TEMA 1.
CONCEPTO Y TEORÍAS DE LA VEJEZ
Y EL ENVEJECIMIENTO
La gerontología es la ciencia que se ocupa del mayor, en definitiva del individuo envejecido,
de la vejez y del proceso de envejecimiento. Etimológicamente la palabra “viejo” procede del
latín “veclus”, “vetulusm” que significa “personas de mucha edad”. Son muchas las ramas
del saber que se ocupan de los mayores, así tenemos la geriatría como especialidad médica
dedicada al estudio de las enfermedades de las personas mayores, la sociogerontología que se
ocupa del fenómeno del envejecimiento como fenómeno social, la psicogerontología siendo
la rama que se encarga de los cambios en experiencias y sentimientos relacionados con el
proceso de envejecer o la gerontagogía disciplina que se ocupa de la formación y procesos de
educación en las personas adultas.
Pero ¿Qué es una persona de mucha edad? ¿Cuándo una persona es calificada como vieja?
¿En todas las sociedades se define la vejez de la misma manera? ¿Es la edad lo que delimita
ser viejo o son otras características? ¿Hay homogeneidad en los grupos divididos por sus
edades o son heterogéneas? ¿Es la vejez una etapa biológica o sin embargo es más una
categoría social? Existe un intenso debate sobre la definición de este concepto y sobre las
valoraciones y concepciones que lo rodean. Algunos definen la vejez según criterios
cronológicos dentro de la estratificación jerárquica por edades, otros según criterios
funcionales y otros consideran a la vejez una etapa más del ciclo vital.
Aunque en el diccionario de la Real Academia Española (2001, p. 2299) se define la palabra
viejo como “la persona que cumplió 70 años”, sin embargo, el límite de edad en el ser
humano para el comienzo de la vejez varía enormemente de un país a otro, dependiendo de la
esperanza de vida, tan variante de una sociedad a otra. La edad de una persona no es un
indicador suficiente para delimitar su estado de salud o funcional, ni su rendimiento
intelectual. Si ser viejo o no, depende de la sociedad en la que vives, se acepta que la vejez es
no sólo un proceso biológico sino una definición que depende además de un pacto social
distinto en cada cultura, en cada sociedad, es decir, la edad en la que comienza la vejez no es
algo que esté delimitado, ni biológica ni psicológicamente, sino que se trata de una
convención social aceptada por las distintas culturas. De hecho, la variedad en las
concepciones y definiciones de vejez viene dada por la multiplicidad y complejidad de los
cambios que están comprometidos, y porque los cambios son de naturaleza tanto biológica,
como psicológica y social, de forma que ninguna disciplina, por separado, puede dar cuenta
de ellos en su totalidad (Fernández Ballesteros: 2000).
Adentrándonos en los distintos conceptos:
Para la OMS la vejez corresponde a la última fase del ciclo vital de una persona que está
determinada por factores de género, culturales, económicos, sociales viniendo a ser la fase
final del envejecimiento culminando en la muerte.
También para este organismo, OMS, el envejecimiento es un proceso natural del ser humano
y fisiológico que comienza en la concepción y ocasiona cambios característicos de la especie
durante todo el ciclo de la vida. Durante este proceso se producen una serie de cambios
celulares que conllevan una merma de las capacidades físicas, mentales y sociales de la
persona. En los últimos años de la vida estos cambios producen limitaciones de adaptabilidad
del organismo en relación a su medio. Los ritmos a los que esos cambios se producen en los
diversos órganos de un mismo individuo o en los distintos individuos no son iguales.
Mientras que la longevidad hace referencia a la duración de la vida de una persona, significa
larga vida y no sólo vivir muchos años sino vivir con buena calidad de vida (buena salud,
autonomía, etc.).
La gerontología es una ciencia forzosamente multidisciplinar e interdisciplinar que necesita
de la biología, la psicología y la sociología; que extrae contenidos teóricos, empíricos y
metodológicos de estas disciplinas contribuyendo con sus visiones propias, diferentes y
complementarias de este objeto de estudio común haciendo posible un todo integrado que es
la gerontología. La investigación sistemática de los procesos del envejecimiento desde esta
diversidad de ramas del conocimiento implicadas, no comienza hasta mediados del siglo
pasado, con los primeros congresos sobre el tema. En 1945 se funda en Estados Unidos la
Gerontological Society y en el año 1950 se crea en Lieja la International Association of
Gerontology. La gerontología fue acuñada por un biólogo y sociólogo ruso llamado Michel
Elie Metchnikoff.
De esta manera los problemas de los mayores deben ser abordados de forma integral teniendo
en cuenta las características médicas, psicológicas y sociales del individuo aunque el caso
sea, por ejemplo, aparentemente médico, el gerontólogo, el trabajador de los servicios
sociales, el psicólogo, el trabajador del ámbito sanitario deben atender a las cuestiones no
sólo médicas del individuo sino también las psicológicas y las sociales como única manera de
hacer un eficaz y real abordaje de los problemas de las personas mayores.
De todo ello necesitaremos para abordar distintas realidades, como por ejemplo el abuso y los
malos tratos en las personas mayores donde se hace especialmente necesario este abordaje
integral.
Continúo con la transcripción completa del documento:
Algunas de las disciplinas que abordan la realidad del envejecimiento y de la longevidad y
son como principales y siguiendo a la Real Academia de Medicina de España:
● Geriatría: rama de la medicina que se ocupa de promover la salud de las personas
mayores y de la investigación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de las
enfermedades en las personas mayores.
