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El Fuero Laboral

El documento analiza el desarrollo del fuero del trabajo en Venezuela, destacando su evolución desde la Ley del Trabajo de 1936 hasta la Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo de 1940. Se enfatiza la creación de tribunales especiales para resolver conflictos laborales, diferenciando entre conflictos individuales y colectivos, y la necesidad de un sistema que garantice la igualdad ante la ley en el ámbito laboral. Además, se discuten las características de la competencia en estos tribunales y su papel en la justicia social.
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El Fuero Laboral

El documento analiza el desarrollo del fuero del trabajo en Venezuela, destacando su evolución desde la Ley del Trabajo de 1936 hasta la Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo de 1940. Se enfatiza la creación de tribunales especiales para resolver conflictos laborales, diferenciando entre conflictos individuales y colectivos, y la necesidad de un sistema que garantice la igualdad ante la ley en el ámbito laboral. Además, se discuten las características de la competencia en estos tribunales y su papel en la justicia social.
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EL FUERO DEL TRABAJO

EN VENEZUELA

POR Arístides Rengel Romberg


Catedrático de Derecho Procesal Civil.

"Para crear un derecho procesal del trabajo que res­


tituya a las partes a su posición teórica de igualdad ante
el litigio, ha sido necesario modificar los cuatro o cinco
principios fundamentales del proceso civil común."
Couture, Estudios, I, 278.

SUMARIO :

1. Los orígenes. 2. La competencia en función de la naturaleza de


los conflictos obreros. 3. Sistema de la ley Venezolana. 4. Conside­
raciones críticas sobre los diversos sistemas existentes. 5. Aplicacio­
nes jurisprudenciales de las reglas de competencia. 6. La función de
las Inspectorías del Trabajo. 7. La competencia por el valor y la terri­
torial. 8. Las líneas fundamentales del procedimiento. 9. Principales
derogaciones de formas del proceso civil común. 10. Conclusión.
1.—Toda historia de las instituciones del llamado "Nuevo De­
recho", por modesta que fuere, habría de comprender en sus ras­
gos más generales y simples, la evolución que marcan en el cam­
po del Derecho Social dos siglos profundamente renovadores: El
siglo XIX, que determina el ocaso de las reglas tradicionales y
estrictas de la autonomía de la voluntad, que toman como presu­
puesto conceptual del contrato la pretendida igualdad jurídica de
los sujetos de toda relación. Este siglo marca al mismo tiempo
el nacimiento de nuevos principios jurídicos que penetran en la
condición económico-social de los contratantes para superar, a
costa de la tradicional igualdad jurídica de los sujetos, la des­
igualdad económica y social que los separa. I nuestro siglo XX,
con su magnífico tesoro de reglas técnicas y científicas de todo
orden, que parece caracterizarse por su idea de construir todo
un sistema de normas instrumentales nuevas, que permitan ase­
gurar en todo tiempo la pronta y eficaz actuación de aquellos
principios.
Así, por una parte, asistimos a fundamentales derogaciones al
derecho común en favor de los trabajadores, tales como el derecho
que se les reconoce de sindicalizarse, en una época en que toda­
vía existen restricciones al derecho de asociación; el sometimiento
de los sindicatos a un régimen jurídico extraño al derecho común
de las asociaciones; los salarios se han declarado incedibles, irre-
nunciables e inembargables casi en su totalidad; el Estado y los
patronos han tomado sobre sí la carga de aseguradores por los
accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales; se ex­
cluye la repentina terminación del contrato de trabajo sin causa
justificada; se da participación al obrero en las utilidades de las
empresas; se le asegura un auxilio de cesantía y se le premia su
antigüedad; la remuneración del trabajo se asegura con privilegio
general sobre los demás acreedores; y se hace objeto de una
398 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

presunción legal la relación de trabajo existente entre quien presta


un servicio y quien lo recibe.
Por otra parte, asistimos al nacimiento de un nuevo derecho
adjetivo o instrumental,-llamado algunas veces "Derecho Procesal
del Trabajo", otras "Derecho Procesal Social", que se emancipa
de las reglas tradicionales del derecho procesal común, indivi­
dualista y rompe con el pasado, derogando los principios de la
jurisdicción, de la acción y del proceso, en su sentido tradicional,
para restablecer, también en el campo del proceso, la igualdad
perdida por la distinta condición que tienen en el orden econó­
mico de la vida, los que ponen su trabajo como sustancia del con­
trato, y los que se sirven de él para la satisfacción de sus inte­
reses (1).
Son los siglos del "Derecho del Trabajo", como correctivo que
reclama el régimen democrático moderno para los desajustes so­
ciales que provoca el individualismo feudal; y del "Derecho Pro­
cesal del Trabajo", como nueva forma para la eficaz actuación
del Nuevo Derecho.
Entre los países que hoy cuentan con un fuero especial del
trabajo para resolver y decidir las cuestiones de carácter conten­
cioso que suscite la aplicación de las disposiciones legales y de
las estipulaciones de los contratos de trabajo, se encuentra Ve­
nezuela. La necesidad de este fuero especial, comenzó a sentirse
paralelamente con el desenvolvimiento de las relaciones obrero-
patronales que llegaron a tener en la Ley del Trabajo del año
1936, su regulación legislativa más apropiada a ese momento
histórico nacional. Comenzaba un nuevo despertar en el panora­
ma político venezolano y con él un nuevo tratamiento de las re­
laciones laborales y de la llamada "Cuestión social". Hoy, la vi­
gente Ley del Trabajo del año 1947, supera con creces aquella
etapa inicial del Derecho Social venezolano.

(1) Cfr. Duguit, Transformaciones del derecho privado. Ripert, Georges. El


régimen democrático y el derecho civil moderno. Messina, Giuseppe. I concordati
di tariffe nell'Ordinamento giuridico del lavoro, Rivista di Diritto Commerclale.
1904, I., pág. 458. Couture. Algunas nociones fundamentales del derecho proce­
sal del trabajo, en Estudios. Vol. I, pág. 271. Stafforini, Eduardo. Derecho pro­
cesal social. Buenos Aires, 1955, pág. 35. Un estudio exhaustivo sobre el trabajo
en sus múltiplos aspectos, puede verse en Sapori, Armando, II pensiero sul
lavoro attraverso i secoli. Rivista di Diritto Commerclale. 1946, I, pags. 267,
367, 467.
FUERO DEL TRABAJO 399

Se comenzó la experiencia procesal, con el incipiente y tran­


sitorio método creado en el artículo 182 de la Ley del Trabajo
de 1936, que consistía en someter transitoriamente, mientras fue­
ran establecidos por el Poder Ejecutivo Federal tribunales espe­
ciales, la resolución de los conflictos laborales a una especie de
tribunal, formado por el respectivo Inspector del Trabajo (órgano
administrativo adscrito al Ministerio del Trabajo), por sí sólo o
con dos Asesores que podían nombrar las partes interesadas; con
lo cual se lograba sacar del campo de la justicia ordinaria estas
controversias que reclamaban un tratamiento especial.
Posteriormente, se establece ya en forma permanente la orga­
nización de Tribunales del Trabajo, por Decreto del Ejecutivo Fe­
deral de fecha 15 de noviembre de 1937. Mediante este Decreto,
se creó un Tribunal especial de Segunda Instancia en la ciudad
de Caracas, con jurisdicción en toda la República, denominado
"Tribunal Superior del Trabajo", integrado por cinco jueces le­
trados; y se crearon también tres tribunales unipersonales de Pri­
mera Instancia, dos de ellos con sede en Caracas y con jurisdic­
ción en todo el Distrito Federal, y el otro, con sede en Maracaibo,
con jurisdicción en todo el Estado Zulia (2).
Así, al lado del fuero especial creado por el citado Decreto,
regía también el primitivo sistema transitorio, en todas aquellas
regiones del país donde no existían todavía Tribunales del Tra­
bajo.
Sin embargo, con la promulgación de la "Ley Orgánica de
Tribunales y de Procedimiento del Trabajo", de fecha 16 de agosto
de 1940, que fué el primer estatuto de esta naturaleza con pro­
yección general que tuvo la República, se suprimió definitiva­
mente el primitivo sistema transitorio creado por el artículo 182
de la Ley del Trabajo de 1936; pero como no fueron creados en
toda la República los Tribunales especiales, se estableció en el
artículo 103 de la nueva Ley, que al entrar en vigencia, los Juicios
que cursaren en las Inspectorías del Trabajo, de conformidad con
lo dispuesto en el artículo 182 de la citada Ley, serían puestos

