PROYECTO INSTITUCIONAL
La Disciplina y la Indisciplina
Para entender y aplicar el Código de Convivencia Escolar
VinculArte
INTRODUCCION
Para entender y aplicar el Código de Convivencia Escolar
El siguiente texto, tiene como función, ayudar a la comprensión y aplicación del Código
de Convivencia escolar aprobado por el Ministerio de Educación de la Provincia de
Córdoba. Servirá para comprender la función de la disciplina como un instrumento
educativo, y no como un medio represivo o de venganza, como muchas veces es
entendida la aplicación de medidas disciplinarias. Para ello debemos conocer a los
participantes de la institución educativa, cuales son las causales de la indisciplina y la
forma de actuar ante ella, con el fin de lograr en el alumno una instancia de reflexión
que lo lleve a la comprensión del hecho, y darse cuenta de una necesidad de cambio
con el fin de participar y contribuir a la creación de un ambiente armónico en el proceso
de enseñanza- aprendizaje
La Disciplina
En un colegio no existen problemas de disciplina: hay algunos alumnos con problemas,
a cuya formación es preciso atender de manera particular. Para un educador, la
solución no es excluir a los que molestan, sino atender a cada alumno o alumna con
problemas de comportamiento, según sus personales necesidades.
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Precisamente porque se trata de personas en formación, que no han alcanzado la
madurez personal, es necesario establecer un sistema de estímulos (reconocimientos y
correcciones) para favorecer el desarrollo de la responsabilidad de los alumnos. Por
tanto, más que sancionar —recompensar o penar—, nuestras normas de convivencia
pretenden estimular las disposiciones positivas de los escolares y corregir las
tendencias que no favorezcan la convivencia ordenada, llena de naturalidad, y solidaria
entre todos.
Estímulo y corrección que exigen una actuación continuada por parte de los adultos
responsables de la institución: los alumnos no cambian de un día para otro. En
educación es absolutamente necesario contar con el tiempo y no olvidar que más que
corregir el desorden que ha provocado una conducta, importa la formación de quien ha
protagonizado el incidente y la de sus compañeros. Creemos en un sistema educativo
fundamentado en la libertad y en la confianza, creemos que no debe empequeñecerse
la figura del educador reduciéndola a la de un simple guardián del orden.
El docente ha de aprovechar las incidencias cotidianas para formar a los alumnos:
para corregir las conductas negativas y para reforzar los hábitos positivos. Si no
atendiésemos también a las actuaciones positivas, algunos alumnos podrían atraer
nuestra atención mediante conductas negativas. Si se habla sólo de correcciones,
inevitablemente el colegio se convierte en correccional. Los adultos responsables de la
institución valoraremos a cada alumno, cuando los respetamos y los tratamos como
personas, conseguiremos que reaccionen como personas.
El mal comportamiento es, con frecuencia , consecuencia de condiciones
desfavorables del mismo ambiente escolar que pueden están actuando sobre los
alumnos -locales y mobiliario no apropiados, falta de unidad de criterio de sus
profesores, etc.-, sobre los que debemos centrar la atención para eliminarlos o
atenuarlos, antes de recurrir a sanciones o medidas drásticas.
La falta de conformidad con las normas previstas en el colegio se puede atribuir
también, en un buen número de casos, a la inmadurez de los alumnos. Únicamente el
tiempo, la experiencia, el ambiente educativo y la asimilación progresiva de las normas
por el hábito, la comprensión y la reflexión, podrán lograr el control interno que facilite
una conducta consciente y ordenada.
La Indisciplina
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La indisciplina individual esporádica resulta casi siempre de indisposiciones
momentáneas de los alumnos o de circunstancias especiales que se manifiestan por
actos de irritación, haraganería, agresividad, conversaciones perturbadoras, gritos y
riñas, etc. En tales casos creemos que no debería interrumpirse la clase; bastará,
para solucionar el problema, una mirada más severa y directa, una pausa más
significativa, un tono de voz más alto, el caminar sereno hacia el alumno indisciplinado
sin interrumpir la explicación, etc.