● Gerontología: disciplina que se ocupa de estudiar el proceso de envejecer y de sus
consecuencias biológicas, psicológicas, sociales, etc.
A medida que se ha ido evolucionando respecto a la investigación del envejecimiento y
longevidad desde las distintas ciencias y disciplinas se ha ido aportando conocimiento al
respecto, términos y teorías que han ido evolucionando y que se encuentran en evolución
adaptando las distintas teorías a los conocimientos y aprendizajes adquiridos en las últimas
décadas. Siguiendo a distintos autores, en relación a las ramas de conocimiento, también se
destacan la:
● Psicogerontología: rama de la psicología que aborda el estudio del comportamiento
del ser humano durante su proceso de envejecimiento con la finalidad de promover el
bienestar de la persona mayor, sus cuidadores, familiares y profesionales.
● Sociogerontología o gerontología social: la rama científica que se encarga de
estudiar la interrelación de la persona mayor con su entorno.
● Andragogía: se encarga del estudio de métodos y técnicas en la educación de las
personas adultas y mayores.
● Gerontagogía: disciplina de las Ciencias de la Educación que se ocupa de la
formación de las personas adultas y mayores, cuyo objeto es el estudio de la persona
mayor en procesos de enseñanza y aprendizaje.
1. Vejez cronológica, funcional y vejez como etapa vital
En nuestra sociedad la vejez es considerada una etapa de la vida, una categoría
biológicamente distinta que además se le atañen otras características sociales que al resto de
individuos. De hecho, ser mayor, viejo, separa socialmente a los individuos considerados
dentro de esta etapa en mayor grado que otros atributos y características sociales o biológicas.
Existen tres grandes enfoques sobre la vejez en nuestra sociedad:
1. El enfoque que asocia la vejez a un tramo rígido de edad, que en nuestra sociedad
son los 65 años que delimita la edad de jubilación, es decir, el paso de ser un
individuo productivo a ser improductivo.
2. El enfoque funcional que asocia la vejez a una etapa de pérdida de funciones, de
decadencia, etc.
3. El enfoque más positivo que considera la vejez como una etapa más dentro del ciclo
vital de la persona.
Por otro lado, algunos autores hablan de las edades de la vejez:
● Edad cronológica: establecida por el calendario biológico, expresada en años.
● Edad biológica: definida por la evolución biológica del organismo.
● Edad psíquica: establecida por los cambios y efectos psíquicos que produce el
envejecer en el individuo.
● Edad social: definida por el rol que desempeña la persona mayor en su entorno
social.
Nosotros nos centraremos en los tres grandes enfoques que reflejan además las bases sobre
las que se asientan los valores sociales, los estereotipos y falacias extendidas sobre el
envejecimiento y la vejez. Conocer y reflexionar sobre estos enfoques es necesario para
atender a nuestras propias ideas socialmente adquiridas sobre el envejecimiento y la vejez
con el objetivo de desenterrar y desechar nuestros propios prejuicios y mitos aprendidos
como única manera de poder atender eficazmente a este colectivo desde las distintas
funciones profesionales que tengamos.
• La vejez cronológica viene definida en nuestra sociedad por el hecho de haber cumplido
los 65 años de edad, que acarrea la edad de jubilación (aunque esta edad se traslada ya a los
67). La vejez cronológica sirve para indicar la línea que marca un antes y un después crucial
en la vida del individuo, la rígida retirada de la denominada vida económicamente activa por
la idea de que al llegar a dicha edad, asociada a unas características biológicas de pérdida de
atributos, el individuo no puede continuar con su vida productiva.
En una sociedad que valora por encima de todo el trabajo, la productividad y la actividad
social y económica, la llegada a la vejez cronológica asociada a la pérdida de las funciones
productivas supone una pérdida de prestigio social, una pérdida de estatus y una separación
rígida y artificial del resto de individuos de la sociedad que además está cargada de
estereotipos sociales que van desde atributos sociales, de la personalidad, de carga económica
para el resto de la sociedad, etc.
Estudiar el envejecimiento implica analizar los cambios que se producen en las personas a
medida que aumenta su edad, pero son los cambios, y no la edad, los que definen las
condiciones en las que se produce el fenómeno. Sólo es posible alcanzar un conocimiento útil
sobre la realidad de una persona atendiendo a las experiencias por las que ha pasado y la
situación en la que se encuentra en el momento de conocerla, más que teniendo en cuenta la
cronología de su biografía principalmente.
• El enfoque funcional es el que asocia a la vejez a una pérdida de independencia y
autonomía, a la pérdida de las funciones y a la aparición de limitaciones físicas y psíquicas
asociadas a la edad. Esta concepción es doblemente errónea no sólo porque considera que el
envejecimiento acarrea necesariamente una pérdida de las funciones vitales, de limitaciones y
dependencia (falacia extendida y cuya realidad es que cada vez es mayor el número de
personas que alcanzan edades avanzadas con independencia y autonomía donde los casos de
dependencia absoluta son minoritarios), además esta concepción niega la evidente
heterogeneidad de este grupo de edad donde cada individuo según sus hábitos, su trayectoria
de vida, sus componentes genéticos, etc., tiene características particularmente distintas que no
son reflejadas solamente por la edad.
La idea de que la vejez lleva necesariamente a una pérdida de funciones es una falacia social
más que una realidad. Hay que tener muy claro la heterogeneidad del colectivo, ser
conscientes de que cada persona ha tenido una trayectoria de vida distinta que va a ser
esencial en su llegada a la vejez, como su infancia fue esencial para su vida adulta, etc. Los
cuerpos cambian y envejecen desde que nacemos y la vida se adapta a esos cambios y no por
ello nos transformamos en incapaces, inútiles, disfuncionales, etc. Es necesario trabajar para
desechar la idea extendida de que el mayor es funcionalmente limitado.
