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Copia de 1.1. CSJ Sent. 8-Feb-2016

La Corte Suprema de Justicia de Colombia decidió sobre un recurso de casación interpuesto por Álvaro Martínez Hernández contra una sentencia que denegó su pretensión de rescindir un contrato de compraventa por lesión enorme. El tribunal confirmó que Martínez carecía de legitimación para actuar, ya que solo la persona jurídica afectada podía demandar, y su calidad de socio no le otorgaba derechos sobre la acción. La Corte abordó la legitimación en la causa y la necesidad de que el demandante sea titular del derecho que reclama.

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La Corte Suprema de Justicia de Colombia decidió sobre un recurso de casación interpuesto por Álvaro Martínez Hernández contra una sentencia que denegó su pretensión de rescindir un contrato de compraventa por lesión enorme. El tribunal confirmó que Martínez carecía de legitimación para actuar, ya que solo la persona jurídica afectada podía demandar, y su calidad de socio no le otorgaba derechos sobre la acción. La Corte abordó la legitimación en la causa y la necesidad de que el demandante sea titular del derecho que reclama.

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República de Colombia

Corte Suprema de Justicia

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA DE CASACIÓN CIVIL

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ


Magistrado Ponente

SC1182-2016
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01
(Aprobado en sesión de veinte de octubre de dos mil quince)

Bogotá D.C., ocho (8) de febrero de dos mil dieciséis (2016).

Decide la Corte el recurso extraordinario de casación que


interpuso la parte actora contra la sentencia proferida por la Sala
Civil - Familia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta,
dentro del proceso ordinario identificado con la radicación de la
referencia.

I. ANTECEDENTES

A. La pretensión

Álvaro Martínez Hernández formuló demanda contra Nelly


Duarte Villamizar y Aldo Antonio Fuentes Castro en su condición de
liquidador de Inversiones Asociados Cía. Ltda. En liquidación, para
que se declarara rescindido por lesión enorme el contrato de
compraventa contenido en la escritura pública No. 5639 de 28 de
diciembre de 2006, otorgada ante la Notaría 2ª de Cúcuta.

En consecuencia, se ordenaran las restituciones mutuas a que


hubiere lugar; la devolución del precio pagado por la compradora y
la cancelación de la respectiva escritura pública junto con su
registro.

B. Los hechos

1. La sociedad demandada, representada legalmente por su


liquidador, transfirió a Nelly Duarte Villamizar el derecho de dominio
que tenía sobre un lote de terreno con extensión superficiaria de
715,03 m2, ubicado en la Avenida Los Libertadores No. 11-56 de la
ciudad de Cúcuta, identificado con la matrícula inmobiliaria No. 260-
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

745 por la suma de $80’361.000, que la vendedora declaró


recibida.

2. El demandante es socio mayoritario de la mencionada


compañía, y por lo tanto le asiste un interés legítimo respecto de
los términos en que se efectuó la negociación.

3. Por solicitud suya, se realizó un avalúo que fijó el valor del


bien en $453’160.165,oo para la época de la venta.

4. El liquidador de la empresa vendedora efectuó dos


consignaciones a nombre del demandante: una por $70’000.000,oo
y la otra por $20’000.000,oo, sin contar con su consentimiento y
desconociéndose el motivo de los depósitos.

C. El trámite de la primera instancia

1. Mediante providencia de 17 de julio de 2008 fue admitida


la demanda. [Folio 48, c. 1]

2. La demandada Nelly Duarte Villamizar se pronunció en


relación con los hechos aducidos por el actor, precisando que el
precio realmente acordado para la enajenación fue de
$300’000.000, tal como se consignó en la promesa de compraventa
celebrada el 18 de diciembre de 2006.

La aludida cantidad fue pagada de la siguiente manera: (i)


$170’000.000,oo a la firma del convenio preparatorio; (ii)
$90’000.000,oo el 28 de diciembre de 2006, fecha en que se otorgó
la escritura de venta y (iii) $40’000.000,oo que inicialmente
garantizó con la constitución de hipoteca sobre el predio adquirido,
y que procedió a cancelar el 15 de enero de 2007 por lo que fue
levantado dicho gravamen, todo lo cual se hizo constar en los
recibos expedidos por el liquidador.

En virtud de lo anterior, no se configuró la lesión enorme,


porque el precio efectivamente cancelado no es inferior a la mitad
de aquel que el demandante considera justo.

Como excepción de mérito formuló la de «falta de


legitimación por activa», fundada en que la única facultada para
impetrar la acción era la vendedora por haber sido parte en el
contrato, sin que Álvaro Martínez pudiera actuar a nombre de esta,
ni aducir un eventual perjuicio derivado de la enajenación, toda vez
que conoció el proceso de liquidación de esa compañía y pudo
intervenir para objetar las decisiones adoptadas por sus miembros.
[Folio 76, ib.]

El otro demandado también se opuso a las peticiones del


escrito introductorio manifestando que no existió lesión enorme, por
cuanto el precio pagado por el predio fue el que señaló la
compradora y no el que se consignó en la escritura de venta.
2
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

Además, la cabida real del terreno era de 604,78 m2, factor en


razón del cual el valor comercial era inferior al dictaminado en el
avalúo que se allegó con la demanda, pues en esa tasación se tuvo
en cuenta un área de 769 m2.

Planteó la excepción de mérito de «inexistencia de la lesión


enorme». [Folio 111, ib.]

3. El juez a-quo declaró probada la falta de legitimación en la


causa del demandante y, en consecuencia, denegó sus
pretensiones y lo condenó en costas. [Folio 163, ib.]
Para arribar a esa determinación, consideró que la condición
que ostentaba el demandante de socio mayoritario de Inversiones
Asociados Cía. Ltda. no lo facultaba para ejercer la acción, en la
medida en que la única titular del derecho subjetivo que podía
haber sido lesionado era la persona jurídica. [Folio 162, ib.]

4. Inconforme con lo decidido, el demandante interpuso


recurso de apelación. [Folio 165, ib.]

