Clase 25
Pueblos indígenas en la segunda mitad del siglo XIX
En la etapa que se abrió tras la batalla de Caseros y más aún durante el proceso de
conformación y consolidación del Estado Nacional, las comunidades indígenas fueron
perdiendo progresivamente autonomía. Desde las décadas previas, en la frontera podían
encontrarse comunidades de “indios amigos” que “oficiaban de mediadores con parcialidades
hostiles y aportaban hombres para los batallones de gobierno” (Nagy, 2015: 216). El proceso
de organización nacional (1862-1880) con su consabida expansión de la frontera en pos de la
obtención de una mayor cantidad de tierras productivas, marcó una continua presión sobre
todo el arco político indígena y recortó el margen de maniobra de las parcialidades. La
“Conquista del desierto” desarrollada durante esta etapa implicó la desaparición física de
muchos miembros de los pueblos originarios, la negación e invisibilización de sus identidades,
los traslados y confinamientos forzosos y la entrega de niños y niñas indígenas, como mano de
obra servil, a familias pudientes.
Como mencionamos en una clase anterior dedicada al análisis de los pueblos indígenas en la
primera mitad del siglo XIX, siguiendo al historiador Mariano Nagy (2015: 126)
en el siglo XIX existían comunidades políticas complejas y jerarquizadas que, además,
articulaban con otras por medio de relaciones comerciales, bélicas, confederativas y en
los parlamentos […] Así, para la segunda mitad del siglo XIX, los conflictos no siempre
eran comprendidos como disputas interétnicas entre “blancos” e “indios”, sino como
fenómenos políticos que podían resolverse por medio de acciones bélicas o por la vía
diplomática. De allí se desprende que en determinados períodos se haya caracterizado
como confederaciones a la unión de comunidades diversas, entre las que se destaca la
comandada por Calfucurá en la década de 1850.
Los años centrales de la década de 1850 vieron el apogeo de la Confederación Indígena de
Calfucurá en la zona de las Salinas Grandes. La pertenencia a una misma unidad socio-cultural
panaraucana lo había convertido, desde la década de 1830, en líder y referente de un
entramado de alianzas con otras parcialidades a un lado y a otro de la cordillera. Durante el
rosismo se integró al llamado “negocio pacífico de indios”. La caída de Rosas y el intento de
avance de la frontera sur por parte del Estado de Buenos Aires, durante la etapa de secesión,
impulsó a Calfucurá y a los líderes ranqueles Pichún Guala y Calbán –hijos de Yanquetruz y
Painé, respectivamente– a establecer alianzas con Urquiza. 1 Participaron así, junto a éste, en la
batalla de Cepeda en 1859. Por su parte, el gobierno de Buenos Aires, recurrió a una estrategia
de negociación y conciliación con algunas parcialidades aliadas a Calfucurá. Esto llevó a que
algunas de esas parcialidades se separaran de la Confederación de Calfucurá y pactaran con las
autoridades de Buenos Aires para recuperar su condición de “indios amigos” como fue el caso
de los caciques ex aliados de Rosas, Juan Cachul y Juan Catriel. En el marco de esas
negociaciones, los catrieleros recibieron derechos sobre una extensión de veinte leguas
cuadradas (unas 54.000 ha), situadas al oeste del arroyo Tapalqué. Raylef y Melinao recibieron
lotes en Bragado; Ignacio Coliqueo, en 9 de Julio y en Los Toldos; los hermanos Manuel y
Francisco Rondeau, en 25 de Mayo; y Raninqueo, en los alrededores de Bolívar.
En aquellos años la presencia indígena en los fuertes/poblados de la frontera era nutrida y muy
superior a la criolla. Según el censo provincial efectuado en 1854, Tapalqué albergaba “6.000
indios” frente a una población criolla que apenas superaba los 500 habitantes (Pedrotta,
Lanteri, Ratto, de Jong, 2012 en Nagy, 2015: 135).
Para la batalla de Pavón, en 1861, Buenos Aires ya contó con el apoyo de los nuevos “indios
amigos”: los ranqueles de Sayhueque en la zona del río Negro, cercana a Carmen de Patagones
(en lo que se conoció como “Gobernación Indígena de las Manzanas”), y Coliqueo, en la
frontera bonaerense.
