Platón
Platón
Autónoma de México
UNAM
CCH Plantel Sur
Biografía y teoría
filosófica de Platón
Grupo: 532
05 de noviembre de 2024
Biografía
Platón, uno de los filósofos más influyentes de la historia, nació en Atenas en el año 427 a.C. y
falleció el año 347 a. C., su nombre en griego era Πλάτων Su nombre real era Aristocles, pero más
tarde adoptó el sobrenombre de Platón, que significa "amplio" o "espalda ancha", en referencia a
su constitución física.
Desde muy joven, mostró un gran interés por la filosofía y la política. A los 20 años, conoció
a Sócrates, quien se convertiría en su mentor y guía espiritual. Bajo la influencia
de Sócrates, Platón se adentró en el mundo de la filosofía y comenzó a cuestionar las creencias y
valores de la sociedad ateniense.
En cuanto a su educación, Platón recibió una formación sólida y diversa. Estudió matemáticas,
música, gimnasia y retórica, entre otros temas. Además, viajó a Egipto y a Italia, donde entró en
contacto con las enseñanzas de los pitagóricos y los filósofos eleáticos. Sin embargo, fue su
encuentro con Sócrates lo que marcó un antes y un después en la vida y el pensamiento de Platón.
Sócrates, reconocido filósofo ateniense, tuvo una profunda influencia en la vida y pensamiento de
su discípulo Platón. La relación entre ambos fue fundamental en la formación filosófica de Platón y
marcó el rumbo de su obra.
La influencia de Sócrates se refleja en muchas de las ideas y conceptos desarrollados por Platón.
Por ejemplo, la idea de que el conocimiento se encuentra en el interior de cada individuo y debe
ser descubierto a través del diálogo y la reflexión, es una idea que ambos filósofos compartían.
Además, la importancia de la virtud y la moralidad en la vida humana también fue un tema
recurrente en las enseñanzas de Sócrates y posteriormente en la filosofía de Platón.
Platón fundó la Academia en Atenas en el año 387 a.C. La Academia fue una institución educativa y
filosófica que se convirtió en el centro intelectual más importante de la antigua Grecia. Durante
más de 900 años, la Academia fue el lugar donde se formaron y debatieron algunas de las mentes
más brillantes de la historia.
En la Academia, Platón enseñaba a sus alumnos una amplia gama de temas, incluyendo filosofía,
matemáticas, astronomía, música y ética. El objetivo principal de la Academia era educar a los
futuros líderes de la sociedad, formándolos en el pensamiento crítico y en la búsqueda de la
verdad.
La Academia de Platón continuó existiendo incluso después de su muerte en el año 347 a.C. Sus
seguidores, conocidos como los académicos, continuaron con su legado y mantuvieron viva la
tradición filosófica de la Academia durante siglos. Fue solo en el año 529 d. C. cuando la Academia
fue cerrada definitivamente por el emperador Justiniano I.
Durante su vida, Platón escribió una serie de diálogos filosóficos que se han convertido en una de
las principales fuentes de conocimiento sobre sus ideas y pensamientos. Estos diálogos son una
forma de expresión literaria en la que Platón utiliza personajes ficticios para debatir y explorar
diversos temas filosóficos.
Los diálogos filosóficos de Platón abarcan una amplia gama de temas, desde la ética y la política
hasta la metafísica y la teoría del conocimiento. Algunos de sus diálogos más conocidos incluyen
"La República", "El Banquete" y "Fedón". Cada diálogo presenta un tema central y a través del
diálogo entre los personajes, Platón expone sus ideas y argumentos, a menudo utilizando la técnica
de la mayéutica o el arte de la interrogación socrática.
En estos diálogos, Platón explora conceptos fundamentales como la naturaleza del bien, la justicia,
la belleza y la realidad. A través de las conversaciones entre los personajes, Platón busca llegar a la
verdad y a una comprensión más profunda de la realidad. Sus diálogos son una invitación a la
reflexión y al cuestionamiento de nuestras propias creencias y conocimientos.
