PERCEPCION AMBIENTAL: La concepción del entorno psicofísico
Introducción
En el momento en que nos situamos ante un determinado entorno se ponen en marcha
un conjunto de mecanismos fisiológicos y psicológicos que permiten captar este
entorno y hacernos una idea de cómo es, qué podemos encontrar y qué podemos
hacer en él. Las sensaciones recibidas son integradas en unidades de contenido y
significado que nos permiten reconocer, comparar o explorar el entorno, experimentar
sensaciones o emociones y actuar en consecuencia integrando las motivaciones e
intereses personales, les características ambientales y el contenido social que se deriva
del propio contexto. En definitiva, tener una experiencia ambiental.
Los conceptos implicados en todo este proceso se encuentran claramente relacionados
entre sí tal y como puede observarse en el ESQUEMA INICIAL, de tal manera que no
podemos, a nivel experiencial, fragmentar o separar en el tiempo los diferentes
elementos que contribuyen a nuestra experiencia ambiental.
Existe una tendencia importante a considerar todo este proceso enmarcado en lo que
podemos denominar percepción ambiental. Así, ITTELSON (uno de los primeros
investigadores en ocuparse del tema) destaca como la percepción ambiental incluye
componentes cognitivos (pensamientos), afectivos (emociones), interpretativos
(significados) y evaluativos (actitudes, apreciaciones), operando conjuntamente y a la
vez con diversas modalidades sensoriales (Ittelson, 1978).
A pesar de ello, tanto por razones expositivas como por tradición investigadora, la
tendencia es a distinguir entre percepción ambiental, cognición ambiental, significado
ambiental, actitudes ambientales y evaluación/valoración ambiental. También se puede
descubrir que cuando se habla de cualquiera de estos elementos aparecen referencias
constantes a cualquiera de los otros y que una comprensión global de la Unidad pasa
por la consideración global del entorno experienciado (tanto en su vertiente física como
psicológica y social) y por la consideración global del proceso de captar este entorno
sociofísico.
Tema 2 - La percepción ambiental
2.1. Percepción objetual y percepción ambiental
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William ITTELSON fue uno de los psicólogos ambientales pioneros en el estudio de la
percepción (Ittleson 1970, 1973, 1978). Este investigador plantea la diferencia entre
las perspectivas comentadas anteriormente distinguiendo entre dos tipos de
percepción:
Percepción objetual. Responde a la clásica concepción psicológica de la
percepción.
Percepción ambiental. Considera el entorno de forma molar, holística, de
manera que el entorno puede ser concebido propiamente como una unidad
perceptiva.
Tres pueden ser las principales diferencias entre estos dos enfoques:
En la percepción objetual se enfatiza la búsqueda de las propiedades de
estímulos simples como la luminosidad, el color, la profundidad, la forma o el
movimiento aparente. La percepción ambiental, en cambio, focaliza la búsqueda
en escenas a gran escala, considerándolas como entidades globales.
La investigación en la percepción objetual considera a la persona como un ser
que capta pasivamente los estímulos ambientales; se enfatiza el estudio de
las reacciones humanas ante estímulos simples. La investigación en la
percepción ambiental considera a la persona como un ser que se encuentra
"dentro" del entorno, que se mueve en éste como un elemento más; el foco de
atención es, pues, el estudio de las múltiples experiencias ambientales que
una persona puede tener en su relación con el entorno.
A diferencia de la percepción objetual, la percepción ambiental considera,
además, que la persona organiza su experiencia en el entorno a partir de unos
determinados propósitos u objetivos. Estos pueden ir desde objetivos
esencialmente utilitaristas o funcionalistas hasta objetivos de carácter
emocional, estético o relacional.
Aún así, debe reconocerse que los retos que plantea esta perspectiva ambiental de la
percepción son muy importantes, traduciéndose muchas veces en dificultades
metodológicas. A pesar de ello, el reto principal consiste en buscar planteamientos
metodológicos que respondan a los objetivos de estudio planteados y a no reducir
éstos en función de las dificultades metodológicas que aparecen.
