LECCIÓN 8.
LAS MEDIDAS CAUTELARES
1. CONCEPTO, PRESUPUESTOS, CARACTERES Y CLASES
CONCEPTO Y CLASES
Son aquellas resoluciones judiciales que pueden ser adoptadas durante el proceso penal y que
van dirigidas a garantizar tanto que la sentencia que se dicte se pueda hacer efectiva como a
asegurar la presencia del encausado en la fase de juicio oral puesto que, salvo excepciones, si el
acusado no está presente, éste no se podrá celebrar.
Para poder cumplir con esta doble finalidad, las medidas cautelares pueden ser:
- tanto de carácter personal cuando recaigan sobre la persona del investigado afectando,
con mayor o menor intensidad, a su derecho a la libertad deambulatoria,
- como reales, si tienen por objeto el patrimonio del investigado o de los terceros
civilmente responsables.
PRESUPUESTOS
Al igual que las medidas cautelares del proceso civil, la adopción de las medidas cautelares
debe fundarse en el cumplimiento de dos presupuestos:
a) el fumus boni iuris (o apariencia de buen derecho), que en el proceso penal se entiende
satisfecho desde el momento en el que de forma razonada se le atribuye a un sujeto la
realización de un hecho punible,
b) y el periculum in mora (o daño jurídico derivado de la duración del procedimiento),
que se concreta en la necesidad de analizar si existe algún riesgo de que el investigado
no vaya a estar presente cuando se produzca la apertura del juicio oral o para hacer
efectiva la futura sentencia que se dicte.
CARACTERES
Las principales características de las medidas cautelares son:
a) Jurisdiccionalidad: supone que sólo pueden ser adoptadas por el órgano jurisdiccional.
No obstante, excepcionalmente, como analizaremos, determinadas medidas pueden ser
adoptadas por la policía —[Link]. la detención policial— pero en estos casos nos
encontraríamos ante una detención precautelar.
b) Instrumentalidad: significa que las medidas cautelares deben estar supeditadas a la
existencia de un proceso penal, lo que supone que habrán de finalizar necesariamente con
dicho proceso, extinguiendo sus efectos o transformándose en medidas ejecutivas. En tal
sentido, es indiferente que el procedimiento acabe con sentencia o auto de sobreseimiento.
c) Provisionalidad: se traduce en que estás medidas van a durar el tiempo en que permanezca
pendiente el proceso principal; pero, incluso estando pendiente el proceso, pueden finalizar
o transformarse en distintas medidas, si se modifican los presupuestos o circunstancias que
han justificado su adopción. Por otro lado, algunas de las medidas reguladas por el
legislador son temporales por cuanto se han establecido plazos máximos de duración — ej.
La detención o la prisión provisional—.
d) Y, la homogeneidad: implica que las medidas cautelares deben ser lo más parecidas
posibles a la medida ejecutiva que se pueda adoptar.
2. MEDIDAS CAUTELARES PERSONALES
2.1. LA DETENCIÓN
2.1.1. Concepto
La detención, es una medida cautelar que se caracteriza por su carácter provisionalísimo
consistente en una limitación del derecho a la libertad de un sujeto con la finalidad de ser
puesto a disposición del juez o, si ya se encuentra ante él, para resolver sobre su situación
personal.
A pesar de que las medidas cautelares deben ser adoptadas siempre por el órgano jurisdiccional,
en la detención nos encontramos con que la LECrim permite que ésta pueda ser practicada por
particular o por la policía y no siempre cuando ya haya sido incoado un proceso penal, de ahí
que se haya mantenido que en estas ocasiones no nos encontramos ante una auténtica medida
cautelar sino ante una medida precautelar.
Así pues, el art. 490 LECrim faculta a los particulares para que, hasta en siete supuestos,
puedan proceder a la detención de otros. Todos los supuestos descritos en la norma pueden
resumirse en dos circunstancias:
— por un lado, cuando nos encontremos ante una situación de flagrancia
— y por otro, en los casos de fuga o rebeldía del detenido, preso o condenado.
En estos casos, la finalidad de la detención no puede ser otra que poner a la persona
detenida, de forma inmediata, a disposición de la policía o del juez.