(2) Una información do esta evolución puede obtenerse en Caldera, Rafael,


Derecho del Trabajo, pórgs. 195-205 y en Julio Diez, Organización y funciona­
miento de los Tribunales del Trabajo en Venezuela. Volumen del Instituto de
Derecho del Trabajo, titulado "Tribunales del Trabajo. Derecho Procesal del Tra­
bajo". República Argentina. Santa Fé, 1941, pág. 431.
400 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

bajo el conocimiento de los jueces de Primera Instancia en lo


Civil respectivos, para su continuación, salvo aquellos que se ha­
llaren en vía de sentencia, los cuales serían decididos por quienes
estuvieren conociendo, pero los recursos contra el fallo se sustan­
ciarían conforme a la nueva Ley (3).
Con variaciones de poca entidad, está vigente la Ley Orgánica
de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo, reformada parcial­
mente con fecha 30 de junio de 1956, cuyo texto íntegramente re­
fundido fué publicado en la Gaceta Oficial de la República de
Venezuela, n9 494 Extraordinario, de fecha 2 de agosto de 1956.
La evolución ha continuado, y se han creado nuevos Tribu­
nales del Trabajo en lugares donde antes no existían, tanto de la
Primera Instancia, como Superiores o de Apelación, los cuales
ahora son unipersonales.
Así, en el Estado Anzoátegui contamos con un Juzgado Supe­
rior unipersonal en lo Civil, Mercantil, Penal y del Trabajo; otro
de esta misma clase en el Estado Apure. En el Estado Aragua se
estableció un Juzgado Superior unipersonal en lo Civil, Mercantil,
Penal y del Trabajo, y un Juzgado de Primera Instancia del Tra­
bajo; en el Estado Bolívar un Juzgado Superior en lo Civil, Mer­
cantil, Penal y del Trabajo, y un Juzgado de Primera Instancia del
Trabajo, y así en otros Estados de la República, que sería largo
enumerar (4).
A pesar de la creación de los nuevos Tribunales, la economía
del sistema judicial no ha quedado completa, y por ello, el ar­
tículo 49 de la citada Ley Orgánica de Tribunales y de Procedi­
miento del Trabajo, establece que en los circuitos judiciales donde
no hubiere jueces especiales de Primera Instancia, ejercerán las
funciones de éstos, los jueces en lo Civil de igual categoría, y que
además, el Ejecutivo Nacional queda facultado para atribuir com­
petencia en materia del trabajo a los Tribunales Superiores Civiles
ordinarios, de acuerdo con lo previsto en la Ley Orgánica del
Poder Judicial.

(3) Ver artículo 4I? Ley Org. Trib. y Proc. del Trabajo de 1940.
(4) Véase Decreto nQ 480 del Presidente, por el cual se dispone dividir el
territorio de la República en diez y siete Circunscripciones Judiciales, con los
juzgados y demás oficinas que en él se expresan: Gaceta Oficial n9 25.270 de
fecha 31 de enero do 1957.
FUERO DEL TRABAJO 401

Se produce así en el ordenamiento de la justicia laboral una


doble y simultánea competencia que funciona paralelamente en
diversas Circunscripciones de la República, según la cual los con­
flictos del Trabajo que deben resolverse por la vía jurisdiccional,
corresponden, ya a jueces civiles ordinarios, ya a jueces especia­
les, según las previsiones de la citada Ley, lo que atribuye al sis­
tema venezolano una singularidad característica que contrasta
con los fines de la institución, declarados por todos los propug-
nadores de la justicia especial del Trabajo.
2.—Al examinar el presupuesto fundamental relativo a la com­
petencia y sus notas características en el fuero del trabajo vene­
zolano, comenzaremos determinando qué atribuciones tienen los
tribunales nombrados y qué conflictos o controversias están lla­
mados a resolver.
Es necesario partir de este supuesto, porque en definitiva es
la naturaleza de las controversias lo que en el sistema vene­
zolano ha servido al legislador para establecer diferencias de
regulación para cada tipo de conflictos, ejercitándose la función
jurisdiccional para la solución de unos casos, y quedando ex­
cluida para los demás.
En términos generales, debe destacarse primeramente que la
materia sobre la cual han de ejercer su función propia los tri­
bunales del trabajo, se diferencia sustancialmente de la materia
propia de la competencia de los tribunales ordinarios comunes.
En las contiendas de derecho privado, el objeto de la contro­
versia se concreta dentro de una órbita de carácter patrimonial,
que afecta al interés individual de las partes; en las controversias
del trabajo, la posición personal de las partes se desplaza de
aquel eje central por la posición que en el litigio tiene el tra­
bajo como noción o categoría jurídica nueva con proyección en
lo social. Se produce así una despersonalización de las partes,
que lleva a considerar la contienda, no ya surgida entre dos
sujetos de derecho en el sentido tradicional, sino más bien entre
el "Capital" y el "Trabajo", como instrumentos fundamentales de
la producción que se encuentran en manos diferentes.
Así, resulta estrictamente correcta la caracterización de los
conflictos de trabajo, como "contraposición de intereses entre quien
402 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

tiene fuerza de trabajo y no tiene capital, y quien tiene capital


y no tiene fuerza de trabajo (5).
De allí que la mayoría de los sistemas legales existentes,
hayan sentido la necesidad de organizar los tribunales del trabajo,
en función de la naturaleza jurídica de los conflictos obreros
que están llamados a resolver.
Los conflictos obreros, según la doctrina dominante en esta
materia, suelen clasificarse en cuanto a su extensión, en indivi­
duales o colectivos, y estos últimos son subdivididos a su vez,
en aquellos de naturaleza jurídica y los de naturaleza económica;
conflictos de derecho y conflictos de intereses.
La abundante literatura relativa a esta y otras clasificaciones
de los conflictos de trabajo, hace innecesario un amplio desarrollo
sobre este punto; baste recordar que se señalan como conflictos
individuales aquellos en que están en juego, no los intereses
abstractos de las categorías sino los intereses concretos de los
individuos; los conflictos colectivos son los que interesan al grupo
de trabajadores, como representante de una comunidad definida
de intereses, y no apenas como una suma material de individuos.
A su vez, los conflictos colectivos de naturaleza jurídica, se refieren
a la interpretación o aplicación de un derecho nacido y actual,
importando poco que éste tenga su fuente en una Ley, o en una
disposición de contrato individual o colectivo; y los de natura­
leza económica, se refieren a la formación de nuevas condiciones
de trabajo, o a la revisión de normas existentes y a la oportu­
nidad de sustituirlas por otras más conformes con las nuevas
exigencias económicas (6).

(5) Cfr. Tissembaum, Mariano. Las contiendas del trabajo y el régimen


jurídico para su solución. Vol. cit. del Instituto de Derecho del Trabajo, pág. 142.
Carnelutti, Francesco. Teoria del Regolamento Collettivo dei rapportl di lavoro.
CEDAM. PADOVA. 1936, pág. 5 y sig. Stafforini. Ob. cit., pág. 51-52.

(6) Véase el magistral estudio de Antonio Ferreyra Cesarino Jr. De la


constitución de los tribunales del trabajo en función de la naturaleza de los con­
flictos obreros. Instituto de Derecho del Trabajo. Ob. cit., págs. 282 y sig. Jaeger
Nicola. Corso di Diritto Processuale del lavoro. CEDAM. Pádova. 1936, pág. 12,
31. De Lítala, Luigi, Derecho Procesal del Trabajo. Vol. I, págs. 131 y sig. Vol. II,
págs. 55 y sig. Stafforini. Ob. cit., págs. 55 y sig. Juan D. Ramírez Gronda,
Conflictos del trabajo. Enciclopedia jurídica OMEBA. Vol. III, págs. 383 y sig.
Alfonso Sermonti, Controversie indlviduall di lavoro. Nuovo Digesto italiano.
Vol. IV, págs. 166-178.
FUERO DEL TRABAJO 403

Con arreglo a la anterior clasificación de las controversias


del trabajo, se estabecen generalmente tres sistemas de organi­
zación de los tribunales.
Un primer sistema que atribuye competencia a los tribunales
especiales del trabajo, para conocer solamente de los conflictos
individuales. Pertenecen a este grupo: Alemania, Bélgica, Chile,
España, Francia, Italia, algunos cantones de Suiza, Checoeslo­
vaquia, Yugoeslavia, Perú y Polonia.
Un segundo sistema, otorga a los tribunales especiales el
conocimiento de los conflictos individuales y colectivos, pero se­
parando en cuanto a los últimos aquellos llamados "conflictos
de intereses" o "económicos" que no se resuelven por la vía juris­
diccional, sino que son dejados a la conciliación y arbitraje
voluntario. Pertenecen a este sistema: Dinamarca, Noruega, Sue­
cia y la Unión Soviética.
A un tercer grupo pertenecen aquellos países en los cuales
todos los conflictos, individuales y colectivos, los de derechos y
los de intereses, se resuelven por la vía jurisdiccional de los
tribunales especiales del trabajo. Pertenecen a este grupo Mé­
xico, Portugal y Rumania (7).
3.—El sistema venezolano corresponde al segundo grupo de
los enumerados anteriormente. Esto es, atribuye competencia a
los tribunales del trabajo para conocer solamente de los con­
flictos individuales jurídicos y de los conflictos colectivos jurí­
dicos, dejando para su tratamiento no jurisdiccional, los con­
flictos colectivos económicos, que son sometidos a la conciliación
y al arbitraje voluntario.
Así, el artículo 1*? de la Ley Orgánica de Tribunales y de
Procedimiento del Trabajo establece: "Los asuntos contenciosos
del trabajo, que no corresponden a la conciliación ni al arbitraje,
y en todo caso, las cuestiones de carácter contencioso que sus­
cite la aplicación de las disposiciones legales y de las estipu­
laciones de los contratos de trabajo, serán sustanciados y deci­
didos por los Tribunales del Trabajo que se indican en la presente
Ley."

