S�lo por la hegemon�a ideol�gica muy fuerte del poder econ�mico concentrado sobre
amplios sectores de la poblaci�n, se puede lograr instalar la idea de que �lo est�n
logrando�, es decir, que el plan econ�mico mile�sta est� dando frutos positivos y
permanentes para la econom�a.
Hace pocos d�as, un grupo de 36 gremios de la CGT y la CTA ha reclamado con
claridad la actualizaci�n metodol�gica de las mediciones de precios del INDEC, que,
como ya se ha se�alado, est�n registrando una inflaci�n artificialmente m�s baja
que la que realmente ocurre.
Por ejemplo: la inflaci�n de enero oficial fue del 2.2%, pero el subgrupo de
servicios registr� un incremento del 3,8% y los precios de �vivienda, agua,
electricidad, gas y otros combustibles� subieron el 4%. Son precisamente estos
gastos los que el INDEC vino subestimando durante 2024, y que arrojar�an un
resultado inflacionario mayor que el actual. La �haza�a� mile�sta, aceptando
incluso la err�nea metodolog�a actual, arroj� un 84,5% de inflaci�n durante 2024,
que en la muy destruida y construida percepci�n social, ser�a mucho m�s baja que
el �insoportable� 25% anuales de inflaci�n registrado en algunos de los peores
a�os de la gesti�n de Cristina Kirchner.
En cambio, en lo �nico que realmente le importa al gobierno, que es lo financiero,
se expresaron turbulencias que denotan un mayor clima de incertidumbre en el
sector.
Desde el 9 de enero y hasta la segunda semana de febrero, las acciones que cotizan
en Bolsa cayeron cerca de un 20%, un n�mero apreciable que no se asemeja a una de
las tradicionales �toma de ganancias�. Se parece m�s a una retirada por parte de
los inversionistas de cierto mercado financiero, para buscar otros activos con
mayores perspectivas de rentabilidad.
El riesgo pa�s, que hab�a registrado una baja significativa en enero, se movi�
hacia una zona que refleja mayor incertidumbre. Hasta mediados de febrero creci� un
16% (de 580 a 675 puntos).
La baja de las retenciones a las exportaciones agr�colas que realiz� Caputo
recientemente, urgido por conseguir d�lares retenidos internamente parar sostener
la pol�tica cambiaria, promueve la suba de precios internos. Ya en la primera
semana de febrero, tanto en carne como en panificados, se observaron importantes
aumentos.
ar atrasado o precios adelantados
Vale detenernos por un momento en la puja interna de los sectores dominantes en
Argentina: devaluar o no devaluar.
Hay dos datos objetivos que parecen incontrovertibles:
que la devaluaci�n de diciembre de 2023 que Milei realiz� para restaurar la
�competitividad� de la econom�a se evapor� completamente.
que el efecto econ�mico global del �amigo� Trump, con sus aranceles del 25% al
acero y al aluminio de todos los pa�ses, y sus pol�ticas comerciales agresivas y
proteccionistas, est�n acelerando la incertidumbre, la desglobalizaci�n econ�mica y
las devaluaciones competitivas. Es el caso de nuestro gran vecino y socio
comercial. Se calcula que s�lo con Brasil, en 2025, el d�ficit comercial ser� de
4.000 millones de d�lares.
Con un tipo de cambio anti competitivo, y un escenario de mayores pujas comerciales
globales, Argentina parece adentrarse en las aguas turbias del mercado mundial de
2025 con el casco del barco agujereado por una moneda local completamente desfasada
de la realidad que la circunda.
S�lo un dato: los bancos de plaza le ofrecen a los ahorristas tasas de plazos fijos
entre el 24/26%, suponiendo que se cumplir�an las metas inflacionarias mile�stas.
Pero al mismo tiempo fijan para los pr�stamos tasas del 87% anual. Si bien el
negocio de intermediaci�n bancaria se basa en que haya un �spread�, una diferencia
entre las tasas que cobran y las que pagan las entidades para que haya ganancias,
esto no es un spread �normal�, sino un mega diferencial, que no refleja otra cosa
que el riesgo percibido por las entidades financieras de que la inflaci�n este a�o
no ser� del �24/26%� sino mucho m�s alta, producto de un salto inflacionario. Pero,
�por qu� ocurrir�a ese salto, si todos est�n oficialmente embelesados con los
prodigios del gobierno liberal libertario?
