El escorpión en Extremadura: mitos y realidad
El escorpión en Extremadura: mitos y realidad
699-738
El escorpión
¿una criatura maligna en la fauna
de Extremadura?
José Manuel López Caballero
Biólogo
[email protected]
Resumen
El escorpión es un arácnido repartido por buena parte del mundo y rela-
tivamente frecuente en la fauna extremeña. Además de su indudable interés bio-
lógico, se trata de un animal muy presente en el arte y en la cultura que arrostra
una enorme carga simbólica desde el principio de la historia. A causa de su
dolorosa picadura, ha sido objeto de numerosos mitos, leyendas y creencias.
Muchas de estas ideas surgieron en la antigua Mesopotamia, se afianzaron en la
mitología grecolatina y aún perviven en la tradición extremeña. Aunque el escor-
pionismo no supone un serio problema de salud en España ni en Extremadura, la
presencia del escorpión es abrumadora en la medicina popular que se manifiesta
como una notable heredera de los saberes ancestrales al tiempo que una fuente
de nuevos medicamentos.
Palabras clave: Extremadura, escorpión, alacrán, conocimientos tradiciona-
les, zoología, astronomía, arte, exvoto, emblema, mitología, medicina tradi-
cional, Buthus.
Abstract
Scorpions are widely distributed throughout the world and the Yellow
Scorpion is quite common throughout Extremadura. In addition to its biological
importance, this poisonous arachnid has been present in visual culture and in the
art of different times and spaces since the beginning of history. It has been the
subject of numerous myths, legends and beliefs because of its painful sting. Many
of these ideas come from Ancient Mesopotamia, then from Greco-Roman mytho-
logy and still survive in traditional knowledge of Extremadura. Although scor-
pionism is not a serious public health problem in Spain or Extremadura, scor-
pion shows a great presence in traditional medicine. This is an inheritance from
Classical Antiquity and at the same time it could be a source of new medicines.
Keywords: Extremadura, scorpion, zoology, art, mythology, astronomy, ex voto,
emblem, traditional knowledge, popular medicine, Buthus.
700 José Manuel López Caballero
DESCRIPCIÓN DE LA ESPECIE
Figura 1.
Escorpión
amarillo Buthus
occitanus (Foto:
terrartropoda.
wordpress.com)
1
Diario HOY. 25 de octubre de 1996 y 3 de noviembre de 1996. Consultado online en: http://
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2
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Al fin y al cabo son cazadores de hábitos nocturnos y tratan de ocultarse del sol
e incluso de la luz de la luna, de modo que podrían usar todo su cuerpo como
globos oculares gigantes para detectar los rayos UV y poder escabullirse a
lugares más oscuros. 3 La fluorescencia de los escorpiones se debe a la presen-
cia de betacarbolinas en sus cutículas. Se trata de unos alcaloides que tienen
efectos psicotrópicos, algo para lo que como veremos posteriormente también
se han usado estos animales.
EL VENENO
3
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ESCORPIONES Y ALACRANES
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antes del Juicio Final. Se menciona como un cultismo, lo que sugiere que
la denominación más popular a mediados del siglo XIII era alacrán. Desde
entonces ambas palabras se han usado de forma constante en castellano.12 En la
actualidad, alacrán puede considerarse ligeramente más vulgar y sigue siendo
en cierta medida el término más aceptado en el ámbito rural. En estas páginas
usaremos ambos vocablos sin distinción.
Hasta hace poco tiempo, se consideraba que los alacranes presentes en
Extremadura –y en buena parte de Iberia– pertenecían a una única especie, el
escorpión común o amarillo (Buthus occitanus). Pero los científicos han deter-
minado que en nuestra Comunidad habitan al menos dos especies diferentes
desde que en 2005 se determinó en Plasenzuela una población de escorpión
ibérico (Buthus ibericus) que hasta entonces sólo se había encontrado en áreas
costeras de Andalucía y Portugal. Ambas especies son muy similares y ape-
nas se distinguen por rasgos anatómicos de los pedipalpos.13 Los resultados
más recientes de evaluación de la diversidad genética mediante técnicas del
ADN mitocondrial, han puesto de manifiesto que B. ibericus es la especie más
ampliamente distribuida en el cuadrante suroccidental ibérico. Con la determi-
nación de nuevas especies (algunas no están unánimemente aprobadas por la
comunidad científica) y la posible introducción de formas exóticas no es fácil
cuantificar el número exacto de especies de escorpiones en nuestro país.14 Las
recientes revisiones del género Buthus apuntan a un total de una decena de
12
MONZÓN, Francisco J. y BLASCO, Rosa M. 1996. In cauda venenum: El mito del Escorpión
(III). Etimología de los vocablos Alacrán y Escorpión. Boletín SEA 14: 36.
13
TERUEL, Rolando y PÉREZ BOTE, José Luis. 2005. Complementos a la descripción de Buthus
ibericus Lourenço & Vachon 2004 (Scorpiones: Buthidae). Boletín SEA 37: 273-277.
14
En España (exceptuando Ceuta y Melilla donde habitan formas norteafricanas) se han citado las
siguientes especies de escorpiones pertenecientes a las familias Buthidae, Euscorpiidae, Troglota-
yosicidae y Chactidae. Al margen de la más común –Buthus occitanus– en el mismo género tene-
mos B. montanus, en Sierra Nevada, B. ibericus en el suroeste ibérico y B. elongatus, endémica
de la provincia de Málaga. Otras especies son: Belisarius xambeui, un pequeño escorpión sin ojos
que habita en Cataluña y Pirineos; Euscorpius flavicaudis, típico de zonas boscosas, más pequeño,
oscuro y menos peligroso que B. occitanus; Euscorpius balearicus, endémico de Baleares. Ade-
más hay al menos dos especies exóticas: Isometrus maculatus, introducida accidentalmente en la
zona costera de Huelva, y Centruroides gracilis, especie tropical con una población introducida
en Santa Cruz de Tenerife (Vicente M. Ortuño y Francisco D. Martínez Pérez. 2011. Diversidad
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15
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dae) in the Iberian Peninsula. Part 1: four redescriptions and six new species. Revista Ibérica
de Aracnología 37: 3–60. Estos autores incorporan seis nuevas especies al género Buthus: B.
alacanti, B. baeticus, B. delafuentei. B. garcialorcai, B. manchego y B. serrano.