(7) Cfr. Couture. Ob. cit., pág. 179. Caldera. Ob. cit., pág. 194. Cesarino
Júnior. Ob. cit., pág. 285. Nota (5) y autores allí citados. Stafforini. Ob. cit.,
págs. 85-103.
404 ARÍSTIDE8 RBNGEL ROMBERG

Y el Título VIII de la Ley del Trabajo, que regula los con­


flictos colectivos, dispone en el artículo 210: "En toda empresa,
establecimiento, explotación o faena en que trabajen diez o más
obreros o empleados, no podrá interrumpirse intempestivamente
el trabajo, ya sea de parte de los patronos, ya de parte de los
obreros o empleados, antes de que se hayan agotado los proce­
dimientos de conciliación previstos en el presente título."
Este procedimiento de conciliación consiste en esencia, en el
nombramiento de representantes obrero-patronales para constituir
una Junta de Conciliación, bajo la Presidencia del Inspector del
Trabajo, funcionario éste que no podrá emitir opinión ni voto
sobre el fondo del conflicto sino aducir razones de conveniencia.
La Junta se reúne hasta que haya decidido a base de una reco­
mendación unánimemente aprobada, o hasta que haya decidido
que la conciliación es imposible. Los trabajadores o los patronos
no pueden declarar la huelga o el lock-out, en sus casos, sino
después que hayan transcurrido ciento veinte horas desde el
tiempo en el cual el Inspector fue informado de las peticiones en
disputa (8).
En todo caso, bien por recomendación de la Junta de Conci­
liación, ya por recomendación del Inspector, queda a salvo a
las partes en conflicto someter la controversia a un arbitraje vo­
luntario, en las condiciones expresadas en la Ley (9).
Como se ve, una amplia esfera de conflictos queda en el
derecho venezolano librada a la fuerza contrastante de los grupos
económicos, y son objeto de una forma política de solución, ex­
traña a las formas jurídicas propias de la jurisdicción. En efecto,
la conciliación no es una regulación del conflicto con arreglo a
la justicia. "En el orden de valores, nos dice Couture, la conci­
liación procura la paz; no la justicia. Normalmente el que con­
cilla cede. Su renuncia es siempre una medida de justicia que
se sacrifica al precio de la paz" (10).

(8) Ver artículos 210, 211, 212 y slg. Ley del Trabajo.
(9) Ver artículos 224-230 Ley dol Trabajo.
(10) Jueces y partes en los conflictos del trabajo. Estudios. Vol. III, pág. 263.
Para las diversas formas de solución en el derecho comparado, vease la enume­
ración de Sander, Types oí labor disputes and approaches to their settlement,
en Law and contemporary probloms, Durham, North Carolina, Vol. XII, n^ 2,
Spring 1947, p. 214, referida por Couture, ob. cit., p. 262 y por Stafforini,
FUERO DEL TRABAJO 405

La propia Ley del Trabajo venezolana al establecer el proce­


dimiento conciliatorio, admite expresamente en la base del con­
flicto, la existencia de una situación de hecho tal, propicia para
inducir al patrono o patronos a tomar o dejar de tomar ciertas
medidas relativas a las condiciones de trabajo; o del lado con­
trario, para inducir a los trabajadores a aceptar ciertas condi­
ciones de trabajo, impuestas por los patronos (11).
4.—Este sistema, que conduce inexorablemente a la guerra
entre los grupos contrarios que cooperan en la producción, me­
diante la huelga o el lock-out, con todas sus graves consecuencias
económicas y sociales, ha sido considerado por un sector de la
doctrina, como el de mayor perfección científica, adecuado a los
principios más aconsejables sobre esta materia, y se aduce como
justificación racional del sistema, la característica inconfundible
de estos conflictos, llamados controversias sobre intereses, que
no conciernen a la interpretación de un derecho ya nacido y
actual, sino a la demanda de modificación de un derecho exis­
tente o a la creación de un nuevo derecho para regular las
condiciones de trabajo; lo que no los haría propios para una
solución jurisdiccional ordinaria (12).
En cambio, la doctrina contraria sostiene la necesidad de la
solución de estos conflictos, mediante decisión emanada de ór­
ganos jurisdiccionales, porque la lucha de las partes y el resul­
tado de sus respectivas fuerzas, constituye una solución contin­
gente del conflicto, en cambio, el fallo comprensivo y documen­
tado del tribunal especial de conflictos, actuando en método juris­
diccional examinando todos sus términos (nivel de vida, salario,
posibilidad de la empresa, futuro de la industria, etc.), consti­
tuye la solución correcta del mismo.
Para los mantenedores de esta doctrina, derecho de huelga
y derecho de guerra tienen el mismo valor, y el ordenamiento
jurídico que reconoce el derecho de huelga, confiesa su impo­
tencia para regular los conflictos colectivos del trabajo, puesto
que regular un conflicto significa ante todo evitar y por tanto

ob. cit., p. 711 y 725 y sig. Cfr. Despontin, Luis A. La conciliación y el arbi­
traje en los conflictos colectivos del trabajo. Instituto de Derecho del Trabajo,
cit. Santa Fe, 1941, pág. 581.
(11) Artículos 211, 221, Ley del Trabajo.
(12) Ver en este sentido Caldera, ob. cit., págs. 193-194.
406 ARÍSTIDES RENGBL ROMBERG

prohibir, la guerra entre los hombres a los cuales corresponden


los intereses relativos (13).

Como se ve, la última doctrina citada toma inspiración en


la concepción de la jurisdicción y de la acción como sucedáneo
de la autodefensa prohibida, que constituye en la evolución
institucional del Estado, una meta que sólo después de largos
siglos de afirmación gradual ha podido conducir al moderno Es­
tado de derecho, el cual, después de haber asumido sobre sí
la carga de administrar justicia evitando la autodefensa, eleva
a categoría delictual toda forma de ejercicio de la justicia pri­
vada o justicia por mano propia (14).

Esa misma evolución gradual que se afirma con el tiempo


en el interior de cada Estado, se proyecta hoy en el plano inter­
nacional, y los intentos de diversos organismos, llámense "So­
ciedad de Naciones", "Corte Internacional de Justicia" o "Na­
ciones Unidas", no son otra cosa en esencia, que intentos del
hombre por llevar también al plano internacional, normas de
orden jurídico y técnico, que permitan la solución justa de los
diferendos entre Estados, excluyendo la guerra como forma de
solución de las controversias internacionales.

Por ello, la doctrina que veníamos examinando, no excluye


de la solución jurisdiccional interna en cada Estado, los llamados
conflictos sindicales, o colectivos, porque como es fácil compren­
der, el empleo de la fuerza privada como medio de defensa, cons­
tituye en realidad la negación de todo derecho y de toda pacífica
convivencia social: dejar a los mismos interesados el oficio de
resolver por sí solos los propios conflictos, quiere decir excluir
la posibilidad de una decisión imparcial, dado que ninguno
puede ser juez imparcial en su propia causa; y quiere decir,
además, victoria de la prepotencia sobre la justicia, en cuanto

(13) Cfr. Couture, Jueces y partes en los conflictos del trabajo, Estudio»
cit., Vol. III, págs. 269, 270, 271. Carnelutti, Sciopero e Giudizzio. Rlvlsta di
Dlritto Processuale 1949, I, pág. 2 y sig.
(14) Calamandrei, Istituzlone di Dirltto Processuale Civile 1943, I,
págs. 97-98. Chiovenda, Istituzlone di Diritto Processuale Civile, 1950, I, pág. 31.
Alsina, Tratado, segunda edición. EDIAR, 1956, Vol. I, pág. 24.
FUERO DEL TRABAJO 407

donde la decisión del conflicto se entrega a la fuerza de los com­


petidores, el más fuerte tiene siempre la razón (15).

Como se ve, el problema es delicado, porque la adopción del


método jurisdiccional para la solución de los conflictos colectivos
de intereses, lleva consigo, como natural complemento, la supre­
sión del "derecho de huelga", lo que al mismo tiempo hace
necesario una valoración de orden político y no de orden jurí­
dico, acerca de los fines que debe realizar en un espacio y en
un tiempo dado, un Estado determinado, dejando a salvo los
intereses superiores de la comunidad, que no pueden en modo
alguno exponerse al libre e ilimtado desarrollo de las fuerzas sin­
dicales contrastantes.

Así, aún en los países que como Venezuela no adoptan la


solución jurisdiccional de los conflictos colectivos de intereses,
y que en principio reconocen el derecho de huelga y el lock-out,
éstos encuentran una limitada restricción o prohibición que se
manifiesta al principio, mientras dura el procedimiento de con­
ciliación obligatoria, o de arbitraje voluntario, no pudiendo la
prohibición llegar a ser integral o total, sino con la institución
del juicio para la solución del conflicto colectivo en método juris-
diciconal (16).

Y por la misma razón, en defensa de los supremos intereses


económicos del Estado, se hace necesario en tales sistemas, acu­
dir a la vía de la solución legislativa o ejecutiva de los con­
flictos colectivos, mediante leyes o Decretos-leyes que imponen
una solución determinada al conflicto, pudiendo además el Es­
tado en los casos de huelga o de lock-out en empresas o servicios
cuya paralización ponga en peligro inmediato la salud o vida
económico-social de la población, proveer a la reanudación de

(15) Calamandrei, ob. clt., pág. 95. Alcalá Zamora y Castillo, Proceso,
autocomposición y autodefensa. México, 1947, pág. 39, Incluye el derecho del
trabajo entre las zonas más ricas en manifestaciones autodefensivas, tales como
huelgas, lockout, boycot, sabotaje, ocupación de fábricas, deterioro intencional
de maquinarla, herramientas, etc.

(16) Artículos 210, 211, 220, 221, 223 y 233 Ley del Trabajo.
408 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

las faenas en la forma que lo exijan los intereses generales, previo


Decreto especial que indique los fundamentos de la mdida (17).