Coliqueo estaba emparentado con el ex coronel unitario y devenido líder ranquelino,
Manuel Baigorria, dado que este se había casado con una de sus hijas. Ambos habían
apoyado a Urquiza, pero tras diferencias con Calfucurá, en 1861 se aliaron con Mitre y
tuvieron una participación decisiva, a favor de los porteños, en la batalla de Pavón
(Nagy, 2015:131).
En 1872, en la llamada batalla de San Carlos, con la ayuda de Coliqueo y Catriel, el ejército
nacional derrotó a Calfucurá. Éste moriría al año siguiente y sería sucedido por su hijo Manuel
Namuncurá.
1
En la década de 1830 las tolderías de los caciques ranqueles Yanquetruz y Painé se habían visto
asoladas por campañas militares, que además de rescatar cautivos “cristianos” generaron prisioneros
indígenas. De manera paralela, muchos unitarios habían buscado refugio en dichas tolderías y con los
años entablaron estrechos vínculos políticos y parentales con los ranqueles. El caso más ilustrativo es el
del coronel Manuel Baigorria, que vivió cerca de veinte años entre ellos y fue padrino de uno de los
nietos del cacique Yanquetruz, al cual le dio su nombre. Juan Manuel de Rosas también apadrinó a un
hijo de Painé, que se encontraba prisionero en la provincia de Buenos Aires. Cuando este regresó a las
tolderías, ya con el nombre de Mariano Rosas, buscó un acercamiento diplomático entre los ranqueles y
el gobernador porteño, que se materializó en las paces de 1840 (Pérez Zavala en Nagy, 2015).
En contraste con la declinación del poder de Calfucurá, Sayhueque fue concentrando
recursos y prestigio a partir del acuerdo con las autoridades y el entramado de alianzas
en Puelmapu y el Gulumapu, nombres en mapudungun, la lengua mapuche, para
designar a los territorios al este y al oeste de la cordillera, zona que recibe el nombre
de Wallmapu
Por su parte, durante la década de 1860, los caciques ranqueles Mariano Rosas y Manuel
Baigorrita Guala, se distanciaron del nuevo gobierno porteño e impulsaron grandes malones
sobre la frontera cordobesa al tiempo que auxiliaron a los líderes de las montoneras
provinciales que actuaban en la región.
El tratado de paz que impulsó en 1870 el coronel Lucio V. Mansilla buscó neutralizar
los malones de resistencia de los indígenas. A su vez, las expediciones militares de
1871 y 1872 sobre los toldos de Lebucó y Poitagué debilitaron aún más a los ranqueles
(Pérez Zavala, en Nagy, 2015: 149).
En 1875 se llevó a cabo, liderado por Namuncurá – el hijo de Calfucurá –, Pincén, Juan José
Catriel y otros caciques, el último gran levantamiento indígena, conocido como malón grande.
Significó la última ofensiva masiva contra las señales que anunciaban las medidas
gubernamentales impuestas por Alsina como ministro de guerra: la decisión unilateral de
correr la frontera sin ningún tipo de ni concesiones.
Hacia el final del gobierno de Avellaneda, se puso en marcha lo que se conocería como
“Conquista del Desierto” comenzada primero por Alsina como Ministro de Guerra y continuada
y finalizada luego de su muerte por su sucesor, Roca2.
Existía como antecedente la ley 215, sancionada en 1867, que proponía extender la frontera
sur hasta los ríos Negro y Neuquén, estableciendo pactos con las parcialidades pacíficas y
sometiendo a las consideradas “hostiles”. Los avatares políticos que siguieron a esa fecha: la
guerra contra el Paraguay y las últimas rebeliones federales demoraron su materialización. A
diferencia de esa ley anterior - y contra la mirada canónica que ha visto en el plan de Alsina
una táctica defensiva poco exitosa y en el de Roca una estrategia ofensiva exitosa - la
historiografía actual (Becchis, 1989; Lenton, 2005; Delrio, 2015; Nagy, 2015) acuerda en que
desde la década de 1870 primó un cambio de políticas que puso fin a toda una tradición de
tratados y acuerdos con las parcialidades indígenas y en cambio propuso un avance unívoco y
unilateral sobre sus territorios. Se impuso así el sometimiento sin contemplaciones para todos
los indígenas hubieran estos enfrentado al gobierno o mantenido relaciones pacíficas durante
décadas
En el marco de la “Conquista del Desierto”, se impuso en la documentación del ejército
argentino y del Ministerio de Guerra, la categoría de “salvaje” para denominar a los pueblos
indígenas y se construyó la idea de que hay un enemigo, uno que representa un peligro para
los bienes, las personas y la integridad de la Nación. El estereotipo construido por esta
explicación es el del “indio malonero”.
