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Guía para el Control de Esfínteres

El control de esfínteres es un proceso madurativo que no depende de la voluntad del niño y requiere un acompañamiento respetuoso por parte de los adultos. Es fundamental observar las señales del niño y no presionarlo, ya que la presión puede generar ansiedad y retrocesos en el proceso. Para niños con TEA, es importante crear un ambiente tranquilo y utilizar apoyos visuales y rutinas para facilitar la comprensión y el éxito en el uso del baño.

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Guía para el Control de Esfínteres

El control de esfínteres es un proceso madurativo que no depende de la voluntad del niño y requiere un acompañamiento respetuoso por parte de los adultos. Es fundamental observar las señales del niño y no presionarlo, ya que la presión puede generar ansiedad y retrocesos en el proceso. Para niños con TEA, es importante crear un ambiente tranquilo y utilizar apoyos visuales y rutinas para facilitar la comprensión y el éxito en el uso del baño.

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CONTROL DE ESFINTERES GENERALIDADES

1.Es un proceso madurativo


El control de esfínteres es un proceso madurativo. Una habilidad que se adquiere
de manera progresiva, sin que nadie nos la enseñe, a través de un complejo
recorrido que puede requerir más o menos tiempo. El gateo, la marcha y el habla
son otros ejemplos. "No he visto ningún padre que, al ver a su hijo dar sus
primeros pasos, le exija caminar sin caídas ni tropiezos de ningún tipo",
reflexiona Miriam Tirado.
2. No depende de la voluntad del niño
Por desgracia, no es infrecuente ver a mamás y papás regañando a sus hijos por
hacerse sus necesidades encima. "A veces creemos que dejar el pañal o no, o
haberlo dejado y tener escapes, es algo que el niño hace a propósito", señala
Miriam. No importa que el niño tenga o no ganas de abandonar los pañales: su
voluntad no influye en el control de esfínteres. Ten en cuenta que, aunque muchos
dejan de usar pañales entre los 2 y los 4 años, el proceso no suele culminarse
totalmente hasta los 5 o 6.
3. El control de esfínteres no requiere intervención constante y activa de un adulto
El intervencionismo es quizá el error más común en el acompañamiento de este
proceso. Sin lugar a dudas, es también uno de los más perjudiciales. En lugar de
limitarnos a observar, acompañar y respetar el ritmo del niño, los adultos
barajamos expectativas e intentamos acelerar los acontecimientos. Entonces, si
no es recomendable intervenir más de la cuenta, ¿qué debemos hacer?
Sencillamente, observar y acompañar al niño. Nada de prisas, nada de
comparaciones con otros, nada de nervios ni agobios infundados. Y por
descontado, nada de presionarle con nuestras reacciones a su evolución. Si nos
mostramos tristes, enfadados o ansiosos ante un escape, estaremos
coaccionándole. Por contra, tratar el asunto con calma y naturalidad le aportará
grandes dosis de confianza.
4. La importancia de interpretar las señales
Serán estas las que nos revelen en qué punto del proceso se encuentra el niño. Es
fundamental valorar cada una en su justa medida. Por ejemplo, que anuncien que
han hecho pipí o que están a punto de hacerlo no significa que ya controlen por
completo sus esfínteres.
5. ¿Es el verano la mejor época para afrontar la 'operación pañal'?
Este es un mito que conviene desterrar o, como mínimo, matizar. "Cuando un niño
está preparado, está preparado. Da igual que sea junio, agosto o diciembre. La
época del año no es importante". Sí es cierto que en los meses de calor los niños
suelen pasar más tiempo desnudos o con poca ropa. Es una situación en la que
para ellos es más sencillo ser conscientes de lo que ocurre en su cuerpo. Por tanto,
si el proceso de control de esfínteres ya ha comenzado, es posible que el verano
sea propicio para los progresos. Pero si no están preparados es absurdo que nos
empeñemos en que lo estén entre junio y septiembre. Las experiencias con nos
recuerdan que la costumbre de utilizar pañales tiene más que ver con la comodidad
de los padres que con la necesidad de los niños.

