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Colony

El documento analiza las epidemias traídas por los españoles a América durante la conquista, destacando la viruela, el sarampión, el tifo y la malaria como las principales causas de muerte entre los indígenas, que vieron disminuir su población de 60 millones a solo 3 millones en 500 años. Se menciona que la llegada de estas enfermedades se debió al contacto con europeos y africanos, quienes introdujeron virus y bacterias a un continente donde los indígenas no tenían defensas. Además, se reflexiona sobre la importancia de aprender de estas pandemias históricas para enfrentar futuras amenazas sanitarias.

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El documento analiza las epidemias traídas por los españoles a América durante la conquista, destacando la viruela, el sarampión, el tifo y la malaria como las principales causas de muerte entre los indígenas, que vieron disminuir su población de 60 millones a solo 3 millones en 500 años. Se menciona que la llegada de estas enfermedades se debió al contacto con europeos y africanos, quienes introdujeron virus y bacterias a un continente donde los indígenas no tenían defensas. Además, se reflexiona sobre la importancia de aprender de estas pandemias históricas para enfrentar futuras amenazas sanitarias.

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Las epidemias que llegaron a América en

la conquista

LA VIRUELA FUE UNA DE LAS EPIDEMIAS QUE


TRAJERON LOS ESPAÑOLES A AMÉRICA
En el primer Capítulo de 'Historias de la Contingencia' repasamos junto a Felipe Arias de
Señal Memoria, las enfermedades que trajeron los españoles a América, las consecuencias
para los indígenas y lo que la humanidad aprendió de este proceso.

Contenido
La historia de las pandemias no solo se remite a la que
vivimos actualmente en 2020 con el Covid – 19. El
mundo, América y nuestro país se han enfrentado a
varias situaciones similares a lo largo de la historia.

Durante miles de años, los indígenas en América se


mantuvieron aislados del resto del mundo, por lo que
sus cuerpos no desarrollaron defensas contra
enfermedades que estaban presentes en Europa desde
hace tiempo atrás.

En 1492, Cristobal Colón y su expedición, en busca de


nuevas rutas, territorios y recursos, andaban explorando
las costas del caribe, recorriendo Centro América. Ellos
llevaron enfermedades que van a afectar gravemente a
los indígenas.
Lee también: Las cinco pandemias que ha atravesado
Colombia

'La conquista es un proceso lleno de violencia, como


conocemos, pero las causas de muerte más recurrentes
entre los pobladores indígenas fueron cuatro: la viruela,
el sarampión, el tifo y la malaria", explicó Felipe Arias en
Historias de la Contingencia.

Esta última se trajo desde África: recordemos que los


españoles traían esclavos negros provenientes de ese
continente, quienes también tenían sus enfermedades y
las migraron al continente americano.

Así, estos males se propagaron por todo el continente,


primero por el norte en Canadá, pasando por las
Bahamas, México y siguiendo su camino por Colombia,
Ecuador y Chile. Ningún territorio se salvó de esta
propagación.

Además: #MiFamiliaDiceSí: la ganadora campaña por la


donación de órganos

La gravedad fue tal, que de 60 millones de indígenas


que había en América hace 500 años, solo quedaron 3
millones a final del siglo: el 95% de la población
indígena murió a causa de estas epidemias.

Colombia tenía 4 millones de habitantes, antes de la


llegada de los españoles. En 1560, solo había un millón
de indígenas. Otras epidemias, como el brote de 'tifo'
acabó con el 80% de los indígenas.

Gracias a la ciencia, conocemos actualmente varios


virus y bacterias: hay procesos que han permitido
erradicar estas enfermedades, como antibióticos,
servicios de salud y vacunas.

Además, hay más sentido y conciencia del autocuidado


como sociedad: elementos que nos permiten prevenir y
enfrentar estas enfermedades. Las pandemias no son
algo nuevo: podemos disponer de mecanismos para
enfrentar amenazas como la actual.

Siempre estaremos expuestos a enfermedades, por eso


es crucial conocer lo que significa una pandemia, para
tener las herramientas que nos permitan salvar muchas
vidas y que no lamentemos millones de muertos, como
le pasó a la población indígena de hace siglos.
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Criollos, mestizos, mulatos o


saltapatrás: cómo surgió la
división de castas durante el
dominio español en América
Darío Brooks
BBC Mundo

12 octubre 2017

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INAH/MUSEO NACIONAL DEL VIRREINATO

La población mestiza es la que predomina en la mayor parte de lo que era el Virreinato de la Nueva España:
México y Centroamérica.

Hace poco más de un siglo, en 1913, se estableció el día para la celebración de la unión entre
España y los pueblos de América.

El impulsor del Día de la Raza o Día de la Hispanidad, el político español Faustino Rodríguez-San
Pedro, dijo que era un homenaje "a la intimidad espiritual existente entre la nación descubridora y
civilizadora y las formadas en el suelo americano".

Pero durante tres siglos de Imperio Español en las "Indias" de América, lo que realmente
gobernaba era una marcada y muy práctica división de clases sociales.

El pequeño pueblo donde españoles y portugueses se repartieron América

La división se llamó sistema de castas y funcionó en los virreinatos y territorios de la corona


española.

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"Es el orden con el que se gobiernan las Indias. Los españoles conquistadores no vienen a trabajar,
vienen a que los indios y los negros trabajen para ellos", explica a BBC Mundo Federico Navarrete,
doctor en Estudios Mesoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Con el descubrimiento de América en 1492 y en las décadas siguientes de colonización,


comenzaron a marcarse tres grupos socialesbásicos:

Blancos: españoles peninsulares o nacidos en América.

Indios: habitantes originarios de América.

Negros: esclavos traídos de África.

La mezcla entre esos grupos dio lugar a las castas, una clasificación de las personas dado su
linaje, quiénes eran sus progenitores y qué lugar ocupaban en la sociedad medieval de aquello
siglos.

Y de esa mezcla surgió una curiosa lista de 16 combinaciones básicas, aunque las mezclas
posibles son innumerables.

Otros peculiares nombres como calpamulato, coyote, cuarterón, genízaro, jarocho, tresalvo,
zambo, entre muchos otros, hacían más grande la lista.

Nunca hubo una limitación a la mezcla y hasta esas fronteras entre un grupo y otro eran
borrosas: "No era un sistema de clasificación sistemático. La verdad no era un sistema tan rígido",
explica Navarrete.

Los secretos escondidos bajo el Códice Selden, el libro que cuenta la historia del sur de
México antes de la conquista

Y se podía manipular, pues era frecuente que se buscara que un hijo fuera registrado como blanco
para que tuviera un estatus más alto para lo cual "se sobornaba al cura o se conseguían un
padrino español", dice el investigador.

