Autor 2: Descartes 1596-1650 d.
Apuntes de Historia de la Filosofía: Antonio Jesús Jiménez Redondo
1. Problema del conocimiento. El método Cartesiano.
Descartes, en un contexto en el que predomina el escepticismo de Montaigne, comprueba
el gran avance de las ciencias en comparación con el estancamiento de la filosofía, que
sigue dándole vueltas a las mismas preguntas desde hace siglos; por lo que llega a la
conclusión de que la filosofía necesita un método que garantice la verdad de sus
propuestas, superando al escepticismo.
El método debe ser un camino claro y accesible para todos que facilite el acceso a la
verdad logrando llegar a verdades claras y distintas. Para ello necesitan seguirse todas las
reglas del método, que son equivalentes a la estructura de la razón.
Para Descartes, la razón tiene un carácter universal, lo que hace posible que cualquier
individuo puede acceder a la verdad. Sin embargo, no es suficiente tener buen sentido
(bon sens), es decir, poseer la luz natural de la razón, sino saber aplicarlo bien. Por ello,
se hace necesario establecer un método que garantice el correcto proceder de la mente.
Por método entiende Descartes una serie de reglas ciertas y fáciles, tales que todo aquel
que las observe exactamente no tome nunca lo falso por verdadero. En la segunda parte
del discurso del método enumeraba las siguientes reglas:
a) Evidencia: No hay que admitir nada que sea dudoso, solo aquello que se muestra
de una forma clara y distinta.
b) Análisis: Para poder percibir de forma clara y distinta hace falta descomponer las
ideas complejas en elementos o ideas simples que se perciban con evidencia.
c) Síntesis: Una vez se han compuesto en ideas simples se debe volver a recomponer
la idea compleja, para así asegurar las relaciones de la composición.
d) Enumeración y revisión: Comprueba los pasos anteriores, obteniendo así
evidencia del conjunto.
Las reglas se destinan a que se empleen rectamente las capacidades naturales y las
operaciones de la mente. Las operaciones fundamentales de la mente son dos: la intuición
y la deducción. La intuición es la concepción libre de dudas, de una mente no nublada,
que brota únicamente de la luz de la razón y que nos permite conocer las verdades
evidentes (claras y distintas). La deducción permite que la mente pase de verdades
fundamentales evidentes por sí mismas a otras verdades evidentes implicadas por las
primeras. Por medio de la deducción sabemos que el último eslabón de una larga cadena
de intuiciones está unido con el primero, aunque no podamos ver intuitivamente todos los
eslabones intermedios.
2. La duda metódica
El escepticismo predominante en la época le lleva a plantear la duda como un momento
fundamental del proceso de conocimiento, ya que esta debe ser completamente superada.
Por tanto, la duda metódica ofrecida por Descartes plantea una duda radical sobre todos
los conocimientos, lo que permite depurar los falsos prejuicios y construir conocimiento
de una forma rígida.
Las principales características de esta duda son: 1) Es metódica, como hemos visto. 2) Es
universal, nada se queda sin ser cuestionado. 3) Es hiperbólica: se apoya en el extremo de
que la razón puede estar equivocada. 4) No es escéptica, puesto que no duda de la
posibilidad de hallar verdades.
Esta duda tiene cuatro momentos clave, que muestran cómo se duda:
1. Se duda de los sentidos, ya que nos han engañado en alguna ocasión, no podemos
asegurar en qué momento lo hacen y en cual no.
2. Se duda de la existencia del mundo externo mediante el argumento del sueño.
3. Duda de la razón cuando plantea que las verdades matemáticas podrían no ser
ciertas, ya que alguna vez se ha equivocado en razonamientos que creía
verdaderos.
4. La hipótesis del genio maligno, que postula que no podemos Descartar ni siquiera
que haya una fuerza superior que nos engañe constantemente en todo lo que
pensamos.
Como hemos visto, Descartes duda de todo, llegando al punto de tener que suspender el
juicio, ya que todo podría ser falso; pero el hecho de que la duda se extienda a la
existencia, pero no a la esencia de los conocimientos (que es que son cognoscibles) hará
que sea superada.
Al no ser una duda escéptica, Descartes llegará a una primera verdad, que es que puede
dudar de todo, menos de que esta dudando, por lo que concluye, que existe, al menos,
como una cosa que duda, llegando a su famosa formulación cogito ergo sum. Por lo
menos existe como una sustancia pensante (res cogitans), pero ahora debemos saber qué
entiende Descartes por sustancia.
