0% encontró este documento útil (0 votos)
146 vistas23 páginas

Cómo describir nuestra personalidad

El documento explora la complejidad de la personalidad, diferenciando entre temperamento y carácter, y cómo estos conceptos se relacionan con la identidad. Se presentan diversas teorías de la personalidad, incluyendo las intrapersonales, de rasgos y del aprendizaje social, así como las contribuciones de Freud y las teorías humanistas de Maslow y Rogers. La personalidad se define como un conjunto de rasgos y características psicológicas que determinan el comportamiento de un individuo a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones.

Cargado por

laumzan
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
146 vistas23 páginas

Cómo describir nuestra personalidad

El documento explora la complejidad de la personalidad, diferenciando entre temperamento y carácter, y cómo estos conceptos se relacionan con la identidad. Se presentan diversas teorías de la personalidad, incluyendo las intrapersonales, de rasgos y del aprendizaje social, así como las contribuciones de Freud y las teorías humanistas de Maslow y Rogers. La personalidad se define como un conjunto de rasgos y características psicológicas que determinan el comportamiento de un individuo a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones.

Cargado por

laumzan
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1.

EN BUSCA DE LA PERSONALIDAD
Saber qué es la personalidad es una de las cuestiones fundamentales de la
psicología. ¿A qué nos referimos cuando decimos que alguien tiene personalidad o
que no la tiene? ¿Hay una definición de personalidad? El origen de este término hay
que buscarlo en la palabra persona, que procede del latín e indicaba la característica
concreta de un individuo.
1.1 FILOSOFÍA Y PERSONALIDAD
En filosofía, para designar esa característica o manera de ser de las personas se han
usado tradicionalmente los términos de carácter y temperamento. El talante o
temperamento, esto es, lo que nos es dado, es nuestro modo natural de ser, la base
congénita e incluso biológica, lo que una persona es desde siempre y seguirá siendo,
sin que los factores externos puedan cambiarlo.

El carácter, por otro lado, es nuestro ser social, nuestro modo de comportarnos en
sociedad, lo que una persona decide ser. El carácter se convierte entonces en algo
que se construye desde el temperamento, pero en el que también intervienen otros
factores externos como la educación y la propia voluntad del sujeto; por tanto, puede
variar a lo largo de la vida de una persona.

El temperamento es el modo de enfrentarse a la vida desde lo que la biología nos ha


dado, mientras que el carácter es el uso que hacemos de nuestro temperamento de
manera inteligente.
Esta concepción implicaba la existencia de un alma o sujeto poseedor de esa
voluntad y ejecutor de las acciones. Por ello, en filosofía, la psicología se consideraba
una ciencia del alma. El nacimiento de la psicología moderna supuso el olvido de esta
visión filosófica para adoptar un punto de vista más científico y basado en el
comportamiento humano, que era objetivamente observable con la caracterización
de tipos y en la búsqueda de rasgos o características que puedan definir formas de
ser de la especie. El sujeto, como unidad de acción, ya no se encuentra en el alma,
sino que pasa a ser considerado como parte del organismo o la mente con una
función unificadora de las experiencias propias. La psicología como ciencia de la
conducta ha intentado relacionar distintos comportamientos con «maneras de ser
determinadas» o personalidad.

En definitiva, como dice José Luis Pinillos, la personalidad representa la estructura


intermedia entre la estimulación del medio y la conducta con la que los individuos
responden a ella, precisamente para dar razón del modo individualizado en que lo
hacen.
1.2 IDENTIDAD Y PERSONALIDAD

1
Cuando pensamos en nuestra propia personalidad, ¿cómo nos describiríamos a
nosotros mismos? ¿Sentimos que somos realmente únicos y consistentes a lo largo de
todas las circunstancias y situaciones de la vida o nos comportamos de acuerdo a las
expectativas del grupo en el que nos encontramos en ese momento? ¿Somos tímidos,
en algunas ocasiones, y en otras las personas más sociables del mundo? ¿Cómo
somos en realidad? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Estamos determinados
genéticamente a poseer cierto tipo de personalidad? La pregunta por la
personalidad trae consigo la pregunta por la identidad, ya que no son lo mismo.
Vocabulario

Identidad: idea que tenemos de nosotros mismos como centro de nuestra


personalidad.
La identidad está relacionada con nuestro sentido de pertenencia y ser individual con
una mente propia, mientras que la personalidad, en términos generales, puede ser
definida como el conjunto de rasgos y características psicológicas que determinan y
expresan la manera propia de ser y actuar de un individuo a lo largo del tiempo en
diversas situaciones. Dichas pautas de comportamiento responden de manera
previsible con una organización coherente. Estas pautas pueden consistir en multitud
de rasgos distintivos, pensamientos, motivos, emociones, sentimientos y formas
habituales de comportamiento. La identidad es el núcleo central que desarrollamos
en el proceso de formación de la propia personalidad.

Mientras que la identidad es un proceso psicológico íntimo del yo mediante la cual se


adquiere un autoconocimiento y sentido de pertenencia a una comunidad, la
personalidad intenta configurarse de tal manera que se pueda atribuir a un individuo
en particular un conjunto de características observables y medibles, normalmente
mediante los test de personalidad. El objetivo es establecer una serie de
personalidades tipo diferentes. La mayoría de los psicólogos de la personalidad se
centran en determinadas diferencias psicológicas individuales con significado, tales
como la honestidad, la ansiedad, el humor, etc. La diferencia entre las distintas teorías
de la personalidad se encuentra precisamente en la naturaleza de estas diferencias, si
son o no observables objetivamente y medibles, así como si pertenecen al individuo o
al entorno personal o social.