Este discurso político es el que devino hegemónico. No sólo se construyó y afirmó una imagen
que estereotipaba al indígena como salvaje, incivilizado, contrario al progreso evolutivo de la
civilización, en permanente actitud hostil y beligerante; sino que se los corrió del presente,
asociándolo con lo precolombino o con el contexto de las campañas de conquista de
1878-1885, pero nunca más allá de esos eventos. Estas imágenes conformaron la visión
canónica, el imaginario social en torno al “mundo indígena” en oposición al “ser argentino”. En
este marco, Estanislao Zeballos – intelectual de la época y funcionario del roquismo -
construyó y difundió una idea muy arraigada hasta el día de hoy en el imaginario social de los
argentinos. Utilizando como ejemplo, un episodio de violencia que pudo haber sido una
venganza entre grupos instituyó la teoría de la Araucanización que imputaba al pueblo
mapuche un origen chileno y planteaba que mediante un proceso de invasión masiva tardía
2
Les recomiendo el visionado de las dos películas –documentales que se sugieren más abajo: La muralla
criolla y Cuatro Loncos
habría combatido y exterminado a los tehuelches, consignados como “indios argentinos”.
Como hemos planteado ya en esta clase y en una clase anterior, esto carece de sentido por
diversas cuestiones empíricas, además de éticas: en primer lugar, los conflictos intertribales e
interétnicos no respondieron de manera esquemática a una lógica de lo que serían luego los
estados nacionales; en segundo lugar, y en relación con ello, la evidencia y fuentes disponibles
invitan a pensar en alianzas más diversas y complejas entre parcialidades mapuches,
tehuelches con los sucesivos gobiernos. Así, el relato posterior que en clave “nacionalista”
intenta encorsetar a los “tehuelches argentinos” como víctimas de un genocidio
“mapuche-chileno”, además de pecar de anacronismo, no se condice con la evidencia
empírica.
En las últimas décadas, las propias comunidades y distintos trabajos históricos y
antropológicos han puesto el foco sobre las terribles consecuencias de las campañas
para los pueblos indígenas, pero sin apelar a la idea de la extinción física y, en cambio,
han seguido el devenir de sometimiento, traslados, confinamientos y distribución de la
población apresada. Entre otras cuestiones, explican el por qué de las nociones de
extinción a partir de comprender que la Conquista del Desierto se inserta en una
concepción fuertemente unificadora y negadora de la diversidad sociocultural interna
del Estado argentino que reinaba a fines del siglo XIX, que imposibilita la existencia de
los indígenas, ya que dicho actor social cuestionaba el modelo único de Estado Nación,
homogéneo territorial y culturalmente (Lenton, 2005 en Nagy, 2015: 174).
En referencia a estos enfoques, la desclasificación de fuentes de la Armada ha permitido
demostrar que durante las últimas décadas del siglo XIX, antes, durante y después de la
“Conquista del Desierto”, la Isla Martín García funcionó como un centro de detención y
confinamiento de indígenas. “Además la isla fue uno de los puntos desde donde éstos fueron
repartidos a diversos destinos con el fin de utilizarlos como fuerza de trabajo en actividades
productivas o en el servicio doméstico, y como soldados o marinos en el Ejército o la Armada”
(Nagy y Papazian, 2011: 1)
Los siguientes documentos dan cuenta de lo anteriormente expuesto.
INSPECCIÓN Y COMANDANCIA
GENERAL DE ARMAS
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA
Buenos Aires Enero 25/876.
Al Gefe Superior de la Isla de Martín García, Coronel Dn. Julio Campos.
Por el vapor “Buenos Aires” se remiten cincuenta y dos Indios y cinco familias, cuya lista
se acompaña, que han sido destinados á los trabajos de esa Isla hasta nueva disposición.
Lo que se comunica a V.S. para su conocimiento y efecto consiguiente.
Dios Gue. A V.S.
Luis María Campos.
DOCUMENTO 1 -AGA - Caja 15273
Según las memorias del Departamento de Guerra y Marina de 1879, la expedición arrojó los
siguientes resultados:
5 caciques principales se tomaron prisioneros y uno fue muerto (Baigorrita),
1.271 indígenas de lanza fueron tomados prisioneros,
1.313 indios de lanza resultaron muertos,
10.513 indios de chusma f ueron tomados prisioneros, y
1.049 indios fueron reducidos.
