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Organización política en la antigua Grecia

La antigua Grecia presentaba una organización política diversa, con sistemas como la democracia, monarquía, oligarquía y tiranía, donde la democracia ateniense se destacó por permitir la participación de ciudadanos varones en la asamblea. La sociedad griega estaba jerárquicamente estructurada, dominada por ciudadanos varones, con roles definidos para mujeres, niños, extranjeros y esclavos, aunque existía cierta movilidad social. El legado de Grecia incluye su influencia en la política moderna, la filosofía y la cultura, siendo Atenas un ejemplo clave de democracia y participación cívica.
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Organización política en la antigua Grecia

La antigua Grecia presentaba una organización política diversa, con sistemas como la democracia, monarquía, oligarquía y tiranía, donde la democracia ateniense se destacó por permitir la participación de ciudadanos varones en la asamblea. La sociedad griega estaba jerárquicamente estructurada, dominada por ciudadanos varones, con roles definidos para mujeres, niños, extranjeros y esclavos, aunque existía cierta movilidad social. El legado de Grecia incluye su influencia en la política moderna, la filosofía y la cultura, siendo Atenas un ejemplo clave de democracia y participación cívica.
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Investigación de griega

resume esto es para un informe sobre giega y los temas q me toco tocar es
la organizacion politica, sociedad y legado.

5__Organización política

Los sistemas de gobierno de la antigua Grecia, variaban según los griegos


buscaban respuestas a preguntas tan fundamentales como, ¿quién debería
gobernar y cómo? ¿Debería la soberanía (kyrion) estar en el gobierno de la
ley (nomoi), la constitución (politea), los oficiales, o los ciudadanos? Dado
que no se decantó por una respuesta definitiva a estas preguntas, el
gobierno de la antigua Grecia, por tanto, tuvo formas extraordinariamente
diversas y, a lo largo de muchos siglos y de unas ciudades-estado a otras ,
el poder político podía encontrarse en las manos de un solo individuo, una
élite o en todo ciudadano varón: la democracia, ampliamente considerada
como la mayor contribución de los griegos a la civilización.
Los cuatro sistemas de gobierno más comunes griegos fueron:
 Democracia - gobierno del pueblo (ciudadanos varones).
 Monarquía - gobierno de un individuo que ha heredado el puesto.
 Oligarquía - gobierno de un grupo selecto de individuos.
 Tiranía - gobierno de un individuo que se ha hecho con el poder de
manera anticonstitucional.
Nuestro conocimiento de los sistemas políticos de la antigua Grecia proviene
de una amplia gama de fuentes. Mientras que en el caso de Atenas es
posible recrear una historia más completa, la imagen que tenemos de los
sistemas de la mayoría de ciudades-estado está incompleta, y se
desconocen muchos detalles sobre el funcionamiento del aparato político.
Sin embargo, sí que nos han llegado más de 150 discursos políticos y
20.000 inscripciones que incluyen 500 decretos y 10 leyes. También hay dos
textos específicamente políticos del mismo título, La constitución de los
atenienses, uno escrito por Aristóteles o uno de sus discípulos y el otro
atribuido, por algunos, a Jenofonte. Otras fuentes que hablan sobre la
política y el gobierno son la Política de Aristóteles y las obras históricas
de Heródoto, Tucídides y Jenofonte. Además de todo
esto, Aristófanes suele satirizar la política en sus comedias.
La palabra democracia proviene del griego dēmos, que hacía referencia al
conjunto de toda la población, y aunque Atenas se ha llegado a asociar con
el nacimiento de la democracia, demokratia, desde alrededor del 460 AEC,
otros estados griegos también establecieron un sistema político similar,
como cabe destacar en Argos, Siracusa (brevemente), Rodas y Eritras. Sin
embargo, Atenas es el estado del que más sabemos. La asamblea de Atenas
se reunía al menos una vez al mes, puede que dos o tres veces, en la colina
Pnyx en un espacio dedicado a ello que podía acomodar a 6000 ciudadanos.
Cualquier ciudadano varón de más de 18 años podía hablar, al menos en
teoría, y votar en la asamblea, normalmente levantando la mano sin más.
La asistencia se llegó incluso a pagar en ciertos periodos, como una medida
para alentar a los ciudadanos que vivían lejos y no podían permitirse los
días libres para asistir.
Los ciudadanos representaban probablemente un 10 o 20 % de la población
de la polis, y se ha calculado que, de estos, tan solo 3.000 participaban
activamente en la política. De este grupo, puede que tan solo 100
ciudadanos, los más ricos, más influyentes y los mejores oradores,
dominaran el escenario político, tanto frente a la asamblea como entre
bastidores, en reuniones políticas conspiratorias privadas (xynomosiai) y
otros grupos (hetaireiai). Quienes criticaban la democracia, tales como
Tucídides y Aristófanes, también señalaron que al dēmos lo podía convencer
fácilmente un buen orador o los líderes populares (los demagogos) y podía
dejarse llevar por sus emociones. Puede que la mala decisión más famosa
de la democracia ateniense fuera la sentencia de muerte dada al
filósofo Sócrates en 399 AEC.
Los temas que se trataban en la asamblea iban desde decidir las
magistraturas hasta organizar y mantener los suministros de alimentos o
debatir asuntos militares. En Atenas también había un organismo más
pequeño, al igual que en Élide, Tegea y Tasos, el boulē, que decidía y
determinaba la prioridad de los temas que se discutían en la asamblea.
Además, en tiempos de crisis y guerras, este organismo también podía
tomar decisiones sin que se reuniera la asamblea. El boulē o consejo de 500
ciudadanos era elegido por sorteo y tenía un plazo limitado en el cargo, que
actuaba como una especie de comité ejecutivo de la asamblea. Los decretos
de la Asamblea también podían ser impugnados por los tribunales. Con una
función similar a la del boulē, también estaba el consejo de ancianos,
hombres selectos de más de 60 años, la gerousia, de Esparta, que también
tenía a los dos reyes espartanos como miembros y tenía cierto poder legal.
Otros organismos de ancianos también existían en Corinto y Estínfalo. En
Atenas, el Areópago era un consejo parecido, en el que los ancianos se
convertían en miembros vitalicios.
Luego, en otros estados griegos también había asambleas democráticas,
aunque a veces tenían una estipulación de un mínimo de propiedad para los
asistentes (como en la Federación Beocia de 447-386 AEC). Algunas
ciudades-estado también mezclaban las asambleas democráticas con una
monarquía, como por ejemplo Macedonia y Molosia.

