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Constitucional 2

El documento analiza la definición del Estado como social y democrático de derecho, destacando su evolución desde el Estado liberal hasta el actual modelo que integra la participación ciudadana y la igualdad social. Se explica el concepto de Estado de derecho, que implica la sumisión del Estado al orden jurídico y la separación de poderes, así como la responsabilidad de los poderes públicos. Además, se aborda el Estado social, que busca corregir desigualdades, y el Estado democrático, que enfatiza la legitimidad y participación política de la ciudadanía.

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El documento analiza la definición del Estado como social y democrático de derecho, destacando su evolución desde el Estado liberal hasta el actual modelo que integra la participación ciudadana y la igualdad social. Se explica el concepto de Estado de derecho, que implica la sumisión del Estado al orden jurídico y la separación de poderes, así como la responsabilidad de los poderes públicos. Además, se aborda el Estado social, que busca corregir desigualdades, y el Estado democrático, que enfatiza la legitimidad y participación política de la ciudadanía.

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TEMA 2: EL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO

1. LA FORMA DE ESTADO: LA DEFINICIÓN DEL ESTADO COMO SOCIAL Y


DEMOCRÁTICO DE DERECHO

La fórmula de “Estado social y democrático de Derecho” del art. 1.1 CE, inspirada en la
Ley Fundamental de Bonn (1949), es el resultado de la evolución del
Estadovconstitucional hasta nuestros días: desde el Estado liberal de Derecho hasta el
Estado social pasando por el Estado liberal democrático. Es una fórmula unitaria en la
cual ninguno de los términos puede a rmarse sin interacción de los otros: forman un solo
bloque interpretativo. En otros términos, esa integración de variables nos ofrece un
modelo de Estado constitucional cuyo poder procede del pueblo, mediante su
participación directa o representativa, sometido a la constitución y al ordenamiento
jurídico y con unos nes básicos pre jados de igualación social.

2. EL ESTADO DE DERECHO

El Estado de Derecho posee dos signi cados diferentes: expresa, por un lado, la
sumisión del Estado al orden jurídico que él mismo crea o al que otorga validez y, por
otro, el que ese orden jurídico implica una especial estructura y funcionamiento del
aparato estatal conforme a unos determinados principios que lo justi can. El primer
sentido es la fórmula de limitación del poder propia del liberalismo y signi ca que la
actividad de los poderes del Estado no puede ser arbitraria, pues está sometida al
Derecho. El segundo signi ca que el ordenamiento jurídico debe incorporar una serie de
caracteres:
- El principio de legalidad o el imperio de la ley como expresión de la voluntad general,
que implica el sometimiento de los poderes públicos (también de la Administración) y
de la ciudadanía a la ley. Además, el principio de legalidad también se aplica para
estructurar el ordenamiento jurídico mediante el establecimiento de reservas de ley,
tanto de ley ordinaria (por ejemplo, la determinación de los tributos; art. 133.1 CE)
como de ley orgánica (por ejemplo, el desarrollo de los derechos fundamentales; art.
81.1 CE). A este principio clásico, que en la Constitución española se encuentra en el
art. 9.3 CE, el constitucionalismo moderno añade otro superior: el principio de
constitucionalidad (art. 9.1 CE). Si en los comienzos del Estado liberal en Europa la
supremacía jurídica correspondía a la ley del Parlamento, en los momentos actuales
esa supremacía corresponde a la constitución, y la ley y normas con fuerza de ley se
encuentran en una posición subordinada respecto de la constitución. El principio de
constitucionalidad se establece en el art. 9.1 CE cuando señala que los poderes
públicos (y los ciudadanos) están sujetos a la Constitución (y al resto del ordenamiento
jurídico), se especi ca en la disposición derogatoria al indicar que quedan derogadas
cuantas normas se opongan a la Constitución y se materializa en el título IX, al dotar al
TC de potestad para anular las disposiciones normativas contrarias a la Constitución.
- El reconocimiento de los derechos de la ciudadanía (título I CE).
- La separación o división de poderes. Se distingue con nitidez la presencia de poderes
distintos: el poder legislativo situado en las Cortes Generales, el poder ejecutivo a un
Gobierno con funciones y potestades especí cas (la función ejecutiva y la potestad
reglamentaria) y el Poder Judicial, que es el único así denominado por la Constitución
en su título VI y que ostenta la potestad jurisdiccional ordinaria. Ahora bien, la
separación entre ellos no es radical, pues, por ejemplo, las relaciones entre el poder
legislativo y el poder ejecutivo se encuentran mediadas por los partidos políticos. Por
otro lado, además de los tres poderes clásicos, la Constitución introduce otra serie de
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órganos constitucionales que no se enmarcan en ninguno de dichos poderes: por un
lado, se introduce el sistema de las autonomías, como conjuntos orgánicos
constitucionales que poseen un poder político propio y que operan de forma separada
a los poderes del Estado central; por otro lado, tampoco pueden adscribirse a ningún
poder la monarquía, el TC o el Consejo General del Poder Judicial (es el órgano de
gobierno del Poder Judicial pero no se integra en él).
- La existencia de un poder judicial independiente y con poder bastante para controlar la
legalidad de las decisiones administrativas.
- La responsabilidad de los poderes públicos. Los particulares pueden reclamar ante
actuaciones lesivas de los poderes públicos (arts. 106.2 y 121 CE).