RECUERDA:
La percepción ambiental no es el resultado de un simple proceso aditivo de
sensaciones ambientales.
De igual manera, la percepción ambiental tampoco es el resultado directo de un
proceso aditivo de percepciones objetuales.
La persona percibe holísticamente su entorno y lo transforma en unidades
significativas para ella.
Tema 2 - La percepción ambiental
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2.2. La Gestalt
La Gestalt aparece en Alemania a principios de siglo como una reacción a las teorías
reduccionistas y atomistas que empezaban a imperar en el ámbito psicológico. Max
Wertheimer (quien publicó su "manifiesto" gestaltista en la misma época que Watson
hizo lo propio respecto al conductismo), Wolfgang Köhler y Kurt Koffka son sus
principales representantes.
La Gestalt estudia la incidencia en los sistemas totales, en las estructuras en las que
las partes están interrelacionadas dinámicamente de manera que el todo no puede ser
inferido de las partes consideradas separadamente. Los primeros estudios sobre el
movimiento aparente de la luz (el fenómeno phi) o el análisis de la percepción de las
películas cinematográficas muestran como, por ejemplo, si analizamos una película
fotograma a fotograma tendremos una idea muy diferente e imprecisa que si vemos la
secuencia en conjunto, es decir, si miramos la película como una totalidad. Estas
totalidades se llaman, precisamente, gestalts (forma, pauta, configuración o conjunto
total). De aquí se desprende el principio general de esta corriente: "el todo es más que
la suma de las partes".
Fue un movimiento de gran amplitud, con gran incidencia en la arquitectura.
Corrientes artísticas como la Bauhaus y arquitectos como Venturi utilizaron, de una u
otra forma, los principios gestálticos para sus construcciones.
The Bauhaus School
La Gestalt tuvo, sobretodo, una gran importancia por sus contribuciones al estudio de
la percepción, definiendo una serie de principios de organización perceptiva que
permiten captar de forma integral estas totalidades o gestalts. Estos principios se
estructuran básicamente en dos leyes: la Ley de la figura-fondo y la Ley de la buena
forma (llamada también Ley del agrupamiento o Ley de la pregnancia).
Según la Ley de la figura-fondo, el proceso perceptivo remite a un mecanismo
básico según el cual tendemos a focalizar nuestra atención sobre un objeto o
determinado grupo de objetos (figura) destacándolos del resto de los objetos que los
envuelven (fondo).
La Ley de la buena forma remite a un principio de organización de los elementos que
componen una experiencia perceptiva y que los gestaltistas llamaron Pregnancia
(Prägnanz). Este mecanismo permite reducir posibles ambigüedades o efectos
distorsionadores, buscando siempre la forma más simple o la más consistente; en
definitiva, nos permite ver los elementos como unidades significativas y coherentes.
Uno de los principios básicos de la Gestalt es que la forma percibida es una propiedad
emergente que no es intrínseca de los componentes de un objeto (Rock y Palmer,
1990). En la percepción hay más de lo que está al alcance de los sentidos.
Además, la Ley de la buena forma se rige por una serie de principios básicos:
Proximidad: permite relacionar elementos que están unos cerca de los
otros.
Semejanza: permite relacionar elementos en función de su similitud.
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Continuidad: permite agrupar diversos elementos en una fila o curva
uniforme.
Cierre: permite ignorar determinados "vacíos" para completar una
figura.
Veámoslo gráficamente
En definitiva, la Gestalt contribuyó de manera decisiva a la consideración global del
proceso perceptivo y, por lo tanto, a la consideración holística del entorno percibido,
herencia que ha sido recogida por la Psicología Ambiental. Además, introdujo la idea de
que las personas somos agentes activos estructuradores del entorno y, por lo tanto,
hay procesos internos que hacen de mediadores entre el mundo de los estímulos y
nuestra experiencia sobre éstos. Ello, que en un primer momento iba en contra de la
tradición conductista imperante, fue retomado posteriormente por el cognitivismo.
