NO TODO ES LO QUE PARECE
Capítulo 5.
El lunes a las 6 de la mañana me levanté porque no podía dormir más y me dí una
ducha, me preparé un café, tostadas y un zumo de naranja. Por primera vez
desayuné sola y tranquila en días.
Miré toda la cantidad de pastillas que me habían recetado y las tiré al cubo de la
cocina, no quería más sustancias que me dejarán adormilada y menos en el
trabajo.
Yo soy de ir al médico poco... cuando no tengo más remedio y pastillas no tomó
casi nunca; además no iba a pasármelas a base de pastillas, las cosas hay que
afrontarlas enfrentándote a la realidad sin más. Ojo, que no veo mal que se las
tome quien las necesite, pero yo preferí no hacerlo.
Llegué a las 8 en punto a la puerta del obrador y Lili me abrió y me abrazó, me dijo
que estaba para lo que me hiciera falta. Carlota llegó justo después, también me
abrazo, me beso en la cara muy cariñosa y me dijo lo mismo que Lili.
- Aquí estoy para lo que necesites, Malena. Si prefieres quedarte dentro para no
tener que dar explicaciones a los clientes, quédate dentro, yo atenderé sin
problema, hasta que pasé un poco todo. – me volvió a abrazar-.
-Gracias Carlota. – y me adentré en mi mundo dentro del obrador, entre masas
hojaldradas, croissants, tartas, natas montadas, cremas, y reponer lo que dejaban
los repartidores los lunes en tanques y cámaras.
Al terminar decidí salir a fumarme un cigarro al patio interior, al entrar a lavarme
las manos en la pequeña cocina que tenemos escuché a fuera una voz que se me
hizo familiar.
-Sí está dentro, ¿quieres saludarla? – le decía Carlota .
- No sé sí querrá, no quiero molestar. – Era Berto, estaba segura.
- No, no es molestia, Carlota llámala, y que salga. -Lili animando el asunto.
Vi entrar a Carlota dentro a buscarme yo disimulaba con que tenía mucho trabajo
cogiendo lo que me había sobrado de manga pastelera.
-Malena, ahí fuera hay un muchacho muy mono, que quiere saludarte. ¡¡¡¡porque
dice que sabe que las empanadas las haces tú!!!! – sonó como si fuera un chef
que sale a saludar después de las cenas a los clientes.
-Carlota, es Berto creo… pero me da, ¡¡¡vergüenza!!! – grité más de la cuenta, creo
que hasta me oyó.
- Sal a saludar a tus clientes, venga Malena, si no sales vendrá Lili por ti. – y la
imitó.
Me resigné y salí, estaba en el mostrador de los pasteles, el más cerca a la puerta.
Iba muy guapo, pelo revuelto pero perfectamente peinado hacia un lado, jersey
celeste de Tomy Hilfiger y esas gafas negras que tan interesante lo hacían,
converses negras y chino negro.
Yo llevaba el gorro blanco en la cabeza con mi pelo recogido y el delantal blanco,
debajo de eso un chandal de algodón básico de Lefties en colo negro y una básica
blanca. Igualitos... Me pusé frente a él detrás del mostrador.
-Hola, ¿qué tal?-le sonreí cortada.
-Hola Malena, espero no haberte molestado, pasaba por aquí y he me he decidido
a entrar para comprar una de tus empanadas. Hoy almuerzo en casa de mis tios
con mis padres y se la voy a llevar para que la prueben.-me sonó todo a mentira,
ese pasaba por aquí… .
- Y ¿cuál has elegido? -no sabía que decirle-.
- Pues la de pollo a la carbonara, es la que más me gusta, de todas. – me sonrió-.
- ¿Las has probado todas?
- Creo que sí. Oye una cosa, a ver no se como empezar, bueno iré al grano, este fin
de semana, es Halloween, hacemos un reservado en “AQUA” si te apetece ir con
tus amigos, estaré por allí.-le daba vergüenza no me miraba-.