16
LOURENÇO, W. R. y VACHON, M. 2004. Considerátions sur le genre Buthus (Leach, 1815)
en Espagne, et description de deux nouvelles espèces (Scorpiones: Buthidae). Revista Ibérica de
Aracnología 9: 81–94.
EL ESCORPIÓN EN LA CULTURA
La fábula más repetida en relación con el escorpión y la que más nos ense-
ña sobre su percepción por parte de los seres humanos cuenta cómo un alacrán
espera a la orilla de un río pidiendo ayuda a los demás animales para poder cruzar
al otro lado. Aves, mamíferos, ranas o tortugas se niegan a llevarlo por su mala
reputación. Pero siempre acaba convenciendo a algún incauto al argumentar que
no hay peligro pues si le picara ambos morirían ahogados. Ante la aparente lógi-
ca del argumento, inician juntos un viaje que siempre termina de manera fatal.
Salvo en un caso, cuando es un galápago o una tortuga quien porta al escorpión
sobre su espalda y siente golpes en su caparazón, pregunta alarmada: –Pero ¿qué
haces?–. El escorpión responde: –¡No puedo controlar la cola!–. Ante eso, la
tortuga se sumerge y el escorpión se ahoga. Otros animales menos afortunados
acaban sucumbiendo al pinchazo mortal y se preguntan, mientras agonizan, por
qué el escorpión les hizo eso –No puedo evitarlo. Es mi naturaleza.
La presencia del escorpión en la cultura se remonta al principio de la histo-
ria. Su significado es ambivalente aunque casi siempre ha sido ideograma del mal.
El mito se origina hace cinco mil años en la antigua Mesopotamia desde donde
pasa a Egipto para incorporarse a las mitologías occidentales. Se constata su pre-
sencia en multitud de cuentos y leyendas sumerias, egipcias, chinas, persas, celtas,
griegas, latinas, mayas, aztecas, islámicas, apaches, etc.17 Dos aspectos esenciales
justifican su papel simbólico en las civilizaciones antiguas: la peligrosidad para
nuestra especie a consecuencia de la toxicidad de su veneno y las preferencias eco-
lógicas por lugares desérticos e inhóspitos, poco favorables para la vida humana. A
pesar de ello, también encontramos ritos y creencias que consideran al escorpión
como animal benéfico. Es el caso de algunos antiquísimos mitos sumerios que lo
relacionan con Inanna, divinidad creadora, diosa del amor y de la guerra, que los
acadios sincretizan con Isthar y los asirios con Atargatis. También se consideraba
al escorpión como protector frente a las calamidades naturales como las plagas de
insectos fitófagos. Todo ello pone de manifiesto que antiguamente este arácnido
desempeñaba un papel dual, mucho más rico y complejo que en la actualidad.18
17
CLOUDSLEY–THOMPSON, John L. 1990. Scorpions in Mythology, Folklore and History. En:
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MELIC, Antonio. 2002. De Madre Araña a Demonio Escorpión: Arácnidos en la Mitología. Revis-
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18
MELIC, Antonio. 2003. De los jeroglíficos a los tebeos: Los artrópodos en la cultura. Boletín
SEA 32: 325–357.
ESCORPIO, LA CONSTELACIÓN
Hace más de cuatro mil años los legendarios astrónomos de Babilonia obser-
varon que el sol describía una trayectoria fija entre las estrellas que los grie-
gos denominaron Zodiaco (literalmente: camino de animales). Esta zona del
firmamento fue dividida de forma arbitraria en doce constelaciones cada una
con su nombre y su símbolo. Una de las primeras en ser nombrada y reco-
nocida es Escorpio, que representaba el otoño. El principio de la primavera
era representado por Tauro que parecía empujar con sus cuernos al sol. En
verano, cuando el astro rey alcanzaba su cenit, se encontraba en el grupo de
estrellas que los antiguos babilonios denominaron como la constelación de
Leo, el león, el más fuerte de los animales para expresar el gran vigor del sol
estival de Oriente Medio. En otoño el sol se movía rápidamente en el cielo,
su equinoccio en esta estación era simbolizado por el escorpión, que apretaba
al astro entre sus pinzas.20 Siglos después persas, griegos y romanos adopta-
ron el nombre de Escorpio para esta constelación, la octava del zodíaco, la
misma que los astrólogos árabes conocían como al Akrabh, alacrán. La estre-
lla más brillante del conjunto es Antares, de color rojizo semejante al planeta
Marte, de donde viene su nombre (Antares: del griego «anti» –que rivali-
za– y «Ares» –Marte–). La segunda estrella en brillo es Akrab (del árabe
«al-agrab», alacrán) de color violeta; y la tercera se llama Shaula (del árabe
«al-shawlan», aguijón). La sexta más brillante es Girtab, el picador, que en
la mitología de los acadios se representaba como un ser monstruoso, mitad
escorpión mitad hombre.
19
MONZÓN, Francisco J. y BLASCO, Rosa M. 1996. In cauda venenum: El mito del escorpión
(II). Simbolismo y Bestiarios. Boletín SEA 13: 43–45.
20
MONZÓN, Francisco J. y BLASCO, Rosa M. 1995. El escorpión en la Mitología y las Leyen-
das. Boletín SEA 12: 33– 38.
21
ERATÓSTENES. Catasterismos, 7. HIGINO, De astronomía II, 26. ARATO, Fenómenos, 635–647.
22
MONZÓN, Francisco J. y BLASCO, Rosa M. 1995. In cauda venenum. El mito del escorpión
(I). Op. Cit.
23
MELIC, Antonio. 2003. De los jeroglíficos a los tebeos: los artrópodos en la cultura. Boletín
SEA 32: 325–357.
24
BLACK, Jeremy y GREEN, Anthony. 1992. Gods, Demons and Symbols of Ancient Mesopotamia.
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25
FERRER, Julio. 2009. Entomología fantástica: Apuntes para una mitología del escorpión. Bole-
tín SEA 45: 583–587.
26
«El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra (…). Y del humo
salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra.
Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol,
sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. Y les fue dado, no que
los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión
cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y
ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos. El aspecto de las langostas era semejante a caballos
citas bíblicas el escorpión sirve para ilustrar los mayores males y peligros,
como sugiere el Libro de los Reyes,27 el profeta Ezequiel28 o el propio Jesucris-
to en el evangelio de san Lucas: «os doy potestad de caminar sobre serpientes
y escorpiones (…) nada podrá dañaros».29
Para la simbología cristiana el escorpión y su veneno eran imagen de la
traición, de la herejía y de sus estragos. A finales del siglo II, Tertuliano consagró
este simbolismo cuando escribió El Escorpiaco, obra que comienza con la des-
cripción de este animal y su modo de atacar, para terminar comparando el daño
que produce su veneno con la actuación de los herejes en el campo de las almas.30
EL ESCORPIÓN EN EL ARTE
En la historia del arte el escorpión cuenta con una carga notable simbólica
de carácter ambivalente. Aunque su uso más conocido se relaciona con aspectos
malignos, en diversas épocas ha servido como emblema o talismán relacionado
con la medicina y la fertilidad. Se ha representado en gemas, anillos, amuletos,
medallas, cuadros o esculturas en Oriente y Occidente como símbolo mági-
co apotropaico o como recurso de la medicina astrológica. Su identificación
con la fertilidad y la fecundidad agrícola obedece a la astrología primitiva y
revive durante el Renacimiento a partir de la iconografía clásica. Así se refle-
ja en obras de arte o en los primeros libros de horas impresos. Un ejemplo
bien conocido es el hermoso retrato de Elisabetta Gonzaga atribuido a Rafael
(c.1504)31 (Figura 2). Para los historiadores el escorpión que adorna la frente
preparados para la guerra (…) tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus
colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses» (APOCALIPSIS 9, 1–10).
27
«Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado;
y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: ( ) mi padre os castigó con azotes, yo os
castigaré con escorpiones» (1 REYES 12, 13–14).
28
«No temas de ellos, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te halles entre zarzas y espinas, y moras
con escorpiones: no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos» (EZEQUIEL 2, 6).
29
«Aquí hoy os doy potestad de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las
fuerzas del enemigo; y nada podrá dañaros» (LUCAS 10, 19).
«Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre. ¿Y qué padre
de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? (…) o si le pidiera un huevo ¿le dará un
escorpión?» (LUCAS 11, 10–12).
30
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39
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40
FERRER, Julio. 2009. Op. cit.
41
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43
AURIGEMMA, L. 1976. Le Signe Zodiacal du Scorpion. Op. cit. Págs. 37–40.
44
San Gregorio Magno. Homilías sobre la profecía de Ezequiel. Libri duo, I, 9, 21. Biblioteca de
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45
AURIGEMMA, L. 1976. Le Signe Zodiacal du Scorpion. Op. cit. Págs. 45–56.
46
COHEN, Simona. 2008. The Ambivalent Scorpio in Bronzino’s London Allegory. En: Animals
as Disguised Symbols in Renaissance Art. Ed. Brill, Leiden y Boston. Págs. 263–270.
con la Virgen María, percibida como un vestigio de las antiguas diosas vírge-
nes –Artemisa/Diana– que encarnaban la castidad femenina.
No obstante lo anterior, el uso mayoritario del alacrán en las artes es de
carácter negativo. Durante la Edad Media aparece en la iconografía cristiana
como símbolo de la traición: un animal que se desplaza con los brazos abiertos
como si propiciara un encuentro afectuoso pero que hiere clavando su temible
aguijón por la espalda. En la Europa antisemita medieval simbolizó la tan caca-
reada perfidia del pueblo judío. Entre los siglos XIV y XVI era frecuente que
cualquier representación que incluyera a Judas o cualquier pasaje de la traición
que acabó con la muerte de Cristo incluyera escorpiones: dibujado en las cora-
zas de los soldados romanos, en los ropajes de quienes condujeron a Cristo al
Calvario o simplemente a los pies del crucificado en alusión a los judíos. En
este ámbito, el escorpión es atributo de muerte, odio, envidia, mal.47 En los
bestiarios medievales queda claro que lo que suscita este animal es temor. El
escritor Javier TOMEO lo sintetiza con acierto dando la voz al propio alacrán:
«Soy la expresión perfecta de las oscuras fuerzas telúricas, relacionadas con
las tinieblas y las viejas piedras. Los hombres me temen. En otros tiempos fui
protector de la diadema real y di forma a uno de los más antiguos jeroglíficos.
Evocar ahora mi pasada grandeza, sin embargo, no me sirve de consuelo, por-
que vivir de recuerdos es como vivir entre muertos».48 Los bestiarios incluyen
–al margen del arácnido bien reconocido– multitud de monstruos e híbridos
relacionados con el escorpión entre los que podemos destacar la mantícora.49
Las descripciones de esta inexistente criatura están repletas de los atributos
más aterradores: cuerpo de león, cabeza humana, triple fila de dientes, ojos
inyectados en sangre, voz de serpiente, ávida de carne humana, etc. y casi todas
coinciden en añadirle una cola de escorpión aunque capaz de disparar espinas
venenosas para dañar o matar a sus presas. Esta quimera, cuyo nombre significa
«devoradora de personas» tiene su origen en la mitología persa y se incorporó
a la mitología clásica del mismo modo que el unicornio, gracias al historiador
y médico griego Ctesias que vivió en el siglo V a.C. y fue médico del rey persa
Artajerjes II. La mantícora es una de las criaturas legendarias que describe en
su obra Indica, una fabulosa historia de la India que desborda imaginación y
fantasía. Para algunos autores clásicos, como Pausanias, la mantícora no sería
más que una descripción exagerada del tigre de Bengala. No obstante, tanto Pli-
nio como Eliano la incluyen en sus obras y de ahí fue tomada por los bestiarios
47
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52