6.¿Será que tiene miedo al inodoro del baño? Es habitual que los niños tengan la
idea que pueden caerse dentro del inodoro o ser absorbidos por ésta. No
necesariamente está relacionado a experiencias negativas previas. Es por ello que
se recomienda que los niños(as) vean cómo los adultos se sientan, normalizando
lo más posible la situación, usando la imaginación, la creatividad y el juego, por
ejemplo invitando a sus amigos peluches al baño. Sin presionar ni exigir,
apoyándolo en una aproximación gradual, evitando castigos y retos.
7.¿Tendrá relación a su temperamento? Se ha descrito que este proceso puede ser
más difícil en niños que tienden a resistirse a las nuevas experiencias o bien una
necesidad excesiva de control, en donde suelen retener hasta producir
estreñimiento, entrando en un círculo vicioso complicado, ya que efectivamente
sentarse en el baño puede producir dolor o desagrado. En la misma línea anterior,
necesita comprensión, empatía y apoyo por parte del adulto.
8.¿Lo estaremos presionando? Los niños perciben con facilidad la angustia y
desesperación de los padres, y pueden sentirse sobrepasados y ansiosos frente al
tema, manteniendo el problema e impidiendo que el niño logre adquirir la
seguridad necesaria para este desafío. La presión puede ser implícita, por ejemplo
sentarlo en la tasa muchas veces durante el día, mostrar angustia en el lenguaje no
verbal, ser poco constante o consistente en la estrategia, probando todas las
estrategias a la vez o pasando de una a otra sin esperar lo suficiente, prometer
grandes premios, etc. También explícitamente retarlo, avergonzarlo, ridiculizarlo
y/o compararlo con otros niños.
9.¿Ya había logrado controlar el esfínter y ahora está retrocediendo? Si esta es la
situación, es importante preguntarse por los cambios recientes en el entorno desde
todo ámbito (ej. cambio de casa, llegada de un hermano, entrada al colegio,
aumento de trabajo en los cuidadores, cambios en las pautas de alimentación,
accidente, desastre natural, experiencia vivida como traumática, etc).
10.¿Retiene o tiene estreñimiento? Si retiene más de lo normal, si bien puede estar
relacionado a su temperamento y a otros factores ambientales, es importante hacer
la distinción porque probablemente ha vivido experiencias dolorosas en relación
a la evacuación o desagradables debido a tratamientos que a veces pueden ser
bastante invasivos. Por lo tanto, esto puede aumentar su estrés generándose
círculos viciosos que aumentan la retención. Es por ello, que el apoyo médico del
pediatra puede ser importante para disminuir la tendencia a la constipación desde
cambios en la alimentación hasta el uso de medicamentos.
11.¿Cómo estoy permitiendo que avance en su autonomía? ¿Tiendo a
sobreproteger? Es un hito del desarrollo que suele estar asociado a ser un “niño(a)
más grande”, a tener más control del medio y a ser más independiente. Cuando
los niños son excesivamente protegidos y/o no han alcanzado suficiente
autonomía para la edad, puede ser un cambio vivido como amenazante, o bien
darse más lento ya que el niño(a) puede sentir mayor seguridad en una relación de
mayor dependencia, en donde otros se hacen cargo de sus acciones. Ejemplos de
ello es que aún los vistan por completo, les den la comida, les ordenen todos sus
juguetes, etc. Si esta es la situación, será importante trabajar en aumentar su
autonomía progresivamente, en promover su sensación de autoeficacia y los
padres debieran reflexionar sobre qué temores pueden tener ellos en relación al
crecimiento e independencia del niño(a).
CONTROL DE ESFINTER Y T.E.A.

Comenzar el proceso antes de que esté preparado, puede suponer frustración para
la persona con TEA como para la familia, y puede llegar a repercutir en el
posterior aprendizaje. Este momento, es recomendable que sea lo más tranquilo
posible, reduciendo los niveles de ansiedad, para que el inodoro no se convierta
en una experiencia negativa. Te recomendamos que profundices sobre la ansiedad
y la inseguridad que se produce de manera habitual en las personas con TEA
cuando no consiguen alcanzar los objetivos propuestos o en actividades de la vida
diaria..
Cuando muestran una conducta de rechazo hacia el inodoro, se pueden realizar
acciones de aproximación, como sentarse sobre este con la ropa puesta, ayudar a
tirar de la cadena, realizar los cambios de pañal en el baño, dejar que vean a otros
miembros de la familia al ir al baño, realizar juegos simbólicos con muñecos o
llevar al baño objetos o juguetes que aporten tranquilidad y que les hagan entender
lo que va a pasar.
Un aspecto que tenemos que tener en cuenta es la posición en el orinal o inodoro,
observando que llegue con los pies al suelo. Esto puede aportar mayor estabilidad
y disminuir el esfuerzo. Se pueden emplear taburetes, cajas u otros para hacer que
los pies estén apoyados correctamente, así como facilitar una postura cómoda que
repercuta en una correcta evacuación.
Es muy importante que todas las personas que se encuentren con el niño o niña se
sigan las mismas estrategias.