D. La providencia impugnada

Mediante fallo proferido el 12 de octubre de 2012, el Tribunal


confirmó la sentencia proferida por el juzgador de primer grado.

En sustento de su determinación, indicó que el demandante


carecía de legitimación para acudir a la acción rescisoria, por
cuanto, atendida su naturaleza personal, únicamente podía incoarse
por el contratante lesionado y el actor no ostenta dicha condición.

Su calidad de socio de la compañía que vendió el inmueble -


agregó- no lo legitima para «demandar los actos que el
representante legal, o liquidador realizó en ejercicio de sus
funciones y como deber de la ejecución de liquidador»1,
atendiéndose que la sociedad forma una persona jurídica distinta de
los socios individualmente considerados.
II. LA DEMANDA DE CASACIÓN

Un único cargo formuló la parte actora, en el que bajo el


amparo de la causal primera del artículo 368 del Código de
Procedimiento Civil, denunció la violación directa de los artículos
1946 y 1947 del Código Civil por interpretación errónea, y los
artículos 222, 238, numeral 5º, 247, 248, 249 y 379 del Código de
Comercio, por falta de aplicación.

En desarrollo de la acusación, indicó que el sentenciador


desconoció que al promotor del proceso «le asiste interés y
legitimación para defender, conservar y reintegrar el patrimonio de

1 Folio 40, c. 7.
3
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

la universalidad jurídica, pues ello repercute en la distribución del


activo líquido social».2

El principio de la relatividad de los contratos -añadió- no es


absoluto, pues como excepción a él se contempla que algunas
personas que no concurrieron a su celebración puedan impugnarlos,
porque «los alcanzan los efectos nocivos» del convenio, situación
en la que se encuentran «los socios de una sociedad disuelta e
ilíquida, incluso liquidada, frente a los actos de disposición de
bienes sociales realizados por el liquidador en detrimento de la
masa indivisa»3, evento ante el cual debe acudirse al criterio que
expuso la Corte en un caso de simulación, donde se «avaló la
legitimación de un socio que demandaba para la sociedad, sin que
para ese propósito fuera ‘menester aguardar a la disolución y
liquidación de la sociedad para auscultar si sus prerrogativas han
sufrido algún desmedro’»4, legitimación que «se hace más patente
frente a una sociedad disuelta, ya ilíquida, ora liquidada, porque en
cualquiera de tales estados, en cuanto a la partición y adjudicación,
el derecho del socio es concreto».5

La sentencia recurrida -concluyó- debe ser casada porque se


incurrió en el yerro jurídico denunciado, el cual condujo al juzgador
a negarle legitimación al demandante en el ejercicio de la acción.

Por consiguiente, al prosperar el cargo, debe proferirse la


decisión sustitutiva que declare la lesión enorme y disponga la
rescisión, de no ser necesario acudir a la facultad de decretar
pruebas de oficio.

III. CONSIDERACIONES

1. No genera discusión alguna la calificación que se ha dado a


la «legitimación en la causa» como uno de los presupuestos
indispensables para la procedencia de la pretensión, es decir, como
condición de la acción judicial, de ahí que se le haya considerado
como cuestión propia del derecho sustancial y no del procesal, pues
alude a la materia debatida en el litigio y no a los requisitos
indispensables para la integración y desarrollo válido de éste.

Tal atributo, en términos generales, se predica de las


personas que «se hallan en una determinada relación con el objeto
del litigio», en virtud de lo cual se exige «para que la pretensión
procesal pueda ser examinada en cuanto al fondo, que sean dichas
personas las que figuren como partes en tal proceso».6

2 Folio 17, c. Corte.


3 Ibídem.
4 Folio 18, c. 1.
5 Ibídem.
6 GUASP, Jaime. Derecho Procesal Civil. Tomo Primero. Madrid: Instituto de Estudios Políticos,
1968, p. 185.
4
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

Aunque la garantía de acceso a la administración de justicia -


ha dicho esta Sala- constituye un principio de orden constitucional,
solamente «el titular de derechos o quien puede llegar a serlo, está
facultado para ponerla en funcionamiento, frente al obligado a
respetarlos o mantenerlos indemnes», de tal modo que si alguna de
las partes carece de esa condición «se presentaría una restricción
para actuar o comparecer, sin que se trate de un aspecto procesal
susceptible de subsanación, sino que, por su trascendencia, tiene
una connotación sustancial que impide abordar el fondo de la
contienda» (CSJ SC 4468, 9 Abr. 2014, Rad. 2008-00069-01) y, por
lo tanto, se erige en «motivo para decidirla adversamente» (CSJ SC,
14 Ago. 1995, Rad. 4628).

Acoger la pretensión en la sentencia depende de, entre otros


requisitos, que «se haga valer por la persona en cuyo favor
establece la ley sustancial el derecho que se reclama en la
demanda, y frente a la persona respecto de la cual ese derecho
puede ser reclamado (…). Si el demandante no es titular del
derecho que reclama o el demandado no es persona obligada, el
fallo ha de ser adverso a la pretensión de aquél, como acontece
cuando reivindica quien no es el dueño o cuando éste demanda a
quien no es poseedor» (CSJ SC, 14 Ago. 1995, Rad. 4628, reiterado
en CSJ SC, 26 Jul. 2013, Rad. 2004-00263-01).

El ordenamiento adjetivo autoriza invocar la falta de ese


presupuesto sustancial, al tenor del artículo 6º de la Ley 1395 de
2010, como «excepción previa», aunque también es admisible
plantearla como mecanismo de defensa en la contestación de la
demanda, y en todo caso, es deber del juez asumir su examen de
manera oficiosa en la sentencia.

2. Son múltiples los criterios bajo los cuales se reconoce


legitimación en la causa a las partes de un juicio. El primero de
ellos, como es lógico, está vinculado a la titularidad por activa o por
pasiva de la relación jurídica o derecho subjetivo que se debate en
la acción; otro es el que se relaciona con la facultad del Ministerio
Público de promover acciones para beneficio de derechos
particulares y de ejercer la defensa del demandado en los casos en
los que tiene asignada esa función.