Los diálogos de Platón no son simplemente una exposición de sus ideas, sino que también reflejan
su estilo pedagógico y su compromiso con la búsqueda de la verdad. A través de la estructura de
diálogo, Platón invita al lector a participar en el proceso de pensamiento y a cuestionar sus propias
ideas.
Los diálogos filosóficos de Platón son una parte esencial de su legado y nos brindan una visión
única de su pensamiento y filosofía. A través de estas conversaciones ficticias, Platón nos desafía a
explorar los grandes temas de la vida y a buscar una comprensión más profunda de nosotros
mismos y del mundo que nos rodea.
Platón argumenta que solo aquellos que poseen conocimiento y sabiduría deben gobernar, ya que
son los más aptos para tomar decisiones justas y equitativas. Además, propone que la educación
juega un papel fundamental en la formación de los gobernantes, ya que solo a través del estudio
de la filosofía y la contemplación de las ideas eternas se puede alcanzar la verdadera sabiduría
Uno de los conceptos más importantes de Platón es la teoría de las ideas. Según esta teoría,
existen dos mundos: el mundo sensible y el mundo de las ideas. El mundo sensible es el mundo
que percibimos a través de nuestros sentidos, mientras que el mundo de las ideas es el mundo de
las formas perfectas e inmutables.
Platón argumenta que los gobernantes deben tener conocimiento de las ideas perfectas y
aplicarlas en la política para alcanzar la justicia y el bienestar de la sociedad. Por lo tanto, la política
ideal según Platón se basa en la aplicación de las ideas eternas y perfectas en la realidad.
Otra de las ideas destacadas en "La República" es la alegoría de la caverna. Esta alegoría representa
la ignorancia de la mayoría de las personas que viven en un mundo de sombras, sin conocer la
verdadera realidad. Platón sostiene que, a través de la educación adecuada, las personas pueden
liberarse de las sombras y acceder al mundo de las ideas.
La influencia de Platón en la filosofía occidental ha sido profunda y duradera. Sus ideas y teorías
han ejercido una gran influencia en el pensamiento filosófico y han sentado las bases para muchas
corrientes filosóficas posteriores.
Platón en la pintura “La Escuela de Atenas” de Rafael Sanzio (1510-1512)
Concepción Metafísica
La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se
articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino
tratada, desde diferentes aspectos, en varias de sus obras de madurez como "La República",
"Fedón" y "Fedro". Por lo general se considera que la teoría de las Ideas es propiamente una teoría
platónica.
Platón considera que la metafísica es el estudio de los objetos de la realidad más allá de lo que
podemos experimentar con nuestros sentidos, es decir, se centra en la investigación de la realidad
trascendental.
La primera forma de realidad, constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras
que, de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o "cosas". Además, sólo la Idea es
susceptible de un verdadero conocimiento o "episteme", mientras que la realidad sensible, las
cosas, sólo son susceptibles de opinión o "doxa".
De la forma en que Platón se refiere a las Ideas en varias de sus obras como en el "Fedón" (el alma
contempla, antes de su unión con el cuerpo, las Ideas) o en el "Timeo" (el Demiurgo modela la
materia ateniéndose al modelo de las Ideas), así como de la afirmación aristotélica en la
"Metafísica" según la cual Platón "separó" las Ideas de las cosas, suele formar parte de esta
presentación tradicional de la teoría de las Ideas la afirmación de la separación ("khorismós") entre
lo sensible y lo inteligible como una característica propia de ella.
Una de las primeras consecuencias que se ha visto de esta presentación tradicional de la teoría de
las Ideas es la "separación" entre la realidad inteligible, llamada también mundo inteligible ("kós
mos noetós") y la realidad sensible o mundo visible ("kósmos horatós"), que une a la filosofía
platónica a un dualismo, fuente de numerosos problemas para el mantenimiento de la teoría, y
que Aristóteles señalará como uno de los obstáculos fundamentales para su aceptación.
En cuanto a las Ideas, en la medida en que son el término de la definición universal representan las
"esencias" de los objetos de conocimiento, es decir, aquello que está comprendido en el concepto;
pero con la particularidad de que no se puede confundir con el concepto, por lo que las Ideas
platónicas no son contenidos mentales, sino objetos a los que se refieren los contenidos mentales
designados por el concepto, y que expresamos a través del lenguaje.