- ¿Has venido a comprar la empanada para ligar conmigo?-y lo busqué con la
mirada, hasta que las dos se encontraron-.
-Bueno, a ver, las dos cosas. Pero no quiero molestarte ni que te sientas
incómoda, sólo quería saludarte, me pareció buena idea invitarte a la fiesta, y
nada más Malena, no quiero que pienses cosas que no son.
- ¿Y qué cosas tengo que pensar que no son? – le sonreí, porque me hacía gracia
la situación, nunca en 8 años que llevaba trabajando aquí, me había pasado nada
parecido.
-Malena, ¿eres siempre así? –se reía divertido.
- ¿Así cómo? - le seguí el rollo.
-Bah, déjalo, a las 12 de la noche estaremos por allí, si te apetece ir allí estaré, me
caíste bien, sólo es eso. -miró su reloj.
-Vale, no sé que planes tendrán Mauro y mis amigas, si quieres me puedes dar tu
número de teléfono y te lo confirmó el sábado. – eso le sorprendió-.
-Eh, sí claro, toma apuntaló. – cogí papel y boli y lo apunté-.
-Vale pues, ya nos veremos. – le dije mientras me metía el papel en el bolsillo del
delantal-.
-Bien, encantado de verte de nuevo.
-Adiós, Berto. – se volvió y recordé lo que me dijo en la gasolinera-.
-Mejor hasta otro día. – me guiño un ojo y lo vi salir por la puerta -. Me quedé un
rato pensativa, y sin darme cuenta aún miraba para la puerta.
Cuando me volví estaban Lili y Carlota riéndose como la que está viendo una
novela de Divinity en directo.
- ¡¡Dios, Malena!! ese chico está enamorado de ti.
-Enamorado es una palabra muy grande, Carlota, no seas exagerada.
Lili mientras tanto estaba como una madre que ha presenciado la pedida de la
primera cita de su hija.
-Lili, no es lo que parece. ¡¡No me mires así, por dios, que vergüenza!!! – me tape
la cara.
- Yo sí sé, lo que parece, mi edad me dice que a ese chico le gustas. Y se ve un
chico muy bueno, y la verdad que venir aquí para pedirte una cita, dice mucho de
él.
-Lili no me ha pedido una cita, por el amor de dios!!! Me ha dicho que me pase
por la fiesta de halloween de “AQUA”. A la qué no iré, porque no me gustan esas
fiestas y mucho menos disfrazarme de terror.
-Venga Malena, cambia el chip, la vida te está dando una segunda oportunidad. –
Carlota como siempre, la romántica empedernida.
-No Carlota, no tengo ganas ni intención de nada por un tiempo. De verdad que
no. No quiero saber nada de hombre. Me llevado el palo más grande de mi vida,
está esperando un hijo de otra, me iba a casar. No, no quiero, lo siento por él. Pero
no.
-Malena, a veces no empeñamos en un hombre y ese hombre no es, eso te ha
pasado a ti – Lili en modo, madre total.
-Mira no te lo iba a decir, pero ahora que saca el tema Lili y por los años que
llevamos trabajando aquí y por el cariño que nos tenemos tengo que decirte que
no lo veía enamorado de ti y tú estabas empeñada en él, pero no lo era ni lo es,
no es el hombre de tu vida. Malena de verdad te lo digo, de corazón, tú aún no
has encontrado a ese hombre. Porque yo no te veía entusiasmada con la boda y
desde hace más de un año tampoco te lo veía en tu relación. ¡¡Y ya, lo solté!!
¡¡¡Ala ya me quede tranquila!!! – y se puso las manos en el pecho.
- ¿Puede ser que fuera así y yo no lo viera? – puse los brazos en jarras.
- Lo verás con el tiempo. – sentenció Lili.
Y me quedé muy pensativa dentro del obrador lo que me quedó de día.
