0% encontró este documento útil (0 votos)
63 vistas15 páginas

Corazón

El término 'corazón' en las Escrituras se refiere principalmente al centro de la personalidad, emociones e inteligencia, y no se limita al órgano físico. En el pensamiento hebreo, el corazón es visto como la fuente de motivaciones y acciones, y su estado puede reflejar la relación del individuo con Dios. A lo largo de la Biblia, se enfatiza la necesidad de un 'corazón nuevo' y puro para una verdadera conexión espiritual.

Cargado por

victruem
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
63 vistas15 páginas

Corazón

El término 'corazón' en las Escrituras se refiere principalmente al centro de la personalidad, emociones e inteligencia, y no se limita al órgano físico. En el pensamiento hebreo, el corazón es visto como la fuente de motivaciones y acciones, y su estado puede reflejar la relación del individuo con Dios. A lo largo de la Biblia, se enfatiza la necesidad de un 'corazón nuevo' y puro para una verdadera conexión espiritual.

Cargado por

victruem
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Corazón

Corazón (heb. lêb, lêbâb; gr. kardía). Término, muy frecuente en las Escrituras,
que se usa muy raramente con respecto al órgano real de nuestro cuerpo
(1Sa_25:37; 2Ki_9:24; etc.). Generalmente designa el asiento de diversas actitudes
y emociones y de la inteligencia. La "sencillez de... corazón" del rey Abimelec
(Gen_20:5) expresaba la honestidad de intención. De paso cabe destacar que en
Hos_13:8 se habla de la cavidad, del recinto (heb. segôr), donde está enclavado el
corazón. El endurecimiento del corazón de Faraón (Exo_8:32) indicaba una
actitud de rebeldía contra Dios (cf Heb_3:7-10). El corazón de los habitantes de
Jericó había "desmayado" cuando oyeron lo que Dios había hecho en favor de
Israel; es decir, el temor y el terror se había apoderado de ellos (Jos_2:11). Un
"corazón de piedra" describe un estado de insensibilidad espiritual y de
indiferencia moral (Eze_11:19). Aunque los hombres pueden ser "hipócritas de
corazón" (Job 36:13), tener corazones pervertidos (Pro_6:18), orgullosos (21:4),
temerosos (Isa_35:4), malos e incrédulos (Heb_3:12), falsos y rebeldes (Jer_5:23)
y puedan tener "ídolos" en su corazón (Eze_14:3), sin embargo, Dios puede dar a
cada uno 249 un "corazón de carne", un "corazón nuevo" (11:19; 18:31), lo que
indica un cambio completo de actitudes, deseos y ambiciones (2Co_5:17).
Jesucristo mora en el corazón por medio de la fe (Eph_3:17), Expresiones como
"sabio de corazón" (Pro_10:8) y "cavilaban en sus corazones" (Mar_2:6) muestran
que se atribuía al corazón el asiento de la inteligencia (cf Exo_31:6, Deu_29:4;
1Ki_3:9). En Mat_12:40 se encuentra una referencia al "corazón de la tierra", es
decir, la sepultura.

CORAZÓN
(heb.heb. hebreo leµb_ o leµb_aµb_; gr.gr. griego kardia). Este término se emplea
con referencia a la parte central de las cosas (Dt. 4.11, °vm°vm Versión moderna
(hecha por H. B. Pratt), eds. rev. 1929 mg; Jon. 2.3; Mt. 12.40); la raíz de la palabra
heb.heb. hebreo, que es oscura, quizá signifique centro.

Las referencias al órgano físico como tal son pocas y nada específicas. La más clara
es 1 S. 25.37. En 2 S. 18.14 y 2 R. 9.24 el significado parece ser más amplio,
indicando los órganos internos en general, especialmente dado que, en el pasaje
anterior, Absalón permaneció vivo después de que tres dardos le atraversaran el
“corazón”. Pero esta falta de definición fisiológica precisa es típica del pensamiento
hebreo, particularmente con respecto a los órganos internos. En Sal. 104.15, por
ejemplo, lo que se come y bebe afecta el “corazón”, y aun cuando esto puede no ser
cierto en sentido fisiológico preciso, por cierto que lo es en la experiencia, si se
considera que la palabra “corazón” significa, como se sugiere abajo, el hombre
interior, en sentido amplio.

Los hebreos consideraban la experiencia subjetiva más bien que la observación


objetiva y científica, y de este modo evitaban el error moderno de la
hiperdepartamentalización. Se trataba esencialmente del hombre completo, con
todos sus atributos, físicos, intelectuales, y psicológicos, en el cual pensaba y del
cual hablaba el hebreo, y el corazón se concebía como el centro que lo gobernaba
todo. Es el corazón el que hace que el hombre, o la bestia, sea lo que es, y el que
gobierna todas sus acciones (Pr. 4.23). El carácter, la personalidad, la voluntad, la
mente, son términos modernos que reflejan todos algo del significado del término
“corazón” en su uso bíblico. (Pero cf.cf. confer (lat.), compárese * Cuerpo, donde se
hace mención de la sinécdoque.)

H. Wheeler Robinson ofrece la siguiente clasificación de los diversos sentidos en


que se usan las palabras leµb_ y leµb_aµb.

a. Físico o figurado (“medio”; 29 veces).

b. Personalidad, vida interior, o carácter en general (257 veces, p. ej.p. ej. por
ejemplo Ex. 9.14; 1 S. 16.7; Gn. 20.5).

c. Estados emocionales conscientes, que se encuentran en un amplísimo espectro


(166 veces); embriaguez (1 S. 25.36); gozo o tristeza (Jue. 18.20; 1 S. 1.8); ansiedad
(1 S. 4.13); valentía y temor (Gn. 42.28); amor (2 S. 14.1).

d. Actividades intelectuales (204 veces); atención (Ex. 7.23); reflexión (Dt. 7.17);
memoria (Dt. 4.9); entendimiento (1 R. 3.9; °vm°vm Versión moderna (hecha por
H. B. Pratt), eds. rev. 1929 inteligencia); habilidad técnica (Ex. 28.3; cf.cf. confer
(lat.), compárese °vp°vp Dios habla hoy, “versión popular”, 2ª eds. 1983, °nbe°nbe
L. Alonso Schökel, J. Mateos, Nueva Biblia Española, 2ª eds. 1977).

e. Volición o propósito (195 veces; 1 S. 2.35); se trata de uno de los usos más
característicos del término en el ATAT Antiguo Testamento.

