La Piedra Oscura
de Alberto Conejero
Adaptación por
Ezequiel Gil Delgado y Pau Luna
V.01
Prácticas actorales II
ESADV
Se ilumina ahora la habitación: una renqueante bombilla eléctrica y la última luz del día que
se cuela desde un ventanuco con rejas. SEBASTIÁN, con el fusil en el regazo, lucha por no
dormirse, hasta que los primeros movimientos de RAFAEL, en la camilla, le ponen alerta.
Algunos portazos y gritos que suenan cerca.
RAFAEL
¿Dónde estamos? (Trata de incorporarse. SEBASTIÁN se levanta y apunta.) ¿Quién eres?
(No hay respuesta. Poco a poco parece darse cuenta de la situación. Recorre con la mirada
la estancia, los pocos objetos: su uniforme en la otra silla, un lavabo, un espejo, apenas
nada.) ¿Por qué no contestas? (Silencio de SEBASTIÁN.) ¿Por qué no hablas?
(SEBASTIÁN no deja de apuntar, no responde.) ¿Cuánto tiempo ha pasado?
(Intenta levantarse.)
SEBASTIÁN
No te muevas.
RAFAEL
Entonces contesta, maldita sea, ¿dónde estamos?
SEBASTIAN
No grites. ¿Crees que estás en disposición de gritar?
RAFAEL
Contéstame entonces. ¿ Y los demás? (Silencio). Instrucciones.
SEBASTIÁN
¿Qué?
RAFAEL
Son las instrucciones. Que no hables con el prisionero.
SEBASTIÁN
Es el protocolo.
RAFAEL
¿Hay un protocolo?
SEBASTIÁN
Sí, hay un protocolo. Nosotros tenemos normas, regulaciones. Principios.
RAFAEL
¿Nosotros?
SEBASTIÁN
Principios. Nosotros sí tenemos principios.
RAFAEL
¿Cuántos años tienes? ¿Diecisiete?
SEBASTIÁN
No es de tu incumbencia. (RAFAEL ha podido incorporarse.)
No te muevas. No se te ocurra moverte de donde estás. Voy a dispararte. No dudaré en
dispararte. No seas idiota. Aunque pudieras salir de aquí, si yo me distrajese un solo
segundo y me arrebatases el fusil y me disparases, detrás de esa puerta está vigilando otro
como yo y después hay otra puerta y /
RAFAEL
También lo dice el protocolo.
SEBASTIÁN
(Pausa breve.) ¿Te crees muy gracioso?
RAFAEL
¿Y los demás?
SEBASTIÁN
¿Quiénes?
RAFAEL
¿Han muerto?
SEBASTIÁN
No lo sé.
RAFAEL
¿Dónde estamos?
SEBASTIÁN
No estoy autorizado. No insistas.
RAFAEL
Es el mar. Lo que suena fuera. (Pausa.) ¿Es el mar?
SEBASTIÁN
Sí
RAFAEL
No recuerdo haber /
SEBASTIÁN
Te trasladaron.
RAFAEL
Desde Bárcena.
SEBASTIÁN
Dijeron que Matamorosa.
RAFAEL
¿Para qué?
SEBASTIÁN
No te iban a dejar morir.
RAFAEL
¿Morir?
SEBASTIÁN
Así, desangrado. Ya te he dicho que tenemos principios.
Es suficiente.
RAFAEL
¿Por qué lo haces?
SEBASTIÁN
¿Qué hago?
RAFAEL
Romper el protocolo, hablar conmigo.
SEBASTIÁN
No estamos hablando. No exactamente.
RAFAEL
¿Entonces?
SEBASTIÁN
Si así vas a estar más tranquilo.
RAFAEL
¿Es un favor?
SEBASTIAN
Si estás calmado no tendremos problemas.
RAFAEL
¿Cómo te llamas? (Silencio.) Vamos, ¿qué importa? Invéntate un nombre.
SEBASTIÁN
No.
RAFAEL
¿No?
SEBASTIÁN
Un nombre es algo importante.
RAFAEL
Es solo un nombre.
SEBASTIÁN
Con un nombre puedes llamarme, podrías identificarme y /
RAFAEL
Pero tú sabes cómo me llamo.
SEBASTIÁN
No.
