LO QUE MAL EMPIEZA BIEN ACABA.
Capítulo 18.
LLegamos a las nueve y media a Atocha. Esperaba que hiciera más frío, pero no
había mucha diferencia de temperatura con Sevilla. Como buen hijo llamó a su
madre nada más llegar. Y digo buen hijo, porque yo no llamé a la mía. Sabía que
me iba a preguntar cositas... Asíque le mandé un Whatsapp.
Mandé otro por el grupo de <<tres almejas y un rabo>> diciendo que ya estaba en
Madrid y me volví a guardar el móvil en el bolso.
Cuando lo miré, estaba haciéndose un selfie con la estacíon de Atocha de fondo.
Se tocaba el pelo para posar lo más guapo posible. Presumido de mierda... No le
hizo falta más que dos poses para elegir cual subir, yo en su lugar me hubiera
llevado más tiempo. Paramos en la parada de Taxis, pero le dije que no gastará
dinero, que íriamos andando. Puso cara de no entenderme, pero accedió. Fuímos
tirando de las maletas hasta plena Gran Vía.
Ahí ya si hubo un encontronazo. Él había reservado en un hotel a mí parecer
bastante caro para dos noches. Yo me negué.
No veía necesario gastar tanto para ducharse y dormir. Por no discutir más de la
cuenta, anuló la reserva, que era con canecelación gratuita. Miré que hostales
había en plena Gran Vía, con buenos comentarios y que estuviera bien a calidad,
precio. Ahí en medio de la calle, llena de gente.
- ¿Qué te parece este?.
- Está bien. - sabía que estaba enfadado.
- ¿Seguro?. - lo miré haciéndole ojitos.
- Sí. Seguro. Y no hagas eso.
- ¿El qué?.
- Ponerme cara de cordero degollado. -se lo volví a hacer.
- ¿Reservo?.
- Sí, no quiero perder más tiempo aquí parado.
- Vale, voy a pagarlo.
- No Malena. Pagó yo. - lo miré de nuevo, y está vez no era haciédole ojitos
precisamente.
- ¿Por qué?. Yo puedo pagarlo, es más, quiero pagarlo.
- Vale, pero yo no quiero. Quiero pagarlo yo.
- No. Y no hay más que hablar. Ya está. Listo. Es hacía allí.
Se llamaba Hostal Gran Vía 44. Estaba al lado de la estación de metro de Callao.
Ofrecía Wifi, las habitaciones eran luminosas con TV de pantalla plana, caja fuerte
y balcón. Admitian fumar en el. Tenía una decoración minimalista, calefacción,
telefóno, minibar y un baño que estaba bastante bien. La ducha tenía efecto
lluvia, y también había secador. ¿Qué más se necesitaba para pasar un finde en
Madrid?. Pues a Berto no le convencía. Porque las camas eran de noventa, en vez
de ser una de matrimonio.
- ¿Pero qué mas da?.-le dije mientras deshacía la maleta y perchaba en el
pequeño ropero la camisa para que no se arrugara.
- Sí da, sí da. ¡Claro qué da!.
- Míralo por el lado bueno, así si nos peleamos, cada uno a su cama. -lo miré pero
tenía el ceño fruncido.
- Voy a dormir contigo así sea los dos metidos en una cama de noventa.
- Podemos pegar las camas. Con mi ex lo hacía. -me miró de nuevo mientras
sacaba la ropa de su maleta, y volvió a agachar la cebeza, me acerqué.
- ¿Qué te pasa?. Esta bien, no nos hace falta nada más. La vida esta ahí fuera. no
aquí dentro. Estamos a cinco minutos de la Puerta del Sol, en pleno centro.
Estamos en Gran Vía. ¿puedes mirarme un momento, por favor?.¿En serio te vas a
poner así por esta gilipollez?.
- Perdona. -soltó la camisa que iba a colgar en la cama. Llevas razón. Quizás sea
yo. Yo no estoy acostumbrado a esto Malena. Lo siento, por ponerme así.
- ¿A esto?. ¿Te refieres a que pagué yo, a qué no se coja un taxi, a qué me importe
una mierda tú dinero?. - me miró alucinado. ¿A ese, esto, te refieres?.
- Sí. A ese esto me refiero. -se sentó en una de las camas.
- A mí nunca me ha importado el dinero de un tío, eso quiero te de claro. -levantó
la cabeza para mirarme, fué a contestar pero llamaron a la puerta.
Abrí un poco mal humorada. Pero cuando ví lo que había tras la puerta me quedé
alucinada. Un ramo de treinta y una rosas rojas y una tarjeta. Lo cogí de la
alfombra, que era donde lo habían dejado, imagino porque sabían que estábamos
dentro. Y sinceramente, después de hablarle como le había hablado, me daba
vergüenza entrar a la habitación. Cerré la puerta con el ramo y abrí la tarjeta antes
de volver donde estaba él. Apoyada en la puerta del baño.