Se encuentran también los terceros que, sin ser titulares de la


relación jurídica litigiosa, ni representantes de estos, obran en
nombre propio, pero haciendo valer derechos ajenos o soportando
5
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

obligaciones que no son suyas, tal es el caso del acreedor que


ejercita una acción pauliana; el tenedor de la prenda que la reclama
o defiende ante terceros y el accipiens que demanda la pertenencia
de un bien, entre otras hipótesis previstas en la ley.

Por último, deben incluirse las situaciones en las que -ha


apuntado la doctrina procesal más autorizada- «la existencia
objetiva del derecho y de la acción y de su pertenencia subjetiva se
ofrecen separadas al juez», lo que ocurre «cuando otras personas
se presentan como posibles interesados activa o pasivamente en
una acción».7

Ejemplo de lo anterior es la presencia de «varios interesados


respecto de un mismo objeto o patrimonio, o se haya privado de las
acciones correspondientes a cierto patrimonio, al sujeto de este, y
pueda discutirse si una acción corresponde a algunos de los
interesados o al total de ellos o al patrimonio considerado como
ente (comunidad, sociedad, dote, herencia yacente, etc.)».8

De modo que no es un único parámetro el que permite


establecer si a las partes les asiste o no legitimatio ad causam, sino
que es imperativo analizar un «conjunto de circunstancias,
condiciones o cualidades de cierta categoría de sujetos, respecto a
la relación o al estado jurídico objeto del proveimiento que reclama
un determinado sujeto».9

El elemento común en los casos mencionados es el interés


jurídico específico y concreto del sujeto en el objeto del litigio o de
la decisión reclamada, pues tanto lo tiene el titular del derecho o
relación sustancial discutida o de la obligación correlativa como el
que, en procura de obtener un beneficio propio, ejerce la defensa
de derechos ajenos, y también el Ministerio Público, que resguarda
el interés de la sociedad en las causas litigiosas en las que
interviene, el cual se puede hallar implícito, incluso, cuando aboga
por personas que se encuentran en determinadas condiciones
(menores e interdictos), pues aun en ese evento se puede
identificar el interés general que existe en la protección de los
incapaces.

La conclusión de lo expuesto es que el interés en el litigio,


factor que es determinante en la legitimación en la causa litigiosa,
puede asistirle a varias personas por activa y por pasiva aunque

7 DEVIS ECHANDÍA, Hernando. Tratado de Derecho Procesal Civil. Tomo I. Bogotá:


Temis, 1961, p. 490.
8 Op.cit., p. 491.
9 ROCCO, Ugo. Tratado de Derecho Procesal Civil, citado en DEVIS ECHANDÍA, op.
cit., p. 519.
6
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

solo algunos de ellos sean los titulares de la relación jurídica


material, de ahí que a unos y a otros les deba ser reconocida.

3. Bajo esa perspectiva se debe analizar el contenido de los


preceptos del ordenamiento civil que el casacionista estima
quebrantados, los cuales atañen a la procedencia de la acción
rescisoria de la venta por lesión enorme en el precio pagado o
recibido por la cosa.

El artículo 1946 del Código Civil consagra que el contrato de


compraventa «podrá rescindirse por lesión enorme», y el 1947
establece que el vendedor sufre esa afectación «cuando el precio
que recibe es inferior a la mitad del justo precio de la cosa que
vende», y el comprador a su vez la experimenta en el evento de
que «el justo precio de la cosa que compra es inferior a la mitad del
precio que paga por ella», entendiéndose que el justo precio «se
refiere al tiempo del contrato».

Las citadas disposiciones sustanciales permiten deducir que la


acción rescisoria tiene el claro propósito de garantizar el principio
de equidad o equilibrio económico en las prestaciones de los
contratantes, que se mide en la proporción fijada por el legislador.

3.1. Respecto de la legitimación para incoarla se ha dicho que


«(…) el vendedor, o el comprador, que se considere enormemente
lesionado en relación con el precio de un inmueble transferido en
compraventa, está legitimado para pedir la rescisión del contrato»
(CSJ SC, 6 May. 1968), añadiéndose posteriormente que «teniendo
como objeto… el restablecimiento en lo posible del equilibrio
contractual, son las partes intervinientes en el negocio jurídico en
que se pregona la lesión, en términos generales, los legitimados
para incoar la acción, vale decir, el comprador o el vendedor, según
el extremo que haya sido la víctima» (CSJ SC, 5 May. 1998, Rad.
5075; el subrayado es ajeno al texto).

Si el contratante ha fallecido, la acción, que es personal y de


carácter patrimonial «pasa a sus herederos, ‘porque formando
parte tal acción de la universalidad transmisible del causante, se
fija en cabeza de sus sucesores universales, como los demás bienes
transmisibles. Basta pues, la vocación hereditaria de herederos
forzosos o simplemente legales o testamentarios, para que quien
goce de ella tenga interés jurídico para ejercer las acciones que
tenía su antecesor y pueda ejercitarlas en las mismas condiciones
que éste podría hacerlo si viviera’ (sentencia del 19 de diciembre
de 1962)».10

En otra oportunidad indicó esta Corporación que:

(…) La rescisión por lesión enorme, según la forma como ella


quedó concebida en los artículos 1946 y siguientes del C.

10 Ibídem.
7
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

Civil, tiene que ser vista como institución que puede ser
ejercida respecto de los contratos de compraventa de
inmuebles, y solo por el comprador y el vendedor que hayan
podido ser afectados al realizar una tal negociación; traduce
esa idea que los ajenos al negocio no están legitimados para
ejercitar la respectiva acción, lo cual armoniza, además, con
el principio de la relatividad de los contratos, en virtud del
cual, quienes no concurran a su celebración, mal podrían ser
vistos como perjudicados por su efecto. Los contratos, por
regla general, ni aprovechan ni perjudican a los que no han
concurrido a celebrarlos.(CSJ SC, 12 Dic. 2003, Rad. 2002-
0039-01; destacado propio).