3. EL ESTADO SOCIAL

El Estado social es aquél que asume la responsabilidad de corregir determinadas


contradicciones existentes en el seno de la sociedad y, en especial, la desigualdad social
y económica. Es un Estado constitucionalmente comprometido con la satisfacción de las
necesidades existenciales de su población mediante el reconocimiento y atención de
determinados derechos prestacionales básicos y mediante la práctica de políticas
generales tendentes a conseguir grados progresivos de igualación social. Si el Estado
liberal era abstencionista (los derechos eran “en negativo”: derecho a que el Estado no
intervenga en la esfera privada de la persona), el Estado social es intervencionista (los
derechos son “en positivo”: derecho a que el Estado garantice a la persona un mínimo
existencial básico). El Estado se convierte en gestor y administrador de una parte de los
bienes sociales (sanidad, educación, etc.). Por ejemplo, el art. 40.1 CE establece que
“[l]os poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y
económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el
marco de una política de estabilidad económica”. Ahora bien, ello no signi ca una
renuncia a las estructuras del capitalismo (art. 38 CE).

No debe confundirse el “Estado del bienestar” con el “Estado social”. Podría decirse
prima facie que la diferencia entre ambos conceptos es de distinto ámbito de uso (aquél
en Ciencias Políticas y Económicas y éste en Derecho) y, por tanto, de formalización: a
diferencia del Estado del Bienestar, la de nición constitucional de Estado social implica
introducir en el comportamiento estatal unas obligaciones y competencias, encarnadas
en el mayor rango normativo posible, de manera que las instituciones públicas se
encuentren ligadas a los mandatos constitucionales en orden a satisfacer determinadas
necesidades sociales o nes generales que el Estado debe pretender. No obstante,
algunos autores apuntan a que la diferencia es también estructural: el Estado del
bienestar acepta las reglas del libre mercado y no percibe la necesidad de una
redistribución, pero sí de contar con prestaciones básicas para las capas sociales más
desfavorecidas (es un problema de caridad, pero no de justicia). En cambio, el Estado
social advierte de las desigualdades a que puede conducir el mercado, por lo que la
actividad redistributiva del Estado se convierte en un corrector imprescindible: en
determinadas prestaciones básicas, como educación o sanidad, el Estado debe intervenir
para garantizar la igualdad, y los servicios públicos son universales.