RAFAEL
Mientes.
SEBASTIÁN
¿Qué importa?
RAFAEL
Di entonces.
SEBASTIÁN
Tu nombre, ¿qué me importa?
Otro silencio. Se escuchan gritos.
RAFAEL
¿Hay otros? (Silencio.) ¿Qué hacemos aquí? (De nuevo los gritos.) ¿Para qué nos habéis
traído?
SEBASTIÁN
Es mejor que no preguntes. Mientras estemos tú y yo solos todo estará bien para ti.
RAFAEL
¿Bien para mí? ¿Cómo va a estar bien para mí?
SEBASTIÁN
Es mejor que no grites, ¿no lo entiendes? Sí que hay otros.
Otros que ya están hablando. Que están dando la información que necesitan. No tienen por
qué venir. No tienen por qué venir a buscarte si no gritas. El doctor dijo que no era tarde.
RAFAEL
¿Qué doctor?
SEBASTIÁN
Que habías perdido sangre, pero que podrías recuperar-te. Eso creí escucharles.
RAFAEL
¿Qué hacemos aquí?
Silencio.
RAFAEL
¿Hay agua?
SEBASTIÁN
No.
RAFAEL
Tengo sed.
SEBASTIÁN
El doctor no me dijo si /
RAFAEL
Tengo sed.
SEBASTIÁN
(Llena un vaso metálico y lo acerca con cuidado.) Toma.
RAFAEL
Gracias, muchacho.
SEBASTIÁN
No me llames muchacho.
RAFAEL
¿Eso te enfada?
RAFAEL
¿Y luego?
SEBASTIÁN
No sé.
RAFAEL
Mientes otra vez.
SEBASTIÁN
Me dijeron que estuviese atento, que no te quitase los ojos de encima y eso hago. No sé
más.
RAFAEL
Propaganda.
SEBASTIÁN
Cállate.
RAFAEL
¿Cuántos años tienes?
SEBASTIÁN
Ya te he dicho que no te importa. Es suficiente. Si pudiera no escucharte, si pudiera salir de
aquí y no tener que escucharte. Pero es mi deber. Es mi contribución.
RAFAEL
Y tú te has creído toda esa propaganda.
SEBASTIÁN
No sigas.
RAFAEL
Y ahora la repites.
SEBASTIÁN
No.
RAFAEL
Me la repites cuando sabes que nosotros estamos luchando por /
SEBASTIÁN
Cierra la boca.
RAFAEL
Todas esas patrañas sobre el gobierno /
SEBASTIÁN
Podría hacerlo.
RAFAEL
Y ahora vais a entregar España a los fascistas /
SEBASTIÁN
Ahora mismo. Podría disparar. Podría apuntarte a la frente y disparar.
RAFAEL
¿Por qué no lo haces?
SEBASTIÁN
No iban a pedirme explicaciones.
RAFAEL
Hazlo.
SEBASTIÁN
No sigas.
RAFAEL
Hazlo entonces.
SEBASTIÁN
Has perdido la cabeza.
RAFAEL
¡Hazlo de una maldita vez! ¡Dispara! (Intenta incorporarse.
Cae de la camilla.) ¡Socorro, por favor, que alguien me ayude!
SEBASTIÁN
No grites.
RAFAEL
¡Que alguien me saque de aquí!
SEBASTIÁN
¿Estás loco? Van a venir. Van a venir y entonces será peor para los dos.
RAFAEL en el suelo. Silencio. SEBASTIÁN comprueba el pasillo. Nadie. Duda. Se acerca.
Le ayuda a incorporarse. RAFAEL sangra. Se desvanece.
SEBASTIÁN
¡Ayuda! ¡Un doctor, por favor!
Mientras se hace el oscuro.
SEBASTIÁN pasea de un lado a otro de la habitación. Besa una pequeña cruz que lleva
colgada al cuello. Saca un cigarrillo y lo va a encender.
RAFAEL
No deberías.
SEBASTIÁN
(Aliviado.) Qué idiota.
Silencio. Se sienta.
RAFAEL
Es extraño.
Silencio.
SEBASTIÁN
Está bien. Tú ganas. ¿El qué es extraño?
RAFAEL
Te alegra que siga vivo.