El uso en el NTNT Nuevo Testamento es muy semejante, y C. Ryder Smith escribe


acerca del mismo en los siguientes términos: “(El corazón) no pierde enteramente
su referencia física, porque es de ‘carne’ (2 Co. 3.3), pero es el asiento de la
voluntad (p. ej.p. ej. por ejemplo Mr. 3.5), del intelecto (p. ej.p. ej. por ejemplo Mr.
2.6, 8), y del sentimiento (p. ej.p. ej. por ejemplo Lc. 24.32). Esto significa que
‘corazón’ se acerca más que otros, entre los términos del NTNT Nuevo Testamento,
al significado de ‘persona’.”

No hay indicios en la Biblia de que el cerebro sea el centro del estado consciente,
del pensamiento, o de la voluntad. Es el corazón el que ocupa este lugar, y si bien
también se usa en relación con las emociones, más frecuentemente son los órganos
inferiores (* Entrañas, etc.), en la medida en que se los distingue, los que se
relacionan con las emociones. Como afirmación amplia y general, es cierto que la
Biblia coloca el asiento de lo psicológico en un nivel anatómico inferior en
comparación con la mayor parte del lenguaje popular moderno, que usa la palabra
“mente” para el estado consciente, el pensamiento, y la voluntad, y “corazón” para
las emociones.

La palabra “mente” posiblemente sea el término moderno que más se acerca al uso
bíblico de la palabra “corazón”, y muchos pasajes en la °nbe°nbe L. Alonso Schökel,
J. Mateos, Nueva Biblia Española, 2ª eds. 1977, por ejemplo, se traducen así (p.
ej.p. ej. por ejemplo Ec. 1.17; Pr. 16.23). “Corazón” es, empero, un término más
amplio, y la Biblia no distingue los procesos racionales o mentales en la forma en
que lo hace la filosofía griega.

C. Ryder Smith sugiere que “el principal mandamiento probablemente significa


‘Amarás (agapaµn) al Señor tu Dios con todo tu corazón, e. d.e. d. es decir con toda
tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas’ (p. ej.p. ej. por ejemplo Mr.
12.30, 33).”

El corazón del hombre no siempre obra así, sin embargo. No es lo que debiera ser
(Gn. 6.5; Jer. 17.9), y el ATAT Antiguo Testamento llega a su punto culminante
cuando entiende que hace falta un cambio de corazón (Jer. 24.7; Ez. 11.19), y esto,
naturalmente, se cumple en el NTNT Nuevo Testamento (Ef. 3.17).

Están las personas excepcionales cuyo corazón está bien con Dios (1 R. 15.14; Sal.
37.31; Hch. 13.22), si bien resulta obvio por lo que sabemos acerca de David, el
ejemplo al que se hace referencia en el último pasaje, que esto no es verdad en
sentido absoluto, sino que todavía hacen falta el arrepentimiento y la conversión (2
R. 23.25, de Josías).

La actitud adecuada del corazón comienza cuando se quebranta (Sal. 51.17), lo cual
es simbólico de humildad y penitencia, y sinónimo de “espíritu quebrantado”
(ruÆah). Este quebrantamiento es necesario porque se trata de un corazón duro o
de piedra, que no se somete a la voluntad de Dios (Ez. 11.19). Alternativamente, es
el corazón “engrosado” o “incircunciso” el que no responde a la voluntad de Yahvéh
(Is. 6.10; Ez. 44.7)

Yahvéh conoce el corazón de cada cual, y no se deja engañar por las apariencias
externas (1 S. 16.7), pero una oración digna es, no obstante, la que pide que él
examine y conozca el corazón (Sal. 139.23), y lo limpie (Sal. 51.10). Un “corazón
nuevo” ha de ser el anhelo del malo (Ez. 18.31), y eso significará que la ley de Dios
ya no será simplemente algo externo sino algo “escrito en el corazón” (Jer. 31.33), y
algo que lo purifica.

Así es como el corazón, fuente de todos los deseos, tiene que ser guardado (Pr.
4.23), y el maestro procura encaminar el corazón del alumno hacia el buen camino
(Pr. 23.26).

Son los puros de corazón los que verán a Dios (Mt. 5.8), y cuando Cristo mora en el
corazón por la fe es cuando los santos pueden comprender el amor de Dios (Ef.
3.17).

CUERPO
El vocablo heb.heb. hebreo equivalente a carne (baµsŒaµr) está muy cerca de
hacer una diferenciación con el espíritu (Is. 31.3), y puede haber influido en Pablo
en su uso teológico del término. El uso del término para *“corazón” en heb.heb.
hebreo podría tal vez decirse que se aproxima a lo que nosotros entenderíamos por
espíritu (Sal. 84.2), pero resulta significativo que al mismo tiempo es un órgano
físico. Es de destacar que buena parte de la psicología moderna ha llegado a
comprender la unidad esencial de toda la persona.

2566
καρδία corazón, interior, mente, memoria, voluntad Mt 5:8,28; 6:21; 9:4; 11:29;
12:34,40; 13:15(x2),19; 15:8,18,19; 18:35; 22:37; 24:48; Mc 2:6,8; 3:5; 6:52;
7:6,19,21; 8:17; 11:23; 12:30,33; Lc 1:17, 51,66; 2:19,35,51; 3:15; 5:22; 6:45(x2);
8:12,15; 9:47; 10:27; 12:34,45; 16:15; 21:14,34; 24:25,32,38; Jn 12:40(x2); 13:2;
14:1,27; 16:6,22; Hch 2:26,37,46; 4:32; 5:3,4; 7:23,39,51,54; 8:21,22; 11:23; 13:22;
14:17; 15:9; 16:14; 21:13; 28:27(x2) Ro 1:21,24; 2:5,15,29; 5:5; 6:17; 8:27; 9:2;
10:1,6,8,9,10; 16:18; 1Co 2:9; 4:5; 7:37(x2); 14:25; 2Co 1:22; 2:4; 3:2,3,15; 4:6; 5:12;
6:11; 7:3; 8:16; 9:7; Gál 4:6; Ef 1:18; 3:17; 4:18; 5:19; 6:5,22; Flp 1:7; 4:7; Col 2:2;
3:15,16,22; 4:8; 1Ts 2:4,17; 3:13; 2Ts 2:17; 3:5; 1Ti 1:5; 2Ti 2:22; Hb 3:8,10,12,15;
4:7,12; 8:10; 10:16,22(x2); 13:9; St 1:26; 3:14; 4:8; 5:5,8; 1Pe 1:22; 3:4,15; 2Pe 1:19;
2:14; 1Jn 3:19,20(x2),21; Ap 2:23; 17:17; 18:7