«La personalidad es algo distintivo y propio de cada individuo», José Luis Pinillos.
LOS CUATRO HUMORES BÁSICOS
La primera teoría sobre la personalidad la encontramos en la antigua Grecia por
parte de Hipócrates (h. 460-370 a. C.). Su teoría adjudicaba un tipo de carácter u otro
según el predominio de uno de los cuatro humores básicos: la sangre, la bilis, la flema
y la bilis negra. Así, dividía a los individuos en varios grupos:

2
● Sanguíneos: individuos alegres y optimistas con un aspecto saludable.
● Coléricos: impulsivos y de fuerte temperamento, a menudo de naturaleza
agresiva. Su aspecto físico es tenso.
● Flemáticos: caracterizados por su lentitud y embotamiento. Físicamente tienen
las manos húmedas.
● Melancólicos: de aspecto triste.
2. TEORÍAS DE LA PERSONALIDAD
En la psicología actual existen muchas teorías de la personalidad que obligan a
intentar clasificarlas de algún modo. Para ello nos vamos a fijar en tres elementos que
nos ayudarán según se ponga el énfasis en un factor determinado: la persona, la
conductra y la situación. Así podemos distinguir tres grupos:

Según se ponga el énfasis en un factor u otro, hay diversas teorías de la personalidad.


1
Teorías intrapersonales, en las que se pone el énfasis en los factores individuales
internos (constitución psicobiológica, conflictos, deseos y aspiraciones, traumas, etc.).
Aquí se incluyen teorías como el psicoanálisis en sus diferentes versiones y la llamada
psicología humanista o personalista de Abraham Maslow y Carl Rogers.

2
Teorías de los rasgos. Hacen hincapié tanto en los factores psicológicos como en los
ambientales. Puede admitirse la personalidad como un «conjunto de hábitos
aprendidos» que se expresan en unos patrones estables de conducta del organismo,
así como las que enumeran rasgos de la personalidad o clasifican las personalidades
en tipos. Se encuentran en esta perspectiva las aportaciones de Gordon Allport,
Raymond Cattell y Hans Eysenck.

3
Teorías del aprendizaje social, que interpretan la personalidad como el resultado de
una interacción entre el sujeto y el ambiente social. La personalidad se entiende en
referencia a procesos afectivos y cognitivos (intrapersonales), pero estos se
desarrollan en un medio social y son activados por elementos de dicho medio.
Autores como Albert Bandura, Erik Erikson o Julian Rotter pueden incluirse en esta
categoría.

Para saber más

Existen numerosas definiciones de personalidad, lo cual deja ver la complejidad del


tema:

● «La personalidad es el ser psíquico global en su realidad única e irrepetible»,


Wellek.
● «Es la suma total de todas las disposiciones biológicas innatas, impulsos,
apetitos e instintos del individuo», Prince.

3
● «La personalidad es la organización mental completa de un ser humano en
cualquier etapa de su desarrollo. Incluye cualquier aspecto del carácter
humano, intelecto, temperamento, destrezas, moralidad o cualquier actitud
que se haya desarrollado en el curso de la vida», Warren y Carmichael.
● «Es la interacción entre la estabilidad y la variedad mediante la cual el sujeto
mantiene la coherencia y sus metas mientras responde a las demandas de una
situación particular», Pervin.
● «Es la estructura psíquica total del individuo tal como se revela en su forma de
pensar y expresarse, en sus actitudes, intereses, acciones y en su visión de la
vida», Dueñas.
LOS TIPOS
En la primera mitad del siglo XX aparecen algunas teorías de tipos psicosomáticos
(Ernst Kretschmer, William H. Sheldon), que establecen unas relaciones bastante
discutibles entre el aspecto corporal y los rasgos psicológicos. Por otro lado, el
psicoanálisis también clasifica a los individuos en función de la posible fijación en una
de las fases del desarrollo psicosexual (carácter oral, anal, etc.). Lo más frecuente, sin
embargo, es que no aparezcan teorías puras de tipos, sino que estos se definan en
función de unos rasgos o factores más fácilmente identificables. A veces los
resultados no difieren demasiado de la tipología antigua, como en el caso de la
caracterología de Gerardus Heymans y René Le Senne, muy utilizada en España como
base de los test de personalidad en los años 60 y 70. Según estos autores, existen tres
rasgos básicos (emotividad, actividad y resonancia) que pueden estar presentes o no
y cuyas posibles combinaciones dan lugar a los ocho temperamentos.

Tipos de constitución

Ectomórfica

Mesomórfica

Endomórfica

4
El psicólogo norteamericano William Sheldon desarrolló en los años 40 la teoría del
somatotipo o psicología constitucional, que asociaba los tipos de cuerpos humanos
con los temperamentos.
HEYMANS-LE SENNE: LOS OCHO TEMPERAMENTOS
Cada temperamento se define en función de la presencia o no de tres rasgos:
emotividad, actividad y resonancia. Una persona emotiva es aquella que se conmueve
fácilmente. La actividad es la tendencia a actuar siempre, incluso cuando uno no
tiene obligación o necesidad de hacerlo. Y la resonancia es la forma en que
repercuten los sucesos en la persona: si le llevan a reaccionar inmediatamente, se
trata de alguien primario; si tarda en reaccionar, pero la impresión es más duradera,
es secundario. De esta forma obtenemos las siguientes combinaciones, a las que se
adjudican los nombres que se indican:

Emotivo – activo – primario Colérico

Emotivo – activo – secundario Apasionado

Emotivo – no activo – primario Nervioso

Emotivo – no activo – secundario Sentimental

No emotivo – activo – primario Sanguíneo

No emotivo – activo – secundario Flemático

No emotivo – no activo – primario Amorfo

No emotivo – no activo – secundario Apático

2.1 EL PSICOANÁLISIS
La base de la teoría freudiana es la existencia de un conflicto entre distintas partes o
aspectos de la personalidad: se trata del hecho que podemos llamar escisión del yo y
del que es posible encontrar ejemplos no solo en enfermos mentales, que se ven
dominados o «poseídos» por fuerzas que no controlan, sino también en sujetos
aparentemente normales agobiados por pensamientos, impulsos o comportamientos
que no pueden dominar (ideas fijas, tics nerviosos, manías, etc.) o simplemente que
viven la experiencia de la contradicción en la voluntad (querer una cosa y a la vez lo
contrario, o querer algo y hacer lo contrario, por un supuesto error).