En el corto plazo, el �nico disparador imaginable para un brusco reacomodamiento
alcista de los precios ser�a un salto cambiario. Eso es lo que est� contenido en el
87% anual que piden los bancos para otorgar un cr�dito. Para fijar la tasa que le
pagan a los ahorristas, �le creen� a Milei. Total, si hay alg�n problema, si le
licuar�n los ahorros a los peque�os ahorristas. Pero para dar cr�ditos, en los que
arriesgan perder capital, le creen al Fondo Monetario Internacional, que reclama
con insistencia una devaluaci�n. Y todos sabemos el comportamiento remarcatorio
posterior a cualquier devaluaci�n (a menos que, previamente y durante la misma, sea
tal el violento nivel de deterioro de ingresos masivos con contracci�n de demanda ,
que haya una recesi�n capaz de morigerar el pass through ; alla 2002).
Esta semana el ministro Caputo fue consultado reiteradamente sobre el problema
cambiario, y sostuvo que no era que el d�lar estaba atrasado, sino que los precios
estaban adelantados. Fue objeto de burla, ya que en materia de precios relativos
todos est�n relacionados con todos, y elegir uno que sea par�metro es discutible.
Sin embargo, entendemos que las palabras del ex Messi de las finanzas aluden a una
situaci�n sobre la que conviene reflexionar.
Lo que no entra en la discusi�n convencional sobre la carest�a argentina en d�lares
es que existe, en la composici�n del precio final de todos los bienes que se
transan en el mercado, un elemento relevante, que es la ganancia empresaria. En una
econom�a de mercado ideal, en donde existe competencia perfecta, ese beneficio est�
acotado por la propia competencia, y tiene una dimensi�n �razonable�, con una
incidencia no muy alta en el precio final.
En cambio, en la econom�a real, con monopolios y oligopolios, con abuso de poder en
el mercado, con puja intercapitalista a nivel local e internacional con los
fen�menos rent�sticos y de sobreExplotaci�n que ello supone, con falta de
transparencia por efecto de la inflaci�n y otros factores, la ganancia empresaria
es mucho m�s arbitraria y deja de tener l�mites objetivos: depende del poder del
actor concreto en la econom�a en cada momento.
Esta aclaraci�n viene a cuento porque las grandes empresas argentinas remarcaron
sus precios durante 2023 y 2024 en base a un d�lar imaginario, �estimado� por los
gerentes financieros. En base a ese d�lar imaginado se fijaron precios finales,
desvinculados de la evoluci�n de los costos reales. Los precios fueron fijados con
amplios m�rgenes de arbitrariedad, pero siempre lo suficientemente altos para
cubrir a las empresas de eventuales subas de costos y del d�lar, y �equivoc�ndose
para arriba�, sobre todo en el caso de los sectores empresarios que tienen demandas
�inel�sticas�, es decir, consumidores que no pueden prescindir de sus productos m�s
all� del nivel de precios.
En El Cohete, en los primeros meses de 2024, advertimos sobre esa situaci�n, que
era disimulada porque todav�a el impacto de la gran devaluaci�n de diciembre hac�a
que los precios, incluso conteniendo enormes ganancias, estuviesen competitivos en
d�lares.
A lo largo del a�o, y m�s all� de la err�nea pol�tica cambiaria oficial, continu�
la distorsi�n de precios, que siguen conteniendo rentabilidades completamente
excesivas. No es meramente una avivada empresaria que no le incumbe al resto. Esas
ganancias extra que est�n cosechando son a costa de los consumidores y de otras
ramas productivas o comerciales. Son h�per rentabilidades que finalmente redundan
en un menor nivel de actividad econ�mica por compresi�n del salario real, peor
distribuci�n del ingreso y baja competitividad externa del conjunto de la econom�a.
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Si colapsara el programa de Milei-Caputo �con el apoyo externo del macrismo� en
alg�n momento del a�o, la gran pregunta pol�tica ser�: �a qui�n le atribuir�a la
sociedad la responsabilidad de un nuevo fracaso econ�mico?
Ni qu� hablar que esta sociedad est� profundamente fragmentada en muchos tipos
distintos de votantes y de sensibilidades, con lo cual es muy dif�cil pensar en
reacciones o interpretaciones que reflejen el comportamiento de macro-agregados
homog�neos.
Adem�s, nuestra sociedad est� intervenida profundamente, en su pensamiento e
intercambios, por el sesgo que la concentraci�n econ�mica da a la informaci�n y a
la comunicaci�n: punto a favor de la incomprensi�n colectiva de los fen�menos
econ�micas y de la impunidad de sus protagonistas.
