El tesoro de la literatura antigua
Rosa Angélica Montoya Francisco 3-A
ÍNDICE
Págs.
Dedicatoria…………………………………………………………………………………………... 04
Introducción………………………………………….……………………………………………… 05
2
MITOS
Creación del mundo y el hombre……………….….………………………………………… 06
Nacimiento del sol, la luna y las estrellas……………….………………………………… 07
Quetzalcóatl……..……………………………………………….………………………………… 08
Creación de los seres
humanos……………….…………………….……….……………………………………………… 09
LEYENDAS
La leyenda de la flor de
Cempasúchil…….………………………………….……………………………………………… 10
Sac Nicté……………….…………………………….……………………………………………… 11
La novia del mar……………….……………..…….……………………………………………… 12
El árbol del amor……..……………………………………….…………………………………… 13
POEMAS
Entre el cielo y la tierra………..………………….……………………………………………… 14
María Inmaculada………………………………….……………………………………………… 18
A mi madre………………..………………………….……………………………………………… 23
La esperanza……………….…………………………..…………………………………………… 27
CANTOS
Canto de danza guerrera……………….………………………………………………………… 30
Nuestra casa, recinto de flores……………….…………………………………………………31
Bibliografía ………………..…………………………….……………………………………………33
2
DEDICATORIA
A Ariana Godoy, cuya pluma teje historias que transportan y transforman.
Tu pasión por las palabras y tu capacidad para dar vida a los personajes y
mundos que creas, son una inspiración constante.
Esta antología de leyendas, mitos, poemas y cantos antiguos, es un homenaje a
tu amor por la literatura y tu dedicación a preservar y compartir las historias que
nos conectan con nuestras raíces y nuestra humanidad.
Gracias por ser una fuente de inspiración y por compartir tu don con el mundo.
2
INTRODUCCIÓN
En las profundidades de la memoria colectiva, se esconden historias y leyendas
que han sido tejidas por la imaginación y la creatividad de nuestros
antepasados. Estas narraciones, que han sido transmitidas de generación en
generación, nos conectan con nuestras raíces y nos permiten vislumbrar el
mundo a través de los ojos de aquellos que nos precedieron.
En este volumen, hemos reunido una selección de leyendas, mitos, poemas y
cantos antiguos que reflejan la riqueza cultural y literaria de nuestras
comunidades. Estas historias y poemas, que han sido cuidadosamente
seleccionados y traducidos, nos invitan a viajar a través del tiempo y el espacio,
y a descubrir los secretos y las maravillas que se esconden en la tradición oral
de nuestros pueblos.
A través de estas páginas, podrás encontrar historias de dioses y mortales, de
héroes y villanos, de amor y de muerte. Podrás descubrir la sabiduría y la poesía
que se esconden en las palabras de nuestros antepasados, y podrás sentir la
conexión que nos une a todos, a través del tiempo y del espacio.
Así que te invitamos a sumergirte en este viaje a través de la memoria colectiva,
y a descubrir las maravillas que se esconden en estas historias y poemas
antiguos. ¡Disfruta del viaje!
MITOS
Creación del mundo y del hombre
2
Antes de la existencia de todo, en una noche infinita, se reunieron los creadores,
Hurakán, Corazón del Cielo, y Kukulkán, la Serpiente Emplumada. Luego de
conversar largo rato, decidieron crear el mundo, que surgió a través de la
Palabra. Dijeron “tierra” y se hizo la tierra, dijeron “montaña” y desde las aguas
brotaron los montes, y lo mismo sucedió con los árboles y los ríos.
Kukulkán sintió que tenían que animar los espacios con seres que se movieran.
Por ello, crearon a los animales: venados, jaguares, pumas, búhos, quetzales y
serpientes. Les asignaron dónde vivir y les pidieron hablar, pero no eran
capaces, sólo emitían rugidos, graznidos y aullidos.