Pensé en la magia del principio y en que esa magia se apagó con el tiempo. Y
ahora lo veo, aunque antes no lo viera ó no quisiera verlo. A veces pasa que nos
ponemos una venda en los ojos y no queremos ver más allá. No me sentía
deseada, eso tengo que admitirlo. Aunque el sexo fuera bueno y nos
complementáramos bien en ese aspecto no me sentía deseada como al principio.
Los cuatro primeros años fueron muy buenos en general, al quinto nos decidimos
por irnos a vivir juntos a un pisito pequeño de setenta metros cuadrados y al sexto
decidimos dar el gran paso de comprar la casa. Tengo que reconocer que el
ahorrar e intentar que nos dieran el préstamo bancario y el yo querer llevarlo todo
a la perfección me hizo despegarme mucho de Óscar, y no me apetecía el sexo
demasiado. No era como al principio. Eran dos o tres al mes y eso según Aurora
era poco y según Mauro poquísimo, Jimena la pobre no decía nada, no tenía
experiencia para opinar.
El caso es que ahora que lo veo desde fuera nos distanciamos mucho como
pareja, el salía con sus amigos y yo nunca lo acompañaba o por falta de tiempo o
por trabajo. Él tampoco se unió nunca a mis amistades, al único que conocía más
era a Mauro pero porque para mí era el hermano que nunca tuve y nos ayudo
mucho con la mudanza, la decoración de la casa y casi siempre se lo encontraba
por casa al llegar y nos encontraba viendo alguna película, haciendo alguna receta
fit, ó no fit, ayudándome a cambiar la ropa de temporada al vestidor... en fin que
fue al que más rozó como amistad mía.
También caí pensando en que las últimas vacaciones, las del verano pasado en
Lanzarote que se reservaron con mucha ilusión, no salieron como esperaba que
salieran. ¿Veís normal, que en una semana sólo falláramos una vez?, sí una. Estas
fliparon y Mauro se puso las manos a la cabeza.
Yo me pegué todas las vacaciones en la tumbona leyendo. Él amortizando la
pulsera del todo incluido y no, no había química. Era como ir de vacaciones con tu
amigo de toda la vida, cariño de amigos diría yo. Yo no lo buscaba, él no me
buscaba y quitando las cuatro excursiones que hicimos en las que una de ella casi
lloro de la emoción viendo las tortugas, cachalotes, mantas y peces de coloreses;
esa cantidad de peces jamás vistos en mi vida.
Se podría decir que fué lo que más excitante del viaje. Eso y la cantidad de
helados y dulces que pude comerme en una semana. Los iba probando todos.
Puse cinco kilos, para seros sincera. Y yo no estoy delgada precisamente, nunca lo
he estado. Tengo mi 42 de pantalón de Zara, a veces la 40 si es muy elástico. Pero
tengo mi barriguita, mis muslos, y mis caderas, ya os dije que lo que no tengo es
mucho pecho, firme pero una 90 escasa.
Mauro decía que guapa de cara con ojos azules y pelo cobrizo natural, no se
puede pedir más, que ya voy servida.
El caso que ya me he despistado, es que que yo lo veía normal todo. Hasta un
único polvo en todo el viaje, pero ahora pensándolo después de todo no, no era
normal.
Fuimos la típica pareja que organiza un viaje con la esperanza de que se arregle
todo entre ellos. La típica pareja en la que se echa de menos a alguien que no está
alí. Pero eso no lo ves, hasta que pasa algo así.
Mi madre me dijo cuando la llamé la noche anterior, que aunque ahora no lo
viera, con el tiempo me daría cuenta de que me habría casado y no hubiera
arreglado un noviazgo que no funcionaba.
Caí en la cuenta de que tendríamos que llamarnos por mucho que yo no quisiera.
La casa si me la iba a quedar yo, tendría que decidirse ante notario. Hablar con el
banco y cambiar todos los recibos a mi nombre y por supuesto cambiar la
cerradura que yo soy muy mía para esas cosas... y el plato estrella, la no boda que
según lo último que hablamos fué que se haría cargo él.
