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Capitulo 15

En el capítulo 15 de 'La Madrina', Malena enfrenta la tristeza tras la ruptura con Óscar y se entera de la pérdida del bebé de Amanda, lo que la hace reflexionar sobre sus sentimientos. Después de un día de soledad, recibe la visita de Berto, quien la reconforta y le propone salir al cine, lo que marca un cambio en su vida. Al final, Carlota revela que está embarazada y le pide a Malena que sea la madrina, lo que provoca una mezcla de emociones en ella.

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Capitulo 15

En el capítulo 15 de 'La Madrina', Malena enfrenta la tristeza tras la ruptura con Óscar y se entera de la pérdida del bebé de Amanda, lo que la hace reflexionar sobre sus sentimientos. Después de un día de soledad, recibe la visita de Berto, quien la reconforta y le propone salir al cine, lo que marca un cambio en su vida. Al final, Carlota revela que está embarazada y le pide a Malena que sea la madrina, lo que provoca una mezcla de emociones en ella.

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LA MADRINA

Capítulo15.

Óscar vino a por mí a las diez en punto a la puerta de casa con su coche. Yo estaba
enfadada por lo último que viví con él en el bar pero también muy triste. Me
monté en el coche y lo noté muy serio, pensé que los motivos serían los mismos
que los míos pero de camino al banco me contó que Amanda había perdido el
bebé ese mismo fin de semana. Que cuando me llamó la noche de halloween fué
por eso mísmo, desde el hospital.

Me sentí peor aún. Por no cogerseló y estar ajena a todo o que le estaba pasando,
sentí pena ppr Amanda después de todo, y también me alegré. Eso fue lo que
peor me hizo sentirme conmigo misma. Alegrarme de algo tan triste para ella.

Él estaba triste y aliviado a la vez. Se veía claramente que se haría cargo de él


porque tenía que apechugar con lo que se le había presentado sin esperarlo pero
a la vez sé que no quería y que no la quería.

Pensandoló en frío pasado los meses me di cuenta de que tiene que ser muy duro
emocionalmemte querer a tú pareja y estar con otra porque te enganché el sexo
con ella. Llevar dos vidas a la vez, una cotidiana, rutinaria, y con el amor y cariño
desde niños. Otra salvaje, loca y esporádica con tú amiga del trabajo; a la que
también sé que quería, pero era un amor diferente.

- Malena ya está todo zanjado. La casa es tuya. Espero que la disfrutes y seas muy
feliz en ella, y en tú vida.

- Yo también te deseo todo lo mejor en tu nueva vida. ¿Oye, quieres que siga
yendo contigo a la revisión del jueves?.

- Mejor que no. Vendrá mi padre conmigo. Prefiero dejarló aquí. ¿Lo entiendes
verdad?.

- Sí. Lo entiendo.
Y así, en la misma puerta del banco nos despedímos de nueve años de vida juntos.
Nos abrazamos, nos emocionamos. Pero todo quedó ahí.

Quedamos en llamarnos, pero los dos sabíamos que no lo haríamos. Porque


dolería más. Tendría que pasar mucho tiempo para que eso se hiciera con total
normalidad y sin sentimientos entre el uno y el otro.

Ese día no quisé hablar con nadie. No contesté ninguna llamada, ningún
Whatsapp. Sólo me metí en casa, me puse mi pijama de peluche de oso, mis
calcetines y mí moño. Me pegué todo el día viendo capítulos de Aquí no hay quien
viva en el sofá. Manta, palomitas, chocolate, helado, y restos de paquetes que
estos dejaban en la aracena cuando venían. Sí, ese día lo quise pasar sola y me
puse como una cerda de comer guarradas.

A eso de las nueve sonó el tiembre de casa. Miré por la mirilla y era Berto.

Abrí y se quedó en el marco de la puerta con el ceño fruncido, mirandome de


arriba abajo. Llevaba el uniforme del trabajo puesto.

- ¿Vas a pasar?.

- ¿Te has comido todos los pasteles sin mí y por eso no contestas a mis
Whatsapps?.