Por otro lado, para la policía la detención no se configura como una facultad sino como una
obligación que tendrá que cumplir cuando concurran los supuestos tanto del art. 490 como los
del art. 492 LECrim y nos encontremos ante hechos que tengan una especial gravedad —el
propio art. 492 habla de pena correccional— o, aun cuando sin tenerla, pueda el funcionario
pensar que el sujeto se va a sustraer a la actividad de la justicia.
Finalmente, la detención será judicial:
a) En aquellos supuestos en los que haya sido ordenada directamente por el juez al amparo
de un procedimiento penal ya incoado,
b) o porque el sujeto haya sido puesto a su disposición, por la policía o por particulares, en
el periodo de tiempo de 72 horas que tiene para pronunciarse sobre la situación personal
del detenido.
2.1.2. Plazos
El tiempo que puede durar la detención varía en función de quien sea el sujeto que la ha
realizado. Así pues, aunque el art. 17.2 CE establece que la detención no puede durar más de
72 horas — plazo que se reitera en el art. 520 LECrim—, el art. 496 establece que esta medida
no podrá durar más de 24 horas.
Esta aparente disparidad entre los preceptos mencionados ha sido salvada por la
doctrina del TC que ha considerado que todos los plazos están vigentes aunque como plazo
máximo y absoluto rige las 72 horas fijadas en el texto constitucional.
El alto tribunal ha establecido que en la detención entran en juego dos plazos, uno de carácter
relativo y otro, que es absoluto.
El primero [relativo] consiste en que la detención sólo debe durar el tiempo
estrictamente necesario para la realización de las averiguaciones tendentes al
esclarecimiento de los hechos y que, por tanto, va a variar de una detención a otra,
pues habrá que atender a las circunstancias del caso.
En este sentido, cuando la detención sea practicada por particular, éste no podrá
realizar ninguna diligencia por lo que no podrá agotar, ninguno de los plazos
establecidos en la ley, debiendo poner al detenido a disposición de la autoridad
(gubernativa o judicial) a la mayor brevedad posible.
No obstante, junto a lo anterior, hay un [plazo absoluto], que es insalvable y que son
las 72 horas computadas desde el inicio de la detención que no tiene por qué
coincidir con el momento en el que el afectado se encuentra en dependencias
policiales.
En los supuestos en los que ambos plazos, el relativo y el absoluto, no coincidan, deberá
aplicarse el más beneficioso para el detenido. Por lo tanto, se podrá estar vulnerando el
derecho a la libertad en aquellos supuestos en los que la detención no haya superado el
plazo de las 72 horas, pero si el plazo relativo.
Todos estos plazos, que se consideran los ordinarios, tienen especialidades cuando nos
encontramos en materia de terrorismo. En efecto, aunque el plazo común en materia de
terrorismo es el de las 72 horas, ésta puede prolongarse 48 horas más, es decir, hasta cinco
días siempre y cuando la policía solicite esta prórroga al [juez] en las primeras 48 horas de
la detención.
2.1.3. Derechos del detenido
Los derechos del detenido están regulados en el art. 17 CE siendo desarrollados en el art. 520
LECrim. En los derechos descritos en la norma nos encontramos que:
El detenido tiene derecho a que la detención se realice de la forma que menos le
perjudique y a que en cuanto sea detenido se le informe no sólo de los hechos que se le
imputan de la manera que le resulte comprensible, sino también de los derechos que le
asisten:
derecho a guardar silencio o a no declarar contra sí mismo,
a que se ponga en conocimiento de un familiar o persona que desee de su
situación personal,
derecho a designar un abogado que le defienda y con el que podrá
entrevistarse antes y después de prestar declaración,
derecho a un intérprete si tuviese problemas con el idioma,
derecho a ser reconocido por un médico forense, entre otros.
2.1.4. El procedimiento de Habeas Corpus
El procedimiento de habeas corpus es un procedimiento especial, preferente y rápido que
se encuentra recogido en el art. 17.4 CE y desarrollado por LO 6/1984, de 24 de mayo (LOHC).
El objeto de este procedimiento es que se analice la situación de legalidad de una detención que
no se haya practicado por orden del órgano jurisdiccional (si la orden de detención la hubiese
dado el juez, el mecanismo de denuncia o de reacción frente a la misma serían los recursos).
Para ello se considerará que la situación de detención es ilegal, no sólo cuando se hayan
incumplido los plazos de la detención -tanto el relativo como el absoluto— sino, también,
cuando se hayan vulnerado los derechos que tiene reconocido todo detenido o se haya
procedido a la detención cuando no concurriesen los presupuestos legales para ello, o
incumpliendo la forma de llevarla a cabo (art. 1 LOHC).