Así, surgió la idea del ser humano. Tomaron tierra y los moldearon con dos
piernas, dos brazos y un rostro alargado. Sin embargo, se derritieron y no
alcanzaron a proferir ninguna palabra. Entonces, procedieron a realizar seres de
madera que pudieron moverse y hablar. No obstante, eran criaturas vacías y de
corazón ingrato que no agradecieron haber sido creados.
Hurakán y Kukulkán se enojaron. Enviaron fuertes vientos y tormentas que
arrasaron con todo. Los pocos que lograron sobrevivir, se convirtieron en monos
que olvidaron haber sido humanos. Después, los dioses se retiraron, hasta que
un tiempo después llegaron un coyote, un zorro, un loro y un cuervo para
mostrarles granos amarillos que habían surgido en la tierra. De esta manera,
supieron que el maíz sería la carne de la nueva humanidad que podría iluminar
el mundo con su lenguaje.
Nacimiento del sol, la luna y las estrellas
La diosa Coatlicue vivía en un templo ubicado en Coatepec y era la madre de la
luna (Coyolxauhqui) y las estrellas (Centzonhuitznahua). Se encontraba un día
barriendo, cuando desde el cielo cayó una bella pluma azul que la fascinó.
Algunos meses después, se dio cuenta de que estaba embarazada.
Sus hijos se opusieron a esta idea, pues temieron que su hermano significase
su fin, así que decidieron acabar con su madre. La diosa, desesperada, pidió
ayuda al hijo que se encontraba en su vientre.
En el momento en que llegaron la luna y las estrellas, Coatlicue dio a luz a
Huitzilopochtli, el dios del sol y de la guerra que primero se enfrentó a las
estrellas. Una a una, fueron lanzadas hacia el cielo. Luego, llegó el turno de su
poderosa hermana, a quien le cortó la cabeza que tiró tras el monte. Así fue
como surgió el día y un diminuto colibrí extendió sus alas.
2
Quetzalcóatl
El príncipe Ce Ácatl Topiltzin estaba destinado a gobernar el pueblo de Tula.
Cuando alcanzó la mayoría de edad se dirigió allí. Consiguió la estima de los
toltecas y su reinado fue abundante en maíz, calabazas y cacao. La gente era
muy feliz y se erigieron templos.
Además, les entregó el conocimiento y prohibió los sacrificios humanos, lo que
causó la irá de Tezcatlipoca, que bajó a la tierra por el hilo de una araña y
tomando forma humana, le mostró su figura en un espejo. Impactado por su
fealdad, decidió esconderse.
El supuesto anciano le entregó un disfraz con una máscara verde y unas
plumas. Organizó una fiesta en la que lo embriagó y lo llevó a cometer
atrocidades con su hermana.
Horrorizado, huyó al día siguiente. A partir de entonces, fue recordado como
Quetzalcóatl, una mezcla de pájaro y serpiente que volvería algún día al mundo
de los hombres.
2
Creación de los seres humanos
Después de la creación del sol y la luna, Quetzalcóatl tenía la tarea de
descender al Mictlan, la región de la muerte para recoger los huesos de los
antepasados y con ellos crear a la nueva humanidad.
Luego de sortear diversas pruebas, como la montaña de los cuchillos, el viento
de navajas, los torbellinos desgarradores de carne y el perro devorador de
corazones, al fin llegó frente a la pareja de la muerte: Mictlantecuhtli y
Mictecacíhuatl.
Reinaban en la profundidad con sus cuerpos sin piel y cuencas vacías que
dejaban ver las estrellas. Adornaban sus huesos con joyas y cubrían sus
cráneos con cabello negro y rizado. Se encontraban sentados en sus sitiales de
obsidiana rodeados de sus animales favoritos: el murciélago, el búho y la araña.
Quetzalcóatl pidió los huesos y Mictlantecuhtli le dijo que sólo se los daría si
hacía sonar su caracol. Éste carecía de orificios, por lo que resultaba una tarea
imposible, pero el dios emplumado convocó a los gusanos para que hicieran
orificios y a las abejas para que ayudaran con su zumbido.
