LECCIÓN 5.
LA INSTRUCCIÓN PENAL
1. ASPECTOS GENERALES DE LA INSTRUCCIÓN: CONCEPTO, FINALIDAD Y
NATURALEZA JURÍDICA
1.1. CONCEPTO, FINALIDAD Y NATURALEZA JURÍDICA
El proceso penal tiene una estructura que nada tiene que ver con el resto de los procesos de los
distintos órdenes jurisdiccionales. Aunque igualmente podemos hablar de proceso de declaración
y de proceso de ejecución, en el proceso de declaración penal se distinguen claramente dos
grandes fases perfectamente diferenciadas: la fase de instrucción (tradicionalmente conocida
como fase del sumario) y la fase de enjuiciamiento o del juicio oral.
Aunque el protagonismo de la fase de instrucción en el proceso penal tiene su origen en el sistema
inquisitivo, en el actual sistema acusatorio español conserva su papel preponderante en detrimento
de la fase del juicio oral. El art. 299 LECrim define la instrucción como la fase encaminada a
preparar el juicio, de lo que se deduce que la fase fundamental del proceso penal debería ser la
fase de enjuiciamiento, sin embargo, en la práctica — y sin olvidar la reforma de la LECrim que
determina y acorta la duración del sumario— la fase de instrucción sigue siendo más larga en el
tiempo que la fase del juicio oral. Motivos como éste junto a la intervención del Ministerio Fiscal,
en el proceso penal, especialmente en la fase de instrucción, hacen de esta fase del proceso penal
una de las cuestiones más polémicas y conflictivas en relación a la reforma procesal penal en
nuestros días.
La fase de instrucción recibe distintos nombres en los diferentes tipos de procesos penales. Así,
en el Libro II de la LECrim, para el proceso ordinario por delitos graves se habla de instrucción
o sumario por lo que se puede hablar, incluso, de instrucción sumaria. En el procedimiento
abreviado, el art. 774 LECrim se refiere a esta fase del proceso como Diligencias previas. En los
juicios rápidos se habla de Diligencias urgentes (art. 797 LECrim) y en el proceso por delitos
leves (antiguo juicio de faltas) no hay fase de instrucción (Libro VI LECrim).
PROCESO ORDINARIO POR DELITOS GRAVES → INSTRUCCIÓN/SUMARIO
PROCEDIMIENTO ABREVIADO → DILIGENCIAS PREVIAS
JUICIOS RÁPIDOS → DILIGENCIAS URGENTES
DELITOS LEVES: NO HAY FASE DE INSTRUCCIÓN
Independientemente de cómo se denomine a esta fase de instrucción, y sin entrar en el debate
doctrinal acerca de si resulta conveniente el término sumario por su equivalencia a procedimiento
breve, lo bien cierto es que en todos los procesos ordinarios (proceso ordinario por delitos graves
y procedimiento abreviado), esta fase responde al mismo concepto y persigue la misma
finalidad.
La LECrim, Libro Il, determina que «constituyen el sumario las actuaciones encaminadas a
preparar el juicio y practicadas para averiguar y hater constar la perpetración de los delitos con
todas las circunstancias que puedan influir en su calificación, y la culpabilidad de los
delincuentes, asegurando sus personas y las responsabilidades pecuniarias de los mismos».
Del propio concepto legal de sumario podemos determinar que la finalidad de esta fase del
proceso penal que no es otra que la de preparar el juicio oral. En este sentido Pastor López afirma
que la finalidad de la fase sumarial es tanto la propia preparación del juicio oral como la de evitar
procesos innecesarios en los supuestos de sobreseimiento. Asimismo, no podemos olvidar la
finalidad de aseguramiento del sumario en relación a las personas, bienes y pruebas (lo que se
denomina aseguramiento de las personas y de los bienes de los sospechosos).
Las finalidades de la fase de instrucción en el proceso penal las podríamos resumir en:
1) comprobación del delito
2) averiguación del delincuente y su grado de participación
3) aseguramiento de la persona y bienes del sospechoso
4) búsqueda y conservación de los instrumentos del delito y medios de prueba En cuanto a su
naturaleza jurídica, cuestión tradicionalmente controvertida.