Explotar la base
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El uso de todas estas distinciones en realidad tiene que ver con un fin práctico, más allá de la
concepción moderna de la raza que surgió hasta principios del siglo XIX.

"Antes que nada es un sistema de dominación política y económica. No son prejuicios raciales,
porque las castas no son razas, no hay que confundir eso", explica Navarrete.

"Dios te perdone": las cuevas en el Caribe que esconden uno de los primeros diálogos entre
los conquistadores españoles y los indígenas americanos

"Si recibían el apellido del padre blanco y los incorporaba a su familia, esos hijos contaban como
blancos, independientemente de la 'raza'", añade el experto de la UNAM.

GETTY IMAGES

La comunidad indígena actual en México es 6,5% de la población del país, mientras que la raza mestiza es la
predominante.

Los indígenas eran la gran base poblacional de América y por lo tanto eran la base del sistema
económico, principalmente en el Virreinato de la Nueva España y el del Perú.

Los blancos ocupaban los puestos privilegiados de la estructura política y económica, mientras
que los indios tenían que trabajar y pagar un tributo a la corona. Los esclavos solo vivían para
trabajar.

Ponte a prueba: ¿cuánto sabes de las lenguas indígenas de América Latina?

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La explotación de esa fuerza de trabajo era el principal objetivo de los colonizadores. Que una
persona fuera de una casta u otra en realidad no añadía ni quitaba derechos, pues más bien la
posición económica y social era la determinante.

"Los mestizos estaban en posiciones intermedias: no tenían que pagar el tributo de los indios, ni
eran esclavos como los negros, pero tampoco tenían los privilegios de los españoles", explica
Navarrete.

Los cuadros de castas


Una muestra de la división de castas fue elaborada por varios artistas de la época a través de
pinturas conocidas como "cuadros de castas".

"Fueron una elaboración de la política racial oficial, cómoda para las ansiosas, o quizá
inconscientes elites patrocinadoras", escribe el historiador estadounidense William Taylor.

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Historia
¿Pero quién fue realmente Sebastián de Belalcázar? ¿Fue un héroe o fue un
villano? El catedrático, abogado e historiador Alberto Ramos Garbiras
escribió una columna para el Diario Occidente en la que cuenta quién fue
en realidad el fundador de Cali. Este es el texto:

Sebastián de Belalcázar: oro, tierras y genocidios


Inmenso número de españoles continuaron realizando viajes a ultramar
después de la tercera navegación de Cristóbal Colón (1498), decían venir a
evangelizar (traían curas doctrineros) para extender el cristianismo. En
medio de estos viajes, a los pocos años, se conforma la Monarquía
Universal Católica con la posesión de Carlos V en 1516, pero la mentalidad
de esos aventureros españoles seguía enfrascada en el fanatismo de las
cruzadas, y en las aventuras de los libros de caballerías como la del autor
Garci Rodríguez de Montalvo, o las producidas antes y después de la
titulada Amadís de Gaula. Además, los españoles fueron invadidos por los
moros desde el siglo VIII y solo en enero de 1492 lograron expulsarlos
después de la toma de Granada. Esta invasión de 7 siglos los había
fanatizado y radicalizado más en el aspecto religioso, con énfasis desde la
regencia de los reyes católicos de Castilla y Aragón, y luego el ascenso del
Carlos I en España y V en otros territorios.

La mayoría de los españoles que arribaron a América y los que penetraron


a la tierra firme (Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala, México, Perú,
Ecuador, Colombia, Venezuela), para mencionar solo Centro América y el
norte de Suramérica; asesinaron indígenas sin piedad, siendo católicos no
practicaron los mandamientos ni la caridad cristiana, con el pretexto de
que eran bárbaros ateos. Sebastián de Belalcázar practicó el ataque con
muertes masivas o genocidios en Panamá, Nicaragua, Honduras, Perú y
Ecuador, antes de llegar al Valle del Cauca, cuando tenía 56 años.

Fue segundo al mando de militares asesinos como Pedrarias Dávila,


Hernández Córdoba y Francisco Pizarro, o sea tenía de aprendizaje la
escuela más cruel de arrasamiento. Entre Panamá y Nicaragua, en diez
años (1514 / 1524) asesinaron a más de 800.000 personas, con las
instrucciones de Pedrarias Dávila y Hernández Córdoba, quienes fungían
de gobernadores, y Belalcázar, de capitán. Hicieron exacciones de más de
un millón de Castellanos, dinero de la época, y reportaron al Rey en
mercedes o pagos solo 3.000 castellanos, o sea defraudación al fisco Real.

Los españoles al llegar a América trasplantaron el feudalismo, modo de


producción con el que convivían, pero como no trajeron campesinos a
trabajar, ni labradores, peones, siervos de la gleba para cultivar la tierra, o
sea, no trajeron agricultores para cultivar y cosechar; si venían campesinos
como el mismo Belalcázar y miles más, pero llegaban con el proyecto
ambicioso de apoderarse de la tierra a nombre del Rey, y a convertirse en
encomenderos, por esta razón a los indígenas que sobrevivieron a los
genocidios (excepto los que se pudieron escapar), los obligaron a trabajar
la tierra, dedicarse a la búsqueda del oro y los obligaron a ser cargueros de
todo lo que necesitaban transportar: La esclavitud indígena. Con el
pretexto de convertirlos a la religión católica, sacarlos de la impiedad, o
aniquilarlos para la salvación eterna sino se sometían al trabajo agrícola.

Del Ecuador a Cali


Belalcázar venía del Ecuador, eliminando indígenas, almacenando oro,
perlas y joyas; quemaban las aldeas con casas de techo de paja, a los
sobrevivientes los herraban para tomarlos como esclavos; la metodología
la explicó Fray Bartolomé de Las Casas y la sinteticé en mi anterior
columna titulada “Estatuas y falsos héroes”, publicada en esta Revista Sur.
Antes de llegar al Valle venía de invadir la zona de Timbío y sus
alrededores, atacó a los Timbas con dos ejércitos, los militares españoles y
los indígenas reclutados para la guerra como felones; primero llegaba una
avanzada para aplacar a los indígenas.
Bartolomé de Las Casas dice que practicó guerras injustas, crueles,
sangrientas y tiránicas. Mataban a los hombres adultos, dejaban vivos a
los jóvenes y a las mujeres para esclavizarlas en la servidumbre de todo
tipo. Según este cronista de quien nadie duda que recopiló información con
otros capellanes, “los indígenas en gran parte de las ocasiones no se
opusieron a la llegada de los españoles “cristianos”, porque no sabían de
sus intenciones y modo de obrar, pero, los trataron peor que a las bestias,
como estiércol de plaza. Todos han muerto sin fe ni sacramento,
¿entonces dónde quedaba la evangelización?”.