Mictlantecuhtli, enojado, le pidió a los seres del Mictlan que impidieran que
Quetzalcóatl lograra su cometido. Entonces, las criaturas hicieron un hoyo y lo
hicieron caer. Ahí se rompió la espalda y murió. Los huesos que cargaba fueron
picoteados y quedaron en muy mal estado.
El dios, gracias a su divinidad, logró resucitar, recogió a los antepasados y
huyó. Junto a los demás dioses, ordenaron los huesos y a través de la
penitencia de derramar su sangre, lograron crear a los hombres.
LEYENDAS
La leyenda de la flor de Cempasúchil
Se dice que antes de la llegada de los españoles existió un amor tan profundo
que rompió las barreras del tiempo y el espacio. Se trataba de Xóchitl y Huitzilin,
amigos desde las infancia.
Durante las tardes, les gustaba subir a la cima de una montaña a regalarle
flores a Tonatiuh, el dios del sol. Con el tiempo, sus juegos dieron paso al
enamoramiento y una tarde se juraron amor eterno frente al dios que bendijo su
unión.
Sin embargo, la tragedia llegó a su pueblo cuando comenzó una guerra. Huitzilin
2
fue reclutado como soldado. Después de varios meses separados, Xóchitl se
enteró de que su amado había muerto en el campo de batalla.
Desesperada y sumida en el más profundo dolor, se dirigió a la montaña y le
pidió a Tonatiuh ayuda, pues no podía vivir sin Huitzilin y quería estar con él
toda la eternidad. Conmovido, el dios decidió enviar un rayo que convirtió a la
muchacha en una flor amarilla como el mismo sol.
Allí se posó un colibrí, que en realidad era Huitzilin. Cuando se tocaron, la flor se
abrió y mostró sus veinte pétalos. De este modo, la leyenda afirma que mientras
exista la flor de cempasúchil y colibríes, el amor de Xóchitl y Huitzilin vivirá por
siempre.
Sac Nicté
Dice la leyenda que Sac-Nicté era una antigua princesa cuando Mayapán,
Uxmal y Chichén Itzá conviven como las grandes urbes de la cultura maya. Era
una época en la que sus reyes habían hecho un pacto de paz y no existían los
ejércitos. Cuando Canek tuvo 3 veces 7 años se convirtió en rey de Chichén Itzá
y vió por primera vez a la princesa Sac Nicté teniendo ella apenas 3 veces 5
años. Desde ese momento, ambos supieron que sus vidas estarían destinadas
a estar juntos por la eternidad. En cambio, Sac-Nicté había sido destinada por
su padre, rey de Mayapán, para ser esposa de Ulil, un sub heredero del reino de
Uxmal.
Faltando solo 37 días para la boda, un mensajero de Mayapán citó al príncipe
Canek para invitarlo a la boda, a lo que respondió que no faltaría. Esa misma
noche un enano viejo visitó a Canek y le susurró: “la flor blanca te espera entre
las hojas verdes”, ¿vas a dejar que otro la arranque? Justo después, el enano
desapareció.
En Uxmal todo se preparaba para la boda, la ciudad entera había sido decorada
para la gran ocasión. Justo cuando Sac-Nicté estaba a punto de contraer
2
matrimonio, Canek apareció con sus guerreros y se llevó a la princesa frente a
la mirada de todos, dejando al príncipe Ulil plantado.
Este hecho terminó con la paz y Uxmal y Mayapán se unieron en guerra en
contra de Chichén Itzá. Antes de que la guerra estallara, los habitantes del
Chichén Itzá partieron una noche con la luz de la luna para salvar su ciudad.
Cuando llegaron los enemigos de Uxmal y Mayapán se encontraron la ciudad
de Chichén Itzá vacía, la cual decidieron incendiar. Desde entonces la ciudad
quedó abandonada hasta nuestros días.