En cuanto a la naturaleza jurídica encontramos 2 corrientes doctrinales que tienden, por un lado,
al reconocimiento de su naturaleza procesal y, por otro, a considerarla una actividad puramente
administrativa.
La doctrina mayoritaria representada por los procesalistas Fenech, Gómez Orbaneja y
Fairén, defiende la naturaleza jurisdiccional de la instrucción
[autores como Pastor López reconocen que existen importantes actuaciones de naturaleza
administrativa, como las que lleva a cabo la Policía judicial, junto con las actuaciones
procesales desarrolladas por el órgano jurisdiccional, por lo que se podría hablar de
naturaleza mixta —administrativa y jurisdiccional en función de las actuaciones dentro
del sumario a las que nos refiramos—].
Por el contrario, un sector doctrinal minoritario (García Velasco) considera que las
actuaciones que predominan en la fase de instrucción son de carácter administrativo, lo que le
atribuye dicha naturaleza al sumario.
En este caso no se trata de una mera discusión doctrinal pues el hecho de optar por una u otra
teoría nos permitiría aceptar o rechazar la corriente acorde con lo previsto en los ordenamientos
jurídicos de países de nuestro entorno europeo de encargar, en su totalidad, la instrucción al
Ministerio Fiscal.
• Para aquellos que consideran que la fase de instrucción no es más que una fase del
proceso penal de carácter administrativo, no existiría ningún problema en encomendar
el desarrollo de la misma al Ministerio Fiscal en detrimento del juez de instrucción (Italia,
Alemania o Portugal).
• Por el contrario, si partimos de la tesis jurisdiccionalista de la fase de instrucción, en
ningún caso se podría encomendar a otro órgano que no fuera el jurisdiccional pues se
vulneraría el principio de exclusividad jurisdiccional regulado en el art. 117.3 CE.
Independientemente de la teoría por la que nos decantemos lo que no podemos dejar de lado en
ningún momento es la relación entre determinados actos de investigación y los derechos
fundamentales de la persona investigada, siendo así que cualquier proyecto de reforma de LECrim
debe tener en cuenta aquellas diligencias de investigación limitativas de derechos
fundamentales que no podrán delegarse, en ningún caso, al Ministerio Fiscal y deben
permanecer en el ámbito del Poder Judicial. Por el contrario, aquellos actos de investigación
que, en ningún caso, supongan limitación de derechos fundamentales podrían quedar en
manos del Ministerio Fiscal.
1.2. NORMAS GENERALES DE LA INSTRUCCIÓN
Las normas generales de la instrucción, tras la reforma del artículo único de la Ley 41/2015, de 5
de octubre, de modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para la agilización de la justicia
penal y el fortalecimiento de las garantías procesales, se han visto modificadas de tal manera que
hasta la que, tradicionalmente, ha sido primera regla de la instrucción ha desaparecido. Así, el
artículo 300 LECrim que establecía que por cada delito que conociera la autoridad judicial sería
objeto de un sumario, a excepción de los delitos conexos, ha sido derogado.
Como consecuencia de la citada reforma, las normas generales de la instrucción son las
siguientes:
a) Puesto que el letrado de la administración de justicia es el fedatario público judicial, los
jueces de instrucción deben formar el sumario ante él.
Situaciones urgentes y extraordinarias: No obstante, el art. 321 LECrim permite a [los
jueces de instrucción] proceder con la intervención de un notario o de dos hombres
buenos, mayores de edad, que sepan leer y escribir siempre que guarden fidelidad y
secreto. Este último supuesto solo será posible en situaciones urgentes y
extraordinarias, a falta de letrado de la administración de justicia.
b) Las actuaciones sumariales o diligencias de investigación, en general, se deben practicar
en la sede oficial de órgano jurisdiccional encargado de la investigación. Con carácter
excepcional, ante determinadas circunstancias que conviertan en dificultosa la comprobación
o que pudiera causar alarma, [el juez de instrucción] podrá trasladarse con carácter inmediato
al lugar donde se cometió el delito para formar el sumario (art. 318 LECrim).