2.3 El cognitivismo
La corriente cognitiva en psicología empieza como un movimiento que pretende dar
una respuesta a las inconsistencias y lagunas del conductismo. De esta forma, intenta
superar el reduccionismo y el mecanicismo del clásico esquema «estímulo - respuesta»
(que ya había sido matizado por los mediacionistas) incorporando los procesos internos
que suceden en la mente de la persona los cuales, más que mediar entre los dos
componentes del esquema conductista, se convierten en motores de la experiencia
psicológica humana.
Así se pasa del esquema «estímulo - respuesta» al de «input - output» y, en medio,
toda una serie de mecanismos y procesos cognitivos que, como antes veíamos, ya
habían estado claramente reivindicados por Wertheimer y sus colegas gestaltistas. En
definitiva, según comenta Jerome Bruner en su libro Actos de significado. Más allá de
la revolución cognitiva (1990), se trataba de recuperar los aspectos subjetivos y
significativos de la experiencia psicológica, de priorizar la "agentividad" o el rol activo
de la persona y descubrir los principios que regían tal agentividad. Como señala el
propio Bruner o Angel Rivière (1991) la adaptación de la "metáfora del ordenador" y el
modelo cibernético de procesamiento de la información ayudó a entender muchos de
estos procesos, pero de nuevo se "quedó por el camino" la "persona", los aspectos
afectivos y emocionales que se encuentran implicados en el comportamiento y los
aspectos simbólicos y significativos de este comportamiento.
La referencia a Bruner es pertinente aquí ya que fue él uno de los impulsores del
movimiento llamado New Look in Perception dedicado a estudiar, desde la perspectiva
cognitiva, aspectos esenciales de los procesos perceptivos. Dos son las aportaciones
que, desde nuestra perspectiva, pueden ser de especial interés: el concepto de
hipótesis perceptiva y los procesos de categorización perceptiva.
Las hipótesis perceptivas son consideradas actos previos a la propia actuación. Se
refieren a expectativas o intenciones de las personas a percibir un estímulo a) de una
manera determinada, b) con un propósito, y c) con un significado. A la vez, estas
hipótesis se encuentran fuertemente influenciadas por el consenso social y, por tanto,
por los grupos de referencia.
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La categorización perceptiva es, por otro lado, un proceso básico en la relación de
las personas con sus mundos perceptivos. Efectivamente, al percibir, la persona
analiza los estímulos en función de las semejanzas y diferencias con otros estímulos
presentes o no, es decir, construye categorías perceptivas o ubica el estímulo en
categorías anteriormente elaboradas. El proceso de la categorización tiene como
función principal aportar un mecanismo de reducción de la complejidad que caracteriza
nuestro entorno. Al trabajar con categorías simplificamos nuestro mundo y lo hacemos
más inteligible.
En la construcción de estas categorías tiene una clara incidencia el proceso de
socialización de la persona y el desarrollo cognitivo influenciado por los factores
biológicos y culturales, por la experiencia acumulada y por las relaciones entre los
diferentes modos de representación (enactivo, en relación a la acción; icónico, en
relación a la imagen percibida; y simbólico, en relación al universo semántico de los
grupos de referencia).
Los procesos de categorización perceptiva se han aplicado también en el momento de
categorizar a las personas. La Psicología Social, especialmente de la mano de Henri
Tajfel, ha incorporado estas ideas hasta llegar a elaborar teoría sobre la percepción
social, el prejuicio y el estereotipo y la identidad personal y social.
3.1. Supuestos básicos comunes a las teorías sobre percepción ambiental
Aunque las teorías que se presentan a continuación representan aproximaciones
sensiblemente diferenciadas en la manera de entender la percepción ambiental, no
están en absoluto desconectadas entre sí ya que, en la mayoría de ocasiones, los
autores que las desarrollan parten de elementos o de ideas comunes,
convenientemente reorientadas y/o ampliadas para ajustarlas a los respectivos
enfoques. Por otro lado, algunas de estas aportaciones han estado integradas e
incorporadas a desarrollos teóricos afines como es el caso de los estudios sobre juicios
estéticos del entorno o preferencias de paisajes que se expondrán en el apartado 5 de
esta UNIDAD.