La novia del mar
Hace muchos años había una hermosa mujer que vivía en la ciudad de
Campeche. Ella solía pasear por la costa para contemplar las enormes
embarcaciones provenientes de diversas partes del mundo. Le gustaba
imaginar cómo eran aquellos países desde donde venían tan exóticas y
variadas mercancías.
La belleza de aquella joven era tal que hasta el mar quedó cautivado y deseaba
tener su atención por siempre. Por ello, procuraba robarle sonrisas con suaves y
armoniosos oleajes que reflejaban los destellos dorados del sol. Por las tardes,
el mar se pintaba de naranja mientras el astro rey se hundía en sus aguas.
Aquel era espectáculo que estremecía de emoción a la doncella.
Un día, durante uno de sus paseos por el puerto, la joven conoció a un marinero
de quien quedó perdidamente enamorada. Era tan fuerte el sentimiento de
ambos que el mar se puso celoso de aquel auténtico cariño.
Transcurrieron un par de semanas. El amor entre la campechana y el marinero
creció. El mar se sentía olvidado al ya no sentir la suave caricia de los dedos de
la mujer durante los atardeceres: ya no había más sonrisas para él. De pronto, el
marinero tuvo que zarpar de Campeche junto a su tripulación, pero prometió
volver cuanto antes para estrechar al amor entre sus brazos nuevamente. Aquel
beso que se dieron para despedirse, sería el último.
La envidia del mar se transformó en ira y, al ver la oportunidad de quedarse de
nueva cuenta con la mujer para él, de la nada creó una enorme tormenta, con
furiosas olas que terminaron por sepultar la embarcación donde viajaba el
marinero. De sus tripulantes no se supo algo jamás.
Desde entonces, cada tarde aquella hermosa mujer llega hasta a la orilla de la
playa para esperar el regreso de su amado. Siempre la verán sentada a la orilla
del malecón de Campeche, cerca del Foro Ah Kim Pech, con la vista fija en el
mar, que se regocija con su belleza.
2
El árbol del amor
Cuenta la leyenda que entorno a 1860 vivía una joven llamada Oralia en una
casa señorial. Era una joven que contagiaba a todos su alegría de vivir. Juan
era un humilde joven que se había enamorado en silencio de Oralia y soñaba
con mejorar su situación laboral, pues sentía que su condición lo alejaba de la
muchacha.
Por las tardes, cuando Juan salía de la mina se convertía en aguador, e iba a
toda prisa para entregarle el agua a Oralia. Con ella, la joven regaba las plantas
de su jardín, especialmente un árbol al que cuidaba con esmero.
Pronto, la muchacha también empezó a enamorarse de Juan. En cambio, había
otro joven interesado en Oralia, Philippe Rondé.
Con el paso del tiempo Oralia se sentía confundida, ya que no podía decidirse
por ninguno de los dos. Entonces, debía tomar una decisión.
La muchacha se sintió tan triste que rompió a llorar y se dirigió a su jardín. Allí
un árbol que había sembrado hace años y que Juan había regado ya estaba
muy grande. Oralia se sentó bajo su sombra y siguió llorando. Sus lágrimas
regaban la tierra.
Pronto, las ramas del árbol se posaron en el regazo de la joven y empezaron a
caer gotas de agua. Eran las lágrimas del árbol, que pronto se convirtieron en
flores blancas. Entonces Oralia se decidió: debía quedarse con Juan.
Al día siguiente, Philippe Rondé le dijo a Oralia que debía volver a su país. La
muchacha se sintió aliviada. Esa misma tarde, la muchacha fue a buscar a
Juan a quién abrazó y besó.
Desde entonces, todos los enamorados zacatecanos querían sellar su afecto
bajo aquel árbol que, con el paso del tiempo, fue talado.