- Cuando las diligencias sumariales se deban practicar fuera de la circunscripción del
[juez que haya ordenado la práctica de las mismas], se realizarán atendiendo a lo
previsto para los actos de comunicación entre órganos jurisdiccionales (art. 322 LECrim
que remite al Libro I, Título VIII).
- Cabe, sin embargo, la prórroga de la jurisdicción del [juez de instrucción] para que
practique diligencias sumariales fuera de su jurisdicción, en un lugar próximo al punto
en que éste se hallare, si existe peligro en demorar la investigación. En este caso, habrá
que dar inmediato aviso al juez competente según determina el art. 323 LECrim.
c) El tiempo,
es otra norma general de la fase de instrucción y que ha sido objeto de reforma concretamente
por el [apartado seis del artículo único de la Ley 41/2015, de 5 de octubre, de modificación
de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para la agilización de la justicia penal y el
fortalecimiento de las garantías] que, a su vez, ha sido reformado por [Ley 2/2020, de 27 de
julio, por la que se modifica el artículo 324 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal].
➢ Con anterioridad a las citadas reformas el art. 324 LECrim señalaba, para evitar una
excesiva duración de la fase de instrucción, un plazo máximo de un mes para la
conclusión del sumario. Las diligencias de investigación, por tanto, debían terminar en el
plazo de un mes desde la incoación del sumario.
➢ Tras la reforma de 2015, el art. 324 LECrim establecía que las diligencias de investigación
se debían practicar durante el plazo máximo de seis meses (desde la incoación del sumario
o de las diligencias previas). No obstante, en caso de que el Ministerio Fiscal lo solicitara
antes de que finalice el plazo general de seis meses, la instrucción podría ser declarada
compleja por(el juez de instrucción y se ampliaba el plazo a dieciocho meses.
La investigación se podría considerar compleja cuando:
a) Existiese circunstancias sobrevenidas a la investigación que impidiesen completarse
en el plazo estipulado, o
b) Cuando, también de forma sobrevenida, concurriesen alguna de las siguientes
circunstancias:
1) que recayera sobre grupos u organizaciones criminales
2) que tuviera por objeto numerosos hechos punibles
3) que involucrara a gran cantidad de investigados o víctimas,
4) que exigiera la realización de pericias o de colaboraciones recabadas por el
órgano judicial que implicaran el examen de abundante documentación o
complicados análisis,
5) que implicaran la realización de actuaciones en el extranjero,
6) que precisaran de la revisión de la gestión de personas jurídico-privadas o
públicas,
7) se tratara de un delito de terrorismo.
A instancia del Ministerio Fiscal, y previa audiencia de las partes, el juez de instrucción podría
acordar la prórroga de la instrucción por un plazo igual o superior.
A su vez, el apartado 3 del mismo art. 324 LECrim determina en qué casos podrá interrumpirse
estos plazos:
1) por acordarse el secreto de las actuaciones durante la duración del mismo o
2) si se acuerda el sobreseimiento provisional.
Cabía, no obstante, un nuevo plazo máximo para finalizar la instrucción si, con carácter
excepcional, existen razones que lo justifiquen.
Tras la entrada en vigor de la Ley 2/2020, de 27 de julio se modifica el artículo 324 LECrim
estableciéndose como plazo máximo para la investigación judicial doce meses desde la
incoación de la causa.
No obstante, se prevé que el juez, de oficio o a instancia de parte, oídas las partes, pueda
acordar prórrogas sucesivas por periodos iguales o inferiores a seis meses, si con anterioridad
a la finalización del plazo se constatare que no será posible finalizar la investigación.
En el auto mediante el cual se adopte la prórroga, el juez debe incluir las causas razonadas que
impiden finalizar la investigación en plazo, así como las concretas diligencias que sea necesario
practicar y su relevancia para la investigación. En su caso, la denegación de la prórroga también
se acordará mediante resolución motivada
Las diligencias de investigación acordadas con anterioridad al transcurso del plazo o de sus
prórrogas serán válidas, aunque se reciban tras la expiración del mismo.
