto de sacrificar o dedicar algo a Dios, Levítico 27
demanda el pago de un precio por el rescate de las cosas prometidas a Dios. Este pasaje trata otro problema: la
validez de los votos hechos por mujeres.
¿Por qué se coloca este pasaje aquí? Los votos se relacionan estrechamente con los sacrificios, el tema de los caps.
28 y 29. Aunque los sacrificios tratados en esos capítulos son los que los sacerdotes presentan a favor de toda la
congregación, en 29:39 menciona que los sacrificios presentados por individuos se agregan a los de los sacerdotes.
Entre los que los individuos presentan están las ofrendas votivas. Este era un tipo especial de los sacrificios de paz
(ver Lev. 7:16) que se presentaba al hacer el voto. Después de recibir la ayuda divina pedida, la manera más común
de pagar el voto era por la presentación de sacrificios de paz en acción de gracias (Lev. 7:16; Deut. 23:23; Sal. 50:14;
116:13–19; Jon. 2:9).
Hay otras razones por la inclusión de las reglas acerca de los votos aquí. Era común hacer votos en tiempos de
guerra, e Israel está por salir en una campaña militar contra Madián (cap. 31). Más adelante queda la campaña de
conquista de Canaán. En 21:2, Israel había hecho un voto de aniquilar a los cananeos, y este pasaje sirve para
recordar al pueblo de la necesidad de cumplir ese voto. Quizás más pertinente aun es el hecho de que las tribus de
Rubén, Gad y parte de Manasés van a dejar a sus familias al este del Jordán mientras participan con las otras tribus
en la
conquista de la tierra al este del Jordán (32:26, 27). Durante la ausencia de los hombres, puede ser que las mujeres
hagan votos con los cuales su marido no esté de acuerdo. Este capítulo trata justamente de esta posibilidad.
El principio general, 30:1, 2. Antes de tratar con los casos excepcionales, se reitera el principio de que hay que
cumplir con los votos. Voto en el v. 2 se refiere a una promesa de hacer algo por Dios, mientras que juramento indica
una promesa de abstenerse de algo. (En otros contextos, voto se usa para los dos tipos de promesas.) Los votos
hechos por los hombres siempre tienen vigencia y han de cumplirse.
Joya bíblica
Cuando algún hombre haga a Jehovah un voto o un juramento
asumiendo obligación, no violará su palabra; hará conforme a todo lo
que ha salido de su boca (30:2).
Los votos de una joven, 30:3–5. Mientras que una joven viviera en la casa de su padre, estaba bajo la autoridad de
él. Si ella hace un voto, y él no levanta objeción al enterarse, el voto queda vigente. Pero si el padre no está de
acuerdo, tiene la autoridad de anular el voto de su hija, si lo hace inmediatamente al enterarse del asunto. La
responsabilidad de los hijos de obedecer a los padres aquí tiene preferencia sobre la responsabilidad de cumplir una
obligación
voluntariamente asumida (comp. Mar. 7:10–13).
Los votos de una joven comprometida, 30:6–8. Al comprometerse una joven pasa de estar bajo la autoridad de su
padre a la de su marido. Ahora él puede anular un voto de ella, pero tiene que hacerlo inmediatamente al enterarse
del asunto.
Los votos de una mujer viuda o divorciada, 30:9. En estos casos, la mujer no está bajo la autoridad de ningún
hombre; ella es responsable por ella misma. Por eso, sus votos siempre tienen vigencia como los de un hombre.
Los votos de una mujer casada, 30:10–16. A primera vista, este pasaje parece ser una repetición de los vv. 6–9, pero
la diferencia es que aquí se trata de una mujer casada en vez de una joven comprometida. El esposo puede anular un
voto hecho por su mujer. Pero los vv. 14, 15 subrayan que él debe hacerlo cuando primeramente se entera del
asunto. Si no dice nada por algún tiempo, y después levanta objeción contra su voto, él llevará la culpa por haber
quebrantado el voto de ella. Tendrá que presentar un sacrificio entonces para expiarse (ver Lev. 5:4–6).