Damos aquí alguna serie de consejos o tips para tener presente:


Proporcionar un espacio tranquilo: se trata de un momento cómodo, por lo que
hay que tener en cuenta las características del niño o niña para tratar de generar
un ambiente calmado.
Si algunos pueden mostrar rechazo a la temperatura del inodoro, podemos usar
telas que recubran la tapa o poner papel sobre está para evitar la sensación de frio.
El sonido del inodoro en ocasiones puede resultar desagradable, acción que
podemos hacer nada más finalizar y justo antes de salir del baño, para que
comprenda que esa acción hay que realizarla, pero estar a su exposición el menor
tiempo posible.
Otro de los apoyos que pueden proporcionar calma, es un aspecto mencionado
anteriormente, de estar con los pies apoyados bajo una base de sustentación,
consiguiendo mayor estabilidad.
Hacer uso de apoyos visuales: facilita la comprensión de la acción y la secuencia
de los pasos que componen la actividad. En función de las características de la
persona esta secuencia puede ser elaborada con imágenes reales o con
pictogramas, además, se introducirán más o menos pasos, en función también del
grado de apoyo. Por ejemplo, si precisa apoyo físico para subir o bajar el pantalón
o si, por el contrario, ya tiene esta habilidad adquirida. La secuencia de la actividad
puede permanecer fija en un panel o mediante imágenes individuales con velcros
ir retirando la acción que va realizando, haciendo que a nivel visual se presente
únicamente la secuencia para cada momento.
Horario y registro: es recomendable, inicialmente establecer un horario y un
registro de las ocasiones en las que el/la niño/a acude al baño, marcando el tiempo
que transcurre entre micciones. Esto, permitirá anticiparnos al momento
registrado para poder llevarle al baño y favorecer que tenga éxito. Siempre
cuidando de enseñar de forma paralela a pedirlo, evitando que el niño se
acostumbre a que alguien le lleve o le indique que debe ir al baño.
Se puede dar agua o líquidos aproximadamente media hora antes de llevarle al
baño, para facilitar el éxito de la micción o evacuación.
Usar ropa cómoda y fácil de manejar: este aspecto, fomentará la autonomía en el
baño. Usar ropa más compleja de quitar y poner puede suponer un obstáculo en la
generalización del aprendizaje.

Y en la estrategia de control de esfínteres no deben faltar…


Establecer una rutina: En los niños y niñas con TEA, es importante establecer unas
rutinas para facilitar la comprensión y anticipación de lo que sucede o va a
suceder. Por ello, es recomendable crear una rutina para ir al baño, respetando los
horarios y la asociación de esta acción a las actividades de la rutina. Por ejemplo,
acudir al baño nada más levantarse.
Emplear refuerzos positivos: Se trata de ofrecer premios o recompensas después
del éxito de la actividad, aportándolos de forma inmediata, y que sean atractivos
para la persona, modificándolos si es necesario cuando apreciamos que el refuerzo
no es lo suficientemente atrayente. Estos refuerzos pueden ser objetos, comidas,
aplausos, abrazos, podemos usar algo que le guste mucho que sea exclusivo de ese
momento para aumentar su motivación por conseguirlo.
Establecer objetivos cortos: Los objetivos deben comenzar por la aproximación a
la actividad, como puede ser estar sentado en el orinal con la ropa puesta un
minuto, para posteriormente ir aumentando las exigencias.
Uso de tiempos. Tener prisa no es un buen aliado para trabajar el control de
esfínteres. Los tiempos pueden estar marcados por apoyos visuales como un reloj
de arena o temporizadores.
El control de esfínteres es un reto para muchas familias
El control de esfínteres en los niños y niñas con autismo puede resultar un proceso
complicado y gratificante al mismo tiempo, pues se trata de una actividad
significativa de la vida diaria y la adquisición de un hito del desarrollo. La
identificación del momento adecuado, la planificación de los pasos a seguir, la
constancia y entrenamiento contribuirán al éxito en el uso del baño.
PAUTAS A TENER EN CUENTA

En algunas ocasiones los padres comienzan el proceso de enseñanza antes de que


el niño este preparado, pero, ¿cuándo está el niño realmente preparado?

• Mantiene el pañal seco un mínimo de 2 horas.