Monarquía
En el mundo griego las monarquías eran raras y a menudo solo se
distinguían de una tiranía cuando el gobernante hereditario era más
benevolente y gobernaba realmente por el interés del pueblo. Las
monarquías más famosas fueron las de los estados de Macedonia y Épiro,
donde el gobernante compartía el poder con una asamblea, aunque en la
práctica esta estaba bastante limitada. A pesar de que Esparta también
tenía una asamblea ciudadana, lo más conocido es su sistema de dos reyes.
Aunque no eran monarcas absolutos, sí que tenían un gran poder cuando
lideraban al ejército espartano en tiempos de guerra. En tiempos de paz los
reyes estaban controlados por los éforos (ephoroi), que a su vez eran
elegidos por la asamblea. Es evidente que era necesario cierto grado de
consenso político para que este aparato superpuesto funcionara. Los reyes
también eran miembros de la gerousia en la que se los admitía desde una
edad temprana, así que debían de tener una importante ventaja sobre los
demás miembros, que no podían unirse hasta que no cumplieran 60 años.
Sin embargo, los reyes espartanos podían ser juzgados e incluso exiliados.
Tiranía
Los tiranos eran los únicos gobernantes de un estado que se habían hecho
con el poder de manera anticonstitucional, a menudo asesinando a su
predecesor. Sin embargo, los tiranos griegos no eran necesariamente
gobernantes malvados (como se entiende hoy en día la palabra);
simplemente cuidaban de sus intereses propios. Siracusa, en Sicilia, tuvo
una lista de tiranos famosos; por ejemplo, Dionisio desde 450 AEC y su hijo
Dionisio II, que accedió al poder en 367 AEC. Otros tiranos conocidos son
Pisístrato en Atenas, desde alrededor de 560 AEC (un típico tirano
benevolente que de hecho allanó el camino para la democracia), Fidón en
Argos (c. 660 AEC), Licofrón en Tesalia, la dinastía de Cípselo, que contaba
con Periandro, en Corinto (c. 657-585 AEC) y Polícrates en Samos ( 530-
522 AEC). Para los atenienses, la tiranía se convirtió en lo opuesto a la
democracia, una posición que permitía a los ciudadanos de Atenas sentir
cierta superioridad. Este sentimiento se hace especialmente evidente en la
demonización de los reyes persas Darío y Jerjes, los tiranos por excelencia.
Oligarquía
Una oligarquía es un sistema en el que el poder político está controlado por
un grupo selecto de individuos, a veces en pequeño número, pero que
también puede incluir grandes grupos. Para los griegos, y más
particularmente para los atenienses, cualquier sistema que excluyera del
poder a todo el conjunto de ciudadanos y no fuera una tiranía o una
monarquía se describía como una oligarquía. Las oligarquías puede que
fueran el sistema de gobierno más común en las ciudades-estado, y a
menudo ocurrían cuando la democracia no funcionaba bien. Por desgracia,
la información relativa a las oligarquías del mundo griego es escasa. Se sabe
que en 411 AEC en Atenas, "la oligarquía de los 400" le quitó el poder a la
Asamblea y después esta también fue reemplazada por una oligarquía más
moderada de 5000. En 404 AEC, tras la derrota del ejército ateniense en
Sicilia, hubo una oligarquía de "los treinta tiranos" en Atenas, que fue un
régimen especialmente brutal, conocido por sus ejecuciones sumarias. Otros
estados que también tuvieron un sistema oligárquico son Mégara y Tebas.
Funcionarios públicos
En Atenas la ley la creaban y la aplicaban los magistrados (archai). Todos los
ciudadanos podían ser elegidos para este puesto, y de hecho puede que
hubiera ciertas expectativas de que el ciudadano honorable cumpliera con
su papel de manera activa en la vida cívica. Los griegos no veían al estado
como una entidad que interfería y que quería limitar las libertades del
individuo, sino que lo entendían como un aparato a través del cual el
individuo podía expresar su pertenencia a la comunidad plenamente. La
rotación regular de los archai, gracias a un periodo de mandato limitado y a
la prohibición de reelección, significaba que se podían controlar los abusos
de poder y que los gobernantes, a su vez, se convertirían en gobernados.
También existían varias juntas de funcionarios que tomaban las decisiones
administrativas; los miembros de estas juntas a menudo provenían de las
diez tribus tradicionales. La mayoría de puestos cívicos eran de corto plazo
y se elegían por sorteo, para asegurarse de que el soborno fuera mínimo.
También es importante que los puestos de poder a menudo requerían no
solo de tiempo libre sino también de la disposición económica para financiar
proyectos municipales tales como la construcción naval y los festivales. Por
este motivo, probablemente se daba el caso de que los puestos públicos en
realidad estaban dominados por los ciudadanos más ricos.