CORAZÓN
Término que se usa figuradamente en las Escrituras para designar el centro, la
totalidad o la esencia de todas las cosas o actividades. En particular se refiere al
centro de la personalidad del hombre.
El pensamiento hebreo tendía hacia lo subjetivo más que a la observación
científica, y por tanto a menudo se ve una falta de precisión en la terminología
veterotestamentaria. "Carácter", "personalidad", "voluntad" y "mente" son
términos modernos, que ahora representan lo que corazón significaba para los
hebreos.
Especialmente en el Antiguo Testamento, a veces corazón significa "el centro", "lo
oculto" o "la fuente" (por ejemplo, Sal 46.2b, donde se habla del "corazón del mar",
es decir, el centro o el medio del mar). De ahí que, en el aspecto sicológico, el
término signifique el centro o el foco de la vida. El corazón es la fuente de los
motivos, de las pasiones y de los procesos mentales, por eso Jeremías afirma que
"engañoso es el corazón" (17.9). Es asimismo fuente de sabiduría y emociones,
según Pr 2.10, y fuente de la voluntad, de acuerdo con Dt 6.5 ("Amarás a Jehová tu
Dios con todo tu corazón").
En el Nuevo Testamento, la palabra corazón tiene un uso sicológico y espiritual
más amplio que en el Antiguo Testamento. Cristo y Pablo usan el término para
referirse a la fuente o asiento de los sentimientos, deseos, esperanzas, motivos,
voluntad y percepciones intelectuales. El hombre se comporta según su corazón;
Dios conoce este centro vital y no se deja engañar por las apariencias externas (1 S
16.7). Dios puede limpiarlo (Sal 51.10) y recrearlo (Ez 18.31). Tratándose de la
fuente de todos los deseos, el corazón debe guardarse con todo cuidado (Pr 4.23), y
encaminarse en los senderos de justicia (23.26).
Cristo subraya la importancia del estado del corazón cuando dice: "los de limpio
corazón ... verán a Dios" (Mt 5.8). Y para Pablo el hombre puede comprender y
experimentar el amor de Dios, solo cuando Cristo habita en el corazón por la fe (Ef
3.17). Es la paz de Dios lo que guardará el corazón del hombre, principio
importante de salud mental.

CORAZÓN
Dios mira corazones, 1Sa_16:7 1Ch_28:9 Mat_9:4
Corazón enervado, Job_23:16
Fuente de emoción, Psa_26:2-3 Pro_4:23 Eze_11:19 36.26; Col_3:15-17
Congoja en el corazón, Psa_38:10
Corazón limpio, Psa_51:10
Actitudes del corazón, Pro_15:13-15 Mat_15:18-20
Eternidad en el corazón, Ecc_3:11
Ataque al corazón, Ecc_12:6
Pulso acelerado, Son_5:4
Corazones endurecidos, Zec_7:12
Recibir de corazón al hermano, Phm_12:

CORAZÓN
TIPO vet, El corazón es a menudo mencionado en las Escrituras como el asiento de
los afectos y de las pasiones, y también de la sabiduría y del entendimiento. De ahí
que se lea de «el sabio de corazón» (Pro_16:21); también, el Señor dio a Salomón
«un corazón sabio y entendido» (1Ki_3:12). Es el centro del ser del hombre. Pero
antes del diluvio el veredicto pasado por Dios sobre el hombre fue que los
pensamientos del corazón de ellos eran hacia el mal (Gen_6:5). Un veredicto
similar es el que se halla en Gen_8:21, después que Noé saliera del arca. El Señor
Jesús añade que del corazón del hombre proceden los malos pensamientos y toda
forma de maldad (Mar_7:21). La ley exigía al hombre que amara a Dios con todo su
corazón. La aceptación del evangelio tiene que ser en el corazón (Rom_10:9), y
Dios da la capacidad al oyente de recibir las buenas nuevas con un «corazón bueno
y recto», lo cual da fruto (Luk_8:15). En la nueva creación hay un «puro corazón»,
siendo conducido el cristiano por el Espíritu Santo (1 Tit_1:5; 2 Tit_2:22;
1Pe_1:22).

CORAZÓN
Órgano central del aparato circulatorio cuya función principal es bombear la sangre
a través del sistema vascular para alimentar las células del cuerpo. (Le 17:14.)
La Biblia habla mucho del corazón: de un modo u otro se le menciona unas mil
veces. Los escritores bíblicos usan las palabras hebreas (lev, le·váv) y griega
(kar·dí·a) para “corazón” tanto en sentido literal como figurado.

El corazón literal. Los escritores de la Biblia se refirieron relativamente pocas