5.—La inteligencia de los principios y normas anotados, per-


miten la correcta aplicación a los casos prácticos de las reglas
relativas a la competencia ratione materiae de los tribunales
del trabajo, evitando ya de parte de los jueces, ya de parte de
los funcionarios administrativos, posibles extralimitaciones de fun­
ciones, con invasión de la esfera de competencia propia de cada
orden.

Por su parte, la jurisprudencia ha sido normalmente acertada


en la aplicación de tales reglas, y es ya constante la tendencia
hacia una interpretación amplia de la competencia general atri­
buida a los Tribunales del Trabajo, en cuanto atañe al conoci­
miento y decisión de las divergencias surgidas de las relaciones
que provienen no sólo del contrato individual o colectivo de tra­
bajo, sino de ciertos hechos íntimamente vinculados a éste, por
tener su origen en hechos ocurridos con ocasión del trabajo.

Así, se ha admitido que son competentes los Tribunales del


Trabajo, para conocer de las acciones que si bien no nacen del
contrato de trabajo, sí surgen con ocasión del hecho social del
trabajo.

Dentro de esta competencia incluye la jurisprudencia, entre


otras, las cuestiones de orden sucesoral surgidas como consecuen­
cia de relaciones contractuales o de hechos, nacidas con ocasión
del trabajo; las reclamaciones por restitución de cantidades pa­
gadas indebidamente con ocasión del trabajo; el cobro de sumas

(17) Cfr. Decreto n9 114 sobre condiciones de trabajo en la industria pe­


trolera, fecha 9 de abril de 1951. Compilación Legislativa de Venezuela. Vol. IV,
Anuario 1951, pág. 498. Aplicaciones de la jurisprudencia fijando los límites de
vigencia del procedimiento especial creado por ese Decreto, pueden verse en
Pebres Cordero, Carlos. Legislación y Doctrina Judicial del Trabajo. EDIME.
Caracas-Madrld, 1955, págs. 338 y 348. Cfr. Art. 231 Ley del Trabajo. Un exce­
lente estudio del derecho de huelga on la nueva Constitución italiana, y su
fundamento político, puede verso en Calamandrei, Signifícalo costltuzionale del
díritto di scloporo, en Scritti giuridici in onore della CEDAM, Vol. II, pág. 53.
Pádova, 1953. Para el derecho mexicano ver Trueba Urbina, Evolución de la
huelga, México, 1950. En general sobre el tema, Carnelutti, Teoría del Regola-
monto Colettivo, cit. págs. 67-73.
FUERO DEL TRABAJO 409

no pagadas de una pensión o jubilación concedida al trabajador


en atención a sus años de servicios, etc. (18).
/
En cambio, en otro caso, el criterio seguido por la jurispru­
dencia ha sido más estricto, al negar la admisión de la recon­
vención propuesta por cobro de una suma de bolívares que fue
dada al actor, parte en préstamos y parte-como equivalente de
unos gramos de oro. Concluye el Tribunal en este caso, que el
artículo 67 del Código de procedimiento civil expresa que la
competencia por la materia se determina por las leyes relati­
vas a la materia misma que se discute y por las disposiciones
de dicho Código; y que conforme al artículo 235 de la Ley del
Trabajo, en concordancia con el artículo 1*? de la Ley Orgánica
de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo, corresponden a
la competencia de estos tribunales, las cuestiones de carácter
contencioso que susciten la aplicación de las disposiciones inte­
grantes de la legislación del trabajo y de las estipulaciones de
los contratos de trabajo. Fundado en tales razones, estima el
Tribunal que la reconvención propuesta por cobro de bolívares
no es admisible (19).

6.—Por no haberse dado en otros casos a las referidas normas


sobre la competencia su exacto sentido, y por desconocerse las
específicas atribuciones que los artículos 202 y siguientes de la
Ley del Trabajo, encomiendan a los Inspectores del Trabajo,
como órganos encargados del cumplimiento de la parte admi­
nistrativa de la ley, los citados funcionarios algunas veces han
pretendido imponer a una parte, la modificación de determinado
salario, en favor del trabajador que por vía conciliatoria plantea
ante el Inspector su reclamación en base al artículo 67 de la ley,
que consagra el principio "a trabajo igual, salario igual", materia
ésta que al ser controvertida entre las partes, y versar sobre su
pretendido derecho, entra en la esfera de competencia de la
jurisdicción especial, conforme a las reglas enunciadas, y no

(18) Cfr. Araujo, Jesús. Jurisprudencia del Trabajo, 1949-1951. Caracas,


1953, pág. 187. Cfr. Febres Cordero, ob. clt., Tomo II, págs. 35 y 42.
(19) Cfr. Araujo Jesús. Ob. clt., pág. 121. En contra de la doctrina ante­
rior, para la reconvención por anticipos a cuenta de salarlos y de utilidades en
materia del Trabajo. Cfr. Febres Cordero. Ob. clt., Tomo II, pág. 42.
410 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

en la esfera de atribuciones administrativas del Inspector del Tra­


bajo (20).

En verdad, como lo tiene establecido la jurisprudencia, las


Inspectorías del Trabajo tienen muy limitadas atribuciones en
relación con las controversias sobre derechos que las partes so­
meten a su consideración; atribuciones que no pueden ir más
allá de la simple mediación conciliatoria para lograr un arreglo
amistoso del asunto; de tal modo que las resoluciones de la Ins­
pectoría del Trabajo, referentes a controversias judiciales, no
pueden ser consideradas sino como simples opiniones jurídicas,
formuladas por una autoridad administrativa (21).

Sólo por excepción, en casos expresamente legislados, la admi­


nistración al igual que la jurisdicción, lleva a cabo la individua­
lización y concreción de normas generales.

Son aquellos casos en los cuales los límites entre jurisdicción


y administración no se basan en diferencias funcionales, porque
en tales casos el fin del Estado se persigue por el aparato admi­
nistrativo en la misma forma que lo persiguen los Tribunales:
se provoca el estado social deseado, es decir, el estado que el
legislador tiene por tal, reaccionándose contra su opuesto; sino
en una diferencia orgánica, en cuanto el órgano que realiza la
individualización del mandato legal, no es el órgano judicial
común o especial, sino un órgano administrativo. Estos casos, la
doctrina los define como de "administración indirecta" o "admi­
nistración mediata", para contraponerlos a los otros llamados de
"administración directa" o "administración inmediata", en los
cuales el fin del Estado es inmediatamente realizado por los
órganos estatales, esto es, cuando el órgano del Estado, jurídi­
camente obligado a ello, produce directamente el estado social

(20) Cfr. Araujo, Jesús, ob. clt., pág. 73. Febres Cordero, ob. clt., Tomo I,
págs. 435, 438, 441.
(21) Ver en este sentido sentencia del 27-6-51 dictada por el Juzgado Ter­
cero do Primera Instancia del Trabajo del Distrito Federal en la obra de
Araujo, Jesús citada, pág. 90. Un cuadro general sobre las funciones de inspec­
ción de los Inspectores del Trabajo, puede verse en Tissembaum, La Inspección
del Trabajo y su función en el fuero del trabajo. Volumen citado del Instituto de
Derecho del Trabajo. Santa Fe, 1941, pág. 505.
FUERO DEL TRABAJO 411

deseado. Estos últimos actos administrativos, en esencia y fun­


cionalmente, pueden distinguirse de los actos jurisdiccionales (22).

Así, dentro de la primera especie pueden señalarse entre


nosotros las normas y procedimiento relativos al fuero sindical,
previsto en el artículo 198 de la Ley del Trabajo, en que se esta­
blece la inamovilidad de los organizadores de un Sindicato desde
la fecha de la notificación al patrono, por intermedio del Inspector
del Trabajo de la jurisdicción, hasta la de la inscripción del
Sindicato, sin que ese lapso pueda ser mayor de tres meses,
período durante el cual los trabajadores quedan bajo la protec­
ción especial del Estado y de consiguiente ninguno de ellos puede
ser despedido, trasladado o desmejorado en sus condiciones de
trabajo sin causa justa, calificada previamente por el respectivo
Inspector del Trabajo. Gozan también de esta inamovilidad los
miembros de la Junta Directiva del Sindicato, hasta el número
de siete, mientras estén en ejercicio de sus cargos y durante los
tres meses siguientes a la pérdida de su carácter de directi­
vos (23).
En estos y otros casos en que el órgano administrativo tiene
la misión de declarar la existencia o inexistencia de concretas
voluntades de ley, de las cuales son destinatarios inmediatos
los propios particulares (patronos y trabajadores), y de actuarlas
efectivamente, sustituyendo su propia actividad a la actividad
de los sujetos de la relación laboral, no puede dejar de reco­
nocerse la naturaleza esencial del acto jurisdiccional si se los
considera con prescindencia del órgano que la realiza. Por eso,
aún correspondiendo a la esfera de atribuciones del Inspector
del Trabajo, y no a los Tribunales especiales, están en lo cierto
la doctrina y la jurisprudencia que consideran valederas para

