Universidad Central Del Este
Facultad de Ciencias de la Salud
Escuela de Medicina
Asignatura:
Ortopedia y Traumatología (Laboratorio)
MED-391/Grupo 1
Docente:
Dr. Miguel A. Pérez Molina
Tema:
Anatomía de la Rodilla
Sustentante:
Gialys Moreta Castillo
2013-0111
Lunes 28 de Septiembre, 2015
San Pedro de Macorís, RD.
Anatomía de la Rodilla.
RODILLA.
La articulación de la rodilla es la mayor y más superficial del cuerpo. Se trata en gran medida de
una articulación sinovial de tipo gínglimo que permite movimientos de flexión y extensión; no
obstante, estos movimientos se combinan con otros de deslizamiento, rodamiento y rotación
alrededor de un eje vertical. Aunque la articulación de la rodilla está bien construida, su función
suele verse afectada cuando se encuentra en hiperextensión (p. ej., en los deportes de contacto,
como el hockey sobre hielo).
Las superficies articulares de la rodilla se caracterizan por su gran tamaño y sus formas
complejas e incongruentes. La rodilla consta de tres articulaciones
· Dos articulaciones femorotibiales (lateral y medial), entre los cóndilos femorales y
tibiales laterales y mediales.
· Una articulación femororrotuliana (femoropatelar) intermedia, entre la rótula y el
fémur.
La fíbula no participa en la articulación de la rodilla.
La articulación de la rodilla es relativamente débil mecánicamente debido a la incongruencia de
sus superficies articulares (se la ha comparado con dos bolas que descansan sobre una tabla
curvada).
La estabilidad de la articulación de la rodilla depende de:
· la potencia y las acciones de los músculos circundantes y sus tendones
· los ligamentos que conectan el fémur con la tibia.
De todos estos mecanismos de sostén, los músculos son los más importantes, por lo que
mediante una preparación y un entrenamiento adecuados se pueden evitar muchas lesiones
deportivas. El músculo más importante en la estabilización de la rodilla es el gran cuádriceps
femoral, en especial las fibras inferiores de los vastos medial y lateral. La articulación de la
rodilla funciona sorprendentemente bien cuando ha sufrido una distensión ligamentosa si el
cuádriceps está en buena forma.
La posición extendida en bipedestación es la más estable de la rodilla, ya que en ella la
congruencia de las superficies articulares es máxima (el contacto disminuye en todas las demás
posiciones), los principales ligamentos de la articulación (colaterales y cruzados) están tensados
y muchos de los tendones que rodean la articulación ejercen un efecto de
«entablillado».
CAPSULA ARTICULAR.
La cápsula articular de la articulación de la rodilla es típica, ya que consta de una membrana
fibrosa externa y una membrana sinovial interna que reviste todas las superficies internas de la
cavidad articular que no están recubiertas de cartílago articular.
La membrana fibrosa está dotada de unas cuantas partes engrosadas que forman ligamentos
intrínsecos, pero su mayor parte es delgada (de hecho, es incompleta en algunas áreas. Se inserta
en el fémur superiormente, justo en situación proximal a los bordes articulares de los cóndilos.
Po
Posteriormente, engloba los cóndilos y la fosa intercondílea. Esta membrana posee una abertura
posterior al cóndilo lateral de la tibia por la que pasa hacia fuera el tendón del poplíteo para
insertarse en la tibia. Inferiormente, se inserta en el borde de la superficie articular superior de la
tibia (meseta tibial), excepto allí donde el tendón del poplíteo cruza el hueso. El tendón del
cuádriceps, la rótula y el ligamento rotuliano sustituyen a la membrana fibrosa anteriormente; es
decir, ésta se continúa con los bordes lateral y medial de dichas estructuras y no abarca la región
ocupada por ellas.
La extensa membrana sinovial de la cápsula reviste todas las superficies que rodean la cavidad
articular (el espacio que contiene líquido sinovial) y no están recubiertas por cartílago articular.
Así pues, se inserta en la periferia del cartílago articular que recubre los cóndilos femorales y
tibiales, la cara articular de la rótula y los bordes de los meniscos
(discos fibrocartilaginosos situados entre las superficies articulares tibial y femoral). Reviste la
superficie interna de la membrana fibrosa lateral y medialmente, pero centralmente se separa de
ésta.