Estas reglas reflejan el medio ambiente de una edad cuando la mujer no era económicamente independiente, sino
que dependía de su padre o de su esposo para su sostenimiento. Si ella prometió ofrecer en sacrificio un animal,
podía costarle caro a su padre o esposo. Es por eso que el hombre tiene el derecho de anular el voto de una mujer
que está bajo su cuidado. Pero la ley reconoce la vigencia de los votos de la mujer si el hombre quien es responsable
por ella no se opone inmediatamente al enterarse del asunto.
Semillero homilético
Un vistazo a los votos
30:1–16
Introducción: Cuando uno compra una casa, ocupa un puesto, contrae matrimonio o de cualquier otra manera hace
una promesa o toma un compromiso, lo que en realidad sucede es que “hace un voto”. La Biblia lo menciona
específicamente 87 veces. Y, por supuesto, los “votos al paso” que hacemos cada día indican nuestras obligaciones.
Cualquiera puede hacer votos. El hecho es que todos hacemos votos, sea que nos demos o no cuenta. El v. 2
dice:Cuando algún hombre haga... un voto.
Podemos hacer un voto positivo. Podemos atar nuestra alma con una obligación (v. 2). En ciertas áreas existe una
gran necesidad de acción afirmativa. Podemos hacer voto de dedicar tiempo cada día a Dios para meditar sobre las
Escrituras y para orar. Podemos asumir el compromiso de apoyar a nuestra iglesia con nuestra presencia, oraciones y
servicio. Podemos hacer voto de alentar a otros.
Los votos pueden ser expresados negativamente. Podemos decidir dejar de perder el tiempo con tanta televisión,
literatura vana, etc. Podemos decidir dejar de aplazar lo que debemos hacer. Podemos decidir dejar hábitos que no
honran a Dios ni edifican.
El texto habla de votos que afectan a los demás. Enfoca especial atención en el sector femenino quizá como
preocupación porque muchas veces las mujeres no son tenidas en cuenta en una “sociedad dominada por los
varones”.
Hijas jóvenes, nuevas esposas, mujeres solteras y mujeres adultas son enfocadas en este capítulo. Podemos hacer
una aplicación espiritual del “principio del voto” en cada caso, al igual que casos no mencionados en el texto.
III. Necesitamos hacer votos con sabiduría. Muchas veces hablamos sin pensar seriamente en lo que decimos.
Necesitamos “pensar sabiamente” cuando algo tiene que ver con un voto.
Dios considera lo que los niños dicen impulsivamente. ¿Quién no ha oído a un niño decir algo sin pensar, que luego
le ha pesado? Los votos obligan al esposo y padre del hogar a prestar atención a todos los asuntos familiares serios.
Después de todo, el esposo es la cabeza de la familia, aunque algunos opinen lo contrario.
Conclusión: Necesitamos pensar en los votos del matrimonio y la familia. Necesitamos pensar en los votos en
relación con la salvación, el bautismo, la cena del Señor y otros aspectos de la vida cristiana.
FALTA JAMIESSON Y BROWN
NÚMEROS 30
VOTOS
INVIOLABILIDAD DE LOS VOTOS.
El fundamento principal es que los votos deben cumplirse (Deut. 23:21-23; Ecl. 5:4)
Un voto . Heb .: neder , “un voto positivo o promesa de dar al Señor cualquier parte de la
propiedad de uno”. Keil y Del.
Un vínculo. Heb. Issar , “el voto negativo o voto de abstinencia.” - Ibid .
“Un voto implicaba una obligación de hacer: un vínculo, una obligación de abstenerse de
hacer.” - Speaker's Comm .
· EL VALOR DE LA PALABRA DADA
· DUEÑOS DEL PACTO AL QUE NOS COMPROMETIMOS
· RESPONSABLES DEL COMPROMISO ASUMIDO
· HAGO LO QUE DIJE QUE HARÍA
Números 30 trata de votos que son diferentes a los votos
discutidos en
Levítico 27 y Números 6.