Sin embargo, en los casos en los que [el juez de instrucción], antes de la finalización del
plazo o de alguna de sus prórrogas, no haya dictado dicho auto, o bien éste hubiera sido revocado
por vía de recurso, no serán válidas las diligencias acordadas a partir de dicha fecha.
El juez pondrá fin a la instrucción cuando entienda que ha cumplido su finalidad y, transcurrido
el plazo máximo o sus prórrogas, dictará auto de conclusión del sumario o, en el procedimiento
abreviado, la resolución que proceda.
Debemos tener en cuenta que para la instrucción de las causas criminales serán hábiles todos los
días y horas (art. 200 LECrim).
d) Las diligencias de instrucción serán reservadas y no tendrán el carácter de público hasta
que se abra el juicio oral. En nada ha cambiado, tras la última reforma, el contenido del art.
302 LECrim cuando afirma que «Las partes personadas podrán tomar conocimiento de las
actuaciones e intervenir en todas las diligencias del procedimiento».
No obstante, en caso de delito público, podrá el juez de instrucción de oficio, a instancia
del Ministerio Fiscal, o de cualquiera de las partes personadas, declararlo total o parcialmente
secreto para todas las partes personadas, por tiempo no superior a un mes siempre que sea
necesario para:
a. Evitar un riesgo grave para la vida, libertad o integridad física de otra persona;
b. o para prevenir una situación que pueda comprometer de forma grave el resultado de la
investigación o del proceso.
El secreto del sumario deberá alzarse necesariamente con al menos diez días de antelación
a la conclusión del sumario.
Esta excepción al principio de publicidad se apoya en dos motivos fundamentales:
1) garantizar la efectividad de la instrucción, por un lado, y
2) proteger el derecho al honor, a la intimidad e, incluso, a la propia imagen del sospechoso
y de la víctima.
En la lucha entre garantizar estos derechos y el derecho a libertad de información de los
medios de comunicación, sin embargo, como afirma Nieva Fenoll, el TEDH
tradicionalmente ha inclinado la balanza a favor de la libertad de información (Sentencia
Sunday Times c. Reino Unido, de 26 de abril de 1979). Tras la reforma por la citada Ley
41/2015, el art. 520.1 LECrim cambia este criterio a favor de garantizar los derechos al
honor, intimidad y propia imagen del detenido al igual que la jurisprudencia más reciente
del TEDH (Urfi Cetinkaya c. Turquía, 23 de julio de 2013).
e) Obligatoriedad. La doctrina clásica ha considerado a lo largo de los años el carácter
obligatorio de la instrucción en el proceso penal, sin embargo, y a pesar de constituir una
garantía para los justiciables, solo debería existir cuando sea útil para la averiguación del
delito y del delincuente así como para determinar la culpabilidad o inocencia del sospechoso
(Sara Aragoneses y Tomé García).
f) A pesar de la finalidad incriminatoria de la fase de instrucción en el proceso penal
encaminada a preparar el juicio oral, la autoridad encargada de la misma debe recoger
en la misma todo aquello que resulte adverso, pero también favorable para el
investigado. Asimismo, el art. 2 LECrim obliga tanto al juez instructor como al Ministerio
Fiscal a velar por las garantías del investigado.
2. SUJETOS DE LA INSTRUCCIÓN
2.1. ÓRGANO JUDICIAL COMPETENTE
La competencia para la instrucción de los procesos penales corresponde al [juez de instrucción
del partido judicial] donde se haya cometido el delito como determina el art. 303.1 LECrim.
No obstante, en los procesos contra aforados la instrucción recaerá sobre [un magistrado
de la sala competente que, posteriormente, no puede formar parte del tribunal encargado
de juzgar].
2.2. MINISTERIO FISCAL
Por otro lado, [el Ministerio Fiscal] interviene en la instrucción tanto como parte principal del
mismo como con función inspectora.
Dado que se trata de un órgano público, [el Ministerio Fiscal] interviene en la instrucción
proponiendo la práctica de diligencias, que (el juez) acordará si no las considera inútiles. Al
mismo tiempo, el art. 306.1 LECrim establece que (los jueces) formarán los sumarios bajo la
inspección directa del [fiscal del tribunal competente].