• El enfoque más moderno, el de la vejez como etapa del ciclo vital, pretende, ante los
otros enfoques, dar una visión más equilibrada, positiva y justa de la vejez, y se inserta en las
teorías y prácticas de la moderna psicología del desarrollo humano, de la sociología de lo
posible, de la educación social y del trabajo social integrador que destacan el conjunto de
experiencias individuales vividas por cada persona insertadas en el conjunto social
compuesto por la aportación de cada sujeto (Millán Calenti: 2006).
Este enfoque reconoce que el paso del tiempo provoca efectos en las personas, que mediante
este transcurso de tiempo pasan por etapas distintas entre las que se encuentra la vejez.
Envejecemos desde que nacemos y existen limitaciones que se van agudizando con el paso
del tiempo, sobre todo en los últimos años de vida, y donde el individuo se adapta a dichas
limitaciones planteando alternativas estratégicas.
La vejez no es una patología, no es una enfermedad, simplemente es un proceso biológico
natural de todo ser vivo. El paso del tiempo aumenta la variabilidad interindividual, lo que
provoca que cada vez las personas son más distintas entre sí. A medida que las personas van
teniendo más años, intervienen con más fuerza variables sociodemográficas, experienciales y
las características de personalidad individuales que, interrelacionadas, hacen que cada
persona sea diferente de las otras de su misma edad, en función de su biografía personal. Así
las personas mayores son más distintas entre sí que los niños, que los jóvenes y que los
adultos y es necesario reconocer la individualidad, las circunstancias y la personalidad
distinta de cada individuo y no homogeneizar a las personas mayores mediante los
estereotipos y prejuicios sociales habitualmente usados que homogenizan a este colectivo tan
demostradamente heterogéneo.
Para este enfoque es necesario positivar el envejecimiento y la vejez, hacer balance entre el
crecimiento con sus ganancias y el declive con sus pérdidas que es producto del paso del
tiempo, pero no por ello único de la etapa de la vejez, todo lo contrario, es propio de todas las
etapas del ciclo vital.
Existen funciones que declinan con la edad, pero hay otras muchas que no declinan y el
declive puede compensarse mediante entrenamientos o manipulaciones externas que pueden
hacer diferenciar tres formas de envejecer: envejecimiento normal, patológico o con éxito
según nuestra actitud para seleccionar, optimizar y compensar ante las pérdidas. En la
selección, los sujetos eligen objetivos y las estrategias para alcanzarlos en función de los
recursos que disponen.
La optimización supone minimizar las pérdidas y maximizar las ganancias conseguidas. El
organismo responde a las pérdidas adquiriendo nuevas estrategias que le permiten seguir
alcanzando metas, ya que existe una capacidad de reserva de aprendizaje a lo largo de toda la
vida, independientemente de los años que se tengan. Entre los elementos que se consideran
relevantes para la tarea de optimización están el conocimiento cultural, la práctica y el
esfuerzo (Baltes y Baltes, 1990; en Fernández-Ballesteros, 2000).
Por su lado, el mecanismo de compensación implica contrarrestar las pérdidas por medio de
las capacidades que no han experimentado un decremento, así como a la posibilidad de
reparar el declive mediante entrenamientos concretos.
Asumir las transformaciones que sufre el cuerpo por el envejecimiento como un devenir más
de la evolución de nuestro cuerpo, que no supone un atasco, sino un devenir de nuevas
formas de vivir. A cada etapa nuevas formas de adaptación a dichas etapas, nuevas formas de
utilización del cuerpo.
Para llevar una vejez plena, feliz y positiva es imprescindible asumir los cambios de manera
efectiva, buscar medios para sobrellevar los cambios, revalorizando el cuerpo. Sin embargo,
la negación del envejecimiento, la visión negativa sólo lleva a negar el propio cuerpo, a
inutilizarlo, a llevar conductas sedentarias centradas en las pérdidas y no en las ganancias de
los años transcurridos, todo ello lleva irremediablemente a una profecía autocumplida. Si
envejeces teniendo una visión negativa y patológica de la vejez lo más probable es que vivas
tu vejez de esa misma manera, por eso es tan importante el enfoque que tengamos de este
proceso inevitable.
2. Envejecimiento biológico, psicológico y sociológico
El envejecimiento, como proceso biológico, constituye un fenómeno natural, pero también,
representa una construcción social marcada por límites cronológicos y circunstanciales que
dotan de sentido a los distintos momentos de cada trayectoria vital, por lo que debemos
atender a ambas condiciones (biológica y social) además de la psicológica como mediadora
entre ambas fruto de la biología y de lo social.
2.1. Envejecimiento biológico
La biogerontología mide las modificaciones que sufren los seres vivos con el paso del tiempo
con el fin de definir, estudiar y explicar las causas que condicionan el hecho ineludible de
envejecer. El envejecimiento biológico es un fenómeno universal de todos los seres vivos que
se divide en tres etapas esenciales: crecimiento y desarrollo, madurez, e involución y declive;
sin embargo, cada especie envejece de distinta manera y cada ser envejece al mismo tiempo,
de una manera única, aunque existen características comunes que son definitorias
biológicamente de este proceso como el declive fisiológico y la mayor frecuencia de
enfermedades.