En Esparta, los funcionarios estatales más importantes eran los cinco éforos.
Probablemente era la asamblea de Esparta la que los elegía y mantenían el
cargo un año solamente. Sin embargo, durante ese tiempo tenían poder en
la mayoría de las áreas de la vida cívica y podían nombrar y controlar a
todos los demás funcionarios públicos.
Los comandantes militares también tenían cargos públicos en algunas
ciudades-estado. En Atenas, la junta de diez generales electos, conocida
como el strategoi, podía influir en la agenda de la Asamblea y dar prioridad
así a sus propias empresas. Estaban sujetos a votos de confianza por parte
de la Asamblea, pero eso no impidió que Pericles, por ejemplo, ocupara el
cargo de strategos durante 15 años seguidos.

6__Sociedad

Aunque la sociedad en la Antigua Grecia estaba dominada por el


ciudadano varón, con su personalidad jurídica plena (incluido el
derecho a voto, el derecho a ocupar cargos públicos y el derecho a
ser dueño de propiedades), los grupos sociales que formaban la
población de una típica ciudad-estado griega o polis eran
extraordinariamente diversos. Las mujeres, los niños, los
inmigrantes (tanto griegos como extranjeros), los obreros y
esclavos: todos ellos tenían un papel bien definido, pero había
interacción (frecuentemente ilícita) entre las clases y también
había algún tipo de movimiento entre los grupos sociales,
particularmente en lo que respecta a los hijos de la segunda
generación y durante tiempos de estrés tales como guerras.
En términos generales, la sociedad en la Antigua Grecia estaba
compuesta por los siguientes grupos:
 ciudadanos varones – tres grupos: los aristocráticos con tierra
(aristoi), los granjeros más pobres (perioikoi) y la clase media
(artesanos y comerciantes).

 obreros semilibres (por ejemplo los heilṓtēs, o sea, los ilotas


de Esparta).
 mujeres – pertenecientes a todos los grupos de sexo
masculino antes mencionados pero sin derechos ciudadanos.
 niños – generalmente aquellos menores de 18 años de edad
estaban en esta categoría.
 esclavos – los douloi quienes tenían deberes civiles o
militares.
 extranjeros – no residentes (xenoi) o extranjeros residentes
(metoikoi) quienes en estatus estaban por debajo de los
ciudadanos varones.

 Clases
 Aunque el ciudadano varón tenía de lejos la mejor posición en la
sociedad griega, había diferentes clases dentro de este grupo.
En la copa de este árbol social estaban «los mejores»,
los aristoi. Con más dinero que todos los demás, esta clase
podía proveerse de armadura, armas y un caballo en tiempos
de una campaña militar. Los aristócratas solían separarse en
facciones familiares o clanes poderosos que controlaban todas
la posiciones importantes en la polis. Su riqueza procedía del
hecho de poseer tierras y lo que era más importante, las
mejores tierras, esto es, las más fértiles y las más cercanas a la
protección que ofrecían las murallas de la ciudad.
 Una más pobre, la de los ciudadanos de segunda clase también
existía. Estos eran hombres que tenían tierras, pero quizás sus
terrenos eran menos productivos y estaban situados en lugares
alejados de la ciudad; su propiedad estaba mucho menos
protegida que la tierra de primera que estaba cerca de la
ciudad propiamente dicha. El terreno estaba tan lejos que los
dueños tenían que vivir allá en vez de ir y venir desde la ciudad.
Estos ciudadanos eran llamados perioikoi (moradores de los
alrededores), o quizás «pies polvorientos», y se agrupaban
juntos en pequeñas comunidades pueblerinas, subordinados a
la ciudad vecina. A medida que la población de las ciudades
crecía y que las herencias se dividían más y más entre los
hermanos, esta clase secundaria creció significativamente.