El material se coloca aquí después de todas las decisiones sobre las ofrendas, pero
podría haber sido revelado a Moisés en cualquier momento, como los votos nazareos o
la cuestión de la herencia de las hijas. La lógica de colocarlo aquí puede ser que una
fiesta era el lugar ideal para cumplir un voto.
Aben Ezra opina que esto fue dicho después de la batalla con Madián, de la cual hay un
relato en el capítulo siguiente, y es ocasionado por lo que se dijo, a las tribus de Gad y
Rubén, Números 32:24.
haced lo que ha salido de vuestra boca; a lo que respondieron:
tus siervos harán como mi señor manda; sobre lo cual se observa la naturaleza de un
voto, y la manera de cumplirlo; Pero la ocasión de esto parece ser más bien lo que se
dice hacia el final del capítulo anterior, Números 29:39, que los diversos sacrificios allí
ordenados debían ser ofrecidos en su tiempo, además de los votos y las ofrendas
voluntarias; y cuándo estos eran ratificados y confirmados, y cuándo eran nulos y sin
valor, y debían cumplirse o descuidarse, es el asunto principal de este capítulo.
En tiempos de necesidad especial, las personas comúnmente
hicieron votos de hacer algo especial en el futuro si Dios les
ayudaba en el momento de crisis (ver Gen_28:20-22; Num_21:2;
Jdg_11:30-40; 1Sa_1:11). Este tipo de voto incluye la promesa de
hacer algún servicio especial para Dios o de presentar sacrificios
especiales a Dios. A veces el voto incluye la promesa de
abstenerse de algo (ver 1Sa_14:24; Job_132:1-5; Act_23:12). Cuál
sea la promesa que se hace, un principio general es que la
persona debe cumplir sus votos (Deu_23:21-22; Pro_5:4). Si por
cualquier razón alguien no quiere o no puede cumplir un voto de
sacrificar o dedicar algo a Dios, Levítico 27 demanda el pago de
un precio por el rescate de las cosas prometidas a Dios.
Este pasaje trata otro problema: la validez de los votos.
Las reglas por las cuales debían regularse legalmente los votos,
en lo que se refiere a sus objetos y a su cumplimiento, ya han
sido establecidas en Levítico; pero el capítulo que nos ocupa
contiene instrucciones con referencia a la fuerza de los votos y
las renuncias.
Éstas están en relación con las reglas generales de los
sacrificios, de modo que los votos se relacionaban en su mayor
parte con la presentación de sacrificios; e incluso los votos
de renuncia participaban del carácter de adoración. Las
instrucciones en cuestión estaban dirigidas (Números 30:1) a
“los jefes de las tribus”, porque entraban en la esfera de los
derechos civiles, es decir, en la de la vida familiar.
30.1-16 Esta sección contiene normas relativas a votos hechos
por las mujeres, y es el reflejo de una sociedad en la que la
mujer ocupaba una posición subordinada. Un voto hecho por una
mujer estaba sujeto a la autoridad del varón, excepto en el caso
de la viuda o divorciada, es decir, cuando no había ningún
hombre que se hiciera responsable por ella (v. 9).
30.2 El voto o juramento hecho por un hombre tenía que
cumplirse forzosamente (Dt 23.21-23; cf. Gn 28.20-22; Jue 11.30-
31). En el caso de la mujer, por el contrario, el padre o el marido
podían confirmar o anular la promesa (cf. v. 3-15).
30.6 Pero si es casada: otra posible traducción: Y que luego se
case.
Un voto era generalmente una promesa de hacer algo o de dar algo. Los hombres (vers. 2), las
viudas y mujeres divorciadas (vers. 9) tenían que cumplir los votos, pero un padre podría anular
los votos de una hija bajo su cuidado si lo hacía el mismo día que se enteraba de ellos (vers. 3–
5). De la misma manera el esposo podía anular los votos de su mujer el día que lo supiera (vers.
6–8). Si los anulaba más tarde, él llevaría la culpa en lugar de la esposa (vers. 13–15; Gn 28:20–
22; Lv 27; Jue 11:30, 31).