Si bien existen ciertas características del envejecimiento que afectan a todo ser vivo, cada
organismo tiene sus peculiaridades dadas por los distintos factores que inciden sobre él. El
envejecimiento es normalmente progresivo y decreciente iniciándose en el momento en el
que el individuo ha alcanzado la máxima capacidad dentro del medio, incluyendo en ésta la
capacidad reproductiva que es alrededor de los treinta años en los seres humanos.
Sin embargo, el envejecimiento afecta de manera distinta a cada individuo según factores
endógenos que no podemos evitar e influir sobre ellos como son la edad, el sexo, la raza, la
genética, etc.; y según factores exógenos producto del ambiente que sí podemos influir
mediante acciones preventivas que tienen como fin asegurar una mayor esperanza de vida y
una mejor calidad de vida de esos años ganados, es decir, no sólo ganarle años a la vida sino
ganarles también vida a los años.
Diversos estudios han demostrado como factores exógenos como los hábitos de vida, la
alimentación, la actividad física y mental activa, etcétera; ejercen una influencia
importantísima sobre el envejecimiento de cada individuo no sólo alargando la vida sino
mejorando la calidad de vida de dichas personas durante esos años. Son precisamente, los
factores exógenos como las mejoras en la sanidad pública, los avances en la medicina, la
mejora de las condiciones de higiene y la difusión de hábitos de vida saludables, entre otros,
los que han provocado el aumento de la esperanza de vida al nacer.
Así, la cantidad de arrugas no define en absoluto las capacidades reales de las personas, sino
los factores endógenos y los factores exógenos en los que podemos incidir y paliar los
déficits de los factores endógenos inevitables, mediante unos buenos hábitos de vida a lo
largo de todo el ciclo vital.
Sin embargo, en nuestra sociedad la importancia de los signos externos del envejecimiento
hace que incapacitemos y carguemos de juicios de valor a las personas que manifiestan
señales de envejecimiento ignorando las capacidades reales de dichas personas. De hecho, un
dato curioso es que la piel es el órgano que más precozmente manifiesta signos de
envejecimiento y el cerebro el que más tarde lo hace. A pesar de ello, es habitual asociar las
arrugas, canas y demás signos externos del envejecimiento a las incapacidades físicas y
mentales de los individuos que las lucen.
Las condiciones en las que llegamos y vivimos la vejez es el resultado de cómo hemos vivido
las etapas anteriores de la vida, es decir, de nuestros hábitos de vida anteriores; por lo que,
tomar conciencia, lo antes posible, de la importancia de acciones preventivas que nos lleven a
hábitos de vida saludables, durante todo el ciclo vital, será esencial para incidir en un
aumento de la esperanza de vida y en las condiciones en las que llegaremos y viviremos
nuestra vejez.
Las acciones preventivas, los hábitos de vida saludables como la actividad física y mental,
una buena alimentación, la eliminación de los hábitos tóxicos como el tabaco, alcohol y otras
drogas, entre otros, no nos servirán si las aplicamos cuando llegamos a la vejez, sólo sirven si
las aplicamos durante todo el ciclo vital.
2.2. Envejecimiento psicológico
La psicología del envejecimiento es la encargada de estudiar los cambios que se producen en
el funcionamiento psicológico con el paso del tiempo, analizando las conductas y procesos
mentales de las personas envejecidas e interviniendo para mejorar la adaptación y la calidad
de vida de la persona que envejece.
Si en el envejecimiento biológico existen tres etapas bien diferenciadas -crecimiento,
estabilidad y declive-, en el envejecimiento psicológico coexisten algunas condiciones que se
ajustan, más o menos, a este patrón biológico. Pero otros muchos aspectos se incrementan a
lo largo de todo el ciclo de la vida y otros que después de la etapa de desarrollo se mantienen
constantes, debido en gran parte a que no sólo somos seres biológicos, sino también
socioculturales. Además, es importante no olvidar que el envejecimiento cognitivo se
caracteriza por una gran variabilidad individual, por lo que no es un fenómeno homogéneo,
donde la trayectoria de cada individuo va a influir enormemente creando una gran
heterogeneidad entre los individuos.
Es necesario distinguir siempre entre declive y deterioro, por el uso habitualmente incorrecto
de estos términos. El declive es el decremento que experimenta una determinada función
psicológica en la mayor parte de seres humanos, es decir, dentro de la normalidad estadística
generalizada; mientras que deterioro es todo lo contrario, es cuando el decremento se desvía
de lo normal producto de patologías biológicas (Fernández-Ballesteros: 2000).
Volviendo al envejecimiento psicológico, existen numerosos estudios en este campo que han
observado los cambios que se producen en relación al envejecimiento y donde se ha podido
concluir que:
Respecto a la inteligencia: Se aprecia una disminución de la inteligencia fluida, es decir, una
disminución en la capacidad de resolver problemas nuevos. Por otro lado, la inteligencia
cristalizada, es decir, la acumulación de experiencias y conocimientos del individuo durante
toda la vida, permanece estable e incluso puede aumentar en la edad avanzada.
Numerosos autores han señalado como la disminución de inteligencia fluida puede estar
influenciada por la menor velocidad de procesamiento de información de los mayores
respecto a los jóvenes, que son la base de los test que miden dicha inteligencia. Además, este
tipo de destrezas no suelen practicarse por la mayoría de las personas mayores, así que, con
una estimulación adecuada estas habilidades mejorarían.
