El Gol Fantasma
Había una vez un pequeño pueblo llamado Alhama de Murcia, donde el
fútbol era más que un deporte; era una pasión que unía a todos los
habitantes. El estadio local, José Kubala, era el corazón de la
comunidad.
Un día, durante un partido crucial entre los equipos Alhama y Real
Murcia algo extraño sucedió. El reloj marcaba los últimos minutos del
segundo tiempo, y el marcador estaba empatado 1-1. Los hinchas
estaban al borde de sus asientos, ansiosos por ver quién se llevaría la
victoria.
Fue entonces cuando apareció el Gol Fantasma. Nadie lo vio entrar al
campo, pero de repente, el balón se elevó en el aire y cruzó la línea de
gol. Los jugadores se miraron confundidos, y los hinchas estallaron de
alegría. El árbitro validó el gol, y el Alhama ganó el partido.
Pero algo no estaba bien. Los jugadores del equipo perdedor, el Real
Murcia, parecían aterrados. Decían que el balón había sido pateado
por una figura rara con ojos rojos y garras afiladas. Algunos incluso
afirmaban haber visto al Gol Fantasma riéndose mientras se escondía
en la oscuridad.
Desde entonces, el José Kubala se convirtió en un lugar callado. Los
jugadores evitaban el campo de juego por miedo a encontrarse con el
espíritu maligno. Los hinchas murmuraban sobre pactos con el diablo y
maldiciones futbolísticas.
El Alhama ganó todos sus partidos anteriores, pero a un alto precio.
Cada vez que anotaban un gol, alguien del pueblo desaparecía
misteriosamente. Los habitantes comenzaron a temer los partidos
nocturnos, cuando el José Kubala era más activo.
Un día, un joven valiente llamado Diego decidió enfrentar al espíritu. Se
puso la camiseta del Alhama y se metió en José Kubala durante la
medianoche. El viento soplaba frío, y las gradas estaban desiertas.
Diego esperó, y finalmente, el balón apareció. El Gol Fantasma se puso
frente a él: una figura etérea con ojos ardientes. Pero Diego no sintió
miedo. En cambio, le preguntó:
“¿Por qué haces esto? ¿Por qué robas vidas por un simple gol?”
El espíritu suspiró. “Soy un antiguo jugador, condenado a andar por la
eternidad. Mi ambición me llevó a hacer un trato oscuro para ganar
partidos. Ahora, mi gol es mi condena.”
Diego tuvo una idea. “¿Y si te ayudamos a encontrar la redención? ¿Si
anotamos un gol limpio, sin trampas?”
El Gol Fantasma asintió. Juntos, Diego y el espíritu practicaron durante
semanas. Finalmente, llegó el día del partido final. El Alhama estaba
perdiendo 0-1 contra los Mazarrón.
Diego tomó el balón y corrió hacia la portería. El Gol Fantasma lo
siguió, sus ojos rojos llenos de esperanza. Diego pateó el balón con
fuerza, y esta vez, no hubo trucos ni trampas. El balón entró
limpiamente en la red.
El espíritu sonrió y se fue. El Alhama ganó el partido, pero no hubo
desapariciones. Desde entonces, el José Kubalal se convirtió en un
lugar de redención, donde los jugadores aprendieron que la victoria
verdadera no se logra a expensas de otros.
Y así, el Gol Fantasma encontró la paz, y Alhama de Murcia volvió a ser
un pueblo feliz. Pero cuando el viento sopla en las noches de partido,
algunos dicen que aún pueden escuchar su risa malvada. Desde
entonces no se sabe nada más del espíritu maligno que había en
Alhama.