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figura con rostro de hombre justo, cuerpo de serpiente y cola del escorpión.53
En España numerosos emblemistas se hacen eco de esta caracterización nega-
tiva e incorporan al escorpión a sus obras. Francisco de VILLAVA lo incluye
en su Empresas espirituales y morales (1613) acompañado del lema «A quo
mors, eruo vitam» (De lo que causa la muerte, saco la vida) en una empresa
que representa cómo el pecado, una vez combatido, se convierte en su propio
antídoto, del mismo modo que el veneno del alacrán puede servir para aliviar
su picadura. El texto explicativo alude al carácter engañoso y fraudulento del
animal: «Viva figura es del pecado el Escorpión, pues al principio se muestra
blando y halagüeño, y su cola y estímulo que es la muerte, suele picarle bien a
un pecador».54 A mediados del XVII el diplomático y pensador político Diego
de Saavedra Fajardo (1584–1648) escribió, a base de emblemas, una
guía moral y filosófica para la adecuada formación política del príncipe cris-
tiano. La Empresa LII –«Más que en la tierra nocivo»– (Figura 5) muestra un
escorpión en un cielo estrellado, en referencia a la constelación, que simboliza
lo peligroso que resulta que asciendan hasta altos cargos personas malvadas y
deshonestas; pues sucederá como con los escorpiones, que causarán mayores
males desde el cielo que en la tierra. Es sabido que la verdadera naturaleza
de las personas aflora con la ostentación del poder, descubriéndose sus vicios
y acentuándose sus malas inclinaciones. Igual que el escorpión ataca con su
aguijón a quienes tiene alrededor, el ministro desleal envenenará sutilmente al
príncipe bajo sus malas prácticas y falsas palabras. Con este ejemplo, SAAVE-
DRA incide en el cuidado que debe mantener el príncipe a la hora de otorgar
cargos. Insta a reflexionar acerca del carácter de las personas, su experiencia y
destreza política. De lo contrario, el príncipe será víctima del engaño y de las
malas prácticas de sus ministros. También recurre al escorpión para acentuar la
naturaleza maligna y perniciosa del cortesano adulador que esconde bajo sus
lisonjas una picadura letal. En la Empresa XLVI arremete contra los cortesanos
sirviéndose de las palabras del profeta Ezequiel (2, 6): «Como dijo Ezequiel,
[al príncipe] le acompañan engañadores y vive entre escorpiones, cuyas colas
53
VALERIANO, Piero. 1575. Hieroglyphica. Thomam Guarinum, Basilea. XVI: 119. RIPA, Cesa-
re [1593]. Iconología. Traducción de Juan Barja y Yago Barja. Ed. Akal, Madrid, 1987. 2 vols.
Pág. 444.
54
VILLAVA, Juan Francisco. 1613. Empresas espirituales y morales. Fernando Díaz de Montoya,
Baeza. IX: 31. AMENGUAL, Mar. 2014. Los modelos animalísticos de la razón de Estado: usos
del bestiario en la emblemática política del siglo XVII. Trabajo fin de Máster en Literatura Espa-
ñola. Departamento de Filología Española II, Facultad de Filología, Universidad Complutense,
Madrid. Págs. 168–170.
están siempre dispuestas a la ofensa, meditando los modos de herir. Tales sue-
len ser los cortesanos».55
El humanista y gramático extremeño Diego López, que nació en Valen-
cia de Alcántara en la segunda mitad del siglo XVI, comenta en su Decla-
ración magistral sobre las emblemas de Andrés Alciato uno de los ejemplos
más conocidos del italiano (emblema LXXIV: Iusta ultio, Justa venganza) que
representa un cuervo posado en la rama de un árbol y sujetando con el pico a
un escorpión que hunde su aguijón en el cuello del ave. (Figura 5). Lo acom-
paña la lectura: «El que en mal anda, en tal acaba» y «Quien preparaba la
muerte a otros, perece él mismo y sucumbe a sus propias perfidias». Dicho de
otro modo: quien a hierro mata, a hierro muere. La figura del cuervo que aca-
bará muerto a causa del escorpión que pensaba devorar nos enseña que quien
planea daños y males contra su prójimo, al final termina por sufrirlos en sus
propias carnes. Simboliza la justicia y prudencia.56 Alciato toma este ejemplo
de una fábula de Esopo acerca de un cuervo que sufrió en sus propias carnes
55
SAAVEDRA FAJARDO, Diego. 1640. Idea de un principe politico christiano representada
en cien empresas. Milán. Págs. 374 y 548. SAAVEDRA FAJARDO, Diego. Empresas Políticas
(Introducción y edición de Sagrario López). Ed. Cátedra, Madrid, 1999.
56
ESTEBAN LORENTE, Juan F. 2000. Emblemata aurea: la emblemática en el arte y la literatu-
ra del Siglo de Oro. Zafra, Rafael y Azanz, José Javier (editores). Ediciones Akal, Madrid. Pág.157
el daño que él esperaba causar. LÓPEZ explica «lo cual sucede en las cosas
humanas que el que piensa engañar es engañado […] Amonéstanos Alciato
que nos guardemos de hacer mal a otros, porque por ventura no suceda el
propio mal contra nosotros, porque el que hace mal no quedará sin venganza.
Algunos de los que mataron a César en el Senado se mataron con los propios
puñales y armas con que le hirieron. Cordo refiere que nueve hombres mataron
a Giordano, y después todos nueve se mataron con los propios puñales con que
le habían herido. Y para persuadirnos Alciato pone por título a la Emblema
Iustia ultio, y viene bien, porque si el cuervo arrebata al escorpión que no le
hacía daño, hace bien en vengarse del que le hacía mal, y así le cuadra Iustia
ultio, que el que mal anda en mal acaba».57
57
LÓPEZ, Diego. 1615. Declaración magistral sobre las emblemas de Andrés Alciato. Juan de
Mongastón, Nájera. Emblema 171, págs. 394–396.
58
Las ermitas con exvotos son más abundantes en la provincia de Badajoz, por ejemplo: Nuestra
Señora del Ara (Fuente del Arco), Cristo del Humilladero (Azuaga), Virgen de los Remedios (Fre-
genal de la Sierra), Nuestra Señora de Bótoa, Santa Eulalia (Mérida), Santísimo Cristo de la Reja
(Segura de León), Virgen de Soterraño (Barcarrota), Virgen de Carrión (Alburquerque), Nuestra
Señora de Piedraescrita (Campanario), Nuestra Señora de la Antigua (Valverde de Burguillos)...
En Cáceres podemos mencionar las ermitas de San Lázaro (Trujillo) o la ermita del Cristo de
la Paz, (Santibáñez el Bajo). Ver: RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador. 1989. Exvotos del Cris-
to del Humilladero de Azuaga (Badajoz). En: Antropología Cultural en Extremadura. Editores:
MARCOS ARÉVALO, Javier y RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador. Asamblea de Extremadura
y Editora Regional de Extremadura, Mérida. Págs. 123–136.
