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El documento describe el envío misionero de familias neocatecumenales por parte del Papa Francisco para evangelizar en diferentes continentes, destacando su papel en la Nueva Evangelización. Estas familias, motivadas por su experiencia de fe y gratitud a Dios, se ofrecen para servir en zonas necesitadas de testimonio cristiano, promoviendo la importancia de la familia como iglesia doméstica. La espiritualidad de estas familias se centra en la vivencia del misterio pascual, que impulsa su misión y compromiso con la comunidad.
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  • testimonio de vida,
  • camino neocatecumenal,
  • Papa Francisco,
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  • itinerario catecumenal,
  • Nueva Evangelización,
  • Dios en la familia,
  • testimonio familiar,
  • misterio pascual,
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El documento describe el envío misionero de familias neocatecumenales por parte del Papa Francisco para evangelizar en diferentes continentes, destacando su papel en la Nueva Evangelización. Estas familias, motivadas por su experiencia de fe y gratitud a Dios, se ofrecen para servir en zonas necesitadas de testimonio cristiano, promoviendo la importancia de la familia como iglesia doméstica. La espiritualidad de estas familias se centra en la vivencia del misterio pascual, que impulsa su misión y compromiso con la comunidad.
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FAMILIA 51 (2015) 161-168

Familias neocatecumenales
en salida misionera: una
espiritualidad pascual
Juan José Calles
Delegado de Familia y Vida
Diócesis de Salamanca

El pasado cinco de marzo, en el Aula Pablo VI, el Papa Francisco


hacía el “envío misionero” de 200 familias con 600 hijos a evangelizar
en cuatro continentes (Asia, Europa, América y África). Estas familias
son miembros de las Comunidades Neocatecumenales y se suman así
a las más de mil familias del Camino Neocatecumenal en misión para
la nueva evangelización presentes ya en 78 países, con 3.897 hijos, de
las cuales 389 en Europa 189, en América, 113 en Asia, 56 en Australia,
46 en África y 15 en Oriente Medio. Se trata de familias que, a través
del anuncio del Evangelio y de un itinerario de iniciación cristiana de
diversos años, han sido reconstruidas, han redescubierto el don de la
comunión, y por ello se han abierto a la vida, y que por gratitud a Dios
y a la Iglesia se ofrecen para ir allí donde un obispo vea la necesidad
del testimonio de una familia cristiana.

1. Familias en salida misionera

En efecto, uno de los frutos más hermosos que a partir de la dé-


cada de los ochenta ha aparecido en las Comunidades Neocatecu-
menales es el de las familias misioneras que dejándolo todo (casa,
trabajo, ciudad y nación) se ponen al servicio de la Iglesia para ir allí
donde los Obispos han solicitado su presencia; a ellas, se refería de
forma implícita el Papa San Juan Pablo II al decir que “el manda-
to del Señor Id por todo el mundo sigue encontrando muchos laicos
generosos, dispuestos a abandonar su ambiente de vida, su trabajo,
su región o patria, para trasladarse, al menos por un determinado