Además de estas influencias mutuas, las teorías sobre la percepción ambiental también
parten (y comparten en buena medida) de una serie de ideas comunes con respecto a
la concepción global de la persona y del entorno:
Consideración de la persona como un agente activo, orientado y participativo
dentro del proceso perceptivo.
Consideración del entorno con una unidad global sobre la cual se estructura los
procesos perceptivos.
Incorporación, en mayor o menor grado, de los aspectos cognitivos,
interpretativos y valorativos dentro de las teorías sobre la percepción
ambiental.
En definitiva, consideración de la percepción ambiental como un proceso global,
más allá de la simple captación y estructuración estimular.
Cuatro serán las aportaciones principales que se analizarán a continuación en relación
con la percepción ambiental: la aportación de Berlyne, la teoría ecológica de la
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percepción de Gibson, la teoría funcionalista de Brunswik y el enfoque transaccional
de la percepción de Ames.
3.2. Las propiedades constitutivas del ambiente de Berlyne
Dos son las contribuciones más importantes de Berlyne en el ámbito de la percepción
ambiental. La descripción de las propiedades colativas, conferidoras o comparativas
del entorno (Collative properties) y el análisis de la capacidad exploradora de la
persona en la percepción del entorno (Berlyne, 1960; 1974).
Las propiedades colativas del ambiente son aquellas capaces de provocar
respuestas investigadoras, inquisitivas en la persona que percibe un determinado
estímulo ambiental (entendido de manera amplia, como imagen ambiental). En la
medida en que se presentan en una determinada proporción y combinación, estas
propiedades despiertan en la persona una actitud de curiosidad porque provocan algún
tipo de conflicto perceptivo que incita a comparar este estímulo con otros para intentar
resolver el conflicto.
Las propiedades colativas descritas por Berlyne son:
La complejidad, o grado en que una variedad de componentes caracterizan el estímulo
ambiental.
La novedad, o grado en el que un estímulo contiene características nuevas o
previamente desapercibidas por la persona.
La incongruencia, o grado en el que un factor estimular no se ajusta a su contexto.
La sorpresa, o grado en el que no se confirman las expectativas de la persona sobre la
situación perceptiva.
Todo estímulo, imagen o unidad ambiental percibida contiene, en diferentes
proporciones y combinaciones, algunas de estas propiedades y el resultado de esta
proporción y combinación genera un determinado tipo de conflicto perceptivo ante el
cual se activa nuestra curiosidad perceptiva y nuestra actitud investigadora para
resolverlo. En otras palabras, estas propiedades actúan llamando más o menos nuestra
atención sobre el estímulo y el conflicto que genera y, por lo tanto, atrayéndonos más
o menos. Por esto la teoría de Berlyne ha ejercido una clara influencia en las
investigaciones sobre preferencias de paisajes (véase Kaplan y Kaplan) que se
analizarán en el apartado 5 de esta Unidad.
Ampliemos con algunos ejemplos las propiedades descritas por Berlyne.
En cualquier caso, parece que tanto los estímulos poco "conflictivos" como los que lo
son demasiado, no contribuyen a despertar esta actitud en la percepción. Por ejemplo,
un entorno percibido como poco complejo puede generar un efecto de monotonía
ambiental que incita poco a su exploración o atención. Por el contrario, un entorno
excesivamente complejo puede resultar difícil de interpretar, generar sobre
estimulación ambiental y provocar respuestas de inhibición por imposibilidad de
desentrañar su sentido. Parece que la adecuada combinación de unos niveles
intermedios de estas propiedades o una sutil desproporción entre alguna de estas
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características serían propuestas adecuadas para activar este papel activo y explorador
de la persona en el proceso de percepción ambiental.
Precisamente, la segunda aportación importante de Berlyne corresponde a la distinción
entre dos tipos de exploración perceptiva:
La exploración diversiva tiene lugar cuando uno se encuentra infraestimulado y
busca estímulos que lo activen en el entorno. Tras tres horas de espera en la
antesala del médico, por ejemplo, uno ya habrá leído todos los títulos colgados
en la pared o todas las revistas a su alcance, aunque realmente no tenga
ningún interés por todo ello.