Pero no me sentía preparada. Miré su WhatsApp y ví los días que llevaba sin saber
de él, se me vino todo a la mente, un cúmulo de pensamientos como quererse
quitar la vida. ¡¡Por el amor de Dios!!. Ella embarazada, dos años con doble vida,
¿cómo podía cambiarte la vida tanto en cuestión de horas? Y ahí caí en el buen
dicho de que no todo es lo que parece.
La tarde la hicimos Carlota y yo, las dos fuera atendiendo a los clientes. Le dijimos
a Lili que estaba todo controlado y que se fuera a casa a descansar, la pobre
llevaba toda la semana del caos de mi vida sin descansar con Carlota y aunque era
una mujer fuerte que tenía 62 años, no me sentía bien con que trabajará tanto.
Tomándonos un café a media tarde me acordé de que su cumpleaños había sido el
sábado y ni siquiera la había felicitado y tampoco le había comprado nada. Claro si
es que no estaba centrada. Hacía día que vivía en una nube de polvo negro, denso
y cargado; de la que no me creía nada de mí alrededor. Y no, tampoco me creía a
Berto, me daba miedo que me volvieran a enredar con dichos y no hechos y que
me confiara, me confundiera y después me volvieran a hacer daño. Y para seros
sinceras, no me apetecía nada meterme en otro berenjenal cuando aún tenía uno
muy grande encima por resolver.
- Carlota, ¡¡Qué mala compañera de trabajo tienes!! ¡¡Qué mal!!
- ¿Qué pasa?? – me miró sin saber que quería decirle-.
- Carlota no te felicitado por tú cumpleaños, se me olvidó por completo,
perdóname ¡¡Qué mal!! ¡¡Qué mal!!! Ni siquiera te compré nada. Se me ha
pasado por completo.
- ¿Crees qué te lo tengo en cuenta?? – me sonrió-. Sí estuviera en tu lugar lo que
me habría parecido raro es que te acordarás, no que se te olvidará – y se rió a
carcajadas-. Venga vamos tonta, nos queda una hora para salir. ¡¡Qué lunes más
lunes!!
- A mí se me pasó volado.
- Sí claro, si a mí también vinieran a pretenderme al trabajo también se me pasaría
rápido -. Me guiño un ojo.
- No ha venido a pretenderme, en realidad no sé a que ha venido.
- A verte y a saludarte porque haces las empanadas mejores del mundo y
¡¡¡porque le gustas!!! – subió el tono de voz en esto último.
- Lo conocí el sábado en la gasolinera. No puede ser.
- Malena él ha venido más veces aquí, casi siempre lo he atendido yo pero tú
también lo has atendido. Lo que pasa es que no le has echado ni la más mínima
cuenta.
- ¿Ha venido más veces? ¿Cuándo? – puse los brazos en jarra.
- Ha venido sí una que otra vez, normalmente en fin de semana.
- Pues yo no lo he visto aunque también puede ser lo que tú dices, como me
pongo en plan robot y es todo atender, preparar bandejas, papel, lazo, le cobró,
doy el cambio, frase típica de “gracias por su visita y espero que vuelva pronto “.
No Carlota, no me acordaba de Berto, no le había prestado la más mínima
atención, la verdad sea dicha.
- ¿Vas a ir a la fiesta? Deberías de ir ya no por él, si no por divierte tú que llevas
mucho sin salir, necesitas airearte. Te lo digo como amiga.
-No creó que vaya, esas fiestas no me gustan Carlota.
-¿Desde cuándo no sales de fiesta?
-Pues no lo sé, puede hacer perfectamente dos años.
-Tú misma te estás contestando. Venga vamos a rellenar los croissants para
mañana.
Al cerrar tenía el grupo <<tres almejas y un rabo>> llenó de mensajes y dos
llamadas perdidas de Mauro. Para no leer todo los mensajes, lo llamé.
