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EI Complemento

El sistema del complemento es un conjunto de proteínas plasmáticas que desempeña un papel crucial en la defensa inmunitaria, facilitando la inflamación y la eliminación de patógenos. Se activa a través de tres vías principales: clásica, alternativa y de la lectina, cada una con mecanismos específicos de activación y regulación. La activación descontrolada del complemento puede causar daño a las células del huésped, por lo que existen reguladores que aseguran su funcionamiento adecuado.

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EI Complemento

El sistema del complemento es un conjunto de proteínas plasmáticas que desempeña un papel crucial en la defensa inmunitaria, facilitando la inflamación y la eliminación de patógenos. Se activa a través de tres vías principales: clásica, alternativa y de la lectina, cada una con mecanismos específicos de activación y regulación. La activación descontrolada del complemento puede causar daño a las células del huésped, por lo que existen reguladores que aseguran su funcionamiento adecuado.

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EI Complemento

Complemento e inflamación: el complemento está relacionado con la patología de muchas enfermedades, 10 que ha
incentivado la búsqueda de tratamientos que controlen la activación del complemento. EI complemento tiene una función
fundamental en la inflamación, produciendo la quimiotaxia de los fagocitos, la activación de los mastocitos y los fagocitos,
la opsonización y lisis de los microorganismos patógenos, y la eliminación de los inmunocomplejos.

El sistema del complemento, descubierto a finales del siglo XIX, es un conjunto de aproximadamente 16 proteínas
plasmáticas que representan casi el 10% de las proteínas séricas totales. Este sistema es uno de los principales
mecanismos de defensa inmunitaria, actuando como parte del sistema inmunitario innato y potenciando el sistema
inmunitario adaptativo. Sus funciones incluyen desencadenar y amplificar reacciones inflamatorias, atraer fagocitos
mediante quimiotaxis, eliminar inmunocomplejos y células apoptóticas, activar células para destruir microbios, destruir
microbios directamente y potenciar la respuesta de anticuerpos. Su importancia se evidencia en individuos con deficiencias,
como niños que carecen del componente C3, quienes sufren infecciones bacterianas graves. Sin embargo, la
hiperactivación o activación incorrecta del complemento puede causar trastornos y está relacionada con varias
enfermedades.

Vías de activación del complemento: se activa a través de tres vías principales: la vía clásica, que depende de
anticuerpos unidos a patógenos y requiere una respuesta inmunitaria adaptativa previa; la vía alternativa, que es
independiente de anticuerpos y se activa directamente en la superficie de patógenos; y la vía de la lectina, que también
es independiente de anticuerpos y se activa eficazmente frente a microorganismos patógenos. Todas estas vías
convergen en una vía terminal común que destruye patógenos mediante lisis. La activación del complemento implica
una cascada proteolítica que amplifica la respuesta inmunitaria, activando la proteína C3 que es la más abundante e
importante en este proceso.

Los efectos del complemento están mediados por fragmentos y complejos formados durante su activación. Los
fragmentos pequeños C3a y C5a tienen funciones quimiotácticas y proinflamatorias, mientras que los fragmentos
grandes C3b y C4b facilitan la opsonización, marcando patógenos para su fagocitosis. El complejo de ataque a la
membrana (MAC) causa lisis de patógenos. Estos mecanismos no solo son cruciales para la defensa inmunitaria,
sino que también pueden contribuir a efectos patológicos cuando el sistema se hiperactiva o activa de forma
incorrecta.

➢ La vía clásica se relaciona con el sistema inmunitario adaptativo: esta vía está estrechamente relacionada con el
sistema inmunitario adaptativo, ya que se activa por la unión de anticuerpos (IgG e IgM) a antígenos en la superficie
de patógenos. Esta vía requiere la presencia de iones de calcio (Ca²⁺) para su activación. Solo los anticuerpos IgG
e IgM unidos a superficies pueden activar el complemento a través de esta vía, siendo la IgM el activador más eficaz
debido a su capacidad de cambiar de forma cuando se une a un patógeno. En su estado libre en el plasma, la IgM no
activa el complemento. Entre las subclases de IgG, la IgG1 y la IgG3 son potentes activadoras, mientras que la IgG4
no puede activar la vía clásica porque no se une al primer componente de esta vía, el C1.