Esos objetos o "esencias" subsisten independientemente de que sean o no pensados, son algo
distinto del pensamiento, y en cuanto tales, tienen unas características similares a las del ser
parmenídeo.
Las Ideas son únicas, eternas e inmutables y no pueden ser objeto de conocimiento sensible, sino
solamente cognoscibles por la razón. No siendo objeto de la sensibilidad, no pueden ser
materiales. Y sin embargo Platón insiste en que son entidades que tienen una existencia real e
independiente tanto del sujeto que las piensa como del objeto del que son esencia, dándoles así
un carácter trascendente. Además, las Ideas son el modelo o el arquetipo de las cosas, por lo que
la realidad sensible es el resultado de la copia o imitación de las Ideas.
Por otra parte, la realidad sensible se caracteriza por estar sometida al cambio, a la movilidad, a la
generación y a la corrupción. El llamado problema del cambio conduce a Platón a buscar una
solución que guarda paralelismos importantes con la propuesta por los filósofos pluralistas:
siguiendo a Parménides hay que reconocer la necesaria inmutabilidad del ser, pero el mundo
sensible no se puede ver reducido a una mera ilusión.
Aunque su grado de realidad no pueda compararse al de las Ideas ha de tener alguna consistencia,
y no puede ser asimilado simplemente a la nada. La teoría de las Ideas pretende solucionar el
problema de la unidad en la diversidad, y explicar de qué forma un elemento común a todos los
objetos de la misma clase, su esencia, puede ser real; parece claro que la afirmación de la realidad
de las Ideas no puede pasar por la negación de toda realidad a las cosas.
Las Ideas están jerarquizadas. El primer rango le corresponde a la Idea de Bien, tal como lo
presenta Platón en la "República", aunque en otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en el
"Parménides"), la Belleza, (en el "Banquete"), o el Ser, (en el "Sofista"), que representan el máximo
grado de realidad, siendo la causa de todo lo que existe.
A continuación, vendrían las Ideas de los objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los
objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas. Platón intenta también establecer una
cierta comunicación entre las Ideas y, según Aristóteles, terminó por identificar las Ideas con los
números, identificación de la que sí se tiene constancia que realizaron los continuadores de la
actividad platónica en la Academia.
En resumen, se podrá decir que el conocimiento de las ideas según Platón explora cómo las
personas comprenden conceptos abstractos como la justicia, la belleza, el bien y la virtud. Aunque
no puedan definirlos exactamente, tienen un entendimiento compartido de su significado.
Estos conceptos actúan como patrones o referencias con los que comparamos las situaciones que
ocurren. Cuanto más se acerquen las situaciones a estos patrones ideales, más se considerarán
justas o hermosas.
Se puede mencionar que estas Ideas, incluyendo los patrones de justicia y belleza, se cree que las
tenemos dentro de nosotros según Platón. Él argumenta que todos nacemos con conocimiento de
estas Ideas, pero lo hemos olvidado. Por lo tanto, cuando aprendemos algo, en realidad estamos
recordando lo que ya sabíamos. El aprendizaje se ve como una reminiscencia de conocimientos
previos
Concepción epistemológica
La primera explicación del conocimiento de Platón, antes de haber elaborado la teoría de las Ideas,
es la teoría de la reminiscencia (anámnesis) que nos ofrece en el Menón. Según ella el alma, siendo
inmortal, lo ha conocido todo en su existencia anterior por lo que, cuando creemos conocer algo,
lo que realmente ocurre es que el alma recuerda lo que ya sabía. Aprender es, por lo tanto,
recordar.
El contacto con la sensibilidad, el ejercicio de la razón, serían los instrumentos que provocarían ese
recuerdo en que consiste el conocimiento. La teoría de la reminiscencia volverá a ser utilizada en el
Fedón en el transcurso de una de las pruebas para demostrar la inmortalidad del alma, pero Platón
no insistirá en ella como explicación del conocimiento.
En la República da una nueva explicación, la dialéctica, al final del libro VI, basada en la teoría de
las Ideas. En ella establece una correspondencia estricta entre los distintos niveles y grados de
realidad y los distintos niveles de conocimiento.