Y después sostuvo: «(…) la transferencia definitiva del


inmueble a un tercero de buena fe, impide que éste pueda resultar
cobijado por la protesta de lesión, que es asunto que concierne
únicamente a quienes intervinieron en la venta fustigada, y que,
por lo mismo, no puede afectar el patrimonio de esos terceros» (CSJ
SC, 30 Ene. 2007, Rad. 1993-2889-01).

Los aludidos pronunciamientos refieren al principio conforme


al cual, generalmente, la lesión enorme en el contrato de
compraventa solo perjudica al vendedor o al comprador del bien, y
a que no puede adelantarse el proceso rescisorio contra terceros
adquirentes de buena fe, pues no les es oponible el negocio
antecedente en el que ocurrió ese menoscabo.

No obstante, dado que no solo los primeros pueden resultar


afectados por el desequilibrio patrimonial, dicha regla admite
excepciones, las cuales de ningún modo son incompatibles con que
la rescisoria sea considerada como una acción personal, pues tal
atributo únicamente indica que no responde «al hecho de ser el
actor titular de derecho real sobre la cosa» (CSJ SC, 30 Ago 1955,
LXXXI, 79; CSJ SC, 13 May 1987, G.J. 2427, p. 213), pero no la
adscribe de manera exclusiva a los contratantes.

3.2. El asunto de la legitimación de las partes en la lesión de


ultra dimidium no puede estar, tampoco, regido por la aplicación del
principio de relatividad de los contratos en la forma restrictiva en
que se le ha entendido, la cual conduce a una falsa idea acerca de
los efectos de esos negocios que desconoce su proyección sobre la
situación jurídica de personas que no han intervenido en el acto.
Ese postulado, conocido por el aforismo romano res inter
allios acta tertio neque nocet neque prodest, en desarrollo del cual
se ha afirmado que los acuerdos de voluntad no generan
consecuencias sino entre los contratantes, lo que dimana de que
siendo el acuerdo de voluntad una «ley» para las partes (art. 1602

8
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

C.C.) no puede éste imponerse a quienes no han manifestado su


consentimiento para celebrarlo, no tiene hoy el carácter absoluto
que antes se le atribuyó, e incluso su alcance ha sido morigerado
(CSJ SC, 4 May 2009, Rad. 2002-00099-01).

Ha existido un mal entendimiento del aludido principio -


explicó la jurisprudencia- «todo por echarse al olvido que en los
alrededores del contrato hay personas que ciertamente no fueron
sus celebrantes, pero a quienes no les es indiferente la suerte final
del mismo. Dicho de otro modo, no sólo el patrimonio de los
contratantes padece por la ejecución o inejecución del negocio
jurídico; también otros patrimonios, de algunos terceros, están
llamados a soportar las consecuencias de semejante
comportamiento contractual» (CSJ SC, 28 Jul 2005, Rad. 1999-
00449-01).

Y como ejemplo de lo anterior, señaló:

No hace mucho, por ejemplo, alegaba un recurrente que ante


el impago de un cheque, el tenedor, así encontrase culpable
al banco de ese hecho, necesariamente tenía que reclamarle
al girador, pues al banco no podía demandar ya que ninguna
relación contractual lo unía a él; y tampoco podía hacerlo
extracontractualmente porque si aun así resultaba menester
establecer el eventual incumplimiento por el banco del
contrato de cuenta corriente, de todos modos sería permitir
que la acción de un extraño terminara definiendo la suerte
del contrato, y sin la comparecencia de todos sus celebrantes.
A lo cual hubo de responder la Corte en los siguientes
términos: Planteamiento semejante parecería encontrar
apoyo en el citado principio [res inter allios acta]. “Se dirá, en
efecto: el contrato no incumbe sino a sus celebrantes, y por
consiguiente las acciones que allí se deriven no tienen más
titular que ellos mismos; todo intento de los demás por
penetrar en el contrato, ha de ser rehusado.

Ese argumento -sostuvo- «deja de ver que un hecho puede


generar diversas proyecciones en el mundo jurídico; de aquí y de
allá. (…) Los perjuicios de un comportamiento anti-contractual,
verbigracia, podrían lesionar no sólo al co-contratante sino afectar a
terceros, e incluso llegar a afectar no más que a terceros: el mismo
hecho con roles jurídicos varios».11

3.3. En la periferia del contrato, entonces, existen terceros a


los cuales el incumplimiento, los vicios en su formación, el
ocultamiento de la voluntad real de los contratantes y el
desequilibrio en su contenido prestacional los alcanza y afecta
patrimonialmente.

11 Ibídem.
9
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

La distorsión de que ha sido objeto el axioma res inter allios


acta ha representado, en no pocos casos, la imposición de un
obstáculo o blindaje del convenio frente a las personas que, aunque
ostentan un interés jurídico serio en virtud de los efectos que le
reporta ese negocio jurídico, no concurrieron a su celebración,
cuando su genuino alcance excluye únicamente a quienes son
enteramente ajenos a la relación contractual, también llamados
terceros absolutos o penitus extranei.

Son ellos los sujetos totalmente extraños al contrato y que no


tienen vinculación alguna con las partes, por lo que aquel ni les
perjudica ni les aprovecha.

En el grupo de los no celebrantes del convenio, sin embargo,


también se encuentran los terceros relativos, quienes sí guardan
una vinculación jurídica con los contratantes por cuanto dicho pacto
les irradia derechos y obligaciones.