En la segunda edición del libro “Brevísima relación de la destrucción de las


indias”, publicado con ajustes y ampliaciones en 1552, un año después de
la muerte de Belalcázar en Cartagena, en la parte final del libro, Bartolomé
de Las Casas, anexa una carta de 8 páginas donde un militar español que
acompañó a Belalcázar entre Cali y Cartago, menciona otros españoles
que protagonizaron varios eventos con él ese año de 1536, entre ellos,
Miguel Muñoz, Alonso Sánchez Nuita, Pedro Lobo, Morán, Pedro Solano,
Antonio Redondo, Marco Márquez, Francisco Gaviria Tobar, Martín de
Aguirre y otros.

Narra en esta carta las atrocidades cometidas. Juan De Ampudia ya había


llegado como avanzada al pueblo denominado Palo, enviaba los indígenas
Yanaconas adelante (los que les servían como ejército colaboracionista),
para ubicar las tribus y robarles la comida que los indígenas tenían
almacenada, quitarles el ganado de ovejas, estos Yanaconas comían solo
el corazón y los sesos de las ovejas. Ampudia fundó la villa de Ampudia:
cuatro comunidades había en las cercanías: Los Jamundí, Los Palo, los
Soliman y los Bolo.

Masacre
Sobre la masacre de los Lilíes se observa en esta carta encontrada en una
imprenta de Sevilla (España) que, después de quitarles las cosechas
guardadas, quemaron sus casas, les quitaron las tierras, durante muchos
días combatieron con ellos y apresaron a los sobrevivientes. Lo mismo
sucedió con la comunidad indígena de los Tolilicuy; Belalcázar les solicitó
oro, y les expedían una certificación o Cédula(redactada por un amanuense
porque Belalcázar no sabía escribir), luego el indio que no mostrara la
Cédula, era presa de los perros mastines que los destrozaban. Así, algunos
de los sobrevivientes huyeron a las montañas y quedó desolado el sitio.
Otra táctica de Belalcázar era poner a pelear o hacer enfrentar a los indios
de las montañas con los de la planicie (los de la montaña eran belicosos y
algunos antropófagos), como los Olomas y los Manipos, generando
guerras Inter-tribales.
La historia oculta de Cristóbal Colon

Cada vez que llega el 12 de octubre, el calendario marca que en esta fecha se
conmemora el Día de la Raza, en homenaje al descubrimiento de América,
compartimos la reflexión que nos hace llegar la agencia de prensa mundial Noticias
RTV de México, importante recordar y meditar un poco en esto.

Si Cristóbal Colón estuviera vivo hoy, ¿sería juzgado por crímenes contra la
humanidad? El Reino de terror de Colón es uno de los capítulos más oscuros de
nuestra historia. Sorprendentemente, Colón supervisó la venta de niñas nativas para la
esclavitud sexual.

Las niñas de 9 a 10 años eran las más deseadas por sus hombres. En
1500, Colón escribió sobre ello en su diario. Dijo: "Cien castillos son tan
fáciles de conseguir por una mujer como por una granja, y esto es muy
general y hay muchos traficantes que buscan niñas; las de nueve a
diez años están ahora en demanda"
Colón obligó a estos pacíficos nativos a trabajar en sus minas de oro hasta que
murieron de agotamiento.

Si un trabajador "indio" no entregaba toda su cuota de polvo de oro antes de la fecha


límite dada por Colón, los soldados le cortaban las manos y se las ataban al cuello para
enviar un mensaje. La esclavitud era tan intolerable para esta dulce y gentil gente que
en un momento cien de ellos se suicidaron en masa. La ley católica prohibía la
esclavitud de los cristianos, pero Colón resolvió este problema. Simplemente se negó a
bautizar a los nativos de La Española.

En su segundo viaje al Nuevo Mundo, Colón trajo cañones y perros de ataque. Si un


nativo se resistiera a la esclavitud, le cortaría una nariz o una oreja. Si los esclavos
trataban de escapar, Colón los quemaba vivos. Otras veces, enviaba perros de ataque
para cazarlos, y los perros arrancaban los brazos y las piernas de los nativos que
gritaban hasta morir. Si los españoles se quedaban sin carne para alimentar a los
perros, los bebés arahuacos eran matados para darles de comer.

Los actos de crueldad de Colón fueron tan indecibles y tan legendarios - incluso en su
época - que el gobernador Francisco De Bobadilla arrestó a Colón y a sus dos
hermanos, los ató con cadenas y los envió a España para que respondieran por sus
crímenes contra los arahuacos. Pero el rey y la reina de España, con su tesoro lleno de
oro, perdonaron a Colón y lo liberaron.

Uno de los hombres de Colón, Bartolomé De Las Casas, estaba tan mortificado por las
brutales atrocidades de Colón contra los nativos que dejó de trabajar para él y se
convirtió en un sacerdote católico. Describió cómo los españoles bajo el mando de
Colón cortaban las piernas de los niños que huían de ellos para probar el filo de sus
cuchillas. Según De Las Casas, los hombres hacían apuestas sobre quién, con un solo
golpe de su espada, podía cortar a una persona por la mitad. Dice que los hombres de
Colón derramaban jabón hirviendo sobre los nativos rebeldes.

En un solo día, De Las Casas fue testigo ocular cuando los soldados españoles
desmembraron, decapitaron y/o violaron a 3000 nativos. "Se cometieron tales
inhumanidades y barbaridades a mis ojos sin paralelo en ninguna época", escribió De
Las Casas. "Mis ojos han visto estos actos tan extraños a la naturaleza humana que
ahora tiemblo mientras escribo"

De Las Casas pasó el resto de su vida tratando de proteger a los indefensos nativos.
Pero después de un tiempo, no quedaban nativos que proteger. Los expertos coinciden
en general en que antes de 1492, la población de la isla de La Española probablemente
superaba los 3 millones de habitantes. A los 20 años de la llegada de los españoles, se
redujo a sólo 60.000. En 50 años, no se pudo encontrar ni un solo habitante nativo
original.

En 1516, el historiador español Pedro Mártir escribió:

"Un barco sin brújula, gráfico o guía, pero sólo siguiendo el rastro de los indios muertos
que habían sido arrojados de los barcos podían encontrar su camino desde las
Bahamas hasta La Española."

Cristóbal Colón obtuvo la mayor parte de sus ingresos de la esclavitud, observó De Las
Casas. De hecho, Colón fue el primer traficante de esclavos de las Américas. Cuando
los esclavos nativos se extinguieron, fueron reemplazados por esclavos negros. El hijo
de Colón se convirtió en el primer comerciante de esclavos africanos en 1505.

Fuentes: Trata de esclavos -asesinos en masa- colón central irlandés- Libro de Todorov
la conquista de America. Extractos de Bartolome de las Casas.