La exploración específica tiene lugar cuando uno se encuentra excitado por un
estímulo particular y lo investiga para reducir la incertidumbre o para satisfacer
la curiosidad asociada a la excitación estimular.
Evidentemente, Berlyne hace su propuesta de propiedades colativas estrechamente
vinculada a sus tipos de exploración, de manera que la exploración de un estímulo se
da en función de su complejidad, novedad, sorpresa o incongruencia.
3.3. El funcionalismo probabilístico de Brunswik
La teoría funcionalista de Egon Brunwik (Brunswik, 1956; 1959) parte de la idea
general de que la información sensorial que proviene del entorno y que posibilita la
percepción ambiental de una persona, nunca tiene una correlación perfecta con el
entorno real. Así, la persona recibe constantemente señales complejas y engañosas
sobre el ambiente. Esta ambigüedad en la percepción comporta que la persona que
observa un entorno deba estar haciendo estimaciones probabilísticas de la verdadera
situación, elaborando juicios probabilísticos sobre el ambiente.
Veamos un ejemplo
Para explicar estos procesos de carácter eminentemente cognitivo, Brunswik propone
su MODELO DE LENTE. El proceso de percepción ambiental parte de la captación de
una amplia variedad de estímulos provenientes del entorno. Estos estímulos varían en
cuanto a su validez ecológica: unos estímulos proporcionan una representación más
precisa del entorno real que otros.
Modelo de lente de Brunswik
La persona estructura este conjunto de estímulos dispersos - procurando combinar
aquellos que considera tienen mayor validez ecológica- y los concentra para configurar
una percepción integrada del entorno. La precisión perceptiva alcanzada se pone a
prueba mediante acciones en el entorno, lo que proporciona un feed-back necesario
para reconsiderar, si es pertinente, el juicio probabilístico que está en la base de una
determinada percepción.
Si lo deseáis, podéis observar un ejemplo extraído de un entorno cercano,
perfectamente interpretable desde la perspectiva de Brunswik. Se trata del caso de la
Placa Nova de Barcelona.
Brunswik también distingue entre dos tipos de estímulos o señales:
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Estímulos distales, que son la fuente de patrones sensoriales que le llegan a la persona
(una montaña lejana, la presencia de un río, etc.). Son, en definitiva, las
características objetivas del entorno.
Estímulos proximales, resultantes del impacto de un determinado patrón sensorial en
la persona (patrón de luz que se forma en la retina del ojo de una persona),
incluyendo también una primera elaboración de la información sensorial.
Así, según el Modelo de Lente, el proceso perceptivo consiste en seleccionar los
estímulos distales que se consideran más válidos ecológicamente y procesar o utilizar
los estímulos proximales resultantes (impresiones subjetivas de los primeros) para
llegar a una percepción o juicio ambiental.
Ciertamente la influencia de Brunswik en la psicología actual ha
sido notable. Aquí tenéis un buen ejemplo: la Sociedad Brunswik,
una asociación de investigadores que toman como punto de
partida el trabajo de Brunswik para desarrollar temas como la
emisión de juicios, la toma de decisiones o la Teoría del Juicio
Social. La página, amplísima, incluye ensayos de
"brunswiknianos", la bibliografía completa del autor, su biografía,
foros de debate, recursos en la red así como los boletines de la
Sociedad y los congresos que organiza, entre otras muchas
informaciones.
3.4. La perspectiva ecológica de Gibson
La obra de James J. Gibson (1950; 1966) y, especialmente, su
libro The Ecological Approach to Visual Perception, publicado el
1979, produjo un gran impacto dentro de las teorías clásicas de
la percepción en Psicología. Su concepción radicalmente diferente
sobre el modo sobre cómo percibimos, le supusieron no pocas
críticas por parte de las diferentes tradiciones (que aún hoy se
mantienen) más reduccionistas en el estudio de la percepción
humana, aunque ha recibido también un amplio reconocimiento.