En ese sentido «-puede suceder –anota Morales Molina- que


un tercero se halle jurídicamente vinculado a una de las partes
principales o a la pretensión que se debate, y que por ello pueda
resultar afectado por la sentencia que llegue a proferirse. A éste se
le denomina tercero interesado, y por razón de su interés jurídico la
ley le brinda los medios de intervenir en el proceso para hacerlo
parte».12

Dentro de esa categoría están los «cesionarios, o los


herederos o causahabientes a título universal o singular» y también
los deudores solidarios o de obligación con objeto indivisible, los
coherederos, los comuneros, los titulares de derechos reales
principales cuando la propiedad se halla desmembrada, el cónyuge
respecto a bienes sociales, el adquirente de cosa litigiosa, o el
propietario del bien gravado con garantía real.
Tal modalidad se ha hecho extensiva a los acreedores en
relación con los actos jurídicos realizados por el deudor, toda vez
que el patrimonio de éste constituye prenda general de garantía, y
también se reconoce en «aquellos en cuyo favor se ha estipulado
una relación contractual, según los términos del artículo 1.506 del
Código Civil» (CSJ SC, 5 Ago 2013, Rad. 2004-00103-01).

En la providencia que se acaba de citar, la Corte se pronunció


sobre los efectos de la declaración de la simulación de un negocio
jurídico y sostuvo que «muy a menudo ocurre que como resultado
de las relaciones jurídicas posteriores al contrato simulado, las
consecuencias de éste tienen incidencia directa en otras personas,
ante lo cual cabe preguntarse si un acto aparente posee la
virtualidad de lesionar los intereses de terceros; entendiendo por
estos últimos -en sentido amplio- los sucesores a título universal

12 MORALES MOLINA, Hernando. Curso de Derecho Procesal Civil. Parte General.


8ª ed. Bogotá: Editorial ABC, 1983. p. 239.
10
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

(herederos y legatarios), los acreedores quirografarios, los


causahabientes a título particular, e, incluso, el penitus extraneus».

Los terceros relativos están legitimados para participar en el


litigio, es decir están en una condición en virtud de la cual ellos
mismos hubieran podido ejercer la pretensión, o sea que son
sujetos de intervención principal, pues poseen un derecho propio
distinto de los del demandante y demandado, de ahí que no es
posible acallar su interés jurídico con el solo argumento de que no
concurrieron a la formación del contrato.

De ahí que su legitimación haya sido reconocida por la


jurisprudencia en acciones como la de simulación, pues «todo aquel
que tenga un interés jurídico protegido por la ley, en que
prevalezca el acto oculto sobre lo declarado por las partes en el
acto ostensible, está habilitado para demandar la declaración de
simulación. Ese interés puede existir lo mismo en las partes que en
los terceros extraños al acto, de donde se sigue que tanto aquellas
como éstos están capacitados para ejercitar la acción…(G.J. tomo
LXXIII, pág. 212)» (CSJ SC, 27 Ago. 2002, Rad. 6926).

4. La acción rescisoria, en este caso, fue promovida por quien


ostentaba la condición de socio mayoritario de Inversiones
Asociados Compañía Ltda., la cual enajenó el lote de terreno que
constituía el único activo de la sociedad a favor de Nelly Duarte
Villamizar, y a pesar de que no celebró la compraventa, es
innegable que estaba legitimado para incoar la acción rescisoria por
la lesión enorme que estimó configurada en ese negocio, como a
continuación se explica.

4.1. Ya en otras oportunidades, esta Sala ha admitido la


legitimación de los socios para reclamar contra los negocios en
cuya celebración no han intervenido en virtud de los perjuicios que
estos les irrogan, incluso en contra de la voluntad de otros
asociados y sin que el demandante ostente la representación legal
de la persona jurídica, avance en la doctrina jurisprudencial de la
Corporación que, sin duda, deja ver que, en ningún caso, el
principio de relatividad de los contratos puede ser interpretado en
términos absolutos sino en su auténtico alcance, lo que supone -
como se dijo- aceptar que las convenciones jurídicas de las partes
irradian sus efectos a cierta categoría de terceros que no le son
completamente extraños, a quienes les asiste legitimación para
11
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

discutir en el ámbito del proceso los hechos y actos que lesionan


sus intereses.

Es así como en sentencia proferida el 30 de noviembre de


2011, se indicó que «(…) el socio, durante toda la existencia de la
persona jurídica societaria, sin perjuicio de otras relaciones jurídicas
derivadas del contrato social y de su calidad de asociado, es
acreedor o titular de prerrogativas exigibles frente a la sociedad
(cfr. art. 379 del C. de Co.)» en virtud de lo cual «ostenta
legitimidad para reclamar ante la justicia que se declare la
simulación del correspondiente negocio jurídico, con miras a
salvaguardar, se insiste, los derechos patrimoniales que se
desprenden de sus relaciones con la sociedad» en el evento de que
«con el acto aparente se pongan en riesgo, de manera fundada y
evidente» sus derechos», como ocurre «cuando, v.gr., se manifieste
que la sociedad se desprende a título oneroso de un bien, pero, en
realidad, nada recibe a cambio como contraprestación», lo que se
justifica porque «de mantenerse una operación como la
anteriormente descrita sus intereses ciertamente se afectarán a
partir de ese momento» (Rad. 2000-00229-01).

Y posteriormente, por vía refleja se aceptó la legitimación de


los socios en los procesos de simulación, al reconocerle tal atributo
al acreedor del asociado de una persona jurídica que había
enajenado un inmueble, y a la heredera de un socio del ente moral
que vendió un bien de ese tipo.

En el primero de esos pronunciamientos, sostuvo la Sala:

(…) es evidente que con relación a “negocios jurídicos de


disposición de activos” celebrados por la respectiva “sociedad
en comandita”, se torna imperioso reconocerle “legitimación
al acreedor del socio” cuyas “cuotas de capital” se hallan
embargadas a favor de la ejecución para el cobro de su
crédito, a fin de que pueda ejercitar la “acción de simulación”,
como garantía auxiliar de protección del “derecho de prenda
general” reconocido en el artículo 2488 del Código Civil, toda
vez que la enajenación ficticia de “elementos del activo
patrimonial de la sociedad”, puede traer como consecuencia
la pérdida de valor de las “cuotas de capital” si por ejemplo el
convenio fuere simulado y también porque esos actos
repercuten en la disminución de la participación del socio
deudor en una eventual liquidación de la sociedad.