Un tercer grupo era la clase media, la clase de negocios. Ocupados


en la manufactura, los intercambios y el comercio, estos eran
los nouveau riche (los nuevos ricos). Sin embargo,
los aristoi protegían celosamente sus privilegios y el monopolio
político asegurándose de que sólo los terratenientes podían
elevarse a posiciones de poder real. Sin embargo, había cierto
movimiento entre clases. Algunos podían elevarse por medio de la
acumulación de riquezas y de la influencia, mientras que otros
podían descender de clase al caer en bancarrota (lo que podía
conducir a la pérdida de la ciudadanía y hasta ser esclavizados). La
mala salud, la pérdida de una herencia, las revueltas políticas o
una guerra también podía resultar en que «los mejores» se
empolvaran un poco los pies.
Mujeres
Las ciudadanas tenían menos derechos en comparación con los
ciudadanos varones. Sin derecho a voto, ni a ser propietarias de
tierras, ni a heredar, el lugar de la mujer era en casa y su propósito
en la vida era la crianza de los niños. Se desaconsejaba el contacto
con hombres que no fuesen parte de la familia y las mujeres
ocupaban su tiempo haciendo actividades en casa tales como
trabajos con lana y tejidos. En cierto modo, las mujeres de
Esparta tenían un tratamiento diferente a otros Estados. Por
ejemplo, tenían que hacer entrenamiento físico (desnudas) como
los hombres, se les permitía ser propietarias de tierras y podían
tomar vino.
Las mujeres tenían que casarse siendo vírgenes y el matrimonio
solía ser organizado por el padre, quien escogía al esposo y
aceptaba que este le diera una dote. Si la mujer era huérfana de
padre, entonces sus intereses (prospectos matrimoniales y gestión
de la propiedad) eran custodiados por un tutor (kurios), quizás un
tío u otro familiar varón. Al casarse a la típica edad de trece o
catorce años, el amor tenía poco que ver con la compatibilidad
entre el esposo y la esposa. Por supuesto que con el tiempo el amor
podía desarrollarse entre la pareja, pero lo mejor que podía
esperarse era philia (un sentimiento fraterno de amistad
afectuosa); eros, el amor del deseo, había que ir a buscarlo en otra
parte, al menos para el hombre. Los matrimonios podían terminarse
aduciendo tres causas. La primera y más común era la repudiación
por el esposo (apopempsis o ekpempsis). No había necesidad de
dar razones, sólo se esperaba que la dote fuera reembolsada. La
segunda causa de terminación era cuando la mujer abandonaba el
hogar familiar (apoleipsis) y en este caso, el nuevo tutor de la
mujer tenía que actuar como su representante legal. Esto, sin
embargo, ocurría raramente y como resultado dañaba la reputación
de la mujer en la sociedad. La tercera causa de terminación era
cuando el padre de la novia pedía que le devolvieran a su hija
(aphairesis), probablemente para ofrecérsela a otro hombre con
una dote más atractiva. Sin embargo, esta última opción solo era
posible si la esposa no había tenido hijos. Si la mujer había
quedado viuda, era necesario que se casara con un miembro de la
familia cercana para asegurarse de que la propiedad se quedara en
la familia.
Las mujeres, por supuesto, también estaban presentes en las otras
clases no ciudadanas. El grupo del cual tenemos más información
es aquel de las trabajadoras sexuales. Aquí las mujeres estaban
divididas en dos categorías. La primera y quizás la más común era
la de las prostitutas de burdel (pornē). La segunda era la prostituta
de la clase alta (hetaira). Estas últimas estudiaban música y
cultura; además solían formar relaciones de larga duración con
hombres casados. También era esta clase de mujeres la que
entretenía a los hombres (en todos los sentidos) en el
célebre simposio.
Niños y adolescentes
Los hijos de los ciudadanos iban a la escuela donde el currículo
incluía lectura, escritura y matemáticas. Cuando dominaban estas
materias básicas, los estudios pasaban a la literatura (Homero, por
ejemplo), la poesía y la música (especialmente la lira). El atletismo
también era un elemento esencial en la educación de una persona
joven. En Esparta, los niños de tan solo siete años se agrupaban
juntos bajo el liderazgo de un joven de más edad para que se
endurecieran por medio de entrenamiento físico riguroso.
En Atenas, los ciudadanos adultos jóvenes (de entre 18 y 20 años)
tenían que brindar servicio cívico y militar y su educación
continuaba con lecciones en política, retórica y cultura. Las niñas
también se educaban de manera similar a la de los niños, pero con
un mayor énfasis en la danza, la gimnasia y los logros musicales de
los cuales podían hacer alarde en competiciones musicales, en
ceremonias y en festivales religiosos. El objetivo principal de la
educación de una niña era prepararla para su papel en la crianza de
una familia.
Una parte importante de la educación de los jóvenes griegos tenía
que ver con pederastia (con niños y niñas). Esta era una relación
entre un adulto y un adolescente que incluía relaciones sexuales,
pero además de la relación física, el adulto actuaba como mentor
del joven y lo educaba por medio de su práctica y experiencia del
mundo.
Obreros
La sociedad griega incluía una proporción significativamente más
alta de obreros que de esclavos. Estos eran trabajadores
semilibres, totalmente dependientes de sus patronos. El ejemplo
más famoso es la clase de los heilṓtēs (los ilotas) de Esparta. Estos
dependientes no eran propiedad de ningún ciudadano particular
(no podían venderse como se vende un esclavo) y solían vivir con
sus familias. En general, hacían arreglos con sus patronos, tales
como darle una cantidad de su producción al dueño de la granja y
quedarse ellos mismos con el resto. Algunas veces la cuota
requerida podía ser alta o baja y podría haber beneficios
adicionales para los siervos tales como protección y seguridad del