- ¿Mauro qué pasa? Acabó de salir de trabajar y no voy a leer todos lo mensajes,
¡coño porque parecéis los de Sálvame! ¡¡cojones todo el día hablando!!, ¿ustedes
no trabajáis o qué??
-Malena, ¡¡¡ese mal humor lo cambias ya!!! ¡¡¡O te cuelgo el teléfono, sin
vergüenza!!
- Mauro, cielo, mi vida, guapetón, ¿qué ocurre?-puse tono cursi y repipi.
- ¡¡¡Ah si sí!!! Nada Aurora está con una crisis de desconfianza, Madrid-Sevilla.
Jimena, sigue diciendo que el abogado, ¿Salva era?.
-Sí Salva. – me encendí un cigarro, andando de camino a casa.
-Pues ese, Salva el que la mira descarado pero que creé que está casado.
-Oh, ¡¡ Dios mío!! ¡¡¡Será por hombres que hay en el bufete!!!
- Bueno el caso es que hemos pensado en pedir kebabs y pasarnos por tú casa. Sí
no te importa.
-Ehh no, no me importa al revés lo agradezco porque no me apetece cenar sola,
tengo que acostumbrarme pero poco a poco...
- Confirmo por el grupo.
-Pues os espero con cervezas frías. Pídeme lo de siempre.
-¡¡Valeeeeee!!
-Ahora os veo. Chao.
Llegué a casa y me dí una ducha rápida, al bajar a la cocina para poner una
lavadora me percaté de algo, estaba el cajón de los cubiertos un poco abierto,
pensé que lo habría dejado así por la mañana aunque me extrañó porque como ya
os dije soy muy perfeccionista para esas cosas. Lo cerré y puse la lavadora de
color. Tendí la de ropa blanca que había dejado puesta por la mañana en el patio y
al entrar a la cocina de nuevo me la encontré con el cuchillo de cocina, en la
mano.
- ¡¡Dios mío!! -Me pusé muy nerviosa-.
- ¿Dónde está? -me preguntó-mirándome fijamente y apuntándome con el
cuchillo-.
-Perdona, ¿quién eres? ¿Cómo has entrado en mi casa?, ¿Qué haces aquí? ¿Qué
quieres? – ya me olía quién era.
- ¡¡¡Soy la madre del hijo que espera Óscar!!! – grito muy nerviosa.
- Vale tranquila, yo soy Malena, tú eres Amanda ¿verdad?- me miraba extraña- Lo
sé porque la noche que me dejó, me dijo tú nombre.
Estaba pálida, despeinada, ojerosa. Era muy delgada, pelo largo y negro, tenía la
piel de la cara con manchas, no eran pecas como las que tengo yo, eran manchas,
mediría algo más que yo 1,70 como mucho, llevaba brackets.
- ¿Dónde está? – gritó.
- No lo sé, no se nada de él, desde esa noche no lo he vuelto a ver y no hemos
hablado más. – me miraba con los ojos muy abiertos, temblaba con el cuchillo en
la mano-.
- Me ha dejado, me ha dicho que necesita pensar, que esto le viene grande, que
está agobiado, que necesita tiempo, ¡¡¡¡ Tiempo!!!! ¿Ahora necesita tiempo?
¡¡¡Estoy embarazada de él!!! ¿Cómo va a tener dudas ahora? -estaba muy
nerviosa, desquiciada diría yo.
- Vale mira hagamos una cosa, podemos llamar a su madre par ver si está allí y…-
me cortó.
- No llamaló a él ¡¡Ya!! ¡¡Ahora!! - me puso el cuchillo muy cerca de la cara.
- Vale, mi móvil está en el bolso, ¿dónde está el bolso? Vale, ya sí en el salón,
podemos ir al salón pero deja el cuchillo, es lo mejor yo no quiero problemas y tú
tampoco; sé que eres buena niña sólo que estás cabreada. Y te entiendo. – no sé
de dónde saqué tanta psicología inversa, será de tanto que [Link] deja el
cuchillo, por favor te lo pido. – dió un paso más a mí, con el cuchillo en la mano.