12
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

Las reseñadas circunstancias, evidencian de manera


ostensible la generación de perjuicio no solo para los
“acreedores” de la compañía, sino respecto de quienes
ostentan esa calidad con relación a los “socios” que tengan
“cuotas de capital”, cuando hayan obtenido el decreto de
medidas cautelares sobre esos “derechos patrimoniales de su
deudor” con antelación al contrato atacado, de donde emerge
el “interés jurídico” que faculta a los nombrados “terceros”
para promover la “acción de simulación” frente a “negocios
jurídicos anómalos de disposición de activos celebrados por la
respetiva sociedad” (CSJ SC, 2 Ago 2013, Rad. 2003-00168-
01; se subraya).

En la otra providencia se indicó:

En el caso sub judice no existe duda de que la actora está


legitimada para promover esta acción, dado que es heredera
del difunto socio de la entidad demandada, lo que la faculta
para solicitar la declaratoria de simulación del negocio que
resulta contrario a sus intereses, sobre todo si se tiene en
cuenta que la sentencia que declaró que es hija del causante
quedó ejecutoriada mucho antes de la fecha de interposición
de esta demanda…

En consecuencia, como “la herencia o legado se defiere al


heredero o legatario en el momento de fallecer la persona de
cuya sucesión se trata, si el heredero o legatario no es
llamado condicionalmente” (artículo 1013 del Código Civil),
entonces deviene ostensible que la sucesora está legitimada
para reclamar la restitución de los bienes para la sociedad en
la que su ascendiente tenía participación económica al
momento de su muerte (CSJ SC, 5 Ago. 2013, Rad. 2004-
00103-01).

A la par de lo anterior se ha aceptado que la legitimación de


los terceros para formular la acción de simulación es
«eminentemente restringida, puesto que “el contrato no puede
quedar expuesto a que cualquier persona que tuviera conocimiento
del acto, pudiera asistirle interés para hacer prevalecer la verdad”»
(CSJ SC, 5 Sep. 2001, Rad. 5868), de ahí que cada caso siempre
deba evaluarse «a la luz de las particulares circunstancias en que
dicho negocio se haya verificado y en que, respecto de él, se
encuentre el tercero demandante» (CSJ SC, 30 Nov. 2011, Rad.
2000-00229-01).
13
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

4.2. Si en materia de simulación, la Corte ha admitido la


legitimación de los asociados para demandar los negocios jurídicos
fingidos y fraudulentos celebrados por las sociedades comerciales
en que participan, similar criterio es el que debe regir en el
presente caso, pues varias razones confluyen para aceptar la
habilitación del actor en la formulación de la acción rescisoria.

En primer lugar, el demandante hacía parte de una sociedad


de responsabilidad limitada, que descansa sobre «una base de
confianza y de consideración a las calidades personales de los
socios»13, en virtud de la cual existe una relación intuito personae
entre los asociados como en las sociedades de personas;
concretamente, Inversiones Asociados Cía. Ltda. estaba integrada
por cinco socios:

SOCIO % CUOTAS SOCIALES

Álvaro Martínez Hernández 40%


(demandante)
20%
Yebrail Mateus Gordillo

Aldo Antonio Fuentes Castro 20%


(demandado)

Álvaro Jesús Uribe Castellanos 10%

Ángela Castellanos de Uribe 10%

A lo anterior se adiciona que al momento de instaurarse la


demanda, la persona jurídica se hallaba liquidada mediante acta de
junta de socios de 5 de diciembre de 2006, inscrita el 10 de enero
de 2007 bajo el No. 09320957 del Libro IX del Registro Mercantil
[Folio 2, c. 1.], con lo cual se extinguió la sociedad, de ahí que
cualquiera de los socios estaba legitimado para incoar acciones
judiciales tendientes a la protección de sus derechos.

De otra parte, el actor no solicitó que los efectos jurídicos


derivados de la eventual prosperidad de sus pretensiones se
materializaran exclusivamente en su favor, toda vez que al
reclamar que se decretaran «las prestaciones mutuas a que hubiere

13 GUAL VIDAL. La sociedad de responsabilidad limitada. Citado por RODRÍGUEZ


RODRÍGUEZ, Joaquín. Tratado de Sociedades Mercantiles. México: Edit. Porrúa
S.A. Tomo II, 1977, p. 354.
14
Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

lugar», ordenándose la «devolución del precio y la cancelación de la


escritura y su registro», hizo referencia a las consecuencias
que dimanan de la rescisión para quienes fueron parte del
convenio, y por ende, en relación con Inversiones Asociados Cía.
Ltda., sus destinatarios serían necesariamente los ex socios.

Por último, en su condición de ex asociado, el demandante


alegó la existencia de un perjuicio derivado de la venta del
inmueble que constituía el único activo de la desaparecida
sociedad, situación de la que surgió para él un interés jurídico
protegido por la ley, susceptible de debatirse a través de este
proceso.

En efecto, aunque en vigencia de la sociedad, ésta «forma


una persona jurídica distinta de los socios individualmente
considerados» según lo preceptuado por el artículo 98 del Código
de Comercio, son innegables las relaciones que se forman entre los
asociados y el ente moral, de las cuales dimanan una serie de
derechos de contenido económico para los primeros.

Tales prerrogativas o potestades están relacionados


principalmente con el aporte realizado por los primeros que genera
para la sociedad la obligación correlativa de reintegrarlos en las
situaciones y en la forma establecida en la ley (arts. 143 a 148 C.
Co.), de lo cual proviene su interés permanente en sus acciones,
cuotas o partes de interés social, y también en el pago de las
utilidades o dividendos generados por el ejercicio del objeto de la
entidad, aprobados de manera periódica por la asamblea o junta de
socios, del que son acreedores en forma proporcional a la parte
pagada de su participación (arts. 149 a 157 ibídem), que en la
sociedad de responsabilidad limitada corresponde a la totalidad del
capital social, porque este es pagado íntegramente al constituirse la
compañía y al solemnizarse cualquier aumento del mismo (art.
354).