El proceso comienza cuando la IgM se une a una superficie bacteriana, cambiando de una forma plana a una forma
de "grapa", lo que expone los sitios de unión para el primer componente del complemento, el C1. Este complejo C1
está formado por una unidad de reconocimiento llamada C1q, junto con dos moléculas de C1r y C1s, que son
las unidades enzimáticas. La unión de C1q a las regiones Fc de los anticuerpos inmovilizados induce cambios
conformacionales que activan C1r, que a su vez activa C1s. Es importante destacar que C1 solo se activa cuando
varios de los seis grupos de cabeza de C1q se unen al anticuerpo, lo que asegura que la activación ocurra solo en
superficies densamente cubiertas de anticuerpos, reduciendo el riesgo de activación inadecuada en tejidos del anfitrión.
Una vez activado, C1s escinde las proteínas C4 y C2. La escisión de C4 libera un fragmento pequeño, C4a, y expone
un grupo tioéster reactivo en el fragmento grande, C4b, que se une covalentemente a la superficie del patógeno. C4b
luego se une a C2, formando un complejo que es escindido por C1s, liberando C2b y dejando C2a unido a C4b. Este
complejo, C4b2a, actúa como la C3 convertasa de la vía clásica, escindiendo C3 en C3a (un fragmento pequeño con
funciones proinflamatorias) y C3b, que también se une covalentemente a la superficie del patógeno gracias a su grupo
tioéster expuesto.

Parte del C3b generado se une a C4b2a, formando el complejo C4b2a3b, que actúa como la C5 convertasa de la vía
clásica. Este complejo escinde C5 en C5a (un potente fragmento quimiotáctico y proinflamatorio) y C5b, que
permanece unido al complejo. La escisión de C5 marca el último paso enzimático de la vía clásica, preparando el
sistema para la formación del complejo de ataque a la membrana (MAC) en la vía terminal común. Un aspecto
crucial de la función del complemento es la capacidad de C3b y C4b de unirse covalentemente a superficies
gracias a sus grupos tioéster expuestos. Estos grupos son altamente reactivos, pero solo durante unos
milisegundos, lo que limita su unión a la proximidad inmediata de la enzima activadora y previene daños a estructuras
circundantes. Esta labilidad asegura que el complemento actúe de manera localizada y controlada, maximizando su
eficacia en la eliminación de patógenos mientras minimiza el daño al huésped.

➢ Las vías alternativas y de la lectina proporcionan una inmunidad innata independiente del anticuerpo: la vía de
la lectina se desencadena cuando la lectina fijadora de manosa (MBL) o las ficolinas (proteínas con dominios
similares al fibrinógeno) reconocen carbohidratos específicos en la superficie de microorganismos patógenos, como
manosa o N-acetilglucosamina, presentes en bacterias, hongos, virus y otros patógenos. Estas proteínas, análogas al
C1q de la vía clásica, forman complejos multimoleculares con serina proteasas asociadas a MBL (MASP), siendo
la MASP-2 la enzima clave. Al unirse a los carbohidratos microbianos, la MBL o las ficolinas experimentan cambios
conformacionales que activan la MASP-2, la cual escinde C4 y C2, siguiendo los mismos pasos que la vía clásica: se
forma la C3 convertasa (C4b2a) y luego la C5 convertasa (C4b2a3b). Esta vía, dependiente de Ca²⁺, permite una
respuesta rápida sin necesidad de anticuerpos, ampliando la capacidad del complemento para detectar amenazas.
Además, otras estructuras como células apoptóticas, ADN libre o mitocondrias dañadas pueden unirse directamente
al C1q, activando la vía clásica de manera independiente a los anticuerpos y facilitando la eliminación de desechos
celulares.