Desde la cara posterior de la articulación, la membrana sinovial se refleja anteriormente hacia la
región intercondílea, para cubrir los ligamentos cruzados y el cuerpo adiposo infrarrotuliano,
de modo que quedan excluidos de la cavidad articular. Con ello se crea un pliegue sinovial
infrarrotuliano medio, vertical, que aproxima la cara posterior de la rótula y ocupa casi toda la
parte más anterior de la región intercondílea. Con esta disposición prácticamente se crea una
cavidad articular
femorotibial izquierda y una derecha (de hecho, así es como los artroscopistas describen la
rodilla).
Unos pliegues alares lateral y medial rellenos de tejido adiposo cubren la superficie interna de
los cuerpos adiposos que ocupan el espacio situado
a cada lado del ligamento rotuliano por dentro de la membrana fibrosa.
Superiormente a la rótula, la cavidad articular de la rodilla se extiende en profundidad respecto al
vasto intermedio para formar la bolsa suprarrotuliana. La membrana sinovial de la cápsula
articular se continúa con el recubrimiento sinovial de esta bolsa. Esta gran bolsa normalmente se
extiende unos 5 cm superior a la rótula, aunque puede llegar hasta la mitad de la cara anterior del
fémur. Unos fascículos musculares situados en profundidad respecto al vasto interno forman el
músculo articular de la rodilla, que se inserta en la membrana sinovial y retrae la bolsa durante
la extensión de la rodilla.
LIGAMENTOS EXTRACAPSULARES.
La cápsula articular está reforzada por cinco ligamentos extracapsulares o capsulares
(intrínsecos): ligamento rotuliano, ligamento colateral fibular, ligamento colateral tibial,
ligamento poplíteo oblicuo y ligamento poplíteo arqueado. En ocasiones se denominan
ligamentos externos para diferenciarlos de los internos (p. ej., los cruzados).
El ligamento rotuliano (la parte distal del tendón del cuádriceps) es una gruesa y resistente banda
fibrosa que va desde el vértice y los bordes adyacentes de la rótula hasta la tuberosidad de la
tibia. El ligamento rotuliano es elligamento anterior de la articulación de la rodilla. Lateralmente
recibe los retináculos rotulianos medial y lateral, que son
expansiones aponeuróticas de los vastos medial y lateral, y de la fascia profunda que los recubre.
Los retináculos conforman la cápsula de la articulación de la rodilla en cada lado de la rótula y
desempeñan una importante función en el mantenimiento de la alineación de la rótula en relación
con la cara articular rotuliana del fémur. La situación oblicua del fémur y/o de la línea de
tracción del cuádriceps femoral respecto al eje del tendón rotuliano y la tibia (que clínicamente
se evalúa mediante el ángulo Q) favorece el desplazamiento lateral de la rótula.
Los ligamentos colaterales de la rodilla se tensan cuando ésta se encuentra en extensión
completa, lo cual contribuye a la estabilidad durante la bipedestación no obstante, a medida que
se flexiona la rodilla se destensan cada vez más, permitiendo y limitando (sirven de ligamentos
de retención) su rotación.
El ligamento colateral fibular es resistente, extracapsular y similar a un cordón. Se extiende
inferiormente desde elepicóndilo lateral del fémur hasta la cara lateral de la cabeza de la fíbula.
El tendón del poplíteo pasa profundo al ligamento colateral fibular y lo separa del menisco
lateral. El tendón del bíceps femoral queda dividido en dos partes por este ligamento.
El ligamento colateral tibial es una banda intrínseca (capsular), resistente y aplanada, que se
extiende desde el epicóndilo medial del fémur hasta el cóndilo medial y la parte superior de la
cara medial de la tibia. En la mitad de su recorrido, sus fibras profundas se insertan firmemente
en el menisco medial. El ligamento colateral tibial no es tan resistente como el fibular, y por ello
se lesiona con mayor frecuencia; así pues, en deportes de contacto como el rugby y el hockey
sobre hielo son habituales los desgarros del ligamento colateral tibial y del menisco medial.
El ligamento poplíteo oblicuo es una expansión refleja del tendón del semimembranoso que
refuerza la cápsula articular posteriormente cuando se extiende por la fosa intercondílea. Se
origina posterior al cóndilo medial de la tibia y discurre superolateralmente hacia el cóndilo
lateral del fémur para fusionarse con la porción central de la cara posterior de la cápsula articular.