Memoria: La memoria es la función cognitiva superior más estudiada en el ámbito del
envejecimiento y uno de los temas que más preocupan a las personas mayores. Si bien es
cierto que la memoria se va deteriorando con el envejecimiento en determinados aspectos,
como han demostrado diversas investigaciones en este terreno, también se ha demostrado
cómo otras variables personales y ambientales afectan más que la edad. Además, el deterioro
que se produce no es tan grande como generalmente se cree, ni universal y mucho menos
irremediable, donde las actividades en el terreno de la prevención mediante la estimulación
cognitiva tienen un papel fundamental.
El trabajo de la memoria es también un objeto de la gerontología social, no sólo de la
psicogeriatría. En cuanto a los factores ambientales y sociales, como la jubilación y, por lo
tanto, la disminución de estimulación cognitiva por menos exigencia del medio en su vida
cotidiana, pueden ser factores influyentes. Factores sociales también, cómo son las creencias
y estereotipos sobre envejecimiento y vejez, pueden afectar además a la percepción de la
persona sobre el funcionamiento de su memoria, al nivel de exigencia, etc.
La memoria no es una función aislada e independiente, sino que en ella intervienen diversos
factores como son la atención, la motivación, factores emocionales, ambientales, etc.
Además, la memoria, según el modelo estructural, está dividida en:
● Memoria sensorial o inmediata: En esta fase, el input de información se registra
durante unos segundos antes de almacenarse y pasar a la memoria de corto plazo. No
parece haber apenas déficit asociados a la edad, donde los posibles déficits son
debidos a un aumento del tiempo necesario para transferir información y a la
influencia de las deficiencias visuales (Millán Calenti: 2006).
● Memoria a corto plazo (MCP) o primaria: También conocida como memoria de
trabajo. Se ve como, en cuanto las tareas exigen mayor atención, flexibilidad mental y
procesos de reorganización del material, los mayores responden peor que los jóvenes
(Blanco y Meléndez: 2006).
● Memoria a largo plazo (MLP) o secundaria: Considerada un almacén de capacidad
ilimitada donde se sitúan nuestros recuerdos. Los déficits se deben a distintos factores
como fallos de codificación de la información que se está aprendiendo, problemas
para mantener almacenada la información que se codifica o un déficit de los procesos
de interacción entre la codificación y recuperación de dicha información.
Es necesario resaltar el papel esencial de la atención para el proceso de codificación para que
produzca una huella amnésica que perdure durante más tiempo (Blanco y Meléndez: 2006).
Cuando la tarea exige un procesamiento más elevado, los mayores cometen más errores que
los jóvenes, lo que muestra cómo los déficits de memoria son debidos a fallos en el proceso
de almacenamiento.
● Personalidad: La personalidad se define como las características y maneras de
comportarse individuales que, en su organización o pauta, explican los ajustes
específicos de un individuo a su ambiente total (Hilgard, Atkinson y Atkinson: 1979).
No existe consenso respecto a cómo afecta el envejecimiento a la personalidad.
Existen diversas teorías, pero aún ninguna se ha posicionado como dominante.
Mientras unos afirman que la personalidad se forma durante la adolescencia y
permanece estable durante toda la vida, otros defienden que el desarrollo de la
personalidad es discontinuo y no existe estabilidad.
● Lenguaje: Con el envejecimiento, el lenguaje se hace más rico y aumenta el
vocabulario.
● Percepción: Disminuye, pero más levemente de lo que se cree.
● Tiempo de reacción: Disminuye. Las personas jóvenes reaccionan más rápidamente
que las mayores.
● Velocidad de procesamiento de información: Con la edad, se hace más lenta, lo que
influye en los resultados de los test de inteligencia que miden la inteligencia fluida. La
rapidez es un factor importante en este tipo de test, por lo que los mayores están en
desventaja respecto a los jóvenes.
Envejecimiento Psicológico
2.3. Envejecimiento sociológico
La sociología de la vejez o sociología gerontológica se encarga de estudiar, por un lado, los
aspectos demográficos, poblacionales, políticos y económicos relacionados con el
envejecimiento poblacional y, por otro, las condiciones sociales y culturales que envuelven al
hecho de envejecer en nuestra sociedad, los cuales obedecen, a su vez, a la organización
familiar, la estructura económica, demográfica y política, y a los sistemas de creencias y
valores compartidos.
Es indiscutible que los contextos sociales donde se desarrolla el envejecimiento de una
persona influencian de forma importantísima el marco biológico y psicológico. Por ello, el
estudio de los aspectos sociales del envejecimiento, si bien es propio de la sociología, es
campo en el que se adentran biólogos y psicólogos, especialmente en gerontología. Eso es
muestra del convencimiento de la importante influencia que ejercen los estereotipos, mitos y
aspectos sociológicos en general sobre nuestro envejecimiento.
En nuestra sociedad, el envejecer está cargado de connotaciones sociales, económicas,
simbólicas y culturales que determinan el envejecimiento y la vejez de los individuos que
componen dicha sociedad, y que son estudiados por la sociología gerontológica como ciencia
del estudio de una realidad social cada vez más compleja. Para la teoría sociológica, ser viejo
no es más que ser reconocido como tal por la sociedad o el grupo del que se forma parte, es
decir, el viejo no es más que aquel que en la sociedad de la que forma parte así lo considera.
En un estudio realizado en España (Santamarina, López de Miguel, López y Mendiguren,
2002) se indaga sobre las características que definían la vejez para un grupo representativo de
personas del país, y se encontró que el 77% de los participantes de la investigación
consideraban la edad como el aspecto definitorio de la vejez, mientras que el 23% restante se
refirió a otros elementos, como la salud, el estar jubilado, la forma de ser, la capacidad
intelectual o el aspecto físico.