Estas reglas reflejan el medio ambiente de una edad cuando la mujer no era económicamente
independiente, sino que dependía de su padre o de su esposo para su sostenimiento. Si ella
prometió ofrecer en sacrificio un animal, podía costarle caro a su padre o esposo. Es por eso que
el hombre tiene el derecho de anular el voto de una mujer que está bajo su cuidado. Pero la ley
reconoce la vigencia de los votos de la mujer si el hombre quien es responsable por ella no se
opone inmediatamente al enterarse del asunto.
En los tiempos antiguos, la gente no firmaba contratos por
escrito. La palabra de una persona era tan valiosa como una
firma. Para hacer que un voto fuera más obligatorio, se daba una
ofrenda junto con él. Nadie era forzado por ley a hacer un voto;
pero una vez que se hacía, se tenía que cumplir. El romper un
voto significaba una confianza perdida y una relación rota. La
confianza todavía sigue siendo la base de nuestras relaciones
con Dios y con los demás. Así que una promesa rota en la
actualidad, es igualmente dañina como lo era en los días de
Moisés.
30.3-8 Bajo la ley israelita, los padres podían invalidar el voto de
los hijos. Esto beneficiaba a los jóvenes ya que evitaba que
hicieran promesas necias o compromisos costosos.
De esta ley se desprende un principio importante tanto para los
padres como para los hijos:
Los jóvenes que aún viven en casa con sus padres deben buscar
su ayuda al tomar decisiones. La experiencia de un padre puede
salvar a un hijo de cometer un error grave. Sin embargo, los
padres deben ejercer su autoridad y responsabilidad espirituales
para guiar a sus hijos con cautela y gracia. Ellos también
deberían permitir que sus hijos aprendan de sus propios errores
mientras lo protegen de situaciones desastrosas.
ILUSTRACIONES
1) Un voto es una promesa hecha a Dios, en las cosas de Dios. Los casuistas consideran que su
obligación es tan grande como la de un juramento. Es un vínculo sagrado y solemne, donde un
alma se une a Dios en las cosas lícitas; y estar una vez atado por él, es un mal atroz violarlo. “Es
una gran deshonestidad fallar en lo que le hemos prometido a los hombres”, dice el Dr. Hall;
“Pero decepcionar a Dios en nuestros votos no es menos que un sacrilegio.
El acto es libre y voluntario; pero si una vez que un voto o promesa justa y legítima ha pasado de tus labios,
no puedes ser falso con Dios al cumplirlo ". Está con nosotros en cuanto a nuestros votos, como ocurrió
con Ananías y Safira en cuanto a su sustancia: "Mientras permaneció", dice Pedro, "¿no era tuyo?" No
necesitaba venderlo y darlo; pero si da, no puede reservar: es muerte salvar sólo una parte; él miente al
Espíritu Santo que defalca de lo que se comprometió a otorgar. Si le has hecho un voto al poderoso Dios de
Jacob, procura ser fiel en tu desempeño, porque Él es un Dios grande y celoso, y nadie se burlará de él. —
J. Flavel .
2) Un refrán ingles dice: "El río pasado, y Dios olvidado", para expresar con qué triste frecuencia
Aquel cuya ayuda fue invocada, pudo haber sido seriamente, en el momento del peligro, ya no
es recordado tan pronto como con su ayuda se ha superado el peligro. Los españoles también
tienen el refrán, pero está con ellos: “El río pasado, el santo olvidado”, siendo los santos en
España objetos de invocación más destacados que Dios. Y la forma italiana de que suena una
profundidad aún más triste de la ingratitud: - “El peligro pasado, el santo burlado.” RC Trench,
D. D .
La alabanza siempre debe seguir a la oración contestada. Así fue con un hombre. Estaba muy enfermo; un
gran hombre fuerte en su día; sin embargo, la enfermedad lo tocó, lo marchitó, lo acostó en una cama
humilde, lo hizo orar a la criatura más humilde de su casa por favores hora tras hora. Mientras yacía allí en
su humildad y debilidad, dijo: “Si Dios me levantara, sería un hombre nuevo, sería un devoto adorador en
el santuario, viviría para Su gloria.