SEBASTIÁN
(Mientras se enciende el cigarrillo.) Me alegra que no hayas muerto. Si ocurriera me
trasladarían a otra de las habitaciones o quizá fuera. Aquí estoy bien, aunque te gusta
demasiado hablar. (Pausa.) Le dije al doctor que te caíste mientras dormías. Que había
ocurrido así, de repente. No sé si me creyó porque al salir me preguntó si te habías
despertado en algún momento de la noche. Le dije que no.
RAFAEL
¿Por qué lo haces así?
SEBASTIÁN
¿Hacer qué?
RAFAEL
Coger el cigarrillo, de ese modo.
SEBASTIÁN
¿Qué tiene de extraño?
RAFAEL
No te enfades. Nunca vi a nadie poner así los dedos.
SEBASTIÁN
No fumaba antes de esto.
RAFAEL
¿Por qué entonces?
SEBASTIÁN
¿Me preguntas qué por qué he empezado a fumar?
¿Crees que /
RAFAEL
¿Por qué has mentido?
SEBASTIÁN
Para no complicarnos.
RAFAEL
¿complicarnos?
SEBASTIÁN
Sí, complicarnos. Para que no vengan y…
RAFAEL
Termina. He oído los gritos.
SEBASTIÁN
Entonces ya lo sabes.
RAFAEL
Esos son vuestros principios.
SEBASTIÁN
Es una guerra, joder.
RAFAEL
Sí, vuestra guerra.
SEBASTIÁN
Si no hubierais / (Se da cuenta de nuevo.) No voy a darte explicaciones. Ya es suficiente.
Voy a aclararte una cosa. No me gusta hablar. Nunca me ha gustado hablar ni la compañía
de los otros. No es solo el protocolo. No es solo que no nos convenga que alguien ahí fuera
pueda escucharnos. Ni a ti ni a mí. No nos conviene, ¿te enteras? Es que no me gusta
hablar. Sencillamente eso. Me pone nervioso mantener una conversación. Soy un hombre
reservado. Piensa lo que quieras, pero es así. ¿Por qué ríes?
RAFAEL
¿Un hombre reservado? ¿Cuántos años tienes, muchacho?
Hablas como si fueras un viejo.
SEBASTIÁN
Ya está bien. He cumplido veinte años, ¿te enteras? ¿Te parecen suficientes para que me
haya quedado huérfano? ¿Que tengo los años suficientes para apretar el gatillo y volarte la
tapa de los sesos?
Silencio.
SEBASTIÁN
Joder, mira lo que has hecho. (Enciende otro cigarrillo.
Pausa.) ¿Quieres?
RAFAEL
¿Rubio?
SEBASTIÁN
Rubio.
RAFAEL
Gracias.
SEBASTIÁN
Espera.
Se asoma a la puerta. Parece comprobar que no hay nadie cerca. Le acerca el cigarro. Le
da una calada. Su turno. RAFAEL le coge por la muñeca.
SEBASTIÁN
¿Qué haces?
RAFAEL
¿Está Paulino?
SEBASTIÁN
Suéltame. Suéltame te digo. ¿Quién es Paulino?
RAFAEL
Mi oficial. ¿Lo habéis traído aquí?
SEBASTIAN
No lo sé, no sé quiénes son los otros.
RAFAEL
¿Qué van a hacer?
SEBASTIÁN
Suéltame o disparo.
RAFAEL
¿Qué van a hacer con nosotros?
SEBASTIÁN
No lo sé.
RAFAEL
Mientes. Por favor, mírame.
SEBASTIÁN
¿Qué?
RAFAEL
¿Crees que yo tengo edad suficiente?
SEBASTIÁN
¿Para qué?
RAFAEL
Para morir.
SEBASTIÁN
Nadie ha dicho /
RAFAEL
Para que me ajusticien. ¿Tengo edad suficiente?
SEBASTIÁN
Eso no va a ocurrir.
RAFAEL
¿Por qué lo sabes?
SEBASTIÁN
Créeme, eso no va a ocurrir.
RAFAEL
¿Por qué tengo que creerte?
SEBASTIÁN
Porque estoy solo yo aquí, contigo.
RAFAEL
Nos van a fusilar. Cuando ya tengan la información que necesitan.
SEBASTIÁN
No, primero tienen que /
RAFAEL
¿Qué?