veces al órgano literal del corazón. Una de ellas es cuando Jehú “procedió a
asaetear a Jehoram entre los brazos, de manera que la saeta le salió por el corazón”.
(2Re 9:24; véase también Éx 28:30.)
El corazón figurado. En la gran mayoría de los casos, la palabra “corazón” se usa
en la Biblia en sentido figurado. Se dice que representa “la parte central en general,
el interior, y, por lo tanto, el hombre interior tal como se manifiesta en todas sus
diversas actividades, en sus deseos, afectos, emociones, pasiones, propósitos, sus
pensamientos, percepciones, imaginaciones, su sabiduría, conocimiento, habilidad,
sus creencias y sus razonamientos, su memoria y su consciencia”. (Journal of the
Society of Biblical Literature and Exegesis, 1882, pág. 67.)
De modo que en las Escrituras el corazón figurado no se circunscribe a ser el
asiento de los afectos y motivos, ni se limita al intelecto. “En el pueblo semita [...]
se atribuía al corazón todo lo que es propio del hombre, tanto en la esfera de los
sentimientos como en la de la inteligencia y la voluntad.” Era “la esencia del
hombre interior en contraposición a la carne, que es el hombre exterior y tangible”.
(L’emploi metaphorique des noms de parties du corps en hébreu et en akkadien,
de E. Dhorme, París, 1923, págs. 113, 114, 128.)
Para Dios, quien examina los corazones, no cuenta la simple apariencia exterior,
sino la clase de persona que se es en realidad en el interior. (Pr 17:3; 24:12; Sl 17:3;
1Sa 16:7.) Por esa razón, las Escrituras aconsejan: “Más que todo lo demás que ha
de guardarse, salvaguarda tu corazón [el hombre interior completo], porque
procedentes de él son las fuentes de la vida”. (Pr 4:23.) A las esposas cristianas se
las exhorta a dar atención preferencial, no al adorno exterior, sino a “la persona
secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espíritu quieto y apacible, que
es de gran valor a los ojos de Dios”. (1Pe 3:3, 4.)
El término “corazón” se usa en la Biblia en diferentes ocasiones para referirse a las
facultades del pensamiento, pero sin aislarlas del resto de lo que compone la
persona interior. Moisés exhortó a los israelitas: “Tienes que hacer volver a tu
corazón [“tienes que recordar a tu mente”, nota], que Jehová es el Dios verdadero”,
y más tarde les dijo: “Jehová no les ha dado a ustedes un corazón [“mente”, nota]
para conocer”. (Dt 4:39; 29:4.) Tanto en las Escrituras Hebreas como en las
Griegas, “corazón” se relaciona con conceptos como “pensamiento” (Mt 9:4),
“razonamiento” (Mr 2:6), “entendimiento” (1Re 3:12; Mr 6:52) y “conocimiento”
(Pr 15:14), lo que muestra que a veces esta palabra abarca el intelecto.
La motivación, la fuerza impelente que conforma nuestra conducta, es otro aspecto
de la persona interior representado por el “corazón”. Los que contribuyeron para la
construcción del tabernáculo “vinieron, todo aquel cuyo corazón lo impelió”. (Éx
35:21, 26, 29; 36:2.) El inicuo Hamán ‘se envalentonó’ (literalmente, ‘lo llenó en
cuanto a su corazón’) para conspirar contra los judíos. (Est 7:5, nota; Hch 5:3.)
Hebreos 4:12 explica que la palabra de promesa de Dios, como si de una espada
aguda se tratara, puede “discernir pensamientos e intenciones del corazón”. Jesús
también indicó que del corazón procede la fuerza motivadora de nuestra conducta,
ya sea buena o mala. (Mt 15:19; Lu 6:45.) Con el fin de que cultivemos buenos
motivos, la Biblia nos dice que nuestros tratos con otros deben verse libres del
deseo carnal de ganancia (Jud 16), y que ni el amor al dinero ni el ansia por las
riquezas deben determinar nuestro proceder en la vida. (1Ti 6:9, 10; Pr 23:4, 5.)
Por el contrario, nos anima a cultivar verdadero amor a Dios en el que basar
nuestro servicio a Él (1Jn 5:3; Dt 11:13) y un amor abnegado que guíe los tratos con
nuestros compañeros de creencia (Jn 15:12, 13); también nos estimula a practicar el
amor a otros como a nosotros mismos. (Lu 10:27-37; Gál 6:10.) Es obvio que
cultivar tales motivaciones implica el uso de las facultades del pensamiento. (Sl
119:2, 24, 111.)
La condición de nuestro corazón figurado se refleja en nuestra disposición, nuestra
actitud, ya sea orgullosa o humilde. (Pr 16:5; Mt 11:29.) También son parte del
hombre interior nuestros sentimientos y emociones, entre los que se cuentan el
amor (Dt 6:5; 1Pe 1:22), el gozo (Dt 28:47; Jn 16:22), el dolor, el desconsuelo (Ne
2:2; Ro 9:2) y el odio (Le 19:17). Así, el corazón puede estar “ansioso” (Isa 35:4),
“traspasado” por la aflicción (Sl 109:22) y ‘derretido’ por el temor (Dt 20:8).
Cuando en las Escrituras Griegas Cristianas se menciona a la mente junto con el
corazón, la palabra “mente” alude al intelecto, mientras que el término “corazón” se
refiere a las emociones, deseos y sentimientos de la persona interior. Por ejemplo,
con las palabras: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda
tu alma y con toda tu mente” (Mt 22:37), Jesús mostró que los deseos, sentimientos
y emociones de la persona han de revelar su amor a Dios, si bien este también debe
revelarse por el uso debido de las facultades mentales al adquirir conocimiento de
Dios y de Cristo. (Jn 17:3.)
Todas estas funciones, capacidades, emociones y cualidades no se atribuyen al
órgano literal del corazón, sino al corazón figurado, que representa la completa
personalidad interior.

El corazón puede ser “traicionero”. Aunque Adán era un hombre perfecto,


permitió que su corazón fuera seducido; rechazó la verdad y se apartó de Dios.
(Véase Snt 1:14, 15.) Como consecuencia, todos los seres humanos, la descendencia
del caído Adán, han sido concebidos en pecado y dados a luz en error. (Sl 51:5.)
Después del Diluvio, Dios dijo de la humanidad pecaminosa en general: “La
inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud”. (Gé 8:21.)
Dios le dijo a la nación rebelde de Judá: “El corazón es más traicionero que
cualquier otra cosa, y es desesperado”. (Jer 17:9.) Esto constituye una advertencia
seria para que todos aquellos que quieren agradar a Dios no solo den atención a lo
que otros seres humanos ven, sino a la clase de persona que son en realidad, al
hombre interior. Tal vez una persona haya sido cristiana por muchos años, tenga
un buen conocimiento de la Biblia y se sienta segura de ser capaz de enfrentarse a
cualquier situación que se le plantee. No obstante, aunque sepa perfectamente que
una acción es mala y que la ley de Dios la condena explícitamente, los
pensamientos y deseos que ha acariciado en secreto pueden seducirle a incurrir en
una acción pecaminosa.
Por todo esto, aunque un cristiano conozca la verdad y pueda considerarse maduro,
debe recordar lo traicionero que puede ser el corazón y, en consecuencia, evitar por
todos los medios colocarse en el camino de la tentación. (Mt 6:13; 1Co 10:8-12.)

