Capitulo 01 La eutanasia
El invierno se cernía en la nación de Rusia. Moscú, la Catedral de San
Basilio era el corazón de tal nación. Al parecer la ideología de la unión
soviética ha estado completamente intacta, con ello, Rusia y su régimen
mixta; comunista y socialista han generado bienes numerarios a su
favor.
Las disputas internas de la Casa Blanca, el edificio parlamentario
ubicado justo en Moscú, estaban muy silenciosos en sus propios
problemas , el negocio entre los países Bálticos comenzaban a serles
insuficientes.
Claro estaba que esas peleas internas jamás saldrían de la casa blanca o
la guerra civil iniciaría y nadie, por el momento, desearía tal cosa.
A pesar de la constitución de la Federación de Rusia y su Estado
democrático no faltan las peleas entre los mayores políticos. Incluso se
utilizaron vasallos para detener tales problemas en aquel edificio.
—He oído que se halla un nuevo arma nuclear el cual se realizará para
una guerra no muy lejana. — habló un legislador el cual manejaba los
chismes a su favor como si fueran palabras hechas de oro y su precio
era favorable y perfecto para ello como si fuese un lingote de oro.
Un asambleísta asumió el inicio de un nuevo negocio así como su
ambición le decía «hazlo por el bien de los bienes» entonces hizo un
gesto minúsculo y preguntó. —¿Oíste, de dónde? — Su voz era una
mezcla de interés y ambición.
El legislador con los ojos abiertos y bien concentrados en su trabajo
sucio y meticuloso habló. — Información confiable, quizá.
El asambleísta ya a sabiendas de lo que deseaba el hombre solo se
limitó a hacer una última pregunta. —¿Cantidad?
—Dos mil sesenta y siete. — expresó su interés a través de su voz
exasperante y uniforme.
El hombre frunció lentamente los labios ligeramente apretados. —
¿Bromeas? —. Preguntó con incredulidad notable.
El hombre de cabello pardo se encogió de hombros, absteniéndose a
decir una nueva palabra de sus labios.
El asambleísta, el hombre de ojos azules, pálido como el níveo, con la
mirada puesta en el otro suspiró y se rindió. — Bien, de acuerdo. —Con
un movimiento garboso y escrudiñado le entregó dinero, demasiado, ni
siquiera contó cuanto había en un puñado, los billetes incluso caían al
suelo.
El legislador, un hombre cuyo fuerte era el dinero, aceptó sin dudarlo ni
preguntando algo innecesario. Su cabello pardo y su atezada tez se
distinguen de otros hombres de la Casa Blanca. — El arma no se conoce
del todo, es cierto que mi fuente es confiable sin embargo se sabe muy
poco de este nuevo destructor del mundo. — Habló, soltando un poco de
información, sabiendo que el otro hombre no estaría satisfecho del todo.
—¿Nombre? —. Preguntó, era de pocas palabras el asambleísta, un
hombre firme y ocupado en asuntos importantes, no era precisamente
un hombre caballeroso pero sí asumiría sus errores, pero ahora mismo
es impaciente con esta nueva información.
—Leon De Russie, ¿el tuyo? —. Dijo el legislador con una sonrisa leve
que levantaba las comisura de sus labios rosáceos.
El pálido hombre al principio estaba confuso pero después de un transe
pequeño en su mente, habló. — Nikolay Mueller, sin embargo no hablaba
de tu nombre ni del mío, quise decir, el nombre del arma nuclear. — Dijo
frotándose la puente de la nariz.
El hombre atezado rápidamente reaccionó ante esas palabras y un color
rosáceo en sus mejillas de inmediato se añadió en él. — Oh, lo lamento,
lo pensé poco. — Luego, con un poco de tensión habló nuevamente está
vez más firme. — El arma se llama Alicia. Es bastante difícil de procesar
ello pero simplemente existe.
El pálido Leon al principio intentó negar el significado de tal nombre,
preguntándose si debía confiar en este hombre frente a él, pero por
algún motivo o razón dejó que sea así.
Capitulo 02 Alicia
El humo del cigarro se atenuaba cuando el gélido céfiro llenaba el lugar.
Presionó sutilmente la colilla del cigarro en sus labios ligeramente
tembloroso, calando con desinterés ese tabaco.
Sus dedos casi enjutos apretaron el periódico. ‘Nada interesante’, pensó.
Sus ojos casi sin brillo barrieron el lugar, uno bastante enorme, sin ver
mucho más que paredes blancas y personas cuyo único propósito era la
maldita nación.
Un lugar lúgubre lleno de intereses políticos, así lo representaba Nikolay,
un informante de la CIA. Para él este trabajo era simple, observar,
informar y espiar, no era del todo bueno pero se ganaba un poquito de
reconocimiento así.
—Se ha detectado un arma mortal para el mundo. — la voz femenina de
Ying, una analista de la CIA se escuchó casi ahogada.
Los demás empezaron a generar más bullicio, el ambiente anticuado de
antes se fue apenas Ying habló. Nikolay simplemente escuchaba las
teclas de las computadoras de las personas y el traqueteo del exterior.
Estados Unidos, el cuál tiene a la CIA trabajando en Langley, Virginia,
ubicada en la sede de este lugar está completamente aislada.
Las voces atrapadas en las paredes seguían oyéndose, cada vez Nikolay
se interesaba más en esta peligrosa arma nuclear. Se sentó junto a Min,
un joven clandestino que estaba muy concentrado en utilizar
ilegalmente el nombre de Estados Unidos para ejecutar e informarse
más.
—Alicia.
Un arma cuya función es asesinar a la raza humana. Hace mil años atrás
está arma era llamada Plutón, sin embrago recrearon el mismo prototipo
para realizar a Alicia. Se decía llamar como un planeta porque era muy
parecido a este, no obstante fue destruida por Gregorio James Edwards,
reconocido como un héroe de la humanidad, su estatua como homenaje
a su persona está ubicada en Washington. El arma nueva que ha sido
creado entonces será peor que la primera, pues en ese tiempo la
tecnología era demasiado escasa pero pese a su tiempo Plutón era casi
indestructible, ahora, donde la tecnología ha mejorado, entonces su
prototipo también está completo para ser usado.
—Joder, ¿Una maldita guerra? —. Preguntó Nikolay. Su voz casi
monótona, él era un hombre aburrido y desinteresado.
Nadie, absolutamente nadie hizo nada