En los casos más graves o de reincidencia, sostenemos que una breve advertencia
del profesor, hecha serenamente, podría ser suficiente. Cuando la situación, por las
circunstancias que la revisten, exige una represión formal, creemos que no sería
conveniente adoptar decisiones precipitadas. Más bien deberíamos manifestar
sorpresa y descontento por lo sucedido pidiendo al alumno o alumnos implicados una
explicación personal al final de la clase. Habría que evitar convertir cada incidente en
una tragedia.
Por otra parte, la indisciplina habitual de un alumno es casi siempre indicio de
anomalías orgánicas o de un desequilibrio de etiología psicológica, intelectual, familiar
o social. En estos casos, habremos de analizar detenidamente las causas para intentar
resolver esas situaciones sabiendo que, en ocasiones, se harán necesaria la
intervención de un especialista
Distinto es cuando nos referimos a la indisciplina colectiva. Es el caso de las clases
en las que la mayoría de los alumnos se comporta con irresponsabilidad, poca
consideración hacia las normas de convivencia y falta de respeto al profesor y-o
compañeros. La indisciplina colectiva podría tener su raíz en diversas condiciones
ambientales que estarían actuando en proporción variable sobre la realidad escolar.
Estas condiciones deberían ser analizadas con objetividad e identificadas para
someterlas a un tratamiento adecuado: ¿Son funcionales las instalaciones?, ¿están
congestionadas las clases por exceso de alumnos?, ¿es racional el horario?, ¿están
concretadas y son conocidas las normas de convivencia?, ¿son monótonas las
actividades escolares?... Dentro de este conjunto de circunstancias se explicaría que
los alumnos no pudieran mantener una actitud de orden y trabajo. La solución seria
afrontar el problema de modo realista, en sus verdaderas causas, eliminándolas o, por
lo menos, atenuándolas en todo lo posible.
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Para reencauzar a un grupo de alumnos en esta situación, convendría orientarlos para
que muestren una actitud positiva hacia el estudio, encomendarles encargos concretos
que desarrollen su responsabilidad y enriquecer y ampliar el programa de actividades
escolares. Sería muy útil también solicitar su colaboración e incentivar sus iniciativas y
sugerencias que resulten beneficiosas para la marcha de la clase.
La Sanción disciplinaria
La conducta del docente frente al mal comportamiento de sus alumnos debería ser
semejante a la del médico frente a sus pacientes. En vez de lanzar reprimendas y
aplicar castigos, deberíamos emplear tratamientos positivos para motivar y encauzar
las energías de los alumnos, ayudándoles a madurar o a superar su desequilibrio, con
frecuencia pasajero, y a controlar su conducta en pro de una mejor adaptación al
ambiente escolar y social.
Y si, en última instancia, debiéramos acudir a los castigos deberían tenerse presentes
algunas consideraciones:
a) Han de tener como fin la formación del alumno y de sus compañeros, ayudarles a
reaccionar. Nunca han de ser —siquiera en apariencia— una represalia.
b) Han de ser proporcionadas a la gravedad de la falta y guardar relación con su
naturaleza.
c) Nunca se deberá corregir cuando la irritación del momento suprime la serenidad de
juicio: es mejor dejarlo para más tarde.
d) Serán más eficaces las correcciones en privado que las que se hacen en público.
Únicamente conviene corregir en público cuando, por las circunstancias de la actuación
negativa, sea necesario para la ejemplaridad del curso.
e) Los estímulos positivos son más eficaces que los negativos. Una felicitación cuando
se realiza algo bien, una palmada de ánimo cuando se desfallece, una muestra de
confianza en sus posibilidades o una recomendación seria cuando no se rectifica,
producen un efecto altamente más positivo en el alumno que el castigo mejor elegido.