A partir de 1921, Sigmund Freud explicó el conflicto como una lucha entre diferentes
centros psíquicos, como si en la personalidad se dieran tres sujetos en vez de uno
solo: ello, yo y superyó. La génesis de estas tres instancias se aclara desde el
desarrollo evolutivo del niño, poniendo ahora el énfasis en la configuración de su
sexualidad (que Freud entiende como una energía difusa y capaz de adoptar muchas
formas, que solo en la última fase de su desarrollo toma la de genitalidad).

5
La teoría de Freud sobre la personalidad puede ilustrarse como un iceberg: solo
somos conscientes de una parte mínima de nuestro psiquismo.
1
Al principio, la mente del niño es solo ello, impulsividad pura regida por el principio de
placer (satisfacción inmediata de todos los deseos) y que obtiene su gratificación
primordialmente del pezón materno y secundariamente de otros objetos sustitutivos
(dedo, chupete…): la zona erógena dominante es, pues, la boca, por lo que este primer
periodo del desarrollo recibe el nombre de fase oral.

En la fase oral, la boca es instrumento de nutrición, exploración y gratificación.


2
A partir del segundo año de vida, el niño experimenta una capacidad nueva: la de
retener las heces. Al mismo tiempo, en torno a esta capacidad descubre la existencia
de la autoridad, que pone un límite a sus impulsos y le exige posponerlos o renunciar
temporalmente a ellos: aparece así el principio de realidad y, rigiéndose por él, una
parte del ello se separa del resto constituyendo el núcleo de la personalidad (yo). En
esta fase la sexualidad se focaliza en torno al esfínter anal, por lo que se denomina
fase anal.

3
El superyó (conciencia moral) aparece como una introyección de la figura paterna
como consecuencia del complejo de Edipo: el niño renuncia a su madre como objeto
sexual y toma al padre como referencia o modelo; de esta forma el castigo o amenaza
de castigo del padre por el deseo incestuoso es asumido por el niño, que lo
transforma en sentimiento de culpa. Esta transformación tiene lugar en el momento
del primer despertar de la sexualidad genital (4-5 años) y necesitará para asentarse
un periodo de latencia que se extiende hasta la pubertad, donde la sexualidad genital
toma ya su forma definitiva.

Vocabulario

Introyección: interiorización, apropiación de un elemento externo.

Complejo de Edipo: conflicto psicológico por el que el niño se siente atraído por su
madre y odia al padre.
El yo aparece en este esquema sometido a presiones tanto internas (del ello y el
superyó) como externas (del medio social). El equilibrio psíquico exige un yo fuerte que
sea capaz de mantener a raya tanto al ello como al superyó, satisfaciendo también
adecuadamente sus demandas y las de la sociedad.
2.2 TEORÍA HUMANISTA DE MASLOW Y ROGERS

6
Las teorías humanistas ponen el foco en la persona como algo distinto y superior a la
suma de sus condicionantes (biológicos, psicológicos, ambientales, etc.). La conducta
de los individuos se establece según la constitución biológica, las fuerzas sociales y
las experiencias pasadas organizadas por la libertad personal. El objetivo último de la
mayoría de estas teorías es la autorrealización del yo.

Según Abraham Maslow, cada persona tiene una naturaleza interna, en parte común
al resto de la especie humana y en parte específica de cada uno. Esa «naturaleza» es
esencialmente buena o, al menos, neutra: los impulsos destructivos no forman parte
de ella, sino que surgen como consecuencia de la frustración. Por ello, lo ideal es
desarrollar esta naturaleza, lo que se llama autorrealización. De ahí que Maslow
bautice su teoría como «psicología del hombre autorrealizado».

En la misma línea, el otro gran representante de la psicología humanista, Carl Rogers,


habla del sí mismo como la estructura interna que aglutina y da unidad a los
diferentes aspectos de personalidad. El sí mismo no es una estructura invariable, sino
cambiante, aunque relativamente estable. Por eso, la psicología debe buscar que el
paciente (sano o enfermo) mejore su sí mismo, mediante lo que Rogers llama «el
proceso de convertirse en persona». Para Rogers, el desarrollo óptimo de la persona
se logra gracias a la congruencia entre el organismo y el concepto de sí mismo, que
equivale a «ser quien uno realmente es».

Para Rogers, la psicología debe buscar que el paciente mejore su sí mismo, la


estructura interna de su personalidad.
Las características por las que una persona funciona plenamente son las siguientes:
1
Apertura a la experiencia. Aceptación de todas las emociones que experimenta la
persona en su experiencia diaria.

2
Tendencia al vivir existencial. Orientación de la conducta y la existencia de acuerdo a
las necesidades del momento en relación con el medio físico, social y cultural.

3
Confianza en el organismo. Confianza en que el organismo es una fuente de
información fiable para tomar decisiones y orientar su conducta.

2.3 TEORÍA DE LOS RASGOS


El debate sobre la personalidad también ha girado en torno al concepto de rasgos,
que ha tenido una gran aceptación en la psicología contemporánea porque pueden
ser estructurados en escalas que permiten situar a cada individuo en un punto entre

7
dos términos extremos. Los rasgos son elementos o características relativamente
estables y comunes a la especie que pueden ser aplicados a cualquier individuo y que
ofrecen información sobre un modo de comportamiento particular y consistente. El
éxito de las escalas de rasgos es que pueden ser medidos mediante test
estandarizados que facilitan la clasificación ofreciendo una valiosa información sobre
diversos aspectos de la personalidad.

Vocabulario

Rasgo: característica relativamente estable y común a la especie que puede ser


aplicada a cualquier individuo.

Gordon Allport, uno de los psicólogos más influyentes en el estudio de la


personalidad, reconoce que no todos los rasgos tienen el mismo peso y significado en
la vida de los individuos. Propuso que la mayoría de las personas pueden ser
definidas mediante un intervalo de entre cinco a diez rasgos primarios que reflejan el
modo de comportamiento, y una serie de rasgos secundarios con otros aspectos más
personales como los gustos, los hábitos, opiniones, etc.