• Debemos observar si el niño acude a algún lugar concreto (detrás del sofá, en un
rincón, habitación, patio etc.)
• Sigue órdenes sencillas.
• Es capaz de mantenerse sentado durante unos minutos.
• Identifica cuando tiene caca y pis: no le gusta estar mojado o con caca e indica
de algún modo al adulto que le quite el pañal.
• Le molesta el pañal e intenta quitárselo.
• Imita acciones propias de los adultos: desvestirse (principalmente bajarse los
pantalones) y ayuda en el vestirse, quiere hacer las cosas por sí mismo, se lava
los dientes, etc.
• Presenta un correcto desarrollo motor, es capar de andar rápido, sentarse en el
orinal (ponerse en posición de cuclillas) y levantarse sin perder el equilibrio y
sin ayuda del adulto.
• Permanece seco varias horas, las deposiciones han disminuido a una o dos y
empieza a tener un horario más concreto (hace la caca siempre a la misma hora).
Cuando observes que tu hijo realiza muchas de estas acciones podrás pasar a la fase
final del control de esfínteres “retirada del pañal”. Propuestas para este proceso:

• Que se siente en la pelela o inodoro en algunos momentos del día: en la escuela


recomendamos a primera hora de la mañana; y antes de meternos en la ducha
porque son momentos en los que a todos nos entran ganas de hacer pis.
• Cuando vayamos obteniendo éxito y veamos a nuestro hijo seguro, meteremos
una tercera rutina (puede ser la siesta) y así progresivamente iremos ampliando
los momentos del día en los que se sientan en el orinal para hacer sus
necesidades.
• Respecto al control de la caca, hay niños que son muy regulares y por ello
cuando se acerque “su momento” les invitaremos a sentarse en el orinal. En el
caso del niño que no tiene una hora regular, estaremos atentos a sus indicaciones
corporales (se esconde detrás de una cortina, se va de la habitación) para
invitarle a sentarse en el orinal y así ir desarrollando el hábito.
• Cuando nuestro hijo lleve la rutina de sentarse como algo placentero, hace
habitualmente pis y caca en el orinal y se mantiene seco un tiempo
(aproximadamente 1h 30), estará preparado para quitar el pañal diurno.
Y ya para terminar, es importante que los padres cuidemos nuestra forma de actuar en
este proceso. Algunas recomendaciones:

Instrucciones para madres y padres

• Ir con calma y al mismo tiempo llevar una continuidad, es decir, sin prisa pero
sin pausa.
• Ser coherentes.
• Involucrarle en el proceso (es normal que prefiera jugar antes que ir al orinal).
• Acompañarle en este proceso y ser muy positivo.
• No regañarle en ningún momento y entender que los escapes son normales.

En conclusión, no llevar pañal no es solo algo material sino que es un paso muy
importante en el desarrollo de nuestro hijo, le dará independencia y seguridad,
ayudándole a crecer y madurar.

Es muy importante que los padres de niños problemas de disfunción sensorial, sean
pacientes y se aseguren que el niño cumple estos requisitos antes de comenzar con el
entrenamiento.
Mientras estos requisitos no se cumplan, podemos realizar actividades relacionadas
como cambiar el pañal en el cuarto de baño, sentar al niño en el inodoro cuando le
cambiamos el pañal, leer cuentos sobre el uso del baño, ver videos, hacer juego funcional.
El entrenamiento debe empezarse únicamente cuando el niño esté totalmente preparado
y nunca debe coincidir con un periodo de estrés, (cambio de domicilio, inicio del curso
escolar, etc.)

¿Qué pasos seguir para llevar a cabo un programa de control de esfínteres?


– Establecimiento de un horario. Para establecer un horario debemos registrar el
tiempo que transcurre entre cada micción. Un vez tengamos claro el horario debemos
llevar a el niño 10 minutos antes del tiempo registrado, (si hace pis cada una hora y treinta
minutos, lo llevamos al baño pasada una hora y veinte minutos).
– Creación de rutinas. Debemos respetar los horarios que hemos establecido pero
además debemos asociarlo con actividades del día a día, por ejemplo hacemos pis cuando
nos levantamos, antes de acostarse, etc.
– Entorno. Un aspecto a tener en cuenta es el entorno, como es el baño. Debe ser un
lugar seguro para el niño, cómodo y sin distracciones.
– Usar pictogramas. Utilizar un panel de pictogramas con la secuencia de pasos, nos
facilitará la comprensión de la rutina de hacer pis o caca en el wáter.

Debemos recordar que este proceso puede ser largo, es importante que los padres no
tengan prisa, los niños necesitan su tiempo para conseguirlo; Durante el entrenamiento,
los niños no pueden utilizar ropa complicada que les dificulte quitársela o ponérsela; los
escapes durante el entrenamiento son algo normal, así que no deben castigar a los niños
si esto pasa, tienen que premiar cualquier aproximación al buen uso del wáter; nunca
deben sentar al niño en el wáter si esto le genera miedo o inseguridad, deben ir paso a
paso.

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