En síntesis, la retocada historia oficial ha sido escrita y contada por criollos que se creen
de linaje real español, dejando archivados muchos pasajes macabros como los
descritos arriba. Por otra parte, las estadísticas más recientes cuentan que Colón,
Cortéz, Pizarro y demás protagonistas sanguinarios de la conquista y la colonia,
torturaron y asesinaron más de 60 millones de nuestros antepasados aborígenes.

Esto es lo que nuestros dirigentes nos han llevado a celebrar, conmemorar, honrar,
homenajear durante siglos. Si usted tiene algo de amor por su tierra, conciencia y
sentido común, lo invitamos a no o ser participe de la celebración de esa masacre, de
las lágrimas y el dolor de nuestros ancestros. Es más, si tuviéramos verdadero amor por
nuestra patria nativa y un poco de conciencia, formaríamos un movimiento masivo para
recoger varios millones de firmas y cambiarle el nombre a nuestro país, con el fin de
honrar a un verdadero patriota nacido en nuestra tierra y no a un extranjero invasor,
esclavista, violador, ladrón y genocida peor que los peores criminales de la historia
como Herodes, Nerón, Adolfo Hitler y Joseph Stalin.
12/7/24, 10:21 a.m. Sagipa - Enciclopedia | La Red Cultural del Banco de la República

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Sagipa

Sagipa

Información
Tabla de contenido Nombre Sagipa

Nacionalidad Colombiana
1.1 Biografía
Líder Indígena,
1.1.2 Lucha contra los españoles Ocupación
Mandatario Muisca
1.2.3 Conversaciones con Gonzalo Jiménez de
Territorios indígenas
Quesada País de
precolombinos actual
2.4 Bibliografía nacimiento
República de Colombia

Territorios indígenas
País de
precolombinos actual
fallecimiento
Biografía Fecha de
República de Colombia

1539
fallecimiento
Mandatario muisca, último zipa de Bogotá, máxima jerarquía
Images
política de los muiscas que ocupaban la parte sur del altiplano
cundiboyacense, muerto en 1539. Los territorios de Sagipa
colindaban por el norte con los del zaque tunjano, quien gobernaba la otra gran unidad política de los
muiscas. Antes de la llegada de los españoles al altiplano, Sagipa había sido general de las tropas del
zipa Nemequene en sus enfrentamientos con los panches y con los ejércitos del zaque. Posteriormente,
el sucesor de Nemequene, su hermano y antecesor en el cargo, Tisquesusa, lo mantuvo como general
de su ejército.

Lucha contra los españoles


Como tal, continuó las acciones ofensivas contra el zaque Quemuenchatocha, hasta que la mediación
de Sugamuxi, el cacique de Iraca, logró que las partes acordaran una tregua, que estaba por expirar
cuando llegaron los españoles al territorio muisca en 1537. Ante la invasión europea, el zipa y su
hermano Sagipa adelantaron acciones para repeler al enemigo. A1 morir Tisquesusa a manos de los
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12/7/24, 10:21 a.m. Sagipa - Enciclopedia | La Red Cultural del Banco de la República
españoles, Sagipa asumió el mando. El cacique de Chía, quien se había aliado con los españoles,
alegó que, de acuerdo con las leyes de sucesión del Zipazgo entre los indígenas, éste no le
correspondía a Sagipa, sino a él como cacique de Chía. Sin embargo, Sagipa contaba con el respaldo
de buena parte de las tropas del reino, las cuales querían vengar la muerte del zipa Tisquesusa y
repeler a los intrusos. Sagipa se mostró tan beligerante como su antecesor. Sus continuos ataques, si
bien no ocasionaron bajas en el enemigo, se constituyeron en un elemento de sobresalto que impedía
la total sujeción de los indígenas.

Sus constantes ataques mantenían ocupados a los españoles, quienes no podían alejarse de sus armas
en ningún momento. La insistente agresión comandada por Sagipa obligó a los españoles a retirarse a
Bosa, cuyo terreno, menos pantanoso, no presentaba tantas dificultades para la movilización de]os
caballos, como sucedía en Bogotá. El cambio de sede de las tropas españolas dificultaba y hacía más
peligrosos los ataques para las tropas muiscas.

Conversaciones con Gonzalo Jiménez de Quesada


Sagipa decidió entonces entablar conversaciones de paz con Gonzalo Jiménez de Quesada, para lo
cual se dirigió a Bosa cargado de regalos, siguiendo en esto las costumbres de los líderes muiscas. Las
negociaciones duraron varios días y, poco después de que concluyeran, se recibió la noticia del ataque
de las tropas panches a Zipacón, donde habían causado grandes estragos entre los pobladores del
área. Sagipa procedió a solicitar el apoyo de Quesada para emprender acciones contra los panches,
tomando como base los acuerdos a los que habían llegado y los daños que los panches podían
ocasionar indirectamente a los españoles, al destruir la producción muisca de alimentos.

Quesada y sus tropas estuvieron de acuerdo en apoyar a los muiscas y, junto con veinte mil guerreros,
se dirigieron al territorio panche. La expedición contra estos últimos tuvo éxito y la ocasión fue
aprovecharla para obtener el sometimiento de los vencidos al rey español. Al regresar al altiplano,
donde se realizaron grandes festejos para celebrar la victoria, los españoles detuvieron a Sagipa,
alegando que había usurpado el trono y que mantenía bajo su poder el tesoro de su antecesor, el cual
les pertenecía a ellos.

El dirigente argumentó que el zipa lo había escondido, pero ante la insistencia de los europeos,
convino en entregarlo, feriando un bohío con oro. A1 no cumplir con su promesa, fue encadenado y se
entabló un proceso formal en su contra. Saxagipa fue sentenciado y se le sometió a varias torturas, a
consecuencia de las cuales murió en los primeros meses de 1539

Marta Herrera Ángel

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Una breve narración de la esclavitud en
Colombia
Exposición A bordo de un navío
esclavista, La Marie-Séraphique

La exposición A bordo de un navío esclavista, La Marie-Séraphique. Colecciones del


Museo de Historia de Nantes - Castillo de los duques de Bretaña trae al Museo del
Oro objetos, documentos y explicaciones que describen desde el punto de vista de
Francia la trágica historia de la trata esclavista. El Museo del Oro la complementa
entretejiendo una línea narrativa, que aquí retomamos, para destacar los principales
aspectos de la trata en el territorio hoy colombiano.
Cartagena, puerto de trata de africanos
cautivos y esclavizados
En este mapa se observa claramente el puerto de Cartagena. Fundada en 1533,
Cartagena de Indias se convierte en el siglo XVI en un importante puerto del imperio
colonial español. Principal puerto esclavista del Caribe hasta 1615, junto con
Veracruz, la ciudad crece considerablemente debido al comercio de personas
esclavizadas y de oro. Los historiadores estiman que 196.000 cautivos originarios
de África Occidental, principalmente de la costa de Angola, fueron desembarcados
en el puerto cartagenero entre 1500 y 1641. Durante este periodo, en comparación
con los otros puertos esclavistas de las colonias del mar Caribe, Cartagena tuvo el
papel económico más importante al comienzo de la trata y la esclavitud en América
del Sur.