La competencia está atribuida al [Juzgado de Instrucción del lugar donde se encuentre el
detenido o del lugar donde se tuvieron las ultimas noticias de su paradero].
No obstante, para los delitos de terrorismo, la competencia la tendrán [los Juzgados
Centrales de Instrucción] y para los delitos atribuidos a la jurisdicción castrense, [el Juzgado
Togado Militar que corresponda)
El procedimiento se puede incoar de oficio o a instancia de las partes mencionadas en el art. 3.
En cuanto a la forma, esta varía en función de si quien lo solicita es el detenido o los demás
legitimados.
1. En ambos casos, al ejercitarse una pretensión de amparo, rige un gran antiformalismo,
pudiéndose efectuar por escrito o verbalmente mediante comparecencia.
2. Una vez recibida la solicitud, [el juzgado de guardia] debe pronunciarse, en resolución
motivada, sobre la admisión o denegación de la incoación del procedimiento.
El control de admisibilidad se circunscribe al análisis de la concurrencia de los
presupuestos procesales y de los requisitos formales a los que se refiere el art. 1, por lo
que no se podrá proceder a denegar la admisión del procedimiento con base en la legalidad
de la detención, ya que el enjuiciamiento de la misma es una cuestión de fondo.
Si el habeas corpus se admite, se pondrá al detenido a disposición judicial para ser oído.
De esta forma comienza la fase de alegaciones y de prueba que no podrá durar más
de 24 horas contadas desde el auto de incoación del procedimiento.
3. Concluida la fase de alegaciones, el juez dictará auto resolviendo.
El contenido del Auto es distinto según acceda o no a la pretensión.
a. Si la resolución fuera denegatoria, el juez dispondrá el archivo de las actuaciones,
declarando conforme a derecho la privación de libertad.
b. Si la resolución es desestimatoria, habrá de contener siempre la declaración de
ilegalidad de la detención y, junto a ella, la condena a alguna de las tres prestaciones
recogidas en el art. 8:
puesta inmediata en libertad,
cambio de custodia
o puesta a disposición judicial.
2.2. LA PRISIÓN PROVISIONAL
2.2.1. Concepto, presupuestos y fines
CONCEPTO
La prisión provisional es una medida cautelar de naturaleza personal consistente en la total
privación de libertad del imputado/investigado, mediante su ingreso en centro penitenciario,
durante la sustanciación de un proceso penal.
PRESUPUESTOS
Para poder acordar la prisión provisional es necesario que concurran determinados
presupuestos que están recogidos en el art. 503 LECrim, consistentes en que:
a) En primer lugar, exista uno o varios hechos constitutivos de delito sancionados, además,
con una pena privativa de libertad cuyo máximo sea igual o superior a 2 años de
prisión.
No obstante, este límite punitivo no resulta de aplicación cuando:
a. con independencia del fin que persiga la prisión provisional, el imputado tuviere
antecedentes penales no cancelados, ni susceptible de cancelación, derivados de
condena por delito doloso,
b. si la prisión tiene por finalidad evitar el riesgo de fuga, que hubiesen sido dictadas
dos requisitorias para su busca en los dos años anteriores;
c. cuando con la medida se pretenda evitar que el imputado pueda actuar contra bienes
jurídicos de la víctima; y
d. cuando la prisión provisional pretenda conjurar el riesgo de reiteración delictiva y el
imputado pertenezca a una organización criminal.
b) En segundo lugar, aparezca en la causa motivos bastantes para creer responsable
criminalmente del delito a la persona contra la que se haya de dictar el auto de prisión,
en el sentido de que es necesario no sólo la concurrencia de meros indicios racionales de
criminalidad, sino, además, que no se acredite la concurrencia de alguna causa de exención
o extinción de la responsabilidad penal.
c) Y, finalmente, que con la prisión provisional se persiga alguno de los siguientes fines:
— Peligro de fuga. Este riesgo se acrecienta cuanto más grave sea el delito que se imputa,
de modo que, si el hecho punible no lleva aparejada pena privativa de libertad o puede
el condenado beneficiarse de la suspensión, habrá que presumir la inexistencia de este
riesgo de fuga.