En cuanto al reintegro de los aportes, establece el estatuto


mercantil que la sociedad debe proceder a realizarlo durante la
etapa liquidatoria, después de pagar las obligaciones externas
contraídas por ésta, y también cuando sea declarado nulo el
contrato social respecto del correspondiente asociado.

De ahí que desde el nacimiento de la persona jurídica,


quienes la conforman tienen un interés jurídico indiscutible
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Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

vinculado a los derechos que tienen dentro de ella, particularmente


los de restitución de sus aportaciones y pago de las utilidades
obtenidas.

4.3. El actor tiene, entonces, esa calidad o condición


subjetiva que le otorga la facultad para pretender la declaración de
ser lesiva la venta del inmueble que constituía el único activo de la
sociedad vendedora, la cual se encontraba en estado de liquidación
al momento de celebrarse dicho negocio, porque tiene un interés
jurídico particular en el resultado de la litis, que además es serio y
actual, en la medida en que del desequilibrio prestacional alegado,
deriva un perjuicio propio de carácter patrimonial en cuanto a la
disminución del valor a distribuir entre los socios por razón de dicho
contrato celebrado entre el liquidador de la sociedad Inversiones
Asociados Cía. Ltda. y Nelly Duarte Villamizar.

Lo anterior como consecuencia de no ingresar a los activos


corrientes de la empresa lo que pudiera corresponder al justo precio
del bien enajenado.

De ese modo, puede perseguir tanto la rescisión que tendría


por efecto restituir el predio al patrimonio de la persona jurídica y
así reconstituir aquel, como que se complete lo pagado hasta el
importe del referido valor, pues se aumentaría el monto que habría
de recibir en la liquidación adicional del haber social.

La indicada afectación es constitutiva del interés jurídico que


lo habilita para acudir a la jurisdicción, porque a pesar de la
consagración de la acción de responsabilidad civil frente a los
administradores por los perjuicios que culposa o dolosamente le
ocasionen, entre otros, a los asociados (art. 200 C. Co.), e
igualmente contra el liquidador (art. 255 ibídem) ante el daño
originado por violación o negligencia en el cumplimiento de sus
deberes, esas acciones no pueden impedir la utilización de otros
instrumentos procesales.

Dentro de esos mecanismos están aquellos dirigidos a


impugnar los negocios jurídicos que impliquen, por ejemplo, la
disposición de activos, en razón de no consagrarse legalmente
restricción a dicha facultad, ya que corresponden a litigios
concebidos para resguardar o amparar los derechos patrimoniales
de los ex socios desconocidos o mermados.

4.4. En compendio, ni el principio de la relatividad de los


contratos, ni la existencia de otras acciones judiciales, sirven de
barrera para que la controversia planteada por el ex socio
mayoritario de Inversiones Asociados Cía. Ltda. pueda ser dirimida
de fondo.

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Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

5. En este punto del análisis, resulta incontestable que el


Tribunal cometió el error jurídico que le atribuyó el casacionista, en
razón de lo cual prospera el cargo planteado y, en consecuencia, se
casará el fallo recurrido, debiéndose proferir en sede de instancia el
que ha de reemplazarlo.

SENTENCIA SUSTITUTIVA

1. No puede generar discusión alguna, a partir de las


consideraciones expuestas al resolver sobre la demanda de
casación, que el ex socio Álvaro Martínez Hernández ostenta
legitimación para impetrar la acción rescisoria de la venta
celebrada por Inversiones Asociados Cía. Ltda. y Nelly Duarte
Villamizar respecto del lote de terreno al que le fue asignado el folio
de matrícula inmobiliaria No. 260-745 de la Oficina de Registro de
Instrumentos Públicos de Cúcuta.

El objeto del litigio es establecer si, tal como lo alegó el actor,


en ese negocio jurídico se presentó una desproporción prestacional
exorbitante al haber pagado la compradora un valor inferior a la
mitad de su justo precio, hipótesis prevista en la primera parte del
artículo 1947 de la codificación civil, frente a la cual el legislador le
otorgó dos opciones a la adquirente: consentir en la rescisión, o
completar el importe en la cantidad correspondiente con deducción
de una décima parte, siendo esos los efectos de un fallo estimatorio
de las pretensiones de la demanda.

No obstante, tal decisión no puede proferirse sin la


comparecencia de las personas que son sujetos de la relación
jurídica debatida, quienes eventualmente habrán de soportar las
prestaciones mutuas que se producirán si llegara a rescindirse el
negocio.

El artículo 83 del estatuto procesal civil establece:

Cuando el proceso verse sobre relaciones o actos jurídicos


respecto de los cuales, por su naturaleza o por disposición
legal, no fuere posible resolver de mérito sin la
comparecencia de las personas que sean sujetos de tales
relaciones o que intervinieron en dichos actos, la demanda
deberá formularse por todas o dirigirse contra todas; si no se
hiciere así, el juez en el auto que admite la demanda
ordenará dar traslado de ésta a quienes falten para integrar
el contradictorio, en la forma y con el término de
comparecencia dispuestos para el demandado.

En caso de no haberse ordenado el traslado al admitirse la


demanda, el juez dispondrá la citación de las mencionadas
personas, de oficio o a petición de parte, mientras no se haya
dictado sentencia de primera instancia, y concederá a los
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Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

citados el mismo término para que comparezcan. El proceso


se suspenderá durante el término para comparecer los
citados… (el subrayado no es del texto).

2. En este caso, teniendo en cuenta que la sociedad


vendedora se encontraba disuelta y liquidada a la fecha en que se
presentó el libelo que dio inicio al proceso y, por lo tanto, se había
extinguido la personalidad jurídica de ese ente moral, el
contradictorio en este asunto debía integrarse con las personas
naturales que la conformaban a la época de la enajenación, en la
forma y términos señalados en la norma precitada.

De acuerdo con el acta mediante la cual se aprobó la cuenta final de liquidación de


Inversiones Asociados Cía. Ltda., a ese momento además del demandante Álvaro Martínez
Hernández y del demandado Aldo Antonio Fuentes Castro (liquidador), eran socios Yebrail
Mateus Gordillo, Álvaro Jesús Uribe Castellanos y Ángela Castellanos de Uribe, cuyos
intereses se verían directamente afectados de llegar a tomarse una decisión de fondo.