SEBASTIÁN
Habrá un juicio. Y luego decidirán. Es lo que suele ocurrir.
RAFAEL
¿Suele?
SEBASTIÁN
Puede que os trasladen a un hospital mejor en la ciudad.
Y luego /
RAFAEL
¿Luego?
SEBASTIÁN
No lo sé, ¿cómo puedo saberlo?
RAFAEL le suelta la muñeca.
RAFAEL
Escúchame. Tengo treinta años y me llamo Rafael Rodríguez
Rapún. Pero eso ya lo sabías.
SEBASTIÁN
No me importa.
RAFAEL
Mis padres se llaman Lucio y María. Viven en Madrid, en la calle Rosalía de Castro, número
25. Pero son de Jaca.Eso no importa, imagino. Eso no tiene ninguna importancia. Mi padre
trabaja para una empresa francesa de gasolina. Tengo dos hermanos: María y Tomás.
María es costurera y mi hermano es teniente de infantería. Creo que ahora está en
Córdoba. Hace meses que no sé nada de él.
SEBASTIÁN
¿Por qué me cuentas todo esto? Cállate. (Apunta de nuevo.)
Es una orden.
RAFAEL
Porque estás solo aquí, conmigo. Eso has dicho. Si me ocurriera algo te ruego que /
SEBASTIÁN
No. Cállate. Es una orden.
RAFAEL
Si me ocurriera algo, te ruego que mandes avisar a mis padres. Que /
SEBASTIÁN
No tenía que haberte escuchado. Ni una sola palabra. Ni una sola maldita palabra.
Sale corriendo. RAFAEL intenta levantarse de la camilla.
La puerta se abre de golpe. En el oscuro, se escucha una melodía, una marcha lúgubre y
desacompasada. Cada vez más agitada y acompañada de voces lejanas, gritos,
chasquidos. La melodía se precipita al fin y estallan unos platillos, enfebrecidos.
ESCENA IV
Vuelve SEBASTIÁN. Se sienta, enciende un cigarro.
Silencio largo.
RAFAEL
¿Adónde has ido? (Pausa.) ¿Sigues enfadado?
SEBASTIÁN
¿Enfadado? ¿Crees que la palabra es «enfadado»?
Escúchame. Hemos cruzado unas palabras, es cierto. Pero lo negaré. Me advirtieron, me
dijeron que utilizáis estas técnicas. «De persuasión» dijeron. Que intentarías conven-cerme.
Ha sido una pequeña equivocación sin importan-cia, un leve error estratégico. Pero se ha
terminado. Habla, habla lo que quieras. Mientras no grites, mientras no te muevas un
centímetro de donde estás. No te puedo hacer callar sin que los dos nos metamos en un lío.
Así que te dejaré hablar. Puedes hablar todo lo que quieras. Habla toda la noche, habla
todas las horas que quieras, habla hasta que caigas rendido de cansancio. Es tu derecho,
ima-gino. No voy a meterte un trapo en la boca ni a arrancarte la lengua. Pero no esperes
respuesta.
RAFAEL
¿Entonces?
SEBASTIÁN
Entonces nada. Se terminó. (Repara en las magulladuras de la cara.) Si no hubieras
hablado, si me hubieras hecho caso, nada de esto habría pasado. Tú me obligaste. Tú me
obligaste a decirles que te habías despertado. Te lo mereces.
Te advertí. Les dije «el doctor ha dicho que está muy débil, que ha perdido mucha sangre».
Ellos asintieron, me dieron una palmada en el hombro: «Buen trabajo, muchacho, no hará
falta que lo movamos. Le haremos una visita». Salí afuera, me fui a dar vueltas al patio. Vi
la luz en la celda. Intenté concentrarme en el ruido de la marea. No servía. Me puse a silbar.
Un pasodoble, una estúpida marcha que nos habían obligado a aprendernos para el
Corpus. Cerré los ojos. Y abrí los brazos, así, como si tuviera mis platillos. (Tararea.) ¿La
conoces? Un, dos, tachín, un, dos, tachín. Y entonces oí tus gritos. Por la ven-tana. Y yo
tocaba más fuerte, más fuerte. Y después nada. Se hizo el silencio. Pensé que te habían
matado, que habías terminado de desangrarte. Pero me mandaron buscar.