Los principios caracterizadores del Estado social son los siguientes:


- El principio de igualdad material (art. 9.2 CE): Deber de favorecer, mediante
disposiciones normativas y actuaciones concretas, a las personas y grupos
desfavorecidos.
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- El reconocimiento de los derechos de carácter económico y social: Derechos
fundamentales de prestación que reclaman una actuación por parte del Estado,
normalmente mediante la organización de un servicio público destinado a cubrir una
necesidad social básica, como la educación, la sanidad o la Seguridad Social. Se debe
tener en cuenta, sin embargo, que la proclamación de derechos sociales es
relativamente débil: salvo el derecho a la educación primaria y gratuita (art. 27.4 CE),
que se conforma como un derecho fundamental de exigibilidad directa, el resto de los
derechos sociales constitucionalmente reconocidos son derechos de reconocimiento
legal, lo que supone dejar en manos de los poderes públicos su concreción y
desarrollo.
- La constitución económica: Conjunto de normas relativas a la ordenación
constitucional del sistema económico. La mayor parte de estas normas están en el
título VII de la Constitución y son normas básicas en torno al desarrollo y la
modernización de la economía, la plani cación de la actividad económica general, la
potestad tributaria, la política presupuestaria y la scalización de las cuentas públicas.

4. EL ESTADO DEMOCRÁTICO

4.1 EL ESTADO DEMOCRÁTICO

El Estado democrático supone la asunción por la constitución del principio democrático


tanto en su dimensión formal como en su dimensión material.

La democracia formal o procedimental se re ere a la legitimidad de origen y de ejercicio


del sistema político: los representantes del pueblo, en quien recae la soberanía (art. 1.2
CE) deben ser elegidos por sufragio universal (origen) y dictar las normas con arreglo a
los procedimientos que ellos mismos han establecido previamente (ejercicio). Respecto a
la legitimidad de origen, debemos realizar dos puntualizaciones:
- El principio democrático exige el reconocimiento de la soberanía popular, lo que en
España se realiza en el art. 1.2 CE. Ahora bien, el pueblo no sólo puede participar en
los asuntos públicos mediante representantes (sufragio), sino que también tiene
derecho a participar en ellos directamente (art. 23.1 CE), a través de instituciones de
democracia directa (concejo abierto; art. 140 CE) o semidirecta (iniciativa legislativa
popular —art. 87.3 CE— o referéndum —art. 92 CE (consultivo)—). En cualquier caso,
debe tenerse en cuenta que en el sistema político español prima la democracia
representativa sobre otras formas de democracia directa o semidirecta.
- En la representación de la ciudadanía desempeña un papel fundamental los partidos
políticos, como instrumentos de mediación entre la sociedad y el Estado. Como señala
el art. 6 CE, “[l]os partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la
formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para
la participación política”.

La democracia material exige, por su parte, que el contenido de las normas (aprobadas
según los imperativos de la democracia formal) se ajuste a los valores que el pueblo
considera esenciales, pues son básicos para la convivencia (libertad, igualdad, tolerancia,
vida). En particular, destaca el pluralismo político, en torno al cual gira el reconocimiento
de otros derechos fundamentales (libertad ideológica, libertad de expresión, de
información, derecho de reunión y manifestación, derecho de asociación, etc.), así como
el pluralismo social (derecho a la sindicación, reconocimiento de las organizaciones
empresariales, derecho a presentar un con icto colectivo y derecho de huelga; arts. 7, 28
y 37 CE).
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Además, el Estado democrático exige que el principio democrático impregne el propio
sistema jurídico-político diseñado por la Constitución. Por ello, todos los poderes e
instituciones del Estado han de estar legitimados democráticamente. Pero la legitimación
democrática no tiene por qué ser necesariamente directa (como lo es para la elección de
las Cortes Generales o los Parlamentos autonómicos), sino que también puede ser
indirecta, siempre que en tal caso la designación no democrática se supla con otros
controles y designaciones democráticas. Por ejemplo, la Corona, a través del carácter
reglado de los actos del rey y la institución del refrendo (art. 64 CE); los jueces y juezas, a
través de su sujeción a la ley (expresión de la voluntad popular), la exigencia de
imparcialidad e independencia, la publicidad del proceso judicial o los recursos contra las
sentencias (legitimidad democrática de función); el TC, a través de su sujeción a la
Constitución y su elección parcial por las Cortes Generales y el Gobierno; etc.