Servir con un “corazón completo”. El corazón literal ha de estar completo


para funcionar con normalidad, pero en el caso del corazón figurado cabe la
posibilidad de que esté dividido. David pidió a Jehová: “Unifica mi corazón para
que tema tu nombre”, una prueba de que el corazón puede estar dividido con
respecto a sus afectos y temores. (Sl 86:11.) El corazón de una persona puede ser
“irresoluto”, de modo que esta adore a Dios con poco entusiasmo. (Sl 119:113; Rev
3:16.) También es posible ser de “corazón doble” (literalmente, “con un corazón y
un corazón”) e intentar servir a dos amos, o decir engañosamente una cosa y
pensar otra. (1Cr 12:33; Sl 12:2, nota.) Jesús denunció con fuerza este tipo de
hipocresía. (Mt 15:7, 8.)
No se debe intentar agradar a Dios ni de una manera irresoluta ni con un corazón
doble, sino que se le tiene que servir con un corazón completo. (1Cr 28:9.) Esto
requiere esfuerzo diligente, pues el corazón es desesperado y está inclinado a la
maldad. (Jer 17:9, 10; Gé 8:21.) Ayudas para mantener un corazón completo son: la
oración sincera (Sl 119:145; Lam 3:41), el estudio regular de la Palabra de Dios (Esd
7:10; Pr 15:28), la participación celosa en la predicación de las buenas nuevas
(compárese con Jer 20:9) y la asociación con otros cuyos corazones son completos
para Jehová. (Compárese con 2Re 10:15, 16.)

¿Qué significa ser “falto de corazón”?


Las Escrituras hablan varias veces de ser “falto de corazón”. La obra Lexicon in
Veteris Testamenti Libros (de L. Koehler y W. Baumgartner, Leiden, 1958, pág.
470) dice que esta expresión significa “sin inteligencia”. La obra A Hebrew and
English Lexicon of the Old Testament, de William Gesenius (traducción de E.
Robinson, 1836, pág. 517), dice que tal persona está “vacía de entendimiento”. El
que es “falto de corazón” carece de buen juicio o discernimiento. Por ello, el ser
“falto de corazón” se contrasta con el “entendimiento” (Pr 10:13) y el
“discernimiento”. (Pr 11:12; 15:21.) En otros casos al “falto de corazón” se le
equipara con el “inexperto”, el “tonto”, el que no tiene sabiduría. (Pr 7:7; 9:1-9, 16;
10:21.) Al usar el término “corazón”, esos versículos muestran que algunas
cualidades positivas que conforman la persona interior son deficientes.
El contexto de los pasajes en los que se usa la expresión “falto de corazón” muestra
que esta denota también carencia de buen juicio o discernimiento. En Proverbios
6:32 el sabio dice que aquel que comete adulterio es “falto de corazón”. Otras
traducciones leen: “mentecato” (CJ, NC), “falto de entendimiento” (Val), “falto de
buen sentido” (DK, Mod), “un hombre sin juicio” (NBE). El adúltero es “falto de
entendimiento” en vista del amargo fruto de su inmoralidad sexual. (Pr 1:2-4; 6:23-
25; 7:7, 21-27.) Por fuera tal vez parezca una persona respetable, pero el hombre
que es por dentro dista mucho de estar desarrollado debidamente.
Otro proverbio dice: “Un hombre falto de corazón estrecha las manos, y sale pleno
fiador delante de su compañero”. (Pr 17:18.) Quizás movida por el sentimentalismo,
esa persona llega a un acuerdo que puede suponerle un serio revés económico.
Aunque sus intenciones son buenas y loables sus motivos, de todos modos
manifiesta falta de buen juicio.
En contraposición a ser “falto de corazón”, los proverbios hablan también de
“adquirir corazón”. Proverbios 19:8 dice: “El que adquiere corazón ama su propia
alma. El que guarda el discernimiento va a hallar el bien”. La persona que actúa así
concede gran importancia a lo que en realidad es en lo más profundo de su ser. Usa
la mente para adquirir conocimiento exacto de Dios y de sus caminos, medita en
esas cosas y se esfuerza por aplicarlas. Moldea con cuidado sus deseos, afectos,
emociones y metas en la vida en armonía con lo que sabe que Dios aprueba. De esa
manera se beneficia a sí misma y demuestra que “ama su propia alma”. Por
desarrollar así la persona interior, “guarda el discernimiento”, pues fortalece
aquellos factores que influyen sensiblemente en su propia capacidad de pensar con
claridad y actuar con sabiduría.

El corazón de Dios. Como Jehová también tiene afectos y emociones, la Biblia


habla de su “corazón”. En el tiempo del Diluvio “se sintió herido en el corazón”,
lamentando que los hombres hubieran rechazado su dominio justo, por lo que se le
hizo necesario dejar de ser su benefactor y convertirse en su destructor. (Gé 6:6.)
Por otra parte, el “corazón” de Dios se ‘regocija’ cuando sus siervos se mantienen
fieles. (Pr 27:11.) No obstante, nunca había subido a Su corazón ofrecer cruelmente
a humanos en sacrificios quemados, como hicieron algunos israelitas que se
desviaron, lo que demuestra que Jehová no admite el tormento eterno. (Jer 7:31;
19:5.)

El centro de una cosa. Ya que el corazón literal es un órgano central del cuerpo,
en ocasiones el término “corazón” también se aplica al centro o mitad de algo, tal
como en las expresiones “corazón de la tierra” (Mt 12:40), “corazón del mar” (Éx
15:8; Jon 2:3) y “corazón del árbol grande”. (2Sa 18:14.) La expresión “mitad del
cielo”, de Deuteronomio 4:11, significa literalmente “el corazón de los cielos”.
(Véase NM, nota.)

Profético. En la profecía de Daniel 7:4 el término “corazón” se usa en sentido


simbólico. En ese pasaje se dice que a la bestia semejante a león, que representa al
reino de Babilonia, se “le hizo pararse sobre dos pies” y se le dio “el corazón de un
hombre”, es decir, perdió el valeroso “corazón del león”. (2Sa 17:10.) Después la
derrotó el “oso” simbólico, Medo-Persia. (Da 7:5; véase BESTIAS SIMBÓLICAS.)

H3820
‫לֵב‬
leb
forma de H3824; corazón; también usado (figurativamente) muy ampliamente
para los sentimientos, la voluntad e incluso el intelecto, de manera similar para el
centro de cualquier cosa:- amorosamente, angustiar, ánimo, aplicar, arbitrio,
atención, caso, corazón, cordura, cuidado, dar, decidir, deseo, entendimiento,
esforzado, gozoso, juicio, pensamiento, sabiduría, voluntad, voluntariamente.