Platón lo explica mediante la “Alegoría de la línea”. Representemos en una línea recta los dominios
de los sensible y lo inteligible, uno de ellos más largo que el otro, y que se encuentre en una
relación determinada con él, según Platón. Dividamos cada uno de dichos segmentos según una
misma relación, igual a la precedente.
Sobre la parte de la línea que representa el mundo sensible están dos divisiones: la primera
correspondiente a las imágenes de los objetos materiales -sombras, reflejos en las aguas o sobre
superficies pulidas-, la segunda correspondiente a los objetos materiales mismos, a las cosas -
obras de la naturaleza o del arte-. De igual modo, sobre la parte de la línea que representa el
mundo inteligible, la primera división corresponderá a las imágenes (objetos lógicos y
matemáticos), y la segunda a los objetos reales, las Ideas.
Ahora bien, si el mundo sensible es el mundo de la opinión (doxa) y el mundo inteligible el dominio
de la ciencia (episteme) se puede decir que:
Las imágenes de los objetos materiales dan lugar a una representación confusa, llamada
imaginación (eikasía); los objetos materiales dan lugar a una representación más precisa, que
comporta la adhesión del sujeto que las percibe, y la que se llamará creencia (pístis); por su parte,
en el mundo inteligible, las imágenes de las Ideas (objetos matemáticos) dan lugar a un
conocimiento discursivo (diánoia), mientras que las Ideas mismas da lugar a un conocimiento
intelectivo (nóesis), el conocimiento de la pura inteligencia.
La dialéctica es, pues, el proceso por el que se asciende gradualmente al verdadero conocimiento,
al conocimiento del ser, de lo universal, de la Idea.
Las nociones matemáticas, que de una parte reflejan las Ideas puras, pero por otra parte sólo
pueden traducirse con la ayuda de símbolos sensibles, nos proporcionan el tipo de las nociones
mixtas de la diánoia: las matemáticas se fundan sobre hipótesis a las que consideran como
principios a partir de los cuales deducen sus consecuencias, representando así la actividad del
razonamiento discursivo.
Pero también en cuanto a su naturaleza, pues la nóesis, aunque partiendo de las hipótesis de la
diánoia pretende rebasarlas remontándose hasta los primeros principios, las Ideas, mediante una
abstracción pura, descendiendo luego hasta las conclusiones que se derivan de esos primeros
principios, pero sin valerse en ningún momento de imágenes sensibles.
Esta distinción entre la diánoia y la nóesis ha dado lugar a numerosas disputas, tanto respecto a su
naturaleza y funciones como en cuanto a la posibilidad misma de su distinción
Al comienzo del libro VII de la República, da una interpretación figurada de la alegoría de la línea a
través del conocido mito de la caverna. Pero, en la medida en que se recurre a un mito para
explicar la alegoría de la línea, las dificultades de la interpretación permanecen.
En la alegoría, Platón nos pide imaginar una caverna en la que un grupo de personas ha estado
cautivo desde su nacimiento, atadas de tal forma que no pueden girar la cabeza y solo pueden
mirar hacia una pared en el fondo de la caverna. Detrás de ellos, a cierta distancia, hay un fuego, y
entre el fuego y los prisioneros se encuentran otras personas que llevan objetos. Las sombras de
estos objetos se proyectan en la pared frente a los prisioneros, y ellos toman esas sombras como la
única realidad, ya que es lo único que han visto en toda su vida.
Para los prisioneros, estas sombras son lo más cercano a la verdad que conocen, y construyen su
comprensión de la realidad basada en estas imágenes. Sin embargo, un prisionero logra liberarse
de las cadenas y salir de la caverna. Al principio, la luz del exterior es deslumbrante y le resulta
dolorosa, pero poco a poco sus ojos se adaptan y puede ver el mundo verdadero: objetos reales, la
naturaleza, y finalmente, el Sol, que representa el bien supremo o la verdad última.
Al regresar a la caverna para contarles a los otros prisioneros sobre la realidad exterior, se
encuentra con que sus antiguos compañeros no le creen y prefieren aferrarse a las sombras,
desconfiando de su mensaje e incluso hostigándolo por sus ideas.