59
WEINRYB, Ittai. 2016. Procreative Giving: Votive Wombs and the Study of Ex Votos. En: Ex Voto:
Votive Giving Across Cultures. Ed. I. Weinryb. Bard Graduate Center. Nueva York. Págs. 276–298.
PLINIO. Historia Natural VIII, 32.
60
LÓPEZ MEDELLÍN, Xavier. 2014. Hernán Cortés y la joya del alacrán. ¿Cómo ves? 188: 26–29.
Disponible online en: http://www.medellinhistoria.com/data/sections/12/docs/1407259666.pdf
EL ESCORPIÓN EN LA BOTÁNICA
61
TALAVERA, fray Gabriel. 1597. Historia de Nuestra Señora de Guadalupe. Imprenta de Tho-
más de Guzmán, Toledo. Pág. 178.
62
SAN JOSEPH, fray Francisco. 1743. Historia Universal de la primitiva y milagrosa imagen de
Nuestra Señora de Guadalupe. Imprenta de Antonio Marín, Madrid. Págs. 143–144.
63
MAYOR, Adrienne. 2018. Fuego griego, flechas envenenadas y escorpiones. Ediciones Desper-
ta Ferro, Madrid. TEJERINA, Álvaro. 2010. Usos y saberes sobre las plantas de Monfragüe. Etno-
botánica de la Comarca Natural. Edición del autor. Cáceres. RIVAS GODAY, Salvador. 1953.
Especies indicadoras de los calerizos paleozoicos en Extremadura. Anales del Jardín Botánico de
Madrid, vol. 11, nº 1. págs. 503–514. DIOSCÓRIDES, De materia medica IV, 192. GIL CHAMO-
RRO, Alberto. Com. pers.
HISTORIA NATURAL
Los autores de la época clásica incluyen en sus tratados una larga serie de
datos referidos al escorpión, empezando por la pintoresca la clasificación que
citan NICANDRO, PLINIO o ELIANO, quienes diferencian los escorpiones
en: blancos, rojos, ahumados, negros, verdes, tripudos, semejantes a cangrejos,
fogosos, voladores, los que tienen dos aguijones, los que tienen la cola dividida
en siete anillos, etc.64 Se decía –y así se creyó durante siglos– que el escorpión
no pone huevos, sino que pare a las crías cuando es fecundado por el calor del
sol; que si una persona pisa sus excrementos le salen úlceras; que se espantan
quemando el cuerpo de otro escorpión, gálbano o sebo de cabra; que el jugo de
64
NICANDRO, Theriaka 769–799. ELIANO, Historia de los animales VI, 20.
rábano los mata; que hay lugares donde los escorpiones solo pican a los nativos
y nunca a los extranjeros…65
Pero entre todos los datos destaca, como es evidente, su peligrosidad. En
ocasiones se exagera hasta extremos pintorescos, como cuando ELIANO afir-
ma que, para evitar a los alacranes, los habitantes de Libia calzan botas altas y
duermen en lechos suspendidos de cuerdas, pero los escorpiones encuentran un
modo de sujetarse al techo y se agarran unos a otros con sus pinzas de modo que
el último baja por los cuerpos de todos los demás hasta la cama del hombre, le
pica y vuelve a subir, deshaciéndose la cadena según van subiendo todos (sic).66
Los griegos llamaban escorpión a una de sus más eficaces máquinas de guerra,
una especie de catapulta que era capaz de lanzar jabalinas a grandes distancias.67
Restos de esta tradición trascienden hasta nuestro días en el arte y la
literatura, por ejemplo en el dicho: «In cauda venenum» –literalmente «vene-
no en la cola»– creado en su origen en relación con el alacrán y que se sigue
utilizando cuando se quiere indicar que lo peor llega al final. Como es habitual
ARISTÓTELES, y los autores latinos que se basaban en las obras del sabio
griego, incluyen una buena cantidad de datos fantásticos en lo referente a estos
animales. De esa época surgen ideas como describir a los escorpiones como
una horrible plaga africana («pestis inoportuna») o afirmar que podían volar
dejándose llevar por el viento o que su presencia contaminaba el aire o que
surgían de los cadáveres… Era creencia ampliamente asumida que los escor-
piones nacían por generación espontánea de las carroñas o del agua estancada.
«El cadáver del cocodrilo genera escorpiones», escriben Claudio ELIANO
y PLINIO el Viejo68 repitiendo lo que Aristóteles había escrito tres siglos
antes y estableciendo una tendencia que se mantendría durante mil setecientos
años. A finales del XVI Conrad GESNER (1551–1587), uno de los científicos
más importantes y reconocidos de su época, aún afirma que los seres vivos se
reproducen por dos vías: por semillas o huevos –como los animales, los hom-
bres y las palmeras– o por la putrefacción que generan espontáneamente seres
como los escorpiones (sic).69 Otros datos sorprendentes que se consideraron
65
MARTÍNEZ SAURA, Fulgencio. 2007. Diccionario de zoología en el mundo clásico. Ellago
Ediciones. Castellón. Págs. 138–140.
66
ELIANO, Claudio. Historia de los animales VI, 23.
67
POLIBIO, Historia L, 4. VITRUBIO, De Arquitectura X, 1. VEGECIO, Militari insituta IV, 22.
68
ELIANO, Historia de los animales II, 33. PLINIO, Historia Natural XX, 12. El propio Plinio
añade que enterrando un cangrejo muerto en el litoral aparecerá dentro de su caparazón un escor-
pión de cola amenazante (Historia Natural IX, 99).