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tiempo, a zona de misiones. Se dan también matrimonios cristianos
que, a imitación de Áquila y Priscila (Hch 1; Rom 16, 3s), están ofre-
ciendo un confortante testimonio de amor apasionado a Cristo y a la
Iglesia mediante su presencia activa en tierras de misión”1. Miles de
familias neocatecumenales han sido ya enviadas, tanto por San Juan
Pablo II como por Benedicto XVI y recientemente, también, por el
Papa Francisco a tierras y zonas de misión, escribiendo con su tes-
timonio familiar una de las páginas más bellas de la historia de la
Nueva Evangelización.
En su viaje apostólico a Croacia en 2011, recordaba Benedicto
XVI que “en la Iglesia ha llegado la hora de la familia, que es tam-
bién la hora de la familia misionera. En la sociedad actual es más
necesaria y urgente que nunca la presencia de familias cristianas
ejemplares. Ellas enseñan con su testimonio de vida que es posible
amar, amar como Cristo, sin reservas; que no hay que tener miedo a
comprometerse con otra persona. Que la apertura a la vida es signo
de apertura al futuro, de confianza en el porvenir. La Iglesia es edifi-
cada por las familias, pequeñas iglesias domésticas. Roguemos al Se-
ñor para que las familias sean, cada vez más, pequeñas Iglesias, y las
comunidades eclesiales sean cada vez más una familia”2. En efecto,
la presencia y la participación de miles de familias neocatecumena-
les en la misión ad gentes de la Iglesia ha puesto sobre la “mesa de
la evangelización” el protagonismo que las familias cristianas tienen
y van a tener en la Nueva Evangelización de esta generación. En el
discurso del envío a las familias neocatecumenales, el Papa Francis-
co presentaba así la misión de estas familias: “Estas comunidades,
llamadas por los Obispos, están formadas por un presbítero y por
cuatro o cinco familias, con hijos también grandes, y constituyen una
missio ad gentes, con un mandato a evangelizar a los no cristianos.
Los no cristianos que nunca han escuchado hablar de Jesucristo y
los muchos no cristianos que han olvidado quien era Jesucristo: no
cristianos bautizados a quienes la secularización, la mundanidad y
tantas otras cosas han hecho que olviden la fe. ¡Despertar aquella
fe!3. Esta es la misión de la familia cristiana hoy: ¡visibilizar, desper-
tar, celebrar y proclamar la fe en todas las periferias geográficas y
existenciales de la tierra!
La contribución de las familias neocatecumenales a la Missio
ad gentes es un fruto maduro que el Camino Neocatecumenal ofre-
ce hoy a la Iglesia y así aparece recogido en su Estatuto al hablar de
las familias en misión y decir de ellas que “a petición de los Obispos

1
Cf. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Christideles laici (1989), n. 35.
2
“Familias abiertas a la vida, recurso para el futuro”: L´Osservatore romano, n. 24
(domingo 12 de junio de 2011), pp. 6-7.
3
Cf. Cf. FRANCISCO, “Despertar la fe”: L´Osservatore romano. n. 54 (viernes 6 de marzo
de 2015), p. 6.

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se establecen en zonas descristianizadas o donde sea necesaria una
implantatio ecclesiae. Estas familias son designadas por el Equipo
Responsable del Camino, en convivencia ad hoc, entre las que se han
ofrecido libremente como disponibles para ir a cualquier parte des-
pués de haber considerado, con confianza en el Señor, tanto la ne-
cesidad de la Iglesia como la ausencia de obstáculos para su familia.
Son normalmente enviadas por su Obispo en una celebración apro-
piada. La familia en misión queda unida a su parroquia y comunidad,
a la que retorna periódicamente para participar en el Camino de la
misma. Además acepta vivir en la precariedad su misión –ayudada
eventualmente por la comunidad de origen–, quedando libre de inte-
rrumpirla en cualquier momento”4.

2. ¿Por qué se ofrecen las familias neocatecumenales


para evangelizar?

La respuesta es muy sencilla: por puro agradecimiento al amor


de Dios manifestado en Jesucristo con quien se han encontrado a
través del anuncio y acogida del Kerigma5 que ido madurando len-
tamente en sus corazones a través de un itinerario de conversión y
maduración en la fe vivido en pequeña comunidad. Ha sido la expe-
riencia vivida de perdón y comunión en la Iglesia, en el seno de una
comunidad, con otros hermanos, donde habiendo experimentado el
poder sanador del Espíritu Santo a través de los sacramentos, la fuer-
za de la Palabra y la comunión fraternal, las familias se han ido pre-
parando y disponiendo sus corazones para el servicio y la entrega en
gratuidad, en manos de Dios. La misión nace en el corazón como una
sobreabundancia de amor y generosidad ante el Amor que nos prime-
reado, en expresión del Papa Francisco: “La comunidad evangeliza-
dora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado
en el amor (1ª Jn 4, 10); y, por eso, ella debe adelantarse, tomar la
iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los alejados y llegar
a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo
inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la
infinita misericordia del Padres y su fuerza difusiva”6.
Resulta evidente que, para que la familia pueda volver a ser for-
madora de valores humanos y cristianos, es indispensable que ella
misma sea nuevamente evangelizada. Tras el primer anuncio del
kerigma, que sana existencialmente, es necesario un camino que

4
Cf. Iter Statuta Neocatechumenale (2008), art. 33.
5
Cf. ARGÜELLO, K., “Una experiencia de Nueva Evangelización: La Missio ad gentes”,
en El Kerigma. En las chabolas con los pobres, BuenasLetras, Madrid 2012, pp. 127-138.
6
Cf. FRANCISCO, Exhortación apostólica Evangelii gaudium (2014), n. 24.