«Muchacho, ya puede volver a su posición».
RAFAEL
¿Y llos otros?
SEBASTIÁN
No sé nada de los otros.
RAFAEL
Me dijeron que estaban aquí.
SEBASTIÁN
No lo sé.
RAFAEL
Mintieron o mientes tú.
SEBASTIÁN
¿Por qué insistes?
RAFAEL
No lo sé. (Silencio.) ¿Dónde estabas? (Silencio.) Vamos, ¿qué importancia puede tener que
me lo cuentes? Pasarán las horas más rápido para los dos. ¿Dónde estabas?
SEBASTIÁN
¿Cuándo?
RAFAEL
Cuando empezó todo esto.
SEBASTIÁN
Basta.
Silencio.
RAFAEL
Yo estaba en San Sebastián, de vacaciones. Había ido con un par de amigos de la
academia a pasar unos días a la playa. Necesitaba olvidarme de Madrid. Ahí nos
enteramos. Llamé a casa, hablé con mi hermana. No sabían nada, nadie sabía qué iba a
ocurrir. Aguanté unos días, pero el dinero se terminaba. Le pedí a mis padres que me
mandaran un giro, pero nunca llegó. Encontré un trabajo, asfaltando carreteras. Pensé que
pronto reuniría el dinero para volver. Entonces oímos por la radio lo de los fusilamientos.
Un par de chicas me escondieron en un bar durante una semana hasta que encontré el
enlace para regresar a casa. Lloré de alegría cuando entré por la Casa de Campo. ¿Has
estado en Madrid?
SEBASTIÁN
No.
RAFAEL
¿Nunca?
SEBASTIÁN
No, nunca, nunca. Cuidaba de las cosas del campo con mi madre. Vacas, manzanos, ¿qué
demonios puede importarte eso? Si había dinero iba a los billares con los amigos. Nada
más. Así toda la semana, el domingo por la mañana a misa y por la tarde vuelta a las
faenas del campo. Estaba ahorrando para intentar ingresar en el Conservatorio. Eso hacía
cuando empezó toda esta mierda. Nada más. Esa es mi historia. ¿Suficiente?
RAFAEL
¿Quieres ser músico?
SEBASTIÁN
Quería ser músico.
RAFAEL
Esto acabará pronto. De un modo u otro tiene que acabar pronto. Serás músico, si es que lo
quieres.
SEBASTIÁN
¿De un modo u otro? ¿Crees que tenéis alguna posibilidad?
RAFAEL
¿Quién?
SEBASTIÁN
Vosotros.
RAFAEL
¿Quiénes somos nosotros?
SEBASTIÁN
Estoy empezando a hartarme de ti. Las cosas tienen un modo de ser y hay que seguirlo. Si
no hubierais traído hasta aquí toda esa porquería moscovita nada de esto nos hubiera
pasado. Sí, las cosas acabarán pronto y quizá podamos volver a nuestros asuntos.
Pausa. Llega el sonido de la lluvia, afuera. Silencio.
RAFAEL
¿Estamos cerca de Santander?
SEBASTIÁN
(Duda.) Sí.
RAFAEL
Es la tercera vez, ¿sabes?
SEBASTIÁN
¿Qué?
RAFAEL
Que estoy aquí. La primera fue hace cuatro años. Casi no llegamos porque se nos habían
fundido las cuatro bielas del camión en Pajares. Era agosto, aunque llovía, como ahora.
Estábamos en el Palacio de la Magdalena, sobre la bahía. Enfrente se veía Somo. Y luego
todos los estudiantes por allí, sobre la yerba.
SEBASTIÁN
¿De excursión?
RAFAEL
Llegamos con el grupo.
SEBASTIÁN
¿Qué grupo?
RAFAEL
De teatro.
SEBASTIÁN
¿Teatro? ¿Has sido actor?
RAFAEL
Cuando no quedaba más remedio. Pero era el secretario y conductor.
SEBASTIÁN
Nunca estuve en el teatro.
RAFAEL
¿Nunca?
SEBASTIÁN
Una vez vino una compañía de variedades al pueblo, pero no pude dejar los asuntos solos.
¿Qué hacíais vosotros?