Por otro lado, la vía alternativa también activa el complemento sin depender de anticuerpos, opera en un estado
de activación de bajo nivel constante ("en ralentí") gracias a la hidrólisis espontánea de C3 en el plasma, que
genera C3(H₂O). Este producto se une al factor B (fB), formando un complejo que es escindido por el factor D (fD) en
presencia de Mg²⁺, liberando el fragmento Ba y dejando Bb unido a C3b para formar la C3 convertasa de la vía
alternativa (C3bBb). Esta enzima genera más C3b, creando un bucle de retroalimentación positiva que amplifica
exponencialmente la activación del complemento en superficies microbianas. Sin embargo, en células propias, la
presencia de reguladores del complemento (como proteínas de membrana) evita esta amplificación, clasificando a
estas superficies como no activadoras. Cuando el C3b se une a la C3 convertasa, forma la C5 convertasa
(C3bBbC3b), que escinde C5 en C5a (quimiotáctico) y C5b, iniciando la vía terminal común. La vía alternativa está
intrínsecamente ligada a las otras vías, ya que el C3b generado por la vía clásica o de la lectina puede incorporarse a
esta vía, potenciando la respuesta inmunitaria.

Sistemas de protección del complemento: el sistema del complemento requiere un control estricto para evitar la
activación desregulada, que podría agotar sus componentes o dañar las células del huésped. La activación descontrolada
del complemento puede llevar a la opsonización o lisis de células propias, lo que representa una amenaza para el
organismo. Para prevenir esto, el sistema del complemento cuenta con una familia de reguladores que actúan en
diferentes etapas de su activación. En las vías clásica y de la lectina, el inhibidor del C1 (C1inh) es clave. Este inhibidor,
una serina proteasa plasmática, se une a los componentes C1r y C1s del complejo C1, disociándolos y deteniendo la
activación de la vía clásica. De manera similar, el C1inh regula la vía de la lectina al eliminar la MASP-2 del complejo de
MBL o ficolina, interrumpiendo así la cascada de activación.

Las convertasas de C3 y C5, enzimas centrales en la amplificación del complemento, están controladas por reguladores
plasmáticos y de membrana. En el plasma, el factor H (fH) y el factor H-like 1 (fHL-1) descomponen las convertasas
de la vía alternativa, mientras que la proteína que une C4 (C4bp) realiza esta función en la vía clásica. En las membranas
celulares, la proteína cofactor de membrana (MCP) y el factor acelerador de la degradación (DAF) colaboran para
descomponer las convertasas de ambas vías. Estos reguladores comparten una estructura similar, resultado de la
duplicación génica durante la evolución, y están codificados en el locus de los reguladores de la activación del
complemento (RCA) en el cromosoma 1.

El control de las convertasas se realiza mediante dos mecanismos complementarios: aceleración de la


degradación y actividad de cofactor. Los reguladores como el fH, fHL-1, C4bp y DAF se unen a las convertasas y
aceleran su disociación, desplazando componentes como C2a (en la vía clásica) o Bb (en la vía alternativa). Además,
el factor I (fI), una enzima plasmática, inactiva irreversiblemente C4b y C3b en presencia de cofactores como la MCP, el
C4bp o el fH/fHL-1. Mientras que los reguladores plasmáticos combinan ambas actividades en una sola molécula, los
reguladores de membrana como el DAF y la MCP actúan de manera coordinada: el DAF disocia las convertasas, y la MCP
facilita su inactivación irreversible.

La vía alternativa tiene un activador único, la properdina, que estabiliza la convertasa de C3 (C3bBb) y aumenta su
longevidad, potenciando la respuesta inmunitaria. Además, el receptor para el complemento 1 (CR1) también regula la
actividad de las convertasas, aunque su función principal es actuar como receptor para partículas opsonizadas por el
complemento, más que proteger las células del huésped.