- No. Ni siquiera me había acordado de ellos... ¡Venga pasa!.

El salón solo tenía la poca luz que salía de la lamparita de pie. Tenía puesta la serie
de fondo, le hizo gracia porque decía que el también era un friki de Aquí no hay
quien viva y saco algo del bolsillo de atrás del pantalón. No se veía bien lo que era
y se acercó.

- Es un zippo que ha entrado nuevo hoy. Y bueno esto también lo cogí. -sacó una
chocolatina de twit-.

- ¡Gracias, muchas gracias!.

- Bah, no es nada.

El zippo era verde agua con purpurina también verde. La frase me encantó.
¨NO SERÉ PERFECTA, PERO SIN DUDA SOY ÚNICA Y ESPECIAL¨.

- Gracias Berto, me encanta.

- Bueno es un regalo tóxico, pero no pasa nada. Sabía que te gustaría.

- ¿Tóxico?.

- Hoy estas espesa... por lo de incitarte a fumar más y eso...

- Vale, haber ¿tienes hambre?.

- No mucha. Pero sí que me comería la napolitana de chocolate... - se rio y se


quitó el desmagando acolchado con el logo de la gasolinera-.

- ¿Quieres que te caliente un poco para que se le derrita el chocolate?.

- ¡Buena idea señorita repostera!.

- Idiota...

- Ven aquí... - alargó los brazos para que fuera hacia él.

Me abrazó, y fue reconfortante. Olía a él a su perfume, pero sobre todo a él.

- Sabía que estabas melancólica. ¿Cómo ha ido?.

- No ha ido mal. Solo que no tenía ganas de hablar con nadie. Nada más.

- ¿Seguro?.-me alzó la barbilla para que lo mirará-.

- Seguro. ¡Venga vamos a la cocina!.

Estuvimos viendo la serie, comentandola y riéndonos hasta las once que se fué.

Ahí fue cuando miré mí móvil que llevaba abandonado entre los cojines del sofá
todo el día. Ví que él como ya me había dicho, me había llamado dos veces. Mí
madre otras dos. Mauro cuatro mensajes de Whatsapp, Aurora y Jimena habían
preguntado por mí en el grupo de <<Tres almejas y un navo>> . También me había
llamado Lili.
Carlota me había dejado un mensaje de voz, en el que me decía que había cogido
cita en la Inem para las dos para la mañana del Martes a las ocho. Muy top, ir a
pedir el paro a las ocho de la mañana. Lo que yo quería...

Me quedé dormida en el sofá y ahí pase la noche. No me subí a la cama.

Por la mañana a las siete, me levanté. Desayuné, me bañé, seque el pelo con el
secador y me apeteció arreglarme más que el día anterior. Que me presente en el
banco en chándal.

Vaqueros pitillos negros, jersey gordito negro, labios y abrigo rojo y las botas
cowboy negras. Era las que tenía más a mano. No me compliqué.

Mi querida Carlota a la que no veía desde el día de la despedida me esperaba en


su coche en la puerta de casa, mientras yo cerraba con llaves y revisaba
metalmente si llevaba todo lo que me había recoradado en un Whatsapp a las seis
de la mañana, que teníamos que llevar en cuestión de papeleo.

- ¡Hola mí amor! - me dijo nada más entrar en el coche.

- ¡Hola guapa! - le dí un fuerte abrazo y un beso.

- ¡Pero qué guapa estas, tía!.

- Bueno los labios rojos a estas horas hacen milagros.

- No. En serio. Estas guapísima. Diferente.

Nos marchamos poniéndonos al día, todo lo que pude resumirle en media hora de
camino. Y después de salir de allí muy cabreada y desilusionada paramos a
desayunar, y ahí le terminé de contar todo lo demás.

- Te echado mucho de menos Malena. Estaba al revés. Han sido muchos cambios y
bueno tengo un retraso.

- ¿¿Cómo?? - Dí un respingo en la silla que todos me miraron.