(22) Cfr. En este sentido Kelsen. La teoría pura del derecho. Ed. Losada.
Buenos Aires, 1946, pág. 115. Linares, Juan Francisco. Cosa juzgada adminis­
trativa. Ed. G. Krafft. Buenos Aires, 1946, págs. 19 y slgts.
(23) Sobre el desarrollo en Venezuela del derecho de Inamovilldad del
trabajador por motivo de sus actividades legales en conexión con la formación
de los sindicatos y con los conflictos de trabajo, que prevén los artículos 198 y
233 de la Ley del Trabajo, ver un resumen de las resoluciones dictadas por la
Inspectoría del Trabajo en el Distrito Federal desde el año 1950, en Jesús Báez
Meneses. Fuero Sindical. Revista del Trabajo. Año VI, n<? 22. Enero,Marzo de
1956, pág. 55.
412 ARÍSTIDBS RENGBL ROMBBRG

tales resoluciones de la administración, la teoría de la cosa juz­


gada judicial (24).
7.—En cuanto a los restantes títulos que ordinariamente fundan
la competencia, esto es, el valor y el territorio observemos ante
todo que no se aplican en nuestro sistema, criterios de valor para
fundar una diferencia competencial de órganos.
Todas las controversias que conforme al artículo 19 de la
Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo son
de la competencia del fuero especial, deben ser decididas por
los tribunales que indica la propia ley, esto es, por los Tribunales
del Trabajo que conocen en primera instancia, y por los Tribu­
nales Superiores del Trabajo, que conocen en segunda instancia.
A su vez, en los circuitos judiciales donde no hubiere jueces de
Primera Instancia del Trabajo, ejercen las funciones de éstos, los
jueces en lo civil de igual categoría (25).
El sistema es lógico; está de acuerdo con la institución de
los jueces especiales para el conocimiento de estas controversias,
y se aplica generalmente también en Argentina (26), en Chi­
le (27), Bolivia (28) y en otros países.

(24) Aunque no compartimos plenamente las razones jurídicas expuestas


en la motivación, consideramos sustancialmente correcta la conclusión de la ju­
risprudencia en el sentido de que las decisiones dictadas por los Inspectores del
Trabajo, referentes al fuero sindical, tienen autoridad de cosa juzgada. Cfr.
Araujo, Jesús, ob. cit., pág. 138. Sobre el problema de la cosa juzgada admi­
nistrativa, puede verse para el derecho y la jurisprudencia argentinos, la obra
citada de Linares, Juan Francisco, Cosa juzgada dministrativa, de valor excep­
cional. Para el problema de los destinatarios de la norma jurídica, como principio
dogmático para distinguir la jurisdicción de la administración, Cfr. Calamandrei,
ob. últimamente citada, pág. 23. Id. La Casación civil. Trad. esp. de Sentís
Melendo. Vol. II, pág. 29. Ultimamente sobre el tema, Rocco, Ugo, Su la esistenza
del problema dei destinatari delle norme giuridiche. Studl in onore di Enrico
Redenti. Guifró Milano, 1951, Vol. II, pág. 283. En contra: Thon Augusto, Norma
glurldlca e diritto soggettivo. Trad. A. Levi. CEDAM, 1951, pág. 17, nota 26 y
nota de Levi, pág. 70.
(25) V. Art. 29 y 4V Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento del
Trabajo.
(26) V. Stafforini, ob. cit., pág. 352. Alsina, Hugo, Organización y com­
petencia de la Justicia del Trabajo en la Capital Federal. Rev. Derech. Proc.,
1953, I. P., 141.
(27) V. Poblete Troncoso, Moisés. La Magistratura de Trabajo en Chile.
Volumen del Instituto de Derecho del Trabajo. Santa Fe, 1941, cit. pág. 327. Cfr.
Schaulsohn, Jacobo. Cómo deben tramitarse los juicios del Trabajo. Ed. Nas-
cimiento.
(28) V. Cornejo S., Alberto. Los tribunales del trabajo en Bolivia. Vol. del
Instituto de Derecho del Trabajo, cit. Santa Fe, 1941, pág. 419.
FUERO DEL TRABAJO 413

El sistema contrario que admite graduaciones de la compe­


tencia por el valor, existe en Italia, en donde el artícuo 434 del
nuevo Código de procedimiento civil de 1942, establece la com­
petencia del Pretor para aquellas controversias individuales cuyo
valor no excede de cincuenta mil liras, y la competencia del
Tribunal en los demás casos.
La ley venezolana sólo toma en consideración el valor o
cuantía del asunto del trabajo, para establecer un límite al Re­
curso de Casación, el cual sólo se admite contra los fallos de
segunda instancia, conformes o no con los de primera y siempre
que se trate de juicios del trabajo cuya cuantía exceda de cuatro
mil bolívares (Bs. 4.000,00) (29).
La competencia territorial está regida por las normas ordi­
narias del Código de procedimiento civil, pues no existen normas
que la regulen en forma diferente en la Ley Orgánica de Tri­
bunales y de Procedimiento del Trabajo. Esta última ley, en las
disposiciones generales del Título II, (art. 31) establece: "Los
Tribunales del Trabajo seguirán en cuanto sean aplicables y no
colidan con lo dispuesto en la presente Ley, las disposiciones del
Código de procedimiento civil, para sustanciar y decidir los pro­
cesos y recursos legales de que conozcan, aplicándose en la
sustanciación de los procesos, el procedimiento pautado en dicho
Código para los juicios breves, con las modificaciones que se
indican en esta Ley."
Así, de acuerdo con la norma citada, son aplicables las dis­
posiciones de los artículos 75 y siguientes del Cpdigo de proce­
dimiento civil, para determinar la competencia territorial en los
juicios del trabajo.
La jurisprudencia ha querido ser amplia en esta materia, y
ha establecido la siguiente doctrina sobre la competencia terri­
torial: "Para los efectos de los juicios obreros, el centro de tra­
bajo hace las veces de domicilio, ya que no existe razón vale­
dera para que, llegado el caso de tener que ocurrir al Tribunal
del Trabajo, los trabajadores se vean precisados a hacerlo ante
el de una jurisdicción distinta."

(29) Cfr. Art. 78. Ley Org. Trlb. y Proc. del Trabajo.
414 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

El caso se planteó con motivo de la excepción declinatoria


de la jurisdicción por incompetencia territorial, que la empresa
L.A.V. opuso ante el Juez del Trabajo en Maracaibo, donde
tiene una Agencia, por haber sido intentada en Maracaibo la
demanda por el empleado reclamante, y no en Caracas, donde
la empresa tiene su domicilio, según los Estatutos.

El Tribunal, después de asentar que la empresa L.A.V. tiene


establecida oficina en la ciudad de Maracaibo; que en esta ciudad
se realizan las labores, se pagan las comisiones al Agente y se
lleva la contabilidad, argumenta: "Todo ello hace concluir que
allí convergen las actividades de la empresa en esa jurisdicción,
o lo que es lo mismo, que bien puede caracterizársela como un
centro de trabajo y éste, para los efectos de los juicios obreros
hace las veces de domicilio, ya que, por una parte, si los tra­
bajadores ocurren ante las autoridades administrativas del lugar
en que prestan sus servicios en reclamación o para obtener pro­
tección para sus derechos, no existe razón valedera para que,
llegado el caso de tener que ocurrir al Tribunal del Trabajo se
vean precisados a hacerlo ante el de una jurisdicción distinta,
por el hecho de que el patrono tenga su domicilio en ese lugar,
y por otra, si tal se hiciese, antes que compensar la situación
inferior del trabajador se le agravaría, desde luego que éste se
vería precisado a hacer gastos para trasladarse al lugar del
domicilio del patrono a fin de intentar un litigio que de este
modo resultaría oneroso, mientras que en nada se perjudica el
patrono teniendo que litigar ante el tribunal del lugar donde está
funcionando su centro de trabajo, puesto que está en condiciones
de hacerlo sin esfuerzo; y finalmente es justo que ambas partes
estén en condiciones de hacer su prueba donde la existencia de
los elementos necesarios deberán hacerla pronta y en principio
eficaz" (30).

Como se ve el sentenciador ha creído necesario valerse del


concepto de "centro de trabajo” para sustituir la regla que hace
depender del domicilio del demandado la competencia territo­
rial, conforme al artículo 75 del Código de procedimiento civil.

(30) Cfr. Un extracto do la sentencia en Febres Cordero .Carlos, ob. dt.,


Tomo II, págs. 19-20.
FUERO DEL TRABAJO 415

La conveniencia de la solución que dió el tribunal al caso


planteado, y las razones de equidad invocadas en su apoyo, no
deben ser discutidas.
La corrección de la motivación, con arreglo al derecho apli­
cable al caso, puede ofrecer serias dudas a la doctrina.
No existe ley alguna en el orden jurídico venezolano, que haga
del "centro de trabajo" un presupuesto de hecho para fundar la
competencia territorial de los juzgados del trabajo.
La Ley del Trabajo venezolana, se sirve de la mencionada
expresión en variadas ocasiones: Para establecer la libertad de
todo individuo de ejercer el comercio en los centros de trabajo,
a menos que esta libertad resulte contraria a los intereses mismos
de los trabajadores (art. 12); para prohibir en todos los centros
de trabajo el establecimiento de expendios de bebidas embria­
gantes, casas de juego de azar, y casas de prostitución (art. 13);
para garantizar el libre tránsito por carreteras o caminos que
conduzcan a los centros de trabajo de empresas petroleras o
mineras en general (art. 14); para establecer la obligación de
pagar los salarios en el lugar donde los trabajadores presten sus
servicios (art. 69), etc.; pero de ninguna de las citadas normas
puede extraerse argumento jurídico valedero para fundar la deci­
sión que comentamos.
No debe olvidarse que la equidad, sólo es aplicable en los
juicios del trabajo, en último término, a falta de disposición legal
expresa, o cuando la analogía no pueda realizarse, ni tampoco
sea aplicable la costumbre o los principios generales del derecho.
Todo conforme al orden de prelación que establece el artículo 52
de la Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento del Tra­
bajo.
Estimamos que al resultado querido por la jurisprudencia ano­
tada, se llega fácilmente haciendo la correcta aplicación de las
normas generales relativas al domicilio y a la competencia terri­
torial para las acciones personales y reales sobre bienes muebles,
previstos en los artículos 28 del Código Civil y 75 y 76 del Código
de procedimiento civil.
Con arreglo a la primera norma citada, no puede desconocerse
la procedencia de la demanda en el lugar donde funciona la
416 ARÍ8TIDES RDNGEL ROMBERG

agencia o sucursal, porque si bien el artículo 28 del Código Civil


tiene como domicilio de las sociedades, asociaciones, fundaciones
y corporaciones, el lugar donde esté situada su dirección o admi­
nistración; la misma norma expresa que cuando tengan agentes
o sucursales establecidas en lugares distintos de aquél en que se
halle la dirección o administración, se tendrá también como su
domicilio el lugar de la sucursal o agencia, respecto de los hechos,
actos y contratos que ejecuten o celebren por medio del agente
o sucursal. Por otra parte, paralelamente a la aplicación del fuero
general del domicilio, son aplicables también las normas que
fundan un fuero especial, concurrente con aquél, a elección del
actor, conforme a los artículos 75 y 76 del Código de procedi­
miento civil.