Raymond B. Cattell avanzó en este sentido introduciendo un método estadístico


llamado análisis factorial. Este método ha permitido identificar dieciséis factores
básicos diferentes (afabilidad, inteligencia abstracta o concreta, estabilidad
emocional, dominancia o sumisión, etc.). En sus estudios, el psicólogo inglés Hans
Eysenck considera tres rasgos como ejes de un sistema tridimensional de
coordenadas: extraversión-introversión, neuroticismo-estabilidad emocional y
psicoticismo-control de impulsos.

Modelo de Eysenck

8
Los muchos estudios de análisis factorial en los últimos años han permitido
determinar la existencia de cinco factores fuertes conocidos como Los cinco grandes
rasgos de la personalidad (The big five):
1
Apertura mental versus resistencia a nuevas experiencias. Personas orientadas a la
novedad, imaginativas e independientes frente a aquellas rutinarias, pragmáticas y
conformistas.

2
Responsabilidad versus impulsividad. Individuo organizado, cuidadoso y disciplinado
frente a uno desordenado, descuidado e impulsivo.

3
Extraversión versus introversión. La persona sociable, afectuosa y orientada a la
diversión frente a una retraída, reservada y seria.

4
Afabilidad versus antagonismo. Confiado, amable y colaborador frente a suspicaz,
duro y falto de colaboración.

5
Estabilidad emocional versus neuroticismo. A un lado estaría el individuo sereno,
seguro y autosatisfecho y, al otro, el ansioso, inseguro y autocompasivo.

La extraversión o facilidad para las relaciones sociales es uno de los rasgos que mide
el modelo de los «cinco grandes».
El modelo de los «cinco grandes» ha servido también de base para el estudio de la
influencia genética en la formación y desarrollo de la personalidad. Una investigación
sobre gemelos realizada en 1996 arrojaba las siguientes correlaciones en las
puntuaciones de los big five: estabilidad emocional o neuroticismo, 41 %; extraversión,
53 %; apertura, 61 %; afabilidad, 41 % y responsabilidad, 44 %; en general, muy por
encima de lo que sería la correlación esperable en dos personas cualesquiera
elegidas al azar. Sin embargo, muchos psicólogos han puesto de manifiesto que el
modelo no proporciona un perfil completo de la personalidad. Hay rasgos que no
están presentes, como los indicadores de enfermedades mentales tales como la
psicopatía, la esquizofrenia o la obsesión compulsiva; y otros como la honestidad, la
religiosidad o el estado de humor.

9
Fuente: Introduction to Psychology. Universidad de Minnesota.
2.4 TEORÍA DEL APRENDIZAJE SOCIAL
Las teorías interaccionistas del aprendizaje social se centran tanto en la cuestión de
si el comportamiento tiene su origen en factores internos del individuo como si es el
resultado de factores derivados de situaciones sociales.

Albert Bandura destaca la retroalimentación entre cognición y ambiente: por un lado,


el sujeto valora la situación de una manera y esta valoración produce una conducta;
por otro, la conducta realizada provoca unos resultados y estos influyen en las
expectativas de situaciones futuras, tal como se ve en el esquema:

Retroalimentación entre cognición y ambiente

Las expectativas de cada sujeto generan su propia percepción del valor de su


conducta y definen las condiciones en que esta puede considerarse como un éxito o
un fracaso. Bandura alude a este hecho con el concepto de autoeficacia, es decir,
eficacia que nace de las propias expectativas y valoraciones: una misma conducta
(por ejemplo, un examen mal resuelto) puede ser vista como consecuencia de la propia
inutilidad o como un desafío para aprender más y sacar mejores notas.

Erik Erikson va a elaborar una teoría del desarrollo psicosocial de la persona con una
base psicoanalítica. El objetivo de Erikson es proporcionar una explicación sobre el
desarrollo de la identidad hasta llegar al yo en el proceso de socialización. Para
Erikson, el desarrollo personal dura toda la vida, desde la infancia hasta la vejez, y
este proceso consiste en ocho etapas.

10
Según Erikson, la identidad es un proceso que se encuentra localizado en el centro de
una cultura común. Es un proceso psicológico que implica un doble proceso de
reflexión y observación mediante el cual el individuo se percibe a sí mismo en relación
a cómo le perciben los demás en contextos situacionales determinados. El crecimiento
personal no puede separarse del cambio cultural y de las estructuras ideológicas del
entorno. El éxito o el fracaso en la constitución del yo da lugar a la consecución de
una identidad y los problemas asociados a ella. Es precisamente en la adolescencia,
debido a los cambios tan rápidos que se producen en el cuerpo y mente del
adolescente, donde sucede la crisis de identidad.
Vocabulario

Crisis de identidad: según Erikson, es el momento de confusión sobre la propia


personalidad que surge en la adolescencia.

Etapas del desarrollo del yo según Erik Erikson

3. EVALUACIÓN DE LA PERSONALIDAD
Edwin Boring nos ofrece la siguiente definición: «personalidad es lo que miden los test
de personalidad». Una definición que nos da idea de la importancia que en la
psicología contemporánea ha cobrado la elaboración de métodos para evaluar y
medir la personalidad.

Los métodos empleados en el estudio de la personalidad son básicamente: la


entrevista personal, la observación del sujeto en su entorno, los cuestionarios de
personalidad y los test proyectivos. Estos últimos consisten en presentar al sujeto un
estímulo ambiguo y pedirle que lo interprete, o bien que realice alguna tarea sencilla
pero que admite muchas posibilidades de ejecución (por ejemplo, un dibujo): lo que la
persona hace o dice en una situación así revela sus ideas, sentimientos y deseos,
quizá inconscientes, pero reales en cuanto que le han llevado a actuar de una forma
en lugar de otra. Este tipo de pruebas ha sido desarrollado sobre todo por el
psicoanálisis y otras teorías próximas.
3.1 ASOCIACIONES LIBRES

11
Este método consiste en pedirle al sujeto que diga lo primero que se le ocurra, de
forma espontánea y sin censura, ante la palabra, imagen o idea que se le presenta. El
propio Freud hizo un amplio uso de este método, generalmente en el contexto de
entrevistas en las que se buscaba el origen de una neurosis, el significado de un
sueño o las razones de un determinado comportamiento; sin embargo, fue Carl Jung
quien lo desarrolló y lo dotó de una mayor autonomía y precisión.