”Y Dios lo recogió de nuevo; no quebró la caña cascada, no apagó el pábilo humeante, pero permitió que el
hombre recobrara sus facultades. Y no estuvo bien un mes hasta que se volvió tan mundano como lo era
antes de su aflicción. Oró como si su corazón amase a Dios; y cuando recuperó su salud, era un ateo
práctico; era prácticamente el más vil de los blasfemos. — Joseph Parker. DD .
3) Sé de dos hombres que iniciaron negocios con este voto: "Daremos a Dios la décima parte de
todas nuestras ganancias". El primer año las ganancias fueron considerables. Al año siguiente
hubo un aumento en las ganancias y, por supuesto, un aumento en el diezmo; En unos pocos
años, las ganancias se volvieron realmente muy grandes, de modo que los socios se decían
entre sí: “¿No es una décima parte de esto demasiado para regalar? supongamos que decimos
que ahora daremos un vigésimo. Y dieron un vigésimo, y al año siguiente las ganancias habían
caído; al año siguiente volvieron a caer, y los hombres se decían unos a otros, como deberían
decir los cristianos en tal caso: “¿No hemos roto nuestro voto? ¿No le hemos robado a Dios? Y
sin espíritu de cálculo egoísta, sino con humildad de alma, reproche y amarga contrición,
volvieron a Dios y le dijeron cómo estaba el asunto,Ibíd .
4) Los hijos de padres piadosos, que en su infancia se dedicaron a Dios en el santo bautismo, se
encuentran bajo los votos solemnes que se asumieron en su nombre. Aunque tus padres tenían
autoridad para prometerte por ti, eres tú quien debe cumplirla, porque eres tú a quien ellos
obedecieron. Si cree que le hicieron mal, puede quedar fuera del pacto cuando lo desee, si
renuncia al reino de los cielos.
Pero es mucho más prudente estar agradecido a Dios, porque tus padres fueron el medio de una bendición
tan grande para ti; y hacer eso de nuevo más expresamente por ustedes mismos, lo que hicieron por
ustedes; y abiertamente con agradecimiento, ser dueño del pacto en el que está comprometido, y vivir en
el desempeño y en las comodidades de él todos sus días.— Richard Baxter .
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Existen descripciones detalladas para manejar las excepciones cuando alguien hace una promesa que
excede su autoridad (las reglas en el texto tratan las situaciones en las que ciertas mujeres están sujetas a
la autoridad de algunos hombres en particular). Aunque las excepciones son válidas —no se puede obligar
a una persona a que cumpla una promesa si no tiene autoridad para cumplirla en primer lugar—, cuando
Jesús comentó en este pasaje, Él propuso una norma mucho más simple: no hagan promesas que no
pueden o no van a cumplir (Mt 5:33-37).
En los compromisos relacionados con el trabajo, nos podemos ver tentados a acumular explicaciones,
requisitos, excepciones y justificaciones para no hacer lo que prometemos. Sin duda, muchos pueden ser
razonables, como las cláusulas de fuerza mayor en los contratos, los cuales excusan a una parte para que
no cumpla sus obligaciones si está impedido por órdenes judiciales, desastres naturales y similares. Pero
no se trata únicamente de honrar lo que dice el contrato. Muchos acuerdos se hacen con un apretón de
manos. Algunas veces hay vacíos. ¿Podemos aprender a honrar el propósito del acuerdo y no solo la letra
de la ley? La confianza es el ingrediente que hace que los lugares de trabajo funcionen y es imposible que
haya confianza si prometemos más de lo que podemos dar o damos menos de lo que prometemos. Este no
solo es un hecho en la vida, sino un mandato del Señor.
Bibliografía:
Comentarios de las biblias:
ü Diario Vivir
ü Plenitud
Comentarios Bíblicos
ü Siglo XXI
ü Jamieson-Fausset-Browm
ü Recursos Bíblicos por David Guzin ( con comentarios de F.B.Meyer, Thomas Watson, Roland Allen, Edwin
Cole)
ü Biblia plus
ü Producido por el Proyecto de la Teología del trabajo