En efecto, al lado del fuero general establecido en el artícu­


lo 75 (domicilio, residencia, morada), se encuentran establecidos
en el artículo 76 títulos especiales de competencia (lugar donde
se haya contraído o deba ejecutarse la obligación, o donde se
encuentre la cosa mueble objeto de la acción), los cuales son
concurrentes con los de aquél, a elección del actor. Así, es dable
a los trabajadores elegir para intentar la acción cualesquiera de
los fueros concurrentes que antes hemos señalado, y en todo caso,
el del lugar donde prestan sus servicios por ser el lugar donde
se ejecuta normalmente la obligación que para ellos deriva del
contrato de trabajo.

La obligación fundamental que deriva del contrato de tra­


bajo para todo trabajador, consiste en una obligación de hacer,
esto es: la prestación de trabajo en interés de otro, y la sede típica
de los conflictos que de tal relación pueden surgir, no se encuentra
solamente en la cantidad de trabajo que debe ser realizado,
sino también y acaso fundamentalmente, en la calidad del mismo,
el modo y lugar en que es realizado, el lugar, el modo y el
tiempo en que debe ser pagada la mercancía, etc.
Todas estas circunstancias que pueden originar el conflicto,
se reconducen pues, jurídicamente, en cuanto a la competencia
territorial, al lugar donde debe ejecutarse y se ejecuta efectiva­
mente la obligación del trabajador, que es uno de los títulos con­
currentes de competencia conforme al artículo 76 del Código de
FUERO DEL TRABAJO 417

procedimiento civil, y allí puede ser jurídicamente propuesta la


demanda (31).
Una norma especial, muy precisa, contiene en cambio el ar­
tículo 4Q de la Ley n9 12.948, para la Capital Federal en Argentina,
que establece: "Será competente para conocer de la causa el juez
del lugar de trabajo, el del domicilio del demandado, o el del
lugar donde se hubiere celebrado el contrato, a elección del
demandante" (32). Y también existe otra en Italia para las con­
troversias individuales del trabajo, contenida en el artículo 434
del nuevo Código de procedimiento civil de 1942, que expresa:
"Es competente por el territorio el Juez en cuyo distrito se encuentra
el establecimiento o una dependencia cualquiera del mismo, en
que presta servicio el trabajador o prestaba su obra cuando
terminó la relación."
Pero entre nosotros, donde la Ley especial no regula expre­
samente la materia, se aplican las normas generales citadas, por
mandato de la propia ley que remite a ellas.
8.—Para completar las nociones generales del fuero del tra­
bajo venezolano, revisemos ahora las líneas fundamentales del
procedimiento especial aplicable para la solución de las con­
troversias laborales.
Esta consideración del procedimiento, se impone en nuestro
caso, no sólo por razones de método en la exposición, a fin de
lograr una visión de conjunto del fenómeno que estudiamos, sino
también, y acaso fundamentalmente, porque como se ha visto
al comienzo, tenemos una ley especial titulada "Ley Orgánica
de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo", que hace pensar
en la existencia de todo un sistema propio y autónomo de pro­
cedimiento, distinto del ordinario, para la composición de las

(31) Cfr. Loreto, Luis. Errores de interpretación en la teoría de la compe­


tencia territorial. Estudios de Derecho Procesal Civil. Caracas, 1956, pág. 39. El
no haber tenido suficientemente en cuenta las conclusiones de la doctrina vene­
zolana en este punto, aclaradas definitivamente por Loreto en su documentado
estudio, ha producido extravíos de la jurisprudencia en casos similares al que
es objeto de esta nota.
(32) Cfr. Alsina, Huoo. Organización y competencia de la Justicia del
trabajo en la Capital Federal. Revista de Derecho Procesal. Buenos Aires, año
1953, I, pág. 163.
418 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

controversias del trabajo, lo que nos obliga a examinar las


características de este procedimiento, frente al ordinario civil.
La nota esencial que caracteriza al procedimiento del trabajo
venezolano, estriba en ser un procedimiento rápido que se des­
envuelve mediante el sistema de los juicios breves. Este propósito
de rapidez y de simplicidad, preside desde su origen, toda la
evolución sufrida por el fuero del trabajo en Venezuela.
El mismo pensamiento y la misma razón lógica que en la
historia del proceso civil común determinaron en la Edad Media,
el nacimiento de un tipo de proceso sumario y rápido al lado
del proceso ordinario lento y dispendioso, movieron al legislador
venezolano al estructurar la justicia especial del trabajo que
requería un tratamiento diferente al de la justicia civil ordinaria.
Así, el artículo 31 de la Ley Orgánica de Tribunales, y de Pro­
cedimiento del Trabajo establece: "Los tribunales del trabajo se­
guirán en cuanto sean aplicables y no colidan con lo dispuesto
en la presente ley, las disposiciones del Código de procedimiento
civil, para sustanciar y decidir los procesos y recursos legales
de que conozcan, aplicándose en la sustanciación de los pro­
cesos, el procedimiento pautado en dicho Código para los juicios
bieves, con las modificaciones que se indican en esta ley."
En la economía del Código de procedimiento civil, venezolano,
los juicios breves se cuentan entre los procedimientos especiales
contenciosos, regulados en la Parte Primera del Libro Tercero del
Código, y se aplican en las demandas que en su acción prin­
cipal no excedan de cuatrocientos bolívares (art. 700 c.p.c.).
Frente a los juicios especiales, tenemos el ordinario, que puede
ser de menor cuantía, cuando ésta excede de cuatrocientos sin
pasar de cuatro mil bolívares, y de mayor cuantía, cuando excede
de esta última cantidad, en cuyo caso compete siempre al Juez
de Primera Instancia que ejerce la jurisdicción ordinaria civil
(Art. 234, 235 c.p.c.).
Con menos propiedad, se suele llamar sumario al juicio breve,
para contraponerlo al plenario u ordinario, en el cual el debate
es amplio, y los plazos y términos generalmente largos.
Sin embargo, los juicios breves son también plenarios, aunque
rápidos o acelerados. En los juicios breves como en el plenario,
FUERO DEL TRABAJO 419

las garantías de defensa de las partes y la amplitud del cono­


cimiento del juez sobre el material de la litis, no sufren restricción
alguna de contenido, manifestándose solamente una diferencia
de forma, en cuanto a la brevedad de los lapsos.
Por ello la doctrina distingue claramente los juicios realmente
sumarios, y los simplemente acelerados, de los ordinarios.
Así, los procedimientos rápidos se diferencian del ordinario
por su forma; en tanto que los sumarios, lo son por su contenido.
La forma específica —acelerada— de los sumarios, depende de
que se trate de un camino específico para obtener una finalidad
específica, a fin de alcanzar la cual es precisa la citada forma
especial; pero en los procedimientos rápidos —plenarios— su
forma específica, también acelerada, se justifica sin necesidad
de que tengan una finalidad diversa de la que se quiere obtener
por medio del procedimiento declarativo ordinario.
No debe colocarse pues, en un mismo plano el procedimiento
sumario, que restringe el contenido material del proceso a través
de una limitación de los derechos de las partes con respecto a
los medios de defensa, y el procedimiento breve, rápido o ace­
lerado, que realiza una función similar al procedimiento ordinario,
pero en forma acelerada (33).
9.—La rapidez y brevedad del proceso del trabajo, se logra
en el sistema de la ley especial, mediante ciertas derogaciones
de las formas comunes del proceso ordinario, entre las cuales
pueden mencionarse las que siguen:
a) Brevedad del término del emplazamiento para la contes­
tación de la demanda, el cual es de tres días hábiles después de
la citación, en el juicio del trabajo, mientras que en el ordinario
es de diez días (Art. 244 c.p.c., art. 68 Ley Org. Trib. y Proc.
Trab.).

(33) En general sobre las investigaciones de la doctrina en este campo.