4.2 LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA: REPRESENTACIÓN Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA


DIRECTA

La “participación política” hace referencia a las distintas modalidades, formas o


posibilidades, individuales o colectivas, con las que la ciudadanía interviene en la
creación, transformación y funcionamiento de los poderes públicos estatales. Como
indica el art. 23.1 CE, esta participación, con gurada como un derecho fundamental (y
posible objeto, por tanto, de un recurso de amparo constitucional), puede ejercerse de
forma directa o indirecta (a través de representantes).

El Estado democrático constitucional actual es, sobre todo, un Estado representativo y,


desde sus orígenes, los polos de su legitimación, moviéndose o alrededor del
historicismo o alrededor del concepto de contrato social, han aceptado un elemento
común: el Estado debe activarse a través de un sector más o menos amplio de la
ciudadanía que represente a un sector más o menos amplio de la sociedad. De ahí que la
lucha por el Estado democrático haya venido siendo la lucha por ampliar la capacidad de
incidencia social en el sufragio en cuanto generador de espacios de representación; que
haya sido la lucha por el sufragio universal. Y de ahí que en la Constitución española,
como todas las del constitucionalismo occidental, el modelo sea el de la democracia
representativa, siendo las instituciones de democracia semidirecta un complemento de
aquélla.

4.3 LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA DIRECTA Y SEMIDIRECTA

La participación política directa es aquélla en la que las decisiones políticas son


adoptadas por el cuerpo electoral —a través del consenso, la unanimidad o algún tipo de
mayoría— sin la intermediación de ningún representante. La única institución de
democracia directa prevista en la Constitución española es el concejo abierto (art. 140
CE), en el que el gobierno y la administración municipales corresponden a un alcalde
(elegido directamente por los vecinos por sistema mayoritario) y una asamblea vecinal de
la que forman parte todos los electores.

La participación política semidirecta es aquélla en la que la ciudadanía participa en el


proceso de toma de decisiones políticas en el marco de un sistema representativo. Las
dos principales instituciones de democracia semidirecta reguladas en la Constitución
española son el referéndum y la iniciativa legislativa popular
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4.3.1 EL REFERÉNDUM

El concepto de referéndum abarca todos aquellos supuestos en que la ciudadanía con


derecho a voto es convocada por el poder público para que se pronuncie sobre una
cuestión en alguno de los sentidos contenidos en la pregunta de la convocatoria, con los
efectos jurídicamente previstos y de acuerdo con los principios generales del
procedimiento electoral (STC 103/2008). Pueden ser clasi cados de la siguiente manera:
- Según se imponga o no la obligación de su celebración: Potestativos u obligatorios.
- Según los efectos que produzcan: Vinculantes o no vinculantes.
- Según la naturaleza de la propuesta: Consultivos o decisorios.

La Constitución distingue tres tipos de referéndum:


- Referéndum consultivo (art. 92 CE): Referéndum potestativo, no vinculante y
consultivo. Según el art. 92.1 CE, “[l]as decisiones políticas de especial trascendencia
podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. La iniciativa
corresponde al presidente del Gobierno y exige la previa autorización del Congreso de
los Diputados por mayoría absoluta y la convocatoria por el Rey.
- Referéndum de reforma constitucional:
El art. 167.3 CE prevé un referéndum potestativo, vinculante y decisorio para la
reforma de la Constitución por el procedimiento ordinario, a petición de, al menos,
la décima parte de diputados o senadores.
El art. 168.3 CE prevé un referéndum obligatorio, vinculante y decisorio para la
reforma de la Constitución por el procedimiento agravado.
- Referéndums relativos al Estado autonómico:
Art. 151.1 CE: Referéndum potestativo, vinculante y decisorio de aprobación de la
iniciativa estatutaria para ciertas formas de acceso especial a la autonomía
territorial, requiriendo, para su éxito, el voto favorable de la mayoría absoluta del
censo electoral de cada provincia.
Art. 151.2.3º CE: Referéndum obligatorio, vinculante y decisorio de los proyectos
de Estatuto de autonomía pactados entre la comisión constitucional del Congreso
y la delegación del territorio autónomo que pretendiera constituirse en comunidad
autónoma.
Art. 152.2 CE: Referéndum obligatorio, vinculante y decisorio de las reformas de
los Estatutos de autonomía de régimen especial.
Disposición Transitoria Cuarta, apartado 1 CE: Referéndum obligatorio, vinculante
y decisorio para el caso de que Navarra decidiese incorporarse al Consejo General
Vasco.
Estos referéndums son regulados por la Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre
regulación de las distintas modalidades de referéndum. El art. 149.1.32ª CE reserva al
Estado central la competencia exclusiva de autorización para la convocatoria de
consultas populares por vía de referéndum. A nivel local, el art. 71 LRBRL prevé la
posibilidad de consultas populares en los municipios.

La Constitución española no prevé la iniciativa popular de convocatoria de un referéndum


ni la posibilidad de que sirva de mecanismo para la derogación de leyes u otras
disposiciones normativas (referéndum abrogatorio) o para la destitución de cargos o
gobernantes (referéndum revocatorio).
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4.3.2 LA INICIATIVA LEGISLATIVA POPULAR
El art. 87.3 CE prevé la posibilidad de una participación popular en las tareas legislativas.
La iniciativa debe contar con, al menos, 500.000 rmas acreditadas, y no puede versar
sobre alguna de las materias reservadas a la ley orgánica, tributarias, de carácter
internacional ni la prerrogativa de gracia. Además, está excluida la propuesta de reforma
constitucional (ex art. 166 CE).

El procedimiento está regulado en la Ley Orgánica 3/1984, de 26 de marzo, reguladora de


la iniciativa legislativa popular: se ha de constituir una comisión promotora que ha de
estar en relación y bajo control de la Mesa del Congreso de los Diputados, con un plazo
de nueve meses, prorrogables por otros tres más, para la recogida de rmas; y ha de
presentar un texto que contenga la propuesta de ley. Dicha iniciativa ha de tramitarse
como una proposición de ley ordinaria

4.4 LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA REPRESENTATIVA


4.4.1 LA REPRESENTACIÓN Y LA PROHIBICIÓN DEL MANDATO IMPERATIVO

El sistema político español está basado en el concepto de “representación”. La


representación política es una cción según la cual todas las instituciones del Estado
ejercen el poder que el pueblo, titular de la soberanía nacional, les ha concedido (a
través, en particular, de la constitución) en nombre de ese mismo pueblo. En particular, el
máximo órgano de representación popular es el Parlamento, las Cortes Generales. En
virtud del principio de la representación popular (art. 66 CE), las Cortes Generales
representan al pueblo español, titular de la soberanía nacional (principio de soberanía
popular; art. 1.2 CE). Las Cortes Generales reciben un mandato representativo del pueblo
en su conjunto, por lo que representan al pueblo español en su totalidad. Por ello, el art.
67.2 CE prohíbe el mandato imperativo, una relación que se establecía en las Cortes
estamentales medievales según la cual el representante debía obedecer las instrucciones
del representado, pues los intereses del parlamentario eran los propios del estamento en
cuestión (nobleza, clero, burguesía).