Cartagena deja de ser desde inicios del siglo XVII un punto de llegada principal para
los buques esclavistas españoles y luego portugueses que hacen el viaje en línea
recta de un lado al otro del Atlántico. A partir de 1650 es sustituida por otros puertos
más rápidamente accesibles desde las costas africanas gracias a las corrientes del
Atlántico Sur, como los de Recife, Salvador de Bahía y Rio de Janeiro.

El oro en la Nueva Granada y la


gobernación de Popayán
Durante la época colonial, la explotación del oro es la actividad económica
primordial en la Nueva Granada y la gobernación de Popayán. El oro americano
atiende la demanda de metales preciosos convertibles en moneda por parte de las
potencias europeas con una economía en expansión. Ofrece una alta rentabilidad
debido a su alto valor por unidad de peso y volumen, que justifica el largo y costoso
transporte por el océano, y por la relativa abundancia de este metal en estos
territorios, que permite una explotación a bajo costo, mediante el uso de la población
indígena sometida al régimen de la encomienda y la mita. Desde finales del siglo
XVI hasta la abolición de la esclavitud a mediados del XIX, el duro trabajo minero
pasa a ser realizado por africanos esclavizados.

¿Por qué introducir esclavizados a las


colonias españolas?
La introducción masiva de africanos esclavizados a las colonias españolas es
originada en primer lugar por la rápida disminución demográfica de la población
indígena a finales del siglo XVI, a causa de las guerras de conquista, las epidemias,
el trabajo forzado y la desarticulación de su organización social, económica, política
y religiosa bajo el régimen colonial. La Corona española expide entonces leyes que
buscan proteger a los indígenas de la esclavización —Cédula Real del 2 de agosto
de 1530. En la Nueva Granada y la gobernación de Popayán, al intensificarse la
explotación minera y expandirse la frontera agrícola y ganadera para abastecer de
alimentos a los distritos mineros, se incrementa la demanda de mano de obra
esclava africana durante los siglos XVII y XVIII. El duro e intenso trabajo en las
minas y los malos tratos hacen que la población esclavizada debe ser renovada
permanentemente con nuevos cautivos traídos del África.

La legislación española sobre los


esclavizados
La corona española expide muy pronto leyes para reglamentar lo relativo a los
africanos traídos a las colonias como cautivos y sus descendientes. Estas normas
establecen, entre otras, su estatus en la sociedad, el trato, los costos, las
ocupaciones permitidas y las prohibiciones. En 1574 se les prohíbe tener hierros
para marcar ganado, lanzas y caballos. Un poco más tarde, se les impide reunirse,
asistir en grupo a bodas, bautismos y velorios, el baile público y el juego, y usar
ciertas prendas, como joyas de oro, plata y perlas, vestidos de Castilla y mantos de
seda. Los religiosos no deberían consentirlos. Para desestimular la huida y el
cimarronaje, causantes de la pérdida de la inversión económica en el esclavizado y
que ponían en riesgo la vida y los bienes de los españoles, se establece una escala
de castigos, desde los azotes a la pena de muerte. En 1789 Carlos IV promulga una
real cédula inspirada en el Código Negro francés, y para garantizar su cumplimiento
establece que un inspector visite tres veces al año las haciendas y que los religiosos
que van a enseñar la doctrina puedan remitir las denuncias que reciban.
Documentos coloniales demuestran, sin embargo, que no siempre se acatan estas
normas.

Los asientos de negros


Durante la época colonial, España otorga diversos asientos de la trata esclavista
—contratos de monopolio— a particulares y a otras potencias europeas que poseen
factorías en las costas africanas y cuentan con grandes compañías especializadas
en el comercio de personas, como las de Cacheu, de Portugal, Guinea, de Francia,
y Mar del Sur, de Inglaterra. El otorgamiento de estos monopolios estuvo
influenciado por las guerras, conflictos y alianzas del momento entre España y esas
potencias. De 1580 a 1640, mientras España y Portugal se encuentran unidas bajo
una misma corona, la trata es del dominio de los portugueses, al igual que a finales
del siglo XVII. Los holandeses tienen el control durante buena parte de la segunda
mitad del XVII, los franceses en las primeras décadas del XVIII e Inglaterra en el
resto de este mismo siglo. Este comercio, que con frecuencia encubre el
contrabando de mercancías, contribuyó al enriquecimiento, poderío y rivalidad entre
las potencias mercantilistas.

Procedencia de los esclavizados


Los esclavizados que ingresan a la Nueva Granada y la gobernación de Popayán
por el puerto de Cartagena provienen de una gran diversidad de pueblos de
diferentes regiones de África. A lo largo de la época colonial, las potencias europeas
detentoras de los asientos traen cautivos de las comarcas en donde tienen sus
factorías. A través del intenso contrabando llegan también esclavizados de diversos
orígenes. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII predominan los yolofos,
mandingas, fulupos y berbesíes del África Occidental; en la primera mitad del XVII,
los pueblos bantúes de la cuenca del Congo en África Central, y desde mediados
del XVII y en el XVIII, gente ewé, akán, popo e ibo de la costa del África
Centro-Occidental.

“Bienes costosos”: los esclavizados


En la Nueva Granada, los cautivos africanos son vendidos en el puerto de
Cartagena a las élites de la región y a personas dedicadas a actividades soportadas
en la fuerza de trabajo esclava, procedentes de esta y otras regiones. Entre ellos se
destacan los comerciantes involucrados en la trata, que adquieren lotes de hasta
100 “piezas” —una “pieza” completa equivalía a un esclavizado de “primera calidad”
con ciertas características o varios considerados de menor valor— con el fin de
revenderlos en las regiones del interior o en los mercados de las otras colonias
españolas. Las reventas se hacen a precios muy altos, lo que convierte a los
esclavizados en un bien costoso para sus compradores y deja enormes ganancias a
los intermediarios.

Con sus saberes como equipaje

Los pueblos africanos poseen complejos saberes y destrezas que los cautivos
deportados a las colonias traen consigo y son aprovechados por los amos, así como
para su propio beneficio en los palenques y los reales de minas. Traen así
conocimientos sobre la agricultura de cereales como el millo y el arroz, de
tubérculos como el ñame, y de algodón, caña de azúcar y plátano. También saben
de ganadería de bovinos, de apicultura y de la cría de cerdos y aves de corral, de
pesca y recolección de moluscos. Saben forjar el hierro y dominan la joyería en oro
y en cobre. Estas experticias y numerosos elementos culturales —música, danza y
rituales, entre otros— se entremezclan en las colonias con los de indígenas y
europeos.