<<Querida Malena: Hay recuerdos que lastiman, pero eso no significa que
volvamos a caer. Te admiro por lo fuerte que has sido, y por lo que has tenido que
enfrentar en silencio y a solas. Felicidades Barbosa.>>
Se me cayeron dos lagrimones mejillas abajo. Y volví a la habitación con el ramo
en una mano y la tarjeta en otra. Él estaba nervioso, eso era lo que le pasaba, a
parte de lo del taxi y el hostal. Estaba nervioso porque no sabía cual sería mi
reacción y porque había tenido que cambiar el ramo de dirección sin que yo me
diera cuenta. El pobre lo tenía todo planeado, y yo se lo chafé.
Estaba con las manos metidas en el chino, mirándome con una expresión que no
supe adivinar. Tiré el ramo y la tarjeta a una de las camas y me lancé. Me lancé a
besarlo, y no pude esperar. Me enganché a su cuello y él me levantó por el culo
hasta encajarme en sus caderas. Lo besé y lo besé mucho. Me lo quería comer en
ese momento. Nos besábamos como dos energúmenos.
Berto era brusco, esa es la verdad. Pero a mí me gustaba así. Me gustaba que
fuera así conmigo, haber no me melinterpreteís; tampoco sado ni nada de eso,
pero me gustaba su fuerza y sus ganas cuando se ponía cachondo. Nos fuímos
cuidadosos ninguno de los dos a la hora de quitarnos la ropa, él uno al otro. Su
lengua me volvía loca, invadiendo y recorriendo mi boca.
Noté el dedo índice dentro de mí y me arqueé un poco. Berto se incorporó para
mirarme a los ojos. Y a mí eso me puso más cachonda aún. No paraba de
mirarme, yo gemía al notar su dedo entrar y salir de dentro de mí. En un
movimiento de cadera toda su erección estaba dentro, sentí como le bombeaba la
polla y yo estaba tan húmeda que me dió hasta corte. Empezó a moverse mientras
me seguía mirando, me besaba, me lamía y mordía el cuello hasta que yo lancé al
aire un contundente: ´ME VOY A CORRER´. Paró en seco y giramos.
Me senté a horcajadas sobre él pero con las piernas lo más abiertas que pude.
Berto aprovechó para tocarme el clitoris por fuera y yo chapoteaba de lo mojada
que estaba. Me aparte el pelo de la cara, porque el moño estaba más pacá que
payá y seguí moviéndome sobre él. Sus manos, me agararron los muslos y, arriba y
abajo, marcaron un ritmo que hicieron moverse mis pechos hasta plantarselos en
la cara. Me qudé con las manos apoyadas en el colchón sin parar el ritmo.
- No pares. -gimió.
Eso me hizo incorporarme de nuevo, y su sonrisa maliciosa se agrandó cuando me
vió cabalgar encima como una loca.
- ¡Joder! ¡La hostia!. Voy a correrme Malena. ¿Estas?.-jadeaba.
- ¿Estas qué?. -le sonreí juguetona.
- No seas mala. ¡Me va a dar algo!.
- No quiero parar... Me da mucho gusto...
- Después lo hacemos siete veces más si quieres, pero no puedo más Malena, me
vuelves loco...
Notaba su erección muy dura dentro y cuando mis gemidos empezaron a brotar
de nuevo por mi boca, se corrió. Y yo simplemente me corrí tras él. Caí en su
pecho exahusta, y nos costó unos cinco minutos volver a la respiración normal.
Después estrenamos la ducha juntos. No hicimos nada. Digo estrenar porque nos
duchamos juntos, solo eso. Bueno tonteamos un poco con la espuma del gel de
baño, pero poco más.
Salimos a comer, pero yo antes necesitaba un café. Paramos en Starbucks y me lo
tomé camino al sitio que quiso él llevarme a comer. No se lo discutí.
Comimos en un Italiano. Pizza, pasta y lasaña. Paramos a comprar unos helados en
una heladería en Puerta del Sol, mientras nos los comíamos, íbamos paseando y
mirando escaparates. Me paré en Women´Secret a mirar el escaparate, me acordé
de Aurora. La pobre estaría a tope de trabajo con el Black Friday y ya no
descanasaría hasta después de navidad. Se había cogido el día de mí cumpleaños
y ahora ya no descansaba ni ese mismo fin de semana.
- ¿Entramos?. -me quedé pensando la pregunta en mi cabeza.
- ¿Cómo?.
- ¿Qué si entramos?.
- ¿ Aquí? -le señalé la puerta de entrada.
- Sí. Aquí.
- Bueno, no me hace falta nada, [Link].
- ¿Qué pasa? ¿Te da vergüenza entrar conmigo?. No es nada, es solo una tienda de
ropa interior.
- Pero es que no me hace falta comprar nada, prefiero mirar la librería que ví antes
cuando íbamos a comer y ver los libros.
- Venga, vamos.
Me volví, creyendo que se refería a la librería. Cuando me volví de nuevo hacía la
tienda, él ya estaba entrando. Lo seguí.