Cuando aparece la soberanía nacional (primero, después popular) y los Parlamentos son
elegidos por sufragio censitario (primero, después universal), los representantes ya no
han de representar al colectivo que le ha votado (no se establecen distinciones en el
censo electoral), sino al conjunto del pueblo. Con la prohibición del mandato imperativo,
los parlamentarios no pueden ni deben estar ligados por órdenes o mandatos que
provengan de otros órganos, grupos sociales o políticos o personas individuales. El
representante electo no se halla sujeto a órdenes externas a las que le dicte su propia
voluntad dentro del ejercicio legal de sus competencias. El parlamentario es
independiente y él mismo representa a todo el pueblo.

En la práctica, no obstante, se ha tolerado una especie de mandato imperativo del


partido político como consecuencia de un sistema electoral de listas cerradas y
bloqueadas donde el voto se realiza a un partido y a un programa electoral, y no tanto a
un parlamentario individualmente considerado. El parlamentario queda así sujeto a las
instrucciones de su partido político y, en caso de discrepancia, quedará sujeto a la
“disciplina de partido” o se verá abocado al transfuguismo: la relación representativa con
el cuerpo electoral permite al candidato seguir en el propio cargo para el que fue elegido
incluso contra la voluntad del partido que le propuso en sus listas. En cualquier caso, el
TC sentenció tempranamente que el vínculo representativo se establece entre el cuerpo
electoral y la persona elegida sin que el partido político participe en dicha relación (STC
5/1983).
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4.4.2 EL RÉGIMEN ELECTORAL

El régimen electoral hace referencia a todos aquellos elementos que, de una manera
directa o indirecta, in uyen, regulan o afectan a la designación de los titulares de los
cargos públicos representativos. Estos elementos son:
- Derecho de sufragio.
- Administración electoral.
- Procedimiento electoral.
- Sistema electoral.

Estos elementos son regulados en la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen
Electoral General (LOREG), aplicable a las elecciones de las Cortes Generales, de las
corporaciones locales y del Parlamento Europeo y, supletoriamente, de los Parlamentos
autonómicos.

A. El derecho de sufragio
Los arts. 68.1 y 69.2 CE disponen que los miembros de las dos cámaras de las Cortes
Generales (diputados y senadores) han de ser elegidos por sufragio universal, libre, igual,
directo y secreto. Los titulares del derecho de sufragio, tanto activo como pasivo,
corresponde a las personas de nacionalidad española mayores de edad. Las personas
que, residiendo en España, ostenten la nacionalidad de alguno de los países miembros
de la Unión Europea ostentan esos derechos en las elecciones municipales y europeas, y
el resto de no nacionales en las elecciones municipales si se establece por tratado o ley
(art. 13.2 CE).

B. La administración electoral
La Administración electoral es el conjunto de órganos que tiene como misión posibilitar y
garantizar la realización material de las elecciones, así como su control jurídico. Está
formada por la Junta Electoral Central, las de cada comunidad autónoma, las
provinciales, las de zona y las mesas electorales. Como complemento se halla también la
O cina del Censo Electoral, registro público que posibilita a cada persona el ejercicio del
derecho de sufragio activo y pasivo.