POEMAS
Entre el cielo y la tierra
Hay días de grata calma,
2
De tan dulce desvarío,
Que flores hasta el vacío
Presta a nuestro corazón;
Y entre vagas armonías,
Y entre sueños de dulzura,
Siente el alma de ventura
Desconocida emoción;
Y busca un sol más brillante
Y otro suelo y otras flores,
Y más risueños colores
Y otro cielo que admirar,
Y otro lenguaje que exprese
Lo que el suyo en vano trata
Que sólo su afán retrata
Con incierto suspirar…
Mas ¡ay! Que en cada suspiro
El alma al espacio vuela,
Y nueva vida recela
Que no acierta a definir,
Y llorando de ventura
Por delicias no esperadas,
Siente dichas ignoradas
Y pide en ellas morir!
Y pasan las horas
En rápido vuelo,
Y el alma levantan,
Levantan al cielo…
Mas ¡ay! Que ni a él llega
Ni en la tierra está.
Y es que, hay otro mundo
2
Latente, escondido,
De castas delicias
Purísimo nido,
Y el alma que siente
A ese mundo va!
Y vienen horas en cambio
En que sin razón segura,
Nos envuelve la amargura
Con su fúnebre crespón;
Y sin saber por qué lloran,
Lloran sin tregua los ojos,
En tanto que los enojos
Rebosan del corazón;
Y ni matices las flores
Nos muestran en su corola,
Ni la luna su aureola,
Ni vemos el sol brillar;
Ni los cantos escuchamos
Con que las aves se entienden,
Y hasta sus ecos ofenden
Y doblan nuestro pesar.
Y huyendo de cuanto bello
El alma en su torno mira,
Por otro mundo suspira
Y a otro mundo quiere ir,
Mundo en donde su amargura
Más alta y más ancha viva,
Buscando a su pena vida
Y ansiando en ella morir!
2
Y pasan las horas
En amargo duelo,
Y el alma levantan,
Levantan al cielo…
Mas ¡ay! Que ni a él llega,
Ni en la tierra está.
Y es que hay otro mundo
Latente, escondido,
De santos dolores
Purísimo nido
Y el alma que siente
A ese mundo va!
En alas del sentimiento
Más que de la fantasía,
Volé un día y otro día
A esa ignorada mansión;
Y en sus espacios perdidos
Estas hojas se trazaron,
Y una tras otra brotaron
De mi pobre corazón.
Por eso hoy al darles nombre
Con que entrar en este mundo,
Las llamo, como al fecundo
Mundo en que las vi nacer;
Y aunque aparezcan desnudas
De galas del pensamiento,
Tendrán las del sentimiento
Del mundo que los dio ser!
2
María Inmaculada
Sólo se alzó hasta Ti mi pobre acento
En oración cristiana:
Nunca osó temeroso el pensamiento
De humilde inspiración bajo el amparo,
Llegar hasta tu asiento,
Que cercan los querubes
Y sostienen las nubes
Sobre el ropaje azul del firmamento.
Nunca, nunca pulsé la lira mía
Al nombre de María,
2
Porque juzgué, Señora, que cantarte,
Sólo aquellos debieron
Que del cielo la dulce melodía
Para sus tiernos cantos recibieron
Y robaron al arte sus primores
Su cadencia a los suaves ruiseñores,
Y la arrogancia para alzar su canto
Al águila altanera,
Que rauda tiende el vuelo,
La tierra deja, por la nube rompe,
Y el sol mismo amenaza en su carrera,
Y va a perderse en la celeste esfera
Por temor a lo pobre de mi canto
Hasta tu trono santo
Mi lira no elevó tímidos ecos,
Pero ya de mi pecho alborozado
Se escapa el sentimiento
Que estuvo hasta hoy callado,
Y a Ti vuela mi acento,
Y en pos de Ti se lanza,
Y ya temor no advierte,
Que en Ti miro la vida de mi muerte,
Mi norte y mi esperanza.
Oh! Salve en Ti, María
A la casta doncella
Que la cabeza del dragón impío
Holló bajo su huella;
La que inclinó su frente
De su Dios a la voz, y humilde dijo
Con labio reverente:
2
«He aquí, Señor, tu esclava:
Hágase en mí según tu amor contaba.»