La caverna simboliza la ignorancia y el autoengaño en el que las personas suelen vivir, aceptando
como real solo aquello que perciben o que les enseñan sin cuestionar. En este sentido, la caverna
representa un estado de ignorancia que limita la capacidad de los individuos para entender la
verdad.
Las sombras proyectadas en la pared representan las apariencias y las ilusiones que consideramos
como realidades. Platón sugiere que la mayoría de las personas viven observando y aceptando solo
estas sombras, construyendo su percepción de la realidad sobre conocimientos parciales, creencias
o influencias externas que no necesariamente reflejan la verdad.
El mundo exterior, al que el prisionero liberado accede después de salir de la caverna, simboliza
la realidad última y el conocimiento verdadero. La luz y el Sol representan la razón, el
conocimiento y el Bien Supremo, y sugieren que alcanzar el verdadero entendimiento requiere
salir de nuestras limitaciones y enfrentarnos a la realidad en toda su complejidad.
De ahí que Platón, en la República, insista en que la Idea de Bien debe necesariamente conocerla
quien quiera proceder sabiamente tanto en su vida privada como en su vida pública; una Idea de
Bien que es única y la misma para todos los hombres.
Esta Idea de Bien es el principio supremo que ilumina y da sentido a todas las demás ideas y
acciones humanas. Platón sostiene que solo a través del conocimiento de esta Idea se puede
alcanzar la verdadera sabiduría y, por ende, la verdadera felicidad.
Al igual que ocurre con los otros aspectos de su filosofía, la ética no es objeto de un tratado
específico en el que se aborde el tema sistemáticamente. El hecho de que muchos de los diálogos
platónicos comiencen con alguna interrogación acerca de la virtud en general, o de determinadas
virtudes en particular, muestra que el interés por el análisis del comportamiento humano no es
algo accidental en Platón.
Este enfoque dialéctico permite a Platón explorar las diferentes facetas de la virtud y el bien a
través de la conversación y el debate, lo que refleja su creencia en la importancia del diálogo para
el descubrimiento de la verdad.
Platón divide el alma en tres partes: la racional, la irascible y la apetitiva. La parte racional busca la
verdad y el conocimiento, la irascible se asocia con el valor y la nobleza, y la apetitiva con los
deseos y las necesidades físicas. La justicia en el individuo se logra cuando cada parte del alma
cumple su función adecuada y está en armonía con las otras partes.
Si la justicia en la ciudad reside en que cada clase social haga lo que debe hacer, la justicia en el
hombre residirá también en que cada parte del alma haga lo que debe. Ello implica que la vida
buena para el hombre es una vida en la que se atiendan las necesidades “materiales” y
“espirituales”. La justicia, por tanto, no es solo una virtud social, sino también una virtud personal
que implica el equilibrio y la armonía interna.
La idea de que el hombre debe dar las espaldas a todo lo que signifique materia o tenga algo que
ver con la corporeidad, defendida en el Fedón, no será mantenida en los diálogos posteriores, en
los que el alma deja de ser considerada como una entidad simple y enfrentada al cuerpo, y pasa a
ser considerada como una entidad en la que podemos distinguir tres partes diferenciadas que
permiten explicar, entre otras cosas, los conflictos psicológicos de la vida del hombre, las distintas
tendencias que configuran su naturaleza.
Esta evolución en el pensamiento de Platón refleja una comprensión más compleja y matizada de
la naturaleza humana y de la relación entre el cuerpo y el alma.
En el Banquete, por ejemplo, se observa cómo a través del Eros, Platón concibe el ascenso hacia las
Ideas partiendo del amor a la belleza que observamos en las cosas sensibles, luego a la belleza en
el ser humano, hasta alcanzar la contemplación de la Belleza en sí, que se identifica con el Bien del
que nos habla en la República y que representaría el grado superior de conocimiento.
Este proceso de ascenso erótico es una metáfora del viaje del alma hacia el conocimiento y la
verdad, comenzando con la apreciación de la belleza física y culminando en la contemplación de la
belleza absoluta y eterna.
El verdadero bien del hombre, la felicidad, habrá de alcanzarse mediante la práctica de la virtud.