CORAZÓN
A. Nombre leb (ֵ‫ בל‬, H3820) , «corazón; mente; en medio de». Leb y su sinónimo
lebab aparecen 860 veces en el Antiguo Testamento. La ley, los profetas y los
salmos hablan a menudo acerca del «corazón». La raíz aparece también en acádico,
asirio, egipcio, ugarítico, arameo, arábigo y en el hebraico posbíblico. Los nombres
arameos correspondientes aparecen siete veces en el libro de Daniel. La primera
vez que aparece «corazón» es en relación con seres humanos, en Gen_6:5 «Y vio
Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de
los pensamientos del corazón era de ellos era de continuo solamente el mal». En
Gen_6:6 leb se usa en relación con Dios: «Y se arrepintió Jehová de haber hecho
hombre en la tierra, y le dolió en su corazón». «Corazón» puede referirse al órgano
del cuerpo: «Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del
juicio sobre su corazón» (Exo_28:29); «Joab … tomando tres dardos en su mano,
los clavó en el corazón de Absalón» (2Sa_18:14); «Mi corazón está acongojado»
(Psa_38:10). Leb también puede referirse al interior («en medio») de algo: «Se
cuajaron los abismos en el corazón del mar» (Exo_15:8 LBA); «El monte ardía con
fuego hasta el corazón de los cielos» (Deu_4:11 RVA); «Serás como el que yace en
medio del mar» (Pro_23:34). Lebab puede señalar el fuero interno, en contraste
con lo externo, como en Deu_30:14 «Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu
boca y en tu corazón, para que la cumplas» (cf. Jl 2.13); «El hombre mira lo que
está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1Sa_16:7). A menudo lebab
y «alma» se usan juntos para mayor énfasis, como en 2Ch_15:12 «E hicieron pacto
para buscar al Señor, Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma»
(lba; cf. 2Ch_15:15). Nepesh («alma»; vida; ser) se traduce varias veces como
«corazón» en la RV. En cada caso, connota el «fuero interno» («hombre interior»):
«Porque cual es su pensamiento en su corazón [nepesh]), tal es él» (Pro_23:7; «en
su alma» RV; «en su mente» RVA; «íntimos» RV-95; «dentro de sí» LBA; «en sí
mismo» LBL). Leb puede referirse a la persona o a su personalidad: «Entonces
Abraham se postró sobre su rostro y se rió diciendo en su corazón» (Gen_17:17
RVA); también, «mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia» (Ec 1.16). Leb
se usa además en este sentido en cuanto a Dios: «Os daré pastores según mi
corazón» (Jer_3:15). «Corazón» puede connotar la fuente de deseo, inclinación o
voluntad: «El corazón de Faraón es terco» (Exo_7:14 LBA); «todo aquel que sea de
corazón generoso, traiga … ofrenda al Señor» (Exo_35:5 LBA; cf. vv. 21, 29); «Te
alabaré, oh Jehová, Dios mío, con todo mi corazón» (Psa_86:12). Leb se usa
también cuando Dios se expresa: «Ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo
mi corazón y con toda mi alma» (Jer_32:41 LBA). Cuando dos personas están de
acuerdo se dice que sus «corazones» están bien el uno con el otro: «¿Es recto tu
corazón, como mi corazón es recto con tu corazón?» (2Ki_10:15 RVA). En
2Ch_24:4 (RV), «Joas tuvo voluntad de reparar la casa de Jehová» (en heb.: «tuvo
en su corazón»). El «corazón» se tiene como el centro de las emociones: «Amarás a
Jehová tu Dios de todo tu corazón» (Deu_6:5); «Al verte, [Aarón] se alegrará en su
corazón» (Exo_4:14; cf. 1Sa_2:1). De la misma suerte hay corazones «alegres»
(Jdg_16:25), corazones «temerosos» (Isa_35:4) y corazones que «tiemblan»
(1Sa_4:13). El «corazón» se tiene como el centro del conocimiento y de la sabiduría
y como sinónimo de «mente». Esta acepción aparece a menudo cuando los verbos
«conocer» y «saber» acompañan a «corazón»: «Reconoce asimismo en tu corazón»
(Deu_8:5); y «Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender»
(Deu_29:4). Salomón oró: «Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a
tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo» (1Ki_3:9; cf. 4.29). La
memoria es una actividad del «corazón», como en Job_22:22 «Pon sus palabras
en tu corazón». El «corazón» se tiene como el centro de la conciencia y del carácter
moral. ¿Cómo responde uno a la revelación de Dios y del mundo que nos rodea?
Job responde: «No me reprochará mi corazón en todos mis días» (27.6). Lo
contrario aparece con David al que «le pesó en su corazón» (2Sa_24:10 LBA). El
«corazón» es la fuente de las acciones del ser humano: «En la integridad de mi
corazón y con manos inocentes yo he hecho esto» (Gen_20:5 LBA; cf. v. 6). David
anduvo «con rectitud de corazón» (1Ki_3:6); y Ezequías «con corazón íntegro»
delante de Dios (Isa_38:3). Únicamente la persona «de manos limpias y corazón
puro» (Psa_24:4 LBA) puede estar en la presencia de Dios. Leb puede referirse al
centro de la rebelión y del orgullo. Dijo Dios: «Porque la intención del corazón del
hombre es mala desde su juventud» (Gen_8:21 LBA). Tiro es como todo ser
humano: «Por cuanto tu corazón se enalteció, y porque, a pesar de ser hombre y no
Dios, dijiste: «Yo soy un dios … »» (Eze_28:2 RVA). Todos llegan a ser como Judá
cuyo pecado «está grabado en la tabla de su corazón» (Jer_17:1). Dios controla el
«corazón». Por su «corazón» natural, la única esperanza del ser humano está en la
promesa de Dios: «Os daré corazón nuevo … y quitaré de vuestra carne el corazón
de piedra, y os daré un corazón de carne» (Eze_36:26). Por esto el pecador ora:
«Crea en mí, oh Dios, un corazón puro» (Psa_51:10); y «Afirma mi corazón para
que tema tu nombre» (Psa_86:11). También, como dice David: «Yo sé, oh Dios
mío, que tú pruebas el corazón y que te agrada la rectitud» (1Ch_29:17). Por tanto,
el pueblo de Dios busca su aprobación: «Escudriña mi mente y mi corazón»
(Psa_26:2). El «corazón» simboliza el fuero interno del ser humano, su propia
persona. Como tal, es la fuente de todo lo que hace (Pro_4:4). Todos sus
pensamientos, deseos, palabras y acciones fluyen desde lo más profundo de su ser.
Con todo, ninguna persona logra entender su propio «corazón» (Jer_17:9). Al
seguir el ser humano su propio camino, su «corazón» se endurece cada vez más.
Pero Dios circuncidará (recortará la inmundicia) del «corazón» de su pueblo, para
que le amen y obedezcan con todo su ser (Deu_30:6).