El aporte de los esclavizados a la


economía y la vida colonial
En el territorio de la actual Colombia, los africanos esclavizados son destinados ante
todo a la extracción del oro, inicialmente en los recién descubiertos yacimientos de
San Jerónimo, Cáceres y Zaragoza, en Antioquia, y a partir de finales del siglo XVII
hasta 1800 en las minas del Chocó y otras del Pacífico, así como en nuevas zonas
del distrito antioqueño. Otro buen número de africanos y sus descendientes son
empleados en el trabajo de las haciendas agrícolas —de caña de azúcar, cacao,
tabaco y añil, entre otros— y ganaderas, al igual que en trapiches, cuya producción
sirve para abastecer el consumo regional. Oficios como la carpintería, la herrería, la
sastrería, la zapatería, la orfebrería y la albañilería son desempeñados con
frecuencia por población esclava, a veces con conocimientos traídos desde su lugar
de origen. Algunas mujeres ejercen la partería y la curandería con plantas, junto a
actividades que son tildadas de brujería.

También se los emplea en la pesca de perlas y como bogas y cargueros. Las élites
urbanas compran esclavizados para las diferentes labores domésticas y los alquilan
para construir obras públicas o desempeñar algún oficio. Poseer esclavizados es
una inversión rentable y de lujo, con la que se adquiere prestigio. La economía y la
vida en general en la Nueva Granada y la gobernación de Popayán durante la
Colonia son posibles gracias al trabajo y los saberes de la población esclavizada.
¡Resistencia!
Desde muy temprano en la Nueva Granada y la provincia de Popayán, la
explotación y los malos tratos, entre otros, llevan a los esclavizados a emprender
acciones de resistencia, como las rebeliones y la fuga. Santa Marta, por ejemplo, es
incendiada por africanos fugitivos en 1530, a los pocos años de fundada. Los
cimarrones, o escapados, emprenden la fuga hacia lugares apartados y de difícil
acceso para asentarse y organizarse con plena autonomía y libertad.

En casi todas las regiones esclavistas los cimarrones crean palenques,


asentamientos rodeados de empalizadas que recuerdan las fortificaciones de los
reinos africanos, en donde inventan formas de cultura y organización social,
económica y política propias. En la gobernación de Cartagena en el siglo XVII, se
constituyen en un grave problema, pues además de incitar la huida de otros
esclavizados, los palenqueros asolan las villas y ciudades, destruyen las haciendas
y obstaculizan el transporte terrestre y fluvial. En las zonas mineras, extraen oro,
que intercambian por armas para atacar las poblaciones españolas y defenderse de
las autoridades coloniales que arremeten para someterlos. El palenque de Castillo,
al occidente del valle del Patía, es uno de los más temidos en la gobernación de
Popayán. En ocasiones, ante los graves daños que causan, el alto costo de la
guerra y la imposibilidad de someterlos, los españoles deciden establecer la paz con
ellos.

Otras formas de resistencia se dan en la vida cotidiana, como la destrucción de


herramientas y la disminución del ritmo de trabajo. Así mismo, con la recreación
clandestina de prácticas africanas de música, danza, comida, peinados y medicina,
entre otros, y con la generación de sincretismos religiosos.
Los avatares de la libertad
En la Colonia, los esclavizados pueden conseguir su libertad por dos vías legales: la
manumisión voluntaria y gratuita concedida por el amo —que es bastante
excepcional— y la compra de su propia libertad, con el consentimiento del amo
—que no siempre la daba—. El trabajo en jornadas extras en la minería, en el
campo o en otras labores, les permite ahorrar pequeños excedentes que destinan
para su liberación o la de algún familiar; otros se endeudan. La huida es una vía de
hecho para obtenerla.

El camino hacia la abolición es largo y con retrocesos. A principios del siglo XIX,
España, asediada por la amenaza de independencia de las colonias americanas y
ante el temor de una revolución como la haitiana, se plantea otorgar la libertad a los
esclavizados. Pero los amos no están dispuestos a renunciar a un bien costoso sin
una indemnización, y exponen los peligros de la manumisión para la economía
imperial. El mismo temor a un levantamiento y una toma del poder por los
afrodescendientes ronda a los criollos revolucionarios, por lo que Bolívar ofrece
concederles la libertad a los que se unan a la campaña independentista.

La crisis del sistema esclavista con el desarrollo del trabajo por jornales, las mezclas
interraciales, el alto precio de los esclavizados y el cimarronaje, entre otros,
conducen a los gobiernos criollos a decretar diversas leyes: en 1821 se declara la
libertad de vientres y en 1823 y 1825 se prohíbe el comercio de personas traídas de
África. Ambas medidas tuvieron opositores y no contaron con garantías para su
cumplimiento, por lo que la práctica esclavista continuó existiendo. En 1851 se
declara finalmente la abolición de la esclavitud, inmediata y sin condiciones.
Gonzalo Jiménez de Quesada, el exterminador y
torturador de los Muiscas
Gonzalo Jiménez de Quesada conquistó el territorio ocupado por la civilización
muisca. Durante su campaña militar se quemaron los centros ceremoniales
indígenas, se asesinaron a varios caciques y a los Zipas Tisquesusa y Sagipa, y se
repartieron a los indígenas en encomiendas. Quesada es venerado en Colombia
porque los historiadores del siglo XIX querían despreciar la cultura indígena y
exaltar el origen español y “civilizado” de Bogotá.

Por: Alejandro García Hernández

Gonzalo Jiménez de Quesada nació en 1509 en Granada, España. Sus padres


fueron Luis Gonzalo Jiménez e Isabel Rivera de Quesada. Su padre fue abogado y
juez en Granada, por lo que Gonzalo creció en una familia de clase media
burguesa. Fue parte de las tropas españolas durante la Guerra de la Liga de Cognac
en Italia y participó en el saqueo de Roma del 6 de mayo de 1527. Estudió y se
licenció en Derecho en la Universidad de Salamanca y ejerció como abogado en la
Real Audiencia de Granada.
Foto: Andrew Bertram y Baiji

A mediados de 1535, por problemas financieros de su familia, Jiménez de Quesada


y su hermano Hernán Pérez de Quesada se embarcaron a la expedición de Pedro
Fernández de Lugo, quienes habían contratado con la Corona española la
gobernación de Santa Marta. Los hermanos aspiraban a conseguir grandes riquezas
en el nuevo mundo. Jiménez de Quesada es nombrado en el cargo de teniente de
gobernador para administrar justicia. La expedición partió del puerto de Santa Cruz
de Tenerife.

