Capítulo I
El hombre en la Edad Antigua.
1.1. El hombre en el pensamiento Sócrates.
Es propio de la actitud socrática la preferencia casi exclusiva por el tema del hombre, de
su conducta, su bondad y su felicidad. “Conócete a ti mismo”, era el lema del Oráculo de
Delfos, que Sócrates acostumbraba a repetir, para llamar la atención sobre la importancia
del conocimiento personal, en contraposición al conocimiento del mundo externo, que
había sido el tema de los filósofos anteriores a él. Debido a esto, Sócrates es considerado
1
como el fundador de la Ética.
De este modo, Sócrates se interesaba por la ética. Le da una gran importancia a la
persona en la cual consiste en tener un conocimiento de su propio ser. Esta era la misión de
este filósofo, que los hombres cuidaran de su nobleza, el alma y adquirir una la sabiduría y
la virtud.
Al preguntar por la justicia o la bondad, la primera respuesta sólo hacía referencia a un
caso concreto de una persona que poseía tales virtudes. La insistencia de Sócrates lograba,
al final, la captación de la esencia de esa virtud, con validez universal. 2 Dicho de otra
manera, este filósofo trata de llegar a la esencia de la persona refiriéndose propiamente en
la moral y las virtudes.
Continuamente se dan casos de personas que conocen perfectamente el bien concreto
que han de seguir y, sin embargo, no se determinan a realizarlo; escogen libremente otro
camino, cuyo bien no es el que en ese momento conviene a su naturaleza y circunstancias.
3
Eligen el mal, conociendo su propio bien. Es decir, el hombre es un ser libre, tiene
siempre la posibilidad de elegir entre varias alternativas que conoce. En la vida este es el
derecho de toda persona, actuar desde su propia libertad en el mundo.
1
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, Editorial Esfinge S.A. de C.V. Col. Parque
Industrial Naucalpan, Edo., de México 1999, 41.
2
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 41.
3
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 42.
Según Sócrates, es recta aquélla acción que se ordena a la verdadera utilidad del
hombre, en el sentido que contribuye a que éste logre su felicidad verdadera. Cada cual
busca, naturalmente, su propio bien. Pero no cualquier acción, por agradable que pueda
parecer a veces, contribuye a que el hombre consiga la verdadera felicidad.4
Es necesario que el hombre use correctamente la libertad para que todo lo que elija sea
de modo honesto. Solamente utilizando la libertad el hombre puede conseguir su felicidad y
al mismo tiempo, será capaz de establecer relaciones humanas.
1.2. El hombre en el pensamiento de Platón.
En el libro VII de la República, Platón narra lo siguiente: en una caverna oscura están
varios prisioneros atados, desde la infancia, no pueden ver la luz del día, ni los objetos y
personas del exterior. Sólo captan unas sombras que se proyectan al fondo de la caverna;
afuera hay un camino, y, más lejos, un fuego, que origina esas sombras. Uno de los
prisioneros escapa y, al principio, queda deslumbrado por el día. Poco a poco se
acostumbra a ver y a mirar, maravillado, los objetos y personas que antes ni sospechaba.
Vuelve con sus compañeros, pero éstos no creen en lo que les narra; están convencidos de
que la única realidad es lo que ven en el fondo de la caverna.5
La explicación y la interpretación del mito de la caverna es la siguiente: los prisioneros
representan a la humanidad; la caverna es el mundo sensible; el exterior es el mundo
intelectual de las Ideas; el fuego representa a la Idea más perfecta, que es el Bien. En este
mundo captamos, las sombras de la verdadera y perfecta realidad.
Establecido ese mundo de las Ideas como la verdadera realidad, veamos ahora cómo
explica Platón el proceso humano para llegar a conocerlo. El alma espiritual tiene la
intuición de las Ideas desde antes de venir a este mundo. Cuando el hombre nace, su alma
es encerrada en un cuerpo material, que es una cárcel para el alma. Debido a este desastroso
4
COPLESTON FREDERICK, Historia de la Filosofía, Editorial Ariel Planeta S.A. Avda. Diagonal, Barcelona
2002, 98.
5
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 45-46.
acontecimiento, el alma olvida la ciencia perfecta que había contemplado; sin embargo, sus
ideas innatas permanecen latentes en el fondo de su conciencia.6
De acuerdo con esta teoría, Platón separa el alma del cuerpo. El alma es donde se
almacena todo el conocimiento, por lo tanto, desde el nacimiento, la persona humana nace
con todo el conocimiento, solo al paso del tiempo el alma debe de recordar. De modo que,
cuando una persona estudia cualquier licenciatura, en el fondo, sólo está recordando las
ideas ya obtenidas desde su nacimiento.
El alma humana es invisible, diferente a la materia; es, por lo tanto, espiritual y su sede
es el mundo de las Ideas. Con una nueva alegoría ilustra Platón su concepción acerca del
alma humana. Es el mito del carro alado, que se encuentra en el Fedro, y dice así: cada
alma es como un coche tirado por dos caballos (uno blanco y otro negro), y conducido por
un auriga (cochero). El coche vuela en el espacio, y el auriga representa la parte racional
del alma; el caballo blanco es dócil y tira hacia arriba, y representa el apetito irascible, o
tendencia buena, de lucha y progreso. El caballo negro es rebelde, tira hacia abajo y
representa el apetito cupiscible, o tendencia mala hacia el placer.7
En el mito anterior se muestra, cómo el hombre se encuentra en constante desafío por la
lucha del bien o del mal. Cabe mencionar que, la ética platónica se encuentra en la Idea del
Bien, por otra parte, la conducta humana es ascender al mundo ideal y dejar a este mundo
material e imperfecto.