Platón acepta fundamentalmente la identificación socrática entre virtud y conocimiento. La falta
de virtud no supone una perversión de la naturaleza humana; por su propia naturaleza el hombre
busca el bien para sí, pero si desconoce el bien puede tomar como bueno, erróneamente,
cualquier cosa y, en consecuencia, actuar incorrectamente; la falta de virtud es equivalente, pues,
a la ignorancia. Esta concepción subraya la importancia de la educación y el conocimiento en la
formación del carácter y la conducta moral.
Sólo quien conoce la Idea de Bien puede actuar correctamente, tanto en lo público como en lo
privado, dice Platón en la República, al terminar la exposición y análisis del mito de la caverna. Este
mito ilustra cómo el conocimiento de la verdad y el bien libera al individuo de las sombras y las
ilusiones, permitiéndole vivir una vida auténtica y justa.
Cuando alguien elige una actuación que es manifiestamente mala lo hace, según Platón, creyendo
que el tipo de conducta elegida es buena, ya que nadie opta por el mal a sabiendas y adrede. En
este sentido la virtud cardinal sería la prudencia, la capacidad de reconocer lo que es
verdaderamente bueno para el hombre y los medios de que dispone para alcanzarlo. La prudencia,
o sabiduría práctica, es esencial para la toma de decisiones correctas y la orientación de la vida
hacia el bien.
Como se ha visto, establece una correspondencia entre cada una de las virtudes y las distintas
partes del alma y las clases sociales de la ciudad ideal. La parte más elevada del alma, la parte
racional, posee como virtud propia la sabiduría; pero la justicia, la virtud general que consiste en
que cada parte del alma cumpla su propia función, estableciendo la correspondiente armonía en el
hombre, impone los límites o la proporción en que cada una de las virtudes ha de desarrollarse en
el hombre.
La justicia, por tanto, es la virtud que integra y armoniza todas las demás virtudes, asegurando que
cada parte del alma y cada aspecto de la vida humana contribuyan al bien común.
El hecho de que Platón tenga una concepción absoluta del Bien hace que la función de la parte
racional del alma siga siendo fundamental en la organización de la vida práctica del hombre, de su
vida moral. La razón, guiada por el conocimiento del Bien, debe dirigir y gobernar las otras partes
del alma, asegurando que las acciones del individuo sean justas y virtuosas.
En resumen, la ética platónica se centra en la búsqueda del bien a través del conocimiento y la
virtud, con una visión integral del desarrollo humano que abarca tanto las necesidades materiales
como espirituales. La justicia y la armonía en el alma y en la ciudad son fundamentales para
alcanzar la felicidad y el verdadero bien. La educación y el conocimiento son esenciales para el
desarrollo de la virtud y la realización del bien, tanto en la vida privada como en la vida pública.
Concepción política
Para Platón, como para Sócrates antes y para Aristóteles después, la política tiene una clara
finalidad ética: hacer al ciudadano más virtuoso, mejor en tanto hombre y por ende, más feliz:
Política y moral forman juntas "la filosofía de las cosas humanas", como las llamará más tarde
Aristóteles. Pero, aunque la moral y la política son prácticas, también pueden ser enseñadas.
Educar, para Platón, es formar en la virtud. La educación es el eslabón que une moral y política.
Es por ello también que Platón en ese diálogo empieza analizando el papel de la justicia en el alma
para buscar "el curso de vida que cada uno de nosotros debe seguir" (344 d-e)- y de pronto salta a
analizarlo en el Estado, para verlo magnificado, con mayor claridad y así poder regresar al
individuo.
Para comprender la función del político en la teoría platónica es necesario conocer antes la
configuración de tres trípticos: tres teorías compuestas cada una por tres elementos: las tres clases
sociales, las tres partes del alma y las tres paradojas de su Estado ideal o las tres olas que hay que
superar, siguiendo su metáfora.
En La República Platón concibe tres clases sociales. Los guardianes, que es la clase superior
formada por los gobernantes (clase de oro la llama el filósofo en su célebre metáfora de los
metales); los auxiliares (de plata) que comprende la milicia y los agricultores y artesanos (bronce y
hierro) que forman la tercera clase, la "actividad económicamente productiva": aquí Platón
engloba a ricos y pobres, a patrones y trabajadores.