No obstante, la propia ley establece que, para valorar el posible riesgo de fuga,
será necesario analizar las circunstancias concretas del caso y las personales del
imputado: arraigo familiar, situación económica, etc. Sin embargo, el legislador
establece una presunción legal de que el investigado se fugará cuando en sus
antecedentes conste que han sido dictadas al menos dos requisitorias de busca por
cualquier órgano judicial en los 2 años anteriores. En estos casos se impone la
adopción de la prisión provisional con independencia de cuál sea la penalidad del delito
imputado.
— Peligro de alteración u ocultación de las fuentes de prueba. Esta finalidad exige que
concurran dos presupuestos esenciales.
En primer lugar, que esas fuentes de prueba que pudiesen ser destruidas sean
relevantes para el enjuiciamiento de la causa;
Y, en segundo lugar, que el riesgo de alteración sea concreto y fundado, y para
valorar el mismo se tendrá en cuenta la capacidad que tiene el investigado para acceder
por sí, o a través de terceros, a las fuentes de prueba o para influir sobre otros
imputados, testigos, peritos o etc.
— Riesgo de reiteración delictiva. Esta finalidad de la prisión provisional pretende
conjurar un riesgo no del proceso, sino de la sociedad puesto que lo que se pretende es
valorar la capacidad del imputado de volver a delinquir.
Es una circunstancia que se valorará especialmente en delitos de violencia
doméstica o de criminalidad organizada.
— Evitar que el imputado pueda actuar contra bienes jurídicos de las víctimas,
especialmente de la violencia de género.
2.2.2. Plazos de la prisión provisional
El art. 504.1 LECrim establece que la prisión provisional durará el tiempo imprescindible para
alcanzar cualquiera de los fines que la legitiman y en tanto subsistan los motivos que
justificaron su adopción. Junto a dicha previsión legal, se establecen límites máximos de
duración sobre la base del principio de que un sujeto no puede permanecer indefinidamente
privado de libertad sin haber sido declarada su culpabilidad, aun cuando subsistan los riesgos
contemplados en el art. 503 LECrim.
Así pues, la ley establece un plazo máximo inicial prorrogable en función del fin perseguido y
de la duración asociada al delito imputado, y un plazo absoluto.
A. Cuando la prisión provisional se hubiese decretado para asegurar la presencia del
imputado o para evitar que el imputado cometa otros delitos o atente contra bienes
jurídicos de la víctima, la prisión provisional podrá durar 2 años,
Si el delito tuviese una pena superior a tres años, prorrogable por otros 2 años.
No obstante, en estos casos, si el delito tuviese una pena inferior a tres años, la
prisión provisional no podrá durar más de 1 año, prorrogable por 6 meses.
B. Cuando la prisión provisional se hubiese decretado para evitar la ocultación o
destrucción de medios de prueba, la prisión provisional no podrá exceder de 6 meses sin
posibilidad de prórroga.
C. Y finalmente, si ya existe una sentencia de condena, la prisión provisional podrá
prorrogarse hasta el límite de la mitad de la pena efectivamente impuesta en dicha
resolución judicial, cuando ésta hubiese sido recurrida.
2.2.3. Procedimiento
Una vez que el detenido es puesto a disposición del juez o tribunal competente, salvo que éste
acordase la libertad provisional sin fianza, convocará a una audiencia en la que el Ministerio
Fiscal y/o las partes acusadoras pueden solicitar la adopción de esta medida cautelar, lo que
supone la introducción del principio acusatorio en esta materia.
La audiencia se celebrará en el plazo más breve posible, pero siempre dentro de las 72 horas
siguientes a la puesta a disposición judicial, a la que se citará al imputado, asistido de su
letrado y a las partes acusadoras.
Si la audiencia no pudiera celebrarse en este plazo de 72 horas, [el juez o tribunal] podrá
acordar la prisión provisional y convocará una nueva audiencia dentro de las 72 horas
siguientes, adoptando las medidas a que hubiere lugar por la falta de celebración de la primera
audiencia.
2.2.4. Modalidades de la prisión provisional
La prisión provisional podrá ser:
- comunicada, que es la regla general y significa que el preso preventivo disfruta de los
derechos reconocidos en la LECrim;
- o incomunicada, que procederá cuando se intenten evitar los riesgos descritos en el
art.509 LECrim, no pudiendo durar más de 5 días
(aunque en delitos de terrorismo puede ser prorrogada por otros cinco más e
incluso, transcurrido este segundo plazo, podrá prorrogarse otras cuarenta y ocho horas
más).