- ¡¡Llámalo!!! YA!!
- Vale, pero no te aseguro que lo coja, lo intentaremos, ¿vale? – le dije en tono
muy amable -. Vamos al salón, pero suelta el cuchillo por favor.-se lo dije
suplicándole con mis manos en el pecho.
- No, venga ¡¡tirá!!– me empujó con el cuchillo en la mano en plan rehén.
Busqué el bolso, las manos me temblaban, las piernas eran dos flanes y la barbilla
se me iba a desencajar de los nervios que tenía. Ella detrás de mí a cada paso ó
movimiento y el puto cuchillo en la mano. Cogí el bolso que lo había dejado en el
sofá y saqué el móvil, mi intención era llamar a Mauro, pero ella estaba
pendiente, di a llamar a Óscar y se lo enseñé para que lo viera.
-Ponlo en altavoz. -Lo puse y al tercer tono de llamada, lo cogió.
- ¿Malena? ¿Qué pasa? ¿Malena?
- ¿Óscar dónde estás? Tienes que venir a casa, ¡¡¡por favor!!! -Grité, desencajada,
me temblaba la voz.
- ¿A casa? ¿Qué pasa?
- Óscar está aquí… - no me dejó terminar.
- ¿Dónde estás hijo de puta? ¿Por qué a ella le coges el teléfono, y a mí no?
¡¡Ehhh!! ¿¿Porqué??? – me agarró del brazo fuerte y me pegó más a ella, el
cuchillo estaba a muy poca distancia de mí.
- ¿Qué haces ahí? ¿Es qué te has vuelto loca?
- ¡¡¡Óscar tiene un cuchillo!!! – grité y me eché a llorar-. ¡¡¡¡Ven, por favor te lo
pido!!!!
- ¡¡¡Eso ven!!! ¡¡¡Cobarde!!!! ¡¡¡Ven!!!!
- Amanda, ¿es qué has perdido la cabeza?????, ¡¡voy para allá!! No hagas ninguna
tontería, Amanda, ¡¡déjala!! Ella no tiene culpa de nada. ¡¡Esto es cosa nuestra!!
No se lo que tardaré, pero por favor no hagas tonterías de las que te puedas
arrepentir. ¿¿¿Me oyes??? – ella me agarraba con más fuerza.
-Óscar por favor, ¡¡ven ya!!! – le pedí -. Colgó.
Fué la media hora más larga de mi vida. Ví luces azules por el trasluz de la cortina
del salón y escuché a Mauro gritando fuera y mucho jaleo que imaginé que eran
los vecinos junto con Aurora y Jimena que chillaban desde fuera. – me pusé más
nerviosa, intenté tranquilizarme, también conversar con ella para que entrará en
razón y entonces aporrearon la puerta de casa.
- ¡¡Malena!! ¡¡Abre la puerta!!-era Óscar.
-No, ¡¡abro yo!! ¡¡¡Quédate ahí, no te nuevas!!!
Abrió, Óscar entró al salón buscándome, ella pegó un buen portazo y yo estaba
llorando apoyada en la estantería que teníamos al lado del sofá.
- ¿Estás bien? - me dijo acercándose a mí-.
- ¡¡Sí está bien!! – gritó ella por detrás de él-.
- ¡Ya era lo qué te faltaba para perder la cabeza del todo, Amanda! Sabía qué
estabas perdiendo la cordura, ¿¿pero qué llegarás a esto?? ¿Qué haces con el
cuchillo, qué pretendías? ¿Qué quieres de ella?. Ella no tiene nada que ver en
esto. ¡¡¡¡Me oyes!!!!
-Esto me has obligado a hacerlo, tú. ¿Porque no me coges el teléfono??