El ligamento poplíteo arqueado también refuerza la cápsula articular posterolateralmente. Se
origina en la cara posterior de la cabeza de la fíbula, pasa superomedialmente sobre el tendón del
poplíteo y se expande por encima de la cara posterior de la articulación de la rodilla. Su
desarrollo se relaciona inversamente con la presencia y el tamaño de un hueso sesamoideo
(fabela) situado en la inserción proximal de la cabeza lateral del gastrocnemio (v. cuadro azul
«Sesamoideo en el gastrocnemio», Se cree que ambas estructuras favorecen la estabilidad
posterolateral de la rodilla.
LIGAMENTOS INTRAARTICULARES.
Los ligamentos intraarticulares (situados dentro de la articulación) de la rodilla son los
ligamentos cruzados y los meniscos.
El tendón del poplíteo también es intraarticular en parte de su recorrido.
Los ligamentos cruzados se entrecruzan dentro de la cápsula articular, pero fuera de la cavidad
sinovial. Se localizan en el centro de la articulación y se entrecruzan oblicuamente en forma de
X. Durante la rotación medial de la tibia sobre el fémur, los ligamentos cruzados se enrollan uno
sobre otro, y por ello el grado de rotación medial posible está limitado a unos 10°. Por contra,
durante la rotación lateral se vuelven a desenrollar y permiten que este movimiento alcance una
amplitud de casi 60° cuando la rodilla está flexionada aproximadamente a 90°, siendo el
ligamento colateral tibial la estructura que lo limita en última instancia. El quiasma (punto de
cruzamiento) de los ligamentos cruzados sirve como pivote para los movimientos rotatorios de la
rodilla. Debido a la orientación oblicua de los ligamentos cruzados, siempre hay uno de ellos o
alguna parte de uno o de ambos en tensión, sea cual sea la posición de la rodilla. Son los
ligamentos cruzados los que mantienen el contacto entre las superficies articulares femorales y
tibiales durante la flexión de la rodilla.
El ligamento cruzado anterior, que es el más débil de los dos, se origina en la región
intercondílea anterior de la tibia,
justo posterior a la inserción del menisco mediaL. Su irrigación es relativamente pobre. Sigue
una trayectoria en dirección superior, posterior y lateral para insertarse en la parte posterior del
lado medial del cóndilo lateral del fémur. Limita el rodamiento posterior (rotación con
desplazamiento) de los cóndilos femorales sobre la meseta tibial durante la flexión, y lo
convierte en un giro sin desplazamiento. Además, evita el desplazamiento posterior del fémur
sobre la tibia y la hiperextensión de la rodilla. Cuando la articulación se encuentra flexionada en
ángulo recto no se puede traccionar la tibia anteriormente (como si se tirase de un cajón) porque
está sujeta por el ligamento cruzado anterior.
El ligamento cruzado posterior, que es el más resistente de los dos Ligamentos cruzados, se
origina en la parte posterior de la región intercondílea de la tibia; sigue un trayecto superior y
anterior sobre el lado medial del ligamento cruzado anterior, y se inserta en la parte anterior de la
cara lateral del cóndilo medial del fémur. Limita el rodamiento anterior del fémur sobre la meseta
tibial durante la extensión y lo convierte en un giro. También evita el desplazamiento anterior del
fémur sobre la tibia o el desplazamiento posterior de la tibia sobre el fémur, y se opone a la
hiperflexión de la articulación de la rodilla. Cuando la rodilla está flexionada y sostiene el peso
corporal (p. ej., cuando caminamos cuesta abajo), el ligamento cruzado posterior es el principal
factor estabilizador del fémur.
Los meniscos de la articulación de la rodilla son placas («obleas») semilunares de
fibrocartílago que se sitúan sobre la cara articular de la tibia para aumentar su profundidad y
absorber impactos. Los meniscos son gruesos en sus bordes externos y su grosor disminuye
progresivamente hasta llegar a sus delgados bordes internos libres. Los meniscos, cuya sección
transversal tiene forma de cuña, se insertan firmemente por sus extremos en el área intercondílea
de la tibia.