Bendita en Ti la esposa, que su nombre
Enlazó con el hombre,
Por ser su madre nueva
Borrando el crimen que aún el mundo llora
De la Eva pecadora,
La inmaculada, la cristiana Eva!
Si una mujer el mundo
Pudo lanzar de un golpe en el profundo
Abismo de los males,
Otra de santa abnegación ejemplo,
Abrió a los fieles el cerrado templo
De gracias celestiales…
Raro contraste, singular misterio,
Que el ánimo suspende, el alma eleva,
Y hasta su Dios la guía
Él con liberal mano
Los males atajó, y augusto quiso,
Si una mujer la humanidad perdiera,
Que otra mujer viniera
Y con su amor la humanidad salvara!
Gloria a la Madre que apuró hasta el fondo
El cáliz de amargura,
Y en su propio dolor encontrar pudo
Tesoro tal de maternal ternura,
Que acoger le dejó en su amor al hombre,
Que con feroz, sangriento regocijo,
Enclavado en la cruz le dio a su Hijo!
Tan sólo quien tuviera
2
Origen celestial, y Dios criara
Para madre del Verbo, y la eligiera
Para que al hombre mísero salvara,
Ejemplo tal de amor al mundo diera!
Aunque necia e impía
La humanidad por madre te negara
Yo tu gloria cantara,
Tu piedad implorara el labio mío,
Por Ti mi frente al polvo se humillara,
Y con ojos que viven
Dentro del pensamiento
Y la luz solo de la fe reciben,
Sobre el azul del cielo
Buscárate con fervoroso anhelo!
Oh! Si un día perder debiera el alma
La venturosa calma,
Que por mares tranquilos hoy la guía,
Para lanzarse en mar ¡ay! Borrascosa,
No me quites jamás, Señora mía,
La fe que en Ti reposa,
Que con ella mis penas
No han de creerse de consuelo ajenas.
Mi fe me hizo volver a Ti los ojos,
Ya por el llanto rojos,
En esas horas de mortal quebranto
En que el alma, en aislado sufrimiento
Y callado tormento,
Quiere huir de sí propia con espanto;
Y al volverlos a Ti, cual la tormenta
Que alborota los mares,
2
El iris calma, la bonanza advierte,
Y al navegante alienta;
Así en el alma mía
Huyeron los pesares
Al invocar el nombre de María!
Qué fuera de los míseros mortales
Si en tu amor no vivieran y esperaran?
Quién calmará sus males?
Quién sus quejas oyera,
Y por ellos, Señora, intercediera?
Oh! No; el pesar humano.
Límite de dolor mayor no alcanza
Que a perder su esperanza,
Y eres Tú la esperanza del cristiano.
Nunca, nunca te pierda el alma mía!
Sé Tú mi escudo, sé Tú mi consuelo,
Y el alma acoge y guía
Cuando deje este suelo,
Y a más perfecto mundo tienda el vuelo!
Deja que en mis placeres te bendiga
Y en mi dolor te implore
Deja que a tus pies llore
Y mis penas te diga;
Deja en fin elevar mi pobre canto
Hasta tu trono santo,
Y ve, Señora mía,
Que a falta de ecos de la lira mía
Te ofrece el pecho, con su fe escudado,
Un corazón en lágrimas bañado,
Que a Ti reza, a Ti acude y en Ti fía.
2
A mi madre
He llegado a comprender
Que al sentir aproximar
Lloras de dulce soñar
Y de vago padecer;
Horas en las que esconder
Ve sus reflejos el día,
Pidiendo a la noche umbría
Sin su fúnebre capuz
Misteriosa, incierta luz
De tierna melancolía:
En esas horas que son,
Para quien sabe sentir,
Horas en que deja oír
Verdades el corazón,
Lamentas, no sin razón,
Que yo, que tanto canté,
Yo, que al papel trasladé
Cuanto en el alma sentía,
Tan solo a ti, madre mía,
2
Un canto no consagré.