Buenos Aires, Febrero 4 de 1886 Al Sr. Comandante Militar de la isla de Martín García:
Comunico a usted que por resolución superior de fecha del 1° del corriente mes, se ha
resuelto sean entregados al Sr. Gobernador del Territorio de Misiones Coronel Don
Rudecindo Roca los indios con sus familias que se encuentran en la isla de Martín
García y que han revistado hasta ahora en calidad de indios presos.
Al propio tiempo se comunica que ha sido encargado para recibir de ellos el Capitán
Don Justo Domínguez del Batallón 1° del Regimiento de mando del Señor Gobernador
del Territorio de Misiones.
Dios guarde a usted
Firma: M. Cordero
DOCUMENTO 14 –AGA- CAJA 15287
Algunos líderes indígenas como el cacique Epumer Rosas, Manuel Grande y Pincén fueron
destinados a la isla Martín García. Otros fueron destinados obligatoriamente a las fuerzas
armadas, como mano de obra esclava a ingenios azucareros de Tucumán, a estancias, viñedos
y canteras de los grandes terratenientes que habían financiado la conquista y, en especial las
mujeres y niños/as al servicio doméstico de las familias pudientes que los requirieran.
Las quince mil leguas conquistadas significaron casi cuarenta millones de hectáreas cuyo
reparto se dio a partir de una batería de leyes que normaron la entrega. La legislación de 1878
autorizaba al gobierno a levantar una suscripción pública (Art. 5) por medio de cuatro mil
títulos de 400 pesos fuertes que entregaban, 10.000 hectáreas cada uno. Esto permitía repartir
las cuarenta millones de hectáreas. Como plantea Nagy (2015: 182)
Más allá de que el límite máximo (30.000 hectáreas) no se respetó, como lo
demuestra el título de propiedad de 92.500 hectáreas de la familia Anchorena, lo
importante es comprender que este dispositivo legal convirtió a la Conquista del
Desierto en una empresa mixta que combinó capitales privados con fondos estatales.
Se pedía financiamiento para movilizar a las tropas que usurparían los territorios
indígenas para luego entregarlos a aquellos inversores que recuperarían el capital
mediante la cesión de grandes extensiones de tierra.
A esto agrega:
La Ley Nº 1628 de “Premios Militares”, de 1885, otorgó concesiones directas de tierras
a los “Expedicionarios del Desierto” en secciones que asignaban variadas extensiones
de tierra según el rango. A la tropa, por ejemplo, se le cedían lotes de 100 hectáreas y
a los rangos superiores hasta cuatro mil hectáreas.
En la práctica, mediante esta vía se atribuyeron 4.750.741 hectáreas a 541 personas
entre La Pampa y Tierra del fuego, es decir, que en promedio cada beneficiario recibió
8.781 hectáreas, más del doble de lo previsto. El mecanismo establecido dispuso la
entrega de bonos, que en muchos casos los poseedores vendieron a terratenientes,
que de este modo pudieron acaparar más tierras y conformar más o mayores
latifundios (Nagy, 2015: 183).
Bibliografía utilizada y citada
Delrio, W. (2015). “El sometimiento de los pueblos originarios y los debates historiográficos en
torno a la guerra, el genocidio y las políticas de estado” Aletheia, 5 (10). En Memoria
Académica. Disponible en:
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.6697/pr.6697.pdf
Lenton, Diana (2005): De centauros a protegidos. La construcción del sujeto de la política
indigenista argentina desde los debates parlamentarios (1880-1970), tesis d
octoral, Facultad
de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Disponible en:
http://corpusarchivos.revues.org/1300?file=1.
Nagy, Mariano (2015). Pueblos indígenas y Estado. Aportes para una reflexión crítica en el aula:
inisterios de Educación de la Nación.
Pampa y Patagonia, M
Valko, Marcelo (2013). Pedagogía de la desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio
uenos Aires, Peña Lillo Ediciones continente.
invisible. B
Películas documentales sugeridas:
La muralla criolla de Sebastián Díaz, 2019. https://youtu.be/YN4rwNRiKiM
4 Lonkos, de Sebastián Díaz, 2020. https://youtu.be/Mex6Jmme2hw