Además, (el juez instructor) tiene la obligación de poner en conocimiento del [fiscal] la
comisión de un delito inmediatamente que haya llegado a ellos la notitia criminis.
En el procedimiento abreviado, sin embargo, [el Ministerio Fiscal] aumenta sus funciones de tal
modo que cuando tenga conocimiento de un hecho aparentemente delictivo no tiene el deber de
ponerlo inmediatamente en conocimiento del juez de instrucción, sino que puede iniciar un
procedimiento para la práctica de diligencias de comprobación del delito y del delincuente,
con las excepciones previstas desde el punto de vista constitucional.
Este procedimiento dirigido por el Ministerio Fiscal finalizará en cuanto tenga conocimiento
de la existencia de un proceso judicial sobre los mismos hechos. Asimismo, se procederá al
archivo de las actuaciones cuando [el Ministerio Fiscal] considere que el hecho no reviste
caracteres delictivos. No obstante, (el perjudicado u ofendido) podrá interponer de nuevo su
denuncia ante el juez de instrucción. En caso contrario, cuando considere que los hechos revisten
carácter delictivo, [el Ministerio Fiscal] solicitará al [juez de instrucción] la incoación de
diligencias previas.
2.3. POLICIA JUDICIAL
En el Título III del Libro II LECrim dedicado al sumario se regula la actuación de la Policía
judicial. Así, el art. 282 LECrim comienza afirmando que:
«La Policía Judicial tiene por objeto y será obligación de todos los que la componen, averiguar
los delitos públicos que se cometieren en su territorio o demarcación; practicar, según sus
atribuciones, las diligencias necesarias para comprobarlos y descubrir a los delincuentes, y
recoger todos los efectos, instrumentos o pruebas del delito de cuya desaparición hubiere peligro,
poniéndolos a disposición de la autoridad judicial».
[La policía judicial] tiene la función de auxiliar tanto a los jueces y tribunales competentes en
materia penal como al Ministerio Fiscal, y están obligados a seguir sus instrucciones para la
investigación de los delitos y persecución de los delincuentes. El art. 283 LECrim determina quién
constituye la Policía judicial.
[La Policía judicial] debe, por tanto, practicar sin dilación las diligencias que [el
Ministerio Fiscal] les encomiende para la comprobación del delito y averiguación de los
delincuentes así como las que les encomienden los jueces de instrucción (art. 287 LECrim).
No obstante, [la Policía judicial], cuando tenga conocimiento de la comisión de un delito, podrá
practicar las conocidas como diligencias de prevención sin perjuicio de que, sin cesar en la
práctica de las mismas o una vez terminadas, lo pongan en conocimiento del juez o del Ministerio
Fiscal.
En caso de no existir autor conocido del delito [la Policía Judicial] conservará el atestado a
disposición del Ministerio Fiscal y del juez de instrucción, sin enviárselo, salvo que concurra
alguna de las circunstancias previstas en el art. 284.2 LECrim.
Una vez que [el juez de instrucción] incoa el sumario se ponen a dichas diligencias de prevención
practicadas por el agente de policía que entregará en el acto al juez, poniendo a su disposición a
los detenidos, si los hubiese.
Especial protagonismo adquiere la Policía Judicial tras la reforma por la LO 7/1988 donde el
legislador regula expresamente su actuación en el procedimiento junto a la del Ministerio Fiscal
en el Capítulo II, donde se regulan las diligencias a practicar en el procedimiento abreviado pero
sin olvidar que serán de aplicación en el mismo, las reglas generales anteriormente estudiadas
(arts. 281 y ss LECrim).
3. ACTOS DE INICIO DE LA INSTRUCCIÓN
El proceso penal, al contrario que el proceso civil, de carácter dispositivo, se puede iniciar tanto
de oficio como a instancia de parte.
En el caso de delitos públicos, para dar comienzo a la instrucción no se requiere el ejercicio
de la acción penal, sino que basta la mera notitia criminis para que el juez de instrucción proceda
a la averiguación del hecho y del delincuente.
En los delitos privados (injurias y calumnias contra particulares), la instrucción solo se
puede incoar a instancia de la parte legitimada (a través de querella privada).