B. Adverbio leb (ֵ‫ בל‬, H3820) , «tiernamente; amistosamente; confortablemente».


Leb se usa como adverbio en Gen_34:3 «Pero se sintió ligado a Dina … se enamoró
de la joven y habló al corazón de ella» (RVA; «le habló tiernamente lba»). En Rt
2.13, «al corazón» (RV, RVA, NRV) significa «amistosamente» o
«bondadosamente»: «Has hablado con bondad a tu sierva». El vocablo significa
«confortablemente» en 2Ch_30:22 y en Isa_40:2:

CORAZÓN
1. kardia (καρδία, G2588) , el corazón (cf. los términos castellanos cardiaco,
cardiólogo, etc.), el principal órgano de la vida física («porque la vida de la carne en
la sangre está», Lev_17:11), ocupa el puesto más importante en el sistema humano.
Mediante una fácil transición esta palabra vino a significar toda la actividad mental
y moral del hombre, incluyendo tanto sus elementos racionales como emocionales.
En otras palabras, se usa el corazón de manera figurada para denotar las corrientes
escondidas de la vida personal. «La Biblia declara que la depravación humana halla
su asiento en el «corazón», debido a que el pecado es un principio que halla su
asiento en el centro de la vida interna del hombre, contaminando por ello todo el
círculo de sus acciones (Mat_15:19,20). Por otra parte, las Escrituras consideran al
corazón como la esfera de la influencia divina (Rom_2:15; Act_15:9). El corazón, al
estar tan en el interior, contiene al «hombre interno» (1Pe_3:4); esto es, al hombre
real. Representa el verdadero carácter, pero lo esconde» (FJ. Laidlaw, en el
Hastings' Bible Dictionary). En cuanto a su utilización en el NT, denota: (a) el
asiento de la vida física (Act_14:17; Jam_5:5); (b) el asiento de la naturaleza moral
y de la vida espiritual, el asiento del dolor (Joh_14 1; Rom_9:2; 2Co_2:14); del
gozo (Joh_16:22; Eph_5:19); de los deseos (Mat_5:28; 2Pe_2:14); de los afectos
(Luk_24:32; Act_21:13); de las percepciones (Joh_12:40; Eph_4:18); de los
pensamientos (Mat_9:4; Heb_4:12); del entendimiento (Mat_13:15; Rom_1:21);
de los poderes de raciocinio (Mc 2.6; Luk_24:38); de la imaginación (Luk_1:51); de
la conciencia (Act_2:37; 1 Joh_3:20); de las intenciones (Heb_4:12, cf. 1Pe_4:1);
de los propósitos (Act_11:23; 2Co_9:7); de la voluntad (Rom_6:17; Col_3:15); de la
fe (Mc 11.23; Rom_10:10; Heb_3:12). El corazón, en su sentido moral en el AT,
incluye las emociones, la razón, y la voluntad.

2. splagcnon (σπλάγχνον, G4698) , entrañas, siempre en plural, denota


propiamente los órganos físicos de los intestinos, y se usa una vez así en Act_1 18
(para su utilización por parte de griegos y hebreos, véase CARIÑO). En 2Co_6:12 se
traduce «corazón», así como en Flm 7 y 20, lit., «entrañas». Véanse CARIÑO,
ENTRAÑABLE, ENTRAÑAS.

3. sklerokardia (σκληροκαρδία, G4641) , dureza de corazón (skleros, duro, y


kardia). Se usa en Mat_19:8; Mc 10.5; 16.14.
En la LXX, Deu_10:16; Jer_4:4:

4. kardiognostes (καρδιογνώστες, G2589) , uno conocedor de corazones (kardia


y ginosko, conocer). Se usa en Act_1:24; 15.8. Véase también CONOCER.

Corazón
Las resonancias que suscita la palabra "corazón" no son idénticas en hebreo y en
nuestra lengua. En nuestra manera de hablar, el corazón está ligado con la vida
afectiva: el corazón ama o detesta, desea o teme; en cambio, no se le atribuye
ninguna función en la actividad intelectual. El hebreo habla del corazón en un
sentido mucho más amplio. El corazón es lo que se halla en lo más interior; ahora
bien, en lo íntimo del hombre se hallan, sí, los sentimientos, pero también los
recuerdos y los pensamientos, los razonamientos y los proyectos. El hebreo habla,
pues, con frecuencia del corazón en casos en que nosotros diríamos memoria, o
espíritu, o conciencia: "anchura de corazón" (lRe 5,9) evoca la extensión del saber,
"dame tu corazón" puede significar "préstame atención" (Prov 23,26), y "corazón
endurecido" comporta el sentido de espíritu cerrado. Según el contexto puede
restringirse el sentido al aspecto intelectual (Mc 8,17), o por el contrario extenderse
(Act 7,51); el corazón del hombre designa entonces toda su personalidad
consciente, inteligente y libre.

1. Corazón y apariencia. En las relaciones entre personas es evidente que lo que


cuenta es la actitud interior. Pero el corazón se sustrae a las miradas. Normalmente
el exterior de un hombre debe manifestar lo que hay en el corazón. Así se conoce el
corazón, indirectamente por lo .que de él expresa el *rostro (Eclo 13,25), por lo que
dicen los *labios (Prov 16,23), por lo que revelan los actos (Le 6,44s). Sin embargo,
palabras y comportamientos pueden también di-simular el corazón en lugar de
manifestarlo (Prov 26,23-26; Eclo 12,16) : el hombre tiene la tremenda posibilidad
de aparentar. Al mismo tiempo su corazón tiene también dobleces, pues el corazón
es el que impone una determinada expresión externa, al mismo tiempo que adopta
interiormente posiciones muy diferentes. Esta doblez es un mal profundo, que la
Biblia denuncia con vigor (Ezlo 27,24; Sal 28,3s).