Sus bordes externos se insertan en la cápsula articular de la rodilla. Los ligamentos coronarios
son porciones de la cápsula articular que se extienden entre los márgenes de los meniscos y la
mayor parte de la periferia de los cóndilos tibiales. Una delgada banda fibrosa denominada
ligamento transverso de la rodilla une los bordes anteriores de los meniscos cruzando el área
intercondílea anterior para mantenerlos sujetos entre sí durante los movimientos de la rodilla.
El menisco medial tiene forma de C y es más ancho posterior que anteriormente. Su extremo
(cuerno) anterior se inserta en el área intercondílea anterior de la tibia, anterior a la inserción del
ligamento cruzado anterior. Su extremo posterior se inserta en el área intercondílea posterior de
la tibia, anterior a la inserción del ligamento cruzado posterior. El menisco medial está
firmemente unido a la superficie profunda del ligamento colateral tibia. Debido a sus extensas
inserciones laterales en el área intercondílea tibial y mediales en el ligamento colateral tibial, su
movilidad sobre la meseta tibial es menor que la del menisco lateral.
El menisco lateral es casi circular, más pequeño y más móvil que el medial Proximalmente, el
tendón del poplíteo se divide en dos partes: una de ellas se inserta en el epicóndilo lateral del
fémur y pasa entre el menisco lateral y la parte inferior de la superficie epicondílea lateral del
fémur (cara medial del tendón) y del ligamento colateral fibular (cara lateral); la otra parte, más
medial, se inserta en el cuerno posterior del menisco lateral. Una resistente tira tendinosa
denominada ligamento meniscofemoral posterior une el menisco lateral al ligamento cruzado
posterior y al cóndilo medial del fémur.
MOVIMIENTOS
La flexión y la extensión son los principales movimientos de la rodilla; también hay un cierto
grado de rotación cuando se flexiona.
Cuando el miembro inferior está totalmente extendido y con el pie sobre el suelo, la rodilla se
«bloquea» pasivamente debido a la rotación medial de los cóndilos femorales sobre la meseta
tibial (como un tornillo que se aprieta hasta el fondo).
En esta posición, el miembro inferior se convierte en una columna sólida bien adaptada para el
transporte de peso. Cuando la rodilla está «bloqueada», los músculos del muslo y de la pierna
pueden relajarse brevemente sin que ésta se vuelva demasiado inestable. Para desbloquear la
rodilla, el poplíteo se contrae y rota el fémur lateralmente unos 5° sobre la meseta tibial, y así se
puede flexionar.
Movimientos de los meniscos. Aunque los ligamentos cruzados limitan el rodamiento de los
cóndilos femorales durante la flexión y la extensión (lo convierten en un giro), sí tiene lugar un
cierto grado de rodamiento en tanto que el punto de contacto entre el fémur y la tibia se desplaza
posteriormente con la flexión y vuelve anteriormente con la extensión. Además, durante la
rotación de la rodilla, un cóndilo femoral se desplaza anteriormente sobre el cóndilo tibial
correspondiente mientras que el otro cóndilo femoral lo hace posteriormente (se produce una
rotación alrededor de los ligamentos cruzados). Los meniscos deben ser capaces de migrar sobre
la meseta tibial cuando cambian los puntos de contacto entre el fémur y la tibia.
IRRIGACIÓN
La articulación de la rodilla está irrigada por 10 vasos que forman la red arterial articular de la
rodilla, que se extiende alrededor de ésta: ramas para la rodilla (geniculares) de las arterias
femoral y poplítea, y ramas recurrentes anterior y posterior de las arterias recurrente tibial
anterior y circunfleja fibular. La rama media de la rodilla de la arteria poplítea perfora la
membrana fibrosa de la cápsula articular e irriga los ligamentos cruzados, la membrana sinovial
y los bordes periféricos de los meniscos.
INERVACIÓN
En concordancia con la ley de Hilton, los nervios que inervan los músculos que cruzan (actúan
sobre) la rodilla también inervan la articulación, en consecuencia, sus caras anterior, posterior y
lateral están inervadas por ramos articulares de los nervios femoral (los ramos de los vastos),
tibial y fibular común, respectivamente. Además, los nervios (cutáneos) obturador y safeno
aportan ramos articulares para su cara medial.
BOLSAS ALREDEDOR DE LA ARTICULACIÓN DE LA RODILLA
Existen por lo menos 12 bolsas alrededor de la articulación de la Rodilla, ya que la mayoría de
los tendones siguen un trayecto paralelo a los huesos y ejercen una tracción longitudinal a través
de la articulación durante los movimientos de ésta.