RAFAEL
Un poco de todo. Creo que aquí hicimos Fuenteovejuna y luego, al otro año, El burlador de
Sevilla. Ahí yo sí hacía de actor. Salía vestido con un traje ridículo, demasiado ceñi-do.
Tuvimos tiempo de descansar. Íbamos al Sardinero o Castañeda. Fue un respiro porque no
teníamos que montar y desmontar todos los días. Quizá has oído hablar de nosotros.
Éramos La Barraca.
SEBASTIÁN
Ni idea.
RAFAEL
Un grupo de teatro universitario. Íbamos de pueblo en pueblo, la República quería que/
SEBASTIÁN
¿Había músicos?
RAFAEL
Sí, por supuesto que había músicos.
SEBASTIÁN
¿Y tocaban escondidos?
RAFAEL
¿Escondidos?
SEBASTIÁN
¿Podía verlos el público?
RAFAEL
Dependía de cada obra. En algunas sí, claro.
SEBASTIÁN
Eso me gustaría. Tocar en un teatro. Junto a los actores. Con un buen traje. Tocar y poder
ver a los actores y al público. Y estar ahí, pero que todos miren para otro lado. Como si
fueras invisible. ¿Tus padres qué decían?
RAFAEL
¿De qué?
SEBASTIÁN
De qué te dedicaras al teatro. A mi madre no le gusta que
sea músico. Dice que esas profesiones son del hambre. Mi madre decía.
RAFAEL
No sacaba nada del teatro. Seguía estudiando. Ese era el pacto con mi familia. Ingeniero de
Minas. (Pausa breve.)
RAFAEL se quita la camiseta para cambiarse.
RAFAEL
¿Me ayudas?
SEBASTIÁN se acerca a él para ayudarle.
RAFAEL
Perdona
SEBASTIÁN
¿Por qué?
RAFAEL
Por el olor.
Silencio.
RAFAEL
Hay una cosa, muchacho. Algo que quiero que entiendas.
Tengo que recuperar unos papeles. Es un asunto importante. No importante solo para mí.
Importante para todos.
Quiero que lo entiendas. Necesito que te pongas en contacto con alguien en Madrid y que
te asegures de que esos papeles no se pierden.
SEBASTIÁN
¿Qué papeles?
RAFAEL
No es nada de la guerra. Ya te dije que yo fui secretario de ese grupo del teatro.
SEBASTIÁN
Sí.
RAFAEL
Alguien me encargó que guardara algo. Algo que no puede perderse.
SEBASTIÁN
¿Quién?
RAFAEL
Un poeta. El poeta que llevaba el grupo.
SEBASTIÁN
No sé.
RAFAEL
Federico. Federico García Lorca.
SEBASTIÁN
¿García Lorca? ¿A ese no le /?
RAFAEL
Sí.
SEBASTIÁN
¿Erais amigos?
RAFAEL
Sí, en cierto modo.
SEBASTIÁN
Lo escuchamos en la radio. Una vez. A mi madre le gustó su voz y lo que recitaba. Dijo
«qué pena que sea así».
RAFAEL
¿«Así»?
SEBASTIÁN
Así, rojo, imagino.
RAFAEL
Él no estaba metido en la política. No tenían que haberle matado.
SEBASTIÁN
Pero en la guerra /
Se escuchan toques en la puerta. SEBASTIÁN va a verlo.
RAFAEL
¿Qué es lo que sabes?
SEBASTIÁN
El juicio /
RAFAEL
¿Qué?
SEBASTIÁN
Ellos me lo han pedido.
RAFAEL
Habla.
SEBASTIÁN
Ellos me han pedido que te lo diga. Ya ha terminado el juicio.
RAFAEL
Pero si no me han dejado siquiera /
SEBASTIÁN
Os han condenado a muerte.
RAFAEL
¿Cuándo?
/ no he podido defenderme. No han hablado conmigo.
SEBASTIÁN
Cuando amanezca.
RAFAEL
¿Aquí?
SEBASTIÁN
Sí. Por turnos. En cuanto amanezca.
Llueve más fuerte. Silencio largo. SEBASTIÁN saca un mendrugo de pan. Empieza a
comer. Al poco, lo parte y le ofrece a RAFAEL. Este intenta comer, no puede.