Esta modalidad de prisión preventiva implica que el preso va a tener limitado
algunos de los derechos del art. 520 LECrim, no pudiendo proceder a la designación
libre de abogado, o comunicarse con terceros o no podrá entrevistarse reservadamente
con su abogado.
2.3. LIBERTAD PROVISIONAL
Es la medida cautelar que puede adoptar el juez competente cuando se hubiere cometido un
delito y existiendo indicios de su comisión por una persona no concurrieren los presupuestos o
finalidades necesarias para la adopción de la prisión provisional.
En estos casos, para asegurar la presencia del investigado, el juez, de oficio puede acordar la
libertad sin más o establecer distintas obligaciones como prestar fianza, comparecer ante el
juzgado o limitar determinados derechos.
3. MEDIDAS CAUTELARES PATRIMONIALES
Como ya hemos indicado supra, las medidas cautelares patrimoniales son aquellas que se
proyectan sobre el patrimonio del inculpado para hacer frente a la responsabilidad civil que se
deriva del hecho delictivo.
No obstante, estas medidas no sólo se pueden proyectar sobre el encausado sino también frente
a terceros que aparezcan como responsables civiles directos o subsidiarios.
Las medidas cautelares patrimoniales que se pueden adoptar son:
PRESTACIÓN DE FIANZA PERSONALES
PIGNORATICIAS
4. MEDIDAS DE PROTECCIÓN
EMBARGOS PREVENTIVOS HIPOTECARIAS
Junto a las medidas cautelares existen otro tipo de medidas limitativas de determinados
derechos del investigado que tienen por objeto no ya garantizar la eficacia de la resolución, ni la
presencia del investigado en el juicio oral, sino que van dirigidas, fundamentalmente, a proteger
a la víctima del delito.
Si bien estas medidas se parecen a las cautelares en la mayoría de los presupuestos y
características, difieren en su finalidad, lo que determina que las mismas no tengan que ser
cautelares homogéneas con el futuro contenido de la sentencia que se dicte.
Por otro lado, la instauración de estas medidas no queda al arbitrio del legislador sino que tal
y como medidas ha indicado el Tribunal Constitucional:
- Han de estar informadas por el principio de proporcionalidad y para ello deberán
observar los requisitos de tener un fin constitucionalmente legítimo,
- Estar prevista en una ley que debe tener el carácter de orgánica, puesto que se van a
afectar a derechos fundamentales del investigado,
- Y, deberán ser siempre adoptadas por el órgano jurisdiccional.
4.1. EL ALEJAMIENTO
El art. 544 bis LECrim, introducido por la Ley 14/1999, de 9 de junio, prevé la posibilidad de
que [el juez de instrucción], en el curso de la investigación de uno de los delitos del art. 57 CP
(homicidio, aborto, lesiones, contra la libertad, de torturas y contra la integridad moral, la
libertad e indemnidad sexuales, la intimidad, el derecho a la propia imagen y a la
inviolabilidad del domicilio, el honor, el patrimonio y el orden socioeconómico), pueda
imponer al investigado las medidas limitativas de la libertad deambulatoria consistente en:
a) la prohibición de residir en un determinado Jugar, barrio, municipio, provincia u otra
entidad local o Comunidad autónoma;
b) la prohibición de acudir a los mismos sitios;
c) la prohibición de aproximarse o comunicarse, con la graduación que sea precisa a
determinadas personas.
La adopción de estas medidas exige, como ya hemos indicado,
- la existencia de indicios racionales de la comisión de algunos de los delitos del art.
57 CP
- y, la necesidad de proteger a la víctima.
Para su adopción [el juez] deberá valorar la situación económica del inculpado y los
requerimientos de salud y su situación familiar y laboral, intentando mantener la continuidad de
esta última durante la vigencia de la medida.
La infracción de la orden de alejamiento por parte del investigado supondrá la convocatoria
de una nueva audiencia en la que el órgano jurisdiccional adoptará una medida más restrictiva
de la libertad.
4.2. LA ORDEN DE PROTECCIÓN
En nuestro ordenamiento jurídico nos encontramos con la existencia de dos tipos de órdenes de
protección:
- una en el ámbito de la violencia doméstica
- y otra en el ámbito de la violencia de género.
