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Ecce Horno! ¡Aquí Tenéis Al Hombre!

El documento aborda la antropología cristiana y su relación con la búsqueda del significado del ser humano en un contexto de crisis de identidad. Se enfatiza que la pregunta sobre '¿qué es el hombre?' surge de la comparación con lo divino y las experiencias religiosas, y que la antropología religiosa no siempre se traduce en antropología cristiana. Se destaca la urgencia de reflexionar filosóficamente sobre la existencia humana en un mundo dominado por la ciencia y la técnica, donde la comprensión del ser humano se vuelve cada vez más problemática.

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Ecce Horno! ¡Aquí Tenéis Al Hombre!

El documento aborda la antropología cristiana y su relación con la búsqueda del significado del ser humano en un contexto de crisis de identidad. Se enfatiza que la pregunta sobre '¿qué es el hombre?' surge de la comparación con lo divino y las experiencias religiosas, y que la antropología religiosa no siempre se traduce en antropología cristiana. Se destaca la urgencia de reflexionar filosóficamente sobre la existencia humana en un mundo dominado por la ciencia y la técnica, donde la comprensión del ser humano se vuelve cada vez más problemática.

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Soy yo el que vive, y sin embargo no puedo sujetar mi mente vinculadas.

La antropología cristiana tiene que


vida, permanecer en mí. El hombre se busca, pero su vida saber que esta antropología religiosa se da tanto en su
no puede alcanzar expresión completa en este tiempo propia tradición como en el exterior, y tiene también
de la muerte. Por eso el hombre sobrepasa infinitamente que ponerse en referencia con ella. Sin embargo, las
al hombre (Pascal). En la vida de aquí, el hombre sigu~ respuestas religiosas a la pregunta de «¿qué es el hom-
siendo para sí un problema cuya solución rebasa toda bre?» no abarcan aún por su parte a la pregunta especí-
finitud. Sólo en la llegada de Dios mismo, que pone ficamente cristiana acerca del hombre. Volvámonos ahora
en interrogante infinito a esta vida de aquí, puede espe- hacia ella.
rarse el apocalipsis del misterio humano. De ahí que en
ninguna de sus imágenes de hombres se encuentre el 14
hombre a sí mismo ni alcance la tranquilidad. La in- 4. Ecce Horno! ¡Aquí tenéis al hombre!
tranquilidad de su corazón llevará a una permanente
Tomada en sus raíces, la pregunta de «¿qué es el
iconoclastia de la esperanza, contra aquellas imágenes
hombre?» no se suscita en las historias bíblicas mediante
de hombre que pretenden asentarlo y fijarlo definitiva-
comparaciones con aquello que siempre existe, con los
mente. Esto es antropología religiosa. Lo que hay en ella
animales, con los otros pueblos, o con lo divino que está
de religioso, no es tanto el «sentido y gusto para lo
por encima de nosotros. Surge concretamente, de cara a
infinito», como Schleiermacher pensó, cuanto la expe-
la sorprendente y concreta interpelación y encargo divi-
riencia de la crisis en la que lo divino «irrumpe como un
nos. Así es como en el monte Sinaí (Ex 3, 11) pregunta
puño cerrado en medio de la vida» (K. Barth 13).
Moisés ante el Dios que le habla desde la zarza ardiente
La pregunta religiosa de «¿qué es el hombre?» surge
y le encarga liberar a Israel de la esclavitud de Egipto:
en la comparación del hombre con lo divino, y en aque-
«¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a
llas experiencias a las que denominamos experiencias
los hijos de Israel?». Así es como Jeremías confiesa en
religiosas. No se trata de experiencias extrañas de unos
la visión de su vocación: «¡Ah, Señor Yahvé ! Mira que
hombres especiales, aun cuando a ellos les debamos
no sé expresarme, que soy un muchacho» (Jer 1, 6).
su expresión depurada, sino de experiencias de profun-
Y Pedro confiesa en su encuentro con Jesús: «aléjate
didad, que la mayoría de las veces eludimos en la vida
de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Le 5, 8).
superficial. Ni la experiencia de esta crisis ni los auto-
Aquí el autoconocimiento surge no simplemente de la
conocimientos que de ella se originan, pueden reducirse
impresión de lo divino que se alza por encima de nos-
a la antropología biológica o a la cultural. Tienen su
otros. Surge en el punto en que al hombre se le exige
dignidad propia y su miseria propia y su significado es-
pecial para la humanidad del hombre.
Pero esta antropología religiosa no tiene por qué 14. W. Zimmerli, Das Menschenbi/d des A/ten Testaments
ser ya antropología cristiana, aun cuando en la historia München 1949; W. G. Kümmel, Das Bild des Menschen im Nue~
de nuestro ciclo cultural ambas se hallen muy estrecha- T~st~ment, Zürich 1948; E. Kassemann, Pau/inische Perspektiven,
Tubmgen 1969; O. Weber, Die Treue Gottes und die Kontinuitiit
der mensch/ichen Existenz, Neukirchen 1967; K. Barth, Mensch
und Mitmensch, Gottingen 1954; W. Pannenberg, Was ist der
13. Véase Fr. Schleiermacher, Über die Religion, reimpresión Mensch? Die Anthropologie der Gegenwart im Lichte der Theo-
de la l.ª ed. por H.-J. Rother, Hamburg 1958; compárese este texto logie, Gottingen 1962; y especialmente E. Peterson, ¿Qué es el
de 1799 con K. Barth, Der Romerbrief, München 21922 (cita 241). hombre?, en Tratados teológicos, Madrid 1966, 103-111.