- Sí. Pero aún no me hice el test.


- ¿Y a qué esperas?.

- No sé.

- ¿Te da miedo?. No creo que Alberto se lo tomé mal. El te quiere Carlota y llevaís
mucho tiempo juntos.

- No es miedo. Bueno sí. Estoy acojonada.

- ¡Vamos juntas a la farmacia ahora mísmo!

Pagué el desayuno y nos fuimos a la farmacia más cercana de donde estábamos.


Lo pedí yo porque a Carlota le daba vergüenza...

Llegamos a mí casa y la deje tranquila en el baño de abajo que se lo hiciera


tranquila y se tomará su tiempo. Mientras me fumé un cigarro en el patio.

A los diez minutos de reloj salió del baño con la cara blanca, en shock y el
predictor en la mano. No decía nada. Solo me miraba.

- ¿Qué?. ¡Dí algo por Dios! ¡Me va a dar algo!.

Como no decía nada, le quité el predictor de la mano y lo miré yo misma. ¡¡Estaba


embarazada!!.

Chillamos, lloramos, reímos, saltamos, bailamos, nos tomamos un chupito de


Vodka caramelo para celebrarlo, y se terminó el fumar delante de ella y mucho
menos que ella fumará. LLamó a su novio delante de mí y me emocionó tanto esa
llamada. Me imaginé yo en ese momento con Óscar en nuestros meses pasados...
Aunque yo siempre tuve claro que no quería hijos. Luego se me vino Amanda a la
cabeza de como sería el momento en el que se lo dijo. ¿Cómo se lo diría? ¿Qué
diría él? ¿Cuál sería su reaación?.

- Malena Alberto dice que seras la madrina. ¿Malena? ¿Me estás escuchando?.

- Eh. No. ¿Qué decías?.

- Que si todo sale bien. Alberto dice que serás la madrina.


- ¿Qué? ¡Ay Dios! ¿Carlota estás segura? Tus hermanas también pueden serlo. Yo
no quiero quitarle a nadie ese puesto.

- ¡Segurísima!. No hay más que hablar. Serás la madrina Malena. Alberto no tiene
hermanos, y ha decidido que la madrina seas tú. No hay más.

- Vale. Es que me he quedado en blanco, no me lo esperaba. Lo tengo que


asimilar. ¡Pero que me hace mucha ilusión!. - la abracé y bromeé tocandole la
pancita.

Cuando me quedé sola, una vez se había marchado Carlota, llamé a mí madre. Le
conté lo que cobraría que me parecía insuficiente para pagar una casa sola, más
facturas etc... Me dijo que me daría dinero, me negué. Nunca me gustó que me
dieran dinero mis padres. Me gustaba conseguir las cosas por mí misma. Luego
nos pusimos al día y le prometí que iría unos dias para la playa, aunque ya hiciera
frío.

También llamé a Lili, estuvimos hablando un buen rato. Carlota la había llamado
con la noticia y estaba como una abuela. Loca de contenta. Nos prometimos
mantener el contacto por enésima y quedar las tres para tomar café.

Miré la nevera y me hacían falta cosas, llevaba días sin pasar por el supermercado.
Tenía que organizarme y empezar una rutina diaría. Quizás hasta retomar el
gimnasio.

Al salir del supermercado, me pasé por la gasolinera donde trabajaba el moreno


de pelo negro y gafas sexys a repostar. En cuanto me vio llegar, reconoció mi coche
y salió a saludarme. Se acercó cuando me estaba bajando para marcar en la
pantalla el importe y pagar con la tarjeta.

- Buenas señorita. ¿Es su primera vez por aquí?. No la había visto nunca. -me reí e
hice como que no iba conmigo. ¿Necesita ayuda?.

- No gracias. - le dije mientras cogía la pistola para repostar.

- No me gustaría que se manchará, va usted muy romantica hoy. -me miró la


camisa de corazones y le saqué un dedo con la mano que me quedaba libre.
- Idiota.

- Venga ya en serio, ¿dónde vas tan guapa?.