Vía de ataque de la membrana: es el proceso final que conduce a la formación del complejo de ataque a la membrana
(MAC), un poro transmembranario que destruye patógenos o células dañadas. Esta vía se inicia con la escisión de C5 por
las convertasas de las vías clásica, alternativa o de la lectina, generando C5b. Este fragmento se une secuencialmente
a C6 y C7, formando el complejo C5b67, que expone un sitio hidrófobo lábil capaz de insertarse en membranas. Sin
embargo, este proceso no es muy eficiente, y gran parte del C5b67 se inactiva en la fase líquida. Cuando el complejo se
une a una membrana, recluta C8 y múltiples copias de C9, que se ensamblan para formar el MAC. Este complejo final crea
un poro rígido en la membrana, compuesto por hasta 12 moléculas de C9 dispuestas en forma de barril, con un diámetro
interno de aproximadamente 10 nm. Este poro permite el flujo libre de solutos y electrolitos, lo que provoca un desequilibrio
osmótico que puede llevar a la lisis celular.

El MAC es particularmente efectivo contra células sin actividad metabólica, como los eritrocitos envejecidos, que se lisan
fácilmente incluso con un pequeño número de poros. Sin embargo, las células nucleadas viables pueden resistir la lisis
gracias a mecanismos de reparación, como bombas de iones y procesos de recuperación que eliminan las lesiones del
MAC y sellan las filtraciones de la membrana. Aun así, las lesiones del MAC pueden comprometer gravemente la
función celular o activar procesos patológicos.

Para evitar daños a las células propias, la vía terminal está estrictamente regulada. En la fase líquida, el
complejo C5b67 es inestable y puede inactivarse rápidamente por hidrólisis o unión a proteínas reguladoras como
la vitronectina (proteína S) o la clusterina, que bloquean su inserción en membranas. Además, el C8 actúa como
regulador al unirse a C5b-7 en la fase líquida, impidiendo la formación del MAC. Estos mecanismos limitan el depósito del
MAC a las proximidades del sitio de activación del complemento, reduciendo el riesgo de daño a células adyacentes por
"efecto vecindad".

En las células del huésped, la proteína CD59 juega un papel crucial en la protección contra el MAC. Esta proteína de
membrana, anclada a glucolípidos, se inserta en el MAC durante su ensamblaje e inhibe la unión de C9, evitando la
formación del poro. La importancia del CD59 se evidencia en la hemoglobinuria nocturna paroxística (HNP), un trastorno
hemolítico en el que la falta de CD59 (y también del DAF) en los eritrocitos y otras células circulantes las hace susceptibles
a la lisis por el complemento, incluso en su estado de activación basal ("al ralentí"). Esto provoca hemólisis crónica y crisis
hemolíticas, destacando el papel esencial del CD59 en la protección celular.

Receptores de membrana para los productos del complemento: muchas células expresan uno o más receptores de
membrana para los productos del complemento, y conocer estos receptores es esencial porque controlan la mayoría de
los efectos del complemento. Los mejor descritos son los que se unen a los fragmentos del C3. Existen cuatro receptores
principales para el complemento, CR1, CR2, CR3 y CR4, que se unen a los fragmentos del C3 en las superficies de
activación. CR1, en eritrocitos y leucocitos, se une al fragmento C3b (y C4b) y es crucial para procesar inmunocomplejos.
CR2, en linfocitos B y células dendríticas foliculares, se une a fragmentos derivados del C3b, ayudando a que los linfocitos
B respondan a las partículas cubiertas del complemento. CR3 y CR4, presentes en la mayoría de los leucocitos, se
unen a iC3b, facilitando la adhesión y fagocitosis de las partículas cubiertas por el complemento.

Los receptores para C3a y C5a median la inflamación. C3a se une a C3aR en eosinófilos, basófilos, neutrófilos y otros
tipos de células. C5a, liberado del C5, se une a C5aR, presente en una variedad de tipos celulares, incluidos todos los
leucocitos. Estos receptores son parte de la familia de receptores con siete segmentos transmembranario que se asocian
a proteínas G heterotriméricas, similares a los receptores de quimiocinas, y son importantes para orquestar las respuestas
inflamatorias y modular la presentación del antígeno y la activación del linfocito T. Un tercer receptor, C5L2, se
encuentra en leucocitos y tejido adiposo, aunque su función no está completamente clara.