32 33
3
I'

TEXT02

INTRODUCCIÓN
EL PROBLEMA ANTROPOLÓGICO

GEVAERT, Joseph (1983) . El problema del


hombre. Introducción a la antropología
filosófica . Ediciones Sígueme, Salamanca .
(p.p. l 1-25)

r
INTRODUCCIÓN
10 Prólogo
EL PROBLEMA ANTROPOLÓGICO
mente a lo que sirve para un mejor planteamiento teórico de los
problemas. .
El texto que ofrecemos al lector es una profunda re:laboración
de las lecciones de antropología filosófica que llevo ensenando desde
hace más de diez años. . .
Esta interpretación filosófica del hombre, abierta Y sensible a la
respuesta cristiana al problema del hombre, debe no poco a los es-
critos y a la enseñanza de Albert Dondeyne,. que_durante m_uchos
años fue un maestro incomparable en la universidad católica de
Lovaina.
Deseo mostrar mi gratitud a los profesores G. L_eclerc, C. Fe-
rreira y M. Moro que han querido leer el manuscrito y presentar
útiles observaciones, y al profesor V. Polizzi que ha repasado el
texto italiano.

~Qué es el hombre ?U.Quién soy yo? ¿Cuál es el sentido de la


existencia humana? Estos y otros interrogantes por el estilo do-
minan todo el campo de la antropología filosófica. Han sido en
todas las épocas y en todos los niveles de cultura, bajo formas
y medidas diversas, los inseparables compañeros de viaje del
hombre. Hoy se plantean con mayor urgencia a la conciencia de
todo el que quiere vivir su existencia de un modo verdaderamente
humano'. En el conjunto de la reflexión filosófica estos interro-
gantes tienden a ocupar el lugar de preeminencia.

1. Actualidad y urgencia del problema

A primera vista da la impresión de que la humanidad en el


momento presente de la historia está más madura para dar una
·respuesta a estos interrogantes ·que en los tiempos pasados. En
efecto, nunca ha sido tan amplio y tan especializado como hoy
el desarrollo de las ciencias del hombre: biología, fisiologia, me-
dicina, psicologia, sociología, economia, politica, etc., que in-
tentan aclarar la enorme complejidad del comportamiento hu-
mano y proporcionar los instrumentos necesarios y utilizables
para regular la vida del hombre. Cada uno de estos sectores cien-
tificos organiza un vasto panorama de conocimientos concretos
y precisos sobre el hombre, para los que cuatro o cinco años de
estudios universitarios constituyen apenas una primera inicia-
ción. Además, se tiene claramente la impresión de que incluso los
12 Introducción El problema antropológico 13