En los delitos semipúblicos, en cambio, se requiere la mera denuncia del ofendido por el
delito para poder dar inicio a la instrucción.
3.1. INCOACIÓN DE OFICIO
[El juez de instrucción], de oficio, puede decretar la apertura de la instrucción en un proceso
penal en cuanto tenga conocimiento, por cualquier medio, de la comisión de unos hechos con
apariencia delictiva. Sin embargo, lo más habitual es que el juez de instrucción inicie una
instrucción (ya sea un sumario o unas diligencias previas) porque ha recibido la notitia criminis
a través de un tercero.
3.2. INCOACIÓN A INSTANCIA DE PARTE
3.2.1. Denuncia
La denuncia es una declaración de conocimiento de una persona determinada a través de la cual
se pone en conocimiento de la autoridad correspondiente la comisión de un hecho aparentemente
delictivo.
- Se encuentra regulada en el art. 259 y ss LECrim
- y como nota fundamental destacar que, con la denuncia, la persona que la realiza no se
convierte, de ningún modo, en parte acusadora del proceso.
- El denunciante no tiene que aportar ninguna prueba de los hechos que denuncia ni
tampoco se convierte, como hemos visto, en parte acusadora del proceso pero,
posteriormente, podría ser denunciado por denuncia falsa (456 CP).
- La denuncia puede presentarse ante cualquier autoridad ya sea [un juez], [la policía] o
ante [el fiscal]. El órgano que la reciba realizará las diligencias iniciales para la
comprobación de los hechos denunciados, independientemente de su posterior remisión
al juez competente.
Hay que tener en cuenta, como advertimos anteriormente que, en los delitos semipúblicos,
precisamente, resulta necesaria la previa denuncia del ofendido por el delito para poder iniciar
el proceso penal o la denuncia del Ministerio Fiscal en los casos previstos en el artículo 105.2
LECrim. Denunciados los hechos delictivos, el denunciante no está obligado a mantener la
acusación para continuar con el proceso penal.
Para los delitos privados, la querella de la víctima es imprescindible en todo caso para poder
iniciar y continuar con el proceso penal.
En estos casos, si las víctimas no denuncian o interponen la querella, en su caso, no hay
posibilidad alguna de incoar el sumario o las diligencias previas.
En el caso de los delitos públicos, todas aquellas personas que tengan conocimiento -lo hayan
presenciado o no- de la comisión de un hecho aparentemente delictivo tienen el deber de
denunciarlo. Están especialmente obligados a denunciar los que tengan conocimiento de los
hechos delictivos «por razón de sus cargos, profesiones u oficios» (médicos, por ejemplo).
No obstante, existen excepciones por distintos motivos:
a. Por minoría de edad y los privados de razón (art. 260 LECrim);
b. por razón de parentesco (art. 261 LECrim)
c. y por el deber de secreto profesional (art. 263 LECrim). En este último apartado hay
que incluir como excepción de la obligación de denunciar a los abogados y
procuradores respecto a sus clientes y a los sacerdotes respecto de la información
recibida en el ejercicio de su ministerio.
- La denuncia puede ser verbal o escrita. El art. 265 LECrim permite la denuncia de
palabra, por escrito y por mandatario con poder especial. No existe, por tanto, requisitos
en cuanto a la forma de la denuncia.
a. Si se hace verbalmente, se extenderá un acta con los hechos denunciados adoptando
la forma de declaración.
b. En el caso de denuncia por escrito, el denunciante debe firmarla.
c. Si la denuncia es a través de mandatario, éste deberá presentar el poder especial.
El único requisito que se exige a la hora de denunciar es la identificación del
denunciante a efectos de perseguir, posteriormente, eventuales denuncias falsas.
Precisamente por este motivo, indirectamente se podría deducir que no se permiten las
denuncias anónimas. Sin embargo, esto no significa que éstas carezcan de valor, pues
pueden‹ servir para dar inicio a las diligencias de investigación de los hechos
denunciados teniendo en cuenta tanto la gravedad de los hechos denunciados como la
verosimilitud de la denuncia.