grupo. Sin embargo, la clase de los siervos o ilotas nunca podía
alcanzar seguridad real porque a ellos se les daba poco o ningún
estatus legal y eran muy mal tratados, hasta los mataban en las
purgas regulares (especialmente en Esparta) para infundirles
miedo, lo que aseguraría su continua subordinación a la clase
gobernante. En algunos períodos tales como guerras, los ilotas
tenían que servir en el Ejército y cuando peleaban bien hasta
podían escaparse de su destino y unirse a los grupos sociales
intermediarios que existían por debajo del nivel de ciudadanía
plena e incluía tales individuos como niños con padres de estatus
mixto (por ejemplo padre ciudadano y madre ilota).
Esclavos
En la sociedad griega, los esclavos se veían como una parte
necesaria y perfectamente normal de la vida urbana. Adquiridos
como consecuencia de guerras y conquistas, capturas y ventas, los
esclavos estaban simplemente entre los perdedores de la vida.
Hasta había argumentos intelectuales de filósofos tales
como Aristóteles, quien presentaba la idea de que podía
demostrarse que los esclavos eran inferiores, un producto de su
entorno y de sus características heredadas. Los griegos estaban
persuadidos de que ellos eran quienes tenían el mejor ambiente y
las mejores características y el más puro linaje y por ello habían
nacido para gobernar.
Es imposible decir con certeza la cantidad de esclavos (douloi) que
había en la sociedad griega ni el porcentaje de la población que
representaban. Sería poco probable, dado el costo, que cada uno
de los ciudadanos tuviera su propio esclavo, pero sin duda, algunos
ciudadanos eran dueños de muchos esclavos. Por lo tanto, las
estimaciones de la población esclavizada en el mundo griego varían
entre el 15% y el 40% de la población total. Sin embargo, un
discurso de la defensa hecho en la corte de Atenas por Lisias y las
alusiones hechas por otros oradores tales
como Demóstenes sugieren vivamente que aunque cada ciudadano
no tuviese un esclavo, ciertamente los deseaban y que ser dueño
de esclavos era considerado como una medida del estatus social.
Los esclavos no sólo eran la propiedad de individuos privados, sino
también del Estado, que los utilizaba en proyectos municipales
tales como en la minería o, como en el caso de Atenas, en la policía.
La relación entre los esclavos y sus dueños parece ser similar a la
de cualquier otro período histórico, con una mezcla de desprecio,
desconfianza y abuso por parte de los patronos y de desprecio,
robo y sabotaje por parte de los esclavizados. Las fuentes del
material de referencia siempre dan el punto de vista del dueño de
esclavos, pero hay referencias en literatura, particularmente en la
comedia griega, de amistad y de lealtad en al menos algunas
relaciones entre dueños y esclavos. Mientras que las piezas de
teatro griegas suelen referirse a la flagelación, también hay
tratados escritos que elogian los beneficios de la bondad y de los
incentivos en la gestión de esclavos.
Los esclavos trabajaban en todos los ámbitos y se han identificado
más de 200 ocupaciones. Estas incluyen trabajos domésticos, en la
agricultura, en talleres industriales (por ejemplo en la de los
escudos, la ropa y los perfumes), en la minería, el transporte, en
las ventas al por menor, en la banca, en el entretenimiento, en las
fuerzas armadas como asistentes o ayudantes de sus dueños o
como portadores de equipaje, como remeros en las naves de la
Marina y hasta como combatientes. Las granjas eran generalmente
pequeños negocios y aun los más ricos solían tener varias granjas
pequeñas en vez de una propiedad grande; por consiguiente, los
esclavos no estaban concentrados en grupos grandes como lo
estuvieron en sociedades antiguas posteriores.
Para los esclavos había, al menos para algunos, una luz de
esperanza de que un día alcanzaran la libertad. Hubo casos en que
los esclavos, particularmente aquellos que trabajaban en la
manufactura e industria, que vivían separados de sus dueños y a
quienes se les daba una cierta independencia económica, podían
pagar por su libertad con el dinero que habían ahorrado. También el
Estado les daba la libertad a esclavos en el Ejército después de que
hubieran realizado una proeza victoriosa.
Extranjeros
Aparte de los esclavos, la mayoría de las poleis griegas tendrían un
número de extranjeros libres (xenoi) quienes habían decidido
reubicarse desde otras áreas de Grecia, del Mediterráneo y
del Oriente Próximo, y que llevaban consigo habilidades tales como
la alfarería y la metalurgia. Normalmente, estos extranjeros debían
registrar su residencia y así se convirtieron en una clase reconocida
(con un estatus más bajo que el de los ciudadanos de pleno
derecho), a los cuales llamaron metecas (metoikoi). A cambio de los
beneficios de ser ciudadano «huésped» necesitaban tener un
patrocinador local, pagar los impuestos locales, a veces pagar
impuestos adicionales, contribuir a los costos de festivales menores
y hasta participar en campañas militares cuando fuese necesario. A
pesar de las sospechas y prejuicios contra los extranjeros
«bárbaros» que suelen aparecer en las fuentes literarias, hay casos
en que los metoikoi llegaron de hecho a convertirse en ciudadanos
de pleno derecho después de haber presentado una muestra de
lealtad apropiada y contribuido al bien del Estado receptor.
Entonces, ellos recibían el mismo estatus para el pago de
impuestos y el derecho a tener propiedades y tierras. También sus
hijos podían convertirse en ciudadanos. Sin embargo, algunos
Estados, en particular Esparta, en ciertos tiempos disuadían
activamente la inmigración y periódicamente expulsaban a
los xenoi. La relación entre los extranjeros y los ciudadanos locales
parece ser una relación tensa, particularmente en tiempos de
guerra y de dificultad económica.