Mucho has debido sentir,
Mucho has sabido callar,
Mucho has podido envidiar
Mis conceptos al oír,
Si llegaste a presumir
Que iba en ellos de partida
El alma entera escondida,
Sin decirte nada a ti,
Cuando eres tú para mí
Otra mitad de mi vida.
Mas no es así, no te azores;
Deja que cante a la flor,
De la aurora el esplendor,
Del ruiseñor los primores;
Deja que entre mis dolores
Quejas a los vientos dé,
Ve que si no te canté
Es que por ti tanto siento,
Que ni aun poniendo en tormento
La razón, decirlo sé.
Tú, que de mi pobre gloria
Tierno vigilante fuiste,
Tú, que en el seno escribiste
De mis desdichas la historia,
Tú, en cuya amante memoria
Van impresos mis pesares,
2
Mis venturas, mis cantares,
Cuanto el pecho guarda en calina,
Qué puede decirte el alma
Que en ti misma no encontrares?
¿Anhelas mis cantos, di,
Pobres de ingenio y de arte?
Ellos no pueden pintarte
Lo que guardo para ti.
Por eso siempre temí
El silencio quebrantar,
Porque antes de profanar
La santidad del querer,
Dejo al labio enmudecer,
Sólo al corazón hablar.
Busca el alma que te llama,
Todo día, en toda hora,
En el fuego que atesora
De mi pupila la llama;
En mi aliento que se inflama
Si el tuyo débil advierto
En mi respirar incierto
Sino estás al lado mío;
En el beso que te envío
Cuando a tu lado despierto.
Búscala al verme luchando
Víctima de ensueño triste,
Si a mi lado sonreíste
2
Mi espíritu serenando
Cuando padezco callando
Por no turbar tu contento
Cuando elevo al firmamento,
Mi mente y mi corazón,
Pidiendo a la Inspiración
Gloria, que en tu frente asiento
Recoge, en fin, con anhelo
Los pedazos de mi alma
En esas horas sin calma,
De tan triste desconsuelo,
Que ya no encuentro en el suelo,
Esperanza ni alegría,
Y a otro mundo volaría,
Si, cuando el dolor le ahogara,
El corazón no estallara
Exclamando: «Madre mía!»
No hay canto que valga, madre
Lo que tal exclamación,
Ni pidas al corazón
Lenguaje que más te cuadre:
Deja que el pecho taladre
Con mi propio razonar,
Y cuando le oïgas cantar,
Falto de arte, pobre de estro,
Piensa que sólo maestro
Ha sido en saberte amar!
2
La esperanza
Misterio incomprensible, que sostienes
La fortaleza, la virtud del alma,
Que la recibes cuando viene al mundo,
Siempre la amparas:
Faro consolador del afligido,
Iris que calma siempre la borrasca,
Apoyo del espíritu cristiano….
¡Salve, esperanza!
Eres del niño peregrina estrella,
Que guías hacia el bien su débil planta,
Haciéndole entrever gloria y ventura
En el mañana:
Eres del hombre espíritu intranquilo
Que le despiertas y hacia ti lo arrastras,
Le encadenas, le ofreces, le ilusionas,
Audaz le engañas;
Y vuelves luego a interesarle, y vuelves
Siempre a jugar con sus mortales ansias,
Sin que él reniegue de tu dulce imperio
Dicha del alma!
Eres de la mujer más que la vida;
Eres la fe que la sostiene y salva!
Niña, doncella, madre, en ti constante
Sus ojos clava:
Y si reza, es que tú le dices «ora,
Que Dios oye clemente tu plegaria:»
Si sentir deja al corazón, comprende
Que tú le dices «ama.»
2
Y si un ángel lo da sobre la tierra
La bendición de Dios, estas palabras
Son las primeras que a decir le enseña:
«¡Fe y esperanza!»