En nuestro país, es habitual considerar que los 65 años es un indicador de la vejez adecuada,
puesto que esta edad se ha asociado tradicionalmente al momento en la que las personas
dejan su actividad laboral pasando a formar parte de la categoría de jubilados.
Así, en nuestra sociedad la vejez viene determinada por la edad cronológica fruto de la
sociedad industrializada, técnicamente muy avanzada y de predominio urbano, que valora por
encima de todo la producción y el consumo, y que ha inventado la frontera de los 65 años.
Esta frontera divide entre productivos e improductivos, sin importar las capacidades,
cualidades y deseos de los individuos, sin tener en cuenta además las múltiples diferencias
entre el colectivo de mayores, decretadas por sexo, nivel educativo, ingresos, clase social,
entre otros, que hacen aún más heterogéneo al colectivo.
La sociedad crea una imagen uniforme, estereotipada sobre un colectivo enormemente
desigual. No todas las personas envejecemos al mismo ritmo ni de la misma manera. Dándole
importancia a las variaciones dadas por los distintos factores endógenos y exógenos, se
decreta este colectivo como uno de los más heterogéneos de todos los colectivos sociales. En
una sociedad donde el estatus y el prestigio viene asignado especialmente por el trabajo, el
jubilado, el "viejo decretado", no tiene asignado ninguna tarea específica, y por lo tanto, se
tiende a considerarlo como un elemento improductivo del grupo al que pertenece.
Los cambios asociados al envejecimiento en nuestra sociedad tienen que ver con el cambio de
rol que sufren los mayores individualmente y como grupo, un cambio brusco de rol que llega
con la jubilación, una pérdida de estatus que era dada previamente por sus funciones
productivas. La imagen social de la vejez está intrínsecamente ligada a su estatus social, o a
su falta de estatus.
Los mayores son un grupo social desprestigiado, privado de valor y estatus social, y dichas
circunstancias afectan indudablemente a cómo sobrellevan las personas dicho trámite. La
jubilación no significa exclusivamente la interrupción repentina de las actividades
profesionales que formaban la cotidianidad, sino que es también, la ruptura con el lazo social
y el entorno habitual. Ese proceso viene además cargado de connotaciones negativas
provenientes de los estereotipos sociales.
Este hito social de la vejez asociada al abandono de la vida productiva en las sociedades
occidentales es una construcción, además, profundamente androcéntrica. Pues
tradicionalmente sólo los hombres han trabajado y participado de forma visible en las formas
productivas de lo social, y tiene, por tanto, importantes consecuencias en las distintas formas
de envejecer de hombres y mujeres.
Hombres y mujeres envejecen de manera diferente y las experiencias vitales de los hombres
están muy relacionadas con la edad cronológica, tanto en la esfera familiar como laboral;
mientras que, aunque esta realidad está cambiándose en la generación actual, en las mujeres
la vida adulta implica una mayor variabilidad de roles no tan vinculados a la edad
cronológica. Las mujeres viven la trayectoria vital con otras características y etapas, les
afectan otros acontecimientos adicionales a la jubilación, como son: el "nido vacío", la precoz
aparición de deficiencias físicas o la mayor propensión a la viudez (Hernández Pedreño:
2000).
Por otro lado, la imagen de la vejez y el envejecimiento se caracteriza en nuestra sociedad por
una gerontofobia generalizada, producto del conflicto social con el envejecimiento, que carga
de estereotipos negativos a este proceso, el envejecimiento, y este estado, la vejez.
El edadismo o el ageism, es decir, la discriminación, la animadversión o desprecio hacia las
personas mayores, es un hecho social muy presente en nuestra sociedad, y es otro objeto de
estudio de la sociología de la vejez o sociología gerontológica. En cuanto a los valores
culturales, socialmente aprendidos sobre la vejez y el envejecimiento, influyen en la
organización social, en la estructura, en la distribución de los recursos, en el desarrollo de las
políticas y, además, afectan en la forma que las personas asumen y viven su propia vejez.
Todas estas orientaciones dan lugar a muchas teorías sobre el proceso de envejecer
desarrolladas por distintos autores, dando lugar a:
Teorías biológicas (deterioro por el uso y genética), como las de:
● Reloj biológico.
● Agotamiento del material genético.
● Radicales libres.
● Autoinmune.
● Colágeno.
● Antienvejecimiento.
Teorías sociológicas, como las teorías de:
● La actividad.
● La disociación (aislamiento, pérdida de funciones sociales, etc.).
● La continuidad.
● Conflicto.
Teorías psicológicas, como las que analizan el envejecimiento como:
● Declive de la persona.
● Adaptación al medio.
● Envejecimiento como parte del ciclo vital.
3. Del paradigma tradicional al del envejecimiento activo: prevenir dependencia
y promover autonomía
Hasta el momento, todas las teorías se han basado en un modelo y paradigma tradicional en el
que la vejez es considerada una etapa de carencias. Hoy por hoy, las políticas sociales
apuestan por prevenir y evitar las situaciones de dependencia promoviendo la autonomía. En
esto se sustenta el paradigma del envejecimiento activo.
“El envejecimiento activo” corresponde a un ámbito semántico que ha ido desarrollándose a
lo largo de los últimos 50 años, abarcando distintos términos prácticamente sinónimos:
envejecimiento con éxito, saludable, satisfactorio, óptimo, positivo, productivo. La mayor
parte de autores concuerdan en que, todos estos cruces verbales conforman un nuevo
paradigma o nueva consideración de la vejez no sólo como déficit y deterioro, sino, también
con posibilidades de desarrollo, optimización y compensación.