3. Al no haberse procedido de la señalada manera, la


actuación adelantada queda parcialmente viciada, como lo sostuvo
esta Sala en la sentencia CSJ SC 6 Oct. 1999. Rad. 5224 al rectificar
la doctrina de la Corporación, conforme a la cual hasta entonces se
consideraba que, en el evento de advertir el sentenciador ad quem
la falta de integración de un litisconsorcio necesario en alguno de
los extremos de la relación jurídico-procesal, el fallo tendría que ser
inhibitorio.

La rectificación obedeció a «razones de orden jurídico y de


conveniencia en pos de lograr que, en últimas, se llegue a producir
una justa y oportuna composición de los litigios, y, por sobre todo,
en cumplimiento del preciso mandato legal contenido en el artículo
37-4 del C. de P.C., que le impone a los jueces el deber de emplear
todos los poderes de que se halla investido para evitar los fallos
inhibitorios, los que, en esencia, no son propiamente sentencias».

Dentro de los razonamientos del primer carácter se afirmó


que la conclusión expuesta con anterioridad por la jurisprudencia no
encontraba respaldo en el artículo 83 del Código de Procedimiento
Civil, porque un entendimiento lógico de esa norma e integrado con
todo el ordenamiento procesal civil permitía afirmar que:

(…) primero, que es cierto que todas las medidas de


integración del litisconsorcio necesario deben surtirse en el
trámite de la primera instancia; y segundo, que, en cambio,
no es cierto que una vez superada tal instancia el
sentenciador superior, de continuar la deficiente
conformación de aquél, no le queda otro camino que
abstenerse de proveer sobre el fondo del asunto puesto a su
consideración. En efecto, lo único que en ésta hipótesis
impide el precepto es “resolver de mérito”, lo que
indudablemente deja espacio para que el juzgador ad quem

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Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

pueda adoptar cualquier medida procesal, legalmente


admisible, que conduzca a solucionar la anómala situación,
mientras no resuelva de fondo que es lo único que en verdad
se le prohíbe; mucho más, si precisamente, como se dijo, es
deber ineludible del juez evitar los fallos inhibitorios.

La medida procesal que le corresponde adoptar al fallador de


segunda instancia -agregó- está dada por la consagración de
la causal 9ª del artículo 140 del Código de Procedimiento
Civil, la cual se produce, entre otros eventos, cuando se deje
de notificar o emplazar a una de “las demás personas que
deban ser citadas como parte”, situación que atañe con los
litisconsortes necesarios, quienes deben ser citados al
proceso justamente para que se pueda resolver de mérito
sobre la cuestión litigiosa; situación que se da tanto frente a
aquellos litisconsortes que mencionados en la demanda y en
el auto admisorio de la misma no fueron notificados de éste;
como frente a quienes deben ser citados, y no lo han sido, a
pesar de que por la ley o por la naturaleza del litigio deben
demandar o ser demandados; todo en aplicación de lo
dispuesto en el artículo 83 del C. de P. C.

El decreto de la nulidad -concluyó la providencia-


comprenderá el trámite adelantado en la segunda instancia y
la sentencia apelada u objeto de consulta, puesto que abolida
ésta se restituye la posibilidad de disponer la citación
oportuna de las personas que debieron formular la demanda
o contra quienes se debió dirigir ésta, para los fines que
atañen con la defensa de sus intereses; se dan así unas
ventajas prácticas de valor apreciable, con relación al fallo
inhibitorio, consistentes en que subsiste el mismo proceso, se
evita que se pierda tiempo y la actividad procesal producida
hasta ese momento, se mantienen los efectos consumados de
las normas sobre interrupción de la caducidad y prescripción;
y, por sobre todo, se propende porque de todos modos se
llegue al final a la composición del litigio (criterio reiterado en
CSC SC, 23 Mar. 2000, Rad. 5259; CSJ SC, 29 Mar. 2001, Rad.
5740; CSJ SC, 22 Abr. 2002, Rad. 6278; CJS SC, 5 Dic. 2011,
Rad. 2005-00199-01; CSJ SC).

4. Por consiguiente, situada la Corte en la sede del Tribunal y


a efectos de corregir el vicio que afecta parcialmente lo rituado,
anulará las actuaciones surtidas después de la sentencia apelada y
dicha decisión, para que el juez a-quo cite al proceso a Yebrail
Mateus Castillo, Álvaro Jesús Uribe Castellanos y Ángela Castellanos
de Uribe, con quienes debió integrarse el contradictorio, y renueve
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Radicación n° 54001-31-03-003-2008-00064-01

el trámite invalidado, conservando validez las pruebas decretadas y


practicadas en el proceso.

En virtud de la nulidad que será declarada, en la cual están


comprendidas las actuaciones de la segunda instancia, no se
condena en costas en ésta.

IV. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Civil de la Corte


Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de la
República y por autoridad de la ley, CASA la sentencia de doce de
octubre de dos mil doce, proferida por la Sala Civil - Familia del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta, en el proceso
ordinario referenciado, sin costas en casación por prosperar el
recurso, y como juzgador de segunda instancia,

RESUELVE:

PRIMERO: Declarar la nulidad de todo lo actuado en el


proceso a partir de la sentencia proferida el nueve de diciembre de
dos mil once por el Juzgado Tercero Civil del Circuito de Cúcuta, sin
perjuicio de la validez de las pruebas decretadas y practicadas en el
proceso.

SEGUNDO: Ordenar al juez a-quo que proceda a integrar el


contradictorio con los señores Yebrail Mateus Castillo, Álvaro Jesús
Uribe Castellanos y Ángela Castellanos de Uribe, en la forma y
términos establecidos en el artículo 83 del Código de Procedimiento
Civil y, en su momento, a renovar la actuación anulada.

Sin costas en esta instancia.

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