- He ido a solicitar la prestación de desempleo, he comprado en una farmacia un


predictor y ahora vengo del supermercado, de hacer la compra.

- ¿Dónde dices que has ido?. -lo miré mientras soltaba la pistola en su sitio.

- Al supermercado, a Inem a lo de la prestación del desem... -me cortó.

- Lo otro. Lo del predictor. ¿Has dicho predictor?. -me reí mientras ponía el tapón
del gasoil, lo ví tan serio mirandome que me eché a reir a carcajadas limpias.

- Berto, es para Carlota. ¡Está embarazada! Se hizo el test en mi casa eta mañana.
Bueno voy a ser la madrina. ¡La madrina!.

- Eres una cabrona. ¿Sabes el susto que me llevado?.

- Lo siento gordi. No lo hice con mala intención. -me burlé.

- Pues el gordi está con medio infarto ahora mísmo... -se acercó. Se acercó muy
mucho. -Te voy a tener que castigar... Pero es que luego me acerco y te veo esa
cara, y se me pasa. Salgo a las seis. ¿Vamos al cine?.

- ¿Al cine?.-se mantuvo a la misma distancia, nariz con nariz.

- Sí al cine. ¿Desde cuándo no vas?.

- Hace mucho.

- Pues hoy vas a ir. A las siete te recojo Barbosa.

Y me besó. Me besó allí en medio de la gasolinera, delante de todos. Fátima


miraba con los ojos como platos desde dentro, por los cristales. Le dió igual estar
delante de todo el que estaba repotando. Escuché hasta un chiflido que otro.

A la vuelta no sabía muy bien que me pasaba con él. Pero si tenía claro que me
gustaba que me piropeara, me seduciera, me buscara. Creo que es algo que le
gusta a toda mujer. Sentirse valorada, querida, que le importas a alguien especial.
Esa era la palabra. Especial. Berto había llegado a mí vida para abrirme los ojos.
Ojos que llevaban años entreabiertos, pero no abiertos del todo. Conformámdose
con una vida rutinaria sin nada excitante en el día a día, ningún plan como un
simple vamos a tomarnos algo, un cine, un helado, un salir a cenar. Y llega Berto
con ese aire fresco y te revoluciona por dentro y por fuera.

Cuando la gente me decía que estaba diferente, yo sabía que no era por un
pintalabios rojos. Sabía que era porque a veces el peso que llevamos a nuestras
espaldas se nota en la cara cuando es derribado.

Me dediqué parte del día a limpiar la casa con la música bien alta, almorcé unos
tallarines con verduras y gambas que me salieron buenísimos, y la demás parte
del tiempo me pusé a leer tranquila en mi cheslong.

A las seis me dí una ducha y no sabía que ponerme. Era ir al cine pero no sabía
por donde me saldría después. Con él nunca se sabía.

Me decidí por unos panatalones flare en color frambuesa, las botas negras de
tachuelas a los lados, camisa oversize blanca y jersey ancho de punto negro.
Labios fucsia, rimel, iluminador y pañuelo negro.

A las siete sonó el timbre. Salí y no lo reconocía porque no traía su coche. Venía en
un coche alto y negro, que poco después supe que era un Mercedes GLS SUV de
su padre.

- ¿No vas a tener frío sin abrigo?. Esta noche bajan ya a siete grados.

- Vale, espera. Cojo algo.

Entre de nuevo a casa y cogí el abirgo rojo del perchero de la entrada. Durante el
camino escuchamos música en Cadena Dial. La presintonía del coche era una
nroma sagrada a no tocar, si el padre le dejaba el coche.

Iba muy guapo, con un jersey verde oscuro. Al ver el tacto, imaginé que era de
cachemir. Al bajarse del coche pudé ver que no llevaba por primera vez, los
tobillos al aire. Llevaba unas botas cortitas de piel marrón oscuras. El pantalón le
hacía un culazo, que me quede embobada mirandoló y se acabó dando cuenta.
Evidentemente intenté disimular. Pero no coló.