Los efectos de la denuncia son, a no ser que los hechos no fueran constitutivos de delito o que
la denuncia fuera manifiestamente falsa, la incoación del proceso y el comienzo de la
investigación de los hechos denunciados.
El denunciante no se convierte en parte del proceso, aunque podría, en su caso, declarar como
testigo en dicho proceso penal. Si la denuncia la realiza la víctima o perjudicado por el delito, se
le hace el ofrecimiento de acciones, para que se persone como acusador particular.
3.2.2. Querella
La querella consiste en un acto procesal que ya no supone una declaración de conocimiento como
la denuncia sino una declaración de voluntad de convertirse en parte del proceso penal. Ya no se
trata de poner en conocimiento de la autoridad competente la perpetración de hechos
aparentemente delictivos, sino que el querellante ejercita la acción penal y, por tanto, se convierte
en parte acusadora.
La querella, al contrario que la denuncia, solo se puede interponer ante el órgano jurisdiccional
competente, es decir, ante el juez de instrucción competente excepto:
- que el querellado esté aforado ante un tribunal superior.
- También en casos de urgencia, el querellado podrá presentar su querella ante otro juez
de instrucción para que se lleven a cabo las primeras diligencias de instrucción, previa
admisión de la querella (art. 312 LECrim).
La querella es un derecho para todos los ciudadanos españoles independientemente que sean o
no ofendidos por el delito (acción popular para los delitos públicos siempre que se cumpla con
la obligación de prestación de fianza). El art.270 LECrim permite también a los extranjeros
querellarse por delitos cometidos contra sus bienes o personas (o la de sus representados)
siempre que presten fianza. Sin embargo, en caso de delitos privados (215.1 CP) sólo las
personas legitimadas podrán interponer la querella como acusador privado.
Aunque con carácter general la querella es un derecho de los ciudadanos, para el Ministerio
Fiscal constituye una obligación cuando se trata del ejercicio de las acciones penales (art. 105 y
271 LECrim).
En cuanto a los aspectos formales, la querella debe interponerse siempre por escrito y
cumpliendo los requisitos formales previstos en el art. 277 LECrim:
«La querella se presentará siempre por medio de procurador con poder bastante y suscrita
por letrado.
Se extenderá en papel de oficio, y en ella se expresará:
1.º El juez o tribunal ante quien se presente.
2.° El nombre, apellidos y vecindad del querellante.
3.° El nombre, apellidos y vecindad del querellado.
En el caso de ignorarse estas circunstancias, se deberá hacer la designación del querellado
por las señas que mejor pudieran darle a conocer.
4.° La relación circunstanciada del hecho, como expresión del lugar, año, mes, día y hora en
que se ejecute, si se supieren.
5.° Expresión de las diligencias que se deberán practicar para la comprobación
del hecho.
6.° La petición de que se admita la querella, se practiquen las diligencias indicadas en el
número anterior, se proceda a la detención y prisión del presunto culpable o a exigirle la
fianza de libertad provisional, y se acuerde el embargo de sus bienes en la cantidad necesaria
en los casos en que así proceda.
7.º La firma del querellante o la de otra persona a su ruego si no supiere o no pudiere firmar,
cuando el procurador no tuviere poder especial para formular la querella».
Para el procedimiento abreviado es necesario la intervención del procurador para la
interposición de la querella según determina el art. 768 LECrim.
La querella, como hemos adelantado, requiere la prestación de fianza como requisito de
admisibilidad de tal modo que el querellante, en determinados casos, debe prestar la fianza de la
clase y cuantía que fije el juez (art. 280 LECrim). El art. 281 LECrim determina las personas que
están exentas de prestar fianza que son, normalmente, las personas que ejercitan el derecho a
presentar querella.
Quedan exentos de cumplir lo dispuesto en el artículo anterior:
1.º El ofendido y sus herederos o representantes legales.
2.º En los delitos de asesinato o de homicidio, el cónyuge del difunto o persona vinculada a
él por una análoga relación de afectividad, los ascendientes y descendientes y sus parientes
colaterales hasta el segundo grado inclusive, los herederos de la víctima y los padres, madres
e hijos del delincuente.