Cfr. Fairen Guillén, Víctor. El juicio ordinario y los plenarios rápidos, Bosch,
Barcelona, pág. 53 y sig., con excelentes investigaciones históricas referentes
al derecho español. Cfr. Chiovenda. Principios. Trad. esp. Casais y Santaló. Ed.
Reus, Madrid. Tomo I, pág. 12 y sig. Cfr. Goldschmidt, James. Derecho procesal
civil. Trad. esp. de Prieto Castro. Ed. Labor, Barcelona, 1936, pág. 18 y sig. Para
el derecho venezolano, Cfr. Feo. Estudios sobre el Código de procedimiento civil
venezolano, 1953, Tomo II, pág. 5.
420 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

b) Simplificación de las formas de practicar la citación, de­


biendo hacerse por medio de boleta en el juicio del trabajo, y
mediante compulsa con la orden de comparecencia, en el ordi­
nario (art. 241 c.p.c., Art. 47, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.).
c) Reducción del número de testigos que pueden declarar para
suplir el recibo que debe otorgar el citado al Alguacil encargado
de la citación, exigiéndose un sólo testigo para este efecto, en
el juicio del trabajo, y dos en el proceso ordinario (art. 135 c.p.c.,
Art. 50, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.).
d) Simplificación de las formalidades para la citación del de­
mandado por carteles, cuando no pudiere practicarse personal­
mente la citación, las cuales se reducen a la fijación de sendos
carteles, uno en la morada del demandado y otro en las puertas
del Tribunal, para que el demandado ocurra a darse por citado
en el término de tres días contados desde la fijación (art. 136
c.p.c., Art. 50, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.).
e) Admisión del principio de acumulación eventual en ma­
teria de excepciones, permitiéndose que en los juicios del trabajo,
las excepciones dilatorias y las de inadmisibilidad señaladas
en el Código de procedimiento civil, sean opuestas conjunta­
mente en la oportunidad de la litis-contestación; lo que no puede
ocurrir en el régimen del juicio ordinario, en el cual deben ser
opuestas y tramitadas primero las dilatorias y luego, en defecto
de éstas, las de inadmisibilidad (art. 247, 248, 257, c.p.c., Art. 64,
Ley Org. Trib. y Proc. Trab.).
Esta innovación que aparece en la reforma parcial de 1956,
tiende como las otras, a lograr mayor celeridad del proceso,
evitando dos incidencias sucesivas sobre excepciones, antes de
la contestación al fondo de la demanda, pero desnaturaliza el
principio de acumulación eventual, y en la práctica será fuente
de complicaciones.
En efecto, el principio de acumulación eventual, tiene sentido
sólo cuando se presentan de una vez y son usados en la fase
procesal apropiada, todos los medios de ataque y defensa ten­
dientes al mismo íin, aún cuando uno o varios de tales medios
sólo adquieran importancia en caso de no dar resultado el pri­
mero, con el que van combinados.
FUERO DEL TRABAJO 421

Por ello, encontramos en el derecho procesal histórico, que


ya en el derecho canónico imperaba la regla de que debían acu­
mularse las excepciones dilatorias y más tarde, en el procedi­
miento civil común alemán el requisito de que todas las excep­
ciones perentorias debían formularse simultáneamente (34).
Del mismo modo entre nosotros, el artículo 247 del Código de
procedimiento civil, con mucho acierto, da cabida parcialmente
al principio de acumulación eventual, el cual rige sólo para cada
grupo diferente de excepciones, debiéndose oponer primero todas
las dilatorias, y luego a falta de éstas, todas las excepciones de
inadmisibilidad, sin que puedan oponerse conjunta o eventual­
mente ambas clases de excepciones, que tienen naturalezas dis­
tintas y persiguen fines diferentes. Por la misma razón no puede
autorizarse la alegación de una excepción dilatoria conjuntamente
con otra perentoria o de fondo, que resulta incompatible con
aquélla.
No debe olvidarse que las excepciones de inadmisibilldad,
participan de la naturaleza de las perentorias, en cuanto provocan
en caso de ser acogidas, los efectos de las perentorias (35), por
lo cual son llamadas también excepciones mixtas, o "excepciones
perentorias deducidas en forma de artículo previo".
Así, resulta antinatural, el alegato de la excepción dilatoria
de defecto de forma de la demanda, que de ser acogida tendrá
como efecto la modificación o subsanación del libelo, junto con
el alegato de la excepción de inadmisibilidad por cosa juzgada,
que de ser acogida impedirá la continuación del juicio.
Del mismo modo resulta inoficioso, el alegato de la excepción
dilatoria de ilegitimidad de la persona que se presente como
apoderado del actor, porque el poder no esta otorgado en forma
legal, o sea insuficiente, la cual de ser declarada con lugar tendrá

(34) Cfr. Millar, Robert Wyness. Los principios del procedimiento civil.
Buenos Aires, 1945, págs. 97, 102 y slg. Con abundantes referencias al derecho
comparado.
(35) Cír. Couture. Fundamentos del derecho procesal civil. Depalma, Bue­
nos Aires, 1951, pág. 55. Cfr. Arcaya, Pedro Manuel. Estudio crítico de las
excepciones de Inadmisibilldad y otras previas del Derecho Procesal venezolano.
Ed. Garrido. Caracas, 1955. Ffr. Loreto, Luis. Contribución al estudio de la
excepción de inadmisibilldad por falta de cualidad. Estudios cit. pág. 65.
422 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

el efecto de paralizar el procedimiento hasta que se subsane el


defecto del poder, conjuntamente con el alegato de la excepción
de inadmisibilidad por caducidad de la acción, que de ser de­
clarada con lugar, no dará entrada el juicio, desechando la
demanda.
La fecha reciente de la reforma mencionada, no permite to­
davía observar el desarrollo de la jurisprudencia sobre estos pro­
blemas, pero el buen sentido parece indicamos, que a fin de
superar la contradicción lógica que impide ejecutar al mismo
tiempo lo decidido en los dos casos arriba indicados, la
jurisprudencia se verá en la necesidad de invertir el orden na­
tural de decisión de ambas cuestiones previas, comenzando por
la cuestión de inadmisibilidad, sin entrar en la decisión de la
cuestión dilatoria cuando aquella ha sido declarada con lugar;
en cuyo caso es dudoso si no resulta violada la norma que impone
al juez el deber de atenerse a lo alegado en autos y de dictar
sentencia expresa, positiva y precisa, con arreglo a las acciones
deducidas y a las excepciones o defensas opuestas (art. 12,
162 c.p.c.).
En todo caso, aquella solución será imposible jurídicamente
para el juez, en el supuesto de acumularse una nueva excepción
dilatoria de declinación de la jurisdicción por incompetencia
del Tribunal con otra de inadmisibilidad, pues de conformidad
con el artículo 255 del Código de procedimiento civil, si por la
declaratoria de haber lugar a la excepción declinatoria pasaren
los atuos a otro Tribunal, éste decidirá las excepciones pendientes;
lo que significa en este caso, la imposibilidad jurídica de la in­
versión del orden de la decisión de ambas cuestiones.
í) Reducción del lapso probatorio en las incidencias sobre
excepciones dilatorias o de inadmisibilidad, el cual es de cuatro
días hábiles, en tanto que en el régimen ordinario es de ocho
días (art 251, 258 c.p.c., Art. 64, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.).
g) Reducción del término para apelar de los fallos que de­
cidan las excepciones dilatorias o de inadmisibilidad, debiendo
hacerse la apelación en la misma audiencia en que se publican
o en la audiencia siguiente, mientras que en el procedimiento
ordinario ese término es de cinco días. (Art. 177 c.p.c., Art. 65,
Ley Org. Trib. y Proc. Trab.)
FUERO DEL TRABAJO 423

h) Brevedad del término probatorio de la causa, que se


abre inmediatamente después de la contestación al fondo de la
demanda, el cual se divide en un lapso de cuatro días hábiles,
para que las partes promuevan las pruebas que consideren per­
tinentes; dos días hábiles siguientes, para que el juez admita
las pruebas promovidas, y ocho audiencias siguientes, a partir
del último acto, para la evacuación o realización de las pruebas.
En el proceso ordinario, estos lapsos son de diez, tres y veinte
días, respectivamente. (Art. 282, 289, 291, 292, 294, c.p.c.; ar­
tículo 69, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.)
i) Supresión de la etapa procesal destinada en el proceso
ordinario para la "relación de la causa" que conforme al artícu­
lo 404 debe comenzar el tercer día hábil después de concluido
el término de pruebas. Y establecimiento del acto de informes
en el tercer día hábil después de concluido el término proba­
torio. (Art. 71, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.)
j) Reducción del término para dictar sentencia, la cual debe
ser pronunciada en la segunda audiencia siguiente a la termi­
nación del acto de informes en tanto que en el proceso ordinario,
la sentencia se dicta dentro de los tres días siguientes a aquel
en que se haya concluido la vista e informes de las partes. (Ar­
tículo 161, c.p.c.; Art. 71, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.)
k) Reducción y simplificación de los lapsos en el procedi­
miento en segunda instancia, estableciéndose que el Tribunal debe
fijar un lapso de ocho días hábiles, para constituir asociados,
promover y evacuar las pruebas procedentes en segunda ins­
tancia según el artículo 410 del Código de Procedimiento civil,
e instruir las que crea pertinentes el Tribunal de conformidad con
la ley. Vencido este lapso, en la segunda audiencia siguiente,
deben oirse los informes o alegatos de las partes, debiendo sen­
tenciar el tribunal dentro de los dos días hábiles que siguen
sin perjuicio de la facultad de dictar autos para mejor proveer.
(Art. 76, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.)
1) Reducción de los lapsos en materia de Recursos de Ca­
sación, estableciéndose que los términos de diez días para anun­
ciar el recurso, que se indican en el artículo 424 del Código de
procedimiento civil, se reducirán a cinco días. (Art. 79, 80, 81,
82, 83, 84, Ley Org. Trib. y Proc. Trab.)
424 ARÍSTIDES rengel romberg