Cabe señalar que las barreras entre las clases no son infranqueables en el Estado ideal, también
cabe señalar que, aunque la esclavitud era aceptada comúnmente entre los griegos, Platón, en
esta primera ciudad, se opone a ella.
Los guardianes no tendrán derecho a ninguna propiedad fuera de los objetos de primera necesidad
ni tendrán dinero. Su función es el servicio a la comunidad y no el enriquecimiento personal (algo
que chocaba con las costumbres y creencias de su tiempo, entonces como ahora).
Es el llamado comunismo platónico. Las demás clases sociales no de ben ser ni muy ricas ni muy
pobres (República 421e) y la ciudad "ni grande ni pequeña sino suficiente y una" (423c).
Los guardianes es la clase superior que debe ser educada en el perfeccionamiento humano. Si la
ciudad perfecta debe ser valiente, prudente, temperante y justa (República 427e). En tanto que los
auxiliares serán valerosos y todos serán temperantes.
La justicia consistirá en que cada clase haga lo suyo y sólo lo suyo; los guardianes que gobiernen;
los auxiliares dispuestos a pelear y la tercera clase a producir. Este es el sentido de dike Gusticia
entre los griegos: que cada uno cumpla su función.
Platón decía que el alma humana se divide también en tres partes: la concupiscencia, elemento
irracional que busca la satisfacción de los apetitos mundanos (alimento, bebida, sexo), "amiga del
dinero y del lucro", así como de los placeres (República 581a); la cólera o coraje, también irracional
pero dirigida hacia la consecución de aspectos espirituales (honor, ambición de superación,
etcétera), "amiga del triunfo y de la honra" (República 58lb); y la razón que debe gobernar a las
otras dos partes: amante de la ciencia y del saber.
A cada parte le corresponde una virtud: a la razón la prudencia o sabiduría; a la cólera o coraje, la
valentía y a la concupiscencia, la templanza. La justicia, una vez más, consistirá en que cada parte
haga lo suyo (República 443 d-e).
Platón establece un paralelismo entre las tres clases sociales y las tres partes del alma. Así como la
cólera y la concupiscencia debían ser dirigidas por la razón, así la clase de plata y la de bronce y
hierro debían serlo por los guardianes. Es también en La República donde Platón, por boca de
Sócrates, nos habla de las hoy famosas paradojas: Con reticencias -"no sabéis el enjambre de
disputas que va a despertarse con lo que ahora pedís" (450b)- propone tres medidas radicales que
sabía iban a causar indignación por ir contra las creencias de su tiempo, y de las que no estaba del
todo seguro.
a) Las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres a la educación y a los cargos
públicos. Planteamiento revolucionario, si lo hubo. Es sabido que los griegos consideraban
inferior a la mujer;
b) b) Comunidad de hombres, mujeres e hijos. Señala que se hará todo lo necesario para que
la madre no reconozca a su hijo. Los "ciudadanos de calidad", es decir, los hijos de
hombres y mujeres superiores, unidos en la edad adecuada serán llevados al hospicio y
serán atendidos por institutrices especiales que vivirán aparte.
c) El Filósofo-Rey. Se trata de que el filósofo sea guardián y que el guardián sea filósofo:
Vistos los trípticos de Platón podremos comprender el papel que le atribuye al político. Al filósofo-
rey: ver las Ideas para lograr el saber y el bien y conducir a su pueblo hacia la virtud y la felicidad,
como la razón conduce a las otras partes del alma. El político debe unir, mezclar, entrelazar los
elementos distintos de la sociedad y, en especial, dos tipos diferentes de hombres, los enérgicos y
los moderados, por medio de la concordia y de la amistad. Ello logrará armonía entre todos,
hombres libres y esclavos.
Los políticos deben escogerse entre los mejores hombres, ser de edad avanzada, casados y con
hijos, descendientes de una larga línea de antepasados virtuosos e ilustres y con fortuna suficiente
(Carta VII 337a-d). Político real es entonces el que ejerce el poder independientemente de la
manera en que lo ejerza. Definición, ésta, que pasó al dominio permanente de la ciencia política
universal.