4.2.1. La orden de protección de las víctimas de violencia doméstica
Esta orden de protección se incorpora en el art. 544 ter de la LECrim a través de la Ley
27/2003, de 31 de julio, con la intención de que [la víctima de violencia doméstica] pueda
obtener, a través de un procedimiento rápido y sencillo, una resolución judicial que incorpore,
conjuntamente, tanto las medidas cautelares penales sobre el agresor (cualquiera de las previstas
en la LECrim) como las medidas protectoras de índole civil y social que eviten su desamparo.
Las medidas penales que integran la orden de protección podrán ser cualquiera de las
establecidas en la LECrim.
Las medidas civiles deben ser solicitadas por los (legitimados) cuando haya hijos menores
o personas con capacidad modificada judicialmente, siempre y cuando, no hubiesen sido ya
adoptadas por un órgano del orden jurisdiccional civil.
No obstante, las medidas civiles adoptadas en el seno de la orden de protección tendrán
una vigencia de 30 días.
Si en ese plazo se hubiese iniciado un proceso de familia, las medidas adoptadas
permanecerán en vigor durante los 30 días siguientes a la presentación de la demanda.
Para hacer efectivas estas medidas se ha establecido un procedimiento en el que las víctimas,
sus representantes o las personas de su entorno puedan solicitarlas, bien directamente ante la
autoridad judicial o el Ministerio Fiscal, bien ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, las
oficinas de atención a la víctima o los servicios sociales o instituciones asistenciales de las
Administraciones públicas, que tendrán que remitirlas de forma inmediata el juez competente.
Una vez recibida la solicitud de la orden de protección, la cual tendrá que estar fundada en la
existencia de indicios racionales de la comisión de un delito o delito leve contra la vida,
integridad física o moral, libertad sexual, libertad o seguridad de alguna de las personas
mencionadas en el art. 173.2, de los que resulte una situación de riesgo objetiva para la víctima,
[el juez de guardia] convocará a una audiencia urgente a la víctima o su representante legal,
al solicitante y al agresor, asistido, en su caso de abogado, así como al Ministerio Fiscal.
Celebrada la audiencia, [el juez de guardia] resolverá mediante auto lo que proceda sobre la
solicitud de orden de protección, así como sobre el contenido y vigencia de las medidas que
incorpore, el cual será notificado inmediatamente, a la víctima y a las administraciones
públicas competentes para la adopción de medidas de protección.
4.2.2. La orden de protección integral de las víctimas de violencia de género
La orden integral de protección a las víctimas de violencia de género se encuentra regulada en
los art. 62 a 67 de la Ley 1/2004, de 28 de diciembre.
Dichos preceptos regulan un conjunto de medidas —no sólo penales, sino civiles, sociales y
administrativas— que pueden ser adoptadas cuando exista una situación objetiva de riesgo para
la víctima, con independencia de la gravedad de la infracción penal que se imputa al agresor.
Dicha regulación legal complementa a las medidas ya previstas en la LECrim.
El órgano competente para la adopción de estas medidas es el [Juzgado de Violencia de la
Mujer correspondiente al domicilio de la víctima], sin perjuicio de que a prevención puedan
ser adoptadas por [el juzgado de guardia] que las puede adoptar de oficio o a instancia de las
víctimas, de los hijos, de las personas que convivan con ella o se hallen sujetas a su guarda o
custodia, del Ministerio Fiscal, de la Administración de la que dependan los servicios de
atención a las víctima o del titular de la Delegación especial del gobierno contra la violencia
sobre la mujer.
Al amparo de la orden general de protección se pueden adoptar:
Todas las medidas penales a las que se refiere el art. 544 ter LECrim,
Además de la salida obligatoria del inculpado por violencia de género del domicilio en
el que hubiera estado conviviendo o tenga su residencia la unidad familiar,
Prohibición de volver al mismo,
Prohibición de acercamiento o comunicación al domicilio de la persona protegida, a su
lugar de trabajo o a cualquier otro que sea frecuentado por ella.
Por otro lado, [el Juzgado de Violencia sobre la Mujer] podrá adoptar medidas sobre la
atribución de la vivienda, la suspensión de la patria potestad, la guarda y custodia de los
menores, suspensión del régimen de visitas, así como otras medidas destinadas a la protección
de datos de la víctima y limitaciones a la publicidad de las actuaciones procesales.