Como se ve por la anterior enumeración de las principales


innovaciones de forma introducidas en el proceso del trabajo, éste
se desarrolla en forma más rápida, más breve que el proceso
ordinario común, y además es un juicio píen ario en el sentido
de que el contenido material del proceso, y la amplitud del co­
nocimiento del juez, no sufren restricciones de ninguna naturaleza
que puedan tener como efecto la limitación de las facultades
ordinarias atribuidas a las partes con respecto a los medios de
ataque y de defensa.
Sin embargo, aquella brevedad, en todo caso resulta muy
relativa dada la vieja estructura medioeval que sigue caracteri­
zando al proceso del trabajo, la cual impide la discusión franca
en un amplio debate central, propio de los procesos informados
en los principios de oralidad y concentración procesal.
La vigencia que en el fuero del trabajo tiene el "principio de
orden consecutivo legal con fases de preclusión" establece tam­
bién aquí como en el viejo proceso común, la división vertical
de la causa en fases, en cada una de las cuales corresponde
adoptar determinadas medidas, de tal modo que si no se cum­
plen dentro del término que les corresponde, no pueden ya eje­
cutarse en absoluto. En sustancia, es la misma estructura del
proceso romano-canónico, como lo concebía el maestro Jacobo
de las Leyes, Jurisconsulto del siglo XIII, que dividía en nueve
tiempos las fases de los pleitos (36).
En cambio, en cuanto a los poderes del juez del trabajo, para
la dirección de la causa, encontramos algunas manifestaciones
del principio inquisitorio, que se traducen en la facultad atribuida
al juez para interrogar al demandante cuando éste no proceda

(36) Cfr. Ureña y Bonilla, Obras del Maestro Jacobo de las Leyes, Juris­
consulto del siglo XIII. Madrid, 1924, pág. 379. A esta estructura medioeval del
proceso, que produce la dispersión de los actos procesales en multitud de fases,
hemos atribuido on otro lugar, la causa primera de los males del proceso civil
venezolano, contrario a la orientación moderna que sigue las líneas fundamen­
tales de los principios de oralidad y concentración, como medios de obtener una
justicia más eficaz. Cfr. La justicia civil venezolana. Revista del Ministerio de
Justicia, Año II, n9 5. Id. Revista do la Facultad de Derecho, n9 10, Caracas, 1957.
Otras innovaciones de estilo y de forma introducidas por la reforma parcial,
pero que no determinan ningún cambio en la estructura fundamental del proceso,
pueden verse en Martini Urdaneta, Alberto. Comentarlos sobre la reforma
parcial de la Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento del Trabajo. Re­
vista de la Facultad de Derecho, n9 9, Caracas, 1956, p. 249.
FUERO DEL TRABAJO 425

asesorado por Abogado o Procurador, a fin de completar la


demanda, si ello fuere necesario, con el sólo objeto de que ésta
contenga todos los requisitos y datos exigidos por los artículos 57
y 58 de la ley.
Ademas, son manifestaciones de aquel principio, la facultad
atribuida al juez del trabajo para interrogar a la parte demandada,
antes de concluir el acto de la litis-contestación, sobre alguno de
los hechos que no hubiere rechazado en forma expresa y determi­
nada debiéndose tener su respuesta como parte de la contestación
(Art. 63, 68 Ley Org. Trib. y Proc. Trabajo).
Se amplían también los poderes del juez en el artículo 70 de
la ley, al facultarlo para ordenar de oficio la evacuación de las
pruebas promovidas por las partes que no hubieren sido evacua­
das en la oportunidad correspondiente, y de cualesquiera otras
que considere necesarias para el mejor esclarecimiento de la ver­
dad, pudiendo además dar por terminados los actos de examen
de testigos y de posiciones juradas, cuando suficientemente ilus­
trado en el asunto, los considere inoüciosos o impertinentes. Sin
embargo, esta facultad del juez, ha sido instituida con el único fin
de que el magistrado pueda completar su ilustración y conoci­
miento sobre los hechos, como antecedente necesario de su sen­
tencia, permitiéndosele despejar cualquier duda o insuficiencia
que le impida formarse una clara convicción de la causa, y no
debe interpretarse como excluyente de la actividad de las partes
en cuanto a la aportación del material de conocimiento, pues, son
las partes en principio, las interesadas y las gravadas con la car­
ga de la alegación y de la prueba de los hechos fundamentales
de la demanda o de la excepción, conforme a las reglas ordina­
rias que rigen el proceso común, aplicables en esta materia (37).
Esta posición doctrinaria, ‘tiene también entre nosotros reitera­
das aplicaciones en la jurisprudencia, que ha tratado siempre de
dar su exacta vigencia dentro del orden jurídico, a esta facultad

(37) Cfr. Cordini, Miguel Angel. Actividad del Juez del Trabajo. Revista
de Derecho Procesal. Buenos Aires, 1953, I, p. 115, quien trata además el pro­
blema en relación con la carga de la prueba y con la negligencia de las partes,
y concluye que el juez no puede disponer una medida para sanear la posición
del negligente, porque en tal caso alteraría la igualdad procesa] de los litigan­
tes y violaría su deber de imparcialidad.
426 ARÍSTIDES RENGEL ROMBERG

complementaria que aumenta los poderes del juez. Así, por un


lado, es constante la decisión relativa a que son ineficaces las
pruebas sobre hechos no alegados, estableciendo que es en el
acto de la contestación de la demanda, y no en otra oportunidad,
cuando el demandado debe alegar los hechos fundamentales de
su excepción que luego desea hacer objeto de prueba, sin lo cual,
no puede el tribunal apreciar tales pruebas, por referirse a hechos
extraños al problema planteado en la demanda y la contesta­
ción (38).
Y, por otra parte, es también reiterada la jurisprudencia en el
sentido de que la facultad atribuida a los jueces del trabajo en
el artículo 70 de la Ley Orgánica de Tribunales y de Procedimiento
del Trabajo, sin dejar de ser amplia, está limitada por la razón y
por el buen sentido procesal del Juez que instruye la causa, y de
aquí que se haya fijado como normas que responden a esos pos­
tulados, la de que los jueces actúen dentro de los términos de la
litis, que su actuación se relacione con las pruebas indicadas por
las partes y que no se sustituyan a éstas supliendo sus deficien­
cias, pues su intervención debe tener sólo un carácter complemen­
tario (39).
Confirmatoria de la anterior decisión es también la jurispru­
dencia sobre el mismo punto, que establece la oportunidad en que
debe el juez ordenar la evacuación de pruebas de oficio; conclu­
yendo que la facultad acordada a los jueces del trabajo para or­
denar de oficio la evacuación de las pruebas promovidas por las
partes que no hubieren sido evacuadas en la oportunidad corres­
pondiente, no pueden ejercerla sino después que hayan transcu­
rrido los términos fijados a las partes para promover y evacuar las
pruebas que consideren pertinentes. Y se explica que sea así, ya
que antes de transcurrir dichos términos las partes tienen el pleno
ejercicio de sus derechos para promover y evacuar las pruebas
concernientes a sus respectivas defensas, no siendo dable a los
jueces suplirlas en su misión (40).

(38) Cfr. Febres Cordero, Carlos, ob. cit., Tomo II, pgs. 70 y 71.
(39) Cfr. Febres Cordero, Carlos, ob. cit., Tomo II, p. 289.
(40) Cfr. Un extracto de la sentencia puede verse en Febres Cordero, Car­
los, ob. cit., Tomo II, páqs, 291 y 294.
FUERO DEL TRABAJO 427

Son, pues, correctas en nuestro sistema las conclusiones de la


doctrina que afirma que el proceso laboral no es un proceso in­
quisitivo puro que ponga en manos del juez toda su instrucción,
pues consintiendo que el juez pueda suplir toda negligencia, se
llega a un proceso sin interés de parte en la producción de la
prueba y a aceptar que la injustificación de los antecedentes tác­
ticos, carece de valor jurídico, encontrándonos así a las puertas
de la composición administrativa de los problemas de las partes,
que sólo adquirirían carácter de litis para el Estado (41).
10.—Después de este rápido panorama de nuestro fuero del
trabajo, en el cual hemos querido solamente mostrar cómo es y
no cómo debería ser la justicia laboral venezolana, sólo nos que­
da volver los ojos al epígrafe que ilustra la introducción de nues­
tro tema, para concluir, que si bien nuestro país ha entrado a for­
mar parte del número de naciones que exhiben una jurisdicción
especial para el tratamiento de las cuestioYies contenciosas labo­
rales, no puede afirmarse la existencia de un Derecho procesal
del trabajo como rama autónoma, con sus principios científicos
propios, capaces de crear una estructura formal diferente de la
vieja estructura del proceso civil común, pues no tienen cabida en
él las innumerables formas procesales nuevas, que derogan cier­
tamente los cuatro o cinco principios fundamentales del proceso
civil ordinario, que tan sabiamente el maestro recordado en los
comienzos, considera necesarios para crear un derecho procesal
del trabajo que restituya a las partes a su posición teórica de
igualdad ante el litigio.

(41) Cfr. Cordini, Miguel Angel, ob. clt., pág. 128.

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