C. El procedimiento electoral
Desarrollo del procedimiento:

- Convocatoria de elecciones, por parte del presidente del Gobierno (elecciones


generales) o del presidente del consejo de gobierno de las CCAA (elecciones locales y
autonómicas).
- Presentación de candidaturas. Las candidaturas son las listas de nombres de las
personas que pueden ser elegidas para ocupar los escaños a cubrir1. Sólo pueden ser
presentadas por los partidos políticos válidamente registrados como tales, las
federaciones y coaliciones de partidos y las agrupaciones de electores.
- Campaña electoral, de quince días.
- Constitución de las mesas electorales, desarrollo de la votación y escrutinio.
- Proclamación de electos por las juntas electorales competentes según el tipo de
elección.
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D. El sistema electoral
El sistema electoral es el mecanismo de conversión de votos en escaños, e incluye:
- Criterio de representación:
Proporcional: El número de escaños es proporcional al número de votos
obtenidos por cada lista. Por ejemplo, un 30% de voto en las elecciones
equivale al 30% de los escaños de la cámara. Normalmente, los sistemas
proporcionales llevan a cabo la conversión de los sufragios emitidos en cargos
electos a través de una determinada operación matemática llamada “fórmula
electoral”.
Mayoritario: Los escaños se atribuyen a los candidatos que obtengan mayor
número de votos.
- Circunscripción: Demarcación que se toma como criterio para distribuir los escaños,
tomando en consideración el conjunto de votos emitidos en la misma. La
circunscripción es provincial para el Congreso y el Senado (con excepciones insulares
y de las ciudades autónomas) y para las elecciones autonómicas (aunque en algunas
se han creado circunscripciones distintas), municipal para las elecciones locales y
estatal para las elecciones al Parlamento Europeo.
- Lista electoral: Relación nominal de candidatos presentados por una fuerza política en
una determinada circunscripción. Puede ser:
Abierta: El elector tiene un número determinado de votos que puede asignar a
candidatos del mismo o distinto partido.
Cerrada: El elector sólo puede votar a candidatos de un mismo partido, y puede
ser:
• Bloqueadas: El elector debe aceptar el orden propuesto por el partido;
la papeleta es inmodi cable.
• Desbloqueadas: El elector puede modi car el orden propuesto por el
partido o atribuir un voto preferencial a alguno de los candidatos.
- Barrera electoral: La adjudicación de nitiva de escaños puede depender de que la
candidatura haya superado un determinado porcentaje de votos por circunscripción (la
barrera electoral). Este porcentaje es del 3% en las elecciones al Congreso y 5% para
las elecciones municipales.

El sistema electoral es distinto para las elecciones al Congreso de los Diputados y al


Senado:

Congreso de los Diputados


- Criterio de representación: Proporcional (art. 68.3 CE). La fórmula electoral empleada
es la del sistema d’Hondt, que tiene en cuenta los votos recibidos por cada partido
político. Ejemplo para una circunscripción provincial de doce diputados:
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- Circunscripción: Provincial (art. 68.2 CE). De acuerdo con el art. 68.2 CE, la distribución
del número total de escaños (350; arts. 68.1 CE y 162 LOREG) entre las circunscripciones
se realiza en dos pasos:
En primer lugar, se realiza una asignación mínima inicial a cada provincia, y a
Ceuta y Melilla le corresponden un diputado cada uno. El art. 162.2 LOREG ja el
mínimo en dos diputados. En total: 102 = 50 provincias x 2 + 1 (Ceuta) + 1 (Melilla).
En segundo lugar, los 248 restantes se distribuyen en proporción a la población.
• Se obtiene una cuota de reparto resultante de dividir por 248 la cifra
total de la población de derecho de las provincias peninsulares e
insulares.
• Se adjudican a cada provincia tantos diputados como resulten, en
números enteros, de dividir la población de derecho provincial por la
cuota de reparto.
• Los diputados restantes se distribuyen asignando uno a cada una de
las provincias cuyo coe ciente, obtenido conforme al apartado anterior,
tenga una fracción decimal mayor.
+ El número de diputados correspondiente a cada circunscripción lo
determina el Decreto de convocatoria.
- Lista electoral: Cerrada y Bloqueada
- Barrera electoral: 3% de los votos válidos emitidos en la circunscripción.
- Todos estos elementos dan como resultado material que en la mayoría de las
circunscripciones, por su escasa demografía, la representación proporcional tiene
resultados propios del sistema mayoritario y fomenta la desigualdad de voto
perjudicando a las circunscripciones más pobladas en bene cio de las menos
pobladas, y a los partidos más pequeños en bene cio de los más grandes, y lo mismo
sucede con la aplicación del sistema de adjudicación de restos.
Senado
El Senado se compone de dos tipos de senadores:
- Senadores electos (art. 69.2, 3 y 4 CE): En total, 208: 4 senadores por provincia
peninsular (47x4=188), 3 Mallorca, 3 Gran Canaria, 3 Tenerife, 1 Ibiza- Formentera, 1
Menorca, 1 Fuerteventura, 1 Gomera, 1 Hierro, 1 Lanzarote, 1 La Palma, 2 Ceuta y 2
Melilla.
- Senadores designados por los Parlamentos autonómicos (art. 69.5 CE): Cada
Parlamento autonómico debe designar un senador y otro más por cada millón de
habitantes del territorio de la comunidad autónoma. La designación debe respetar la
proporcionalidad de la cámara. Esta categoría hace que el número total de senadores
no sea estable (actualmente, 57, lo que hace un total de 265).