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f) Los castigos deberían de ser suministrados con prudencia. No convendría crear una
sensación de represalia y persecución en las alumnos. Es preferible hacerse pesado
corrigiendo los fallos en privado que odioso castigando a la primera oportunidad.
g) Un castigo sólo es útil cuando sirve para mejorar a la persona que lo recibe, que es
tanto como ponerle en situación de no volver a faltar. Por eso, antes de imponer una
sanción seria siempre conveniente el diálogo y la reflexión entre quien obró mal y quien
ha de imponerla para evitar que se deba más a un desahogo personal que a un deseo
real de corregir un defecto.
h) Al sancionar creemos que importa mucho no adoptar la posición de juez, ni dar la
impresión de estar ofendido y deseoso de venganza. El docente es una persona que
tiene la obligación de velar por el cumplimiento de normas básicas que posibiliten el
trabajo y hagan más grata y armónica la convivencia, pero también de ayudar a los
alumnos a que combatan sus malos hábitos. Por eso, aun en el caso de que el alumno
no recibiese de buen grado la corrección, la persona que la aplica debería manifestar
claramente su confianza en el alumno y en su capacidad para rectificar la conducta
como paso previo para luego provocar su reflexión interna.
i) Los propios compañeros podrían constituir en ocasiones una eficaz ayuda para
rectificar la conducta de ciertos alumnos. En faltas graves, la opinión de los estudiantes
es todavía más necesaria para encontrar la corrección más oportuna.
j) Las expulsiones de clase son, por lo general, medidas poco afortunadas si no fueren
precedidas de un análisis detenido de las circunstancias que las promueven y de sus
consecuencias educativas. Muchas veces las expulsiones son producto de actos
vehementes del profesor que evidencian una gran falta de recursos pedagógicos para
sacar adelante la clase. Dirigir a un grupo de alumnos no significa quedarse con los
más pacíficos para eliminar los problemas de conducta, sino tratar a todos según sus
características personales y apostar por el pleno desarrollo de las aptitudes de cada
escolar.
k) Las sanciones importantes, debidas a faltas graves, competen a la dirección del
Instituto Enrique Mosconi. El docente puede llamar la atención, privar de alguna
actividad al alumno, hacerle permanecer un tiempo adicional en clase terminando un
trabajo, exigir trabajos complementarios a los temas de clase, etc., pero no tomar
medidas que sobrepasen su zona de autonomía.
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La disciplina escolar es, por tanto, un instrumento educativo. Por eso, antes de adoptar
una medida ante una conducta inadecuada, es necesario conocer las correcciones que
ese alumno ha recibido con anterioridad y cómo reaccionó ante ellas; las circunstancias
del alumno, el momento en que se encuentra y los motivos de su comportamiento
anómalo; y tener en cuenta la repercusión que ha tenido entre sus compañeros. Más
que la sanción, interesa que el autor del incidente no vuelva a realizar una acción
semejante. Se han de poner los medios para que el alumno decida rectificar su
conducta. En primer lugar, interesa hacerle valorar con objetividad lo que ha pasado;
en una palabra, provocar su reflexión. Para que una corrección sea realmente
educativa es imprescindible que el alumno valore su actuación y las consecuencias, y
concluya que su actuación no fue acertada, de modo que lamente sinceramente haber
actuado de ese modo.
Por esta razón, siempre que sea posible, se han de imponer correcciones que
neutralicen los efectos de la actuación negativa con otra actuación de sentido contrario;
ayudando así al alumno no sólo a pedir disculpas por su actuación desafortunada,
sino a reparar en lo posible el daño causado: limpiar lo que se ha manchado;
arreglar o colaborar en la reparación de lo que se estropeó, y abonar su coste; pedir
perdón públicamente al ofendido, si fue pública la ofensa; recuperar el tiempo de
trabajo perdido, etc.