¿Cómo no bendecirte el labio mío,
Si fuiste por el mismo Dios formada,
Y eres de nuestra madre cariñosa
La primera palabra?
¿Qué fuera del amor sin tu alimento?
¿Sin ti, cómo hacia el bien bogara el alma?
La virtud, el amor, ¡cómo vivieran
Sino esperaran!
No se padece pena más aguda,
Ni se inventó palabra más amarga
Que ésta que mata, que aniquila el ánimo:
«¡Sin esperanza!»
¡Es recibir la muerte y no morirse!
Es quedarse con vida y no gozarla!
Es no tener sonrisas, ni oraciones,
Ni fe, ni lágrimas
Dichoso aquel que sus pesares llora
Y llorando su vista a Dios levanta,
Tendrá el consuelo que al que en Dios espera,
Dios siempre manda.
Virtud que al alma vacilante enseñas
Que hay siempre un mas allá de paz y calma,
Que sobre las miserias de este mundo
Dios nos aguarda;
Bendito tu fulgor que el alma eleva!
Tu poderosa, inextinguible llama,
2
Del nacer al morir siempre la vemos,
Nunca se apaga;
Y ni en ese momento en que la muerte
Nos acaricia con sus negras alas,
Supremo instante en que se pierde todo,
Todo se acaba,
Y ni el beso del padre nos conmueve,
Ni el acento del hijo que nos llama,
Ni nos arranca el mundo que dejamos
Una mirada;
Cesa la mente de esperar, que entonces
Se eleva, y más creyente, más cristiana,
Espera que en un mundo más perfecto
Vivirá el alma!
CANTOS
Canto de danza guerrera
(Maya)
2
Conex, conex palanxen, xicubin, xicubin yocolquin.
Conex, conex palanxen, xicubin, xicubin yocolquin.
Xola mayola, xola mayol, ea, ea, ea, o.
Conex, conex palanxen, xicubin, xicubin yocolquin.
Canto de danza guerrera
(Español)
Vamos, vamos muchachos, que ya el sol se está poniendo,
Vamos, vamos muchachos, que ya el sol se está poniendo,
Xala mayola xala mayol ea,ea, ea, óh.
Vamos, vamos muchachos, que ya el sol se está poniendo.
Nuestra casa, recinto de flores
(Maya)
Nadxiee’ lii bia’ne bi ne xilase. Naró’ ba’ guié lú ne naguundu’, naláse ná’ ne
nahuiini xhidxi.
2
Bicuininabe ruyaa lu beñe, ruzáca bacaanda, rutieeca’ guenda redasilú; xhísi
xquendabiaani
Nadxiee’ lii nanná.
Nuube gusiaandabe yuuba’ ne rucaachebe laa layú.
Nadxiee’ lii ruuna’ ora guni xhiiña, ora ruzá’ ca ni nadxii lizaa guiidxi’ dxiichica’
casi biaadxa niguiidxicabe laabe.
Laaca ruunabe ora gugaaguibe guenda rietenala’dxi’ ná sti ca dxí gúcabe xcuidi
ne rugándabe laa muñega’ na dxaba’ qui ñánna nusiá lúbe dxí bi’nabe lúbe
naró’ba’ ne naguundu’.
Nadxiee’ lii bia’ ne bi ne xilase…Nadxiee’ lii
Nuestra casa, recinto de flores
(Español)
Nuestra casa, recinto de flores, con rayos de sol en la ciudad,
México Tenochtitlán en tiempos antiguos; lugar bueno, hermoso, nuestra
morada de humanos, nos trajo aquí el dador de la vida, aquí estuvo nuestra
fama, nuestra gloria en la tierra.
Nuestra casa, niebla de humo, ciudad mortaja,
México Tenochtitlán ahora; enloquecido lugar de ruido
¿aún podemos elevar un canto?
Nos trajo aquí el dador de la vida aquí estuvo nuestra fama, nuestra gloria en la
tierra.
2
BIBLIOGRAFÍA
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