Y se da cuenta de que no lo sabe. Solamente haciendo tabla rasa de


grandes problemas humanos tienden cada vez más a ser consi- todas l_as tradiciones _referentes a este problema, contemplando con
derados -al menos en la mentalidad de muchas personas- sumo rigor metodológico y con extrema maravilla a ese ser que se llama
como problemas funcionales y operativos que requieren especia- hombre, se podrá llegar nuevamente a unos juicios debidamente fun-
listas en cada uno de los sectores. dados» 2.
En concomitancia con la explosión técnica y científica de la
humanidad surge un difuso interrogante sobre el significado hu- Martin Heidegger, hablando de la antropología de Kant,
mano de esta gigantesca empresa cultural. Muchos siguen sin hace eco a estas palabras de Scheler:
duda soñando en que el progreso científico y el progreso técnico
realizarán casi automáticamente una existencia mejor, o que la Ninguna época ha sabido conquistar tantos y tan variados conoci-
elaboración científica de nuevas estructuras proporcionará la mientos- sobre ~l hombre como la nuestra... Sin embargo, ninguna
época ha conocido al hombre tan poco como la nuestra. En ninguna
clave última y definitiva para superar todas las miserias del época el hombre se ha hecho tan problemático como en la nuestra» 3.
hombre. Por otra parte también aumenta cada día el número de
los que toman sus distancias respecto a la fe absoluta en las La misma idea, en términos más o menos idénticos es la que
ciencias; están convencidos de que hay en el hombre ciertos pro- expone Gabriel Marcel cuando toma al hombre de la; chabolas
blemas que jamás podrán comprenderse y menos todavía resol- desheredado y marginado de la cultura moderna, como model~
verse a través de unos cambios externos y puramente materiales. de! hombre contemporáneo que no sabe ya quién es y para qué
Las inmensas posibilidades positivas que la civilización técnico- existe 4 •
industrial ofrece al hombre están llenas de ambigüedad. Un mun- En est~ contexto de pérdid~ de identidad, de incertidumbre
do dominado únicamente por la ciencia y por la técnica podría y desconcierto respecto a la imagen del hombre, la reflexión fi-
incluso revelarse como inhabitable, y esto no sólo desde el punto losófica, crítica y sis!emática, sobre el ser y sobre el significado
de vista biológico, sino sobre todo desde el punto de vista cul- del hom?re se conv1er_te en una de las tareas más urgentes de
tural y espiritual. Después de dos guerras mundiales y después nuestro tiempo 5. Los mtentos de elaboración de una nueva an-
de los campos de exterminio en donde fueron suprimidos millo- tropología .filosófica son por ello mismo característicos de mu-
nes de hombres inocentes no es posible mirar el progreso cientí- chos pensadores actuales. Es preciso recuperar la secular certeza
fico y técnico con la misma ingenua superficialidad que era carac- del hombre, pensarla de nuevo hasta_ el fondo y enriquecerla con
terística del siglo pasado. t?d~s las nuevas int~rpre~aciones. En el centro está el problema del
Sobre todo se comprueba que el aumento vertiginoso de los s1gmficado de la ex1stenc1a; pero ese problema no puede aclararse
conocimientos técnicos y analíticos de la existencia humana y el más que a la luz del ser mismo del hombre. Descubriendo de nue-
progresivo perderse por entre los laberintos de las especializaciones vo las líneas fundamentales de su ser y la orientación dinámica
van acompañados de una creciente incertidumbre respecto a lo que ~ermita averiguar _su si_g~!ficado_ último, el hombre de hoy
que constituye el ser profundo y último del hombre 1 . Quizás es- estara nuevament~ en ~1sp?s1c1on de situar la gigantesca expansión
temos asistiendo actualmente a la más amplia crisis de identidad ~e 1~ ,cultura t~cmco-c1e1'tifica de forma que contribuya a la rea-
que ha atravesado nunca el hombre, crisis en la que se ponen en hz~~10n aut_éntI~a d~\ hombre .. La reflexión antropológica siste-
discusión o quedan marginados muchos de los fundamentos se- mat1ca y la Jlummac10n de la existencia humana en este momento
culares de la existencia. Las palabras que escribió hace casi medio de su historia, constituirán entonces un verdadero servicio al
siglo Max Scheler no parecen haber perdido nada de su .actua- hombre.
lidad:
2. M. Scheler, Phifosophische We/tanschauung Bonn 1929 62· Id Die
En la historia de más de diez mil años somos nosotros la primera Stellung des M~nschen im Kosmos, Bonn 1928, 13.' ' ' .,
época en que el hombre se ha convertido para sí mismo radical y uni- 3. M. Heidegger, Kant und das Problem der Metaiphysik Frankfurt
versalmente en un ser «problemático»: el hombre ya no sabe lo que es 1951, 189. - ' ·
) 4. G. Marce!, o. c., 11 s.
l. Cf. G. Marce!, L'homme probfématique, Paris 1955, 73-74. fi· 5. Cf. J. Y. Jolif, Comprender al hombre, Salamanca 1969, 20.
Ji(
14 Introducción El problema antropológico 15