Régimen electoral de los senadores electos:


- Criterio de representación: Sistema plurinominal mayoritario corregido. Los electores
pueden dar su voto a un máximo de tres candidatos en las circunscripciones
provinciales, dos en Gran Canaria, Mallorca, Tenerife, Ceuta y Melilla y uno en las
demás circunscripciones insulares. Son proclamados electos los candidatos que
obtengan mayor número de votos hasta completar el de senadores asignados a la
circunscripción. Como sólo se puede votar a tres candidatos y se eligen cuatro por
provincia, los cuatro senadores no pueden pertenecer a un mismo partido político y
como mínimo uno ha de ser de otro partido.
- Circunscripción: Provincial.
- Lista electoral: Listas abiertas.
- Barrera electoral: No.
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4.4.3 LOS PARTIDOS POLÍTICOS

El sistema representativo actual no puede entenderse sin la intermediación de los


partidos políticos, hasta el punto de llegar a cali car el sistema como de un “Estado de
partidos”. Los partidos políticos son agrupaciones asociadas de personas cuya nalidad
es la de ejercer el poder político. De acuerdo con el art. 6 CE, “[l]os partidos políticos
expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad
popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el
ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su
estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Los partidos políticos son asociaciones privadas de libre creación que ejercen funciones
públicas tendentes a expresar el pluralismo político, a servir de canales de formación y
expresión de la voluntad popular y a constituir un instrumento básico para la
participación política.

De acuerdo con la Ley Orgánica 6/2002, de 27 de junio, de Partidos Políticos2, la


creación de los partidos es libre y la a liación voluntaria. Adquiere personalidad jurídica
tras su inscripción en el Registro de partidos políticos. El proceso de inscripción está
supervisado por el Ministerio Fiscal y la autoridad judicial, que puede denegar la
inscripción por motivos de índole penal ( nalidades ilícitas).

El sistema constitucional español no impone una “democracia militante”, es decir, no


exige a los partidos políticos ni a los cargos públicos que compartan ideológicamente los
principios constitucionales (caben partidos republicanos o independentistas), pero sí un
mínimo compromiso con la democracia. La disolución de un partido político compete por
las causas tasadas de la LO 6/2002, la iniciativa corresponde al Gobierno o al Ministerio
Fiscal y la decisión nal se encomienda a una sala especial del Tribunal Supremo.

Los partidos políticos reciben tanto nanciación pública (por gastos electorales, por
subvenciones estatales, autonómicas y locales por gastos de funcionamiento,
subvenciones para determinadas campañas de propaganda y las aportaciones
procedentes de sus grupos parlamentarios, municipales o locales) como nanciación
privada (cuotas y aportaciones de sus a liados, bienes propios, donaciones, fondos
procedentes de préstamos y herencias o legados). Están prohibidas las donaciones
anónimas, las superiores a 50.000€ anuales y las procedentes de personas jurídicas y de
entes sin personalidad jurídica. La supervisión de su nanciación compete al Tribunal de
Cuentas.
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