Los receptores para C1q, presentes en fagocitos, mastocitos y plaquetas, reconocen C1q fijado a partículas cubiertas de
complemento. El regulador plasmático del complemento fH se une a la superficie de las células del anfitrión para
protegerlas del ataque del complemento. La pérdida de capacidad de unión a la superficie del fH debido a mutaciones
puede causar enfermedades como el síndrome hemolítico urémico atípico (SHUa), caracterizado por hemólisis,
destrucción de plaquetas y daño renal. Algunas células se unen a fH mediante receptores de superficie, contribuyendo al
reconocimiento de patógenos.

Funciones del complemento: incluyen la quimiotaxia, la opsonización y activación de las células, la lisis de las
células diana y la sensibilización de la respuesta inmunitaria adaptativa. El C5a es quimiotáctico para los
macrófagos y polimorfonucleares, creando un gradiente químico que atrae a estas células al sitio de activación.
La unión de C3a y C5a a sus receptores no solo atrae a estas células, sino que también las activa, aumentando sus
propiedades de adhesión, desencadenando la extravasación y sensibilizando a los fagocitos para que liberen moléculas
proinflamatorias como enzimas, aminas vasoactivas, intermediarios reactivos del oxígeno y citocinas inflamatorias. Este
proceso es crucial para orquestar una respuesta inflamatoria efectiva en el sitio de la infección.

Además, C3a y C5a incrementan la expresión de moléculas de adhesión en los fagocitos, lo que facilita su unión a las
superficies de activación. Por ejemplo, al aumentar la expresión de los receptores CR1 y CR3, se mejora la capacidad de
los fagocitos para reconocer y fagocitar partículas cubiertas por C3b e iC3b. De esta manera, los fagocitos pueden eliminar
más eficientemente las partículas invasoras.

C3a y C5a también juegan un papel en la activación de mastocitos y basófilos, desencadenando la liberación de
histamina y citocinas, que causan contracción del músculo liso local y aumento de la permeabilidad vascular. Esto
resulta en inflamación, fiebre y dolor, que son características de la respuesta inflamatoria. Debido a su capacidad de
inducir reacciones alérgicas intensas, C3a y C5a se conocen a veces como anafilotoxinas. La actividad de C3a y C5a
está limitada en el tiempo y espacio por la acción de la enzima N-carboxipeptidasa, que reduce su actividad anafilotóxica.

El C3b y el iC3b son opsoninas importantes que cubren las superficies de activación de bacterias e
inmunocomplejos, incrementando su reconocimiento por los fagocitos. Estos fagocitos, atraídos por los factores
quimiotácticos derivados del complemento, se unen a estas partículas y las ingieren para su destrucción. La amplificación
del complemento asegura que las superficies activadoras se cubran rápidamente con C3b e iC3b, facilitando la fagocitosis.

Además de su papel en la fagocitosis, C3b juega un papel crucial en el aclaramiento de los inmunocomplejos. Al
cubrirse con C3b, los inmunocomplejos grandes se disgregan y se enmascaran sus antígenos, previniendo su precipitación
en los tejidos y facilitando su eliminación por los macrófagos. Este proceso es esencial para prevenir la acumulación de
inmunocomplejos que pueden causar inflamación y daño tisular.

El complejo de ataque a la membrana (MAC) daña ciertas bacterias y virus mediante la inserción de un poro en la
bicapa lipídica, rompiendo la barrera de la membrana. Para la mayoría de los microorganismos patógenos, la
opsonización es la acción antibacteriana más importante del complemento. Sin embargo, para las bacterias gramnegativas,
especialmente las del género Neisseria, el ataque del MAC es fundamental en las defensas del anfitrión. Los individuos
con deficiencia de componentes del MAC, como el C6, son susceptibles a infecciones por Neisseria. Aunque las
bacterias gramnegativas tienen una doble membrana celular protegida por una pared de peptidoglucanos, el MAC puede
atravesar estas estructuras para lesionar la membrana interna y causar lisis osmótica. Además, el MAC puede actuar
contra otros patógenos, incluidos algunos virus, y puede dañar o destruir células del anfitrión, lo que es relevante en
enfermedades autoinmunes.