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favorezca una curación moral. Esta es la experiencia que viven las
familias neocatecumenales a través del Neocatecumenado, vivido en
pequeñas comunidades, un itinerario catecumenal post-bautismal
que permite redescubrir y vivir lo que significa ser cristianos adul-
tos. Poco a poco se va comprendiendo la imperiosa exhortación de
san Pablo: Caritas Christi urget nos. Al interior de cada comunidad
se percibe como fundamental el primado de la evangelización. Han
surgido así las familias en misión en todo el mundo, y, recientemente
las familias para la missio ad gentes en zonas de grandes ciudades,
de Europa y de otros continentes, zonas casi totalmente descristia-
nizadas, en las que el 50%-90% de los niños no están bautizados y los
adultos están totalmente ausentes de la parroquia. En cada una de
estas ciudades se ha constituido una nueva comunidad neocatecume-
nal, formada por 3 de estas familias, cada una con 8-10 hijos, algunos
de los cuales adultos y a su vez casados y con hijos. Todas las familias
han encontrado vivienda y trabajo en sus nuevas residencias y desa-
rrollan una intensa actividad de evangelización: “Estamos intentando,
afirma Kiko Argüello, llevar a la gente a Jesucristo. Para nosotros la
conversión de una persona vale el universo entero porque una per-
sona vale la vida de Cristo. No se trata de tener muchas masas, ni de
tener éxito, sino de salvar a cada hombre”7.
La experiencia y propuesta de pastoral familiar que presentan
estas familias es muy simple: la pequeña comunidad ayuda a la fami-
lia a ser iglesia doméstica y la familia, como iglesia doméstica, salva
a la Iglesia: de su seno surgen vocaciones, ella entera es sujeto evan-
gelizador y luz para el mundo. La presencia de más de un millar de
familias neocatecumenales que cada año se ofrecen a la Iglesia para
llevar adelante la Nueva Evangelización, es el testimonio más elo-
cuente de la capacidad evangelizadora que el Camino Neocatacume-
nal ofrece hoy a las diócesis y a las parroquias.
En la Laudatio académica del profesor José Noriega con motivo
del Doctorado honoris causa otorgado al Sr. Kiko Argüello, se reco-
noce la fecundidad de este itinerario de iniciación cristiana al decir
que “en las pequeñas comunidades, en las cuales el Camino Neoca-
tecumenal se ha estructurado y quiere vivir el misterio de la Sagrada
Familia de Nazaret, cada familia ha sido acogida en su relación es-
pecífica, sin que sus componentes hayan sido absorbidos indiferen-
temente, y ha sido promovida en la propia dimensión misionera. De
este modo se construye una auténtica pastoral familiar, que se sitúa
bajo el espíritu de nuestro fundador el Papa Juan Pablo II” y se expli-
citan los motivos por los que el Pontificio Instituto Juan Pablo II para
los estudios sobre el matrimonio y la familia de la Universidad Late-
ranense de Roma concedía el doctorado al Camino Neocatecumenal
en la persona de su Co-Iniciador, el Sr. Kiko Argüello: “Son tres los