En el método de asociaciones libres se parte de una lista de palabras y el sujeto debe


reaccionar ante ellas, de forma que el terapeuta encuentre pistas que le ayuden a
entender la personalidad del paciente.
Como el propio Jung describe, se parte de una lista de palabras en las que no se
buscan unas connotaciones específicas. El sujeto debe reaccionar ante ellas con la
primera palabra que viene a su mente; si no sigue exactamente las instrucciones,
balbucea o tarda más de la cuenta o, lo que es más frecuente, si se producen
perturbaciones similares en las palabras siguientes (debido a un efecto llamado
resonancia), estamos ante un indicio de complejo, es decir, la palabra ha removido
algo que el sujeto prefería mantener oculto y por eso se ha vuelto incapaz de seguir
las sencillas instrucciones de la prueba.

A continuación, se pide al sujeto que explique lo que le sugieren estas palabras: tanto
si colabora como si muestra resistencias, el psicólogo encuentra pistas que le ayudan
a comprender mejor la personalidad del paciente.
3.2 EL TEST DE RORSCHACH
Es el más conocido a nivel popular de los test proyectivos. Elaborado por el
psicoanalista suizo Hermann Rorschach en 1921, consiste en un repertorio de diez
láminas con manchas en las que el sujeto debe indicar qué figuras adivina. El
examinador debe anotar todas las respuestas y el tiempo de contestación, pero
también las equivocaciones, los gestos significativos, etc. La evaluación tiene en
cuenta el número de respuestas en cada lámina, los posibles fracasos (no reconocer
ninguna figura), la categoría o tipo de figura reconocida (objeto, animal, persona, así
como otras categorías más específicas: órganos y actos sexuales, paisajes), si la
interpretación es frecuente u original, si se refiere a la mancha completa o solo a una
parte, etc.

La interpretación del test de Rorschach es compleja y requiere de una formación


específica por parte del psicólogo.
3.3 EL TEST DE APERCEPCIÓN TEMÁTICA (TAT)
Propuesto en 1935 por Christiana Morgan y Henry Murray, este test consiste también
en mostrar una serie de láminas ante las que un sujeto debe expresar sus reacciones.

12
A diferencia del test de Rorschach, no se trata de manchas sino de dibujos
reconocibles, y lo que se pide al sujeto es que invente una narración adecuada a ese
dibujo. Se presupone que estas narraciones son proyecciones levemente disfrazadas
de la vida y preocupaciones reales del sujeto.

El psicólogo debe tener la suficiente habilidad para interpretarlas, partiendo del


principio de que entre los personajes de la historia hay uno (héroe) con quien el sujeto
se identifica (a veces dos, uno primario y otro secundario, que representan aspectos
distintos de su personalidad) y otros que representan fuerzas o personas de su medio
y que pueden jugar un papel a favor o en contra del héroe.

Una de las láminas del test de apercepción temática. La narración inventada para
acompañar a esta imagen proporciona indicios para evaluar la personalidad del
sujeto.
3.4 TEST DE DIBUJOS
Los test de dibujos consisten en pedir al sujeto que realice un dibujo. Entre las
diferentes versiones una de las más conocidas es el test del árbol o de Koch (dibujar
un árbol), otro, el test de Machover, consiste en dibujar una figura humana; pero quizá
la más completa es la prueba creada por el psicoanalista John Buck en 1948 y que se
conoce por las iniciales inglesas HTP (house-tree-person), pues consiste en realizar
esos tres dibujos.

En esta prueba se presupone que la casa representa el ambiente familiar, mientras


que la persona y el árbol harían referencia a uno mismo: la personalidad social y la
personalidad profunda, respectivamente. Por norma general, es mediante el dibujo del
árbol en el que la persona se autorretrata de forma más clara y sincera, mientras que
el de la persona muchas veces está intencionadamente alejado de su propio
autoconcepto (suele ser más bien un ideal o el retrato de otra persona distinta a la
que por alguna razón se toma como modelo). Los detalles son significativos: un
desarrollo de las raíces puede indicar importancia de lo oculto, lo inconsciente, la
casa puede tener aspecto acogedor o de cárcel, en la persona pueden faltar rasgos
significativos o presentar asimetrías evidentes, el trazo puede ser firme o abundante
en correcciones (expresión de inseguridad), etc.

13
Ejemplo de test HTP.
3.5 TEST DE FRUSTRACIÓN DE ROSENZWEIG
Esta prueba consiste en una serie de dibujos, similares a viñetas, en los que hay dos
personajes pero solo aparece lo que dice uno de ellos. El sujeto debe imaginar lo que
dice el otro y cómo se siente. En este caso no se trata de medir un conjunto de rasgos
de personalidad, sino solo uno de ellos: el nivel de tolerancia a la frustración, es decir,
cómo reaccionamos ante los fracasos.
3.6 GRAFOLOGÍA
El principio implícito en todos los test proyectivos (la persona se proyecta a sí misma
en todo lo que hace, percibe o entiende) es el mismo que funciona en la grafología o
interpretación de los rasgos de escritura. Distintos autores y escuelas han ofrecido
interpretaciones sobre el significado psicológico de estos rasgos, pero tales
interpretaciones y el mismo carácter científico de la grafología han sido muchas veces
cuestionados. Por lo general, han predominado las interpretaciones simbólicas y
alegóricas con las que una gran mayoría de psicólogos no está de acuerdo (por
ejemplo, arriba = espiritual, idealista; abajo = material, sexual; izquierda = maternal,
hogareño, tímido; derecha = paternal, extravertido; letra grande = elevado
autoconcepto; letras separadas entre sí = independencia, etc.).