7_Legado

El principal legado de la Antigua Grecia clásica fue que articuló o


sistematizó la realidad. Estableció divisiones racionales en el caos
que nos rodea y luego las consideró en sí mismas por separado. De
alguna manera, ordenó el universo tal como lo seguimos
entendiendo. Y eso representa mucho más incluso que la suma de
todas sus aportaciones: constituye el esqueleto de nuestra
civilización, su esencia.
La sistematización del cosmos: el orden del universo según los
griegos
Democracia y tiranía: la evolución política en las polis
Los problemas ya existían antes de que ellos les pusieran nombre.
Al margen de la subsistencia, estaban los derivados del espinoso
asunto de la convivencia. Los abordaron organizándose a partir de
unidades territoriales nucleadas en torno a aglomeraciones
urbanas (polis) que se declaraban colectividades independientes,
soberanas sobre sus propios ciudadanos y regidas por las leyes que
estos convenían en darse autónoma y libremente.
El conjunto de las actividades propias de la polis dio en llamarse
política, mientras que ese modo concreto de llevarlas a cabo, o sea,
el gobierno del pueblo, se llamó democracia. Pero la suya era una
democracia directa, sin representantes. Todos los ciudadanos
estaban convocados para la toma de decisiones en común, sin
intermediarios. Desde luego, en aquellas asambleas no faltaban
profesionales del debate que empleaban las armas de la retórica y
la dialéctica (otros dos inventos griegos) para mover la opinión de
sus conciudadanos en uno u otro sentido.
También para estos individuos, cualquiera que fuese su inclinación
política, acuñaron un término que nos sigue resultando demasiado
familiar: los llamaban demagogos, ‘conductores del pueblo’.
Y cuando se hacían con el poder efectivo de la Asamblea, pasaban a
llamarlos tiranos, ‘amos’. Así que habrían considerado un tirano a
quien se arrogara hoy el título de presidente del gobierno, aunque
lo hiciese por mayoría numérica en una democracia representativa
como las actuales.
Esa misma representatividad que hoy se niega en las calles de
muchas ciudades de todo el mundo al juzgarla, y no sin razón,
completamente mediatizada.
El imperio de la ley y las libertades individuales
La democracia griega fue un fenómeno extraordinario e inédito
entre las civilizaciones antiguas, un verdadero paso de gigante en
un mundo que solo había conocido hasta entonces monarquías
absolutas, faraones en Egipto y emperadores en Persia o en China
dotados de poderes ilimitados sobre sus súbditos. En ese sentido,
los griegos nos legaron algo más precioso todavía que la
democracia: la voluntad de defender en común nuestras libertades
individuales, algo que a muchos les parece hoy tan natural como
una seta que brota tras la lluvia, pero que ellos fueron los primeros
en ejercer a costa de sangre, sudor y lágrimas.
Esta sensación de defenderse a sí mismos como hombres libres les
hacía sentirse superiores a cualquier enemigo en la batalla, porque
ellos no luchaban solamente por su vida, sino que también lo
hacían por su libertad, una idea que los de enfrente, súbditos
semiesclavos de un vulgar autócrata como Ciro o Jerjes, no podían
entender. Los griegos solo eran esclavos de sus leyes.
En el siglo VI a.C., el espartano Demarato escribe al persa Jerjes:
“Los espartanos son libres, pero no por completo. Ellos también
tienen su tirano: la ley. Y la temen mucho más de lo que tus
súbditos te temen a ti.”
Con su noción de la política, nos legaron una batería de términos y
conceptos asociados. Además de democracia, monarquía,
demagogia y tiranía, heredamos los de acracia, jerarquía,
aristocracia, oligarquía, gerontocracia, plutocracia y muchos más
que definen otros tantos sistemas de gobierno.
Padres de la filosofía: en búsqueda de la verdad y el conocimiento
Todos los pueblos antiguos tuvieron sus pensadores, pero sabemos
muy poco de ellos. No así de los griegos, que nos pusieron en la
mano un instrumento excepcional para el conocimiento y análisis
del mundo llamado filosofía. Los que se entregaban a esa disciplina
eran gentes apasionadas por el conocimiento, entendido este como
una búsqueda de la verdad con el propósito de mejorar al individuo
y al mundo que lo rodea.
Ellos iluminaron el universo antiguo con antorchas llamadas lógica,
ética o metafísica. Por regla general, los filósofos eran respetados y
admirados, pues se consideraba que contribuían a formar
ciudadanos útiles y a depurar las costumbres sociales. Eran algo así
como los exploradores del pensamiento colectivo y sus animadores