En 1536, Pedro Fernández de Lugo, llegó a la ciudad de Santa Marta con una
nutrida expedición de cerca de mil personas, para tomar posesión de la
gobernación que le había sido concedida. Sin embargo, la ciudad tenía graves
problemas porque estaba sobrepoblada, sus habitantes sufrían hambre y
enfermedades y era atacada continuamente por indígenas que se dedicaban a
incendiar todo lo que pudieran.

La provincia de Santa Marta no tenía unos límites claros. Por el oriente limitaba
con la gobernación de Venezuela. Por el occidente el río de la Magdalena marcaba
el límite con la gobernación de Cartagena, y hacia el sur se extendía tierra adentro
en un espacio mal conocido, pero que se pensaba que podía extenderse hasta el
Perú y el llamado mar del Sur. Por lo que Fernández de Lugo decidió aprovechar la
sobrepoblación de la ciudad para organizar una expedición hacia el sur por el rio
Magdalena para conocer su nacimiento, determinar si este estaba en tierras de los
incas y saquear los tesoros de las comunidades indígenas que se encontrasen, según
Gamboa (2013).

Expedición conquistadora de Jiménez de Quesada

Lugo designó a Gonzalo Jiménez de Quesada para que organizara una expedición
que remontara todo el río Magdalena hasta llegar al Perú. Jiménez de Quezada
reunió cerca de 800 hombres y ordenó que 670 fueran a pie bajo su mando,
siguiendo la misma ruta terrestre de la expedición que antes había patrocinado
García de Lerma y el resto se embarcaría en 5 bergantines, a mando del capitán
Urbina, que entrarían por la desembocadura del río.

Los dos grupos debían encontrarse en Sompallón, el cual era el máximo avance
logrado hasta el momento, para continuar la jornada juntos. El 5 de abril de 1536,
Jiménez de Quesada partió, rodeó la Sierra Nevada, pasó por Valledupar,
Chiriguaná, Tamalameque y Sompallón. La flota sufrió un infortunio porque dos
barcos naufragaron cuando entraron en Bocas de Ceniza, pero lograron llegar al
punto de encuentro para continuar la expedición por el río Magdalena hacia el sur.
Hasta ese momento los muertos ya ascendían a unos 100 hombres y en el siniestro
naval murió el capitán Urbina, por lo que fue remplazado por el capitán Gallegos.

En las instrucciones de la expedición que debía emprender Jiménez de Quesada


quedó estipulado que el contingente, en su ruta hacia el Perú, debía procurar la paz
con los indígenas que hallase en el transcurso y la obligación de pedirles oro
para consolidar el proceso de conquista. Si los pueblos originarios se negaban a
pactar la paz y a colaborar con la causa española, el capitán general podría
emprender contra ellos una guerra a sangre y fuego, la llamada «justa guerra», que
permitía apropiarse de los bienes de los enemigos e incluso esclavizarlos, de
acuerdo con Rueda.

A lo largo de la expedición, Jiménez de Quesada atacó a distintas comunidades


indígenas y consiguió someter a otras. Sin embargo, a todos los indígenas los
llamaban “indios caribes” o “indios de guerra”, por lo que no es posible determinar
con cuáles pueblos indígenas tuvo contacto.

Los indígenas sometidos sirvieron de intérpretes, guías, cargueros y lucharon junto


a los españoles contra otros indígenas. Durante su travesía sufrieron calamidades
por el clima, las enfermedades, las fieras y la guerra que ocasionaron la muerte de
indígenas y europeos, conforme a Gamboa (2013).

Los españoles llegaron a un sitio que llamaron La Tora, actual Barrancabermeja, en


donde se encontraba una comunidad indígena que fue violentamente sometida. Allí
se enteraron de que existía una comunidad indígena desarrollada que
comercializaba sal y mantas pintadas muy finas producidas por hábiles
artesanos. El Ejército cansado de la travesía y de no percibir mayores
recolecciones de oro decidió no continuar la expedición por el río Magdalena para
ir a buscar dicha comunidad indígena desarrollada porque creía que conseguiría
grandes riquezas.

Desde Sompallón hasta La Tora murieron otros 100 hombres. En La Tora duraron
tres meses esperando buenas condiciones climáticas para remontar la cordillera, al
cabo de los cuales murieron otros 200 hombres. Finalmente, los hombres heridos y
enfermos embarcaron en los bergantines al mando del capitán Gallegos para
devolverse a Santa Marta. De forma que sólo quedaron cerca de 200 hombres,
quienes remontaron la cordillera por el río Opón y llegaron al altiplano
cundiboyacense, donde se encontraron con los muiscas.

El 9 de marzo de 1537, los conquistadores llegaron a La Grita, en las proximidades


de Vélez, el primer pueblo de habla chibcha con el que tuvieron contacto. Allí
recolectaron 1.173 pesos de oro fino y 73 de oro bajo, mucho más de lo que habían
logrado en toda la expedición. Al llegar al territorio del Zaque Quemuenchatocha
fueron recibidos amablemente, se les ofreció bebidas, comida, abrigo y refugio.
Jiménez de Quesada atravesó el territorio del Zaque de forma pacífica porque
quería hacer un reconocimiento sobre las poblaciones y sus riquezas, para
evitar que estas últimas fueran escondidas en un ataque sorpresivo.

El 22 de marzo, Gonzalo Jiménez de Quesada inició un ataque militar en la sabana


dominada por el Zipa Tisquesusa para recolectar todos los tesoros que debía tener
esta comunidad indígena desarrollada.
Los indígenas no esperaban que los españoles los atacaran y apenas lograron
organizar un Ejército con flechas sin venos. Jiménez de Quesada y sus huestes, con
armas más letales, avanzaron por Cajicá, Chía, Suba y ocuparon Bacatá el 21 de
abril.

Tisquesusa logra escapar de la toma de Bacatá con su comunidad y se refugia en


Facatativá. Los españoles inician una persecución al Zipa para obtener su
tesoro, pero no logran hallarlo por lo que deciden iniciar una campaña militar en
todas las poblaciones muiscas dominadas por el Zaque.

El Zaque y los caciques de sus dominios quisieron evitar a toda costa una
confrontación violenta, múltiples veces les mandaron regalos y ofertas de paz, pero
esos regalos eran tan ostentosos que sólo alimentaron la avaricia de los españoles.

Durante la campaña militar de Quesada se inmolaron a los principales caciques y


se saqueó grandes cantidades de oro y esmeraldas de todas las poblaciones. El 20
de agosto de 1537 llegan a Tunja, se toman la ciudad, la saquean, masacran a los
líderes indígenas y capturan al Zaque a quien amenazan con torturarlo sino entrega
todo su tesoro. El Zaque, tras revelar y entregar todo lo que le pidieron los
españoles, recupera su libertad y se retira a Ramiriquí, Boyacá, donde muere al
poco tiempo de pena moral.