Se trata de un concepto multidimensional, multidisciplinar que abarca condiciones biológicas,
psicológicas y sociales y que cuenta con repercusiones individuales y poblacionales.
El término “envejecimiento activo” fue adoptado por la Organización Mundial de la Salud
(OMS) a finales de los años 90 con la intención de superar el concepto de “envejecimiento
saludable”, que se basaba en el fomento de la salud, para transmitir un mensaje más completo
que incluyese y trabajase con todos los factores que se entrecruzan en la manera de envejecer
de los individuos.
Lo importante y esencial de este cambio de paradigma es el papel que juegan los mayores en
los asuntos que les afectan y en la sociedad de la que forman parte, en definitiva, en su propia
vida. Se sustituyen las estrategias basadas en las necesidades de las personas que
contemplaban a los mayores como sujetos pasivos de asistencia, por una estrategia basada en
los derechos de las personas mayores de igualdad de oportunidades y trato, en todos los
aspectos de la vida, en todo el ciclo vital.
Así, la OMS define el envejecimiento activo como:“El proceso por el que se optimizan las
oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de
ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez.”
Como vemos, esta definición no sólo contempla el envejecimiento desde la atención sanitaria,
sino que incorpora todos los factores de las áreas social, económica y cultural que afectan al
envejecimiento de las personas en nuestra sociedad.
La OMS incorpora mediante este paradigma teórico-práctico una perspectiva integral de la
vejez que reconoce los derechos de las personas mayores e indica las 5 pautas necesarias para
potenciar este envejecimiento activo:
1. Tener una buena salud: Prevención y promoción de la salud.
2. Tener un buen funcionamiento físico: Mantener la actividad física y realizar ejercicio
físico. Los efectos beneficiosos del ejercicio regular hacen que constituya la acción
con mayor soporte de evidencia para promover el envejecimiento activo saludable. El
mero consejo ha demostrado no ser suficiente. Deberíamos ser capaces de controlar su
aplicación y cumplimiento, conocer las estrategias más efectivas y viables.
3. Tener un buen funcionamiento mental: Mantenimiento de la capacidad mental y de
aprendizaje.
4. Ser independiente y autónomo: Prevención específica de la discapacidad y la
dependencia.
5. Vinculación y participación social: Promover y mantener la actividad y la
participación social.
Como se puede observar, este no es un paradigma que afecte sólo a la vejez y el
envejecimiento, sino que incide en la sociedad en su conjunto. Se aplica no sólo a los
individuos, sino también a los grupos de población como única forma viable para que las
personas realicen su potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo el ciclo
vital, participando en la sociedad de acuerdo a sus necesidades, deseos y capacidades (sean
cuales sean).
El paradigma del envejecimiento activo abrió posibilidades de positivizar la visión negativa
del envejecimiento. En la última década sufre lucha interpretativa y reflexiva, que en el fondo
se basa en los intereses de aplicación de dicha visión. Esta forma de entender el
envejecimiento, que abarca casi las dos primeras décadas de este siglo, se evalúa y
evoluciona a otras formas de entender y vivir este proceso humano. Es por ello por lo que en
esta década del 2020 al 2030 el envejecimiento activo da paso al Envejecimiento Saludable
que abordaremos a continuación.
4. Del envejecimiento activo al paradigma del ENVEJECIMIENTO
SALUDABLE: cambiando miradas
A lo largo de los años, se ha venido desarrollando seguimientos a los acuerdos adoptados en
la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento dando como resultado distintos
informes desde la propia Asamblea General y la Secretaría General reconociendo realidades e
instando a los distintos países a seguir trabajando desde el marco del Plan de Acción
Internacional sobre el Envejecimiento y reclamando, además, a los países a impulsar en sus
territorios las distintas recomendaciones y medidas adoptadas desde la ONU.
En la 69ª Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra en mayo de 2016 se aprueba la
Estrategia y Plan de Acción Mundiales sobre el Envejecimiento y la Salud (2016-2020).
Dicha estrategia recoge las directrices que orientarán a los distintos gobiernos de los países
miembros y otras organizaciones nacionales e internacionales interesadas en el desarrollo de
sus políticas hacia la salud y el envejecimiento de las personas mayores en las próximas
décadas, tanto durante el periodo que abarca el Plan de Acción Mundial sobre el
Envejecimiento y la Salud, del 2016 al 2020, como en el período del Decenio del
Envejecimiento Saludable 2020-2030. El plan se elabora en base al Informe Mundial sobre el
Envejecimiento y la Salud del 2015.
Dicho informe supone un salto cualitativo en el paradigma conceptual sobre el
envejecimiento. En él se hace referencia al concepto de envejecimiento como
“envejecimiento saludable” siendo el nuevo modelo conceptual para los próximos lustros y
suponiendo un avance en el paradigma evolucionando del envejecimiento activo, adoptado a
principios de este siglo en la Segunda Asamblea Mundial sobre Envejecimiento en Madrid
del 2002 y basado en el informe: “Envejecimiento activo: un marco político”, al modelo de
envejecimiento saludable de nuestros días.
La OMS (2015) define el envejecimiento saludable como: "El proceso de fomentar y
mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez” (p. 43). En esta
definición hay que aterrizar lo que se entiende por capacidad funcional. Esta capacidad
funcional comprende la capacidad intrínseca de la persona (la combinación de todas las
capacidades físicas, mentales y psicosociales) y de los entornos en los que vive (en el más
amplio sentido, que incluye todos los espacios en los que se desarrolla y evoluciona la
persona). El envejecimiento saludable abarca toda la vida y su fomento incluye medidas a
cualquier edad.
