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CIENCIA Impresión

El documento explora la concepción heredada de la ciencia, defendiendo su neutralidad y objetividad, pero cuestiona esta visión al argumentar que la ciencia está influenciada por decisiones humanas y contextos sociales. Se critica la idea de que el conocimiento científico es universal y completamente medible, sugiriendo que existen mitos que distorsionan su verdadera naturaleza como un saber falible y condicionado. Además, se enfatiza la relación intrínseca entre la ética y la ciencia, destacando la responsabilidad que los científicos tienen sobre las aplicaciones de sus descubrimientos.

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CIENCIA Impresión

El documento explora la concepción heredada de la ciencia, defendiendo su neutralidad y objetividad, pero cuestiona esta visión al argumentar que la ciencia está influenciada por decisiones humanas y contextos sociales. Se critica la idea de que el conocimiento científico es universal y completamente medible, sugiriendo que existen mitos que distorsionan su verdadera naturaleza como un saber falible y condicionado. Además, se enfatiza la relación intrínseca entre la ética y la ciencia, destacando la responsabilidad que los científicos tienen sobre las aplicaciones de sus descubrimientos.

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CONCEPCIÓN HEREDADA DE LA CIENCIA (MODERNIDAD)

Neutralidad y objetividad son dos aspectos que, quienes defienden la jerarquía incuestionable del
conocimiento científico, se han esmerado en destacar y sostener. Afirman que la ciencia es neutral, ya que se rige
por parámetros objetivos, o sea, cumple los pasos de un método ajeno a cualquier subjetividad o arbitrariedad.
Alegan que la ciencia y la tecnología son la forma más racional y objetiva que puede asumir el conocimiento.
Cualquier elemento de ambigüedad que se presente en relación con la ciencia, no tiene que ver con ella misma, sino
con las decisiones del hombre en cuanto a los usos que se hacen a partir de los descubrimientos científicos.

NUEVA MIRADA A LA CIENCIA (POSMODERNIDAD)

 ¿Ciencia-martillo?
Partidarios de la neutralidad y objetividad de la ciencia, comparan el quehacer científico con una
herramienta como es el martillo. Sostienen que una herramienta tal puede servir para un fin útil, como es el clavar un
clavo, como también para cometer actos vandálicos, hasta criminales (“romper la cabeza al prójimo”). Pero el uso
que se le dé a dicha herramienta, nada tiene que ver con el conocimiento que la ideó, y mucho menos con el martillo
mismo. Éstos, son totalmente ajenos a la acción que pueda desencadenarse.
Este planteo, a primera vista podría parecer al lector distraído, un argumento claro y válido a favor del
conocimiento científico. Sin embargo, analizar este ejemplo con mayor profundidad, nos permite ver que encierra no
más que la mera ilusión acerca de la neutralidad del conocimiento científico. El fenómeno de la ciencia es mucho
más complejo, excede a la simple comparación con una herramienta cotidiana, puesto que la aplicación de la ciencia
(técnica) no es de fácil manejo como es el caso del martillo. El control del uso de los conocimientos científicos, es
difícil de manejar, escapa a la voluntad humana.
 Mitos en torno a la ciencia
El creciente espacio de poder y autoridad que ha ido adquiriendo a través del tiempo el conocimiento
científico, ha hecho posible que actualmente se encuentren instaladas en la sociedad, ciertas ideas acerca de la
ciencia que, lejos de tener argumentos sólidos, permanecen en el imaginario colectivo.
Se considera que el conocimiento científico es un conocimiento universal, válido en todo momento,
en todo lugar y para todos. A su vez, para que un conocimiento alcance la categoría de científico, debe ser posible
de ser medido, cuantificado y controlado en experiencias de laboratorio. Se cree posible así, la cuantificación y
explicación a través de leyes matemáticas, de cada partícula de la naturaleza. De ser esto viable, se abre la
posibilidad de prever y controlar la naturaleza gracias a los avances de la ciencia, postulándose ésta como la solución
para los problemas de la humanidad. Se podría decir que, de esta manera, la ciencia ocupa prácticamente el lugar
de la religión, abandonado en la edad moderna, proporcionando al ser humano cierta certeza en cuanto al presente y
al futuro. Exhibe la imagen del científico como el único experto capaz de proporcionar explicaciones y tomar
decisiones.
Presentar estas ideas compartidas por el común de la gente como mitos, tiene la intención de
destacar su distancia con la realidad. Analizar los hechos históricos dentro de la misma ciencia, posibilita entenderla
como un saber falible y condicionado.
Sin embargo, estos enunciados no pretenden mostrar al conocimiento científico como falso. De ningún modo, ya
que se sostiene que está fundado en la razón, lo que le concede un poder “suplementario”. Pero sí, denuncia el
peso cuasi-religioso otorgado a los logros y descubrimientos científicos.
 Relación entre la ética y la ciencia
El problema ético concierne a la convivencia entre seres humanos. La dimensión ética atraviesa todas
las prácticas sociales ya que en todas ellas existen interacciones y convivencia. Negar, por tanto, la dimensión
ética de la ciencia, es no admitirla como una actividad social entre otras.
Parece sorprendente, ante tan simple razonamiento, observar el afán puesto en separar la actividad
científica de cualquier implicancia en la toma de decisiones o en cuestiones axiológicas. Pero es allí donde se
descubre a la ciencia, escondida detrás de un manto de objetividad y neutralidad, encubriendo intereses relacionados
con la búsqueda de poder y la manipulación del conocimiento de acuerdo a fines políticos o económicos.
Se presenta a la ciencia como desconectada de cualquier aplicación a fines prácticos o a la producción de
recursos para transformar el mismo. Tal separación propone una ciencia pura, distante a la ciencia aplicada. Esta
división sirve para mantener la caracterización de la actividad científica como un saber desinteresado. Se insiste en
identificar a la ciencia como la búsqueda del saber por el saber mismo, ajena al uso que se dé de los descubrimientos
científicos, sosteniendo que su única responsabilidad es la honestidad intelectual en la búsqueda de la verdad.
Ante este planteo surge una paradoja. Los científicos, por un lado, se esfuerzan por declararse al margen de
cualquier uso negativo dado al conocimiento científico. No sucede lo mismo respecto a los numerosos aportes
positivos y de progreso brindados hacia la sociedad. La ciencia recibe los méritos del progreso, de la calidad de
vida alcanzada gracias a sus continuos descubrimientos, haciéndose portadora de una imagen benéfica. Pero esta
inconsistencia cae por su propio peso: o bien la ciencia puede atribuirse la responsabilidad por ambos tipos de
consecuencias o bien no es responsable por ninguno.
Se hace imposible admitir entonces la exención de la carga ética que lleva sobre sí el quehacer científico.
Desde las ciencias más duras hasta la exactitud de los cálculos matemáticos, la ética está presente en cualquier
actividad científica. Pero es aún mayor la importancia que esto representa, si pensamos en el contexto de las
ciencias sociales. Aquí, la dimensión ética adquiere mayores implicancias y alcances, ya que no se trata de conocer
una naturaleza con el fin de prever y controlar, sino que se trata del estudio del ser humano por el ser humano mismo.

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