3.º Las asociaciones de víctimas y las personas jurídicas a las que la ley reconoce legitimación
para defender los derechos de las víctimas siempre que el ejercicio de la acción penal hubiera
sido expresamente autorizado por la propia víctima.
La exención de fianza no es aplicable a los extranjeros si no les correspondiere en virtud de
tratados internacionales o por el principio de reciprocidad.»
La admisión de la querella depende de que los hechos sean constitutivos de delito y que se
presente ante el juez de instrucción competente (art. 313 LECrim) en cuyo caso el querellante
quedará constituido como parte acusadora. A partir de este momento, el querellante podrá solicitar
la práctica de las diligencias de instrucción. No obstante, el querellante podrá apartarse del
proceso en cualquier momento.
Tanto la denuncia como la querella interrumpen la prescripción del delito desde su
presentación siempre que, en el plazo de seis meses, el juez de instrucción dicte una
resolución motivada atribuyendo al denunciado o al querellado su participación en los hechos
(art. 132.2.2 CP).
3.2.3. Atestado policial
Los resultados de las primeras diligencias de averiguación acerca de hechos que revisten
caracteres delictivos, ya sea porque la Policía tiene conocimiento de los mismos o porque recibe
una denuncia, se recogen en lo que se conoce como atestado (arts. 282, 770 y 771 LECrim).
Según determina el art. 292 LECrim, el atestado policial se acaba convirtiendo en un informe de
la investigación realizada así como de los resultados de la misma.
Basándose en ese atestado, [el juez de instrucción] o, en su caso, [el fiscal] decidirá si incoar o no
las diligencias sumariales que correspondan, exactamente igual que si se tratara de una denuncia
hecha por particulares. Como afirma Nieva Fenoll, en este caso, además, se cuenta con la ventaja
de una investigación previa.
No existe una opinión unánime acerca de la forma del atestado, pero de lo previsto en el art. 292
LECrim podemos afirmar que dicho atestado incluirá los hechos averiguados, las declaraciones e
informes que se hayan recibido, así como todas las circunstancias que hubiesen observado y
pudiesen ser prueba o indicio del delito.
Los policías que redacten dicho atestado deberán incluir su firma, así como la de los testigos y
peritos que hayan declarado ante ellos.
[La policía] debe entregar el atestado policial al [juez de instrucción] teniendo en cuenta que no
podrán dejar transcurrir más de veinticuatro horas sin dar conocimiento al juez o al Fiscal
de las diligencias que hubieran practicado, salvo en los supuestos de fuerza mayor y en el
previsto en el apartado 2 del art. 284 (art. 295 LECrim).
2. No obstante, cuando no exista autor conocido del delito la Policía Judicial conservará el
atestado a disposición del Ministerio Fiscal y de la autoridad judicial, sin enviárselo, salvo
que concurra alguna de las siguientes circunstancias:
a) Que se trate de delitos contra la vida, contra la integridad física, contra la libertad e
indemnidad sexuales o de delitos relacionados con la corrupción;
b) Que se practique cualquier diligencia después de transcurridas setenta y dos horas desde
la apertura del atestado y éstas hayan tenido algún resultado; o
c) Que el Ministerio Fiscal o la autoridad judicial soliciten la remisión.
De conformidad con el derecho reconocido en el artículo 6 de la Ley 4/2015, de 27 de abril,
del Estatuto de la Víctima del delito, la Policía Judicial comunicará al denunciante que en
caso de no ser identificado el autor en el plazo de setenta y dos horas, las actuaciones no se
remitirán a la autoridad judicial, sin perjuicio de su derecho a reiterar la denuncia ante la
fiscalía o el juzgado de instrucción.
En cuanto a los efectos del atestado policial hay que destacar que sólo tiene valor de denuncia
según determina el art. 297 LECrim.
Esto significa que el atestado policial debe ser ratificado en el juicio oral por quien lo
redactó. Sin dicha ratificación, el atestado no podrá ser utilizado como prueba para desvirtuar la
presunción de inocencia.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que determinados atestados policiales pueden tener
el valor de prueba preconstituida (el resultado del test del alcoholemia, por ejemplo, o las
fotografías del lugar del delito) porque no se pueden reproducir en el juicio oral.