Y ni qu� hablar que por un problema de despolitizaci�n, o de degradaci�n del debate
pol�tico, buena parte del espectro partidario es incapaz de visualizar la relaci�n
entre las crisis econ�micas que ocurren y el comportamiento de los actores
econ�micos influyentes. Sostenemos que la relaci�n entre las pol�ticas econ�micas
en Argentina y el resultado de las mismas no son como las imagina el ciudadano
com�n.
No ocurre como se piensa: el electorado vota un determinado programa, y luego el
gobierno elegido trata de ejecutarlo, pero no sabe hacerlo, o lo traiciona. No est�
para nada elaborado, ni en la pol�tica, ni en el pensamiento acad�mico, la
complejidad del �co-gobierno� Estado-grandes empresas desde que se restaur� la
democracia en Argentina.
El co-gobierno no es un chiste. Existe. Alguien podr�a decir que en todas las
sociedades capitalistas existe tal cosa, simplemente porque los Estados
capitalistas no est�n contra el capital, sino que intentan regularlo de una forma u
otra para que cumpla determinados objetivos sociales o nacionales.
Diversos autores, entre ellos Dani Rodrick, han estudiado las complejas y muy
diversas formas de relaci�n entre las grandes empresas y los gobiernos en diversos
tipos de naciones perif�ricas, encontrando que no est�n asegurados los resultados
de tal interacci�n. Pueden ser virtuosos o pueden significar la consolidaci�n del
atraso, seg�n sea la calidad de la relaci�n.
En el caso argentino, esa articulaci�n existi� estructuralmente, tanto en la etapa
agro-exportadora como en la de industrializaci�n mercado-internista. Pero a partir
de la vuelta de la democracia, se agreg� un nuevo problema que es la herencia
directa de la dictadura c�vico-militar. Desde el primer tramo del gobierno de
Alfons�n, con Bernardo Grinspun como ministro de Econom�a, se pudo observar que la
relaci�n de fuerzas entre el Estado nacional y el poder econ�mico hab�a cambiado
significativamente durante el denominado �proceso�.
Grinspun intentaba encauzar a la econom�a en una direcci�n tomando medidas
�dirigistas� que en otro tiempo hab�an sido eficaces, pero resultaba que
naufragaban ante las reacciones tanto productivas como financieras de las grandes
corporaciones.
Est�bamos en presencia de una nueva realidad. A la supuesta potestad de gobernar de
los partidos electos en forma mayoritaria y democr�tica, le fue impuesta una doble
restricci�n, con la cual convivimos hace 41 a�os, y que parece que no entra en la
conciencia ni de las mayor�as, ni de las dirigencias populares: 1) los
condicionamientos pol�ticos y econ�micos severos que genera el masivo endeudamiento
externo, y 2) las restricciones de gobernabilidad que le imponen a las gestiones de
todo signo los grupos econ�micos y sectores que manejan y regulan, desde la
actividad privada, partes importantes de la econom�a.
Es una ficci�n sostener que los gobiernos democr�ticos, en Argentina, hacen lo que
quieren. Los gobiernos neoliberales hacen lo que program�ticamente quieren las
grandes empresas (�los mercados�), con lo cual no tienen conflictos con los poderes
f�cticos. En todo caso, se encuentran con otros problemas de gobernabilidad
econ�mica que se derivan de las incongruencias estructurales de las propuestas
empresariales. De esos gobiernos s� se puede decir que �hacen lo que quieren�,
porque hacen con convicci�n lo que las diversas fracciones del capital les
demandan.
El problema es m�s visible con los gobiernos que tienen alguna ambici�n pol�tica
m�s all� del libreto pro-empresario.
Porque se encuentran con que efectivamente no manejan las principales palancas de
la econom�a.
Los gobiernos con vocaci�n popular, hasta ahora:
No controlan en forma efectiva el comercio exterior porque no saben realmente
cu�nto exportamos en materia de hidrocarburos, minerales, productos agropecuarios y
de la pesca. Salen las riquezas de nuestra econom�a en forma parcialmente
registrada. La mayor o menor provisi�n de d�lares a la econom�a la manejan las
grandes empresas exportadoras.
No captan en forma eficiente los flujos de d�lares que circulan por el pa�s, que
son el instrumento fundamental que permite la dolarizaci�n y fuga de los excedentes
econ�micos de las empresas locales y extranjeras, as� como de los grandes
ahorristas internos.
No recaudan los recursos impositivos que corresponden seg�n las leyes vigentes,
porque hay vac�os en la legislaci�n que permiten eludirla, y porque los organismos
encargados de garantizar que se cobren los impuestos �incluido el Poder Judicial�
no cumplen con sus funciones en forma eficiente. Por lo tanto se recauda, en
definitiva, a la �gorra�, lo que desean pagar los privados.