La lisis por vecindad ocurre cuando el MAC se deposita en células cercanas no directamente responsables de la activación
del complemento. Este proceso está generalmente limitado por la presencia de CD59 y otros reguladores, y por la ineficacia
del depósito de C5b6. Los eritrocitos son especialmente vulnerables y pueden lisarse en condiciones como las
anemias hemolíticas autoinmunes, mientras que las células nucleadas del anfitrión pueden evitar la lisis, pero sufrir
activación celular debido a la entrada de iones, lo que puede contribuir a la enfermedad.

El complemento también sensibiliza la respuesta inmunitaria adaptativa. Los inmunocomplejos ligados a C3b son
efectivos en sensibilizar linfocitos B. Los linfocitos B inmaduros se unen a partículas extrañas a través del receptor de
linfocitos B (BCR) y del CR2 que reconoce C3d. Este coenlace desencadena la maduración de los linfocitos B y su
migración a los órganos linfáticos. En los ganglios linfáticos, los linfocitos B maduros encuentran antígenos opsonizados y,
en presencia de linfocitos T cooperadores, se activan y proliferan. Las células dendríticas foliculares (FDC) capturan
antígenos mediante fragmentos de C3 y los utilizan para seleccionar y madurar linfocitos B, formando células plasmáticas
y linfocitos B de memoria. La participación simultánea de CR2 y BCR en el linfocito B recluta moléculas transmisoras de
señales para formar un complejo de activación, desencadenando eficazmente la respuesta de estas células. Como
resultado, las partículas opsonizadas con el complemento pueden ser hasta 1,000 veces más efectivas en activar la
producción de anticuerpos que las partículas no opsonizadas.

Deficiencias del complemento: proporcionan información valiosa sobre las funciones del sistema inmunitario. Estas
deficiencias pueden afectar a diferentes vías del complemento y tienen consecuencias clínicas específicas según el
componente afectado. En la vía clásica, las deficiencias de C1, C4 o C2 están asociadas con un mayor riesgo de
desarrollar enfermedades autoinmunitarias, especialmente el lupus eritematoso sistémico (LES). La deficiencia
de C1q, C1r o C1s provoca LES grave en la infancia, mientras que la deficiencia de C4 también se relaciona con LES,
aunque es menos común debido a la presencia de dos genes que codifican C4 (C4A y C4B). La deficiencia de C2, la
menos frecuente en personas de raza blanca, también predispone al LES, aunque muchos individuos con esta deficiencia
permanecen asintomáticos. Estas deficiencias dificultan la eliminación de inmunocomplejos y células apoptóticas, lo que
lleva a su acumulación en tejidos y desencadena inflamación. La deficiencia de MBL (lectina fijadora de manosa) es
más común y está asociada con un mayor riesgo de infecciones bacterianas en lactantes, especialmente en aquellos
con sistemas inmunitarios inmaduros. Sin embargo, en adultos, la deficiencia de MBL suele ser asintomática, excepto en
casos de inmunodepresión, como en pacientes con VIH, donde aumenta la susceptibilidad a infecciones. En la vía
alternativa, las deficiencias de factor B (fB) o factor D (fD) impiden la amplificación del complemento, lo que reduce la
opsonización de patógenos y aumenta el riesgo de infecciones bacterianas recurrentes, especialmente por bacterias
piógenas. La deficiencia de C3, un componente central en todas las vías del complemento, provoca infecciones bacterianas
graves y recurrentes en la infancia, que pueden ser mortales sin tratamiento antibiótico preventivo. La deficiencia de factor
H (fH), un regulador de la vía alternativa, causa una enfermedad renal conocida como enfermedad por depósitos densos
(EDD).