La misión de la Estrategia y Plan de Acción Mundiales sobre el Envejecimiento y la Salud
(2016-2020) es que toda la ciudadanía pueda vivir una vida plena, prolongada, digna y
saludable con plena capacidad funcional y en igualdad de derechos y oportunidades para las
personas mayores. Dentro del plan se recogen objetivos estratégicos como:
● La creación de entornos adaptados a las personas mayores.
● La armonización de los sistemas de salud con las necesidades de las personas
mayores.
● El fomento de sistemas sostenibles y equitativos para ofrecer atención a largo plazo
(domiciliaria, comunitaria e institucional, etc.).
Esta revisión y evolución del envejecimiento activo al nuevo paradigma del envejecimiento
saludable responde a la realidad de que somos y seremos más longevos y es necesario llenar
de vida y de sentido los años. Durante esta década los organismos, agentes sociales,
profesionales y sociedad trabajarán conjuntamente para elaborar el nuevo plan de estrategia
internacional de la OMS para el envejecimiento.
Tal y como hemos comentado anteriormente, desde esta nueva visión el envejecimiento
saludable se define como: "El proceso de fomentar y mantener la capacidad funcional que
permite el bienestar en la longevidad” (OMS, 2015, p. 43).
En la capacidad funcional radica la aportación de este paradigma, entendiéndose por la
misma a los atributos de salud que permiten a una persona ser feliz y que depende de lo
intrínseco (capacidades físicas y mentales, etc.), del entorno en el que vive la persona mayor
(físico, social y político, etc.) y de la interacción entre ambas esferas.
Mientras que el envejecimiento activo enfatiza el envejecimiento como el proceso de
optimización de oportunidades como ya hemos visto, en el envejecimiento saludable se
centra el proceso de envejecer en el fomento y mantenimiento de la capacidad funcional de la
persona.
Década Envejecimiento Saludable
Por la necesidad de cambiar la mirada y fomentar las capacidades de las personas mayores, la
Década del Envejecimiento Saludable (2020-2030) se centrará en cuatro ámbitos de
actuación:
1. Cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar con respecto a la edad y el
envejecimiento.
2. Asegurar que las comunidades fomenten las capacidades de las personas mayores.
3. Ofrecer una atención integrada y centrada en las personas, y servicios de salud
primarios que respondan a las necesidades de las personas mayores.
4. Proporcionar acceso a la atención a largo plazo para las personas mayores que lo
necesiten.
Los principios rectores de la Década del Envejecimiento Saludable en todos los ámbitos de
actuación son: interconexión e indivisibilidad, carácter inclusivo, alianzas con múltiple partes
interesadas, universalidad, no dejar a nadie atrás, equidad, solidaridad intergeneracional,
compromiso, no hacer daño.
Principios Decenio Envejecimiento Saludable
Equidad Promueve que todos dispongan de oportunidades iguales y justas para
disfrutar de los factores determinantes y facilitadores de un
envejecimiento saludable, como la posición social y económica, la
edad, el sexo, el lugar de nacimiento o residencia, la condición de
inmigrante y el nivel de capacidad. En ocasiones, es posible que se
deba prestar una atención desigual a algunos grupos de población para
garantizar que los miembros menos favorecidos, más vulnerables o
marginados de la sociedad obtengan los mayores beneficios posibles.
Solidaridad Facilita la cohesión social y el intercambio interactivo entre
intergeneracional generaciones en pro de la salud y el bienestar de todas las personas.
Compromiso Impulsa un trabajo sostenido durante 10 años y a más largo plazo.
No hacer daño Compromete a los países a proteger el bienestar de todas las partes
interesadas y a minimizar cualquier daño previsible a otros grupos de
edad.
Interconexión e Todas las partes interesadas en la aplicación abordan los objetivos de
indivisibilidad desarrollo sostenible de forma conjunta, no como una lista de objetivos
entre los que se pueda elegir
Carácter Implica a todos los segmentos de la sociedad, con independencia de su
inclusivo edad, género, etnia, capacidad, ubicación y demás categorías sociales.
Alianzas con Se impulsan las alianzas entre múltiples partes interesadas para
múltiples partes compartir conocimientos, experiencia, tecnología y recursos.
interesadas
Universalidad Compromete a todos los países, con independencia de su nivel de
ingresos y desarrollo, a emprender una labor de amplio alcance en pro
del desarrollo sostenible, adaptada a cada contexto y población, en
función de las necesidades.
No dejar a nadie Se aplica a todas las personas, con independencia de quiénes sean y
atrás dónde se encuentren, y se centra en sus problemas y vulnerabilidades
específicos.
Todos los países miembros en el desarrollo de los ámbitos de actuación referidos deberán
trabajar para:
● Cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar con respecto a la edad y el
envejecimiento.
● Asegurar que las comunidades fomenten las capacidades de las personas mayores.
● Ofrecer una atención integrada y centrada en las personas, y servicios de salud
primarios que respondan a las necesidades de las personas mayores.
● Proporcionar acceso a la atención a largo plazo para las personas mayores que lo
necesiten.
● Escuchar diferentes opiniones y propiciar una participación significativa de las
personas mayores, los familiares, los cuidadores y las comunidades.
● Fortalecer el liderazgo y la capacidad de adoptar medidas apropiadas e integradas en
distintos sectores.
● Poner en contacto a distintas partes interesadas de todo el mundo para que compartan
sus experiencias y extraigan enseñanzas de ellas.
● Impulsar la obtención de datos, la investigación y la innovación para acelerar la
aplicación.