Se ha puesto en tela de juicio el carácter científico de la grafología.


3.7 PRUEBAS NO PROYECTIVAS
Los llamados cuestionarios de personalidad son pruebas generalmente escritas en
las que el sujeto debe responder «sí», «no» o «no sé», o señalar una entre varias
alternativas. La corrección de estas pruebas se realiza también de forma
estandarizada, otorgando a cada respuesta una puntuación prefijada en uno o varios
de los apartados que se califican y sumando al final todas las puntuaciones. A pesar
de la apariencia de objetividad y precisión de estos cuestionarios, es dudoso que sus
resultados sean más fiables que los de las pruebas proyectivas. Si bien se elimina un
factor como la influencia del examinador (que goza en las pruebas proyectivas de un
margen amplio para la interpretación), a cambio se introducen otros como el excesivo
peso concedido a la autopercepción del sujeto, que muchas veces no contesta lo que

14
de verdad hace o piensa sino lo que cree que debe contestar. Es cierto que a veces se
introducen «preguntas trampa» para medir la sinceridad de las respuestas, pero son
fáciles de detectar por una persona acostumbrada a realizar test de este tipo (por
ejemplo, ante frases como «algunas veces he sentido envidia de los triunfos de mis
amigos» o «a veces he mentido a personas que confiaban en mí» esa persona sabe
que la respuesta idónea es «verdadero», ya que si contesta «falso» se pondrá en duda
su sinceridad en el resto del test). Los cuestionarios de personalidad más utilizados
son:

Los test de personalidad son menos objetivos de lo que parecen.


El 16FP, abreviatura de Cuestionario de dieciséis factores de la personalidad, también
conocido como test de Cattell de personalidad. Consta de 374 ítems a los que el
examinado debe contestar con «cierto», «dudoso» o «falso», aunque en las
instrucciones se aconseja contestar «dudoso» solo cuando sea absolutamente
necesario.

El NEO-PI-R (abreviatura de Nuevo Inventario de Personalidad Revisado) evalúa los big

five: estabilidad emocional, extraversión, apertura, amabilidad y responsabilidad, a


través de 240 ítems (existen también versiones abreviadas), en los que el sujeto debe
expresar su grado de acuerdo o desacuerdo.

El MMPI (Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota), utilizado por primera


vez en 1942 y revisado en los años 80 (aparece ahora como MMPI-2), consta de unos
700 ítems en los que el examinado debe contestar «sí», «no» o «no sé». Un número
excesivamente alto de «no sé» invalida el test. Normalmente se utilizan versiones
abreviadas, como la publicada en España en 2009 (MMPI-2 RF). Este cuestionario se ha
revelado particularmente útil para detectar el riesgo de trastorno mental al medir
rasgos como la hipocondría, la paranoia, la esquizofrenia, etc., como podemos ver en
la siguiente tabla:

Vocabulario

Ítem: cada uno de los elementos de un conjunto o cuestiones en un test.

Hipocondría: preocupación excesiva por la salud física y por el riesgo de enfermedad.

Paranoia: actitud de permanente suspicacia o sospecha sobre las intenciones de los


demás.

Esquizofrenia: falsa percepción de la realidad, creación de un «mundo propio » a base


de delirios y alucinaciones.

15
4. LA FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD
El psicólogo estadounidense George Kelly ha estudiado cómo las diferentes formas de
percibir el mundo social que tiene la gente influyen a la hora de percibir la propia
personalidad. Kelly sugiere que estas diferentes perspectivas de ver el mundo son el
resultado de lo que él llama constructos personales o dimensiones que usa la gente
para dar sentido a sus experiencias.

La importancia de los constructos personales reside en que son la clave para la


autopercepción de uno mismo, sus metas y proyectos. Las metas y proyectos se
traducen la mayor parte las veces en comportamientos y en expectativas a realizar
según la confianza que uno tiene en sí mismo, es decir, la autoestima. Algunas
personas sienten que tienen el control de su vida mientras que otras piensan que el
mundo está en su contra y todo conspira castigando sus decisiones. A estos lugares o
centros en los que el individuo se sitúa y asigna la responsabilidad de lo que le ocurre
es lo que Julian Rotter llamó locus de control. De las personas que piensan que todo
está en su mano se dice que tienen un locus interno de control, mientras que las que
piensan que todo depende de la suerte de las circunstancias tienen un locus externo
de control.
Vocabulario

Constructo personal: las dimensiones de nuestra personalidad que dan sentido a


nuestra experiencia.

Locus de control: la tendencia a percibir lo que a uno le ocurre como interno a uno
mismo o debido a las circunstancias externas.

Autonarración: historias que nos contamos sobre cómo nos percibimos y cómo
somos.
4.1 EL AUTOCONOCIMIENTO
Si se pregunta por una descripción propia, la mayoría de la gente empezará por una
descripción de las características físicas (sexo, altura, constitución, etc.), las aficiones
(leer, escuchar música, deporte, etc.), rasgos de nuestro carácter (amable, tímido,

16
divertido, etc.) y el papel social (estudiante, profesor, médico, etc.). Todas estas
características constituyen el autoconcepto o autoconocimiento: el conocimiento
explícito que tenemos sobre nosotros mismos. Este conocimiento parece estar
organizado por las experiencias que tenemos a lo largo de la vida y los rasgos que
nos atribuimos en relación a esas experiencias. El resultado de este autoconocimiento
es una autonarración: una historia que nos contamos sobre nosotros mismos en la
que somos los protagonistas. Tendemos a hacer de esa autonarración un todo
coherente, pero muchas veces no es así. Por ejemplo, nos podemos creer que somos
muy buenos contando chistes, aunque la realidad sea lo contrario. Intentamos
proyectar al exterior una personalidad coherente que luego queremos verificar en
nuestra relación con los demás buscando la confirmación. Si esto no ocurre podemos
sentir desconcierto o perplejidad.