Las deficiencias en los componentes terminales del complemento (C5-C9) predisponen a infecciones por bacterias
gramnegativas, particularmente del género Neisseria, que incluye meningococos y gonococos. Estas deficiencias se
asocian con meningitis meningocócica recurrente y septicemia. La deficiencia de C6 es la más común en personas de
raza blanca, mientras que la deficiencia de C9 es frecuente en la población japonesa.

La deficiencia del inhibidor del C1 (C1inh) causa angioedema hereditario (AEH), un trastorno caracterizado por
episodios de hinchazón grave en la piel y las mucosas debido a la desregulación de la vía de las cininas. Por otro lado, la
deficiencia de properdina, un estabilizador de la convertasa de C3 en la vía alternativa, aumenta el riesgo de meningitis
meningocócica grave, especialmente en hombres, ya que esta deficiencia se hereda de forma ligada al cromosoma X.
Además de las deficiencias genéticas, los autoanticuerpos contra componentes del complemento también pueden causar
enfermedades. Por ejemplo, los autoanticuerpos contra fH están asociados con glomerulonefritis en niños, y los
autoanticuerpos contra la convertasa de C3 (factor nefrítico) pueden estabilizar la enzima, alterando la regulación del
complemento y contribuyendo a enfermedades renales como la EDD.

Polimorfismos del complemento y enfermedad: los polimorfismos en las proteínas y reguladores del complemento son
comunes y se han asociado con enfermedades inflamatorias e infecciosas, especialmente en la vía alternativa del
complemento. Un polimorfismo frecuente en el factor H (fH), específicamente el alelo fHy402H, se asocia
significativamente con la degeneración macular senil (DMS), una causa común de ceguera. La homocigosidad para el alelo
H incrementa el riesgo de DMS hasta siete veces. Además, los polimorfismos en las proteínas C3 y fB también están
relacionados con la DMS, lo que sugiere que el descontrol de la vía alternativa del complemento es un factor subyacente
en esta enfermedad.

Resumen del documento “El complemento”


Introducción al Sistema del Complemento: es un mecanismo de defensa que forma parte de la inmunidad innata, con
tres funciones fisiológicas principales: defensa contra infecciones bacterianas, interconexión entre inmunidades innata y
adaptativa, y eliminación de complejos inmunes. Está compuesto por alrededor de 30 proteínas y tiene tres vías de
activación: clásica, alterna y de las lectinas.

Nomenclatura: para facilitar la comprensión del sistema del complemento, se utiliza una nomenclatura aceptada
internacionalmente:
• Vía clásica: se nombra con una "C" mayúscula seguida de un número del 1 al 9. Al fragmentarse durante su activación,
se añade una letra minúscula al nombre del componente (p. ej., C3a, C3b).
• Vía alterna: se utilizan letras mayúsculas (B, D, P) y, en caso de fragmentación, se añade una letra minúscula (p. ej.,
Ba, Bb).
• Vía de las lectinas: se incluyen componentes como MBL (lectina de unión a manosa) y MASP-1, MASP-2, MASP-3.

Vía Clásica: se activa cuando C1 se une a complejos inmunes formados por inmunoglobulinas o a sustancias
como proteína C reactiva, lectinas que se unen a la manosa y la proteína A del Staphylococcus aureus. El C1s del
complejo C1 actúa sobre C4 y C2 formando la convertasa del C3, que fragmenta el C3 en C3a y C3b. El C3b recién
formado se puede unir al complejo C42 y forma el complejo C42 3b el cual es el C5 convertasa que ataca al C5 fragmentado
en C5a y C5b, el cual fácilmente se une a los componentes C6, C7, C8 y C9 se llama sistema de ataque a la membrana y
es común en las dos vías.

Vía Alterna: esta vía no requiere de la presencia de complejos inmunes. Se activa por la fragmentación espontánea de
C3, formando C3b, que se une al factor B y D para formar el complejo C3bBb (convertasa del C3), estabilizado por la
properdina. Este complejo amplifica la activación de C3 y, al unirse a más C3b, forma la convertasa del C5 (C3bBbC3b),
llevando a la formación del complejo de ataque a la membrana.