69
GESNER, Conrad. 1587. Historiae animalium. Zurich.
válidos hasta el siglo XVII incluyen que los escorpiones son todas hembras y
vírgenes, y que se arrepienten al propinar un picotazo y nunca se lo perdonan
a sí mismos. Desde un punto de vista científico no cabe más comentario a
la última afirmación. La presunta virginidad del escorpión puede basarse en
observaciones reales pues el macho no tiene un pene visible y, como se des-
cribió al principio, ambos sexos no se unen físicamente en una cópula como
otros animales. Por eso indica Gesner, siguiendo a Eliano, que la fecundación
de los escorpiones no es sexual sino debida «a la potencia del astro solar». En
cuanto a la presencia del escorpión en las carroñas es una observación que no
parece una fantasía de los antiguos, sino un resultado fruto de observaciones
reales, aunque mal interpretadas. Las carroñas son frecuentemente visitadas
por toda una serie de artrópodos y, aparte de los necrófilos, encontramos los
que hacen presa en los verdaderos necrófagos. El cadáver de un cocodrilo o de
un cangrejo proporcionan humedad, sombra y alimento, y representan un hábi-
tat idóneo para numerosos artrópodos, entre ellos, el escorpión, que van a la
caza de presas fáciles.70 La primera investigación sobre estos arácnidos basada
en experimentos y observaciones reales y libre de supersticiones y mitos se la
debemos al gran médico y naturalista italiano Francesco REDI (1626–1697),
el mismo que demostró que los insectos no nacen por generación espontánea,
que estudió los escorpiones de Italia y del norte de África.71
Algunas de las antiguas creencias populares sobreviven en nuestros días
y, sorprendentemente, sigue siendo necesario desmentirlas. Por ejemplo, es
completamente falsa la rocambolesca idea, ya citada, de que los escorpiones
puedan descolgarse desde el techo ayudándose unos de otros para picar a una
víctima, entre otras razones porque son animales nada sociables que apenas
mantienen contacto con sus congéneres si no es para aparearse o practicar
el canibalismo. Por muy malvados que se les crea, no podrían elucubrar tal
maquiavélica maquinación. Del mismo modo, habría que poner fin de manera
definitiva a la leyenda –y cruel pasatiempo– según la cual cuando un escorpión
es colocado en el centro de una circunferencia de fuego o brasas incandescen-
tes se pica a sí mismo para darse muerte. Se trata de una creencia tan antigua
como falsa. Por norma general, un animal nunca se suicida en el sentido en que
podemos entenderlo los humanos.72 Aunque el comportamiento y la postura del
70
FERRER, Julio. 2009. Op. cit.
71
REDI, Francesco. 1668. Esperienze intorno alla generazione degli insetti. All’ Insegna della
Stella. Florencia.
72
RAMSDEN, Edmund y WILSON, Duncan. 2014. The Suicidal Animal: Science and the Nature
of Self-Destruction. Oxford Academic, Past & Present 224 (1): 201–242.
animal así torturado puedan sugerir lo contrario, lo cierto es que en estas cir-
cunstancias el alacrán simplemente muere abrasado.73 Esta idea es una creencia
sólidamente anclada en la tradición. Incluso el poeta romántico Lord BYRON
lo aborda en uno sus poemas –El Giaour (1813)– en el que también trata otras
leyendas cruentas, como los vampiros.74A pesar del supuesto gesto romántico
y de los espeluznantes experimentos diseñados para incitar al escorpión al sui-
cidio, el recorrido de estas crueles prácticas es bastante corto. Ya en 1883 el
zoólogo británico Conwy Lloyd MORGAN (1852–1936), que hizo notables
contribuciones a la psicología animal, sometió a varios escorpiones a todo tipo
de tormentos sin observar ningún suicidio entre ellos. Otro aspecto importante
de este episodio es que presupone que el escorpión, si es capaz de darse muer-
te, no sería inmune a su propio veneno. Una creencia bastante extendida pero
falsa. En 1887 otro zoólogo británico, Alfred G. BOURNE (1859–1940), rea-
lizó una serie de experimentos en los que inyectaba a los escorpiones su propio
veneno sin que por ello les causase la muerte. De hecho, toleran dosis cientos
de veces superiores a las letales en otras especies porque su hemolinfa es capaz
de neutralizar las toxinas. Si el veneno se inyecta directamente en un ganglio
nervioso, el escorpión muere.75
PRETI, Antonio. 2007. Suicide among animals: A review of evidence. Psychological Reports
101(3): 831–848.
73
GARCÍA HERRERO, F.J. 1985. El pretendido suicidio de los escorpiones (Scorpionida). Bole-
tín del Grupo Entomológico de Madrid 1: 157–162
74
«La conciencia atormentada por los remordimientos / es como el escorpión rodeado por el
fuego: / el círculo se hace más devorador/ a medida que se estrecha / y acaba por envolverlo en
llamas. /El cautivo conoce la suerte que le aguarda / y martirizado por mil dolores / y enloquecido
por su desesperante rabia, / no encuentra ya sino un triste recurso: / aquel aguijón que él guarda-
ba para sus enemigos / y cuyo veneno jamás fue vano, / puede con una sola agonía / poner término
a todos sus padecimientos». (George Gordon BYRON, 1813).
75
LEGROS, Christian, MARTIN-EAUCLAIRE, Marie-France y CATTAERT, Daniel. 1998. The
myth of scorpion suicide: are scorpions insensitive to their own venom? Journal of Experimental
Biology 201: 2625–2636.
76
GONZÁLEZ, J.A. y VALLEJO J.R. 2013. Op. cit.
PARDO DE SANTAYANA, Manuel et al. 2014. Buthus Leach, 1815. En: Inventario español de
los conocimientos tradicionales relativos a la biodiversidad. Ministerio de Agricultura, Alimenta-
ción y Medio Ambiente, Madrid. Pp. 293–296.
77
PLINIO. Historia Natural VIII, 32. DIOSCÓRIDES, De materia medica XI: Del Alacrán
terrestre.
78
CHINCHILLA, Anastasio. 1841. Anales históricos de la medicina en general, y biográfico-
bibliográficos de la española en particular. Tomo I. Imprenta de López y Compañía. Valencia.
BELL, Benjamin. 1813. Sistema o curso completo de cirugía, vol. 3. Imp. García y compañía. Madrid.
79
PLINIO, Historia natural XXX, 31.
ello, y en ellos mismos, nos dio el remedio y la medicina (...) Pare ordina-
riamente la hembra del alacrán once gusanillos a manera de huevos, de los
cuales (según cuentan algunos) se come luego los diez, dejando al más robusto
y diestro de todos para perpetuar el linaje, el cual, después, en recompensa
de tan singular beneficio, acordándose más de la injuria y muerte de sus her-
manos que de la gracia propia, como criatura ingratísima, conspira contra su
propia madre y la mata».80 Una vez más se mezclan observaciones reales con
conclusiones erróneas. En contra de lo que tantas veces se afirma, las crías no
matan a la madre, ni devoran su vientre para nacer (algo que también se achaca
a otros animales venenosos como las víboras). Alguna hembra puede morir
tras el nacimiento de su progenie y la imaginación hace el resto. Efectivamente
el alacrán es venenoso y «vivíparo», como se ha citado, las hembras «paren»
a sus crías vivas tras incubar el huevo fecundado en el interior de su cuerpo.