El autoconocimiento es el conocimiento que tenemos sobre nosotros mismos.


4.2 LA AUTOESTIMA
A medida que recibimos confirmaciones positivas de lo que proyectamos, nuestro
autoconcepto se refuerza. En caso contrario aumenta nuestro desconcierto. La
autoestima es la medida en la que uno se acepta y se ve a sí mismo en relación a
cómo los demás le aceptan y le ven como es. Las personas con alta autoestima se
sienten confiadas y seguras de sí mismas, por el contrario, las personas con baja
autoestima son desconfiadas, inseguras y muestran personalidades poco coherentes
y desconcertadas.

La autoestima es la medida en la que uno se acepta y se ve a sí mismo en relación a


cómo los demás le aceptan y le ven.

17
4.3 LA PERSONALIDAD AMENAZADA: ESTRÉS, AFRONTAMIENTO Y MECANISMOS DE
DEFENSA
Se conoce como estrés, o también como síndrome general de adaptación (SGA), la
situación de presión o tensión psicológica que afecta a un organismo y le provoca
ansiedad. El estrés está desencadenado por uno o varios factores llamados
estresores y entre sus síntomas más conocidos están la ansiedad, falta de
concentración, irritabilidad, insomnio, etc.
Vocabulario

Ansiedad: reacción de miedo y nerviosismo ante amenazas generalmente poco


definidas, reales o imaginarias.

Mecanismo de defensa: estrategias utilizadas ante una amenaza o peligro que


producen el autoengaño.
Aunque el término «estrés» es relativamente reciente (1950), la realidad nombrada por
dicho término es antigua; otra cosa es que su presencia se haya multiplicado en las
sociedades modernas. La psicología ha estudiado los factores y rasgos de
personalidad que influyen en la resistencia al estrés (optimismo, grado alto de
autoeficacia, locus de control interno, etc.), pero también las estrategias que pueden
usarse para evitar el coste energético de esta resistencia. El psicoanálisis ha sido
principalmente la corriente psicológica que ha llevado a cabo la enumeración y
definición de los mecanismos de defensa, estrategias utilizadas por una personalidad
(o la parte más visible de esta, el yo) que percibe una amenaza y, en vez de afrontarla,
se autoengaña de alguna manera para no tener que hacerlo. Como mecanismo de
defensa principal, y base de todos los demás, los psicoanalistas señalan a la
represión, por la cual se convierte en inconsciente aquello que no se quiere admitir,
generalmente por el sentimiento de culpa o vergüenza que lleva asociado (por
ejemplo, el niño al que un día sorprendieron robando y posteriormente olvida este
hecho).
Otros mecanismos de defensa que podemos mencionar son los siguientes:
La negación, similar a la represión aunque sin llegar a la expulsión total de la
conciencia, consiste en no reconocer la realidad de lo que nos asusta e incomoda,
hacer «como si» no fuera real pero sabiendo en el fondo que sí lo es: si alguien recibe
una mala noticia (por ejemplo, que padece un cáncer incurable) su primera reacción
es no aceptar el hecho, pensar que es un error, aferrarse a otras explicaciones
posibles, etc.

Si la represión o negación del problema fallan, el siguiente paso en el camino del


autoengaño es distorsionarlo. Las formas de distorsión son variadas. En primer lugar

18
nos podemos engañar sobre las causas del problema: atribuir a otro lo que en
realidad me pertenece pero no quiero aceptar (en los matrimonios que se divorcian o
las amistades que se rompen, casi siempre uno cree haber actuado correctamente,
por lo que el responsable de la ruptura es «el otro»), imitar o adoptar las actitudes de
alguien para poder apropiarme también de sus éxitos y olvidarme de mis fracasos
(por ejemplo, la persona que trata de elevarse sobre una existencia mediocre vistiendo
como un personaje popular), teorizar sobre un problema en vez de acometer su
solución práctica (por ejemplo, el padre que, en vez de hablar con el profesor del
problema concreto de su hijo, como no atender en clase, haber copiado en un examen
o no estudiar lo suficiente, achaca este y otros muchos problemas a las deficiencias
del sistema educativo). Estas tres formas de distorsión se llaman, respectivamente,
proyección, identificación e intelectualización.

Ante una ruptura amorosa, la proyección es una de las formas de distorsión más
habituales.
También podemos negar un problema distorsionando sus efectos: es posible
desplazar las emociones reprimidas de unas personas a otras, como el empleado que
no levanta la voz ante el jefe que constantemente le humilla, pero se desahoga a
gritos en cuanto llega a casa; o cambiar un afecto en su contrario, como quien
pretende disimular la envidia ante el éxito de un amigo con muestras excesivas de
alegría. También podemos convertir deseos o impulsos de los que nos avergonzamos
en sentimientos que la sociedad valora positivamente (por ejemplo, el deseo
incestuoso en amor paternal, filial o fraternal, o hablar como un niño ante una
amonestación por algo mal hecho), y finalmente podemos regresar a conductas
propias de etapas en las que no teníamos que afrontar este tipo de problemas, como
el adulto que tras una reunión en la que ha tenido que soportar críticas e insultos
llega a casa y se echa a llorar en brazos de su mujer. Estos otros mecanismos de
defensa reciben el nombre de desplazamiento, formación reactiva, sublimación y
regresión, respectivamente.

¿Son eficaces estos mecanismos de defensa, es decir, defienden realmente a la


personalidad amenazada? Pueden serlo temporalmente, e incluso a veces son
inevitables, pero a la larga empeñarse en ignorar los problemas es menos rentable (o
más estresante) que afrontarlos con realismo. Como en otros terrenos, la diferencia
entre lo normal y lo patológico no consiste en hacer uso o no de los mecanismos de
defensa, sino en la intensidad y duración de este uso: por ejemplo, es normal que los
primeros días uno se rebele contra la desaparición de un ser querido y rechace
aceptarla, pero a una persona que varios años después de la muerte de su madre

19
todavía sigue conversando con ella como si estuviera viva y creyendo que lo está
(como Norman Bates en la película Psicosis) le aconsejaríamos que fuera a ver a un
especialista cuanto antes.

