Capitulo 28.
Quedé con Mamen que era como se llamaba la madre de las mellizas a las diez de la mañana de
un lunes 22 de Diciembre.
Como salí con tiempo de casa me paré a tomar un café antes de ir a ver que me deparaba ese
propuesta de trabajo. Berto estaba muy insistente con que fuera, que iría bien y que me pagaría
bien. Diría que hasta un poco pesado. Creo que le había hablado tan bien de mí a Mamen que
temía que quedará mal delante de ella o reclinara el trabajo a última hora.
Dándole vueltas al café con leche doble de sacarina pensé en el fin de semana y la verdad que
no había sido demasiado relajado como yo pensaba que sería.
Para empezar la quedada de café acabó como ya temía en todos borrachísimos de chupitos,
incluidos Nando y Berto que se unieron a la cena y después de esta terminamos jugando al
jenga y a beso, verdad y atrevimiento... Sí como lees. ÉLITE hace mucho daño. Mauro se creía
que era Patrick proponiendo cerdades y desnudos. Jimena acabó besando a Berto. Yo a Nando y
Aurora a estos dos juntos. Yo acabé con el jueguecito de las prendas en bragas y sujetador y
Berto en bóxer negro de Emporio Armani. Eso hizo que luego al quedarnos solos hecharamos un
polvo de esos que al correrte se te vuelven hasta los ojos. Me corrí tres veces en lo que a él solo
le dió tiempo de una.
El sábado fuimos al cine y terminamos metiéndonos mano en las butacas hasta el punto de que
una mujer nos llamó sin vergüenzas y nos dio la risa delante de ella. Salimos corriendo de la sala
para terminar en los baños terminando la faena.
El domingo nos levantamos juntos en casa y después de un mañanero en la ducha fuimos a
pasear al sol y a tomar unas cervezas, por la tarde Berto trabajaba y yo me dediqué a acicalarme
para la entrevista. Bigote, cejas, uñas, y baño de color en el pelo.
Cuando llegué a la dirección me encontré delante de una casa grande con fachada de piedra y
garaje. Tenía una entrada a la que había que subir tres escalones para llegar a la gran puerta de
madera y delante de esta una cámara y un porterillo con pantalla en la que se te ve la cara igual
de mal que en el cajero cuando vas a sacar money.
Llamé y me recibió una voz suave y delicada, me presenté y abrieron la puerta. Cuando entré
flipe en colores. Había un espejo dorado junto con una mesa recibidor ambos en dorados,
estilo años veinte y un jarrón que medía más o menos como yo de cerámica japonesa que tenía
pinta de valer unos pocos de miles de euros.
Me esperaba una chica morena de ojos verdes vestida de negro que me dijo que Mamen me
esperaba en el salón. Si eso era solo el salón, mi casa era la de los enanos de blancanieves en
compración a esta. Sofás de terciopelo verdes oscuros a los que me invitó a que me sentará, con
una mesa baja de madera oscura y cristales de colores en la que descansaba un jarrón de flores
con siemprevivas.
- ¿Has llegado bien?. - me preguntó mientras se sentaba en el sofá de enfrente mía.
- Sí. Berto me indicó bien. - le sonreí, pero ella no me devolvió la sonrisa.
-¿