Vía de las Lectinas: las lectinas, como la MBL, se unen a carbohidratos específicos en la superficie de patógenos,
exponiendo receptores para MASP-1, MASP-2 y MASP-3. MASP-2 actúa sobre C4 y C2 formando la convertasa del C3,
mientras que MASP-1 actúa sobre C3 iniciando una activación similar a la vía alterna.

Regulación del Complemento: cuenta con varios mecanismos de control, divididos en:

Proteínas plasmáticas:
• Inhibidor del C1: Inactiva la serina proteasa del C1, evitando la activación espontánea.
• C4BP: Inhibe C4b y actúa como cofactor del factor I.
• Factor H: Se une al C3b, permitiendo su escisión por el factor I.
• Factor I: Proteoliza C3b y C4b con la ayuda de cofactores.
• Proteína S (vitronectina): Inhibe la formación del complejo de ataque a la membrana.
• Inactivadores de C5a, C3a y C4a: Carboxipeptidasa B inactiva estas moléculas eliminando su aminoácido terminal.

Proteínas membranales:
• PCM (proteína cofactor de membrana): Facilita la proteólisis de C4b y C3b.
• FAD (factor acelerador del declive): Acelera la disolución de las convertasas.
• CD59: Protege a las células de la lisis inducida por el complemento.

Actividad Biológica del Complemento: desempeña varias actividades biológicas clave:


• Reacciones de Adherencia (Opsonización): La más importante de estas actividades es mediada por el C3b , facilita
la fagocitosis de antígenos mediante la unión de C3b, C4b y otros fragmentos a los receptores en fagocitos.

• Anafilatoxinas: C4a, C3a y C5a inducen la liberación de mediadores químicos en mastocitos y basófilos, causando
vasodilatación y contracción del músculo liso.
• Factores Quimiotácticos: C5a atrae fagocitos al sitio de activación del complemento.
• Factor Movilizador de Neutrófilos: C3e aumenta la movilización de neutrófilos hacia sitios de inflamación.
• Modulación de la Respuesta de Anticuerpos: C3a y fragmentos de C3 estimulan o suprimen la respuesta inmune
humoral.
• Actividad Similar a las Kininas: C2b induce vasodilatación y aumento de la permeabilidad vascular.
• Reacciones Líticas: El complejo C5b-9 induce lisis en células y bacterias.

Destrucción de Microorganismos: el complemento facilita la eliminación de bacterias y virus mediante:


• Lisis Bacteriana: Actuando en combinación con inmunoglobulinas para activar la vía clásica y formar el complejo de
ataque a la membrana.
• Opsonización: Fragmentos como C3b y C5b facilitan la fagocitosis por neutrófilos y macrófagos.
• Neutralización Viral: Algunos virus son destruidos directamente por la activación del complemento.

Enfermedades Autoinmunes y el Complemento: deficiencias en componentes del complemento (C1, C2, C4) están
asociadas con enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso. Estas deficiencias afectan la eliminación de
complejos inmunes y pueden llevar a la producción de autoanticuerpos.

Deficiencias del Complemento: las deficiencias pueden ser genéticas, por aumento en el consumo, o por manejo
inadecuado de muestras. Están asociadas con infecciones recurrentes y enfermedades autoinmunes. Enfermedades como
la glomerulonefritis y la artritis reumatoidea consumen factores del complemento, afectando sus niveles en el plasma.

Interrelación del Complemento y Otros Sistemas Biológicos: el complemento interactúa con sistemas como el de la
coagulación y el de kininas. Por ejemplo, el factor de Hageman (XII) puede activar el sistema de coagulación y el
complemento, manteniendo un estado de activación prolongado.

Laboratorio: Medida de Niveles de Complemento: se utilizan pruebas de laboratorio para medir los niveles de C3 y C4,
ayudando a identificar la vía de activación del complemento en diversas enfermedades. La prueba CH50 mide la capacidad
funcional total del complemento, indicando la activación por vías clásica o alterna.

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