Los mecanismos de defensa pueden ser útiles e inevitables en algunas ocasiones,


pero no pueden convertirse en una forma de eludir un problema.
5. NATURALEZA O CULTURA. LA BASES GENÉTICAS Y CULTURALES DE LA
PERSONALIDAD
Una de las cuestiones que más se ha debatido en torno a la personalidad es hasta
qué punto es el resultado de nuestra naturaleza biológica o de la cultura. Si la
naturaleza fuera más importante, entonces, nuestra personalidad vendría
caracterizada por nuestra dotación genética y se formaría durante las edades
tempranas, resultando difícil de cambiar. Si, por el contrario, la cultura fuera más
importante, entonces, nuestras experiencias serían especialmente importantes y sería
fácil de cambiar y modular en el tiempo.

Una práctica que parece apoyar las tesis del papel de la genética en la personalidad
es la selección llevada a cabo por los criadores de animales en cautividad. Los
criadores eligen a los ejemplares que mejor expresan las características de la
personalidad que se busca y los cruzan de tal manera que se obtienen crías con las
características buscadas. Sin embargo, la crianza selectiva no puede aplicarse en
humanos y, por ello, los psicólogos han buscado respuestas en la genética del
comportamiento: una serie de técnicas de investigación que los científicos usan para
saber cómo la genética y el entorno influyen en el comportamiento humano mediante
la comparación de rasgos entre los miembros biológicos y no biológicos de una
misma familia (Baker). La genética del comportamiento se basa en los resultados de
tres tipos de investigaciones:
Vocabulario

Genética del comportamiento: conjunto de técnicas de investigación para averiguar


cómo influye la genética en el comportamiento.
1
Estudios en familias. Se empieza con un carácter de interés que tiene un miembro de
la familia, por ejemplo, puede ser un problema mental como la depresión, y se estudia
el árbol familiar para detectar qué otros miembros de la familia muestran el problema.
La presencia del rasgo se compara en familiares de primer grado, segundo grado y
parientes más lejanos. De esta manera se analiza su frecuencia de aparición y si
guarda algún patrón. Sin embargo, aunque los estudios en familias pueden averiguar

20
si un rasgo tiene presencia en esa familia, no se llega a conocer la razón de dicha
presencia.

2
Estudios en gemelos. Los psicólogos estudian los rasgos de la personalidad en
gemelos. Se basan en que los gemelos tienen, en esencia, la misma dotación genética,
mientras que los mellizos tienen, de media, la mitad de la dotación genética. La idea
es que se educa a los gemelos y mellizos en la misma familia en la que recibirán la
misma influencia del entorno, que será idéntica tanto para los gemelos como para los
mellizos. Si los factores medioambientales son los mismos, el único factor que puede
hacer a los gemelos parecerse más que los mellizos es su parecido genético.

3
Estudios de adopción. Se comparan individuos relacionados genéticamente, incluidos
los gemelos, que han sido criados o bien por separado o bien por otras familias
diferentes a la biológica. Cuando en los niños adoptados aparece un rasgo más
similar a sus padres biológicos que a sus padres adoptivos, puede ser una evidencia
de la influencia genética. Al contrario, la evidencia de la influencia medioambiental se
daría cuando los niños adoptados se parecen más a sus padres adoptivos.

La idea de los estudios sobre los rasgos de la personalidad en gemelos se basa en su


genética común.
Los resultados de los tres tipos de investigaciones se han comparado con la idea de
determinar qué influye más en la personalidad si los genes o el ambiente. Estos
resultados han sido ampliados recientemente mediante las investigaciones sobre
genética molecular o epigenética, que es el estudio mediante el cual los genes, las
unidades básicas de la herencia, se asocian a rasgos determinados de la
personalidad. Los genes se encuentran en todas las células de nuestro cuerpo y son
trozos de ADN (ácido desoxirribonucleico) que sintetizan las proteínas (las
responsables de cada aspecto de nuestro cuerpo).
Vocabulario

Epigenética: estudio de los cambios estables en la expresión de un gen determinado


que ocurren sin cambios en el ADN.

Se estudia así cómo los cambios en las bases moleculares de los genes pueden
afectar al cerebro y al sistema nervioso durante el desarrollo infantil. En adultos, las
alteraciones se producen por la activación o desactivación de determinados genes.
Sin embargo, se ha constatado también que algunos cambios en la expresión de

21
genes y en los rasgos asociados a esos genes pueden ocurrir sin que se den cambios
en el ADN del gen. Los estudios en epigenética han demostrado que los cambios en
los genes pueden ser causados tanto por mutaciones o alteraciones en el desarrollo
prenatal como por factores medioambientales durante la vida de la persona, tales
como el abuso de drogas, el estrés, la exposición a la radiación nuclear, sustancias
químicas e incluso ciertos hábitos de vida. Estos cambios estables afectan al
comportamiento, al aprendizaje y a la memoria, y tienen una incidencia en trastornos
mentales. Sin embargo, hasta el momento, no se ha obtenido ningún resultado
concluyente sobre si es más importante la naturaleza o la cultura en la formación de
la personalidad.

Podemos decir con bastante seguridad que nuestra personalidad depende tanto de
nuestra herencia genética como de las circunstancias en las que hemos sido
educados.
La base genética es la base sobre la que podemos actuar y modelar de acuerdo a
nuestras propias vivencias durante nuestro crecimiento y desarrollo como personas.
Nadie puede determinar qué clase de personas vamos a llegar a ser basándose solo
en nuestra herencia genética o en las circunstancias o entorno en el que se desarrolla
nuestra vida.

Nuestra personalidad depende tanto de nuestra herencia genética como de nuestro


entorno.

22

También podría gustarte