coraje que conquista la naturaleza, los montes, los m_ares (cf._ el


2. (Jénesis del problema filosóficp del hombre canto coral de la Antlgona de Sófocles), ante el gemo artístico
que se expresa en la música, en ~a poesía, en la pint_ura~ ~n la dan-
Los interrogantes sobre la esencia del hombre y sobre el sig- za en la literatura, en la arqwtectura, etc. ; admuacion ante el
nificado de su existencia, tanto hoy como en el pasado, no nacen he~hizo de la amistad y del amor, de los ojos inocentes de un niño,
en primer lugar de una curiosidad científica, encaminada al aumen- de una acción noble, del sacrificio de la propia vida por una gran
to del saber. Los problemas antropológicos se imponen por sí causa, etc.
mismos, irrumpen en la existencia y se plantean por su propio También la experiencia religiosa puede abrir semejantes ho-
peso. No es en primer lugar el hombre el que suscita problemas; rizontes de maravilla. Es la experiencia que traduce limpiamente
es el propio hombre el que se hace problemático debido a la vida
el salmo 8: ¿Qué cosa es el hombre para que te acu~rde~ de él?...
y a la condición en que vive. La existencia, al hacerse problemática, Maravilla, por consiguiente, ante el valor y el misten~ qu~ se
requiere una respuesta y obliga a tomar posiciones. Y esto no se revela en la existencia humana y búsqueda del centro mistenoso
lleva a cabo de forma esporádica, para algún que otro privile-
de tamaña grandeza 7•
giado, sino comúnmente -al menos en cierto modo- en la vida La admiración expresa en cierto modo una actitud contem-
de cada hombre disponible y deseoso de autenticidad 6•
plativa, profundamente mortificada en la civ~lización in?ustrial,
La antropología :filosófica no crea ni inventa los problemas del pero nunca extinguida por completo. Está onentada hacia el re-
hombre. Se los encuentra, los reconoce, los asume, los examina conocimiento de la grandeza y del misterio que hay en el hombre
críticamente. E intenta, fatigosamente, dar una respuesta que
independientemente de la obra humana y anterior a ella.
pueda iluminar la problemática concreta y existencia~.
La problemática antropológica se asoma a la vida concreta Aquel fresco de la capilla sixtina, donde Mi~uel Angel ?i-
bujó la creación de Adán, es quizás una de las meJores expresio-
de maneras muy distintas. Quizás sea posible agruparlas en torno
a estos tres temas: admiración y maravilla, frustración y desilu- nes artísticas de esta fuente de reflexión antropológica: entre el
sión, experiencia de lo negativo. dedo de Dios y el dedo de Adán está el centro invisible de todo el
cuadro: aquella misteriosa grandeza que hace del hombre un ser
humano 8•
a) Admiración y maravilla
b) Frustración y desilusión
La reflexión sobre las dimensiones fundamentales del hom-
bre puede nacer de la maravilla y de la admiración frente al uni- La mayor parte de las veces la problemática antropológic~ no
verso o frente al hombre y sus creaciones: admiración ante al surge ante una contemplación serena. Muchos hombres viven
absortos en sus empresas exteriores o en la superficialidad de una
6. Cf. G. Hourdin, en el volumen Qu'est-ce que l'homme, Paris 1954, vida de masa que se muestra poco inclinada a la reflexión. Sola-
143: «¿Qué es el hombre? Cuestión banal, cuest!ón magnífica, cue~tión eter- mente entran dentro de sí en el choque con la realidad, esto es,
na. Hace millones de años que los hombres se agitan por la superficie del glo- en la experiencia de la frustración, del fracaso o de la derrota.
bo como hormigas por un sendero del bosque, como mosquitos al_ lado de un El infortunio, un accidente de tráfico, la muerte de _los padres,
estanque; y desde entonces millares y millones ~e hombres y muJeres se h~
planteado esta famosa cuestión. Lo han hecho mcansablemente, con la mis- de la esposa o de un hijo, la guerra, el genocidio, ~os ca.~pos de
ma angustia, con la misma insistencia, con el mismo sufrimiento. ¿P?r qué concentración... nos arrancan cruelmente de la dispersion para
nacemos a la luz del día? ¿Por qué amamos? ¿Por qué estamos destmados. ponernos frente al problema del significado fundamental de la
a desaparecer? ¿Por qué nos de".oramos m~tuamente?._.. M:e parece que a
través de los caminos de la histona, por encima de la d1vers1dad de pueblos
y de razas, este interrogante del hombre sobre sí mismo es el que domina 7. ·Cf. S. Ben-Chorin, Der dreidimensionale Mensch in Bibel und Moder-
y se eleva sin tregua, sin descanso. Todo lo que dura, todo lo que une, las ne, Trier 1971, 28-37.
obras de arte como las religiones, tiene por objeto ofrecer un balbuceo de 8. Cf. P. Landsberg, Einführung in die philosophische Anthropo/ogie,
respuesta a esta inquietante, a esta perpetua cuestión». Frankfurt 21960, 17-19.

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