intelectuales. La gente admiraba la sutileza de sus razonamientos y
se servía de sus máximas como guías para vivir.
A veces, todo el sistema de un pensador se traducía en una frase
de uso personal, una norma de conducta a tener en cuenta siempre,
sencilla y comprensible para todos: “En la confianza está el
peligro”, “Conócete a ti mismo”, “Nada en exceso” y otras
semejantes. La gente les hacía preguntas por la calle,
directamente, y las respuestas que obtenían quedaban a veces
para la historia.
Diógenes el Cínico, preguntado abruptamente sobre cuál era la
condición más importante del ser humano, respondió sin vacilar:
“La libertad en el decir”. Deberíamos pensar más en eso,
abrumados como estamos bajo la losa de lo políticamente correcto
y del tristemente llamado ‘pensamiento único’.
También fueron los griegos quienes exploraron el mundo moral y
bautizaron algunos de los conceptos que hoy seguimos manejando,
aunque con menos precisión que ellos. Por ejemplo, entendemos
solo muy aproximadamente lo que significa ser estoico, y peor aún
lo que significa ser epicúreo.
A menudo confundimos, por ejemplo, los términos hipócrita y
cínico, identificándolos a ambos como embusteros, cuando en
realidad significan todo lo contrario: el hipócrita disimula lo que
siente y el cínico lo pregona sin escrúpulos; el hipócrita abusa de
los circunloquios y el cínico de los exabruptos. El hipócrita se pone
máscara y el cínico se arranca la piel de la cara.
Contribuciones científicas: pioneros en matemáticas, geometría y
astronomía
Sin duda, un legado de la Antigua Grecia esencial fue la
ciencia. Ellos trazaron las grandes divisiones entre las materias de
conocimiento y suyos fueron los primeros grandes descubrimientos
en matemáticas, geometría, astronomía o física. Sus reflexiones
teóricas alumbraron conceptos que siglos después encontrarían un
asombroso refrendo real.
“Los principios de todas las cosas son los átomos y el vacío; todo lo
demás es dudoso y opinable”, decía Demócrito, que, con su colega
Leucipo, había llegado a la convicción de que cuanto existe puede
ser dividido sucesivamente hasta llegar a una partícula elemental
que no acepta más divisiones, a la que llamó átomo (‘indivisible’).
La suposición, que más parece una visión, era esencialmente
correcta. Hubieron de pasar dos milenios y medio hasta que una
cegadora bola de fuego sobre el desierto de Nevada la desmintiera
y pregonara que lo indivisible había sido dividido por fin.
Pensadores influyentes: de Demócrito a Aristóteles
Al margen de todo juicio ético, los pensadores griegos habrían
considerado aquella explosión una fruslería, algo sin importancia:
apenas una consecuencia mecánica (aunque muy brillante, desde
luego) de la noción original que la había producido; una cuestión
técnica, palabra con la que no expresaban otra cosa que la
habilidad práctica para desarrollar un trabajo.
En definitiva, un asunto menor, propio de gente menor. Lo
interesante era la idea; que después sirviera o no para algo
resultaba casi indiferente. O incluso contraproducente. Aristóteles
había escrito: “La nobleza de las matemáticas es que no sirven
para nada”.
En lo que respecta al legado de la Antigua Grecia en las ciencias
exactas, el término matemáticos estaba reservado para una clase
privilegiada de discípulos de Pitágoras. Significaba ‘los que
comprenden’, por oposición a los discípulos acusmáticos, ‘los que
escuchan’. Con las matemáticas, gigantes como Pitágoras, Tales,
Eratóstenes o Arquímedes pusieron los pilares de nuestro saber y
proceder científico.
Y aparecieron genios como Hiparco, el primer habitante del
planeta que –dos milenios antes que Copérnico– descubrió la
violenta e increíble verdad de que es la Tierra la que gira en torno
al Sol, en contra de lo que ven nuestros ojos.
También en otros campos brillaron talentos asombrosos como
Heródoto, fundador de la historia, o Hipócrates, padre de la
medicina y origen de los innumerables términos griegos que
caracterizan la práctica de esta ciencia que habló griego durante
muchos siglos, términos que aún hoy abarrotan los manuales de
anatomía, de fisiología, de patología, de odontología, de
oftalmología... y de otorrinolaringología, donde se reúnen nada
menos que cuatro palabras griegas.
El ocio helénico: juegos y entretenimiento en la Antigua Grecia
Los regalos de Grecia también se extendieron a la infancia. De igual
modo que inventó o fijó conceptos que más tarde resultaron
básicos en la vida de los adultos, entregó a los niños los elementos
que durante los siglos siguientes serían el objeto de sus juegos.