-Ya lo hemos hablado, Amanda. ¡Joder!. Y no creó que a Malena después de
haberla engañado durante dos años contigo tenga que ver nada en esto, ¿no
crees? – aproveché que estaba pendiente de él, y que Óscar me tapaba porque
estaba delante de mí bloqueándome con su cuerpo defendiéndome ante ella,
para mandar un simple WhatsApp a Mauro diciéndole que estaba bien.
- ¿Esa qué hace?-Óscar se volvió a mirarme.
- Nada, no hace nada.
-Sí está con el móvil, ¿Qué has hecho zorra?
-No hice nada, estaba colgando una llamada porque mis amigos están fueran
preocupados y me están llamando, sólo eso.
- Deja salir a Malena, esto es cosa nuestra, la policía está fuera, te van a detener.
Has cogido mis llaves, has entrado aquí. ¿Sabes lo qué has hecho? se llama
allanamiento.- Se pasó las manos por la cabeza hasta la nuca, estaba muy
nervioso.
- ¡¡No me has dado elección!!
- ¡¡Estás loca!! ¿Creías que estaba aquí follando con Malena y que por eso no te
echaba cuenta?. Estaba intentando pensar ¡porque esto ha ido demasiado lejos!
¡¡Baja el cuchillo, ya!! Deja de empeorar todo, ¿no te das cuenta?. Esto no arregla
nada, se te fue la cabeza estos últimos meses, ya conseguiste lo que querías, que
rompiera con ella, ¡¡¡estas embarazada!!! ¿Qué más quieres? ¡Por el amor de
Dios! ¿Qué más quieres?.
-Óscar no grites, por favor. La pones peor. – le dije-. Intenté poner paz, que entrará
en razón-.
- Amanda estás embarazada ¿verdad? - no me miraba-.
¿Sabes lo que yo sentí cuándo me enteré que me engañaba contigo y encima
esperaba un hijo tuyo? Hay que aceptar las cosas, esto no soluciona nada, te lo
digo en serio. Sí no quiere estar contigo acéptalo y sigue tú vida. Sé que es difícil,
muy difícil. Pero por la personita que esperas tienes que hacerlo. Suelta el
cuchillo, te lo he dicho antes, tú no quieres esto, eres buena persona. Venga
suéltalo, Amanda. – Óscar me miraba alucinado, por mi templanza. Ella nos
miraba y rompió a llorar-.
Y en un acto reflejo Óscar le quitó el cuchillo sin no antes cortarse con el forcejeo
en el brazo. Sangraba, tenía un buen corte. No entiendo mucho pero creo que
afectó hasta los tendones porque la herida se veía profunda.
Ella se tiró al suelo a llorar. Y yo salí corriendo a abrir la puerta y me fuí a por un
paño de cocina. Fué todo muy rápido. La policía entró, la sacó de casa. La
ambulancia llegó y se llevaron a Óscar.
Llamé a su madre para que se fuera para el hospital contándole lo que había
pasado. Me tomaron declaración, me vieron los médicos de la ambulancia y me
pincharon un tranquilizante.
Pasadas las horas me dí cuenta de que tenía aún un buen camino por delante, de
denuncias y cosas que solucionar con Óscar. Me dijeron que llamará cuanto antes
al cerrajero para cambiar la cerradura, Aurora se encargó.
Y a las dos de la mañana estábamos durmiendo los cuatro en el Cheslong del
salón con la cerradura cambiada. ¡¡Vaya lunes, más lunes fue!! Al final tuvo razón
Carlota. Aún quedaba mucho por hacer.
Yo entre en un sueño profundo que me hizo soñar con cosas muy raras toda la
noche. Y entre ellas estaba Berto que era uno de los policias de aquella noche. Mi
suegra hacía macarrones en mí cocina. Mis amigas estaban embarazadas y Mauro
había adoptado a un niño camboyano.Óscar aparecía siendo padre de trillizos.
¡Qué nochecita!