Las teorías sobre las formas de gobierno han sido un tema importante dentro de la ciencia política
desde los griegos. Platón elaboró la suya propia con relación al resto de sus ideas políticas y la fue
modificando gradualmente al través de sus distintos trabajos, por lo que es muy importan te
señalar dónde dijo qué cosa.
En La República señala que hay una forma de gobierno "buena y justa" que es la aristocracia, el
gobierno de los mejores. Concibe además otras cuatro formas que son "enfermedades" del Estado
y que son más graves según van descendiendo.
Son la timocracia, el gobierno de unos pocos motivados por el honor; la oligarquía, que en realidad
es plutocracia, el gobierno de los ricos; la democracia, que debía haber recibido otro nombre pues
no se refiere a la verdadera democracia sino a su deterioro. y, finalmente, la tiranía que le parece el
peor gobierno porque atenta contra la libertad y la justicia.
A cada forma de gobierno corresponde un tipo de hombre. El timocrático aspira a los cargos como
el oligarca a la riqueza, el demócrata a una igualdad (desordenada) y el tirano a la opresión. Entre
más desciende el escalafón menos virtud habrá y más dominarán los apetitos irracionales.
Es natural que en esta primera obra política Platón se inclinara por la aristocracia pues, por
definición, es el gobierno de los mejores en el sentido de virtuosos. Es también natural que le
desagradara la democracia por la experiencia que de ésta tuvo. Lo importante es que aquí las
formas de gobierno son buenas o malas según hagan o no virtuoso al ciudadano.
En El Político añade cambios significativos. Establece una nueva clasificación en la que distingue
tres formas buenas y tres malas de gobierno según se apeguen o no a la ley. Las primeras son la
monarquía (el gobierno de un rey), la aristocracia (de los ricos les llama aquí) y la democracia (de
los muchos).
Las formas malas son la tiranía, la oligarquía y una sin nombre que equivale al gobierno del pueblo
sin ley alguna. Esta nueva clasificación, como se nota, tiene dos elementos: el número de
gobernantes y el apego o no a la ley dando lugar a seis formas. Entre ellas Platón se inclina por la
monarquía y la peor le parece la tiranía; es decir, el gobierno de uno es el mejor cuando se orienta
por la ley y el peor cuando no lo hace. Para Platón lo verdaderamente importante en una forma de
gobierno es que sea justa yeso puede realizarse incluso sin ley. De ahí que aparezca una séptima
forma que es, en realidad, la mejor de todas: el gobierno de un monarca justo que se rige no por la
ley -que no puede conocer ni prever todos los casos- sino por la "ciencia", por el saber (El Político
302b-304d). Así, resulta por demás curioso que después de haber basado su clasificación en la ley
y el número, al final aparezca como la mejor forma posible una que no necesariamente se apegue
a la ley.
En Las Leyes, Platón hace nuevos cambios a su teoría sobre las formas de gobierno. Ahí señala
como la mejor a la tiranía, luego siguen la monarquía y finalmente la oligarquía. Al igual que en El
Político, Platón sigue pensando que entre mayor sea el número más difícil será la tarea de
gobernar, pero, además, añade un elemento nuevo y éste es que un tirano fuerte pero virtuoso
permite hacer los cambios necesarios rápida y eficazmente. Ahora bien, si se ven con cuidado las
distintas propuestas de Platón se
ve que la mejor forma de
gobierno es siempre una en la que
haya un reducido número de
gobernantes, que sean virtuosos y
lleven al pueblo a serlo también,
que se gobiernen por el saber o la
ciencia más que por la ley. El
cuadro que sigue ilustra las
distintas clasificaciones de Platón.
Platón sostiene que los hombres somos como marionetas jaladas por hilos que conducen a la
virtud o al vicio. La razón nos indica que debemos hacerle caso a la virtud, "la razón que se llama
ley común de la ciudad" (Leyes 644a-645c). Por eso para Platón, la ley, en clara congruencia con el
resto de su filosofía política, tiene el papel central de dirigir al hombre hacia la virtud.
Referencias
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