Interesa conocer bien los motivos de la falta, ya que la reacción del docente y la
sanción que imponga deben ser distintas cuando se trate de una equivocación del
alumno —en este caso, habrá que explicarle por qué no debe actuar de esa manera—;
cuando sea consecuencia de un carácter inquieto o del apasionamiento de un
momento; cuando sea un reflejo de problemas familiares; o cuando se deba a malicia o
cálculo. Además, es preciso ser prudentes, para no fomentar actitudes de rechazo, ni
predisponer negativamente a los alumnos frente a los medios de formación del colegio,
o frente al trabajo escolar. Por ejemplo, no tendría ningún sentido utilizar las
calificaciones escolares para sancionar.
. No se dará de baja a un alumno por un acto aislado, aunque sea muy grave —
precisamente cuando los hechos son muy graves se impone una particular serenidad
de juicio en el profesor y los directivos.
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La Sanción - Criterios
a) Las faltas leves de un alumno no reincidente las corregirá el docente, con una
simple advertencia.
b) Convendrá corregir las faltas de mayor importancia o la reincidencia en las leves
mediante una conversación más prolongada, en privado. Puede hacerlo un profesor,
pero es mejor que se encargue el preceptor del curso. Se deberá informar a los padres.
c) En el caso que persista un comportamiento desordenado, intervendrá el Gabinete de
Apoyo escolar. Es necesario informar a los padres y en cada caso convendrá valorar
si lo hace el preceptor, o el propio encargado del Gabinete.
d) Siempre se deberá informar al preceptor y al Comité Directivo, quien intervendrá
cuando las circunstancias del caso lo aconsejen, con criterio restrictivo: No obstante, en
determinadas ocasiones puede ser muy positivo que un directivo hable con el alumno,
para mantener una conversación sosegada, que le ayude a reaccionar.
e) Antes de sancionar una falta grave, es necesario escuchar al alumno interesado
tan ampliamente como desee. A veces es positivo indicarle que escriba su versión de
los hechos, justifique su actitud y sugiera la sanción que considere adecuada.
Secuencia de la Sanción
1- Observación oral: el llamado de atención tendría como fin la reflexión por parte del
alumno para lograr un cambio de actitud.
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2- Anotación en el parte diario (anotación por parte del docente en un cuaderno propio):
Constituiría una advertencia al alumno sobre la necesidad de recapacitación para
mejorar su conducta.
3- Firma en la planilla de seguimiento (Cuaderno disponible en Preceptorías): cuando
las medidas anteriores no resultan suficientes y el alumno persiste en actos de
inconducta o en caso de faltas más complejas. Se deberá realizar una notificación por
escrito a los padres. La sanción no queda anulada ante la negación del alumno a
firmar.
4- Apercibimiento: Reviste un sentido de advertencia ante la reincidencia de faltas de
conducta o por situaciones que superan procedimientos anteriores. El Apercibimiento
será enviado a los padres.
5- Amonestaciones: se aplican cuando quedan agotadas las instancias anteriores, en
caso de reincidencia de inconductas que responden a acumulación de firmas o por
situaciones que se consideren faltas graves. Citación a los padres para la firma de la
sanción en el establecimiento. En caso de no concurrir en los plazos estipulados, se
dará parta en la seccional de policía próxima
6- Suspensión temporal: se aplicará frente a situaciones de gravedad o ante reiteración
de conductas que transgredan las normas de convivencia. Puede alcanzar de 1 (uno) a
3 (tres) días y ser aplicada por 2 (dos) veces en cada ciclo lectivo con cómputo de
inasistencia. En todos los casos se citará a los padres para acordar con los mismos
una instancia de diálogo y reflexión que deberá realizar el alumno en el período de
separación y el cumplimiento de un plan de tareas pedagógicas que los
docentes elaborarán en función de los contenidos que se desarrollen en el período de
separación.
El alumno no podrá reintegrarse hasta tanto se cumpla el plazo de la sanción.
7- Expulsión: Citación del Claustro docente para la decisión de separación de un
alumno, ante conductas delicadas que impliquen riesgos de vida o daños graves que
afecten a la comunidad educativa en su conjunto.
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Alicia Nolter Diego Sin