En esta línea, Neisser (1990) destaca que Gibson fue el primer
investigador sobre percepción que aportó algo realmente nuevo
a la Psicología moderna.
Para Gibson, la percepción del ambiente es más directa y
menos procesual de lo que se había estado manteniendo
desde los posicionamientos cognitivistas. La percepción es
holística e integrada en un marco ecológico, de manera que
las propiedades ambientales se perciben no como puntos
diferentes y aislados sino como entidades significativas dentro
de un determinado contexto ecológico de variables
relacionadas entre sí. En este sentido, Gibson recibe la
influencia de Brunswik, en concreto su idea de validez
ecológica, pero difiere en lo esencial: la percepción no es tan
interpretativa sino mucho más directa. Si Brunswik enfatiza el
procesamiento al nivel de estímulos proximales, Gibson parte
de los estímulos distales y lo amplía para hablar del patrón
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óptico ambiental (ambient optical array).
Para Gibson, toda la información que una persona necesita
percibir del ambiente ya está contenida en el impacto
producido por un patrón óptico ambiental. Este patrón, como
explica Neisser (1990), no es ni un estímulo (distal o
proximal), ni una estructura cognitiva, ni tan sólo un
significado proyectado. Es básicamente, el entorno visto desde
una determinada perspectiva, con unas determinadas "gafas".
Las diferentes relaciones ecológicas (interacciones dentro de
un sistema integrado) entre la persona, el ambiente físico y el
ambiente social, hacen que la exploración activa -y la
necesidad de moverse por el entorno y utilizarlo- permita
tomar contacto con los objetos de diferentes maneras y, por
tanto, producir diferentes patrones ópticos ambientales.
Este proceso permite descubrir en el entorno las diferentes
affordances, concepto clave en Gibson que puede traducirse
como oportunidades ambientales, atributos o posibilidades de
uso del entorno. Así pues, la información ambiental no se
construiría internamente a partir de las sensaciones que se
reciben del entorno, sino que más bien uno percibe
directamente el significado del patrón de estimulación
ambiental en forma de affordances. Estas oportunidades o
atributos son propiedades invariantes de los objetos que
informan sobre sus posibles usos y funciones. Percibir las
ofertas del ambiente es percibir cómo interactuar con él o,
dicho de otra manera, lo que se puede o se ha de hacer en un
entorno determinado. Veamos un ejemplo.
La percepción de ofertas u oportunidades es específica de la
especie y también puede diferir entre los miembros de una
misma especie en función de la edad, género, personalidad,
etc. Además, la perspectiva ecológica contempla el entorno
desde una perspectiva dinámica, cambiante. Por lo tanto, la
modificación de alguno de los elementos que configuran este
sistema cambia las oportunidades de manera distinta para los
diferentes organismos que se encuentran en el entorno
modificado
3.5. La perspectiva transaccional de Ames
Aunque las ideas sobre la percepción de Adelbert Ames son
anteriores a las de los otros autores analizados (Ames, 1951),
su ubicación aquí responde al hecho de que su aportación
representa una de las corrientes más actuales en Psicología
Ambiental: el transaccionalismo, del cual fue él uno de los
fundadores.
Para recordar cuáles son las principales características del
transaccionalismo podéis ir a la UNIDAD 1. En términos
generales, esta perspectiva contempla la percepción como una
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transacción o "diálogo" entre las personas y el entorno, o sea,
más allá de un simple mecanismo «estímulo-respuesta», lo
que sucede es una transacción entre los principios que se
asumen, las percepciones y las características ambientales.
Para Ames y otros autores que se sitúan en esta línea como
Kilpatrick (Ames, 1951; Kilpatrick, 1954; Ittelson y Kilpatrick,
1952), la persona ejerce un rol activo en el proceso perceptivo
y esta participación es, a la vez, dinámica y creativa. La
persona percibe el entorno e interpreta en función de los
principios adquiridos a lo largo de su experiencia ambiental.
Cuando aparece algún conflicto perceptivo, que contradice la
experiencia perceptiva, la persona "dialoga" con el entorno y
reajusta su experiencia ambiental. Así, como comentan
Ittelson y Kilpatrick: "el mundo que cada uno conoce es un
mundo en gran medida creado a partir de la experiencia
propia que se adquiere al interactuar con el ambiente".