2. Dios y el corazón. También frente al llamamiento de Dios trata el hombre de salir


del paso con la doblez. "Dios es un fuego devorador" (Dt 4,24): ¿cómo afrontar sus
exigencias tan radicales? El mismo pueblo escogido no cesa de buscar rodeos. Para
dispensarse de una auténtica conversión, trata de contentar a Dios con un *culto
exterior (Am 5,21...) y con buenas palabras (Sal 78,36s).

Solución ilusoria : a Dios no se le puede engañar como se engaña a los hombres; "él
hombre mira a las apariencias, pero Yahveh mira al corazón" (1Sa 16,7). Dios
"escudriña el corazón y sondea los *riñones" (Jer 17,10; Eclo 42,18) y desenmascara
la mentira declaran-do: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
lejos de mí" (Is 29,31). Así, delante de Dios, se ve el hombre puesto en cuestión en
lo más profundo de su ser (Heb 4,12s). Entrar en relación con Dios es "arriesgar el
corazón" (Jer 30,21).

3. Necesidad de un corazón nuevo. Israel fue comprendiendo cada vez más que no
puede bastar una religión exterior. Para hallar a Dios hay que "buscarlo con todo el
corazón" (Dt 4,29). Israel comprendió que de una vez para siempre debe "fijar su
corazón en Yahveh" (ISa 7,3) y "*amar a Dios con todo su corazón" (Dt 6,5),
viviendo en entera docilidad a su *ley. Pero toda su historia demuestra su
impotencia radical para realizar tal ideal. Es que el mal le ataca en el corazón. "Este
pueblo tiene un corazón rebelde y contumaz" (Jer 5,23), "un corazón *incircunciso"
(Lev 26,41), "un corazón con doblez" (Os 10,2). En lugar de poner su fe en Dios,
"han seguido la inclinación de su mal corazón" (Jer 7,24; 18,12), y así han cargado
sobre ellos calamidades sin cuento. Ya no les queda sino "desgarrar su corazón" (Jl
2,13) y presentarse delante de Dios con un "corazón quebrantado y deshecho" (Sal
51,19), rogando al Señor les "cree un corazón puro" (Sal 51,12).

4. Promesa. Y tal es ciertamente el designio de Dios, cuyo anuncio reanima a Israel.


El *fuego de Dios es, en efecto, un fuego de amor; Dios no puede pretender la
destrucción de su pueblo; sólo ante esta idea se le revuelve el corazón (Os 11,8). Si
ha conducido al desierto a su esposa infiel, es para hablarle de nuevo al corazón (Os
2,16). Así pues, se pondrá término a sus pruebas y comenzará otra época
caracterizada por una renovación interior que obrará Dios mismo. "Circuncidará tu
corazón y el corazón de tus descendientes para que ames a Yahveh, tu Dios, con
todo tu corazón y con toda tu alma, y vivas" (Dt 30,6). Los israelitas no serán ya
rebeldes. pues Dios, estableciendo con ellos una nueva alianza, "pondrá su ley en el
fondo de su ser y la escribirá en su corazón)) (Jer 31,33). Todavía más: Dios les
dará otro corazón (Jer 32,39), un corazón para *conocerle (Jer 24,7; comp. Dt
29,3). Después de haber ordenado: "Haceos un corazón nuevo" (Ez 18,31), promete
Dios realizar él mismo lo que ordena: "Yo os purificaré. Yo os daré un corazón
nuevo, pondré en vosotros un *espíritu nuevo; quitaré de vuestra carne el corazón
de *piedra y os daré un corazón de *carne" (Ez 36,25s). Así se asegurará una unión
definitiva entre Dios y su pueblo.

5. Don. Esta promesa se cumplió por Jesucristo. Jesús, volviendo primero a la


enseñanza de los profetas. pone en guardia contra el formalismo de los *fariseos;
atrae la atención hacia el verdadero mal, el que viene del corazón: "Del corazón
provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios...: esto es lo que
hace impuro al hombre" (Mt 15,19s). Jesús recuerda la exigencia divina de
generosidad interior: hay que recibir la palabra en un corazón bien dispuesto (Lc
8,15), amar a Dios de todo corazón (Mt 22,37 p), perdonar al hermano del fondo
del corazón (Mt 18,35). A los corazones puros promete Jesús la visión de Dios (Mt
5,8). Pero, superando en esto a todos los profetas, esta *pu-reza él mismo, "manso
y humilde ,de corazón" (Mt 1129), la confiere a sus discípulos (Mt 9,2; 26,28).
Resucitado, los ilumina: mientras les hablaba, su corazón ardía en su interior (Lc
24,32).

En adelante la *fe en Cristo, adhesión del corazón, procura la renovación interior,


de otra manera inaccesible. Es lo que afirma san Pablo:"Si tu corazón cree que Dios
lo ha resucitado de los muertos, serás salvo. Porque la fe del corazón obtiene la
justicia" (Rom 10,9s). Por la fe se iluminan los ojos del corazón (Ef 1,18); por la fe
habita Cristo en los corazones (Ef 3,17). En los corazones de los creyentes se
derrama un espíritu *nuevo, "el Espíritu del Hijo, que clama : Abba, Padre" (Gál
4,6), y con él, "el amor de Dios" (Rom 5,5). Así "la paz de Dios, que sobrepuja todo
entendimiento, guarda nuestros corazones" (Flp 4,7). Tal es la nueva alianza,
fundada en el sacrificio de aquel al que el oprobio destrozó el corazón (Sal 69,21).

Juan apenas si habla del corazón, a no ser para desterrar la turbación y el temor
(Jn 14,27), pero proclama en otros términos el cumplimiento de las mismas
promesas: habla de *conocimiento (lJn 5,20; cf. Jer 24,7), de *comunión (1Jn 1,3),
de amor y de vida eterna. Todo esto nos viene por Jesús, crucificado y glorificado:
del interior de Jesús (Jn 7,38; cf. 19,34) brota una fuente que renueva íntimamente
al fiel (4, 14). Jesús en persona viene dentro de los suyos para darles la vida (6,56s).
Hasta se podría decir que, según Juan, Jesús es el corazón del nuevo Israel, corazón
que pone en íntima relación con el Padre y establece entre todos la unidad: "yo en
ellos y tú en mí, para que sean perfecta-mente uno" (17,23; cf. 11,52; Act 4,32); que
el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos" (Jn 17,26).

También podría gustarte