La película que vimos fue: El Ultimo [Link] gustó mucho porque Matt Damon,
Ben Affleck y Jodie Comer hacen un papel espectacular. La música, efectos y trama
era muy buena. No quiero hacer spoiler. Pero trataba de dos amigos que se
convirtieron en rivales cuando una mujer en este caso Jodie Comer es acosada por
uno de ellos, algo que él niega. Pero ella no se queda callada y lo acusa. Se
debaten en un duelo el destino de los tres.

Comimos palomitas saladas y de caramelo. No creo que haga falta decir de cual de
las dos comí yo más.

Después me sorprendió. Había reservado en La Cava Bar. Comímos muy bien. La


burrata con verduras estaba expectacular y el arroz de setas y pato, para mí que
nunca había probado el pato me gustó bastante. También bebimos vino, yo más
que él porque el tenía que conducir. Pero lo que más me gustó a parte de la
comida, el sitio, la atención del personal y demás, fué que pasó todo de una
manera tan agradable... No hubo silencios, ni preguntas absurdas para callarlos.
Fluyó. Todo fluyó de una manera tan natural que parecía que nos conocíamos de
toda la vida y eso me hizo pensar que me estaba gustando de verdad.

Me contó sus locuras de juventud, alguna anécdota de pequeño, también conté


yo alguna que otra; como que me metí un kiko en la nariz con cuatro años y luego
no me salía. Él bromeó con que era Hommer Simpson con el lápiz.

A la vuelta estábamos tontitos en el coche. Empecé a acariciarle el cuello, le dije al


oído que me gustaba mucho como le quedaban esas gafas tan sexys, o mejor
dicho; que me ponían cachonda. Lo provoqué con un mordisco en la oreja y paró.
Se metío en un camino donde había una cancela que daba a los naranjos que
había dentro y paró el coche ahí. Se tiró a buscarme y cuando lo toqué estaba con
la polla dura. No me lo pensé dos veces y me bajé le desabroché la cremallera se
la saqué y me la metí sin mas en la boca.

- ¡Joder! ¡Dios! ¡No pares!.


A esto de dos, tres minutos no más. Sacó su cartera de cuero marrón y de esa un
preservativo. Lo abrió con los dientes y después sopló sobre él para colocarlo en la
posición correcta. Lo puso sobre su punta y fue desenrrollándolo despacio sobre
su erección.

- ¿Por qué usas hoy perservativo?. ¿No te fías de mí?. -le pregunté mientras me
quitaba las botas en mi asiento, el pantalón, botas y calcetines.

- No. No es eso.

- ¿Entonces?.

- Es porque no quiero manchar el coche de mí padre.

Eso me hizo tanta gracia, me imaginé como una quinceañera en el coche de su


primer amor. Sin pensarlo mucho me subí sobre él y lo introdujo lentamente en
mí interior. Una oleada de alivio me sacudió y él se removió.

- Lo haré despacio. Porque estoy muy cachondo y si no voy despacio no duararé


más de dos minutos.

Pegada a su nariz, le dije que sí que hiciera lo que quisiera conmigo. Pero que por
favor no se quitará las gafas. Putas gafas.

Uno, dos, tres cuatro golpes de cadera, cada vez con más fuerza. Fué cogiendo el
ritmo y con el yo disfruté echando la cabeza hacia atrás y relajandome. No duró
mucho, pero me sacudió un orgasmo brutal cuando emepezó a tocarme el clitoris
húmedo con los dedos, con el que grité desatada y Berto al escucharme, se tensó
y lanzó un gemido, más bien gruñido que salía se su garganta con satisfacción. Yo
caí con la cara en su hombro y la boca muy cerca de su oreja. Y ahí estuvimos unos
cuantos segundos, respirando agitados y abrazados.

Le invité a que se quedará a dormir, pero no podía. Trabajaba por la mañana


temprano. Nos despedimos con un beso en la puerta de casa y me dijo un
delicado ¨mí niña¨ acaraciándome la cara, que me turbó todo mi cerebro.

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