Cuando los pequeños alacranes eclosionan, perfectamente formados, suben al
dorso de su madre donde permanecen unos días. Tampoco es cierto que la
madre se los coma, todo lo contrario. Algo que sí puede hacer es ayudar a sus
pequeños a librarse de la membrana coriónica en la que salen envueltos, una
maniobra que puede dar lugar a confusiones.
El mejor remedio tradicional para tratar la dolorosa picadura del escor-
pión es el propio escorpión. Por eso se recomendaba comer alacranes crudos
o asados o aplicar sobre la picadura el cuerpo machacado del propio picador.
Aparte de la citada idea intemporal de que lo similar cura lo similar, es también
una racionalización de la magia: si el animal convive con su propio veneno, es
que lleva en sí el antídoto, luego su cuerpo molido neutralizará el tóxico. Por
eso recomendaba PLINIO ingerir escorpiones pulverizados contra las mor-
deduras de reptiles.81 Otro remedio ampliamente extendido por nuestra geo-
grafía es la aplicación externa del llamado aceite de escorpión, que es aquel
en el que se han frito o macerado escorpiones. Su uso tópico fue un remedio
común durante la Edad Media y en el mundo antiguo.82 Entre los supuestos
beneficios de este aceite de alacranes se incluye su uso como ingrediente de
afrodisíacos para potenciar la estimulación sexual,83 una nueva relación del
80
Comentario de Andrés LAGUNA en: DIOSCÓRIDES. De materia medica XI: Del Alacrán terrestre.
81
PLINIO, Historia Natural XXIX, 4.
82
BENÍTEZ CRUZ, Guillermo. 2011. Animals used for medicinal and magico-religious purposes
in Western Granada province, Andalusia (Spain). Journal of Ethnopharmacology 137: 1113–1123.
83
RUBIO GAGO, Manuel E. y RÚA ALLER, Francisco J. 2008. Amuletos y talismanes, filtros y
elixires. En: E. García López (editor). Bierzo mágico. Fundación Saber.es. León.
84
DIOSCÓRIDES, De materia medica X: Del Cangrejo.
85
DIOSCÓRIDES, De materia medica LXII: De los ratones; Cap. LXXII: Del estiércol.
86
FERRER, Julio. 2009. Op. cit.
87
MONZÓN, Francisco J. y BLASCO, Rosa M. 1997. Conceptos médicos y populares en torno al
escorpión. Boletín SEA 17: 47–51.
88
DOMÍNGUEZ MORENO, José María. 2005. Dermatología popular en Extremadura (y IV).
Revista de Folklore 297: 88–97. GONZÁLEZ, J.A. y VALLEJO J.R. 2013. Op. cit. GIL CHAMO-
RRO, Alberto. Com. pers.
del alacrán era suficiente con llevar encima una hoja de acedera o vinagrera
(Rumex acetosa) probablemente por su conocido sabor agrio. En otras locali-
dades extremeñas, como Ibahernando o Villafranca de los Barros, esa misma
planta, propia de robledales y que raramente se encuentra en la provincia de
Badajoz, era más eficaz para tratar a quien ya hubiera sufrido la picadura,
para ello había que cocer sus hojas en vino y tomarse el caldo de una tacada.
Aún hoy se siguen consumiendo ensaladas o sopas con hojas de acedera.
Otros antídotos similares incluyen bebedizos y emplastos preparados con
zumo de limón o plantas como las citadas hierbas alacraneras (Heliotropium
europaeum o Coronilla scorpioides). Para matar escorpiones en Extremadura
y el resto de Europa se ha usado tradicionalmente el acónito (Aconitum sp.),
una planta realmente tóxica cuya raíz, como ya se ha citado, se parece casual-
mente a la cola de este animal.
Además de las mencionadas, son muchas las plantas que en Extrema-
dura y el resto de España se han utilizado de manera tradicional para tratar la
picadura del alacrán, a saber: aplicaciones directas de látex de adelfa (Nerium
oleander), hojas y flores de torvisco (Daphne gnidium), cocciones de hojas de
fresno (Fraxinus angustifolia), gordolobo (Verbascum thapsus), cardos (Atrac-
tylis sp) o cerraja (Sonchus oleraceus) que según Laguna «majada la hierba,
juntamente con las raíces, y aplicada, socorre a los mordidos del escorpión»;
como repelentes se han empleado varas de avellano (Corylus avellana) o bul-
bos machacados de ajo porro (Allium ampeloprasum); y para aliviar la pica-
dura se recomendaban frutos de mirto (Myrtus communis) tomados con vino o
granos fermentados de hinojo (Foeniculum vulgare).89
Otros remedios más inocuos incluyen verter sobre la picadura los mara-
villosos polvos de alicor que no son más que raspaduras de cuernos de ciervo.
En Jaraicejo y Torrejón el Rubio se inclinaban por lavar la picadura con agua
en la que hubiera reposado un asta de venado. Otros remedios con base ani-
mal empleados en Extremadura para curar las picaduras del alacrán incluyen
sanguijuelas, piel de rana, caninos de lobo, pollos de gallina sacrificados,
grasa de jabalí, orina de cabra, heces de vaca, e incluso fluidos humanos
89
PARDO DE SANTAYANA, Manuel et al. (editores). 2018. Inventario español de los conocimien-
tos tradicionales relativos a la biodiversidad. Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y
Medio Ambiente. Madrid. Vol. 1: 95; Vol. 2: 20, 196, 204, 355; Vol. 3: 92, 162, 171, 228, 271, 385.
JARAVA, Juan. 1557. Historia de yervas y plantas. Herederos de Arnaldo Byrcman, Amberes.