Estaba cortada. Tampoco es que estuviera en un sexshop pero me daba corte.
También inseguridad. No solía usar esa preciosa ropa interior principalmente
porque no me veía metida en ella. Después porque vista mí cuenta bancaría
tamapoco podía permitirme gastarme en un sujetador mucho dinero y menos en
un tanga. Que ya sabeís que no usaba.
Me fije en una colección en particular. Era preciosa. Ví un sujetador corsé de
encaje negro tipo balconette con relleno y aro, súper sexy que seguro que pondría
las tetas en su sitio y sentaría de maravilla.
Había un cartel que ponía: Completa tu look luciendo su braguita o tanga a juego
para un conjunto ideal.
- ¿Quieres probartelo?.
- No. Mejor no.
- Pues tiene que sentarte muy bien. La piel clara con el negro y tú color de pelo
es... -se mordió el labio inferior.
- ¿Es qué?. - le insistí.
- Sexy. Muy sexy. - me quedé mirando el corset de nuevo.
- Ni siquiera sé la talla que tengo.
- Pues ahí mismo hay una mujer muy guapa que te puede ayudar.-la miré. Sí era
guapa, sí. Madurita pero guapa.
- Perdona, ¿puede ayudarnos?. -él se adelantó. Quizás para que no me fuera.
- Sí. Decirme. -Nos miró a los dos. Pero sobre todo a él.
- La talla. Quería saber la talla para mí de esto, no se sí es la noventa y me lío con
las letras. No sé si es A, B, C .
- Tranquila. Ahora mísmo te lo aclaro. Dejamé que te miré sin abrigo. - Me lo bajé
un poco de los hombros para que me viera.
- A mí parecer tienes una noventa B, pero pruébate también la C. El probador está
allí al fondo.
- Gracias. -le dije, cogiendo las dos tallas del perchero.
- No es nada. Para eso estamos. Avísame si necesitaís ayuda.- y lo miró descarada.
- ¿Vienes?.
- No. Te espero aquí. Si te sientes más cómoda sola. Te espero aquí.
- Vale. Ahora salgo.
- Perfecto.
En el probador me pasaron dos cosas por la cabeza. Uno. ¿Me acababa de poner
celosa de la dependienta?. Dos. ¿Estaría tan sexy, como su ex con este corset?. Ya
me dijo que le encantaba la ropa interior en alguna ocasión y que él además la
compraba a sus chicas. ¡Joder Malena! No pienses eso ahora... Me miré al espejo
y me veía bien. Pero no quizás todo lo bien que quería verme. No habó de
complejos ni nada de eso. Habló de estar a la altura de lo que el buscaba en una
tía. Vale se reía mucho conmigo, me lo dijo en el Ave. Se lo pasaba bien conmigo,
me había regalado un ramo con treinta una rosas. Había decidido pasar el finde
conmigo en Madrid. Pero... ¿ y después?. ¿Se canasaría?. ¡Malena basta! No
pienses gilipolleces.
Me volví a mirar al espejo. Quedaba muy bien la verdad, y me hacia un pecho
precioso. Los tirantes eran anchos, para una mayor comodidad.
Cuando salí del probador no lo ví. Conforme me acercaba a la caja me
emparanollé más. Después me di cuenta al pagar con el móvil, que me había
mandando un Whatsapp. << Te espero en la puerta. Fufandomé un cigarro.>>
Cuando salí de la tienda. Estaba hablando por el móvil. Era del banco por lo que
logré escuchar, ó un abogado. Algo de la herencia era.
- Te llamo yo en otro momento. El lunes. Ahora no puedo hablar.
Me acerqué a él dandole la primera calada a un cigarro que me acababa de
encender.
- ¿Todo bien?.
- Eso mísmo te iba a preguntar yo. ¿Todo bien?. Has tartado bastante.-sacó de
dentro del abrigo una bolsa pequeña de Women´Secret. -Toma.
- ¿Qué es esto?.
- Lo que le falta al corset para completar el conjunto.-Me quedé mirandoló.
- ¿Sabías mí talla?.
- Yo no. Pero la dependienta sí. -lo miré directamente a los ojos.
- Ah, la dependienta...
-¿ Qué te pasa?.
- A mí nada.
- ¿Estas celosa?.
- ¿Yo? que va.
- Pues te noto rara.
- Es que estoy cansada. Quizás deberíamos volver al hostal. ¿Te apetece sushi
después?. Podíamos mirar alguno, pero necesito echarme un rato.
- No hagas eso. Ya lo hacías el día que quedamos por primera vez.
- ¿El qué?. Lo miré con los brazos cruzados y el cigarro.
- No darle imprtancia a las cosas que te rondan por la cabeza. Y no vas a dormir
ahora. Porque he pensado en ir a un sitio después y necesitamos un copazo antes.
- ¿Qué sitio?.
- Vamos a bebernos un cubata, y ahora te lo cuento.