En 1538, Quesada ataca los cacicazgos sagrados de Tundama e Iraca, ubicados en


Duitama y Sogamoso, en donde queman sus lugares de culto, matan al cacique de
Tundama y al cacique religioso de Iraca, Sugamuxi, máximo líder religioso de los
muiscas, lo arrestan y lo bautizan cómo “Don Alfonso”, tras ser liberado muere de
pena moral al poco tiempo. Todo esto lo hicieron para demostrar que su religión
no los protegía y que la religión verdadera era la católica.

Gonzalo Jiménez de Quesada se devuelve a los dominios del Zipa para hallar su
ubicación y para conseguirlo tortura a los indígenas para que revelen su ubicación.
Finalmente, un niño le dice que se encuentra en Facatativá, a donde se movilizan y
atacan de sorpresa por la noche. En medio de la masacre asesinan sin querer al
Zipa Tisquesusa, por lo que no pudieron torturarlo para que revelara la ubicación
de sus tesoros. Tras su muerte, Sagipa heredó el Zipazgo y tuvo que continuar con
la defensa ante los ataques españoles.

El 6 de agosto de 1538, Jiménez de Quesada declaró la conquista del territorio en


favor de los reyes de España y obligó a los indígenas de Guatavita a construir una
ciudad para los españoles a la que llamó Santafé y a los territorios que
conquistó los nombró Nuevo Reino de Granada.

La desesperación de los indígenas por la ocupación violenta de los españoles los


llevó a buscar estrategias para detener su ataque en contra de sus comunidades y
hacerlos irse de su territorio. Una de estas estrategias fue decirles que El Dorado
estaba en otra parte. Una estrategia del Zipa Sagipa fue decirle a Jiménez de
Quesada que buscara tesoros en el territorio de los panches, los cuales eran
indígenas más belicosos que los muiscas. No obstante, Jiménez de Quesada le
exigió a Sagipa que mandare indígenas para que acompañaran y guiaran a sus
tropas. Finalmente, los panches también fueron sometidos.

Jiménez de Quesada capturó a Sagipa en Tunja acusándolo de que él tenía el tesoro


de Tisquesusa y que debía entregarlo. Sagipa entregó todo lo que pudo, pero él no
sabía dónde estaba ese supuesto tesoro. Quesada, cegado por su avaricia, consideró
que Sagipa debía tener más tesoros ocultos. Por esta razón, se le hizo un juicio a
Sagipa en el que Jiménez de Quesada fue juez y fiscal y su hermano Hernán Pérez
de Quesada fue el defensor de Sagipa. Fue condenado a tortura por no entregar los
tesoros de Tisquesusa. Finalmente, Sagipa es sometido a múltiples actos de
tortura durante los cuales muere. Uno de los actos de tortura que sufrió fue que
le abrieron y quemaron los pies, al igual que Hernán Cortés hizo con Cuauhtémoc
en México, según Hernández (1979).

En 1939, tras someter a los indígenas por la fuerza, Jiménez de Quesada repartió a
los indígenas en encomiendas. Hernández (1979) afirma que esta era una
institución social y económica de la colonia que se le imponía a una comunidad
indígena para someterlos a la corona española, mantenerlos en un territorio
especifico al cual llamaron resguardos, hacerles pagar tributos, aprovechar su
fuerza laboral en cualquier actividad económica bajo la institución de la mita y
educarlos según ordenara la Iglesia católica y la Corona española.

Jiménez de Quesada consideraba que la fuerza laboral de los indígenas era


indispensable para el desarrollo de la colonia. Por ello, se preocupó por
mantenerlos contentos y evitar sus levantamientos para que no dejaran de producir.
Por esta razón, Quesada consideraba que se les debía permitir a los indígenas
vivir bajo sus tradiciones, costumbres y organizaciones, siempre y cuando estas
no fueran contrarias a la religión católica, a la soberanía del Rey y se cumplieran
los fines de la encomienda.

El clima, la vegetación, los animales salvajes y las enfermedades tropicales


cobraron una cuota de vidas muy alta. Al final de la expedición sólo sobrevivieron
178 hombres de los 800 que habían salido de Santa Marta, de acuerdo con Gamboa
(2013).

La política de España en América era forjar un imperio a través de la guerra a los


indígenas para apropiarse de sus tierras, robarles sus bienes y favorecerse de su
fuerza laboral, sin importar la muerte de los conquistadores y de los indígenas.

La expedición logró consolidar el dominio sobre la zona central de este territorio,


que fue bautizado por Quesada como el Nuevo Reino de Granada, en honor a su
tierra natal, y consagró el río Magdalena como la principal vía de comunicación
entre la costa Atlántica y las regiones montañosas centrales.

El botín de la expedición fue 191.294 pesos de oro fino, 32.288 pesos de oro
bajo, 18.450 oro chafalonía, y 1.815 esmeraldas. El 6 de junio de 1538, con el
tesoro obtenido se pagaron todos los gastos de la expedición, las obligatorias
donaciones a la iglesia, la obligatoria erogación del quinto real y fue repartido
entre los sobrevivientes del Ejército de Jiménez de Quesada un total de 148.000
pesos de oro fino, 16.964 pesos de oro bajo o de chafalonía y 1.455 esmeraldas.

Para buscar “El Dorado”, Jiménez de Quesada mandó exploraciones al valle de


Neiva, al Amazonas y a los llanos. Estas expediciones se encontraron con las
expediciones de Sebastián de Belalcázar, proveniente de Quito, y del alemán
Nicolás de Federmann, que venía de Coro, Venezuela. Los conquistadores
mostraron sus permisos expedicionarios y con base en ellos exigieron derechos
sobre los territorios recién descubiertos, argumentando que la expedición de
Jiménez de Quesada no tenía permiso de haber adelantado esa conquista.
Los conquistadores llegaron al acuerdo de que los tres viajarían a España para
que la Corte de Madrid estableciera la propiedad jurídica del nuevo
territorio. De esta forma, antes de partir a España los conquistadores dejaron el
valle de Neiva bajo la jurisdicción del Perú, se repartieron los territorios y los
indígenas en encomienda entre las huestes conquistadoras y la Corona, se ordenó
que en la región se quedarían los soldados de los conquistadores para construir el
grupo básico de colonización del altiplano, se cedió una buena cantidad de
animales domésticos, aves de corral y herramientas necesarios para consolidar el
establecimiento definitivo y se estableció un cabildo que se reunió por primera vez
el 29 de abril de 1539 y un Gobierno en cabeza de Hernán Pérez de Quesada.

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