Edición facsímil de Miquel Sambró. Barcelona, 2000. Estudio de José M. López Piñero, María
Luz López y José Pardo. Págs. 48, 66, 264, 345, 389 y 483.
como orina, semen, sangre menstrual o flujo vaginal.90 A todos ellos hay que
añadir la infalible piedra bezoar.91 Y, por supuesto, está la aplicación del
propio escorpión causante de la dolorosa picadura. Aunque antes de ponerlo
sobre la herida hay que matarlo y freírlo o bien machacarlo y aplicar la papi-
lla resultante. Este mismo remedio lo empleaban los pastores extremeños
para sanar las picaduras al ganado.92 En muchos pueblos era frecuente que
los curanderos locales guardasen escorpiones macerados en alcohol o aguar-
diente, ya que a este líquido se le atribuían excelentes propiedades asépticas
y antivenenosas para sus picaduras. De hecho, hasta no hace muchos años
se creía que podía extraerse de los escorpiones un aceite capaz de curar
sus picaduras y las de otros animales venenosos. Durante siglos se trató de
una idea tan errónea como popularmente aceptada. A finales del XIX toda-
vía aparece el famoso aceite en la Pharmacopea Hispana aunque hacía ya
muchos años que las ideas científicas derivadas de la Ilustración imperaban
en toda Europa.93 La receta del «Aceite de alacranes» (Oleum scorpionum)
se preparaba, según reza el texto, con «Ocho onzas de alacranes vivos» y
«tres libras de aceite de olivas» de la siguiente forma: «Ahóguense los ala-
cranes en el aceite, añádase un poco de agua; caliéntese a fuego suave hasta
evaporar toda la humedad; pásese por un lienzo y fíltrese por papel. Se usa
en fricción, en el hipogastrio, para promover la excreción de la orina».94 En
Extremadura el aceite de escorpión se empleaba para curar los sabañones.
En las sierras del sur de Badajoz era el remedio habitual para combatir las
convulsiones en los niños así como los dolores abdominales causados por
obstrucciones intestinales, apendicitis, cólicos o gastroenteritis.95 Para curar
la conjuntivitis y enfermedades de los ojos del ganado, los ganaderos del
90
GUÍO CEREZO, Yolanda. 1992. Naturaleza y salud en Extremadura: los remedios. Asamblea
de Extremadura. Mérida.
91
Se llama bezoar a la acumulación de sustancias no digeribles que forman masas de tamaño
variable y se pueden hallar en el estómago o intestinos de los animales. La palabra bezoar viene
del persa pâdzahr, que significa «antídoto» pues en la antigüedad se creía que podía anular los
efectos de los venenos.
92
DOMÍNGUEZ MORENO, José María. 1994. La Etnoveterinaria en Extremadura: El tratamien-
to del ganado lanar. Revista de Folklore 160: 111–121.
93
MONZÓN, Francisco J. y BLASCO, Rosa M. 1997. In cauda venenum: El mito del Escorpión
(VI). El Escorpión en la Farmacopea española. Boletín SEA 18: 24.
94
Farmacopea Española (5ª ed.). Imprenta Nacional. Madrid. 1865. Pág. 68.
95
NOGALES, José. 1907. Apuntes para el folklore bético–extremeño. Prácticas y creencias popu-
lares en el SO de España. Revista de Extremadura 9: 145–167.
valle del Alagón y de los Ibores solían colgar al cuello de sus ovejas enfermas
un pequeño recipiente con un alacrán en su interior con la intención que el
animalejo y la rija fueran secándose al mismo tiempo.96 En varias comarcas
extremeñas el alacrán se ha utilizado para tratar enfermedades oftalmológi-
cas en las personas. En algunos pueblos aún perdura la tradición de que el
mejor remedio contra la rija (dacriocistitis crónica o fístula que se hace deba-
jo de la glándula lacrimal) consiste en atrapar un escorpión e introducirlo
en un tubo de caña u otro recipiente bien cerrado que se colgaba del cuello
mediante un cordón de lana de manera que la enfermedad se iría curando
conforme el animal se fuera secando y convirtiéndose en polvo.97 Esta es una
de las supersticiones que recoge Publio HURTADO referente a Alía donde
se aconsejaba: «encerrar un alacrán en un alfiletero, que llevará consigo el
rijoso, y en cuanto el arácnido muera, se verá libre de la inflamación del
saco lacrimal».98 El mismo autor menciona cómo se empleaban escorpiones
a modo de amuletos para combatir las fiebres de la malaria.99 En Olivenza se
capturaban y se mantenían vivos en un tubo de metal que se llevaba colgado
del cuello con el fin de librarse de las picaduras.100 Y en Serradilla se creía
que la mejor inmunización contra esta picadura era capturar un espécimen y
mantenerlo vivo y encerrado en una caja hasta que muriese, pues entonces se
convertiría en un magnífico amuleto protector.101 En Cheles era normal, hasta
época reciente, que cuando un niño tenía algún problema en un ojo, su madre
le metiese un alacrán vivo en una caja de betún y lo llevase colgado del cuello
los días que fuesen necesarios. Si este moría, había que salir al campo a la
caza y captura de otro hasta que el ojo quedase finalmente sanado.102 Hasta
hace un siglo, para curar las convulsiones infantiles en el sur de la provin-
cia de Badajoz, se llevaba a cabo un ritual consistente en aplicar aceite de
96
DOMÍNGUEZ MORENO, José María. 1994. Op. cit.
97
GONZÁLEZ POZUELO, Fernando. 1985. Rasgos culturales de la sociedad tradicional extreme-
ña. Cuadernos de Realidades Sociales 25–26: 85–110.
98
DOMÍNGUEZ MORENO, José María. 2004. Dermatología popular en Extremadura (II). Revis-
ta de Folklore 281: 155–165.
99
HURTADO, Publio. 1902. Supersticiones extremeñas. Cáceres.
100
RUBIO, A. 1997. Notas para el conocimiento de la medicina popular y supersticiones curativas
en la comarca de Olivenza. Encuentros–Encontros 3, 259–283.
101
TEJERINA, Álvaro. 2010. Usos y saberes sobre las plantas de Monfragüe. Etnobotánica de la
Comarca Natural. Edición del autor. Cáceres.
102
MAYORGA, Fermín. 2013. Los animales del diablo en Extremadura. Disponible online en:
http://mayorgainquisicion.blogspot.com.es/
103
NOGALES, José. 1907. Op. cit.
104
CARRIL, Ángel. 1981. Veterinaria y medicina popular en Salamanca. Revista de Folklore 5:
27–32.
BLANCO, Juan Francisco. 1985. Medicina y veterinaria populares en la provincia de Salamanca.
Diputación de Salamanca. 2ª edición ampliada. Salamanca.
105
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