Los chiquillos griegos fueron los primeros (que sepamos) en usar
aros y peonzas, y enseñaron a centenares de generaciones
infantiles posteriores a jugar a las canicas, a las muñecas –que a
veces eran articuladas–, al tejo, a la taba o a pídola, además de
otros muchos entretenimientos que desconocemos. Hay quienes
sostienen que inventaron, incluso, el yoyó.
Además, los críos asistían a espectáculos de marionetas y a juegos
de sombras y siluetas. Como se ha dicho a menudo, el verdadero
índice de desarrollo de una civilización puede juzgarse por el trato
que da a la infancia.
Normas sociales y desigualdad de género
La idea democrática de igualdad entre los ciudadanos no se
extendió, sin embargo, a las mujeres. El marido, por ejemplo, podía
repudiar a la esposa sin necesidad de alegar un motivo. Podía
hacerlo, incluso, cuando ella estuviera embarazada. Y en los casos
de adulterio probado y notorio, era obligatorio para el varón, que
de no cumplir era reo de atimía o desprecio, de repudio social. A los
ojos de todos, se convertía en lo que hoy llamamos un consentidor,
un ‘cabrón’.
Y esto, en muchas ocasiones, ponía al marido entre la espada y la
pared, ya que el repudio llevaba aparejada la devolución de la dote
que se había recibido, suma por lo general bastante elevada cuyo
reembolso dejaba en la miseria al divorciado.
En cambio, el adulterio masculino era socialmente tolerado, como lo
siguió siendo durante los milenios siguientes. Cuando la mujer no
podía más acudía a la autoridad del arconte, que era el único juez
en esos casos y que seguramente no consideraría el asunto
suficientemente grave o probado como para acceder a su petición.
El maltrato sí era causa de divorcio, pero la víctima (siempre ella)
debía aportar pruebas fehacientes, y a menudo no valía exhibir
ante la autoridad los golpes y moratones. Se exigían testigos
presenciales, que el maltratador, lógicamente, procuraba evitar. Así
y todo, si la mujer conseguía el divorcio se convertía en una paria
social.
Por amor al arte: música, danza y teatro como legado de la Antigua
Grecia
En todo caso, una de las mejores cosas de aquellas gentes es que
hombres y mujeres sabían divertirse y amaban la belleza: cuando
los troyanos contemplaron la hermosura de Helena, decidieron que
bien valía una guerra con Menelao. La idea del arte tal como la
entendemos fue cosa suya, y también sus divisiones y
subdivisiones.
Produjeron los poetas más sublimes y los más procaces. Otorgaron
a la música y a la danza categoría divina, y las incluyeron entre las
enseñanzas obligatorias de la juventud, a cuya educación daban
una enorme importancia. Inventaron el teatro desde sus raíces y lo
dividieron en comedia, drama y tragedia. Sin aquella aportación
suya, hoy tampoco tendríamos el cine tal como lo conocemos.
Además, encontraron una nueva fórmula de entretenimiento
masivo que se ha convertido en la más exitosa de todos los
tiempos: el deporte como espectáculo y competición. Los Juegos
Olímpicos solo tenían ventajas.
De una parte, eran una ocasión de reencuentro temporal para los
ciudadanos de la Hélade; de otra, fomentaban la emulación entre
los atletas y el orgullo de sus conciudadanos cuando resultaban
vencedores. Además, contribuían a formar soldados fuertes y
aguerridos. No es de extrañar su enorme popularidad, que también
continúa plenamente vigente hoy día.
La vida cotidiana: cortesía, higiene y estética
En el fondo, su vida cotidiana era bastante parecida a la nuestra.
Usaban fórmulas de cortesía y eran reservados en su esfera
privada. Consideraban de mal gusto comer a la vista de los demás,
excepto en los banquetes, donde se toleraban todos los excesos. Y
cuidaban mucho su aspecto: les gustaba bañarse y atildarse.
Los hombres se afeitaban y las mujeres se depilaban usando un
candil. Eran muy sensibles a la estética. Sócrates, siendo ya casi un
anciano, empezó a hacer gimnasia para reducir el vientre, “que
superaba bastante el tamaño adecuado”.
Tolerancia cultural y apertura hacia lo extranjero
En los mejores tiempos de Atenas, sus habitantes demostraron una
tolerancia inusitada para aquellos tiempos, lo cual demuestra que
vivían sin miedo a los extraños. Tucídides puso en labios
de Pericles, el gobernante que dio nombre a su siglo, las siguientes
palabras: “Nuestra ciudad está abierta a todos los seres humanos:
ni una sola de sus leyes segrega a los extranjeros ni les priva de la
enseñanza y de los espectáculos que se dan entre nosotros”.

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