Las bolsas subcutáneas prerrotuliana e infrarrotuliana se localizan en la superficie convexa
de la articulación y permiten que la piel se desplace libremente durante los movimientos de la
rodilla.
Cuatro bolsas se comunican con la cavidad sinovial de la articulación de la rodilla: la bolsa
suprarrotuliana (en profundidad respecto a la porción distal del cuádriceps), la bolsa del músculo
poplíteo, la bolsa anserina (en profundidad respecto a las inserciones distales de los tendones de
los músculos sartorio, grácil y semitendinoso) y la bolsa subtendinosa del músculo gastrocnemio.
La gran bolsa suprarrotuliana es especialmente importante porque una infección que la afecte
se puede propagar a la cavidad articular de la rodilla. Aunque se desarrolla separadamente de la
articulación de la rodilla, esta bolsa se continúa con ella.
Examen Físico de la Rodilla.
La rodilla es la articulación entre el fémur, la tibia y la rótula.
Puntos anatómicos de referencia:
· Tuberosidad tibial: prominencia ósea en cara anterior de la tibia en la que se inserta el
tendón rotuliano
· Cóndilo medial y cóndilo lateral: prominencias óseas de la tibia, que se palpan a ambos
lados de la rodilla
· Cabeza del peroné: hacia fuera y abajo del cóndilo lateral de la tibia
· Epicóndilo medial y lateral: en tercio distal del fémur, a ambos lados
La estabilidad lateral de la rodilla está dada por un ligamento colateral lateral y otro medial. La
estabilidad anteroposterior está dada por dos ligamentos cruzados.
Los meniscos medial y lateral se ubican en los platos tibiales y amortiguan la tibia contra el
fémur. Por delante de la rótula y del tendón rotuliano existen unas bursas (bursa
prerotuliana e infrarotuliana superficial).
Examen de rodilla
Inspección: evaluar aumento de volumen de las rodillas y asimetría. Evaluar estado del
cuadríceps (la atrofia hace sospechar patología crónica de la rodilla). Observar alineación de la
extremidad inferior. Las piernas arqueadas que forman un ángulo en la rodilla, como los
vaqueros, constituyen un genu varo; si el ángulo es en sentido contrario, o sea, las rodillas se
tocan y las piernas se separan, se llama genu valgo.
Palpación: buscar derrame articular y puntos dolorosos (tendinitis y bursitis)
Signos para sospechar presencia de derrame articular:
· Signo del témpano: con ambos dedos índices comprimir la rótula hacia la articulación
femorotibial y sentir si hay rebote, como si la rótula estuviera "flotando"
· Signo de la ola: con el dorso de la mano se comprime el fondo de saco de un lado de la
rodilla, y se observa abombamiento contralateral.
Movimientos
Paciente en decúbito supino:
1. Evaluar rangos de movimiento normales:
· Flexión: 135°
· Extensión: normal 0°. Hiperextensión hasta —10°
2. Al evaluar rangos de movimientos, buscar presencia de crujidos articulares (que pueden ser
audibles o palparse), y serían manifestación de una artrosis.
3. Evaluar estabilidad de la rodilla:
· signo del bostezo: indica daño de alguno de los ligamentos colaterales. Se busca
poniendo una mano apoyada en un lado la rodilla y la otra mano sobre el lado
contrario del tobillo, de modo de poder ejercer fuerzas que tiendan a angular la
rodilla; luego se cambia la posición de las manos para ejercer las fuerzas en la
dirección opuesta.
· signo del cajón: indica ruptura de ligamentos cruzados. La pierna debe estar
angulada en 90º y el pie apoyado sobre la camilla; tomar la pierna por debajo de
la rodilla con las dos manos y ejercer fuerzas hacia adelante y hacia atrás viendo
si la rodilla está estable o se produce un desplazamiento anormal.
Bibliografía.
1) Moore, K.L. Anatomía con Orientación Clínica, Ed. Médica Panamericana-Sans Tache-
Williams et Wilkins, Buenos Aires, 7ª Edición, 2013.
2) Pontificia Universidad Católica de Chile. (2004). Manual de Semiologia. 27 de septiembre
2015, de Pontificia Universidad Catolica de Chile Sitio web:
[Link]