7
Cf. El Kerigma..., p. 131.

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aspectos que nuestro Instituto quiere señalar respecto a los frutos del
Espíritu en la obra del nuevo doctor. En primer lugar el haber acom-
pañado un camino de fecundidad en las familias. En segundo lugar,
haber ofrecido un camino concreto de culto familiar a Dios. Y en ter-
cer lugar, haber fomentado la misión de la familia”. En relación con
este último, se hace la siguiente afirmación: “En el contexto de una
secularización espantosa de vastas zonas de la tierra, donde la fe está
en peligro de apagarse, como una llama que no encuentra donde nu-
trirse, el Camino Neocatecumenal ha sabido hacer presente a Dios
de una manera singular. Hablo del gran testimonio de las familias en
misión. De hecho, la realidad del misterio del Dios amor que vive un
misterio de comunión en sí, y que sale de si en misión para introducir
al hombre en su comunión, se hace presente en una comunión huma-
na, la Sagrada Familia de Nazaret, la cual se extiende en la vida de la
iglesia y, a través de las familias, llega a cada hombre. Se trata de un
protagonismo que viene vivido por toda la familia como tal, llevando
a la parroquia y al mundo el testimonio de aquello que es una fami-
lia, con sus dificultades, pero sobretodo con sus grandes esperanzas.
Así, el testimonio que ellos llevan es el testimonio de la Trinidad en
misión, es decir, de la pasión del amor de Dios Trinidad por el hom-
bre. De la convicción que el mundo necesita de testimonios ha nacido
también el apoyo ofrecido por Kiko Argüello por la promoción del Fa-
mily day con la idea de ayudar a todos a comprender la importancia
de la familia fundada sobre el matrimonio por cada hombre y por la
sociedad entera”8.

3. Espiritualidad pascual y vocación misionera

Toda la fuerza evangelizadora de las familias neocatecumena-


les tiene su fuente y culmen en la experiencia de la muerte y resu-
rrección de nuestro Señor Jesucristo vivida existencial y sacramen-
talmente en el Triduo Pascual, con la solemne Vigilia del Domingo de
Pascua como verdadero corazón de la comunión y misión de la Iglesia9.
Así viene reconocido en el Estatuto del mismo Camino Neocatecume-
nal: ““Eje y fuente de la vida cristiana es el misterio pascual, vivido y
celebrado de modo eminente en el Santo Triduo, cuyo fulgor irradia
de luz todo el año litúrgico. Constituye por tanto el axis del Neocate-
cumenado, en cuanto redescubrimiento de la iniciación cristiana”10. La
salida misionera de las familias neocatecumenales tiene su epicentro

8
Cf. NORIEGA, Jose, Concesión del Doctorado “honoris causa” al Sr. Kiko Argüello,
Pontificio Istituto Gionvanni Paolo II per Studi su Matrimonio e Famiglia, Ciudad del Vati-
cano (13 de Mayo de 2009), p. 15.
9
Cf. CALLES, Juan José, La Vigilia Pascual: corazón de la Iglesia, Salamanca 2013.
10
Cf. Iter Statuta Neocatechumenale, Art. 12&1.

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en la celebración del Misterio Pascual, de ahí que podamos definir su
espiritualidad como una espiritualidad pascual. El espíritu de y por la
misión brota, nace, se alimenta y sostiene en la celebración anual de la
Vigilia Pascual y su actualización semanal en la Eucaristía dominical
vivida y celebrada comunitariamente, en comunión con otras familias
formando una sola familia. Es en esta radicación pascual donde hay
que situar el fundamento de la pasión evangelizadora de las familias
neocatecumenales. De la experiencia del encuentro con el Resucitado,
brota como actitud agradecida la disponibilidad para el caritas urget
nos. De la Pascua nace la Iglesia: la Pascua hace la Iglesia y la Iglesia
hace la Pascua. La Pascua no es mero rito: ha de hacerse carne en no-
sotros, en las familias cristianas, vida. Nosotros somos el cuerpo de la
Pascua, nosotros somos la Pascua. No dijo Jesús: “Recordad”, sino “ha-
ced”. Por la Pascua Jesús sigue viviendo en la Iglesia, en sus cristianos,
en las familias. La misión de la Iglesia es: celebrar la Pascua (el culto);
vivir la Pascua (el testimonio); y comunicar la Pascua (evangelización),
como la gran familia de los hijos de Dios.
En la Vigilia Pascual encuentran los padres neocatecumenales la
fuente de inspiración, también, para la transmisión de la fe que ha-
cen en el seno de sus familias todos los domingos en el contexto de
una liturgia doméstica que viene así descrita por el Co-Iniciador del
Camino Neocatecumenal Kiko Argüello: “Los padres preparan una
lectura que puede ser el evangelio de la misa dominical y tras leerla,
el padre pregunta a cada hijo: ¿qué te dice Dios a través de esta lectu-
ra para tu vida? Es impresionante ver cómo los niños son capaces de
aplicar la Palabra de Dios a su experiencia de vida. Al final, después
de que todos los niños han hablado, los padres dan una catequesis ba-
sada en su experiencia”11. Al final, invitan a los niños a que recen por
el Papa, el Obispo, la Iglesia, por los que sufren, etc. Después rezan
el Padrenuestro todos juntos y se dan el signo de la Paz. Y así todos
los domingos en cada familia cristiana. Las Comunidades Neocate-
cumenales tienen muy claro que de la recuperación pascual del Do-
mingo, como día del Señor, y de la Eucaristía como Pascua semanal,
dependen, fundamentalmente, del descubrimiento y vivencia perso-
nal que cada bautizado tenga de la Vigilia Pascual como actualización
del Misterio de nuestra Salvación. Sin una experiencia personal del
Misterio Pascual, acogido, adorado, celebrado y compartido, eclesial
y comunitariamente, va a ser muy difícil llegar a vivir el Domingo con
espíritu pascual como el día en que Cristo ha vencido la muerte y nos
ha hecho partícipes de su vida inmortal. La comprensión de una exis-
tencia eucarística, martirial y misionera, para los bautizados, pasa,
necesariamente, por vivir y ser sumergidos en el Misterio Pascual,
celebrado plena y sacramentalmente en la Noche Pascual.