3. Teoría de las tres sustancias
A partir de esta primera verdad, Descartes define la sustancia como una cosa existente
que no requiere más que de sí misma para existir. Pero esta definición, si se entiende en
su sentido literal, solamente tiene aplicación a Dios (sustancia infinita). Si pensamos en
la sustancia solamente en su aplicación a las criaturas, podemos ver que hay dos clases
de sustancias, las pensantes y las corpóreas, que son definidas como cosas que solamente
necesitan del concepto de Dios para existir. Pero lo que percibimos no son sustancias
como tales, sino atributos de sustancias. El atributo principal de la sustancia espiritual es
el pensamiento, y el de la corpórea, la extensión.
Este es el punto de partida epistemológico, pero aún guarda un gran peligro, el del
solipsismo, ya que solo se ha demostrado que el sujeto, al menos como algo pensante,
existe, por lo que tiene que pasar a demostrar la siguiente verdad, que es la existencia de
Dios para solucionar este problema.
Tras haber descubierto una verdad indudable, cogito, ergo sum, Descartes espera,
mediante el examen de esta proposición que se reconoce como verdadera y cierta,
encontrar un criterio general de certeza. Y llega a la conclusión de que esa proposición es
verdadera porque es clara y distinta. Concluye que puede suponer como regla general que
las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas (Regla de
evidencia).
Podría parecer que, una vez descubierto ese criterio de verdad, pudiera procederse sin
más a su aplicación. Pero Descartes había planteado la hipótesis de un Dios engañador
que hubiese constituido el entendimiento humano de modo que irremediablemente se
equivocara. Y ello significa que hay que probar la existencia de un Dios que no sea
engañador, para asegurarme de que no me engaño al aceptar como verdaderas aquellas
proposiciones que percibo de forma clara y distinta.
Para esto Descartes pasa a analizar las ideas del cogito, dividiéndolas en tres: 1) Las que
proceden de fuera (adventicias). 2) Las que crea (fácticas). 3) las que no son ni lo uno ni
lo otro (innatas). Una vez analizadas examina las ideas de perfección y de infinito,
llegando a la conclusión de que no pueden venir del exterior, ya que esto sería crear la
idea de perfección desde seres imperfectos, ni pueden ser creadas por él, ya que es un ser
que no conoce estas características. Este argumento apoyado en el argumento ontológico
de San Anselmo le hace llegar a la conclusión de que Dios existe, ya que estas ideas son
innatas e introducidas por él.
Al llegar a esta conclusión Descartes admite que entonces no es imposible que nos
engañemos continuamente, ya que entonces Dios no sería un ser perfecto, por lo que
concluye la existencia del mundo externo teniendo a Dios como garante último.
Por último, cabe aludir a la conclusión de Descartes, que admite en las Meditaciones
Metafísicas la existencia de tres sustancias, dos finitas, es decir, que subsisten por sí
mismas, pero necesitan a Dios para existir (Res extensa y Res cogitans) y una sustancia
infinita, que subsiste por sí misma y no requiere a otra para existir (Res infinita).
4. Problema antropológico. El dualismo cartesiano.
El dualismo sustancial cartesiano diferencia entre el espíritu (alma) (yo) (mente) o
sustancia pensante y la materia (cuerpo) o sustancia extensa. Descartes afirma la libertad
del ser humano, ya que al ser la mente una sustancia totalmente distinta del cuerpo, no
está sometida a las leyes mecánicas que rigen los movimientos de la materia (El
mecanicismo sostiene que la realidad debe ser entendida como un enorme mecanismo o
máquina, donde los seres actúan como los componentes de un reloj).
El dualismo plantea el problema de la relación entre la mente y el cuerpo: cómo las
afecciones del cuerpo pueden producir ideas en la mente y cómo las ideas de la mente
pueden producir acciones del cuerpo. Para resolver este problema, Descartes propuso la
existencia de un punto en el cerebro humano (la glándula pineal) donde se establecería
esta comunicación.
Descartes denomina pasiones a las percepciones o sentimientos que afectan al alma sin
tener su origen el ella. Su origen se halla en las fuerzas que actúan en el cuerpo. Las
pasiones tienen un carácter involuntario puesto que no se originan en el alma. La tarea
del alma en relación con las pasiones consiste en someterlas y ordenarlas conforme al
dictamen de la razón.