1.3. El hombre en el pensamiento de Aristóteles.
Cuerpo y alma originan una síntesis, que es el yo. El cuerpo es la materia, y el alma es
la forma. Materia y forma, unidas, constituyen la esencia humana. 8 Desde luego, Aristóteles
no está de acuerdo con Platón en que el cuerpo es una cárcel para el alma.
Este filósofo se denomina eudemonismo, porque está centrado en la consecución de la
felicidad (eudaimonía). El fin último del hombre es la felicidad. 9 Así pues, el hombre tiene
6
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 47.
7
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 49.
8
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de la Doctrinas Filosóficas, 60.
9
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 60.
en sus el poder de conseguir su propio bien, su fin último que es la felicidad y el valor
moral. Caemos a la cuenta que, para Aristóteles la felicidad está en la actividad virtuosa,
pero para que se le dé el nombre de felicidad, esta debe de estar en toda la vida del hombre
y no sólo en breves períodos.
Por otra parte, en la Metafísica de Aristóteles comienza: todos los hombres, por
naturaleza, desean saber.10 El hombre no se conforma con lo que sabe, siempre tiene
hambre de saber y por eso pregunta. Al hombre se le puede conocer como un investigador
que indaga y busca respuesta por el más allá. El hombre progresa preguntando.
Ahora bien, en el siguiente capítulo, abordaré características generales del hombre en la
Edad Medieval con algunos filósofos más importantes de esta época. Cabe mencionar, que
el concepto del hombre se ha ido transformando hasta pasar al personalismo.
10
COPLESTON FREDERICK, Historia de la Filosofía, 250.
Capitulo II
El hombre en la Edad Medieval.
2.1. El hombre en el pensamiento de San Agustín.
Dentro de ese contexto platónico se entiende que para San Agustín el hombre es,
propiamente hablando, su alma. El cuerpo es el instrumento del alma, y no forma parte
esencial del hombre.11 Para este filósofo, alma y cuerpo tiene la misma importancia en el
compuesto del hombre, así, el ser humano es ante todo persona.
Este autor llega a la conclusión de que el tiempo humano no debe considerarse como el
tiempo físico, en sus tres etapas ordinarias, presente, pasado y futuro. En el hombre, el
tiempo se distiende, aunque de modo imperfecto, el pasado y el futuro. Es la misma alma
espiritual la que lleva acabo esa distensión, y abarca el pasado, por medio de la memoria, y
el futuro, por medio de la esperanza. De este modo, el alma humana se explica como una
substancia espiritual; es substancia porque permanece independiente del tiempo que pasa
instante tras instante, y es espiritual porque sus funciones, como amar, recordar, conocer,
etc., están fuera de la extensión, que es lo propio de la materia. El alma, es pues, una
imperfecta imagen de la eternidad de Dios, en donde no hay ni pasado ni futuro, sino que es
un presente sin sucesiones.12
Es preciso recalcar que, el hombre no debe de buscar la verdad en el exterior sino en su
mismo interior. Para que el hombre pueda conocer la verdad, es necesaria la iluminación
que proviene de Dios. Dios es toda verdad para el hombre. Por otra parte, el hombre es
semejante a Dios por su alma; el alma es engendrada por Dios, el destino de esta consiste
en el encuentro con su Creador cuando el cuerpo muere.
El hombre goza de libre albedrío, y con su voluntad (iluminada por la luz divina) puede
elegir el camino de las virtudes y de la felicidad. Ama y haz lo que quieras, dice el aforismo
agustiniano, en otro lugar, aconseja: ama, pero fíjate bien qué es lo que merece amarse. El
amor es concebido como un peso que nos conduce a nuestro centro de gravedad.13
11
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 74.
12
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 75.
13
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 75.
San Agustín hace énfasis en el amor propio y llegar a conocer el amor de Dios. Con la
libertad del hombre puede seleccionar qué puede hacer como individuo y como sociedad,
para que éste pueda salvarse tras su muerte. Así pues, el hombre al ser libre albedrío, puede
optar por el bien o el mal, para salvarse o condenarse.
2.2. El hombre en el pensamiento de San Tomás de Aquino.
En el tema antropológico, rechaza el dualismo platónico. Señala que, cuerpo y alma
guardan una relación como la de la materia y la forma, son substancias incompletas, y, por
lo tanto, la persona humana sólo se concibe en función de los dos elementos. 14 Es decir, el
compuesto de cuerpo y alma forman en su totalidad al hombre.
En cuanto a la moralidad, Santo Tomás no sostiene el eudemonismo aristotélico, pues el
hombre ha de tener al fin último objetivo, al bien en cuanto Bien (Dios), y no sólo bien en
cuanto a su bien; con amor de benevolencia, y no sólo amor de concupiscencia. La recta
razón, entendida como la facultad espiritual que entiende por sí misma a la verdad y al bien,
es la norma de su moralidad.15
Desde esta concepción, se puede entender que, el acto del hombre es bueno ya que
participa de la Bondad de Dios. Este filósofo, no sólo le dio un valor fijo a la persona, sino
también le dio gran importancia bien común en una comunidad.
14
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 86.
15
GUTIÉRREZ SÁENZ RAÚL, Historia de las Doctrinas Filosóficas, 87.