11
Cf. ARGÜELLO, Kiko, “La familia en la misión de la Iglesia” (Lectio doctoralis), en O.
cit. p. 24.

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Parece cada vez más evidente, que solo familias evangelizadas,
que han hecho la experiencia pascual de encontrarse con el Dios de
Jesucristo, han fundamentado su vida conyugal y familiar en la gracia
sacramental del Matrimonio y han verificado en su propia existen-
cia cómo la apertura a la Vida -con mayúsculas- les ha dado la vida,
tendrán capacidad de donación, de testimonio y de evangelización,
nos lo acaba de recordar el Papa Francisco en Evangelii gaudium al
decirnos que “la primera motivación para evangelizar es el amor de
Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que
nos mueve a amarlo siempre más (...). No se puede perseverar en una
evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia
propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocer-
lo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mis-
mo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder
contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es
lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo
solo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con Él se vuelve
mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a
todo. Por eso evangelizamos. El verdadero misionero, que nunca deja
de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira
con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea
misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo
de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar
seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona
que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no con-
vence a nadie”12.
Esta es la experiencia de las familias misioneras de las Comuni-
dades Neocatecumenles: están disponibles y lo dejan todo porque se
han encontrado con el centro de todo: el Amor de Jesús que es más
fuerte que la muerte y nada ni nadie las podrá, en expresión paulina,
separar de Él. La misión a la que son enviadas es una, visibilizar este
Amor acogiendo el mandato de Jesús: “Amaos como yo os he amado;
en esto todos reconocerán que sois mis discípulos” (Jn 13, 34) y esto no
hay mejor forma de hacerlo que con la propia vida, en familia y como
familia. Así se lo pidió el Papa Francisco el cinco de marzo pasado a
las doscientas familias misioneras que envió a evangelizar a todo el
mundo: “Antes que con la palabra, es con vuestro testimonio de vida
con el que manifestaréis el corazón de la revelación de Cristo: que
Dios ama al hombre hasta entregarse a la muerte por él y que ha sido
resucitado por el Padre para darnos la gracia de dar nuestra vida a
los demás. De este gran mensaje el mundo de hoy tiene una extrema
necesidad. ¡Cuánta soledad, cuántos sufrimientos, cuánto alejamien-
to de Dios en tantas periferias de Europa y de América y en tantas
ciudades de Asia! ¡Cuánta necesidad tiene el hombre de hoy, en toda

12
Ibid., nn. 264.266.

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latitud, de sentir que Dios lo ama y que el amor es posible! Estas co-
munidades cristianas, gracias a ustedes, familias misioneras, tienen
la tarea esencial de hacer visible este mensaje. ¿Y cuál es el mensaje?
Cristo está resucitado, Cristo vive, Cristo está entre nosotros”13. Id...
¡despertar la fe en todos los rincones de la tierra! ¡Esta es la misión
de la familia cristiana hoy en un mundo donde se está globalizando la
secularización de las conciencias!

13
Cf. FRANCISCO, “Despertar la fe”: L´Osservatore romano. n. 54 (viernes 6 de marzo de
2015), p. 6.

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