La consecuencia de todo ello es que los juicios perceptivos
que la persona se forma del entorno son altamente subjetivos.
El mundo que percibimos es un mundo creado por nosotros
mismos a través de nuestras experiencias y transacción
ambiental, y es un mundo que refleja nuestras expectativas,
necesidades y objetivos particulares, o sea, nuestra manera
de ser y de estar en el mundo.
Para poner a prueba estos principios, Ames diseñó una serie
de experimentos perceptivos en los que la aplicación de
asumiciones previamente adquiridas comporta como resultado
una percepción distorsionada y una experiencia
incomprensible por parte del observador. Sin embargo,
cuando uno es capaz de adivinar qué principio aplicado no es
correcto, o sea, cuando comprende por qué lo que ve no
parece posible, entonces su experiencia ambiental cambia y
también lo hace su interacción con el entorno. Dos de estas
demostraciones son "la ventana de Ames" y "la habitación de
Ames".
En cierta manera, la perspectiva de Ames anticipa desarrollos
posteriores sobre la percepción ambiental. Así el manual de
Holahan (1982) sitúa a Ames dentro de teorías probabilísticas,
al lado de Brunswik, aunque su idea de percepción incluye un
proceso más dinámico y creativo. Por otro lado, en el manual
de Bechtel (1997) se destaca que, de alguna manera, Ames
parece haber anticipado el concepto de affordance de Gibson
mediante la idea de "percepción de alternativas": la
percepción del entorno es la percepción de series de
alternativas ambientales que nos permiten "negociar" con el
ambiente y relacionarnos con él.
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4. Variables que influyen en la percepción ambiental
Aunque hemos podido ver como la percepción ambiental es un
proceso psicológico global y unitario, siendo el resultado la
conjunción de un gran número de variables, diversos estudios
han aportado información sobre algunas variables que pueden
ejercer influencia sobre este fenómeno. De manera muy
esquemática nos centraremos en tres tipos de variables:
personales, culturales y variables del propio entorno físico.
4.1. Variables personales
4.2. Variables culturales
4.3. Variables del propio entorno físico
4.1. Variables personales
Habilidades perceptivas personales. La edad, la actividad
habitual o determinadas características de los órganos
perceptivos pueden afectar la percepción del entorno.
Género. Algunos estudios (Nasar, Valencia, Omar, Chueh y
Hwang, 1985) sugieren que los hombres perciben de manera
significativamente diferente las distancias entre edificios
visibles que las distancias entre edificios no visibles.
Experiencia. Edney (1972) o Nasar y colaboradores (1985)
apuntan a que la experiencia en un entorno o la familiaridad
puede afectar a la percepción de éste.
Juicios estéticos. Smith (1984) muestra que la gente tiene una
percepción más aguda de la distancia que separa dos edificios
si los encuentran más bonitos o agradables que si los valoran
feos o desagradables.
4.2. Variables culturales
Cultura y entorno. Afirmando, sin arriesgarnos demasiado, que
la cultura que define a una sociedad está claramente
influenciada por el entorno o hábitat en el cual ésta se
desarrolla, diversos autores han sugerido que esta relación
cultura - entorno incide en nuestra experiencia perceptiva. Así,
los entornos urbanos, en los que predominan los objetos
rectangulares y las líneas rectas, producen experiencias
perceptivas sensiblemente diferentes en los urbanitas que en
aquellas personas que viven en entornos rurales donde
predominan las líneas curvas y las formas redondeadas o
triangulares (Coren, Porac y Ward, 1984).
Profesión. Algunos estudios han mostrado que lo que definimos
coloquialmente como "derivación profesional" puede incidir en
la manera de percibir el mundo. Valadez (1984) mostró que no
existen diferencias entre arquitectos y no arquitectos en cuanto
a aspectos cuantitativos en la percepción de un paisaje, pero
estas diferencias eran muy significativas en cuanto a los
aspectos cualitativos que lo definen.
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