Al no recaudar lo que corresponde, los gobiernos no controlan sus propias cuentas
p�blicas, y por lo tanto, o achican el gasto a los niveles que determinan �los
mercados�, o tienen que endeudarse o emitir moneda en magnitudes tales que
finalmente generan efectos inflacionarios.
El Presupuesto Nacional, en vez de ser la condensaci�n de las prioridades de gasto
que los distintos sectores de la sociedad negocian en la arena parlamentaria, es el
resultado que definen desde afuera los evasores impositivos y desde adentro, los
acreedores internos y externos y los lobistas privados que act�an a trav�s del
sistema pol�tico.
No pueden regular los precios, porque el Estado se desprendi� de muchas empresas
p�blicas que eran formadoras de precios, porque los organismos p�blicos capaces de
controlar flujos relevantes de producci�n fueron desmantelados, y porque hoy el
Estado no est� en condiciones de sancionar a quienes violan los derechos de los
consumidores. En caso de comprobarse flagrantes ilegalidades, dif�cilmente los
culpables ser�n sancionados porque la Justicia �en claro alineamiento con la
derecha social� no est� dispuesta a acotar los abusos de los m�s poderosos.
En ese sentido, una forma de comprender con claridad qu� es el gobierno de Milei,
con la colaboraci�n central de Federico Sturzenegger en esta tarea, es observar
c�mo favorece el debilitamiento estructural de las capacidades p�blicas de
intervenir en los procesos econ�micos. Es grosera la forma en que este gobierno
intenta que se agudice a�n m�s la capacidad privada para modelar la econom�a y la
sociedad argentina.
En s�ntesis: la realidad es que los gobiernos con alg�n sentido popular tienen
muchas dificultades de gobernabilidad, porque parte de las decisiones econ�micas
las toman los privados, que pueden llegar a neutralizar medidas racionales en
funci�n del bien com�n y erosionar la credibilidad de las pol�ticas con sentido
popular.
Lo que viene ocurriendo en los �ltimos 40 a�os es que el p�blico tiende a
responsabilizar en exclusiva a los gobiernos, al poder pol�tico, porque sigue
inmerso en la ilusi�n de que con sentarse en el Ministerio de Econom�a y emitir
resoluciones basta para conducir la econom�a.
Volvemos entonces a la pregunta: �qui�n va a ser el responsable si el gobierno
capota?
No van a ser sus mandantes reales, el poder econ�mico local y los grandes intereses
multinacionales que quieren jugar en y con la Argentina, porque est�n
invisibilizados por las razones arriba analizadas.
�Ser� Milei, ser� Caputo el culpable? Sacrificar a Caputo servir�a para preservar a
Milei, aunque haya dicho que es el mejor ministro de Econom�a del mundo. No tiene
ninguna importancia.
Pero tambi�n podr�a ocurrir que se culpe a la oposici�n por �obstruccionismo�. Eso
podr�a parecer un chiste para cualquier persona informada de la notable cantidad de
agachadas serviles �por parte de la oposici�n �centrista�� al poder que respalda a
Milei. O que se demonice el limitado perfil opositor que ha asumido el
kirchnerismo, que se circunscribe a la denuncia medi�tica y a la disputa
parlamentaria, que ha sido neutralizada gracias al DNU 70/2023.
C�mo se har� para lograr la impunidad para quienes impulsaron y protagonizaron el
actual experimento desastroso para el pa�s es un tema pol�tico.
Lo que hoy sabemos con certeza es que en los experimentos neoliberales anteriores
lograron la impunidad, ya que los chivos emisarios, en todos los casos, fueron el
personal pol�tico, y jam�s los beneficiarios materiales e impulsores reales de las
experiencias antipopulares.
Tambi�n sabemos que con el actual nivel de consciencia colectiva, podr�a volver a
pasar lo mismo: que el malo de la pel�cula resulte ser un panelista libertario que
pasaba por la calle y que �nos enga�� a todos�.
Hay un gran trabajo pendiente, conceptual y pol�tico, que es que se logre perforar
la capa m�s visible de la realidad institucional de c�mo es gobernada la Argentina,
para pasar a una comprensi�n superior, que permita abordar con m�s eficacia
pol�tica los problemas de fondo de una democracia vaciada -por responsabilidad
principalisma de nuestras clases dominantes primero y antes que nadie m�s- de
contenido democr�tico.